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“O corpo aberto”: Novas aportacións etnográficas José Ángel Rodríguez

ficar. Según la tradición, el trípode estaba emplazado sobre una excavación subterránea de la que salía un soplo o pneuma sobrenatural. [...] En definitiva, la intervención de agentes materiales capaces de provocar el delirio sigue siendo improbable. Más verosímil parece que la Pitia obedeciera a un fenómeno de sugestión espontánea, como cree R. Flacelière, o incluso a una sugestión a distancia inspirada por el profeta que asistía a la consulta. De todas formas, lo cierto es que este aspecto misterioso de la revelación délfica, cualquiera que fuese su naturaleza exacta, impresionó profundamente a los antiguos y contribuyó en gran parte al renombre del oráculo.

A pregunta que a continuación nos facemos é obvia, ¿que profetizan ou revelan exactamente estos funcionarios místicos? Interésanos a interpretación, en referencia aos poetas, que dá Salvador Mas Torres (1992: 2122): Y esta unión inseparable entre palabra y cosa es el presupuesto esencial para comprender la poesía de los primeros poetas griegos, para los cuales es impensable el engaño ontológico. Las palabras del poeta, en tanto que inspiradas por las Musas, dicen lo que es, y lo que es es lo que dice el poeta, pues éste sabe escuchar a las Musas, que nunca mienten: “Decidme ahora, Musas, que habitáis los olímpicos palacios / pues vosotras sois diosas y doquiera asistís sabéis todo; / (nosotros sólo oimos los rumores y no sabemos

nada con certeza) / quiénes fueron los capitanes de los dánaos, etc...”. Estos versos de la Ilíada (II, pp. 484 ss.) son interesantes porque reflejan con toda claridad la distinción entre dos planos. En primer lugar, aquel en el que están las Musas, que es el plano de lo que es; el plano de la misma cosa en su pregnancia ontológica. En segundo lugar, el plano en el que están los mortales, que es el plano de la inseguridad; no del error –como afirmarán posteriormente los filósofos-, sino del no saber distinguir entre el error y la verdad. En e s t e conexto dibujado por una duplicidad de planos la situación del poeta es paradójica, puesto que el poeta es mortal y, sin embargo, dice la verdad, la verdad de lo que es, esto es, el poeta dice la cosa: la palabra que dice el poeta está inseparablemente unida a la cosa que dice la palabra del poeta. Si esto es así, hay que concluir que lo que dice el poeta no lo dice en tanto que mortal, sino en tanto que participa (de un modo extraño, difícilmente comprensible) de la cosa que dicen las Musas. Y esta participación, como ya indicábamos, hay que entenderla en el sentido de que los poetas saben escuchar a las Musas que, en efecto, dicen lo que es: las Musas nunca caen en el engaño ontológico puesto que su palabra es la cosa misma. El poeta, pues, es un mediador entre los dioses y los mortales; es, como si dijéramos, una especie de intérprete que conoce dos idiomas: el que hablan los dioses y el que hablan los mortales. Y en tanto que

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habitado por un saber de inspiración puede traducir el primero al segundo. Esta necesidad de traducción quiere decir que el mensaje de las Musas aparece oculto y velado a los mortales. Las Musas dicen la cosa, pero la cosa está oculta y velada y la labor del poeta consiste precisamente en desvelar la cosa. De aquí que la verdad surja cuando el poeta la canta. Ahora bien, que la verdad surja cuando el poeta la canta, presupone que el poeta tiene voz para cantar la verdad. El verso 31 de la Teogonía (“Infundiéronme voz divina para celebrar el futuro y el pasado”) nos dice que el poeta debe su voz al “soplo” de las Musas, y el siguiente verso indica que el poeta, ya en posesión de la voz, recibe un encargo, a saber: “[...] alabar con himnos la estirpe de los felices Sempiternos”. Y esto último, el canto del poeta, es lo que perciben los mortales, los cuales nada saben de las Musas; se limitan a escuchar el canto del poeta. De esta forma, si se toma en consideración todo el conjunto, tendríamos un doble vínculo: entre las Musas y el poeta y entre el poeta y los mortales. Y así como el poeta sabe escuchar a las Musas, el mortal ha de escuchar al poeta, pues sólo de esta forma, a través del poeta, podrá establecer el vínculo con la divinidad. Pero condición de posibilidad de tal vínculo es la unidad indisoluble entre la palabra y la cosa: sólo es posible establecer el vínculo con la divinidad si el poeta dice la cosa, la cosa previamente dicha por las Musas y que posteriormente será escuchada por los mortales.

O núcleo do fenómeno e, polo tanto, a súa clave interpretativa está nesta “realidade” doada polos deuses e os espíritos ou, extrapolando, nesta “realidade” doada por intermediación do corpo aberto. Como, dende a nosa atalaia dun mundo “desencantado” ([10]), comprender as súas

Fol de Veleno

nº 1 2010

FOL DE VELENO. Revista de Etnografía e Historia de Galiza. Nº1. Ano 2010  

Publicación divulgativa sobre etnografía e historia de Galiza.

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