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ANDREA ALBA ROMERO BITACORA PERSONAL INSTITUCION EDUCATIVA DISTRITAL PABLO SEXTO DE SOPO

AL COMIENZO DEL PROYECTO: El saber que tenía que hacer un proyecto en una comunidad me lleno de incertidumbre y duda, sin embargo me lleve de fortaleza para convertir esa duda en una emoción y un compromiso increíble. Es así como surge mi expectativa de aprender cómo se hace un proyecto de promoción de la salud y prevención de la enfermedad en una comunidad. Quiero aprender a trabajar en equipo con personas diferentes a mis amigos de la universidad, y más aun, quiero aprender a crear una empatía con los integrantes de la comunidad para la cual voy a trabajar. Además de generar una adecuada empatía con los estudiantes y docentes, quiero lograr cumplir con todas las metas y los objetivos que se han propuesto. Cuando llegamos por primera vez a la comunidad, sentí miedo de no poder lograr hacer el vínculo afectivo y laboral. De igual manera, tuve mucha duda sobre el interés que generaría nuestra intervención en un grupo de adolescentes, quienes solo piensan en el “hoy” y en “jugar” y poco les interesan las charlas de promoción y prevención. Sin embargo, ver la actitud inicial de los estudiantes hizo que mi imaginación viajara para crear actividades innovadoras e impactantes. AL FINAL DEL PROYECTO: A medida que fue pasando el tiempo, y fuimos haciendo las actividades con la comunidad, el miedo a no poder lograr mis metas fue pasando lentamente. Cada vez que terminaba una actividad y veía el impacto en los estudiantes, sentía que la razón por la cual vine a la comunidad se estaba volviendo realidad. La relación con los estudiantes se fue fortaleciendo, y poco a poco fueron entendiendo nuestra función como profesionales de la salud. No únicamente venimos a curar, sino que generar entornos saludables y a ayudar a formar mejores comunidades. El apoyo de la Fundación Génesis de Colombia fue crucial para todo el proyecto,


tuve la oportunidad de compartir con los psicólogos y con las directivas de la fundación y fue muy enriquecedor. Cada vez veíamos que los niños estabas más interesados en lo que veníamos a hacer, y que con cada actividad se iban creando nuevas incertidumbres de vida. Con lo anterior, considero que se llenaron todas las expectativas, y que se sobrepasaron. Pues fuimos a generar un cambio, y creo que ese cambio se logro. Pero además, creo que el intercambio con la comunidad logro que nosotros como profesionales también hayamos aprendido de ellos, y ahora seamos seres más integrales. Por último, volviendo a repetir que se lograron las expectativas, pienso que la única forma de seguir logrando y generando cambios es que se le dé una continuidad a la intervención, para que el cambio sea más amplio y pueda extrapolarse al resto de la comunidad. Es decir, que si continuamos con la misma metodología y con el mismo entusiasmo, estoy segura de que la comunidad va a reflejar un cambio radical, que en su manera genere entornos más saludables. En conclusión, creo que este tipo de proyectos son los que crean una mejoría en la salud pública del país, y que los niños y adolescentes son la base de la fuerza de una comunidad.


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