Page 1

Fundaci贸n Orquesta Sinf贸nica de Bogot谩 Presenta:

Memorias


Viajar para llevar música, viajar con un propósito diferente al turista que con cámara en mano, toma los mejores momentos, maravillosos paisajes, las cosas que le parecen extrañas o curiosas del entorno que visita, que graba en su memoria, sabores desconocidos, calles y lugares nunca vistos, a hombres y mujeres que se le antojan iguales pero en los cuales percibe la distancia marcada por la raza, cultura y lengua, es en definitiva una experiencia diferente. El turista se lleva más de lo que deja, porque tiene un universo nuevo del que tomarlo todo hasta donde puede, mientras él en sí mismo es una limitada muestra de un conjunto de saberes y formas de expresión que no le acompañan. Pero llegar como músico que carga entre sus partituras obras que representan una tradición y desarrollos musicales del lugar de donde proviene, lo convierten en una especie de viajero diferente. Es uno que carga en su maleta una cantidad de experiencias representadas en sensaciones sonoras, que abren ante el público una ventana de maneras desconocidas de comprender el mundo. Ritmos inesperados, palabras que no entienden, melodías y armonías moldeadas de formas que no reconocen, son valiosos elementos en los que encuentran las mismas emociones que los


acompañan en la cotidianidad de sus vidas pero empacadas y adornadas en formas que no imaginaban. Ese era el tipo de viajeros en el que deseábamos convertirnos al mometo de crear la Serenata Colombiana al interior de la Fundación Orquesta Sinfónica de Bogotá (FOSBO) en conjunto con la Dirección Nacional de Divulgación de la Universidad Nacional de Colombia. Un proyecto que desde el principio tiene la intensión y la ilusión de poder mostrar en diferentes partes del mundo la riqueza, profundidad y singularidades de la música colombiana, tanto en su vasta y diversa tradición folclórica musical, como en su creciente y cada vez más desarrollada línea académica. Además queríamos y queremos contribuir al cambio de imagen del país en el exterior, ya que nos preocupa de manera constante el mal imaginario que generaliza e identifica a la nación en otras partes del mundo. Con estas ideas en presentes, durante un año de investigación y preparación estuvimos seleccionando un repertorio que pudiera dar cuenta cabal de la música que se ha hecho y se está realizando en Colombia. Buscamos al interior de nuestra orquesta los músicos con la mejor disposición y preparación para llevar a cabo tan compleja tarea, invitamos


a destacados solistas como la maestra soprano Beatriz Mora y el percusionista Mario Sarmiento, y dimos inicio a un periodo de ensayos y conciertos que culminaron con la primera gira internacional organizada por FOSBO. Pensamos en Europa como el escenario ideal para iniciar el proyecto, en especial dos países con una fuerte y arraigada tradición musical: de aquella música que se estudia en los conservatorios. Tanto en Polonia como en Alemania, el peso y fuerza aportados a lo largo de los siglos por compositores como Chopin, Beethoven, Moniuszko, Bach, Handel, Szymanowski, entre muchos más, junto a grandes intérpretes desde el renacimiento hasta nuestros días, nos mostraban estas naciones como escenarios en los cuales tendría cabida llevar música diferente, nueva y con elementos que podrían llamar la atención de los organizadores de los festivales. ¡Sin siquiera escuchar a quienes estábamos proponiendo! Incluso, al principio deseaban que sólo se incluyeran obras del repertorio folklórico, obviamente por razones alusivas al elemento exótico. Pero, dada la misión y visión de la agrupación, insistimos en la presentación del repertorio que se describe a continuación: De B. E. Atehortúa, “Divertimento a la Mozart” Op. 43, que desde la perspectiva del siglo XX de uno de los compositores más importantes de la historia de Colombia, toma como referencia la forma y estilo del período “clásico” europeo en una interesante aproximación imitativa y crítica a la vez de uno de los íconos de la música europea. “Estático y Movimiento” de Germán Borda presenta un universo sonoro sumamente amplio en registros y colores que, alejado de las bases de la tonalidad, genera una representación moderna y expresiva de dos estados anímicos contrastantes, cautivando por su riqueza tímbrica y al mismo tiempo por su claridad en el desarrollo de la narrativa de su discurso musical. Posteriormente continuamos con el “Concierto para Timbales y Orquesta de Cuerdas” de B.E. Atehortúa, en el que el solista descubre y desarrolla una capacidad expresiva rara vez contemplada en este instrumento, acompañado por un diálogo constante con la orquesta de cuerdas, donde las variaciones de temas dentro de estructuras formales generan una obra que en su conjunto sorprende y deleita a quien la escucha.


De las bases rítmico melódicas del ragtime y otros géneros musicales presentadas en desarrollos sumamente complejos y virtuosos, se interpretó de Gustavo Parra “Sai na ham” para orquesta de cuerdas. Una obra que aparenta un falso sentido de tonalidad combinado con estructuras rítmicas que parecen ser evidentes pero que generan una constante tensión entre los patrones reconocidos de los géneros y la intención del compositor de deformarlos. Para presentar parte de nuestra idiosincrasia cultural basada en el mestizaje, dimos lugar a uno de los ritmos principales de la variedad musical colombiana desde la perspectiva del siglo XX con “Pasillo y Rondo Elegíaco” de G. Betancourt, obra que de forma inmediata y transparente dejó entrever elementos característicos del género en un constante contrapunto entre el lenguaje moderno y una estructura que refleja la tradición. Posteriormente, con la participación de la cantante solista, dimos lugar a compositores y obras sumamente posicionadas en la tradición folclórica colombiana como lo son J. J. Briceño con las canciones “La Molienda” y “Volver”; J. A. Morales “Tiplecito Viejo” (arreglos de Conrado Marrugo); para la parte final del concierto “La Gata Golosa” de Fulgencio García (arreglo de Alejandro Tobar), una versión especial de “San Pedro en el Espinal” de Milciades Garavito (arreglo de Andrés Montero) y cerramos con “Colombia Tierra Querida” de Lucho Bermúdez (arreglo de Conrado Marrugo). A medida que avanzaba el proceso de preparación, se perfilaron dos magníficos escenarios: el Festival para Música y Teatro de Bad Gandersheim, en Alemania, y el Festival Noches en el Arsenal en Wroclaw, Polonia. Para ambos casos, la propuesta de llevar música colombiana resultó muy atractiva, pero a medida que se fueron ajustando los detalles de la gira, los organizadores del Festival en Alemania generaron una nueva propuesta con un reto muy especial: Adicional a obras del programa que veníamos preparando, deseaban hacer una serie de conciertos con la Sinfonía “Júpiter”, el “Exultate Jubilate” y la “Misa de Coronación” de Wolfgang Amadeus Mozart. Hasta ahí, el reto parecía interesante en el sentido que generaba la oportunidad de preparar un repertorio contrastante con nuestra propuesta original, adicional a tener la gran posibilidad de interpretar Mozart en Ale-


mania, lo que lo convertía en un algo muy importante. Era tocar música de uno de los compositores más complejos de interpretar desde el punto de vista del estilo, en un país que lo reconoce como parte de su acervo musical. Sin embargo, el correo de invitación traía en líneas especificaciones muy interesantes: nos pedían cambiar la afinación de los instrumentos a LA 430 Hz, tocar específicamente con partituras de la editorial Bärenreiter, y anunciaron la participación de instrumentos de viento diseñados según los estándares del siglo XVIII. Esto significaba, que las obras del repertorio colombiano que fuéramos a tocar en ese programa también tendrían que ir en dicha afinación, lo cual veíamos difícil mas no imposible. Pensamos que sería tan sencillo como tocar todo un poco más bajo de lo normal y aceptamos el reto sin saber a qué nos estábamos enfrentando. Pero a tan solo dos semanas de prender rumbo a tierras germanas experimentamos la importancia de dominar más de un idioma y la dificultad de mantener una comunicación clara en lengua extranjera, al darnos cuenta de que el reto aceptado se anunciaba ligeramente diferente en alemán en la página web del festival. Se trataba de un proyecto en el que se estudiaría y trabajaría el estilo de Mozart desde el punto de vista de la interpretación musical histórica. ¿Qué significaba eso? En el mundo de la música académica en Colombia, los programas de los conservatorios basan la enseñanza de la ejecución instrumental en los avances técnicos que se implementaron en los instrumentos principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En el caso de los instrumentos de cuerda, la longitud de los diapasones es más largó, el arco viene con la curva hacia abajo y las cuerdas de metal. En el caso de los instrumentos de cuerdas frotadas del siglo XVIII, el diapasón era más corto, la curva del arco tenía una tendencia de estar marcada hacia arriba y las cuerdas eran de tripa. Eso significa que, desde el punto de vista físico de la ejecución de instrumentos, las cosas se hacían de otra forma en la época de Mozart a como las hacemos hoy; es decir, se tocaba y sonaba diferente. Además, hoy en día la afinación de referencia del LA está basada en un rango que varía entre los 440hz hasta los 444 Hz, lo cual contribuye -junto a otros factores de construcción- a un carácter de color más brillante en los sonidos de los instrumentos modernos de cuerda frente a la opacidad característica de los instrumentos de periodos anteriores del


siglo XIX. A eso se suma, que la mayoría de músicos se acostumbra al tipo de afinación que se genera en este tipo de frecuencia referencial. Así que podrán imaginar cuál era el nivel de sorpresa, nervios y extrañeza en los primeros ensayos... Debíamos asumir que el instrumento cambiaba su centro de afinación unos cuantos Hertz hacia abajo, distorsionando por un buen rato el centro que cada uno lleva por dentro. ¡Era como si jamás en la vida hubiéramos tocado juntos! ¡No teníamos certeza de las relaciones precisas en los intervalos! En lo único que estábamos de acuerdo era que los instrumentos sonaban raro, que estos habían perdido potencia en la proyección al tener que reducir la tensión de las cuerdas, que estábamos desafinados, y que paralelamente debíamos seguir trabajando el repertorio colombiano en la frecuencia moderna. Pero la mayor presión provenía de dos palabras conocidas pero nuevas: interpretación histórica. Éramos tan solo un grupo de jóvenes con impulso, sin experiencia previa de cómo se hacía algo así, sin siquiera tener idea de cómo se tocaba o cómo llegaría a sonar. Teníamos mucha curiosidad por saber cómo se mezclarían instrumentos modernos en afinación antigua interpretados por músicos entrenados con técnicas modernas, con instrumentos de la época interpretados por músicos especialistas en la materia. Pero no había mucho tiempo para resolver tantos inconvenientes, habíamos aceptado el reto y ya no había vuelta atrás. Sabíamos que cuando estuviéramos en Bad Gandersheim, tendríamos que adaptarnos muy rápido. Durante la etapa final de preparación que duró unas tres semanas, la intensidad y cantidad de los ensayos aumentó de forma importante, así como el nivel de ansiedad y expectativas por el viaje, tanto del punto de vista artístico como logístico. Así, desde una perspectiva general, el viaje constó de la realización de cuatro conciertos en 10 días, con dos programas distintos, como se mencionó anteriormente. Desde la llegada a Alemania, la organización y fuerza industrial del país dejó una fuerte impresión en varios de los miembros de la agrupación. Elementos tan simples como la puntualidad y la practicidad en el funcionamiento de las cosas, eran signos inequívocos de un nivel de desarrollo que inmediatamente anhelamos fuera posible en nuestro país. Todo el trayecto, desde la ciudad de Frankfurt hasta la ciudad de Bad Gandersheim, lo realizamos en tren – una evidente ventaja que tiene este tipo de sistema de transporte cuando funciona al nivel de perfección y


sincronización como lo tienen en el país teutón. Bad Gandersheim es un importante centro histórico reconocido por tener una de las catedrales más antiguas de Europa, con más de mil años de antigüedad, construida en estilo románico. Hace parte de un conjunto de pueblos destinados históricamente al descanso y recuperación física y mental, en especial de las personas de tercera edad, y de suma importancia en un país cuyas tasas de longevidad son las más altas de Europa, con una población de adultos mayores que viene en aumento en las últimas décadas. Es una ciudad marcada por la presencia de la iglesia luterana y católica, siendo que los respectivos centros de adoración más importantes se encuentran uno frente al otro en una distancia no mayor a 200 metros. La catedral, que es el punto que concentra la mayor parte de actividades del festival, pertenece en la actualidad a la iglesia luterana. Una construcción de piedra maciza, oscura y fría, pero de una belleza que el paso de los años ha cincelado, junto con el misticismo propio que la vida religiosa ha impregnado en todos estos siglos... Y la acústica, mágica, antigua. Pronto cederíamos a su encanto. Algunos miembros de la Serenata Colombiana pudimos ver la realización de un servicio religioso luterano en la catedral acompañado de uno de los órganos más impresionantes que hayamos visto en vida y por un increíble intérprete que, basado en melodías escritas por Martín Lutero, realizaba improvisaciones de fugas en múltiples voces que solamente nos hacían pasar por la mente un nombre: J. S. Bach. Se trataba del organista Martín Heubach, director musical del Festival de Música y Teatro de la Ciudad de Bad Gandersheim, y quien sería el encargado de dirigir la orquesta en el montaje del programa Mozart. Un hombre alto, delgado, en la línea de los 50 años, siempre pensativo pero sonriente, especialista en interpretación histórica, música antigua y música vocal religiosa, era la persona ideal para hablar de mística en la música. Durante los ensayos de preparación, el énfasis estaba literalmente en la mística del momento del nacimiento y muerte de cada nota. Era su fascinación escuchar ya fuera en la sala de ensayos o la catedral el momento en que continuaba una pausa, escuchar el último instante sonoro de la última nota que la antecedía y esperar su lenta disolución. No podía ser cualquier tipo de disolución, y pronto empezamos a entender y comprometer todos nuestros sentidos en la búsqueda de ese sagrado grial de la música. De forma paulatina, elementos como pasar el arco


con ligereza, la dirección de las notas largas, la ausencia de vibrato, e incluso la afinación en LA-430 Hz, empezaron a ser elementos con los cuales buscábamos la mística y encanto del mundo interpretativo del tiempo de Mozart, y a medida que nos apropiábamos de ellos el resultado empezó a ser encantador; más aún cuando nos juntamos con los músicos de vientos. Oboes, flautas, fagotes, cornos y trompetas naturales, timbales antiguos, dieron a luz un universo sonoro, como haciendo arqueología musical con los oídos. En ese instante, todo fue mucho más claro. Los metales de esa época tienen un sonido mucho más cálido, seco y no tan poderoso como los instrumentos desarrollados en el periodo romántico, y requieren de un entrenamiento especial para su ejecución. Las maderas, sin el sofisticado sistema de llaves de los instrumentos modernos, generaban un sonido no incisivo, amable y propio para el reducido tamaño de las orquestas de aquellos tiempos. En realidad, fue un viaje en el tiempo, donde teníamos que tratar de pensar como músicos del siglo XVIII al punto que algunos llegamos a pensar que el mundo, al menos el musical, pudo y debió haberse quedado en ese punto. En algún momento, nos dio la sensación que el romanticismo era vulgar, por lo evidente de sus intenciones y métodos, y que tocar Mozart a la antigua con tan pocos elementos generaba una atmósfera tan especial... Era verdadera mística. Durante nuestros conciertos que fueron la inauguración del Festival, estuvieron presentes entre otras personalidades los ministros de turismo y de medio ambiente de Alemania. La catedral estuvo completamente llena y nos llamó poderosamente la atención la cantidad de personas mayores entre el público. Nunca habíamos visto tantos adultos de tercera edad que se vieran saludables y vitales. Durante nuestra estancia en la ciudad nos daríamos cuenta que gran parte de la vida activa económica de la ciudad la mantenían personas mayores de 75 años. Bien sea por necesidad social o histórica, el valor cultural y económico de las personas mayores en Alemania es un ejemplo a tener en cuenta. Si tiene la oportunidad de ir a una discoteca en Bad Gandersheim, sabrá que la diversión sólo se acaba en el momento del último suspiro. En todos los conciertos, el público fue muy efusivo con las muestras de aprecio por el trabajo que realizamos. La Sinfonía Júpiter fue realmente excitante, en especial el cuarto movimiento. El Exultate Jubilate, en la


voz de la soprano Magdalene Harer, fue una experiencia literalmente celestial. La pureza del timbre de voz, el manejo discreto y apropiado del vibrato, la conducción estilística de las notas y la facilidad técnico musical de su ejecución dejo en cada uno de los miembros de la Serenata y el público una impresión imborrable. La Misa de Coronación, cantada en alemán por alemanes en el estilo, fue otra de las experiencias fuertes dentro de los conciertos que realizamos, sobre todo la relación y vínculos que, aunque fuera pasajero, se establecieron entre el coro y la orquesta. Mutuamente, todos éramos curiosidades recíprocas. Uno de los aspectos más importante de los conciertos es que para la conclusión de los mismos interpretamos algunas obras del repertorio que teníamos del programa de música colombiana: El Divertimento para orquesta de cuerdas, San Pedro en el Espinal, y Colombia Tierra Querida. Tanto para el público como para los músicos alemanes y polacos que nos acompañaban fue una impresión muy fuerte escuchar por primera vez en una catedral tan antigua, en un recinto sagrado, el sonar de la tambora en improvisación del maestro Mario Sarmiento para dar paso al bambuco y la cumbia en los que la Maestra Beatriz Mora en traje típico colombiano bailo y canto, en el estilo y maneras colombianas, y lo mejor de todo en LA 430 Hz. No me equivoco al decir que era la primera vez en la vida que una gran mayoría de asistentes escuchaban los ritmos, armonías y formas del folklor colombiano. Como viajeros, les habíamos abierto una ventana a una dimensión cultural que les fascinó y les género curiosidad. Cuando estuvimos en el periodo de ensayos del festival en Alemania, se unió al grupo de violines un extraordinario instrumentista polaco, Kzrystof Buszczyck. La facilidad y dominio que tenía del instrumento eran evidentes, en especial cuando nos levantábamos a calentar. Mientras nuestras sesiones de calentamiento eran largos periodos de notas largas y escalas, las de Kzrystof empezaban por notas largas, escalas y después un pequeño recorrido por las más complejas obras del repertorio violinístico: desde caprichos de Paganini hasta los grandes conciertos de violín. Al principio, la relación con los miembros de la Serenata era distante, sobre todo donde la espontaneidad de los miembros del grupo y la personalidad del carácter latino contrastaba con la seriedad e introspección que le caracterizaban. Sin embargo, con el paso de los días en medio de los ensayos, los intermedios, el violinista tímido y distante se transformó en “el Mono”, un polaco que toco con el corazón las obras colombianas,


que el coro de Colombia Tierra Querida lo gritaba con más fuerza que todos nosotros, que nos terminó llamando “sus locos” y el cual nos confesó en algún momento: “ he concursado, tocado con muchas orquestas en Europa, participado en numerosos festivales... Pero es la primera vez que viendo la espontaneidad, energía y corazón con la que ustedes se aproximan a la música, es que volví a recordar que tocamos es para divertirnos y para disfrutarla, y eso es lo que el público quiere... Hay cosas para seguir trabajando, pero donde las puedan resolver, no saben lo que pueden lograr...” Nos despedimos de los viejos del pueblo, de cerca de dos mil asistentes, de un grupo de músicos extraordinarios, una soprano que nos recordó que el cielo existe es en la música, unos solistas maravillosos, un director musical que nos hizo sentir una perspectiva mística en la música, y una catedral que con su imponencia y majestuosidad no sólo dominaba el paisaje del pueblo sino también el paso del tiempo. Durante el viaje hacia Polonia, teníamos presente que debíamos cambiar la mentalidad sobre el repertorio y la forma de tocar. Había que dejar el estilo y las maneras propias del siglo XVIII para tener que asumir una actitud y carácter propios de la estética sorpresiva, extremadamente diversa y expresiva del siglo XX. Una parte importante de las obras eran atonales, lo cual implica que la afinación debe ser casi absoluta, pues no existe el pequeño margen de ambigüedad que brinda el sistema tonal. Teníamos sólo dos días para entrar de lleno a nuestro tiempo. Wroclaw es una de las ciudades con contenido histórico más dinámico e interesante de Europa. En un breve resumen, es una ciudad que inició con asentamientos polacos en la región de la Silesia, paso por la invasión de los mongoles, la colonización germana, la invasión prusa y finalmente la anexión a Polonia. El centro histórico de la ciudad está atravesado por canales que rodean islas conectadas por puentes, siendo la isla principal una pequeña ciudadela de iglesias, catedrales y monasterios. Una especie de ciudad celestial. El Festival Noches en el Arsenal es uno de los festivales más importantes de música cámara en Polonia. Ganadores de concursos, premios internacionales y músicos de reconocida trayectoria internacional hacen parte de su programación anual. Una de las franjas de programación más importantes que tiene el festival se llama Noche de las Naciones,


en la que agrupaciones representativas de diferentes partes del mundo llevan una muestra del repertorio propio de su país de origen. Noches búlgara, finlandesa, alemana, estadounidense, entre muchas más, han hecho parte de 16 años de existencia del festival, que por primera vez en su historia contó con una noche de música de un país latinoamericano: La Noche Colombiana. El arsenal de armas de la ciudad antigua es el escenario donde tienen lugar los conciertos. Es un recinto al aire libre, con una acústica fantástica que permite desde cualquier punto del amplio recinto escuchar sin ayuda de amplificación alguna todos los contrastes dinámicos y detalles de la ejecución musical. Como en todo evento que se realiza al aire libre, la amenaza de mal clima generaba la posibilidad de que no podría realizarse el concierto y, por asuntos de orden logístico, solamente había una fecha y una oportunidad. Al acercarse la noche, el cielo se despejo y de forma paulatina llegó un público expectante (entre el cual contamos con el acompañamiento de la señora embajadora de Colombia en Polonia, la Dra. Victoria Gonzales Ariza) que llenó el recinto para escuchar una noche de música colombiana. Fue una velada maravillosa. Desde el mismo instante en que los músicos de la Serenata Colombiana dieron la venia junto a su director musical el maestro Zbigniew Zajac, inició un paseo musical en el que los constantes cambios de estilo y lenguaje entre las obras de compositores de la línea académica colombiana generaron una grata impresión en el público, en especial el Concierto para Timbales y Orquesta de cuerdas de Blas Emilio Atehortua en interpretación del maestro Mario Sarmiento. Otra de las obras que causo conmoción fue el “Sai na ham” de Gustavo Parra, con su energía motivica y complejidad rítmica. Era agradable ver la satisfacción de miembros de otras agrupaciones del festival al finalizar cada una de las obras, en especial porque entre músicos no sólo se valora la impresión musical, sino que se comprende la cantidad de esfuerzo, tiempo y dedicación inmersos en el resultado que se estaba mostrando. Sin embargo, cuando inició la segunda parte del programa con obras del repertorio folclórico, inundo el recinto una nueva energía de entusiasmo y alegría, con la calidez de canciones como “Volver” y “Tiplecito Viejo”, interpretadas por La Maestra Beatriz Mora, la gracia y picardía de “Atlántico” y “La Gata Golosa”, y la algarabía de “La Molienda”. El público deseaba más, y


como regaló especial para todos cerramos con un maravilloso “San Pedro en el Espinal” y una muy sentida “Colombia Tierra Querida” que el público acompaño con las palmas de sus manos. Una ovación de pie que impedía que la Serenata Colombiana dejara el recinto. Una parte fuerte de Colombia se había tomado el arsenal de armas de la ciudad, con la fuerza y poder que le brinda su música y su cultura. Cada aplauso, cada gesto de admiración o curiosidad, de aprobación o satisfacción, fueron la mejor retribución que pagó las interminables horas de ensayo, preparación musical, logística y administrativa, cada momento de sufrimiento e incertidumbre en cuanto a si se conseguían los recursos para la gira, si la orquesta estaría preparada, los roces al interior del grupo, los sustos, los accidentes, las horas de espera en aeropuertos, estaciones de buses y tren, el susto en medio del vuelo… en cada rostro y sonrisa de quienes aplaudían, vimos el reflejo de la satisfacción que dejan el sacrificio, la persistencia y la determinación. Todo ello por la intención de llevar música colombiana, de esa que muchos colombianos conocen, de esa que otros tantos jamás sabrán que existió, de esa que les gusta a todos, de esa que solo un profesor de composición conoce, esa que en la esquina superior izquierda de la partitura da testimonio de un Gustavo Parra, B. E. Atehortúa, un J. J. Briceño, G. Borda, J.A. Morales, Garavito, Fulgencio García... Una mezcla de folklor y academia, una muestra del patrimonio musical colombiano, de esa música que así se escriba en colombiano, hasta el más extranjero la siente entre los efectos vanguardistas de la cuerda y el llamado ancestral de la tambora. Es importante notar que este proyecto no hubiera podido realizarse sin la colaboración e interés de instituciones que se mencionan a continuación. Sin embargo, debemos reconocer que haber sido ganadores de la Beca de Circulación del Ministerio de Cultura fue la chispa que impulsó nuestro interés para lograr la realización del proyecto y buscar el apoyo de otras instituciones. Fue la aval de que nuestra idea de proyecto era valiosa, representativa de la cultura colombiana y tenía la aprobación de personas conocedoras y que han marcado la vida cultural del país. A partir del momento que supimos que habíamos sido merecedores de tal reconocimiento, sabíamos que no teníamos otra opción que realizar la gira.


Memorias Gira 2012  

Memorias de la Gira 2012 de la Orquesta de Cámara Serenata Colombiana

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you