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28/02/2016 20:35:11 horas – (Versión 33) Obra literaria escrita, PARA NO CONCURSAR, ni al Premio Planeta, ni al Premio Herralde, de las letras...

La palabra empeñada a un hijo… (Tomo II) (Una receta mágica para curar el alma malherida…)

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NOMBRE CERON GARCIA FRANCISCO ANTONIO NIF 27478316D

Digitally signed by NOMBRE CERON GARCIA FRANCISCO ANTONIO NIF 27478316D DN: c=ES, o=FNMT, ou=FNMT Clase 2 CA, ou=703018312, cn=NOMBRE CERON GARCIA FRANCISCO ANTONIO - NIF 27478316D Date: 2013.12.08 21:29:20 -03'00'

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Capítulo Décimo Tercero: La bicicleta…

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En el capítulo anterior hablaba de la ilusión de vivir, de cómo me inventé una ilusión de vivir antes de salir de España, y de cómo me inventé otra ilusión antes de llegar a Argentina, que fue “La Promesa” que le hice en el aeropuerto de escribirle a mi hijo Daniel, para que siempre supiera que nunca dejaría de quererle, como siempre que pude se lo dije, y se lo repetí, y también a mis otros dos hijos mayores, porque todos necesitamos no sólo ser amados, sino y mucho más, sabernos amados… La historia de mi vida, que cuento en este libro, es el cumplimiento de la promesa que le hice a mi hijo pequeño, y es una ilusión que me mantiene en pie, que me mantiene vivo, a pesar de todas las derrotas de la vida… 4


Pero, ya que no hay ninguna “musa” a la vista, aunque hay más de medio millón de mujeres en Salta, y algunas bellísimas, sólo me quedó también inventarme otra ilusión, una ilusión que llevo muchísimos años montándola durante toda mi vida: ¡Y no es precisamente una mujer sino mi bicicleta! Para comprender algo de porqué la bicicleta me da no sólo salud, pues después de cuatro años de colgarla y no montarla por trabajar, veinte horas desesperadamente de lunes a domingo, para no arruinarme, al final me arruiné igual, lo perdí todo, y además perdí la salud, y así llegué a pesar de ochenta kilos, y mido un metro y ochenta y tres centímetros, llegué a pesar casi ciento diez kilos… Y desde hace más de un año vengo bajando desde los ciento diez kilos, y estoy ya por debajo de los noventa kilos, y en camino de lograr quedarme en mi peso de siempre, rondando los ochenta kilos. Y mi presión o tensión, que cuando llegué a Salta, que estaba en diez/dieciséis, ha bajado sustancialmente, y ahora sin ninguna pastilla la tengo en seis/diez…. Todo ello sólo montando la bicicleta (y casi sin montar a ninguna mujer…)

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Decía en el párrafo anterior que para comprender algo de porqué la bicicleta me da ilusión, voy a adjuntar a continuación una muy vieja carta, ya muy amarilla por el paso de los años, y de la que traduciré su texto a continuación, de Antonio, el hermano de Paco, que fueron los ciclistas que me iniciaron hace ya muchos años en este intenso deporte. La carta me la escribió Antonio cuando me regaló unos viejos botines, y una muy vieja ropa de ciclista; los botines con el tiempo se rompieron ya del uso y de la vejez, pero la ropa es tan buena que todavía la tengo y la uso, y es la mejor ropa de abrigo que tengo de invierno…

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La carta que me dedicaron en mi iniciación al ciclismo‌ 7


La carta que me dedicaron en mi iniciación al ciclismo‌ 8


Dice así: “A mi hermano argentino para que tome buena nota de todo” Estimado amigo: Cuando mi hermano Paco, compañero de fatigas e infatigable y fiel escudero de tantas batallas, disputadas durante tantos años, te entregue estas prendas, te dará con ellas el recuerdo de cada golpe de pedal, de cada gota de sudor que brotando del generoso esfuerzo físico, han empapado cada jornada. Cada fibra, cada palmo de ellas, llevan impregnado el recuerdo de las vivencias recogidas en cada tramo, de cada recodo, de cada curva del asfalto.

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Con ellas he recorrido Sierra Espuña, ese pulmón de Murcia, tan cercano a nuestro pueblo de Alhama de Murcia, la Cuesta del Caballo cerca de Librilla, el Puerto de la Cadena de la entrada a Murcia (como el Portezuelo de entrada a Salta pero de varios kilómetros de pendiente), o la subida dura como el Alto del Cedacero en Mazarrón; grabado en la retina quedan esos demarrajes en plena ascensión, escalando a golpe de riñón. Cómo olvidar aquel día en que rompí el pelotón (de ciclistas) en la ascensión a la Santa de Totana, cuando sólo el “Mandi” pudo seguir mi rueda, o aquella etapa de los Cantareros, cuando mi hermano culminó de modo glorioso, una labor de equipo, nosotros dos contra Joaquín y compañía, imponiéndose sin paliativos ante la desesperación e impotencia de todos ellos, como arrancó, él sólo, con el viento de cara, nada pudieron hacer, yo a rueda de ellos, haciendo de freno, controlando para remacharlos si lo cogían (agarraban o pillaban), no fue necesario a medida que se aproximaba a la llegada y cobraba más ventaja, cogía (agarraba o pillaba) al tiempo que el tío Fulgencio y Joaquín dando golpes de desesperación en el manillar, se rendían, yo a rueda contemplaba el desenlace no cabiendo de alegría dentro de mí, pero contenida para no provocar más su desesperación.

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Con estas prendas quiero que recibas un poco de tantas y tantas batallas, al mismo tiempo me siento profundamente afortunado porque a mí nunca me dieron nada, quizás por no ser de acá, quizás por intereses, envidia o amiguismo; yo creo que tan feliz se siente el que recibe como el que da algo, por pequeño o grande, ya sea importante o sencillo, lo que importa es la intención, y yo quiero que aunque ya no esté en ese pelotón, de modo físico tú me representes en él y no quiero que llegues de vacío, mientras ellos hacen ostentación de material tanto mecánico como de equipamiento. Sé que cuando llegues vestido, alguno se acordará de modo lejano, tal vez te pregunten que quien te lo ha dado, y tengo la seguridad que lo sudarás como yo lo he sudado. A cambio me debes una salida, no se cualquier día de estos, porque tú y mi fiel escudero siempre me esperaréis en las bajadas que hago con tanta precaución (y miedo porque los demás bajáis como locos en medio de semejantes precipicios). Entretanto coge (agarra y pilla) mi relevo y recuerda: ¡Aprieta los dientes “pibe”! No dejes de dar pedales y sigue los sabios consejos de mi hermano. Un fuerte abrazo Antonio

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Mi amigo Antonio el mecánico Antonio Antonio, el mecánico con su pesado andar arregla coches coches rotos se enfanga las manos con sus entrañas manos de betún negro como el carbón manos de mecánico y tu mono o lo que queda de él roto y con agujeros agujeros de enganches enganches con las piezas pero los agujeros de tus manos llagas vivas son y con el gasoil de limpiar con ello arden arden en carne viva

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Y en tu oficina elegante y sencilla con tu guardapolvo y overol haciendo las facturas que algunos pagan y otros dejan a deber ¡que no fío ni presto pero quedan cuentas a cobrar¡ Antonio, el mecánico siempre de malhumor en el taller cuando llegas hosco silencio y cuando al fin te presta atención ¡qué pasa! ¡qué pasa con tu coche! la cuenta rápida y la lista pronto ¡que no tengo tiempo de sentarme a charlar! Pero a última hora de ciclistas el taller que voy a subir esta cuesta ¡y esta otra! y no hay ya broncas se ríe con felicidad y en su deseo y el de los demás, allí la encuentra.

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Así que al igual que a mí, Daniel, que me dedicaron esta carta, en mi “iniciación” al ciclismo, que yo sé que te gusta con tanta locura, de verme a mí montado en mi bicicleta, que te ponías mi casco de ciclista, y que querías montarte en mi bicicleta: ¡Tan grande para ti...! Así Daniel, yo te digo ahora, en tu “iniciación a la vida”, que al igual que me dijeron mis amigos “ciclistas”, cuando tú aún no habías nacido: ¡No dejes nunca de darle a los pedales de la vida! Yo te digo también a ti: ¡No dejes nunca de caminar…! Y recuerda siempre que al igual que montado en la bicicleta, después de una pedalada sigue otra, porque si no te caes de la bicicleta al suelo, así también en la vida, después de un paso sigue otro, aunque se te caigan las lágrimas por el rostro, a lágrima viva: ¡Como las que a mí ahora se me caen también, mientras que te escribo estas letras…! Y cuando tu hermano Rubén Darío tenía ocho años, e íbamos junto con tu otro hermano Sergio David y con el pelotón, y al último ya del pelotón, subiendo la dura Cuesta de la de la Cuerda, en la Santa de Totana en Murcia, Rubén me decía mirando para arriba, al lejano final de la cuesta: ¡Papá que no puedo! ¡Papá que no llego! Y yo sólo le dije: ¡No mires al final! ¡Sólo mira esta pedalada y luego la otra que sigue! Y así, tu hermano Rubén, dejando de mirar al final, sólo mirando cada pedalada, llegó al final de la cuesta y logró culminarla. A continuación el poema que le hice a tu hermano Rubén:

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Ciclista Que agachas tu espalda mojada al viento y el esfuerzo el duro esfuerzo que te consume pedalada a pedalada ante la montaĂąa imposible de subir subes, subes sin mirar el final, sĂłlo un paso y otro y otro mĂĄs y has llegado al final de tu carrera

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¡Que no subo esta cuesta tan alta! La de la Cuerda ¡hay que esfuerzo ir montado en bicicleta! ¡Pero que puedes no te bajes! ¡Pero a mí no me faltan ganas de bajarme también! Y al final de ella lo que nunca creía poder lograr me doy cuenta que la vida es lo que esta montaña ¡imposible de subir hasta que se llega al final...!

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Y también te cuento que cuando hicimos la subida de Los Lagos de Covadonga en Asturias, que al principio de la durísima y muy larga cuesta de casi 50 Km., del puerto de primera especial, con una pendiente del 16% en su peor parte, que se llama por eso la “Huesera”, o sea que es donde uno se deja, no ya los riñones, del esfuerzo subiendo, sino todos los “huesos…” Rambo y su cuñado Mariano, de los que pongo sus poesías a continuación más abajo. Rambo me dijo esa mañana, que el pesando más de 120 Kg., que no iba a poder subir Los Lagos de Covadonga, y yo le dije que en lugar de llegar yo el primero, como siempre, ya que era el mejor de todos, que le acompañaría. ¡El campeón!, como tú me decías cuando eras muy pequeño, cuando siempre me preguntabas todos los domingos, cuando llegaba de la bicicleta, si había ganado, y yo siempre te decía que sí: ¡Y eras muy feliz de que tu papá fuera un campeón…! Pero nadie es un campeón en la vida, y en realidad solemos ser todos perdedores, y sin embargo esta vez, subiendo los Lagos de Covadonga, decidí perder, en lugar de ganar, y llegar el primero, para acompañar a mi amigo, y yo le dije al empezar a subir la muy dura subida: ¡Rambo has comprado el billete de la lotería y te puede tocar! ¡Yo te acompaño y vamos a subirla juntos poco a poco!

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Y cuando llegó al final, me dijo llorando como un niño pequeño, y como yo ahora también lo recuerdo, y estoy llorando como en ese momento: ¡Paco yo nunca creí que esto lo hubiera podido lograr hacer! ¡Ni todo el dinero la lotería que me hubiera tocado me hubiera hecho nunca tan feliz de verdad! ¡Y yo el único billete de la lotería que he podido comprar, para poder volver a verte alguna otra vez en la vida, mi muy amado y querido Daniel, son estas humildes letras! Que te estoy escribiendo, y además, como escritor novel, y si no tengo dinero en el bolsillo ni para un café: ¿De dónde podría sacar yo el montón de dinero que vale un pasaje de ida y vuelta a España...? He decidido por ello, luego de los tres meses que he tardado en escribir este libro, que lo voy a presentar al Premio Planeta de las Letras, y no es precisamente por los 600.000 € (euros), de la cuantía del Premio, sino y sencillamente para tentar a la suerte, tentar a la suerte de un humilde contrato que me den, y que me hagan por la puerta trasera, para conseguir así el billete para verte, mi querido Daniel…

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Mariano Mariano no el de la Virgen mi amigo el ciclista el ciclista de los más de 120 kilos digo de peso ¡Pero qué buena que esta la comida! Cordero al horno y pollo a la brasa ¡y que no falten unos lomos de cerdo! Así me mantengo en forma a ver quién me quita lo bailado y hasta la próxima carrera...

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Rambo Rambo, el ciclista cuñado de Mariano también del club del club de los 120 y a la mañana que buen bocata del almuerzo ¡pero que este año voy a subir los Lagos! Los de Covadonga digo media ración de bocata y a comer más despacio así dura más… ¡Pero qué sacrificio Señor subir los Lagos de Covadonga! el sudor que cae a chorros reguero en la carretera ¡que no subo mí Dios! Pero sí hombre (yo a su lado) suda y suda, y arriba estoy lágrimas por tus mejillas lágrimas por las mías no de sudor lágrimas de emoción ¡Me ha tocado la lotería del billete de esta mañana! El año que viene de nuevo, ¡media ración de bocata…!

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La vida es como esa cuesta, tan dura y tan difícil para todos, pero sólo hay que mirar el momento presente, si solo miras al futuro, te desesperas, porque el futuro suele ser casi siempre negro y muy incierto para todos, sólo tienes que vivir cada momento presente, y no pensar en cuando volverás a ver a tu papá, porque si lo piensas fríamente, y yo sé que lo has pensado ya, seguramente no nos volveremos a ver nunca más, que fue lo que me dijiste cuando me explicaste porque te habías acostumbrado a vivir sin un papá. Pero yo sé que nadie se acostumbra a vivir sin un papá, ni una mamá, y eso cuando se nos mueren siendo grandes: ¡Cuánto más siendo tan pequeño como tú! Por eso mi muy amado Daniel, desde esta lejanía inmensa, del tiempo y de la distancia, y seguramente de toda la vida entera, solo te puedo decir: ¡Que te quiero muchísimo…!

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Murcia Mi tierra mi tierra desconocida aquella que creĂ­a mĂ­a y no encuentro y solo al paso. Tierra de oros y de sangre tierra de ocres y pardos tierra de gentes que viven ÂĄsin la lluvia la lluvia que da la vida...!

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Gentes sedientas sedientas de vida que fluye fluye en medio del desierto ¥del desierto y vergel‌!

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Todavía he recordado otra, otra gorda aventura que hicimos en Asturias con mi amigo Raúl. Nos hicimos de una sola vez más de 300 Km., por las durísimas cuestas de los macizos de esas montañas, de los Picos de Europa, hasta llegar a Tresviso, y como estábamos ya muy cansados, creímos que iba a ser más fácil que volver hacia atrás, y desandar de nuevo todo el camino, con otros 300 Km. más, creímos que iba a ser más fácil bajar a Urdón, por donde escalaban a Tresviso los montañeros. Pero claro que siempre es más fácil bajar que subir, pero no con botines de ciclismo, y con una bicicleta a cuestas cargada en la espalda… Cuando nos vieron aparecer en la base del macizo montañoso, la gente se quedó asombrada y estupefacta, porque habíamos bajado por donde suben los escaladores, y con equipo y calzado especial… Y recuerdo que nos dijeron: “¡¡¡Tenéis que tener los cojones (los huevos o testículos) del tamaño de sandías o melones…!!!” Por eso me voy a subir todas las cuestas que pueda de los altísimos Andes, porque ya que me subí todas las de España, como la muy difícil de “Quebrantahuesos”, de 300 Km. en los Pirineos, cruzando desde Zaragoza en España hasta Francia, y vuelta de nuevo a España, subiendo dos puertos de primera especial en la ida, y dos de vuelta, como el “Mortirolo”, o “la muerte”, de lo duro que es, y con una media o promedio de 25 Km. por hora: ¿Porque no voy a intentarlo en los bellísimos, maravillosos, y agrestes paisajes de los Andes de Latinoamérica?

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Me voy a hacer todos los recorridos que pueda de los Andes de Argentina, Perú y Bolivia, con puertos y precipicios de montaña que llegan a los 5.000 metros de altura, siguiendo la ruta del “Che Guevara” en su recorrido en moto por Sudamérica: ¡Pero yo lo voy a hacer en cambio, y en bicicleta…! Y te adjunto Daniel, a continuación, algunas fotos de esas subidas y de esas montañas gigantes, Los Andes de América, y te voy a escribir un libro sobre ello para ti también, mi amado Daniel, cuando lo haga…

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La verdad, en que cuando pienso en como escribí este libro… Casi sin medios ningunos, con las muy viejas y vetustas computadoras, de los Ciber locutorios más baratos del Tercer Mundo, porque muchas veces no tenía ni medio dólar, o el cuarto de euro, o los dos pesos, que cuesta una hora de ordenador o computadora en ellos... Con mi vieja agenda electrónica, media rota ya también, con el Word sin eñes y sin acentos, y con el diccionario en idioma inglés, que me volvía luego loco, para corregir la ortografía en castellano, porque todas las computadoras se iban al diccionario en inglés, y por eso sé que todavía tendré y me quedarán en el libro: ¡Muchísimos errores ortográficos...! No digamos entonces: ¡De los días en que me quedé sin comer, por no tener dinero! ¡Por no tener ni siquiera los cinco pesos, o el euro, o el dólar y medio que valía un menú...! Pero aun así, y pesar de lo imposible que fue, y de la mucha, ¡muchísima hambre que pasé!, lo he escrito: ¡En una lucha épica y heroica, contra todos los vientos, las mareas, y las tempestades, que me trajo la vida...! Por eso el gran Psicoanalista Jacques Lacan tenía razón: "Lo imposible es lo único real que existe..." Y por ello quiero consolarme, que aunque sea imposible que tú, mi amado Daniel, y yo, nos volviéramos a ver, alguna otra vez, en nuestra vida restante, quiero consolarme con la esperanza de que aunque imposible ahora, podría llegar a ser sin embargo, alguna vez real...

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De + 54 9387 5845950 Fecha 20/9 hora 11:49 ---------Sergio: Hay muchos días en que no como, porque no tengo nada de dinero, y he perdido ya más de treinta kilos de peso... Debo ya el importe de 370 pesos de dos recibos de la Luz, y ya no admiten más prórrogas. Han dado ya la orden del corte, que se suspende si se pagan las dos facturas... Si cortan la luz, hay que cambiar toda la instalación entera y el contador... No pude avisarte antes, porque algunos de tus familiares se llevaron hasta el balde de la ropa y el cable del teléfono... Confírmame por favor que has recibido los mensajes... Francisco Antonio Cerón García

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El famÊlico mendicante‌ Avive el seso y despierte el alma dormida contemplando como se pasa el hambre como se viene la muerte tan callando...

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Avive el seso y despierte contemplando al magro al famélico al escuálido semblante tan delgado tan calavérico tan cadavérico... Avive el seso y despierte contemplando los segundos los minutos las horas los días las semanas sin probar ni un mendrugo de pan duro sin degustar ni siquiera una migaja...

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Avive el seso y despierte contemplando como huelen las comidas los perritos calientes los pochochos y las palomitas de maĂ­z dulces y saladas... Avive el seso y despierte contemplando como se cae el cuerpo como se apaga de a poco y en poco como se apaga toda y la misma vida entera...

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Avive el seso y despierte contemplando como pasan los amigos cuando también pasan el dinero y la diosa fortuna... Avive el seso y despierte contemplando al famélico y escuálido can tan famélico y escuálido como uno mismo y con las costillas al aire y con los ojos de súplica que en la primera comida y después de semanas de forzoso ayuno le disputa a uno un solo trozo sobrante de hueso...

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Avive el seso y despierte al hambre de los demás y saciado y ahíto de tanto comer al hambriento can el hueso sobrante le fue dado en obra mendicante… Avive el seso y despierte contemplando como en mi propia y muy amada tierra mía y la muy noble Salta “La Linda” hasta los ricos se mueren hartos y ahítos mientras los pobres también pero solo hartos y del hambre...

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Mi gran amigo “Gogo”, el lotero muy culto, y un ávido y gran lector, de toda la literatura universal… Y cuya Lotería está en la peatonal Alberdi junto al Casino, y antes de la Avenida San Martín. El me soportó en todos y mis muy terribles momentos de gran desánimo, y lo que es peor, desánimo “literario”, cuando me parecía que escribía para nada, para nada y por nada, que escribía algo absolutamente sin sentido, y que era todo tiempo perdido… El escuchó todas mis poesías y mi literatura, conforme fui escribiendo este libro, y me dijo que no estaba escribiendo para mí, ni siquiera para mi hijo Daniel… Que estaba escribiendo para todo el mundo, y que lo que estaba escribiendo era una gran obra, y muy trascendente, de toda la historia de la literatura universal… Pero más aún, él me dijo que yo le estaba dando una identidad a mi hijo, escribiéndole este libro, y así el no tuviera que sufrir el desarraigo, el desarraigo que yo mismo y todas mis generaciones anteriores a mí y a Daniel, hemos sufrido, y lo que es peor, en nuestras propias y muy amadas tierras: ¡España y Salta “La Linda…”! Y también me dijo, que así no consiguiera volver a ver nunca más a mi hijo Daniel (y a sus hermanos mayores Sergio y Rubén), y en toda mi vida restante, me dijo que: “Yo había cumplido, había cumplido la palabra empeñada a un hijo, la palabra de escribirle un libro, para que supiera de donde venía…”

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Porque de momento, en que estoy terminando de escribir este mi libro, mi chiquillo, mi changuito, mi adorado niño, ni siquiera sabe, todavía no sabe, porque no me dejan hablar con él, hace ya más de tres meses…

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---------- Mensaje reenviado ---------De: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Fecha: 30 de agosto de 2010 09:50 horas. Asunto: Siento que digas que te hago daño a ti, pero muchísimo más que se lo hago al niño... Para: Mercedes Escudero <*@gmail.com> Mercedes: Siento que digas que te hago daño a ti: ¡Pero muchísimo más que digas delante del niño que le hago daño al niño y por hablar con él!... Y que por ello me digas delante de Daniel, insultándole a su abuela materna, mi madre, y chillándome como una loca, en este fin de semana pasado, y cuando ya hacen varios meses en que no hablaba con él: ¡¡¡¡¡Que nunca jamás voy a volver a hablar con él!!!!!... Todos los meses tienes los casi 500€ del desempleo, más algunos meses el dinero que algún alma samaritana ingresa, otros 200€, que hasta ahora no los había tocado, y aunque estoy pasando y he pasado aquí muchísimas faltas, para que dejaras de pasar hambre con el niño, aunque yo si la esté pasando aquí... Me dices que me tire por un puente porque no he aprobado una oposición de la UNSa, y no te puedo enviar dinero ninguno... Ni me voy a tirar por un puente, y aunque te pesara a ti y a todas las mujeres del mundo: ¡Voy a ser todo lo feliz que pueda!..

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Y si el niño fue a preguntarte si todavía me querías, eso salió de él, y sin que yo le hubiera dicho absolutamente nada, porque me dijo, y llorando, que no quería que yo me divorciara de ti... Pero la que se ha divorciado de mí has sido tú, y como una loca, y me has echado de tu vida y de España, al quedarme sin trabajo, en la calle, y en la indigencia... Y ahora te pesa lo sola que estás, y me reclamas que te envíe dinero a como dé lugar, así robe un banco o me corte las venas, cuando en cambio, me decías que Argentina a 14.000 Km. era muy cerca, que me querías en Australia, a 28.000 Km., en las antípodas del mundo... Yo lo siento en el alma, que ahora trabajes 16 o 18 horas, el doble de horas que antes y ganando menos de la mitad: ¡Lo siento de verdad!... Pero yo no me paseé con un "novio o amigo" cerca de tu trabajo, y delante de la arpía tía de tu Ex-Jefe, y siento que por ello hayas perdido ese trabajo tan bueno, y ahora estés acosada sexualmente y matándote, literalmente, de cocinera de lunes a domingo: ¡De verdad que cuánto lo siento! Espero que recapacites, y recuperes algo, del sentido común y de la cordura, que pareces que has perdido completamente, amargándote y amargándome a mi adorado y muy amado hijo pequeño, y me permitas este próximo sábado o domingo a la tarde, a partir de las seis o las siete, hablar con mi hijo, y dejar que él hable conmigo... Francisco Antonio Cerón García

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El odio ¿Cómo se puede rezumar tanto odio? Del amor que fue, solo odio… Si lo hubo alguna vez, el amor solo odio… ¿Cómo se puede sentir tanto desprecio? Rencor que anida amargura que no pasa…

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¿Cómo se puede vivir sin perdonar? ¿Cómo se puede vivir sin amar?

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Mi adorado niño no sabe, que su padre le cumplió la promesa que le hizo en la Estación de Autobuses de Murcia, no la que hubiera querido hacerle, de volver a verle, sino la de escribirle un libro, que le diera a él, y a sus hermanos, su identidad, que le evitara el desarraigo que sufrí yo mismo, y por tres veces en mi vida, y hasta en mi propia y muy amada tierra mía, Salta “La Linda…” Que le recordara desde esta inmensa lejanía del espacio y del tiempo, que nos separa a ambos, que su padre lo tenía, y lo tiene (y también a sus dos hermanos mayores), siempre presente en su pensamiento, que le quería, y que le quiere (y también a sus dos hermanos), y que no le había olvidado, ni le olvidará nunca… Y el libro lo he escrito, y la promesa que le hice, la he cumplido, pero él no lo sabe todavía, y no sé si lo llegará a saber alguna vez, alguna vez en su vida, y llegará a leer este libro, a leerlo, y antes de que yo me muera…

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Tercera Parte Mi tiempo de la infancia y la juventudâ&#x20AC;Ś

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Capítulo Décimo Cuarto El Vapor Provence…

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Podría seguir hablando y así, durante todo el libro, de las muchas, y muy malas, y cosas muy nefastas que me han pasado, todavía me pasan, y seguramente me seguirán pasando, en esta “suociedad” salteña. Pero creo que es una pérdida de tiempo, por una parte, porque yo no voy a cambiar, sobretodo y en cuanto a lo que concierne a mi dignidad, que no permito, ni permitiré que me la pisotee nadie, así sea y llegue a quedarme solo, y más que solo, y para siempre, en esta mi tierra, y hasta la hora de mi muerte, ¡si ya estoy demasiado solo de todas las maneras!: ¿Qué tendría yo que ganar por no seguir tan solo?, y en cambio, creo que sí tendría muchísimo que perder, empezando por mi propia dignidad... Y creo decía, por otra parte también, que es una pérdida de tiempo, porque ni los salteños, ni las salteñas, van a cambiar tampoco su forma de ser, ni sus vicios adquiridos, ni sus mañas consuetudinarias, que se pierden en la noche de los tiempos de la conquista, y del medioevo español. Salta es una sociedad profundamente medieval, inserta en el siglo XXI sólo con un barniz de falsa modernidad, como el teleférico, Internet, y los autos nuevos; pero en lo más profundo de sí misma, Salta todavía está viviendo en el año 1492, pues todavía perduran todas las costumbres y formas ancestrales de vivir de aquella época, ya pasada y concluida en el resto del mundo, mientras que aquí todavía está presente y plenamente viva...

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Así todavía existe el derecho de “pernada”, como en la España medieval, donde los “patrones” en los Valles Calchaquíes, todavía duermen en la primera noche de bodas con la “novia”, y donde en particular en el Luracatao se acuestan todavía los tíos con las sobrinas, y los padres con las hijas… Una estadística publicada hace dos meses en el diario o periódico local, “El Tribuno”, decía que la mitad de los hogares en Salta son “monoparentales”, o sea madres adolescentes, dejadas embarazadas por briosos sementales masculinos, y todos los cuales desaparecen cobardemente, como así son casi todos los hombres “salteños”, dejándolas a ellas solas para la crianza de sus hijos, mientras que ellos se cuelgan en el pecho, como trofeos y botín de guerra, orgullosísimos, las medallas de las “vírgenes” volteadas… Ellas, las madres solteras, que son la mitad de todas las madres de Salta, al carecer de formación y educación, y no ser profesionales, tienen que lavar, planchar, y hacer todos los oficios más humildes, cuando no la prostitución, para sacar adelante, y dar de malcomer a sus hijos, los hijos de los “valientes” hombres “salteños”. Y los hijos terminan en las bandas mafiosas organizadas, como las “patotas”, cuando no en la droga, como la “falopa”: ¿Y no queremos que haya delincuencia? La vamos a tener y más, toda la que nos haga falta, porque todos estos “pecados” de la sociedad salteña, toda esta muy refinada hipocresía, cubierta con el rito excelso de “las buenas costumbres”, “los buenos modales”, y “la buena educación”: ¡Se vuelven contra nosotros mismos...!

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Porque, por ejemplo, en esta salvaje sociedad feudal, no es una ofensa dejar embarazada a la hija, menor de edad, de un amigo, siempre que se haga con discreción y en silencio, porque como decía el Tartufo de Moliere: "Pecar en silencio no es pecar..." Pero en cambio, si es una terrible ofensa cortejar a la hija, mayor de edad, de un amigo, solo y exclusivamente leyéndole unas poesías, tal y como me pasó el otro día, con la hija del Ingeniero Ebber (el dueño de la Floristería Ebber), en que casi me querían matar por ello... Por eso, por esta terrible hipocresía social, que tanto gusta en Salta, con ella se encubre y se hecha un manto de tierra, a todas las terribles maldades y todas las más atroces injusticias, de esta muy salvaje sociedad, que solo da lugar, fomenta, y alienta, todas las más vergonzantes trasgresiones de la ley, cuando no además, de cualquier moral de todas las civilizaciones y culturas humanas... No me importa predicar en el desierto, como Juan el profeta de la Biblia, porque Salta es un desierto, un erial, falto de amor, falto de bondad, falto de buenos sentimientos, y donde sólo impera la maldad, sumamente refinada entre unos y otros. Es como digo, la España de todos mis antepasados, los conquistadores, que vinieron a sangre y fuego: ¡Y a sangre y fuego todavía se sigue viviendo en Salta…!

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Y sus descendientes, los que hoy día tienen todos los apellidos más ilustres, y forman la más alta clase social, reunida en un muy famoso y conocido club, que no citaré para no crearme más enemigos de los que ya tengo, decía que sus descendientes, viven todavía hambrientos, tan hambrientos como todos sus antepasados, que se morían de hambre en Extremadura, o cualquier otro sitio de la España profunda, porque tenían títulos de nobleza, pero carecían de tierras, y eso les obligó a venir a “hacer la América…” Y sus descendientes están todavía “angurrientos”, usando una misma palabra del medioevo español, y de sus propios antepasados, así también los míos. Y no tienen límite ninguno, y da lo mismo hacer los hijos, con la mujer legítima, que con la indígena más fea, y la ambición, la avaricia, y la codicia nunca se les termina, ni se les terminará. Y no contaré historias verídicas, ciertas, reales, y presentes, de muy importantes políticos, personas muy ilustres, y empresarios, que pondrían los pelos de punta a cualquiera, por su truculencia y morbosidad, porque si no igual terminan ya, y de una vez por todas, rajándome las tripas, o pegándome un tiro… Es como decía mi padre, que en paz descanse, cuando se acaba el amor en los matrimonios, cuando se acaba la dialéctica y el diálogo, llega la paz de los cementerios, donde nadie discute, pero donde no hay vida ninguna, así es como estamos hoy en día, todo el resto de los salteños y salteñas, y yo mismo: ¡Disfrutando de la paz de los cementerios en todas y cada una de nuestras relaciones...!

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Y como todo lo anterior, así es todo lo que he vivido hasta ahora, en todos y cada uno de los planos de las relaciones humanas y de convivencia en Salta, además del político, sea el empresarial, sea el familiar, sea el universitario, sea el académico, sea el femenino, sea el del deporte, o sea el de amistad. Por eso: ¡Estoy tan a gusto en Salta!, ¡Cada día me gusta más estar en Salta de lo “buenas y muy maravillosas personas” que son todos y todas! ¡Es la mejor gente del mundo que habita sobre la faz entera de la tierra...! Por eso, cuando mis amigos, cumpas, y familiares, salteños todos, me dicen que no hable mal de Salta, que no diga la verdad de lo que Salta es, y que nadie se atreve a decir, pero que se habla en voz baja en todos los corrillos, yo sigo en cambio, impertérrito, impasible, hierático, porque ya que no me pudieron comprar mi voluntad, por el precio de mi vida, y casi a tiros: ¿Por qué 28 años después podrían comprármela por el precio de mi miseria…? Mi padre me enseñó, y desde muy pequeño, que se pierde la vida antes que la dignidad, que no hay que tirar nunca la toalla, y no hay que dejar de seguir peleándola, remándola, y empujando; y ahora, con 50 años después de vivir con esos valores: ¿Por qué voy a cambiar? ¿Porque Salta sea la cuna de la “maldad por deporte…”?

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---------- Mensaje reenviado ---------De: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Fecha: 2 de septiembre de 2010 09:26 Asunto: Re: La promesa (La Piedra Filosofal: Una receta mágica para curar el alma malherida) Para: “Una amiga sincera” <*_unsa@hotmail.com>

Estimada Amiga: Ni siquiera he ido a ver el dictamen de la oposición en que competimos los dos, y no sé sinceramente quién de los dos, si tú o yo, habrá ganado... ¡Pero no me importa! ¡No me importa en absoluto! ¡Creo que la amistad que me estás brindando es el regalo más maravilloso que siempre podemos tener todos y cada uno de los seres humanos! Como digo y escribo permanentemente en mi libro, eso es lo único que es trascendente en la vida de las personas, que nos hace trascendentes... Me gustaría volver a verte, pero aquí en Salta, invitar a una mujer a tomar un café y leerle unas poesías, es toda una y gravísima ofensa... Y eso ya me ha pasado con cerca de mil salteñas, sean de la Católica, de la UNSa, del Mercado San Miguel, o de la Plaza 9 de Julio...

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En Europa y en EEUU, en el resto del mundo entero, se considera un halago y una cortesía muy grande esta invitación, así que si vos vas a ser la mujer número 1001 que me va a rechazar la misma, ya no me pilla de sorpresa, porque es nuestra incultura y nuestra ignorancia, nuestra propia mediocridad la que nos hace ser así, a todos los salteños y las salteñas... Ayer vi, y recién por cuarta vez desde que le conocí y antes de la elección al Rectorado,, al Sr., al Sr. que ayudé a ser Rector de la UNSa, el Contador Víctor Hugo Claros... Y me dijo, literalmente: ¡Que no diera tantas letras ni enviara tantos mensajes...! Me dejó estupefacto, porque la regla del silencio es propia de la Iglesia y de la Política, pero del mundo académico, del mundo del saber... ¡Esto es Salta! Una tierra de en general, y salvo honrosas excepciones, de gentes mediocres, y por eso no se tolera, ni se acepta la brillantez, la sabiduría, ni la humildad, porque aquí prevalecen el amiguismo y la envidia más recalcitrante y feroz... Perdóname que me desahogue contigo, pero así estoy, como si fuera una olla a presión que está a punto de estallar, y no lo he hecho por personas como tú, que me han brindado su amistad sincera y desinteresada, y por mis propias letras... Pero lo peor de todo es: ¡Que yo también soy salteño y adoro y amo y con verdadera locura a esta mi muy amada tierra mía "Salta La Linda"!

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¡Léete el libro y lo verás!... Espero que seas al menos también, no solo la excepción para brindar una amistad noble, sincera, y desinteresada, tal y como yo lo hago siempre y con todas las personas, sino y que también lo seas para llegar a escuchar unas poesías, o tener una conversación agradable, o llegar a tomarte un café... Francisco Antonio Cerón García

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---------- Mensaje reenviado ---------De: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Fecha: 26 de marzo de 2010 19:22 Asunto: He asumido que me moriré en esta mi tierra, con todo mi saber y sin haber transmitido ni un ápice del mismo... Para: Rectora de la Universidad Nacional de Salta: Stella Bianchis <Stella_Bianchis@*.com.ar> CC: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com>

Consultoría de Desarrollo Estratégico Estimada Rectora Stella Bianchis Universidad Nacional de Salta (UNSa) República Argentina

He estado reflexionando sobre mi intento de vincularme académicamente a la UNSA, pero entiendo que hay una dificultad muy seria con las normas del CONIEAU, ya que según me indicó expresamente el Decano de Ciencias Naturales, debería de adscribirme gratis durante dos años a alguna cátedra, y realizar investigación para dicho catedrático también gratuita, y posteriormente realizar durante uno y/o dos años más suplencias y otros puestos, antes de que se me considerara mínimamente en mi candidatura a cualquier plaza docente en esta Universidad.

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Entiendo que todo esto es adecuado para una persona joven que acaba de obtener su título profesional, sin ninguna responsabilidad familiar y que está mantenida por sus padres, pero en mi caso particular, con todo un saber y experiencia ya acumulados no es un camino que yo pueda realizar, y menos a los años que ya tengo. Por todo ello sigo ofreciéndole mi colaboración altruista enteramente a disposición de la UNSA, pero no puedo trabajar gratis entre dos y/o cuatro años para ser docente en la UNSA. De todas maneras, ya he asumido que me moriré en esta mi tierra, con todo mi saber y sin haber transmitido ni un ápice del mismo, pues las dificultades que me han surgido en la UNSA entiendo, en mi humilde opinión, que son prácticamente insalvables, y veo que es imposible...

Indicándole expresamente mi agradecimiento, por la consideración y gentileza que se me ha brindado, tanto de su persona como por parte de todos los estamentos e integrantes de la Universidad en su conjunto y al completo, le saluda atentamente, Francisco Antonio Cerón García

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---------- Mensaje reenviado ---------De: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Fecha: 25 de marzo de 2010 19:35 Asunto: He asumido que me moriré en esta mi tierra, con todo mi saber y sin haber transmitido ni un ápice del mismo... Para: Desiree D'Ambrosio <*@ucasal.net> CC: "Rector de la Universidad Católica de Salta: Dr. Alfredo Gustavo Puig" <*@ucasal.net>, "Vicerrector Dr. Gerardo Vides Almonacid" <*@ucasal.net>, "Decana Lic. Graciela Pinal del Cid" <*@ucasal.net>, Directora Silvia Álvarez <*@ucasal.net>, Secretaria del Rector Irene Helena Bauch <*@ucasal.net>, "Ing. Oscar Álvarez" <*@ucasal.net>, Carolina Romano <*@ucasal.net>, "Dr. Carlos Francisco Sánchez" <*@ucasal.net>, "Dr. Carlos Francisco Sánchez" <*@ucasal.net>, "CC Lic. Dante A. Chávez" <*@ucasal.net>, "Lic. María Helena Teseira" <*@ucasal.net>, Licenciado René Alejandro Ramos <*@ucasal.net>, "Lic. Roberto Cadar" <*@ucasal.net>, "Ing. Claudio Mondada Decano de la Facultad de Ingeniería" <*@ucasal.net>, Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com>

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Consultoría de Desarrollo Estratégico Estimada Ing. Desiree D'Ambrosio Vice Decana de la Facultad de la Escuela de Negocios Universidad Católica de Salta República Argentina

He estado reflexionando sobre la nueva propuesta del curso de Postgrado, que hice en su persona a la Escuela de Negocios, pero entiendo que hay una dificultad muy seria con el idioma inglés en que están redactados todos los documentos originales, y me parece que debido a ello no se inscribiría prácticamente nadie en el curso, por lo que tal vez fuera conveniente antes que tener un fracaso estrepitoso, dejarlo definitivamente para siempre. De todas maneras, ya he asumido que me moriré en esta mi tierra, con todo mi saber y sin haber transmitido ni un ápice del mismo, pues las dificultades que me han surgido en la Universidad Católica entiendo, en mi humilde opinión, que son prácticamente insalvables. Como ejemplo, además de la imposibilidad de hacer nada en la Escuela de Negocios, lo he intentado en varias de las facultades de la Universidad Católica, y veo que es imposible...

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IndicĂĄndole expresamente mi agradecimiento, por la consideraciĂłn y gentileza que se me ha brindado, tanto de su persona como por parte de todos los estamentos e integrantes de la Universidad en su conjunto y al completo, le saluda atentamente, Francisco Antonio CerĂłn GarcĂ­a

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---------- Mensaje reenviado ---------De: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Fecha: 19 de agosto de 2010 07:24 Asunto: Amaranto Catering Integral at the high mountains of the Andes. Para: Luis Scheistel <amarantocatering@hotmail.com> CC: Francisco Antonio Cerón García <fcerong@gmail.com> Estimado Luis: Aquí va la versión final del dossier corporativo que me encargaste para la licitación de tu empresa en Minas Pirquitas, de la Minera Anglo Canadiense, en castellano y en inglés, y he dejado de dar mis clases durante tres días para poderlo terminar, trabajando exclusiva y solamente para tu empresa... Como he estado trabajando también finalmente toda la noche, y puedo haber cometido algunos errores graves, le voy a pedir a tu amigo, el Ingeniero Marcelo Ebber, que haga el favor de pedirle a su hija que domina inglés, que le eche un vistazo... En cuanto a los ciento veinte pesos que me dejaste (25 euros o 40 dólares), ya que dices que te han dicho en Salta, que este trabajo se hace muy fácilmente y en una hora, lo considero como un préstamo, y que te devolveré en cuanto me sea posible, y así te regalo el mismo, ya que en Europa un dossier Corporativo como este podría llegar a valer como mínimo unos cientos de miles de euros…

Francisco Antonio Cerón García

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Así que cualquiera puede deducir que el gran problema de toda Salta: ¡Es su enorme mediocridad y también su enorme ignorancia! ¡No se hizo la miel para la boca del asno! ¡Y aquí en Salta en mi propia y muy amada tierra mía son casi todos burros por su supina ignorancia...! Y los “piropos” favoritos que siempre están en boca de todos los “salteños” y las “salteñas”, y que me dedican a mí y a cualquiera que venga de afuera, siempre, y “con sumo cariño”, son: “Verborrágico”, “Yoísta”, “Ególatra”, “Egocéntrico”, “Dañino”, “Rencoroso”, “Inadaptado”, “Desubicado”, “Taimado”, “Desconfiado”, “Chanta”, “Fantasma”, o sea mentiroso… Ya escribí un poco más atrás, y en las primeras páginas de este mismo capítulo, lo que me dijo el actual Señor Rector de la Universidad Nacional de Salta, el Contador Víctor Hugo Claros, y delante del Señor Vicerrector, el Dr. Hugo Bosso, y cuando nos encontramos hace unos pocos días y en la misma Cafetería Central de la UNSa: “que no diera letras”, evidentemente, como en Salta es “un pecado hablar”, por lo tanto, decir “letras” en Salta, es ser tomado por “Verborrágico…” Porque de lo que hablo, de lo que estoy hablando, estoy hablando y de: "El Poder de las ideas", el poder de los significantes... Un hombre pequeño, muy pequeño, cambio toda la historia y el destino de un gran país, su país, y con solo el poder de las ideas...

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Claro que hablo de Mahatma Gandhi, y de la India... Jesucristo, Buda, y muchos otros, también cambiaron toda la historia de la Humanidad entera, y sin llegar a pegar siquiera ni un solo tiro, ni un solo sablazo... Y yo ahora, más indefenso y desarmado que nunca, y en toda mi vida entera, solo tengo, y como única arma, solo tengo y como todos ellos, solo tengo "el poder de las ideas", el poder de estas mis muy humildes letras, para cambiar, no ya el destino de la Humanidad entera, sino solo y sencillamente, mi propio destino... Salta, Salta toda y entera, proyecta sobre mí, todo lo que ella misma es... "Dime de que presumes y te diré de que careces..." Y después de más de una semana completa, sin comer absolutamente nada, todo no me parece difícil, sino y ya imposible... Algunos miembros del grupo Gamma, evangelistas de la Asamblea de Dios, me consideran un endemoniado, un maestro del Vudú, y un adorador de Satán, ellos no esperan a nadie, a nadie que no sea al mismo demonio, y muchísimo menos a Jesús...

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Pero es verdad, que así me muriera de hambre, aunque toda Salta, toda Salta y todos los Salteños y Salteñas, me han abandonado a mi propia suerte, y me consideran un deambulante, un abandonado, un mendigo, y un paria, como me dijeron el otro día en la Universidad Nacional de Salta, UNSa, y en mi propia tierra, si es verdad, sin embargo, que Dios no me ha abandonado, y por eso estoy, en una total y permanente comunión mística con Él, en un estado de verdadera santidad, porque en mí, y a diferencia de casi todo el resto de los Salteños y las Salteñas, en mi si habita, habita permanentemente, siempre y perenne: ¡Habita su Espíritu Santo...!

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Escribir Escribir ¿para qué? si ha de ser leído ¿por quién? ¿qué escribir? ¿escribir del amor? ¿escribir de la lucha por la vida? ¿y de la lucha por la muerte? Porque con ella estamos en lo más dentro allí anida ¡somos nosotros mismos!…

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Pero muchísimo peor todavía, es ser “brillante” en Salta, una tierra de, en general, y salvo muy contadas y honrosas excepciones, una tierra de gentes muy “mediocres”, por lo cual ser brillante en Salta, es ser tomado por “Yoísta”, “Ególatra” y “Egocéntrico”, “Chanta” y “Fantasma…” Y por último, y ya como colofón, no aceptar “las muy refinadas normas, costumbres, modales, y educación salteñas”, lo que constituye el núcleo de la muy profunda “hipocresía social” salteña, es ser tomado por un “Dañino”, “Rencoroso”, “Inadaptado” y “Desubicado”, “Taimado” y “Desconfiado…” Y si no cuento ni digo nada de todos los políticos, todos los empresarios, todas las personas muy ilustres, y de todos los mafiosos de Salta: ¡Es porque si no me podría llegar a costar y literalmente la vida!... Así que mejor en eso, en eso sí que me quedo, y me quedaré callado y para siempre, pero en todo lo demás: ¡En todo lo demás no…!

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Conversación con una Santiagueña:

Ana Alderete 14 de octubre a las 9:46 ¡Hola Francisco! Mi nombre es Ana... Yo soy una persona humilde, pero me gustaría de todo corazón contribuir a que tenga usted la oportunidad de seguir adelante... Yo soy de Santiago del Estero, en la Argentina, aunque ahora por razones del destino, estoy viviendo muy lejos de mi tierra...

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Desde el día que lo agregué al Facebook me llamaron la atención sus comentarios, y aunque no sé cómo llego usted a mis contactos, o porque extraña razón de la vida, un hombre con la preparación que usted parece tener, se encuentra en una situación tan difícil en estos momentos... Y es esa básicamente la idea que me conmueve a preguntarle, como hacerle llegar ese dinero que está necesitando para la impresión de su libro. Yo soy una persona humilde, pero me gustaría de todo corazón contribuir a que tenga usted la oportunidad de seguir adelante. Me despido atentamente... Ana Alderete (Enviado a través de Facebook Móvil)

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Francisco Antonio Cerón García 14 de octubre a las 10:01 Estimada Ana: Ante todo agradecerle por su enorme solidaridad y bondad... Si ciertamente, con formación universitaria, y con un currículum de muy alto ejecutivo, he estado pasando, y literalmente, hambre, durante todo este mes pasado, y en mi propia y muy amada tierra mía, Salta "La Linda"... Esas son las cosas que aunque parecen muy injustas, sin embargo a veces nos pasan en la vida...

Ana Alderete, esta muy humilde mujer, madre y esposa santiagueña, y para quien yo soy todo y un completo desconocido, me dio la mayor lección de solidaridad y humanidad de toda mi vida entera, ayudándome, y sin buscar ningún interés o beneficio personal, en la impresión y envío de mi libro a concursar al Premio Planeta de las Letras, con una transferencia que me hizo desde Miami, en EEUU, y cuyo recibo de caja he adjuntado en la página siguiente. Por ello le prometí, que si mi libro se llegase a editar y publicar algún día, que mi primer ejemplar se lo autografiaría a ella, y en persona si pudiera… 66


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Francisco Antonio Cerón García Te agrego Ana, el comentario que envié a una lectora “Salteña” de mi libro, con mis respuestas a sus preguntas: Yo nunca escribí ni dije que combatí en el frente en las Malvinas; si lees bien mi libro, verás que sólo digo que participé en dicha guerra, pero y en la RETAGUARDIA... Así que no te he mentido, ni a ti ni a nadie... En cuanto a mis hambres, es cierto que lo son, y como todos los seres humanos, lo son de afecto y de hambre... La de hambre he vuelto a tener trabajo, aunque poco, pero suficiente para volver a subir 6 kilos, y de momento está solucionada... El hambre de afecto es muy difícil de solucionar, porque no busco una mujer para sólo un rato de placer y dejarla tirada... Yo busco a mi musa inspiradora, el lugar más difícil que pueda llegar a ocupar nunca ninguna mujer... En cuanto a lo del sacerdote, como psicoanalista que soy, 28 años me psicoanalicé, y como católico también me confesé y durante muchos años... La soledad es algo que he aprendido a aceptar, y como me dijo una vieja, muy culta y sabia mujer: "Francisco, todos los grandes, todos los grandes poetas se quedan solos, y usted: ¡Usted es de los más grandes…!"

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En cuanto a Salta, no es un problema conmigo, sino la cultura e idiosincrasia común de todos los salteños y salteñas... No tengo tampoco adonde ir, y si quieres saber por qué tendrás que leerte entero mi libro, porque precisamente escribí más de mil doscientas páginas para contarlo... Y por cierto que no te quedes en el principio, donde hablo de lo malo de Salta, hay que llegar por ejemplo hasta el capítulo final, donde escribí cerca de trescientas páginas sobre: “El Milagro de Salta, el Milagro del Amor y de la Vida Misma”…

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¡Que tristeza…! (Conversación con una "Salteña"...): Y esta también, que adjunto a continuación, es la “conversación” con una “salteña”, que refleja la “bondad” de casi todas ellas y ellos (y yo soy también “salteño”), mientras que despreciamos a los “santiagueños”, por su pobreza y humildad…

Entre Tú y Florencia Solange Zupan

Florencia Solange Zupan 17 de octubre a las 12:18 EN TU MURO NO HAY NINGUN MENSAJE QUE TE ENVIEN LOS AMIGOS, A PESAR DE TENER TANTOS, NI SIQUIERA DE TUS HIJOS... DEBERIAS HACER UNA ATENTA LECTURA DE ESO...

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Francisco Antonio Cerón García 17 de octubre a las 15:17 Tal vez tú, con tu bondad, me podrías decir la interpretación de ello, porque yo tampoco la sé... A veces pienso que no es un problema tuyo personal, Solange, sino y de Salta, de Salta toda y de su cultura, porque por ejemplo, en mi cumpleaños me llegaron más de dos mil felicitaciones por email de todo el mundo entero, menos de Salta... La docena de amigos que yo creía que tenía de toda la vida en Salta, todos sabían, y perfectamente, y a ciencia cierta, que en ese mi día, el día de mi cumpleaños, no había comido nada, y que llevaba más de un mes sin comer absolutamente nada, como no fueran unos vasos de agua, habiendo perdido más de treinta kilos, y estando con conjuntivitis, otitis, faringitis, sinusitis, y gastroenteritis... Uno de ellos me encontró en ese mismo día, un empresario de Salta, y me dijo: ¡Cagate…! ¿Por qué?, le pregunté, y me dijo, que me cagara por haber dicho que no a un puesto de “Ministro…” Yo le dije que yo no estaba en la "mordida", como estaba él y casi todos los "salteños" y las "salteñas", y que bien me podría llegar a morir de hambre, pero sólo pobre y honrado... De mis hijos, te recordaré el dicho, que dice: "un padre es para cien hijos pero cien hijos no son para un padre…"

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Pero a pesar de todo puedo estar muy orgulloso de ellos, porque por ejemplo el mayor, Sergio David, me pagó mi cuota de la Real Sociedad de Física Española, para que no me dieran de baja, y los casi quinientos pesos los pagó de sus muy magros recursos como estudiante universitario, haciendo las changuitas (chapuzas) que pudo y sin decirme nada, hasta que estuvo pagado el recibo... Del otro, Rubén Darío, el que se tiró por el balcón, me basta con que siempre le dice y le recuerda a su hermano pequeño, cada domingo que van a verlo los mayores, que su padre le quiere muchísimo y no le olvida, ni le olvidará nunca... Del pequeño, al que escribí el libro, todavía no ha dejado de adorarme, dicho por él cuando pude hablar después de muchos meses el domingo de mi cumpleaños, cuando su madre olvidó su rencor y odio, y me llamó para que Daniel me felicitara el cumpleaños... Hoy día tampoco he comido, pero no me preocupa, porque al menos ya llevo una semana comiendo día por medio... Yo de Salta, la tierra que me dio la leche materna, la tierra que me crió, la tierra a la que regalé el Plan de Desarrollo, que valía un millón de euros (en aquella época más de 3 millones de dólares), y cuando el Gobierno de Salta, me pidió un número de cuenta para hacer el ingreso del dinero, yo le dije que el pueblo todo de Salta, ya había pagado la factura... Yo de Salta no espero nada, como no sea el oprobio, el desprecio, el hambre, las enfermedades, y la muerte... 72


Que es lo que llevan casi todos los salteños y las salteñas en su corazón... Y eso es lo que se dan y se regalan entre ellos mismos, y regalan a todo el que viene... Como me dijo una santiagueña, y con lágrimas en los ojos, cuando leyó mi carta... Al banco de madera, pintado en color verde oliva, justo enfrente del Cabildo de Salta, en la Plaza 9 de Julio, le puse por apodo, “el banco de la soledad”, y me ha resultado ser “el amigo más fiel de Salta”, mi propia y muy amada tierra mía, y donde un conocido pasó y me dijo: “que estaba hecho un turista permanente”, a lo que le contesté: “que sólo faltaban que se me fueran cayendo los euros del bolsillo”, y donde empecé a redactar este libro, escribiendo el prólogo, en mi pequeña agenda electrónica… Y como querer cambiar a Salta, y contar las cosas de Salta, es hacer como el Quijote, y luchar contra molinos de viento, para nada y por nada, así que entonces, y por todo ello, seguiré el relato y el guión inicial, volviendo hacia atrás en el pasado, y ahora, en lugar de continuar con mi historia en España, ya de adulto y hombre maduro, cosa que haré más adelante, relataré ahora mi historia desde mi nacimiento, hasta mi niñez y mi juventud, en esta mi tierra salteña…

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“El Vapor Provence”, así se llamaba el barco que me trajo desde mi España y mi Europa natal, a esta mi tierra, Argentina, hace ya medio siglo, el día dieciséis de febrero del año mil novecientos sesenta. Como ya te conté, Daniel, tu abuelito, Francisco Cerón Periago, mi padre, era de muy de izquierdas, mientras mi abuelo, Antonio Cerón Baño, era muy de derechas. Ocurrió en la posguerra, que quisieron matar al abuelito, después de la guerra civil española del año 1936 al 1939, con más de un millón de muertos, y con infinidad de barbaridades y atrocidades, por parte de ambos bandos. En ninguna guerra, en ninguna causa o contienda, donde medie la violencia, hay causa justa ninguna, y es precisamente en las guerras, con la acción de la ley suspendida, y donde cualquier fin justifica los medios, es allí precisamente donde el ser humano saca todo lo peor que lleva dentro de sí mismo, y que fue en lo que pasó en la guerra civil española, al igual que en tantas otras guerras, tan viejas como la misma historia de la humanidad, una guerra siempre entre hermanos de sangre, y se llegaban a matar no sólo los enemigos desconocidos, sino y además, y con la mayor de las sañas posibles, parientes y familiares entre ellos mismos. Mi padre, en la terrible dictadura que siguió al fin de la contienda, no encontró otra mejor manera de ser demócrata en la post-guerra, que contar en los bares del pueblo las derrotas del eje, o sea de los aliados del General Franco, Hitler de Alemania, y Mussolini de Italia, y fue Franco quién quedó gobernando a España, después de la guerra civil, y durante casi cuarenta años. 74


Cuando todo esto llegó a oídos del Gobernador Civil de Murcia, la autoridad militar en ese entonces, este ordenó que mataran a mi padre, dándole el conocido “paseo”, que fue lo mismo que le hicieron al famoso poeta García Lorca de Granada, y entonces el alcalde de Alhama de Murcia, que era quien tenía que ejecutar la orden, fue quien se lo dijo a tu bisabuelo Antonio, que a la sazón era el director de la primera Caja de Ahorros que hubo en el pueblo, y ambos, que eran muy amigos, y al propio riesgo de sus vidas, acordaron esconderlo para no matarlo. Así estuvo viviendo escondido mucho tiempo tu abuelo, hasta que cuando conoció y se casó con mi madre, tu abuela, María García Viudez, al tener ella parientes cercanos en Argentina, que era su tío salteño, Antonio García Pardo, hermano de su padre, y bisabuelo tuyo y abuelo mío, el también salteño, Juan García Pardo. Decía entonces que cuando se casaron, mis padres decidieron, ambos y de común acuerdo, ir a “hacer la América”, tal y como ya lo habían intentado tus tatarabuelos y bisabuelos míos, hacía ya más de un siglo atrás, Don Miguel García y Doña Mariana Pardo Lorca. Y me llevaron de “paquete”, en el paquebote o barco, pues yo estaba recién nacido. Mi abuelo y bisabuelo tuyo, y padre de mi madre, Juan García Pardo, también estuvo en la cárcel, tal y como estuvo todo aquél que le tocó la desgracia de estar en el bando perdedor, que fue la República.

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Su hermano, Antonio García Pardo, lo pasó un poco mejor, pues siempre que venía al pueblo, se quitaba las charreteras y galones de capitán de la República, y las escondía debajo de unas piedras, y entraba como soldado raso. Pero cuando había acabado la guerra, y estaba de maestro en las Islas Canarias, alguien del pueblo que lo había visto quitarse los galones y esconderlos, lo denunció y lo traicionó por envidia, por lo que lo buscaron también para matarlo, al igual que a tu abuelito Francisco, mi padre. Entonces se escondió, y se fue al consulado argentino, con la suerte de que en su documentación, todavía guardaba una copia de su partida de nacimiento, en el municipio de Chicoana, Salta, Argentina; y así le dieron asilo y escondrijo, para que no lo mataran. Estuvo bastante tiempo escondido esperando, hasta que pasó por las Islas Canarias el barco que llevaba al ballet de Argentina, que había estado de gira por Europa, y lo escondieron en el barco, mientras que la Guardia Civil inspeccionaba el barco por una punta, lo metieron por la otra, y cuando llegaron al final, ya lo habían hecho pasar al principio del barco, y así regresó a la Argentina, su tierra natal. Y de esa manera, él fue el puente que le permitió a mi padre salvar su vida, y me hizo a mí ser tan argentino como los demás, aunque no lo fuera de nacimiento, si por crianza y por mis ancestros. Mi padre me dijo siempre, que uno no es de la tierra de donde nace, sino de donde pace…

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Y ese gran amor, a pesar de todos los contratiempos, y tantas y graves dificultades, que tuvieron que afrontar mis padres, les sobrevivió toda su vida, y ahora les sobrevive en su descendencia, que somos todos nosotros, incluido tú mismo Daniel. Y por eso, porque fuimos muy amados, porque fuiste tan amado Daniel, podrás no sólo sobrevivir a mi ausencia, sino y además sobrevivirme a mí mismo, cuando yo también me vaya de tu lado, no como ahora de este viaje tan largo, sino cuando lo haga y para siempre, a volver a ver a los que ya se fueron antes que todos nosotros, a nuestros ancestros, y entre otros, a mis amados y queridos padres… Y aquí estamos, a mediados de enero del año 1960, en el “Provence”, saliendo desde Barcelona, yo con dos meses de recién nacido, y mis padres tan cargados de ilusiones y esperanzas, como las que yo mismo tuve casi un cuarto de siglo después, cuando hice el viaje a la inversa, escapando de Argentina, junto con mi primera mujer, para que no me mataran tampoco… Y las lágrimas de mi abuela Providencia, por mi partida, de su único nietecito, al que adoraba y le daba fuerzas para vivir. Estaba muy viejecita y se murió al poco de la pena…

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Así que Daniel, tu eres muy joven todavía para morirte todavía, porque tengas pena, y sé que es mucha, como cuando me decías: “Papá yo quiero morirme para irme al Cielo a ver a Jesús”. Y yo te decía, y te digo, que vivas tu vida y nunca la cortes antes de tiempo, que todo tiene su tiempo, y también la otra vida… ¡Y se me caen nuevamente las lágrimas! ¡Nuevamente no solo por mi rostro sino también abundantemente por mi alma! De pensar que ya son cuatro generaciones seguidas de emigrantes, de las que tengamos memoria escrita, que escapan para sobrevivir: ¡Cuántas más generaciones de García o de otros apellidos habrán escapado para no haber encontrado la muerte y la hambruna en su tierra natal! ¡Cuántas historias perdidas y no contadas! ¡Por eso no quiero dejar de contar la mía! Por el resarcimiento moral, que se debe, no a mi persona, sino aún muchísimo más importante, a todas las generaciones de los antepasados, que lucharon para que nosotros existiéramos hoy en día: ¡Es un tributo que les rindo y que se merecen! ¡Y qué mejor forma que de hacerlo que contando lo que me ha llegado de su historia y de su lucha muchas veces desesperada por la supervivencia! ¡Y hacerlo a la vez, y a través, de mi propia historia personal de lucha por la supervivencia!

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Y por eso, cuando son precisamente los nietos, bisnietos, tataranietos, etc., todos tan salteños y salteñas como yo mismo, y muchos de ellos ilustres y de buena posición económica, los que me dicen hoy en día que soy un “inadaptado”, por no claudicar como un vasallo ante la podredumbre moral que impera en Salta, disfrazada con la hipocresía de “las buenas costumbres”, “los buenos modales”, y “la buena educación”, se me revuelven las tripas y el alma, de solo pensar en cómo se removerán en sus tumbas los huesos de sus antepasados, de tantos sufrimientos que por ellos pasaron, para que ahora su propia descendencia sean unos buitres y unas aves de rapiña: ¡No cederé ni en un milímetro así me vaya en ello el precio de toda mi miseria y de mi vida, o el de toda mi soledad...! Para mis padres, ese viaje fue el viaje de Luna de Miel que nunca tuvieron, y fue el mejor de toda su vida. El ambiente en el barco era esperanzador, en una post-guerra española y europea, porque había habido también en Europa una guerra terrible, que fue la segunda guerra mundial, de hambrunas generalizadas y futuro ninguno, en contraste con lo que significaba ir a vivir en la “Tierra del Dorado”, la tierra de la plata, que eso significa el nombre de Argentina, que viene de Argentum, plata. En esa época, Argentina nadaba en oro, y era uno de los países más prósperos del mundo entero.

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Mis padres sacaban algún dinerito, para las necesidades del viaje, con el contrabando de tabaco, y todo fue bien, hasta que casi ocurre una gran desgracia para conmigo. Como yo era un niño tan bonito, en todos los puertos en donde atracaba el barco, me escondían en mi moisés, debajo de mi colchoncito, los paquetes de tabaco, y los aduaneros se quedaban embobados mirando como asía con las dos manecitas mi biberón, y no lo soltaba para nada, de lo hambriento que era, y que soy, todavía hoy en día. Y así no registraban el moisés, y el “negocio” del contrabando funcionaba viento en popa, hasta que un día en el puerto de Río de Janeiro, en Brasil, y por exceso de paquetes de tabaco, se rompió una de las asas, y yo caí hacia lo hondo del agua, entre el barco y el puerto. Un marinero de las cubiertas de abajo, al escuchar a mi madre que gritaba como una loca: ¡Mi niño! ¡Salven a mi niño! ¡Que se ahoga mi niño!, manoteó con tanto acierto, y en el momento justo, que conforme caía, me pilló de la ropa y en el aire, y me salvó la vida. ¡Y desde ese momento se acabó tan fructífero negocio…! Todavía me pasaría otra cosa más, pero que no tuvo consecuencias en ese momento, pero que sí las ha tenido para mí ahora, cincuenta años después. Al inscribirme cuando entré en la Argentina, el funcionario de Migraciones se equivocó, en una e por una a, y así estoy registrado en el asiento original de ingreso de migraciones, como Carón por Cerón.

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Llevo casi un año ya de trámites, y terribles y complicados papeleos, intentando solucionarlo, pues entre otras cosas que me han pedido figura: ¡El pasaporte original de hace cincuenta años! ¡Cuando toda la gente de aquella época que era mayor de edad ha muerto o está próxima a hacerlo! Pero como soy un sentimental, y había guardado como testimonio del pasado, y en España, el citado pasaporte original, y ya no me acordaba después de tantos años, fueron mis propios hijos, quienes me lo recordaron y me lo enviaron…

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Pasaporte de mis padres donde me incluyen como hijo menor de dos meses y sexo varรณn.

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Capítulo Décimo Quinto ¡Maipota!

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De niño pequeño, según cuentan algunos de los familiares de Salta, era un niño muy terrible, y tal vez por eso, lo continúo siendo también, ahora que ya soy un hombre grande… Pero en realidad, parece que me pasé totalmente encerrado en mis primeros años, en un metro cuadrado que formaban los “arcones” o baúles, en los que mis padres trajeron sus pocas y escasas pertenencias desde España… Y que cuando los podía llegar a separar, a los arcones, y con fuerza de titanes para mi corta edad, salía embistiendo como un toro que acaban de soltar al ruedo, y corría tan inclinado hacia adelante, y siempre tan a punto de caerme, que aunque no se sabía cómo, no llegaba a hacerlo, e iba directamente a la cocina, y en la que con gran alegría y algarabía, pillaba todas las cacerolas, y montaba una sonora cacerolada como si fuera un batería de música... Cuando mi padre consiguió un trabajo un poco estable, de contador, nos mudamos de la casa del Tío Antonio, a nuestra primera casa de alquiler en la calle Rivadavia. Era una casa viejísima y llena de humedades, donde alquilábamos dos habitaciones, pero lo que para mis padres era un desastre, para mí era diversión, pues había un montón de trastos viejos y de cachivaches con los que poder jugar, amén de que había salido de los dos años de mi prisión diaria de un metro cuadrado.

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Mi primera palabra no fue ni papá ni mamá, sino “maipota”, mariposa, porque había unas enormes y negras mariposas que volaban siempre como murciélagos, y aunque mi madre las miraba aterrada, yo era muy feliz corriendo tras ellas, junto con mi hermano menor, Juan Carlos, dándoles manotazos, e intentando pillarlas. Pero mi juego preferido fue de carne y hueso, y no ninguna de las cosas que os podáis imaginar con ninguna nena, mis amigas fueron una camada, una camada de rosaditas ratitas, y recién nacidas, y su madre, la ratona grande… ¡Que susto y qué asco el de mi madre al descubrirme jugando con el animal, que junto con las cucarachas, era lo más horripilante que existía para ella! Habían hecho el nido en los montones de periódicos, o diarios viejos, que traía mi padre para leer, y yo jugando a mi juego preferido, que era entretenerme en hacerlos a trocitos pequeños, las había descubierto, pero no había dicho nada, porque para mí no eran nada malo, ni asqueroso. Cuando mi padre mejoró un poco más en los ingresos de su trabajo, nos pudimos mudar al conventillo de la San Juan 162, al departamento “D”. Allí es donde pasé la primera parte de mi niñez, y donde hice los primeros amigos, y por primera vez fui a la escuela, San Francisco, que quedaba la más cerca. A mi hermano Juan Carlos y a mí, nos encantaba subirnos a un perro de mármol que todavía existe en el Parque San Martín, muy cerca también de casa, y que nos pillaba de paso para ir a la escuela.

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A mi madre le aterraban las tormentas de Latinoamérica, con su intenso aparato eléctrico de rayos, y sus terribles truenos, que retumbaban en toda la casa, pero a mí me encantaba quedarme durante horas, extasiado en la ventana de la cocina, viendo la maravillosa belleza de la naturaleza en acción, y de sus rayos, y escuchando sus truenos. Cuando tuve mis primeros reyes, me regalaron un autito de control, no remoto por mando inalámbrico, como los de hoy en día, sino por mando de cable y a pilas. Cuando se agotaron las pilas, yo pensé que la corriente continua de las mismas era igual que la corriente alterna del cableado eléctrico, ya que ambas llevaban un cable, y pelé los cables del autito para meterlos en el enchufe, y mi madre me pilló cuando ya los metía, y del grito de terror que dio me paralizó del susto. Claro que me salvó la vida, pues en aquella época no había disyuntores diferenciales ni térmicos, que salvan hoy día las vidas; recuerdo que luego, muchos años después, en la secundaria y siendo ya adolescente, una compañera falleció electrocutada al salir de la piscina y pisar unos cables eléctricos que estaban sueltos… Nuestra diversión preferida en el conventillo, además de ir al Parque San Martín que estaba al lado, era jugar a las bolillas o canicas en la arena, pues siempre había algún vecino de obras, y en alguna casa del conventillo había siempre un montón de arena. Hacíamos las pistas para las carreras de las canicas, humedeciendo la arena con agua, lo mismo que en la playa se hacen castillos, humedeciendo también la arena con agua de mar.

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Jugábamos también mucho al escondite, y nuestros juegos eran muy simples y nada sofisticados, pero nos divertíamos, creo que muchísimo más que hoy en día, donde todos los juegos ya están acabados y terminados, y sin embargo los niños se aburren, porque les falta jugar con la imaginación: ¡Ese juego sí que no tiene límites! Y es el que desarrolla la fantasía y todas las cualidades intelectuales; hoy día no existen juegos así, y los niños juegan a juegos solitarios, como los dibujos y los videojuegos asiáticos, donde sólo pululan la violencia, la insolidaridad, y el egoísmo más atroz. Pero el juego que más nos gustaba a mi hermano Juan Carlos y a mí, era cuando nuestros padres nos llevaban al Parque San Martín, subirnos y montarnos en el perro de mármol que todavía existe en el mismo, aunque hoy día está ya muy deteriorado. Un día nuestros padres nos preguntaron si queríamos una muñequita para jugar con ella; claro que le dijimos que sí. Pero lo que no sabíamos, es que la “muñequita” era de carne y hueso, y se llamó María, nuestra hermana menor. En mi primer año de primaria, mi maestra era una muy linda, bellísima señorita, la señorita Rueda. Y Rolo me llevó el otro día, adonde fuimos compañeros, compañeros de banco, a mi primer aula, adonde aprendí a leer y escribir, y con cinco años. Da a la calle España, desde la Escuela “San Francisco, y es la primera aula de la planta superior, que uno se encuentra cuando viene caminando desde la Iglesia “San Francisco”.

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Y la señorita Rueda me puso la mayor contención de toda mi vida, el mayor límite, cuando después de aprender a escribir en letra de imprenta, pasamos a escribir en letra de carta. Pero a mí, no me gustaba la letra de carta, y sí, y mucho, la letra de imprenta, por eso, mientras que los demás hacían la tarea en letra de carta, y con mucho trabajo y esfuerzo, yo la seguía haciendo, pero en letra de imprenta… Y cuando lo vio la señorita Rueda, me dio una sonora cachetada, y me sacó castigado al pasillo de afuera, junto a la puerta del aula… ¡En mi vida he vuelto a pasar mayor vergüenza! Pero le estaré agradecido toda mi vida a la señorita Rueda, porque me ayudó a hacerme persona… Y cuando me hizo volver del castigo, hice la letra de carta, pero yo, gallego terco y muy cabeza dura, la hacía horrible, tan horrible como hoy en día sigo todavía haciéndola, pero todavía me acuerdo, y se me cae alguna lágrima, todavía me acuerdo de la señorita Rueda… En nuestra niñez, mi hermano y yo tuvimos un lorito, y nos pegó una enfermedad tropical, que nos tuvo meses tirados en la cama, y con fiebres, hasta que mi padre se hartó, y dijo que a la escuela, y nos llevó, anquilosados como estábamos de no movernos, nos llevó caminando en un vía crucis, un auténtico calvario, porque de lo que nos dolían las articulaciones, llorábamos a lágrima viva, pero fue lo mejor que pudo hacer por nosotros, y así nos curamos de las fiebres… 89


Mi primera experiencia con la muerte, fue la de un palomo, y su paloma, que habían hecho el nido en la habitación del fondo, del departamento. Y cuando la paloma puso los huevos, se murió, y yo que todo los días los visitaba, vi que el palomo llevaba con el pico ramitas, y pensé que era para ampliar el nido, y sin embargo, luego al acercarme y entrar en la habitación, vi que tapaba a la paloma con ellas… Lloré desconsoladamente, por la muerte de la paloma, y por el palomo viudo, tal y como si yo mismo hubiera sido el viudo… Una noche ya muy tarde, en que mi madre fue a mirarnos antes de acostarse, me descubrió echando espuma por la boca, en medio de unas convulsiones terribles… Había cenado esa noche muchísimo dulce de leche, que me gustaba, y todavía me gusta, con verdadera locura, y me intoxiqué, y me envenené, con las acetonas, que el hígado no pudo procesar… Mi padre salió corriendo a buscar un taxi, para llevarme urgentemente al Hospital “San Bernardo”, pero no había nadie, ni pasaba nadie por la calle… Providencialmente llegó en su auto el Sr. Saluzzi, el vecino de enfrente. Me subieron al coche, y me llevaron rápidamente a urgencias, mientras que por el camino no paraba de vomitar, poniéndole perdido todo el auto a nuestro vecino… Los médicos le dijeron a mis padres, que no tuvieran esperanza, que estaba agonizando…

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Pero se ve que el Cielo tenía todavía otros planes para mí, porque de la medicación que me dieron, mi cuerpo reaccionó contra todo pronóstico, y salí del estado de coma… Pero me quedé tonto, como cualquier tonto que podáis ver… Los médicos le volvieron a decir a mis padres, que el cerebro de su hijo había resultado con daños irreversibles, a resultas de las violentas convulsiones, y que jamás me recuperaría… Pero de nuevo el Cielo, el Cielo tenía otros planes para mí… Porque tardé casi un año, pero lo conseguí, y de nuevo y contra todo pronóstico, contra todo el saber de la ciencia médica, recuperé todas mis funciones motoras y mentales hasta la normalidad… De esa experiencia, de esa muy terrible experiencia, un túnel del tiempo, un estado de amnesia, sin embargo me quedaron algunos recuerdos, grabados a sangre y fuego… Recuerdo que mis movimientos eran torpes e inexactos, y que sentía que me pasaba algo, pero yo no sabía qué. Al rato veía la jarra de agua que mi madre había dejado sobre la mesita de luz, y pensaba entonces, lentamente, muy lentamente, que lo que me pasaba era que tenía sed… Luego de mucho rato, veía el vaso, también sobre la mesa, y pensaba, que podía beber agua del vaso, si la echaba desde la jarra… 91


Luego de un rato, lo intentaba, como siempre me moriré, intentándolo en mi vida… Intentaba pillar la jarra, y echar agua sobre el vaso, no dentro del vaso, sobre el vaso, porque cuando lo hacía, mi mano no atinaba a dar con la jarra, ni tampoco con el vaso… Cuando lo conseguí, pillar la jarra, temblando, temblorosamente, echaba el agua a un lado y otro del vaso, todo menos dentro del mismo… Luego de tirar casi toda la jarra, un sorbo de agua, un sorbo de agua había quedado en el vaso, y con muchísima dificultad, apenas podía, apenas podía acercármelo, temblorosamente, trémulamente, a la boca, y humedecérmela un poco… En mi segundo año de secundaria, viajamos a España toda la familia, antes de que se arruinara mi padre, y perdí ese curso. Como tenía muchísima vergüenza, de que mis compañeros desde la primaria, fueran a un curso mayor que el mío, no quise volver al Instituto “Tomassini”, y me fui a repetir el segundo curso, al Instituto “San Alfonso”. Mi sorpresa fue descubrir allí, al Licenciado en Matemáticas Ibáñez, un muy brillante matemático, que había dejado una prometedora carrera en la Universidad de Buenos Aires (UBA), para volverse a sus pagos, a su querencia, tal y como yo he hecho ahora también…

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Y este gran profesor, este brillante docente, nos motivó y nos enseñó a estudiar, a estudiar bien, a saber por el gusto de saber… Y por eso también quiero rendirle, y también desde estas humildes letras, un tributo a su memoria, porque lo que yo soy hoy día, lo que hice de bueno académicamente, mi título de Licenciado en Ciencias, se lo debo al amor, a su amor, al amor con que nos enseñó las áridas y difíciles matemáticas, y de odiarlas en el Tomassini, él logró que llegara a adorarlas en el San Alfonso, y las matemáticas eran las mismas, pero su amor por ellas era único… Y así, jamás olvidaré a mi viejo, cascarrabias (yo también lo soy y mucho), y maravilloso profesor… Y siempre que doy clases, siempre que enseño, sea en la Universidad, o en el escalón más bajo del saber, en el lugar más humilde, siempre lo hago, lo hago con el amor, el amor al saber, a la ciencia y a la cultura, que él nos trasmitió a todos…

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Mi carné profesional de Artista, con los instrumentos de guitarra y pandereta, expedido por la Unión Argentina de Artistas de Variedades…

Un día, cuando yo venía todas las noches y durante bastante tiempo, luego de la “juerga del cante y guitarreada”, a las ocho de la mañana, mi padre me dijo, me preguntó, y fue lo mejor que pudo hacer nunca por mi vida, y sin acusarme, ni reprenderme, ni castigarme, que si iba a ser artista o profesional…

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Yo lo pensé durante tres días, y al final le dije que profesional. Entonces me dijo que para estudiar tenía que dormir, y todas las noches, así que me dejé mi vida bohemia de artista, y con ella me dejé también la música y el cante, y la “juerga y la joda”… Y ahora, casi cuatro décadas después, he vuelto a formar parte nuevamente, de un Coro Polifónico, el de la Universidad Nacional de Salta, UNSa, tal y como hace ya más de cuarenta años, y desde casi párvulos o Kindergarten, formé parte muchísimos años del Coro Polifónico de Salta, llegando a dar actuaciones en el Club 20 de Febrero, pero no he podido recuperar ninguna foto de aquella época...

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En las páginas siguientes, amplío y explico la noticia publicada en el Diario El Tribuno, en el mes de agosto de 1.975. El día exacto no he podido averiguarlo todavía, pero tuvo que ser algún día antes del 14 de ese mismo mes, me supongo que estará en los anales y archivos del periódico…

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Dice así en la sección de la Cartelera del Diario El Tribuno: En la nota gráfica, de izquierda a derecha, los integrantes del Conjunto Instrumental Salta: Rubén Arnedo, Francisco Cerón, Jorge Chungara, Mateo Krupsky, Carlos Cocha y Javier Pomo. Surgieron desde el Ateneo El Tribuno, y actualmente van al encuentro de su público. Yo soy el primero desde la izquierda vestido con el poncho Salteño, y que mi madre marcó con el número 1, y la foto la realizó el fotógrafo en la Plaza 9 de Julio de la muy hermosa y bella ciudad de “Salta la Linda”.

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Dice así: Todo comenzó hace cosa de tres meses en el Ateneo El Tribuno. Carlos Cocha (ahora el Director) daba lecciones de guitarra allí y poco a poco fue haciendo conexiones con gente que “estaba en la música”. Así fueron llegando los integrantes, hasta quedar formados como el Conjunto Instrumental Salta, de la siguiente manera:

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Carlos Cocha (guitarra, primera quena, charango, flauta dulce y pinkullo). Rubén Arnedo (bombo, zamponia, sicuri), Francisco Cerón (guitarra y pandereta), Jorge Chungara (charango, segunda guitarra y quena), Mateo Krupsky (guitarra y flauta dulce), Javier Pomo (guitarra), que también es representante del conjunto y locutor. Todos son salteños, menos Pomo, que es Tucumano, y Cerón nacido en España, aunque confiesan su “salteñismo” por adopción, ya que creen que los hombres son de donde viven más que de donde nacen Tienen como padrino del grupo a Luis Petinarolli. Actualmente hacen presentaciones a través de la embajada del Ateneo, y esperan oportunidades para demostrar lo que valen. Tal vez esa oportunidad esté dada para dentro de poco tiempo, ya que se presentarán como invitados en el Festival Interprovincial de la Canción que se hará los días 14 al 17 del corriente mes. Estamos seguros que el Conjunto Instrumental Salta demostrará lo que puede dar musicalmente.

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Capítulo Décimo Sexto: Los Abandonados...

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El otro día me dijeron mis amigos, los que me conocen desde pequeño, y desde toda la vida, que como pudimos quedarnos, mi hermano Juan Carlos y yo, quedarnos tan abandonados, abandonados a nuestra propia suerte, con solo catorce y quince años, que no habíamos cumplido aún, cuando mi padre se fue a España, para siempre, y para toda la vida, y termino también dejándose todos sus huesos allí, tal y como hicieron también, casi todos mis antepasados salteños... Y se fue a España, llevándose a mi madre y a mi hermana pequeña, y dejándonos solos, tan absolutamente solos, y tan desamparados y abandonados, como cualquier niño de la calle, tan abandonados, como yo siento que se ha quedado mi pequeño inocente, mi hijo Daniel... Y así estuvimos, mi hermano y yo, casi por una década entera, y cuando casi éramos todavía unos niños inocentes, y por toda la adolescencia, y hasta que nos hicimos hombres: ¡Solos y abandonados! Porque aunque en todos y cada uno de mis días, todos los días de mi tiempo presente, lloro, y no dejo de llorar, por mi hijo pequeño Daniel, y por mis tres hijos, Daniel, Rubén Darío, y Sergio David, por haberles dejado, por haberles dejado abandonados a su suerte, tal y como me dijeron mis amigos, que mi padre hizo conmigo y con mi hermano... Sin embargo, hoy día sé que mi padre no quiso tal cosa, no quiso hacer tal cosa, y que la vida, y los acontecimientos lo desbordaron y lo superaron, y se precipitaron de tal manera que, sin quererlo, ni buscarlo, se vio abocado a ello, tal y como a mí me ha desbordado y me ha superado también, mi propia vida... 102


Pero eso lo sé ahora, con medio siglo de vida, y cuando ya las nieves del tiempo no solo peinan mis sienes, sino además mi cabeza entera... Pero mi pobre padre, mi pobre padre no lo supo nunca, no llegó a saberlo nunca, y de sus penas, de sus grandes penas, de todas ellas, calladas y no habladas, de todas ellas el viejito se me murió, sin saberlo él, y sin saberlo yo... Pero hoy día se, y él que me ve ahora desde el Cielo, él también lo sabe ahora... Hoy día sé que él no nos abandonó, como yo tampoco abandone a mis tres hijos: ¡Y que la vida me los arrancó y muy a mi pesar! Y aunque yo me resistí con todas mis fuerzas, luchando titánicamente, intentando evitarlo, sin embargo la vida y el destino fueron más fuertes, más fuertes que mi voluntad y mi deseo, y me derrotaron... Pero no fue del todo, no fui derrotado del todo, porque en cada una de mis humildes letras, en cada una y todas de ellas, que no son palabras vacías y llenas de muerte, sino y palabras plenas, palabras llenas de vida, con ellas y desde ellas, retorno desde lo real, vuelvo, estoy volviendo a triunfar sobre el destino aciago, sobre el viaje de mi vida, intentando el retorno, el retorno y el regreso, el triunfo que necesito, para dejar de estar derrotado, y volver a ver alguna otra vez en mi vida restante, y antes de mi muerte, a mis tres y muy amados hijos...

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Capítulo Décimo Séptimo: El vuelo del ave Fénix: El Ala Delta...

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Este capítulo, que versa sobre mi niñez y la adolescencia, lo titulo así por una película que vi, y por la más grande gamberrada (travesura), entre otras muchas, muchísimas, y que aunque ya se me han olvidado casi todas, aún me las recuerdan todavía todos los amigos… Esta “travesura” que hice en mi entrada en la adolescencia, y que casi me cuesta la vida: ¡Un ala delta que construimos con Yuyito!... Un día, con doce años, aparecí por el taller de la casa de Yuyito, con los planos originales de las alas deltas, que se acababan de inventar. Yo ya no recuerdo como pude conseguirlos, ni de donde, porque entre otras muchas cosas, en aquella época tampoco existía Internet como hoy en día, en que todo parece muy fácil... Yuyito recuerda que le dije que los había conseguido en Buenos Aires, y que lo deje estupefacto, no ya con la "loca" idea de construir tal "avión", sin ningún material, no ya aeronáutico, sino siquiera adecuado… Y decía que lo deje estupefacto, pero con la "loca" idea de hacerlo volar de verdad... Pero Yuyito, que me conocía, y me conoce todavía demasiado bien, y que por eso sabe muy bien, que a pesar de toda Salta entera, no voy a dar ni un solo paso atrás, ni voy a ceder tampoco, ni en un solo milímetro, Yuyito sabia también, hace ya cerca de cuarenta años, que yo construiría el ala delta, y que también la haría volar, así lo tuviera que hacer yo solo, y sin la ayuda de nadie... 106


Así que se resignó, y empezó a pensar junto conmigo, en cómo llevarlo a cabo... El primer problema al que nos enfrentamos fue encontrar los materiales "aeronáuticos", y para la estructura utilizamos los tubos de hierro rígidos, que se usan todavía en Argentina en la construcción de las viviendas, para meter los cables de la luz. Claro que solo "pesaban" un poco más, que los ligeros y resistentes materiales aeronáuticos... Para las cubiertas de las alas, almidonamos las sábanas de mi casa... Y le hicimos un arnés de cuero, para la sujeción del piloto... Cuando el ala delta estuvo lista para volar, según los planos originales, y los materiales "sustitutivos", tuvimos que buscar una pista de "despegue", y la mejor idea que se nos ocurrió, fue hacerlo desde el depósito de agua del cerro principal de Tres Cerritos, cuya base era colindante a nuestro barrio, y estaba a unos 500 metros de altura... Y despejamos además a continuación, y con la ayuda de nuestros hermanos, Daniel y Juan Carlos, otros quinientos metros de selva, para tener lugar luego para una pista de "aterrizaje"... Y al final de la misma acumulamos todo el follaje lleno de los punzantes espinos, típicos de Salta.

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Cuando estuvimos listos, y subimos finalmente arriba del depósito de agua, con el ala delta, hacía falta un "voluntario" que, después de semanas de un duro y arduo trabajo, probara "el invento…" Así que yo mismo fui "el voluntario", y me enjaece con el arnés, corrí y tome carrera con el ala delta a toda velocidad, y me lance al vacío: ¡Y oh sorpresa! ¡Me encontré volando en una maravillosa vista con todo el Valle de Lerma a mis pies...! Pero mi alegría, y mi inexperiencia como piloto, me jugaron una mala pasada, y en lugar de continuar planeando suavemente como lo estaba haciendo y tan bien sin haber hecho todavía ningún curso de piloto, empuje al manillar bruscamente haciendo subir al máximo la "nave", y como no tenía motor, cuando se le acabo el impulso que traía, se paró, dejo de ascender, y entro en pérdida, capuzando muy rápidamente y en picado hacia la tierra... Del terrible golpe contra el suelo, el ala delta se destrozó completamente, y a mí, increíblemente, me salvó la vida, el haber caído sobre todo el follaje acumulado al final de la pista, y aunque termine sin romperme ningún hueso, también termine lleno de espinas hasta en el culo... Pero siempre tuve mucha resistencia, no sólo a la muerte, la muerte del alma, no sólo a la muerte, la muerte de la vida, además siempre tuve muchísima resistencia al dolor, por eso soy y elegí, ser tan bravo y valiente…

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El dolor, al dolor no lo queremos ni lo aceptamos, solo queremos, y en este nuestro mundo de hoy en día, el placer y el hedonismo... El dolor por el que la gente se desespera, y se suicida, se ha convertido, sin embargo, en mi más viejo conocido, en mi compañero de viaje casi permanente, y no soy, para nada masoquista... Hay dos tipos de dolor, el del cuerpo, y el del alma, pero el del alma es, a la larga, mucho peor que el del cuerpo... Y yo hablo de como curar el dolor del alma, el rencor, el despecho, y el odio, en el capítulo titulado: "La muerte del rencor y del odio..." Pero aquí quiero hablar y ahora, del dolor del cuerpo... Y repito que no soy masoquista, pero lo he tenido tan cercano, y durante tantos años, que ya casi me acostumbré a el... Pero aún peor que el dolor, es el miedo al dolor, el miedo a sufrir dolor, como el que tenía mi madre, el miedo al dolor de morir, el miedo a morir... Pero morir, morir no es doloroso, lo doloroso es vivir... Y peor aún, vivir hablando... Porque como ya dije, nuestros dolores, los del alma, lo son, son porque somos seres hablantes...

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Mi experiencia de mayor dolor del cuerpo, la tuve con una apendicitis, que yo mismo, con mi cabezonería, y con mi terquedad, convertí en una peritonitis... Y me salvó la vida, sin embargo, no solo mi juventud, sino mi sangre fría, mi impasibilidad e imperturbabilidad, ante la presencia de la misma muerte... Estaba en Manzanares, Ciudad Real en España, y me dio un tremendo dolor de barriga... Me fui a las Urgencias de la Ciudad Sanitaria de Manzanares, y allí me diagnosticaron con muchísimo acierto de apendicitis aguda, y me enviaron al quirófano… De la mesa del quirófano me levanté, y dejando estupefactos a los cirujanos y al anestesista me fui… Pero ellos me dijeron, que no intentara llegar a Murcia, sino que me parara en la Ciudad Sanitaria de Albacete… Pero controlé tanto el terrible dolor, lo controlé y con mi mente, que llegué, yo solo, y conduciendo media docena de horas a Murcia… Todavía tuve la sangre fría de llamar a Vince, y decirle que me preparara un pijama, varias mudas de ropa interior y el cepillo de dientes…

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Cuando la recogí, luego de haber andado 35 Km. más con el terrible dolor, y haber pasado casi por la puerta del Hospital, Vince quiso conducir, pero le dije que si no tenía la mente ocupada, que reventaría del agudo y terrible dolor… En la Ciudad Sanitaria “Virgen de la Arrixaca”, los médicos me mandaron a casa, pues en las pruebas no salía infección ninguna… Pero no me fui, y a la hora estaba de nuevo con más de 40ºC de fiebre, y me metieron corriendo al quirófano, porque volaba de leucocitos y se me había reventado el apéndice, convirtiéndose en peritonitis por la infección intestinal… Sobreviví, por la fuerza, la gran fuerza vital que llevo dentro de mí ser, y también me ayudó mi juventud, pero casi no la cuento… Revisando las viejas fotos, encontré a Daniel con Juan Carlos, los hermanos nuestros, de Yuyito y mío, que nos ayudaron a despejar el monte, y a construir la pista de aterrizaje del Ala Delta, en su última foto con vida, y que yo mismo le hice, sabiendo que se iba al Cielo para siempre, y cuando apenas podía ya caminar, después de sufrir muchísimo, por un terrible cáncer al cerebro. Al fondo de la foto se ve la ciudad de Salta, y en primer plano los Monoblocks de “Tres Cerritos”. Está tomada desde el primer depósito de aguas de “Tres Cerritos”, idéntico al segundo, y muchísimo más alto depósito de aguas, sito cerca de la cumbre del cerro, enfrente de la “Virgen del Cerro” tan famosa hoy día por sus peregrinaciones, y que fue “la pista de despegue” del Ala Delta…

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Por eso te llamas Daniel, porque mi otro Daniel, mi amigo del alma, se fue al Cielo, llamado desde muy joven por el Señor, por lo bueno y bondadoso que era, y como también lo eres tú, mi Daniel pequeño, y desde allí te cuida, desde allí mi Daniel Grande, me cuida a mi Daniel pequeño… Pero todavía, y después de más de tres décadas, que hace que se fue al Cielo, mientras que escribo estas letras, todavía se me caen las lágrimas, se me caen a raudales, cuando lo recuerdo, y recuerdo su eterna sonrisa, y su alma bella…

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Capítulo Décimo Octavo: La Tortilla de Huevos...

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Un día, al igual que había aparecido con los planos de un ala delta, aparecí también con una Citroneta, o sea una furgoneta de dos caballos... Yo había arreglado con un vecino que tenía una granja, la venta de sus huevos, de los huevos que ponían, sus gallinas granjeras... Y llené de sus huevos, de bandejas con sus huevos, llené la furgoneta entera... Y la furgoneta iba tan cargada, y la Citroneta tenía una suspensión tan elástica, y como no frené, en el primer badén que pille, voló la furgoneta, y volaron también todos los huevos... De la tortilla que quedó, de todos los huevos rotos, estuvimos comiendo, mi hermano y yo, y todos los vecinos, bastantes días, pero claro, me quede con la deuda con el vecino granjero, y sin haber vendido ningún huevo... Después se nos ocurrió, a Yuyito y a mí, hacerle una "revisión mecánica" a la Citroneta, y cuando el motor "estuvo a punto", decidimos probarla en el autódromo, pero claro que como no éramos pilotos profesionales, y con licencia deportiva, decidimos entonces colarnos, entrando, pero por la puerta trasera... A esta puerta accedíamos desde nuestro barrio de Tres Cerritos, a través de los cerros, y sin pagar entradas ningunas, cuando había carreras, pero nos olvidamos que lo cuándo lo hacíamos así, lo hacíamos a pie... Así, quisimos hacer lo mismo, pero motorizados... 115


Cuando subíamos campo a través, nos encontramos con un alambrado nuevo, que acababan de poner. Yo quería ni lerdo ni perezoso cortarlo, pero Yuyito me dijo que estaba loco, y entonces yo le dije que bordeáramos el alambrado campo a través, hasta encontrar una tranquera (puerta). Así lo hicimos, y como íbamos a ciegas en medio de una maleza de tres metros de altura, no veíamos nada, hasta que de repente nos clavamos en una zanja más profunda que la misma Citroneta… Gracias a que íbamos despacio, no nos pasó nada, pero tuvimos que dejar abandonada la Citroneta, y volver al día siguiente con pesados gatos, y cabrestantes, para poder sacar la Citroneta de la profunda zanja… Después de todo un día de trabajo, la sacamos, y yo, cabeza dura, muy cabeza dura, seguí para adelante, buscando la tranquera, para poder probar la Citroneta en el autódromo… Al final, después de bastantes kilómetros, encontramos la tranquera, la abrimos, y pasamos con la Citroneta, volviendo a cerrar la tranquera, y dejando todo como estaba… Cuando aparecimos por la parte más alta del autódromo, yo dejé caer la Citroneta por la bajada, acelerando al máximo, no sé a lo que iría el “bichito”, pero seguro que andaba cerca de los 150 Km., y así me metía en las curvas, como si fuera un Fórmula 1, de los que tanto le gustan a mi Daniel…

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Yuyito iba de copiloto, y me decía: “Gallego loco, nos vas a matar a todos”, mientras que mi hermano Juan Carlos, que iba detrás no paraba de darme trompadas (puñetazos), diciéndome: “¡Pará, pará, pará...!” Aun así, y a pesar de todo, no nos matamos…

Tampoco nos matamos cuando un día en que bajábamos por la ladera del monte abajo, como siempre acostumbrábamos, saltando de liana en liana, y como si fuéramos monos, imitando a “Tarzán”, se rompió una liana, y uno de nosotros resultó herido grave, y con varias costillas rotas… Otra que hicimos fue intentar construir una canoa con un árbol, para hacerla navegar en el gran lago, recién construido, del gran dique, Cabra Corral. La idea no era mala, sólo que equivocamos el árbol, y volteamos un pesado y barrigón “Palo Borracho”, y después de varios meses de arduo trabajo, acanalando el interior para dejar el espacio para los “marinos”, y habiendo quemado también su interior, lo tuvimos listo para la “botadura”, sólo nos faltaba llevarlo al Cabra Corral, y como pesaba tanto, decidimos dejarlo caer por la muy empinada ladera, y cuesta abajo… La madera, que era muy blanda, se hizo astillas, conforme caía el árbol, rodando por las piedras de la ladera, y así nos quedamos sin canoa, después de meses de duro y arduo trabajo: ¡Pero nos la pasábamos de bien! ¡Nos divertíamos tanto…!

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Un día se me ocurrió también, y como mi primo Pablito Postiglioni, era y es radioaficionado de toda la vida, que ya que mis padres estaban muchos años en España, y no habíamos hablado nunca con ellos, que podía escuchar Radio Nacional de España, con la muy vieja, antiquísima, y grande, radio de galena… Para poder lograrlo, la antena de la radio necesitaba de una amplificación, y así Yuyito me ayudó, y con un alambre y una caña muy larga, que subimos arriba del tejado, logramos escuchar a la Radio Exterior de España, pero con una señal muy débil… Entonces se me ocurrió usar como red de antenas, todos los alambres de colgar la ropa, claro que había que meterles corriente… Y así lo hicimos: ¡Y oh sorpresa! ¡La radio Exterior de España se escuchaba maravillosamente! Pero no me di cuenta, que mi hermano Juan Carlos, había puesto a la mañana un lavarropas o lavadora, y que cuando estábamos escuchando el resultado brillante de nuestro “experimento”, fue a colgar la ropa, claro a colgarla en los alambres, en los alambres que estaban con corriente directa a 220 Voltios de la red… De los saltos que pegaba, y con la primera prenda de ropa que intentó colgar, enganchado con sus manos al alambre, se rompió la conexión eléctrica, y eso, eso le salvó la vida…

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Luego mi hermano me quería matar, porque además de haberle quemado el televisor con los “experimentos” radiofónicos, casi le cuesta también a él, casi le cuesta la vida… La verdad, no me sorprende que mi hermana María, una gran profesional médico, no me hable, ya que desde el día en que le dije: “Que todos los días se le morían pacientes, a pesar de su gran pericia y profesionalidad, y como Jefa de Cuidados Intensivos o Terapia Intensiva (UVI o UCI), y que se creía como Dios, por encima de la vida y de la muerte, pero que no se daba ni cuenta, que era tan mortal, débil y frágil, como todos los demás, y que se iba a morir como todos”… Desde ese día, hace ya más de veinte años, mi adorada hermana, mi muy amada hermana María, me retiró no solo la palabra para siempre, me retiró el saludo hasta el día de hoy… Pero decía, que la verdad no me sorprende que mi querida hermana así lo hiciera, luego de correr el velo de toda su vida con mi lengua no sólo maravillosa, sino y aún muchísimo peor, viperina (de víbora…).

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Pero sí me sorprende y mucho, que mi hermano Juan Carlos, después de todas las barrabasadas, travesuras y locuras que hice en toda mi vida, y que le hice también a él, después de todas ellas, todavía no sólo me hable y me aprecie de verdad, y me quiera, me sorprende que además, y cuando menos me los espero, me ingresa 50 euros en mi cuenta de España, porque sabe que hay días de este mi tiempo presente, en que paso hambre, tal como él y yo, también pasamos hambre, muchísima hambre, y los dos juntos, hace ya más de treinta años… Otra fue que Yuyito, que era un loco de las motos, y como su padre sabía que se mataría, jamás le dejó tener una, hasta que su amigo del alma, “el loco gallego”, le dejó el patio entero de su casa, para montarla… Y Yuyito montó en mi casa, pieza a pieza, una Harley Davison original… Y cuando estuvo montada, descubrimos que no podíamos sacarla de la casa, porque era más grande que la puerta… Así que yo, el “bravo y loco gallego”, ni lerdo ni perezoso, pillé un mazo, y ladrillo a ladrillo, volteé la pared del fondo del chalet, haciendo un agujero grande, pero lo justo para que saliera la moto… Y un día se enteró don Villa, de que su hijo montaba una poderosa moto…

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Y le llamó, y le preguntó, pero Yuyito lo negaba, hasta que al final lo confesó todo, y su padre le dijo que lleváramos la moto a su casa… Yuyito la llevó llorando, llorando a lágrima viva, como un niño pequeño, porque pensó que su padre se la quitaría para siempre, pero cuando llegó con ella, con la preciosa Harley, don Villa le dijo: ¡Andá en la moto pero no te me matés...! La moto la tuvo que vender Yuyito, para ayudar a pagar la carrera de medicina de su hermano menor Gei (Sergio), cuando murió don Villa, mientras que él mismo se quedó sin terminar la suya propia, su carrera de médico… Y aunque hoy día sé que no se lo agradecen, como a mí tampoco me agradecieron nada por hacerme cargo y ocupar en la familia el lugar de mi padre, ni Yuyito, ni yo, envidiamos a nuestros hermanos, y aunque todos ellos estén muchísimo mejor que ambos, sin embargo, no les tenemos ninguna envidia, y nos alegramos de su bien, porque eso fue lo que les hicimos durante tantos años, a costa de perder el nuestro, y por la memoria de nuestros padres… Así que, aunque nos quedamos tanto tiempo separados de nuestros padres, y así nos pasamos solos toda la adolescencia, y hasta que nos hicimos hombres, sin embargo, a mi hermano y a mí, no se nos ocurrió jamás acercarnos a los vicios, a ningún vicio, que es lo que toda la gente suele hacer normalmente, y recuerdo que todos mis parientes y amigos de Salta, se extrañaban tanto de que fuéramos personas tan sanas…

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Y no lo tuvimos nada fácil, porque pasamos muchas veces verdadera hambre y frío, un frío terrible… Por las muy frías noches, en unos años en que nevó abundantemente en unos fríos inviernos, tal y como ahora lo volvió a hacer nuevamente en Salta… Y enganchábamos la manguera al grifo (canilla) del jardín de los vecinos, a altas horas de la noche, y la dejábamos corriendo en un hilillo de agua, para que no se congelara, y a la mañana siguiente, todavía muy de madrugada, y antes de las seis de la mañana, nos duchábamos, nos duchábamos con un agua congelada, mientras que hacía una decena de grados bajo cero… Y nos duchábamos desnudos en medio del patio, a la plena intemperie, y bajo el manto de las heladas estrellas, heladas como estaba el Cielo mismo… Y así también, así también nos helábamos nosotros… Y muchos días en que no teníamos nada, nada para comer, mi hermano Juan Carlos y yo, comíamos porque los amigos nos llevaban unos mates y unos “Chanchitos”, que son unas muy humildes hogazas de pan… Pero todavía recuerdo, y con mucho cariño, y con una gran emoción, la ceremonia de poder comer algo tan simple, como cuando Jesús bendijo en la última cena el pan… Y uno de mis mejores recuerdos, lo tengo con Blanquita, la que se terminó casando con un millonario de Marbella…

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Para mí el mayor lujo de aquellos años, de todos aquellos años de hambre y necesidades que pasamos mi hermano y yo, fue pasar por la Panadería de los López, la “Panadería Granada”. Y Blanquita, que sabía que tenía hambre, me preguntaba si quería un bocadillo (sanguche) de queso y dulce de batata… Y yo me volvía loco de alegría, y claro que le decía que sí, y ahora que he vuelto a probar de nuevo, en mi regreso a Argentina y después de tantos años, el dulce de batata, recuerdo esa escena, y me pongo a llorar… Y me pongo a llorar, porque recuerdo a Lolita, la hija de Blanquita y Manuel, la hermanita del Lolo, y a Lolita, por lo buena, por lo muy buena que era, se la llevó el Señor al Cielo, de una forma fulminante y en horas, con un terrible virus, ya en España y cuando acababa de terminar su carrera profesional… Y siempre la recordaré, por su alma bella, como así también no dejo de recordar a mi Daniel grande, y a María de Fátima, la hija de mi amigo Jorge, y a Susy, Susana, la hermana de mi ex-mujer Vince… Por ellos, y a todos ellos, y para todos ellos, y a sus padres, a sus hermanos y hermanas, a sus familiares todos, he escrito también este libro, no sólo para mi amado pequeño Daniel… Y lo he escrito para curarles el alma, el alma malherida, malherida de tanto dolor, tanto dolor callado y no hablado… ¡Para todos ellos! ¡Los que no se fueron y se quedaron...! 123


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Capítulo Décimo Noveno: El Grado...

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Porque me amabas… Porque me amabas, y yo no lo sabía ¡Cuánto me amabas...! Porque me amabas y yo lo ignoraba porque te creí cuando me dijiste que no me querías... Por eso, porque me amabas ¡porque me amabas tanto! ¡pude hacerte tanto daño...!

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Y por mi ignorancia supina de un burro y de un asno te maltraté te maltraté y te ofendí ¡tan terriblemente...! Queriendo pagar por lo que ya me regalabas queriéndote pagar por tu amor... Y así tratándote y maltratándote como a una mujerzuela queriéndote pagar queriendo pagar por tu placer así descubrí ¡cuánto me querías...! Porque como me amabas no pude hacerte más daño que despreciarte a ti que despreciar a tu amor que ya me regalabas que ya me regalabas con tu amistad sin precio ninguno despreciarlo todo y despreciarte toda al precio del dinero...

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Y por mi soberbia de macho cabrío y de semental en celo por mi pasión desbordada te maté maté con mi ofensa y mi ultraje tu dignidad de mujer... Y maté también terriblemente tu amor por mí y así me borraste de tu vida... Por eso yo te pido yo te pido que me perdones que me perdones por no haberte amado por no haberte bien amado...

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Lo más difícil que hice, lo que más me costó en toda mi vida, fue el obtener el grado, el grado de Licenciado en Ciencias, con la especialidad de Físico. Fue un esfuerzo titánico, de veinte años continuos, y sin parar ni tirar la toalla nunca, por muy imposible y lejano, que pareciera llegar al final. Y más que a mí mismo, más que a mi lucha, tan tenaz, férrea, e inacabable, se lo debo a mis tres musas, las tres musas de toda mi vida: María, mi madre, Vince, mi primera mujer, y Mercedes, mi segunda mujer. Las tres mujeres, y cada una y todas ellas, como en una carrera de relevos, en donde se pasa el testigo entre los diferentes corredores, que dan los relevos, las tres y cada una, me llevaron adelante, y me hicieron estudiar, y no me dejaron abandonar, sosteniéndome, y conteniéndome, en tantos y tantos momentos, tan difíciles, y de tanta flaqueza… Por eso mi mejor, y más honroso tributo, a cada una de ellas, porque a pesar de todos sus errores, debilidades y flaquezas, y de haberme dado una la vida, y las otras dos, la vida a mis tres hijos, además de ello, todavía me construyeron, me construyeron con su amor, porque las tres, y cada una de ellas, me amaron con verdadera locura, y todavía creo que, y a pesar de todo, y por tanto que me amaron, todavía continúan, una desde el Cielo y las otras dos desde la Tierra, todavía continúan amándome... Y por eso, no quiero dejar de reconocerles todo el mérito a ellas, y además reconocerles que tuvieron mucho que ver, en mis dos divorcios, mis propios errores...

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Con la primera, Vince, tengo que agradecerle y reconocerle, que cuidara con un extremo y verdadero amor, en su terrible enfermedad, a su suegra, mi madre, con el amor de una hija. Y tengo que culparme, porque no tuve la paciencia, que todo hombre debe tener con una mujer, y discutí muchísimo, tal vez demasiado, tal vez también, producto de la excesiva fogosidad, propia de todos los errores de la juventud... Y además, entre en un delirio, cuando me dediqué a estudiar a Lacan, el fundador de la escuela lacaniana de psicoanálisis, sucesor directo de Freud. Y así, entre el delirio, que hizo muy difícil la convivencia para Vince, y la tremenda desilusión, que sufrió al ver que no terminaba la carrera, se acabó el amor... Y aunque del delirio salí, sin embargo, ya no pude salvar al matrimonio, que naufragó sin más remedio... Con María de las Mercedes, tengo que reconocerle y agradecerle, que cuidara también con un extremo y verdadero amor, de Rubén Darío, cuando mi hijo estaba tan perdido y tan enfermo, y lo hizo igual o mejor que como si hubiera sido su misma madre... Y con Mercedes, pude renovar la ilusión de vivir, que necesitaba para terminar la carrera, y así la terminé y pude terminarla, de una vez por todas y para siempre...

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Y a Mercedes, la ofendí también, terriblemente, un día en que le dije, y lo peor, delante de mis tres hijos, y de nuestro propio hijo Daniel, que me divorciaría de ella. Así, yo mismo, yo mismo también maté a su amor...

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Mi plan un poco más real para acabar mi carrera, en diez años más, después de estar diez años ya en la Universidad... 132


Anoche… Anoche, cuando me desperté, tan de madrugada, tan temprano, y no me podía dormir pensando en ti... Pensaba en tu niñez, en cómo pudo ser tu niñez sin un padre, pensaba en cómo pudo ser, y tan grande tu dolor...

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Y pensaba en cómo pudo ser tu amor, tu amor por el hombre, que fue el padre de tus hijos, de los hijos que no tuviste, el hombre al que tanto amaste, y el hombre que no te amó... Y pensaba en cómo es tu amor, por tus hijos por tus hijos que tanto, y tanto te adoran... Y pensaba en cómo podría ser, como podría llegar a ser, tu amor por mí... Y pensaba en como es, como es mi amor, mi amor por ti... Y pensaba, si el milagro de tu amor, si el milagro de mi amor, podrían ambos, y a la vez, curarte el alma, tu alma malherida, malherida de tanto dolor...

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Y tú ahora tienes la esperanza de que yo soy quien te escucha quien te escucha en lo más profundo de tu alma bella y de tu ser entero el hombre que te pasaste toda tu vida entera buscando... Y por eso yo te propongo que seas para siempre mi musa... Y por eso yo te ofrezco ser para siempre quien te escucha... Y eso es el amor... Y así quisiera que estuvieras siempre feliz muy feliz en lugar de triste y tan triste como cuando te conocí...

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CapĂ­tulo VigĂŠsimo: Los Butaneros...

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Cuando me divorcié la primera vez, me arruiné tanto y como en esta segunda vez, con el agravante de que mis relaciones y amigos, sólo lo eran por el dinero, y cuando me quedé sin dinero en el divorcio, y se fue al traste mi empresa, ella supo muy bien donde darme, donde más me dolía, como así está también haciendo ahora la segunda ex-mujer, y con mi otro pequeño Daniel… Y el juramento que le hizo a mi tía Josefina mi primera ex–mujer, de que me destruiría en todo, en lo económico, en lo sentimental, en lo profesional, etc. Este terrible juramento, sólo se volvió contra mi hijo pequeño de ese entonces, Rubén Darío, y le mató el alma, tanto, que casi no logré recuperarlo, sino después de muchos años, y con la ayuda de no sólo una muy buena Psicoanalista, sino además con la ayuda del Cielo. Esta historia, la historia de dolor de mi muy amado hijo Rubén Darío, la cuento en el Capítulo titulado: “Hay de mi hijo…” Y ahora, mi segunda ex–mujer, también me ha jurado, al igual que la primera, odio y rencor eternos, y ha jurado que no me va a dejar hablar nunca más con mi adorado Daniel… Volviendo a la historia que relataba, después de mi primer divorcio, tuve que empezar de nuevo, sin capital ninguno, tal como también estoy haciendo ahora mismo de nuevo, y sin relaciones, también como ahora, y el único trabajo que pude encontrar fue el de repartidor de butano (garrafas de gas).

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Pero como mi padre me dijo, “cualquier trabajo es digno mientras que no sea robar”. Así lo hice con el mejor celo y responsabilidad, y lo mejor que pude. Y podría contar tantas historias de cosas que me pasaron, que seguramente escribiría otro libro, pero las callaré, porque aunque algunas de ellas son agradables, otras muchas de ellas no son, tan agradables, aunque sí contaré una de ellas… Un día apareció en el barrio, un nuevo Agente de la Policía Local, racista, muy racista… Y me denunciaba, y me multaba, por estar mi camión de reparto aparcado y estacionado en doble fila, junto a la carga y descarga, mientras que no denunciaba a los vehículos particulares que ocupaban indebidamente, mi sitio preferente… El asunto fue tomando un tal in crescendo, que los vecinos le “pegaron” y “sacaron a palos”, literalmente, a la Policía Local, un día en que se manifestaron a mi favor… La Policía Local en venganza, me tendió una trampa y una encerrona, de donde resulté apaleado salvajemente, y con el brazo partido… El asunto no sólo terminó en los tribunales, sino que llegó al Tribunal Constitucional, por indefensión, artículo 24 de la Constitución Española, donde finalmente terminó prescribiendo…

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Yo no le deseo mal a nadie, pero como la vidente Carmen me dijo muy cumplidamente: “¡Llevas tanta Luz dentro de ti mismo, me deslumbra tanto la tremenda Luz de tu alma, que quien te hace bien, no sabe el bien que se hace a sí mismo, pero quien te hace mal, no sabe tampoco el gran mal que se hace a sí mismo…!” Pero el epílogo de esta historia, es que mientras a mí todavía me adoran y me recuerdan los ancianos, en el Barrio de Santa María de Gracia de Murcia, el Sr. Guardia se ganó tal enemistad, con su rencor y su maldad, y le hicieron la vida tan imposible, que le terminó dando un terrible cáncer de páncreas, muriendo muy joven, y de una forma verdaderamente horrible… Las garrafas que pesaban más 28 Kg., yo las subía corriendo hasta los séptimos pisos sin ascensor, y llegaba sin siquiera estar agitado o asesar, con las respiración en silencio, de la forma física que tenía por el durísimo trabajo diario, llevándolas a pares, o sea una en cada mano, con 54 kilos en total, y además con el peso de mi cuerpo… Yo me fui hablando de vos y de ustedes, hace 28 años, cuando salí de Salta, y 28 años después volví hablando de tú y de vosotros… Claro que me dieron en España una trompada o puñetazo, que me fisuró dos costillas, mientras que me decían despectivamente: “Sudaca de mierda…”

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Ahora también sufro el racismo en mi propia tierra, “Salta la Linda”, porque ahora aquí, aquí también soy el extranjero a batir, el zorro a cazar, el conejo a apresar, el invasor español que vino, y viene todavía a robarles todos sus tesoros, y aunque todavía no me han roto las costillas, como hicieron en España, sin embargo, ya me han partido, y bien partida, el alma entera toda…

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Cuarta Parte Mi tiempo del almaâ&#x20AC;Ś

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Capítulo Vigésimo Primero: El Paraíso perdido, mi paseo por el Cielo…

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Como estoy ahora, así estaba, así estaba abandonado de todo y por todos, abandonado de la vida, cuando me di un paseo por el Cielo. Acabo de fracasar hoy, y por enésima vez, opositando en la UNSa, Universidad Nacional de Salta, sencillamente porque a mis cincuenta años, no tengo todavía ninguna experiencia docente demostrable, y me es imposible competir con el resto de opositores, que sí la tienen, aunque sean más jóvenes que yo. Y en ese intento fracasado de abrirme un hueco digno en la vida, y en la sociedad salteña, en ganarme simple y sencillamente un pedazo de pan como todos, y al que todos tenemos derecho, así me encuentro, sin estar asido a nada, ni a nadie, ni siquiera a mi “idílica” musa, que no existe, o que creo que no existe, para mí, ninguna mujer que pudiera dar la talla, la talla de ser simple y sencillamente mujer; pero es que, casi ninguna lo sabe, sabe lo que es ser mujer… 149


Y yo tampoco lo sabía, lo que era el Cielo, ni quién era el ser de luz, al que habitualmente llamamos Dios. Hoy día sé que es el Ser de Luz, que nos adora con verdadera locura, que nos ama con todo su corazón… Y por ser tan valiente, seguramente el hombre más bravo sobre la Tierra, cuando yo estaba “desaparecido”, cuando yo le decía a Él, que porqué me había abandonado, yo, que quería ser cura para servirle a él, y a los hermanos y hermanas, y que me dijo el Arzobispo Carlos Mariano Pérez: “Que tenía un llamado muy especial y que estaba llamado a hacer grandes cosas para Dios”. Decía que por ser tan valiente, me llamó a verle, a conocerle, a ver su rostro… Y yo estaba orando, con mucho enfado, porque le decía que porqué me pasaba todo, lo tan malo que me pasaba, como ahora, que también me pasa, y Él, en su sabiduría, que siempre nos escucha, aunque por su silencio parezca todo lo contrario, Él me llamó a verle, para que supiera que me quería, que me amaba, y que no me odiaba, y me diera cuenta, que todo lo malo que me pasaba, era por mis propios errores, y por la maldad de los demás, pero no por su extrema bondad… Y orando, se desapareció la habitación, haciéndose cada vez más grande, tan grande, hasta que sólo me encontré en un túnel muy negro: ¡El lugar más desagradable de toda mi vida! ¡Era como cien mil cristales cortándote y rasgándote el alma!

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Y cuando salí del túnel, había un espacio negro inmenso, pero era un lugar muy distinto del anterior. El anterior es el lugar más lóbrego, frío, y oscuro, de toda la existencia, el infierno, si existe, es este lugar, donde reina la más absoluta soledad, inenarrable… Mientras que al salir de allí, aterido de frío, sentí como, poco a poco, llegaban ondas de calor a mi ser, y mi ser tan helado, se acurrucó, y se dejó llevar por lo que me llevaba, lo que me llevaba sin que yo hiciera nada, algunos le llaman el Espíritu Santo. Nunca más pude volver a repetir este viaje, me llevaron, y como me llevaron me trajeron, no dependió de mi voluntad… Cuando avanzaba en esa negrura inmensa, percibía un límite, un horizonte, y empecé a ver una lucecita mortecina, muy débil, pero conforme me fui acercando se fue haciendo más, y más, y más grande: ¡Hasta brillar muchísimo más que el Sol! Y en esa presencia, en su presencia, sentí que Él me amaba, incondicionalmente, como me amó mi madre, con total entrega y sin pedirme nada a cambio… Si hubiera podido tener un orgasmo, con cada una y todas las más bellas mujeres del mundo entero: ¡Ninguna me lo hubiera dado como me lo dio ese ser! Estaba tan lleno de felicidad, que sólo quería subsumirme en Él, y desaparecer para siempre en Él.

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Pero Él me hizo sentir, que si pasaba el límite, que ya no volvería. Y hoy día, con la perspectiva de casi treinta años de mi vida, que han transcurrido ya después, con el regalo de la vida que hice por amor, les llamé y por amor, les llamé a la existencia, a tres seres, a quienes son mis tres hijos, y según la vidente, que ya hablaré de ella a continuación, según ella, todavía me queda esperándome en el Cielo, una cuarta alma, hija mujer, para encarnarse en mi llamado a la vida… Así que como fui allí, de la misma manera, volví aquí… Pero eso me marcó, y yo no lo sabía, pero estar ante su presencia, y en su presencia, que lo estoy siempre, y permanentemente desde ese viaje, me marcó el alma, de una forma tan indeleble, dejó una huella tan fuerte, que las videntes, las que lo son de verdad, se quedan ciegas por lo que los deslumbra la luz, que porta mi alma… Y no sólo me marcó así, sino que, me hizo “manosanta”, tanto, entre otras cosas, que despierto a los moribundos y agonizantes, en estado de coma, sólo para decirles que caminen hacia la Luz, que no tengan miedo de ella, y para darles paz, para que mueran en paz… Y me marcó durante estos casi treinta años, durante los cuales no había olvidado la experiencia, la más real de toda mi vida entera, pero la había dejado estar, como si no hubiera sucedido nada, como si nunca hubiera sucedido… Pero apareció Carmen, la vidente…

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Y Carmen conoció en un verano, de hace ya casi cinco años, a mi hijo pequeño Daniel. Lo conoció corriendo feliz en la playa, cuando tenía a su papá y mamá juntos, cuando tenía papá y mamá, mientras que hoy día no ve a su papá por la distancia, pero tampoco ve a su mamá, ya que está con la abuela y mi ex-cuñado, que me cuelgan el teléfono cuando le llamo, para que no hable con él, mientras su madre trabaja dieciocho horas diarias, para poder apenas malvivir en la mísera España del presente, la España del Socialismo, ya que no en vano dijo Alfonso Guerra: “A España la vamos a dejar que no la va a conocer ni la p… que la parió…” Y cuando Carmen miró a ese niño, a mi hijo Daniel, le vio con los ojos del alma, los ojos de vidente, le vio un alma resplandeciente de luz, y conoció a su madre, mi ex-mujer, Mercedes, y dijo: ¡Esta luz viene del padre! Y así se pasó un año más, hasta que un día, al verano siguiente, del año 2006, entró a mi vivienda de la playa, y yo que estaba trabajando con mi portátil o notebook, me puse inmediatamente de pie, por cortesía y educación, tal y como me enseñaron desde muy niño, pero vi que no me miraba a mí, que miraba detrás de mí, y yo muy agudo, le pregunté: “¿A quién miras?” Me dijo que a mi madre, y le dije que mi madre se había muerto hacía ya más de una década, y que había muerto de una muy terrible enfermedad terminal. Pero ella me contestó que allí estaba, que no se había ido. Entonces yo le pregunté qué porqué no se había ido, y me dijo que porque me escribió, mientras que pudo hacerlo, que quería que me muriera con ella… 153


¡Y se me saltaron las lágrimas! De recordar como así me lo había dicho y escrito, mientras que pudo hablar y escribir. Ya que tuve que irme, que irme de su lado, con todo lo que la quería, para dejarla morir, para que pudiera morir por estar sola. Porque mi fuerza vital es tan enorme, mi gracia de “manosanta” es tan grande, que la mantuve en vida durante diez años, consumida enteramente, hecha un vegetal, con llagas y escaras, y en su pleno conocimiento. En el último año de su vida, me dijeron los médicos que se estaba ahogando en dióxido de carbono, que no tenía casi oxígeno, por estar destruidos los intercostales y el diafragma, y que sin embargo, estaba con vida, y que si había un milagro, eso lo era. Entonces le dije a Carmen, que qué había que hacer para que se fuera de una vez por todas al Cielo, y ella me dijo que rezar una oración al Padre. Le dije entonces, vamos ya a ello, y luego de un mes, cuando la volví ver, y le volví a preguntar por mi madre, y me dijo que ya se había ido para siempre… Entonces me dijo que yo tenía un gran poder de oración, y que yo no lo sabía, que tenía que imponer las manos y curar, porque tenía tanta energía, una energía tan desbordante, que sino curaba, que me hacía mucho daño a mi salud, y que no necesitaba hacer Reiki, ni nada parecido. Hoy día sé que es totalmente cierto, pero eso me lo ha enseñado la experiencia.

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También me dijo que iría a la Argentina, a hacer negocios, pero que ninguno me saldría bien, como así me ocurrió, a finales de ese mismo año del 2006, y que volvería a la Argentina nuevamente, solo y totalmente arruinado, como así me ha ocurrido también en el 2009. Y mi ex-mujer le preguntaba, viendo que me predecía mi futuro, que le predijera su futuro, que le dijera su futuro, y Carmen, con sabiduría le decía que para qué le haría falta saberlo, tanto insistió Mercedes, que al final le dijo, que me esperaba en el Cielo una cuarta alma hija mujer, y no era con ella… Yo no tenía programado ningún viaje a Argentina, pero me surgieron unos negocios a final de ese año, que creí poder cerrar satisfactoriamente y con gran rentabilidad, y cuando estaba preparando el viaje, Carmen me llamó por teléfono y me dijo que un amigo mío de toda la vida, estaba sufriendo muchísimo, que ella no sabía quién era, que llamara a todos mis amigos de Salta. Así lo hice, y cuando hablé con Sergio, me dijo que se había suicidado la hija menor de trece años de Jorge, nuestro compañero de secundaria, y que la habían encontrado ahorcada en el baño sus dos hermanas mayores…

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Carmen me dijo que preguntara el nombre, para hacer oración, y ayudarle a llegar al Cielo, pues su alma estaba dando vueltas alrededor de toda la familia, y estaba sufriendo muchísimo ella y toda la familia. Me dijo también que les dijera que se había suicidado en un acto de amor, porque se había quedado embarazada, y porque sus padres y sus hermanas no lo sufrieran, no sufrieran la vergüenza que eso significa todavía, en esta sociedad salteña del medioevo, que por ello se había quitado la vida, ignorando que todavía les causaría a todos y a sí misma, un dolor muchísimo más terrible… Así lo hice, y lo pregunté, y se llamaba María de Fátima. Entonces hicimos ambos, Carmen y yo, oración por ella, y Carmen habló con María de Fátima, y le dijo que no tuviera miedo de la luz que veía, que era Dios, y que caminara hasta Él. Y ella caminó hasta Él y se subsumió en Él, desapareciendo en Él… Y yo tendría que haber sospechado algo del signo del amor, con el que está marcada mi alma al fuego divino indeleble e imborrable. Tendría que haberlo sabido por ejemplo con la enfermedad terminal, y la muerte del ser, que más he amado en toda mi vida, y que más me amó: ¡Mi madre!... Pero no supe, no atiné a saber. Un año antes de morirse, el Jefe del Servicio de Neumología de la Ciudad Sanitaria de Murcia, “La Virgen de la Arrixaca”, cuando le hice un ingreso o internamiento a mi madre, me dijo que estaba ahogándose en dióxido de carbono, que tenía destruidos los intercostales y el diafragma, y que debía de estar muerta, pero que allí estaba, viva, y que si había un milagro eso lo era… 156


Un domingo, vino a ver a mi madre, un curita, ya muy mayor, y amigo de toda la vida de la familia. Cuando salió me dijo, mirándome fijamente y a los ojos, que si me había dado cuenta de que yo le insuflaba el hálito de vida a mi madre... Yo le contesté que no lo había pensado, y entonces me dijo que lo pensara. Así lo hice durante tres días, y cuando comprendí que era verdad, que yo sostenía con mi propia fuerza vital, tan desbordante, a mi madre en vida, muerta en vida, hecha un vegetal, tetrapléjica, llena de llagas y escaras, y con todo su conocimiento en pleno, tuve que pensar si qué quería más: A mi madre, o a mí mismo, a mi egoísmo de tenerla a mi lado, aunque estuviera muerta en vida… Y como siempre en toda mi vida, como siempre que me jugué por el amor, decidí por el amor y con el amor, y decidí irme, para que al faltarle mi presencia, pudiera morir y descansar por fin, de sus terribles sufrimientos… Y después de pensarlo durante tres días, me fui de viaje de descanso a Galicia con toda la familia, aunque mi mujer no quería, y así se murió, así pudo morirse mi madre por fin, sola y sin mí… Porque cada noche, durante más de una década, estuve en vela, escuchándola toser y ahogarse, y cuando ya no escuchaba nada, entonces sabía que me necesitaba, e iba a su dormitorio, y me la encontraba ya amoratada, y la tomaba por la espalda, y le daba un fuerte empujón en el estómago, como hay que hacer con las personas que se ahogan por atragantamiento de comida, y así ella volvía a respirar…

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Y a veces pienso, que las nieves que peinan, y ya totalmente mi cabeza, no vinieron tanto del paso del tiempo, como cuánto de tantas noches de sufrimiento, tan intenso y prolongado… Por eso soy un ferviente partidario de la eutanasia, que no es lo mismo que el suicidio. Soy partidario de la muerte con dignidad, de la vida con dignidad, y cuando las personas perdemos la dignidad, la vida ya no tiene valor ninguno. Mi padre me enseñó desde muy pequeño, que se pierde la vida antes que la dignidad… Y por eso entiendo muy perfectamente a mi adorada Alfonsina Storni, la poeta del amor, porque su poesía, al igual que la mía, es bellísima y plena de amor. Ella amó tanto, tan intensamente y con verdadera locura, a los hombres, tal y como yo también, amo a las mujeres, pero tristemente, nunca fue amada, bien amada, y ella lo refleja magistralmente en toda su obra poética, y su tragedia fue tener una enfermedad terminal, por lo que decidió ahogarse en el mar, antes que perder la dignidad… Al final, dejar de vivir para no perder la dignidad y la divinidad, es una decisión muy personal, yo ya he visto consumirse a la mujer y al ser que más me quiso en la vida, mi madre, pero a diferencia de ella, yo quiero morir con mucha dignidad, y en lo que de mí dependa, no dejaré de intentar que así sea, y si me es posible, cuando me llegue el momento…

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Mirando las viejas fotos, también encontré una foto de mi madre, María, ya muy enferma, y hecha un guiñapo de la muy bellísima mujer que fue de joven, y cuando todavía le quedaba apenas un poco de movilidad, lo que demuestra lo verdaderamente pasajera que es la belleza física, y lo muy corta que es la vida… Siempre me he preguntado desde entonces, porqué mi padre decidió morir lo antes posible, y no le preocupó cuidarse para prolongar su vida, porque decidió morir feliz, disfrutando todo lo que pudo de la vida, y hartándose de la comida, y tuvo veinte infartos hasta que murió. Y en cambio, mi madre, que decidió no morirse, así estuviera hecha una carnicería, así sufriera los más atroces suplicios… Descubrí, que la muerte no es algo automático, que para los creyentes la otorga Dios, descubrí que en la muerte, cada uno de nosotros tiene algo que decidir, si se queda todavía, o si se va… Y eso lo he visto ya muchas veces, como algunas personas deciden quedarse todavía, aun a costa de terribles sufrimientos corporales y espirituales, y como otras deciden disfrutar todo lo que puedan de la vida, aunque sepan que ello les costará irse mucho antes de tiempo, dejando muchas veces a los hijos pequeños indefensos ante la vida, y huérfanos…

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Así tuve que vivirlo un mes atrás, cuando fui al duelo de un compañero ciclista joven, y con hijos pequeños, pero al que los vicios le habían podido más que el amor a sus propios hijos y mujer, y los vicios lo consumieron, llevándolo a la muerte a una edad muy joven. Y su hija de once años, lo lloraba tan desconsoladoramente, diciendo que ya no iba a ver nunca más a su papá… ¡Tenía tanto dolor! Que me inspiró desde lo más hondo de mí ser, esta poesía:

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¡Ay mi niña! ¡Ay mi niña! ¡Que tu padre se ha ido y ya no tienes consuelo! ¡Ay mi niña! ¡Que tú lamento de existir es todo un dolor de agonía! ¡Ay mi niña! ¡Tan joven y tan bonita y ya tiene su alma muertita! ¡Ay mi niña! ¿Dónde se fue tan lejos tu papa que dices que ya nunca le veras?

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!Ay mi niña! Al Cielo todos te dicen ¡Pero diera lo mismo el infierno! ¡!Porque eso es para ti lo que es tu vida ahora! ¡Ay mi niña! ¿De dónde pudo venir de repente tanto dolor? ¡Si tan feliz y tan inocente vivías! ¡Ay mi niña! ¡Qué preguntas porque en una letanía sin consuelo! ¡Ay mi niña! ¡Que tu dolor se me traspasa al alma dejándome sin respuesta!

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Y a ti Daniel, ya te ha tocado conocer el dolor de la muerte, y muy de cerca, cuando tu querida señorita se la llevó el Señor al Cielo, y de una forma fulminante por un cáncer terminal, dejando hijos pequeños… Y recuerdo que te llevé a verla, cuando la estaban velando, y fuiste el único alumno que fue a ver a su maestra… Y cuando yo te dije que su alma estaba dando vueltas alrededor nuestro, despidiéndose, y que ya no estaba en su cuerpo, pero que le dieras un beso de despedida, para que supieras lo frío que se queda un cuerpo, cuando se va la vida, entonces se horrorizaron, todos y todas, y en particular las monjas del colegio, y les dije: “Señoras: ¿No son ustedes quienes se han desposado con Dios? ¿Dónde está vuestra fe?” Así Daniel, te enseñé desde muy pequeño, y al igual que a tus hermanos mayores, la certeza de la muerte, la certeza absoluta de que vamos a morir… Y esa es la única certeza que podemos llegar a tener a ciencia cierta en la vida, pues todo lo demás es tan contingente y pasajero, y tan incierto como nuestro propio destino. Por eso, cuando ahora en nuestra avanzada y moderna civilización, tecnológica y científica, hemos recluido la muerte a los tanatorios, sacándola de nuestras casas y de nuestras vidas, y como un signo de triunfo sobre la naturaleza y el destino, sólo estamos ciegos, ebrios de soberbia, y sin poner límite ninguno a nada, en una actitud totalmente esquizofrénica… 163


Y por mi saber, por mi sabiduría, y por mi valor, y contra la oposición de vuestras madres, y de todos los demás, tanto a ti como a tus hermanos, yo os puse ese límite, desde muy pequeños, y ahora, ahora que estáis los tres sin padre, ahora sois fuertes, porque os sabéis mortales… Y ésta es mi herencia, la mejor herencia que os puedo dejar. Y cuando seáis viejecitos, os acordaréis de vuestro padre, y de que no sólo os amé bien, sino y más importante aún, os enseñé bien… Y aunque sé que me llamáis “viejo”, todavía no lo soy ni así me siento, sino y todo lo contrario, estoy tan lleno de vida, que todavía puedo generar nueva vida…

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Capítulo Vigésimo Segundo Porque el corazón se me ha helado…

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Porque el corazón se me ha helado… Es que de repente la vena del poeta se me ha secado porque el corazón se me ha helado Era la muerte que de refilón ha rozado al ser de mi amado dejándome demudado

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Y de mi alma como mañana invernal sale un aliento frío y helado de suelos helados Pero de repente allá en la bruma de la oscuridad más absoluta una ola de tibieza acoge mi ser Y mi ser acongojado de pena tan grande que no podía hablar es acurrucado en la luz imperecedera ¡Tanto! que volver no quería a este mundo arrinconado Pero aquella luz que sólo me amaba y nada me preguntaba me envió de nuevo pues allí no me dejó quedar

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Y asĂ­ la vida entera me he pasado arrinconado en este mundo sabiendo del otro mundo Y sĂłlo me queda esperar la hora de mi partida en la que en vez de morir en aquella luz he de vivir...

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Ay de mi hijo… Ay de mi hijo del que era mi pequeño y ahora es grande pero sigue siendo aún más pequeño que antes... Ay de mi hijo Rubén Darío como el poeta colgado de un balcón su vida quiere acabar... Ay de mi hijo porque su hermano la vida que le colgaba en el vacío con su manos desnudas sujetó...

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Ay de mi hijo porque dolor tan grande de agonía en toda y entera su alma tenía del que no podía hablar... Ay de mi hijo que tan amado y tan desamorado y desatado de la vida que ni el amor lo sujetaba en vida... Ay de mi hijo que amé y amo más que mi vida misma y mientras que yo se la cuido a él se le escapa toda entera... Ay de mi hijo doliente alma en pena ausente del mundo presente hundido en el vacío de la nada... Ay de mi hijo que si el amor divino la gracia entera en su espíritu le derrama la cordura perdida recuperará... Ay de mi hijo que su vida quiere cercenar sin darle más oportunidad porque su lamento de existir es un dolor de agonía...

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Ay de mi hijo a quien la muerte entera le rondaba con la hoz y la Parka transmudando la vida del cuerpo al espíritu Ay de mi hijo que a la soledad más absoluta al vacío más frío traspasaba su existencia… Ay de mi hijo que al punto de no retorno la vida entera la llevaba… Ay de mi hijo que mis antepasados ángeles de su guarda no abandonaron en el instante más preciso Ay de mi hijo al ser supremo pido si lo pierdo para siempre con su amor infinito lo acoja… Ay de mi hijo que si el umbral de la muerte traspasa arribe a la fuente misma de la vida entera…

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Ay de mi hijo que si le pierdo para siempre su alma recogida sea por la LUZ de amor divinaâ&#x20AC;Ś

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Estas dos poesías anteriores, tan llenas de dolor, y escritas también, con tanto dolor, me las inspiró el momento tan duro que viví, cuando mi hijo mediano, y muy bien amado, Rubén Darío, se tiró por el balcón de su edificio… Y se me revolvieron no sólo las tripas, sino y peor aún, el alma. Así, y como estoy ahora también, en medio de mi miseria, con las tripas revueltas, de haber intentado de desatrancar las cloacas de esta muy vieja casa, y por enésima vez, ya totalmente obstruidas, después de más de un cuarto de siglo, en que no se la ha hecho mantenimiento ninguno, desde que se murieron los dueños de la casa, los padres de mi amigo Sergio, y donde mi cumpa es el casero más desastroso que se pueda uno imaginar, porque para mí que padece el síndrome de Diógenes, porque le encantan la basura y la suciedad, y la limpieza pareciera que le molesta, y por eso no ha limpiado nunca, en toda su vida entera esta su casa… Y por eso aproveché hace un mes, cuando se fue a vivir a Yacuiba por un trabajo que le salió, y limpié mi habitación de arriba abajo, moviendo todos los muebles, desde la cama a los roperos, y vaciando su contenido y dejándolos relucientes, a pesar de su vejez, y de la carcoma que envuelve a estos muebles ya centenarios. Y para terminar eché en el piso 5 litros de lejía, o lavandina pura, tanto, que me ahogaba de las tosidas, por los vapores cáusticos y abrasadores, y tenía que salirme corriendo afuera al patio a tomar unas bocanadas de aire puro para no ahogarme e intoxicarme más, y volvía a continuar con la “desinfectación”.

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Por eso, después de haber empezado una “limpieza general” de toda la casa, tirando todo lo que no sirve y hace mugre, porque mi cumpa la tenía como un altar de culto morboso a la muerte, la de sus padres, porque todavía no terminó su duelo, desde hace más de treinta años, y ahora que yo estaba feliz, quitando la mugre de toda la casa, me retorna otra mugre peor, la que me sale desde las mismas cloacas… Y me he enfangado de la mierda de las cloacas, nunca mejor dicho, literalmente, llenándome de la mugre de las mismas, de arriba abajo, y estaba desnudo para no enfangarme la ropa limpia, pero no he podido quitar el atasco, porque el cable que he podido comprar, el más barato de todos, es de plástico, y cuando llega al tapón, después de meterlo en la cloaca de la tubería de desagüe cerca de media docena de metros, no tiene fuerza y resistencia suficiente para empujar, y se retuerce. Lo solucionaría con un cable de acero, pero vale un mes entero de mis comidas, y así vivo en medio de las aguas fétidas y fecales, antes que pasar hambre, aunque alguna vez también la he llegado a pasar, habiendo llegado a deberle a la dueña del comedor, Doña Claudia, un mes entero de comidas… Yo también tengo una parte de culpa, porque usé recién llegado unas toallitas desechables, como papel higiénico, y parece que, en lugar de deshacerse, han contribuido al desastre. Cuando llegué, la casa ya tenía reventadas todas las tuberías, con abundantes pérdidas por todos sitios, y ya existía inundación, pero sólo era de aguas limpias e inodoras. 175


Ahora la inundación ha aumentado en tal grado, que está totalmente inundada de aguas fecales y orines la cocina entera, que da justamente a la habitación en donde duermo, y así duermo, “suavemente perfumado”, cada uno y todos de mis días de este mi destierro involuntario, aunque por ello, y aun así, y a pesar de todo, no los considero totalmente aciagos, y quiero llegar a pensar, que a pesar de todo, la vida es bella… A pesar de toda mi miseria, el poco dinero que pude ahorrar, hasta inclusive llegando a pasar hambre, me lo gasté en arrancar y en quitar, la “selva” en que se había transformado el jardín de la casa, con hierbas y “yuyos” de casi hasta tres metros de alto, y haciendo aparecer la belleza de sus rosales y de sus rosas… Y dándome así también, e inventándome, junto y además con este mismo libro y mi “bicicleta”, una ilusión para vivir… Y todos los vecinos me dicen que desde que yo llegué a esta casa, que antes estaba llena de la muerte, ahora con mi sola presencia, la he llenado de vida… Y así, aún y a pesar de todo, la vida es bella… Pero eso no fue lo que pensó mi hijo Rubén Darío, durante la mayor parte de su corta y joven vida, hasta que se tiró por el balcón con veinte años…

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Aquí le llaman “las juntas”, en España decimos “dime con quién andas y te diré quién eres”. Y mi amado Rubén andaba con “vagos”, “atorrantes”, “borrachos”, “viciosos”, y cuando no con alguno, que también era “drogata”; aunque al menos eso, la droga, parece que hasta allí no llegó. Pero sí llegó a la borrachera diaria, y terminó destrozándose la vida y cualquier futuro, durante mucho tiempo, y además consentido por la principal culpable de todo: ¡Su propia madre…! Cuando me divorcié de su madre, Vince, lo primero que hizo fue decirme, y delante de ellos dos, nuestros hijos, que un día se los iba a traer muertos en un cajón, de montarse en la bicicleta, así que inocentemente, les dije a ellos que si no se querían montar en la bicicleta que no lo hicieran. Y allí se acabó el último freno contra todos los vicios. Sergio sobrevivió a pesar de todo, porque se buscó una novia, y no le afectó el desamor de su madre por mí, lo que ella le juro a mi tía que me destruiría, que haría todo lo posible por destruirme. Pero eso no sólo se volvió, no ya contra ella, sino contra nuestro bien amado, Rubén Darío. Y por eso no hablo en todo el libro, no hablo casi nada de Sergio David, porque él ha sido el hijo más responsable y solidario que me dio el Cielo, tanto, que es muchísimo mejor y más responsable que yo mismo… Y estoy por ello: ¡Tan sumamente orgulloso de él!…

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Y cuando no tuve este año para pagarme la cuota de Socio Numerario, del Grupo de Física Teórica de la Real Sociedad Española de Física, él me pagó, en silencio y sin decirme nada previamente, los recibos, con sus magros ingresos de estudiante… Ella, su madre, Vince, un tiempo después, se me quejó un día, de que Rubén estaba todas las noches por los billares, y otro día en que pillé a Rubén, le dije que un niño de ocho años debía de estar, como muy tarde, en su casa a las nueve de la noche. Vince apostilló entonces, que “el niño se tenía que divertir lo mismo que se divertía ella”. Y mi horror fue tan grande, que sólo atiné a decir, que no quería ver a mi hijo diez años después. Un niño, que era el mejor de su clase y de su colegio, que era tan responsable, que cuando llegaba de la escuela, lo primero que hacía eran todas sus tareas, y recién se iba a jugar, que era de lo más noble y sano, a mi niño, su propia madre, mi ex-mujer, lo arrojó a los lobos, y los lobos lo devoraron como a un cordero degollado… No hicieron falta diez años, sólo nueve, y cuando yo estaba en plena luna de miel, con mi segunda mujer, y tan feliz, tanto yo, como Mercedes, me llamó a las cuatro de la mañana Vince, me hizo literalmente saltar de la cama, para decirme que Rubén estaba desaparecido de la casa hacía ya una semana…

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Y le dije, que si no había habido siete mediodías, con sus noches, para haberme llamado, y no ponerme al borde de un infarto, con semejante susto en la madrugada y de sopetón… Me vestí y me fui a buscarlo, por toda la ciudad, por todos los garitos, por todos los antros inimaginables, por todos los lugares del desecho y la perdición humana, donde el goce de todos los vicios, y de la droga, deshace, no ya los cuerpos y las vidas, sino las almas… Y lo encontré, tirado en una acera o vereda, borracho perdido, con la mirada perdida, y ausente del mundo presente… Y le dije: “¡Te subes al coche aunque sea arrastrándote, o yo te haré subir, y de una sola vez, del puntapié en el culo que te voy a dar…!” Y todavía le quedaba algo, algo de respeto por mi persona, por su padre, porque él ya, se había perdido todo el respeto a sí mismo… Y así, arrastrándose por el suelo, como una cucaracha, como una rata, así se subió al coche, porque no podía ni con su alma… Y cuando llegamos al apartamento de mi mujer, el apartamento de “la luna de miel”, Rubén se fue al balcón, con diez pisos más hacia abajo, y borracho como estaba, se sentó en el alféizar, que era de obra, y de medio metro de ancho, y con los pies para afuera, tambaleándose de la borrachera que tenía…

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Y a la media hora, en que ya no lo aguanté más, fui y le dije, “que me había puesto los cojones (huevos) hasta la garganta, que si se iba a tirar que lo hiciera de una vez, y que sino que se bajara, porque yo ya no lo aguantaba más”. Así que, y por primera vez en su vida, hizo algo por su propia vida, y se bajó, y me acordé de cuando el hombre llegó a la Luna, donde el astronauta Armstrong dijo, “un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad”, así yo pensé, un pequeño paso para Rubén, pero un gran paso para cambiar toda su vida entera”… Entonces se fue y se recostó en el sofá, y yo me quedé un poco más tranquilo, por lo que le llamé a su madre, Vince, y le dije que se quedara tranquila, que su hijo estaba conmigo, y que lo iba a tener un tiempo, para intentar enderezarlo… A la media hora vino Rubén a decirme, que su madre lo había llamado, y que le había dicho que si la quería, que se fuera con ella… Yo llamé a Sergio, mi hijo mayor, y le dije que me acompañara a ver a su madre, que quería testigos, y cuando llegamos, me quité las gafas (lentes), y las estrellé con tanta fuerza contra el suelo, que no sólo se rompieron los cristales, sino y a trocitos pequeños toda la montura entera y las patillas. Entonces le dije a Vince: “¿Ves los trocitos? ¡Así está el alma de mi hijo! ¡A trocitos! ¡Y quiero juntar los trozos y tú no me dejas!”.

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Lo tuvimos en mi casa todo ese año, haciéndole mi señora, Mercedes, de lazarillo, llevándolo y buscándolo con el coche al colegio, para apartarlo de las “malas juntas…” Aprobó ese año el COU, el Curso de Orientación Universitaria, y se fue a la Universidad, y se lo devolví a su madre. Aunque yo ya había perdido la luna de miel, al menos había apartado, con la ayuda de mi mujer, Mercedes, que no era la madre de Rubén, había apartado a Rubén de las malas compañías… Y lo mandé, mejor dicho, lo convencí de que fuera a la Psicoanalista, una de mis colegas del Ateneo Freudiano de Murcia, y de Fórum Psicoanalítico de Murcia, donde recibí mi formación de Psicoanalista, durante más de un cuarto de siglo… Y yo sabía que ella era muy buena, tanto o más que yo mismo, pero yo también sabía, que lo profundo del ser y del alma, sólo se puede llegar, e intentar algo, desde la misma persona, desde mi propio hijo, así que nunca tuve demasiadas esperanzas, sabía demasiado bien que el psicoanálisis no es la panacea, que lo resuelve todo, pero a veces es lo único que tenemos… Y Rubén fue a la Universidad, y a la Psicoanalista, y no dejaba de beber, ni nunca dejó del todo, durante ese tiempo, sus vicios y malas compañías, hasta que un día, tres años después, se encerró en su cuarto, y durante un año entero… Yo me enteré de rebote y por casualidad, porque soy tan inocente, que su madre y su hermano mayor, me llevaron engañado durante tres meses enteros…

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Y cuando lo comprendí, en una llamada a Sergio, desde Marbella, donde estaba en viaje de negocios, dejé todo inmediatamente y me fui a verlo. Y cuando llegué a la noche, sin comer y muy cansado de viajar todo el día, le pregunté, al entrar en su oscuro y lóbrego cuarto: “¿Qué le pasaba que no iba a la Universidad?” A lo que me contestó: “Que no podía ver a la gente”. Y yo le dije: “¡Que si lo que no podía ver era la mierda de vida que se había construido él mismo…!” Así estuvo, un año encerrado en su cuarto, saliendo ocasionalmente para ir a ver a la psicoanalista, en donde se sentía tanta basura, que no se creía digno ni de comer acompañado de su madre y su hermano, y como un animal, iba y buscaba un plato de comida en la cocina, para volver a encerrarse en su habitación. Hasta que un día, luego de beber durante toda la noche, estalló, y tiró contra la blanca pared, un plato de tallarines con tomate rojo, así se tiño el día de rojo, y luego dio un puñetazo contra los cristales de la ventana, rompiéndolos y cortándose gravemente el brazo y una vena. Sergio al sentir el escándalo, acudió presto, y ante la sangrienta y sanguinolenta escena que se encontró, intentó curar y calmar a su hermano Rubén, pero este, que estaba ya totalmente fuera de sí, producto como siempre de todos los vicios a los que nos abandonamos los seres humanos, la emprendió a puñetazos contra su propio hermano Sergio.

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De tanta sangre, Sergio tuvo que irse a lavar al baño, y por el rabillo del ojo vio pasar a su hermano directamente al balcón, y le adivinó la intención, y corrió tras él, y tirándose Rubén, Sergio, ayudado por todos los antepasados, y por todos los Ángeles de la Guarda, pudo sujetarlo por los pies en el aire, y no sé todavía cómo, sostenerlo en el vacío, y a la misma vez, que él evitaba caer también al vacío, arrastrado por el propio peso de su hermano… Yo estaba en una reunión con el Consejo de Administración, de donde yo era el Director General, y cuando Sergio me dijo que si estaba muy ocupado, que si podía ir, yo le dije, que qué pasaba, pero su tono de gravedad, que no pudo disimular, me hizo dejar la reunión de mis jefes, de quienes me pagaban, diciendo “Señores esto es un caso de vida o muerte”. Nunca imaginé, que tan literalmente fuera así, pero cuando al llegar, vi las ambulancias, los coches de policía, me dije a mí mismo que mi hijo Rubén se había matado… Y al subir al último piso, lo encontré en el comedor, con los médicos cosiéndole de urgencia, y sin anestesia ninguna, la sangrante herida, por donde se le estaba yendo la vida. Solo le miré, le miré su semblante, le miré su alma, y sentí su temblor, su miedo atroz, como cuando era pequeño, porque a pesar de su borrachera, todavía lo que le quedaba de lucidez en la conciencia, no dejaba de acusarle, y reprocharse a sí mismo por tanta locura, y todavía tenía miedo de ofender a su padre: ¡Qué pena me dio al verlo tan desvalido…!

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Los médicos querían ingresarlo en el Psiquiátrico, y su madre como siempre, afirmando que era un enfermo mental, a lo que yo acabé con tanta locura y desatino de una vez por todas, llevándomelo a dar un paseo a pie, borracho y débil como estaba por la pérdida de tanta sangre… Y sólo le dije, que lo que ahora le decía, se lo volvería a repetir una sola vez más, cuando estuviera cuerdo y descansado, y se le hubiera pasado la borrachera. Sólo le dije que yo no podía vivir su vida por él, que sólo él, y únicamente él, podía tomar el “toro de su vida por los cuernos”, como decimos en España. Y finalmente, “tomó el toro de su vida por los cuernos”, con sus propias manos, y empezó así a decirme que cómo iba a volver a estudiar, si no tenía memoria, a lo que yo le dije que se dejara las borracheras, que así tendría memoria, y que no dejara nunca de trabajar, que así saldría adelante. Y así salió, por su propia voluntad… Y hoy día, en que es un estudiante de mitad de la carrera de Ingeniería Superior en Computación, en la Universidad de Murcia, hoy día en que saca notas brillantes, hoy día en que sólo se dedica a su trabajo, que es estudiar: ¡Hoy día estoy tan sumamente orgulloso de él...!

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Capítulo Vigésimo Tercero ¡Pero existes!: El Milagro de la vida...

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Pero Existesâ&#x20AC;Ś Por la vida iba solo y cansado por la vida caminaba muerto en vida Solamente la muerte me parecĂ­a apetecible solamente la muerte deseaba. Muerto en vida asĂ­ estaba y haciendo valor por vivir solo me quedaba.

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Y de pronto una mujer del montón una mujer más una mujer apareció en mi vida. Ni siquiera la miré ni siquiera la deseé solo me la encontré sola estaba sola como yo. Tristeza y amargura en sus ojos, en lo profundo de su ser más aún dolor de existir. Pero su presencia calmó el mío mi dolor de existir. Y sorprendido por esa mujer del montón en mi ser sentí renacer la ilusión de vivir. Y la muerte en vida se transformó vida que ella me pidió vida que yo le di.

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Y en un nuevo ser todo se fundiĂł amor, dolor, tristeza angustia y alegrĂ­a. Y aunque solo estoy y sola estĂĄ y solos estamos el uno al otro de amor llenamos. Y ahora ahora que existes vivo estoy por ti, de ti y contigo amor de mi vida.

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Yo no sé cómo, pero para mí hay dos misterios que no logro descifrar. Uno es, porqué algunas personas somos bondadosas, y hacemos siempre el bien, y porque otras muchas son tan malvadas, y hacen siempre el mal. El otro es, cómo del mal, el ser de luz, Dios, lo transforma en un bien… Decía, intento darme algún consuelo, pensando, en que no sé cómo, Dios, sacará un bien de todo este mal, de toda esta terrible tragedia. Por eso siempre le dije a Rubén, y aunque a mí no me han faltado tampoco ganas, ni seguramente nunca me faltarán, en medio del terrible dolor de existir, que todos siempre tenemos, decía siempre le dije a Rubén que le diera una oportunidad a la vida, como yo mismo se la había dado, y se la estoy dando, a pesar de no tener esperanza ninguna, de haber perdido toda esperanza… Porque no es mi miseria, lo que me hace sufrir en sobremanera, y especialmente, no. Es el haber perdido toda la esperanza… Y así también estaba, cuando durante diez años guardé luto en el corazón por otra mujer, la primera madre de mis hijos Sergio David y Rubén Darío, Vince.

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Por eso cuando mi amigo Sergio, me dijo que él no entendía, cómo en un mes, podía olvidar a la mujer de turno, de la que me había enamorado muy profundamente, como me pasó con “la maestra de aula”, y llevo así ya, casi una docena de muy jóvenes y bellísimas salteñas, y que él había estado diez años también haciéndolo, guardando luto, por la mujer que quiso. Sólo le dije, que al menos yo se lo había dicho, le había dicho que la quería, cosa que él nunca hizo, y ella sin saberlo, y sin tener siquiera la sospecha y menos la certeza, se casó con otro, y formó una familia… Y esa es la razón que me ha dado, la última muy linda y joven salteña de 28 años para dejarme: ¡Que quiero formar una familia! O traducido en palabras de mi juventud: ¡Que me deja porque quiero construir el amor… Las mujeres de hoy en día, sólo buscan un rato de placer, y no quieren el amor, no quieren, ni buscan, ser amadas para siempre, o al menos tampoco lo quieren mientras dura. Yo al menos encontré a dos, Vince y Mercedes, que quisieron construir el amor, y aunque sólo duró diez años de media con cada una, al menos el amor se derramó, y llamamos a la vida a tres nuevos seres, y los llamamos por amor… Y esa es la poesía, la que he puesto al principio del capítulo, la poesía que le dejé grabada a Mercedes en su buzón del celular o móvil, al tercer día de haberla conocido.

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Y esa poesía, es la premonición de la existencia de Daniel, mi tercer hijo, mi llamado a su vida, y por eso mi chiquillo, mi changuito, me adora... Y me dijo el otro día, después de tres meses de no poder hablar con él, porque su madre, como no envío dinero, no me atiende mis llamadas, y todos los días le llamo, todos los días me acuerdo de mi pequeño… Porque sabe, y con absoluta certeza, que le llamé a la vida por amor, como me lo dijo en nuestra última conversación telefónica: “¡Papá yo sé que me quieres!” ¡Cuánto necesitamos los seres humanos ser amados de verdad! Sin el amor nos morimos, como las plantas y las flores que no se riegan, la vida pierde todo sentido, y si queda alguno es totalmente un vacío, porque ni el poder, ni el dinero, ni nada material puede ocupar ese espacio del amor. Por eso no dejo, ni dejaré nunca, de buscar a mi “musa”. No me importa que ya no sea joven porque tenga ya 50 años, tampoco me siento viejo, y tengo un fondo deportivo en ciclismo de 230 Km., yendo desde Salta a Jujuy, por la cornisa y los precipicios, y volviendo por Güemes. En España hace cuatro años llegué a tener un fondo de 250 Km., y ya casi estoy en él de nuevo, y en mi peso de cerca de ochenta kilos. Lo que digo con esto, no es sólo que tengo buenos genes, mejores que los de muchos jóvenes, no sólo por hacer intenso deporte, y haberlo hecho siempre, sino y también, por no haber tenido nunca ningún vicio, y por no haber bebido ni fumado nunca.

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Y mi juventud, no sólo la biológica, sino y más aún la del corazón, las mujeres la adivinan, y por eso ninguna de las mujeres, que son mis “novias”, y que fueron también mis mujeres, tiene más de 30 años, y tampoco menos de 25, aunque “la chica del sombrero” tenía 24 años. Y decía más atrás, que así también estaba, con la esperanza perdida, cuando conocí a Mercedes. Pero yo no la busqué, no buscaba a ninguna, por eso ahora no dejo de buscar, porque aprendí que no se puede guardar luto, ni diez años, ni toda la vida, por nadie, tal y como está haciéndolo mi amigo, y como seguramente se morirá así haciéndolo. Yo estaba cometiendo el mismo error, pero la vida me rompió las ventanas y las puertas en donde estaba encerrado, y entró de lleno la luz del sol, y la vida misma… Una noche estaba cenando con un amigo jefe de camareros, en la zona del Infante Don Juan Manuel, en Murcia. Y entró una preciosa y joven rubia, a la que no le quedó más remedio que ponerse a nuestro lado, al lado de mi amigo en la barra, pues no quedaba ningún otro sitio ni mesa libre. Ella venía a cenar, en el intermedio de su trabajo, pues era jefa de camareras y encargada, en una cafetería muy fina y de alto standing, y cuyo local estaba muy cerca y a pocos metros.

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Mi amigo, que le tenía echado el ojo hacía ya bastante tiempo, se puso inmediatamente “manos a la acción”, cortejándola, y dejándome con la palabra en la boca, en la animada conversación que manteníamos. Pero como escribo en la poesía, yo no la miré, y como no la miré, no la deseé, sólo la escuché… Y es terrible para mí, que algunas mujeres me hayan dicho, y me dicen también en Salta, que soy el único hombre que las ha escuchado en toda su vida. Eso no es un drama, que yo las escuche, el drama es que sigan o busquen otra pareja, otro hombre para hacer sexo, mientras que quieren que yo siga solamente escuchándolas… Y esa es su condena, porque como no se quieren jugar por el amor, terminan separando el amor del placer, y así están muchas mujeres, en una esquizofrenia, y también casi como todos los hombres, que en su ignorancia no sólo se creen el mito de Don Juan, sino peor, que además lo viven… Y mientras que yo me callé, y la escuchaba, a Mercedes, la escuché en su dolor, porque en los dimes y diretes de las bromas, que se gastaban entre mi amigo y ella, ella dejó traslucir un dolor, un dolor que yo escuché con muchísima finura, como siempre… Y le dije, ante las lágrimas que vi en sus ojos, en ese momento en que la miré, y por primera vez, por su desengaño de haber amado con locura, y no haber sido amada, y haber sido abandonada por otra, haber sido no solo, sino también usada…

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Le dije entonces, y sin mirarla, que todavía quedaban en este mundo perdido de Dios, caballeros andantes “Don Quijote”, que buscaban y adoraban a su “Dulcinea”, y que yo era uno de ellos, como siempre hice, y siempre haré ante toda mujer, que crea que lo es, o que al menos intente serlo... Ella soltó la más sonora carcajada que he escuchado en toda mi vida. Y la verdad, sé que me respondió con mucha gracia, refiriéndose a que ya no creía en la palabra de ningún hombre, y peor aún, ya no creía en ningún hombre… Y me callé, y me quede en el más absoluto de los silencios, cosa que sin darme cuenta yo de ello, la intrigó, y cuando se marchaba de nuevo a su trabajo, le dijo a mi amigo que fuéramos a tomarnos unos cafés, como se acostumbra a tomar siempre en Murcia y en España, después de comer y cenar. Cuando ella se fue, mi amigo miró el reloj, y me dijo que todavía le quedaba media hora, pero yo le dije que ya estaba pasado de su tiempo de descanso para cenar, y que tenía que volver a su trabajo, en otra cafetería casi enfrente de la de Mercedes. Pero él, y aunque estaba casado y con hijos, muy terco, me arrastró literalmente de mi brazo, hasta la otra cafetería, la de Mercedes, y nos sentamos en la barra, enfrente de la caja, donde ella estaba la mayor parte de su tiempo.

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Y yo sin mirarla, me di cuenta, mientras que mi amigo continuaba con su cortejo, que ella me miraba a mí. Y entonces se me despertó un poco la curiosidad de saber quién era esta mujer, y cuando mi amigo se fue sin más remedio a su trabajo, yo en vez de irme me quedé, y yo que no había querido tomar nada, cuando ella volvió a insistir, le dije que sólo tomaba poleo de menta o boldo, que no tomaba café, aunque luego terminaría, por ella, haciéndome muy “cafetero”, porque hacía un riquísimo café con leche... Y observé su novela sobre las cajas de las bebidas, y le pregunte entonces que si le gustaban las poesías, a lo que me dijo que sí, le dije que si quería, que en el coche tenía un libro de poesías, y que iba y me lo traía, y le leía algunas, y me dijo que bueno. Ella se creía que era un libro impreso de poesías, pero cuando me vio aparecer con un libro manuscrito, garrapateado con una letra muy pequeña, se sorprendió muchísimo, aunque no me dijo nada. Y tampoco me dijo nada, cuando empecé a leerlas, y sin darme cuenta, ni yo, ni ella, le empecé a tocar su corazón, y sólo me dijo que me invitaba al día siguiente, a otro poleo de menta. Y fui de nuevo, y al tercer día, le llamé una mañana casi al mediodía, y como ella estaba durmiendo, porque terminaba su trabajo ya de madrugada, me inspiré, y solté de un tirón en el contestador, la poesía que encabeza este capítulo…

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Ella cuando se despertó, empezó a hacer con una mano la cama, mientras que con la otra escuchaba el mensaje, pero se le empezaron a caer las lágrimas, rompiendo a llorar, y no pudo terminar de hacer su cama; y tuvo que escuchar tres veces el mensaje del buzón, para poderlo escuchar entero. Allí y así, me la gané, y sin saberlo yo… Esa noche yo le pedí que me invitara un café en su casa, a lo que ella accedió. Aquí en Salta, hay tanto machismo, tanto acoso sexual a la mujer, que un café es literalmente hacer sexo, y no comprenden, en su ignorancia, que en Europa la gente, los hombres y las mujeres, se toman muchos cafés, y que una cosa no implica necesariamente la otra. Yo no buscaba sexo, no buscaba nada en realidad, sólo quería conocer quién era, y qué mejor forma de hacerlo que viendo cómo vivía, en eso no se puede mentir, la habitación de una persona y su casa no mienten… Pero además, yo me había olvidado del Cielo, y el Cielo intervino a su manera, porque cuando yo crucé el umbral de su casa, sentí un fuego abrasador dentro de mi alma, como el que ya había sentido en la presencia del Ser de luz, y le dije: ¡Esta casa está llena de vida!

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Ella que venía detrás de mí, y que, sin que yo me diera cuenta, empezó a llorar, se metió al baño contiguo a la entrada, cerrando la puerta, y llorando allí a lágrima viva. Yo ignorante de su llanto, y más ignorante aún del porqué de sus lágrimas, que contaré más adelante, continué avanzando, mirando con atención esa casa arreglada con primor y amor, llena de plantitas, y con libros de literatura. Cuando ella se rehízo, salió como si no pasara nada, y me dijo: “¿No venías a por un café?”, y yo le asentí, mientras que me sentaba en el sofá, pero no en el de una plaza, sino y en el de tres, porque pensé: “Ella que elija si quiere estar a mi lado o lejos de mí” Cuando vino con el café para ambos, se sentó en el sofá a mi derecha, yo no dije nada, pero tomándome el café, ella vino y me dio por la espalda, el abrazo más fuerte que me han dado en toda mi vida, no por la fuerza física, sino y porque nuevamente me volvió a quemar, y eso me desconcertó tanto, que yo que estaba y vivía tantos años ya como un monje, con votos de castidad, los rompí para siempre, y me fui a hacer el amor con ella a su dormitorio. Cuando a la mañana siguiente me levanté, observé una cosa rarísima, que la muy hermosísima planta verde, que hacía de centro de mesa se había secado, a lo que me acerqué, y le partí una ramita, y no tenía nada de savia. Le pregunté: “¿Quién te ha regalado esta planta?” Y ella me dijo que un chofer que la pretendía, a lo que le dije que se apartara de él, que era un alma endemoniada (luego este hombre intentó matarme como les pasa a todos los endemoniados a los que miro), y que el fuego de la vida eterna que porta mi alma, había alejado el mal, y que por eso se había secado la planta… 198


Durante los primeros meses, cada vez que la tomaba de las manos, cuando nos acostábamos a dormir, le chupaba su alma, para llevarla a darle un paseo por el Cielo, a ver a su padre, al que ella adoraba, pero le dio tanto miedo, que después de dos o tres veces, ya no lo volví a intentar más, y aprendí lo que decía Jesús: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” O sea que no hay que adelantar el otro mundo, ya vendrá cuando tenga que venir, ahora hay que vivir el tiempo presente… Ella se quedó embarazada, y apareció el hombre, su anterior pareja, que la había llevado a punta de pistola a abortar, y que luego la dejó por una compañera de trabajo. Y ella me lo había ocultado, hasta que cuando él entró en casa por la fuerza, y rompió el equipo de música, y al llamar ella a la policía, no tuvo más remedio que irse, pero como no formuló ella denuncia, él se volvió más atrevido, y al final después de volverla loca a llamadas me lo dijo. Pero del susto, cuando entró en casa a la fuerza, ella estaba embarazada y abortó. Yo fui a ver a este hombre, y pillé al jefe del almacén de Repsol, y un camión de butano, y lo fui a ver en su oficina de una gran compañía de seguros, donde las oficinas no estaban compartimentadas, y había más de cien mesas juntas, y cuando entré por la puerta principal, dejé caer las dos bombonas de butano sobre la plaqueta de cerámica, con tanta fuerza, que retumbaron como dos campanas en toda la sala, pero con la suficiente finura para no romper la plaqueta ni desportillarla.

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Me fui directamente adonde él estaba sentado, y al verme se puso de pie, lívido y blanco como la misma cera, y le dije entonces: “¡Que si era hombre para entrar en mi casa y pegarle a mi mujer que me pegara a mí también…!” Y se lo dije casi tocando mi nariz con su nariz. El pidió que se llamara a la policía, como yo había supuesto que así haría por su cobardía, y como mi amigo ya se había llevado las bombonas de butano y el camión, me senté tranquilamente a esperar a la policía. Cuando vino nos pidió los documentos a ambos, y luego hubo un juicio de faltas, en el que fui condenado a indemnizar a este señor, por haberle insultado a su madre, ya que él se llevó de falsos testigos a compañeros suyos, que cometieron perjurio. Pero yo solucioné el problema para siempre, y cuando alguna vez me volví a cruzar con él en la calle, él se apartó de mi camino… Este señor cuando abandonó a Mercedes, después de más de media docena de años de convivencia, se fue a vivir con la compañera de trabajo, que era casada y tenía hijos, y rompió una familia. Económicamente le ha ido bien en la vida, Mercedes lo mantuvo gratis durante todos los años, en que estudió, pero él no le agradeció nada. Por eso, cuando ahora no me deja hablar con Daniel, a veces pienso, que a pesar de todo, el mejor hombre, en toda y su vida, después de su padre, he sido yo mismo, pero ella no lo reconoce.

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Mercedes se casó primero, y con 17 años, con un alto funcionario del Ayuntamiento de Murcia, pero este hombre que era alcohólico la hizo sumamente desgraciada, y después de pagar ella con su trabajo una vivienda carísima, el, su marido, con pillería que había puesto a su nombre la casa antes de casarse, por lo que no era bien ganancial, la hecho de su casa, y Mercedes llegó con la ropa puesta a casa de sus padres, y su padre siempre le decía, que cuando la vería con una familia, hasta que se murió de un terrible cáncer pulmonar. Y ahora, cuando Mercedes me hecha siempre en cara que yo la arruiné, que yo la he dejado en la ruina, siempre pienso que a diferencia de aquel hombre que también fue su marido, y que le robó todo lo material, y lo que es peor su adolescencia y su juventud, y no le dio nada, ni siquiera un hijo, porque y además era estéril, siempre pienso decía, que yo se lo hice real, yo le regalé y por amor, a Daniel… Y cuando este hombre la vio un día de casualidad con Daniel, recién nacido, le dijo: “¡Al final lo has conseguido...!” Porque ella me decía que Dios nunca la perdonaría, por haber abortado, y yo le dije que Dios la había perdonado a ella, y a todos, desde siempre, que era ella, quien tenía que llegar a perdonárselo, a sí misma… Y cuando hizo de lazarillo de Rubén Darío, cuando nos quedamos sin luna de miel, sin embargo, paradójicamente, después de medio año en que no se volvió a quedar embarazada, la presencia de mi hijo relajó su cuerpo y sus nervios, y mi semilla cuajó en su seno, quedándose embarazada de Daniel.

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Y ella no me dijo nada, hasta que tuvo la certeza por un análisis, y me llamó al trabajo, y cuando me lo dijo me quedé en absoluto silencio, que ella interpretó como indiferencia, pero que luego le dije que era mi admiración, por el “milagro de la vida…” Y realmente fue un milagro, que Daniel pudiera hacerse presente en este mundo, porque a los tres meses ella empezó con unas muy fuertes contracciones, que ya nos habían advertido las ginecólogas, que su embarazo era de muy alto riesgo, por los miomas (fibromas) que tenía en su útero. Los miomas son unas calcificaciones que a veces tienen las mujeres, que cuando el útero cambia de forma a los tres meses de embarazo, para estirarse y dar más lugar al feto, al no ser los miomas elásticos como el resto de la matriz, empiezan a sangrar abundantemente, y la reacción de defensa del cuerpo es privilegiar la vida de la madre antes que la del bebé, y se producen contracciones de parto, para dar lugar a un aborto natural. Y así la ingresé de urgencia, con muchísimo dolor por las contracciones de parto, y sangrando muy abundantemente. Y a la media hora vino la ginecóloga de guardia, a decirme que el bebé estaba muerto, pero que ella se estaba desangrando, y que no podían pararle la hemorragia, que llamara a su madre y a sus familiares para que se despidieran, y que si creía en algo, que rezara una oración al Cielo.

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Llamé a quienes hoy día son mi ex-cuñado y mi exsuegra, pero si por ellos hubiera sido, sólo habría habido un funeral, porque jamás vinieron, y siempre mintieron tercamente, y todavía lo hacen, negando que Mercedes hubiera estado a la muerte. Esto queda a su conciencia, como también lo de colgarme el teléfono, cuando le llamo a Daniel para que no hable con él. Y mi suegra que está muy mayor y enferma, pues pasa ya de los ochenta y cuatro años, se morirá, y también se morirá mi cuñado, antes o después que yo, porque tenemos la misma edad, pero el mal que han hecho, como no se arrepientan, y eso explica algo de porqué Mercedes con sólo 17 años, quiso salir de aquella su casa casándose, decía, ese mal se lo llevan a la tumba… Y recé, mejor dicho, le hablé a Dios, y sólo le dije que esta mujer quería un hijo por amor, y que yo se lo quería regalar por amor, que no se la llevara todavía, y que no se llevara tampoco al niño… Y al rato salió la ginecóloga y me dijo: “¡Qué poder tiene usted en el Cielo que le han escuchado sus oraciones y están bien el bebé y ella...!” Me explicó que, ya desesperados todos los médicos, le habían dado una droga para pararle las contracciones, pero que sólo hacía efecto a partir de los 5 meses, cuando los receptores estaban maduros, pero que no sabían cómo, había hecho efecto de tres meses, y había parado las contracciones de parto que tenía Mercedes.

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Entonces vino un médico muy viejo, el Jefe del Servicio de Ginecología, de la Ciudad Sanitaria de la Virgen de la Arrixaca, de Murcia, y le dijo a Mercedes: “¿Usted señora quiere tener a este bebé?” Y ella le dijo que sí, entonces le dijo de nuevo, que él la podía hacer tener el bebé, pero que iba a sufrir muchísimo, porque iba a estar todo el tiempo estreñida, con contracciones de parto, aunque amortiguadas por las drogas, y que se pondría en muy serio peligro su vida, pues el embarazo la llevaría al límite biológico de la vida. Ella dijo que sí, que estaba dispuesta a jugarse la vida por su bebé. Así que, mi querido y bien amado Daniel, no odies nunca a tu madre, porque como ya te dije, se equivocó, pero ella también, y nunca mejor dicho, literalmente, se jugó su vida por darte a ti la tuya: ¡Y nadie ama más que el que da la vida por otro! Porque tu madre se puso, a los casi cinco meses de estar en el hospital, totalmente amarilla, de lo que le dejaron de funcionar el hígado, la función renal, y todo el cuerpo al final, y tuvieron que hacerte nacer con una cesárea, porque ya no se aguantaba más la vida de ella, ni la tuya… Y para salvar tu vida, Daniel, hubo que meterte en la incubadora, porque tenías muy serios problemas respiratorios, pero te prendiste con tanta fuerza a la vida, que no abandonaste cuando eras un feto, ni tampoco cuando fuiste sietemesino, con graves problemas respiratorios…

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Por eso hijo mío, aunque no tengas a tu papá, aunque no me volvieras a ver nunca más en toda la vida, tal y como me dijiste el otro día, tampoco y a pesar de ello, no abandones ahora: ¡No abandones nunca! ¡No abandones nunca porque tú eres un milagro de la vida! ¡Todos lo somos! ¡Porque fuiste llamado por amor, y fuiste deseado por amor! Y fuiste querido por amor, al igual que tus otros dos hermanos Rubén Darío y Sergio David. Y si ninguna mujer me va a querer, y en todo lo que me reste de vivir, por querer formar una familia, por querer construir el amor, por querer derramar la vida, no me importa: ¡No me importa para nada y en absoluto! Porque al menos, yo sí amé siempre, yo sí me entregué siempre por amor, yo sí siempre regalé, la vida, por amor… Y mi signo del amor, que me acompaña siempre, y permanentemente adónde voy, me acompañará también toda la vida, y mientras viva, y hasta que muera, y me seguirá hasta en toda la eternidad, porque el amor, es lo único que no es pasajero y temporal, es lo único que trasciende lo peregrino, lo fútil, lo temporal, la banalidad, y la frivolidad, de esta vida mundana… Y esta es mi herencia, para vosotros mis tres y muy amados hijos: Sergio David, Rubén Darío, y Daniel. No os dejo ninguna otra, no tengo nada material que poder dejaros, no os dejo otra cosa más, que la de ser, y saberos: ¡Hijos del amor…!

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Pero además, mi querido Daniel, mi querido Rubén Darío, y mi querido Sergio David, vosotros también, también estáis marcados los tres, también estáis marcados como yo, por este signo del amor, y por eso, Daniel, deslumbraste a Carmen la vidente, cuando te vio por primera vez en la playa, y con poco más de tres años. Y como yo, ya sois y seréis siempre, presencias permanentes de Él, aunque no creáis en nada, eso no importa para nada, ni le importa a Él, vuestras almas ya están marcadas, e indeleblemente, con y por el amor…

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CapĂ­tulo VigĂŠsimo Cuarto: La muerte del rencor y el odio.

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Nunca había odiado, nunca odié a nadie, era tan bondadoso, había sido tan noble durante toda y mi entera vida, que no sabía lo que era el mal dentro de uno, pero me tocó también vivirlo… Y no me tocó vivirlo porque me decidiera expresamente a hacer el mal, pero la vida es tan rara a veces, que me encontré de sopetón lleno de odio y rencor, tal y como nunca lo había tenido, con nadie. Y me pasó con quien amé tanto, como a mi madre, mi tía Josefina, la hermana de tu abuelo Francisco, mi padre. Porque uno no suele ser consciente, que amar, amar de verdad, es dar todo el poder a otro, para que te haga daño, y te puede llegar a hacer demasiado daño, tal y como mi tía querida del alma y de la sangre, me lo hizo a mí… Durante casi todo el tiempo que viví en España, desde que me fui de Salta y de Latinoamérica toda, escapando de la muerte, por sobrevivir, fui el administrador de Doña Josefina Cerón Periago. Fue su hermano, mi propio padre, quien en su lecho de muerte, y agonizando, me pidió que cuidara de su hermana…

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Y su terrible muerte ahogándose, la muerte de mi padre ahogándose de un infarto masivo, y de habérsele encharcado los pulmones, y no poder respirar, y decirle a mi hermana, médico recién recibido: “Nena ayúdame que no puedo respirar”, y nos quedamos sin oxígeno, en la ambulancia que lo llevaba a toda urgencia a la Arrixaca, y cuando llegamos, mi hermana María, médico, no soportó ver como de ponerle las placas de las descargas eléctricas, y de dárselas, su cuerpo ya muerto, se levantaba de la cama… Decía que su terrible muerte, de ver a mi padre suplicando por el aire, y la vida que se le escapaba, suplicando como un niño pequeño, me impactó tanto, que su palabra fue sagrada para mí. Y así tomé su herencia en mis manos, cuidar de su hermana Josefina… Mi tía Josefina había sido criada por un haya, Olalla, que se vino de muy joven a servir en la casa de mis abuelos, tus bisabuelos. Ella se pasó toda la vida con nosotros, y no se casó por ello, y toda la bondad que a ella le sobraba, a mi tía le faltaba de amor, y le sobraba de egoísmo. Olalla crió también a mi padre, porque mi abuela Providencia, tu bisabuela, Daniel, estaba muy mal de salud, y muy enferma. Olalla nació en medio del monte, en medio de los cerros, en medio de las montañas, sus padres eran carboneros, y eran la gente más pobre del lugar, con un montón de hijos, pero todo lo que le faltó en la vida, de comer, de cosas materiales, lo volcó en el amor a los demás.

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Todavía le debo dinero, de cuando me arruiné en El Pozo, y le compró comida para Sergio y Rubén, que eran pequeños, lo mismo que hacía mi tío Pepe, el marido de Josefina, que no siendo tampoco de su sangre, quisieron a mis hijos más, que si fuera de la suya propia, pero no en cambio así Josefina. Olalla murió en mis brazos, y al lado de tu madre Mercedes, sufriendo en estertor de agonía, y mi tía Josefina no fue, después de que ella le había entregado toda su vida, para estar al menos a su lado, y sobre todo en el momento de su muerte. Mi tío Pepe era relojero, y electrónico, de cuando existían las radios de galena, y adoraba a Sergio y a Rubén, tanto, que todavía los quieren y se acuerdan de ellos, los familiares de María, en la Sierra de María, Almería. Porque Pepe los llevaba a que los vieran su familia, y era tan feliz, sabiendo a ciencia cierta que la muerte le rondaba, con la hoz y la Parka, pero mis hijos mayores, tus hermanos, le hicieron muy feliz y dulce sus últimos años, porque él era un buen hombre, no así su mujer, mi tía carnal… Y un día, poco antes de morir, vi a mi tío Pepe llorando en el huerto, el huerto herencia familiar de mis abuelos, tus bisabuelos, y de cuyos terrenos se haría una gran urbanización, que fue el trabajo de toda mi vida, y que haría multimillonaria a Josefina.

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Y le pregunté a Pepe que porqué lloraba, y me dijo que no lloraba porque en el pueblo lo tuvieran por usurero, cuando la usurera era su propia mujer, mi tía Josefina, que no lloraba por dormir más de cuarenta años en habitaciones separadas, que no lloraba porque Josefina no le hubiera dado hijos, ya que yo sabía que él no era estéril, la estéril lo era mi tía, y no solo en su matriz, sino peor en toda su alma entera… Y mi tío Pepe me dijo finalmente, que lloraba porque en su propia casa pasaba hambre… Mi tía Josefina iba al mercado cuando ya estaban quitando los puestos, y compraba el último tomate, que ya casi podrido lo iban a tirar, así fue la vida que mi tía le dio a mi tío, así fue su amor para con él. Y cuando murió delante de ella, de un infarto masivo y fulminante, que ya con más de ochenta años, le reventó el corazón, y lo mandó al momento al otro mundo, y sin sufrimiento ninguno, mi tía Josefina, se rasgó las vestiduras, y lo lloraba desconsoladamente, lo lloraba, pero yo siempre supe que eran sólo lágrimas de cocodrilo, lágrimas de su propio egoísmo por haberse quedado sola… Y mi tía Josefina fue criada entre algodones, por mis abuelos, tus bisabuelos, y siempre fue envidiosa, y lo peor, envidiosa de su propio hermano, mi padre, y por eso estuvo casi un cuarto de siglo sin hablarle a mi padre, tu abuelo, tal y como también hace ahora su sobrina preferida, mi hermana María, tu tía, que desgraciadamente, son la una y la otra, como dos gotas de agua iguales.

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Y de mi hermana María solo te diré, que cuando naciste tú, y le llamé para que viniera a conocerte, chillaba diciendo que no te iba a conocer, eso delante de Mercedes y de Josefina, pues puse el altavoz del celular y se escuchaba todo. Y no quiso conocerte, pero ella también era divorciada como yo… Y volviendo a Josefina, en la guerra civil española no pasó hambre ninguna, mientras que media España se murió de hambre, ya que mi abuelo era el Director de la Caja, y del estraperlo, o contrabando, nunca le faltó de nada; y la pobre Olalla iba a pie, o en la bicicleta, porque mi abuelo Antonio no podía, por sufrir del corazón, que fue de lo que también murió, como todos los hombres de la familia, de un infarto. Y decía que la pobre Olalla, con sólo quince años o menos, iba en esas noches oscuras, a buscar los sacos de harina, y otros víveres, con los que mi tía jamás supo lo que era el hambre… Y cuando murieron mis abuelos, mi tío Pepe cargó con “el fardo”, y así la cuidó y le hizo fácil la vida, y cuando murió mi tío Pepe, mi padre siguió con el testigo, enfermo como estaba, y cuando murió mi padre, me tocó a mí… Pero yo no estaba jubilado, como mi padre, ni en una buena posición económica, como mi tío Pepe, yo tenía dos hijos que alimentar, pero a ella no le importó nunca todo el tiempo de mi vida, que le di para ella, como si fuera mi madre, y sin embargo, no solo no le importó, sino que en su egoísmo extremo, no sólo no me lo valoró, sino que llegó hasta despreciármelo…

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Podría contar una Biblia de todas las cosas que hice por mi tía Josefina, pero sólo te diré, que durante veinte años le gestioné una urbanización, resort o country club, en casi el pleno centro del pueblo. Y cuando las maestras del pueblo, sus colegas de profesión, quisieron que les regalara los terrenos para hacer una escuela, “privada”, me opuse terminantemente, cuando el Ayuntamiento de Alhama de Murcia amenazó con expropiar, me opuse también terminantemente y les dije que si tenían “cojones”, que expropiaran. Pero como no tenían dinero en aquella época, no pudieron hacerlo… Al final busqué a una constructora, para que hiciera la urbanización, pero como Josefina no tenía dinero efectivo, les pagué con algunos de los solares cuando acabaron la urbanización; la operación fue tan ruinosa para ellos, que terminaron quebrando, pero mi tía se encontró de la noche a la mañana hecha millonaria. Y a mí en medio de todo ese proceso, quisieron comprarme, con una muy importante cantidad de dinero, porque ya habían comprado al Alcalde, que era primo mío, al Director de una Caja muy importante de Murcia, pero a mí no pudieron. Y les dije que si mi tía me lo reconocía, en su herencia, bien, y sino que se pudriera en el infierno, pero lo dije sin maldad ninguna, y yo no sabría hasta mucho después, el daño que me podían llegar a hacer esas palabras…

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Y me pesó después, el no haberme dejado comprar, porque cuando me divorcié de Vince me arruiné, y me hizo mucha falta ese dinero para criar a Sergio y Rubén, como ahora que tu madre, Daniel, se ha divorciado de mí, también me he vuelto a arruinar, y me hace mucha falta también dinero, para ayudarte a criar… Cuando terminé la urbanización, y mi tía me mandó llamar, yo pensé con toda la inocencia del mundo, que si tenía tantos millones, qué le costaba gratificar con uno a su sobrino del alma, que era más que un hijo único para ella… Y fui a verla, a su petición y llamado, fui a verla, y mejor me hubiera sido no haberla ido a ver nunca. Y cuando me vio me dijo: “¡Sobrino contigo tenía que hablar, tenía que decirte que cualquier otro me lo hubiera hecho mejor que tú…!” Yo me quedé tan estupefacto, que en lugar contestarle nada, me di la vuelta en el más absoluto de los silencios, y me fui… ¡No sólo no me había gratificado sino que además me ofendía gratuitamente desvalorando y echando por tierra el negocio genial que había hecho haciéndola millonaria casi de la nada…!

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A mí nunca me importó el dinero, y por eso aquí no cuento casi nada, o nada, de mis grandes éxitos profesionales, como cuando me fui de Repsol a Cepsa, cuando se rompió el monopolio del Gas en España, e hice millonarios a la gente de Cepsa, pues en menos de seis meses le quitamos con mi plan estratégico la mitad del mercado, de los consumidores y de los distribuidores… Pero a mí nunca me importó hacerme millonario… Y un año antes de morirse Josefina, intervino primero mi hermana María, y luego el Obispo, que de la mano de los “Kikos” y del “Opus Dei”, le hizo un diploma por “su muy alta espiritualidad”. Y así, siendo yo el único heredero, fui desheredado del testamento, ignominiosamente… Pero sin embargo, y como no me importaba el dinero, a pesar de que me hacía muchísima falta para criar a mis hijos, cuando mi hermana María me llamó diciéndome que estaba agonizando, fui a verla, y sin rencor ninguno… Pero la escena que me encontré fue tan terrible, ya que estaba en la cama en la posición fetal, y en la manos sostenía un fajo de billetes de color lila o morado, billetes de quinientos euros, y los contaba… ¡Y se me revolvió tanto el alma que desde lo más profundo de mi ser le pegué un grito!: “¡Josefina Satanás está esperando que usted muera para hincar su alma con el trinquete y meterla a los infiernos y usted está mientras tanto contando el dinero que no se puede llevar a la tumba…!”

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Así agonizó durante dos días, y así murió en estertor de agonía, contando dinero, como lo había contado durante toda su vida. Y le dijo a Mercedes que me había desheredado: “¡Porque yo no iba a cuidar su dinero pero que sí lo iba a hacer la Iglesia y mi hermana…!” Y desde ese momento quise dejar el primer mundo y venirme nuevamente a Latinoamérica, porque aunque aquí, como ya he dicho anteriormente, hay una maldad muy refinada, sin embargo también se encuentran los extremos de bondad y solidaridad, mientras que en el primer mundo en general sólo prevalece el absoluto y exclusivo valor del dinero. Aquí en Latinoamérica todavía puedes encontrar amigos de verdad, como Rolo, que sabe que estoy “quemado” en política, pero no le importa también quemarse porque le vean conmigo, tal y como también lo hizo con otros políticos, cuando estaban tan caídos como yo, y que hoy en día son personas muy importantes en la política, y que ahora no le dan el saludo, ni le llaman para un café. Con Rolo volteamos y dimos la vuelta a una elección muy importante, la del Rectorado de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), y fue la primera derrota seria del actual Gobierno en pleno, y del actual Gobernador, el Dr. Juan Manuel Urtubey, pero toda esa historia está muy reciente, y es mejor contarla en otro momento, porque al menos a Rolo, ya le ha costado, y por el momento, su puesto en el Gobierno de Salta...

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Ahora en los círculos políticos se comenta: “Cuidado con el mafioso siciliano (Rolo) y el loco gallego (yo), que es mejor tenerlos de nuestro lado porque si dieron la vuelta a la elección del Rector de la UNSa, nos pueden dar con mucha mayor razón, la vuelta a la próxima elección del Gobernador…” Y Clarita Castro sabe de lo que estoy hablando, en la reunión que tuvimos en la Estación de Servicio de Repsol YPF, del Barrio el Tribuno de Salta, dos semanas antes de la elección… Así que a Rolo y a mí, nunca nos importó demasiado el dinero, ni el poder, y lo tuvimos y pudimos mantenerlo, pero no al precio de vender nuestras conciencias… Y por eso, cuando murió mi tía, yo que nunca había odiado a nadie, la odié con toda mi alma… La odié tanto, y con tanto rencor, no por haberme desheredado, sino por haberme ofendido tan terriblemente, y no haberme amado para nada, tal y como había hecho durante toda su vida, con todas las personas que le tocaron a su lado… Y ese odio, ese rencor, me hizo tanto daño, que me envenenó el alma… Y tuve que pedirle al Cielo, tuve que pedirle al ser de Luz, que me diera la gracia de perdonarla, así y como rezamos: “Perdónanos nuestras deudas así y como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

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Y supliqué al Cielo que me ayudara, porque yo sólo no podía, yo solo no podía perdonarla… Y cuando la perdoné, me sentí más aliviado que en toda mi entera vida. Sólo le pedí al Cielo, que si mi tía no se había ido al infierno, que si estaba en el limbo o en el purgatorio, que la perdonara, que le perdonara todos sus pecados contra el amor, y que por mi oración la hiciera llegar al Cielo… Y allí espero que esté, a pesar de todo, en el Cielo espero que esté… Por eso Daniel te dije, que si creías que tu madre te debía algo, por haber contribuido a que te quedaras sin un padre, que la perdonaras, que yo me había equivocado, que tu madre se había equivocado, y que tú también te equivocarías en la vida, pero el perdón es el don, y el mayor regalo del Cielo… Y volví a recuperar la paz, cuando la perdoné, recuperé mi paz perdida, y la tranquilidad de mi conciencia, y esa que es mi única riqueza, es lo que le pido a Dios que me regale, la paciencia y el amor, para perdonar a los que amé tanto, y no me amaron para nada…

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La carta a Josefina cuando me despreció… 220


La carta a Josefina cuando me despreció… 221


Por eso les perdoné, a Alfredo y a Genaro, les perdoné aunque no olvidé, y no olvidaré nunca, les perdoné y en lugar de matarlos a los dos, porque fui a curarlos como “manosanta”, y ellos me violaron, cuando me fui a duchar en su vivienda después de “curarlos”, y me metieron, estando yo duchándome y de espaldas, el dedo en el culo, queriéndome provocar un orgasmo masajeándome la próstata… ¡Y les dije que me sacaran el dedo porque les iba a arrancar la cabeza...! Y cuando me vestí y me fui, mi segunda ex-mujer, que me acompañaba junto con Daniel, porque Alfredo y Genaro eran amigos míos de toda la vida, y funcionarios de la Embajada Argentina en España, mi segunda ex–mujer me dijo que si me pasó, era porque yo lo había consentido, a lo que yo le dije que era un tamaño disparate, pues si a una jovencita la violan por llevar minifalda, sería una aberración que el juez dejara libre al agresor, por considerar que ella lo había “provocado…” Y les llamé y les dije que nunca más se volvieran a cruzar en mi camino, porque les mataría a ambos, y hasta ahora no lo han hecho, y espero que no vuelvan a hacerlo nunca… Porque lo peor de una violación, no es el daño físico, por el desgarro del esfínter anal masculino, del himen o de las paredes vaginales femeninas, porque el cuerpo se cura solo, y por sí mismo... La que no se cura sola, es el alma malherida, malherida de muerte...

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Porque el acto más aberrante de odio contra otro ser humano, no es su muerte, matarlo, quitarle la vida, porque la muerte no deja huella ninguna en el alma... Pero la impotencia, la indefensión, y la humillación, de la violación, marcan, y dejan marcada el alma, con una huella perenne, con unas sangrantes heridas, que no coagulan ni cicatrizan nunca... Pero no solo hay violaciones físicas, las hay también psicológicas, que pueden llegar a ser también tan terribles, y de consecuencias tan devastadoras como las primeras... Por eso: ¡Ni olvido, ni olvidare nunca, y estaré siempre listo, preparado y en guardia, y para matar, si es necesario, defendiéndome, y seguro que si vienen a llevarse mi honra, o mi vida, me llevare yo también, y conmigo, la vida de alguno de ellos...! Las mentes perversas, las estructuras perversas, en todo y su más extenso y amplio sentido, y en su sentido técnico del Psicoanálisis, creen que los demás gozan, mientras que ellos los hacen sufrir, torturándolos, tan terrible y horriblemente, como son capaces de imaginar, sus retorcidas mentes y conciencias... Porque la mansedumbre de la que hablaba Jesús, ser pacifico, bueno y bondadoso, no significa, ni implica, ser indefenso, masoquista, pasivo, o sumiso...

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Revisando nuevamente las viejas fotos, encontré una, en la que están en primer plano, Don Víctor y Doña Carmela, los padres de mi amigo Rino Toigo, y en segundo plano a la izquierda de ellos, mi hermana María en su primera comunión, al lado de mi madre, de vestido azul. El Sacerdote oficiante de la Misa de la Primera Comunión, a la derecha de dicha foto, que fue el que me violó, y siendo yo su monaguillo… Pero no me hizo falta matarlo, al cura que me violó, y con menos de seis años… Era el sacerdote de la Iglesia de León XXIII en Salta, sita en la calle Lerma y San Juan. Y cuando me violó salí corriendo y me subí al altísimo tejado, y seguí corriendo, hasta que llegué al final del tejado, y me quedé basculando en la última teja, que me caía, que no me caía… Y al final no me caí, pero tampoco olvidé, y nunca olvidaré… Y no me hizo falta matarlo, aunque mis padres, y la iglesia entera, con el Papa a la cabeza, la iglesia entera, echaron un manto de tierra y lo taparon todo… No me hizo falta matarlo, matarlo al cura, porque solo se murió, y los pocos meses, de una terrible y muy dolorosa enfermedad…

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Y Carmen tenía razón, la vidente tenía muchísima razón cuando me dijo: “Quien te hace bien no sabe el bien que se hace a sí mismo, pero quien te hace mal, no sabe tampoco el mal que se hace a sí mismo…” Por eso antes de venirme te dije Daniel, mi amado Daniel: “¡El culito contra la pared cuando estés con el cura o con el catequista (hombre), y si te quieren tocar sales corriendo, no pares de correr, no pares nunca, porque tú correrás siempre más que ellos, no se te olvide nunca!” Y su madre me pegó un grito, por el terrible sacrilegio que yo estaba cometiendo, y haciéndole cometer al niño… Pero yo le dije que si mi padre me hubiera dicho lo mismo, a mí no me habrían violado, y de tan pequeño… ¡Por eso no quiero ver a un “puto”, “trolo”, “maricón”, “bollera”, “lesbiana”, “gay”, “transexual”, o “homosexual”, ni a un metro de distancia de mí! Porque son enfermos mentales (pero no tontos), y eso no les excusa en absoluto, pues son muy responsables y muy conscientes de todos sus actos, y también de todas sus maldades, y no tienen, ni quieren tenerlo, límite ninguno, contención ninguna… Para ellos, para todos los homosexuales, todos los seres humanos sólo tienen un “palito”, no existen las “rajitas”, ni siquiera, de la que salieron al mundo, la “rajita” de su madre…

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Y a la primera de cambio, a la más mínima oportunidad que tengan, se convierten en unos monstruos horripilantes, en verdaderos demonios, poseídos por Satanás mismo…

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EpĂ­logo La herencia que os dejo: El Milagro de Salta, el Milagro del Amor y de la Vida misma...

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Por eso hijo mío, por todo lo que te he contado y te he dicho en este libro, por todo lo que te conté de nuestros antepasados, y por todo lo que he vivido en toda mi vida, te repito, y te recuerdo nuevamente, lo que ya te dije, en el Capítulo del Milagro de la Vida: “Aunque no tengas a tu papá, aunque no me volvieras a ver nunca más en toda la vida, tal y como me dijiste el otro día, tampoco y a pesar de ello, no abandones ahora. ¡No abandones nunca! ¡No abandones nunca porque tú eres un milagro de la vida! ¡Todos lo somos! ¡Porque fuiste llamado por amor, y fuiste deseado por amor! ¡Y fuiste querido por amor! Al igual que tus otros dos hermanos Rubén Darío y Sergio David. Y esta es mi herencia, y para todos vosotros, mis tres y muy amados hijos: Sergio David, Rubén Darío, y Daniel. No os dejo ninguna otra, no tengo nada material que poder dejaros, no os dejo otra cosa más, que la de ser, y saberos, hijos del amor… Y como yo, ya sois y seréis siempre, presencias permanentes de Él, aunque no creáis en nada, eso no importa para nada, ni le importa a Él, vuestras almas ya están marcadas, e indeleblemente, con y por el amor…”

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Y ya que cuando quise hacer "El Pase", que es como una "graduación o doctorado" como Psicoanalista, entre en un delirio, por la palabra "paso", que no pude entender, solo y nada más que metonímicamente, y no pude interpretar la metáfora, y así solo pude poner fin a mi propio delirio, escribiéndolo. Ahora, todo esto que escribo, esta historia que cuento, es una oda y una elegía al amor, una profunda e intensa apología del amor, y he puesto con ella, por ella, y en ella, un límite, una contención, a mi lacerante y agudo sufrimiento, a mi inconsolable dolor, a mi tremenda pena, por la pérdida de mis tres y muy amados hijos. Y espero también que estas humildes letras, os hayan puesto a todos vosotros, a todos y cada uno de quienes me leéis, y me escucháis, os hayan puesto un límite, un límite al insoportable dolor de existir, a la más absoluta levedad del ser... Y este es mi paso por la vida, mi huella, mi huella por la vida, y la huella que dejaron, que dejaron en mí, quienes también pasaron por mi vida...

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Tu borrosa foto… A veces pienso que sólo escribo para el vacío a veces pienso que todo es baldío pues no me dices nada nada de lo que sientes cuando me lees… Pero yo viéndote viendo tu foto (a la derecha del poema) tu foto ampliada y borrosa donde tengo que adivinar hasta el brillo de tus ojos…

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Y realmente ¡Cuán bonita eres! ¡Cuán linda eres! no me había dado cuenta hasta ahora… Y mirándote a esa foto muerta parece que tu semblante cobrara vida… De tu sonrisa ¡cuán sensible y sincera pareces! y de tus mejillas un rubor ligero de inocencia… Tus cejas arregladas al extremo como tus uñas labradas con tanto detalle… ¡Cuánto tiempo en resaltar tu belleza! ¡pero si ya eres bella...! Y tus ojos tan difíciles de ver en esa borrosa foto ¡y mira que lo he intentado! ¡pero ni con el Corel la he mejorado!

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Pareciera que tus ojos brillan como dos luceros despertados al alba… Pareciera que tu ser se alegra de tener tanta belleza ¿y dónde está la tristeza que siempre ocultas?... ¿Dónde está lo profundo de tu ser? lo que los demás no ven y sólo a mí me has dado… Pero más aún ¿Dónde está el amor que me has dado?... ¿Dónde está guardado? Allí donde no puedo ver ¡más que tu borrosa foto!... Es que cuando hablo contigo empiezo sin quererlo y sin buscarlo a hablar en poesía y la prosa tengo perdida porque tú eres mi musa… 233


Y ya ves que intento escribir de un tirón pero en poema me sigue saliendo y la verdad ¡eres demasiado linda …! Me encanta tu cabello color azabache y tus finas cejas pero tus ojos que no puedo ver bien, parecen de azul turquesa parecen de un alma sincera, sincera y noble de mirada tan limpia, y tan llena de vida… Pero me niegas el que pueda verla me niegas las fotos pedidas… Y yo, sigo esperando y desesperando tus fotos tus fotos prometidas donde te vea te vea con claridad porque hasta ahora, sólo te adivino...

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Por eso no hablo casi nada, ni de mis triunfos, ni de mis éxitos, hayan sido profesionales, económicos, políticos, o de cualesquiera otra índole, y si hablo mucho, y en cambio, de mis fracasos y de mis derrotas, y de los fracasos, y de las derrotas, de quienes también pasaron a mi lado, porque eso, y solo eso, es lo trascendente, y lo que deja la huella, en la vida de ser humano, no los éxitos, ni los triunfos, ni la fama, ni el poder, ni el dinero, ni los títulos, ni lo que hablamos: Lo que somos, somos lo que hacemos, y son nuestras faltas, nuestras derrotas, y nuestras debilidades, lo que nos construye, es allí, allí donde están nuestras elecciones, que es lo que nos hace lo que somos, y lo que nos hace, seres trascendentes... Por eso estas mis letras, estas mis muy humildes letras, estas letras que escribo como "poeta del amor", trascienden más allá de mi propia vida, y son ya no solo "la huella" de mi paso por la vida, estas letras, llenas de la sabiduría del amor, decía, trascienden más allá de mi propia vida, porque llegan a cada uno y todos de vosotros, quienes las leéis, y las escucháis, mis semejantes, y así mi huella se hace perenne, y he burlado a mi propia muerte, en vuestro recuerdo de ellas, en la huella, que estas mis humildes letras, han dejado en todos, y en cada uno, de todos vosotros... Y estas letras, que son mi paso por la vida, me han hecho libre, tan absolutamente libre, que me han permitido crearme mi propio mundo, y llenarme la vida de ilusión, en un reino de libertad y de amor...

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Porque esta historia que cuento, esta odisea épica de valor y heroísmo, esta mi historia, que cuento con estas mis muy humildes letras, es una historia de la lucha entre el bien y el mal, de la lucha entre el desamor y el amor, entre la desesperanza y la esperanza, entre el hastío y la pasión, entre la cobardía y la valentía, entre el egoísmo y el heroísmo, entre el Diablo y Dios, entre la muerte y la vida, entre el Tánatos y el Eros... Y así he vencido, paradójicamente, he triunfado, he dejado de estar y de ser derrotado, derrotado por la muerte, derrotado por el Tánatos, derrotado por lo aciago del destino... Y he triunfado con todos, con todos y cada uno de todos vosotros, con todos aquellos en quienes deje una huella, y todos aquellos, los que dejasteis también una huella en mí, en mi ser y en mi alma, en mi paso por la vida... Y estuve, ahora y cuando acabo este libro, estuve en la fiesta mayor y más grande de Salta, la fiesta del Señor y de la Virgen del Milagro, estuve tres días enteros, y con sus noches, tres días en los cuales solo dormí tres horas, tres días con el alma y el corazón del pueblo entero de Salta... Y eché, en esos tres días en que casi no dormí, eché no ya casi 2.000 fotos, eché con todos y cada uno de ellos, con todos y cada uno y de los peregrinos, eché más de 2.000 lágrimas... Lágrimas vivas, lágrimas de amor, por mi gran y sublime amor al pueblo de Salta...

236


Y cuando el Sr. Rector de la Universidad Católica de Salta, el Dr. Alfredo Puig, leyó mi trabajo sobre el desarrollo de Salta, le preguntó al Secretario Académico de la Facultad de Abogacía, el Dr. Gabriel Chibán, quien fue también y a su vez, el Secretario de Financiamiento del Gobierno de Salta, del Gobernador Dr. Juan Carlos Romero, le preguntó que cuanto había cobrado por la redacción del mismo... El Dr. Gabriel Chibán le dijo que yo era un "Quijote" del siglo XXI, y que lo había hecho como una "gauchada", que por mi gran amor a Salta, por mi excelso amor a Salta, lo había regalado al pueblo todo de Salta, y en su representación al Gobierno todo de Salta, y en la persona del Gobernador, Dr. Juan Carlos Romero... Y me llamo a España el Dr. Gabriel Chibán, para que le enviara y por escrito al Sr. Rector de la Universidad Católica de Salta, el Dr. Alfredo Puig, le enviara y por escrito, y como así lo hice, la confirmación de mi gran regalo al pueblo todo de Salta.... Y así lo hice, durante toda mi vida, y por mi gran amor a todos los demás seres, y por mi gran amor a Salta y al pueblo todo de Salta… Y por eso en este también mi regreso ya definitivo, en esta mi repatriación, en esta mi diáspora final, no vine buscando, tal como nunca tampoco lo busqué, en toda mi vida, no vine buscando fama, honores, dinero, poder, ni ninguna otra cosa material, todo aquello que vuelve locos a todos los demás seres humanos…

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Solo vine y buscando, un poco de paz, que paradójicamente, hasta mi propia tierra se empeñó en negarme, y muy tercamente, en negarme también… Porque el “derecho de piso”, como dicen aquí, “la quintada”, como dicen en España, el pago que he tenido que dar por vivir aquí, e intentar ganarme la vida honradamente, ha sido terrible, propio de la salvaje sociedad salteña, de esta muy salvaje sociedad feudal, la sociedad que me dio la leche materna, y me crió, y que me dio mi cultura, y mi educación… Y así como ya he dicho anteriormente, si en España me rompieron dos costillas, aquí, en mi propia tierra materna, ha sido muchísimo peor, porque me han roto el alma, el alma toda y entera… Y por todo eso, y por toda mi vida, cuando me haya ido, cuando haya terminado ya para siempre, de este mi viaje por la vida, mi paso por la vida, no me recordéis, los que me amasteis, no me recordéis ni por mis triunfos, ni por mis éxitos, ni por mi dinero, ni por mis posesiones, si las tuve, no me recordéis por nada material... Solo me recordéis, y por nada más, por lo que os quise y os amé, y por lo que fui querido y amado...

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Y este es mi epitafio, esta es toda la herencia que os dejo, a todos vosotros, mis semejantes, no tengo nada más que dejaros, que solo estas mis muy humildes letras, que escribí, como poeta del amor... Y espero, como decía más atrás, y que vuelvo a reiterar ahora, que por todo ello, a todos vosotros, todos y cada uno de quienes me leéis, y me escucháis, espero que también os haya puesto un límite, un límite al insoportable dolor de existir, a la más absoluta levedad del ser... Y si alguna vez os encontráis, como yo me encuentro a veces, y en muchos de mis días, de este mi tiempo presente, os encontráis como yo, sin ni siquiera tener ni para comer, recordar lo que decía Jesús y la Biblia: "¡No solo de pan vive el hombre...!" Y así, yo también vivo, estoy vivo por mis letras, de estas mis humildes letras... Y de esta manera termino, tan solo como empecé, sin musa, ni compañía ninguna, escribiendo de nuevo con mi agenda electrónica, desde "el banco de la soledad", con estas letras, que son toda la compañía, la que me ha querido brindar, mi propia y muy amada tierra mía, Salta "La Linda"...

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Gloria la sola No, Gloria, la sorda Gloria la sola sola te quedaste sorda y sola… Accidente en la carretera sorda te despertaste pero más aún sola te quedaste… Dolió más la soledad que la sordera lágrimas lágrimas derramaste… 240


Nadie te acompaña nadie y solo tú fuerzas de flaqueza desde lo profundo de tu ser… Y hoy que lees los labios sólo estás sorda ya no estás sola…

241


Porque tal y como el héroe Eneas, en la Eneida de Virgilio, o en la Odisea de Homero, o en la Ilíada de Troya, o en Jasón y los Argonautas, en búsqueda del vellocino de oro, así tal y también como todos ellos, estoy en este mi paso por la vida, en esta mi odisea por la vida, en este mi viaje épico, estoy intentando, y en pleno siglo XXI, el retorno, intentando el retorno y desde lo imposible, el retorno y desde lo real, para volver a ver a mis tres y muy amados hijos, buscando mi vellocino de oro… Buscando mi vellocino de oro y en una lucha titánica y épica, contra los hados adversos, y el destino aciago, y contra todas las mareas, y los vendavales, y las tormentas, y las tempestades, y los huracanes, que me trajo este mi navegar, por el inmenso y desconocido océano de la vida, en un heroísmo tal, tal y como también hicieron, y antes que yo mismo, cada uno, y todos los héroes, de la antigüedad... Y hasta aquí, hasta aquí era como estaba redactado y escrito mi libro, el final del libro, aquí se acababa, en un final triste y muy solitario… Pero la vida misma, y la Luz del Cielo, no quisieron ni me dejaron terminarlo así… Porque Salta entera, toda y entera, esta bendita tierra, esta bendita y adorada tierra mía, esta maldita... Porque mi querido amigo, cuando me dijiste: "cagate"... Y si es verdad, y literalmente, es verdad que me "cago", que me estoy "cagando" todo y entero, es verdad que me muero, que me estoy muriendo de hambre...

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Pero aun así, y sin darte cuenta, mi querido y muy estimado amigo, con tu "elocuencia", y muy profundamente "salteña", me inspiraste mi mejores y más brillantes letras del libro entero, y además en el día de mi cumpleaños, y que pasé más solo que nunca en toda mi vida, letras que dicen así, que dicen de lo que no me muero, ni de lo que no me moriré nunca: Porque yo no estoy aun, ni lo estaré nunca, no estoy aun ni derrotado, ni menos vencido, y ni toda Salta entera, y ni todos los salteños, y ni todas las salteñas, ni todos ellos juntos, podrán robarme de lo que carecen casi todos ellos, no podrán robarme nunca, así este pasando hambre, no podrán robarme mi dignidad... Porque como decía Alma Fuerte: "¡No te des por vencido, ni aun vencido…!" Y decía anteriormente que esta bellísima tierra, este Edén de la naturaleza, este bellísimo paraíso terrenal, esta maldito, pero maldito no por su tierra, pero si por muchas de sus gentes, no todas, pero si por muchas de sus gentes... Porque son muchos de los salteños, y muchas de las salteñas, adoradores del Demonio, adoradores del demonio sino también, porque estén endemoniados y endemoniadas, que los hay y muchos, porque aquí están las mayores y más profundas sectas satánicas del mundo entero, y porque Salta, casi toda entera, es el mayor y más profundo portal del Demonio, en todo el mundo entero...

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Decía, y además, porque muchos de aquellos y aquellas, que no están endemoniados, sacan sin embargo, y de lo más profundo de su corazón, una maldad tan sumamente refinada, y cubierta y maquillada, con la máscara y los ritos excelsos, y muy salteños por excelencia, de "las buenas costumbres", y "la buena educación": ¡Tanto! ¡Tanto ya que ni siquiera las presencias permanentes del Señor y la Virgen del Milagro pueden traer algo de santidad a esta tierra! No maldita por sí misma: ¡Pero si maldita por el Demonio y sus adoradores...! Pero aun así, y a pesar de todo ello, aun así, en esta mi bella tierra, en esta mi bellísima tierra, en este Paraíso Perdido del Mundo, en este Paraíso Terrenal, en este Edén del Cielo, existen también, muchas almas, muchas bellísimas almas, almas tan Vírgenes e Inmaculadas, que portan al mismo Dios vivo, portan la presencia del Dios vivo en su seno, que portan al Espíritu Santo, tal y como yo mismo, como yo mismo y también, estoy, y siempre, en su permanente y perenne presencia... Y por eso La Luz del Cielo, a quien habitualmente llamamos Dios, por eso La Luz del Cielo, me llevo lejos, tan lejos, al otro lado del Océano, al otro lado del Mundo... Muy lejos de esta, de esta y mi muy amada tierra mía, Salta "La Linda"... Y hacen ya casi 29 años de ello...

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Y casi 29 años después de salir, perseguido como un perro, casi 29 años después, también, La Luz del Cielo, me volvió a traer... Y me trajo de nuevo, ya curtido como el cuero, y templado como el mismo acero, me trajo de nuevo, como su antorcha humeante y llameante, así y como la zarza que ardía, y con la llama del Cielo, ante el mismísimo Moisés... Y llegue con olor en mi alma, con olor y ya no solo a incienso, el olor de la Tierra Madre y de la Pachamama, llegue y además, con olor a azucenas y jazmines, el olor del Cielo... ¡Llegue y como un Místico del Siglo XXI! ¡Y con todas y cada una de las letras! ¡Llegue a traer y a desparramar, un poco, un poco de su Luz, de la Luz del Cielo, un poquito de ella, en medio de tanta oscuridad...! Y no me había dado cuenta hasta ahora, que si los peregrinos caminaron, y durante muchos días, cientos de kilómetros, para ofrendarse, y en su alma, al Señor y a la Virgen del Milagro, no me había dado ni cuenta que yo camine, y durante 29 años, miles de kilómetros, para llegar también a ofrendarme, tal y como todos ellos, al Señor y a la Virgen del Milagro, para ofrendarme con lo único que me dejo y me quedo, de esta mi larga, larguísima peregrinación: ¡Mi alma! ¡Mi alma solita...!

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Porque empecé mi peregrinación hace ya casi 29 años, y la empecé solo con la ropa puesta, y termine mi peregrinación ahora, casi 29 años después, y también solo con la ropa puesta: ¡No me quedo nada material! ¡En el camino lo perdí todo!, absolutamente todo! ¡Y solo me quedo mi vida y mi alma!... Porque yo que creí, que ya había terminado de escribir, este mi libro, esta mi vida, este mi paso por la vida, esta mi huella por la vida, esta mi odisea... Sin embargo, este libro que yo creía ya concluido, no pude enviarlo todavía a concursar, al Premio Planeta de las letras... Y no pude, por no tener, ni siquiera, ni los cien pesos, o los veinte euros, o los treinta dólares, que cuestan la impresión y en blanco y negro, porque en color son cinco mil pesos, o mil euros, o seis mil dólares, de los dos ejemplares del libro, necesarios para enviarlos a concursar a Barcelona, en España... Y así, esperando poder juntar el dinero, pasó el tiempo, y se pasó y se terminó el verano, y se pasó también y se terminó el invierno, y llegó el tiempo de la primavera, el tiempo del Milagro de Salta…

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El tiempo del Milagro de la renovación anual, del Pacto de Fidelidad, entre el Pueblo de Salta y nuestros Santos Patronos, para que nos protejan de los terribles terremotos, que ya destruyeron a nuestra antepasada, y la muy noble, ciudad de Esteco... Pero con el tiempo del Milagro, también llegó y ocurrió, otro Milagro... ¡El Milagro del amor...!

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Cuando tomé tu mano... Cuando tomé tu mano en ese momento paso... y me preguntaba ¿cómo y cuándo sucedió? cuando tomé tu mano... Cuando tomé tu mano sentí sentí como toda mi vida y mi energía toda mi energía ya se había ido y antes de tomarte tu mano ya se había ido ya se había ido y toda toda contigo...

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Cuando tomé tu mano porque tenías frío que yo creía que yo creía del cuerpo pero era un frío del alma de tu alma toda helada de pavor y turbada tan turbada turbada por el amor el amor que ni te atrevías ni te atrevías en tus más lejanos sueños a confesarme... Cuando tomé tu mano apretaste apretaste mi mano con tanta fuerza que yo no supe yo no supe ni pude saber que estaba pasando... Pero yo yo entonces cuando tomé tu mano me quedé helado tan helado como así lo estaba así lo estaba tu alma toda

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Y el frío de tu alma se pasó todo y de golpe ¡tan de golpe! todo a la mía... Y entonces me quede me quede tan turbado ¡tanto! como tú misma como tú misma ya lo estabas... Cuando tome tu mano y tome tu otra mano tan helada también entonces supe entonces empecé a saber que eso que nos pasaba eso que nos pasaba a los dos se llamaba se llamaba el amor... Y entonces recién entonces y por primera vez entonces te miré y miré tu alma...

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Y vi tu alma tan llena tan llena de gozo tan desbordante que se desbordó se desbordó a la mía a la mía toda toda y entera mi alma mía... Y empezamos a temblar a temblar los dos los dos juntos no ya del frío sino de la turbación del gozo y del amor cuando tomé tu mano...

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Oración al Señor y a la Virgen del Milagro

Señor, aquí estoy, ante ti, ante tu presencia permanente, dentro de mi ser. Y aquí esta Soledad, también ante ti, en quien también habita tu Espíritu Santo. Yo Jesús, no te pido riqueza ni poder, solo te pido que me regales, y para siempre, la compañía de Soledad... Y también te pido que le regales a Soledad, y también para siempre, la compañía de mi ser y de mi alma toda...

252


Te pedimos JesĂşs, que hagas nacer en nosotros dos, un amor tan limpio, tan puro, e inmaculado, tanto, como sea capaz el alma humana. Porque JesĂşs, nosotros tambiĂŠn, nosotros somos dos pedacitos de Dios... Ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza... Lo pedimos para Gloria tuya y de tu Padre. Amen

253


Mi querida amiga y confidente… No sé cuando podrás leer estas líneas o cuando llegarás a leerlas…

254


Me he ido cuando he terminado nuestra conversaciĂłn mi conversaciĂłn contigo tu conversaciĂłn conmigo me he ido a darme un largo y lento paseo por toda la ribera de punta a punta disfrutando de cada paso disfrutando de cada instante disfrutando de estar vivo y disfrutando de haber compartido un instante de eternidad contigo. Me has llenado me has dejado con tu dulce voz con tus dulces inflexiones y reflexiones con tus palabras de amor de amor divino de amor del Ser de Luz me has dejado decĂ­a inundado de la gracia divina la gracia del amor el amor que se derrama que se difunde.

255


Y era tanto lo que me llenaba y como además yo he colmado el vaso y he derramado el vaso que me dabas con tu mano lleno de amor con la experiencia del amor infinito que al igual que cuando la tuve cuando la viví no podía hacer nada simplemente humano no podía irme a dormir a pesar de que me caía de sueño me caía más que tú que solo pude irme a dar un paseo un largo paseo como cuando me quedé una semana en la cama sin poderme levantar apenas bebiendo agua y sin comer después de ver la Luz esa Luz que te alumbra dentro de ti. Por eso caminando he logrado que la gracia se me derramara porque me desbordaba desbordaba mi alma el regalo de tu palabra de tus palabras de tu ser

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El regalo gratuito que es el amor. Y ahora ahora que tengo mi alma serena pues me la habías turbado dulcemente en sobremanera ahora podré ir a descansar pues me caigo de sueño y se me entrecierran los ojos al igual que te pasaba a ti cuando yo te hablaba…

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Mi Carta a Soledad Proponiéndole compartir con ella nuestras presencias y nuestra compañías, y para todo el resto de nuestras vidas restantes...

Querida Soledad: Hoy día, y en el día del Milagro, me ha tocado también no solo estar solo, ya que no pudiste venir, Soledad, a Misa y esta mañana conmigo, sino y además hacer, después de casi una semana entera, hacer nuevamente ayuno, porque mi amigo Yuyi que me iba a invitar a comer, no estaba en su casa cuando he llegado...

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Pero sabes, no me duele el ayuno: ¡Ni siquiera me duele!... Aunque sí me duele más, tu ausencia... ¿Sabes lo que me duele terriblemente desde ayer?: ¡Me duele el alma! ¡Y me duele el alma toda por haberte hecho tanto daño y sin quererlo...! Yo quería haberte hablado esto en persona, pero no te he podido ver esta mañana, y no sé cuándo te voy a poder ver, porque a tu trabajo no puedo ir, y tú no me llevas a tu casa, por motivo de tu padre... Pero de lo que quería haberte hablado, era de lo que de verdad he concluido dentro de mi ser, he concluido dentro de mi ser después de mirarte, conocerte y reflexionar, he concluido que quiero, y de verdad, que me acompañes, que quiero estar a tu lado para toda la vida... Así, así sin apenas conocerte, así conociéndote tan poco, solo y conociendo tan poco, a tu alma bella... Y eso lo ha precipitado, esa conclusión que ya rondaba en mi ser y en mi alma toda, lo ha precipitado tu dolor de ayer... Pero lo ha precipitado, no por sólo el intentar compensarte del mismo y gran dolor, que yo mismo te provoqué, con mi torpeza, y sin querer, sino y muchísimo más importante aún, lo ha precipitado, lo que se estremecía mi alma, lo que se estremecía mi alma no ya de placer, por un orgasmo que tú me hubieras dado, sino y por tu dolor, tu dolor que dejó llena del mismo, llena del mismo a toda y mi entera alma mía...

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Y por eso, yo te propongo, en este instante, y por estas solas letras, las letras plenas que todavía no puedo decirte en persona, ni mensajearte, por no tener saldo ni dinero para recargar mi celular, decía, yo te propongo y te pido, yo te propongo y te pido en matrimonio... No te pido siquiera ni una respuesta, y menos ahora, sólo quiero que lo sepas, que yo ya he concluido, que yo ya he concluido, y dentro de lo más profundo de mi ser y de mi alma toda, que quiero vivir junto contigo, y quiero formar y fundar junto contigo, una familia, y para todo el resto de mis días...

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Peregrino y caminante por la Fe, en un estado místico, ante el Señor del Milagro…

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Y así, mi alma, que ya olía a Jazmines y Azucenas, se encontró de repente, y por casualidad, por la suerte afortunada del destino, o por los designios del mismo Cielo, se encontró con otra alma, que también y tal, y como la Virgen del Milagro, otra alma, que olía y también a Rosas... Y así ahora, nuestras dos almas huelen, y ya, por y para siempre, huelen las dos, y al unísono, huelen a Rosas, Azucenas, y Jazmines... Y aunque fue, aunque el amor fue, porque ella se fue, porque ella, Soledad, quiso seguir sola, quiso seguir sola como casi todas las mujeres de hoy en día, y de nuestro tiempo presente, que no quieren al amor, ni quieren el amor, porque solo quieren un rato de "eso", como dicen aquí, un rato de "sexo" y placer, y cuando "eso" ya paso, ya fue, ya fue todo... Porque casi todas las mujeres de hoy en día están estériles, estériles no ya por su matriz, que las hay y muchas, y así fuera yo un anciano, jamás me acercare a una, ni a ninguna de ellas... Pero peor aún, peor aún que la esterilidad de la matriz, es la del alma, y también casi todas las mujeres de hoy en día, y de nuestro tiempo presente, casi todas ellas, casi todas ellas están estériles del alma... ¡Tanto!

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Tanto que por eso no buscan, ni buscaran nunca el amor, solo buscan y nada más, solo buscan y un rato de placer... Y yo, antes que vender mi "dignidad", y por solo un rato de placer, antes que ello, ya me hice a mí mismo, me hice y me prometí, me prometí votos, votos de monje, votos y absolutos, absolutos votos de castidad... Y jamás, nunca jamás dejare que se me acerque una mujer que sea estéril, estéril del cuerpo, y lo que es peor aún, estéril en su alma... Porque yo estoy, estoy tan lleno de vida, que jamás consentiré que ninguna mujer, ninguna, me mate la vida, no ya la del cuerpo, sino la de mi alma… Y la vidente, Carmen la vidente, en esto se equivocó, jamás aparecerá la madre, la madre que lo sea de mi hija, la cuarta alma mujer, que espera en el Cielo, que espera en el Cielo para venir a la vida, venir a la vida y por mi llamado, venir y en la matriz, en la matriz de una mujer, una mujer que no sea estéril... Pero sin embargo, en todo lo demás no se equivocó, y tanto, tanto que revivo, revivo hasta a los moribundos y agonizantes... Y así, así volví a quedarme de navegante solitario, solitario y perenne, en el inmenso y desconocido océano de mi vida... Porque como me dijo una mujer vieja, vieja y sabia, como me dijo y con sabiduría: 263


"¡Francisco, todos los grandes se quedan solos, todos los grandes poetas, y usted, usted es de los más grandes...!" Pero sin embargo, aun quedándome solo, tan absolutamente solo, solo como todos al final lo estamos, apareció, apareció la voz infantil de mi hijo, de mi hijo Daniel, porque el Cielo escuchó mis oraciones, todas y cada una de mis oraciones, todas y cada una de ellas, y se llevó el rencor de su madre, y se llevó el odio de su madre, y su madre me llamo, me llamó por teléfono, para que Daniel me felicitara, me felicitara por mi cumpleaños... Y aunque ya era tardío, y tardía la felicitación, porque mi cumpleaños ya había pasado, no ya muy hambriento, como puse, y escribí en Facebook, sino solo, absolutamente solo... Sin embargo, la alegría de mi hijo, su enorme alegría por hablar con su papa, su inmensa fuerza vital, herencia mía, como dijo la vidente, herencia de mi alma, que no de mis genes, su fuerza vital me revivió, me revivió el alma muerta, muerta y de tanta esterilidad... Y así, así sin saber yo cuando volvería a verlo, y sin saber tampoco él, cuándo volvería a verme, La Luz del Cielo, que porta el alma de mi hijo, me dio un poquito de vida, y me arrancó, me arranco apenas, apenas y a duras penas, una muy dulce sonrisa...

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Pero el Cielo no dejo tampoco de escuchar todas mis oraciones, por mi hijo pequeño Daniel, para que me lo cuidara y me lo criara, que fue lo único que le pedí, no pidiéndole ya nada más, absolutamente nada para mí, cuando despegó el avión que me alejó y para siempre, y para toda la vida, de él, de mi amado Daniel, "el enviado del Cielo..." Y del mal, que es un misterio que no logro todavía explicarme, apareció también el otro misterio, pues el Altísimo saco bien... Y el Cielo le envió a mi Daniel un segundo padre, no el que lo engendró, yo mismo, sino el que también le quiere con verdadera locura, como si fuera su hijo, y lo está educando, Manolo, la nueva pareja de Mercedes... Y así, mi adorado pequeño Daniel, tan desamparado, fue amparado por un alma bendita, enviada por la misma Luz del Cielo... Más yo me quedé sin embargo, más solo que nunca, más solo que nunca y en toda mi vida entera... Y me acorde de Jesús, en el monte de los Olivos, y sentí que mi tiempo aquí en la Tierra ya estaba cumplido, y peor aún, me sentí tan abandonado, tal y como Jesús mismo, cuando exclamó: "¡Padre! ¿Porque me has abandonado?..."

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Pero como no ambicionaba nada, absolutamente nada, no ambicionaba, ni ambiciono, ni ambicionaré, ni siquiera el mismísimo Cielo, al que conozco tan bien como a la misma Tierra: ¡No quiero ni el consuelo siquiera del mismísimo ser de Luz, El Altísimo...! Y así, la vieja y sabia mujer, acertó, tal y como mi adorada madre, también en vida, que me predijo: "Hijo te vas a quedar solo, muy solo..." Y yo jamás imaginé, jamás pude llegar a imaginar, que se podía llegar a estar tan solo, no ya aquí en la misma Tierra, sino lo que es peor en el mismo Cielo, pues tampoco me apetece, para nada y en absoluto, el consuelo de mis penas por el Ser de Luz... Y Él, El Altísimo, Él lo sabe, sabe que yo solo hubiera querido el consuelo de una simple y humilde mortal, pero Virgen María, hubo y hay solo una... Y así, me quedé en la Tierra, en tierra de nadie, sin querer ir al Cielo, y sin casa adonde ir tampoco, aquí y en la Tierra... Y sin musa: ¡Absolutamente sin musa ninguna!...

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La Promesa I. Libro Segundo (solo texto sin imagenes).  

Antes de emigrar, y repatriarme a Latinoamérica desde España, y después de haberme arruinado por tercera vez en mi vida, otro empresario ami...

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