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RESPLANDOR

Cuaderno de Buenos Aires Jimena Passadore


Passadore, Jimena Resplandor : Cuaderno de Buenos Aires . - 1a ed. - Buenos Aires : Flanbé, 2012. 82 p. : il. ; 21x14 cm.- (Cuadernos de artista / Jimena Passadore; 10) ISBN 978-987-27610-7-3 1. Fotografías. 2. Dibujos. I. Título CDD 770 Edita FlanBé Diseño de colección Jimena Passadore Traducción Uwe Schoor CONTACTO + Web dgpassadore.com.ar flanbe.com.ar + E-Mail jime.passadore@gmail.com flanbe.ediciones@gmail.com + Dirección postal Av. de los Incas 3350 3B (1426) CABA, Argentina Impreso en Dot Pre Press Rocamora 4129 Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Die Zitate von Manuel Puig und Roberto Arlt wurden in Übersetzungen von Adelheid Hanke-Schaefer bzw. Bruno Keller wiedergegeben. Die Übertragung von Jorge Luis Borges’ Gedicht Afterglow stammt von Gisbert Haefs. Prohibida la reproducción del material contenido en este libro, a través de cualquier medio de impresión o digital en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o cualquier otro idioma, salvo autorización por escrito de los editores. Hecho el depósito de ley 11.723.


Glanz RESPLANDOR Cuaderno de Buenos Aires

Jimena Passadore


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PRÓLOGO

Nací en la Avenida de los Incas del barrio de Belgrano, en la frontera misma con Colegiales. Conservo una foto de mi madre sosteniéndome en brazos en el balcón del 3°B, la luz le pegaba justo en la cara, y se la ve haciendo esa mueca que uno hace cuando le pega el sol, yo quizá llorando, era recién nacida. La vista desde el 3°B cambió, mi madre cuenta que al lado no estaba el ‘paredón’, que había una casona que ocupaba todo el terreno donde hoy hay dos edificios. Hoy el paredón deja pasar la luz plena unos minutos cerca de las dos de la tarde, después por rebote, oblicua, desde el este y el oeste se las arregla para entreverarse. Cuando me dispuse a empezar este libro, pensé una y mil veces como sería fotografiar Buenos Aires. Entonces recordé las primeras fotos que había sacado. Era estudiante, y me gustaba deambular con la cámara por la ciudad. Recuerdo las noches en la que salía a escuchar alguna banda del under porteño con aquel primer novio. Salíamos desde barrancas ( porque él vivía en los que hoy es el ya establecido barrio chino), y generalmente tomábamos el 59 o el 60 que nos llevaba hasta el centro. Nos bajábamos cerca de cemento, tacuarí y chile o en la 9 de julio y santa fe, dependiendo de donde tocara la banda de turno. Ese viaje en colectivo era la antesala de la noche. Con la cabeza apoyada en la ventanilla, miraba. Me gustaba la oscuridad, las luces, el centro vacío. Y entonces volvía a veces el domingo, a buscar ese vacío, esa ciudad dormida y me disponía a ensayar lo aprendido en ese primer curso de fotografía. Después de unos años me fui de Buenos Aires. Y cuando volví una primavera, recuperé aquella sensación adolescente. Fue como si no la conociera. Entonces otra vez, con una cámara distinta capturé ese frenesí por Buenos Aires.

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Encontraba cosas que nunca había visto, me gustaba escuchar las conversaciones en el colectivo, viajaba feliz, redescubrí el cielo porteño y aseguré que no existíría ese color celeste en ningún otro cielo del mundo. El tránsito no me molestaba, me gustaba estar rodeada, la ciudad me parecía viva, caótica, hermosa. 10 Pero después la sensación se fue, el enamoramiento no duró. Volví a ser una porteña más, y ahora cuando me propuse empezar este nuevo libro la fui a buscar de nuevo. Cambié otra vez de cámara y volví a dibujar. Ya no hay frenesí. Es otra cosa, es quizá una certeza momentánea, la posibilidad de ser otra cada vez que cambio de barrio, es el encuentro afortunado de la luz y la sombra que avanza sobre los edificios, es el cansancio después de un día en el centro, el balcón en monserrat y la textura de esa pared, es un breve destello, el amor-odio y el atardecer que cae en la ventana de casa. Jimena Passadore Buenos Aires, 1 de agosto de 2012


VORWORT

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Ich wurde in der Avenida de los Incas im Stadtviertel Belgrano geboren, genau an der Grenze zu Colegiales. Ich habe ein Foto, das meine Mutter auf dem Balkon der Wohnung 3°B zeigt: Sie hält mich im Arm, das Licht blendet sie, und sie verzieht ihr Gesicht genau so, wie man es tut, wenn einen das Licht blendet, ich weine vielleicht, ich war gerade geboren. Die Aussicht von der Wohnung im dritten Stock hat sich verändert. Meine Mutter erzählt, dass es die ‚Mauer‘ an der Seite damals noch nicht gab, eine alte Villa nahm den Platz ein, auf dem heute zwei Hochhäuser stehen. Heute lässt die Mauer gerade einmal für ein paar Minuten das volle Licht passieren, gegen zwei Uhr nachmittags. Danach gelingt es ihm irgendwie, sich als indirektes Licht einzuschleichen, von Osten und Westen, schräg. Als ich mit der Vorbereitung dieses Buchs begann, dachte ich ungezählte Male darüber nach wie es wäre, Buenos Aires zu fotografieren. Aus der Erinnerung tauchten meine ersten Fotos wieder auf: Ich war Studentin und liebte es, mit der Kamera durch die Stadt zu streifen. Ich erinnere mich daran, wie ich spät abends ins Zentrum fuhr, um eine Band der Underground-Szene von Buenos Aires zu hören, mit dem ersten Freund. Wir trafen uns in Barrancas (er wohnte dort, wo sich heute das inzwischen etablierte chinesische Viertel befindet), normalerweise nahmen wir den 59er oder 60er Bus. Wir stiegen nicht weit vom Cemento aus, an der Straßenecke Tacuarí und Chile oder 9 de Julio und Santa Fe, je nach dem, wo die Band spielte, die gerade in war. Diese Busfahrten gaben den Auftakt zur Nacht. Den Kopf ans Fenster gelehnt, sah ich hinaus. Ich mochte die Dunkelheit, die Lichter, das leere Zentrum. Manchmal kam ich dann sonntags zurück, um jene Leere zu suchen, die schlafende


Stadt, und ich machte mich daran, das im ersten Fotografiekurs Gelernte auszuprobieren. Einige Jahre später verließ ich Buenos Aires. Es war Frühling, als ich zurückkehrte, und es gelang mir, die Empfindungen aus der Zeit des Erwachsenwerdens wiederzufinden. Es war, als würde ich die Stadt nicht kennen. Von neuem fing ich, mit einer anderen Kamera, jene Leidenschaft für Buenos Aires ein. Ich fand Dinge, die ich nie gesehen hatte, hörte die Gespräche im Bus, glücklich fuhr ich durch die Stadt, entdeckte ihren Himmel wieder und war sicher, dass dieses Blau mit keinem anderen Himmel der Welt zu vergleichen war. Der Verkehr störte mich nicht, ich genoss es, von dieser Stadt umringt zu sein, sie erschien mir lebendig, chaotisch, wunderschön. Doch dieses Gefühl verschwand, das Verliebtsein hielt nicht an. Ich wurde wieder zu einer Hauptstädterin wie alle anderen, und jetzt, als ich mir die Arbeit an diesem neuen Buch vornahm, machte ich mich von neuem auf die Suche nach Buenos Aires. Ich wechselte ein weiteres Mal die Kamera und begann wieder zu zeichnen. Die Leidenschaft ist weg. An ihre Stelle trat etwas anderes, vielleicht ein Moment von Gewissheit. Die Möglichkeit, eine andere zu sein, wann immer ich das Viertel wechsele. Es ist die glückliche Begegnung mit dem Licht, der Balkon in Montserrat und die Textur jener Wand. Es ist der Schatten, der sich über die Häuser ausbreitet, die Müdigkeit nach einem Tag im Zentrum, ein kurzes Aufleuchten, Hassliebe und die Abenddämmerung, die in mein Fenster fällt. Jimena Passadore Buenos Aires, 1. August 2012

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Aquel día Victor no vio el amanecer sobre el río. El horizonte estaba velado por esas nubes tenues que tardan en disiparse con la luz del sol. Apoyado en el parapeto de la costanera norte, luchando con el sueño para que no lo venciera, vio ceder el azul del cielo solo para dejar lugar a un gris polvoriento, una bruma apenas luminosa que se esfumó cuando un sol pálido, todavía débil, se hizo visible ya a cierta altura. Muy lejos del círculo incandescente que él se había imaginado surgiendo del agua. El agua misma no parecía fluir hacia el océano que la aguardaba más allá de las orillas distantes; golpeteaba perezosamente contra el cemento, cubría un instante las piedras que lo bordeaban, retrocedía para volver más tarde con la misma indiferencia, con la misma aparente ausencia de dirección. Edgardo Cozarinsky La tercera mañana


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Victor sah nicht, wie jener Tag über dem Fluss anbrach. Der Horizont war von jenen dünnen Wolken verschleiert, die sich erst nach geraumer Zeit im Sonnenlicht auflösen. Auf die Brüstung der Costanera Norte gestützt, kämpfte er gegen den Schlaf an und nahm wahr, wie das Himmelsblau zurückwich und einem staubigen Grau Platz machte: einem kaum sichtbaren Nebel, der verschwand, als schließlich, in einer gewissen Höhe schon, eine blasse, noch kraftlose Sonne sichtbar wurde – weit entfernt von jenem weißglühenden Kreis, der sich seiner Vorstellung nach aus dem Wasser hatte erheben sollen. Das Wasser schien seinerseits nicht in Richtung des Ozeans zu fließen, der es fern von den Ufern erwartete. Es schwappte träge gegen den Zement, bedeckte für einen Augenblick die Steine an dessen Rand und wich zurück, um dann genauso gleichgültig, mit der gleichen scheinbaren Richtungslosigkeit wiederzukehren. Edgardo Cozarinsky Der dritte Morgen


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Era una tarde de otoño. En esa calle de Buenos Aires los árboles crecían inclinados. ¿Por qué? Altas casas de departamentos de ambos lados de la acera ocultaban los rayos del sol, y las ramas se tendían oblicuas, como suplicando, hacia el centro de la calzada… buscando la luz. Mabel iba a tomar el té a la casa de una amiga, elevó su mirada a las copas añosas, vio que los troncos fuertes se inclinaban, se humillaban. Manuel Puig Boquitas Pintadas


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Resplandor  

Cuaderno de Fotografías de Jimena Passadore

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