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BILL BOYD

A partir de la década de 1970, Bill Boyd construyó un imperio de casinos y se estableció como uno de los padrinos originales de Las Vegas. Y mientras la ciudad se transformó de un remanso en el desierto a una meca del juego de lujo, intentó reinventarse... y casi lo perdió todo. Ahora está retomando sus raíces de apostador modesto. POR ABRAM BROWN

TIM PARNELL PARA FORBES

P

asa por las mesas de blackjack, asintiendo con la cabeza a sus crupiers veteranos, y luego deambula por las máquinas de video-póker y las máquinas tragamonedas Buffalo Stampede. Al igual que todas las propiedades de Boyd, el California ofrece servicios a jugadores preocupados por su presupuesto, en su mayoría residentes locales y de clase media. Así, su estrategia se centra en tragamonedas y juegos con un límite bajo de apuesta. “El ambiente aquí es diferente”, dice Boyd. “Si estuviera en el Wynn”, el casino de lujo en el Strip, creado por su ex socio de negocios, el multimillonario Steve Wynn, “estaría ocupado explorando el lugar”. El California no es un lugar al que Diana Ross viene a jugar. O en donde puedes cenar un bistec de 100 dólares. Cerca de la entrada principal, Boyd, de 87 años, se detiene junto a una estatua de madera de koa, de casi dos metros, de un Buda sonriente y giratorio, un regalo de un grupo de clientes felices de hace varias décadas: “Eso es para la buena suerte”, dice frotando el vientre desgastado del Buda y completando un ritual ya conocido del California. Un poco de buena fortuna hace mucho en Las Vegas. También las decisiones sensatas cuando la suerte se acaba. Cuando Boyd hizo pública su compañía en 1993, era propietario de seis casinos altamente rentables, que generaban más de 430 mdd en ingresos. Todos encajan en el mismo molde que el del California. Eran lugares baratos para apostar. Durante los siguientes 15 años, el alza en el precio de las acciones convirtió a Boyd en multimillonario y lo animó a lanzar los dados para construir casinos de alto nivel: el Borgata, en Atlantic City, en 2003, y Echelon Place, en el Strip, tres años después. Estas iniciativas resultaron particularmente inoportunas. Tanto Atlantic City como Las

Vegas se habían convertido en mercados cada vez más saturados. Y entonces la Gran Recesión llegó. En 17 meses, las acciones de Boyd Gaming perdieron 94% de su valor, cayendo a casi tres dólares por acción en noviembre de 2008. Para evitar la bancarrota, Boyd se vio obligado a tomar una serie de decisiones humildes. Archivó los planes para los casinos de lujo y, en su lugar, se enfocó en la adquisición de locaciones de bajo costo en toda la América rural. Y dado que sus acciones habían metido a la compañía en este lío, razonó que tal vez podría usar algún consejo para salir de él. Teniendo eso en cuenta, promovió al presidente de la compañía, Keith Smith, a ceo, lo que le otorgó un socio por primera vez desde la muerte de su padre, el otro cofundador de Boyd Gaming, en 1993. “Al comienzo de nuestra existencia, mi padre y yo tomábamos riesgos, era necesario”, dice Boyd, un hombre de cabello blanco con un anillo de meñique dorado con diamantes incrustados. “Ya no necesitábamos eso. Necesitábamos a alguien que fuera más conservador que yo”. “El cambio más grande para la compañía en la última década es que se han vuelto bastante más disciplinados ”, dice David Katz, analista de Jefferies, un banco de inversiones. “No quiero decir que haya una ‘aversión al riesgo’, sino que se han vuelto un poco más ‘apropiados para el riesgo’”. Desde noviembre de 2008, las acciones de Boyd Gaming han aumentado más de 700%, casi el triple del aumento del S&P 500. El mismo Boyd vuelve a ser casi multimillonario (su valor neto estimado es de más de 700 mdd) y su compañía pasó de una pérdida de 223 mdd en 2008 a casi 200 mdd en ganancias el año pasado. Los ingresos se sitúan en 2,400 mdd. “Cuando llegó la Gran Recesión, fue muy difícil”, dice Smith. “Tomamos decisiones muy difíciles para cerrar proyectos, MARZO 2019

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