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Otoño 2016 - nº 4

Destacamos en este número: * Ilustraciones de Sandra Rilova, incluidas portada y contraportada *Carpeta de JLRT *Tiras de Luan Mart

Además: *Artículos,ensayos, relatos, poemas...


Sobre la rama seca, un cuervo se ha posado; tarde de otoño.

Felicitamos a Pedro Ojeda Escudero, fundador del blog cultural La Acequia, de cuya aparición acaba de cumplirse el X aniversario el día 10 de octubre del corriente año. http://laacequia.blogspot.com.es/

Agradecemos a Sandra Rilova que nos haya proporcionado las imágenes de 40 de sus obras para ilustrar el presente número. http://www.sandrarilova.com/

Cul ura es un empeño de: Fernando Ortega, Fernando Arnaiz, José Mª Izarra, Alfonso Hernando, Jesús Borro, Jesús Pérez, Luis Carlos Blanco y Félix J. Alonso, entre otros. ©de los textos (faltas de ortografía incluidas), ilustraciones y fotos, los respectivos autores. ©del logo, grafismo y maquetación: el maquetista. Contacto: culdbura@gmail.com

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Matsuo Bashō


SUMARIO Nostra culpa, José María Izarra ......................................................................... Pág. 7 Elogio de la cultura, Carlos de la Sierra ..................................................................... 9 Sobre la revista Artesa y mi supuesta disidencia, Jesús Barriuso ................................. 11 Partitura inacabada, Fernando Ortega Barriuso......................................................... 15 Presentanción de “Mi cuerpo, tus Indias”, de Ivelisse Urbán Hernández. Por JMI .......... 19 Carpeta artística de José Luis Ramos Tamayo, José María Izarra ................................. 25 Naderías // Anabel, J. A. Martínez Gutiérrez “Guti”.................................................... 33 Nuestra ciudad // Pequeño drama otoñal, Montserrat Díaz Miguel ............................... 37 El palacio de Celada del Camino. Ecos literarios, Leonardo Romero Tobar..................... 45 Memoria, José Luis Yáñez Ortega ........................................................................... 49 Historias mínimas de 140 caracteres o menos en Twitter, Enrique Angulo Moya ............ 51 Tenebregosa. Eso es todo, y nada más, Jesús Toledano Escribano .............................. 55 La tangente del triángulo, Jerónimo Rodríguez ......................................................... 59 Ocupacción poética, un proyecto de iniciativa ciudadana, Angélica Lafuente Izquierdo ... 63 Antonio de Cabezón y Francisco de Salinas, Alfonso Hernando .................................... 67 Seis de otoño, Soledad Medina .............................................................................. 79 Ausín Sainz nos informa........................................................................................ 81 Tiras, Luan Mart .................................................................................................. 85

SANDRA RILOVA Nacida en Burgos en 1988. Después de estudiar el bachillerato artístico en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Burgos, se licencia en Bellas Artes por la facultad del País Vasco especializándose en la rama de pintura. Su obra como pintora ha sido expuesta en diferentes ciudades como Madrid, Bilbao, Santander o México D.F. Después de esta etapa se trasladó a Terrassa a la Escola de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ES- CAC), donde cursó estudios de Máster en Dirección de Arte Cinematográfica. Habiendo desarrollado varios proyectos como directora de arte, retoma su actividad pictórica realizando estudios de Ilustración en las escuelas JOSO y EINA de Barcelona. Recientemente ha sido seleccionada en el catálogo anual Latin American Ilustración 5 También en el VI Catálogo Iberoamericano de Ilustración (Fundación SM, El Ilustradero y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara) y en Ilustrarte 2016 (Bienal Internacional de Ilustración para la Infancia). Actualmente reside y trabaja en la ciudad de Burgos.

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María Zemanova, Jorge Saiz Mingo ......................................................................... 41


http://www.sandrarilova.com https://www.facebook.com/sandrarilova/ https://www.instagram.com/sandrarilova/ Sobre su obra: Siempre me han interesado las imágenes que producen sensación de inquietud; representar lo extraño, el sentimiento de lo siniestro, es una característica importante en mi obra. Constantemente emergen temas como la soledad, la crueldad, el miedo o la muerte como preocupaciones constantes. Creo imágenes entre lo real y lo fantástico y en ellas aparecen mis miedos y deseos más profundos. Cuento historias desconocidas, ensoñaciones y muchas veces narraciones incomprensibles nada más mirarlas. Todo esto surge de mi vivencia personal, de mis recuerdos, pero en gran medida se ven influenciadas por la literatura y el cine. Lo inquietante en mi obra comienza en los espacios sombríos, casi siempre nocturnos, donde a veces es difícil decidir que irradia ese espanto: los seres solitarios, las densas sombras, todo ello junto o algo que no se ve pero se respira tras las imágenes.1988, Burgos. FORMACIÓN 2015-16 Ilustración para publicaciones infantiles y juveniles. EINA, Centro universitario de Diseño y Arte. Barcelona. 2014-15 Encuadernación y técnicas creativas. Escola Massana. Barcelona. 2014 Máster en dirección Artística cinematográfica ESCAC. Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya. Terrassa. 2012 Taller “Maestros de la figuración”, impartido por Antonio López y José María Mezquita. Universidad de Navarra. 2011 Erasmus Kunstuniversitát Linz, Austria. 2007-12 Licenciatura en Bellas Artes UPV-EHU. Universidad del País Vasco. EXPOSICIONES INDIVIDUALES

2014 MI MAMÁ NO ME MIMA. Espacio Creativo Alexandra. Santander. 2014 SKINLESS–SIN PIEL. Espacio Creativo Alexandra. Santander. 2012 Exposición de pintura en el Museo municipal de Arte Contemporáneo Ángel Miguel Arce. Sasamón. EXPOSICIONES COLECTIVAS

2014 La arquitectura en la pintura. Museo municipal de Arte Contemporáneo Ángel Miguel Arce. Sasamón. 2016 Tres+una. Junto a Revilla XII, Juan Mons y Gerardo de Miguel. Teatro Principal de Burgos. 2016 Ilustrarte 2016. Museu da electricidade. Lisboa, Portugal. 2015 VI Catálogo Iberoamericano de Ilustración. FIL Guadalajara, México. 2013 Arquetipos imposibles. Galería Aguafuerte. México D.F. 2013 Arquetipos imposibles. Museo de la Memoria Histórica. Universidad de Puebla, México. 2013 Affordable Art Fair. México D.F 2013 Espejito, espejito. Con Andrea Abalia en Juntas Generales de Bizkaia. Diputación Foral de Bizkaia. Bilbao 2013 Exposición Espejismos. Con Andrea Abalia y Raquel Asensi. Sala Municipal de exposiciones del Ayuntamiento de Barakaldo. Bizkaia. 2013 Emerge 2013. Galería Rafael Pérez Hernando. Madrid. 2012 Arteshop 2012. 1° premio en la Exposición de escaparatismo. “La Moderna”. Thate. Bilbao. 2012 Latidos/ Taupadak Exposición con Juanjo Viota en la Diputación Foral de Bizkaia. Sala de las Juntas Generales de Bizkaia. Bilbao. 2011 Westkunst. Exposición jóvenes artistas. Sala de Cultura. Zarautz. Guipúzcoa.

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2014-15 Ilustración infantil. Escola Joso. Centre de cómic i arts visuals. Barcelona.


2011 Westkunst. Exposición colectiva Galería WINDSOR KULTURGINTZA. Bilbao. 2010 Getxo Arte 2010. Salón de las Artes Emergentes. Areeta BECAS / PREMIOS 2016 Seleccionada en el catálogo anual Latin American Ilustración 5. 2015 Seleccionada en Ilustrarte 2016. 2015 Seleccionada en el VI Catálogo Iberoamericano de Ilustración. 2012 Arteshop 2012. 1° premio. Bilbao 2011 Beca Erasmus UPV-EHU en Kunstuniversitát Linz, Austria.

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OBRAS EN MUSEOS E INSTITUCIONES Colección Diputación Foral de Bizkaia. Juntas Generales de Bizkaia Museo municipal de Arte Contemporáneo Ángel Miguel Arce. Sasamón. Burgos.


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Siempre ha habido clases, pero, sobre todo, expedidores de los títulos de pertenencia correspondientes. (Luego se verá por qué decimos esto.) Sin aparente relación con el primer párrafo (luego podrá verificarse que la tiene), deseamos manifestar que nos parece bien que existan las asociaciones; bueno, no estamos seguros de que nos parezca bien ni de que nos parezca mal. Sabemos que hay cosas que no se pueden conseguir en solitario. Por ejemplo, los patrocinios, subvenciones, ayudas o cualquier otra fórmula legal o delictiva de compraventa de voluntades destinada específicamente a ese tipo de agrupamientos humanos reconocidos en el artículo 22 de la Constitución, y regulados por la Ley Orgánica 1/2002, Real Decreto 1497/2003 y Real Decreto 397/2008. La Asociación de Libreros de Burgos, con su presidente a la cabeza (queremos señalar esta circunstancia, porque nos parece especialmente importante) ha sido acreedora recientemente de una subvención municipal (al parecer, como viene siendo costumbre desde hace tiempo), 25000 €, si no recordamos mal, para la realización de distintas actividades en el ejercicio 2016. Entre las actividades que recientemente ha puesto en marcha la asociación referida, está la edición de ocho marcapáginas dedicados a otros tantos poetas burgaleses, cuatro muertos y cuatro vivos (algunos de estos, demasiado vivos), por aquello, tal vez, de la simetría de los números, la paridad entre poetas vivientes y difuntos (por cierto, no se ha respetado la paridad de género; ninguna mujer entre los elegidos) o la mala y supersticiosa conciencia de quienes han perpetrado el elenco de la discordia. Consideramos que la selección de que se trata ha sido tan arbitraria como si del proceso correspondiente hubiera resultado otra parcial o totalmente distinta. Siendo así, ¿por qué lo evidenciamos? Porque sus mentores, a nuestro sectario y pobre entender, han actuado con premeditación y alevosía según todos los indicios (ahora se entenderá el significado del primer párrafo), entre los que nos atrevemos a señalar la ausencia de publicidad, la falta de una convocatoria dirigida al colectivo con obra publicada y la mezcolanza de criterios a la hora de la escogencia. Arbitraria hubiera sido igualmente, como adelantábamos, si la nómina hubiese derivado en otra elaborada por otros, ya que, aun prescindiendo de los indicios señalados, toda acción respecto de nuestros semejantes inevitablemente está cargada de subjetivismo y otras pejigueras propias del ser humano, por mucho que se intente la imparcialidad y la asepsia. Tal ha de quedar muy claro. Ahora bien, hay que tener en cuenta que si desde el punto de vista gnoseológico tan arbitrarias son las listas reales como las posibles, desde un punto de vista moral, solamente a aquellas puede tacharse de arbitrarias; las otras únicamente son susceptibles de llegar a alcanzar tal categoría, en cuanto que solo posibles.

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Nostra culpa


A lo mejor, si le hubiéramos propuesto la publicación de los marcapáginas, la respuesta habría sido otra. Pero no, a los de Culdbura (por lo menos, a algunos), de no habérsenos ocurrido lo de la revista, como mucho, como mucho, se nos habría pasado por la cabeza la idea de pedirle que nos costeara una colección de pisapapeles… anónimos, porque si algo tienen de odioso las antologías es que en ellas ni son todos los que están ni están todos los que son, con lo que, de una sola vez, se premia y se castiga injustamente. Con todo, los poetas culdburanos no podemos dejar de reconocer que, entre los motivos (quizá sea el único) que nos han impulsado a escribir este editorial, se encuentra cierta dosis de envidia (que cada quien estime la cantidad aproximada) hacia los agraciados (en el caso de los vivos, es posible que autoagraciados). Nostra culpa. José María Izarra

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Aludíamos, sin descubrir a nadie, a los responsables de tan prejuiciosa actuación. Entendemos que, además de la asocia ción mentada (con su presidente a la cabeza —recuérdese la utilización de tal construcción preposicional en un párrafo anterior—, presidente de quien, como de todos los que ostentan dicho cargo, probablemente debido a su eficiencia, dimanante de un sentido práctico basado en la confianza puesta en él por sus electores, sospechamos adopta decisiones presidencialistas en lugar de ser portavoz de las adoptadas colegiadamente); además de la asociación de marras, expresamos a continuación lo que había quedado interrumpido, hay un cooperador necesario (tal vez dos), encargado por el presidente de aquella, por causa de amistad, reconocimiento u otra por el estilo, de expedir las credenciales de poeta con derecho a marcapáginas (hablábamos de la relación entre el primero y el segundo párrafo, pues hela aquí); un cooperador necesario que, nos maliciamos (el refranero castellano aconseja urbi et orbi —a autores y vendedores de libros— arrimarse a los árboles buenos, lamer mejor que morder y llorar para mamar), se encuentra entre los poetas distinguidos. Los que hacemos Cudbura hemos querido poner de relieve estos hechos por la mezquina razón de que, antes de que se ideara, acordara y llevase a efecto el trágala de los marcapáginas, elevamos una petición (informal, eso sí; reiterada en diversas oportunidades) al presidente de la Asociación de Libreros de Burgos (se entenderá ahora por qué hemos señalado al principio esta circunstancia como especialmente relevante), para que nos ayudara, con las contraprestaciones que fuesen necesarias, a editar la mencionada revista digital en soporte papel, no habiendo recibido como respuesta sino excusas, a las que, en esta precisa ocasión, bien podría calificarse, nunca mejor dicho, de pobres, puesto que todas ellas estaban informadas por la falta de dinero.


Escucho la voz prodigiosa de Nina Simone cabalgando a lomos de su piano fantástico. El tema, Sinnerman, denuncia la injusticia de la segregación racial, de la opresión de la extrema derecha blanca, es decir, de la mayoría racial estadounidense sobre la creciente población afroamericana. Los esclavos del Ku Klux Klan, para entendernos. Y es que tienen mucho que ver algunos aspectos de la sociedad aparentemente dispares: cultura, segregación, servilismo, libertad. Voy a la cultura. Los medios de comunicación afines a la derecha local anuncian la celebración del II Foro de la Cultura, a celebrar los días 4, 5 y 6 de noviembre del presente año. Lema del Congreso: Identidad-Fronteras. Un enunciado apasionante. Un acontecimiento importante, sin duda, con la presencia de reputadas figuras nacionales e internacionales de reconocido prestigio en sus distintos campos de estudio. Por ejemplo, activistas en pro de la libertad de Prensa —me parto de risa—. Burgos, 2016. La Asociación de la Prensa de Burgos celebra su Centenario (19162016), se les concede un cupón de la ONCE, se publica un libro* y se celebra una exposición en el monasterio de San Juan. Pues bien, resulta que la Prensa de Burgos termina en la segunda mitad de los años 80 del siglo XX. Periódicos locales como Diario 16 de Burgos, El Papel Burgalés, 7 Días, Diario XXI o El Correo de Burgos, por citar algunos de los más conocidos, no existen para esta Asociación. Así, la cultura se convierte en servilismo y la libertad de expresión en materia destinada a vivir en el territorio de la segregación. Todas y cada una de las personalidades invitadas al Congreso aportarían por sí mismas luz a los más tenebrosos abismos de la estulticia mundial, por no hablar de las oscuridades de la ignorancia patria, de esta pequeña patria que habitamos. Pero nada es más importante que el relumbrón, las fanfarrias, las alharacas y los brillos —de pana vieja y rancia— que resaltan los organizadores del acto: Ministerio de Cultura, Junta de Castilla y León, Ayuntamiento, Universidad de Burgos, Fundación Caja de Burgos y La Caixa. Abordarán, dicen, “el papel de la identidad en una sociedad globalizada, que asiste a grandes cambios y contradicciones como consecuencia del rebrote de los nacionalismos, el auge de las migraciones, la crisis política, el individualismo, las fronteras físicas y otras barreras de carácter ideológico, religioso o social”. Tal vez echo en falta hablar de la corrupción política, del fascismo en España, de la separación Iglesia-Estado, de la recuperación de la Memoria Histórica y de los cuerpos de los republicanos asesinados, de la desaparición de los nombres de los asesinos de callejeros, catedrales y edificios públicos. Pero una vez más la lucha de los segregados, de los demócratas, de las gentes libres, choca contra la intransigencia del Ku Klux Klan, de la ultraderecha moderada española.

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Elogio de la cultura


Otro efecto de estos Congresos tan importantes, efecto negativo, por supuesto, es la absoluta falta de sintonía con la sociedad del común, con los ciudadanos que pasean calles y plazas, con las personas hacia quienes deberían volcarse esfuerzos y resultados, y nunca les llega nada… la nada. En esta sociedad activa y ciudadana nacen los hijos que conforman la cultura global de las ciudades, de las naciones y de los pueblos. Una cultura popular, culta, libre, diversa, imaginativa, desbordante. Este es mi elogio de la cultural, de la creación, de la imaginación, de la ilimitada capacidad de sorpresa, de búsqueda, de encuentro, de variedad, de libertad en la mente del artista. Una sombra, sin embargo, oscurece los campos luminosos y desbordantes de la creación libre y destrabada: el servilismo, la entrega de talento y obra a manos de ignorantes con despacho, de políticos estultos, de arribistas analfabetos.

* 100 Años contando lo que ocurre en Burgos. Primer Centenario de la Asociación de la Prensa de Burgos (1916-2016), VV.AA. En el capítulo 5 de dicho libro, bajo el enunciado Cien años de publicaciones en Burgos. 83 años de ondas en Burgos, firmado por Miguel Calvo Ibáñez, se subsana el olvido cometido en la exposición, dejando constancia de las cabeceras citadas, de una breve historia de su paso por la Prensa local, y recordando los nombres de los periodistas que hicieron posible aquella extraordinaria experiencia de Prensa en libertad. Gracias a todas y a todos.

Carlos de la Sierra

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Tal vez en este punto y colofón convenga recordar a los sabios. Escribía Erasmo de Rotterdam en su célebre Elogio de la locura: “Entre los mortales, los que están más alejados de la felicidad son los que cultivan el saber, mostrándose por esto mismo doblemente locos, porque a pesar de haber nacido hombres, se olvidan, sin embargo, de su condición y quieren elevarse al estado de los dioses inmortales, (…) por lo cual el mundo considera menos infortunados a los que más se aproximan a la locura y a las cualidades de los brutos, que a los que estragan las suyas tratando de sacarlas de sus quicios”. (Cap. XXXV)


Sobre la revista Artesa

Ahora mismo no recuerdo si en ese momento Manolo Bouza, —a la sazón tan sólo y tan tanto primo carnal de Carlos Balbás—, era teniente o ya había ascendido a capitán de caballería, pero sí recuerdo y con total nitidez, que estábamos de sobremesa en Miraflores mi hermano Tino, él propio Manolo y yo, hablando de poesía y tratando de epatarnos, supongo, apabullándonos con exacerbados ejercicios de cultureta y memoria, cuando decidimos dar el paso de constituir, allí mismo, en Miraflores, una tertulia poética con los que a tales menesteres se dedicaran en Burgos; una tertulia abierta y sin mucha más pretensión que a ver qué pasaba y encargándome yo de tal misión, ya que Manolo aún no se había instalado del todo y apenas si conocía la ciudad y a sus ciudadanos y Tino estudiaba en Valladolid. El fervor con el que acogí el encargo sólo era comparable al que sentía por Manolo Sánchez Dueñas, neurocirujano militar al que había conocido gracias a Bouza y autor de una de esas segundas oportunidades que a veces nos da la vida y él me la dio, pero esta es otra historia. Total que con esa llama encendida de ilusión que os cuento y a través de Juanjo Ruiz Rojo, el hombre, el amigo y luego compañero, el poeta y culpable de mi clave en Internet por ejemplo, me acerco a todos y a cada uno de los poetas de Burgos, organizados como meros supervivientes en pequeños y distintos guetos irreconciliablemente enfrentados, que tomaron a bien el tomarse unas cañas de clarete allí, en el Miraflores, donde el Felipe, mi padre y gran avalista en esta aventura ya que no veían en mí militancia alguna al margen de mi desaforada ilusión y mi proclividad a lo promiscuo que era bastante celebrada por tirios y troyanas. Y así surgió, despacito no vayan a creer, hasta que unos meses después, sobre febrero me parece recordar, casi poníamos falta al que no asistía y allí aparecíamos con nuestros poemas recién hechos, los míos las más de las veces, balbucientes y siempre lejanos a la cultura dominante del Garcilasismo y el endecasílabo tonante que se llevaba en los juegos florales donde la mayoría competían. Ya habían pasado unos cuantos meses más, cuando aquello comenzó a tomar cuerpo y adquirir enjundia; ganar en prestancia y potencia los poemas; asistir cada vez más asiduamente otros poetas y hombres de la escasa cultura de entonces y aún de toda España, amigos de los de la tertulia, que nos remitían desde los olivos en los que moraban como mochuelos, poemas corresponsales llenos de emoción y algunos de añoranza; difícil olvidar el título de “Ultimo Café de Artistas” que al bar de mi padre, al “Miraflores” le habían otorgado los del Cultural de los jueves del diario verpertino “Informaciones” que

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y mi supuesta disidencia


Y así comenzó todo, ya os digo que despacito y aún continuó durante unos cuantos meses y unas cuantas revistas primerizas en las que junto a nuestros poemas y aquí incluyo los de Carlos Balbás y Gustavo Martín Garzo, ellos en Valladolid pero en Burgos, publicamos —entonces ejercía yo de director de la misma y luchaba a brazo partido con el contumaz Fray Valentín de la Cruz, portavoz de la editora y que llevaba mal el que tal concreción supuestamente cultural y su libelo no fuera liderado por vates de la Iglesia o conspicuos meapilas que de poetas presumian sin serlo, cuyos nombres omitiré por no venir a cuento— a poetas como Justo Jorge Padrón o Pureza Canelo, por ejemplo. Y llegamos al meollo. En la tertulia había una dura corriente Garcilasista —Poesía Española, Pepe García Nieto, Alforjas para la Poesía, las veladas en la prerrománica de Venta de Baños, etc—; una no menor academicista, hijos los más de Antonio Machado y su costumbrismo romántico con sus múltiples secuelas; otra de marcado tinte falangista reivindicativo —los de Hedilla— con su innegable peso humanista —aquí, Panero, Ridruejo, Manolo Alcántara, Luis Rosales, etc, con el valor añadido e innegable de ser defectos del Régimen en el Burgos de entonces— y una última encabezada por mí mismo que no sé si llamarla radicalmente social y que bebo en Maiakoski, César Vallejo, León Felipe, etc., etc. y que englobaría en España, desde Miguel Hernández a Blas de Otero, por ejemplo, el aldabonazo de “Canto Espiritual”, la “Longa Noite de Pedra” o el “Don de la Ebriedad” de los del cincuenta y valgan como ejemplo de algo tan enorme e impagable, sin olvidar a los poetas de Espadaña, claro y además. En este maremagnun disiente, tímidamente al principio y parapetado tras esa risa franca, sonora y llena de bonhomía que lo caracteriza, la voz de Bouza que, con unas connotaciones cultísimas nos trae como enseñas a Rilke en lo poético y a Jacques Maritain en lo ideológico —a no olvidar que se le imputa la casi autoría del Vaticano II; me refiero a Maritain que no a Bouza— y una extrañísima para nosotros corriente de Poesía Visual que algunos creíamos y de buena fe, resuelta con fracaso suficiente en la Francia “après les maudites”, con Tristán Tzara a la cabeza y con una mínima implantación en la Barcelona contraria al “Ciervo” de Alfonso Carlos Comín y Lorenzo Llopis, por ejemplo y en una Salamanca extraña y rara, tratando de epatar al burgués sin entrar en el sistema,

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cerraba magistralmente con su Torre del Aire, el inolvidable Torrente Ballester. Se habían pulido las escasas aristas diferenciadoras si exceptuamos algunas tocantes al régimen y las disparidades sobre la forma de morir del cántabro José Luis Hidalgo y alguno de sus poemas del libro “Los Muertos” o sobre “La palabra” último poema del libro “El Hacha” de la “Antología Rota” de León Felipe con la que alguno nos amamantábamos, por blasfemaspara otros y por ejemplo. Pero aquello ya tenía miga y bajo tres miradas distintas y distantes, la de Bouza, la de Rafael Núñez Rosaenz —nuestro decano indiscutible— y la de Juanjo Ruiz Rojo ya había logrado consolidarse, se habían tejidobejucos capaces de unir los palos de totora y plantearnos hacer una Revista. Hacernos a la mar posiblemente con la intención de dar también nosotros con una isla llena de Moais o casi, casi, ya que contábamos con la colaboración de alguien tan grande como Luis Sáez que, para qué nos vamos a engañar, era otro más de los burgaleses, — antes, entonces y ahora—, que al no estar con el macho dominante de la manada es solamente tolerado, pese a haber triunfado entonces en dos bienales de Sao Paulo, —ya digo: antes, entonces y ahora— aunque claro, hay que resaltar la desfachatez del sujeto al montar una Librería Galería de Arte, ¡en Burgos! y que nos hizo una portada que para mí siempre será la de la Tertulia Artesa que reivindico, luego diré cual y porqué y el patrocinio del mecenas Conrado Blanco Plaza, el serrano empresario que nos incluyó en el programa de “Alforjas para la poesía” que pródigamente financiaba.


Y ya está; esto es todo: sin renunciar a nada de lo que yo sea en parte pequeña o grande causa, sigo erre que erre reivindicando el hecho eficiente, el grupo humano de la tertulia que alumbró la Revista sin desmerecer para nada la resultante final y la cara de estupor sardónico que puso mi hermano Tino cuando, con la mayor seriedad y empaque, le pedí que cuidara de la Tertulia y de los tertulianos, cuando me fui a Ibiza. Y es por eso que sigo siendo, también en este caso, un verso suelto que es, precisamente, el título bajo el que he englobado unos últimos poemas muy recientes. Terquedad creo que llamaban a esa figura. Jesús Barriuso

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que no estaba el horno para bollos o así les parecía, y que tratando de remedar a Moisés, —y vuelvo a Manolo Bouza— trataba esta vez, no de separar sino de juntar las aguas de edades difícilmente compatibles, las de los contertulios con sus cargas ideológicas y sociales distintas y a cuestas y la vertebrada por una insultante juventud para los más de aquellos, de los miembros de Espiral, con notable fracaso para este desactivador de remolinos desde luego, mientras el “Tío Ho” se extendía como melaza por Indochina, junto al “Libro Rojo” y Woostock, por ejemplo, hechos tan lejanos para él... y todos sabemos que aquello ganó, tuvo más recorrido, se consolidó, desapareció la Tertulia Artesa y apareció Artesa Literaria; se hizo una editorial con algunas ediciones notables; homenajes tal que el de Cela y salida a la luz de un grupo supongo que valioso de poetas y pintores y una página en los libros de Literatura, que no es poco. ¡Ah! Y todo ello ya, con la nueva carátula de Vallejo, arrumbada como estaba la revista de la Tertulia y la de Luis Sáez, casi, casi, como reflejan los valiosos cuadros de después de la batalla de este hijo del valle de Muñó...


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Partitura inacabada

El hogar de la citada familia estaba ubicado en la antigua plaza de Prim, actual santo Domingo de Guzmán, de donde se trasladarían pronto a la calle Sombrerería. La familia de Antonio José, pues, vivía en el cogollo de la ciudad. Una ciudad provinciana de apenas 30.000 habitantes, en su mayoría apiñados en el interior de las históricas murallas, que había inaugurado el nuevo siglo con importantes novedades: nuevo Teatro, Audiencia, plaza de toros, estación de ferrocarriles y otras novedades como la llegada del cine, los primeros coches, el agua corriente, la luz eléctrica y el teléfono. Desarrollo material que contrastaba con la situación social: uno de cada tres burgaleses figuraba en el censo como pobre. Por su cercanía con el domicilio familiar, antes de cumplir los siete años, acudirá a la escuela municipal de san Lorenzo, donde tiene la gran suerte de conocer a Julián García Blanco, un seminarista que hacía de catequista y muy aficionado a la música, que muy pronto descubrirá las dotes musicales de su alumno. Antonio José, con apenas trece años, compondrá una pieza musical, “Cazadores de Chiclana”, ya bajo el amparo del célebre músico José Mª Beobide, que le dará lecciones de armonía y composición. A esa pieza le seguirán otras varias: “Tota Pulchra”, “Hojas sueltas para piano”…, de tal manera que, cuando en 1920 abandone Burgos, la lista de sus obras sumarán casi setenta y cinco títulos. Y apenas tiene 18 años. Sus evidentes capacidades musicales hacen que, en 1920, la Diputación burgalesa le otorgue una beca de 2.000 pesetas para tres años, que le facilitará trasladarse a Madrid, donde se relacionará con los más importantes músicos e intelectuales de la época, entre ellos Jacinto Guerrero, Regino Sainz de la Maza o García Lorca. En 1921 compondrá la “Sonata castellana” –antecedente de la “Sinfonía castellana” que culminará dos años después-, y “Poema de juventud”, que le valió un primer premio en un concurso. Son años de búsqueda, de múltiples lecturas, de experiencias. Como él reconocerá: “Siento una obsesionante y febril curiosidad hacia el porqué de todas las cosas”. Lee todo lo que encuentra, se apasiona por la fotografía, le encantan los coches, el cine… Pero, sobre todo, a años luz, la música.

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El Diario de Burgos del lunes 15 de diciembre de 1902, en su sección de Registro Civil, reseñaba el nacimiento de “Antonio Martínez Palacios”, niño que había nacido el día 12 del mismo mes, en el seno de una familia formada por el matrimonio Ángela Palacios y Rafael Martínez, que ya tenían a otro niño, Julio, el que sería su hermano y con el que compartiría muchos momentos de su vida, incluida la trágica muerte de ambos en 1936.


En 1929 el Ateneo de Burgos se plantea impulsar el Orfeón Burgalés y busca un competente director para ello. Lógicamente, se fijan en Antonio José quien, pese a la escasa dotación económica del puesto, acepta encantado volver a su querida ciudad, donde es recibido con cariño y admiración. El joven y flamante director desarrollará con el renacido Orfeón Burgalés una febril actividad, transformando un coro desorganizado y sin nivel musical en una masa coral digna de codearse con los mejores orfeones españoles. Con él realizará numerosos recitales, entre ellos en el Teatro Principal ante el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora en su visita a Burgos en 1932. Antonio José no se limitará a dirigir el Orfeón, si no que dedicará tiempo a su formación musical y al aprendizaje del solfeo por parte de los orfeonistas. Paralelamente desarrollará un importante trabajo de investigación musical, recorriendo toda la provincia con el ánimo de recuperar las canciones populares olvidadas para recogerlas y hacerlas cantar por el Orfeón Burgalés. En 1929 dará a conocer su célebre “Himno a Castilla”, y en 1931 su “Sonata gallega” obtendrá el primer premio en un concurso nacional. Un año más tarde conseguirá el Premio Nacional de Música por su extenso y documentado trabajo “Colección de cantos populares burgaleses”, trabajo que continúa con pasión y que servirá para que en 1936 presente, en el Congreso organizado por la Sociedad Internacional de Musicología en Barcelona, una ponencia sobre la canción popular burgalesa, que comienza con estas significativas palabras: “Recoger canciones populares es tarea penosa en cualquier región; pero en Burgos el empeño es de dificultades casi insuperables. Porque en Burgos apenas canta nadie”. Su participación en el citado congreso internacional aumenta, más aún, su prestigio internacional. En 1932 llevaba ya 150 obras realizadas. Paralelamente a ese trabajo musical tanto como director del Orfeón Burgalés como compositor reconocido, Antonio José participará en diferentes eventos culturales: es miembro de la tertulia El Ciprés, reunión de intelectuales burgaleses de diversa ideología y del Ateneo de Burgos. Colabora así mismo en la revista “Burgos Gráfico” y en el Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos, donde publicará el famoso texto de “Coplas sefardíes” (1933), y otro sobre su “Colección de canciones populares burgalesas” (1934). El 17 de mayo de 1936 se le realiza un homenaje en el Restaurante Arriaga como reconocimiento al éxito en el Congreso de Musicología de Barcelona. Al final del mismo pronuncia unas palabras de agradecimiento y aprovecha “estos raros momentos de fervor por nuestra canción burgalesa” para invitar a romper el pesimismo y la indiferencia que reina en la ciudad: “¡Nuestro pueblo se durmió llorando al Cid! ¡Dormido sigue todavía!”, resumirá en su intervención.

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En 1924 regresa a Burgos para cumplir con el Servicio Militar, tiempo que aprovecha para seguir componiendo y asistiendo a conciertos. Comenzará la composición de “Danza de bufones” y sus “Danzas burgalesas”. Al finalizar su compromiso con el Ejército, recibe una tentadora oferta para dar clase en un colegio de elite en Málaga y, después de dudas, cambia la austera ciudad castellana por el color y alegría de la ciudad mediterránea. Allí, sin embargo, compondrá piezas musicales con ondas raíces castellanas: “Danza burgalesa nº 4” (1925), “Misa en re” (1925), “Evocaciones para piano” (1927), etc. En esa etapa, el Ayuntamiento de Burgos le otorgará una beca para poder viajar a París en los veranos de los años 1925 y 1926. Allí Antonio José se pondrá en contacto con las nuevas corrientes culturales y musicales que triunfaban en Europa. Será para él una época muy feliz.


Pese a ese ambiente hosco y apático. Él sigue trabajando en la orquestación de su ópera “El mozo de mulas” y en una “Marcha para soldados de plomo”. Trágicamente esos soldaditos de plomo –que recrean la colección de su amigo Eduardo de Ontañón- se convertirán muy pronto en soldados reales que lanzarán el plomo de sus balas contra sus compatriotas. El mismo 18 de julio se interpretan en el Teatro Principal de la ciudad, piezas suyas y a los pocos días su hermano Julio –maestro y periodista- será detenido.

“Así paga esta tierra lo que he hecho yo por ella”, había escrito en una carta al ser detenido. En el aire quedaban flotando los acordes de “El molinero”, “Todo lo cría la tierra”, “Agudillo” y tantas y tantas coplas inmortales ya gracias a su tesón y amor a la música popular burgalesa. Un largo silencio ocultará la importante obra musical e intelectual de Antonio José Martínez palacios. Años de plomo que sepultarán la riqueza de la canción burgalesa, rescatada en buena parte por el joven músico. Pasarán muchos años para que, tímidamente, el nombre del compositor salga a la luz: un artículo de Regino Sainz de la Maza en ABC, un texto en el Boletín de la Institución Fernán González, un amplio estudio en la revista Triunfo escrito en 1971 por el burgalés Santiago Rodríguez Santerbás… Gotas sueltas. A partir de la muerte de Franco, se inicia un importante trabajo de recuperación de su memoria y de su obra con la edición de su biografía Antonio José, músico de Castilla, en 1980 y de sus obras en disco: “Sinfonía castellana”, “Antonio José, integral de su música para coro”, “Antonio José, obra coral”, “Sinfonía castellana. Evocaciones, El mozo de mulas”, “El canto del dolor”… y el libro En tinta roja: cartas y otros escritos de Antonio José, etc., que han culminado con diversos actos en el 80º aniversario de su fusilamiento. Fernando Ortega Barriuso

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Odios, envidias, pasiones… que se desatan y que se pueden resumir en el titular del periódico El Castellano: “O nosotros acabamos con ellos, o ellos acaban con nosotros”. Pese a no militar en ningún partido o sindicato, el 6 de agosto Antonio José es detenido por un grupo de falangistas y conducido al penal. Allí espera confiado la pronta resolución de su caso, animado por la falta de motivos y por su buena relación con varios de los jefes que apoyan a los insurrectos entre ellos Martínez Burgos. Pero un cruce de luchas internas, denuncias falsas, calumnias, envidias y ese momento pasional y desorganizado de los primeros meses del Golpe de Estado, hacen que, fatalmente, en la noche del 11 de octubre sea fusilado. Antonio José tenía 33 años. Poco después tendrá el mismo fin su querido hermano Julio.


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Presentación de Mi cuerpo, tus Indias, de Ivelisse Urbán Hernández // Por José María Izarra

Mi cuerpo, tus Indias. Ni Mi cuerpo, tus manos, ni Mi cuerpo, tus miradas, ni Mi cuerpo, tus caricias, ni Mi cuerpo, tus besos, ni tampoco Mi cuerpo, tus vigorizantes, que hasta ahí suele llegar la enamorada en sus arrobos, a identificar los envaramientos de su amante con tales y tan priápicas sustancias, tan generosa ella que, a la sazón, se deja sustituir o representar por su propio cuerpo, desprovisto de cordura, todo sentidos, para recibir el culto correspondiente por obra de su galán. En todos esos negocios impugnados, los dos sustantivos forman parte de un binomio, pero conservan su individualidad; esto es, aunque se omite la conjunción entre ellos, entiéndase el signo + como equivalente, nos encontramos ante dos sumandos que figuran una operación aritmética que, sin excepción, a pesar de que uno de ellos difiere en todos los emparejamientos, ofrece un resultado idéntico, que, en general, se omite por consabido. Algunos, con benevolencia, nos decantamos por etiquetarlo como estado de semiestupefacción o de semiestupidez, a elegir, precisamente por las circunstancias que lo caracterizan y que nadie ha enumerado mejor que el gran Lope de Vega en su poema Qué es el amor. Citaremos algunas de ellas:

Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo… […] no hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo… […] huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor süave, olvidar el provecho, amar el daño, creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño…

A lo que íbamos, Mi cuerpo, tus Indias, con tener la misma apariencia formal que los binomios citados, no es una suma (esa coma que se interpone entre ambos sintagmas nominales no es

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Sala Polisón, 21 de julio de 2016


Mi cuerpo, tus Indias Adoro cada error que ostenta mi cara, cada centímetro de esta tierra accidentada que es mi cuerpo, porque presentarlos a mis ojos y quedarte son dos maneras de amarme. Como austero conquistador con las Indias fascinado, por este Mundo Nuevo que nunca vislumbrara dislocado, fuera de sí, perdidamente deslumbrado, anhelas mis montes salvajemente verdes y sin querer te pierdes en mis húmedas colinas, y yo te sigo porque quiero, porque tus ojos son mi norte, porque hay que amar para mirar así, porque es una travesía trasatlántica la de tus ojos por mi cuerpo (acompañados de tus manos) y son como pequeñas islas las que encuentras cada vez que te detienes. Y yo te sigo adonde quieras, a sentarnos, por ejemplo, bajo dorada lámpara de hotel, de esas que asumen que uno lee, o cavila, de esas que asumen un gran día de trabajo; te sigo cuando quieras, a desdecir lámparas y escritorios y butacas, a darles nombres nuevos como abrazo, sonrisa, o el placer de ser los dos y uno en un beso. Te sigo y voy contigo a descubrir mil islas nuevas en mi océano, mil montes verdes nuevos, a que las puebles, las habites y las llenes de tu savia. romanos, bereberes, árabes, mandingas y otros, de tal suerte que, según manifestara en su día —por supuesto, con una pizca de sarcasmo—, Cristóbal Colón no solo no fue un adelantado en llegar al otro lado del Atlántico, sino que habría sido el último en hacerlo.)

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copulativa, no indica la supresión del signo + o de la conjunción y, sino la del signo = o ≈; iguala, identifica o hace equivaler y es indiciaria de una aposición explicativa, a la que subyace una oración adjetiva de relativo: Mi cuerpo, que son tus Indias). En términos estilísticos, nos encontramos ante una metáfora, en la que se relaciona un plano real, mi cuerpo, con otro figurado, tus Indias. Esta metáfora se prolongará a lo largo de todo el poemario, constituyéndose este en una alegoría, en la que mi cuerpo (la enamorada) es, además, las Indias Occidentales, las tierras colonizadas por quien, merced a su apellido, podía hacerlo por partida doble, y el amante, elidido en el epígrafe, además de ostentartal condición, es el reino de Castilla, tantas veces nombrado y reconocido luego en los poemas que conforman la publicación. Así pues, tenemos que el trasunto de Castilla (reino de Castilla, para hacerlo masculino) es un apuesto varón (Castilla, / ahora renacida en hombre, se nos dice en el poema titulado Atada); el de las Indias, una bella dama. Y viceversa. Esta correspondencia entre los planos real e imaginado, conlleva asimismo otra de carácter temporal: la que se establece entre el momento actual, en que tiene lugar la historia de amor entre una hispanoamericana y un castellano, sustanciada líricamente, y un acontecimiento histórico, en el que el reino de Castilla descubre, explora, conquista y coloniza los territorios del Nuevo Mundo. (A propósito de los verbos utilizados para describir las acciones llevadas a cabo por el reino de Castilla en el Nuevo Mundo, conviene aclarar que todos, excepto el primero, están empleados con absoluta propiedad. El primero no, porque hay datos y vestigios suficientes para poder afirmar que el pueblo vikingo arribó a las playas del continente americano en el siglo X, y si prestamos atención a Juan José Benítez, antes que los vikingos, fenicios, griegos,


Alejado de las pautas normativas de rima y metro, Mi cuerpo, tus Indias está escrito en primera persona, desde la perspectiva de una mujer enamorada, su propia causante, que, para alejar cualquier sombra de duda, delata su filiación en la página 40 al confesar compartir patronímico con Miguel Hernández; la poeta imbuida del paisaje y el clima del Caribe, que, en su visita a España, compara el verdor y los céfiros propios de aquellos con la aridez y el cierzo que entendía característicos, respectivamente, del paisaje y el clima castellanos y que, tamizados por el filtro del amor, no solo no le parecen tan adversos como se los habían pintado, sino que los juzga incluso sugestivos, coyunturalmente al menos, al reputar incierta la sequía y evocador el cierzo. La obra en cuestión podría situarse dentro del concepto literario del amor cortés, entre otras razones, para no contradecir a su autora, que por dos veces se pronuncia concernida por tal modalidad de cortejo, pero también y fundamentalmente, porque en ella se entiende el amor de manera noble y sincera, con la fidelidad como principal valor, todo de acuerdo con los cánones teóricos, a excepción de la relación de vasallaje, que en este caso, al contrario de lo que ocurre en la literatura medieval, se cifra en el sometimiento de la dama al caballero. Dos versos confirman punto por punto nuestra última afirmación: Malinche me he vuelto / siguiendo a mi Cortés; dos versos en los que también es apreciable el cambio del plano figurado en que se sustenta la alegoría, equiparándose el caballero amante, el reino de Castilla, con Hernán Cortés, y su

dama, las Indias occidentales, con la indígena Malinche. Ni que decir tiene que se trata de la versión amable tanto del uno como de la otra: el gran conquistador, intrépido, victorioso, generoso para los suyos y magnánimo para los vencidos; la indígena que, sin dejar de servir al invasor, intercede por los nativos y consigue para ellos un trato favorable. La versión amable decíamos, como no podía ser de otra manera, porque todos tenemos el mejor concepto de nosotros mismos. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que tanto Hernán Cortés como Malinche tienen, además y por el contrario, muy mala prensa. La leyenda negra acuñada contra lo español a finales del siglo XIX ha hecho de Hernán Cortés un conquistador sin escrúpulos, avaro y sanguinario, y de Malinche, una colaboracionista traidora a los suyos. El amor es el amor y la guerra es la guerra, y, según el refrán, todo vale en ambas vicisitudes. La protagonista y narradora (quizá fuera más apropiado decir versificadora o poetizadora) del libro que nos traemos entre manos, se permite el lujo de ser acrítica con ella misma y con su señor, como lo llama alguna vez, porque está enamorada; mejor aún, porque se encuentra en ese estadio de enquillotramiento en que no es mentalmente posible dejar de permitirse el lujo referido, de la misma forma que en la guerra todos los atropellos, abusos y bajas son achacados al bando contrario, porque si se tuviera la capacidad de admitir los propios, no solo se acabaría de inmediato la guerra, sino que es muy posible que ni siquiera llegara a declararse. Hemos hablado de que Mi cuerpo, tus Indias se ciñe a esa etapa del enamoramiento, la inicial, en que los amantes, contradiciendo o negando a Copérnico y Galileo Galilei, se comportan como si el sol no fuera el centro del sistema por él regido (algunos se comportan como si no existiera el sistema en sí, incluso como si no existiera el

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Aun cabe señalar otra relación entre los elementos de los planos real y figurado: la establecida como consecuencia de la cosificación de los dos amantes en las Indias y Castilla respectivamente, y, de modo simultáneo, la personificación de ambos territorios, generándose así una rueda de transformaciones.


envejecer esperando, los pensamientos negativos… La fuente primorosa / de aguas claras / que yo tan mal creía cierta / se concreta ahora en espejo, / en espejo del más seco de los barros, describe así en la página 60 su quebranto anímico, provocado por las causas aducidas como posibles por nosotros, y tal vez por alguna más. […] Era esta la sequía de Castilla / que trataras de decirme, / esta su sequedad / que yo negaba ilusamente, incide sobre la imagen, en tono de lamento, unos versos más abajo. Y continúa más adelante dando gracias (esquinadas, subrayamos nosotros) al espejo ahora de barro / que no miente, / que recrea lo que soy, / la que he de ser… Finalmente, se resigna humilde a esperar a una nube piadosa de tus labios / que atraviese el cielo mismo de Castilla / y desdiga su sequía / y transforme tu palabra en vida nueva. El tercer obstáculo, quizá el más importante, es el del egoísmo; un egoísmo cargado de reproches que le genera frustración. Hemos espigado para ilustrarlo los siguientes versos del poema que cierra el volumen: […] En cada verso un anhelo, / […] un ansia en convivencia con la desesperanza; / en cada verso tú, / […] que me has mostrado / un mundo nuevo, / con horas diferentes / y calendarios que responden / a no verte / o cuando al fin te veo / […] y siempre es cuando tú lo dices, / y ayer cuando tú quieres… Hasta donde este poemario dice, la historia de amor en forma de alegoría que en él se poetiza tiene un final sin final, un final abierto, y aunque, estadísticamente, un porcentaje muy elevado de idilios terminan en desencanto cuando no en desastre, en desamor hemos apuntado aquí, no tenemos por qué pensar, pese a los obstáculos señalados, no demasiado importantes y por tanto fácilmente sorteables, que esta vaya a concluir como la mayoría; en absoluto, máxime habiendo tenido su comienzo en Burgos, no en París, sin aguacero (que nos conste, no se hace mención a él), pero a orillas del Arlanzón,

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universo), cuando no se conducen como si todas las galaxias giraran alrededor suyo. El amor es así; pero, como todo lo bueno o presuntamente bueno, dura poco. Es efímero. Por eso, a la etapa inicial señalada, la única verdaderamente amorosa, indefectiblemente, siguen la del cansancio y desengaño y la de la separación, ruptura y tal vez odio; aunque estas dos últimas bien podrían resumirse en una sola, la del desamor. Bien, pues en el poemario que nos ocupa no es posible rastrear tan compendiosa etapa. No hay desamor en la casuística del amor cortés. Hay fidelidad y deseos de perpetuación en el vínculo amoroso. Pero, algo atípico en esa fórmula, en Mi cuerpo, tus Indias, además de cortesía, hay carnalidad, lo cual es más propio del código de comportamiento propugnado por el buen amor del Arcipreste. Después sería él mismo / quien me surcara / como quien surca un río, podemos leer en el poema titulado Áncora. O también, […] mañana de domingo, / transeúntes en retorno de la iglesia, / nosotros de otro templo, / el de la divina carne, en el poema de la página 33. No hay desamor, decíamos; pero hay obstáculos que dificultan la realización de la plena felicidad. Tres, fundamentalmente. El primero de ellos, la distancia. Castilla y las Indias están separadas por todo un océano. […] pero ¿cómo se le engaña a la distancia?, replica la dama a la propuesta en tal sentido que, inferimos, le hace su señor en la página 48. […] Yo sé jugar al tiempo, se queja amargamente, pero no al espacio, todavía… Para rematar el poema, exhorta a su amado: […] Enséñame a nadar en el océano / de nuestra nueva historia / sílaba a sílaba. Nos atrevemos a aventurar que el segundo inconveniente (no hemos encontrado referencias precisas que nos permitan asegurarlo) viene dado por un cúmulo de factores: la falta de noticias, la tardanza (apreciación subjetiva de la protagonista) en recibirlas, el temor a


Ivelisse Urbán Hernández (San Juan, Puerto Rico, 1963) creció en San Juan, Puerto Rico. Ha vivido en los estados de Nueva York, Maryland, Nueva Jersey y Texas, donde ejerce en la actualidad como catedrática de lengua y literatura españolas. Su tesis doctoral estudia el espacio lírico centrado en el poeta cubano modernista Julián del Casal. Su interés por la poesía la ha llevado a escribir sobre Sor Juana Inés de la Cruz, José Martí, José Asunción Silva, y otros poetas modernistas. Al presente su interés literario se concentra en Miguel Hernández y Pedro Salinas.

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si bien todavía en época de estiaje, en el mes de septiembre, prácticamente en el otoño, un jueves como es hoy, un día del cual muchos tenemos ya el recuerdo. Afortunadamente, no somos supersticiosos. Además, no es mal augurio que algo, y menos el amor, se origine bajo unas circunstancias en parte análogas a las que ambientan el presagio, traducido en soneto, de César Abraham Vallejo Mendoza para su propia muerte, que prefiguran una atmósfera llena de belleza y melancolía, cualidades que también adornan a Mi cuerpo, tus Indias. Parafraseando, subvirtiendo, y refutando a Fernando Pessoa, porque no todos los libros de amor son ridículos.


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*[Carpeta de JLRT // José Luis Ramos Tamayo]

17 de septiembre de 2016. Nos acercamos hasta el número 163 del paseo de los Pisones, en nuestra ciudad. No es la primera vez que hacemos este recorrido para visitar a José Luis y Raquel, y como siempre, nos reciben con los brazos y las puertas abiertos. Saludos. Nos hacen pasar a su casa y, enseguida, tras declinar nosotros amablemente los ofrecimientos de una hospitalidad sincera, nos conducen, a través del patio, al estudio-taller o tallerestudio, tanto da, situado en la planta baja del edificio anejo. Amplitud de espacio. Luminosidad. Estanterías, tableros, máquinas, bocetos, maquetas, piezas en restauración y acabadas… Para perderse, embelesarse, durante horas.

—Si te parece —le sugerimos a José Luis; Raquel ha desaparecido—, vamos a hacerte una serie de preguntas para referenciar tu evolución como ceramista. —Y sin darle tiempo a respirar, le formulamos la primera—: ¿Cuándo, cómo y dónde empezaste? Se desentiende del todo. No lo manifiesta expresamente, mas, por ciertos detalles, nos hace comprender que a él no le atrae una entrevista al uso; se nos antoja que José Luis desea hablar de su oficio, de su arte, sin un orden determinado, a salto de mata y a ser posible sin interrupciones, pero sobre todo sin tener que prestar atención a preguntas estúpidas o socorridas. Nos toca, pues, ser precavidos y escuchar. Aun así, nos responde que lleva en lo suyo desde 1980.

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Por José María Izarra


Sin pronunciarse de acuerdo ni en desacuerdo, de nuevo nos hace ver que nuestro planteamiento es erróneo o no le agrada. Nos habla de lo que le ha tocado luchar para abrirse paso, de las relaciones con las instituciones, de los encargos que éstas le han hecho, del intrusismo diletante; de que, para combatir esa lacra, un grupo de artistas plásticos de Burgos estaban en la idea y en el proceso de constituirse en asociación profesional. Como decíamos, a salto de mata y sin prestar atención a peguntas estúpidas. ¡Como para interpelarlo por exposiciones, ferias, premios y otros adornos que embellecen la peana pero no hacen al santo! “Mucho de todo”, podríamos responder por él (grosso modo para no extendernos en una inacabable relación), porque nos consta. —Quiero mostraros mi último trabajo —se postula de golpe—: “Los milagros de las piedras”. Es una serie de treinta o treinta y tantas piezas inspirada por Quevedo —y coge de un estante un rectangulito de papel que viene a resumir la concepción del proyecto y su posterior desarrollo. Lo reproducimos a continuación:

Al propio tiempo, nos enseña algunas muestras; las que tiene más a mano: un pan, unas sardinas, unos langostinos que brotan de la piedra. Ni la piedra es piedra, ni las sardinas son sardinas ni los langostinos son langostinos. Nos lo dicta la razón, pero los sentidos nos dicen otra cosa: nuestro estómago ha empezado a segregar jugos gástricos y nuestras glándulas salivales a salivar.

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Metidos en materia, él hablando a su sabor y nosotros escuchando gustosos, aprovechamos un carraspeo suyo, para intimarle a que nos descubra las piezas más representativas de su itinerario artístico, para fotografiarlas.


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—Vamos arriba. Hay más luz —nos requiere. Subimos. Es la planta dedicada a exposición permanente. Aquí no son los árboles los que nos impiden ver el bosque, sino el bosque el que nos impide contemplar los árboles. Nos sentimos cohibidos, apabullados, ante las innumerables piezas que asaltan nuestros ojos. Cuántas horas de trabajo, de estudio y experimentación. Así se lo hacemos ver. —Bueno —le quitan importancia Raquel, que ha vuelto a aparecer, y José Luis—. Son muchos años. José Luis levanta las persianas para que los enormes ventanales vomiten luz natural a raudales. —Vamos a bajarlas un poco —le avisamos, y procedemos al pie de la letra—. Tanta luz no nos deja enmarcar la imagen en la pantalla. Lo ayudamos a preparar un pedestal blanco para ir situando sobre él, una a una, todas las piezas de la serie. No quiere sombras. Odia las sombras. —Buscad el ángulo —nos conmina, y se arma con un escudo de porexpán blanco, colocándose detrás de la pieza erigida para iluminar y quitar reflejos a la naturaleza muerta. Salmonetes, más sardinas, bogavantes, puerros, berenjenas… Y mientras quita y pone, habla, habla y nos ilustra.


—O sea, que Los milagros de las piedras —reiteramos el título, a ver si le hacemos morder el anzuelo de una pregunta—: ¿Has agotado la serie o vas a darle continuidad? No responde, pero ahonda en sus comentarios sobre su producción más reciente.

—¿Esa pregunta y esa respuesta, tan retóricas ambas, son las que, a la sazón, te impulsan a actuar con las armas de que dispones?

cabrachos,

panes,

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Besugos, pimientos…


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—Buenos y sencillos alimentos —glosa, como si me hubiera leído la mente. —Buenos sí, pero de sencillos no tienen nada; por lo menos por lo que se refiere a besugos y cabrachos —lo apostrofo. Chocolate, plátanos, membrillos, cebolletas, bueyes de mar, más pan…


—Mira —nos dice—, la marca de las tenazas, y las grietas del craquelado, ennegrecidas por el humo, y el brillo metálico, con tornasoles, y —dando media vuelta a la pieza— nacarado por esta parte.

(Ya que no podemos incluir la foto de la vasija —se nos olvidó hacerla—, sígase el siguiente enlace para visionar una demostración completa de la técnica en cuestión: https://www.youtube.com/watch?v=PIq1 EX-xXF4) —Todo lo hace el fuego — sentencia José Luis—. Podría decirse, aunque los historiadores lo consideren un pecado, que la historia de la cerámica es la misma historia del fuego…

—¿Y no te parece que estamos acabando por donde deberíamos haber empezado? —inquirimos con sorna.

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—Nada de carne, nada de caza… Frutas, verduras, pan y chocolate —dejamos caer—. Te gustaría dar de comer al hambriento, pero, además, de una forma sana, cardiosaludable… Tanto José Luis como Raquel, que ha vuelto a hacer acto de aparición, se encogen de hombros, seguramente para evitar desairarnos la gracia. En cualquier caso, José Luis nos replica: —También hay marisco. Casi simultáneamente, Raquel, a cuento de un friso que va a servirnos de soporte para fotografiar una hogaza de pan hueco (barro puro), pronuncia la palabra mágica: Rakú. A José Luis se le enciende la mirada. También a Raquel. Es una técnica que trabajan en equipo. Su dificultad así lo requiere. —Data del siglo XVI y es originaria de Japón —nos ubica en el tiempo y en el espacio José Luis… —Está ligada a la ceremonia del té, y la palabra significa alegría, placer, satisfacción —le toma el relevo Raquel, a la que le faltan palabras para expresar la emoción que siente—. A grandes rasgos —se adelanta a responder la pregunta que íbamos a formularle—, consiste en una cocción rápida de la pieza, previamente bizcochada en una primera cocción, tras la cual se decora con vidriados, óxidos, pigmentos… Una vez maqueada, se introduce en un horno pequeño hasta alcanzar unos 1000 grados centígrados, momento en el cual se extrae con unas tenazas para introducirla (enterrarla) de inmediato en materia orgánica combustible (serrín, paja, pinocha…). La combustión producida, pobre en oxígeno, confiere a la pieza un acabado único e irrepetible. Después de varios minutos, el proceso químico se corta bajando bruscamente la temperatura con agua. Raquel se empeña en mostrarnos en qué consiste ese acabado. Toma el friso entre las manos, pero lo deja por no mostrar lo que pretende enseñarnos; lo cambia por una vasija, sobre la que empieza a señalar con el dedo.


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Sonríe y se encoge de hombros. Busca a Raquel con la mirada, y Raquel sonríe y se encoge de hombros, solidarizándose con él. De repente, dejando la última pieza que hemos fotografiado en el suelo, un hermoso racimo de uvas (de la variedad tempranillo si no nos equivocamos) brotando de un pedrusco, coge un rotulador azul de un bote posado sobre el tablero y saca un folio en blanco de una carpeta. —¿Tenéis diez minutos? —nos pregunta. Antes de que se cumplieran, nos hace entrega del esquema que figura a continuación.


—¿Y no te parece que este final hubiera sido un buen principio? —volvemos a la carga para distender la despedida, un segundo antes de cruzar el umbral de la puerta del número 163 del paseo de los Pisones, hacia la calle. Lloviznaba.

¿Se puede pescar en las piedras? ¿Puede haber algo más vivo

de barro?

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que estos peces


El azar ha puesto en mis manos un ejemplar del informativo semanal gratuito Gente. Recoge diversas secciones, sembradas de anuncios: “relaciones personales”, “contactos”, “ofertas de trabajo”, etc. Encuentro uno que retiene mi atención, despierta mi curiosidad y me invita a actuar, Leo, “Anabel, 36 años, vidente y astróloga. Doy respuesta a tus preguntas. 15 euros. C/ Trinas nº 3, 2º. Atrévete! Y me atrevo. Se abre la puerta, y aparece una mujer alta, esbelta, la melena negra, cae como una cascada sobre su hombro. Sígueme, dice. Detrás de ella, atravieso un pasillo, casi en penumbra, con tan solo un leve destello de luz que se enciende y apaga. Al final, abre la puerta de un cuarto. Es entonces cuando se gira, me mira y veo su rostro: frente ancha, despejada, ojos negros, el perfil del rostro ovalado y la boca sin pintar, de labios llenos. Viste una bata de color violeta que la llega hasta los pies, parece un kimono japonés, incluso lleva bordado un escorpión dorado, delante y detrás. Se sienta y me invita a hacer lo mismo. Nos separa la mesa camilla, cubierta con una falda del color de la bata; sobre ella, el tapete verde y las cartas del tarot. En una esquina del cuarto, sobre un velador, arde una vela. Huele a incienso y el olor denso penetra en mí con un suave dulzor. Un sendero de luz azulado, desvanecido, que parece temblar, crea un ambiente casi irreal, que me hace sentir como si estuviera en un

club de alterne. Escucho su voz. Bueno, ¿qué quieres conocer de tu vida?: amor, amistad, enfermedades, sexo… Ahora, te miro Anabel y lo poco que me enseñas, me lleva a pensar que eres una mujer entera, bien hecha, no sé si de la materia de la que están hechos los sueños. Sonríe al tiempo que baraja las cartas. Detrás de ella, cuelga en la pared una fotografía en blanco y negro de Marilyn Monroe. Sale del mar, sonriente, luminosa, como una diosa, llena de gracia, de salud y belleza. Veo la espuma de las olas acariciando sus pies. Y me llega el final de la espléndida entrevista que le hizo Truman Capote y que aparece en su libro de relatos Música para camaleones: “La luz se iba, Marilyn parecía esfumarse con ella, mezclada con el cielo y las nubes y alejarse más allá de ellas. ¡Marilyn! ¿Por qué todo tuvo que acabar así, Marilyn? ¿Por qué la vida tiene que ser tan jodidamente podrida?”. oigo.

—Truman qué dirías de mí… No te

—Diría que eres una hermosa criatura. ¡Corta!, me pide Anabel. Saca una carta y déjala sobre el tapete. En la mesa se ha posado un tridente, de cada una de las puntas brota una llama. ¡Joder!, exclamo: la muerte. No, nada de eso. Pregunta, ahora es el momento. De la vida me acuerdo, pero, ¿dónde está?, le contesto. Hijo mío, eres un tipo de los que yo llamo asteroide. Mitad nube, mitad humo. Sí, respondo, algo parecido. Un día de la semana, acudo a la vieja estación, me siento en un banco y espero

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Naderías // Anabel


¡Corazón! ¡Qué cosas dices! Estás chiflado pero eres divertido. No he conocido un cliente como tú. Está bien, dejemos las bromas, le digo. ¿Puedes ver en la carta que está sobre el tapete, qué ensombrece mi vida, no se concede un momento de tregua, de reposo, me persigue desde la mañana a la noche? Pienso en el acúfeno, claro. Sí, lo veo, la carta no miente. Una mujer. Te ha dejado… La corto de repente, y sigo el engaño, cómplice de su juego. Cierto, así es, me oye decir. ¿Cómo es posible que lo hayas adivinado? Eres una visionaria acojonante. Sí, es una mujer. Hace dos meses salió de casa. Me dijo que iba a la farmacia a comprar aspirinas y todavía no ha vuelto. Pero yo sé que anda liada, perdida, por un tipo llamado Ulises. Un jovencito en paro, un gigoló, corrupto y desalmado, que lo único que busca es dejar su cartilla de ahorros vacía. Anabel, tienes que recibir variedad de clientes. ¿Qué tiempo hace que estás en Burgos? Mes y medio. ¿Y te va bien? No me quejo. Tres, cuatro clientes cada día. Los fines de semana mejora. ¿Y qué buscan, qué desean conocer? De todo un poco, me responde. El porvenir que les espera, posibles separaciones, si el amor va a durar mucho o poco, si van a encontrar trabajo o seguir cobrando del paro. ¿Y para todo encuentras respuesta? Sí, y si no la encuentro, la invento. Sí, pienso, ya lo has probado conmigo, pero lo dice con una seriedad que apabulla. ¿Nadie te pregunta por Mariano, el del PP? ¿Si va a durar otros cuatro años, o por fin se produce el milagro, se retira

y comienza a fraguar una venganza parecida a la de Don Mendo? Me mira sorprendida de ver una oveja descarriada, desprendida del rebaño que anda perdido. Es el momento en el que deposito 20 euros en la mesa. Su mirada emite destellos de luz, sus labios entreabiertos parecen decir, tiéntame. Eso pienso. Los pensamientos giran como una veleta… Tienes unos pechos hermosos, seguro. ¿Me permites comprobarlo? Con uno me basta; y sin pensarlo más, alargo la mano que penetra debajo de la bata y con etérea suavidad acaricio la teta derecha. No se inmuta. No se aparta. Yo, sorprendido, prosigo… ¡Basta ya!, exclama. Se levanta, camina unos pasos, se apoya en la pared y me mira. No observo rechazo, ni agravio, más bien en sus ojos encuentro una expresión que no es de desagrado. ¿Te das cuenta?, le digo. Soy un viejo que se ahoga en busca de un poco de aliento. A mi edad no tengo porvenir, ni futuro, sólo me queda esperar, pues. “Ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir es el único argumento de la obra”. ¡Chico! ¡Qué cosas dices! ¿Eres poeta? No. Soy un gramo de amor y un mar de olvido. Y tengo la impresión de que tú y yo hemos formalizado un contrato de tristeza con la vida, y una impenetrable oscuridad nos rodea. No te entiendo, me dice, pero gusta oírte. Creo que te has equivocado de visita. Donde debes acudir es a la consulta de mi amiga Dorotea, te facilitará un elixir para cuidar tus excesos de rareza y melancolía. Durante unos instantes que se me hacen eternos un profundo silencio ha penetrado en el cuarto y nos rodea. Anabel, es la hora de partir. Encuentra la carta que recuerda que la vida no reside en el éxito, sino en la dignidad… Es agradable y sentimental la luz que me recibe en la calle san Pablo. La luz, que en la tarde cálida y serena

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a que llegue el tren donde viaja el deseo de mi vida, pero no termina de llegar. En mi interior oigo la voz: ten paciencia, me dice, llegará. ¿Pero qué es lo que tiene que llegar?, me pregunta impaciente Anabel. Lolita contesto. “La luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Era Lo por la mañana. Lola con pantalones. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.


recorta las sombras, se degrada poco a poco en muchas partes y se desnuda en plenitud frente al Museo de la Evolución Humana. Llego a casa, y sin dudarlo, me coloco de rodillas en medio del “estudio”, por llamarlo de alguna manera, miro el cuadro que está sobre el caballete, en el que trabajo desde hace días sin encontrar la respuesta que me pide, y exclamo: “Oh, dioses, aquí tenéis a un viejo con tantas penas como años”. Y el eco que despiertan las palabras del rey Lear vaga por las paredes desnudas de la casa.

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J. A. Martínez Gutiérrez “Guti”


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Nuestra ciudad Pequeño drama otoñal Si desde los altos prados del castillo, o desde los barrios más alejados, unos reducidos, otros populosos, que conforman la ciudad; si desde cualquier calle transversal decides acercarte a las del centro, puedes observar en ellas muchas escenas interesantes. Pintemos una mañana de sábado, recién comenzado el otoño, una mañana soleada, dorada como un pan tierno, repleta de fragancias, en la que las gentes disfrutan de cuanto la ciudad ofrece: mercado, música, exposiciones, paseo bajo castaños y plataneros… Cuando amanece un día como el señalado, a todo el mundo le entra un ansia febril de salir de casa y encontrarse con conocidos, de pelo lustroso y ropas decorosas. Se diría que pasea la viva imagen de la felicidad. Y, si no es felicidad, será, simplemente, satisfacción. Las calles son un hervidero y las puertas de los bares sostienen un tumulto. No es extraño escuchar conversaciones divertidas, saludos efusivos, etc, etc… Cerca de la Plaza Mayor, en un cruce con la calle Laín Calvo, junto al Arco del Pilar y frente a la Plaza de la Flora, se dan todas las circunstancias descritas hasta este momento: gente, trasiego, bullicio, bares, tiendas… Como la zona es peatonal, los transeúntes se demoran en la calzada, disfrutando del calorcito agradable del luminoso día. Al fondo, sobre los edificios antiguos, las

casas remozadas, los miradores de madera repintados, se asoman, curiosas, las agujas de la catedral, como un sueño convertido en piedra. Junto a la puerta de un mesón de renombre y categoría, justo frente a la entrada de una de las mejores tiendas de ropa, se desarrolla la siguiente escena. Deberemos contar cada detalle, pues, si no, será imposible entenderla en toda su profundidad. Hay allí una mujer de tez clara y textura exquisita, pelo largo, ondulado de un cálido color castaño y unos llamativos ojos verdes. Sonríe mostrando unos dientes blancos, grandes, tras unos labios carnosos, bien maquillados. Se podría decir de ella que es la “Kim Bassinger” de una provincia española. Alta, esbelta, bien vestida… Aparenta seguridad en sí misma, y habla con propiedad, aunque sin demasiada cultura ni ecuanimidad. Se puede adivinar que es una oficinista bien considerada, a la que la vida no ha puesto en demasiados aprietos. Es, en fin, una mujer bastante satisfecha, aunque en cierto modo insaciable. Lleva de la mano a una niña de, aproximadamente, cinco años, muy rubia, muy linda, con unos preciosos ojos azules, gritona, un poco revoltosa, vestida con un abriguito de cuadros que deja al descubierto sus delicadas rodillas,

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“…toma este vals que se muere en mi boca”.


Han decidido lo que quieren pedir, y se internan en el mesón, después de comprobar que la niña, fuera, está entretenida. Explicaremos con brevedad qué hacen en ese lugar. Son las dos menos cuarto del mediodía, y los comercios se cerrarán en poco tiempo. La mujer, que no trabaja los sábados, espera a su marido, que a las dos en punto echará el cerrojo del comercio, despedirá a los empleados, y, junto a una pareja amiga, perteneciente al grupo funcionarial, se acercarán a comer a un restaurante. Ahora bien, hemos dejado a la mamá entrando en el bar, al papá en su tienda y a la niña metiendo los deditos en un agujero de la pared, con la intención de hacerlo más grande. En ese momento, y todo lo que ocurra será lo declarado por testigos, sucedió lo siguiente. Según dicen, un tipo estrafalario, mal peinado, vestido de negro, que parecía acechar desde la esquina, aunque esto no es seguro, se aproximó a la niña y dijo algo muy cerca de su carita, para que ella pudiera entenderle con claridad. Un segundo después, la niña lanzó un grito tan espeluznante que hizo volverse a las más de cincuenta personas que se hallaban en ese lugar. La frase había sido: “TU PAPÁ ES UN HIJO DE PUTA”. Para quien todavía albergue dudas sobre la literalidad de la frase, piense que escuchó mal o que la criatura no se había enterado, siendo tan pequeña, se recuerda que, preguntada más tarde por ello, repitió fielmente la frase: “me ha dicho TU PAPÁ ES UN HIJO DE PUTA”. Imagínense el drama. La mujer agarró a su niña y le cubrió el rostro,

mientras buscaba con la vista la sombría figura que se escapaba entre la gente. Todos los presentes volvieron la cabeza para observar al delincuente, que, después de su fechoría, y riendo por lo bajo, caminaba rectamente, casi corriendo. Cuentan los testigos que no miró atrás. Uno tras otro fueron pormenorizando su recorrido: ascendió hacia San Gil hasta el cruce entre la calle de los Avellanos y la de Fernán González, en la cual se internó a buen paso, recorriéndola entera y dejando la catedral a su izquierda; hizo una parada en lo más alto de la calle para, detrás de una fuente apartada, orinar durante un rato; cruzó después el Arco de San Martín, y se perdió finalmente en las callejuelas del barrio de San Pedro de la Fuente, donde nadie pudo, o quiso, dar más información sobre su trayecto, cosa que se comprende, ya que en dicho barrio situaron los testigos su domicilio. Completamente de negro, vestía camisa, chaleco, y un pantalón ancho pasado de moda, de cuyo cinturón pendía un llavero repleto de llaves, colgando como el que lleva una pistola al cinto. En el brazo tenía un tatuaje descolorido, recuerdo, sin duda, de viejas batallas. Quienes lo conocían personalmente indican cierta dificultad ostensible en el habla, lo cual no exime de la posibilidad de pronunciar perfectamente la frase susodicha, que no es necesario repetir. Parece claro que el individuo no se atrevió a decírselo directamente al papá, lo cual demuestra hasta qué punto se puede ser cobarde. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el hombre pretendiera hacer comprender a la chiquilla una realidad que le era absolutamente desconocida, y que hubiera tardado años en descubrir por sí misma, en el caso de que le hubiera interesado. Así que pudo querer hacerle un favor. Quien le conocía le puso nombre. Mejor dicho, dijo en voz alta su apodo, ya que el nombre propio era ignorado por la generalidad. Se supo que era “Tornillos”, así, a secas, sin determinante y en plural. También se desconoce el origen del

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prenda de diseño exclusivo, se ve a la legua, igual que el traje de su mamá,no en vano su esposo y papá es el dueño de la tienda de ropa que queda a unos cinco metros de donde se encuentran. La niña se muestra desinhibida y traviesa, y se suelta de la mano para acercarse más a la pared. La mamá, que charla muy animada con otra pareja, ríe abiertamente, segura de que todo está bajo control.


sido capaz de reconducir su vida y, consecuentemente, olvidar la afrenta. Quizás todo estuviera escrito de en el libro del destino, pero, con su ignorancia, estaba seguro de que allí habían comenzado sus desdichas. Él no se consideraba torpe ni zafio, si le suponemos capaz de hacer un análisis personal profundo. Habría estado dispuesto a mejorar en todos los aspectos, pues aún no se había abandonado completamente a la desidia, y en cierto modo era fiel y disciplinado. Así que ese pobre hombre había sentido herido su amor propio. Su adversario, según sabemos, no se creía culpable de su deriva, de sus errores, o su naufragio. Aliviado por haberse desembarazado de un elemento tan incómodo, de un personaje tan poco decoroso para su proyecto empresarial, se había olvidado pronto del asunto. En muy pocas ocasiones hablaba de él, a lo sumo, había hecho algún comentario sarcástico cuando se lo nombraban mientras desayunaba en la cafetería, un encogimiento de hombros despreciativo o alguna risita, disimulada enseguida tras un rostro serio y formal. Sin remordimientos, su vida había seguido una trayectoria intachable. Nada de traspiés, veleidades o tormentos, pasiones o vicios, búsquedas o hallazgos, salvo aquellos permitidos por la sociedad y bien vistos por sus familias. Eran gente de orden. A esos consejos atendían, esa era su filosofía, que obviaba, en cierto modo, los principios de la ética, pues no hacían objeciones a pisar al prójimo, siempre, claro está, en beneficio de intereses más elevados. No es que juzguemos mala dicha consigna, pero creemos ver en ella cierto poso de mezquindad. ¿Cómo supo “Tornillos” que esa niña era la hija de su enemigo? Pues bien, había reconocido a la hermosa mamá, que ya entonces, hacía diez años, era novia del antes nombrado. Sabía que la pareja de enamorados había seguido las pautas establecidas: una boda pomposa con muchos invitados, la

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apodo. Al respecto, se especula tanto sobre la afición del individuo a llevar chatarra colgada del cinto, como a un antiguo oficio, al que haremos referencia más adelante. Lo que sí podemos asegurar es que al hombre le agrada mucho su apodo, ya que, en su vida cotidiana, no soporta que le llamen de otra manera; quizás se deba a que aprecia en el mismo connotaciones positivas, además de prácticas, tales como fortaleza, resistencia, cualidad metálica, etc… A medida que se iba descubriendo la identidad, se conocieron más detalles de su vida, lo que nos va explicando tanto el drama como su relación con los otros protagonistas. Se sabe ciertamente que “Tornillos” está soltero, sin otro oficio que el de deambular por los bares; que vive con su madre en un piso de alquiler, subsistiendo gracias a la pensión de viudedad de la mujer. Sin embargo, también se sabe que no siempre fue así, y que antaño era un empleado casi modélico de una tienda-almacén almacén de telas en el que se encargaba del orden y mantenimiento del género. No es coincidencia que dicho comercio estuviera situado en el emplazamiento donde ahora se muestra la rutilante tienda de moda. Los lazos que le unen al lugar son aún más largos y fuertes, ya que su padre, fallecido ya, estuvo trabajando en el mismo comercio a las órdenes del padre del hombre de ojos azules que ahora mantiene la titularidad del local, y que ambos, “Tornillos” y “el Rubio”, al igual que sus respectivos padres, fueron en un momento de su vida jefe y empleado. Poco se sabe de la relación, aunque, por ciertos comentarios de “Tornillos”, se deduce que se le despidió de mala manera, con engaños, e incluso algún insulto, de tal forma que no le quedó ningún derecho social. No es de extrañar, entonces, el rencor acumulado hacia el otro, ya que, aunque hubiesen pasado casi diez años y pareciese una historia antigua, “Tornillos”, poco preparado para desenvolverse en la sociedad, no había


Las hay fulgurantes, mortecinas, esplendorosas o tenues. Naturales y de artificio. Ignoraos muchas de sus cualidades y desconocemos los íntimos secretos que han llegado a alumbrar. En pintura, son capaces de resaltar detalles impensables, y, aliándose con las sombras, contener todos los colores complementarios. Así pues, es posible que en Burgos, como si fuera en un cuadro, ciertas mañanas de otoño, en las que el sol envuelve las calles como en papel de celofán y acaricia de manera agradable la piel de los paseantes, bajo esa luz tan dulce, puedan desarrollarse multitud de pequeños dramas. Y, estamos seguros, de que también sucederán otros más grandes. “…toma este vals del Te quiero siempre”. Pequeño vals vienés. Federico García Lorca Montserrat Díaz Miguel

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adquisición de un hogar confortable y que después, en el momento adecuado, habían traído al mundo a esa niña preciosa que les colmaba de orgullo. ¡Cuán diferente era la vida de “Tornillos”, inculto, estrambótico, sin otra meta que la de llegar a la puerta del próximo bar y buscar a alguien conocido al que dar “la brasa”, como se dice vulgarmente! Sin embargo, este desarrapado había sido capaz de albergar en su corazón un rencor enorme. También él podría haber tenido ese sitio ideal que llamamos “hogar”. La permanente sonrisa que se veía en su boca disimulaba un rictus amargo, sin lograr borrarlo del todo. Esta historia demuestra cómo hasta las personas más insignificantes están sujetas a pasiones, que todos, ignorantes o inteligentes, nos movemos por los mismos patrones; que en todos los corazones anidan ansias y deseos similares, hasta en el de los seres más despreciables. Esta, creemos, es la moraleja del cuento. Regresamos, finalmente, al principio de la historia y nos situamos otra vez en las cercanías del Arco del Pilar, pues debemos entender del todo la escena. “Tornillos” accedía a la Plaza de la Flora, cuando se percató de la presencia de la mujer, con la niña agarrada de la mano. Lo demás fue un cúmulo de casualidades: la niña se soltó, y la mujer, junto a sus amigos, desapareció dentro del bar. “Tornillos”, mientras tanto, seguía caminando. ¿En qué momento decidió realizar su fechoría? No lo sabemos. Hay que reconocer que fue perspicaz, para sus menguadas facultades. Tardó sólo un instante en asimilar la situación, y como el rayo que cruza el firmamento, viendo a la niña sola, comprendió que era el momento de vengarse, se acercó a ella y soltó la frase monstruosa. ¿Está justificada, después de lo sabido, semejante acción? De ninguna de las maneras. No hay argumento posible a su favor. A todas luces, no. Aunque es posible que no entendamos cuanto la luz ofrece, su diferente intensidad, tono, fuerza, cromatismo, etc.


Ahora es una diosa que, alzada en unos tacones de aguja de ensueño, se apoya contra el coche y muestra unas nalgas esponjosas que arrasarían el decoro concienzudo de un millón de castos. Posee una cara vikinga espectacular y su epidermis destella más que el brillo de un rubí. Sus pantorrillas, decoradas con unas ligas finas y una minúscula cenefa bordada en blanco, fragmentan la quietud del escenario. Se abre las interioridades de par de par, con unas uñas pintadas de rojo cereza, apoyada en la virginidad cérea de los muslos. La locura desfila entre el orden natural de sus dedos y la vulva, vista por delante y por detrás cuando se ladea, se asemeja a una piña tan dulce como la miel. El pelo rubio platino le roza el confín de la rabadilla y en los hombros se vislumbra un tatuaje anaranjado que representa a una mariposa de cosquillas fidedignas. Entonces una baba de silicona se derrama lentamente por el tobogán de mi mentón con el balanceo de sus glúteos. Ahora es una doncella eslava de lengua rosada y ojos azules reconciliada con el nudismo, ruborizada al margen del pundonor y dotada de unas pestañas sibilinas que incitan a un asalto a sangre y fuego. Se agacha, al acecho, asilvestrada, acicalada por una barbaridad de detalles mezclados con el garbo de su silueta. Bambolea el ombligo con vaivén de cierva y los pechos, piriformes, insobornables, enaltecen la autenticidad de las venas de su cuello. El

pincel de su dentadura ebúrnea bosqueja un ardor procaz, de gata en celo, de yegua empeñada en calentar a la caballada, de diva de espectáculo pornográfico que se descerraja los labios vaginales con el pulgar y el cordial. Parece una heroína rusa, una mezcla de vodka y naranja, un apetitoso plato de caviar o una fuente de placeres expertos en embotar la razón. Transforma la frescura de las rodillas en dos ángulos rectos exactos y adopta, arriesgada, viciosa, fuera de serie, el aplomo de quien está por encima del bien y del mal. Entonces anhelo tocar el hechizo de sus curvas, acariciar ese cuerpo de bombas macizas y colonizar su monte de Venus con el ejército envalentonado de mi instinto. Ahora es la sobrina de la vecina y quiero ser su marido, su hermano o su tío, cualquier parentesco que me permita espiarla en directo tras la cortina del baño. Veo cómo se inclina al igualarse las uñas de los pies tras la ducha y cómo se le dibujan las costillas en una partitura de ópera orgiástica. En ese contexto de vaho libidinoso, las bragas negras que se pone destacan con luz propia en la magnificencia de su antifonario. Los caracolillos del vello púbico, recortados con precisión y aliados en torno al socaire de la picardía, muestran al mundo una lascivia sin parangón afincada en sus caderas de guitarra embrujada. En el reloj de un vecino suenan las campanadas de las cuatro de la

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María Zemanova


arraigado, tajante, ajeno a la disciplina, apuntilla las terminaciones nerviosas de mi cerebro en la gruta del deseo. Ahora es una novicia de mirada angelical vuelta del revés y el punto de mira de las posaderas se aproxima al colmo inefable del entusiasmo. Sueño con ser el padre salesiano que, merced a una penitencia sencilla consistente en un revolcón de órdago, perdonará sin duda sus pecados de mantis religiosa mientras ella, bella como nunca, entregada en cuerpo y alma, manosea las cuentas del rosario con fervor de neófita. En ese ambiente sagrado, concentrado en el silencio triunfal del conticinio, el amo de la pasión se envalentona en un instante de estallido porque ya es hora de la comunión. El onanismo se ensambla con el destino en el pórtico del templo, sin confetis de novios ni murmullos de celestinas, y las huestes de la lujuria, a pendón herido, se apropian del devaneo de la ilusión. La pujanza de un huracán, endiabladamente fogosa, desmantela el armazón del bajo vientre y una singular reserva de fluidos se dispone a salir a la luz sin más preámbulos. Entonces, a voluntad, con la desenvoltura serpentina de mi índice, amplio la crica de María Zemanova para la batalla final. Ahora, como entre sueños, oigo mi nombre antiguo y giro la cabeza hacia la puerta de la habitación. Allí, con ojeras purpurinas de desvelo, está la santa de mi madre, frustrando con su presencia el frufrú de mi eclosión delante de la pantalla del ordenador. A pesar de que ya hace más de doce años de la operación, sigue sin asumir que en la actualidad soy Andrés, un atareado profesor de literatura que suda la gota gorda hasta las tantas, y que, por ende, ya no soy Andrea, la hijita rubicunda y cándida que alumbró hace más de cuatro décadas. Jorge Saiz Mingo

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madrugada y el tiempo, manipulado a conciencia por sus manos de cortesana,exprime el jugo de los segundos. Entonces mis palmas devienen lagos de sudor en un pispás de castañeta y la lista de los piropos, carnal hasta la médula, larga como un camino, se deleita con la exquisitez torneada de sus piernas. Ahora es una colegiala peinada con dos coletas de lazo malva, provista de una falda corta sobre las medias del uniforme de las sacramentinas y de una blusa transparente que insinúa la perfección juguetona de su figura. Se abre los botones adrede y, aprovechando que es la hora de la merienda, se unta los pezones con mermelada de frutas del bosque. Tras convertirse en una educanda hambrienta y sicalíptica, se chupa los restos azucarados de los dedos mientras la órbita de las areolas, barnizada de un violeta glorioso, aviva la burbuja de la vehemencia. Entonces fantaseo con ser su tutor para poder reprender su descaro con la regla, azotar sin excesiva severidad el perfil de su trasero empinado, echarle una regañina por ser una infanta consentida y concederle, al postre, una nota de sobresaliente en geografía gracias a la cordillera cuajada de cimas y cuencas de su talle. Ahora es una hembra de jaguar que se estira como la goma de un tirachinas, presta para un desenlace de garras a flor de piel, y el absolutismo de los gestos felinos, encorvado, ferozmente salaz, entrega el homenaje del cóccix con una elegancia innata de condesa. Mimetizada con la selva que rodea sus músculos fibrosos de gata, se lanza en pos del premio de la rijosidad con una fruición de mamífera carnicera. Al cabo, tras la exhibición ardiente y perversa de un sujetador de encajes asalmonados, el lunar afrodisíaco de la ingle, junto al triángulo definido del pubis, se confabula con el rosicler de su clítoris y hachea el tronco de un árbol cuadragenario que, por hache o por be, ya no me pertenece. Entonces una ola tórrida anega lo que queda de mi estoicismo y un ahogo


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¿Y el abuelo? El abuelo se fue solo a vivir a Celada del Camino, ese pueblecito de Burgos donde sus campesinos le bailaban las entradillas y le cantaban algún domingo. Era todo su entretenimiento. ¿Solo, solo? Con sus vinos especiales, con sus botellas de marca (…). Dicen que los domingos atravesaba el arco que pasaba sobre la calle desde su casa al altar mayor, y allí, donde junto a él había siempre un reclinatorio vacío, el de su abuela, oía la misa. No se arrodillaba nunca (…). ¿Dónde lo enterraron? ¿Lo volvieron a Celada del Camino? Creo que quisieron olvidarlo pronto, más por francmasón que por mujeriego. Cuando yo de mayor fui a ver la casona de Celada, me sorprendió encontrar en una galería muchos cuadros de la guerra de la Independencia. ¿Y esto? Esto, me dijeron, es que el señor que vivía aquí fue el que dio al Empecinado los caballos para que reclutasen los voluntarios de Burgos contra los franceses. Más tarde, y con cierta emoción, leí que los había dado el marqués de Barriolucio y que este señor se había casado con una baronesa de Aragón (…) que ahora resulta que es mi bisabuela. Este texto evocativo corresponde a las páginas en las que María Teresa León Goyri reconstruye una conversación suya con su madre Oliva Goyri y en las que ésta le va dando cuenta de los acaeceres de distintos miembros de su familia, entre los que destaca a María Goyri, de la que la niña María Teresa espetó a las monjas que la atosigaban: “Mi tía fue la primera mujer de España que estudió en una universidad” 1. Pero los emocionados recuerdos de la escritora registran también en el blanco de las páginas la presencia del edificio palacial que se levanta a la entrada del citado pueblo en frente de la iglesia de San Miguel que se levanta al otro lado de la calle principal2. 1

.- María Teresa León, Memoria de la melancolía, cito por ed. de Barcelona, ed. Bruguera, 1979, pp. 72-73 y 66.

.- El árbol genealógico que conduce desde el vizcaíno Bartolomé Goyri Barrenechea (Deusto, 1821- Celada del Camino, 1899) hasta María Teresa León se inicia en el matrimonio de Bartolomé y Oliva Erruz (nacida en la aragonesa localidad de Ateca) y viuda del IV marqués de Barriolucio, propietario a la sazón del palacio. Me parece ilustrativo de esta sucesión de propietarios un párrafo de las Memorias de la burgalesa María Cruz Ebro: “Rosario (Llera) casó con Hipólito Goyri. Era descendientes del marqués de Barriolucio y en Celada del Camino tenía hermosa posesión. En París montó una bodega de vinos españoles. Su hija Oliva contrajo matrimonio con el coronel de Caballería León Lores. Su hijo, Ángel León, teniente coronel de Estado Mayor, está casado con una hija de D. Ignacio Albarellos. Una Goyri, María, casó con D. Ramón Menéndez Pidal “ (Juan Sierra y Gil de la Cuesta, Burgos entre dos siglos a través de la vida y obra de María Cruz Ebro, Burgos, Diputación Provincial, 1987, p.57) 2

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El palacio de Celada del Camino. Ecos literarios


El citado pueblo es y era enclave preciso en el camino de Santiago y en la ruta que conduce desde Irún hasta Valladolid, circunstancia que explica su función de receptáculo de viajeros y comitivas. La tradición oral mantiene que fue punto de descanso en la comitiva fúnebre en la que la reina Juana conducía el cadáver de su esposo Felipe el Hermoso, en crónicas o textos de impresiones viajeras se sostiene que por allí pasó el abdicado Carlos V en su camino desde Laredo a Yuste y, sin referencia expresa al pueblo o al palacio, se han aducido pasajes de escritos de Santa Teresa de Jesús como alusiones referidas a la zona 3. Estos viajeros pudieron contemplar el palacio de los Castro en la construcción gótica del XV que siglos más tarde sería ampliado con edificios adjuntos. Por la puerta construida en el siglo XVII debieron de acceder al palacio el rey Felipe IV y la corte que lo acompañaba en su regreso desde San Juan de Luz donde había depositado a la infanta María Teresa para su matrimonio con el monarca francés Luis XIV. El cronista de la época Leonardo del Castillo da noticia del acontecimiento:

También pasó por Celada del Camino el que sería presidente de los Estados Unidos, John Quincey Adams, que antes de llegar a Burgos el día 11 de enero de 1780 se refiere en una página de su Diario (libro I, p. 40) a las dificultades que él y sus acompañantes vivieron entre el lugar antes de llegar a Burgos. Y algunos escritores del siglo XIX no dejarían de referirse a Celada. Es el caso del niño Victor Hugo en su viaje desde París a Madrid en 18115 para reunirse con su padre el general napoleónico que combatía ferozmente a los guerrilleros. O del español José Zorrilla, cuya madre había nacido en el cercano pueblo de Quintanilla Somuñó, que debió de visitar en algunas ocasiones los alrededores de Celada en los tiempos de su infancia en que estuvo alojado en pueblos de la comarca. El nombre de Celada aparece citado en sus quintillas “Un recuerdo del Arlanza” y en estos versos de su poema El drama del alma, evocador del Méjico que él había conocido y que se publicó en 1874 impreso en la burgalesa imprenta de Arnáiz: Aquí la vieja Celada a cuyos pies agua corre del Arlanza descauzado; y allá Torre la almenada y allí Santiuste sin torre6.

.- En el capítulo 31 de las Fundaciones recuerda la santa las dificultades que había tenido en su acceso a Burgos (donde llegó el 26 de enero de 1582): “los grandes trabajos y peligros que nos vimos, en especial un paso que hay cerca de Burgos, que llaman unos pontones”, dificultades a las que también se refiere en carta de 6 de febrero a la madre María de San José: ”En el camino se nos ofrecieron hartos peligros, porque hacía el tiempo tan recio, que iban los y ríos que es temeridad”. 3

.- Leonardo del Castillo, Viaje del Rey Nuestro Señor don Felipe Quarto el Grande a la frontera de Francia, Madrid, Imprenta Real, 1667, p. 272); la boda se había celebrado el seis de junio de 1660. El escudo de armas de la puerta tiene adjunta la siguiente inscripción: “AQUI SE AN APOSENTADO SIEMPRE LOS REYES i EL AÑO DE MIL Y SEISCIENTOS I SESENTA SE A APOSENTADO LA MAGESTAD DE PHELIPE QUARTO EL GRANDE QVUANDO PASO A YR A CASAR SU HIXA LA SERENISSIMA YNFANTA MARIA TERESA CON EL REY DE FRANCIA LUDOVICO DECIMO QVUARTO”. 4

.- “En jouant avec ses frères dans les ruines de Saladas (sic), Victor s´ouvre le front et perd connaissance; il gardera cette cicatrice toute sa vie, comme un stigme de sa fièvre espagnole” (Jean-Marc Hovasse, Victor Hugo I. Avat l´exil (1802-1851), Paris, Fayard, 2001, p.97). 5

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.- El poeta denomina Arlanza al río Arlanzón.

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El miércoles (16 de junio de 1660), dejando Su Majestad cuatro leguas atrás a Burgos, vino a comer a Celada (población de cuarenta casas) y habiendo andado cinco por la tarde, llegó a dormir a Palenzuela4.


De los escritores que pasaron más tarde por el lugar y que recogieron en sus anotaciones la referencia a la casa-palacio es imprescindible recordar los Diarios de Gaspar Melchor de Jovellanos que entre los días veintiocho de marzo y trece de abril de 1801 y antes de llegar a Burgos hace las siguientes observaciones, que nos sirven para entender las dificultades de acceso al pueblo que habían experimentado otros viajeros:

Lugar de Celada y aquí me parece que vimos una pequeña casa-fuerte con torre, muro y merloncillos pequeños y al parecer modernos. Aquí vuelve la carretera de la misma buena forma que la descrita ayer tarde, aunque donde bajan las tierras de la misma buena enorme altura que notamos ayer mañana, y ora se le diese para conservar el nivel ora para librarle de las aguas, pudiendo bastar la mitad de altura, no es excusable el desperdicio. Al lado izquierdo la siguiente inscripción: Majestati Car. IV regnante. Anno MDCCLXXXXII, y, más abajo, en letras pequeñas, tendrá el nombre del Director o Arquitecto que no leímos 7. El ilustrado asturiano ya pudo contemplar los añadidos barrocos a los que se añadirían los elementos de la fachada actual que mira a la calle principal del pueblo Escritores del siglo XX registrarían también sus impresiones sobre el pueblo y el palacio, como hemos visto que efectuaba María Teresa León, pero la evocación de las páginas de estos autores nos sitúan ante la fragmentación de la literatura experimental del siglo XX, fragmentación paralela a la que sufrieron las partes del edificio palacial al ser dividido entre varios propietarios, cuestiones todas que deben quedar para otras páginas. Leonardo Romero Tobar

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.- Melchor Gaspar de Jovellanos, Diarios, en Obras, vol. 86 de Biblioteca de Autores Españolas, Madrid, 1956, p.42.

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Entre este pueblo (Villanueva de las Carretas) y Celada hay un malísimo paso al del arroyo de Villardemiro, que inunda aquellos grandes barrizales, y los hace intransitables, sobre los cuales estaban mejor empleados algunos de los trozos de camino que hallamos construídos sobre terreno firme.


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Desde el mismo momento en el que la viuda, Mercedes Romo Santamaría, perdiera la razón, no pasó ni un solo día sin que la mujer dejara de escudriñar el cielo. Por las mañanas se plantaba a la puerta de su casa, tiesa como un estafermo, se llevaba las manos a la frente, y elevaba su mirada errante hacia el cielo como una planta sedienta de luz. Así cada día, ya fuera bajo el sol tórrido del estío, ya fuese bajo los aguaceros de abril. Y emulando a los girasoles, enamorados de su estrella, la mujer demente, guiada por la veleta de la sinrazón, se pasaba las horas vivas persiguiendo en el horizonte sus recuerdos muertos. De vez en cuando, a ráfagas, hilvanaba con el hilo dorado y refulgente de la lucidez la mortaja de sus sueños: se veía allá, en el monte, serena, acariciada por la dulce brisa del mediodía en un día de canícula y por el rostro bruñido de su esposo, quien la abrazaba entre besos y caricias mientras las ovejas pastaban indiferentes y los canes parecían asentir, con una mirada de ensueño, como de ojitos brillantes, aquel encuentro abrasador. Hasta que un mal día del invierno la mujer desmemoriada se perdió por el camino postrero de la Encina Grande: huyó bien de mañana en busca de sepultura. Anduvo por sendas de barro y veredas encharcadas; primero, con pasos torpes, enterró los zapatos y, a los pocos metros, junto a un enebro, hundió su cuerpo en el lecho húmedo de aquel monte que otrora había sido su refugio amoroso. La estuvimos buscando todo un día de niebla. La encontramos al amanecer, junto al tronco de aquél árbol. En él han clavado una tabla: “ME... MO… RIA" y una fecha de diciembre parece leerse en aquel epitafio fragmentado, despintado, deslucido... José Luis Yáñez Ortega

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Memoria


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“Tengo miedo a volar”, le dijo aquella avispa a su psicólogo.

Al muerto le gustó que le aplaudiesen durante su entierro, así que levantó la tapa de su féretro y se incorporó para saludar.

Nada más que abrieron el banco lo atracó el Tempranillo.

Conversación entre amigos: —Me voy a la cama, a ver si caigo en los brazos de Morfeo. —No sabía que eras gay.

“Va a caer sobre ti todo el peso de la ley”, le dijo el policía obeso al delincuente escuchimizado antes de tirarse encima de él.

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Historias mínimas en 140 caracteres o menos publicadas en Twitter


El pintor se puso ante el lienzo hecho un pincel y acabó hecho un cuadro.

“Cuesta morirse, pero luego es como mejor se está”, dijo aquel cadáver.

A Tarzán le regalaron una caja de botellas de güisqui, y dejó de ser Tarzán de los monos para convertirse en Tarzán de las monas.

El recluso se durmió y soñó que estaba en la cárcel.

El artista y el político se abrazaron en la fiesta. El político pensó del artista que era un payaso, y este del político que era un inculto.

Al loro, su dueño le enseñó a decir libertad, pero nunca lo sacó de la jaula.

El gobierno a los jóvenes que no encontraban trabajo les regalaba un libro de

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“No solo de paz vive el hombre”, dijo el traficante de armas. Cuando Robinson estaba en la isla algunas noches soñaba con su patria, cuando retornó a su patria algunas noches soñaba con la isla.

La sentencia se ajustó a derecho, pero fue un disparate.

Después de asistir en el circo al mayor espectáculo del mundo, salió a la calle y la realidad le pareció miserable y aburrida.

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pensamiento positivo.


A los apaches que iban a fusilar los pusieron en fila india.

Después de casarse con Séfora, Moisés guardó el anillo de compromiso en el Arca de la Alianza.

Sobrevivía vendiendo periódicos y revistas viejas aquel inmigrante sin papeles.

El hombre que se reía de sí mismo se enfadaba si los demás se reían de él.

Hacía oídos sordos a todo cuanto le decía su mujer aquel hombre sentado en su

El banquero entró en su banco, el mendigo se tumbó en el suyo.

Desde la altura a la que remaba, el gondolero solía ver muchos canalillos.

Era tan buen lector que mejoraba los libros que leía.

No lloró nadie en el entierro de aquella plañidera. Enrique Angulo Moya

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sillón de orejas.


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Tenebregosa. Eso es todo, y nada más

Con respeto, al maestro El autor, a través de este texto, quiere homenajear —y a la vez pedir perdón al maestro por modelar lo que considera originalmente perfecto— a Edgar Allan Poe. Y lo hace, precisamente, tomando como base el poema, El Cuervo (The Raven, publicado por primera vez en el diario New York Evening, en 1845). Jesús Toledano, que como escritor ha puesto en las estanterías novelas de claro corte policiaco (aderezadas también en algunos casos por una evidente inspiración y melancolía gótica): Burgati, la ciudad de las tres noches (editorial Gran Vía, 2015), El reloj (editorial Gran Vía, 2016), ubica al precursor de la novela negra tras un extraño despertar en el palacio de Castilfalé, en Burgos. A partir de ahí, y con la búsqueda y el dolor por la pérdida de Leonora como motivaciones, el de Boston va a recorrer la calle Fernán González (en otros tiempos llamada Tenebregosa), el arco de San Martín, el callejón de las Brujas o la iglesia de Santa Águeda. Pasará por la catedral y por la calle de la Paloma, hasta entrar en la bóveda de San Llorente, bajo la plaza de los Castaños, todo ello, cómo no, acompañado por un majestuoso cuervo. Aunque de modo tangencial, el escritor burgalés pretende de un modo original mostrarnos el universo literario y personal de Edgar Allan Poe citando además algunas de sus obras. Todavía extrañado al pasear por una ciudad desconocida, pero guiado por la negra estela del córvido, Edgar Allan Poe descubre de modo intemporal una urbe y un recorrido gótico por Burgos, que, a buen seguro, podría haber inspirado alguno de sus mejores cuentos de terror.

Hoy no es <<ayer>>, tampoco <<una vez>>. Sí que me hallo al filo de la lúgubre media noche, es lo único seguro. No estoy cansado, tampoco en tristes reflexiones


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embebido. Cierro violento un libro de vieja y rara ciencia que, quizá a través de mi imaginación o de un raro sueño, a un extraño destino me ha traído. Nadie toca a la puerta de este cuarto, leve es mi respiración en este cristal por el que miro: un arco apuntado; un palacio…; en un lugar que no distingo. Es –digo musitando- que hoy el visitante, viajero en un mundo inhóspito o perdido, soy yo; por eso abro la puerta del cuarto y desciendo la escalera hacia la quietud de la calle desconocida. Eso es todo, y nada más. ¡Ah! oscuro presente de un gélido octubre, hace frío frente a la aristocrática morada que abandono y dejo a mi espalda; espectros de adoquines reflejados en el suelo de esta ciudad irreconocible; tengo angustia por el deseo de un nuevo día que vislumbre mi destino, atormentado eternamente, mi vida. Dolor que arrastro por tu pérdida, Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles aquí, como yo, en mi cabeza perdida, también serás llamada. En esta calle que en una noche incierta descubro a mi mirada; un lugar sin nombre. Perpetuo como tu recuerdo. La piedra de una catedral cruje ante mí; una ingente forma gótica que me hace por su belleza fugazmente feliz, y que se confunde con la noche recortando el cielo. Oigo su sonido casi imperceptible pero triste, vago, escalofriante, sangriento como el rojo de unas vidrieras que no logro distinguir, pero que seguro derraman por la pared sus gotas de terciopelo. Ellas me llenan ahora de fantásticos terrores, que me inspiran porque nunca antes sentí. Y aquí, sin saber todavía cual es hoy mi destino, tratando de acallar el latido atemorizado de mi corazón ante la presencia de grifos y gárgolas que me observan desde las cornisas, intuyo el aleteo de un pájaro negro, de un córvido llegado del averno. Él no parece un simple visitante en la longitud de esta vía, que, ahora, se asoma a una plaza para prolongarse tenebregosa hasta lo que parece un tramo final, por el que el ave me conduce y guía. Eso es todo, y nada más. De inmediato, mi ánimo cobra bríos, y ya sin titubeos, quiero saber dónde estoy. Exploro un arco del que me llegan desgarradas voces de ajusticiados frente a una muralla, la misma, por la que oigo los pasos eternos de gentes que llegaron antes que yo a la ciudad. “Señor —digo— o señora, en verdad vuestro conocimiento imploro. Es en este momento cuando, con suave batir de alas, desciende el majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomo de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama, se posa en el adarve de la muralla. Posado, inmóvil, y nada más. Y el cuervo emprende de nuevo el vuelo. Más el ave me arranca de mi mullido asiento un último intento por saber y comprender mi tormento. Me dejo guiar por él y por su seguro repertorio, hasta que su estela de centinela de la noche me lleva a un callejón, de las Brujas proclamado. Escudriñando con atención esta estrechez de tinieblas, durante mucho tiempo quedo lleno de asombro, de temor, de duda, soñando con lo que ningún mortal se ha atrevido a soñar; pero el silencio es turbado por el eco de un antiguo juramento y del signo de un caballeresco destierro. No hay movilidad tras la espectral marcha de los caballeros; lo único que puedo escuchar es un nombre murmurado: "¡Gadea!". No era yo el que lo pronunciaba y, a su vez, el angosto paso de la calle me devolvió otro, este por mí repetido y conocido: "¡Leonora!". Eso y nada más Vuelto a la marcha, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardo en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. Es un tañer de campanas proveniente, otra vez, de la más bella forma gótica que vi jamás. Mas el cuervo, posado solitario en un sereno busto, pronuncia, como vertiendo su alma solo en esas palabras, una profecía que mis ojos no verán; allí en el frontispicio sereno, bajo la elipse de los arcos ojivales, esto escucho y cavilo, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos, queman el fondo de mi pecho. Dejad, pues, que atienda lo que sucederá aquí


Entonces, este pájaro de ébano cambia mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se reviste. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le digo—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime dónde estoy en la ribera de la Noche Plutónica!” “¡Qué río es ese que percibo a mi lado como rumor plateado de luna reflejada! Y el Cuervo dice: “Nunca más.” Ahora, noto que el aire se torna más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el reflejo del suelo adoquinado por el que avanzo y continúo. “¡Miserable! —digo—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, por tu miseria me llevas por una calle, de nombre, Paloma. ¡Apura, oh, apura este dulce nepente, ni aquí olvido a mi ausente Leonora!”. Paralelo a este claustro que intuyo y bajo sus arcos, repito: ¡ay!, nunca más Cuánto me asombra que pájaro tan desgarbado pueda hablar tan claramente; aunque poco signifique su respuesta. Poco pertinente es. Pues no puedo sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado ahora sobre una escalera, pájaro o bestia, posado sobre una escalera que da entrada a una cripta bajo el mismo suelo que piso y en el que crecen como manos siniestras varios castaños. “¡Profeta! —exclamo—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese desconocido cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas dónde está, y si aquí dentro, en la profundidad de este tenebroso túnel se encuentra la llamada por los ángeles Leonora, radiante y rara virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.” Un grito rompe el silencio de la estancia. No se produce en la negrura sepulcral de la cripta, sino que es ajena, originada en la profundidad de la noche fría, perversa vesania que se profiere en esta urbe desconocida. “Juana, Juana la loca” –dice esta ave del infierno-, igualada a la enfermedad mental de la Berenice por ti descrita. ¡Cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a esta bóveda hechizada por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, dónde me encuentro. Y cuando aquella bestia iba a contestar “Nunca más”, otro chillido de locura invade la cripta hasta hacerme despertar de un sueño profundo y espeso. Y el cuervo jamás emprendió el vuelo. Aún sigue allí, posado, aún sigue posado y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre mí se derrama, tiende en el suelo de mi habitación neoyorquina su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá nunca liberarse de aquella ciudad por mi desconocida e ignota. Inspiración gótica de almas quebradas y calles en dramáticas tinieblas. No, Leonora, no. ¡Nunca jamás! Jesús Toledano Escribano

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–digo-, y el ave pronuncia palabras que anuncian el asesinato de un gobernador, de la autoridad en esta catedral, crujido de hermosa piedra, que mi mente podría urdir y narrar para que fuera resuelto igual que un escarabajo de oro o un crimen de la calle Morgue. En una calle que no es esta, porque esta sigue ignota y esquiva a mi conocimiento.


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Apenas escribió el telón final a su último drama, doña María de la O Lejárraga comprendió que había sonado la hora de poner fin de una vez a sus quince años de vodevil personal. La escritora se incorporó de su mesa de trabajo y, cuando se disponía a depositar en la balda el nuevo libreto, expresamente concebido para que luciera en escena el palmito la amante de su marido, un regüeldo de ternura hacia el evidente nonato que había engendrado Gregorio en el vientre de la actriz, la dejó petrificada ante el estante. Allí estaban, perfectamente ordenados por su fecha de estreno, sus veintitrés dramas; la mayoría escritos para personal lucimiento de la mala pécora de Catalina Bárcena, la amante, y absolutamente todos atribuidos en los créditos a Gregorio Martínez Sierra, el marido que ya llevaba quince años restregando la reputación de doña María de la O por toda España y buena parte de América. La anónima dramaturga se quedó desconcertada ante las colosales dimensiones de su obra, vilmente escamoteada con su personal beneplácito. -¡Jesús, María y José! –musitó-. ¡Veintidós años de matrimonio y veintitrés dramones! Doña María de la O acarició el largo metro de alineados lomos y tomó en sus manos Canción de cuna, su libreto predilecto. Aún recordaba como si fuera ahora el clamoroso éxito alcanzado con aquella obrita once años atrás en el Teatro Eslava. La emocionada autora se acomodó el librito en el regazo y comenzó a mecerse al compás de una de las nanas que aquel día consagraron a Catalina Bárcena como primera actriz. Aunque hoy, a sus 41 años, la escritora aún podría ser ginecológicamente madre, doña María de la O acababa de comprender que jamás de los jamases volvería a salir de sus entrañas criatura alguna, ni literaria ni humana. Y al instante rompió a llorar como una Magdalena, como si esa repentina certidumbre hubiese reventado por fin el punzante forúnculo de impotencia que venía incubando en su vientre, minuto a minuto, tras tres eternos lustros de humillaciones. La intempestiva llantina, sin embargo, acalló su recurrente furor asesino. Había deseado tantas veces la muerte de aquella bruja, que se sorprendió de no sentir ahora la necesidad de urdir ningún nuevo plan o veneno, ni contra la primera actriz, ni contra el calzonazos de su infiel marido. La dramaturga lo atribuyó en un principio a algún escrúpulo relativo al niño en camino, fruto de aquella feliz e indecente unión que a ella le había estrangulado la juventud, como si la inocente criatura fuese el argumento decisivo que acabara de abocarle a su tantas veces postergada huida.

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La tangente del triángulo


Su Canción de cuna, pues, bien prieto contra el vientre, doña María de la O salió del cuarto al pasillo. Cuando, como una sonámbula, se encontró de este modo en la cocina del fondo, la escritora comprendió que se estaba despidiendo para siempre de su casa de casada, en la que apenas había ejercido siete años plenamente como esposa. Pronto se cansó, sin embargo, de observar su encogido reflejo sobre la chapa de la cocina económica, refulgente de sidol, y volviendo sobre sus pasos, penetró en el despacho del marido, entre cuyas cuatro paredes se habían fraguado buena parte de los últimos veinte años del teatro español. Allí estaba, sobre el escritorio de cerezo, presidiendo los últimos proyectos del empresario, el retrato de la Otra, palurda estampa ante la que doña María de la O se encontró sin saliva que escupirle. No obstante, la dramaturga depositó el libreto sobre una esquina de la mesa, y se llevó la foto enmarcada de la actriz a un palmo de su boca. -¡Se acabó, guapeta de cara! –la espetó-. ¡A partir de hoy, te va a escribir tu puta madre primeros papeles!

Ante la puerta del dormitorio, sin embargo, la vejada mujer se preguntó de pronto: “¿Y quién me ha obligado a mí a llevar tan lejos esta farsa? ¿Me ha mandado alguien, por guardar las apariencias, continuar durante quince años en esta casa de recién casada? Bajo cualquier forma de chantaje, ¿alguien me ha urgido a escribir, publicar y estrenar con el nombre de ese ingrato, los mejores papeles femeninos que han subido a las tablas de España y América en los últimos decenios? ¿He puesto yo algún impedimento para que esa mala pécora no interprete mis personajes con el previsible éxito que iba a tener?” Doña María de la O penetró en el cuarto que no había pisado el marido desde el año siete. Allí estaba ella a sus 20 años, enmarcada en un marco idéntico al de la Bárcena, con su traje de recién casada, sobre la cómoda de nogal. Y junto a la novia, mirándola profundamente con sus ojos negros, traspasándola con su enamorada luz, Gregorio, el novio. La ultrajada mujer se llevó a los labios su propio recordatorio y estampó un sentido beso sobre la imagen del apuesto impostor del bigotito. -Mi querido cabrón –musitó, y destrozó la foto de bodas contra el catre con tanto coraje, que se hizo un rasguño en un dedo con el cristal que, durante veintidós años, había preservado la fotografía del polvo. Luego regresó al pasillo con su Canción de cuna en el regazo, abrió la puerta del domicilio sin preocuparse de entonarla, y salió a las escaleras y después a la calle. Iba como ida, sin ningún rumbo, Arenal abajo. Con el librito contra el vientre, caminaba chupándose el dedo de la mano derecha que dicen corazón.

GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA. Escritor y empresario teatral español, nacido y muerto en Madrid (18811947). Antes de casarse en 1900 con María de la O Lejárraga, ya habían publicado cinco libros conjuntos, firmados únicamente por él con el consentimiento de su mujer. Así continuarán, publicando su abundante producción poética, novelística y sobre todo teatral, incluso cuando, en 1907, don Gregorio comienza su

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Luego arrojó sin rabia el retrato por el balcón, tomó de la mesa su Canción de cuna y regresó al corredor.


relación con Catalina Bárcena –actriz secundaria de la Compañía María Guerrero-, y se perpetuará hasta 1922, cuando nace la hija del empresario y la actriz. CATALINA BÁRCENA. Actriz española-cubana, nacida en 1896 en Cienfuegos (Cuba) y fallecida en 1977 en Madrid. Desde que en 1907 comienza su relación con Gregorio Martínez Sierra, comenzará también a interpretar los principales papeles de las obras que –bajo el nombre de su amante- escribe para ella la culta y oculta esposa de este; hasta que, en 1911, con el estreno de Canción de cuna, cuyo primer papel protagoniza, se consagra definitivamente como primer actriz. Larga carrera de éxitos por España y por América con su propia Compañía, que se prolonga hasta que en 1961 se retira de los escenarios.

CANCION DE CUNA (1911). Comedia escrita por María de la O Lejárraga, aunque atribuida a Gregorio Martínez Sierra, que le consagra como autor y empresario teatral, y protagonizada con definitivo éxito por Catalina Bárcena. Trata de la vida ordinaria de un convento de monjas de clausura, en el que un buen día aparece una recién nacida que las togadas deciden adoptar y educar, hasta que, convertida ya en mujer, la muchacha se casa y abandona el convento entre lágrimas y suspiros de las monjas. La comedia se estrenó, con clamoroso éxito, en 1911, en el Teatro Eslava de la calle Arenal de Madrid, y posteriormente Hollywood (Martínez Sierra era en 1931 jefe de la sección española de la Fox) realizó una versión filmada.

Jerónimo Rodríguez Las Matas (Madrid), mayo-octubre, 2005

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MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA. Su historia, pese a ser del dominio público durante más de tres décadas en el mundillo de la cultura y el periodismo, no se hubiera dado oficialmente a la luz si, a la muerte del marido en 1947, la oculta autora no hubiera publicado desde su exilio de México su libro Gregorio y yo, con el que ante todo pretende, y consigue, percibir legalmente los derechos de autor que generen sus obras, atribuidas con su beneplácito al marido infiel. Aparte de su copiosa producción teatral, escrita a la sombra de Gregorio Martínez Sierra, combatió durante la República por los derechos de la mujer, y llegó a ser diputada socialista por Granada entre 1933 y 1936.


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OCUPACCIÓN POÉTICA,

Realidad aumentada, intersección del mundo real con el virtual, contenidos digitales asociados a los lugares que visita, trabajo colaborativo e interdisciplinar, herramientas de desarrollo libre… Todos estos conceptos van sonando en nuestros oídos cada vez con más cercanía y claridad porque ya son presente. Fue en 2011 cuando Juan Carlos Ibáñez y Carlos Contreras Elvira crearon OcupaccionPoetica. Fueron pioneros de un proyecto que cinco años después se extiende por todas las capitales de España y en más de 25 países del mundo con un despliegue de más de 3000 poemas. ¿Qué es Ocupacción poética? 

Es una intervención que une la poesía y las nuevas tecnologías, permitiendo escuchar audiopoemas que han sido geolocalizados en diferentes ubicaciones. Es una invitación al ciudadano para que encuentre nuevas formas de relación con el espacio (intersección del mundo real con el virtual) y los contenidos digitales (en este caso poemas y música) asociados a los lugares que visita. Es un trabajo interdisciplinar. Para su desarrollo colaboran profesionales de la informática que se ocupan de la infraestructura tecnológica de servidores web y servidores de bases de datos, geolocalización y procesamiento de la información que se proporciona en cada uno de los poemas. Actores profesionales y voces de ciudadanos aportan la voz poética. Músicos consolidados y emergentes seleccionan e interpretan la creación musical. Es una intervención que utiliza herramientas que ofrece el software libre, en este caso la aplicación LAYAR. Su sistema traslada la información digital al soporte físico del mundo real a través del móvil.

El objetivo es “promover la ocupación poética de cualquier rincón del mundo, con textos, voces, música y video de autores, actores e intérpretes del pasado, del presente y del futuro, haciendo de las nuevas tecnologías un vehículo de conocimiento y disfrute artísticos”

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un proyecto de iniciativa ciudadana


Son ya 20 los proyectos desarrollados. Tan diversos como una ocupación poética sobre la primera milla de la costa peninsular española o una ocupación del graffiti urbano en Matadero, Madrid. Y seis de ellos en Burgos:      

“El jardín de las palabras” en el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. “Cuentos queréis” en la Biblioteca Pública del Estado de Burgos. Campus UBU. Universidad de Burgos. V Centenario de Santa Teresa de Jesús (Burgos, Ávila y Palencia). “Evolución de la poesía castellana” en el Museo de la Evolución Humana. Ocupación Poética de los nuevos aularios y murales en los antiguos barracones del antiguo Hospital Militar de Burgos.

Nada mejor que visitar su página web, donde dan detalles de su trabajo y donde podemos escuchar ejemplos de los poemas y música geolocalizada, o/y descargar en nuestro Smartphone la aplicación de realidad aumentada LAYAR. Angélica Lafuente Izquierdo

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Este proyecto, en el que tuve la oportunidad de colaborar desde la Biblioteca Pública, siempre me ha parecido de amplio alcance, de dedicación desinteresada y creador de un espacio de colaboración.


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* Antonio de Cabezón y Francisco de Salinas, dos

Pequeño tributo a su memoria que, para contento del lector, aparecerá entreverado con testimonios muy ciertos y jugosos.

Antonio de Cabezón y Francisco de Salinas nacieron en la actual provincia de Burgos con muy pocos años de diferencia. Compartieron ceguera y arte: los dos fueron avezados organistas y grandes músicos. En estos tiempos que corren, para hablar de alguien parece casi cosa obligada buscar algún número redondo al que poder agarrarse. Dadas las circunstancias (año 2016), se puede y se debe hablar de Antonio de Cabezón, ya que hace cuatrocientos cincuenta años que falleció. Sin embargo, no parece que haya motivo para referirse a su casi coetáneo y colega, Francisco de Salinas, porque no tuvo el detalle de morirse en el mismo año. Ahora bien, puestos a conmemorar, y más estando como estamos en Burgos, podemos celebrar que en ese mismo año (1566) terminaba de escribir en esta ciudad su primer tratado de música (que se conserva de forma parcial)1. Quizá esto no parezca suficiente, pero, teniendo en cuenta que Salinas solo escribió (que se sepa) otro tratado y que además lo publicó en otra ciudad, parece oportuno que en esta villa celebremos esta efeméride. Después de todo, puestos a elegir, será mejor escribir un libro que morirse. Antonio de Cabezón (1510-1566) nació en un pequeño pueblo, Castrillo Mota de Judíos, cerca de Castrojeriz2. No tenemos de su infancia apenas datos, pero su hijo, Hernando, hizo este magnífico retrato de su padre: Me refiero al tratado sobre música en tres libros, escrito en latín, del que solo se conserva el último. Al final del todo pone: Finis Burgis, 1566. Esta obra nunca fue publicada y se conserva únicamente como manuscrito. En 1993 fue traducida al español y publicada en una versión bilingüe (ONCE y Biblioteca Nacional de España). La traducción es de Antonio Moreno y el estudio preliminar de Javier Goldáraz. 1

Este artículo toma casi todos los datos y citas sobre Antonio de Cabezón del libro Antonio y Hernando de Cabezón, de M. Santiago Kastner, traducido por Antonio Baciero y publicado por la editorial Dossoles de Burgos en el año 2000. 2

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grandes músicos en tiempos de mudanza


Fue natural de la montaña3, y ciego desde muy niño, y no sin particular providencia de Dios, para que acrecentándose la delicadeza del sentido del oyr, en lo que le faltaba de la vista, y duplicándose en él aquella potencia que da fe tan aventajada y subtil que alcanzase a lo que su gran ingenio comprehendía, y sosegada por otra parte de la imaginativa de las especies visibles que la suelen inquietar, estuviese atenta a la alta contemplación de su estudio.

De nuestro segundo protagonista tenemos datos un poco más fiables. En el prólogo a su único libro publicado, Francisco de Salinas (1513-1590), hablando de su infancia, dice: Pues al quedarme ciego cuando mi nodriza me daba el pecho sin que, puestos todos los medios, hubiera esperanza alguna de recuperación, no les pareció a mis padres cosa más honesta y más útil para educarme que el aprender aquello que, a través del oído, más eficazmente conduce a la razón. Me pasé, pues todo el tiempo no solamente practicado el canto, sino sobre todo tocando el órgano. Lo que aproveché otros lo dirán.4

El mismo Salinas, siguiendo con el relato de su vida, cuenta que vino una noble mujer a su casa, y, para hacerse monja, quiso aprender a tocar el órgano. Así que el niño organista hizo trueque de saberes: enseñaba a tocar a la futura monja, mientras esta le enseñaba el latín. No debía tener mala cabeza el rapaz, pues, ciego como era, a los pocos años también estudió griego en la universitaria Salamanca5. Bien los debió aprender porque luego escribió en latín y cita a los autores griegos con la mayor naturalidad del mundo. No se sabe si Cabezón tuvo mucha relación con la ciudad de Burgos, más bien parece que debió ser escasa, si nos atenemos a la concienzuda investigación de Kastner, que atisba alguna relación más bien traída por los pelos, aunque, claro está, posible, pues no anda lejos Burgos de su villa natal. Está mejor documentada su relación con Palencia que, en ese momento, tenía una vida musical de mucho fuste. En cualquier caso, la vieja Castilla, que entonces estaba más nueva y tenía más posibles, se iba llenando de órganos y otros instrumentos. Lo que ha llegado hasta nuestros días en la ciudad de Burgos y en su alfoz es ciertamente impresionante, aunque, en la mayor parte de las ocasiones, muy desconocido.

Lo de “montaña” parece hipérbole, en su pueblo todo lo más había una “mota” o sea colina. Y por los alrededores tampoco es que haya grandes alturas. Más bien llanura suavemente ondulada. La “mota de judíos”, que ahora figura en su topónimo, como se sabe, ha traído cola, ya que, según se dice pasó a ser “mata”, pero no de planta o de arbusto, sino de asesinamiento. De modo que mudó de colina de judíos a exterminio de esa misma raza. Al menos eso dice la historia oficial. No seré yo quien dude de ello, por si acaso. 3

Salinas escribió sus obras musicales en latín, las traducciones que damos son de Ismael Fernández de la Cuesta que se tomó el trabajo (descomunal) de traducir su De musica libri Septem al castellano. Hay que fijarse en que el libro es muy extenso, está lleno de una terminología compleja y de cálculos matemáticos muy enrevesados. 4

Sigue sorprendiendo a los eruditos modernos (y no es para menos) que un ciego leyese latín y griego. Se suele suponer que, años más tarde, un discípulo alemán llamado Stockerus le sirvió de lazarillo. 5

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Aunque no se pueda asegurar, parece más que probable que el caso de Cabezón fuera similar: dos chicos de buena familia que tienen la desgracia de quedarse ciegos, qué mejor cosa que probar con la música.


Antoñito tampoco debía tener un pelo de tonto, pues a los 16 años entró a formar parte de la capilla de la mujer de Carlos V, Isabel de Portugal, o sea, de la emperatriz. Desde entonces, y durante toda su vida, estuvo ligado a la familia real y para ellos tocó, no solo en España, sino también por toda Europa. Algunos años después (en torno a 1537), Antonio se casó en Ávila con una muchacha de buena familia, Luysa Nuñez. El suceso lo recoge Luis Zapata de Chaves, mostrando que el gusto por los chistes fáciles es anterior al uso del whatsapp: Pero volviendo a los ciegos de agora, ninguno dicen que igualó a Antonio de Cabezón, músico de órgano de su Majestad, ni en estos ni en los tiempos pasados. No solo lo tocaba, más le concertaba todo hasta la mínima parte de él como si viera. Casó por amores, que fue gran maravilla en un ciego, bien que los amores todos lo están; y también es que los enamorados no se quejan: así, pues el ciego amor tiene dominio

en los ciegos.

En esa época, y precisamente hasta que Felipe II fijara la corte en Madrid, los príncipes y los reyes andaban de la ceca a la meca, eso sí, siempre con su corte, que tuvo que ser cosa digna de verse. La siguiente descripción está sacada de la crónica de los jolgorios que tuvieron lugar con motivo de las nupcias del príncipe Felipe y María de Portugal en 1543: El lunes llega el duque de Medina Sidonia con gran séquito. En él venían dos maneras de trompetas, unas italianas y otras españolas, hasta en número de diez y seis. Seguían a estos hasta ocho atabaleros vestidos de la librea del duque, tocando todos a bulto. Después vinieron seys italianos con vigüelas de arco y su librea. Tras estos venían ocho indios de la misma librea… estos traían cherimias y sacabuches y al dicho de todos muy singular y dulcemente tañían. El duque de Béjar traía tres locos, el uno se llamaba Calabaça y el otro Cordobilla y el otro Hernando. El Cordobilla excedía en abilidad de trobar, el otro en decir malicias y ser entremetido…

Y así prosigue el anónimo cronista de este viaje, que también señala la presencia de Cabezón entre todo ese gentío. Viajeros por Europa Habíamos dejado a Salinas en Salamanca estudiando griego y filosofía, pero su familia, según nos cuenta él mismo, se quedó sin un maravedí; afortunadamente Pedro Gómez Sarmiento, que era pariente suyo y arzobispo de Santiago de Compostela, se hizo cargo del muchacho. En 1538 ocurrió algo que cambió su vida. Su protector fue nombrado cardenal y tuvo que marchar a Roma. El joven y animoso Salinas se fue con él. Durante los más de veinte años que vivió en Italia tuvo contacto con muchos de los músicos más importantes de la época, entre los que estuvieron el famoso compositor Orlando di Lasso o Francisco de Milán, que era un laudista muy celebrado. No solo vivió en Roma, también estuvo en Florencia y en Nápoles, allí como Abad, siendo nombrado por el papa con la mediación del Duque de Alba. No parece que estuviera mal relacionado.

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Retrato de la emperatriz Isabel de Portugal, mujer de Carlos V. Cabezón formó parte de su capilla musical desde 1536.


A lo largo de su estancia en Italia, Salinas, que ya era un buen organista, se empezó a interesar por lo que, entonces, se llamaba música teórica, y que se encargaba de averiguar cómo había que afinar exactamente los instrumentos. Hoy no se da apenas importancia al asunto, porque se supone (equivocadamente) que la afinación habitual es la única posible y que no hay que darle vueltas. En el Renacimiento la situación era muy distinta: por un lado, era conveniente saber qué altura exacta tiene cada nota, y, por otro, no se terminaban de poner de acuerdo en cómo ponerlas. Aunque antes también hubo importantes discusiones sobre este tipo de asuntos, en la Italia del siglo XVI se vivió el apogeo de su estudio, mientras que, por nuestras tierras, no eran apenas tratados. A eso se refiere Salinas cuando dice: Aquí [en Roma] tratando con tantos eruditos como siempre hay me llené de vergüenza al darme cuenta de que no sabía nada del arte [teórico] que profesaba…

Aunque era Italia el lugar dónde se elaboraban y publicaban los tratados teóricos, en toda Europa discutían los músicos prácticos, o sea, los intérpretes, sobre cómo debían ser los detalles de la afinación, e incluso, en nuestra vecindad, en los primeros años del siglo había acaloradas trifulcas. Como prueba, véase lo que contestaba, en 1513, el músico ortodoxo Espinosa al revoltoso Bizcargui: Pues calle, calle ya e haya vergüenza G. Martínez de Bizcargui, capellán en la iglesia de Burgos, e cesse su barbárica e venenosa lengua en porfía de enseñar e poner en escripto herejías formales en Música contradiciendo al Boecio y al Guillermo señaladamente… cosa por cierto diabólica e de gran blasphemia6.

Como se dice en la cita, Bizcargui era miembro del cabildo de la catedral de Burgos y es posible que Salinas fuera discípulo suyo en algún momento. Kastner añade que quizá también pudo tener contacto con Cabezón. Lo cierto es que Bizcargui era hombre de ideas avanzadas, al menos en música, y la gran blasphemia que se le achaca no tenía que ver con los dogmas de la Santa Madre Iglesia, sino con el tamaño de algunos intervalos musicales, o sea, con la afinación. Baste lo anterior para ver lo encendida de la polémica sobre cosas que, a decir verdad, el común de los mortales actuales no sabríamos distinguir, pero que a ellos les parecían asuntos en los que les iba la misma vida. Es hora de cambiar de protagonista. Si Salinas estuvo más de veinte años en Italia, Cabezón, de resultas de su contacto con la corte, y, sobre todo, con el futuro Felipe II, hizo muchos viajes no solo por España, sino también por Europa. En 1548 salió para Italia (dónde, quizá, pudo coincidir con Salinas) y posteriormente también estuvo en el Tirol y en diferentes ciudades alemanas, para acabar por tierras de Flandes (recordemos las extensas posesiones de nuestra arruinada monarquía por toda Europa). No olvidemos que Tomo esta cita del muy recomendable libro de Javier Goldáraz sobre afinación: Afinación y temperamentos históricos, Alianza, Madrid (2004). Goldáraz ha escrito mucho y bien sobre Salinas. También se debe mencionar a Amaya García Pérez que, además de haber contribuido con sus libros y artículos al estudio de la obra del teórico burgalés, ha preparado una edición facsimilar del De musica y ha organizado, junto con Paloma Otaola, un congreso internacional sobre su figura. Las actas se pueden consultar online en la página de la Universidad de Salamanca. 6

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Sin embargo, al cabo de unos años, se convirtió en el teórico que mejor estudió y comprendió la ciencia de la afinación, que hoy nos puede parecer minucia, pero entonces andaba emparentada, por un lado, con la forma de construir y afinar los instrumentos y, por otro, con la matemática y la misma filosofía, o sea, con el saber en general.


la música franco-flamenca era muy prestigiosa, y que Josquin des Prez (1455-1521), su más famoso representante, era en el Renacimiento unánimemente considerado el mejor músico “entre los modernos”. En todos los lugares que fueron visitando, así está documentado, se aprecia que la técnica de los instrumentistas castellanos y la musicalidad de sus composiciones fueron altamente valoradas. Sin duda, también se benefició Cabezón de su contacto directo o indirecto con muchos músicos de diferentes países de Europa. Tuvo tiempo para ello, pues hasta 1551 no volvió a pisar suelo español. La música del siglo XVI recoge la herencia de la Edad Media. A lo largo de los siglos se había ido pasando del canto gregoriano, que se articulaba en una única línea melódica (eso sí muy compleja y llena de sutilezas), a su progresivo enriquecimiento con más voces, cada vez más interrelacionadas. La época de Cabezón y Salinas coincidió con el momento en que su complejidad había llegado a sus niveles más altos. Es la edad de oro de la polifonía. Quedan múltiples testimonios de contemporáneos que alaban el grado de perfección que había alcanzado. toda Europa7. Tomemos un ejemplo: Adrian Willaert (1490-1562), que procedía de los Países Bajos, acabó siendo maestro de capilla en San Marcos de Venecia desde 1527. Es más que probable que Cabezón se interesara por su trabajo, y seguro que Salinas lo conoció8. Willaert, entre otras cosas, se hizo célebre por sus conciertos con dos coros. Cada coro se ponía en un lado del altar mayor y cada uno tenía su propio órgano9, no es difícil imaginar su efecto en la audiencia de la próspera ciudad, ávida de nuevas ideas y nuevas músicas. La polifonía lucía en todo su esplendor cuando nuestros dos ciegos recorrían Europa, pero al poco se atisbaron las mudanzas que se avecinaban. Los dos siglos posteriores vieron cómo fue produciéndose el declive de ese estilo para dar lugar a otra forma de entender el arte de los sonidos, ya mucho más próxima a la moderna. Hay que reparar en que la música renacentista se mueve entre lo antiguo (el sistema modal) y el actual sistema tonal (al final daremos alguna idea sobre sus diferencias). Por eso, cuando escuchamos música del siglo XVI sabemos íntimamente que estamos en un lugar de exquisita belleza, pero que, a la vez, nos resulta inevitablemente lejano. Después de un tiempo de descanso en su Castilla natal, Antonio de Cabezón en 1554 hubo de coger otra vez la maleta y se marchó a tierras inglesas, ya que el príncipe

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Repárese en la imprenta, auténtico internet de la época, que estaba en su bulliciosa niñez.

El sucesor de Willaert fue Zarlino (1517-1590), el más famoso teórico del siglo. Salinas conoció bien su obra y, en lo que a afinación se refiere, hizo mejoras de calado, algunas de las cuales, el bueno de Zarlino se apresuró a copiar, eso sí, sin citar a su colega burgalés. 8

Aprovechamos para decir que, en la época, había órganos portátiles. Sin duda la corte española tendría alguno, ya que no siempre se podría disponer de uno “fijo”. Se sabe que los instrumentistas de la época tocaban tanto órganos como otros instrumentos de tecla (clavicémbalos, virginales, etc.). De hecho, el libro de Hernando, el hijo de Cabezón, está pensado para que se toquen sus composiciones en cualquier instrumento de tecla y también en arpa o, incluso, en vihuela (instrumentos de trastes). 9

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Aunque no había aeropuertos ni autopistas, los músicos y sus músicas viajaban por


Felipe iba a contraer nupcias (era ya su segundo matrimonio)10 con una princesa inglesa, María Tudor. Qué poco se imaginaban que se acercaban tiempos de relaciones menos amistosas entre ambos países. El viaje entre unas cosas y otras se prolongó unos meses. A la vuelta otra vez recalaron en Flandes, al final Cabezón volvió a España al cabo de más de un año. Parece que la música inglesa se benefició de la visita de los músicos de la capilla de Felipe II y son muchos los musicólogos británicos que reconocen la influencia de Cabezón en compositores como Thomas Tallis y, más claramente, en William Bird. Kastner indica que el salto técnico y estilístico que se produce en la música de tecla Inglesa en los años posteriores debe tener alguna relación con el viaje de la corte española. Aprovechamos, con un punto de maldad, para señalar que es más extenso el artículo sobre Cabezón en la versión inglesa de la Wikipedia que en la española (en septiembre de 2016)11.

La mayor parte de la obra de Cabezón que se conserva está contenida en la recopilación que publicó su hijo Hernando de manera póstuma (en 1578). En ella se aprecia la gran altura que había adquirido el arte de Cabezón. En esa época todavía no había una diferencia muy clara entre improvisar y componer. Se supone que los instrumentistas a menudo ejecutaban desarrollos más o menos improvisados sobre diferentes temas o motivos. Sin embargo, seguramente esas improvisaciones estaban muy estudiadas (de manera parecida a lo que hacen hoy muchos músicos de jazz) y se tomaban como esquemas, que finalmente se escribían de modo más o menos detallado. Entre estas obras hay algunas que son diferencias, que son el embrión de lo que después se conocerá como variaciones (piénsese en las famosas variaciones Goldberg de Bach, o en las de Brahms). Los tientos son obras que toman como modelo la construcción y trabazón de la música vocal, que había alcanzado gran sofisticación (durante siglos la única música que se escribía era la vocal), pero repensándola para el instrumento de tecla. Cabezón se sitúa en toda la obra conservada como un músico que explora constantemente las posibilidades de su arte. No sabemos qué parte de su obra se ha perdido, pero sí sospechamos que las partituras conservadas no nos dejan más que una sombra. Su propio hijo decía que lo que se recogía por escrito era como migajas comparadas con el despliegue de su música en directo. Otro de sus contemporáneos, Cristóbal de Villalón, dio un juicio tan breve como enjundioso sobre su arte: Antonio, el Ciego, tañedor de la Casa de la Emperatriz, que en el arte no se puede más expresar, porque dicen que ha hallado el centro del componer.

En efecto su primera esposa, a cuyo casorio ya nos hemos referido, había muerto. Tampoco tendría mucha mejor suerte su segunda mujer. A lo que se ve era más peligroso casarse con este príncipe que enrolarse en los tercios. 10

Se debe añadir, no obstante, que en la Burgospedia se encuentra un artículo de Enrique García Revilla en el que se habla con un poco más de extensión de Cabezón. Se ve que la reseña está pensada para señalar la relación del compositor con la comarca en la que nació, sin que aborde otros temas, cosa que, conociendo a Enrique, podría haber hecho con mucho más tino y conocimiento que yo. 11

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El arte extremado de Antonio de Cabezón


No pueden ser más atinadas las palabras de Villalón, pues la polifonía de la época, y, claro está, la obra de Cabezón se basan en encontrar ese centro invisible a través del cual se articulan las diferentes voces, todas distintas y todas igualmente importantes, que se entretejen equilibradamente, sin que se vea su centro, que no es ni nota ni acorde, sino búsqueda imposible de la oscura y remota esencia del arte. Podemos incluso, por seguir con la misma metáfora, decir que la música polifónica se sitúa en el centro de la historia de la música, entre la monodia solemne de los cantos litúrgicos medievales y la música más moderna que se teje en torno a una voz principal que, en lugar de la desnudez del gregoriano, se apoya y se alimenta de la armonía apropiada. Hegel estaría feliz:

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tesis = homofonía, antítesis = polifonía síntesis = música tonal acompañamiento armónico)12.

(melodía

con

Habíamos dejado a Cabezón regresando de Flandes. Desde entonces, para no variar, estuvo casi siempre cerca de Felipe II, con el que tuvo una buena relación personal. A partir de 1560 la corte se estableció en Madrid, de manera que terminaron para Cabezón los años de continuos viajes. Así que los últimos los pasó en la recién estrenada capital de España. A su muerte, su hijo Hernando pasó a ocupar su puesto en la corte13.

Portada del libro en el que se recogen la mayor parte de las obras de Antonio de Cabezón que se conservan. Fue publicado por su hijo Hernando después de su muerte.

Aunque existió un retrato de Cabezón, pintado por Alonso Sánchez Coello, no se conserva. Por fortuna, sí se conoce el epitafio que se escribió en la corte con motivo de su muerte, el 26 de marzo de 1566: En este sepulcro descansa aquel privilegiado Antonio, que fue el primero de los organistas de su tiempo. Su linaje, Cabezón, ¿Qué más añadir? Su imperecedera fama llena la Tierra y su espíritu habita en los cielos. Murió, ¡ay!, toda la Corte del Rey Felipe llora la pérdida de tan raro tesoro14.

No hace falta ser serialista ni dodecafónico para comprender que la historia nunca tiene del todo final. La música siempre anda explorando la forma de sobrepasar los límites de la tonalidad y es que si no hay exploración no hay arte, como tampoco lo hay sin ese centro invisible. 12

Otro hermano de Antonio, Juan, fue también músico de la corte. Los Cabezón eran algo así como los Bach españoles. No citamos por falta de espacio a otros ministriles notables de la corte, solo decir que Francisco de Soto, otro gran organista, compartió trabajo en la corte con Cabezón muchos años. 13

14

El epitafio original está en latín. He preferido dar una traducción un tanto libre.


Salinas, Catedrático de Salamanca

Una vez en su país, ocupó el puesto de organista de la catedral de Sigüenza (1559 a 1563). Su sucesor en este puesto fue precisamente Hernando, el hijo de Antonio de Cabezón. De Sigüenza pasó a la catedral de León (1563 a 1567). En diciembre de 1566 (el mismo año de la muerte de Cabezón), fallecía el catedrático de música de la Universidad de Salamanca, Juan de Oviedo. Casi de inmediato, el rector, Pedro de Portocarrero, propone que Salinas ocupe su puesto. No solo era un gran organista, también era un músico teórico de renombre. Al parecer, dado su prestigio, no Estatua de Francisco de Salinas, Salamanca tuvo que hacer ninguna prueba, y fue nombrado en enero de 1567. Hasta ahí todo bien, sin embargo, a partir de entonces surgieron algunos problemas; por un lado se le exigió obtener el título de Maestro de Artes (que no tenía, solo era bachiller) para que pudiera acceder a un aumento de salario, y, cuando Salinas lo consiguió en la Universidad del Burgo de Osma, todavía tuvo que hacer frente a la oposición de una buena parte del claustro que consideraba que el título tenía que ser de Salamanca y no de otra universidad (y menos una de las de nueva formación). Finalmente fue una disposición real la que zanjó la cuestión a favor de Salinas. Con este refrendo, fue finalmente nombrado en 1569. A lo largo de todo este conflicto15, uno de los pocos profesores que le apoyaron fue Fray Luis de León. Algún tiempo después, las cosas dieron la vuelta y fue Salinas el que le apoyó ante la inquisición en 1573. No solo eran amigos, también admiraba cada uno la obra del otro. Testimonio indudable es la célebre Oda a Salinas de Fray Luis de León. Salinas fue un músico conocido y reconocido; sin embargo, su música se ha perdido por completo. Hemos tenido más suerte con su faceta de teórico, ya que se conserva, además de algún que otro texto, su monumental tratado publicado en Salamanca en 1577, De musica libri septem (Siete libros sobre la música). Esta obra es la más rigurosa y extensa exposición de la teoría de la afinación del XVI. Por si fuera poco, su tratado tiene otra parte en la que se ocupa de aspectos rítmicos, incluyendo muchas ilustraciones musicales que confirman la originalidad y erudición del ciego Francisco Salinas.

15

¿Por qué será que este tipo de trifulcas nos suena tan familiar? No añado más.

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Aunque no se conocen las fechas con mucho detalle, sabemos que Salinas tuvo que volver a España, entre otras cosas, porque, tras la muerte de sus valedores, otra vez tenía dificultades económicas. Además, como indica él mismo con honda tristeza, para entonces ya habían muerto tres hermanos suyos, que eran militares, en las guerras de la época.


COMPLEMENTO: LA AFINACIÓN MUSICAL Y LA OBRA DE SALINAS

En general, en la música religiosa medieval se empleaban modos que acababan en cualquiera de estas notas: Re, mi, fa o sol. Por eso la música gregoriana16, y también muchas músicas de tradición oral, suelen sonarnos un poco extrañas. Nosotros estamos acostumbrados a melodías que, cuando utilizamos las teclas blancas, terminan en do (modo mayor) o la (modo menor). También hay otras diferencias muy importantes en lo que se refiere a la estructura armónica (de los acordes) de la música antigua y de la moderna, pero no vamos a entrar en ello. La música tonal, que es la habitual hoy en día, solo utiliza el modo mayor o el menor (con algunas variantes, eso sí), lo que, en principio, restringe sus posibilidades. Para compensar, podemos empezar la escala en cualquier nota, no hace falta que sea el do. Esto es lo que se llama cambio de tonalidad. Lo explicaremos únicamente para el caso del modo mayor. La diferencia entre dos notas consecutivas, normalmente una blanca y una negra, es de un semitono, incluso cuando las dos son blancas, o sea, cuando no hay nota negra entre ellas (entre el mi y el fa; y entre el si y el do), el intervalo sigue siendo un semitono. Si ponemos entre cada dos notas el intervalo que hay que subir, tono, (T) que es exactamente el doble de un semitono, o semitono (S), queda lo siguiente: Do T re T mi S fa T sol T la T si S do… y vuelta a empezar. Lo que resulta es la escala de do mayor. Si quitamos los nombres de las notas obtenemos T T S T T T S A continuación, elegimos otra nota, el re, y hacemos otra escala, pero manteniendo la misma estructura de tonos y semitonos. El resultado será el siguiente: Re T mi T fa♯ S sol T la T si T do♯ S re… En la música gregoriana hay 8 modos numerados. Para cada final había dos modos, el auténtico y el plagal. Los auténticos siempre correspondían a números impares y los plagales a los números pares. El número 1 correspondía al modo de re, el 3 al de mi, el 5 al de fa y el 7 al de sol. 16

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Un teclado nos sirve para explicar la diferencia entre música modal y tonal. La música modal solo emplea teclas blancas (o casi, también solía utilizar el si bemol). En cada obra había una nota que tenía más peso y era, normalmente, la última de la pieza.


Para obtener lo mismo no nos ha quedado más remedio que usar dos teclas negras. Eso nos permite cantar la misma melodía, eso sí, en una tonalidad diferente. La utilización de más y más tonalidades se fue generalizando en los últimos siglos de la Edad Media y, mucho más, durante el siglo XVI. De modo que cada vez era más frecuente la presencia de notas alteradas17 (o sea, de las teclas negras).

Además en esa época se van construyendo cada vez órganos mayores y más perfeccionados (al principio era frecuente que no tuviesen más que teclas blancas) que mantenían el sonido mucho tiempo, de manera que los músicos de la época, que tenían excelente oído, notaban perfectamente la diferencia entre afinaciones distintas. El problema era acuciante. Algunos abogaban por poner más de las notas habituales en los órganos, y, En el diagrama, tomado de una obra de de hecho, se conocen Zarlino, se aprecia un teclado en el que las teclas negras están divididas en dos. Este teclados con más de doce tipo de teclados fue bastante frecuente y notas por octava (véase habla de la complejidad de la teoría (y la figura). Lo cierto es que práctica) de la afinación en el siglo XVI. había una gran confusión, y, a veces, una diferencia de criterio muy grande entre lo que se hacía en la práctica y lo que decían los teóricos. Por este motivo hubo muchos autores, sobre todo italianos, que escribieron gruesos tratados sobre afinación. Pero sin ninguna duda el que mejor estudió el problema y el que, en la medida de lo que era posible entonces, lo resolvió mejor fue nuestro ilustre paisano (aunque por estos pagos casi nadie se acuerde).

La música que utilizaba muchas alteraciones se solía llamar música ficta para diferenciarla de la “fetén”. Salinas alude a que las obras que tenían “tres bemoles”, o sea muchas alteraciones, no se podían tocar con los instrumentos habituales, lo que obligaba a buscar otros sistemas de afinación. 17

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Hoy no reparamos en el problema porque creemos que la colocación de las notas es cosa bien sabida. Ahora bien, en el siglo XVI las cosas se veían de otro modo muy distinto (para empezar un semitono no era exactamente la mitad de un tono, lo que, junto con otras diferencias, creaba numerosas complicaciones). Con las notas blancas, aunque había bastantes problemas y disensiones, todavía se podían atar cabos, pero, cuando había que templar las alteradas, las dificultades eran mucho mayores. Tanto es así que no se ponían de acuerdo en la forma de afinarlas y se llegaban a numerosas polémicas y agrias disputas (recuérdese al pobre Bizcargui).


Salinas analizó y diseñó el sistema más sofisticado de su época (lo llamó sistema perfecto), pero imposible en la práctica (tenía muchas notas por octava) y se dio cuenta de que era muy conveniente ir a soluciones más sencillas como los sistemas mesotónicos, en uso durante mucho tiempo, sobre todo en los órganos. Para los que piensen que esto es una minucia, basta decir que tres de los cuatro órganos históricos que se conservan en la catedral de Burgos tienen algún tipo de afinación mesotónica18. Salinas, siguiendo con esta estrategia de simplificar la escala, comprendió que se podía dividir la escala en doce semitonos iguales (que es la afinación hegemónica hoy en día). Actualmente se reconoce que fue el primer autor que dio una descripción correcta y detallada de esta afinación.

Los que, por suerte o por desgracia, hemos venido a nacer en estas tierras deberíamos tener presente que, cuando vemos, y oímos, el teclado de un piano, estamos contemplando el final de un proceso histórico extremadamente complejo en el que un actor principalísimo fue nuestro paisano, el ciego Francisco de Salinas.

Anexo: una página de youtube https://www.youtube.com/watch?v=hyVzNZ9s28o Este enlace lleva a un vídeo en el que se puede “ver” la estructura de un Tiento de Cabezón. En efecto, a la vez que se escucha, se visualizan las notas que se van tocando con un sistema de colores. Se aprecian algunas características de la música de la época, por ejemplo la única nota alterada es el si bemol (en color morado). La diferencia entre un renglón y el siguiente es de un tono, por eso las notas que distan un semitono, (mi y fa) y (la y si♭), están separadas por medio renglón.

Fotografía del órgano de la nave de la epístola de la Catedral de Burgos. Es el único órgano de los cuatro históricos que se conservan en el templo que tiene la afinación moderna (temperamento igual). Puedo decirlo con conocimiento de causa, porque, gracias a Guillermo Díez, organista de la catedral, que tuvo la amabilidad de enseñarnos los cuatro órganos históricos que alberga la seo, pudimos comprobar in situ su afinación. Aunque, a primera vista, este tipo de temperamentos no se diferencia demasiado de los habituales, si se eligen algunos acordes apropiados, se escuchan unas disonancias muy pronunciadas que no aparecen en los instrumentos actuales. 18

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Este asunto de la afinación se considera, equivocadamente, menor. En realidad, el paso de la música modal (en la que la riqueza estaba en la personalidad de cada modo y en la sutileza de la melodía) a la música tonal (en la que se opta por un sistema melódico más sencillo, en realidad más pobre, pero que permite cambios constantes de tonalidad y un apoyo en armonías cada vez más ricas) tiene una relación profunda con los cambios en la forma de colocar las notas en la escala.


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*

Hojas de otoño al comienzo del mundo ¿cómo serían?

Ya no lo ves. Tus amigos lo vemos, otoño triste.

Susurra el sauce: Mis hojas cantarinas aún están verdes. Jardín de otoño te cubre, gris, la nube, menos la rosa. La última rosa estalla bajo el gris. Nubes de otoño.

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Soledad Medina

El aire vibra, filo de hoja que cae. Flauta otoñal.


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AUSÍN SAINZ nos informa:

mejor director CYLNEMA por el corto “Nada”. El jurado estaba compuesto por: el cineasta español Antonio Giménez Rico; el director de la Cátedra de Historia y Estética de la Cinematografía de la Universidad de Valladolid, Javier Castán, y el Presidente de la Coordinadora de Festivales de Cine de Castilla y León, Emiliano Allende. La gala de entrega de premios será el viernes 14 de octubre a las 20:30h en los cines Broadway de Valladolid.

https://www.youtube.com/watch?v=VJUlRA69aPM

 *El jurado ha distinguiendo mi serie fotográfica “Vanitas” con el 2º premio Experimento BIO 2016, siendo la primera seccionada la artista neoyorkina Lynn Bianchi.

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*Tras la finalización de Autorretrato infiel en el CAB de Burgos, he sido nominado


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Mi serie, junto a la de los artistas seccionados y premiados, serรก mostrada ffgeeeeeen en una exposiciรณn en Bilbao.

*VideoBardo, Festival Internacional de Videopoesia (VI) ha(VI) selccionado mi video *VideoBardo, Festival Internacional de Videopoesia ha selccionado mi "Land" video "Land" "Land" El festival se realizarรก del 8 al 12 de Noviembre en Buenos Aires, Argentina. E El festival se realizarรก del 8 al 12 de Noviembre en Buenos Aires, Argentina Argentina. La Matanza Pvcia Bs As, Argentina : Escuela de Arte Leopoldo Marechal , 8 de Noviembre Ciudad de Buenos Aires, Argentina: Hospital Moyano 9 de Noviembre, Biblioteca Nacional 10 y 11 de Noviembre, La Paternal Espacio Proyecto 12 de Noviembre Friche la la Belle Belle de de Mai Mai en en Festival Festival Instants Instants Video 10 a 10 Marsella, France: Friche a12 12de deNoviembre. Noviembre. Video 10 a


https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE

2015 Land https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE

- YouTube

Planteo una reflexión crítica sobre la propiedad de la tierra ante la oleada de https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE refugiados e inmigrantes que llegan a Europa, extrapolable a todos los ... https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE

https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE

*Para terminar tehttps://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE enlazo el vídeo de la historia que no podrás ver en la película "Spain in a day"

https://www.youtube.com/watch?v=Fx3NJ90BU34 https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE

"Spain in a day" & Ausín Sáinz. Un año después. www.youtube.com

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https://www.youtube.com/watch?v=xp3WesGp-FE


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LUAN MART


Culdbura nº 4  

Revista cultural online de Burgos (ES)

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