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Algunos testimonios La enseñanza de la literatura en el colegio secundario plantea una serie de cuestiones interesantes pero también complejas. Es en esos años cuando los estudiantes adquieren destrezas para la lectura de textos con grados de dificultad creciente y, a la vez, los conocimientos que les permiten construir un discurso crítico acerca de aquello que leen. Si bien la escuela primaria es la que funda al lector, el ciclo secundario es el que debe consolidar y expandir la práctica de la lectura hasta convertirla en un hábito. Sin embargo, la situación del docente de literatura presenta varios perfiles paradójicos. En primer lugar, tiene a su cargo la enseñanza de aspectos normativos del lenguaje y, a la vez, presenta a los estudiantes obras cuyo valor estético se funda, precisamente, en la transgresión de distintos tipos de normas. En segundo lugar, debe acompañar a los estudiantes en lecturas que comprometen el placer personal y, también, someter esas lecturas a criterios objetivos de evaluación. En tercer lugar, sus clases son el espacio donde debe socializarse, volverse pública, una experiencia que en su origen fue solitaria, íntima. Estas y otras cuestiones nos han convencido de que puede ser útil e interesante crear algo así como un archivo con pequeñas “memorias” sobre las clases de literatura en la escuela secundaria. Ese archivo tiene un doble objetivo: por un lado, construir una cierta tradición acerca de las maneras en que se enseñó y se enseña la literatura en las aulas; y por otro, ofrecer a los docentes que visitan el portal una galería de recuerdos ajenos que les permita reconocer su lugar dentro esa misma tradición. Para la construcción del archivo contamos con la amable colaboración de docentes de literatura, escritores, críticos, investigadores, editores y también alumnos y alumnas. La presentación de las “memorias” se realiza en orden cronológico pero invertido; es decir que comienza por los recuerdos más alejados en el tiempo y concluye en los más próximos. De esta manera, el recorrido a través de las “memorias” no sólo permite reconocer transformaciones en los programas de estudio y las estrategias pedagógicas, sino también percibir las distintas tensiones que se produjeron entre el aula y la realidad social y política de nuestro país.

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