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El sufrimiento invisible de las mujeres subsaharianas Precious y Charlotte son dos mujeres que se han jugado la vida en el camino a la “Europa de los derechos” Madrid. Marlise Calderón (Lemigrant) / 01-04-10

Más de 100 mujeres subsaharianas en España y en Marruecos han tomado la palabra para contar su verdad: de cómo los derechos humanos y su integridad física y emocional son vulnerados tanto por sus “compañeros” de viaje como por las autoridades que se supone deberían protegerlas

Tinzaouaten, situado en la frontera de Mali con Argelia, es uno de los puntos más duros del camino. Charlotte, salió de su país, la República Democrática del Congo en el año 2000. “Los ruandeses entraron en casa, mataron a mi marido y violaron a mi primera hija delante de mis ojos. En ese momento, fui a esconderme con mis hijos. Busco un país con derechos, la Europa del asilo, la Europa de los derechos humanos”, dice. Ella ha sobrevivido pero su viaje aún no culmina. Ahora forma parte de ese gran colectivo ignorado de inmigrantes subsaharianos que se han quedado a las puertas de Europa, bloqueados en Marruecos, debatiéndose entre el deseo casi irracional de seguir intentándolo y la certeza negada de que volver a su país es la única opción real. Precious, de origen nigeriano, ha corrido con distinta suerte. Junto a su pequeña Feber murió ahogada en el naufragio de una patera que salió en abril de 2008 desde las costas de Alhucemas con dirección a Almería, en un incidente en el que se señala a agentes de la Marina marroquí como responsables directos del fallecimiento de alrededor de 30 personas. Aunque con diferente final, el viaje de las mujeres subsaharianas que deciden abandonar su país para emigrar a Europa suele ser muy similar y se podría resumir en una sucesión interminable y agónica de abusos, maltratos y vejaciones a los que se ven expuestas. Como lo retrata la organización Women’s Link Worldwide en su informe Los derechos de las mujeres migrantes: una realidad invisible: “El trayecto que realizan las mujeres desde sus países de origen hasta Marruecos es un viaje largo y tormentoso donde sus derechos como seres humanos son violados de manera sistemática tanto por otros migrantes como por las autoridades de los distintos países”. El viaje se inicia casi siempre de la mano de un hombre, el “marido” o “esponsor” o “link men”, que en muchos casos no es más que un captador de las redes de trata. Tener


un marido o encontrar un “marido del camino” significa para las mujeres migrantes estar protegida por un hombre que se ocupa de su supervivencia y evita que sean violadas por otros hombres, a cambio de su disponibilidad sexual y sus servicios en labores domésticas. Esto en el mejor de los casos, porque si el marido pertenece a la mafia que ha comprado a la mujer, hay una deuda de por medio que puede ascender a miles de euros (hasta 45.000 en algunos casos) y su misión es hacerlas llegar a Europa para que ejerzan la prostitución para pagar ese dinero.

Un viaje largo y difícil El viaje puede durar hasta 8 años, puesto que en muchas ocasiones las mujeres deben permanecer algún tiempo en países de tránsito como Mali o Argelia, donde muchas veces se ven forzadas a mendigar o a ejercer la prostitución para sobrevivir. “El camino es largo y difícil. He atravesado Congo Brazzaville, Camerún, Nigeria, Benin, Mali, Argelia y Marruecos. En el camino he trabajado como chacha, he cuidado cabras, he sido víctima de violaciones y como resultado de las mismas he tenido un embarazo”, cuenta Charlotte, quien ha vivido tres deportaciones desde que está en Marruecos. Cuando llegó aquí tenía un plan sencillo: cruzar a nado hasta Ceuta, donde pediría asilo como refugiada después de haber huido de su país por causa de la guerra que asoló su familia. Según el informe de Women’s Link Worldwide, la mayoría de las mujeres que intentan entrar a España lo hacen por Ceuta y Melilla, y muchas de ellas cruzan a nado incluso estando embarazadas, algo que a pesar del peligro que representa llegan a ver como una ventaja puesto que su estado al menos les libra de violaciones en caso de ser detenidas por las autoridades marroquíes. Sin embargo, sus planes se torcieron en otoño de 2005 cuando fue deportada al desierto del Sáhara. “Nos abandonaron en el desierto por la noche (…). Estaba oscuro y comenzamos a oír disparos. Todo el mundo corría, era una avalancha de africanos. Perdí a mis hijos en el tumulto, en la oscuridad, en el caos, en el miedo. Parecía como su estuviese de nuevo en Congo bajo el fuego; era lo mismo y el terror se apoderó de mí”. El caso de las mujeres nigerianas, como Precious, es aún más dramático porque va casi siempre ligado a una red de trata que controla cada uno de sus movimientos y las maneja como mercancía. Recorrió un largo camino hasta Mali, donde fue obligada a prostituirse: “En Bamako, en Mali, es horroroso. Allí paras y comienzas lo que será tu vida en Europa. Te tienes que follar a todos los que quiera el connection man y, claro, no hay preservativos, no hay nada que pueda protegerte y hay muchas enfermedades”.

La pesadilla en Marruecos La situación en el país magrebí es especialmente delicada. Las mujeres denuncian una total indefensión frente a las agresiones y la absoluta escasez de medios para prestarles siquiera algún tipo de ayuda humanitaria. A excepción de Médicos sin Fronteras y algunas congregaciones religiosas, son muy pocas las organizaciones no gubernamentales presentes en el terreno. A lo largo de estos años, organizaciones como SOS Racismo Mundial, Humans Rights Watch, Amnistía International, han documentado extensamente incidentes de discriminación racial y de género en territorio español, en la frontera de Ceuta y Melilla con Marruecos, por parte de autoridades españolas y marroquíes, como devoluciones ilegales, incluidas las de mujeres enfermas, embarazadas o con niños, violencia física y sexual y trata con fines de explotación sexual. Ni siquiera obtener el estatus de refugiado de ACNUR es garantía de seguridad


en el país magrebí, puesto que no se les reconoce permiso de residencia ni de trabajo y muchas veces las mujeres tienen que esperar aquí meses e incluso años por una oportunidad para cruzar a Europa. Las deportaciones son frecuentes, y las subsaharianas están en el punto de mira. “Acababa de llegar para pedir asilo. Me habían traído hasta aquí, tenía 15 años, y unos policías me cogieron en el mercado. No sabía nada, sólo que me metieron en un camión con más gente y me llevaron a una estación de policía y, desde allí, esposados, hicimos muchos kilómetros en un autobús. Había muchas mujeres y bebés y hombres (…). Nos dejaron en un desierto y me violaron muchos hombres. Estaba sangrando y después comencé a andar hacia donde iba la gente. Mis pies se hincharon; parecía que iban a reventar y sangraban con pus. Caminé mucho y mis pies y entrepierna sangraban. Después supe que aquello era una deportación y que había que huir de la policía marroquí” (Mujer de Angola, grupo focal de Rabat)”.

Violencia y abusos El elevado nivel de violencia sexual que se ejerce contra las mujeres subsaharianas, por medio de las violaciones y la prostitución forzada se ve reflejado en un alto número de embarazos no deseados y abortos. Tanto unos como otros, se producen en condiciones precarias e incluso peligrosas, sin ninguna atención médica, ya que las mujeres evitan acudir a los hospitales por temor a ser deportadas y tampoco tienen medios para pagar una clínica privada.

Violencia física y sexual por parte de autoridades y de otros migrantes, abuso económico y psicológico por parte de las redes de trata que las obligan a mendigar y prostituirse, privación de su libertad, violaciones al derecho de salud sexual y reproductiva y a la integridad física, ningún acceso a los servicios básicos o de asistencia médica y un profundo aislamiento por temor a acudir a las autoridades que deberían estar allí para protegerlas.

Mientras tanto, a este lado de la realidad, nos seguimos quedando con una mínima fracción del infierno por el que atraviesan aquellos que se embarcan en esta travesía a vida o muerte: la llegada de pateras a las costas españolas, los intentos de salto a las vallas de Ceuta y Melilla, en su mayoría protagonizados por hombres. Pareciera que el sufrimiento de estas mujeres se perdiera entre titulares con cifras que sólo dan cuenta del goteo de inmigrantes que pasan a engrosar las cifras. Más de 100 mujeres, en España y en Marruecos, pudieron contar sus historias y dar un reflejo de esta experiencia en la que la mayoría se sumergen sin saber realmente lo que les espera, movidas por la necesidad y la desesperación, y aunque hoy en día esa situación es exactamente la misma, quizás el dar a conocer sus historias sirva de alguna manera para que por fin empiece a hacerse algo por que no siga sucediendo. Fuente: Women’s Link Worldwide

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http://www.aspa.mundalia.info/images/stories/genero/elsufrimientoinvisibledelasmujeressubsaharianas  

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