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Publicación mensual de FLACSO

Nueva época, No. 9, octubre del 2001 / 1

Publicación mensual de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales/FLACSO-Guatemala. Nueva época, No. 9, octubre del 2001

DE

TORRES GEMELAS TORRES DE BABEL

LAS

A LAS pág. 2

Edelberto Torres-Rivas* Presentación Aprovechando su carácter simbólico, el 11 de octubre, justo cuando se cumplía un mes de los atentados a las “torres gemelas” y al edificio del Pentágono, FLACSO-Guatemala, con el apoyo de la Real Embajada de Noruega, organizó el foro El mundo, la política y la guerra después del 11 de septiembre del 2001, en el que destacados analistas plantearon sus interpretaciones sobre el contexto internacional a inicios del siglo XXI, los conflictos armados a escala planetaria, la guerra, el terrorismo y el Derecho Internacional, así como los escenarios previsibles y los efectos sobre la economía y la sociedad derivados de esta crisis. El propósito del foro era ofrecer un espacio para la reflexión y discusión sobre tan importantes temas. La afluencia del público desbordó las predicciones y el local resultó insuficiente para dar cabida a todos los y las interesadas que se dieron cita esa tarde para participar en el mismo. La actualidad del tema y la calidad y seriedad de las exposiciones se encuentran dentro de las principales razones de dicha afluencia. La crisis del 11 de septiembre y su secuela han sido descritas por algunos como parte de un “choque de civilizaciones”, aplicando el enfoque del profesor Samuel Huntington. No hay que olvidar, sin embargo, que las “diferencias de civilización” no llevan necesaria, indefectible ni mecánicamente a una confrontación entre sociedades diversas. En efecto, la historia exhibe momentos importantes de cooperación y armonía entre el Islam y el Cristianismo, por ejemplo, seguidos también por otros de lucha y dominación. Estas diferencias

* Sociólogo, investigador, profesor universitario. Fue Secretario General de FLACSO, actualmente es Coordinador del Área de Estudios de Seguridad de FLACSO-Guatemala y consultor del PNUD.

Las opiniones expresadas en este suplemento son de la exclusiva responsabilidad del autor.

deben verse más bien como parte de las condiciones que potencian la cooperación o el conflicto, según el caso, lo que dependerá de los niveles de tolerancia mutua, del tipo de relaciones de poder que se establezcan entre las sociedades y los Estados, así como de la existencia de problemas sociales y políticos cuya solución tiende a retrasarse y, por ello, a percibirse como intolerable por los implicados. Lo anterior es aplicable a la coyuntura actual, cuando las diferencias de civilización entre el Islam y una parte del Occidente cristiano han sido exacerbadas y llevadas a la confrontación por un proceso acumulativo de acontecimientos que se sucedieron desde finales de la segunda guerra mundial (y sobre todo a partir de la década de 1950) y que tuvieron como escenario al Oriente medio (el largo y sangriento conflicto palestino-israelí, aún no resuelto). Pero también es necesario considerar que en la tensión que domina la actual coyuntura mundial, no implica a todo el Islam ni al conjunto del Occidente. En efecto, se trata de una facción del radicalismo islámico que, exacerbada en parte por la forma en que se ha manejado a nivel internacional el conflicto palestino-israelí, por los resultados de la Guerra del Golfo y por los excesos cometidos en contra de la población musulmana de la antigua Yugoslavia, confronta a la que considera es la responsable de tales situaciones: la política exterior de EE.UU. Algunos de estos puntos fueron evocados en el foro. Una de las ponencias presentadas en el mismo se incluye en este diálogo, dentro de un debate que no hace sino comenzar.


2 / Publicación mensual de FLACSO

¿CÓMO

ERA EL MUNDO ANTES DEL

Nueva época, No. 9, octubre del 2001

10

DE SEPTIEMBRE?

Desde el fin de la guerra fría, EE.UU. ha mostrado un claro interés por reconstruir un nuevo orden internacional, caracterizado como un reacomodo unipolar “hecho a su medida”, en el cual encabezaría una sólida alianza con la Europa comunitaria, y situaría en el Extremo Oriente a Japón (su socio privilegiado) y a China continental, con la que ha incrementado sus relaciones comerciales (en la medida en que aquel gigante entra cada vez más por la “puerta grande” del capitalismo industrial). Dentro de este contexto, interesa considerar la evolución del Medio Oriente para EE.UU.: Egipto sigue siendo su sólido aliado; la revolución iraní está controlada; una potencia militar emergente, Irak, destruida y desde hace años sometida a un despiadado bloqueo comercial, y el tradicional apoyo a Israel (que se ha convertido en la “piedra de toque” de sus relaciones con el mundo musulmán). Merced a todo ello, EE.UU. ha asegurado el acceso al petróleo, pues no hay que olvidar que esta potencia sólo tiene 28.6 billones de barriles de reserva nacional, pero un consumo diario de 1.9 millones, que le alcanzarían escasamente para cuatro años.

es una publicación de FLACSO-Guatemala y de elPeriódico.

Secretario general de FLACSO Wilfredo Lozano San José, Costa Rica Director de FLACSO-Guatemala Víctor Gálvez Borrell

CONSEJO ACADÉMICO DE FLACSO-GUATEMALA Víctor Gálvez Borrell Virgilio Álvarez/Walda Barrios-Klée /Silvel Elías/Gisela Gellert/Irene Palma/ Edgar Pape/Jorge Solares/Edelberto Torres-Rivas

CONSEJO HONORARIO ■ Alain Touraine, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París, Francia. ■ Alejandro Portes, Johns Hopkins University, USA. ■ Volker Lühr, Freie Universitat Lateinamerika-Institut, Berlín, Alemania. ■ Mitchell A. Seligson, University of Pittsburgh, USA. ■ Guy Hermet, Instituto de Ciencias Políticas, París, Francia.

Tels: (502) 362-1431 al 33 Fax: (502) 332-6729 Correo electrónico: flacsoguate@flacso.edu.gt Página web: http://www.geocities.com/athens/rodes/9162 Coordinación de edición: Hugo de León Diseño, edición y diagramación: Magna Terra editores Esta edición es posible gracias a: SAREC

La situación de los EE.UU. se ha visto fortalecida cada vez más en los últimos años. Después de la Guerra del Golfo (1990), ratificó su indiscutida “posición imperial”: primera potencia militar, la más sólida economía jamás imaginada y el mayor foco de producción cultural y de entretenimiento en el mundo, como nunca antes lo hubo. EE.UU. registró una tasa de crecimiento promedio en el último decenio de 4.1% y un PIB per capita de US$33.900 al año (1999), el primero en el mundo (salvo el extraordinario caso de Luxemburgo). Con tal ingreso, la población estadounidense vivía en un universo de autocomplacencia generalizada y en un bienestar material con componentes de ensueño. Es cierto, sin embargo, que los primeros signos de problemas principiaron a avizorarse: desde el primer trimestre de este año, el crecimiento se hizo lento y se pronosticó una recesión de corto plazo. No es posible analizar aquí los diversos aspectos del orden político mundial construido en el seno de economías cada vez más interdependientes, cruzadas por un crecimiento errático pero ascendente, y sostenidas por impresionantes avances tecnológicos, desorden financiero y una fatal segmentación geográfica y social de integrados y excluidos. Algunos problemas existían obviamente. El primero de abril del 2001, los chinos capturaron un sofisticado avión espía (un EP3), que vulneraba la soberanía de ese país de manera permanente. El tratamiento dado a este ‘affaire’ por el régimen chino (que entregó el avión semanas después de haberlo prácticamente ‘escaneado’ a voluntad), definió una nueva relación de fuerza con EE.UU., al punto que algunos consideran que después de este suceso, la República Popular China se había alzado como la segunda potencia mundial. El orden político construido bajo la hegemonía estadounidense también había implicado recientemente, el bombardeo de Yugoslavia para capturar a Milosevic y castigarlo por la limpieza étnica realizada; nuevos bombardeos a Irak; el rechazo al Protocolo de Kioto y otras medidas de protección del medio ambiente; el anuncio de impulsar el programa antimisiles (el proyecto conocido como “la guerra de las galaxias”) y con ello la violación de los acuerdos firmados con la ex Unión Soviética sobre limitación de armamentos, así como la negativa a firmar el acta constituyente del Tribunal Penal Internacional y el retiro de la Conferencia contra el Racismo, realizada en Sudáfrica. En las relaciones con América Latina, fue importante la celebración de la III Cumbre de las Américas, en junio de 2001, que recogió el interés estadounidense de formar, hacia el 2005, un mercado común en todo el continente. Puede resultar útil divulgar brevemente algunas de las ideas centrales del Documento Santa Fe IV, hecho público por James P. Lucier, director del Staff del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. No se trata de un texto oficial del gobierno estadounidense. No obstante, en sus versiones anteriores, fue el punto de vista más conservador sobre la política exterior con América Latina y contuvo ideas que inspiraron la conducta de altos funcionarios norteamericanos. Vale la pena recordar que las recomendaciones de Santa Fe I sirvieron de apoyo al presidente Reagan en su cruzada contra Nicaragua. Así, y de manera explícita, en el documento de Santa Fe IV: Latinoamérica hoy, se señala que... “¡los bárbaros están a las puertas, pero el problema es que no hay puerta! sino una artera infiltración cotidiana desde América Latina, que terminará por debilitar el vigor americano”. El documento termina con una frase que puede parecer cursi “... la historia y nuestros nietos nos juzgarán duramente si esto no se revierte...”


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Nueva época, No. 9, octubre del 2001 / 3 cultura y la sociedad americana? Las relaciones con México son objeto de tratamiento especial por los factores de riesgo que implican. Se analiza el peligro de la pobreza latinoamericana y su potencialidad desestabilizadora, las posibilidades amenazadoras de las democracias populistas, la deforestación, etc...”

LA

GUERRA DE

CIVILIZACIONES

El texto afirma que el destino del Norte y el Sur ha sido a veces compartido para provecho de todos, pero ahora la conducción estadounidense está amenazada por lo que, en una concesión a la síntesis retórica, llama los peligros de las “nueve d”, que desarrolla con detalles, estadísticas, recomendaciones y juicios de valor: defensa, drogas, deuda, desestabilización, demografía, desindustrialización, democracia populista, deforestación y declinación de los EE.UU. Incluimos a continuación algunos razonamientos tomados al azar, que ejemplifican la sensibilidad, tónica intelectual e ideológica que anima el documento escrito hace un año, y que suponemos tenía vigencia hasta el 10 de septiembre, fecha en que el mundo empieza convertirse en unas Torres de Babel. Veamos estos ejemplos: “... Los rusos han sido reemplazados por los narcoterroristas que deben ser combatidos implacablemente. El problema de Colombia debe ser considerado como una emergencia y darle, sin dudarlo, un tratamiento militar. El peligro de las drogas no ha sido enfrentado seriamente, hay que horrorizarse ante la posibilidad de su legalización (lo que de paso, permite formular un ataque a personalidades e instituciones norteamericanas por su ‘cacofonía de la legalización’). Preocupa la lenta pero decidida penetración china, tema que se vincula al grave error de haber cedido el Canal de Panamá (“EEUU ha pagado por deshacerse del premio estratégico más importante del hemisferio...”), que está siendo parcialmente administrado por la empresa Hutchinson Whanpoa (con estrecho vínculo con Beijing). El tema del canal y los ataques a Carter son frecuentes en el texto. Se añade, además, el retroceso en la misión modeladora de la educación y formación de las élites militares latinoamericanas (que por muchos años realizara EE.UU.), y se corre el riesgo del surgimiento de militares izquierdistas o populistas. Es profunda la preocupación por el tema demográfico: 497 millones de hispanos frente a 273 millones de americanos. El asunto es grave porque entre 1980 y 1999, el número de emigrantes pasó de 14.6 a 31.2 millones (de los que el 30% son ilegales). Se estima que para el 2110 serán 39 millones y ¡el poder demográfico cuenta! Esto lleva a la pregunta: ¿permitiremos que continúe esta inundación, será asimilado e integrado este flujo en la

A mediados de 1993, el profesor Huntington predijo desde Harvard que la política mundial entraba en una nueva etapa, en el sentido que el nuevo carácter de las grandes divisiones de la humanidad y de las fuentes del conflicto serían culturales. Los Estados-nación seguirían siendo los agentes poderosos en los asuntos mundiales, pero en los conflictos internacionales se enfrentarían naciones o grupos de civilización distintos. Con el fin de la guerra fría -afirmó- la política internacional abandonó su fase occidental y su eje pasó a ser la interacción entre la civilización occidental y la no occidental. ¿Por qué chocan las civilizaciones?, se preguntó Samuel Huntington. Hay muchas razones, pero sobre todo porque la identidad que provee una civilización (religión, idioma, destino) será cada vez más importante en el mundo que está ya emergiendo, con cuatro o cinco grandes civilizaciones (como la occidental judeo/cristiana, la confuciana, la islámica, la hindú, la eslava...). Al contrario de lo que predijo Renán, ocurre una secularización del mundo, un resurgimiento de la fuerza de las religiones, lo que George Weigel llama “la revanche de Dieu”. Y Occidente juega en esto un doble factor causal: impulsa la toma de conciencia sobre su propia civilización, con soberbia, al mismo tiempo que provoca el rechazo de otras, justamente por estar en la cúspide de su éxito como foco de influencias múltiples. Es esto lo que explica la fuerza de la ‘reislamización’ del Medio Oriente y de otras zonas musulmanas, o la ‘rusificación’ provocada por las políticas de Yeltsin. En general, en muchos países hay fuertes movimientos de ‘desocccidentalización’, que constituyen una expresión de “indigenización” de las élites, en sus hábitos, culturas, y estilos de vida. No olvidemos, dice Huntington, que las características y diferencias culturales cambian menos que los rasgos políticos o económicos. Así, en la ex Unión Soviética, un comunista puede volverse socialdemócrata y un rico hacerse pobre, pero un ruso no puede convertirse en azerbaiyano. En la era de los conflictos ideológicos la pregunta era: ¿de qué lado está Ud.? Y se podía cambiar de bando con pocos problemas; pero cuando el contexto es civilizatorio, la pregunta es: ¿Ud. qué es?, y la respuesta es precisa y no se puede cambiar. En Bosnia, Sudán o Irak es sabido que una mala respuesta puede significar un disparo en la cabeza. Y la religión discrimina aún más, pues alguien puede ser


4 / Publicación mensual de FLACSO medio francés y medio árabe, pero no medio católico o medio musulmán. En Arabia Saudita la declaratoria pública de ser cristiano puede ser castigada con la decapitación, y en EE.UU. hay absoluta libertad de cultos. En esta elemental diferencia radica la fuerza de Occidente. De hecho, el mundo musulmán nace en conflicto con Occidente. Desde su fundación, el Islam proclamó por boca de Mahoma la tarea de conquistar almas con la espada y convertir a los infieles. Una enorme oleada de pueblos árabes que traspasó Los Pirineos, sólo pudo ser detenida por Carlos Martel en Tours, en el 732. Desde el siglo XI al XII, los cruzados intentaron con éxito temporal llevar el cristianismo a Tierra Santa; a partir del siglo XIV los turcos otomanos invirtieron las cosas: extendieron su presencia hasta Los Balcanes, conquistaron Constantinopla y sitiaron dos veces Viena. Pero en el siglo XIX, Gran Bretaña, Francia e Italia impusieron el control de Occidente en todo el norte de África y en el Medio Oriente. Las luchas anticoloniales después de la Segunda Guerra Mundial fueron enfrentamientos nacionalistas de “pueblos indígenas” en contra del colonizador cristiano. Fue

Nueva época, No. 9, octubre del 2001 Europa, y se registran cotidianamente actos de racismo abierto en Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y Austria, que nos recuerdan roces civilizatorios. De este conflicto cultural no se salvan ni Suiza ni Suecia. La Guerra del Golfo fue producto de una coalición de naciones occidentales (incluidos varios países árabes) contra Irak. No puede dejar de mencionarse que la conflictividad musulmana también se despliega en otras geografías. El Estado ruso no logra establecer relaciones civilizadas con Chechenia, los armenios cristianos padecen frente a Azerbaiyán, y el profundo malestar en las provincias musulmanas va en aumento. Aún más conocido es el enfrentamiento histórico con los hindúes en varias naciones, que llevó a la partición de Pakistán y la India y los mantiene en estado de guerra latente. Los chinos ejecutan una brutal política de exterminio contra la minoría turco-musulmana en la provincia de Xinjiang, y ahí están los conflictos etno religiosos en Filipinas, Indonesia, Somalia... En resumen, las fronteras de Islam están teñidas de sangre. ¿Qué sucedió después del 11 de septiembre? Sin duda la acción de Osama bin Laden ocurre en un escenario como el que predijo Huntington. Sin embargo, la lucha contra el terrorismo no puede ser aceptada como un enfrentamiento de civilizaciones, pero no por las razones esgrimidas por varios jefes de Estado (como Chirac o Berlusconi), ya que el terrorismo también lo ejecutan en su interior los Estados y la propia civilización judeo-cristiana. No hay espacio aquí para recordar la barbarie civilizada del siglo XX.

¿Y

LA DIMENSIÓN

GEOESTRATÉGICA?

particularmente sangrienta la represión francesa en Indochina y Argelia, por ejemplo, pero también hubo brutalidad en el resto de África (el Congo Belga, las ex colonias británicas, etc.). Hay otros ejemplos: las cuatro guerras de los árabes contra Israel1 y el permanente conflicto palestino; la invasión de Egipto en 1956 por fuerzas inglesas y francesas; la intervención de los EE.UU. en el Líbano en 1958 y 1983; la matanza entre serbios, bosnios y croatas... así como la multitud de actos terroristas. Hoy en día viven casi 30 millones de musulmanes en 1 Guerra de Independencia (1948-1949), Crisis del Canal de Suez (1956), Guerra de los Seis Días (1967), Guerra del Yom Kipur (1973).

Examinando la situación mundial de la posguerra fría, Michael Klare afirma categóricamente que la zona crítica en los años venideros se trasladará del Medio Oriente a Asia Central y, sobre todo, al control de los países que rodean el Mar Caspio2. Por su potencial y sus dificultades, Asia Central será la gran incógnita del sistema mundial en las próximas décadas. Cuenta con la segunda mayor economía nacional (Japón) y la más importante potencia emergente (China), potencias regionales (como la India y Pakistán), gigantescas masas demográficas, elevado dinamismo tecnológico, experiencias en desarrollo rápido, empresas y bancos gigantes. Hay allí Estados nacionales celosos de su independencia y con capacidad militar (y nuclear) ascendente. Esta región será decisiva en los próximos años. Es cierto que también tiene graves problemas, pues está lejos de crearse un área económica y políticamente integrada, la que se caracteriza por la presencia de grandes segmentos de población en estado de pobreza, divididos por un sinnúmero de conflictos. El orden mundial estadounidense no aparece con la capacidad de encuadrar a este sub-continente ‘exótico’, demasiado grande y fuerte para ser engullido (como América Latina), marginado (como África), dominado (como el Medio Oriente) o derrotado (como la ex-Unión Soviética). 2

Foreing Affairs, Vol. 80, No. 3, p. 152.


Publicación mensual de FLACSO Otros datos completan este perfil sobre la importancia geoestratégica de la región: el 35% de las reservas mundiales actuales de petróleo y gas natural está en Asia Central; Turkmenistán es la tercera reserva más grande del mundo de gas natural, en tanto que Uzbekistán y Takjikistán son la sexta y séptima. Y dos de ellas limitan con Afganistán, considerado desde comienzos de los ochenta como el puente más importante entre Asia Central y el Golfo Pérsico. El interés soviético por Afganistán y el apoyo estadounidense a su posterior expulsión, cobran sentido ahora. La Unión Soviética justificó su apoyo a Kebrak, ganador en unas elecciones dudosas, “para evitar que la CIA decidiera el futuro de Afganistán”. Pero dentro de una visión estratégica de mediano plazo (acerca de la cual EE.UU. es extremadamente sensible), la salida de los rusos se convirtió en un objetivo importante. ¿Por qué tanto interés por expulsar a los rusos de Afganistán? ¿Razones religiosas, humanitarias, o económicas y geoestratégicas? Las últimas causas fueron las que explican por qué se decidió hacer difícil el control soviético de ese extraño país y por qué razón EE.UU. terminó financiando, junto con Arabia Saudita y Pakistán, la creación de las escuelas teológicas ubicadas en este último país, donde se formó una poderosa élite de jóvenes guerreros, profundamente fanáticos: el talibán. Estimularon así la interpretación más extremista del nacionalismo musulmán; vale decir, su versión religiosa y armada, que explicaría hasta este momento el profundo convencimiento de su lucha contra el Occidente satánico que los anima. En esta mezcla de atraso, religión y guerra, ni Osama bin Laden, ni su red de apoyo Al Qaeda, pueden ser considerados strictu sensu como unos suicidas desesperados. Por el contrario, son los dirigentes de un movimiento religioso y político con un profundo sentido antioccidental, pero con raíces y simpatías en el mundo musulmán. El terrorismo al que acuden, condenable desde todo punto de vista, no es la acción enloquecida de personalidades marginales, sino la expresión exacervada, perversa y concentrada de una cultura de millones de personas distribuida por todo el mundo. Interesa subrayar el aspecto geoestratégico y la importancia puntual que adquiere el control de Afganistán por sus extensas fronteras

Nueva época, No. 9, octubre del 2001 / 5 con los países del Asia Central, del Mar Caspio, por un lado, y del Golfo Pérsico, por el otro. En efecto, Afganistán tiene fronteras con Irán, Pakistán, China, dos ex repúblicas soviéticas y está muy próximo de India y Rusia. En 1997, según el periodista Kretzman (La Jornada, México, 27-08), la empresa norteamericana UNOCAL, a la cabeza de un consocio internacional, firmó un contrato con el régimen talibán por dos mil millones de dólares para construir un oleoducto de 890 millas y traer gas natural de Turkmenistán a Pakistán. La empresa se retiró en 1998, después que las organizaciones feministas de EE.UU. e Inglaterra denunciaron los negocios con los talibanes (conocidos por su medieval actitud frente a las mujeres). Más allá de los proyectos de oleoductos en Afganistán, en el Departamento de Energía de EE.UU. existen serias preocupaciones por el impacto negativo que la inestabilidad en este país pueda tener en la región del Mar Caspio en su conjunto. “En virtud de su ubicación geográfica, ese país siempre ha jugado un papel importante en la estabilidad regional y frecuentemente ha sido el centro de atención de los grandes poderes”, argumentó el teniente coronel Grau, en un artículo publicado en el sitio de Internet de la Oficina del Ejército de los EE.UU., de Estudios Militares Extranjeros. Afganistán -añade este oficial- será un “área crítica para asegurar la estabilidad del desarrollo del petróleo y del gas en el Mar Caspio”. Obviamente, estas consideraciones fueron hechas mucho antes del 11 de septiembre. Pero la estabilidad en Afganistán hace más de dos décadas que no existe. Y ahora mucho menos. En este desdichado país no hay un Estado nacional en la versión de la teoría política occidental: ausencia de una clase dominante capaz de unificar la nación con apoyo, no sólo de la fuerza sino de intereses económicos y de factores culturales ho-


6 / Publicación mensual de FLACSO

Nueva época, No. 9, octubre del 2001 próximos veinte años, dos terceras partes de las reservas occidentales conocidas. La respuesta está en Asia Central. En un documento del Pentágono (que no puedo precisar en este momento y, en consecuencia, puede ser o no considerado por el lector) se habla de varios objetivos estratégicos, uno de los cuales es el más difícil de ser mantenido en el largo plazo. Ese propósito de la geopolítica estadounidense se refiere a “que ningún poder, o conjunción de poderes del hemisferio oriental puede desafiar el dominio norteamericano sobre los océanos”. El control aéreo sirve para propósitos de guerra. La preocupación por el control simultáneo de los océanos es el elemento central en la supremacía militar a escala mundial y sirve para propósitos de paz. Y a ello se agrega, el interés por ciertas zonas de Asia Central. M. Klare finaliza su análisis así: “La comunidad mundial debería presionar a los Estados que lindan con el Mar Caspio y el Mar de la China Meridional para que resuelvan de manera pacífica todas sus disputas pendientes por la propiedad y el desarrollo de sus recursos... Sólo de ese modo podemos confiar en que el planeta permita llegar a acuerdos que den viabilidad a los nueve mil millones de seres humanos que lo habitarán para el 2050”. El argumento que se insinúa tan rápidamente es el de contrastar la idea de que lo que ocurre es, realmente, un ‘choque’ de civilizaciones, o propiamente, la oportunidad de combatir el terrorismo para luego obtener ventajas económicas y estratégicas desde el punto de la geopolítica. Seguramente hay elementos de todo ello en lo ocurrido al destruir las Torres Gemelas, lo que está convirtiendo al mundo en unas enloquecidas Torres de Babel. En la versión bíblica, el hombre, con su reconocida vanidad, quiso construir una torre tan alta que terminó por volver imposible la comprensión entre quienes estaban arriba y abajo. La soberbia llevó a la destrucción.

mogéneos. Ésa fue la razón por la que los soviéticos no pudieron, desde la invasión de 1979, estabilizar alguna forma de autoridad y se hundieron de manera catastrófica, contribuyendo así al fracaso militar y político del cada vez más desgastado Estado soviético ¡Un Viet Nam con peores consecuencias! Y es la ausencia de estructuras internas de poder lo que hará más difícil el control futuro de este inmenso territorio intermedio. En otras palabras, tiene las condiciones internas para que no se pueda establecer, en la época postalibán, un control desde el exterior. Es posible que el talibán regrese nuevamente a las montañas y permanezca ahí, ya sólo en un desafío simbólico. Desde el fin de la guerra fría, la visión estratégica militar de EE.UU. se movió hacia la cuenca del Mar Caspio y del Mar de la China Meridional. El Consejo Nacional de Seguridad, en 1999, decía que “EE.UU. seguirá teniendo un interés vital en asegurar el acceso a los suministros de petróleo del exterior... y debemos mantenernos conscientes de la necesidad de estabilidad y seguridad regionales en áreas clave de producción, a fin de garantizar nuestro acceso a esos recursos, tanto como su libre circulación” (Klare: 152). De acuerdo con el Departamento de Energía de los EE.UU., se espera que el consumo global anual de 77 millones de barriles diarios en el año 2000 sea de 110 millones en el 2020, es decir, que registre un incremento del 43%. Si estas estimaciones son correctas, el mundo consumirá aproximadamente 670 mil millones de barriles en los

DIOS

SIEMPRE ESTÁ CON LOS GRANDES BATALLONES

Probablemente no es una curiosa coincidencia que el presidente Bush y bin Laden estén convencidos de tener a Dios de su lado. ¡Qué Dios siga bendiciendo a América! fue la frase con la que el presidente estadounidense terminó su comunicado el día en que ordenó iniciar los bombardeos al régimen talibán. ¡El Dios omnipotente ha golpeado a América¡ dijo Osama bin Laden en el video que fue hecho público horas después. Voy a terminar, a manera de resumen, citando la opinión de Umberto Eco sobre lo que está ocurriendo: “Todas las guerras de religión que ensangrentaron al mundo durante siglos nacieron de adhesiones pasionales a contraposiciones simplistas, como nosotros y los otros, buenos y malos, blancos y negros. Si la cultura occidental demostró ser fecunda es porque se esforzó por ‘eliminar’ a la luz de la investigación y el espíritu crítico, las simplificaciones nocivas”. Estamos viviendo un período diabólico. Ojalá que podamos entendernos, eliminando la soberbia, en estas Torres de Babel en las que estamos ya situados.


Publicación mensual de FLACSO

Nueva época, No. 9, octubre del 2001 / 7

NoVEdaDeS

DEBATE 50: NADIE

QUIERE SOÑAR DESPIERTO

128

DEBATE 49: ACERCA

DEL PESIMISMO EN LAS CIENCIAS SOCIALES

Q.35.00

EDELBERTO TORRES-RIVAS

LOS

INTELECTUALES EN UNA ÉPOCA DE TRANSICIÓN

IMMANUEL WALLERSTEIN 90

PÁGS.

RENÉ POITEVIN

PÁGS.

Q.30.00 CONSTRUYENDO

LA

DEMOCRACIA ELECTORAL EN

GUATEMALA 160

PÁGS.

EDELBERTO TORRES-RIVAS SECUNDINO GONZÁLEZ M. HORACIO BONEO FABRICE LEHOUCQ DAVID L. WALL

Q.50.00

EL

LADO OSCURO DE LA ETERNA

PRIMAVERA

420

PÁGS.

MANOLO VELA ALEXANDER SEQUÉN-MÓNCHEZ HUGO ANTONIO SOLARES

Q.113.00


8 / Publicación mensual de FLACSO

Nueva época, No. 9, octubre del 2001

LA FACULTAD LATINOAMERICANA DE CIENCIAS SOCIALES FLACSO-GUATEMALA invita a SESIÓN PÚBLICA DEL SEMINARIO

PUEBLOS INDÍGENAS Y POBREZA Segunda parte: Políticas públicas, retos y perspectivas Ponentes Dra. Else Oyen, Noruega Investigadora de CROP, profesora de la Universidad de Bergen, especialista en estudios sobre la pobreza Dr. Salomón Nahmad, México Profesor investigador del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, OAXACA Dr. Romeo Tiú, Guatemala Unidad Indígena de la Misión de Verificación de Naciones Unidas en GuatemalaComentarista Mtra. Clara Arenas, Directora AVANCSO 6 de noviembre de 2,001 Hotel Antigua Salón Landívar Mayor 8 calle poniente No. 1, Antigua Guatemala 15:00 horas FLACSO-Guatemala Con la colaboración de la Embajada de México en Guatemala


Diálogo 9 Nueva Época/ DE LAS TORRES GEMELAS A LASTORRES DE BABEL