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CEMENTACIÓN PERJUDICIAL?

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4 de febrero de 1888: “El Año de los Tiros” (IV)

Carlos González Caballero. Lic. Historia. cgonzalez@fieldworkriotinto.com La década de 1850 marca el inicio de la “fiebre del cobre” en la provincia de Huelva. Es la fecha a partir de la cual las mayores reservas de sulfuros polimetálicos del mundo, la Faja Pirítica Ibérica, es explotada por los grandes nombres: Duclerc & Company, Tharsis Sulphur, Portuguesa de Minas de San Miguel, The Guadiana Company Limited y un largo etcétera, que superará el centenar a principios del siglo XX y que se aprovecharan de la progresivas leyes de minas, cada vez más liberalizadoras, desde la de 1825 hasta la de 1868, la que consideraba las concesiones mineras (anteriormente por un número de años determinados) a perpetuidad. Tras esta Ley de minas de 1868, y después de negociar el precio de venta desde 1870 a 1873, las Minas de Riotinto pasaron a ser propiedad de la Riotinto Company Limited, sin duda la más importante de las establecidas en la provincia y además, la que mejores condiciones adquirió en el momento de compra por tres millones y medio de libras, unos 92.800.000 ptas. de la época, una auténtica fortuna que inyectó recursos económicos necesarios para emprender, en un período bastante inestable, el nuevo período de la I República española1. Una vez establecidos en el territorio, la Compañía de Riotinto realizó otra gran inversión en la construcción del ferrocarril que uniría la zona de extracción con la de embarque y así poder sacar mayor beneficio a unas minas que ya se estaban explotando por un nuevo sistema, a cielo abierto. Entre los problemas que se encuentra, hay muchos heredados de los años anteriores y que fue solucionando, desde el punto de lograr una mayor eficiencia en sus trabajos o los derivados de sus propios avances, como construir viviendas para sus trabajadores, que iban subiendo su número exponencialmente, dotarlos de un sistema de atención sanitaria y educativa, que consiguió poner la comarca a la vanguardia de las nuevas técnicas o procurar que sus trabajadores tuvieran acceso a todos los recursos que fueran necesarios, lo que consiguió la Compañía aplicando una política paternalista, a la que los habitantes de la Cuenca poco a poco, y no sin fuertes tensiones, se fueron acostumbrando hasta convertirlo en algo endémico desde el punto de vista social: la RTCL se ocupaba de todos los aspectos a considerar en la vida de sus obreros. Uno de los problemas derivados de los años anteriores es el tipo de sistema elegido para beneficiar el mineral, no siendo en este caso algo exclusivo de esta empresa, sino que podría considerarse general en la provincia de Huelva, e incluso extenderlo a la vecina provincia de Sevilla o la zona del Alentejo portugués. 1

La Primera República Española fue el régimen político que hubo en España desde su proclamación por las Cortes, el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874.

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Para obtener rentabilidad en sus terrenos, las empresas mineras clasificaban el mineral dependiendo de la proporción de cobre que contenía, haciendo una simple separación: rico en cobre (mayor al 2% de contenido de Cu) o mineral pobre (menor a ese 2% en Cu). Para justificar esta clasificación, establecían una generalización sobre los minerales de Huelva y su composición: 50% de azufre 40% hierro 4-6% sílice 1-3% cobre El resto, pequeñas partes de arsénico, antimonio, cinc oro o plata. La Compañía de Riotinto, al igual que el resto de las Compañías medianas o supergigantes como ella (como era el caso de la Tharsis Sulphur Copper Company), realizaba operaciones con el mineral diferentes según esta clasificación: los que estaban entre el 2-3% de cobre se destinaban directamente a la exportación; el mineral pobre, entre el 1-2 % se trataba en el mismo coto minero hasta obtener el cobre que después se vendía. El método para este segundo proceso consistía en la cementación artificial, calcinación al aire libre o más popularmente conocido como “las teleras”. Este sistema no fue traído por los británicos, ya existía desde la época del Marqués de Remisa (1824-1848) y consistía en colocar toneladas de mineral en grandes montones o pirámides sobre ramajes secos en una base construida en mampostería para establecer las entradas de aire que permitirían una combustión perfecta, que duraba entre seis y doce meses de manera ininterrumpida. El objetivo era desprender el azufre por la combustión y, mediante varios lavados con “aguas agrias” de la mina, daban lugar a la precipitación de cobre puro. El inconveniente era la gran cantidad de combustible que era necesario y los terribles efectos que provocaba en los terrenos cercanos: sólo de los campos de teleras de las Minas de Riotinto, salían diariamente unas 600 Tm de dióxido de azufre, expulsadas a la atmósfera y que dañaba de manera irreparable los campos y aguas, la agricultura y la ganadería, envenenando de paso a los mismos mineros que extraían el mineral, ya que al entrar en contacto con zonas húmedas, este dióxido de azufres se convertía prácticamente en ácido sulfúrico, letal para las plantas o los pulmones de los trabajadores, aquejados de manera casi inevitable de la temida y abundante silicosis. Es interesante conocer cómo acabó la experiencia del Marqués de Remisa en nuestras minas: el Estado no le permitió renovar la concesión al haber efectuado una práctica que acabó prácticamente con los recursos forestales del término de Riotinto. De los 440.000 pinos, 1700 encinas, 300 chopos y otras especies de arboleda existente, sólo quedó el 22%2 y en total, de las 500.000 ptas. en las que se valoró los recursos forestales, incluyendo monte bajo, sólo quedó un 10%, es decir, ahora se valoraron en 50.000 ptas.

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PRADO, Casiano de (1856). Minas de Riotinto. Memoria sobre el estado que ofrecían en sus diversas dependencias al finalizar la empresa que las había llevado en arrendamiento. Madrid.

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Como quedó explicado antes, este sistema no era exclusivo de Riotinto, la misma Comapañía de Tharsis la empleaba, como queda recogido en este plano de los dominios de la empresa en 1868 e incluso, medios de información afines a las empresas mineras, sin duda el principal era el diario La Provincia3, aludían a que se empleaba en otros lugares, “no sólo en Huelva y África” como: Boston y Macayan (Filipinas, aún española), Atizdaberg (Suecia), Boraas (Noruega), Agordo (Italia) o Ajustrel o Grandiola (Portugal), siendo curioso este último ejemplo al mencionar el artículo que se podría hacer, pero no se hace porque los minerales son más ricos, no mencionando que en ese país estaba prohibido el sistema desde 1878, muchos años antes en Inglaterra. Además, según M. D. Ferrero Blanco4, en Boston sólo se efectuaba una calcinación, en Riotinto eran dos, y estaba cerca de una bahía, lo que eliminaba gran cantidad de humos; En Agordo eran cantidades infinitamente inferiores y en Suecia o Noruega se efectuaban en zonas poco pobladas, cuando en la comarca de Riotinto la población estaba creciendo de manera muy rápida debido al trabajo y sueldo seguro. Las críticas al sistema eran frecuentes, el mismo Marqués de Remisa tuvo que enfrentarse a los vecinos de Zalamea la Real, de manera particular o a través de la Diputación Provincial, acusándolo de estar destruyendo los recursos forestales a su alrededor y encima con un sistema que no estaba establecido en su contrato de concesión (1838, 1844 y 1847). Pero sin duda, el movimiento que más propaganda contra las compañías mineras creó fue la llamada Liga Antihumista, que también tuvo medios a su alcance, como el diario El Cronista5, que en los años 1887 y 1888 tenía una sección fija: Los Humos de Huelva e incluso después del fatal desenlace del 4 de Febrero de 1888, otra sección llamada Cartas Tintas, la mayoría de las veces firmadas por su corresponsal en la zona, Lorenzo Leal. Las reivindicaciones de la Liga Antihumista consiguió la creación de una Comisión Facultativa que estudiara el caso en 1879, siendo el resultado una Real Órden en Julio de 1879 que finalmente aprobó el Proyecto de Ley de Declaración de Utilidad Pública, aprobándose en Congreso de Ministros el 21 de Enero de 1880, aunque no por el Senado, producto de uno de esos vaivenes políticos que existieron en el período conocido como Restauración borbónica y que se denominó turnismo. Era el turno de los Fusionistas, cercanos a los Reformistas que eran los defensores de los antihumistas onubenses, representados por Romero Robledo6.

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Diario La Provincia. 22/10/1887. FERRERO BLANCO, M. D. (2001). Los humos de Huelva. Rentabilidad minera frente a salubridad, en Minería y medio ambiente en perspectiva histórica. PÉREZ CEBADA, J. D. (Ed). Universidad de Huelva. 5 Creado en 1885, defendiendo al partido Reformista de López Domínguez y Romero Robledo. 6 Francisco Romero Robledo (Antequera, 8 de marzo de 1838 - Madrid, 3 de marzo de 1906) fue un abogado y político español. Fue ministro de Fomento durante el reinado de Amadeo I, ministro de Gobernación durante el reinado de Alfonso XII, y ministro de Ultramar y ministro de Gracia y Justicia durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena. 4

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Este proyecto aprobado en el Congreso de los Diputados y que declaraba las calcinaciones de Utilidad pública, incluía dos mecanismos compensatorios: el pago de indemnizaciones y la expropiación, que en este caso se modificó, debiendo pagarse al propietario el precio en el que estaba catalogado por el tipo de suelo en concreto y además el 20% del valor, no como el 5% que se pagaba anteriormente. Las críticas por estas expropiaciones venían principalmente del Presidente de la Liga Antihumista: José María Ordóñez Rincón7, natural de Higuera de la Sierra y diputado provincial y su suegro, José Lorenzo Serrano, rico terrateniente de Zalamea la Real. Las críticas pueden clasificarse en tres tipos: particulares (no les interesaba la expropiación), municipales (aludían a que estaban perdiendo territorios propios) y quizás la más interesante, con un trasfondo político, como la que aparece en La Provincia en 1890 por Ordóñez Rincón, que aludía que “la expropiación, a parte de suponer la ruina de los campos, suponía la utilización de las tierras del municipio como una mercancía, perdiendo la integridad como Patria”. Quizás fue el principal motivo de fondo de estos antihumistas, el comprobar cómo las nuevas empresas mineras se estaban convirtiendo en los nuevos caciques, otro concepto asociado al período de la Restauración, imponiéndose a la antigua oligarquía terrateniente onubense, que basaba su poder en la posesión de la tierra y la utilización de la economía agrícola y ganadera. La respuesta de las compañías mineras a estas acusaciones era contundente, ya que disponían de un aparto mediático a su disposición donde rebatir cualquier afirmación contra sus intereses. Pasados los años y gracias a los numerosos estudios sobre esta época, es de gran provecho analizar cuáles eran las razones a las que aludían los que defendían las teleras. E. Deligny8 publicó la Memoria de la Sociedad de Minas de Alosno, en las que al igual que el resto de Memorias presentadas por las otras compañías, establecía las calcinaciones como indispensables para mantener la rentabilidad de estas empresas, aportando datos precisos que hoy caen por su propio peso. Aludían que para sacar 1 Tm de cobre había que calcinar 71 Tm de minerales pobres, con un coste para la empresa de más de 1900 ptas. incluyendo todos los procesos y el transporte, cuando el precio por Tm de cobre estaba en torno a las 950 ptas. Esta situación económica precaria de las empresas, no concuerda con algunos datos que hoy día conocemos. Al comprobar el reparto de beneficios que la RTCL como Compañía Limitada debía efectuar, comprobamos como en 1880, H. Matheson9 repartió entre sus accionistas un “modesto dividendo” del 5%; en cambio, en el período 1879-1914, la

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ORDÓÑEZ ROMERO, Rafael. (1990) José María Ordoñez Rincón (1856-1906). De diputado provincial por el distrito de Aracena a senador del reino. Editado por el autor. 8 Ernest Deligny, Ingeniero de minas y teniente alcalde de París, murió en 1898 a la edad de 79 años, en el Castillo de Arco, en Burdeos, fue durante muchos años director de las minas de Huelva en España. Por sus contribuciones a la minería española se le concedió el título de Conde de Alosno. Una de sus nietas se casó en 1901 con el Vizconde Galaaon. 9 Segundo Presidente (Chairman) de la RTCL (1873-1898).

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media anual fue superior al 38%, según Avery10, triplicándose los ingresos brutos por la venta de mineral entre 1879 y 1888, siendo los beneficios de exportar el mineral rico siete veces más que el resultante del cobre posterior al proceso de cementación artificial.

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Por tanto, ni económicamente la situación era tan crítica como la presentaba la empresa, ni el principal objeto de negocio eran los minerales pobres, sino los ricos, siendo por tanto un complemento a sus beneficios principales. Otra explicación a la que aludían las empresas era que el sistema ya había sido utilizado con anterioridad, en la época de Remisa, obviando cómo fue el mismo Estado el que censuró la práctica que había desarrollado en su concesión, acabando con los recursos forestales. Además, el volumen de mineral calcinado no tenía comparación, habiéndose incrementado de las 200.000 a los 2.000.000 Tm en 1887 sólo en los terrenos de Minas de Riotinto, que afectaba, según La Provincia a unas 6000 Ha., curiosamente lo que ocupaban los terrenos de la RTCL. Un dato muy usado para atacar a la Compañía era el incumplimiento del contrato de compra, que establecía una extracción de 500.000 Tm. Anuales, 250.000 para exportación como mineral rico y otras 250.000 para calcinarse in situ, aunque podrá hacerse la proporción según el interés de la empresa. La crítica es que a la altura del Año de los Tiros ya se calcinaban cuatro veces más de lo permitido y que en ese contrato, la propia Compañía, aludía a minerales ricos aquellos que estuvieran entre 24% de cobre y los pobres entorno a 1,5%, proporciones más importantes que las descritas posteriormente. J. M. Pérez López11, alude a otra interpretación diferente: El contrato establecía la extracción de 500.000 Tm. Anuales, con la división entre ricos y pobres, pero sólo de manera orientativa, según las necesidades del mercado a la altura de la fecha de compra, 1873. Además, explica que el cálculo del precio fue la estimación de las reservas y por tanto producción posible de sólo uno de las tres masas de mineral conocidas en Riotinto, filón Sur, cuando ya se conocían filón Norte y masa San Dionisio, Por tanto, podemos comprobar cómo el contrato de compra era lo suficientemente ambiguo para dejar margen de maniobra a la empresa y además pagaron una cantidad muy inferior a la que realmente debieron ser vendidas las minas, ya que por el precio de filón Sur (incluso con una rebaja del precio inicial de más del 25%) compraron además filón Norte, masa San Dionisio y otras masas más pequeñas como Planes. Sin duda el negocio fue inmejorable. ¿Eran estas calcinaciones tan perjudiciales para la salud? Según las compañías, eran incluso beneficiosas, ya que estaba comprobado que las epidemias habían sido menos frecuentes en estas zonas mineras. Este punto también se desmonta con los estudios 10

AVERY, David. (1985) “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria. Historia de las minas de Riotinto”. Editorial Labor. Barcelona. 11 PÉREZ LÓPEZ, J. M. (2011). Nuevas interpretaciones sobre los sucesos del “Año de los Tiros”, a partir de acuerdos plenarios y otras fuentes documentales. La solución al enigma Tornet. En Rio Tinto. Historia, patrimonio minero y turismo cultural. Universidad de Huelva y Fundación Riotinto.

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recientes. En el libro de M. D. Ferrero Blanco12, el estudio de mortalidad y morbilidad en Minas de Riotinto es concluyente: la tasa de mortalidad se sitúa en torno al 300/00, parecido a otros pueblos mineros, pero mucho mayor que otras zonas no mineras y además, entre las causas de muerte, destacan las numerosas enfermedades respiratorias y digestivas. Quizás la explicación haya que buscarla, en el caso de las epidemias, en la eficaz campaña de prevención, vacunación y tratamiento de enfermedades infecciosas (aunque se dieron casos periódicos de tifus, cólera, malaria o viruela) que las empresas desarrollaron y que, en este caso sin discusión, colocaban desde el punto de vista sanitario a esta zona a la vanguardia nacional. Por último, y en este caso de manera exclusiva la Compañía de Riotinto, aludía a su “especialísimo” contrato de compra13, ya que se trataba de una venta a perpetuidad, no una concesión y que estaba meridianamente claro en la Ley sacada por el Estado para su venta en 1870 y que se reflejan en las escrituras del 17 de Diciembre de 1873 al constituirse la Riotinto Company Limited, lo que servía para amenazar de manera velada al Estado de que cualquier movimiento contrario a sus intereses, podría ocasionarle problemas judiciales graves, a parte de una indemnización económica, el precio pagado y el capital invertido, que no iba a poder permitirse. Una vez explicados todos los puntos anteriores, hay que explicar que todo estaba organizado por una tremenda red burocrática que las compañías tenían a su disposición y que incluía a abogados, funcionarios, médicos, gobernadores o incluso políticos, a los que tenían en nómina, duplicándoles o triplicándoles su sueldo. Dos ejemplos son el diputado provincial Enrique Laussat, que cobraba 1000 libras anuales y que pasó a cobrar 1500 libras anuales tras la supresión del Decreto Albareda14, agradeciéndole los servicios prestados o el abogado valverdeño Arrayás que, tras ganar un pleito a la Compañía de Tharsis, pasó a ingresar en su nómina con 6000 pesetas de sueldo anual y 80 ptas. diarias cada vez que tuviera que acudir algún litigio por la compañía. Hay que especificar que una de las reivindicaciones de los obreros de Riotinto en 1888 era cobrar 17 reales diarios, unas 4 ptas., para hacer una buena comparación. A manera de conclusión, una explicación puede ayudarnos a entender la postura de las compañías en su defensa a ultranza de las calcinaciones: el descenso del precio del cobre, desde mitad del siglo XIX había descendido un 66%, al haber mayor oferta con la fiebre del cobre desde esa fecha. Pero la situación pasó a ser mucho más peligrosa a la altura de 1888 para los productores, ya que sólo desde 1883 a 1887, el precio había bajado mucho más, un 53%, siendo la solución obtener la mayor rentabilidad de los criaderos (con las teleras) y, de manera privada, la creación de un Consorcio de productores de cobre, controlando así mucho mejor tanto la producción como los precios. 12

FERRERO BLANCO, M. D. (1999). Capitalismo minero y resistencia rural en el suroeste andaluz. La historia del Año de los Tiros. Universidad de Huelva. Huelva. 13 FLORES CABALLERO, M. (1980): La venta de las minas de Riotinto. Diputación Provincial de Huelva. Huelva. 14 Estuvo en vigor desde el 29 de febrero de 1888 hasta menos de dos años después, cuando se suprime, sin prácticamente haberse aplicado.

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Como todo en minería tiene su final, una vez que existe otro método para obtener mayores beneficios, la cementación artificial se fue sustituyendo por la cementación natural, un método mucho menos agresivo y además, más rentable para las empresas, que ya no tenían que quemar el mineral pobre, simplemente regarlo con aguas ácidas consiguiendo la disolución del cobre, que pasaba de ser un sulfuro a sulfato, siendo después recuperado en los canaleos, donde se quedaba pegado a las barras de hierro de manera natual, precipitando sobre este metal. Con este sistema, se conseguía además quedarse con la pirita lavada, vendida con su contenido de azufre intacto y que se vendían en los mercados internacionales para la industria química, fabricando ácido sulfúrico y con él, fertilizantes, abonos o explosivos. Por tanto, y en términos estrictamente económicos, no sólo los agricultores y ganaderos perdía dinero, las propias compañías estuvieron muchos años quemando miles de pesetas en sus teleras, desperdiciando un azufre que posteriormente, les daría unos beneficios enormes, al ser las piritas de la Faja Pirítica las más sulfurosas del mundo. ¿Fue este nuevo sistema rentable? Quizás un dato lo confirme: por el puerto de Huelva, entre Riotinto y Tharsis, salía aproximadamente el 90% de la producción de piritas para la industria química mundial al principio del siglo XX, principalmente a EE. UU., Alemania, Francia y Gran Bretaña. ¿Cuándo sucedió esto en Riotinto? Pues en este caso llegó tarde, se utilizó en Tharsis primero (1889), copiando el sistema de las minas de Sao Domingos (Portugal), utilizado desde los 50´ del siglo XIX y viendo su rentabilidad, en una visita del nuevo Presidente John J.J. Keswick (1898–1904) a estas minas en 1899, Riotinto aplicó este mismo sistema en sus territorios, apagándose la última telera en 1907, 19 años después de la masacre del pueblo que ya iba desapareciendo, engullido por el avance de filón Sur, enterrando de camino el lugar donde se intentó su prohibición. Pero el utilizarlas o no, no era cuestión para la Riotinto Company de algo debatible o no por los trabajadores, o por las presiones de los terratenientes que veían menguar su poder político a manos de los nuevos caciques, sino simplemente de rentabilidad o no de su sistema de beneficio.

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BIBLIOGRAFÍA

4 de febrero de 1888: “El Año de los Tiros” (IV)

FERRERO BLANCO, M. D. (1999). Capitalismo minero y resistencia rural en el suroeste andaluz. La historia del Año de los Tiros. Universidad de Huelva. Huelva. FERRERO BLANCO, M. D. (2001). Los humos de Huelva. Rentabilidad minera frente a salubridad, en Minería y medio ambiente en perspectiva histórica. PÉREZ CEBADA, J. D. (Ed). Universidad de Huelva. PEÑA GUERRERO, M. A. (1991) “Caciquismo y poder empresarial. El papel político de las compañías mineras en la provincia de Huelva, 1898-1923”. Congreso sobre Caciquismo y República en Andalucía. El Puerto de Santa María (Cádiz). FLORES CABALLERO, M. (1980): La venta de las minas de Riotinto. Diputación Provincial de Huelva. Huelva. PRADO, Casiano de (1856). Minas de Riotinto. Memoria sobre el estado que ofrecían en sus diversas dependencias al finalizar la empresa que las había llevado en arrendamiento. Madrid. ORDÓÑEZ ROMERO, Rafael. (1990) José María Ordoñez Rincón (1856-1906). De diputado provincial por el distrito de Aracena a senador del reino. Editado por el autor. AVERY, David. (1985) “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria. Historia de las minas de Riotinto”. Editorial Labor. Barcelona. ALDANA, Lucas de. (1875) “Las minas de Rio-Tinto en el transcurso de siglo y medio”. Establecimiento tipográfico de Pedro Núñez. Madrid. PÉREZ LÓPEZ, J. M. (2011). Nuevas interpretaciones sobre los sucesos del “Año de los Tiros”, a partir de acuerdos plenarios y otras fuentes documentales. La solución al enigma Tornet. En Rio Tinto. Historia, patrimonio minero y turismo cultural. Universidad de Huelva y Fundación Riotinto.

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Art 04 cementacion artificial