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LOS SÍNTOMAS DE GAIA: LA CRISIS DE SU ESTADO DE SALUD. Acentuación de la Sequía, pérdida de biodiversidad, agotamiento de los caladeros; aumento en la intensidad de los huracanes; contaminación de nuestros ríos, mares y suelos; modificación de las zonas agrícolas; alteración de los ciclos florales y de migración de las aves, salinización de los mares, pérdida de superficie forestal. Se nos informan de estos fenómenos o alteraciones en los medios de comunicación como incidentes aislados. Pero, ¿son incidentes aislados? O ¿son las piezas de un puzle global más grande que puede contener el futuro de la humanidad? ¿Estamos insensibilizados frente a estos acontecimientos sobre la Tierra y la Humanidad?

En la historia global de nuestro hogar, el tiempo de la humanidad sobre él ha sido corto pero de poderosos cambios e influencias. El empeño de los seres humanos en asegurarse su propia supervivencia y calidad de vida ha revolucionado la industria, la ciencia, la alimentación y hasta la propia estructura social e incluso individual, generando hoy en día la mayor fragmentación de la sociedad que se ha conocido en nuestra historia. Los océanos y selvas tropicales (los cuales generan oxígeno, absorben dióxido de carbono, gobiernan el clima, meteorología y temperatura) están perdiendo su capacidad

de amortiguación de los cambios ambientales. El manto que nos cubre, protege y que hace posible la vida, se ha visto incrementada de emisiones contaminantes. Por cada camión lleno de transporte de productos, se han creado mucho más camiones de desperdicios. En los océanos se ha vertido desde mercurio hasta cientos de diferentes productos químicos que la naturaleza desconoce qué hacer con ellos sino es su permanencia en el medio o su incorporación en la cadena trófica. Los bosque están desapareciendo, los desiertos están creciendo, el hielo del mar ártico está derritiéndose, y la capa de hielo permanente está agrietándose, con la potencial liberación


de toneladas de metano, emigración masiva de personas hacia zonas hacia zonas más benignas y aumento de la situación de pobreza a nivel mundial, son algunos de los indicadores que amenazan el futuro benigno de la tierra y a los humanos. Pero ¿son permanentes estos cambios en la tierra? O son piezas de un rompecabezas, las cuales, si se conectasen, revelarían una historia más amplia que necesita contarse, tomando en cuenta quiénes somos y el estado de nuestra relación con el planeta, nuestro único hogar. En sí, estamos entrando en la nueva era medioambiental, en la cual debemos replantearnos nuestra relación respecto a nuestro hogar, la tierra.

Es una época en la cual se hace necesario el cuestionamiento de las ideas actuales y generar una reflexión y respuesta colectiva de la sociedad, partiendo de actitudes individuales si no queremos recibir una bofetada en forma de contaminación, hambruna y enfermedades. Debemos ser conscientes de la dificultad de la naturaleza para absorber nuestras alteraciones sobre ella, debiendo darnos cuenta del desorden que generamos y que el desequilibrio de Gaia conlleva el desequilibrio de la propia especie humana. La atomización social nos ha llevado a poner en peligro la propia calidad ambiental sobre la cual se han de desarrollar las generaciones futuras. Ante los grandes retos ambi-

entales del siglo XXI, es crucial reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y repensar la forma en la cual hacemos las cosas. Este repensar nos lleva a una revolución ecológica profunda que nos hará cuestionar nuestras prácticas habituales y nos ayudará a crear y aplicar hábitos alternativos en armonía con el equilibrio natural de nuestros entornos. En este proceso de cambio, la educación ambiental es clave para ser conscientes de las herramientas y habilidades que debemos desarrollar con el objeto de minimizar nuestro impacto ambiental. La situación descrita nos ha llevado a una triple crisis; debemos resolverla mediante el desarrollo de actitudes pro ambientales


• Crisis ambiental. Desde la afección ecosistémica, afectando a los ciclos biogeoquímicos, mantenimiento de la homeostasis de la biodiversidad, regulación climática, agotamiento del patrimonio terrestre, son solo algunos de los síntomas que están llevando a la tierra a la enfermedad y a perder su capacidad de regulación y amortiguación de los impactos ambientales ante los cuales se encuentra. • Crisis económica. La preferencia del crecimiento económico frente a la protección de la vida terrestre y el engranaje que lo sustenta, imposibilita el equilibrio natural bajo el cual deberíamos vivir, mercantilizando la naturaleza en función de los intereses económicos de las naciones y las instituciones, públicas o privadas. Esta situación conlleva al agotamiento de las reservas actuales sin pensar en las generaciones futuras, encontrándonos en un déficit ambiental intergeneracional. Esto se traduce, en la actualidad, a un agotamiento de los recursos naturales; la tierra no genera de manera eficiente los bienes necesarios para soportar a las generaciones venideras, tanto humanas como no humanas. • Crisis social. La humanidad, afincada en la actualidad en ciudades convertidas en un embudo de consumo de recursos y

generación de residuos, acompañado de una devaluación de los valores en pro del medio ambiente, así como la situación de pobreza a nivel mundial, más la situación de no acceso a derechos fundamentales al agua, a la alimentación, a una oportunidad en la vida, conlleva a una desestructuración de la misma humanidad. Esto ha desarrollado una situación social global generada, por una parte, por la incapacidad de nuestra generación actual para solventar los problemas acuciantes, ya sean de índole ambiental o social, así como una actitud de mantener un crecimiento económico en contra de toda razón lógica, siendo conscientes de los límites de nuestro planeta para seguir soportando tal situación; todo nos conduce a un vacío ético para permitir el cambio tan necesario en la generación actual. Esta crisis se traduce en la existencia de más de 1000 millones de personas sin una vivienda digna, 160 millones de niños con malnutrición grave o moderada o un 80 % de mujeres refugiadas, contraponiendo las cifras en gastos incongruentes: el gasto militar Mexicano, más de 4.000 millones de dólares, o el presupuesto desorbitado de los equipos de futbol, debe hacernos pensar en si estamos viviendo en un mundo justo y equitativo.


Esta triple crisis, confluyendo una sobre otra, y solucionándose cada una de ellas a partir de las otras, se generan en un espacio común de causa-efecto mutuo y teniendo ante nosotros la función de trabajar para la resolución de las mismas, así como la puesta en marcha de acciones concretas y efectivas. Palabras Claves: • Atomización. Postura generada en la sociedad actual que describe la situación de individualización frente a la colectividadl. En un sistema, cada ser vivo es una pieza del engranaje que permite autorregularse el sistema natural. La sociedad individual, el ser humano, ha salido de este engranaje, con lo cual se ha generado la desregulación ecosistémica. • Ecosistémica. Se refiere a ecosistema. • Gaia: Diosa mitológica Griega, representa a la madre tierra. • Revolución ecológica profunda: Paradigma dentro de la ecología, cuya concepción postula que solo a través del cambio, desde la profundidad del ser humano, siendo consciente de la necesidad de la transición hacia la sostenibilidad y cocrear un mundo más ecológico, se puede entrar de nuevo en equilibrio con la naturaleza.



Los síntomas de Gaia: la crisis de su estado de salud