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grrrrr!!! Este Panfleto es emitido por el equipo de Alterritorios, a propósito de la cuarta edición del taller de especulación situacionista: hi{a}to, y refiere a una de sus ocurrencias. Reúne un conjunto de imágenes relativas a los pasos de la Especulación Callejera y un conjunto de escritos post-festum cuya intención retroactiva es la de articular los problemas territoriales vividos y abrir futuras indagaciones. Este es un documento abierto: evocación de lo vivido y advocación al por venir. Ambos incompletos. atte. alterritorios mx (NuBtz, JErz, SBltrán, FxErz)

MX DF | 2014 | { _ } | P#2

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7 hi{a}to _ escrito a trío

18 HI{A}TO 1.1 _ revisita al 2do callejón de Manzanares 24 espacio en el espacio _ KARINA CONTRERAS

26 manzanares memori _ SERGIO BELTRÁN

33 el primer hiato _ NURIA BENÍTEZ

39 he escuchado sobre el callejón e


en manzanares _ BUNDEMARO DE LASCOUX


hi{a}to (Escrito a trío por: NuBtz, SBltrán, FxErz | Publicado en Bitácora 27)

hiato. (Del lat. hiātus). 1. m. Encuentro de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas. 2. m. Solución de continuidad, interrupción o separación espacial o temporal. 3. m.Anat. Hendidura, fisura. 4. m. Métr. Disolución de una sinalefa, por licencia poética, para alargar un verso. 5. m. p. us.Abertura, grieta. (Diccionario de la lengua española, Real Academia Española)


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Detengámonos, tras paso forzado por una esquina común, ante la ilusión de un mapa acostumbrado.Ahí, en una puesta gráfico-lógica del lugar -puesta jamás inocente1-, se articula un deseo y el poder efectivo de una organización territorial de la realidad. La discursividad de mapas y la construcción de sitios -entre imaginación y política-, comparten una médula latente. Si bien podríamos afirmar que un lugar involucra actos entre lugareños, hablar de actos de espacio y, por qué no, de composición espacial en esta trama, nos lleva por un sendero familiar: aquél que bordea, a veces de modo indecidible, entre la posibilidad de la dirección del proceso de imaginación espacial y su efectiva realización dentro del margen de lo posible, o bien de lo conocido como existente. Patológica ilusión de correspondencia, donde la dirección se enlaza a un poder y, sobre todo, a una toma de poder; toma que no abandona cierto dejo de violencia para afirmarse ante lo que le es ajeno2.“Lo oficial nunca es del todo cierto”, diremos, si es que en términos de certidumbre hemos de proponer una pugna espacial. Pero si, por otro lado, echamos una pedestre mirada al terreno propio de lo incierto, un paso o dos fuera del pacto ideal -pero en su misma trama-, se abre otra posibilidad de preguntar -en lo particular, para quienes emparentados a la arquitectura somos oriundos de los mapas-, sobre el rasgo eminentemente político del arché y su tectónica -de lo gráfico-lógico a la‘realización’- cuando no sólo se sujeta a subsecuentes cambios de nombre de linaje3, sino a otra cosa. ¿A qué? 1] Sostenga en mente el célebre mapa del sitio a Tenochtítlan atribuido a Cortés. Referimos con “mapa” a una lectura de la cualidad topológica de los textos territoriales y no al procedimiento geográfico cuantitativo del territorio. 2] Toma que, por otro lado, ha provocado la cerrazón de libros sobre política: “La posibilidad de la guerra produce una fractura en la idealidad, en la descripción ideal de la ciudad ideal, en el espacio mismo de esta ficción o de esta representación. [...] Podría conducirnos en particular hacia una forma original de ficción que es El contrato social. [...] Relación temática, pero también relación formal, problema de composición: Rousseau parece frotarse los ojos para percibir el exterior de la fábula o de la génesis ideal. Abre los ojos pero cierra el libro”. Y desde Platón, en el Timeo, con Sócrates: “[...] me gustaría escuchar contar que las luchas que un Estado sostiene las afronta también contra otros Estados. Que marcha, como es debido, a la batalla, que durante la guerra se muestra digno de la instrucción y de la educación impartidas a los ciudadanos, sea en sus operaciones, sea en sus negociaciones [...]”. En: Derrida, Jacques, Khôra, Madrid, Amorrortu, 2011. 3] Linaje procurado, como es sabido, por la ontológico-epistémica politeia platónica. Por su parte, la economización de la política actual (o la ‘despolitización’) y los poderes de la funcionalidad de la mano de la tecnología denotan sus propias evidencias.


Si“hacer es todo”4, para averiguar sobre la actividad de enmarcación espacial y sus consecuencias, no empatemos apresuradamente los actos de lugar con su sentido; quizá entonces broten evidencias de lo que se pone en juego en el hacer-lugar previo a nombrarlo, como parte de su historia de formado, antes de que se le pegue el parásito del nombre5. Si ha sido probado que hacemos aunque no lo sepamos y aunque lo sepamos lo hacemos aún6, tendremos más de una razón para sospechar sobre lo que creemos del modo de ser de los lugares: cómo se forman, cómo se usan. Las ilusiones son materiales. Por seguir cierto hilo de teoría crítica, durante la“religión de todos los días”¿qué estatuto y soporte tienen actualmente los templos cotidianos? Si la“materialización ideológica”se juega al nivel de la composición de escusados7, donde no queda duda que el propósito del espaciomarco-objeto es su uso, se abre un orificio en la articulación cartilaginosa entre la creencia y tal uso (donde se podría entrever un pathos -acaso espacial-), por un callejón ante el cual la costumbre nos compele a frotarnos los ojos: los espacios se hacen, son creados, durante el riesgo de vecindad y visita, de práctica y repetición. Aquí es preciso acentuar las sospechas y anidar las tentativas de (creación de) espacio.

Consideremos la narración de la llegada del “sistema casa-territorio”8 expuesta por Deleuze-Guattari, quienes conceden a Hegel9 la especulación histórica del primer arte: el arquitectónico. Curiosamente, lo traen respecto a la obsesión de los artistas por la función (material e ideal) de su producción; marca de su hacer en relación con su mundo. ¿Qué arte más hendido y predispuesto por la utilidad, más acá o más allá, que la arquitectura? ¡Cuánto se ha dicho intentándolo decir! ¿Por qué habría de ser la enmarcación espacial el gesto artístico primigenio? Porque, dicen, no fue que, una vez abandonada la holgazanería nómada, las nuevas costumbres humanas -las“funciones orgánicas”-, demandaran la creación artificial de un entorno apto-funcional para tener lugar y realizarse; por el contrario, fue la llegada del territorio, esto es, del hacer-enmarcar el lugar, preñado de la fundación de la pura sensibilidad no-funcional humana, gestada como mutación contingente y amorfa, lo que posibilitó la emergencia de las nuevas costumbres. Una vez llegado, acto seguido, el marco-casa mismo fue

4] Siguiendo recomendación nietzcheana. Es decir, no empatemos, al nivel de causas, los actos con el sentido de los actos, esto es, con su finalidad. Nietzsche, Friedrich, La Genealogía de la Moral, Alianza, Madrid, 2006 5] Slavoj Žižek, con Lacan, dirá: “Every language is a parasitic foreign intruder. [...] Language hurts. There is no natural symbiosis.” Tomado de conferencia en Heidelberg, Alemania presentada en DAI Heidelberg Cultural Institute, Febrero 25, 2013. 6] Marx y Freud, respectivamente con el fetichismo y el síntoma, darían cuenta de esta paradójica lógica. Lógica que, fuera del supuesto “cinismo ideológico” actual, es puesta en práctica efectivamente en el acto humano.Un análisis de esto en: Žižek Slavoj, El Sublime Objeto de la Ideología, Madrid, Siglo XXI, 2010 7] Como Žižek insiste reiteradamente: pensar la ideología en gestos cotidianos, sus determinaciones particulares, portadoras de llagas en la realidad. 8] Deleuze, Gilles y Guattari Félix, “Percepto, Afecto, Concepto”, en ¿Qué es la filosofía?, Barcelona, Anagrama, 1997, p.186. 9] Hegel, G.W.F., Lecciones sobre estética, Barcelona, Península, 1989.


rebasado para devenir lugar de otras mediaciones útiles (ritos,“misa animal”de celebración, etc...) lugar precisamente para tales utilidades y entonces las funcionalidades se transformaron, y aún más, nombraron. Ni territorio ni costumbre se preexisten; se entrelazan mediadas por el puro absurdo gesto del arte de espacio. Este doble desplegarse-dejarse a sí para tomarse a sí como-otro ya lo vio Hegel y su historia del arte es congruente: el‘vector’ de la cultura transita, vía superación, del arte a la ciencia; y al borde verse como otro. Aquí, fuera de haber hecho una revisión reducida y sin pretender citar un“origen”, nos interesa mirar sobre un movimiento lateral; por decirlo, la espuma lateral no incorporada de este devenir de la pura forma pre-textual del lugar: una vez desembocado, ese resto de

la enmarcación queda despojado para ser sólo, con palabras de Deleuze-Guattari, un bloque de sensación complejo, sostenido por sí y ofrecido como un marco para exceder -sin fin- las vivencias. Movimiento y actividad de composición de bloques de lo sensible-inútil, articulan un territorio y arrancan de éste su propia coherencia; surgiendo con lo histórico y en lo histórico. De aquí que la casa sufre también un arrancar: ésta se desenmarca, se excede hacia un universo, se universaliza en cada caso histórico-lateral. El arte-casa ha creado un mundo, auto-coherente, pero a la vez lo ha perdido todo; y nosotros, terrícolas, también con éste. Así, la vocación territorial del enmarcamiento y modo de ocurrir relacional e inútil que llamamos“arte de espacio”, resulta un conjunto de marcos“contrapuntísticos”10 que dan pauta para atravesar. Desembocamos de pronto en ese complejo de enmarcaciones llamado ciudad – creando retroactivamente la posibilidad de habernos extraído para hablar de ella.

¿No sucede este tránsito de consecuencia tópica cotidianamente? Este posicionamiento de una posible capacidad poietica de las enmarcaciones de cualquier territorio, que admite una otra categoría en pos de la emisión de las variaciones, permite y hace necesaria la concepción de una cartografía topológica distinta, un aparato para pensar en tanto se localizan estas promesas, necesariamente enmarcadas no por su nombre, sino simplemente por su posibilidad otra, abierta como llaga que se yuxtapone imprevisible, calle a calle, hueco a hueco, a otras. Esta condición poietica que pone en cuestión linaje y utilidad, sin embargo, conlleva consecuencias y demanda políticas; se inscribe muy urbanamente en las problemáticas no problematizadas de una civilidad inmersa en“ideología”. El espectáculo fue un pretexto para que Guy Debord articule esta necesidad11: no es suficiente el“vitalismo”que afirma el ocurrir de la sensibilidad matérica sin el movimiento especulativo-crítico de las condiciones reales de la urbanidad que nos condiciona, precisamente porque estas condiciones conforman el a priori de nuestras enmarcaciones. La deriva, para Debord, -gesto pedestre radicalmente creativo- no tendría lugar sin la radical autoconciencia del discurrir espacial que se reconoce al fin de sí mismo para renacer en cada punto durante la ocurrencia, esto es, durante la construc10] Deleuze, Gilles y Guattari Félix, Op. Cit. 11] “Emanciparse de las bases materiales de la verdad tergiversada [...]”. El movimiento urbano Situacionista, lúcida lúdica colaboración entre pensadores y hacedores, es carne viva e irresuelta de la indecibilidad del estado anfibio humano, vínculo inmanente entre pensar-hacer; un lazo irresuelto y quizá jamás irresolvible, entre teoría y práctica, entre un “llegar demasiado tarde” para pensar y un ya practicar el pensamiento pero siempre incompleto; ambos retroactivamente necesarios en la invención de los lugares: los pasados y los futuros. Más en: Debord, Guy, La Sociedad del Espectáculo, Valencia, Pretextos, 2001, p.158.


ción y apertura de la situación12. Sin embargo, bien sabía, incluso en la disolución de la“I.S.”pasado el mediodía del siglo pasado, que los mapas ideológicos -o bien, el mapa ideológico total, global, llamado capitalismo- continúa conformando y coartando, materialmente, la“universalización”de las enmarcaciones, la posibilidad en todo lugareño de reconocerse en tanto sí y en tanto territorio, en torno a sus vecinos. La crítica del lugar en tanto cuestión de libertad humana, sus pugnas y su verdad, es actual. Partiendo de la oposición entre“lo que es”y nuestra intervención -búsqueda irreconciliable del estado anfibio13 humano en búsqueda de mediaciones- retomamos el punto donde coinciden partes del pensamiento crítico de la sospecha: la inscripción de esa oposición, como falla inscrita en la sociedad, en la moral, en la cultura, en la conciencia; disfuncionalidad radical harto difícil de problematizar, sostenida del nervio crédulo más íntimo. ¿Qué posibilidad en el malestar original? En camino de la praxis, mientras algunos toman vía analítica en divanes, nosotros proponemos tomar vía arquitectónica para intervenir espacios callejeros. En la espuma viva y vivida del residuo dialéctico late la espacial posibilidad de experimentaciones ocurrentes en la ciudad -qua agregado de enmarcaciones-, durante la cotidianeidad de cotidianeidades, donde manan las alteridades y llaman con voz muda por puertas traseras dignas de ficción borgiana: etiquetas alfabéticas de dominio vacío. El afuera, al callejonear un paso a la derecha o a la izquierda, transporta a la extrañamente familiar tierra incógnita. Un espectro aún-por-pensar, precisamente porque, hoy en día, en los intersticios de la superficie de la ciudad latinoamericana no sólo se patea con lo real el tablero de la ciudad ideal, sino que, entre (dis)funcionalidades emergentes, se pone en juego el estatuto mismo de las políticas de lo imposible en sus encuentros dislocados con la procuración de lo posible.Aquí la utilidad es definitivamente otra. Empezar por decir algo de ésta, es ya problemático, hasta, por qué no, misterioso. De ahí la tentativa de un formato situacionista-especulativo, vínculo entre ambulantaje y reflexión; llamado al transeúnte preguntón a que hable y haga hablar (o intente hacerlo), mientras cobra materialidad su pregunta, desde actos espaciales in situ. Desde la parte, partimos el viaje. Es preciso hacerlo sin dejar el marco crítico, como permiso que tomamos

libremente para problematizar los problemas y las ilusiones del territorio, quizá, incluso, reconociéndonos en ellas. Doblar las esquinas tomando como pretexto de búsqueda no los hitos, sino su extraño pariente minado al centro por la incoherencia y la incertidumbre: hiatos. Si hay taches en el centro de los mapas, coherencias barradas, pérdidas de ruta, se saltan los

12] “No soy de los que rectifican.” Dirá Debord en la reedición de su texto clave.Y aquí Debord, teniendo claro que la realización del arte era simultánea a su ‘supresión’, no sólo es marxiano -es decir, no sólo admite la ‘inversión’ a Hegel por el vínculo teórico-práctico; sino que se mantuvo hegeliano hasta la disolución misma del situacionismo tras su fracaso. Su in-conclusión. 13] “Presente y realidad se mueven inquietos de aquí para allá, sin reconciliación (pero buscándola).” Hegel, G.W.F., Op. Cit.


espacios pero permiten otras lecturas. Hiatos, flores-paréntesis en los párrafos pretendidos y perdidos.Andar por el hiato, vía el marco del arte de espacio, desde lo sensible y su trabajo, es propiamente volcarse a propiciar lo ciliado de lo inútil, de las memorias incompletas y los gritos silenciosos de las parte-sin-parte14, haciendo mapa, torciendo la forma del lugar15, interpretando deseos territoriales de otras resoluciones; mapas ansiosos que surgen en oposición interna. Decía Derrida que si los hombres se hubieran puesto de acuerdo en completar Babel, no existiría la arquitectura16: ese hacer-territorial propiamente fallido como intento de articulación de voces: ______.Y aquel Babel latino está minado. Caminamos por un Centro Histórico Patrimonial lleno de escurridizas esquinas, plagado de irregularidades y órdenes diversos, viejos y nuevos; diversidad no de la“pluralidad multicultural”o“flexibilidad multicéntrica”-por su parte útil como instrumento ideológico-, sino de la repetición de las fallas propias de lo universal coartado.Terraplén adyacente a la alcantarilla, de calles pulsantes. Entre violencia y goce y chistes, calles de El Gráfico. Hay arquitectura afuera; participar es inevitable.Vecinos y visitantes, civiles a la vez que inmersos y extranjeros, caminamos por resquicios-fisura de la escisión en el círculo. -“¿Qué círculo?”- Preguntan. Por los alternos territorios. Sus goteras. Doblamos a la esquina por lo conocido; dos torsiones más del itinerario y el itinerario pierde su borde. Sí, la enmarcación espacial tiene que ver con lo que se pierde; el arché de la composición está imantado por la instancia del otro; pero requiere recorrerla, visitarla. Si la ciudad puede hablar, necesariamente toma voz de los lugares no propiamente reconocidos, que son fallidos y portan verbo tachado de las consecuencias parasitarias de los actos del lenguaje oficial.

-“¿Pero tal cosa como completud contextual?”No la hay. Un hiato en el centro. ¡Pero qué torpeza decimos! No hay centro; hay hiatos en la ciudad, universales en su parte. Indecidibles, pero siempre-aún por hacerse, por crearse más que creerse. La ranura en la grieta es el mapa y se dice por el hiato, su licencia. La causa territorial es la falta que compele a buscar otras resoluciones.Tomamos el anfibio riesgo.

14] Jacques Rancière, habla de la “parte sin-parte”, de un resto propiamente político que no llega a articularse dentro de lo simbólico-estatal. Y no sólo eso, esta “parte sin-parte” sería la portadora de lo que Rancière llama “acto verdaderamente político”, un caso paradójico de singular-universal. En: Žižek, Slavoj, En Defensa de la Intolerancia, Madrid, Sequitur, 2008 15] Para ofrecerle crítica corrosiva a la básica fantasía política del círculo, basta con echar ojo a dos mapas distintos del mismo lugar -como lo ha hecho Claude Lévi-Strauss-; para encontrar una falla “estructural” en el corazón mismo de la lógica del espacio humano. 16] Architetture ove il desiderio può abitare entrevista de Eva Meyer en febrero de 1986, Domus, 671, abril 1986, pp. 16-24 (incluye una traducción al inglés). En DERRIDA Jaques, No escribo sin luz artificial, Cuatro ediciones, Valladolid, 1999. pp. 133-140.


Caminamos en busca de éste -de su urbana forma-, a sabiendas de su ausencia. Donde caminar por los pensamientos empata al dejarse y hacerse caminata en banqueta. Hacer rastro y dejar huella, improvisando. México seguirá siendo México17. Se requiere, por decirlo así, un arché hetero-tectónico; al menos, ese nombre daremos a la labor. Donde sentirse y saberse, quizá prematuramente y con manos inexpertas, recién paridos a hacer; a tomar ésta o aquella forma con éste o aquél objeto que preexiste en términos de lo que próximamente ha de ser, pero que siempre ya ha sido de ese modo. Nos aguarda una serie de episodios imprevisibles. -“Está por aquí”-. Nos han dicho, cerca. El perímetro se amenaza con la proximidad de ese angosto pasaje; se tienden entre las calles íconos híbridos. Se venden también; se disolverán en la no-inocencia de nuestros mapas. Los edificios pierden altura, la caminata se ha aligerado entre tantas piernas, dejan ya sin estorbo pasar el unificador mediodía. Resaltan toldos coloridos.Actividad detectivesca.

El callejón mide cuatro metros de ancho. Oficialmente. Si uno se atreve a ir, verá que eso no es del todo cierto. Lo oficial nunca es del todo cierto. Extraoficialmente, el callejón a veces mide tres metros y sesenta y ocho centímetros de ancho. En otros extremos, mide cuatro metros y veintiún centímetros. Es irregular, pues. Eso, probablemente, porque jamás cayó, en sus más de cinco siglos de existencia, bajo las coordenadas de la“ciudad oficial”. El callejón, más bien, siempre fue producto de las actividades alternas de la ciudad: en un inicio como atajo entre una calzada que rápidamente se secaba y en otros momentos como prótesis a sus habitantes, quienes históricamente se han distinguido por su comercio barrial: lúdico y excesivo, desafinado y desenfrenado.

Estamos en las cercanías de La Merced. No sabemos por qué, pero en nuestras deambulaciones por esta amiba-metrópoli, se nos había escapado este perímetro. Qué lástima, pues los trabajos de rehabilitación urbana, que incluyeron la colocación de pseudoadoquín por doquier, le han borrado ya aquella cualidad mítica, de territorio incógnito. Lo curioso es que, nuevamente, este callejón ha escapado a esa codicia oficiosa de“embellecimiento”sistemático. Si el Centro Histórico se ha empedernido en vestirse de pueblo variopinto, para deleite del turismo, la cultura, la identidad local y la seguridad, hay lugares (¿o no-lugares?) que siguen escapando la mirada fosforescente del pop. En la esquina, hay una señalización, pintada del mismo color que el edificio del cual cuelga, tal vez con la intención de callar el horror que de otra manera delataría, donde dice:“Segundo Callejón de Manzanares”. Nos parece que estamos en una de esas escurridizas ranuras que se descubren, como suelen descubrirse estos sitios, por el relato narrativo del otro. 17] Bolaño, Roberto, Los Detectives Salvajes, México, Anagrama, 2008


Llegamos al callejón a pie, caminamos desde lo familiar y pasamos, de inmediato, a lo que lo escapa. Lo que se niega. Lo que también, ¿por qué no?, nos da miedo. Un paso, una mirada y aquí llegamos; una vuelta de noventa grados, un cambio de foco y aquí lo vemos: un hiato en la ciudad. Como manos inexpertas que buscan una hernia, entramos al callejón. Somos un grupo de trece.Algunos ya nos conocíamos: aquí un grupo de tres arquitectos y un cineasta, allá uno de una ilustradora y una psicóloga, más allá la bailarina con el ingeniero.Aún seguían siendo, de un grupo a otro, completos desconocidos. Uno de ellos, que también parece ser nuestro guía, se hace llamar“emprendedor social”– un eufemismo para activista empedernido. Fue él quien nos trajo aquí, donde ya nos comienza a mirar una señora con sospecha. Tiene masa de maíz entre sus manos. Ella, como nosotros, desconoce el motivo por el que estamos aquí.

–Observen – dice el emprendedor. Observamos.Tres metros y sesenta y ocho centímetros de ancho, a veces cuatro metros y veintiún centímetros. Edificios de tres niveles de como dos metros setenta centímetros de alto en una esquina, posiblemente un entrepiso de doce centímetros, chance veinte, y seguramente hecha de losa maciza, por la época en la que se ve que fue construida. O quién sabe… tal vez de una vigueta y bovedilla temprana… de esas de barro… Un almacén en construcción en la otra esquina y, al medio, una vecindad –no–, una“ruina”de tabique gris y lodo, donde se ve que habitan una multitud de familias. El “emprendedor/ mediador”sorprende a algunos de nosotros dibujando un‘levantamiento arquitectónico’ del callejón. –Observen– vuelve a decir el emprendedor.

Hay varios pedazos de varilla empotrada en los muros, a manera de ganchos. Pensamos que son para colgar de allí lonas y toldos. La mitad de esos muros están flanqueados por cortinas de lámina metálica, lo cual nos hace creer que son negocios o almacenes. No podemos dejar de pensar que a pesar de lo olvidado que está este callejón, sus dos entradas son avenidas muy concurridas, muy fotografiadas, embellecidas y en sintonía con el “Centro Histórico de la Ciudad de México, Patrimonio de la Humanidad”. Nos preguntamos si este callejón también es parte de eso.


Pasan los minutos.Algunos de quienes nos acompañan se han puesto a entrevistar a quienes parecen que viven o trabajan aquí. Otros miden con flexómetros las dimensiones del espacio. Hay quienes están dibujando toda clase de garabatos en sus bitácoras.Toman fotos. Deambulan. Como actores sin guión, invitados a experimentar con su cuerpo y sus sentidos este espacio y quienes lo habitan. Hasta fondo musical escuchamos. –Bien – dice el emprendedor– éste es el Segundo Callejón de Manzanares.Aquí, hasta hace poco más de un año, a lo largo de este callejón completo de más o menos 120 metros de largo, trabajaban unas sesenta prostitutas, algunas de ellas de once años de edad, catorce o sesenta. La mayoría de ellas fueron traídas por la falsa promesa de un matrimonio que les garantizaría una vida digna. Lo que encontraron fueron unos pocos metros de ancho donde por 50 pesos daban su cuerpo sobre un colchón viejo a los albañiles que salían temprano o tenían el turno de madrugada, directamente sobre este piso de concreto. Una y otra vez, durante años. Los padrotes que las engañaron las tenían amenazadas de muerte, de esto, de aquello y más, para obligarlas a quedarse esclavizadas a este callejón.Aquí es donde vamos a trabajar durante estos días. Hagan lo que quieran. Pero hagan algo. No quiero que lo curen. No quiero que lo hagan bonito. No quiero que lo limpien. Quiero que lo despedacen, como un forense de la Semefo hace una autopsia. Órenle. Pasaron los minutos y pensamos lo que aquí, por unos minutos, significaron 50 pesos. Ni siquiera la fachada-armazón fungió como límite de intimidad o privacidad. El afuera y el adentro se disuelven, polinizados. Sobre el sólido concreto del callejón se acostaron los cuerpos de las niñas, bajo cubículos improvisados, tensados a muros.Y así, de igual forma, sus cuerpos tensados, sujetos (a ideas falsas)… y los toldos a las varillas. El callejón mide cuatro metros y cuatro minutos. El callejón, mi-deseo por comprender las configuraciones aquí impresas.

Entonces, los altérterras, de-marcamos en remembranza los plásticos-cubículos, con burbujas llenas de historias invisibles, en memoria de aquél callejón de prostitución infantil. [Con el deseo de que estas intervenciones funjan como espejos de aconteSeres urbanos; impronta voluble y versátil de su de-marcación espacial].


Una apertura entre calles, un hiato en la memoria, un vano repleto de remembranza. Desde una fisura de urbanidad, de aquel callejón-alveolo, salimos a la imperante y abigarrada realidad de La Merced. El re-trato de las estructuras y dualidades; lo inusitado y lo formal; el ambulante y el deambulante; lo surreal y lo predecible; lo“público”y lo“privado”. Nuevamente, lo oficial nunca es del todo cierto.Y de nuevo, cara a cara volcados sobre la vorágine invisible, desembocamos en nuestra ciudad de multificciones (y multifunciones), de imposibles absolutos, cabezas germinales, ca y caminos bifur dos, de bajo realismo imperante, sorpresa e ingenio al mayoreo de brotes espontáneos, sitiados, no citados. Entre las calles, [ A veces fragmentado, entre nos-otros, a veces inexistente, entre nuestros ojos, a veces inquebrantable. ] que entre toda ficción (entre de preposición y entre de verbo) Liados e hilvanados, acaecer: discurren, corren salpicar, jaspear, manchar, vetear, tiznar, teñir; y nacen (desde las infranqueables fronteras o más bien, que nos unen y/o separan) subrayar, intervenir y derivar, practicar y para ser la realidad superpuesta -híbrida, construir mediante la experiencia de habitar caleidoscópica- que nos perpleja y seduce de el lugar. Hacer enmarcaciones, desde nuestras múltiples colores, lugares, seres y aconteceres. propias hendiduras, desde los más mínimos Desde las vértebras a-tópicas de las mínimas células de ciudad, hallamos formas y huecos posibles para manipular nuestros espacios, hacer de nuestras prácticas cotidianas un lugar. Buscamos trazar lo existente, reunirlo; cartografiar en tiempo vivo vertientes-estratos de lo colectivo y su experiencia espacial. ¡(A)notar tales hiatos sin parte! Microestructuras sociales de lo cotidiano, que tapizan de urbanidad lo sólo vano de lo banal. Y en ello, enredarnos entre los hilos invisibles que entretejen el esqueleto de la multitud. 18] Desde el inicio de su concepción, vana de sentido (social).

gestos, abiertos a lo ajeno, interiorizados en un destello de alteridad. En un telar, constelar y suturar. Esto es urbanismo; entre los vínculos estrechos o lejanos, este espacio entre los demás; oblicuo, tangente, juguetón. Hallar-leer los acontecimientos vívidos vividos, habitar-practicar un lugar, construido por la propia práctica (individual y colectiva) de morarlo. [Y de paso, demorar la velocidad de construcción ur-vana18 y densa.]


En nuestro devenir urbano, el espacio colectivo es siempre morada de entrecruces y confrontamientos, ficciones y emociones, o indiferencia o encuentros. En el“vacío”donde al habitar vertimos existencia genuina. Y construimos. Entre otros, a cielo abierto, vertir y divertir. Entre nos-otros la ciudad de superficies alberga millones de deslizamientos de los que resultan infinidad de entrecruces y bifurcaciones, coreográficas. Sujetos a la impermanencia que los define, casi nada prevalece físicamente. La obra urbana no termina; se repite cada vez en otro sitio en otro momento. Mientras tanto, sus restos hablan de que ha pasado: la basura, las huellas, las manchas; las marcas, sus territorios. Precipitación urbana: transeúntes con sin cronía (magnética, frenética o sosegada) dementes cuerdas, de mentes y acuerdos, multitudes ordenadas o delirantes se en-traman y entrelazan. {bocacalle semáforo banqueta (no) va quieta} Inquieto el curso incursionado de la sociedad peripatética que baila acrobática entre la cuadrícula de la ciudad, en la vasta superficie, [ al ritmo del claxon, de gritos de vendedores, del regular y penetrante sonido del organillo, del chasquido ensordecedor de los camiones, del canto plurifocal manifestante, de los estéreos de compactos piratas, y de la incesante suite callejera, suburbana ] 19] Esto es, politiza.

y poliniza19 cada –toda- esquina (quina al azar).


Mientras los productos económico-políticos de nuestro tiempo atentan en contra de lo humano urbano y de la urbanización de la ciudad, con territorios segmentarios, con políticas carentes e indiferentes a la diversa reunión terrícola, se dirigen con mayor frecuencia a desarrollos que procuran a la minoría de la minoría; lo urbano persiste en los hiatos de sus relatos, en las grietas que, quizá paradójicamente, permiten otras prácticas cotidianas. En los hiatos de nuestros relatos, en las fisuras de nuestros quehaceres, en las derivas de nuestros andares, buscaremos estos otros lugares, continuos o interrumpidos: en eco con otros, entre cruces. Pero, lo haremos buscando lo ínfimo entre la multitud, las mayúsculas minúsculas, minuciosamente deshebrando la mega-estructura, resquebrajándola, para trazar resquicios que sean una hendidura de posibilidades, coyunturas. Desde la mirilla: desde nuestro más mínimo espacio (corporal), intervenir alternamente, heterotectónicamente. Cuartear los paramentos de norma distante, decir con lo no dicho y nombrar sin nombre lo no nombrado, en lengua sensible que sabe callar, e hilar políticas sin pretensión de reparo; son intervenciones experimentales en busca de re-formular un pensar-hacer arquitectura, volverla callejera; tautológica (des)enmarcación, mapa actuado, que no titubea desplegarse al pie de pilas de torres amontonadas en fila por la avenida, entre santos y máscaras, localizadas sin duda bajo nombres y fines; a paso desacostumbrado por la esquina común, deteniéndonos. §


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hi{a}to #1.1 Revisita al 2do Callejón de Manzanares // Altérterras: Karina Contreras, Miguel Ángel Velázquez, Carlos Córdova, Andrea Alvear, Susana López, Mon González, NuBtz, JErz, SBltrán, FxErz. // FEBRERO 2014 / MXDF


El 2do Callejón de Manzanares se entrevé, para el pedestre que vive las espesas sospechas de la ciudad, como un pellizco malversado del territorio. Su historia1 recorta el espectro de engaños. Re - visitamos esta posteridad del otrora lugar de el Carrusel, tras el la intervención de “rescate” del callejón por la PGJDF, buscando otra intervención...

1] Según las crónicas oficiales, hasta el 2011 el 2do Callejón de Manzares fue un foco de prostitución y trata de personas -incluyendo menores- a plena luz del día; hasta que el operativo de la PGJDF podó tal práctica. El que transita el hoy por hoy del callejón y haya entrevisto su historia o no, alcanzará a percibir -así como sucede en quizá cada entresijo de la Ciudad, sobre todo aquellos que han sido repentinamente objeto de la jardinería- la incómoda quietud de una porción territorial con una carga pulsante de memoria.


Bitácora post-festum del diván situacionista a. Del paso al trazo:

Empuñando bitácoras por los umbrales propios del Centro Histórico -desde el Zócalo y“La Gran Fuerza de México”a la estrechez marchante de la calle De la Santísima-, se trazaron mapas del paso sensible. De fondo, la sospecha de que eventualmente se encontraría aquel malversado callejón...

b. Del paso al repaso:

Desde la cartografía situacionista al intento de construcción de algún sentido territorial, montajes y desmontajes críticos, despistes y lucideces mediadas en interpretaciones, se desembocó en la emisión de borrosas pautas sobre qué hacer en el espacio del callejón.

c. El salto al acto:

Cual relámpago, el territorio espabiló la mitología antropológica del que llega de afuera; un repentino aire feliz levantó la polvareda tanto de los prejuicios como de los usos actuales, a cargo de un grupo imprevisible de practicantes del espacio que emergieron de las puertas tomando como pretexto nuestra visita: disponiendo tan sólo una docena de gises y cal, de un trazo por aquí y por allá, los niños del callejón tapizaron de marcas y dibujos el suelo y los muros.

d. Del acto al repaso:

Reflexión que se frotaba los ojos ante la “promesa espacial” inesperada que se abrió en la experiencia del territorio: el espacio -y su humanidad-, quizá por unos momentos, no es prisionero de su memoria. El callejón, que hasta el 2011 se reconocía abiertamente como ‘el Carrusel’ por una práctica -se llegó a saber de prostitución infantil- que es ahora parte del imaginario memorial del urbanita, quedó tapizado por marcas de niños ansiosos por salir... a jugar.


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Espacio en el espacio Karina Contreras

Espacio en el espacio trata sobre ser capaces de alcanzar la dimensión intangible a través de la tangible y concreta que podemos palpar….para llegar a ese otro espacio encerrado en potencia dentro de cualquiera que existe o que se crea. Hay que trascender los límites de lo evidente, del prejuicio, de la realidad en su capa más superficial…. esto merece la dedicación de todo un nuevo trabajo de investigación…y durante esta experiencia pude comprobarlo.


Tratar de determinar es reductivo y el acontecimiento es del todo impredecible cuando haces partícipe a los otros y no sólo te centras en una particular manera de ver y aproximarte al mundo. En unas horas se transformó mi idea sórdida y triste de un callejón como hay tantos en el mundo, pero donde siempre hay esperanza de cambio, de alegría y goce, de libertad…. ver otra vez como niños el contexto es volver a imaginar, a soñar y a desaprender aquello que nos limita….¿volverán mañana? Preguntaron los niños que nos invitaron a jugar a su casa, rincón como tantos en la Ciudad de México al que nadie quiere voltear a ver…. en unas horas el silencio de la memoria del dolor se transformó en juegos y sonrisas, en colores, en esperanza de todo lo que puede llegar a ser un lugar y su gente si se les invita apropiarse en libertad de éste.

Con esto aprendo más de estas personas y confirmo que el espacio se transforma si se le permite el acontecer libre de preconcepciones y nos atrevemos a ir más allá de la capa superficial de lo que alcanzamos a ver en primera instancia. En todos los sitios hay una grieta, una ruina que más que ruptura destructiva es una oportunidad de transformar y transformarnos con el espacio… menos pensar y más hacer…. de eso se trata lo lúdico y el juego nos conecta como niños a dejar que pase todo lo que sea posible, convivir, conocernos…. y en esas posibilidades por supuesto cabe el disfrute y un mejor hábitat para todos.


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Manzanares-Memori Sergio Beltrรกn


Durante las próximas semanas de marzo 2014, los focos se concentrarán en los foros, calles y plazas del Perímetro A del Centro Histórico de la Ciudad de México, CDMX1. Mextrópoli, el Festival de Arquitectura y Ciudad ha llegado de la mano de docenas de artistas, arquitectos, urbanistas y muchos otros que tienen mucho que decir sobre la ciudad. Las memorias vírgenes de más de un extranjero se ruborizarán como el tezontle de estas fachadas barrocas, neoclásicas y neomexicanistas. Las memorias sedentarias de algún ciudadano periférico se maravillarán con apropiación excéntrica. Otras memorias, cotidianas de la centrohisteria y su aumento poblacional de uniformes azul-prusiano, estarán mirando y buscando nuevos significados en aquello que hace tiempo se volvió costumbre. Para quienes viven y/o trabajan en aquel Perímetro A, serán unos días de intervención, pero después, todo seguiría“igual que antes”. Común a todos es que cada uno está y estará expuesto a la memoria que se encuentra labrada, tallada, edificada, colocada, incrustada, graffiteada, pintada, forjada, pulida y empotrada en cada una de esos edificios y calles, que evocan a tiempos pasados, inalcanzables por su lejanía, y difícilmente encuentran una vía útil para enlazarla con el presente –aquél momento del ahora y con quienes estén en ese ahora, con toda la carga política, social, espacial que involucra.


Mi experiencia en el 2do callejón de Manzanares me enseñó algo distinto2 que puede resultar útil ejercitar durante esos días de Mextrópoli. Hace años, mi inquietud por la memoria me provocó realizar un estudio sobre los fenómenos sociales y técnicos cambian a la memoria así como las herramientas que le dan escalas de valor; un ejercicio que me brindó de conocimientos frescos y añejados para poder calificar y, hipotéticamente, diseñar objetos de memoria. Ese proceso también me heredó una ineludible serie de juicios, con los que de vez en cuando me tropiezo. Debo admitir que cuando me acerqué al Callejón, sabiendo que yo estaba allí para crear un algo en ella, me tropecé: estaba yo preparado para encontrar una manera de traer aquél pasado de explotación sexual al presente a través de quienes estaban allí, vivos y viviéndola. Podría decir que hice de aquella memoria un fetiche, sustituyéndola sobre su existencia de más de cinco siglos de existencia como territorio.

Después de la intervención que hicimos en el callejón, existió un breve lapso de tiempo en el que, mientras que Axel y sus amigos-niños de Manzanares se recargaban en mis hombros, observaban mi dibujar y me hacían todo tipo de preguntas; me sorprendí observando una pared. En esa pared había una lección alternativa sobre la memoria que no estaba labrada, ni tallada, edificada o colocada, incrustada, graffiti o pintada, ni forjada, pulida o empotrada; sino todos a la vez, en un solo objeto. En ese muro, yo había buscado cual antropólogo algún vestigio de las“caballerizas” sexuales de Manzanares, y sí lo encontré. Pero también encontré graffiti, y pintura; y detrás de la pintura encontré bloc de concreto aligerado; y vi clavos, varillas y juntas. Todos estos elementos los dibujaron los niños, o de manera más precisa: lo re-dibujaron, pues le habían colocado una nueva capa de memoria, aunque fuera efímera como el gis.


Todo en conjunto, no por capas o etapas, es lo real-mente valioso. No las memorias individuales en sus estados ya inexistentes, lejanas y muertas. Sino este preciso momento y su memoria, es lo que me permitía entender y ver, sin fetichismos ni discursos de extranjeros, a Manzanares como lo que en ese momento era: un territorio incógnito para todos, lúdico, maduro y juguetón, violento e inocente, deseoso y conforme. Es el conjunto de los antecedentes que dan posibilidad a lo presente. Enfocar el presente no significa perder la definición del pasado, sino permitirlo ser el fondo que es. En consciencia de las memorias pasadas, trabajar el presente para los presentes y desde la presencia: eso vi expresado en un simple muro del callejón. Durante Mextrópoli, más de una caminata pasará a lado del Segundo Callejón, posiblemente sin incursionarla. Quienes hacen quesadillas seguirán haciendo quesadillas. Habrán más curiosos que, habiendo leído alguna nota sobre el Carrusel sexual de Manzanares, se aventurarán a caminarla. Me gusta pensar que mientras todo esto sucede, allí seguirán los vestigios de un gis y una intervención que llevó a flote y dio color, literal y poéticamente, a aquel presente de Manzanares, hoy ya un pasado reciente, más cercano que los otros pasados pasados, pero no menos importantes que el presente que en este instante allí ocurre.


NOTAS 1] Desde la segunda semana de febrero 2014, ha sido difícil ignorar que el Gobierno del Distrito Federal está rebrandeando a la ciudad, seguramente para posicionarse políticamente hacia una Reforma Política que transforme al Distrito Federal en algo parecido a un Estado de la Ciudad de México. Dado el contexto de Mextrópoli, las acciones que ejercemos en la CDMX como diseñadores sí tienen, cada día más, una consecuencia en la re-construcción de esta urbe como núcleo turístico, político y económico. 2] En realidad fue mi tercera experiencia en aquél callejón, pero me refiero a esta última visita que realicé con Alterritorios. En la primera fue más una divagación nocturna y solitaria, que terminó con una plática con la señora que hace y vende quesadillas sobre su pobre memoria de hechos recientemente ocurridos. La segunda involucró plástico burbuja y mucho hilo.


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El primer hiato Nuria Benítez

Había caminado por la calle de Manzanares, y, con una premura por llegar a un lugar que no retara mi comodidad, ni siquiera desvié mi trayecto hacia aquél callejón, que -recuerdo- me despertó una curiosidad inquietante.Aunque a lo lejos, cierta tensión en torno a aquella rebanada de vacío pude respirar mientras deambulaba por ahí.


Fue entonces cuando llegué con alterritorios que tuve un distante aire de familiaridad por aquel callejón, como si hubiera estado ahí ensueños. Casi embebido dentro de una agitada vida urbana en la Merced, literalmente circunvalado, el callejón es una grieta en la franja de escaparates y ofertas mercantiles que pretenden llamar la atención del transeúnte. Cuando llegamos ahí, al primer hiato alterritorial, en una pausa silenciosa dentro del embrollo citadino de la zona en la que estábamos, de ipso facto esperaba encontrar vestigios de aquel pasado que de prostitución teñía el callejón. Como extranjeros llegamos al callejón,abstraídos y expuestos simultáneamente. Entre la estrechez de dos paramentos, nos encontrábamos en un mundo hasta entonces indescifrable para nosotros. Sensibilizándonos al momento, jugando a ser antropólogos no-antropólogos, exploradores de las estructuras socio-espaciales de aquél lugar.

_La niña en la bicicleta, que se acercaba a nosotros y volvía a su casa.

_Los niños que extrañados nos observaban _El señor del bar, que no sabía qué hacíamos ahí

_El loco que drogado pasaba por el callejón esporádicamente, gritando y hablando casi sin sentido… Algunas veces golpeado, otras veces bebiendo, sin camisa, tatuado de pies a cabeza, exclamando sus versos entre el eco del callejón.

_Las señoras que salían de sus casas y susurraban. _Los que pasaban de lado a lado.

_El señor cuyo puesto de tacos marca el umbral de inicio de un lado del callejón:“Aquí todo sigue igual”, dijo; como si estuviéramos buscando denunciar algo que sucediera ahí.

_Las señoras del puesto en el otro extremo, nos ignoraban. _Y nosotros, tratando de desifrar el sitio y deshebrar la memoria entre sus paramentos.


Y platicamos, los altérretras, intercambiando inquietudes, percepciones y análisis desde nuestra marcha-deriva desde el zócalo (ocupado por militares) hasta el callejón (hecho des-ocupado por la policía). Tras este jugoso canje de ideas y trazos, fuimos por gal y gises. En un inicio, la idea era evocar una presencia diáfana de lo que alguna vez fue aquel lugar, con montículos de cal que finalmente se desvanecerían en el aire y que se habrían de expandir sobre la superficie del callejón cuando alguien pasase sobre ellos. Pero esta poética intervención, no resultó de acuerdo a lo planeado. En un giro inesperado, los niños, con su afable sencillez, tiñeron el callejón de otra espacialidad… La cruda memoria que esperábamos evocar, ya estaba -de cierta manera- superada: Eran los niños -quizás hijos de las prostitutas- jugando afuera, o adentro resguardados de“los peligros del callejón”prueba fehaciente de ello. De pronto, algunos minutos después, los niños que antes estaban detrás de los muros, salieron al callejón y jugaban a aventarse y empanizarse de cal. Después de algunas risas, y -por supuesto- de varias manchas sobre sus propias prendas, el lugar tomó otra cualidad. Durante este momento, el bar donde nos habíamos sentado a con-versar (siendo los únicos) había tomado también otra cualidad: indudablemente, eran prostitutas y señores que tomaban un par de cervezar y bailaban un par de canciones… Muy cerca de la taquería y sus carnes, el bar y sus carnadas, marcaban otro umbral, más penetrado al callejón, que nos distanciaba un poco del extremo conjunto a Circunvalación. Curiosas coincidencias.

En fin, estaban los niños corriendo y coloreando los muros junto con nosotros altérretras; mientras ellos mismos tampoco se acercaban a aquel virtual umbral pegado al bar. _El gis y los colores, con su imperman _La cal y el juego, con un giro inesperado. _La señora con su escoba, que todas las noches barría. _Animales y casitas, niños y estrellas, figuritas y familias y amistades quedaron impresas re-presentando el imaginario de los niños habitantes del Segundo Callejón de Manzanares.


Recuerdo de nuevo los contrastes que nos acompañaron para llegar ahí. San Judas y la Santa Muerte, la calle Santísima y las corseterías, las contradicciones aquí y allá. Y también con-trastes y contra-dicciones en los nuevos muros del callejón, que cuando nos fuimos, no eran del mismo tono. La última capa de memoria, la más reciente, no eran ya las caballerizas del carrusel, sino sobrepuestas

a esta, las proyecciones en gis y en color, que de las manos de estos niños, pintaron el callejón de otra realidad. La señora nos prestó su escoba. Barrimos la cal, y nos fuimos. Ya no éramos extraños.


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... he escuchado sobre el callejón de Manzanares Bundemaro de Lascoux

Garnachas, televisión, improvisación de negocio ambulante, cervezas, entrecalles entreabiertas, testigos al fondo, fonda, pausa, caca, nada. En el callejón llegamos a experimentar la incómoda ‘nada’ de los hiatos. La disolución de los jugosos relatos previos, los prejuicios, digamos. Esos que, sin querer incluso, se cocinan a cándido fuego lento en un resquicio de la antesala de la gran antesala, barril sin fondo, de las expectativas. Si hubo una‘lección territorial’ aprendida en la situación del callejón fue que el paso de los pretextos a los prejuicios tiene un precio, en tanto el segundo consiste ya un paquetito de sentido, una envoltura, de nuestros deseos; los cuales, al abrirse, al exponerse al aire -siempre que sea realmente el de afuera-, conllevan su áspera decepción. Quizá todo visitante paga su fantasía a precio alto; ése que sin duda sintieron algunos antropólogos en sus viajes de cuestionamiento sobre la historia y realidad de otros. Lo difícil de sostener un encuentro con “sólo es un (otro) callejón”... y nada más. En otras palabras, el deseo de ir a encontrar la“otredad”, es decir, el hiato, es sólo eso, deseo. No hay una positividad verificable, comprobable, mensurable; el hiato no es un objeto a ser develado -lo que develaría es una robusta y soberbia ignorancia socapando el deseo-; el hiato sólo es pretexto -y si lo forzamos, es licencia de tomar pretexto y motivar alguna búsqueda, desde una inquietud, una sospecha de consecuencias espaciales; de vecindad, por hacerse, durante el enfrentamiento.


El 2do Callejón de Manzanares, tras borrazón y limpia, es un Carrusel de memoria. Ciertamente un‘y nada más’ difícil, complicado, o por ponerlo mejor, complejo. Más aún cuando, por lo menos en la ciudad, cada quién es -o puede encontrarse en la posición de ser- extraño en su propio territorio, siempre visitante, ajeno; ciertamente nadie pretendería sacar sus flexómetros para medir la memoria y el imaginario que bordea tal extrañeza, y justo por que no hay medida cierta de lo ficcional, se requiere de mediación y máscara.Ahora, en México, la dialéctica de la máscara y la cara tiene sus matices y su, por decirlo, saborcito; aquello que le confiere todo el soporte simbólico al peso de un real espeluznante. El Zócalo y su exhibición La Gran Fuerza de México; De la Santísima y su umbral resguardado entre la Santa Muerte y San Judas; mientras, a la entrada del callejón, un lugareño sentado decía a nuestro paso“todo está bien, todo sigue igual”.


Un‘igual’ difícil. Complejo. La realidad porta sus propias evidencias, demasiadas para nosotros: y nada más; quizá por eso sea preciso“errabundear”, atravesar por el error pedestre de todo el manto de ideas; porque la realidad humana es histórica y se condensa en los espacios de sus haceres. Situar orígenes y personajes permite lecturas a botepronto, pero es ceder territorio a los prejuicios demasiado fácil: visitantesaborígenes, intelectuales-gente a pie, intrusos-locales, nosotros-ellos. Es preciso tener cuidado de relamer la memoria o la presencia, por no desplegar nuestros prejuicios más soterrados: los que llevan de golpe a la seca aserción de que, en hueso esencia y gen, nosotros somos nosotros y ellos, ellos: envueltos en su localidad. No somos oriundos de islas de generación espontánea -y si la tierra así emergiese, nuestra historia obedece a otro intervalo: nuestros territorios intentaron diseñarse.


El callejón nos permitió -no sin el pánico propio del salto al acto, y el vértigo de ver desvanecer todos nuestros prejuicios (aún cuando éstos ya pasaron por los intentos de filtración y poda de sentido e interpretación hacia una especie de acuerdo grupal) elaborar otra mirada: aquella de los participantes territoriales; de prácticas en sus tiempos, en los momentos que toman, en los que se dan y en los que no ocurren; a la vez que unos de ellos sostienen en mente a La Gran Fuerza de México, otros a San Judas y otros al Carrusel; en pocas palabras, su propio tendón nervioso entre deseo y creencia. Es decir, una mirada sobre las diferencias entre la costumbre y el desacostumbrarse; en un conjunto de tensiones y pretensiones; unas que se dicen -y deciden-, otras que callan, en un territorio.Todo puede errar; de ahí la importancia de la conservación de cierta normalidad, y la bienaventuranza de los momentos de excepción creativa; en un ambiente político. Corrimos con una insólita fortuna: una lección del territorio para disolver nuestras pretensiones indecisas. Caímos -necesariamente- en el hoyo que discerníamos (bien avisaba Hegel: la idea no precede a su manifestación); y la polvareda empezó con el tímido acto de arché de escoger el gis para marcar los esbozos de un intelecto que deseaba y buscaba patas para territorializarse; y de inmediato, fuera de nuestro control, se desenmarcó lo imprevisible por doquier; destilando la neurosis en gesto de vida.Y no es sobrado empatar vida con niñez en la falta de mediación prejuiciosa -y de las patologías instituidas de la adultez- de la realidad. Un remolino de miradas en intermitente coincidencia. La intención del taller, de“abrirle al transeúnte la espacial posibilidad de desacostumbrarse”se incorporaba en una realidad espacial que ya estaba ante nuestras narices.Y

tal podría ser la universalidad del callejón -y de todo lo que se reunía en el vórtice del momento: “nosotros y ellos”-: que la humanidad, quizá sólo a momentos, no es prisionera de su memoria; sobre todo, de su mnemotécnica. Si bien hay una universalidad de la lucha como lo común de lo humano, también hay una universalidad del juego. En este sentido, la intervención fue hacer mucho menos y dejar de pensar mucho más. Lo que no quiere señalar lo innecesario del pensamiento; por el contrario, fue preciso pasar por la especulación callejera (del paso al trazo al salto al acto al repaso), para llegar a una reflexión que posibilite (imaginar) nuevas disposiciones: si bien hubo un gesto de apertura, de ocasión, una situación creada por una humanidad en el callejón, la propia política implicaría, en un intervalo de tiempo más amplio, plantear las condiciones (arquitectónicas) de una práctica continua de sociedad en el callejón. Ese intervalo, por el momento, en esta primera fase, sobrepasa las capacidades del taller. Por lo demás, jamás caminaríamos con la pretensión del ayudante altruista que de paso lee el mundo como con necesidad de rescate: la construcción de situaciones tiene que ver con algo distinto, desde otro punto. “¿Vendrán mañana?”, nos preguntaron sonrientes los niños, empolvados de blanco. Neurosis en gesto de vida, gesto de vida en promesa. Promesa para todos. El taller, si busca algo, nos gustaría decir, busca evidencias sobre posibles promesas territoriales; a partir de singularidades del territorio, desde las que, posiblemente, si seguimos a Rancière, se dé rastro de la universalidad ¿De cuál? De la condición humana urbana ¿Y dónde sino en los niños está esa promesa de imprevisibilidad espacial? Quizá su condición temprana, su niñez, impida extrapolarlo a otras dimensiones con facilidad.


Pero, por otro lado, no es locura decir que son los hijos de la chingada -y esos somos todos, como Paz sostenía-, en nuestra niñez, los que estamos ávidos de políticas poiéticas. De posibles mediaciones ante el deseo del otro que nos permitan atravesar las culpas que se intentan inscribir en los territorios urbanos.


“¡Pásenle, están en su callejón!”


alterritorios.com interfĂŽctios.com


[2]  

http://alterritorios.com/

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