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LANZAROTE TREKKING POR UN MUNDO NUEVO

por Víctor Barro “Un ruido infernal y desgarrador sacudió todo el pueblo. El 1 de Septiembre de 1.730, la tierra se abría en profundas grietas desde las que se elevaban columnas de fuego de varios centenares de metros. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya. La lava se extendió sobre los lugares hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como la miel (...)” Padre Curbelo, sacerdote de la parroquia de Yaiza, sobre la erupción del Timanfaya


donde menos llueve de España, se trabaja en lo que se ha dado en llamar la “viticultura de lo imposible”. En el fondo de conos hechos en el suelo y cubiertos de los estratos más fértiles, rodeadas de círculos de piedra que las protegen del viento incansable de la isla, se levantan allí las vides como lo hicieron las estatuas de la isla de Pascua: inconmensurables, imposibles para los que venimos de fuera. Vides que ofrecen un vino incapaz de olvidar la heroicidad que supone cultivar en este desierto.

Arriba: Papas con mojo Centro: Grupo de música folclórica en el mercado de Teguise Abajo: Puerto de la Caleta del Sebo Foto grande: Viiñedos de la Geria

Aquel primero de septiembre de 1730 comenzó a nacer la tierra que hoy pisamos, un inmenso mar de lava que hizo aumentar la superficie de Lanzarote en un tercio y que sepultó para la eternidad uno de los valles más fértiles de la isla. Había comenzado la erupción del Timanfaya, y con ella, uno de los paisajes más singulares del mundo. Son pocos los rincones del planeta que puedan presumir de una historia tan intensa como la de este lugar. El paisaje, desde los acantilados de Los Hervideros hasta más allá de la playa de las Malvas se desparrama por 30 km de la costa oeste de Lanzarote en un eterno mar de negra y casi

inerte roca quemada jalonado de conos volcánicos, de colores ocres, rojizos y amarillos. Sobre nuestros pasos, a apenas unos metros, el Océano Atlántico se empeña en seguir arrancando trozos de este acantilado. Un nuevo mundo que hace apenas 300 años escupió el centro de la tierra.

Entre montañas de fuego, agricultura de lo imposible Las calmas de mayo nos recibieron en el primer campamento que montamos muy cerca de la localidad de Tías. El taxista que nos recogió en el aeropuerto no acababa de dar crédito a que

La costa oeste es un eterno mar de negra y casi inerte roca quemada jalonado de conos volcánicos, de colores ocres, rojizos y amarillos. Sobre nuestros pasos, a apenas unos metros, el Océano Atlántico.

quisiéramos que nos dejara en medio de la noche y de la nada, en el lugar más oscuro y perdido que conociera. Tías, además, poseía un fuerte atractivo, era el lugar donde pasó los últimos años de su vida un escritor esencial. Exiliado después de haber escrito y dicho verdades irrefutables, el 18 de junio de 2010, José Saramago pasó a formar parte del polvo negro del suelo de Lanzarote, como él quería. En la primera jornada, nos esperaba una de las escenas más conocidas de la isla, la de los viñedos de la Geria. Aquí, en lugar

Pero la Geria se acaba y nuestro segundo campamento lo instalamos después de unas papas con mojo y un pescadito frito en uno de los muchos restaurantes con vistas al mar del pequeño pueblo de "El Golfo". La recomendación del camarero para pasar la noche protegidos del viento incansable fue la playa. Nos sorprendió sobre todo la naturalidad con la que nos propuso un lugar tan cercano. La vida pasaba despacio a las puertas del inmenso mar de lava del Timanfaya. Sólo atento al chorreo de turistas que vienen a ver el extraño lago verde que florece detrás del arenal. En realidad, un cono volcánico seccionado en dos partes. Otro de los caprichos naturales de este trocito de paraíso que merece ser recorrido al ritmo del camino. Antes del primer sol del día comenzamos la marcha. Nos esperaba un camino largo hasta com-

pletar los casi 27 km desde El Golfo hasta Caldera Blanca. En realidad, el sendero costero que siguen los pescadores era la gran duda, ya que no había información muy clara sobre si era o no transitable sin permiso y la información a veces era contradictoria. Pero vimos a muchos pescadores locales que se adentraban y pensamos en seguirles. Sabía que sería duro psicológicamente avanzar en un paisaje que no avanza. El mar de lava parecía infinito y el sol en lo alto hacía que la tierra negra se calentara y la temperatura fuera por momentos insoportable. El alivio sólo llegaba del mar en las ráfagas del viento. Pasan los kilómetros, y las horas, apenas hay un par de playas en todo el recorrido. La de los Cochinos sería la primera, y está justo a medio camino, con un precario galpón donde no queda claro si vive alguien o no de forma permanente. Una pareja de nudistas, como requería la ocasión nos recibe con el ceño fruncido, algo extrañados de que un miércoles por la tarde alguien tan lejos de alguna parte aterrizara por allí. En realidad, huímos de aquel lugar, y no encontraríamos acceso entre los acantilados al


...sobre nuestros pasos, apenas unos metros, el Océano Atlántico se empeña en seguir arrancando a bocados trozos de este acantilado que son las coladas que no hace aún 300 años escupió el centro de la tierra...

Fotografía grande: Camino por las coladas del Timanfaya


De los turistas de coche de alquiler, pantalón multibolsillo y pase para las atracciones de la isla no había ni rastro. Por la mañana, eramos un día más los únicos caminantes en un paisaje árido moteado de casas blancas, como un "dálmata" que flota en el Atlántico. océano Atlántico hasta salir de nuevo del parque nacional por su frontera norte. Se trataba de la playa de las Malvas y desde allí se intuye un camino que lucha por salir bajo la arena, mucho más ancho y claro y que se adentra en dirección este hacia el corazón de la isla. Abandonamos las coladas negras y el calor intenso, las horas peores han pasado y estamos

Arriba: Puerto de Caleta del Sebo Centro: Parque nacional del Timanfaya Abajo: Bañeras de Punta Mujeres Fotografía grande: Salinas

realmente sin una gota de agua. La del mar, llena de medusas nos impide el baño, la potable completamente agotada. Afortunadamente, varias familias locales pasan el día en una pérgola más que aceptablemente montado, pescando y charlando y podemos pedir prestado un par de litros que nos llegarían para beber y desayunar al día siguiente, el tercero ya del viaje. Esa misma tarde todavía tendríamos tiempo de subir a lo alto de la Caldera Blanca y rodear el cráter durante la puesta de sol. En aquel momento mágico en que la tierra se siente girar, el tono ocre de los volcanes, la lava negra y el azul del mar nos recuerdan por que decidimos llegar aquí a pie. La manera podría parecer irrelevante, pero no lo era. A pie, era una opción meditada, queríamos sentir la lentitud de los kilómetros pasar, vivir la distancia a cada paso, al ritmo del caminante. Sentir el esfuerzo, el calor, el viento, celebrar que aprendíamos algo cada día, que conocíamos y probábamos algo nuevo en cada parada. Queríamos tener sed y poca agua, hambre como condimento para las comidas. Queríamos adorar el chorizo que tomaba la forma del camping gas aplastado en el

fondo de la mochila. Y todo ello al ritmo sereno que nos podíamos permitir. El camino así deja tiempo para las preguntas. Ser autónomos en cierta medida porque viajábamos con lo puesto era parte del interés, pero en muchos momentos necesitamos ayuda de quien nos presta agua, indicación, conversación o consejo, y esa dependencia, esa conexión con la realidad hacía mucho más intensa la experiencia. Habíamos venido a buscar el Lanzarote de verdad. Una isla que nos llegara dentro y por alguna razón, sentíamos que estábamos, a veces, casi tocándola.

El gran risco de Famara, entre el mar y la montaña

Por la mañana, eramos un día más los únicos caminantes en un paisaje árido moteado de casas blancas, como un dálmata que flota en el Atlántico. De los turistas de coche de alquiler, pantalón multibolsillo y pase para las atracciones de la isla no había ni rastro. Nuestro destino sería la archiconocida para los surfistas, Caleta de Famara. Recorrimos dos veces de punta a punta los más de tres kilómetros de arena fina de la playa, con el risco

majestuoso por encima de los 600 m alicatado de nubes. En el Restaurante "El Chiringuito" conseguimos alojamiento más que clandestino y agua. La primera ducha en 4 días era un merecido premio. Entonces no lo sabíamos, pero llegarían algunas más. Lo cierto es que siempre tuve interés por aprender a hacer surf y las clases y alquiler de material por 30 € me parecía razonable. Hasta nos entró la tentación de quedarnos allí algún día más. Nuestro plan inicial no tenía buena pinta así que pronto perdimos la ilusión: habíamos calculado recorrer el risco por un sendero que intuíamos a media altura del acantilado, pero llegado un momento resultaba imposible seguirlo con la vista. Decidimos hacer una encuesta a nuestro alrededor y preguntamos a 3 personas distintas. Una nos lo desaconsejó totalmente pero sin muchos argumentos y no parecía nadie muy


De izquierda a derecha: Centro de Caleta de Famara Pescadores en Famara Detalle arquitectónico en Caleta del Sebo Mercado de Teguise Fotografía grande: Puesta de sol desde lo alto de Caldera Blanca

deportista que pudiera haberse aventurado por allí hacía poco. En realidad, creo que expresó su opinión como lo pudimos hacer nosotros, mirando al acantilado y punto. Quizás me precipito en un juicio injusto, las apariencias engañan con frecuencia, pero sospecho que de alguna manera se sintió obligado a dar una respuesta. La segunda, una chica italiana dedicada a la artesanía y con una contagiosa hiperactividad nos habló de la posibilidad de llegar a una playa por ese sendero, pero decían que estaba roto en algunas partes y que había que hacerlo con mucho cuidado. Por último, por la mañana saliendo ya del pueblo, decidimos hacer autoestop para recorrer los 2 km de carrete-

ra que había hasta el comienzo de lo interesante y completar nuestra encuesta particular. Un hombre de unos 45 años, en un todo terreno nos dio información exacta del estado del sendero. Esta, junto con nuestros 15 kg de mochila nos hizo desetimar la idea inicial. Subimos entones por una de las canales del Risco y fuimos cresteando el acantilado. Afortunadamente, había cargado varias opciones B en el GPS y no fue difícil encontrar el sendero. De Famara a Órzola recorrimos en torno a los 25 km, con un desnivel de casi 700 m en el medio y una inesperada pero agradable amenaza permanente de tormenta, que llegados a este punto, la idea de mojarnos

no nos parecía mala. En Órzola, cogeríamos el barco que nos llevaría a la isla de la Graciosa, al otro lado de "El Río". Pero antes, el risco de Famara constituía un fenómeno geológico espectacular, otro más en esta montaña rusa de naturaleza desbocada. Cresteamos un interminable sube y baja de pequeñas montañas cortadas casi en vertical hasta el mar (500 m más abajo) por el lado oeste del risco. Quedaba mucho camino por delante, así que llegado un punto decidimos atravesar la isla hacia el este en su zona más estrecha, bordeando por el sur el bellísimo cráter de La Corona y el llamado "malpais". De pronto, descubrimos que esa había sido la mejor opción. Nos encontramos rodea-

dos de plantaciones de "tuneras" (variedad de cactus para cultivo de cochinilla), vestigios sin duda de las que a mediados del 19 fue motor económico de la Isla: la exportación de "cochinilla" como colorante para la industria alimentaria británica, principalmente. El contraste del oeste escarpado y el este con sus valles verdes, tendidos y poblados de palmeras, huertas y aloes me recordada, de cierta manera, a la Sierra de la Capelada, donde ocurre un fenómeno similar pero con 10 veces más lluvia por metro cuadrado. Lo que dejaba a la denominada zona "verde" de Lanzarote en un marrón otoñal, lejos del verdor de los Ancares

o los Cañones del Sil de nuestra Galicia. Llegamos a Órzola con tiempo de sobra según nuestros horarios y además resultó que por alguna razón había muchos más barcos que los previstos inicialmente para ir a la Graciosa y podríamos tomar uno de los que estaba a punto de salir. El entusiasmo por la idea se nos pasó rápido ya que en Órzola no hay cajero y no aceptaban el pago con tarjeta, lo que nos podría obligar a caminar casi 14 km hacia el sur en busca de dinero para poder pagar el exagerado coste del billete. Lo cierto es que la pretensión de pagar con plástico en este lugar era de una ingenuidad digna de principiantes, pero encontraron

De pronto, nos encontramos rodeados de plantaciones de cactus, vestigios sin duda de las que a mediados del siglo XIX fué motor económico de la Isla: la exportación de “cochinilla” como colorante para la industria alimentaria.


Izquierda: Risco de Famara al atardecer Derecha: Isla de la Graciosa Fotografía grande: Playa de Las Conchas

una solución más rápidamente de lo que fuimos capaces de hacerlo nosotros. Decidieron dejarnos navegar y pagar a la llegada, en la minúscula población de La Caleta del Sebo, en la Graciosa, donde sí había una modestia sucursal bancaria. También una oficina de correos, un botiquín y un puñado de servicios básicos para una población que vivía principalmente de la pesca y que comenza-

ba a despertar salpicada por el turismo local.

Isla de la Graciosa, la octava afortunada En el camping de la Graciosa hay unas modestísimas duchas frías y unas parcelas pseudo identificadas con pequeños mojones blancos que se iba tragando caprichosamente la duna de la playa del Sebo. Colocamos la tienda

con vistas al risco de Famara y apuramos las últimas horas de la tarde para registrarnos en la oficina del parque natural. Trámite imprescindible para poder quedarnos regularmente en la isla, al sorprendente precio de cero euros. Ya por la mañana del otro lado de "el Río" la primera luz del día empujaba el acantilado, el amanecer nos sorprendería en otro de los fenómenos gratuitos que es necesario celebrar aquí: cristalinos, azules, frescos, sorprendentes cada mañana, fotogénicos, simplemente imprescindibles. Debería ser delito estar dormido sobre la arena mientras el sol se esfuerza en despertarnos. La Caleta del Sebo es un pueblo marinero en el más allá de Lanzarote, con un puñado de todo terrenos y ni un sólo metro de carretera asfaltada. La arena de la playa es la calle misma, como reivindicaban en los campos Elíseos los estudiantes parisinos durante mayo del 68. Un par de agradables restaurantes y bares

se amontonan en el centro del pueblo y ofrecen parrilladas de pescado llenas de los mejores "gueldes" y "viejas" de todas las islas. Elegimos para el día un recorrido costero que nos daría varias sorpresas. Cruzamos la pequeña “Graciosa” por la mañana, mientras el sol todavía no picaba en la nuca, hasta la archiconocida playa de las conchas, icono con razón de la isla. En ella, la arena blanca finísima, el azul del cielo, el verde del fondo marino transparente, el marrón de la montaña Clara y las peculiares rocas negras redondeadas que surgen entre las dunas, convierten a este lugar en un regalo para los ojos. Más allá de un puñado de sombrillas el fin de semana y algunos turistas locales, la playa está simplemente desierta, para el caminante que aquí llega. Nuestro recorrido nos llevaría en dirección sur a acorralarnos entre la "Montaña Amarilla" y el Atlántico. Una vez en aquella esquina, nos dimos cuenta de que no había sendero para regresar

y que la única posibilidad sería volver por nuestros pasos. En realidad, la suerte nos acompañó una vez más. Un pescador local al que preguntamos sobre las posibilidades nos habló de cruzar el acantilado al nivel del mar mientras que la marea estaba baja. Una vez del otro lado, ya en la playa, el segundo baño del día era obligado. En este caso, las aguas mucho más tranquilas y transparentes que la de las Conchas eran el lugar ideal para sacar las gafas y el tubo de “esnórquel” del fondo de la mochila y que venia acompañándonos toda la semana. Durante la media hora de buceo, sentí amortizado sobradamente el peso añadido que había porteado hasta allí mismo y que los cortados a pie de mar y las medusas

... es la arena blanca finísima, el azul del cielo, el verde del fondo marino, el marrón de la montaña Clara, las rocas negras redondeadas que surgen entre las dunas...


... una parrillada de pescado y mojo eran el gran festín que nos daríamos. En la bandeja: la vieja y los gueldes eran de nuevo palabras que oiríamos de la boca de la sonriente camarera. Gente amable, vida relajada, los barcos pesqueros que irían abandonando el puerto durante la madrugada y que darían paso ya por la mañana a las niñas saltando a la comba sobre el dique de abrigo ...

De arriba a abajo: El Río entre La Graciosa y Lanzarote Casas de El Golfo Casa en la Graciosa Nombre de las calles en La Caleta del Sebo Fotografía grande: Playa de la Caleta del Sebo


Datos prácticos ... Recomendamos la guía de Anaya Touring, con el título “un corto viaje a Lanzarote” es muy recomendable. Cuesta a penas 10 euros y es ligera y con documentación muy interesante. Incluye también un mapa desplegable de carreteras. Más información en la web oficial de turismo de Lanzarote: www.turismolanzarote.com Etapas de nuestro Trecking: 1er día: Tías - El Golfo (24 km) / 2º día: El Golfo – Caldera Blanca (25 km) / 3er día: Caldera Blanca – Timanfaya (8 km) 4º día: Famara – Órzola (26 km) / 5º día: La graciosa (20 km)

Para moverse en Lanzarote, además de a pie, hay un servicio público de autobuses cuyos horarios se pueden consultar en www.lanzarote.com/es/guaguas También se pueden alquilar coches. Una lista de compañias aquí: http://www.jetcost.es/alquiler-de-coches.php

Mapas e indicaciones: El IGN ha publicado un mapa del Parque Nacional del Timanfaya (1/25.000) que abarca bastante más superficie que la del

Programa de voluntariado en La Graciosa: WWF tiene un programa de voluntariado en la graciosa e islas del archipiélado. Busca información aquí: www.wwf.es

nos habían evitado utilizar hasta entonces. De regreso a la noche en la Caleta del Sebo, una parrillada de pescado y mojo eran el gran festín que nos daríamos. En la bandeja, la vieja y los gueldes eran de nuevo palabras que oiríamos de la boca de la sonriente camarera. Gente amable, vida relajada, los barcos pesqueros que irían abandonando el puerto durante la madrugada y que darían paso ya por la mañana a las niñas saltando a la comba sobre el dique de abrigo. Flotaban Arnaguin, Simbad, Charlie y Beivide Primero. En el puerto del Sebo, los veleros y pesqueros compartían un espacio que no era sólo un síntoma de diversificación económica entre turismo y pesca de bajura, sino un equilibro saludable a imitar de buenas prácticas ambientales. Este es un paraíso para la vela, el turismo activo y los amantes de la calma. Del mismo modo que aportan pescado abundante y sano para comer y vender por los habitantes de una isla en las que sin duda con frecuencia tienen la duda de si hay o no futuro en la "Balsa de piedra1".

Punta Mujeres, espacio para la sorpresa Abandonamos la Graciosa la mañana siguiente, apenas quedaba un día de marcha para finalizar 1

parque. La ruta en GPS que hemos seguido nosotros puedes encontrarla buscando por “Víctor Barro” en la siguiente dirección: www.wikiloc.com Para acampar en la Isla de la Graciosa consulta las condiciones y realiza la inscripción on-line en www.reservasparquesnacionales.es

Novela de José Saramago (1986).

el en Teguise. Una vez en Órzola, las dudas. Una extraña sensación de estar en tierra firme y el deseo de visitar los Jameos del Agua y la Cueva de las Verdes que todavía no se había disipado. Tomamos la decisión de hacer autoestop para llegar a Arrieta antes del mediodía. Un punto que estimamos interesante por algunas indicaciones que nos habían dado y que habíamos leído en una pequeña guía local. - ¡En realidad Arrieta no es tan interesante como punta Mujeres! Nos confesó la chica joven que había parado en la cuneta y que se había mostrado desde el principio extrañada de nuestro destino. Nos propuso otro, al mismo tiempo que nos prometía, agua cristalina y casas blanca flotando al borde del mar. La promesa resultó tentadora y finalmente aterrizamos en Punta Mujeres.

que fue quizás el mejor de los descubrimientos del viaje en el que como siempre intentamos dejar un par de días para la improvisación. Quizás con la falsa creencia de que aquello de lo que no tenemos información previa no es capaz de llenarnos de prejuicios y de ilusiones, y que por tanto, es pura sorpresa que fluye. Para bien o para mal, exije aprender a mirar y no olvidarse de sentirlo todo. Después de esto, no puedo imaginar haber pasado aquella mañana intentando encontrar un lugar seguro para la mochila entre el parquing de los Jameos del Agua. Un helado a la sombra del faro de Arrieta era el último recuerdo del Lanzarote que habíamos venido a buscar. El de las sonrisas de la gente, el de la rica gastro-

Las “bañeras” son pequeños entrantes entre las casas de una costa recortada donde Punta Mujeres se vierte al mar

Aquí, las que llaman "bañeras" son pequeños entrantes entre las casas de una costa recortada donde parece que el pueblo ha decidido verterse al mar. Una vez más, el agua fría nos hacía recordar el Atlántico y el fondo marino verde reflejaba sobre el blanco inmaculado de las fachadas la luz del mediodía. Olas brillantes que jugaban con el paisaje emocional de aquel penúltimo día. Punta Mujeres no sólo resultó sugerente por el nombre, sino

nomía y esforzada agricultura, el de la nada más absoluta de los conos volcánicos y de las coladas de lava. Y sobre todo, la oportunidad única de caminar por un nuevo mundo, quizás el suelo más reciente que jamás hayas pisado. No puedes perdértelo. *

Izquierda: El mar en Punta Mujeres Derecha: Casa Leon en Teguise Fotografía grande: Teguise

Un helado a la sombra del faro de Arrieta era el último recuerdo del Lanzarote que habíamos venido a buscar. El de las sonrisas de la gente, el de la rica gastronomía y esforzada agricultura


FOTOSconLETRA photography “Gente comprometida con lo que hace”

Víctor Barro, fotoreportero freelance victor.barro@fotosconletra.com T.+35-659655734 Web site: www.fotosconletra.com

Blog: fotosconletra.blogspot.com

Parapentista en lo alto del Risco de Famara En portada: Caminando la ruta costera por el parque nacional del Timanfaya

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