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BILL BOYD después, finalmente dijimos: ‘Está bien: no son tres o cuatro trimestres. Esto no está mejorando’”. En 2013, Genting Group, una compañía de casinos con sede en Malasia, compró la propiedad Echelon por 350 mdd. “Fue muy decepcionante. Sería la joya de la corona de la compañía”, dice Boyd. “Por mucho que no quisiéramos detener la construcción, por mucho que no quisiéramos venderla, sabíamos que teníamos que hacerlo para sobrevivir”. Las cosas también eran sombrías en Atlantic City. Para 2013, más de una docena de estados, además de Nevada y Nueva Jersey, tenían juegos de azar al estilo casino, y los ingresos totales por juego en Atlantic City habían caído, desde un récord de 5,200 mdd en 2006, a menos de 3,000 mdd. Se estima que el número de visitantes foráneos que llega a Atlantic City cayó más de 20% en ese mismo periodo. El Borgata no era inmune. Desde 2006, sus ingresos han disminuido en casi un tercio, a aproximadamente 700 mdd. Boyd y Smith decidieron retirarse y entregaron su participación de 50% a MGM Resorts por 900 mdd en 2016. Con los planes de lujo desvanecidos, Boyd retomó lo que había hecho que su compañía fuera exitosa en primer lugar: los casinos baratos que sirven a los jugadores de apuestas bajas. En lugar de expandirse en Las Vegas, Boyd examinó todo Estados Unidos. Construir nuevos casinos requeriría un nivel de riesgo que ya no quería soportar; además, tenía a Smith a su lado enfatizando que las obras nuevas drenarían su flujo de efectivo apenas recuperado. Era mejor crecer a través de adquisiciones. En los últimos seis años, Boyd Gaming ha comprado 13 casinos, con un gasto de 2,900 mdd. Para concretar esos tratos, Smith estudió los números de las compras prospectivas y se dirigió a los casinos que tuvieran ingresos de 10 mdd

a 15 mdd en EBITDA [beneficio bruto] y finalmente avanzó a los más cercanos a 20 mdd, básicamente seleccionando lugares que dominaban su área local. “Si hay cinco competidores en el mercado, no queremos comprar el quinto [mejor] activo o el cuarto [mejor] activo”, dice. El pequeño imperio del juego ahora se extiende desde Pennsylvania (el

AL COMIENZO DE NUESTRA EXISTENCIA, MI PADRE Y YO TOMÁBAMOS RIESGOS, ERA NECESARIO Valley Forge Casino Resort) hasta Illinois (el Par-a-Dice), hasta Louisiana (Sam’s Town Shreveport). En octubre, Boyd Gaming completó su último acuerdo, una compra a Pinnacle Entertainment de cuatro casinos en Missouri, Indiana y Ohio por 575 mdd: “Han procedido con buen rigor financiero con respecto a lo que están haciendo”, dice David Katz, el analista de Jefferies. Wall Street es optimista sobre Boyd Gaming; la mayoría de los analistas sugieren comprar las acciones. Los observadores consideran que los casinos rurales son menos susceptibles a cambios amplios en el gasto del consumidor. Las Vegas, por otro lado, se mostró vulnerable durante la recesión de 2008: su economía se contrajo durante tres años consecutivos, un año más que el país en general. Boyd y Smith ahora se reúnen varias veces a la semana, frecuentemente en el piso de uno de los casinos de Las Vegas. Encuentran una mesa de naipes vacía y encienden cigarros, generalmente largos y gruesos tipo Churchill: “Ahí es donde revisamos todos nuestros negocios”, dice Boyd. A pesar de su avanzada edad, gran parte de la vida de Boyd no ha cambiado. Todavía maneja un sedán Mercedes que tiene las letras ECHELON en sus placas.

“Siempre pregunto: ‘papá, ¿por qué no las quitas?’”, cuenta su hija Marianne. “Él me responde: ‘Simplemente, me recuerda que no siempre sale todo perfecto’”. Boyd nunca ha vendido una acción de Boyd Gaming desde que se hizo pública, y vivió en la misma casa durante 40 años antes de haberse mudado recientemente a un lugar más cercano a las oficinas de Boyd Gaming. “He hecho que mis amigos pregunten ‘¿Es tu abuelo?’”, recuerda su nieto de 31 años, Sam Boyd Jr., un ejecutivo de recursos humanos en la compañía. “Esperan algo distinto, como alguien con un guardaespaldas”. Más arriba en la compañía hay dos Boyd más: Marianne y su hermano Willie. Ella es vicepresidenta, él es vicepresidente, y ambos son miembros de la directiva, junto con su padre. Esos tres Boyd controlan una parte considerable de las acciones de Boyd Gaming, aproximadamente 26% de la firma. Ni Marianne ni Willie visualizan un futuro en que algún Boyd no esté liderando el negocio. "Willie y yo, probablemente, haremos todo lo posible para mantener ese tipo de sentimiento familiar dentro de la compañía", dice Marianne. Y ellos tienen mucho de su papá. “Creo que realmente ayudaría mucho a la compañía si tuviéramos una propiedad en el Strip”, dice Marianne. “Porque la gente eso es lo que quiere hacer cuando está en estas ciudades más pequeñas y les gusta apostar. Quiere venir a la gran ciudad, y creo que le gustaría estar en el Strip”. Le es casi imposible quitarse esa idea de la cabeza. “Me encantaría tener una propiedad en el Strip un día”, repite ella. “Yo también lo haría”, la respalda Willie. Entonces, como si de repente recordara los afanes de su padre, ella agrega: “Sólo si el precio es correcto”. MARZO 2019

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