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Te ano Buscando respuestas Supe que por las noches al tener miedo podría abrazarme fuerte y amarme. No hubieron más temores. Me pregunto si podré querer a los gatos, así como para jugar con ellos y llevarnos bien, hacernos compañía, pienso que ellos también sufren, podríamos sufrir juntos y disfrutar del paisaje de la montaña que se oscurece al caer el sol. Pienso que aunque sigo siendo una niña he crecido y mi corazón se ha vuelto duro como el caparazón de una tortuguita y como ellas he aprendido a sobrevivir a muchas adversidades. Te necesito para sanar mi alma y no con curitas, quiero hacerlo bien, ¿será que tú podrías necesitarme también?

Te ano


Te ano Sé que estoy golpeada, que me caí y tengo el cuerpo raspado, pero no quiero infectarlo, debo lavar las heridas, ¿las lavarías tú conmigo? Yo ya no quiero que los lastimemos más, quiero chinear tu cabecita entre mis pechos y que descanses, ponerle pausa a la película. No tiene que suceder nada, sólo no tiene que ser peor. Yo lo he pensado y los gatos y yo podemos ser buenos amigos y yo y los gatos podemos aprender mucho juntos. Y mis lágrimas y yo, pueden ser de alegría y mi alegría y yo, podemos compartirla contigo señor gato. Para que en la vida nos vaya como nos tenga que ir, para que en nuestras cotidianidades la carga no sea pesada. Para que nuestros discursos no sean tan falsos y podamos en la historia y de alguna manera permanecer “cerca muy cerca.

Te ano


Te ano A veces los gatos me son desconocidos… Hay gato, y si te acercas y sin tocar las puertas entras, tendré la cortesía de que acompañes mi mesa. No te ofrezco nada convencional, mi apetito hoy es muy distinto y en mi mesa se comen deseos. Te invito a probarles sin resistencia y en secreto ¡no te preocupes! No tenemos que decir nada, la regla de mi mamá fue clara “con extraños yo no hablo” pero con usted podría compartir. Este es mi comedor, adelante, deleitémoslo con manjares. La entrada: Ligera para no dañar el estómago; como el roce de mis labios entre tus piernas. El plato fuerte: Dos cuerpos condimentados y con buen sazón.

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De postre: Cerezas bañadas en fuego ardiendo.

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Te ano Y de beber: Gotas de sudor recorrido por tu lengua que l ega al punto más alto de mis montañas. ¿Mantienes el apetito? No debes entrar por catador, no hay vino que probar y nadie te va a pagar. Te ofrezco mi casa pequeña, no cabe el sol pero encenderé una vela para firmar el pacto entre desconocidos que se disponen a probar el sabor del tiempo que durará tan sólo unos minutos hasta que se apague la vela. Sólo eso, eso y adiós! Te quiero Gato, Relatos de una niña!

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Buscando respuestas (relato de una niña)