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ÍNDICE: •

La industrialización en las sociedades europeas

Antecedentes - Las revoluciones y la demografía

Las nuevas tecnologías, las nuevas industrias, las nuevas fuentes de energía

La revolución en los transportes y el comercio

Las doctrinas económicas y el mundo de las finanzas

Los nuevos sistemas de organización empresarial

Los cambios sociales – nueva organización social

El desarrollo urbano – la ciudad industrial

La nueva conflictividad social (la lucha de clases) – asociaciones obreras, sindicalismo Las nuevas ideologías políticas – La Internacional obrera – La oposición al Estado La industrialización en España


1. Antecedentes - Las revoluciones y la demografía: La Revolución demográfica: Desde mediados del siglo XVIII, la población europea inició un proceso de crecimiento ininterrumpido que se conoce como revolución demográfica. Las causas de ese cambio demográfico fueron el aumento de la producción de alimentos y, también, aunque en menor medida, el progreso de la higiene y la medicina; Una mejor alimentación hizo a la población más resistente a las enfermedades, y de este modo las grandes pestes y epidemias fueron desapareciendo. Como consecuencia se produjo una disminución de la mortalidad y un mantenimiento, o ligero incremento, de le natalidad. La reducción de la mortalidad, sobre todo la infantil, hizo también posible un aumento de la esperanza de vida, que pasó de 38 años, a finales del siglo XVIII, al alcanzar los 50 años a finales del siglo XIX. El resultado fue un crecimiento de la población del continente, que pasó de 140 millones de habitantes en 1750, a 187 en 1800, y a 266 en 1850. Este ritmo de crecimiento fue aún mayor y más rápido en Gran Bretaña, país en donde primero se produjeron los avances agrícolas.


La Revolución agrícola: El incremento de la población provocó un aumento de la demanda de alimentos y un alza de los precios agrícolas, que estimuló a los propietarios a aumentar la producción y mejorar la productividad. Esto fue posible gracias a dos grandes transformaciones: ·La introducción de cambios en la estructura y propiedad de la tierra. desde mediados XVIII se aprobaron, primero en Gran Bretaña y después en continente Europeo, leyes que ponían fin al antiguo sistema señorial y comunal de propiedad de la tierra. La propiedad señorial se convirtió en propiedad privada, del tal modo que los propietarios podían vallar sus propiedades ( leyes de cercamiento ), realizar las transformaciones que desearan y expulsar a los campesinos. ·La aplicación de nuevos métodos y técnicas de cultivo. La innovación fundamental fue la supresión del barbecho y su sustitución por las plantas forrajeras ( sistema Norfolk ). Igualmente, se inició una progresiva mecanización de las tareas agrícolas ( segadoras, sembradoras, trilladoras, etc. ). Finalmente la introducción de nuevos cultivos ( maíz y patata ) y la expansión de la ganadería permitieron ofrecer a la población una dieta más rica y variada.


2. Las nuevas tecnologías, las nuevas industrias, las nuevas fuentes de energía: 2.1. Máquinas, vapor y fábricas: Un elemento básico de las transformaciones que originaron la industrialización fue la innovación tecnológica. Las máquinas al principio muy sencillas pero no eficaces, fueron sustituyendo al trabajo manual. Cada avance técnico implicaba un aumento de la productividad y una disminución de los costes, lo cual permitía vender más barato, aumentar la demanda y obtener mayores beneficios. Las primeras máquinas estaban accionadas por la fuerza humana y, posteriormente, por energía hidráulica. Pero la fuente de energía que revolucionó la producción fue el vapor. La máquina de vapor, inventada por James Watt en 1769, usaba en carbón como combustibles y permitió las sustitución de las energías tradicionales, convirtiéndose así en el símbolo de la revolución industrial. La mecanización y las nuevas fuentes de energía generalizaron el sistema fabril de producción, que consiste en la concentración de los obreros y las máquinas en grandes edificios, las fábricas. En ellas se establece, a diferencia del sistema artesanal la división del trabajo y cada obrero realiza tan solo una parte del proceso de producción.

2.2. La industria textil: En Gran Bretaña, el primer sector en mecanizarse fue la industria del algodón, primero en el hilado y después en el tejido. En el siglo XVIII existía un gran comercio de indianas, un tejido de algodón estampado procedente de la India. El gobierno británico prohibió su importación y con ello estimuló la producción de tejidos de algodón en el interior del país. Para poder fabricar más cantidad, empezaron a aplicarse una serie de innovaciones. Una de las primeras fue la lanzadera volante ( 1733 ), que aumentó la velocidad del proceso del tejido. Más adelante surgieron nuevas máquinas de hilar ( Water Frame, Jenny Mule... ) que incrementaron la producción de hilo. Finalmente, el telar mecánico ( 1785 ) completó el proceso de mecanización textil.

2.3. Carbón y hierro: la siderurgia: Otro sector pionero de la industrialización fue la siderurgia. Anteriormente se producía el hierro, pero en cantidades pequeñas porque los hornos funcionaban con carbón vegetal, de escaso poder calorífico. El invento que permitió una mayor producción de hierro fue la utilización, por Darby (1732), del carbón de coque, de gran potencia calorífica. Más tarde, Bessemer inventó un convertidor (1855) para transformar el hierro en acero. La demanda de hierro para útiles agrícolas, máquinas y ferrocarriles estimuló el surgimiento de nuevos procesos (eliminación de escorias, fabricación de láminas de hierro, etc.), que contribuyeron al desarrollo de este sector industrial.


3. La revolución en los transportes y el comercio: 3.1. La revolución de los transportes: Desde mediados del siglo XVIII, en Gran Bretaña, y en buena parte de Europa se produjo una mejora en las vías de comunicación tradicionales (caminos, navegación fluvial...). Pero el fenómeno realmente innovador fue la incorporación de la máquina de vapor al transporte terrestre y marítimo. En sus inicios, el ferrocarril se utilizaba en las minas para transportar el mineral en vagonetas que se movían sobre raíles de madera. la innovación que permitió ampliar sus aplicaciones fue un nuevo de raíles de hierro y unas ruedas con pestañas que impedían el descarrilamiento del ferrocarril. Pero el fenómeno realmente novedoso fue la invención, por Stephenson (1814), de la locomotora que accionaba el ferrocarril mediante una máquina de vapor. La primera línea de pasajeros se construyó en Inglaterra y unió las ciudades de Manchester y Liverpool (1830). En los decenios siguientes, la construcción de la red ferroviaria se extendió por Europa y constituyó un gran estímulo para el desarrollo de la siderurgia. El ferrocarril acortó la duración de los trayectos aumentó la seguridad de los viajes y abarató el transporte de mercancías. Posteriormente, la máquina de vapor se aplicó al transporte marítimo, y los barcos de vapor, construidos con hierro, sustituyeron a los de vela. Los primeros vapores comenzaron a funcionar en Estados Unidos hacia 1807, y en 1847 los barcos podían atravesar el océano Atlántico en 15 días.

3.2. El incremento del comercio: La revolución industrial dio paso a una economía de mercado, en la que se producía no solo para el autoconsumo si no también para la venta en mercados cada vez más amplios. Este cambio fue posible gracias al aumento de la producción, al crecimiento de la población y su mayor poder adquisitivo. La mejora de los sistemas de transporte permitió el aumento del comercio interior. De este modo, se ampliaron los mercados locales y paulatinamente se fue consolidando un mercado nacional en el que intercambio de productos entre diferentes regiones se convirtió en habitual. El comercio exterior también se incrementó de manera considerable a mediados del siglo XIX. Las teorías del librecambio sostenían que la libertad de comercio entre países fomentaría el crecimiento de la economía. Sin embrago, para defenderse de la supremacía británica, muchos estados que estaban iniciando su industrialización impusieron el proteccionismo, es decir, la defensa de la industria nacional mediante impuestos (aranceles) sobre las importaciones.


El ferrocarril: La capacidad de carga del ferrocarril y su velocidad lo popularizaron inmediatamente. Europa primero, y después el resto del mundo, se lanzaron a construir líneas férreas. El ferrocarril era una máquina de vapor en movimiento, la locomotora, que arrastraba vagones para pasajeros o mercancías. En la locomotora el agua de una caldera alimentaba con carbón producía vapor a presión que movía longitudinalmente un pistón alojado en un cilindro. Este movimiento se transformaba, mediante una biela, e giratorio y hacía mover las ruedas sobre los raíles.


4. Las doctrinas económicas y el mundo de las finanzas 4.1. Liberalismo y capitalismo: Una serie de pensadores británicas definieron, a finales del siglo XVIII, el liberalismo económico. Entre ellos destacó Adam Smith, que en su obra La riqueza de las naciones (1776) estableció los principios del liberalismo: · El interés personal y la búsqueda del máximo beneficio es el motor de la economía. · Los diversos intereses se equilibran en el mercado gracias al mecanismo de los precios que adapta la oferta a la demanda. · El estado debe abstenerse de intervenir en el funcionamiento de la economía y permitir el libre desarrollo de los intereses particulares.

Libre iniciativa: El interés individual es el promotor de todas las actividades económicas. Pero los mecanismos internos de la economía hacen que el interés individual acabe favorecido el interés general de la población.

Ley de la oferta y la demanda: Una producción excesiva hace bajar los precios y, por tanto, los beneficios; los empresarios reducen la producción para restablecer el equilibrio. Si la demanda supera a la oferta, los precios suben y eso estimula a los empresarios a producir más.

Ley de la competencia: La competencia entre los diversos empresarios incita a producir más barato. Esta por reducir los costes de producción es un constante estímulo para la mecanización y la renovación tecnológica.

4.2. Los bancos y las finanzas: la banca desempeñó un importante papel en el desarrollo del capitalismo al convertirse en intermediara entre los ahorradores, que entregaban su dinero en depósito, y los empresarios, que necesitaban capitales para invertir. De este modo, los bancos suministraron prestamos a las empresas, realizaron inversiones (compra de acciones) y facilitaron los pagos mediante cheques y letras de cambio. Pero las industrias exigían grandes aportaciones de dinero, que un solo empresario no podía proporcionar. Entonces adquirieron importancia las sociedades anónimas, en las cuales el capital es aportado por muchas personas. Este capital de divide en acciones y a cada contribuyente (accionistas) le corresponde un número determinado de acciones, según la cantidad de dinero que haya proporcionado. Estas acciones pueden ser vendidas por sus propietarios en la bolsa de valores y adquiridas por cualquier persona.

4.3. La expansión del capitalismo industrial: A principios del siglo XIX, la industrialización se extendió a Francia y Bélgica, con un mayor peso en la industria siderúrgica. Entre 1850 y 1870, Rusia, Alemania, Estados Unidos y Japón también se industrializaron. Su modelo presentaba una utilización masiva de tecnología, una gran concentración de empresas, un importante papel de los bancos y una mayor intervención del estado. En el Sur de Europa coexistieron regiones industrializadas y zonas esencialmente rurales.


La Europa Oriental se mantuvo prácticamente al margen de la industrialización hasta bien entrado el siglo XX.

5.Los nuevos sistemas de organización empresarial 5.1.Nuevas fuentes de energía y nuevas industrias: En esta etapa, la electricidad y el petróleo desbancaron el carbón como fuente de energía. La invención de la dinamo (1869) permitió conducir electricidad en centrales hidroeléctricas, mientras el alternador y el transformador (1897) hicieron posible el transporte hicieron posible el transporte de la corriente eléctrica. La electricidad tuvo múltiples aplicaciones en la industria (fuerza, motriz de las máquinas), en los transportes (ferrocarril, tranvía…), en los sistemas de comunicación a distancia (telégrafo, teléfono, radio…), en el ocio (fonógrafo, cinematógrafo…) y en la iluminación (casas y ciudades). El petróleo comenzó a extraerse en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. La invención del motor de explosión posibilitó su utilización como combustible para los automóviles (1885), un medio de transporte fundamental a partir del siglo XX. Además, la aplicación de un motor diesel a la navegación marítima permitió aumentar la rapidez y la capacidad de los barcos. Asimismo el petróleo fue un factor determinante en el desarrollo de la aviación. En el ámbito de la industria, la metalurgia adquirió un gran impulso debido a la producción de nuevos metales como el acero inoxidable y el aluminio. De este modo la industria del automóvil, con la invención de Henry Ford del coche utilitario, consiguió una gran expansión en Estados Unidos. La industria química logró un importante desarrollo en Alemania gracias a la fabricación de nuevos abonos, pesticidas, tintes, productos farmacéuticos y otros productos químicos (ácidos sulfúrico, sosa, dinamita, vulcanización del caucho, etc.) Finalmente, la producción en masa de acero y de cemento armado permitió la edificación de los primeros rascacielos.


5.2. Una nueva organización industrial: A finales del siglo XIX, la organización de la producción se orientó hacia la fabricación en serie como la mejor manera de de aumentar la productividad, disminuir el tiempo empleado y reducir los costes de fabricación. Este nuevo método de trabajo se conoce como taylorismo que consiste en la fabricación en cadena, es decir, la división del proceso de producción en tareas muy específicas utilizando máquinas de gran precisión. De este, modo cada obrero realiza una parte muy concreta del proceso, eliminando los movimientos inútiles y rentabilizando al máximo la mano de obra. Este sistema de producción nació en Estados Unidos, y la fábrica de automóviles Ford fue una de las primeras en implantarlo (fordismo). El resultado fue una producción estandarizada y también masiva de coches con unos costes menores, lo que permitió extender el consumo a sectores más amplios de la población. La mejora de los salarios para convertir a los obreros en consumidores fue un elemento imprescindible de la extensión del mercado. Las inversiones de capital que requerían las innovaciones tecnológicas y el deseo de restringir la competencia estimularon la concentración industrial. De este modo nacieron el cartel (acuerdos entre empresas), el trust (fusión de empresas), el holding(grupo financiero formador por empresas y bancos) y el monopolio(derecho exclusivo de una empresa a comercializar un producto).


6. Los cambios sociales – nueva organización social. 6.1. La burguesía: La burguesía se convirtió en la clase dirigente, ya que poseía las industrias y los negocios, pero no constituía un grupo homogéneo. Existía una gran burguesía integrada por banqueros, rentistas y propietarios de grandes fábricas. También había una mediana burguesía compuesta por profesionales liberales (abogados, médicos...), altos funcionarios y comerciantes. Por debajo, un elevado número de empleados, tenderos y artesanos formaban la pequeña burguesía, cuyas condiciones de vida apenas se diferenciaban del proletariado. Mezclada a veces con la antigua nobleza, la gran burguesía se convirtió en el centro de la vida social. Sus viviendas ricamente decoradas, su manera de vestir, sus actividades de ocio y sus valores (virtud del trabajo y el ahorro, triunfo individual...) se impusieron como el modelo social a imitar.


6.2. Los obreros: Los trabajadores de las fábricas y otros asalariados urbanos (mozos, personal del sector de servicios, empleados de pequeños talleres, etc.), así como los campesinos a jornal (jornaleros) formaban el proletariado. Constituían la mano de la obra necesaria en el nuevo sistema capitalista y eran el grupo más numeroso y desfavorecido de la sociedad. Al principio no existía ninguna legislación que fijase las condiciones laborales de los trabajadores. Por ello, los horarios, los salarios y las festividades eran establecidos arbitrariamente por los empresarios. En consecuencia, sus condiciones de vida y de trabajo resultaban muy duras: la jornada laboral duraba de 12 a 14 horas diarias y las remuneraciones eran insuficientes para mantener a una familia. Esta situación obligaba a trabajar a mujeres y niños, que percibían un sueldo inferior al de los hombres. Además, los talleres carecían de condiciones higiénicas y los barrios y viviendas obreros presentaban muchas deficiencias, lo cual incrementaba las enfermedades entre los trabajadores.


7. El desarrollo urbano – la ciudad industrial La ciudad industrial del siglo XIX: La sociedad industrial del siglo XIX tuvo su centro en las ciudades. La concentración de mano de obra para las fábricas, la proximidad a un mayor número de consumidores y la necesidad de agrupar los servicios, los transportes y los materiales básicos para la producción originaron el crecimiento de grandes núcleos industriales. Numerosos campesinos, a los que la mecanización de las tareas agrícolas y la concentración de la propiedad dejaron sin tierras y sin trabajo, acudieron a las ciudades en busca de un empleo en las fábricas. Con la concentración de industrias y la llegada de inmigrantes, las ciudades emplearon y modernizaron. Se derribaron las antiguas murallas y se trazaron calles y avenidas amplias. Además, el subsuelo se perforó para instalar el alcantarillado y las conducciones de agua y, posteriormente, de gas y electricidad. Asimismo, la ciudad industrial se dotó de nuevos medios de transporte como el ferrocarril y, más tarde, el tranvía, el metro y los automóviles. Se crearon zonas de comercio y oficinas, servicios públicos (hospitales, escuelas, correos…) y edificaciones destinadas al ocio (teatros, cafés, restaurantes…). Se construyeron nuevos barrios residenciales para las clases altas mientras que los obreros se instalaron en suburbios o en zonas del casco antiguo. En los primeros se levantaron nuevos edificios de varios pisos, con lujosas casas y espacios ajardinados. En cambio, los suburbios obreros no reunían las condiciones necesarias de salubridad e higiene. Las calles no estaban asfaltadas, carecían de alcantarillado, y las viviendas acogían a muchas personas en un espacio muy reducido. En estas condiciones las epidemias del tifus y de cólera se extendían con gran rapidez.


8. La nueva conflictividad social (la lucha de clases) – asociaciones obreras, sindicalismo Las primeras asociaciones obreras: En los inicios de la industrialización, la primera reacción de los trabajadores fue una oposición al maquinismo, por considerarlo responsable de los bajos salarios y del paro. Su protesta, en las primeras décadas del siglo XIX, se dirigió hacia la destrucción de máquinas y el incendio de fábricas. Paralelamente, algunos sectores de trabajadores empezaron a darse cuenta de que formaban parte de una misma clase social, con problemas comunes y objetivos propios (es lo que se conoce como conciencia de clase). Para defender sus intereses, crearon asociaciones de trabajadores que nacieron en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII. Su objetivo consistía en actuar como sociedades de resistencia para ayudar económicamente a sus miembros en caso de enfermedad o paro.

El sindicalismo: Al principio las sociedades obreras fueron legalizadas por los gobiernos liberales. Pero en 1825 se derogaron el Gran Bretaña las leyes que las prohibían y se fundaron los primeros sindicatos, que reunían a obreros de un mismo ramo. En 1834 se fundó la Great Trade Union, un sindicato que agrupaba a obreros de distintos oficios. El objetivo de los sindicatos era mejorar las condiciones de trabajo de los obreros. Sus primeras reivindicaciones fueron la defensa del derecho de asociación, la reducción de la jornada laboral, las mejoras salariales y la regulación del trabajo infantil.


9. Las nuevas ideologías políticas – La Internacional obrera – La oposición al Estado Marxismo y socialismo: A mediados del siglo XIX, Karl Marx estableció las bases del pensamiento marxista. En colaboración con Friedrich Engels, denunció la explotación de la clase trabajadora y defendió la revolución obrera para destruir el capitalismo. Con la revolución, el proletariado conquistaría el poder político y crearía un Estado obrero que socializaría la propiedad. El fin de la propiedad privada llevaría a la desaparición de las clases sociales y del Estado, para así poder alcanzar el ideal de sociedad comunista, es decir, la sociedad sin clases. A partir del último tercio del siglo XIX, los marxistas propusieron la creación de partidos obreros socialistas. Su objetivo era la realización de la revolución proletaria, pero defendían también la participación en las elecciones la entrada en los parlamentos nacionales para impulsar una legislación más favorable a los trabajadores.

El anarquismo: El anarquismo reunió a un conjunto de pensadores que compartían tres principios: la exaltación de la libertad individual y la solidaridad social, la crítica a la propiedad privada y la defensa de formas de propiedad colectiva, y el rechazo a la autoridad, principalmente del Estado. Defendían también la acción revolucionaria de los obreros y campesinos, mediante una huelga general que arruinase a la burguesía y destruyese el Estado, y la creación de una nueva sociedad colectivista e igualitaria. Los anarquistas se oponían a la participación en la vida política y a la organización de los trabajadores en partidos políticos. Un sector defendía la acción directa y violenta contra los pilares del capitalismo. Otro sector patrocinaba la creación de sindicatos revolucionarios, para así mejorar la condición de los obreros e impulsar la revolución social.

Las internacionales obreras: Marxistas y anarquistas defendían la necesidad de unir los esfuerzos de la clase obrera de todo el mundo para luchar contra el capitalismo. A iniciativa de Marx, en 1864, se creó la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional) a la que se adhirieron marxistas, anarquistas y sindicalistas. Pero las grandes discrepancias ideológicas entre marxistas y anarquista la hicieron inviable y acabó por desaparecer hacia 1876. En 1889, algunos dirigentes socialistas fundaron en París a la II Internacional. Ésta, a diferencia de la primera, era una organización de programas y actuaciones de los diferentes partidos socialistas. La II Internacional creó algunos de los símbolos de identidad del movimiento obrero, como el himno de La Internacional y la fiesta del Primero de Mayo (Día de los Trabajadores).


10. La industrialización en España 2.1.La industrialización en Española: En España, el proceso de industrialización se produjo con retraso respecto de los países europeos más avanzados, y se realizó de forma incompleta. A finales del siglo XIX, España continuaba siendo un país y solo algunas regiones españolas se habían industrializado (Cataluña, Asturias, País Vasco). Los principales factores que influyeron negativamente en la industrialización fueron:

La escasa capacidad de compra de la población española como resultado de la pobreza de la mayoría del campesinado.

La falta de inversiones y la ausencia de una burguesía industrial de muchas regiones.

Los problemas de transporte, por la inexistencia de buenas carreteras y el retraso del ferrocarril.

La escasez de fuentes de energía, por los pocos cursos de agua aprovechables para obtener energía hidráulica y la mala calidad del carbón.

La posición alejada de España respecto de los núcleos más industrializados de Europa, que dificultó la adquisición de materias primas y la venta de la producción.

Para proteger a la industria española se recurrió a impuestos o aranceles sobre la producción extranjera. Este proteccionismo reservó el mercado español a la producción autóctona, pero no estimuló a los fabricantes a renovarse, abaratar costos y, en definitiva, a ser competitivos en el ámbito internacional.


2.2 La industria textil: El primer sector productivo que se industrializó en España fue, como en el resto de Europa, el textil. Se concentró esencialmente en Cataluña, donde desde mediados del siglo XVIII desistía un importante producción manufactureras de indianas. La prohibición, en 1802, de importar algodón hilado estimuló el nacimiento de la moderna industria textil. Hacia 1830, esta industria inició un proceso de mecanización instalando las máquinas de hilar que se utilizaban en Gran Bretaña y , en 1833 empezó a funcionar la primera máquina de vapor. La mecanización de estas fábricas, que se llamaban vapores, tuvo un gran impulso entre 1830 y 1860. Pero Cataluña carecía de carbón y tenía que importarlo, por mar, desde Asturias o Gales, lo cual encarecía la producción. De este modo, muchas industrias se localizaron en la franja marítima, cerca del puerto de Barcelona, por donde llegaban las materias primas. A partir de 1860, algunas industrias también se establecieron en los márgenes de los ríos para poder sustituir el carbón por energía hidráulica, creándose colonias industriales. Aun que existían en otras zonas pequeñas industrias textiles, Cataluña se convirtió en la gran región industrial española, protegida de la competencia exterior por la legislación proteccionista.


2.3 La siderurgia: Los primeros altos hornos españoles se instalaron en Andalucía (Marbella, 1826). Contaban con mineral de hierro, pero debían alimentar los hornos con carbón vegetal, de escasa capacidad carorífico, o importar carbón de coque, lo que elevaba enormemente los costes de producción. Esta situación provocó el declive y posterior desaparición de la siderurgia andaluza a mediados del siglo XIX. Asturias fue el siguiente centro siderúrgico (1868-1874). Aunque la calidad de su carbón no era muy alta, destaca como zona más rica, en este mineral, de España, lo que facilitaba la instalación de altos hornos. Pero fue en el País Vasco donde, a partir de 1876, se consolidó la industria siderúrgica. Las razones de su éxito se hallan en la creación de un eje comercial por el cual se exportaban hierro bilbaíno, abundante y de gran calidad, a Inglaterra, a cambio de la importación de carbón galés, de mayor poder calorífico que el asturiano. Además, la industria vasca se diversificó y aparecieron nuevas empresas de construcción metalúrgica y naval. Así mismo se creó un importante sector bancario que proporcionó apoyo financiero a la industria (Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya).


OPINIÓN: En este trabajo hemos hablado de diferentes temas sobre las industrialización, muy interesante. Hemos decidido hacer la opinión sobre este trabajo al final del texto para no dispersar la información de dicho trabajo. Hemos decidido realizar el trabajo en dos partes: el texto en un Word y hemos realizado nosotras mismas un video con imágenes y sonido. A lo largo de todo el proceso de industrialización, se han visto diferentes etapas como por ejemplo una muy importante como es el mundo de las finanzas que a nuestro criterio merece esta pequeña mención. Ha sido en ocasiones difícil de hacer por problemas de distintos tipos ya sea por problemas técnicos o de contenido difícil de reconocer. Pensamos que este tipo de trabajo es muy bueno, porque te enteras de los contenidos de una forma diferente que si fuera un examen escrito de siempre. Los diferentes contenidos que hemos tratado han sido estos: La industrialización en las sociedades europeas Antecedentes - Las revoluciones y la demografía Las nuevas tecnologías, las nuevas industrias, las nuevas fuentes de energía La revolución en los transportes y el comercio Las doctrinas económicas y el mundo de las finanzas Los nuevos sistemas de organización empresarial Los cambios sociales – nueva organización social El desarrollo urbano – la ciudad industrial La nueva conflictividad social (la lucha de clases) – asociaciones obreras, sindicalismo Las nuevas ideologías políticas – La Internacional obrera – La oposición al Estado La industrialización en España, de los cuales cada una nos hemos repartido algún punto, y otros la gran mayoría menos 3 los hemos hecho todas juntas. La información la hemos sacado del libro de texto que tenemos. Esperemos que os haya gustado.


Paula Navas, Cristina Lรณpez, Irene Palomo.

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