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GT200

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¿Prueba científica o fraude mundial?

esde sus tiempos muy lejanos la impartición de justicia ha recurrido a la construcción de pruebas para respaldar los fallos. En diversas épocas y lugares las pruebas, en especial las que hoy podríamos llamar periciales, no siempre han tenido un fundamento científico, por lo menos en lo términos generales de lo que hoy en día se entiende por ciencia. Baste recordar que en el mundo occidental, durante la Edad Media y todavía bien entrado el Renacimiento, el concepto del delito estaba ligado al pecado y el de la pena a la penitencia. A la par, la ordalía o Juicio de Dios, permitía determinar la verdad a partir de experimentos, que desde un punto de vista empírico no podríamos sino considerar místicos o mágicos. Sumergir en agua helada a las acusadas de brujería, rociar con agua bendita a los endemoniados, confrontar a la partes de un juicio con una fiera, son algunos ejemplos de ordalía. En los tiempos corrientes la ordalía ha quedado rebasada como factor de prueba, y se ha reemplazado con elementos de carácter científico. Así, el análisis de absorción atómica es un factor importante para probar que se ha disparado un arma de fuego, el cotejo de huellas digitales respalda la manipulación de objetos, la comparación de ADN fundamenta o refuta identidades y parentescos, etc. Sin embargo, entre más compleja y especializada es la medición de los elementos probatorios, más tiende el carácter a estar respaldado en la opinión de expertos y en última instancia, en el consenso que se logra en torno a una concepción. A manera de ejemplo, el común de la gente podemos comparar huellas digitales y con algo de práctica hacer evaluaciones más o menos certeras; pero no tenemos manera de comparar el ADN de dos muestras de tejido, por lo que debemos recurrir a un laboratorio que elabore un diagnóstico y la confiabilidad de tal análisis se basa en buena medida en el prestigio del laboratorio. Es decir, que se confía en su honestidad, imparcialidad y su proceder científico. Un caso polémico respecto a la confiabilidad científica de un factor de prueba es el de los detectores de explosivos y drogas, en especial el denominado GT200, fabricado por Global Technical Ltd, compañía con sede en el Reino Unido. De acuerdo con un reporte de la BBC, publicado en febrero de 2009 y visible en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=zBQEkXkSVd0) la compra de dicho aparato fue rechazada por el gobierno británico desde 2002, además prohibió su uso en Irak y Afganistán, en donde hay tropas británicas; pero su venta a otros países fue permitida y ha sido adquirido por fuerzas militares y policías en Afganistán, Tailandia, China y México, entre otros. En febrero de 2010 una nota en Mileno, publicada por Martín Bonfil Olivera, advertía del posible engaño que implicaba el uso del aparato (http://impreso.milenio.com/node/8721206). Sin embargo, en ese momento no hubo una polémica acorde con la magnitud del asunto. El 5 de agosto de 2011, mediante la recomendación la

Tiempo de Saber K Mtro. Jorge Antonio Alfaro Recomendación General No. 19, Comisión Nacional de Derechos Humanos, pidió a autoridades y fuerzas armadas “evitar el uso de este instrumento y similares, y a las ministeriales solicitar una orden de cateo, previamente su utilización”. (El Universal, http:// www.eluniversal.com.mx/primera/37908.html) De acuerdo con el diario El Universal, fue hasta 2010 que las autoridades británicas alertaron al gobierno mexicano sobre las incertidumbre del aparato, mismo que ha sido usado por las fuerzas armadas nacionales desde 2008 (http://mx.noticias.yahoo.com/lapesadilla-de-los-se%c3%b1alados-por-%e2%80%9cla-ouija-deldiablo%e2%80%9d.html). Un punto crítico respecto a la confianza en el aparato se manifestó hasta la publicación de la nota en El Universal, correspondiente al pasado 10 de octubre, en la que se narra cómo la Juez Decimocuarto de Distrito en Veracruz, Karla Macías Lovera, “recurrió a la sentencia del caso Daubert vs Merrell Dow Pharmaceuticals, Inc., dictada en 1993 en la Corte Suprema de Estados Unidos, que estableció lineamientos para admitir o rechazar `medios de pruebas científicas´ como evidencias en juicios. El juzgador estadounidense resolvió en aquel entonces que las pruebas de esta naturaleza sólo debían utilizarse como evidencia incriminatoria cuando eran avaladas por un amplio sector de la comunidad científica”. Además, solicitó al físico Luis Mochán, especialista en propiedades electromagnéticas de la UNAM, una evaluación del aparato, misma que le fue entregada señalando con el aval del presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, Arturo Menchaca, y en el cual se reprueba la confiabilidad del GT200. La jueza Karla Macías absolvió a Ernesto Cayetano Aguilar, policía municipal de Puerto Escondido, Oaxaca, quien fue detenido en reten militar en una carretera de Jaltipan, Veracruz, el 29 de enero de 2011. De acuerdo con la misma nota de El Universal, el fallo de la jueza (Sentencia Causa Penal 05/2011-IV.) Establece que: “el Ministerio Público no aportó un solo dato que permita dilucidar los fundamentos científicos del resultado de la prueba, según el cual Ernesto Cayetano Aguilar tenía restos de mariguana al momento de su detención”. Sin embargo, otras personas en el país están siendo procesadas luego de haber sido señaladas por el GT200. El 20 de octubre el Secretario de la Defensa, Guillermo Galván, explicó a los diputados de la Comisión de Defensa el funcionamiento del GT200 y a decir del presidente de la comisión, Rogelio Cerda Pérez, “Las fallas no son del aparato, sino de quienes lo usan y abusan de él, pero están sujetos al peso de la ley”. (El Norte Digital, http://nortedigital.mx/noticias/nacional/36678/). La falta de curiosidad y la ausencia de crítica, son bases para la flacidez en el rigor científico, actitudes que nos dejan en posición vulnerable y que desde un punto de vista jurídico, para la construcción de pruebas, son inadmisibles K

FORO JURÍDICO 15

FJ 98 Noviembre 2011  

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