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Como parte del fomento de la cultura en los mexicanos sobre todo, como objetivo principal: el hábito de la lectura en el país, ésta semana se lleva a cabo la vigésima segunda edición de la Feria Internacional del Libro organizado por el Tecnológico de Monterrey, evento dedicado al público en general.

Desde su primera edición, en 1989, cada feria que se organiza por parte de ésta institución educativa tiene un país invitado o alguna institución nacional y los instalan en el pasillo principal, sin embargo este año está dedicada a una de las grandes figuras literarias: Carlos Fuentes y como invitado especial se presenta a la Universidad Autónoma de México. Integrado en la exposición especial del ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, podemos encontrar retratos fotográficos del Museo de la Ciudad de México, donde se aprecia al escritor panameño en diversas actividades que realizó durante su carrera. Este homenaje cuenta con la participación de Silvia Lemus, Julio Ortega, Liliana Weinberg y Javier Garciadiego. Presentaciones de libros, exposiciones fotográficas, talleres, mesas redondas, conferencias, lecturas de obras, diálogos, reuniones e incluso la premiación de los ganadores de la convocatoria Ensayo Crítico Universitario, es de lo que se a podido y se podrá seguir observando en los alrededor de dieciocho mil metros cuadrados de exhibición y más de seiscientas editoriales montadas dentro de las instalaciones del centro de exposiciones Cintermex, ubicado dentro del Parque Fundidora. Como ejemplos tenemos la exposición de 36 fotografías con el tema: “24HRS” de la autora Dasha Horita; editoriales como Diana, Planeta, Paidós, Santillana, Océano, etc; stands de universidades e instituciones educativas: UANL, UNAM, UDEM, Colegio de México, entre muchísimos otros para niños, jóvenes y adultos de todas las edades y para todos los gustos, desde educativos hasta religiosos: humorísticos, de texto, de consulta, recreativos, instructivos, literarios, biografías, recetas, de construcción, etc. El evento fue inaugurado el día trece del presente mes y tendrá una duración de nueve días consecutivos, para finalizar el veintinueve de octubre. Incluso cuenta con módulos de información y atención a los visitantes donde pueden proporcionarte una guía con el programa y la calendarización de todos los eventos que se presentarán en la feria. Además cuentan con el sistema de preguntas o sugerencias a través de correo electrónico. Para mayores informes se puede consultar la página http://fil.mty.itesm.mx/ o a los teléfonos 8369 6975 y en el Campus TEC de Monterrey 8358 2000 Ext.4023


DON TRICICLO

Hace alrededor de siete meses, de los cuales, cada sábado que pasa, escucho sonar el timbre de mi casa, alrededor de las diez de la mañana. Al abrir la puerta y ver a ese viejecillo desconocido, sonrió suavemente como si se tratara de un familiar muy querido y sin decirme ni una palabra le digo: ¡Haber, espéreme tantito! mientras él me responde con esa voz débil, cansada y hasta con cierto “tono chimuelo”: ¡Si gracias! Por su aspecto me parece que tendrá alrededor de unos setenta años, pues si lo comparo con mi padre, que aún y cuando ya rebasa los cincuenta años, no tiene el mismo aspecto que éste señor. En su piel se demuestra como el paso del tiempo le ha sobrepasado: es gruesa y arrugada, como si presumiera del trabajo y el esfuerzo con el que le cuesta sobrevivir todos los días; siempre llega acompañado de su triciclo amarillo relleno de cajas desdobladas y montones de papeles y siempre lo recuerdo con las misma vestiduras: su pantalón café enterregado, su camisa blanca, que más bien se ha convertido en amarillenta y sus zapatos negros encintados. Al momento, yo entro a la casa en busca de algún periódico que no utilice y regreso para entregárselo y él siempre, después de tomar el montón de papel, me pregunta: ¿No esta la patrona? refiriéndose a mi madre. En el periodo de vacaciones, era ella quien le entregaba el bulto de periódico viejo y en ocasiones hasta un pedacito de pan con su respectivo café o jugo, como si tratara de un invitado muy especial, y como muchas de las veces en las que viene “la patrona” no se encuentra, pues mi respuesta, la mayoría de las veces es: no, no está. Sin embargo, al observar por un tiempo la amabilidad que mi madre le brindaba a ese desconocido, me di cuenta que si ella no se encontraba, yo tenia que seguir su ejemplo, y me veía en la controversia de ofrecerle o no algún bocado, por lo que siempre, después de comentarle que no está, le pregunto: ¿gusta un vasito de agua? y él, mientras acomoda su triciclo me dice en un tono de cierta alegría y algo acongojado: mmmm, pues bueno, sí, esta bien. Entro la casa y voy hacia la cocina, tomo un vaso mediano y lo lleno con agua del garrafón, busco algo de comer para dárselo en alguna bolsita y él no tenga problemas para transportarlo, mientras llega a su hogar y se lo come: alguna fruta, algún panecito de dulce o simplemente el vaso con agua. Busco rápidamente algo con que tapar el vaso, y me dirijo hacia la puerta para entregárselo.


Me da las gracias y yo en mi respuesta, tratando de ser amable le contesto: que le vaya bien, pero él, en su intento por seguir la comunicación conmigo, me dice: ahorita le regreso el vasito, pero yo siempre le respondo: no se apure. Sin embargo, al cerrar la puerta de la casa, me doy cuenta de que aquel hombre, que según a mi pensar sólo tomaría las cosas y se iría, sigue con su triciclo estacionado a un lado de mi casa. Me asomo por la ventana y observo que a duras penas el viejecillo trata de sentarse en la misma banqueta, apoyándose del tronco del árbol de nogal que mi padre sembró hace veinte años, disfrutando de la poca sombra que el árbol le ofrece y tomando despacio el agua que le he servido. Yo por mi cuenta me alejo de la ventana y sigo con las actividades que estaba realizando. Minutos después escucho des nuevo el timbre de la casa, me asomó por el ventanal que tiene la puerta y veo que es otra vez el hombre de edad avanzada quien toca: viene a regresarme el vaso donde le serví el gua. Abro la puerta y precisamente, me regresa el vaso mientras yo le vuelvo a sonreír y le digo que no tiene de que preocuparse, como si no existiera ningún problema en el mundo por el cual una persona debería sentirse preocupada. Acto seguido el hombre, respondiendo con una leve sonrisa, camina hacia su triciclo y lo dirige hacia la calle para retomar de nuevo el camino que ya tenía. Yo cierro la puerta de la casa y me pongo a meditar sobre el porqué ese viejecillo tendrá que pasar por una vida así, caminando semana tras semana largos trayectos: ¿será tal vez para sobrevivir el sólo, o para mantener a una extensa familia? ¿Tendrá tantos problemas como todos consideramos o será feliz haciendo lo que hace semana tras semana? Tantas dudas inundaban mi cabeza. Aún no lo sé, pero creo que algún día tendré el atrevimiento de preguntarle para qué utiliza todos esos periódicos y todas esas pilas de cajas desdobladas. Solamente vuelvo a sonreír. Hasta pareciera que ya nos volvimos muy amigos y nos ponemos de acuerdo para representar un cuento, pues siempre son los mismos diálogos y los mismo actos: suena el timbre, abro la puerta, y al confirmar que es él, le digo: “haber, espéreme tantito”, él contesta: “si, gracias”, le busco algo de periódico, se lo entrego y me pregunta por “la patrona”, le contesto que no y le ofrezco un poco de agua en un vaso para calmar la sed, él la recibe con gusto y se sienta bajo la sombra de aquel árbol, minutos después toca el timbre de nuevo y me devuelve el vaso vacío, me da las gracias, emprende de nuevo su camino y cada quien reanuda sus vidas hasta volvernos a encontrar el siguiente fin de semana…

Revista Editorial Flama Once  

Feria Internacional del Libro Monterrey 2012 Crónica: Don Triciclo.- Por Ana Flores

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