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TURISMO

POR

Patricio Hernández

FOTOS

cortesía de la Secretaria de Turismo

La aventura comienza En el corazón de la Sierra Gorda, a sólo dos horas de la ciudad de Querétaro, el Campamento Ecoturístico El Jabalí representa un verdadero oasis para quien busca olvidarse del estrés que provoca la vida rutinaria de la ciudad. Despeja tu mente y recarga tu energía en este paraíso natural.

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n viaje en cuatrimoto a través de la reserva más biodiversa del centro del país es ya, de por sí, una experiencia que no debes dejar pasar; pero si a esto le sumas que muy cerca de ahí hay un par de zonas arqueológicas, un convento abandonado en la cima de una montaña y un campamento de primer nivel, en el centro de un cañón lleno de magia, al lado de un río, y a sólo dos horas de la ciudad de Querétaro, ¿qué más puedes pedir? El Campamento Ecoturístico El Jabalí está ubicado en el municipio de Pinal de Amoles, aunque la aventura inicia en San Joaquín, municipio vecino, al que puedes llegar vía Tequisquiapan o vía Bernal; cualquier opción, saliendo de la ciudad de Querétaro, no tardarás más de dos horas en llegar, manejando a una velocidad moderada.

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Escape a la campiña queretana Después de subir dos cuatrimotos al remolque salimos hacia San Joaquín. Hora y media después pasábamos frente a las grutas de Los Herrera, justo en la entrada del pueblo. El clima fresco de la alta montaña nos envolvió de pronto, regalándonos esa sensación que se experimenta al adentrarse en el bosque. San Joaquín es un pueblo pequeño y muy pintoresco, en cuyos habitantes destaca una personalidad amable y una gran habilidad para bailar huapango (cada año se celebra el Festival Internacional del Huapango). Avanzamos unas cuantas cuadras hasta llegar al punto de encuentro, donde pudimos dejar nuestro vehículo resguardado y conocimos a quienes serían nuestros guías y el resto del equipo para los siguientes dos días: cua-

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TURISMO: SIERRA GORDA

Costos Según la temporada, varía entre 1,000 y 2,000 pesos por persona en ocupación doble e incluye moto, tres comidas y hospedaje (el precio baja si se hace el recorrido en moto propia).

Contacto

Al finalizar el ajetreado recorrido en cuatrimoto, las seis cabañas de lujo tipo safari del campamento, ofrecen un cómodo y obligado descanso.

El ex convento de Bucareli, una construcción del Siglo XVII, es visita obligada estando en El Jabalí.

tro jóvenes que venían de Guadalajara y una pareja de aventureros franceses. Lo primero que hizo el guía fue explicarnos las opciones: pagar solo el hospedaje y la alimentación (una buena alternativa para dos de mis amigos, que llevaban su propia moto para seguir la caravana) o un paquete que incluye la renta de una cuatrimoto o el traslado en una camioneta tipo safari acondicionada para transportar a quienes no puedan o no deseen hacer el recorrido en moto (una gran posibilidad para familias con niños, por ejemplo). Quienes contratamos la opción que incluye renta de moto recibimos, además de los vehículos semiautomáticos y equipo de seguridad (peto y casco), instrucciones básicas sobre cómo conducir, reglas generales de precaución y algunas recomendaciones para viajar en grupo. Practicamos un poco en una zona tranquila, dentro del pueblo, y cuando nos sentimos con más confianza nos dirigimos a Ranas, como es llamada una zona arqueológica ubicada a tres kilómetros de San Joaquín.

las montañas y que, con el calor y después de todo el polvo acumulado en el trayecto, es lo primero que se piensa en visitar. Así que dejamos las motos, nos sacudimos un poco la tierra y llevamos nuestras maletas a las cabañas, que en realidad son una especie de tiendas de campaña, pues aunque la estructura es de madera, las paredes y el techo son de lona. En cuanto entré a la cabaña y vi el baño no lo pensé dos veces: abrí la regadera y, ante la sorpresa de encontrar agua caliente, me di la mejor ducha que he tomado en mucho tiempo. Durante el baño pude oír, a través de la lona, el sonido del río, y sentir descender la brisa de los cerros. Pocas veces se puede gozar de una sensación así, que conjuga la experiencia de acampar, los recuerdos de viejos viajes familiares, el olor a campo y una serie de comodidades que no le piden nada a un hotel ecoturístico de playa.

Las maravillas en el camino Según los cálculos de expertos en historia, esta antigua ciudad vivió su apogeo entre el año 600 y 1000 de nuestra era. Se dice también que, junto con la vecina Toluquilla, era la que controlaba las rutas comerciales de la región, habitada en esa época por varios grupos, como los jonaces, los huastecos, los ximpeces y los pames. Lo que hasta el día de hoy permanece de aquella ciudad enclavada en medio de la

y el otro en la retaguardia, atento a resolver cualquier situación que se presentara en el camino. Además, junto a la fila de motos, nos acompañaba una camioneta en donde viajaba n el equipaje, comida, refacciones y equipo de emergencia. Aunque ya había escuchado muchas historias sobre este lugar, nada se acerca al sentimiento que tuve al salir de esa primera curva y contemplar en su totalidad la belleza y majestuosidad de la Sierra Gorda queretana: una pequeña espuela de la sierra madre oriental que cruza gran parte del norte del estado, una de las zonas de conservación con mayor biodiversidad en el mundo, patrimonio natural de la humanidad.

Además de descanso, El Jabalí te ofrece la posibilidad de vivir una aventura llena de adrenalina.

sierra son varios conjuntos de templos y plazas, además de cinco canchas de juego de pelota.    Después de tomar cualquier número de fotos, con el deseo de conservar la mayor cantidad de recuerdos de ese maravilloso lugar, me detuve un momento a observar el horizonte. Estábamos en la parte más alta de las montañas y, justo frente a nosotros, teníamos un voladero con una vista impactante de lo que nos esperaba a continuación. Minutos más tarde iniciamos el descenso con uno de los guías como punta, encabezando al grupo que avanzaba en fila india,

Bienvenidos a El Jabalí A la mitad del camino hacia el campamento, en un bello paraje con la vista del valle al frente, nos detuvimos un momento para aflojar los músculos, comer unos sándwiches y seguir captando imágenes para el álbum fotográfico. Al cabo de dos horas, y después de recorrer 32 kilómetros de terracería, habíamos llegado a un punto ubicado a 1,300 metros por debajo del nivel del mar, donde la temperatura estaba casi 15° C más alta que en Querétaro. Estábamos en la ladera del río Extoraz, junto al cual apareció ante nosotros el campamento El Jabalí. Es de veras sorprendente encontrar un lugar así, en medio de la nada: seis cabañas tipo safari “cuelgan” de la montaña, rodeadas de jardines, y con un restaurante bar ahí mismo; todo junto a un río de agua limpia de lluvia que baja de

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Los sonidos de la naturaleza En lo que terminamos de instalarnos y nos arreglamos un poco llegó la hora de la cena, así que nos dirigimos al restaurant bar, donde pudimos disfrutar de una carne asada a la leña y un par de cervezas, mientras algunos integrantes del equipo se daban la oportunidad de descubrir las famosas enchiladas queretanas. Después de cenar seguimos conversando un rato junto a una fogata, siempre con muy buen ánimo, mientras observábamos la vía láctea, la cual se aprecia perfectamente debido a la total oscuridad que predomina en

el campamento. Sin embargo, el cansancio provocado por el viaje hizo que nos retiraramos para dormir temprano. Nunca voy a olvidar la sensación que me provocó estar en esa cabaña, a punto de dormir, mientras percibía el olor a leña quemada que permanecía en el ambiente y escuchaba el canto de los grillos y el ir y venir de la lona provocado por el viento. Pronto empecé a soñar que estaba nuevamente acelerando en mi moto. Había caído rendido después de un día de aventura, sol, adrenalina y muchas risas. Al otro día, despertar con los sonidos de la naturaleza en vez de la alarma de mi teléfono me hizo sentir que llevaba semanas de vacaciones: sin celular ni mensajes de texto ni correos electrónicos, sino únicamente disfrutando de ese tipo de actividad física que te hace descansar profundamente para luego despertar con muchas ganas de volver a vivir un día de sol y mucha diversión. Así pues, tras un desayuno abundante, recorrimos casi cuatro kilómetros hasta llegar a la cima de una montaña, donde nos topamos con el ex convento de Bucareli, otro lugar que te quita el aliento. La perspectiva, desde lo alto, es ideal para contemplar el paisaje, meditar un momento y tomar fotos. Pocos tienen la oportunidad de conocer este sitio lleno de misticismo, en medio de la sierra entre Pinal de Amoles y San Joaquín; para nuestra gran fortuna, el ex convento es parte de la experiencia que ofrece El Jabalí. El regreso al campamento fue también el

Teléfonos: (441) 293 5259 y 045 (441) 107 2239 e-mail: campamento_eljabali@yahoo. com.mx Página web: www.queretaro.travel

rencuentro con la adrenalina, ya que esta vez la ruta a seguir estaba a un costado del río, un camino recto y plano que nos permitió meter un poco más de velocidad sin correr el riesgo que traen consigo las curvas pronunciadas y los precipicios, aunque siempre respetando las reglas de seguridad. De regreso a casa Desde que salimos de El Jabalí supe que disfrutaría más el camino de vuelta. Además de que me sentía con más confianza para conducir la moto estaba también más familiarizado con el camino, lo que me permitió apreciar mejor los paisajes, sabiendo, además, que podría no volver a verlos en años. Vi con claridad los cortes horizontales que dividen las montañas mientras asciendes y cómo en cada corte cambia la vegetación y el clima; conforme avanzábamos hacia San Joaquín sentí cómo poco a poco nos aproximábamos al punto en el que sería necesario enfundarme nuevamente en una chamarra. Mientras, me dediqué a disfrutar del trayecto, desconectado completamente del estrés al que uno termina por acostumbrarse en la ciudad; la sensación fue fascinante y muy reveladora, al descubrir que una escapada como ésta es una excelente forma de aclarar la mente y retomar fuerzas para continuar con las rutinas de la ciudad.

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FQUERETARO3 La aventura comienza turismo