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distinto. Por un momento pienso que estamos en el paraíso. Un lago aparece al pie de una muralla rocosa que asciende abrupta 200, 300, tal vez 400 metros. Así la vemos desde el aire. Y abajo, abajo, se extiende un terreno boscoso, que a ratos nos

P R E FA C I O Ricardo Lagos Escobar

parece impenetrable. Seguimos hacia el sur y miramos de nuevo hacia el poniente para ver los lagos de agua prístina, azul; la tierra intocada invita a mirarla de cerca. El piloto me dice: “Mire abajo, allí están” y surge entonces un bosque de un verde distinto, más claro, más bello. Es otro verde y el piloto agrega: “Mire allí los cipresales de las Guaitecas”. Ahí está el ciprés de las Guaitecas, ese árbol más que centenario (los más longevos pueden superar los 700 años), impoluto, que emerge hacia el lado sur del volcán. Recuerdo a Luisa de la Fuente, mi suegra ya fallecida,

E

escultora, cuando en un viaje a Palena, se llevó un trozo de ciprés para “trabajarlo”

s un hermoso día soleado en el sur de Chile; el sol comienza a declinar

como decía ella. Estos recuerdos se interrumpen cuando aparece majestuosa la

y el avión biplaza despega. Volamos en demanda del volcán Corcovado.

bahía Tic Toc. Ahora en pleno verano hay un par de yates detenidos, inmóvi-

Aparece primero ante nosotros el volcán Chaitén, aquel que trajo tanta

les, como colocados por un paisajista para que se sepa que alguien de la especie

destrucción y donde hoy aún vemos su cráter abierto y humeante. A su alrededor

humana ha descubierto este paraíso.

la naturaleza devastada y un “bosque” plomizo de árboles secos, quemados por

Siguiendo aguas arriba del río Tic Toc, emerge el corazón del parque en

la lava, se yerguen todavía como testigos mudos de lo que allí ocurrió. Un poco

toda su profundidad e inmensidad, con nuevos lagos que se agrandan a medida

más allá, la Carretera Austral y una vista panorámica de la ciudad de Chaitén, tan

que nos acercamos y en donde a ratos uno tiene la sensación de estar mirando

dañada por la lava y las cenizas que descendieron por el río tras la erupción. Al fin

la tierra tal como fue al momento de su creación o mejor, tal como evolucionó

se avizora el volcán Corcovado, al otro lado de la bahía de Chaitén.

desde la creación. Pareciera que ningún ser humano ha tocado este paisaje. Y si

La nieve cubre buena parte de su cima, pero donde las abruptas pendientes de

es que lo ha hecho, no ha dejado huellas, ya que todo parece intacto. Mirar ese

la cumbre dan paso a una suave planicie, esta empieza a desaparecer. El avión vuela

territorio virgen me produce una profunda emoción y me pregunto: ¿de qué

tierra adentro y surge ante nosotros un paisaje excepcional, pues nos internamos

manera será posible preservarlo en tal condición, para que las futuras generacio-

mirando al Corcovado desde el este, no desde el mar. Y entonces aparece allí ante

nes puedan sentir esta misma emoción?

nuestros ojos un espectáculo increíble. A los pies del volcán, uno, dos, tres, cinco,

No alcanzo a responderme cuando la vista depara nuevas emociones. Allá, a la

seis lagos de varias formas y tamaños, con una diversidad de azules, cada uno

distancia, se ve un hermoso fiordo azul, que contrasta con el verde profundo del

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Ensayo en Libro Parque Nacional Corcovado  

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