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Traductoras: Paulii Aguilar Guadi Fics Kamii Hernรกndez Fanfiction Addiction (VIP)


PRÓLOGO Yo... soy una esclava sexual, una persona sometida a servir como propiedad de otro, completamente sujeta a una influencia dominante. Técnicamente, supongo que –puta– sería el término más apropiado para describir lo que soy. Como ven, estoy completamente a disposición de un hombre, aunque esto es para solo un hombre, a cambio de dinero. Esto incluye -aunque no se limita solo a ello-, a mi lealtad, discreción, y el uso de mi cuerpo en todos los sentidos, en la forma y manera en que se adapte a sus necesidades. Lo irónico es que no fui forzada a tener esta vida, yo la elegí. Bueno, realmente no tuve opción de algo mejor, ya que finalmente no se presentó una mejor oportunidad, pero fueron mis decisiones. Él no me forzó, él no fue quien me buscó. Ni fui secuestrada o golpeada brutalmente para ser sumisa. Yo lo acepté por voluntad propia. E hice todo esto para salvar una vida. Mi nombre es Isabella Swan, y esta es mi historia.

CAPÍTULO 1: Los sacrificios que hacemos…

— ¿Estás segura que quieres hacer esto?– escuché a la excesivamente femenina voz de mi amigo preguntar por millonésima vez desde que entré por las puertas de la discoteca donde él trabajaba. —No, no estoy segura, Gabe, pero tengo que hacerlo. Por lo tanto, deja de preguntármelo antes que cambie de opinión y salga corriendo de aquí como la gallina de mierda que ambos sabemos que realmente soy– repliqué. Él nunca tomaba de manera personal mis dramatismos porque él era igual que yo en ellos. — ¿Realmente estas dispuesta a entregarle tu ʻV-cardʼ a un completo extraño?– Su incesante cuestionamiento realmente empezaba a irritarme hasta el último de mis nervios. Pero, sabía que era porque me amaba y quería que realmente esté segura y que haya


considerado todas las posibilidades. Habíamos revisado a fondo y detalladamente todos los pros y contras y realmente no creo que se nos hayamos olvidado nada, pero lo desconocido era lo que más me preocupaba. — ¿A cambio de la vida de mi madre? Es un pequeño precio a pagar–, dije mientras lo seguía por el pasillo oscuro que llevaba a las profundidades del club donde trabajaba. Ahí es donde mi vida cambió. Fue el punto de no retorno. Mi madre, Renée, tiene una enfermedad terminal. Desde su nacimiento había tenido siempre un corazón débil y que había empeorado progresivamente en los últimos años. Casi muere al darme a luz, sin embargo se recuperó de eso y de las numerosas operaciones e incontables tratamientos. Pero ahora ya no tenía como recuperarse. Su luz se estaba desvaneciendo por completo demasiado rápido. Ella estaba tan débil y frágil en esta etapa de su casi inexistente vida que mi padre, Charlie, tuvo que renunciar a su trabajo para quedarse en casa y cuidar de ella. Sé lo que están pensando, y sí, un hospicio habría sido una muy buena idea... Pero, mi padre no podría soportar la idea que en lugar de él, sea un extraño quien cuide de su amada. No había manera de convencerlo de lo contrario. Por lo tanto, él asumió esa tarea. Y por supuesto el renunciar a su trabajo significó que ya no contábamos con un seguro de salud. Con la enfermedad de mi madre y mi padre estando sin trabajo, nos vimos obligados a vivir de los escasos ahorros que él había logrado guardar. Por lo tanto, comprar un seguro de salud era un lujo que mis padres no podían pagar. La enfermedad de Renée había avanzado a tal punto de que era necesario un trasplante de corazón para que pudiera seguir con vida. He visto a mi padre día tras día. Físicamente, estaba perdiendo peso, la preocupación por su esposa que era su preocupación principal había eclipsado su propio cuidado. Y las sombras y las bolsas bajo los ojos rojos hacían evidente que tampoco estaba durmiendo como debería. Sin embargo, él ponía siempre buena cara por mi madre. Ella había aceptado su inminente fallecimiento, pero mi padre... él aún mantenía la esperanza. El problema era que su esperanza disminuía poco a poco día tras día. Estaba asesinando su propia alma el verla como cada día ella moría un poco más. Y creo que un pedazo de él moría con ella también. Una noche después de que mi madre se durmiera profundamente, lo descubrí. Él estaba desplomado en su sillón reclinable, con su cabeza en las manos y sus hombros agitados por sus sollozos descorazonados. Nadie podría haber estado preparado para verlo así. Pero yo lo vi. Nunca lo había visto tan abatido. Y tenía una sensación tirando constantemente de mi corazón que me decía que el día que mamá falleciese, mi padre no estaría muy lejos de ello. Él literalmente lloraría hasta la muerte. No había la menor duda en mi mente. Tenía que hacer algo. Estaba desesperada por mejorar esta situación. Por hacerlos sentir mejor. Gabe era mi mejor amigo. Mi muy extravagante mejor amigo gay. Siempre había compartido todo con él, así que era totalmente consciente de la situación.


Tiempos desesperados, necesitan medidas desesperadas, y después de ver lo desesperada que estaba, finalmente me dijo sobre el negocio más inmoral que se llevaba a cabo bajo la discoteca. James, el dueño de dicha discoteca, era lo que podríamos llamar un empresario agresivo. Para mí era un despreciable proxeneta chupa sangre, o Satanás, para abreviar. Básicamente, el comercializa esclavos. Ahora sé lo que están pensando, pero yo estoy hablando de una forma diferente de esclavos, una esclava sexual. De cualquier manera, uno es tan malo como el otro para mí. Por lo que entiendo, algunas de las mujeres, incluida yo, hacen esto voluntariamente, mientras que otras le deben algo a James y venderse era el último recurso que les quedaba para pagarle. Como lo dije, un despreciable proxeneta chupasangre. Dios, él me repugna. Gabe me contó que los clientes eran siempre hombres con más dinero del que ellos pudieran utilizar. Tenía que conformarme con lo que me tocara, podría terminar con alguien amable y gentil, o un tirano total que gozaba dominando su propiedad. Si esas eran las posibilidades, yo terminaría con alguien como el segundo. Exactamente yo no había tenido la mejor suerte en mi vida, así que ¿Por qué debería cree que los Todopoderosos me concederían algún favor ahora? La enfermedad de mi madre no sólo había requerido la constante atención de mi padre, sino también la mía. No estoy resentida por eso ni nada, pero eso significó que tuve un inicio tardío después de la secundaria y que en vez de ir a la universidad, me quedé en casa con ella para que mi padre pudiera trabajar. Pero, las cosas habían empeorado tanto que él no podía soportar estar lejos de ella por más tiempo, por no mencionar que ambos realmente sentían como si me estuvieran reteniendo. La verdad es que ellos no lo hacían. Yo todavía no había tomado una decisión acerca de lo que quería hacer con mi vida. Ustedes creerán que una chica de 23 años ya tendría su mierda planeada, pero no, no realmente. Puede haber sido una putada de mi parte, darles esperanzas y todo, pero como he dicho, la esperanza es algo que faltaba en mi casa y ciertamente no sería malo para ellos darles un poco. Por lo tanto, me las arreglé para convencer con éxito a mi madre y a mi padre que me había ganado una súper mega beca con todos los gastos pagados para Universidad de Nueva York. Sí, ya sé que no es algo probable que ocurra en mi vida después de tanto tiempo, pero ellos no lo sabían, y es lo que lo hizo creíble. Estar tan lejos de casa significaba que no podría visitarlos tan seguido y por mucho que me dolía estar lejos de mi moribunda madre durante tanto tiempo, era absolutamente necesario para que mi plan funcione. Si tenía suerte, podría alargar la historia un poco más. Pero recuerdan lo que les dije sobre mi suerte, ¿Verdad? Sí, no tenía muchas esperanzas en eso.


El trato que hice con James, también conocido como el despreciable proxeneta chupasangre, era que yo estaría de acuerdo en vivir con mi ––propietario–– por un período de cinco años. Ni más ni menos. Después de eso, finalmente tendría libertad para vivir mi vida otra vez. Exactamente qué tipo de vida sería en ese momento estaba aún por definirlo, pero había decidido seguir siendo positiva. En cualquier caso, cinco años de mí vida era un pequeño precio a pagar para asegurarle más tiempo de vida a mi madre e incluso a mi padre también. — ¿Nombre?– Un caballero de piel oscura con rastas y un portapapeles preguntó, cuando Gabe y yo llegamos al final del pasillo escasamente iluminado. —Swan, Isabella Swan–, dije nerviosamente entrecortado, pese a que había alzado mi barbilla para crear la ilusión que no estaba nerviosa. El sonido del bajo en la música del club que estaba arriba, fue pulsando a través de las paredes y, básicamente, estaba controlando mi ritmo cardíaco, pero traté desesperadamente de no desear estar allá arriba de fiesta en lugar de donde estaba. Todas esas personas fueron hasta allí para ahogarse en alcohol y pasar un buen rato, y no tenían idea sobre los sórdidos hechos que se daban justo debajo de sus pies. Las mujeres aquí se ahogaban en algo completamente distinto. El tipo de las rastas volteó la hoja superior para mirar en la de abajo como si fuera una especie de lista de invitados para un club de élite. Este lugar no era ciertamente de la alta sociedad de élite de Seattle. Sonrió cuando asumo encontró mi nombre y luego me miró. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo mi cuerpo antes de fijarlos en mi cara de nuevo. Fue entonces cuando sus labios se curvaron de una forma lasciva bastante desagradable y se los lamió, de una manera que aparentemente pensó sería seductor, pero no lo era, yo estaba apunto de perder el valor. — ¿No luces lo suficientemente apetecible?– preguntó con un marcado acento caribeño mientras rozaba con su callosos dedos mi brazo de arriba a abajo. —Hasta podría lanzar unas cuantas ofertas por mi parte en la subasta. ¿También es virgen? Mi, mi, mi… —Manos fuera de la mercancía, Laurent, antes que tenga que arrancar cada una de las puntadas de ese asqueroso pelo púbico de culo de tu cabeza— dijo Gabe, rescatándome y tirando la mano del pervertido alejándola de mí —No podrías darte ese lujo con tu sueldo, y lo sabes. Ahora, ¿dónde está Jamie? —Él está ocupado y no quieren que lo molesten—, respondió y luego me miró. –Pero, él hará una excepción por ti. Vas hacer de él un hombre muy rico esta noche. —Oh, estoy seguro que lo será, y también espero que él se atragante hasta con el último centavo de esto––, dijo Gabe, rodando los ojos–. Ahora, ahórrate el maldito dramatismo y sólo dinos donde está acosando niñas inocentes. —La última puerta a la derecha– dijo, señalando con el portapapeles en la misma dirección. ––Y Gabriel, tal vez quisieras tener esa boca tuya cerrada antes que te encuentres sin trabajo y en la calle.


–Lo que sea–, se burló Gabe y despidiéndose con un rápido movimiento de su muñeca. Pasamos a un lado del cabeza de rastas y nos dirigimos más allá de la multitud de mujeres que se alineaban en el pasillo. Eran un grupo variado, pero sobre todo se veían desarregladas y llenas de enfermedades. Con unas cuantas excepciones. Algunas parecían no mayores a 18 años, ojos inocentes, piel sin marcas... un reflejo de mí a esa edad. Mierda, probablemente luzcan así hasta hoy. Era triste, quería agarrar a todas y hacer una línea recta hacia la salida. No puedo ni imaginar lo que podría haber sucedido en sus vidas para llegar a este lugar, para hacer lo que estaban a punto de hacer. Pero, estoy segura que cada una tenía su propia historia, al igual que yo tenía la mía. Cada una tenía un número pegado en sus estómagos y estaban de pie delante de un espejo que se alineaba en la pared del lado opuesto. –Espejos polarizados––, explicó Gabriel. –Cada cliente que entra tiene una reseña de todas las chicas que esta noche están para la venta. Son arreadas por aquí como si fueran ganado y puestas en exhibición para los fenomenoídes que, por alguna razón, parece que no pueden echarse un polvo por su cuenta y tienen que rebajarse a este nivel. – ¡Caramba, Gabe gracias! Eso no me hace me hace sentir como una total mierda. –Oh, cariño. Sabes que no era esa mi intención–, dijo, tratando de hacerme sentir mejor. – Eres demasiado buena para este tipo de cosas, y lo sabes. Tú no eres ellas––, dijo, señalando hacia las otras mujeres en la sala. –Pero lo entiendo. Lo estás haciendo por Renée y tiene que ser lo más desinteresado que he visto. Y esas otras mujeres bien podrían tener su propia Renée en su casa. Llegamos al final del pasillo y Gabe llamó a la puerta. Una voz gritó para que entremos, pero cuando Gabe se giró indicándome la entrada, me entró el pánico. Iba a comenzar a hiperventilar por completo de un momento a otro, lo juro. ––Cariño, mírame–– dijo Gabe, obligándome a mirarlo de frente. ––No tienes que entrar. Podemos dar la vuelta ahora y salir de este agujero del infierno. ––No, no podemos––, dije, fieros temblores atravesaban mi cuerpo sin importar cuanto tratara de estabilizar mis nervios. ––No puedo entrar contigo, estas por tu cuenta desde ahora –– dijo con una pizca de remordimiento y preocupación. Asentí comprendiendo sus palabras y agaché la cabeza para que no viera las lágrimas que empezaban a brotar de mis ojos. De repente Gabe me abrazó contra su pecho, prácticamente sacándome todo el aire de mis pulmones. ––Puedes hacerlo, Mierda, tal vez realmente vas a sacar algo de buen sexo de esto. Nunca se sabe. Don Juan podría estar del otro lado del espejo solo esperando quedar rendido a tus pies.


–– ¡Ja! Me resulta improbable–– me burlé y me las arreglé para sonreír un poco antes de soltarme de su fuerte abrazo. ––Voy a estar bien. Sólo asegúrate que ese imbécil que terminé conmigo siga nuestro acuerdo, o espero que tú envíes al FBI aquí con todas sus armas de fuego. ––Chica, eso tenlo por seguro, y tú sabes los dígitos, así que asegúrate de llamarme con informes de la situación o voy a ir a buscarte. Ahora tengo que volver a la barra antes de que pierda mi trabajo y la información interna sobre ti. Pero recuerda te amo muchísimo, perra, ––dijo, besando mi mejilla. ––Acábalos, Bellita frijolito–– Y luego dándome un manotazo en el trasero, se alejó. ––Yo también te amo, Gabe––, le dije en voz baja, porque ya estaba lejos como para oírlo. Me volví hacia la puerta, mentalizándome para girar la perilla, antes de que perdiera el valor y retrocediera. En el segundo que la abrí quise cerrarla de nuevo y salir huyendo. Justo frente a mí estaba un hombre de largo y grasiento cabello rubio sujetado hacia atrás en una cola de caballo, y embestía sin piedad con sus caderas por detrás a una pobre sollozante chica. Sus pantalones estaban alrededor de sus tobillos, con la camisa aún puesta y él gruñendo con cada embestida de sus caderas contra el culo de la mujer mientras la sujetaba con rudeza del cabello. Desagradable proxeneta chupasangre… ––Esto va a tomar... sólo un minuto––, gruñó, sin molestarse siquiera en dejar de follar a la mujer. Con una última embestida, echó la cabeza hacia atrás y gruñó algunas indescifrables malas palabras. La chica sollozaba incontrolablemente y se frotó la cabeza donde él la había tenido sujetada. James sólo se rio de ella mientras se subía los pantalones y yo quería hacer el salto del *Hidden Dragon, Crouching Tiger (*) y arrancarle sus malditos ojos. Cuando su respiración se normalizó, golpeó a la chica en el culo y le dijo: –– ¡Fuera, Bree! Y no te molestes en regresar por aquí rogando por dinero. Tu coño ya no es lo suficientemente bueno para usarlo como prenda–– La muchacha se puso de pie y se apresuró a recoger la ropa antes de salir como un ciervo desnudo veloz por la puerta corriendo por mi costado con la cabeza agachada, pude ver el rímel negro manchando su rostro y la mirada de vergüenza en sus ojos. Esa no voy a ser yo. Esa no voy a ser yo. Me repetía una y otra vez. Me volví hacía James, horrorizada por lo que acababa de presenciar, y más aún porque no parecía molestarle en lo más mínimo mi presencia. –– ¡Eres asqueroso! ––Dije mirándolo con desprecio, ni siquiera avergonzada por el hecho que él estaba retirando el condón de su miembro, lanzándolo a tacho de basura antes de meter su pene en sus pantalones en frente de mí.


–– ¿Yo soy desagradable?–– Comenzó, elevando su voz una octava mirándome con incredulidad. –– ¿Estás a punto de venderte al mejor postor, y yo soy el desagradable? Eso es muy gracioso––, se burló, luego tomó un cigarrillo de su escritorio y lo encendió. No tenía intención de explicarle la diferencia entre lo que el hizo y lo que yo estaba haciendo. No hay comparación. Yo lo hacía para salvar la vida de mi madre y él lo hace por codicia y falta completa de moral. Caso cerrado. –– ¿Podremos solo discutir los términos de mi contrato, por favor?–– dije suspirando, manteniendo mi distancia de él. No confiaba en él, y tenía buenas razones. Porque en serio, ¿Cómo se puede confiar alguien en un canalla como él? Si tuviera otras alternativas, ciertamente no estaría sentada aquí en este momento. ––De acuerdo–– dijo él, sentándose en su escritorio y abriendo una carpeta manila con mi nombre escrito en letras mayúsculas color negro en la parte superior. ––Personalmente puedo garantizar que la clientela de esta noche no tendrá ningún problema con la discreción. De hecho, es casi un pre-requisito por parte de ellos. Ellos son los grandes basquetbolistas, la liga élite de caballeros... los seres sin sentido con tanto dinero que no saben que hacer con él. La razón de estar interesados en el tipo de mercancía que comercializo es asunto de ellos, yo no me entrometo, siempre y cuando me paguen mucho dinero. El único consuelo que tenía en aceptar esto, aparte del hecho que salvaría la vida de mi madre, era que yo conocía a alguien con las mañas suficientes que garantizarían el pago requerido, para asegurarme de que mi mamá tuviera la cirugía que necesitaba y mantenga su boca cerrada al respecto en el proceso. Nadie con ese dinero quisiera que el mundo supiera que están involucrados en una sórdida operación como ésta. Y ciertamente yo no quería que mis padres averiguaran sobre lo que estaba haciendo. El solo enterarse de esto sería suficiente para enviarlos a sus tumbas, negándose totalmente a lo que estaba haciendo por ellos. El otro beneficio era que afortunadamente nadie quien pueda darse este lujo, sería lo suficientemente distinguido como para no hacer de mi vida un total infierno, No soy ingenua. Sé que por ahí hay algunas personas retorcidas, con algunos fetiches enfermizos, sin embargo mantenía las esperanzas. –– ¿Supongo que todavía estás de acuerdo con mi parte del veinte por ciento?–– preguntó, revolviendo los papeles. ––Um, buen intento. El acuerdo fue de un diez por ciento–– dije nada divertida porque intentaba timarme. ––Correcto, correcto. Diez por ciento. Eso es lo que quise decir–– dijo, dándome un guiño que me puso la piel de gallina. Luego empujó el contrato sobre la mesa y me entregó una pluma. ––Solo tienes que firmar aquí... y aquí. Garabateé mi desordenada firma en las líneas donde me indicó, plenamente consciente de que estaba firmando para renunciar a los próximos cinco años de mi vida. Pero, de nuevo, era un pequeño precio a pagar.


Poco después, me llevó a otra habitación, donde me indicó que me desvistiera y me ponga la pieza más degradante que he visto en mi vida, un bikini de estopilla (**). Realmente no dejaba nada a la imaginación en lo absoluto, lo que realmente era el punto clave en este tipo de subasta. Los hombres querían ver lo que estaban pagando por valores tan elevado. Lo entendía, pero no me hacía sentir menos expuesta y vulnerable. Después de eso, James sujetó el número de la suerte, el 69 a mi estómago, exagerando sus movimientos para rozar con sus pegajosos dedos sobre uno de mis pechos, mientras la otra mano la movía hacía abajo más de lo necesario según ––Quitando las arrugas del cartel. –– Juro que un segundo más y le daría una patada en sus testículos, probablemente asegurándole unos días libres a algunas inocentes niñas. Al menos por unos cuantos días. Una parte de mí deseaba que intensase otro roce sin mi consentimiento. Mantuve mi cabeza en alto mientras me unía a las otras mujeres en frente del espejo de dos vías. Lo que más aterraba era este momento, donde solo Dios sabe quién, o qué, al otro lado del espejo me veía, y yo no podía verlos. Lo que podía ver era mi reflejo. De ninguna manera soy vanidosa, pero tenía que admitir que me veía muy bien comparada con las otras mujeres. Nunca me he considerado extremadamente hermosa, pero lucía bastante decente. Mi cabello era largo y grueso. Mis ojos no eran nada especial, claro marrón, pero alguna vez estuvieron llenos de vida. Eso fue antes de que la enfermedad de mi madre empeorara. No era espectacular en lo que a mi cuerpo se refiere, pero no estaba demasiado gorda o demasiado flaca y tenía curvas en lo que yo siempre pensé que eran los lugares correctos. En definitiva, no estaba mal. Una por una, las mujeres retiraban de la sala y al principio, yo pensaba que significaba que estaban siendo elegidas en lugar de mí y en cierto modo me sentía como el niño gordo en la clase de gimnasia que era siempre el último en ser elegido. Pero llamaron a mi número y me dirigí hacia la misma puerta negra por donde había visto a las demás pasar antes de mí. Una vez que entré, me guiaron al centro de la habitación. Todo a mi alrededor, eran pequeñas habitaciones con paredes de cristal. En cada una había una mesa iluminada por una lámpara de luz tenue, con un teléfono y una silla con un ocupante en el interior. El primer cuarto estaba ocupado por un jeque con gafas de sol oscuras, un turbante blanco y de traje. Dos de las mujeres que habían estado en el pasillo conmigo, estaban ahora a su lado, colmándolo de besos mientras le frotaban la entrepierna y el pecho. Yo desvié mi atención de la escena avergonzada, sólo para encontrarme con el hombre de la otra habitación. Éste era enorme, grande como una gigantesca casa. Me recordó bastante a Jabba el Hutt (personaje de Star Wars) y de inmediato la imagen de la Princesa Leia encadenada a su lado cruzo por mi mente y un escalofrío recorrió mi espalda. Creo que incluso se me vinieron las nauseas. Nunca me había imaginado como la Princesa Leia cuando era pequeña y desde luego no iba a empezar ahora. En el cuarto de a lado, había un hombrecito asiático con dos enormes guardaespaldas a su lado. Sus manos estaban cruzadas delante de ellos, y me imaginé que probablemente eso es lo más relajados que podrían estar. El pequeño hombre tenía las piernas cruzadas, todo


delicado y estaba bebiendo algún tipo de bebida con sabor a fruta con un paragua que sobresaliendo del vaso. Su chaqueta blanca colgaba de manera casual sobre sus hombros, como si fuera demasiado genial para ponérsela. Supongo que Gabe era más su tipo. No puedo imaginarlo tan perverso para que este en metido en esto. Probablemente está aquí para conseguir unas lindas chicas jóvenes para mantener las apariencias en público, mientras en secreto se escabulle por la puerta trasera de alguien… literalmente Ya sal del closet, hombrecito. Miré hacia el último cuarto y suspiré para mis adentros cuando vi que la luz estaba apagada. Al parecer, quien había estado ahí ya había hecho su selección y se había marchado, lo que no me dio muchas esperanzas con el surtido restante. Vamos, hombrecito gay. Y entonces una pequeña luz naranja parpadeaba en el cuarto oscuro, como el fuego en el extremo de un cigarrillo recién calado. Miré de cerca y apenas podía distinguir las líneas de un cuerpo sentado casualmente en la silla. La figura se inclinó hacia delante un poco para reajustar su posición, concediéndome una mejor visión de él, pero no lo suficiente como para distinguir nada. ––Señores–– dijo James dando un aplauso mientras se parada detrás de mí. ––Esta es la adorable, Isabella Swan, el artículo número 69 en nuestra lista de esta noche. Creo que tienen todas sus especificaciones, pero permítanme destacar algunos de sus mejores atributos. En primer lugar, ella ha venido a nosotros por su propia voluntad, por lo que no tendrán que preocuparse de que intente huir de ustedes. Obviamente, no luce tan mal, lo que puede facilitarle la vida muchísimo a aquellos de ustedes que necesitan pareja para asistir a eventos sociales. Es joven, pero no demasiado joven, por lo que para sus amigos y familiares les resultará más creíble que ustedes tengan una relación tradicional, si este tipo de cosas son importantes para ustedes. Ella es educada y de buenos modales, tiene todos sus dientes y se encuentra en buen estado de salud. Y, no deben preocuparse por problemas de drogas, lo que significa que no hay período de desintoxicación que los detenga de hacer lo que realmente quieran hacer a ella y con ella. Y probablemente el atractivo más valioso de todo es que su inocencia está todavía completamente intacta. Esto, mis distinguidos caballeros, es una virgen grado A, inmaculada, casta... pura como nieve recién caída, perfecta para entrenar, ¿no? Dicho esto, vamos a iniciar la puja en 500.000 dólares y que gane el bastardo más afortunado ––, dijo James con una enorme falsa sonrisa, se volteó y me guiñó el ojo mientras se parada a un lado. La plataforma en la que yo estaba en el centro de la habitación empezó a moverse, y aunque no era exactamente a toda velocidad, me tomó desprevenida y por poco tropiezo antes de recuperar mi equilibrio. Di vueltas y vueltas, mientras que el empezaba la subasta. No había el sonido audible de voces, sólo un zumbido ocasional cuando la luz sobre una de las puertas se iluminaban. Podía ver a los hombres levantar el teléfono al lado de ellos y hablar por el auricular antes que la luz se apagara, así que pensé que este era su método de colocación de las ofertas.


No tenía idea en cuanto iban las ofertas hasta en ese momento. Sólo esperaba que terminara con lo suficiente para pagar la cirugía de Renée. Después de un rato, el jeque y el pequeño chico gay oriental se retiraron, dejando a Jabba el Hutt y al hombre misterioso darse guerra. Obvio, no tenía idea de cómo lucía el hombre misterioso, pero debía ser mejor hombre que tener que ahogarme en una piscina de sudor de Jabba el Hutt. La puja entre los dos poco a poco comenzó a menguar y yo estaba cada vez más mareada de dar vueltas en la plataforma. La verdad, sólo quería que se acabara con lo que yo sé que sería mi destino y poder empezar a lidiar con toda esta mierda. En secreto, todavía hacía campaña por el hombre misterioso, pese a que me cagaba del miedo. La luz de Jabba el Hutt fue la última en encenderse y sabía que era el turno del hombre misterioso, pero él no respondía a la oferta. Empecé a entrar en pánico cuando James volvió a la habitación y se puso a mi lado. Sonrió a Jabba para luego lanzar una mirada interrogante en dirección del hombre misterioso. Sabía que sería obvio por la expresión de mis ojos que estaba rogando por él y no tenía idea si haría una diferencia de mierda en él, pero tenía que intentarlo. Los segundos pasaban agónicamente lento. Todo parecía moverse en cámara lenta, de hecho, y me sentía aturdida y mareada. Sabía que me iba a desmayar en cualquier momento si no recibía el oxígeno necesario para mi cerebro, pero estaba conteniendo la respiración, rezando para que el hombre misterioso venga por mí y que no me arrepienta de desear que él sea el ganador. ––Parece que tenemos un ganador–– James comenzó, pero repentinamente se detuvo en seco cuando la luz del cuarto del hombre misterioso se iluminó y sonó el timbre. Respiré el aire que necesitaba, sintiendo un hormigueo en mi cerebro con una vigorizante sensación. Alcé de golpe la cabeza hacía Jabba el Hutt y suspiré aliviada cuando él negó con la cabeza y agitó la mano con desdén en el aire antes de luchar por salir de su silla y apagar la luz de la mesa. ––Tiene nuevo dueño, Srta. Swan–– me susurró James un poco, demasiado, cerca de mi oído. –– ¿Por qué no te vas hacía allá y conoces a tu amo? ––No lo voy a llamar Amo––, dije furiosa, lo suficientemente alto para que sólo él me oiga, mientras me bajaba de la plataforma. ––Lo llamarás como él quiera que lo llames si quieres recibir nada más y nada menos que el millón que acaba de pagar por tu candente pequeño trasero––, replicó él, agarrándome el codo y guiándome hacia la habitación del hombre misterioso ––Bueno, novecientos de los grandes, descontando mi parte por supuesto. –– ¿Él pagó un millón de dólares por mí?–– Pregunté, sorprendida. Traté de tirar el codo fuera de su control, porque maltratarme no era parte del acuerdo y realmente me estaba molestando. Sin embargo, él me agarró de nuevo, esta vez más firme, y me llevó hacia delante. –– ¿Qué? ¿No es suficiente? Eres una pequeña cosa codiciosa ¿no es verdad?–– afirmó más que preguntar.


Entonces abrió la puerta de cristal de la habitación del hombre misterioso y me escoltó dentro, sin darme oportunidad de responder. El olor del humo de los cigarrillos atacó mi sentido del olfato, pero extrañamente, no fue repulsivo para mí. ––La señorita Isabella Swan–– James me presentó a la sombra aún envuelta en la oscuridad. ––Felicitaciones por su triunfo, Sr. Cullen. Tengo la sensación de que ella valdrá cada centavo. ––Envíe el contrato a mi domicilio–– dijo una profunda y sensual voz desde las sombras. La colilla en el extremo de su cigarro ardía de nuevo, e iluminó levemente su rostro antes de desaparecer de nuevo. ––Y saca tus manos de mi propiedad por el amor de Dios. No estoy pagando por bienes dañados. James me soltó inmediatamente y me froté en la parte posterior de mi brazo, sabiendo que iba a aparecer un moretón por la mañana. ––Como usted desee––, dijo James, haciendo una reverencia sin contemplaciones. –– Tómese su tiempo en el cuarto, pero tenga cuidado, ella es una luchadora. James bramó con una desagradable risa que me puso la piel de gallina y luego se retiró de la habitación, dejándome a solas con el hombre al que pertenecería por los próximos cinco años de mi vida. No estaba realmente segura de lo que tenía que hacer, así que me quedé allí torpemente. Justo cuando pensé que él podría estar planeando quedarnos ahí por los próximos cinco años, finalmente suspiró y hecho la colilla de su cigarrillo. La luz de repente se encendió, cegándome por un momento porque mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Cuando se ha ajustaron de nuevo, lo miré. Mi estómago dio un vuelco y juro que mi corazón se saltó uno... o dos... tal vez tres latidos. Él era guapísimo, no me lo esperaba en lo absoluto. Y era difícil no evitar comérmelo con los ojos. Él simplemente se sentó ahí sonriendo con suficiencia mientras yo asimilaba su presencia. Estaba vestido en un trabaje negro Armani hecho a la media, negro entero. No llevaba corbata y los botones de la parte superior de la camisa desabrochada mostrando su clavícula, vi un poco de su pecho torneado sin vellos. Finalmente mis ojos siguieron a los apretados tendones de su cuello a su prominente mandíbula, sombreada por el comienzo de bien arreglada barba. Sus labios eran suculentos y con un perfecto tono rosa oscuro, la nariz recta y perfecta y sus ojos... Dios mío, los ojos... Nunca había visto un verde tan intenso, o un hombre con las pestañas tan largas. Cabello castaño oscuro alborotado en diferentes direcciones en la parte superior de su cabeza, llegué a la conclusión que probablemente yo no había sido la única compra de la noche, porque alguien sin duda, había definitivamente enredado sus dedos en aquellos mechones de seda.


Como si leyera mi mente, él levantó la mano y pasó sus largos dedos por ese desorden. Ya sea fastidiado porque me lo comía con los ojos o por costumbre, no tenía ni idea, aun así era condenadamente sexy. Me comencé a preguntar por qué alguien como él, tendría que ir al extremo de comprar compañía cuando, obviamente, podría tener a quien él quisiera. Pero entonces, él abrió la boca y me recordó que no se trataba de ningún encuentro de cuento de hadas y se esperaban cosas por mi parte, cosas que tenía que hacer sin importar si quisiera o no. ––Bueno, vamos a ver si realmente vales la pena––, dijo con un suspiro mientras se desabrochaba los pantalones y sacaba su enorme polla. Lo miré aturdida, porque no esperaba que él quisiese que perdiera mi virginidad en un nido de ratas como este. Quiero decir, sé que soy su propiedad ahora, pero... ¿Aquí? ––De rodillas, Isabella. O el acuerdo se termina y puedes irte a casa con el culo de manteca de cerdo de la otra habitación. Parecía que realmente le interesabas––, dijo con una sonrisa sexy mientras se acariciaba su glorioso pene con una mano. ––Ahora, muéstrame tu agradecimiento. Problema número uno... En toda mi vida, nunca le había dado una mamada a alguien.

*. N/t es una secuencia de técnicas de artes marciales con saltos y patadas al aire ** Tela muy delgada de gasa de algodón muy delgada, casi transparente

Capítulo 2: ––Contener reflejo nauseoso––

––Isabella… me estas haciendo perder el tiempo, y al parecer mi dinero. –– ¿Usted quiere qué... aquí? ¿Ahora?–– Le pregunté con nerviosismo. –– ¿No fui claro?–– preguntó el hombre misterioso con una ceja levantada. Me incliné de rodillas delante de él y me tragué el nudo que se había ido formando en mi garganta. Se había hecho vital el que tomara respiraciones profundas para intentar controlar mis nervios y no vomitarle en su regazo. Algo que probablemente no se vería nada bien. ––Ponga mi polla en su boca, señorita Swan––, suspiró fastidiado. ¡A la mierda! No hay mejor tiempo que el presente para aprender, ¿Verdad? Me incliné hacia adelante y tomé su polla en mis manos, notando que ni siquiera podía rodearla entera con mi mano. Estoy segura de que parecía una estúpida, estudiando su longitud, tratando de averiguar la mejor manera de ir haciendo esto.


Había una mancha de algo húmedo en la punta, y no estaba realmente segura de lo que se suponía que debía hacer al respecto. Entonces, abrí mi boca y la lamí con la punta de mi lengua. Le oí sisear minuciosamente y tomé aquello como una señal de aliento. Sintiéndome más envalentonada, envolví mis labios alrededor de la cabeza y le di una pequeña succión. Entonces abrí de manera más amplía mi boca y tomé lo que más pude dentro de mí, lo cual no era mucho. Como les dije, el hijo de puta era enorme. Estaba casi segura de que se me iba a desencajar seriamente la mandíbula ––Vamos, puedes hacer más que eso ––, me desafió. Presioné hasta que la cabeza de su polla golpeó la parte trasera de mi garganta y pensé que las esquinas de mi boca se iban a partir por estar tan abiertas. Esto hubiera sido más fácil si yo fuera una de esas serpientes que desencajan sus mandíbulas para tragar a su presa. Y ahí, fue cuando en verdad empecé a rezar para que no me fuera a dislocar la mandíbula. Lo retiré y volví a meter de nuevo, pero esta vez, creo que mi reflejo nauseoso decidió que no iba a cooperar. Cuando involuntariamente sentí arcadas, se desató una cadena de reacciones. En mi prisa para sofocar las nauseas y no vomitarle por todo el cuerpo, mis dientes mordieron un poco la sensible piel de su pene, que lo hizo gruñir de dolor, luego me empujó lejos y prácticamente se arrastró hasta la parte posterior de su silla para alejarse de mí y mi boca asesina. –– ¡Maldita sea!–– gritó y luego comenzó a inspeccionar su polla. Ni siquiera le había roto la piel, al bebe grande. ––Tienes que estar chingándome ¿Siquiera alguna vez has mamado un pene?–– preguntó, las facciones de su rostro estaban empañadas de ira. Incluso con el ceño fruncido aún era hermoso. ––Porque esa sin duda es definitivamente la peor mamada que me han dado. ¿Así que ahora él es el Simon Cowell de las mamadas? Joder, como lo odio. ––Lo siento. Yo nunca... –– ¿Nunca has dado una mamada?–– preguntó con incredulidad. Negué con la cabeza. –– ¡Cristo Jesús!–– murmuró mientras se pasaba las manos por la cara y respiraba hondo. Su falta de sensibilidad a la situación, o tal vez su hipersensibilidad a esta, me hizo reaccionar. A pesar de que sabía que probablemente debería mantener la boca cerrada, porque seamos sinceros, él ahora puede hacer lo que él quiera conmigo. Pero, yo no podía soportarlo... así que dije todo lo que tenía que decir. ––Será que no soy del tipo de chicas que va por ahí, empujando pollas en su boca todo el día, y lo siento si he hecho daño a su pene, pero aunque yo tuviera bastante experiencia en este tipo de cosas, yo... simplemente no hay ninguna condenada manera que alguien pueda embutir tan monumental pieza por su garganta. Por lo tanto, tal vez usted es el fenómeno de la naturaleza ¿Alguna vez se ha detenido a pensar aquello? Usted y su colosal y gloriosa polla pueden Besar. Mi. Culo –– Grité con tanto énfasis como pude.


Yo y el no existente filtro de mi cerebro habían obviamente contraído un espantoso caso de verborrea y probablemente estaba por perder el contrato y arruinar todo. Él se sentó allí y se me quedó mirando durante un par de minutos, su rostro contrayéndose del asombro, luego pasó a la ira y luego miró confundido y tal vez un poco constipado. Abrió y cerró la boca un par de veces, a punto de decir algo y luego pareció cambiar de opinión al respecto. Otro momento pasó mientras volteó la cabeza hacia un lado y luego de nuevo a mí. –– ¿Así que, lo que estás diciendo es que crees que tengo una gran polla, y podría ser considerada del tipo espectacular?–– preguntó con una mirada de suficiencia en su rostro. Me puse de pie y crucé los brazos sobre mi pecho, completamente mortificada por la vergüenza, porque, sí, supongo que es lo que estaba diciendo. Pero no hay una maldita manera de que fuera a admitirlo por segunda vez. –– ¿Tienes algún tipo de experiencia sexual?–– Me preguntó. Una vez más, negué con la cabeza. Él suspiró y pasó sus dedos por su pelo de nuevo. Parecía que estuviera a miles de millones de distancia, estaba distraído, probablemente pensando si se iba o no a quedar conmigo. Y entonces por fin metió su polla dentro de su pantalón y se puso de pie, imponente delante de mí. ––Vamos. –– ¿A dónde vamos?–– Pregunté, lista para rogarle que no me venda a Jabba el Hutt. ––Nos vamos a casa––, fue su breve respuesta. –– ¿No está molesto?–– Pregunté, tropezando con mis pies y corriendo para alcanzarlo con sus largas zancadas mientras salía furioso por la puerta. ––Oh, estoy extremadamente molesto, pero estoy realmente tratando de no estarlo––, dijo, sin siquiera darse vuelta a mirarme mientras seguía por el pasillo. ––Supongo que si miro el lado bueno de las cosas, esto significa que puedo entrenarte para hacerla las cosas de la manera que me gustan. Pero en este momento, la tengo dura y del tamaño de California y no estoy encantado al respecto. ¿Dónde están tus cosas? ––En alguna de las habitaciones en el pasillo––, suspiré. No nos dirigimos una palabra el uno al otro a medida que cruzábamos a través del pasillo hasta el cuarto donde me había cambiado de ropa y dejado mis cosas incluyendo mi celular, gracias a Dios. Se quedó fuera de la puerta y esperó a que me pusiera de nuevo mi camiseta sin mangas y una falda. Me saqué los harapos que se suponen que eran el atuendo para entrar en este condenado nido de ratas. Una vez cambiada y sintiéndome menos expuesta, me llevó de nuevo a la entrada del club, que supuse era solamente para este tipo de invitados. Cuando llegamos al estacionamiento, el hombre misterioso se acercó a una limosina donde un hombre de baja estatura y cabello rubio que vestía un traje negro y sombrero de conductor estaba de pie en la puerta.


––Sr. Cullen–– el hombre lo saludó, moviendo la cabeza y con un rostro inexpresivo mientras abría la puerta de atrás. ––Riley––, lo saludó y a su vez puso su mano en la parte baja de mi espalda y me hizo pasar en su interior. ––Estaremos de regreso a casa para la noche. ––Sí, señor–– dijo el conductor mientras el Sr. Cullen, también conocido como El hombre misterioso, entró en el gran asiento trasero de la limusina y se deslizó junto a mí. Como si no hubiera un montón de espacio. ¿Has oído hablar del espacio personal, amigo? En cuestión de segundos el coche se movía por las calles de Seattle. El Sr. Cullen exhaló un profundo suspiro y se movió en el asiento mientras tiraba de su entrepierna. Supongo que California todavía causaba furor. Me sonreí a mí misma porque realmente me importaba una mierda si él estaba incómodo. –– ¿Vives en Seattle?–– preguntó, rompiendo el silencio. ––No, Forks, –– fue mi breve respuesta. Miré por la ventana, observando las luces de la ciudad pasar. Las calles estaban llenas de gente feliz y despreocupada, que parecía no importarles el mundo. Supuse que en circunstancias diferentes, y si el mundo no me odiara a mí y mi familia, yo hubiera podido estar igual que cualquiera de ellos. Pero, por así decirlo, este no era el caso. –– ¿Por qué haces esto, Isabella?–– preguntó. Yo no estaba preparada para revelarle a él esa información, y ciertamente no era parte de mi contrato. Preferiría no ser tan personal con el hombre que acababa de comprarme como su propiedad. –– ¿Por qué lo hace usted?–– repliqué. Al parecer, el filtro de mi cerebro no estaba funcionando bien. Frunció el ceño nuevamente, y una parte de mí lamentó haberme puesto listilla con él considerando todas las formas en las que él podría castigarme... pero, sólo una parte de mí. ––Te das cuenta que ahora me perteneces, ¿verdad? Harías bien en recordar tu lugar. No soy una persona cruel por naturaleza, pero tu insolencia y sarcástica actitud están poniendo a prueba mis límites––, advirtió con una severa mirada. Estoy segura que probablemente en ese momento parecía un gatito asustado, porque así era como me sentía. Pero, lo miré a los ojos de todos modos, mi orgullo no me permitía darle la espalda. O, tal vez era el miedo que me hacía tenerlo en la mira y estar pendiente de cualquier movimiento súbito. Lo más probable era el hecho de que el hombre era realmente un hermoso espécimen y maldije mi lado femenino en ese momento por ser tan débil. ––Mira, sé que probablemente esta no es la situación ideal para ti, y probablemente tienes sus razones, al igual que yo tengo las mías ––, comenzó. ––Pero la verdad es que estamos


unidos por lo que duren los próximos cinco años, por lo que quizás sería mucho más fácil para ambos si al menos tratáramos de llevarnos bien. No quiero pelear a cada rato contigo. No voy a pelear. Harás lo que yo digo, y eso es todo. Si no quieres decirme sobre tu vida personal antes de mí, está bien. No voy a preguntar. Pero, tú me perteneces y no voy a tolerar insubordinación, Isabella. ¿Me entiendes? ––Sí, lo entiendo–– dije entrecerrando los ojos y con los dientes apretados. ––Voy a hacer lo que diga, pero no espere que lo disfrute. Él puso una sonrisa maliciosa en su rostro y luego coloco su mano en mi muslo desnudo. Lentamente, comenzó a acariciar mi piel con la punta de sus dedos apenas rozando más alto y debajo de mi falda. Se inclinó hacia mí hasta que pude sentir su caliente aliento bañar mi cuello, se me puso la piel de gallina por la sensación. ––Oh, creo que verdaderamente lo vas a disfrutar, Isabella, –– su voz ronca sopló en mi oído. Apretó sus labios en el punto justo debajo de la oreja, lo besó con la boca abierta mientras sus largos dedos apenas presionaban en mi centro. Mi estúpido y traidor cuerpo respondió y me convertí en masilla en sus expertas manos. Incluso creo que un suave quejido se escapó de mis labios cuando él se alejó abruptamente. ––Oh, hogar, dulce hogar––, dijo cuando el coche se detuvo. Yo temblaba de la neblina inducida por mi hombre misterioso y miré por los cristales tintados. La casa no era ni siquiera una casa. Era enorme, sin duda, una mansión. Juro que podría caber dentro una ciudad entera. Si no lo hubiera conocido a fondo, podría haber dicho que él estaba tratando de recompensar su falta de, pero no… obviamente eso no era para nada cierto. El Sr. Cullen - Dios, odio referirme a él de esa manera - salió de la limusina y me tendió la mano para ayudarme. Rechacé su oferta y salí por mi cuenta. El camino era de ladrillo, con una enorme y circular fuente de piedra y agua en el centro que se iluminaba con suaves luces blancas. Chorros de agua se disparaban y llovían en una piscina de cristal. Cuando me volví a mirar el resto de mi entorno, noté el perfecto césped recién cortado y arbustos ornamentales que se habían esculpido en forma de leones. Por Dios, ¿Acaso ––Edward, el hombre manos de tijeras–– vive aquí, o qué? ––Por aquí, señorita––, dijo Riley, tomando la maleta de mis manos y llamando mi atención para que lo siguiera a la casa. Estatuas de cemento en forma de leones adornan los postes de cada lado del camino que llevaba al porche. Cada uno tenía una de sus patas en posición de ataque y sus bocas estarían para siempre moldeadas para gruñir. Podría jurar que hasta escuché un leve rugido, pero estoy bien segura que no estaban vivos. Altas columnas blancas bordeaban la entrada de la casa y se extendía desde el descomunal porche hasta la segunda estancia. Riley empujó las puertas de doble cara para abrirlas lo


que nos permitió dar un paso en el interior y el hombre misterioso hizo un gesto con el brazo para que siguiera por delante de él. Los pisos eran de mármol, los techos altos y en forma de cúpula. Pero lo que realmente me llamó la atención fue la escalera. Estaba en medio de la habitación y se extendía hasta un descanso en la parte superior antes de dividirse en otras dos escaleras que te guiaban por direcciones opuestas de la casa. Parecía una de esas tarimas, donde la princesa aparece en la parte superior del descanso de la escalera y espera ser anunciada a la intimidada multitud de abajo, antes de que ella descienda con gracia y de la bienvenida a sus invitados. Vean, ¿Yo? Probablemente me tropezaría y caería al primer paso, mi cuerpo quedaría doblado como una bola mientras ruedo hacía abajo y aterrizó con un ruido sordo en la parte inferior. Y no sería para nada agraciado. –– ¿Qué te parece?–– preguntó el hombre misterioso, mientras señalada el enorme cuarto con sus brazos bien abiertos. Obviamente él estaba orgulloso de su casa. ––Bah, está bien. Si usted es del tipo que les gustan las cosas pretensiosas y snob, –– dije con un gesto de aburrimiento. La verdad es que estaba impresionada. Muy impresionada. ––Yo heredé la casa. Y no soy un snob––, dijo con un tono ofendido––.Vamos, subamos las escaleras, para que te pongas cómoda y podamos dormir algo. Ha sido un largo día, y tengo la sensación de que va a ser mucho más largo mañana y probablemente cada día por los siguiente cinco años de mi vida. –– Se volvió y empezó a subir las escaleras, dejándome seguirlo atrás de él de nuevo. ––Parece que estamos de acuerdo en algo, Sr. Cullen–– dije. Se detuvo de manera abrupta y se volvió hacia mí con una mirada de fastidio en los ojos. ––Es Edward–– dijo en un tono solemne y luego siguió subiendo por las escaleras. ––Solo los empleados me llaman Sr. Cullen. ––Bueno, ¿Y yo no soy una empleada? Usted está pagándome por estar aquí tanto como lo hace con ellos––, lo desafié. ––Créeme, a ellos nos les pago ni cerca de lo mucho que estoy pagándote a ti––, se burló y luego se volvió en el descanso para subir la escalera de la derecha. ––Tú serás mi compañía más cercana y permanente por los próximos cinco años. La gente necesitará creer que lo de nosotros es auténtico. No parece que fuera a suceder si vas por ahí llamándome Sr. Cullen. ––Muy bien entonces, Edward, ––dije, probando el sonido de la misma. –– ¿Cuál es mi habitación?–– pregunté al llegar a un largo pasillo adornado con importantes cuadros en las paredes. ––Nosotros estamos al final del pasillo––, dijo, avanzando delante de mí.


––Espera. ¿Nosotros? ––Tú vas a compartir mi cama, Isabella. ¿Cuál es el punto que no está claro para ti? ––Pero, ni siquiera hemos analizado los términos del contrato, Edward, –– dije, mientras él abría la puerta al final del pasillo y yo lo seguía a través. Tan pronto como pasé por la puerta, él la cerró y me inmovilizó con su cuerpo. ––Los términos son bastante simples––, dijo mientras sus labios apenas rozaban la piel de mi cuello. ––Tú me perteneces por los siguientes cinco años para hacer contigo…lo que sea…que yo quiera. Llevó sus labios a los míos y me besó con firmeza, pero no le correspondí su beso. Sus movimientos se suavizaron y él apenas rozaba sus labios sobre los míos, tratando de hacerme responder. ––Bésame, Isabella–– suspiró mientras apretaba sus caderas a las mías. ––Podría gustarte. No fue porque pensé que podría tener razón, sino porque sabía que había estado presionando mi suerte con él y no parecía que él fuera a aguantar más mi mierda. Mi madre necesita de esa cirugía y estaba segura que seríamos mucho más íntimos a medida que pase el tiempo. Por lo tanto, podría bien aguantarme y darme por vencida. Inhalé de manera profunda, presionando el pecho contra el suyo, y luego separé mis labios y tomé su labio inferior entre los míos. Él gimió agradecido y reacomodándose para que su muslo estuviera entre mis piernas, sus manos en mis caderas y su cabeza inclinada hacia un lado para un mejor acceso. Le dejé profundizar el beso cuando su lengua recorrió mi labio inferior, y no creo que algún día viviera para arrepentirme de eso. No es como si hubiera besado muchos chicos o fuera una experta en esto, pero las cosas que este hombre estaba haciendo con su lengua... Moví mis brazos para colocar mis manos en su bíceps, sentí sus corpulentos músculos flexionarse debajo de su chaqueta. Quería estar más cerca, y pensé que en realidad él podría apreciar el que yo tomé algo de iniciativa, así que moví mis manos por su pecho y justo debajo de la chaqueta. Luego las moví sobre sus hombros para que la chaqueta se deslice hacia abajo por sus brazos. Él la cogió con un brazo y lo colocó sobre el respaldo de la silla al lado de nosotros antes de tomar otra vez mis caderas y tirando de mí más cerca. Yo enredé mis manos alrededor de ambos lados de su cuello y envolví mi lengua alrededor de la suya, siempre con una suave succión. Gimió en mi boca y luego inesperadamente se apartó, y me dejó allí de pie con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia un lado, las manos todavía suspendidas en el aire y los labios fruncidos en el modo de besar. Fue algo así como ese momento incómodo en ––Dirty Dancing–– cuando Baby recién empieza de manera enrarecida a gozar del baile después de que Johnny se va y la deja sola en una habitación llena de extraños. Por favor, caderas... no se empiecen a sacudir solas.


––Viste, te dije que te gustaría––, sonrió satisfecho con una media sonrisa. ¿Cuan justo es que él pueda esta ahí de pie actuando como si no fuera nada del otro mundo mientras a mí estaba a punto de reventárseme un vaso sanguíneo, poniendo mi fuerza de voluntad para que mi cuerpo no empezará actuar de manera desquiciada? ¿Les he dicho que lo odio? Sí, Joder, realmente lo odio. ––No te preocupes, lo haremos un poco más, pero los negocios son primero que el placer– –, dijo, dando un par de pasos hacia atrás. ––Los términos del contrato... me aseguraré de que el dinero sea depositado en la cuenta que hayas especificado en dicho contrato, como un donante anónimo, como lo pediste. Espero que seas discreta sobre los detalles de nuestra relación, así como yo también lo seré. Para efectos y propósitos, mi familia y colegas creerán que nos conocimos en uno de mis muchos viajes de negocios y que estamos profundamente enamorados. Me acompañaras a varios eventos sociales, comportándote como la señorita de buenos modales que espero que seas. En mi casa, compartirás mi cama y estarás disponible para mí en cualquier manera física que yo te necesite... y debo advertirte que tengo buena imaginación. ¿Me ha faltado algo?–– Probablemente, pero mi cabeza seguía nadando por aquel beso y no podía pensar con claridad, así que me limité a asentir. ––Bien–– dijo mientras se recostaba en la cama de gran tamaño (estoy empezando a ver una tendencia aquí con todas las cosas de gran tamaño en torno a este hombre) y se apoyó a si mismo en sus codos. ––Ahora, quítate la ropa. –– ¿Disculpa?–– dije de manera prácticamente ahogada. ––Isabella, nos vamos a estar viendo muy a menudo el uno al otro desnudos. Por lo tanto podrías dejar a un lado un poco el pudor y la timidez––, dijo mientras me miraba de arriba a abajo y lamía sugestivamente sus labios. Sus ojos se encontraron con los míos y la expresión de esos penetrantes ojos verdes que vi mirándome casi me lleva a ponerme de rodillas. ––Tú me enseñas lo tuyo y yo te mostraré lo mío. Es un buen trato, ¿verdad? Quité mis zapatos mientras agarraba el dobladillo de mi camiseta para sacarla rápidamente por encima de mi cabeza. ––Más lento––, dijo con su voz ronca, deteniéndome –– ¿Qué? ¿Quisieras poner música también así puedo hacer todo el striptease para ti?–– dije rodando mis ojos. ––Ahora, lo entiendes––, dijo con un guiño, y luego se arrastró por encima de su cama y agarró el control remoto de la mesita de noche. Pulsó un botón y una música sensual empezó a sonar, realmente no sabía de dónde venía, ya que parecía venir de todas partes. ––No, yo... no puedo... quiero decir... no–– tartamudeaba. ––Sólo estoy bromeando––, dijo, volviéndose y regresando a su lugar en la cama


––Tal vez en otra ocasión. Dejé escapar un largo suspiro y deslicé la cremallera de la parte trasera de mi falda y la dejé caer al suelo y salí de ella. ––Alto ahí––. Se levantó de la cama y caminó hacia mí. Crucé un brazo sobre mi pecho y el otro sobre el estómago con timidez antes fijar mi mirada al piso. Caminó en círculos alrededor de mí y podía sentir sus ojos sobre mí por todo mi cuerpo. Y entonces sentí su toque mientras se detenía detrás de mí, presionando su pecho contra mi espalda, rozando el dorso de la yema de sus dedos bajo mis brazos hasta tomar mis manos entre las suyas y alejarlas de mi cuerpo. ––No te escondas de mí––, dijo con voz ronca con los labios bordeando toda la parte interior de mi cuello. Él se retiró un poco y dejó caer mis manos a los costados antes de acariciar a lo largo de mis brazos y sobre mis hombros para luego recorrer de nuevo mi espalda. No se detuvo hasta que llegó al broche de mi sujetador y antes de darme cuenta, lo había soltado. Deslizó sus dedos debajo de las tiras y lentamente las empujó por mis hombros hasta que cayeron de mis brazos, dejando al descubierto mis pechos para él. Podía sentir el calor de su cuerpo contra el mío otra vez, y su aliento caliente derramado sobre mi piel, exhaló suavemente. Dejó un rastro de besos con la boca abierta a lo largo de mi cuello y por encima de mi hombro, dejando un camino de fuego a su paso. Me estremecí, y estoy bastante segura de que eran sus caricias y no porque hacía frio. Mi cuerpo se calentó hasta el punto que pensé que podría explotar. Y entonces sentí sus manos en mis caderas. Sus dedos se metieron por debajo del elástico de mis bragas y empezó a empujarlas hacía abajo, muy lentamente. Me tensé, sin saber lo que debería hacer. ––Relájate. Yo sólo quiero verte. Toda–– dijo en un murmullo. Respiré hondo y traté de relajarme un poco. Aunque no era tan fácil hacerlo, porque como he dicho, el hombre es hermoso y otra vez, bajo circunstancias normales… yo estaría dispuesta para él. Entonces mis bragas estaban alrededor de mis tobillos. Me quedé allí desnuda, completamente en cueros, totalmente expuesta y vulnerable al hombre que me acababa de comprar para su placer personal. ––Ya está, no fue tan malo, ¿Verdad?–– preguntó. ––Mi turno. Puedes seguir dándome la espalda, o puedes voltear y mirar. Sabía lo que estaba haciendo. Él me estaba haciendo elegir. Sólo que en realidad no había mucho de donde escoger. Si me quedaba donde estaba, me vería como una niña asustada. Sin embargo, si volteaba y veía, sería como si yo quisiera esto tanto como él. Gana, ganar para él, maldito si lo hago, maldito si no lo hago para mí. Por lo tanto, voltee. Porque si yo iba a perder, entonces quería mi premio de consolación. Estoy pensando que un vistazo de bonchickawahwah (*) sería suficiente consuelo en este momento.


Él me dio esa molestosa sonrisa sexy de nuevo, obviamente feliz con mi decisión. Aquí entre nos, yo también lo estaba. Vi como poco a poco se desabrochó cada uno de los botones de su camisa con sus ágiles dedos. Eran gruesos y largos y bueno, mierda... os nombro dedos porntásticos (pornográficos + fantásticos). Sacudió sus hombros hacia atrás mientras, se deshacía de su camisa y revelando a una suertuda camiseta sin mangas. Ya era suficiente. Estaba aquí por una razón, ¿Verdad? Di un paso hacia adelante mientras él tomaba dobladillo de la camiseta y detuvo sus manos. Levantó una ceja cuestionándome, y yo imité su expresión, desafiándolo a detenerme. Pero, no lo hizo. Así que puse mis manos en sus caderas y rozando sus costados, tirando de la camiseta y arrastrándola quitándola por su largo torso. Edward levantó sus brazos y me permitió sacarla sobre su cabeza y arrojarla al piso. Bueno, traté de arrojarla al piso, pero él fue rápido y la tomó a la mitad del camino, tendiéndola elegantemente sobre el respaldar de la silla con su chaqueta y su camisa de vestir. Bueno... ¿Mucho OCD? (**) Antes de que siguiera él me volteé a ver de nuevo, mis manos estaban en su cinturón y tratando de soltarlo. Sin quitarlo, solté el botón de su pantalón y luego la cremallera. –– ¿Ansiosa?––Preguntó con una sonrisa socarrona. Mi única respuesta fue mirarlo directamente a los ojos y empujar su pantalón por sus caderas. Debajo del pantalón... ʻcrotchsplosiónʼ (entrepierna + explosión) provocada por unos ajustados bóxeres Calvin Klein... ajustados bóxeres rojos. Hazte a un lado Kellan Lutz, hay un nuevo jefe hongo en la ciudad. Ahora, sé que ya había visto su maravilloso pene… de cerca, pero hay algo en la manera en que un hombre llena su ropa interior que realmente me crispaba. Puedes ver lo justo, y con suficiente detalle lo que se esconde debajo, manteniendo al mismo tiempo un aire de misterio, una canasta de obsequios a la espera de ser desenvuelta, si quisieras. Así que, decidí dejar aquellos chicos malos en él y disfrutar del paisaje por un tiempo. Al parecer, Edward tenía una idea diferente, ya que enganchó sus pulgares en su pretina, manteniendo contacto visual conmigo todo el tiempo, y se los quitó. No fue hasta que tomó su desechada ropa interior y se volteó dándome la espalda que me permití chequearlo concienzudamente. Él caminó hasta una serie de puertas al otro lado de la habitación que asumo era el closet y yo deje recorrer mis ojos por sus fuertes brazos, bajar hasta su musculosa espalda, hasta su… Bueno, Hola, Sr. Nalgas Espectaculares (***) ––Me estas mirando el trasero, ¿no es así?–– preguntó sin volverse.


Rápidamente moví mi cabeza para mirar hacia otro lado antes de que en verdad me atrape. ––Um...para nada––, le respondí, con mi voz quebrada y forzándome a aclarar mi garganta. ––Uh-huh, seguro––, dijo al salir del closet (absolutamente nada que ver con la manera que Gabriel salió del closet) y cerró la puerta detrás de él. Se acercó a su chaqueta y cogió un paquete de Marlboro Lights y un encendedor del bolsillo interior y luego se acercó al sofá que se encontraba junto a la ventana y se sentó, todavía completamente desnudo. Yo no estaba segura de lo que tenía que hacer, así que me quedé allí y observando mientras él encendía un cigarrillo y dejaba el encendedor y el paquete de cigarrillos en la mesa junto a él. Me quedé ahí inmóvil, mirando sus labios hacerle el amor al cigarrillo inhalando nicotina. Se agachó y agarró su pene con la otra mano y empezó a acariciarlo mientras lamía sus labios, mirándome de arriba a abajo. ––Ven aquí––, dijo, tirando su cabeza hacia atrás indicándome que me acerque mientras exhalaba el humo del cigarrillo por sus fosas nasales. Dudé, mirando su polla endurecerse ante mis ojos. ––Es hora de tu primera lección–– dijo, mientras él continuaba acariciándose. ––Yo voy a enseñarte a chupar una polla, correctamente. Bueno, a la mierda. Me acerqué a él y me arrodillé entre sus piernas abiertas y esperé instrucciones. ––No me entendiste. Quiero que tú te sientes en el sofá––, dijo, apagando el cigarrillo en el cenicero de la mesa antes de tirar de mí para levantarme, tal como lo hizo él también. Me senté en el sofá y él estaba justo en frente de mí. Y quiero decir... justo en frente de mí. ––Ahora voy a follar tu boca, Isabella–– su voz era oscura y lujuriosa. ––Es la forma más sencilla que conozco para enseñarte. Una vez que veas lo que me gusta, debería ser más fácil para ti la próxima vez. Espero que seas de las que aprenden rápido. Tomó su pene en una mano y puso la otra en la parte posterior de mi cabeza, me instó hacia adelante hasta que la cabeza de su polla rozaba mis labios. ––Bésala. Y no tengas miedo de usar tu lengua. Dios, eso fue sexy. Separé mis labios y envolví mi lengua alrededor de la cabeza de su miembro, cerrando mis labios sobre este. ––Joder, se siente tan bien––, gimió. ––Sigue haciéndolo. Ahora succiona un poco. Yo aplané mi lengua hacía afuera y tomé toda la cabeza en mi boca, chupando como si fuera un chupete. Yo podía hacer esto, y escuchar sus instrucciones me hacía querer hacer un buen trabajo.


––Pon tu mano alrededor de la base y aprieta solo un poco. Hice lo que me dijo y lo sentí endurecerse aún más en mi boca. Él me empujó la cabeza hacia adelante por lo que tomé mucho más de él, mientras sus caderas seguían mis movimientos y luego se retiraba otra vez. ––Oh, Dios, sí. Justo así, –– gruñó y se empujó hasta el final en mi boca hasta que golpeó la parte trasera de mi garganta. No queriendo que haya una repetición de lo del club, moví mi mano hacía arriba para que no pueda ir más lejos. Él enrolló sus dedos en mi cabello en la parte posterior de mi cabeza y me movió lentamente hacia atrás y hacia adelante. Una vez que mi boca se había acostumbrado a su presencia, comenzó a moverse más rápido. La sala estaba en silencio, con la excepción de los húmedos sonidos de la succión que yo hacía y el ronco y profundo gemido que escapaba de su garganta mientras se veía a sí mismo follando mi boca. Apoyó un pie en el sofá mientras sus caderas bombeaban con su polla dentro y fuera de mi boca. Su ritmo se aceleró y comenzó a gruñir con cada embestida, lo que me hizo mojar como el infierno. Tenía miedo de arruinar su sofá. Gemí de la emoción de saber que él se sentía bien, deber haber sido algo bueno porqué él gimió a su vez y embistió con más fuerza. –– ¡Carajo! Lo sabía cuando vi esa follable boca tuya que serías buena en esto. Su voz era entrecortada y ronca, todavía estaba follando mi boca y yo quería que me tocara, porque maldición, él era un hijo de puta muy sexy. Cuanto él más gemía y gruñía e incluso rugía, más confianza que yo sentía. Sus bolas se movían hacía adelante y atrás y yo quería ver como se sentían. Así, llevé mi otra mano hacía arriba y las tomé delicadamente con mi puño. –– ¡Mierda, mierda, mierda! ––rugió. ––Vas a hacer que me corra. Realmente quería que lo hiciera, pero no tenía ni condenada idea de lo que sea que se suponía que debía hacer al respecto. ––Oh Dios...––, gruñó, follando mi boca más rápido. Sus dedos halaban mi pelo y tirando mi cabeza hacia adelante y luego de vuelta hacia atrás otra vez para seguir sus embestidas. Su agarre era tan fuerte que debería haberme lastimado, pero en realidad, eso solo me excitaba más. ––Vamos a ver si puedes tragar––, su voz ronca exhalado, y antes de que pudiera registrar lo que eso significaba, empujó profundamente en mi boca hasta tocar el fondo de mi garganta. Un gruñido gutural sonaba de su pecho y luego un líquido espeso y caliente se vertió en mi garganta. Casi me atraganto, hasta que mis instintos se hicieron presentes y empecé a tragar cada chorro. Ahora, no voy a tratar incluso de fingir lo maravilloso aquí. No voy a decir que sabía mejor que el chocolate o las frutitas Gushers, o alguna mierda por el estilo. Pero no era terrible tampoco. Muy espeso, muy caliente y bien salado. Y el sentido común me dice


que debería estar completamente disgustada, pero cuando noté lo que había recibido de él – este desconocido que acaba de pagar un millón de dólares par que le pertenezca como su propio esclava sexual personal y hacerme esto cuando él quiera – era tolerable. ––Ahora esto–– jadeó mientras sacaba su polla de mi boca. ––Fue una jodida mamada. Me limpié la humedad sobrante de mi boca con el dorso de mi mano y puse mi mejor cara de disgusto, porque él no tenía por qué saber que de alguna manera lo había disfrutado... Pero el pendejo solo se rio entre dientes en respuesta. ––Hay enjuague bucal en el baño. Se alejó de mí y tomó mi mano, tirando de mí fuera del sofá y guiándome por otra serie de puertas. Ambos entramos y sacó una botella de enjuague bucal de debajo del fregadero y me la entregó. Me serví un poco en la taza y lo agité en torno a mi boca mientras él agarró una toalla, la mojó y se limpió. Incluso sin tener una erección era impresionante. ––Toma–– dijo, sacando cepillo de dientes nuevo, todavía envuelto. Nos quedamos en su y mi lavabo, cepillando nuestros dientes en un silencio incómodo. Su reflejo se mantuvo sonriéndome alrededor de su cepillo de dientes y estoy bastante segura de recibiría una patada por andar viendo mis pechos agitándose con mis movimientos del cepillado. No pude soportar la mirada de suficiencia en su rostro por más tiempo, por lo que desvié mi mirada, fijándome alrededor del cuarto de baño. Era un típico cuarto de baño, si bien decorado para un rey. Sin embargo, la pieza central de todo el cuarto fue la bañera. Era un jacuzzi lo suficientemente grande para por lo menos cuatro personas con un grifo de bronce en un extremo. A dos pies del piso conducían a la entrada con dos más en el interior. En la mitad de cada lado dentro de ella, había una sección que parecía servir de sala de estar. Juro que él fácilmente podría hacer una fiesta dentro de esa cosa. Y entonces me pregunté si él habrá tenido una aquí. Por alguna razón, quería extender la mano y golpearlo en la parte posterior de la cabeza por aquel pensamiento. ¿Qué diablos está mal conmigo? Estoy de pie tal cual vine al mundo, cepillando mis dientes junto a un hombre que acabo de conocer y de quien no sé nada, y me había follado la boca soberanamente... y quiero golpearlo como la mierda fuera de él por lanzar una orgía salvaje en su gigantesca bañera….en mi mente. Creo que su pene debe haber atravesado mi cerebro, porque esta reacción que estoy teniendo simplemente no está teniendo ningún condenado sentido para mí. Joder, lo odio. Acallé el irresistible impulso de escupir mi mugrosa pasta de dientes en su cara, pero en su lugar la escupí en el lavabo. Mi boca estaba limpia, pero todavía me sentía tan sucia. ––Vamos a la cama––, dijo después de escupir y enjuagarse. Le di una mirada con un profundo sentimiento de fastidio, pero lo seguí fuera del cuarto de baño de todos modos.


––Um, perdón–– le dije, parando en seco cuando se acercó a la cama. ––Todavía estoy desnuda. ¿Dónde están mis cosas? ––Yo duermo desnudo, y ahora, tú también lo harás––, dijo, tirando de las mantas y cubriéndose con ellas. –– ¡Uf!–– refunfuñe y avance pisoteando fuertemente por la habitación hasta el otro lado de la cama y me metía en ella también, asegurándome de mantenerme lo más lejos de su lado que pudiera sin caerme de la cama. ––Ven aquí, Isabella. Tiene que estar bromeando. ¿No era suficiente acaso que fuera a dormir desnuda? ¿No era suficiente acaso que él fuera dormir desnudo? ¿No era suficiente acaso que nos hayamos cepillado los dientes desnudos después que él follara mi boca desnuda y me haya hecho pensar en él desnudo teniendo salvajes orgías en su bañera? ¿Que ahora, él quería acurrucarse desnudo, también? ––He dicho, ven acá––, dijo y luego su brazo se extendido a través del espacio entre nosotros y lo envolvió alrededor de mi cintura, aprisionándome en su pecho con un aire muy sugestivo. ––Así, así esta mejor––, dijo mientras rozaba su cara en mi cuello. ––Es mejor que duermas un poco. Lo vas a necesitar. Sí claro, como si pudiera dormir con su monumental pene presionado mi culo. *N/T: en este caso la expresión es para alguien es sexualmente atractivo **N/T: Desorden Obsesivo Compulsivo ***N/T la expresión original es Mr. Tushy

Capítulo 3: Rataplán EDWARD POV Me desperté a la mañana siguiente, mi cuerpo todavía cargado de sueño y mi polla dura como una roca de mierda, apretujada entre algo cálido y suave. Tenía la mano en torno a algo inconfundiblemente femenino y lleno de vida, la apreté para asegurarme que era real. Detesto los senos falsos, y, a pesar que había visto los senos de Bella a través del pedazo de tela que el cabrón de James le había hecho vestir…y luego realmente las había visto anoche cuando ella se desnudo para mí, no se puede estar seguro, hasta que los sientas. La industria de la cirugía estética está haciendo progresos a pasos agigantados, pero nunca podrán ocultar la verdad cuando se tiene un par de reales y perfectos senos en tus manos. Y no había equivocación sobre esto… estas eran reales, e innegablemente perfectas.


Pasé mi pulgar sobre su pezón, disfrutando realmente la manera en que este se endurecía ante mi roce. Isabella si que es listilla, y vaya que es listilla, pero sospecho que una vez que haya experimentado conmigo, estará más que de acuerdo que probablemente debería ella ser quien me pague. Sí, soy así de bueno. Con pesar, me levanté de la cama, pero no sin pasar por alto que Isabella gruño en protesta. Pese a que ella estaba en un profundo sueño y seguramente no se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Habiendo estado despierta, ella seguro hubiera estado aliviada. Aquel hecho debería hacerme sentir como un desgraciado; que yo, un perfecto extraño, le esté haciendo hacer cosas que ella realmente no quiere hacer, aunque ella fuera quien firmó para hacer esto. Pero, creo que ella podría secretamente estar disfrutando ser forzada a desatar la bestia sexual que ha estado escondiendo toda su vida. Anoche lo noté en su mirada cuando tenía mi polla en su boca. Lo estaba disfrutando, lo cual es algo bueno porque planeo mantener mi polla ahí dentro mucho más. Caminé con pereza al baño y para una ducha caliente en mi gigantesco jacuzzi. Esta sería la primera vez que lo usaría desde que entré y los encontré. Soy el accionista principal de la compañía de mi padre, Scarlet Lotus. Mi madre, Elizabeth, fue en realidad quien le dio nombre a la compañía, siendo ésta una ávida entusiasta del Budismo. El loto es una flor cuya semilla empieza a crecer en el barro debajo de un charco de agua y poco a poco avanza con dificultad hacia arriba hasta que alcanza la superficie y la flor se abre. El loto rojo simboliza el amor, la pasión, la compasión y todos los asuntos del corazón. Mi padre, Edward Sr., fue quien pensó que el nombre iba muy acorde con la compañía. Scarlet Lotus es donde la gente trae sus ideas únicas y las ve crecer hasta que florecen a la vida, ideas que son preciadas y queridas en su corazón, pero los propietarios simplemente no tienen el capital para hacerla rendir frutos. Por una porción de los ingresos, Scarlet Lotus les ayudará a hacer precisamente eso. Mi madre insistió en que la empresa debía devolver algo a la comunidad, y por lo tanto las obras de caridad se han convertido en una gran parte de la empresa como el desarrollo de ideas. Mis padres murieron en un accidente automovilístico hace casi seis años, dejando todo para mí, el dinero, la casa y todas las acciones de la empresa de la que mi padre era propietario. Pero incluso nada de eso podría si quiera remplazarlos. Mi padre tenía un socio, William Black. Él se retiró hace tres años dejando todas sus acciones en manos de su único hijo, Jacob. Jacob y yo habíamos sido buenos amigos durante nuestra juventud. Con el éxito de nuestros padres, era casi imposible saber quien se hacía nuestro amigo porque verdaderamente le agradábamos, o quien solo nos adulaba por nuestro dinero. Jacob y yo lo aprendimos de la manera difícil que solo nos teníamos el uno al otro para confiar. Siempre estábamos metiéndonos en problemas, incitándonos el uno al otro hacer los trucos más ridículos. Por supuesto, nuestros padres siempre


limpiaban nuestros desordenes, los herederos de la fortuna de Scarlet Lotus no podían estar por todos lados en la prensa sensacionalista. Muy malo para el negocio. Además, algún día nos íbamos a encargar de la compañía y nadie en su sano juicio pondría sus valiosas ideas en manos de un par de hombres con la reputación de arruinarlo todo. Solo que nunca pensé que tendría 22 y estaría recién salido de la universidad cuando ese día llegaría. Ya para esto Jacob seguía los pasos de su padre, aprendiendo el funcionamiento de la empresa. Juntos, éramos invencibles, y rápidamente nos convertimos en el tema principal del mundo de los negocios. Por lo tanto, cuando nos convertimos en socios, como nuestros padres, ya sabíamos que seríamos un gran equipo. Excepto que no lo fuimos. Resulta que Jacob nunca estuvo de acuerdo con la cantidad de dinero que la empresa –– despilfarraba–– en obras de caridad. Él era un codicioso hijo de puta y rellenar sus bolsillos era mucho más importante que ayudar a los menos afortunados. Sin embargo, era la pasión de mi madre, y la de mi padre, así que no estaba dispuesto a ceder en esa mierda. Además, me hacía sentir bien el ayudar a los demás. Hace aproximadamente un año, había tenido que viajar a Nueva York a tratar con una agencia especializada en proyectos comunitarios para mantener a los niños alejados de las calles. Cuando regresé, encontré a Jacob en mi Jacuzzi con mi novia con la que tenía dos años, Tanya. Para ser precisos, él estaba follando su culo mientras ella gritaba, ––tu polla es más grande que la de Edward. Sí, esa mierda es una mentira. Recuerden, que yo los encontré, por lo que pude comprobarlo por mi mismo. Casi, pero no igual. Sin embargo, soy hombre así que esa mierda pudo haber herido mis sentimientos un poco. De todos modos, no era eso lo que me preocupó en ese momento. Yo estaba enamorado de Tanya, y Jacob lo sabía. Hasta le había dicho a él que le iba a pedir a Tanya que se casará conmigo cuando regresara del viaje, y Jacob hizo lo imposible para convencerme que no lo hiciera. Él es un cerdo machista. Él creía verdaderamente que para lo único que eran buenas las mujeres era para saciar sus deseos sexuales. ––Mantenlas desnudas, de rodillas o de espaldas las 24 horas/7días a la semana, y asegúrate que ellas sepan su lugar––, decía él. ––Hay demasiados coños en el mundo para estar atado a una sola mujer. Me decía que hombres como nosotros no podíamos confiar en ninguna mujer porque todas eran una sarta de putas cazadoras de fortunas; y que o bien querían una gran cuenta bancaria o una gruesa polla. Jacob pensaba que yo era un estúpido por enamorarme, que solo me hacía vulnerable y débil. Él estaba en lo cierto.


Yo estaba destrozado después de encontrarlo con Tanya… pero también lo estuvo su nariz, su rotula y tres de sus costillas. Él se la folló solo para probar su teoría. Y, pese a que nuestra amistad terminó, nuestra sociedad comercial no. Y no fue que no haya tratado de comprar su parte de las acciones. Él se rehusó a venderlas. Y no había una condenada manera que yo renunciara a la compañía en la que mi padre y mi madre habían trabajado tanto. Así que me la aguanté y fui todos los días a trabajar con la frente en alto y dirigiendo la empresa como siempre. Aprendí mi lección y me rehusé a dejar que ninguna mujer se me acercará lo suficiente para hacerme daño de nuevo. Sin embargo, me sentía solo. Y era ligeramente adicto a los coños. Obviamente, he tenido ciertas aventuras con algunas mujeres, pero siempre las termino en el segundo que veo que están muy cerca de sentirse cómodas con la relación. El sexo me era muy terapéutico para sacar todas mis frustraciones, pero las mujeres parecen no querer quedarse solo con ese propósito. Hubo algunas que dijeron entender que eso era todo lo que significaba para mí, pero luego empezaron a ponerse pegajosas y querían que sintiera cosas que simplemente no sentía y no sentiría, así que tuvieron que irse. Podía tener a alguien al azar, mujeres de una sola noche, pero esa mierda es como jugar a la ruleta rusa con mi polla, incluso usando condón, al que afortunadamente crecí muy apegado durante mi joven vida. Lo que quería era la misma mujer en mi cama cada noche y cada mañana, alguien que me salude cuando llegué a casa después de una larga y ardua jornada de trabajo, dispuesta a complacerme… alguien que atendiera todas mis necesidades, sin compromisos. Sí, lo sé… es la fantasía de todo hombre que no le es posible realizar. Pero, yo tenía el suficiente dinero para comprar aquella fantasía. Así que lo hice. Y eso es lo que me llevó a Isabella. En mi mundo, siempre hay conversaciones entre hombres. Todo el tiempo se escucha sobre lo chismosas que son las mujeres, pero mujeres, déjenme decirles… que los hombres son mucho peor. Solo que no lo hacemos de manera tan obvia. Así fue que una tarde mientras jugaba golf con unos colegas de otras compañías supe de la subasta donde compré a Isabella. Investigué un poco sobre lo que podría encontrar en ese lugar y luego de hablar con el propietario, James ––Canalla–– Gigandet, mi interés se despertó. Mi preocupación era que no quería poseer a alguien en contra de su voluntad. James me había asegurado que habría mujeres en el ʻmenúʼ que estaban ahí de manera voluntaria y que en especial esa noche, podría encontrar una virgen. Una virgen era necesaria porque por supuesto que estaba preocupado de contraer alguna enfermedad o de gastar una enorme cantidad de dinero en una mujer, solo para descubrir que ella estaba preñada con el bebé de algún otro tipo. Sí, aquello no llamaba mi atención en absoluto. Mientras estaba ahí sentado en la cabina, completamente a oscuras porque no quería que nadie me reconozca, dejé que todas las chicas se presentaran sin siquiera hacer una oferta. Eso fue, hasta que Isabella se paró en el podio.


Isabella Swan. Había leído ya sus especificaciones y el contrato que ella proponía y estaba intrigado. Naturalmente me pregunté que haría que una mujer aparentemente sana como ella hiciera algo tan descabellado como esto, pero alejé mi curiosidad porque, como ya dije, no quería que haya ningún tipo de compromiso. Ella ofrecía un contrato de cinco años y eso era justo lo que necesitaba. Cinco años de pasarla bien constantemente en todas las formas que mi pequeña mente pervertida pudiera fantasear, para sacar todo de mi sistema o para encontrar a alguien más. Y cuando ella se fuera, podría usar la antigua excusa, “Nos fuimos distanciando”. Fue cuando la vi que supe que tenía que poseerla. No solo era el contrato ideal, ella era también el espécimen perfecto. Se veía tan sana como indicaban sus especificaciones, no era voluptuosa y ni de senos falsos. Dudé al final de la subasta, no muy seguro de si quería seguir con esto, pero de repente ella me miró, como si me suplicara de manera silenciosa que la alejara de las desagradables garras del manteca de cerdo. Puede que haya sentido un poco de lástima por ella, lo que probablemente debería haber sido el primer indicador de que esta era una mala idea. Sin embargo llamé e hice la oferta final haciendo caso omiso a lo anterior. El segundo indicador fue cuando se arrodilló y mordió mi jodido miembro. Esa mierda duele una chingada y casi le doy un puñetazo en su garganta por puro instinto. Ahora, déjenme dejar esto muy claro… nunca le he levantado ni le levantaría la mano a una mujer, así que dejen de mirarme mal, señoritas. Ni siquiera cuando encontré a Tanya con Jacob, no arrastré a la perra del cabello fuera de mi casa como quería hacerlo y probablemente debería haberlo hecho. El tercer indicador fue cuando ella me dijo que jamás había dado una maldita mamada en su vida. ¿En serio? Sabía que ella era virgen, pero en mi experiencia, la mayoría de las vírgenes al menos habían hecho otras cosas para pasarla bien sin romper el sello, por así decirlo. Y el mayor indicador… esa jodida boca suya. Este era un acuerdo de negocios. Jodido como ningún otro que haya hecho antes, pero de igual manera era un acuerdo de negocios... tenía toda la intención de hacerlo permanente hasta el fin del contrato, y esperaba que ella hiciera lo mismo. Y si les soy sincero, su mordaz actitud como que me excitaba. No creo que pudiera haberme puesto más duro con alguien que estuviera complaciendo completamente mis caprichos. Ella tenía fuego y hielo corriendo por sus venas, y no me iba hacer las cosas fáciles. Que es exactamente lo que hace de esto mucho más emocionante para mí.


Normalmente no soy un pendejo, pero me tomo en serio los negocios. Además, soy un caliente hijo de puta y ella mostró tener potencial cuando follé su boca como sumisa, incluso agarrando mis bolas sin haberle dicho que lo hiciera. Enseñarle hacer las cosas de la manera que me gustan, ver sus brotes de sexualidad florecer iba a ser una espectáculo para contemplar. Y yo tenía asiento en la primera fila para esa mierda. Cerré el grifo de la bañera una vez que estuvo llena y volví a la habitación. Empujé las sabanas y recorrí con mis manos sobre la cremosa carne de su trasero… bueno, era mi trasero por los siguientes cinco años. Ella se removió un poco en sus sueños y frunció las cejas. ––Isabella, es hora de levantarse––, le dije con una suave voz. –– ¿Hmm?–– canturreó, pero no tenía intención en abrir sus ojos. Me incliné a su oído antes de continuar. ––Levanta tu culo, o voy a atravesarlo con mi polla. ––, le dije y para reafirmarlo, rocé con mi dedo en su orificio, presionando un poco para acentuar la seriedad de mis palabras. De repente ella saltó directamente fuera de la cama. Lucía aturdida y confundida hasta que sus ojos se centraron y me miró. Literalmente, pude ver el momento en que comprendió dónde y por qué estaba aquí. Su pelo era un desastre revuelto de nudos enmarañados y el poco de maquillaje que usaba esta corrido debajo de sus ojos. ––Es hora de mi baño––, le dije. –– ¿Y? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?–– espetó, dejándose caer de vuelta en la cama y cubriéndose con sus sabanas. Y, adivinen lo que esa boca insolente me hizo en ese momento. Así es...mi polla se convirtió en titanio instantáneo. Me levanté, tomé su pequeña figura fuera de la cama y la puse sobre mi hombro mientras la cargaba hacia el baño. Ella pataleaba en protesta y daba manotazos en mi desnudo trasero, pero lo que ella no sabía era que aquello me estimulaba mucho más. La arrojé a la tina y me reí cuando ella aterrizó con un ruido sordo. El agua salpicó a su alrededor, mojando su cabello y cayendo sobre su cara. Parecía un gato mojado. Mmm… gatito mojado. –– ¿Por qué demonios tenías que hacer esto?–– gritó, echando su cabello hacía atrás. ––Porque tu me vas a bañar y no quiero oír ni una palabra más al respecto––, le respondí, dando un paso dentro de la bañera también.


Ella trató de alejarse de mí, pero yo la agarré por sus antebrazos y la senté a horcajadas sobre mi regazo. Mi miembro estaba en medio de nosotros y ella jadeó cuando notó que yo estaba duro por ella. ––Ahora, sí––, le dije, presionándola hacia arriba para que ella pudiera sentir mi longitud, ––se siente mucho mejor. ¿No te parece? ––Realmente te odio––, estaba furiosa. ––Realmente no me importa––, repliqué. ––Ahora lava mi cabello, y trata de hacerlo de manera sensual. La estaba fastidiando, lo sabía, pero de nuevo… no me importaba. Ella bufó, pero agarró la botella de shampoo de todos modos. Cerré los ojos, solo disfrutando la sensación de su caliente pequeño coño posarse sobre mi palpitante dureza mientras ella masajeaba mi cuero cabelludo con sus dedos. Noté que estaba rascando con sus uñas mi piel, probablemente para tratar de disuadirme de querer que lo haga de nuevo, pero estaba causando el efecto contrario. Joder, AMO las cosas rudas, y ni siquiera estaba rascando la superficie... valga el doble sentido. Yo canturree a gusto y arremetí mis caderas hacia ella, y sé que no estaba imaginando cosas... ella estaba empujando hacia atrás. Su respiración era superficial y me di cuenta que ella estaba tratando de mantener la compostura y no dejar notar que estaba excitada. Luego se inclinó hacia delante y enjuagó mi cabello con el aspersor, las puntas de sus pezones eran como una brocha en mis labios. Abrí mis ojos asombrado, viendo su amplio escote posarse justo en frente de mi rostro, por lo que saqué mi lengua y la enrollé en su pezón. ––Oh, Dios–– jadeó ella y de inmediato se alejó. ––Uh-uh––, chasquee con la lengua. ––Trae esas hermosas tetitas para acá, Isabella. No has terminado. Mi cabello todavía tiene jabón. Ella entrecerró sus ojos, pero de igual regresó a mi regazo. La oí inhalar una bocanada de aire cuando se inclinó de nuevo hacia delante, manteniendo la espalda hacía atrás para mantener sus senos fuera de mi rostro, pero yo puse mi mano sobre su espalda y la presioné hacia delante, capturando su pezón entre mis labios al mismo tiempo. Una vez más, jadeó y yo sonreí, arremolinando con mi lengua su pezón. Mi otra mano fue a su otro pecho y lo masajeé, rozando con mi pulgar sobre sus endurecidas puntas mientras presionaba de nuevo mis caderas hacía ella. Su cuerpo se relajó de a poco y se inclinó hacia mí mientras yo chupaba su pezón y rasgaba suavemente con mis dientes sobre su sensible piel. Ya había terminado de enjuagar mi cabello. Lo noté porque el aspersor solo colgaba levemente de sus manos, ella arqueaba su espalda y presionaba sus senos más cerca de mi boca. Gemí y liberé el pezón con un pop para prestar atención al otro. Mi lengua se movía como la de una serpiente sobre su endurecido brote y luego con rudeza la chupé en mi boca.


Levanté sus caderas y la resitué en mi regazo así la punta de mi polla quedaba justo en su entrada. Cuando me empujé un poco hacia delante, ella se tensó y posó sus manos sobre mis hombros. ––Shh, no lo voy hacer––, le aseguré. ––Solo quiero que me sientas ahí. Me moví un poco hacia delante, aplicando más presión y luego gruñí en alto cuando la cabeza de mi miembro apenas entró en ella. ––No puedo esperar para follarte–– respiré en su piel y luego la alejé de mí y nos reposicioné, así que ahora ella estaba sentada a mi lado, porque si no, la iba a follar en ese mismo momento, y quería prolongar la expectativa y jugar un poco más. Me incliné hacia ella y acaricié su cuello, dejando hambrientos besos a lo largo de su cuello mientras una mano sujetaba la parte de atrás de su cabeza y con la otra recorría a lo largo de la parte interior de su muslo. –– ¿Alguna vez has tenido un orgasmo, Isabella?–– Pregunté mientras casi rozaba mis dedos sobre los suaves pliegues del vértice de sus muslos. La oí tragar saliva antes que ella dijera un no ahogado. ––Mmm––, canturreé en su oído. ––Tengo que ser el primero en todo. No tienes idea de lo increíblemente sexy que lo encuentro. Mis largos dedos se sumergieron entre sus pliegues y los acaricié, evitando al pequeño manojo de nervios. Su cabeza se hizo hacia atrás contra la bañera, dándome más apertura en su cuello. Quité mis dedos y recorrí con ellos por el interior de sus muslos hasta llegar a la parte posterior de su rodilla. Levanté su rodilla para tirar de su pierna sobre uno de mis muslos y luego hacer un lento y tortuoso camino de regreso en su pierna. ––Voy a hacer que te corras bajo mi toque, Isabella–– le susurré al oído. Los montículos de sus pechos sobresalían sobre el agua, dejando al descubierto sus perfectos pezones con cada respiración nerviosa que ella daba. Hice una leve caricia desde la entrada de su clítoris, repitiendo el movimiento con más presión. Ella estaba quieta a excepción de sus respiraciones y yo chupé ligeramente en el sensible punto debajo de su oído. ––Esta bien que disfrutes mi toque, no veo razón por el qué solo yo deba obtener placer de nuestro pequeño acuerdo, –– dije mientras enterraba uno de mis dedos en ella. Sus paredes me sujetaron a su alrededor y yo contuve el aliento. ––Maldita sea, eres estrecha. Creo que el solo hecho de pensar en embestir con mi polla en este apretado coño podría hacerme correr tanto que perdería mi jodida cabeza. –– Bombeé con mi dedo hacia dentro y fuera de ella mientras mi pulgar hacía círculos alrededor de su clítoris. –– ¿Te gustaría ver eso, Isabella?–– Pregunté con voz llena de lujuria. ––Joder, ¿te gustaría verme perder la cabeza mientras la idea de follarte me hace correr?–– Ella no respondió, pero la forma en que ella entornó sus ojos y sus caderas se empezaron a mover hacía mí


encontrando la estocada de mi dedo me dijo todo lo que tenía que saber. Metí otro dedo y ella gimió, cuando su cabeza cayó a un lado para quedar frente a mí. Y entonces me besó. Ella succionó mi labio inferior entre los suyos antes de empujar de manera ruda su lengua en mi boca enlazándola con la mía. Me aparté porque me gusta ser yo quien tenga el control, pero mantuve mis labios sobre los suyos. ––Toca tus senos–– susurré contra sus labios. ––Ayúdame a hacerte sentir bien. Realmente no necesitaba su ayuda, pero quería que ella confiara más y explorara su propia sexualidad. Además, de que ver como se toca una mujer, es simplemente lo más condenadamente sexy que hay. Vi como ella tomó su seno y tiró de su pezón con su dedo índice y el pulgar. ––Maldita sea, esto es perfecto––, gruñí y luego bombeé mis dedos en ella más duro y rápido. Saqué mis dedos y acaricié a lo largo de sus pliegues hasta estimular su clítoris, suavemente, recorriendo con mis dedos hacia atrás y adelante sobre el manojo de nervios. Luego, rápidamente embestí de nuevo en su coño ensortijándolos dentro, para encontrar su punto especial. ––Ungh... más––, gimió contra mi boca antes de que lo reafirmara con otro apasionado beso. Al parecer tenía un muy ansioso coño en mis manos… literalmente. Cambié de posición mi cuerpo, volteándome hacia ella, liberándome de su beso y sumergiendo mi cabeza hasta que mi boca estaba justo debajo del agua y chupé su pezón derecho mientras ella continuaba estimulando el otro. Podía sentir sus paredes apretarse alrededor de mis dedos y sabía que faltaba poco. Mis dedos embestían hacia fuera y adentro de ella, curvándolos para acariciar su punto G. La miré por encima de mis pestañas y vi que ella me miraba. Su boca se abrió y arqueó su espalda hacia atrás mientras un leve gemido empezó desde su pecho y finalmente escapó de sus labios. Las paredes de su coño se aprisionaron contra mis dedos y trató de mantener sus piernas juntas, pero tomé una de ellas entre mis piernas y la mantuve inmóvil. ––Esos son mis dedos, los que te harán correrte, Isabella. Míos. Y lo que sientes ahora será mucho más intenso cuando sea mi polla la que esté ahí–– dije y reclamé su boca abierta con la mía. Ella respondió de inmediato, hambrienta, devorando mi boca, a cambio hasta que su orgasmo decaía y hasta que ella fue un charco palpitante de éxtasis post-orgásmico en mis manos. Cuando quité mis dedos, inmediatamente me levanté y salí de la bañera, mi polla todavía dura como una barra de hierro con el agua que goteaba de la punta. ––Termina tu baño––, le dije con indiferencia mientras envolvía una toalla a mi alrededor. ––Tengo que ir a trabajar. Siéntete como en casa, pero no hagas nada estúpido como tratar


de escapar. Y, espero que estés esperando por mí en la puerta cuando regrese a las seis. ¿Entendido? Sus ojos se estrecharon de nuevo, obviamente, no le agradó mi cambio de actitud, pero ella asintió en respuesta de todas maneras. Puedo haberle dado el momento más íntimo de su vida, pero ambos necesitábamos recordar que esto era solo un acuerdo de negocios. ––Por supuesto, jefe––, dijo con sarcasmo haciendo una venia. ––Hey, tú sabes, ¿ese pedacito de cielo que te acabo de dar? Bueno, si quieres sentir más de eso en lugar de que solo use tu cuerpo para mi propio placer, entonces te sugiero que cuides esa pequeña insolente boca tuya––, le advertí, rozando la punta de mi dedo sobre su labio inferior. ––Por supuesto también podría meter algo en ella para mantenerte callada. Ahora––, dije, inclinándome sobre la tina hacia ella. –– ¿Dónde está mi beso de despedida?–– Ella a regañadientes se inclinó hacia mí y me besó la punta de la nariz en lugar de su boca. ––Pórtate bien hoy––, le dije con una sonrisa de suficiencia y luego salí a la habitación contoneándome, sabiendo que ella estaría nuevamente mirando mi trasero. Me detuve antes de salir por la puerta y flexioné un cachete antes de mirarla por encima de mi hombro y guiñarle el ojo, notando como su boca se mantenía abierta. Cuando sus ojos finalmente se alejaron de mi trasero y me miró. Ella agarró la esponja y me la lanzó. Salí del camino justo para que aterrizara en el piso con un húmedo porrazo. –– ¡Te odio!–– ella me llamó. –– ¡Tal vez, pero es obvio que amas mi trasero!–– grité con una risita ahogada. Iba a ser muy divertido joderla…literalmente.

Capítulo 4: Doble Agente Coochie

EPOV No podía dejar de sonreír con aires de suficiencia todo el camino al trabajo. Saber que Isabella estaría esperando por mí en casa cuando regrese iba hacer de mi día un poco más llevadero. O insoportable, considerando que probablemente estaré pensando todas las pervertidas cosas que quiero hacer con mi bebita de un millón de dólares y lo que quiero tenerla haciéndome todo el día. Inclusive ese pensamiento que duro una milésima de segundo me obligó a reajustar la incomoda dureza que al parecer había decidido fijar su residencia en mis pantalones.


Pero, soy un hombre de negocios, y los negocios son antes que el placer. Así que en el momento que Riley abrió mi puerta y salí al pavimento que llevaba a la puerta giratoria de vidrio de mi segundo hogar, Scarlet Lotus, deje de sonreír. Cara de piedra Cullen había entrado al edificio. Yo era bastante conocido como un tipo duro, inflexible en la oficina. Los empleados, quienes han estado desde la época de mi padre, se sorprendieron al ver a su revoltoso hijo transformarse en un despiadado empresario. Pero, el mundo de los negocios es una perra fría y cruel, y para mantener la delantera necesitas mantenerte atento o estar preparado con las bolas listas a la primera señal de debilidad. ––Cullen––, el único hombre de confianza en este lugar, Jasper, me saludó cuando atravesé la puerta. Jasper Whitlock es mi mano derecha, mi asistente personal, y probablemente lo más cercano que tengo a un amigo desde que Jacob me jodió. Él y su esposa, Alice, se hacen cargo de más o menos todos los aspectos de mi vida. Jasper es mi soporte en la oficina, y Alice se encarga de mis asuntos personales. Básicamente, ella se encarga de mi casa, es mi asistente de compras personales y se asegura que me vea bien ante los ojos de la sociedad. Es realmente buena en lo que hace, igual que Jasper. Ellos dos trabajan juntos como la pieza bien engrasada de una máquina. Me gustaría pensar que yo tuve algo que ver con su unión, después de todo atender mi mierda a diario significó que sus caminos se cruzaran muy a menudo. Ellos se complementaban tan bien. Jasper era relajado, un agradable un hijo de puta…alto, sureño y nunca estaba sin sus botas vaqueras favoritas. Alice era una pequeña mierda hiperactiva que iba de un lado a otro…pequeña, muy sociable y aparentemente nunca usa el mismo atuendo dos veces. No es que realmente lo haya notado alguna vez, pero estoy seguro que escuché ese pequeño detalle en una de sus sermones en los que por lo general trato de no prestar atención. Alice es el Yin del Yang de Jasper, fue inevitable que no terminaran juntos. ––Whitlock, –– lo saludé con una sonrisa mientras caminaba a mi lado en dirección a mi elevador personal. Así es, tengo un elevador personal. No soporto estar atrapado en una caja de lata con otras veintes personas empujándome, cada uno bañado con sus diferentes colonias, o sin haberse bañado, lo que significa que apestaban a olor corporal. Jasper colocó la llave en la cerradura y abrió las puertas para que yo pudiera pasar por delante de él. Asenté mi maletín en el piso y me senté en el sofá de terciopelo rojo que atravesaba a lo largo de la pared interior. El techo y las paredes tenían espejos, solo porque hacía la ilusión de que el pequeño espacio era más grande… y más grande siempre es mucho mejor. ––Entonces, ¿cómo te fue?–– me preguntó mientras apretaba el botón al piso 40 y se sentaba en el extremo opuesto del sofá. Había estado soltero desde hace bastante tiempo, y Alice había sido implacable organizándome citas con mujeres que ella consideraba serían buen partido para mí.


Rechazando sus intentos, finalmente colapsé y le dije que había estado secretamente saliendo con alguien que conocí en uno de mis viajes a Los Angeles. Ella se lo creyó y dejó de jugar a la casamentera, pero luego empezó a perseguirme queriendo conocer a la mujer misteriosa. Ahora generalmente, puedo darle a alguien ––La mirada–– y se detendrían, pero no Alice. Ella no se sentía intimidada por mí ni un poco. Así que, le dije que la noche de ayer le iba a pedir a mi dama misteriosa que se mudara conmigo… ya saben, solo en caso que encontrara algo que me gustara y siguiera lo planeado en la compra anoche, que fue lo que hice. CYA... Cover your ass. (Cubre tu trasero) ––Ella dijo que sí––, respondí. ––Le dije que dejara todas sus cosas atrás y la recogí ayer por la noche. Ahora está en la casa. –– ¡Qué! ¡Amigo, eso es genial!–– dijo con entusiasmo mientras daba una palmada en mi hombro. Jasper puede salirse con la suya llamándome 'amigo' porque, como he dicho, es lo más cercano que tengo a un amigo. ––Sí, estoy muy emocionado al respecto––, dije con una sonrisa, porque era cierto, yo estaba muy entusiasmado con la idea de contar con Isabella a mi disposición. Mi polla se endureció al instante por si sola. Pasamos el resto del viaje en el elevador en una cortés conversación. Jasper nunca ha sido de los que se inmiscuyen en mis asuntos personales, a menos que Alice lo amenazara con negarse a tener sexo si él al menos no trataba de sacarme algo. Le lanzaba un hueso de vez en cuando para mantenerlo alejado de la perrera, pero él jamás me presionaba. Hoy tampoco era la excepción. Él sabía que ella esta allí, pero no les había dicho todavía su nombre. Jasper, al ser mi mano derecha y todo, me recordó que Alice pasaría por mi casa después del almuerzo para atender lo de las compras y asegurarse que los del servicio de limpieza estaban haciendo su trabajo, como es costumbre en ella. Sí, me estaba volviendo loco por esto. Isabella y yo no habíamos hablado sobre que historia íbamos a darle a mis conocidos, o si ella quería o no usar su verdadero nombre, para este caso. Salí del elevador y asentí con la cabeza a un par de empleados como un saludo cordial mientras pasaba a su lado camino a mi oficina en la esquina oeste. Las puertas de cristal daban paso a la habitación donde se situaba el escritorio de Jasper justo afuera de mi oficina principal. Todas las oficinas exteriores tenían ventanas desde el piso hasta el techo, alfombras rojas y paredes blancas con verde resaltando la decoración… el mismo color de la flor de loto roja. Abrí la pesada puerta de madera de mi oficina y la cerré detrás de mí antes de salir corriendo a mi escritorio y tomar el teléfono, llamando a mi casa. Tenía que hablar con Isabella y asegurarme de discutir ciertos detalles antes que huracán Alice apareciera y empezara su súper mierda detectivesca y empezara a sumar dos más dos y la verdad sobre nuestro acuerdo quedara al descubierto. En retrospectiva, probablemente debería haber


resuelto toda esta mierda antes de decidirme a comprar una mujer, pero ya saben lo que dicen acerca de la retrospección. Nadie contestaba en la casa. Por supuesto que nadie contesta. Estoy seguro que Bella probablemente no se siente cómoda contestando mi teléfono, pero ahora empezaba a sudar en mi traje, imaginando todas las formas posibles en que esto podría estallar en mi cara cuando Alice llegara hacer su trabajo. No. No era bueno. Presa del pánico, tomé de vuelta mi maletín y caminé hacia la puerta, cuando pasé por el escritorio de Jasper, llamé a Riley, diciéndole que regresara y me recogiera. Jasper me detuvo antes de que pudiera salir por la puerta. ––Carlisle llamó y dijo que está esperando por ti para que le avises ¿si vas a visitarlo hoy?– – preguntó, confundido. ––Mierda, me olvidé de todo eso––, dije entre dientes. ––Lo voy a llamar de mi celular. No estoy seguro a que hora esté de vuelta, ya que tengo que resolver algunas cosas, –– dije mientras abría la puerta y me escabullía al pasillo. Ustedes pensaran que Isabella había vaciado todas las jodidas células de mi cerebro anoche por la manera en que estaba echando a perder todo… y es bastante posible que lo haya hecho. Ella sí había hecho una succión extrema. Y ahí estaba de nuevo empalmado. ––Cullen–– La voz de Jacob resonó desde el otro extremo de la sala donde se encontraba su oficina antes que él empezara a acercarse. –– ¿Sobre qué diablos es toda esta mierda?–– Suspiré y me volví hacia él, mi mano ya hecha un puño y lista para volverle a romper la nariz si empezaba a tratar de enloquecerme. En su mayor parte, hemos sido capaces de mantenernos al margen, pero al ser socios, era imposible evitarnos por completo. –– ¿Qué mierda?–– pregunté con los dientes apretados. –– ¡El diez por ciento de lo que hemos ganado el último trimestre fue enviado a instituciones de beneficencia!–– gritó, sosteniendo el informe trimestral hacia mí como si yo no lo hubiera visto ya. –– ¿Sí, y qué? ––Acordamos un cinco por ciento. ––La economía ha estado mal y las organizaciones benéficas necesitan de nuestra ayuda más que nunca en estos momentos, Black. Contamos con más de sobra y lo sabes––, escupí con irritación. Realmente no estaba de humor lidiar con su mierda ahora mismo, pero como siempre, nunca lo estoy.


––Entonces tal vez deberías venderme algunas de tus acciones, y donar ese dinero, ʻchico caridadʼ––. Su feo rostro sonrió con suficiencia antes de que él me diera la espalda y caminara hacia su extremo del edificio. Tanto como yo trataba de que él me vendiera su parte, él estaba haciendo lo mismo. Ambos éramos demasiado tercos para dejar que el otro ganase. Scarlet Lotus estaba en mi sangre, pero a Jacob podía importarle menos de una mierda eso. Él dejaría todo botado el segundo en que el barco empezara a hundirse si eso llegase a pasar. Su detestable comportamiento delante de nuestros empleados y el hecho de que yo sabía que a él realmente no le importaba una mierda lo que estábamos tratando de hacer aquí, me hizo considerar la idea de sacarles a golpes cada uno de sus putos dientes de su sobre dimensionada cabeza. Pero dicen que dos males no hacen un acierto, y yo realmente tenía prisa, así que lentamente conté hasta diez para recuperar mi compostura y forcé a mis pies a moverse en la dirección contraria. Lidiaría con él más tarde si fuera necesario. Me dirigí al vestíbulo y me sentí aliviado de encontrar a Riley ya esperándome. El tráfico de Seattle en horas pico podía ser una perra, pero de alguna manera, Riley parece hacer siempre una buena estrategia con todos… y en una extensa limosina con maletero. El hombre tiene habilidades de conducción dementes; Dale Earnhardt Jr. sería un envidioso hijo de puta. BPOV ¡Oh... mi… grandísimo y santísimo! Nunca… y quiero decir nunca...he sentido algo tan insanamente placentero en toda mi vida. Las perversas cosas que ese hombre hizo con sus dedos… y la manera seductora en que me mira bajo esas largas y tupidas pestañas, hipnotizándome y haciendo que mi cuerpo obedezca a cada una de sus órdenes. Las sucias cosas que su pecaminosa boca me dijo que me hicieron sentir como si me cachetease y burlase en mi cara al mismo tiempo… y sin mencionar esa lengua de serpiente y la malévola manera en que cimbraba en mis pezones. Lo juro, creo que él hablaba en alguna lengua desconocida pese a que no hacía ningún sonido, pero estoy malditamente segura de que lo he sentido. El hombre es el diablo rencarnado, el hijo inmortal de Satán y yo… estaba condenada. Podía literalmente sentir lo poco de religión que quedaba en mi traicionero cuerpo ser succionado de mi alma convirtiéndome en una perenne pecadora. Me voy al infierno... y realmente espero que sus dedos me reciban en la entrada. Me senté ahí con mi felicidad post-coital, con mi piel arrugándose y el agua enfriándose. Una y otra vez él iba del cuarto al baño mientras se alistaba para ir al trabajo. Lo observé cepillar sus dientes en ropa interior, luego volvió a la habitación para de vuelta aparecer en un pantalón negro que colgaba de sus caderas y acentuaban la deliciosa pequeña ––v–– de su abdomen. El cinturón de su pantalón estaba abierto, todavía sin ponerse la camisa y descalzo. Yo estaba fascinada por el movimiento de los músculos de su espalda mientras él se miraba en el espejo y no hizo nada más que pasar sus dedos por su sexoso cabello. Me


miró y me dio esa medía sonrisa de suficiencia suya mientras me guiñaba el ojo, aplicándose desodorante en una manera que parecía ser pornográfica. Gente, en serio les digo quería hundir mi nariz en esas axilas. Había un aire de confianza en él que me hacía querer lamerlo de la cabeza a los pies, y luego chuparle todos sus cueritos… y quiero dejar esto en claro, ODIO los pies. Pero jes… este hombre me hace querer hacer cosas que nunca antes había soñado… y serían probablemente ilegales en la mayoría de los 50 estados… y bastante perturbadoras. Mientras una parte de mí se sentía aliviada que él se vaya, mi mini puta interna quería rogarle para que regrese a esta maldita tina y nos muestre de nuevo ese mágico truco que hizo con esos dedos porntásticos. No fue hasta que lo oí gritar que ya se iba y la puerta cerrarse detrás de él que finalmente obligué al doble agente coochie (traicionero coño) quien al parecer era una descarada ramera, y al resto de mi cuerpo a salir de esta infernal ducha del pecado. Mis maletas estaban junto a la puerta y supuse que Edward las había enviado para acá. Una vez vestida y sintiéndome algo modesta de nuevo, decidí salir del cuarto y buscar algo de alimento. Ni siquiera había comido la noche anterior porque tenía los nervios malditamente fuera de control, y sabía que si lo hacía, acabaría vomitando por todos lados en medio de la subasta. Sí, y eso hubiera hecho huir a los bastardos con sus billeteras. La casa estaba inquietantemente silenciosa, pero extrañamente cálida y acogedora pese a ser tan grande como era. Poco a poco caminé por el pasillo, hacia la escalera, mirando lo que me rodeaba con asombro. Estaba decorado con buen gusto, con importantes pinturas de gran tamaño que parecían que costaban más de lo que mi padre hizo en todo un año como jefe de la policía de Forks. Los pisos estaban alfombrados de un majestuoso rojo, pero las paredes eran blancas. La mayoría de las puertas de las otras habitaciones estaban cerradas y no me moleste en abrirlas, pero sabía que con el tiempo las vería en los próximos cinco años. Una vez que bajé las escaleras, me dirigí hacia la parte posterior de la casa a través de un gran comedor formal con una mesa en el centro, para servir al menos a unas cincuenta personas. Bueno, eso podría ser una ligera exageración, pero juro que parecía a la ridícula larga mesa en Indiana Jones y el templo maldito, cuando le sirvieron cerebros de mono frío a sus invitados. Escalofríos. Había una puerta en el otro extremo y juré por Cristo que si la abría, y encontraba en un antiguo túnel lleno de todos los insectos conocidos por el hombre y las trampas explosivas, me largaría de ahí. Afortunadamente, era sólo la cocina. Sin embargo, no estoy realmente segura de que incluso podría llamarla una cocina. Que parecía como una palabra tan pequeña para el centro de preparación de comida estilo restaurante que tenía ante mí. Todo era de acero inoxidable y más estéril que el interior de un galón de cloro. Sin embargo, en un vistazo rápido no hubo ningún signo de cerebros de monos o esas cositas con las tacitas de bronce donde eran servidas, así que todo estaba bien. Me reí un poco de


manera nerviosa cuando junte las palabras. Las cositas de los monos en las tacitas de bronce… jejeje. Y eso me recordó de pronto esa canción que no pude evitar tararear mientras cantaba las palabras en mi mente… Brass monkey, that funky monkey. Brass monkey junkie, that funky monkey… suspiro...¡oh, Beastie Boys, los adoro! Pero estoy divagando. Miré a mí alrededor hasta que finalmente encontré una despensa que era tan grande como todo el primer piso de mi verdadera casa, y vaya que fui sorprendida por la madre patria de la comida chatarra. Parece que el Sr. Cullen, también conocido como El Rey del dedo follador, tiene una adicción a los dulces. Cogí una caja de Cocoa Puffs - porque de verdad yo estoy coo-coo (loca) por Cocoa Puffs – con un poco de jarabe de chocolate y haciendo un baile muy animada salí de la despensa y volví a la cocina. Ahora, yo recordaba haber visto los tazones en algún lugar durante mi búsqueda, pero la búsqueda de nuevo iba a ser como un juego masivo de memoria. Después de abrir varios armarios, finalmente los encontré otra vez y chillé: –– ¡Sí, yo!–– mientras lanzaba un puño al aire. Yo soy mi mayor fan. El refrigerador era evidente y, como se imaginaran… enorme. Pero, imaginen mi decepción cuando abrí la puerta de un lado y noté que no era una unidad de almacenado frío para que uno se metiera. ¿En serio? Vas con todas las cosas descomunalmente grandes y luego, ¿sólo tiene una nevera semi-grande? Parece que sería más como tener una semierección - puedes jugar con eso, pero nunca quedaras completamente satisfecha - pero lo que sea. Tomé la leche y volví a mi escondite, donde llené mi plato con cereales y lamiendo mis labios mientras la leche se convertía en chocolatada cuando la vertía sobre la riquísima cocoa. Tuve cuidado de no verter demasiada leche y hacer un desastre, a pesar de que probablemente haya un pequeño silbato por aquí para soplar y así un grupo de hombrecitos color naranja con cabello verde se escabulliría y limpiaría mi desastre antes de retirarse para volver a las mazmorras de condena y penumbra con el resto de sus compañeritos Umpa Lumpi (*) Sí, lo sé... imaginación hiperactiva, pero que era totalmente concebible en un lugar tan grande como este. Sabía exactamente donde estaban los vasos gracias a mi expedición anterior por el tazón, así que cogí uno y rocié una increíble cantidad de jarabe de chocolate en la misma. Juro que podía oír a mi dentista chasqueándome en desaprobación en algún lado de los profundos recovecos de mi loca membrana. Y entonces llegó el momento de iniciar otro juego de buscar y encontrar para conseguir algo de la vajilla de plata, o incluso sólo una cuchara de plástico iba a estar bien en este


momento... o un cucharón. ¡Anotación! Abrí el primer cajón, y me saqué la lotería, lo que era algo bueno porque detesto los cereales empapados. Leche en su lugar, la caja de cereal y la botella de jarabe de nuevo en la despensa, y yo estaba lista. Y entonces sonó el teléfono. Miré alrededor de la cocina y, finalmente, lo vi colgado en la pared junto a la estufa, pero no había una condenada manera en yo fuera a responder esa cosa. No tenía la menor idea de quién podría ser, y en realidad no era mi casa para ir de contestar el teléfono. Además, ¿cómo diablos iba yo a explicar quién era o por qué estaba contestando teléfono de Edward? Um, hola, sí, bueno soy el pedazo de culo virgen por el que el Sr. Cullen pagó un millón de dolarazos ayer por la noche para que él pueda hacerlo de la manera más, pero más sucia conmigo. De hecho, justo ayer él me folló como la mierda mi boca, pero eso fue después de que casi mordiera su pene y antes de que su dedo follara a la ramera de mi coño hasta la inconsciencia esta mañana. Él no está aquí ahora, pero puedo tomar el mensaje si usted lo desea. Sí...creo... no. Por lo tanto, ignoré la llamada incesante y engullí mis golosinas. Por mucho que estuviera colmando hasta mi último nervio, el sonido del teléfono me recordó que necesitaba llamar a Gabe y hablar con él. Yo había ocultado mi celular entre mis cosas, con la esperanza de quien sea que me comprara no hiciera algo como quitármelo o prohibirme tener contacto alguno con el mundo exterior. Edward no dijo que no podía así que asumí que estaría bien. No es que realmente me importara un culo de rata lo que él dijo. Le vendí a él mi cuerpo, no mi humanidad. Una vez que había devorado mi desayuno, enjuagué mis platos y los puse en el lavavajillas. No tenía ni la más puta idea de que diablos debía hacer con el resto de mi día. Pensé en ir arriba y encontrar mi celular para llamar a Gabe, pero o sea... Acabo de comer una porción del tamaño de Jethro Bodine (**) de Cocoa Puffs, y no hay una condenada manera que lleve mi gordo trasero por todas esas escaleras. Estoy bastante segura de que la regla es que hay que esperar por lo menos treinta minutos después de comer antes de hacer cualquier tipo de ejercicio. O, tal vez eso es sólo para nadar, pero ¿a quién le importa una mierda? Así que decidí dar caza al televisor y ver Maury. (***) Después de que había vagado por los alrededores en lo que pareció una eternidad, y estaba realmente deseando haber dejado un rastro de migas de pan para encontrar el camino de regreso, finalmente encontré lo que obviamente era una sala de entretenimiento. Era como una sala Chuck E Cheese llena de testosterona (****) para los hombres. Consolas de videojuegos, hockey de mesa, un inmenso equipo de música y pista de baile, butacas de teatro y modulares de cuero, una mesa de póquer, un bar y la


televisión más grande que he visto. Bueno, era más como un paredvisión. En serio, ocupaba toda una pared. Me pregunto si alguna vez Edward se sienta aquí con su mano metida en la parte delantera de sus pantalones en la clásica pose de Al Bundy. ¿Puede alguien decirme por qué de repente me imaginaba metiendo mi mano en sus pantalones? Doble Agente Coochie sonrió con complicidad y asintió con la cabeza hacia mí en respuesta. ––Cállate, perra. Estás fuera de control––, murmuré a mi entrepierna. Como sea... No tenía ni idea de cómo encender aquel monstruo de televisión, pero me las apañé para encontrar un control remoto ridículamente gigante en el bar. Lo cogí con ambas manos y me senté en uno de los asientos del teatro para revisarlo. La cosa tenía como tropecientos botones y ninguno de los condenados estaba etiquetado. Esto debería ser divertido. Cerré los ojos e hice esa cosa en la que agitas tus dedos en el aire y sólo la dejas caer sobre un botón, y esperas que sea la correcta. Nada. Abrí un ojo y miré a su alrededor, y me encontré con destellos del arco iris reflejados en las paredes, que giraban alrededor de la habitación. Miré hacia arriba y... ¿tiene una jodida bola de discoteca en su guarida? Me reí de mí misma y lo intenté de nuevo. Esta vez, Eminem comenzó a escucharse a todo volumen por los altavoces de sonido envolvente en un decibelio que probablemente iba a hacer que me quedara sorda en cuestión de minutos. Traté de apagarlo, pero por supuesto tenía los ojos cerrados cuando presioné los botones, así que no tenía idea de cuál era... probablemente no fue la mejor idea que he tenido. Así que en este momento, estoy apretando botones frenéticamente, tratando de encontrar el más adecuado para detener la locura, pero en su lugar sólo causa más locura. ¡Me cago, no es posible!... La pista de baile comenzó a rotar, luces parpadeantes y una multitud de colores, el asiento en el que estaba sentada en el empezó a vibrar dándome un masaje y... ¿qué diablos? ¿De verdad la licuadora se podía controlar con el condenado control remoto? Un botón más y el bastardo del televisor finalmente se encendió. Lancé el maldito control remoto por la habitación y me acomodé en el abrasador asiento con sus muy amistosos dedos, porque Dios sabe, que tal como estaban revolucionados mis nervios, me vendría muy bien el jodido masaje. –– ¡Calgon! ¡Llévame!–– (1) grité a todo pulmón tanto que pude oírme por encima de la canción ʻnot afraidʼ de Eminem. Vete a la mierda, Slim Shady! Tengo miedo... mucho miedo.


–– ¿Qué diablos está pasando aquí?–– gritó alguien. Mis ojos se abrieron de golpe y me levanté de un salto, mi corazón golpeaba casi fuera de mi pecho en estado de shock. Allí estaba Edward en la puerta mirando a su alrededor con una mirada de confusión en su rostro. –– ¡Haz que se detenga!–– Grité Caminó por la habitación y cogió el control remoto del suelo donde había caído y de manera experta presionó un par de botones hasta que por fin todo se silenció y la abrasadora silla dejó de consentirme. Bueno, esa parte no era tan mala y podría decirse que deseaba que hubiera olvidado presionar ese botón. –– ¡Lo siento!–– grité, al parecer mi cerebro no había procesado el hecho de que ya no era necesario gritar. Edward levantó una ceja como si yo no hubiera pensado ya esa mierda. Entonces bajé la voz y comencé de nuevo. ––Lo siento. Yo sólo quería ver la televisión... y ¿quién demonios usa un control remoto sin etiquetas de todos modos?–– ––Toma algún tiempo acostumbrarse––, dijo, apoyándose en el bar. –– ¿Qué haces en casa? Creí que había dicho a las seis…–– Le pregunté. ––Sí, bueno, nunca había hecho este tipo de cosas antes, puede que haya olvidado a repasar algunos detalles contigo, y Alice va a venir hoy––, dijo mientras abría su chaqueta y la removía hacía atrás para poner sus manos sobre sus caderas. Quería morder su vientre. ¡Qué! Espera... no, ¡yo no! Obviamente, Doble Agente Coochie se ha apoderado de mi cerebro. Jodida traidora eso lo que es. ––Y por favor––, continuó, luciendo condenadamente sexy con esa corbata de seda roja. –– No juegues con la mierda si no sabes lo que estás haciendo. No queremos que haya otro percance, ¿verdad?–– preguntó y luego acarició su miembro a través de sus pantalones como si lo estuviera consolando. ¡El hijo de puta estaba hablando de mí cuando mordí su polla! Yo quería tomar esa pequeña sexy corbata suya y estrangularlo. ––Pfft, eso está taaan pasado de moda––, me burlé. ––Terminemos con eso ya. Además, lo besé y lo hice sentir mejor ayer. Esas palabras realmente no acaban de salir de mi boca. Y… ahora estoy pensando en él corriéndose en mi boca. ¡Jesús, Bella! Tranquilízate. ¿Tú lo odias, recuerdas? A él... no a la maravilla de pene o a los largos dedos orgásmicos... que ahora los tamborileaba en sus caderas-lámeme-justo-aquí. –– ¡Que te jodan! Te odio––, le dije, porque él no tenía por qué saber lo que estaba pensando.


––Oh, tú me vas a joder––, dijo mientras caminaba hacia mí. ––Un montón. Pero no ahora. Tenemos mierdas que hacer. Vamos. ––¿A dónde?–– pregunté mientras él agarraba mi muñeca, levantándome y llevándome lejos de mi súper duper abrasadora silla y llevándome detrás de él mientras salía de la habitación. ––Te voy a llevar a tu cita. ––¿Qué cita? No tengo una cita––, le dije, tratando de soltarme de su agarre. ––Ahora, la tienes. Sería muy irresponsable de mi parte que no te revise un doctor antes de que yo saqueé ese dulce pequeño coño tuyo, ¿ahora no lo crees? Me detuve en seco, obligándolo a hacerlo a él también. ––¿Me estás llevando a un doctor de coños?–– Le pregunté, ofendida. ––Yo no te conozco lo suficientemente bien como para confiar en todo lo que dices que eres– , dijo mientras me presionaba con rudeza contra su pecho y agarraba mi culo. –– Compré una virgen, y tengo la intención de asegurarme de que obtuve lo pagué. Además, necesitas utilizar métodos anticonceptivos, porque cuando finalmente consiga entrar al interior de esa estrecha pequeña mina de oro que tienes, quiero asegurarme que pueda sentirlo todo. Mi mandíbula golpeó el suelo. No literalmente, porque creo que ya establecimos anoche que mi mandíbula no se desencajaría de esa manera. ––Cierra la boca, pequeñita... a menos que sea una invitación para que yo inserte algo en ella––, dijo y luego levantó mi barbilla con los dedos para cerrar mi boca antes de alejarse con una sonrisa en su rostro. Uno o dos minutos más tarde, me encontré sentada al otro extremo en la parte posterior de su limusina de Edward y camino al doctor de coños. Edward encendió un cigarrillo y expulsó el humo hacia la ventana que medianamente había abierto. Normalmente, estaría indignada por la falta de consideración a mis pulmones, pero la forma en que en que sus labios envolvían aquel filtro... bueno, me hizo tener traviesos pensamientos, cosas atrevidas. ––Sabes, puedes besarme––, dijo mientras inhalaba otra vez de su cigarrillo. ––Estoy aquí para que disfrutes tanto como tú lo estás para mí.–– Crucé las piernas, tratando de encontrar la fricción que de repente ansiaba, y pasé mis brazos sobre mi pecho desafiante, pero no dije nada en respuesta. Quiero decir, ¿qué se suponía que iba a decir a eso? ¿Bueno, ya que lo pones de esa manera, mi coño esta a punto de ser saqueado por la aldea del doctor de coños, así que ven para acá y hazme cantar un coro o dos de ––Great Balls of Fire––?


––Esto––, dijo, haciendo largas caricias sobre su polla a través de sus pantalones, –– también es para que disfrutes. No debes ser demasiado tímida para pedir lo que quieres, Isabella... o tomar lo que quieres, porque dado el caso estoy condenadamente seguro que yo no lo voy a hacer. Solo volteé mi cabeza y miré por la ventana, tratando de ignorar el pálpito de mis partecitas femeninas. Sí, a mis partecitas femeninas, se le caían las babas por la imagen visual que sus palabras proveyeron. Lo vi botar la colilla del cigarrillo por la ventana con mi visión periférica antes de que él dijera ––Aquí, deja que te enseñe. De inmediato se arrastró a través del espacio entre nosotros y de manera ruda descruzo mis piernas antes de enterrar su cara entre mis muslos. Luego él tomó mi trasero con sus manos y me hizo hacía adelante para tener un mejor ángulo para trabajar. Di un grito ahogado por la impresión cuando sentí el calor de su aliento se filtran a través del material grueso de mis jeans, mientras movía su boca, una y otra vez sobre mí. Vi el movimiento de su cabeza en estado de shock, y luego él me miró y me mostró su larga lengua como me lamía de atrás hacia delante. Mostró sus dientes y me dio una sonrisa torcida, antes de dar un mordisco justo sobre mi clítoris y me guiñó un ojo. ––Oh, Dios–– gemí y luego agarré rudamente dos puñados de su cabello y metí su cara entre mis piernas. ––Mmm––, siseó mientras que aumentaba la presión sobre mi coño. ––Me encanta la mujer que sabe lo que quiere, Isabella. La forma en que ronroneó mi nombre hizo temblar mi interior, amenazando con una erupción como la del Monte Santa Helena jamás antes vista. Pero entonces las manos del bastardo se movieron a las mías y me forzó a liberarlo de mi agarre a su cabello antes de retirarse dejando un suave beso sobre mi clítoris. ––Eso fue... prometedor––, suspiró. ––No puedo esperar para ver tu reacción cuando no haya ropa de por medio, pero, por desgracia, eso va a tener que esperar hasta más tarde. Yo estaba sentada allí, jadeando y totalmente incapaz de conseguir que mi puta interior se controle, pero él se reclinó en su asiento y se arregló la ropa como si no estuviera totalmente afectado por lo que acababa de hacerme. Pasó sus manos por el cabello para reparar el daño que yo había hecho, y grité internamente, con ganas de tirar todo. La puerta del acompañante se abrió y Riley nos saludó con una sonrisa mientras Edward salía a la acera y extendía una mano hacía mí para ayudarme. Acepté su oferta, pero sólo porque quería exprimir la mierda que tenía dentro, que fue lo que hice, pero a él no pareció afectarle eso. Hijo de puta. Por el bloqueo de furia de mi clítoris, apenas registré que estábamos entrando en una especie de edificio médico y Edward me conducía por el pasillo a una zona de oficinas. La


recepcionista en la parte delantera saludó Edward de una manera profesional, pero le estaba desnudando con la mirada todo el tiempo, aparentemente ajena a mi presencia. Quiero decir, sé que no tengo derecho a él, ni nada, pero ella no sabía eso, por lo que su descarado coqueteo me encabronó. Probablemente ni siquiera me hubiera perturbado si me jactaba que él acababa de tener enterrado su rostro entre mis piernas, el desvergonzado. Pero antes de que pudiera arrancarle esas ridículas pestañas de Tammy Faye Baker (2) de sus parpados y quizás una o dos extensiones de su cabeza, estábamos siendo escoltados a una habitación del consultorio donde una enfermera me tomó los signos vitales y me entregó una bata desechable para que me cambiara. También me entregó algunas formas que dijo que ellos necesitaban que llenara con mi información básica, pero Edward fue quien las tomó. Ella también me entregaba alguna forma la cual dijo que necesitaba que llenara con toda mi información básica, pero fue Edward quien la tomó. ––Mi tío, Carlisle, es dueño de este consultorio––, dijo Edward cuando la enfermera salió de la habitación. Estaba garabateando alguna información sobre la forma que había tomado de la enfermera. ––No es un ginecólogo, y no quiero que luego te sientas incómoda con él, así que uno de sus colegas, Ezras, va a examinarte. ––Está bien––, asentí con la cabeza, odiando lo que iba a suceder. ––¿Tienes algún problema de salud del que ellos necesiten saber?–– Negué con la cabeza como respuesta, y me entregó el formulario para que firmara. Cuando se lo devolví, me indicó que me desvistiera y me dio la espalda mientras él continuaba hablando. ––Le he dicho a mi familia y amigos que tú y yo nos conocimos hace algún tiempo en uno de mis viajes a Los Ángeles. Todos piensan que hemos estado viendo en secreto durante los últimos siete meses y que por fin te he convencido de venir a Seattle a vivir conmigo. No le he dicho a ninguno de ellos tu nombre, por lo que depende de si quieres usar tu nombre real, o algún otro. ––Bueno, creo que ya que pusiste mi verdadero nombre en las formas, supongo que nos quedaremos con eso,–– le contesté mientras me quitaba mi pantalón doblándolo cuidadosamente antes de ponerme la bata azul. Lo oí murmurar un improperio en voz baja. Al parecer, no había pensado en eso antes de rellenar el formulario. ––Además, si usamos algo más, seguramente voy a echarlo a perder. Y gracias, por cierto. ––¿Por qué? ––Porque al menos saliste con una historia semi-decente sobre mí así no parezco como la puta que tú y yo sabemos que realmente soy.


Entonces se volteó y en dos zancadas llegó hasta que su cuerpo estaba tan cerca del mío que podía sentir su calor ondear a su alrededor. Puso su dedo en mi barbilla y la levantó para que lo mirara. ––Yo no llamaría puta a una virgen,–– dijo mientras me miraba a los ojos. No tuve la oportunidad de responder, porque hubo un leve golpe en la puerta y él se alejó de mí antes de contestar a quien quiera que estuviera al otro lado para que entrara. ––¡Edward, mi hijo!–– un jovial hombre latino con una bata blanca, dijo mientras entraba a la habitación y abrazaba a Edward. ––Es tan bueno verte. ¿Cómo has estado? ––Sobreviviendo–– dijo Edward con una sonrisa sincera en su rostro cuando le devolvió el abrazo. Entonces, el médico se volvió hacia mí con una mirada de disculpa en su rostro. ––Lo siento, pero no hay ningún archivo, así que me temo que no sé su nombre. ––Isabella. Isabella Swan–– le dije, y de repente me vi fascinada por los blanco azulejos llanos del piso debajo de mis pies. ––Bueno, es un gusto conocerla señorita Swan–– me saludó con un apretón de manos y luego hizo una seña para que me sentara en la mesa de exámenes mientras se sentaba en un pequeño taburete de ruedas delante de mí. ––Ahora, ¿qué podemos hacer por usted hoy?–– ––Isabella sólo necesita un examen de rutina, y le gustaría revisar sus opciones de control de la natalidad,–– respondió Edward por mí. ––Ya veo. Bueno, ¿ha considerado un implante de Mirena?–– me preguntó con una sonrisa amable en su rostro. ––Eso, va... en mi interior, ¿verdad?–– Le pregunté, después de haber leído algún material sobre ella durante mi última visita con mi propio doctor de coños. ––Eso es correcto. Su duración es de cinco años y ha sido una forma muy popular de anticoncepción durante el último par de años. ––Sí, está bien... eso suena bien––, le respondí con un tímido asentimiento. ––Bueno, entonces... vamos a empezar, ¿de acuerdo?–– Su sonrisa era genuina y reconfortante, a pesar de que estaba a punto de ver a todas mis partecitas de mujer tendidas delante de él. Me recosté sobre la mesa y Edward llegó y se puso de pie por mi cabeza antes de poner mis pies en los estribos. No era como si nunca me hubiera hecho un Papanicolaou antes, pero tener todas tus cositas expuestas en frente de un perfecto extraño era siempre desconcertante. Quiero decir, los doctores de entrepierna ven muchas vaginas, así que debes preguntarte si la tuya luce diferente de alguna manera de las otras o si tiene algún tipo de deformidad de la que no estás al tanto.


Antes de que pudiera completar todas mis divagaciones internas, él retrocedía y dándome palmaditas en mi pierna me dijo que había terminado. ––Habrá algunos calambres en los próximos días. Puede tomar algo de ibuprofeno para el dolor. Y es posible que experimente un poco de sangrado, dada su particular situación, pero en general, debe estar bien––, dijo mientras retiraba sus guantes y los tiraba a la basura. ––Asegúrese de venir, si siente alguna molestia irregular. ––Ahora voy a dejar que se vista y luego será libre de irse––, dijo mientras se volvía hacia la puerta. ––Edward, fue genial volver a verte. ––A ti también, Ezra, y gracias––, dijo antes de volverse hacia mí. ––Sólo voy dejar arreglado lo de la factura y nos encontraremos fuera. Siguió el doctor fuera y salté al instante lamentando el rápido movimiento, porque ya me sentía adolorida por el implante. Me vestí lo más rápido que pude, con ganas de salir pitando de allí, y cuando abrí la puerta, Edward me esperaba. ––¿Estás bien?–– preguntó él, probablemente porque tenía un brazo sobre mi abdomen. ––Tengo un poco de calambre, pero si puedo ir a casa y recostarme, creo que voy a estar bien. ––Está bien––, dijo con un guiño y luego sacó su teléfono móvil y pulsó un botón. ––Buenos días a ti también, Alice––, dijo en el teléfono. ––Necesito que termines lo que sea que estés haciendo en la casa. Estoy en camino y mí invitado yo vamos a necesitar un poco de privacidad. ––Sí, Alice, es ella––, dijo rodando los ojos mientras sostenía mi brazo y me guio fuera del edificio y a la limosina que nos esperaba. ––Ella no está para visitas en este momento. Tal vez en un par de días... Llama a Jasper y dile que voy a estar de vuelta en la oficina en una hora...Gracias, Alice. Con eso, se terminó la llamada y se sentó a mi lado, cubriendo mis hombros con su brazo. ––Alice se hace cargo de todos mis asuntos personales, incluido el hogar. Sus intenciones son buenas, pero puede ser un poco difícil de manejar a veces––, explicó. ––Va a ser más difícil de engañarla a ella con nuestro pequeño secreto que a nadie, mantente alerta con ella. Es una pequeña mierda entrometida. Asentí con la cabeza entendiendo la situación y él presionó su mano a un lado de mi cabeza haciendo que me recostara sobre su pecho. Probablemente era algo muy íntimo para él dado que recién nos conocimos la noche anterior, pero considerando la intimidad que ya habíamos compartido, supongo que estaba bien. Escuché el latido de su corazón mientras íbamos en silencio. Y por primera vez, presté atención a la forma en la que él olía. Reconocí el olor de su jabón para el cuerpo y el desodorante de esta mañana - y por supuesto que me trajo recuerdos que me hicieron desear haber mantenido mis muslos cerrados en la cabeza del doctor de coños así no


hubiera podido incapacitar mi Hoochie de un Coochie (3) - pero también me atrapó otro olor que era más distintivo y muy de él. La única palabra que podía pensar para describir y sé que esto suena loco, pero es cierto - fue lujuria. Olía de manera lujuriosa y lasciva. Sus dedos me acariciaban el pelo y yo cerré los ojos, disfrutando del silencio y sus tiernas caricias. La acción fue tan suave que si no hubiera estado lidiando con tantas molestias, probablemente me hubiera quedado dormida. Todo terminó muy pronto y llegamos a casa. Edward bajó del coche primero y extendió su mano hacia mí, haciendo caso omiso al intento de Riley por hacer su trabajo. Yo me encogí porque los calambres realmente se estaban haciendo más fuertes. ––Mierda, ¿estás bien?–– La voz de Edward era frenética. ––Estoy bien. Sólo un fuerte calambre––, le dije, tratando no mostrar tensión en mi voz. No quería que él pensara que yo era una bebé grande que no podía con un poquito de dolor. Sin previo aviso, me alzó en sus brazos al estilo novia llevándome por la puerta principal que Riley había ya abierto ampliamente. Traté de que me bajara, pero no me hubiera escuchado. Él me llevo cargada hasta arriba por las escaleras hasta su habitación. Me sentó lo suficiente para empujar las sábanas así podría deslizarme debajo de ellas y luego se retiró. ––Aquí, toma estas––, dijo cuando regresó, me entregó dos pastillas y un vaso de agua. Tomé lo que me ofrecía y me tragué las píldoras antes de que Edward tomara el vaso de mis manos y lo dejara en la mesita de noche a mi lado. ––¿Vas a estar bien, si vuelvo a al trabajo?–– me preguntó, la preocupación era evidente en su voz. ––Voy a estar bien. Sólo tengo que recostarme aquí un día... o cinco y quizás dormir un poco––, le dije a través de un bostezo reprimido. ––Anda, de todos modos me puedo relajar mejor, si no estás aquí. ––¡Ouch, eso dolió––, se rió ligeramente con su mano al pecho, como si sus sentimientos hubieran sido heridos. ––Me alegra ver que no has perdido esa actitud sarcástica. Estoy seguro de que vas a estar bien y lista para hacer otro intento de morder mi polla en un abrir y cerrar de ojos. Se inclinó y me besó en los labios suavemente y luego se puso de pie. ––¿Tienes un teléfono celular?–– preguntó. ––Sí, está allá en mi bolso. ¿Por qué? No me lo vas a quitar, ¿verdad?–– Le pregunté, presa del pánico ya que en realidad él podría hacerlo. ––No, a menos que me des una razón para hacerlo––, dijo, caminando y agarrando mi bolso.


Me lo entregó y asumí que él quería que sacara mi teléfono. Saqué mi móvil y se lo di, y presionó un par de botones antes de devolvérmelo. Su teléfono comenzó a sonar y entonces la sacó del bolsillo interior de su chaqueta y lo silenció. ––Programé mi número en tu celular, y ahora también tengo el tuyo. Asegúrate de mantenerlo cerca de ti todo el tiempo. No sólo por su seguridad, sino también porque no voy a ser feliz en lo más mínimo si me dejas esperando cuando te necesito,–– dijo mientras colocaba su teléfono de vuelta en su chaqueta. ––Llámame si necesitas algo. Lo digo en serio. A pesar de que estaba tratando de ser severo, pude ver la sinceridad en la expresión de su rostro. Rodé mis ojos y asentí con la cabeza con sorna, solo porque me encantaba molestarlo, y luego le di la espalda murmurando, ––¡Vete ya! Tu cara hace que mi útero duela. Es cierto... pero sólo porque su rostro era muy lindo y yo quería montarlo, pero no podía. Y aquí está lo curioso de eso... no solo que nunca he dado sexo oral, pero tampoco he sido de la parte que lo recibe. Ahora, de repente, no puedo sacar la imagen de mí montando su rostro de mi mente. Extraño, ¿no? Les digo... es porque es tan condenadamente guapo y mierda. Parece que su boca le hace el amor al maldito cigarrillo cuando esta fumando. ––Mmmm, está bien entonces––, dijo como si no creyera ni una palabra de lo que dije. –– Nos vemos esta noche. Oí cerrarse la puerta suavemente detrás de él y me acurruqué en su almohada, inhalando su aroma una vez más. Aunque parte de mí se alegró de que no esperara nada de mí en los próximos dos días, tuve que admitir que la otra parte, mi mini puta interior, estaba súper triste porque al parecer no iba a tener otra ronda con el Rey del Dedo Follador tampoco. Con ese persistente depresivo pensamiento en mi mente, lentamente fui sumiéndome en el sueño. * n/t personajes de Charlie y la fábrica de Chocolate ** n/t personaje de la serie ––Los Beverly ricos *** n/t Maury es un talk show americano que trata temas controversiales, lo que sería tipo ––Laura en América–– ––El show de Cristina––, etc. **** n/t local de juegos para niños, adolescentes donde además venden pizza 1 n/t Calgon es una empresa que hace productos de relajación y de baño y la frase viene de un comercial de televisión de esta empresa 2 n/t fue un n/t incapacitar a mi entrepierna de una caricia, toque, mimo, etc a cantante de música cristiana y conductora de un programa de televisión 3 n/t incapacitar a mi entrepierna de una caricia, toque, mimo, etc


Capítulo 5: “Postre a la mode” BPOV ―Isabella―, una voz ronca cantó en mi oído mientras luchaba por salir de mi somnolienta condición. Levemente fui registrando la sensación de una muy grande y cálida mano acariciando el interior de mis muslos y yo gemí involuntariamente. ―Mmm, deberías tener más cuidado con los sonidos que haces cuando duermes. Gimiendo de esa manera podrías hacerme perder el poco control que estoy manteniendo. Me hace cosas indescriptibles. ― Una caliente respiración se apoderó de la piel de mi cuello y luego el más delicioso estremecimiento bajó por mi espalda cuando sentí su lengua arrastrar al interior de su boca el lóbulo de mi oreja y luego sus suaves labios se cerraron en torno a él. Su mano empezó a masajear mi muslo mientras gradualmente iba subiendo, haciéndome retorcer en un intento por encontrar el lugar perfecto para aprovecharlo de manera óptima. ―Mierda―, gruñó y se alejó del todo demasiado rápido. Mis ojos se abrieron de golpe con un grito ahogado, dándome cuenta de la respuesta comunista a su contacto junto con sus palabras sensuales, habían evocado a mi cuerpo. (1) ―La cena está lista. Quizás deberías levantarte y tratar de comer algo― dijo Edward sin aliento. ―Has dormido desde ayer en la tarde.― ¿En serio? ¿He perdido un día entero? Vagamente recordé despertarme mientras él cambiaba mi ropa, estaba demasiado cansada para registrar el hecho de que él realmente me estaba vistiendo y no haciéndome dormir desnuda. Luego recordé a él despertándome esta mañana para tomar la pastilla y beber agua. Ni siquiera creo que me haya levantado para ir al baño. Mierda, debo realmente haber estado noqueada. Cubrí mi rostro debajo de las sábanas, porque verlo a él todo sin aliento y excitado me hacía reaccionar de la misma manera, y ahora no era el momento de perder mi mierda con él. ―No tengo hambre―, murmuré en mi almohada. ―No importa, necesitas comer. Ahora, puedes levantarte por tu propia voluntad y acompañarme en el salón del comedor, o puedo lanzarte sobre mi hombro, y cargar tu trasero escaleras abajo y forzarte a alimentarte. ¿Qué eliges?― Gruñí de manera frustrada y golpee la almohada con mi puño, pero no hice ningún ademán para levantarme. ―Será como quieres, entonces―, dijo antes de que él tirara de la colcha y empezara a darme alcance. ― ¡Espera!― chillé, sentándome y poniendo mis rodillas en mi pecho. ―Me levantaré. Dios, ¡eres todo un Neanderthal! Dame un poco de privacidad para arreglarme y después nos encontraremos abajo. ¿De acuerdo?


―Está bien―, dijo, retrocediendo. ―Pero no me dejes esperando mucho rato. Detesto comer solo.― Asentí con la cabeza comprendiendo lo dicho y mirando mientras él salía por la puerta. Mis ojos inmediatamente fueron a su culo. Dios, soy toda una ridícula puta… Tan pronto como él dejó la habitación, agarré mi celular de la mesita de noche y presioné el llamado rápido. La canción, ―If you want my body― sonó de fondo mientras esperaba que mi mejor amigo conteste su teléfono. Rod Stewart, obviamente no tenías idea del castigo que le conferías a cualquiera que sea amigo de Gabriel Baxter en el momento que creaste aquella jodida pieza. ― ¡OMG, perra! ¡Joder, ya era hora! ¿Qué diablos te pasó?― gritó la voz chillona de Gabe sobre las graves notas que retumbaban en el fondo. Al parecer, él estaba en el trabajo. ― ¿Estás bien? ―Bueno, me duele mi coño, pero aparte de eso, estoy bien―, le dije, de repente sentí la imperiosa necesidad de orinar. ― ¡Maldición! Él te la metió así no más, boo-boo!― chilló Gabe mientras yo saltaba de la cama y hacía el baile del pipí por la habitación. Finalmente llegué al cuarto de baño y bajé mis pantalones de un tirón antes de que me sentara en el inodoro y soltara el dique dorado. Y por supuesto gemí aliviada, dejando mis ojos en blanco en la parte posterior de mi cabeza. No actúen como si no lo hicieran… ― ¡Eres una sucia culo de perra! ¿Estás orinando mientras hablas conmigo por teléfono? ―preguntó Gabe en tono indignado. ―Orino frente a ti todo el tiempo.― Rodé los ojos, aunque él no pudiera verme. ― ¿Cuál es la jodida diferencia? ― ¿Te me acabas de pedorrear? ― ¡Qué! ¡No!― grité, horrorizada de que él pensara que yo realmente me echaría un pedo mientras hablaba por teléfono con él. ―Lo que sea...responde mi pregunta. ―Um... ¿Cuál era la pregunta?― pregunté, envolviendo una bola de papel higiénico alrededor de mi mano. Y no era esa mierda industrial barata tampoco. Estamos hablando de ʻno apriete el Charmin Softʼ aquí, gente. Él resopló y casi pude ver sus manos en sus prominentes caderas. ―Dijiste que tu coñito te duele... ¿Te jodió así no más o qué?― ―En realidad, mi himen está intacto, pero no sé cuánto tiempo va a durar―. Me limpié y tiré de la cadena mientras subía mis pantalones y fui hasta el lavabo a lavarme las manos. Y entonces me vi en el espejo. ―Oh, Dios mío. Me veo como una mierda. ―Siempre te ves como una mierda. Por lo tanto, dame los detalles. ¿Quién te compró? ¿Es sexy?―


―Um, Edward Cullen... y sí, él es sexy a la enésima potencia. En realidad, ni siquiera creo que pensar en sexy sea una descripción adecuada. El hombre es un infierno de ardientes llamas, ― admití, principalmente porque no podía mentirle a mi mejor amigo, sería una blasfemia mentir sobre el nivel de atractivo de Edward Cullen―. Amigo, está por las nubes. ― ¿Está que arde? Por lo tanto, ¡Eso significa que es gay! Oh, sookie, sookie ya―, me arrulló y yo sabía que él tenía su mirada perdida de ensueño en sus ojos y era probable que ya estuviera haciendo algún tipo de formulación de plan para tratar de enganchárselo para él. ―No, él no es gay. Por lo menos, yo no creo que lo sea― dije, tratando de suavizar mi cabello. ―Enterró su rostro entre mis muslos vestidos por mi jeans, así que supongo que realmente le gustan las vaginas. ―Qué lástima―, Gabe chasqueó la lengua. Pude oír a alguien en el fondo y me dijo que me espere. ― ¡No, perra! Prefiero chupar mi wickie Dickie que una pegajosa polla (stickie dickie). No sé donde no más ha estado esa cosa. Ahora, ¡puf! ¡Vete perra bruja! .... disculpa eso, boo―, dijo volviendo a mí ―algunas don nadie me hacen propuestas, mientras estoy al teléfono. Quiero decir, ¿cuan jodidamente groseros son? No es como si mis excesivamente caros pantalones tuvieran ―chupo pollas― pintado en la parte de atrás. Oh, espera un minuto, sí lo tienen. Se me olvido que hice eso antes de venir al trabajo, ― se rió él. ― ¡Gabe! ¡Enfócate!― Dije, tratando de llamar su atención. ―No tengo mucho tiempo. ¿Cómo están mis viejos? ¿Llegó el dinero a través de la cuenta? Y, ¿qué demonios es un wickie Dickie? ―Oh sí, me olvidé de decirte. Me encontré un chupete en forma de polla al final, ― se rió. ―Ingenioso invento estrafalario, ¿verdad? Quiero decir, ahora puedo chupar pollas todo el condenado día. Por supuesto, creo que te preguntaras que tipo de padres compraran esa mierda para sus bebes. ―Sí, sí, sí... ¿Mis padres? ¿El dinero?― Le pregunté, exasperada. ―El dinero está ahí, y maldición, perra... ¿te vendiste por un millón? Si yo hubiera sabido que la virginidad valía por esa cantidad, podría haber cerrado mis nalgas un poco más y hubiera puesto mi maldita cosa en el bloque de subastas. ―Gabe―, le dije, tratando de frenar de nuevo la conversación antes de que pudiera salirse por otra tangente. ― ¿Cómo está Renée?― Le pregunté. ―Me fui por allí el día de hoy para ver cómo estaba. Ella esta bien, cariño. No hay cambios, ― la voz de Gabe fue más solemne. ―Pero ahora tenemos el dinero para la operación... gracias a tu valiente esfuerzo.― Suspiró Gabe. ―Realmente te admiro, Belly Bean (frijolito); sacrificar tus cosas ricas así y todo. ―Bueno, mientras ayude a mamá... vale la pena, ¿verdad? ―Mmmm... y no hay vergüenza en que disfrutes de un poco de rat-a-tat-tat en la vagina mientras estás en ello. Sonreí y le di una media risa.


―Sí, supongo que tienes razón. Mira, tengo que irme ahora. Te amo... y dile a mis viejos que estoy abrumada con mierdas del primer año y que los llamaré a la primera oportunidad que tenga, ¿de acuerdo? ―Claro, cariño. Y, yo también te amo, ― dijo con un toque de sentimentalismo en su voz. Por lo menos, tanto como era capaz. ― ¡lame clítoris y pellizca tetas, perra! Colgué el teléfono y decidí tomar una ducha rápida. Cuando entré en la habitación, no pude encontrar mis cosas por ningún lado. Incluso miré en el enorme armario de Edward y todavía nada. Por lo tanto, tomé una de sus camisas de vestir, que gracias a Dios era lo suficientemente larga para cubrir toda mi desnudez debajo. Sí, yo sabía que era probable que le moleste, ya que como él es todo anal y tiene OCD por su ropa, pero seguramente él no esperaba que yo anduviese desnuda por la casa todo el maldito tiempo. Me lavé los dientes y me examiné en el espejo, satisfecha de que a él se le iba a volar la peluca, pero entonces, que me dijera que demonios hizo con mis cosas. Luego bajé mi trasero rápidamente antes que terminara molestándolo por dejarlo mucho rato esperando. Una vez más, no porque me importara una mierda, sino principalmente porque quería estar segura de estar ahí para ver su linda cara cuando se molestara. Estaba sentado en la cabecera de la mesa cuando entré al comedor, er, perdón, al salón del comedor. El lugar justo a su derecha estaba listo para mí, supuse, así que tomé mi lugar. Edward me miró de pies a cabeza, notando mi actual estado de desnudez y lo vi tragar saliva. ―Espero que no te importe. Realmente no tenía otra opción ya que todas mis cosas no están. ¿Qué demonios has hecho con mi ropa, de todos modos?― Le pregunté. ―Había planeado llevarte de compras esta tarde así que tuve la iniciativa de deshacerme de tus otras cosas, ― dijo, recogiendo la servilleta. ―No me imaginé que dormirías todo el día. Mis disculpas. ― ¡No puedes deshacerte de mis cosas!― chillé. ―No me deshice de todo, solo la ropa, ― dijo de forma displicente. ―No era adecuada y normal en mi estilo de vida. ―Bien, no somos esnob. Lo siento, no vine preparada para tu lujoso estilo de vida, Ricky Ricón. ―No son necesarias las disculpas, ― dijo, muy seriamente. ―Nos encargaremos de ello mañana. Aunque, tengo que admitir que sí te ves bastante deliciosa en mi camisa. La forma en que me estaba mirando, uno pensaría que yo era un buffet de ―todo lo que puedas comer― y él no hubiera comido en días. Fue en el momento donde se humedeció los labios que me obligué a mirar a otro lado, de repente convirtiéndose muy interesante el verdadero buffet delante de mí. Los tres platos de comida ya habían sido colocados, ensalada para empezar, un jugoso filete y papa al horno, y de postre, una rebanada de pastel de tres capas de chocolate con un poco de helado de vainilla.


― ¿Tú preparaste todo esto?― Le pregunté mientras extendía la servilleta y la ponía en mi regazo. ―Yo soy un multimillonario. No tengo que cocinar―, dijo, levantando el tenedor y apuñalando su ensalada. ―Pago a la gente para que haga esta mierda para mí. ―Ya veo. ¿Algo así como lo que pagas por un coño?― Le pregunté, y luego tomé un sorbo de agua de la copa delante de mí. Edward se ahogó con el pedazo de la ensalada que acababa de tomar, y choqué los cinco mentalmente, mientras sonreía con suficiencia alrededor del borde de mi copa. ― ¿Por qué lo haces por cierto?― Le pregunté, no preocupándome en lo mínimo por su bienestar. ―Ese tema no está en discusión―, dijo, tomando un trago de vino. ― ¿Cómo te sientes? ¿Algún sangrado o cólico? Hasta que él mencionó algo al respecto, casi me había olvidado de mi pequeña excursión al doctor de coños. ―Bueno, eso es una pregunta personal pero si tu debes saber. ―Debo, y nada acerca de tu cuerpo es personal para mí por los próximos cinco años. Cuanto antes te acostumbres a la idea, mejor será la situación. Ahora, ¿decías? Apreté los dientes, tratando ferozmente de hacer todo lo posible para no para decirle que se joda, a pesar de que podría haber sido en realidad algo excitante. Representando mentalmente la escena, y un conteo rápido hasta diez en mi cabeza, y me sentí razonablemente tranquila para responder a su pregunta. ―Los dolores han disminuido, y no he tenido ningún sangrado. Así que, ¿significa eso que me vas a follar ahora? ―Sí. ¿Qué tal aquí mismo en la mesa?― dijo en tono de burla e hizo el show de sacudir la mesa para poner a prueba su resistencia. Me dio una sonrisa torcida para asegurarse de que yo sabía que sólo estaba bromeando. ―Creo que puedo permitirte tener la noche libre para que te recuperes. Yo sé que me odias y debes pensar algunas muy terribles cosas sobre mí, pero no soy un monstruo. Soy capaz de mostrar un poco de compasión de vez en cuando, sabes. La Doble Agente Coochie ya estaba sujetando las tiras de sus tacones de zorra para interpretar su baile de bailarina exótica y estaba muy decepcionada cuando él se retractó. Ella amenazaba con una revuelta, pero mentalmente pisé a la perra en la cara y le dijo que se callara la maldita boca. ― ¿Has llamado a alguien para hacerle saber que estás bien?, ― Preguntó, cortando su carne. No estaba muy segura de cómo se supone que debía responder a eso. Si le decía la verdad, podría molestarse lo suficiente para que él decidiera quitarme el teléfono. Sin embargo,


nunca estableció reglas con respecto a tener contacto con familiares o amigos, además él sabía que yo tenía mi celular. No me gusta mentir, porque una mentira lleva a otra, lo que lleva a la otra hasta que hayas tejido un una red infernal de engaños que es casi condenadamente imposible no ser atrapado en ella. Además, todavía quería ver su linda, linda cara en una de sus molestas rabietas. Así que, joder, le dije la verdad. ―Hablé con mi mejor amigo, Gabe, justo antes de venir a cenar. ― ¿Y tus padres?― preguntó, su cara no mostró ningún indicio de que estaba molesto por mi admisión. Estaba decepcionada, por decirlo así… y también tenía que arrebatarle a la agente doble Coochie sus tacones de zorra y enterrarle uno en su pequeña atrevida boca. ―Creen que estoy en la universidad de NYU. Voy a tener que llamar con el tiempo, pero no pueden saber dónde estoy ni lo que estoy haciendo. Eso los mataría. Edward asintió con la cabeza y unió las puntas de los dedos de ambas manos bajo de su barbilla. ―Eso es comprensible. Pero, quiero que te sientas libre para estar en contacto con cualquier persona que necesites. Mientras mantengas tu parte del trato hasta el final y no trates de romper el contrato, tendrás la mayor parte de las libertades que tenías antes de venir a mí. ― ¿La mayor parte?― Le pregunté, arqueando una ceja cuestionándolo. ―Todos a excepción de tu cuerpo, por supuesto. Eso me pertenece a mí―, aclaró. ―Por lo tanto, ¿puedo salir de casa cuando yo quiera?― Le pregunté, probando las limitaciones. ―Espero que estés aquí cuando estoy aquí, a menos que haya autorizado previamente una salida. Digo pre-autorizado, porque quiero saber dónde estás en todo momento. Además, puede que haya momentos en los que sienta la necesidad de volver a casa durante el día para aliviar un poco la tensión, ― dijo con una sonrisa torcida. Permítanme aclarar... Esta no era cualquier sonrisa torcida. Mi vagina se humedecía a una velocidad anormal y yo temía por la seguridad de la tela costosa que cubría la silla en la que estaba sentada. Mis pezones se encontraban erectos e hice los hombros hacia adelante, esperando que mi nada agradable reacción pasara desapercibida. Pero no se detuvo allí. ¡Oh, no!, al parecer estaba en una racha con mi putería. ― ¿Y te sientes estresado ahora?― pregunté con una voz sensual. No me pregunten de donde demonios vino eso. Yo ni siquiera reconocí mi propia voz. Al parecer, había bajado la guardia lo suficiente para permitirle a mi Hoochie de un Coochie se me adelantara, yendo directamente a la función verbal de mi cerebro y acampar. Esa es mi historia, y me quedo con ella.


Edward se rió entre dientes y se lamió el labio inferior, lo que fue algo que en cierta manera me molestó porque yo quería ser quien lo haga. ―Veamos. Tengo una mujer increíblemente sexy en mi casa, por quien he pagado algo más que un montón de dinero para tenerla como yo quiera en el momento quiera, y todavía no puedo porque le he causado un poco de malestar. Así que, sí, supongo que se podría decir que estoy un poquito estresado. La Doble Agente Coochie encontró la parte de mi cerebro que controla mis habilidades motoras y plantó su bandera. Había perdido todo el control de mis propias funciones corporales. Apoyé la servilleta al lado de mi plato y me aparté de la mesa. Edward mantuvo sus ojos fijos en mí todo el tiempo. Mientras yo caminaba hacia él, él se sentó apoyado en el respaldar de su silla y echó la cabeza hacia un lado frunciendo el ceño cuestionando mis acciones, esperando por ver que estaba intentando hacer. Me deslicé entre él y la mesa y me dejé caer de rodillas. ― ¿Qué estás haciendo, Isabella?― preguntó, con su voz profunda y ronca. ―Control de estrés―, sonreí con satisfacción, desabrochando su cinturón con una inimaginable cantidad de confianza. ―Estoy bastante seguro que te dije que tenías la noche libre,― dijo, haciendo rápidamente su silla hacia atrás un poco para darme más espacio para trabajar. ―Lo dijiste.― Desabroché su pantalón y deje la pretina abierta mientras dejaba besos con la boca abierta a lo largo de la protuberancia justo debajo de sus Calvin Klein. Edward pasó los dedos por mi cabello y tomó mi barbilla, levantándola de tal manera que me encontré con su mirada. ―Si sigues con esta mierda por más tiempo, no voy a ser capaz de detenerme.― ―Entonces no lo hagas.― le dije, agachando la cabeza para continuar con mis previas acciones. Empujó su silla hacia atrás más hasta que quedó fuera de mi alcance. ―No hasta que tenga mi postre.― Sin previo aviso, me levantó y me sentó en el borde de la mesa, empujando hacia atrás los platos de la cena. Sus manos estaban en mis rodillas mientras él abría mis piernas y me acercaba más a él. Luego movió lentamente sus manos más arriba por mis muslos, metiéndolas por debajo del dobladillo de su camisa y sacándomela por completo. Ambos nos mirábamos mientras él revelaba la desnudez que se encontraba debajo de su camiseta, jadeé cuando escuché un rugido feroz desde lo profundo de su pecho. Siempre me he mantenido lo suficientemente acicalada en esa área porque… bueno, uno nunca sabe cuando puedas acabar en algún tipo de accidente o alguien pueda necesitar ver algo ahí abajo. Y seamos realistas, accidentes inesperados donde yo tuviera que ver no serían del todo tan inusuales. Se lamió sus labios mientras se comía con los ojos mi coño, para luego él finalmente desviar sus ojos a los míos.


―Estoy seguro que no te importará si sólo beso esto y mejoramos las cosas.― Sin esperar mi respuesta, expandió mis piernas de manera más amplia y comenzó a chupar la piel en el interior de mi muslo izquierdo. ―Um... ¿Edward?― Empecé con una voz temblorosa. ― ¿Hmm?― siseó mientras continuaba el trabajo más arriba en mi muslo. ― ¿De verdad crees que la mesa del comedor es el mejor lugar para hacer esto? Quiero decir, no puede ser muy higiénico. ―Como todas mis comidas en la mesa―, murmuró contra mi muslo. Supongo que tenía razón y que probablemente no iba a ganar el debate, incluso si yo realmente quería. Además, ni siquiera importaba porque en ese momento, él llegó hasta mi centro y su nariz acariciaba mi botón del amor. Sentí su lengua recorrer a lo largo de mis pliegues y agarré el cabello de su cabeza. ―Hueles tan bien, Isabella. Y tú sabor es incluso mucho mejor.― gimió contra mi coño. Su mano recorrió a lo largo de la parte inferior de mi pierna derecha y la levantó, tendiéndola por encima de su hombro. Vi como su lengua continuaba lamiendo mi centro, apoderándose de mi clítoris con sus labios y chupándolo castamente antes de dar un rápido lametón con su lengua. Él me miró y guiñó un ojo mientras su lengua de serpiente se movía más rápido, y un placer como el que nunca había conocido me golpeó atravesando mi cuerpo y eché mi cabeza hacia atrás. ―Mírame―, dijo con voz ronca. ―Quiero que me veas alimentándome de ti. ― ¡Oh Dios!― me quejé, levantando la cabeza para verlo como ordenó. Primero uno y luego otro dedo desapareció dentro de mí, entraban y salían, mientras que los dedos de su otra mano mantenían mis pliegues abiertos y él chupaba mi clítoris con su boca. Luego presionó sus dedos hasta el fondo y los dobló una y otra vez, no pude evitar el gemido-tipo estrella porno que salió de quien sabe donde del fondo de mi garganta. ―Mmm, ¿te gusta eso, no?― me preguntó y luego su lengua exhaustivamente, dio un largo lamido desde mi abertura hasta mi clítoris dónde él continuó succionando. ―Eso es... Dulce Jesús mío... tan increíble―, gemí por su forma de complacerme. Mi pecho subía y bajaba, y apreté el agarre de su cabello mientras lo acercaba a mí con cada movimiento de mis caderas hacia su rostro. El gimió apreciando el gesto, aparentemente aprobando el hecho de que le dejaba saber lo que más me gustaba. Sus dedos salieron de mi abertura y yo me quejé en señal de protesta, pero cuando logré ver su mano de nuevo, vi que él sostenía una cuchara llena de helado. Él sonrió y dejó caer una pequeña porción de helado de vainilla justo sobre mi clítoris. Di un grito ahogado por la sensación de frío contra mi diminuta protuberancia sobrecalentada y casi pierdo todo el control que tenía. Edward se mordió el labio inferior


mientras observaba mi reacción y luego se lanzó hacia delante, casi devorando mi coño y lamiendo para limpiar la dulce crema. Un nudo comenzaba a formarse en la boca de mi estómago y lo reconocí de la maratón con el dedo follador en la tina la otra mañana. Cada músculo de mi cuerpo comenzó a tensarse y mis muslos involuntariamente atraparon su cabeza entre ellos. En serio, era como que mi coño se había transformado en una Venus atrapamoscas, resistiéndose a que la jodida magnificencia que era la cara de Edward se escape. Edward succionó con más fuerza sobre mi clítoris y luego movió su cabeza hacia atrás y adelante, lo que solo hizo que me pusiera al límite, pero luego el enterró su cara tan cerca como pudo entre mis piernas y lamió, chupó, gimió… tarareó. Sus dedos se movían hacia dentro y hacia fuera retorciéndolos una y otra vez… no podía aguantar más, sintiéndolo…viéndolo…escuchándolo… Era demasiado. Como una sobrecarga sensorial o alguna mierda parecida. Todo mi cuerpo se tensó cuando la espiral finalmente se liberó y mis ojos se cerraron por la presión. Manchas azules y negras revoloteaban atrás de mis ojos mientras mordía mi labio inferior y soltaba con un gemido mi orgasmo. Pulsantes oleadas atravesaron mi cuerpo mientras Edward continua lamiendo y chupando. Cuando el intenso placer finalmente decayó y mi cuerpo se relajó, él se detuvo y me miró lamiéndose los labios. ―Listo. ¿Mucho mejor?― se echó a reír con la más sexy sonrisa en su rostro. ―Mmm―, apenas solté un chillido, asintiendo con la cabeza solo como un idiota podría hacerlo. De vuelta se sentó en su silla, restos de helado y mis jugos brillaban en su barbilla. Estaba tan mortificada que estaba jodidamente sonrojada. Quiero decir, todo ese empapamiento no puede ser normal, ¿o sí? ―Coño ʻà la modeʼ, mi favorito, ― tarareó y agarró la servilleta, limpiándose su boca y su mentón. (*) Bajé la camisa para cubrirme, con la esperanza que también cubra algo de mi vergüenza, y no pude evitar dejar escapar la primera cosa que vino a mi mente… porque por supuesto, yo no tenía absolutamente ningún filtro en la boca. ―Sí, bueno, todavía no has probado mi cereza, ― dije sugestivamente. Edward dejó escapar una carcajada sincera y luego se hundió en su silla, frotándose las manos por toda su linda cara que estuvo enterrada en mi vajayjay hace un momento. ―Al parecer estamos ansiosos, ¿verdad?― preguntó. ―Bueno―, se encogió de hombros y luego dio una palmada en sus muslos, mientras se ponía de pie y metió los pulgares bajo la banda de su ropa fóllala-a-ella interior. ―Si eso es lo que realmente quieres...― La realización me golpeó como un camión Mack y mis ojos se abrieron completamente mientras mis piernas se cerraron de golpe por instinto.


― ¡No!― Grité, más fuerte de lo que probablemente necesitaba. ―Yo estoy… Yo todavía estoy adolorida.― Era una mentira descarada. Yo lo sabía. Doble Agente Coochie lo sabía. Y, más importante aún, él lo sabía. ― ¿Es eso cierto? Hmm, podría intentarlo.― dijo, con voz ronca que hizo que mi interior se disolviera en un charco de baba. Dio un paso hacia mí y me levantó la barbilla para darme un beso suave, y luego otro, y uno más antes de profundizar el beso. Sus manos rozaban mis hombros, bajo a mis brazos y alrededor de mi cintura mientras yo luchaba por evitar que mis puteros muslos se abrieran para invitarlo a entrar. Edward rompió el beso y fue dejando un camino de besos a lo largo de mi mandíbula a la zona sensible por debajo de la oreja. ―Pronto, ― susurró mientras tomaba mi cara entre sus manos y tomaba mi labio inferior entre los suyos. Se apartó y se aclaró la garganta. ―Tengo mucho trabajo que hacer esta noche si mañana quiero estar libre para llevarte de compras.― dijo, pasándose las manos por el pelo. ―Puedes hacer lo que quieras mientras tanto. Con esto, se marchó y me dejó sentada en la mesa, sorprendentemente en silencio, en una neblina post-coital y solo vistiendo su camisa. Bipolar. Los cambios de humor de este hombre me darán un grave caso de traumatismo cervical. EPOV Tuve que salir de allí. Su sabor y su olor estaban por todos lados y ella estaba sentada ahí con mi condenada camisa, luciendo más sexy de lo que ella tenía derecho a lucir. Y para colmo… estaba ofreciéndome su jodida cereza. ¿Acaso no tenía idea alguna de todo lo que me tomó contenerme para no embestirla con mi polla justo en ese momento? Y una mierda...Quiero decir, en serio necesito remojar mi polla... y estoy empezando a pensar que marinarla en el muy empapado jugoso coño de Isabella sería la solución. Pero ella tenía que haber estado adolorida, y embestir mi polla en ella de manera descarada no era hacer otra cosa que hacer que la situación empeore. Lo que supongo que significa que tengo que esperar mucho más para volverlo hacer. Y una vez que la tuviera… no hay manera de que vaya a ser capaz de no poseerla una y otra vez, en cada rincón de la casa. Y mi casa, tanto como mi polla, son descomunalmente grandes. Control. Tenía que mantener el control y tener un poco más de paciencia. Todo lo bueno se hace esperar. ¿Verdad? Me senté en mi escritorio y llevé los dedos que tuve dentro de su estrecho pequeño coño a mi nariz, inhalando su aroma una y otra vez. Sí, era un movimiento masoquista, peor que cualquier otro tipo de tortura imaginable… peor que quizás tener que ver a alguien más follándola justo frente a mí… pero, no podía resistirme al encanto de ´eau dʼIsabella.


De repente me di cuenta de la enorme dureza que había estado ostentando desde que ella entró a la sala del comedor usando solo mi jodida camisa. Solté un quejido de dolor que me causaba mi polla dura como la roca, retorcida y magullada en una posición muy incómoda. Llevé mi mano debajo de mi ropa interior haciendo una mueca de dolor mientras sacaba mi polla. Juro por Dios, que hubiera podido usarla para perforar un riel de ferrocarril. Bueno, no podía dejar que se quede así por mucho. Nunca iba a conseguir hacer algo de mi trabajo con esa cosa agitándose en mi rostro, especialmente con el sabor de Isabella todavía en mi lengua y su olor todavía presente en mis dedos y mis bigotes. Alcancé el interior del cajón de mi escritorio y saqué la botella de loción que había guardado allí. Mente fuera de la alcantarilla, pervertidos. No soporto las manos resecas, ¿de acuerdo? Rocié una generosa cantidad en mi palma y pasé la mano de arriba abajo por mi longitud. Cerré los ojos e imaginé a mi nena del millón de dólares, todavía vistiendo mi camisa, de rodillas frente a mí mientras yo estaba sentado en la mesa. Mi pulgar pasó sobre la cabeza de mi polla y sisee, imaginando la parte plana de su lengua haciendo el movimiento en vez de ella mientras ella extraía el líquido pre-seminal. Ella cerraba sus ojos y tarareaba mientras me saboreaba. Su lengua rozó a través de su labio inferior anticipando el momento mientras su pequeña boca codiciosa devoraba mi polla y me tragaba. Podía sentir la parte de atrás de su garganta contraerse alrededor de la punta de mi polla mientras ella gemía y movía su cabeza arriba y abajo. Mi mano seguía los imaginarios movimientos de Isabella. Me acaricié más rápido y más fuerte, deslizando mi polla una y otra vez a través de sus perfectos rosados y carnosos labios. Ella me miró y yo apreté más fuerte la base de mi polla, arremetiendo mis caderas en su boca. Mi mano libre se sujetó tan fuertemente del borde de mi escritorio que pensé que escuché el crujido de la madera debajo de mis dedos. Pero sus ojos…profundos, de oscuro color chocolate, tan cálidos, tan hambrientos…no me abandonaban. Ella estaba chupándome tan fuerte y rápido. Dejó mi polla ir con un ʻpopʼ de su boca antes de lanzar su cabello sobre su hombro, lamió desde la parte inferior de mi longitud hasta la punta y luego me engulló tan profundo como pudo con un gemido de satisfacción. Agarré la parte posterior de su cabeza y la mantuve sujeta ahí hasta que el calor que mi orgasmo irradiaba a través de mi cuerpo y mis movimientos se volvieron torpes antes de derramar mi semilla por su garganta. Cuando hubo ordeñado de mí todo el semen que tenía, abrí mis ojos. Ella no estaba ahí, y mi mano estaba cubierta de mi propio esperma. Suspiré y metí la mano en el cajón del escritorio, saqué una toallita húmeda y limpié mi desorden. Cállense, sólo tengo las toallitas húmedas allí porque no me gustan los gérmenes y la limpieza te acerca a lo divino...


Una vez que estuve suficientemente libre de gérmenes, encendí mi computador. Ingresé al sistema de seguridad y encontré a Isabella en la cocina. Le dije que podía hacer lo que ella quisiera y, ¿esto es lo que ella elige hacer? Estaba lavando los platos a mano mientras bailaba alrededor a un ritmo que obviamente estaba en su cabeza. Debo tratar de recordar de comprarle un iPod en nuestra excursión de compras. Sus caderas se balanceaban de aquí para allá mientras saltaba alrededor y moviendo su cabello de un lado a otro. Espuma de jabón flotando en el aire a su alrededor y se dio la vuelta en círculo, con la cabeza echada hacia atrás mientras giraba y reía. No pude evitar reírme cuando una hebra de cabello se enredó en su boca y ella escupió y lo quitó, logrando que involuntariamente aterrizaran un grupo de burbujas en la punta de su nariz. Ella echó una bocanada de aire por la boca y las burbujas salieron volando antes de volver a trabajar en los platos. Cerré el programa, a sabiendas que la distracción de verla me impediría revisar los archivos que necesitaba analizar y enviar por correo a mi secretaria para que se los transmita a los miembros del consejo por la mañana. Un par de horas más tarde, estaba viendo doble antes de haber terminado mi trabajo. Apagué mi computador y la lámpara de mi escritorio antes de dirigirme a la cama. Isabella ya estaba dormida cuando llegué a mi habitación, luciendo toda angelical y esa mierda. Pero, sabía que ella en realidad era el diablo disfrazado. Me di una rápida ducha y deslicé debajo de las sábanas, complacido al notar que ella estaba desnuda como yo lo había requerido. Así que, me acurruqué en su espalda y envolví mi brazo alrededor de su estómago. Ella se estremeció un poco en sus sueños y murmuró algo incomprensible antes de volver a acomodarse de nuevo y estabilizar su respiración. Me llegó el pensamiento de que quizás había abarcado más de lo que debí con Isabella, y eso nunca debería suceder. Mañana, reafirmaría mi posición y nos recordaría a ambos la razón por la que está aquí. Mañana… Desperté al día siguiente, mi polla en la precaria posición entre sus suaves muslos como había estado cada mañana desde que ella había llegado. Aunque hoy sería diferente. Ella estaba aquí por una razón y pesé a que no soy un completo bastardo, sí, tengo mis necesidades. ¿Un muy cachondo hijo de puta? por qué sí, sí, sí lo soy. Mi brazo izquierdo cubría su cintura, mi mano sobre la maravilla que era su pecho. (¿En serio, acabo de usar la palabra ―pecho―? Pregunta el ridículo hombre adulto quien aparentemente volvió a ser un chico de 17 años cuando toca pechos… Querido Dios, mi mente se está volviendo una papilla de tetas.) La yema de mi pulgar recorrió su pezón y… nada. Bueno, esa mierda era inaceptable. Así que, lo hice nuevamente, pellizcando


ligeramente entre mi pulgar y mi dedo en cada pasada. ¡Houston, tenemos superficie granulada! Ella se retorció un poco en su sueño, y yo esperaba que fuera porque la hacía sentir bien y no porque pudiera escuchar mis demasiado inmaduras divagaciones. Su retorcimiento llamó la atención a la vara de hierro unida a mi cuerpo y cuan increíblemente maravilloso se sintió cuando se deslizó hacia atrás y adelante entre sus cálidos muslos. Sólo necesitaba un poco de lubricación y sería capaz de acabar sin siquiera sumergir la mecha en su virginal coño. Ella no está lista para eso todavía. Pese a que me estoy muriendo por meterme hasta el fondo en esa mierda. Besé su hombro desnudo e hice un lento recorrido de besos a lo largo de su anchura hasta llegar a su cuello. Al mismo tiempo, yo bombeaba mis caderas lentamente hacia atrás y adelante, envolviendo su pezón entre mis dedos. Isabella me dio un pequeño gemido y llevó su mano para cubrir la mía. Me quedé helado por un segundo, preocupado de que ella vaya a protestar por lo que estaba haciendo, y luego caí en cuenta de que realmente no me importaba una mierda si ella quería que yo continuara o no. Yo pagué por esta mierda, y pesé a que no soy un violador… esto no era exactamente una violación. Solo quería liberarme y ella era afortunada de que ello no implicara ser apuñalada por mi pene espada…esta mañana. Para mi sorpresa, ella no trató de quitar mi mano. En su lugar, empezó a masajearla, alentándome a amasar sus senos con más énfasis. Ese NO tan simple acto causó que mi caderas arremetieran hacia adelante y pude sentirla tensarse cuando su mano salió disparada hacia abajo entre sus piernas y encontró mi polla. ―Todavía no―, le susurré contra su cuello y luego me empecé a chupar a su piel allí. Ella se estremeció en mis brazos y ése fue un disparo directo a mi polla, poniéndome imposiblemente más duro. Necesitaba una mayor fricción. Moví mi mano por su vientre y entre sus piernas y abrí sus pliegues para permitir que su humedad cubriera mi polla. Me deslicé hacia atrás y adelante un par de veces y no pude reprimir el gemido provocado por la calidez de sus jugos. ―Te sientes tan bien... sólo...así,― dije con cada suave embestida de mis caderas contra ella. Isabella arqueó la espalda y cambió el ángulo en el que yo me frotaba, pero sabía que todavía no era lo que ella necesitaba. Tomé su mano y la guié lentamente para que pudiera sentir como nos movíamos juntos. El arco de su espalda se hizo aún más pronunciado a medida que presionaba nuestras manos con más fuerza a la parte inferior de mi polla, y porque mis dedos eran más largos, estiré el pulgar para presionar la cabeza de mi polla en su clítoris. ―¡Joder!― ella gritó y de nuevo se deslizó a lo largo de mi longitud, hasta que dio en el punto de nuevo. ―Más―, gemí en su hombro.


Me aparté y con impulso embestí de nuevo, la cabeza de mi polla presionaba tan cerca de ella que inadvertidamente presionó contra su abertura. La punta apenas entró en ella antes de que me apartara y volviera a embestir. Lo que me sorprendió de esta mierda fue que ella presionaba hacia atrás y ni siquiera se inmutó cuando estuve en su entrada. Su mano se mantuvo presionada a la mía mientras yo me deslizaba hacia atr��s y adelante entre sus húmedos pliegues con más urgencia. Ella no me necesitaba para mantenerla en su lugar por más tiempo, así que me aparte y agarré sus caderas de manera estratégica. Se sentía tan suave y cálida… y resbaladiza. Mi pene estaba nadando en su humedad y no podía tener suficiente de ello. Con más fuerza y rapidez embestí, su resbaladizo pulgar recorriendo su hendidura sobre la cabeza de mi polla y luego moviéndose sobre la cresta del pequeño casco de mi cabeza. Ella me estaba volviendo loco. Tuve que reducir la velocidad, por lo que hice largas caricias en ella, dejando a propósito presionar la cabeza de mi polla contra su abertura. Ella presionó hacia atrás y yo forcé la punta de la cabeza hacia adelante. Al instante se congeló, Ella contuvo su respiración y tensó cada músculo de su cuerpo. ―Relájate, bebé,― le susurré en su oído. Mi respiración estaba fuera de control y estaba acariciando con mi boca su cuello tratando de recomponerme mientras la cabeza de mi polla todavía estaba apenas dentro de ella… Joder, olía tan bien y se sentía incluso mucho mejor. ―Joder, te deseo tanto,― jadeé, todavía sin moverme por miedo a tomarla. ―Maldita sea, ¿por qué te sientes tan jodidamente bien?― Mi pene estaba latiendo por la necesidad de arremeter en su apretado coño. Una pequeña voz en el interior de mi cabeza gritaba que la embistiera, oprimiera, empujara, embistiera, oprimiera, empujara. Quizás si solo me permitía un poquitito más. ―Sólo quiero probar algo,― murmuré contra la nuca de su cuello. Me acerqué hacia adelante minuciosamente, sintiendo sus paredes contraerse alrededor de mí, mientras permitía a toda la cabeza de mi polla estar rodeada de ella. Un minúsculo movimiento fue todo lo que me permití. ―No te muevas―. Mi voz esta prácticamente rogándole mientras yo cerraba mis ojos fuertemente y luchaba contra la necesidad de darle a mi polla exactamente lo que quería…más. Un pequeño gemido que escapó de su garganta y sentí su mano deslizarse entre mus muslos y acariciarme. ―¡Mierda!― salté de la cama, prácticamente volando al otro lado de la habitación con mi espalda contra la pared, frente a ella. ―¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!― ella repetía, sentada en la cama con sus rodillas contra su pecho. ―¡Maldita sea! ¡No se puede hacer cosas así, Isabella!― dije jadeando. ―Me estaba tomando cada onza del control que tengo no follarte hasta dejarte viendo lucecitas y tú vas


y me alientas. ¿Qué estabas pensando?― Ella bajó la cabeza y dejó caer su pelo como una cortina escondiendo su rostro de mí. Se balanceaba hacia atrás y adelante con la frente en las rodillas, cuando dijo entre dientes; ―No sé. Supongo que pensé que te gustaría. Se sentía tan bien... ugh―, gruñó. Bueno, ¿ya saben? Joder, ella también quería esto. Podemos estar más cerca de sellar el acuerdo de lo que pensaba. Una gran sonrisa ridícula se posó en mi rostro y con cautela me acerqué a la cama, mi polla todavía era un mástil completo, listo para darle lo que tanto quería. Y entonces mi condenado chupador de polla del jodido hijo del puto celular empezó a sonar. Tenía casi decidido tirar al bastardo por la maldita ventana, pero sabía que no podía. Gruñí y caminé a la mesita de noche donde estaba, con mi polla balanceándose hacia arriba y abajo con mi movimiento. ―Cullen― grité por el teléfono. ―Buenos días, señor Cullen. Espero no despertarlo,― respondió la nasal voz de Jessica, la secretaria de Jacob. ―¿Qué quieres, Jessica? ―El señor Black quería que lo llamara. Él está citando a una reunión de emergencia con los miembros de la junta en vista de la reciente crisis.― Dijo. ―¿Qué crisis?― Le pregunté. ―¿No ha visto las noticias? El mercado de valores está cayendo en picado, debido al derrame de petróleo. Las acciones de Scarlet Lotus se han convertido en un éxito. ―Hijo de...―, empecé, limpiando mi cara. ―Está bien. Estaré ahí de inmediato. Dígale al Sr. Whitlock que me espere abajo con los últimos reportes.― Colgué el teléfono sin decir una palabra y me dirigí a Isabella. ―Lo siento, pero no voy a poder llevarte de compras hoy. ―¿Qué se supone que debo hacer con la ropa hoy? ¿Usar más de tus cosas?― preguntó con más actitud cuando finalmente me miró. ―Por mucho que me encantaría ver que uses mis cosas, en realidad no tengo nada lo suficientemente pequeño para ti,― le dije, y entonces tuve una idea. ―En su lugar voy a decirle a Alice que te lleve. Ella realmente sabe sobre moda.― Saqué mi billetera del cajón del velador y saqué mi tarjeta dorada. ―Toma, no te preocupes por cuanto gastes; estoy seguro que Alice no lo hará. La llamaré y le dejaré saber que la necesitaras, y podrás comprar todo lo que desees. ―¿Y mientras tanto?― preguntó, mirándose a sí misma. ―No puedo salir luciendo exactamente así. ―Voy a pedirle a Alice que traiga algo suyo para que te preste. Llamé a Alice camino al baño y le instruí en lo que necesitaba que se asegurara que Isabella tuviera en su armario, guardando la compra de lencería para que yo la haga con


ella, por supuesto. Habría lugares a los que deberíamos asistir y quería estar seguro que ella tenía lo necesario para vestir apropiadamente. Obviamente, Alice estaba muy contenta de llevar a Isabella a gastarse hasta el último centavo, por supuesto. Le advertí que no sea muy demandante con Isabella y la dejara escoger algunas cosas por su cuenta. Además le di explícitas instrucciones de no entrometerse en su vida privada. Lo que Isabella quiera que sepan, lo compartirá por su propia voluntad. Cuando terminé de vestirme, di a Isabella instrucciones de último minuto. ―No le digas nada sobre nuestro acuerdo, no importan cuanto ella traté de sacarte información. Dile lo que quieras de tu vida personal, pero hasta donde todos saben, nos conocimos en LA. Debo de estar en casa alrededor de las seis. Asegúrate de estar esperando por mi.― Con eso, la levanté de la cama, abordando su boca con un rudo beso y dejándola caer de vuelta en la cama con entusiasmo. ―Tenía muchas ganas de tenerte modelando lencería para mí hoy. Otra vez será.― Guiñándole un ojo y dándole una sonrisa torcida mientras agarraba mi maletín y mi chaqueta dejándola sola. Odiaba dejarla así para que lidiara con Alice por primera vez, pero realmente no tenía otra opción. Esperemos, que ella sea lo suficientemente fuerte para hacerle frente o lo suficientemente evasiva para mantenerla a raya, por el momento. Además, realmente esperaba que eso de gastarse hasta el último centavo suavice el golpe manteniendo a Alice bastante distraída para andar husmeando. Sólo me queda esperar… 1: n/t cuando se refiere a respuesta comunista se refiera a la respuesta liberal de sus partecitas femeninas, como las llamaría Bella

Capítulo 6: “Dúo Cobarde” BPOV ―¿Hola? ¿Hay alguien en casa?― oí una voz cantarina llamar desde la entrada. ―¿Isabella?, Soy yo, Alice, la extraordinaria asistente de compras personal… aquí para llevarte a lo que yo considero es el paraíso. Esa debe ser Alice. Me apresuré a bajar por la escalera, vistiendo la misma camisa que me había puesto ayer por la noche para la cena. Y tan avergonzada como podía estarlo al conocer a una extraña por primera vez usando solo mi camisa John, realmente no tenía otra opción ― ¡Oh, hey!― me saludó, toda llena de alegría como la persona madrugadora que es. Su pelo era corto y de puntas, y ella era tan pequeña e increíblemente hermosa que me recordó a Tinker Bell... sólo que con el cabello oscuro. Quería recogerla y meterla en mi bolsillo. ―Um, hola,― le dije de un modo extraño. ―Bella Swan.


―Alice Whitlock,― dijo con una amplia sonrisa. ―¡Estoy tan feliz de al fin conocerte!― Extendí mi mano en un gesto amigable, pero ella rodó los ojos alegremente. ―¡Oh, por favor!― Resopló suavemente por su respingona nariz haciendo un ademán desechando mi especie de saludo formal. ―Vamos a ir de compras todo el día juntas. En mi mundo, es como tener relaciones sexuales―, rió y luego me agarró en un rápido abrazo. ―Mmm, hueles bien. Por cierto esto es para ti,― dijo ella, y me entregó una bolsa de color rosado. ―¿Ropa?― Le pregunté, sólo para estar segura. ―Sí. Oye, ¿y a todo esto, qué pasó con toda tu ropa? ―Sobre eso,― evadí, no teniendo idea de que responder. ―Mi mudanza aquí con Edward fue como un tipo de decisión apresurada y realmente no tuve tiempo de empacar mucho. Lo poco que empaqué no parecía realmente estar a la par con los estilos y tendencias que ustedes visten por estos lugares, así que me deshice de toda ella.― Listo. Eso se escuchaba como en lenguaje de moda, ¿verdad? Alice arqueó una ceja perfectamente perfilada y pude ver las ruedas girando en su cabeza y dudosa entrecerró los ojos. ―¿Y estabas desnuda cuando hiciste todo eso?― ―Um, no,― medio me eché a reír. ―Por supuesto que no, tonta. La ropa que tenía puesta está... sucia. Sí, están sucias. ―Uh-huh―, me miró con recelo. ―Bueno, ¿por qué no subes, te cambias y nos ponemos en marcha?― Estar en el pequeño beamer rojo de Alice hizo que me cagara de miedo. Ser multifuncional es un regalo. Pero no estoy tan segura de que sea un don para usarlo mientras conduces. Ella iba sobre el límite legal de velocidad mientras texteaba y bailoteaba junto a LMFAO (laughing my fucking ass off). De vez en cuando, tocaba la bocina y maldecía a alguna persona mayor, y la cito textualmente, ―deberían tener su licencia de conducir revocada una vez que cumplen 50 años― La filosofía de Alice era que a nadie lleve un pañal se le debería permitir estar detrás de un volante, y que todas las personas mayores de 50 años deben ser obligados a rehacer las pruebas de manejo cada año. Voy a tener que decir que estoy de acuerdo con ella, pero también voy a decir en este caso que a las personitas hiperactivas adictas a la cafeína tampoco deberían permitírseles estar detrás de un volante. Ella se metió en un espacio que se acababa de desocupar por otro vehículo. Y cuando digo ―se acababa de desocupar―, quiero decir que ni apenas había salido del espacio ella ya estaba parqueando paralelamente el carro sin siquiera estar segura y checar... lo que significa que se subió a la acera, obligando a algunos de transeúntes a caminar fuera de la vereda para no interponerse en el camino. Me las arreglé para zafar las yemas de mis dedos del tablero, donde estaba segura quedarían huellas permanentes, y me bajé del carro. Para este momento, yo estaba perfectamente dispuesta a besar el suelo si no hubiera sido tan grotesco porque sólo Dios


sabe qué clase de gérmenes y enfermedades habría. Las calles y las veredas son como las placas de Petri cultivando cócteles de muerte. Alice apareció con sus gafas de sol, tiró la correa de su bolso sobre su hombro y dijo: ―Vamos, chica.― Ella usaba tacones de tres pulgadas y un vestido corto que parecía que se había hecho para una pequeña niña en lugar de para una mujer adulta, pero ella lo lucía sin problemas. En serio, la mujer es muy linda con una cara de ven aquí- macho. Entramos a la primera tienda y las señoras detrás del mostrador, la reconocieron de inmediato, incluso la llamaron por su nombre. ―¿Amigas tuyas?― Le pregunté. ―Profesionalmente, no socialmente,― dijo por lo bajo. ―Se podría decir que soy su viajero frecuente aquí. Además, doy buena propinas. ―Damas,― dijo, volviéndose hacia ellas y extendiendo la tarjeta dorada de Edward. ―Si fueran tan amables de mostrar a mi nueva amiga lo mejor… Me llevaron de inmediato a un vestidor para desvestirme y antes de siquiera de haberme sacado toda mi ropa, los atuendos estaban siendo colgados en la puerta. Gemí interiormente, porque comprar no era lo mío, pero tenía que admitir que me sentía algo así como Julia Roberts en ʻMujer Bonitaʼ, siendo atendida de esta manera. Alice se quedó fuera de la puerta dando elogios por las cosas que ella aprobaba y burlándose de las cosas que no. Pensé que estaba segura en mi pequeña habitación propia, aislada del resto del mundo, pero Alice no lo creía. Ella abrió la puerta y se paseó como si yo no tuviera nada que ella no haya visto antes. Supongo que no lo tenía, pero igual, quizás hubiera querido conservar un poquito de privacidad, loca duendecilla. Estaba empezando a aprender rápidamente que en el mundo de Edward, aparentemente mi cuerpo es para que todos lo contemplen. Así que dejó de importarme y dejé que mi mierda colgara como si yo fuera una playboy de póster desplegable para ser envidiada. ―Así que,― suspiró Alice mientras se sentaba en el banquillo de mi camerino y me miró. ―Dime todo sobre cómo tú y Edward se conocieron. ―Um, supongo que como lo hace cualquier otra persona,― le dije, tratando de descifrar el vestido condón (por lo ajustado que es) que me había dado Alice para que me probara. ―Nadie se conoce exactamente de la misma manera. Todo el mundo tiene una historia. Dame los detalles, amiga,― dijo, ayudándome con el vestido. Y luego me entusiasme... porque su curiosidad iba a dejarme jugar con Edward un poco. Él le dijo que dijera todo lo que yo quería, así que iría por ello. ―Bueno, probablemente él me matara por decirte esto, así que voy a tener que hacerte jurar que mantendrás el secreto,― comencé.


―Honor de Perra,― dijo, poniendo su dedo índice y su dedo medio justo debajo de los ojos como Samantha en ―Hechizada―. Con esa pequeña maniobra me convenció, esta psicópata era de las mías. ―Edward Cullen estaba en un espectáculo de drag queen(*)― le dije en un susurro. ―Era tan bonito, que pensé que era uno de los artistas ―¡Edward Cullen en un espectáculo de drag queen!― Alice gritó y luego comenzó a reír cuando ahuequé mi mano sobre su boca y callarla. ―Él dijo que no estaba familiarizado con la zona, quería tomar una copa y apareció ahí por error.― Profundizando mi mentira. ―Él estaba afuera fumando un cigarrillo cuando me presenté, y siempre me he preguntado si él estaba fumando porque acababa de alcanzar su clímax.― Alice y yo nos reímos juntas, y se sintió muy bien por hacer aquello con alguien de tu mismo sexo para variar. ―Luego, ¿qué?― preguntó ella, atenta a cada una de mis palabras. ―Bueno, puedo haberle dado la mirada de ʻuh-huh si claro, voy a creer eso, a lo que ha este punto procedió a comerse con los ojos a las niñas,― dije, acomodando mi escote. ―Sólo para demostrar que era cierto, estoy segura. ―Pero sí, tienes lindos pechos.― se encogió de hombros, como diciendo eso tiene sentido. ―Así que, me invitó a tomar un trago, y porque él era tan lindo, tratando de demostrar lo hombre que era, lo dejé que me folle. No he sido capaz de deshacerme de él desde entonces,― reí. ―Bueno, me alegra saber que él por fin ha decidido sentar cabeza, algo, especialmente bueno después de lo ocurrido con Tanya,― dijo, acomodando mis tetas en el vestido. Creo que secretamente ella solo quería meterles mano. Yo no estaba ofendida en lo más mínimo, si ese era el caso, pero estaba curiosa sobre lo que acaba de decir. ―Tanya ¿Quién es Tanya?― Le pregunté, ansiosa por una mirada al pasado de Edward. No porque me interesaba, sino porque quería la munición en caso de tener la necesidad de usarla. ―Nadie. No importa. No debería haber dicho nada,― rápidamente me dejó fuera mi pregunta. ―Oye, estás absolutamente sorprendente en este vestido.― Vaya manera de cambiar el tema, pequeña escurridiza. Voy a tener que mantenerme atenta a ti. Ni siquiera podría decirles cuando tiempo pasamos de compras. Dejé que Alice escogiera la mayoría de la ropa, y todos mis zapatos. Yo no me opongo a lucir linda, y realmente amé todos los preciosos zapatos que ella escogió, a pesar de que sabía que ellos eran un peligro para la salud de alguien como yo. Ella se negó a dejarme comprar algo de ropa interior porque Edward quería hacer aquella parte. Pero en serio, ¡no puede una chica sólo comprar algo de regulares bragas de algodón! Finalmente, Alice decidió que deberíamos tomar un descanso para un almuerzo tardío. ―Entonces, cuéntame un poco sobre ti,― dijo Alice, engullendo su ensalada.


―¿Qué quieres saber? ―No sé... Supongo que lo básico. ¿De dónde eres? ¿Quiénes son sus padres? ¿A qué te dedicas? Ese tipo de cosas. Quiero decir, Edward incluso mantuvo tu nombre muy en secreto,― dijo rodando sus ojos, claramente irritada por la negativa de éste a dar más detalles acerca de mí. ―Eso es porque estoy en el programa de protección de testigos―, le dije tranquilamente antes de tomar un bocado de mi sándwich. ―¡Tú eres que!― ella gritó, dejando caer su tenedor. ―Sep,― dije, resaltando la 'p' y haciendo un condenado esfuerzo para no esbozar una sonrisa. Mi intento fue inútil, porque la expresión de su rostro no tenía precio, y lo solté, casi escupiendo las migas de pan por todo el lugar. ―¡Tú, pequeña mentirosa!― echó a reír ella. ―Casi me ha haces creer. Ahora, dime la verdad―. ―Bueno, la verdad es que... soy de Graceland y Elvis Presley es mi padre. ―Elvis y Graceland?― dijo con una ceja arqueada. ―¿No eres demasiado joven para ser su hija? ―Uh-uh. ¿No has oído? Él no está realmente muerto. Está junto con Tupac y Biggie, tomando pastillas y fumando marihuana Alice suspiró y rodó los ojos. ―¿Creerías Michael Jackson y el rancho de ʻNeverlandʼ?― Le pregunté en mi mejor imitación de Maxwell Smart. ―Soy lo suficientemente blanca para ello, ¿verdad? ―Muy bien, listilla,― dijo, lanzándome una rodaja de pepino. ―Lo entiendo. Es obvio que no quieres hablar ti. ¿Pero por qué, Bella? ¿Qué estás ocultando? ―Oh, no, no lo hagas,― señalándola con el dedo acusador. ―Edward ya me advirtió acerca de todas tus mañosa maneritas, duende. No trates de ser toda súper detectivesca conmigo. Realmente no soy tan interesante. Vengo de un pueblo pequeño, y me mudé a Los Ángeles porque tenía grandes sueños de entrar en la industria del porno. Simplemente no funcionó, ― me encogí de hombros. Alice se atragantó con el agua y yo no podía dejar de reír al ver la expresión de asombro en su rostro. ―Estoy bromeando... sobre lo del pequeño pueblo,― me reí. Que ganó otro resoplido de Alice, pero finalmente cambió de tema cuando le pedí que me hablara de sí misma. Al parecer, ella no tenía secretos para nada. Incluso me dijo acerca de la posición sexual que ella y su marido, Jasper, probaron ayer por la noche y me dijo que


debería probarla con Edward. Pero, lo que ella no sabía, y no podía saber era que yo soy una prostituta virgen, y realmente no tengo nada que decir sobre lo que Edward y yo hacemos en el dormitorio... o en la mesa del comedor... o en la limusina... o la bañera, en este caso. No es que yo sepa qué demonios estaba haciendo en primer lugar. Comimos el almuerzo, la pequeña franja negra en el dorso de la tarjeta dorada de Edward era delgada y casi inexistente y la cajuela de Alice estaba casi demasiado llena para cerrar la escotilla. Estábamos de regreso a la propiedad Cullen y yo no había soltado ni un dato de información, así que estaba muy malditamente orgullosa de mí. No estoy segura si Alice había en realidad creído algo de lo que le dije en el día, excepto quizás la partecita de espectáculo de drag queen. Honestamente, ella no era tan difícil como Edward me la había pintado. Nos detuvimos alrededor de la entrada circular y Alice aparcó el coche justo delante de la puerta. Aunque no se bajó. Se volvió hacia mí y bajó sus gafas de sol, mirando por encima del borde superior. ―Me gustas, Bella. En serio lo digo, y desde ya puedo decir que vamos a ser grandes amigas,― empezó diciendo ella ―Pero vamos a dejar algo en claro. Es necesario que comprendas que Edward es mucho más que un jefe para mí y Jasper. Él es nuestro amigo, y Dios sabe que no él tiene muchos de ellos. Ha sido herido antes y no puedo quedarme de brazos cruzados y dejar que algo así vuelva a ocurrir. Por lo tanto, siempre y cuando seas buena con él, no voy a meterme en tu vida personal. Puse mi mano sobre su hombro y la miré seriamente. ―Eres una terrible mentirosa, Alice, pero voy a tratar de no echártelo en cara.― Su boca se abrió como si estuviera ofendida, pero ella sabía que se había puesto en evidencia. Justo en ese momento, Riley salió a ayudar con mis compras. Le di a Alice un guiño y salí, dejándola sentada allí todavía con la boca abierta. Pensé que era dulce que Alice sea tan protectora con Edward. Si ella supiera la verdad sobre nuestra relación, ella no hubiera sido tan rápida en darme el discurso de ―si lo lastimas, voy a tener que patearte el trasero.― En realidad ella nunca me amenazó, abiertamente, pero fue definitivamente más una advertencia para mí. ―¡Esto no ha terminado, Bella!― Alice llamó desde el interior del auto, mientras Riley y yo nos dirigíamos a la casa. ―¡Nos vemos mañana, Alice!― me despedí mirando sobre mi hombro con una risita y luego desapareciendo en el interior de la casa. Subí a la habitación de Edward y empecé a revisar las bolsas para ordenarlas. No tenía idea donde poner mis cosas, pero algo me dijo que la mayor parte de lo que Alice había escogido no era para enfollonar y guardar en un cajón por ahí. Fui hasta su closet y lo abrí. Me gustaría decir que estaba sorprendida por la meticulosidad con que tenía todo lo almacenado allí, pero no lo estaba. Una ordenada hilera de zapatos, cada par pulido a la perfección, camisas de vestir organizadas por color, así como también sus trajes, pantalones y chaquetas, todas revestidas en fundas de plástico de lavado en seco. Aquí viene lo bueno... todo estaba colocado para que ninguna cosa tocara la otra.


Él es todo un súper maniático. Entonces, ¿qué podía hacer yo? Me sonreí y mordí la comisura de mi boca. Empujé toda su ropa a un lado y colgué mi ropa a un costado de la suya. Si no le gusta, podría darme mi propia habitación. Quince minutos antes de las seis, todo estaba recogido y estaba esperando en la puerta de entrada, como Edward indicó. Una mierda si me preguntan, él esperando que yo solo esté aquí de pie como June Cleaver, esperando por él a que entrara por la puerta. Apuesto que le encantaría si yo tomara su maletín, ayudara con su sweter y le diera un beso en la mejilla antes de guiarlo a la sala de estar para que se siente en su silla favorita donde estarían listas sus pantuflas y su pipa. Nada parecido a Ward. El sonido del pomo de la puerta me sacó de mi carcajada por TV Land y dejé de morderme las cutículas y puse una sonrisa falsa. Edward lucía como el infierno recalentado, pero la sonrisa de su rostro fue instantánea. ―¡Hola, cariño! ¿Cómo estuvo tu día?― Pregunté con la más grande y falsa sonrisa sarcástica que pude esbozar. Edward resopló una carcajada y asentó su maletín sobre la mesa. Se pasó las manos por su cabello mientras ladeó la cabeza hacia un lado y me miró. ―Ha sido una mierda. ―Ay, pobre bebe―, arrullé, sobresaliendo mi labio inferior para burlarme de él.―Sentado detrás de un escritorio todo el día con acondicionador de aire, una cómoda oficina mientras otras personas hacen todo por ti, ¿mucho para ti? ¿hmm? ―Sabes, me gusta mucho más tu boca cuando tienes algo en ella.― Alargó la mano hacia la parte delantera de su pantalón y se desabrochó el cinturón para aflojar en su pantalón. ―Así que, ¿por qué no vienes aquí y haces mi día un poco mejor?― dijo mientras sacaba su polla. Mi boca se abrió y me imaginé que tenía la misma mirada que Alice hizo antes en el auto. ―Sí, justo así, sólo que en mi polla. ―¿Aquí mismo? ¿En la puerta de entrada?... Pero, toda la servidumbre no se ha ido todavía. ¿Y si alguien nos ve?― Le dije en una frenética carrera de palabras. Yo podría haber estado en pánico, pero Doble Agente Coochie ya estaba de rodillas con sus manos levantadas en oración, rogándome que sólo lo hiciera. ―Bueno, ahora eso sería parte del encanto, ¿no?― Extendió la mano y tiró de mí hacia él. Podía sentir el movimiento de su mano contra mi estómago, mientras él lo acariciaba. Su caliente aliento se cubrió todo mi rostro, su boca sólo a pulgadas de la mía. ―Apuesto a que eso te excita, ¿no es verdad, Isabella? ¿El temor de ser atrapada por un perfecto desconocido, arrodillada con mi polla en tu boca?― La punta de su lengua serpenteaba a través de mi labio inferior y luego apenas y en un movimiento rápido pasó por mi labio superior, jugando conmigo sobrepasando la distracción. ―Voy a enseñarte cosas que tú


jamás ni siquiera soñaste hacer. Cosas prohibidas, que te garantizo te van a encantar― De repente me acordé que todavía estaba sin ropa interior, y Doble Agente Coochie estaba babeando sobre mis muslos. El hombre tenía perversidad en sus palabras. Atrapada en su trance, me sumí hasta las rodillas delante de él y tomé su asombroso pene en mis manos. Él gruño cuando lamí mis labios y le di a la cabeza de su polla un sensual beso, capturando una pequeña gota de líquido pre-seminal de la punta. Hice un gran espectáculo tragándomelo, como si estuviera disfrutando su sabor. Eso hizo que me ganara otro gemido de él. ―¿Te gusta eso, Edward?― Pregunté con una voz profunda y sensual. Él acarició mi mejilla con la palma de su mano y luego suavemente entrelazó sus dedos en mi cabello. Con un movimiento rápido, me bajó la cabeza hacia adelante y empujó su polla en mi boca. ―¡Jesucristo!― siseé entre él y mis dientes apretados. Hice un trabajo rápido en él, chupé, lamí y bombeé... prácticamente tragándomelo entero, tal y como me acordé que le había gustado de mi primera noche aquí. Lo agarré por las caderas y empujé y tiré de él, cada vez más rápido. Su cabeza cayó hacia atrás y se apretó los puños en cabello. ―Demasiado... demasiado pronto,― gruñó mientras trataba de alejarse, pero yo no iba a permitir esa mierda. Agarré su polla de nuevo y lo tiré hacia delante. Si él iba a soltarse, lo iba a hacer sin su polla pegada a su cuerpo. Y estoy muy segura que él no quiere eso. Podía sentir su pulso palpitar en mi boca y relajé mi garganta, tomando respiraciones tan profundas como podía, tratando desesperadamente de no atragantarme de él. ―Argh!― gruñó, y entonces sentí el chorro de semen caliente en mi garganta. Sus movimientos bruscos, se convirtieron en descompasados y levanté la mirada para verlo, vi su cara arrugada, como si tuviera dolor, pero las apariencias pueden ser engañosas. Por mucho que odiara admitirlo, tenía una jodida ardiente cara de satisfacción sexual. Cuando soltó el agarre de mi cabello y su cuerpo comenzó a relajarse, lentamente me aparté, lamiendo a lo largo de su longitud. Luego solté su pene con un ʻpopʼ y lo vi rebotar sin vida. ―Estuviste prestando atención,― jadeó. ―Buena chica―. Y luego me dio una palmada en la cabeza antes de guardársela en su pantalón. ¡Este arrogante hijo de una puta chupa pollas! ―Yo no sé tú, pero se me abrió el apetito. Vamos a comer,― dijo, aplaudiendo con sus manos.


EPOV Todo el maldito día he estado tratando de ocultar la dureza constante de mi extremadamente caro pantalón. Quiero decir, Cristo Jesús, ustedes pensaran que si uno paga tanta cantidad de dinero por algo, debería venir equipado con algún extravagante dispositivo que ayude a un tipo con este tipo de situación. Vamos, vamos dispositivo bloqueador de pollas. Pfft, lo que sea... Seguí imaginando a Isabella desnuda, probándose diferente atuendos y tacones de punta... ¡todo...el maldito... día! Además, Jacob Black estaba colmando hasta el último de mis nervios. El jodido tarado apresura conclusiones y actúa como si cada pequeña caída en el mercado es el fin del mundo. Scarlet Lotus es una empresa flexible y siempre se ha mantenido firme. Esta pequeña crisis no haría diferencia. Por lo tanto, estaba feliz de estar finalmente en casa, y aún más feliz al ver que Isabella estaba esperando en la puerta. A decir verdad, nunca pensé ella seguiría mis instrucciones, estar allí, pero lo estaba... y ella estaba soltando esa sabionda boca suya, haciendo que mi polla se endureciera mucho más de lo que ya estaba. Un movimiento no muy inteligente de su parte. Por lo tanto, Metí algo en ella para hacerla callar. Me di una gran palmada en la espalda complacido por pensar y reaccionar con rapidez. Y esa mierda fue jodidamente fantástica, también. Cuando traté de retroceder y ella agarró mi mierda y me obligó a quedarme quieto... ¡Maldita sea! Mi nena del millón de dólares estaba aprendiendo a gatear y creo que podría haber soltado una pequeña lágrima de mi ojo. Yo estaba perfectamente al tanto que mi palmada en la cabeza como un perro iba a hacerla molestar, pero eso es lo que se merece por actuar como una perra. Amigos, ¿no es así? Como castigo a eso, supongo, ella se mantuvo en silencio durante la cena. Ni siquiera contestaba directamente mis preguntas, y eso me molestaba más, pero dejé pasar esa mierda. Porque estaba planeando unos castigos por mi cuenta. Ansioso por hacerlo, insistí en que me acompañara para ir a la cama justo después de apresurarla en la cena. Ella estaba completamente desnuda y esperándome debajo de las sábanas cuando terminé de bañarme… justo como ella debería estar… justo como yo pagué por ella para que lo esté. ―¿Estás enojada conmigo?― le pregunté mientras me paseaba por la habitación, vistiendo nada más que una sonrisa de suficiencia. Ella no respondió. De hecho, se dio la vuelta y se volvió de espaldas a mí. Al diablo con eso. Yo no seré ignorado. No en mi casa y mucho menos en mi cama.


Me deslicé en la cama a su lado y la rodé sobre su espalda. ―No me ignores, Isabella. No me gusta ser ignorado. Sobre todo cuando he pagado un millón de dólares para ser agasajado en atenciones. Sus ojos parpadearon a los míos. ―Yo no soy tu puta. ―Tú eres lo que yo quiera que seas,― le recordé. Antes que ella pudiera decir algo más, le cubrí su boca con la mía. Sus labios y su cuerpo se mantuvieron rígidos. Ella iba a por el juego del muerto tendido. Tuve que sonreírle porque era un plan brillante, pero estoy seguro que debió haber olvidado cuan traidor su cuerpo puede ser cuando esta a la misericordia de mis hábiles manos. Su castigo... llevarla directo al límite del éxtasis sin dejarla si quiera desprenderse de él. Me aparté y le sonreí, listo y dispuesto a jugarle este pequeño juego. Luego, sin apartar los ojos de su rostro, mi mano se dirigió hacia el interior de sus muslos y apartando sus rodillas antes de rápidamente ahuecar su coño con mi mano. Ella jadeó sólo minuciosamente, haciendo su mayor esfuerzo en no mostrar ningún tipo de reacción. Seguí viéndola mientras yo deslizaba mis dedos entre sus pliegues, sintiendo como se ponían resbaladizos y más resbaladizos con cada pasada por su entrada. ―Tu cuerpo te traiciona, Isabella,― canturreé en voz baja. Introduje un dedo dentro de ella, lentamente entrando y saliendo. Su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas y su boca estaba abierta, pero se encontró con mi mirada y no emitió ningún sonido. Saqué mi dedo y rodeé su clítoris, sintiendo los músculos de sus piernas contraerse mientras ella luchaba para mantenerse bajo control. Introduje dos dedos dentro de ella. Y los torcí una y otra vez, con maestría operando en su punto-G. Yo lo sabía. Ella lo sabía. Pero se rehusaba a mostrarlo. Saqué mis dedos y llevé mi mano a mi boca. Que brillaban con sus jugos y podía oler su excitación flotando en el espacio entre nuestras caras. Todavía ella no había apartado su mirada, así que sabía que podía ver su humedad. ―Estás tratando de actuar como si no te afectara, pero tú y yo ambos sabemos que es diferente. Y esta… es la prueba,― dije con voz ronca. Metí mis dedos en mi boca y cerré los labios alrededor de ellos, saboreándola. Ella era tan deliciosa, tuve que cerrar los ojos a su sabor. Cuando los volví a abrir, sus alguna vez ojos caramelo se habían oscurecidos y sus mejillas estaban sonrojadas. Ella me agarró por las orejas y me empujó hacia ella, estrellando su boca con la mía y besándome con avidez. Me hubiera reído a carcajadas de cuan fácil era de hacerla perder el control, pero estaba besándome de manera tan apasionada, sus pezones estaban casi rozando sobre mi pecho desnudo con cada una de sus agitadas respiraciones, y ella estaba retorciéndose, tratando de atrapar mis piernas.


En resumen... mi mierda se volvió contra mí, y yo no podía jugar con ella. Yo la quería. Joder, la necesitaba. Sin romper el beso, giré su pequeño cuerpo sobre su espalda. Sus piernas se abrieron a mí ansiosa y acaricié su seductora lengua con la mía en forma de agradecimiento. No tenía nada resuelto entre sus piernas luego ella estaba levantando sus caderas, frotándose contra mi polla mientras gemía en mi boca. ―Cálmate, cariño,― le dije con respiraciones jadeantes mientras rompía el beso y trataba de calmar sus desesperados movimientos. ―No te preocupes, voy a hacerte sentir bien. La besé suavemente mientras removía mis caderas contra su dulce punto. Su espalda se levantó de la cama y envolví mis brazos alrededor de ella para abrazarla a mí. Luego me moví a lo largo de su mandíbula y bajo su cuello, encontrando el lugar donde su cuello se junta con su hombro y lo chupé de manera gentil, todo esto mientras me frotaba lentamente contra ella. Ella estaba tan húmeda... tan receptiva. Sus manos vagaron por mis costados y encima de mis costillas, hasta que finalmente ahuecó mi culo, necesitándome más cerca. Podía sentir su aliento cálido rozando la coraza de mi oreja y sus pequeños lloriqueos desesperados enviaban ondas eléctricas directas a mi polla. Ella enterró su rostro en mi cuello, chupando y lamiendo toda la piel de ahí. Y Dios, no podía soportarlo más. Necesitaba que se corriera, y lo necesitaba ahora. Me despegué de ella, pero manteniendo contacto con mis caderas, moviéndolas hacia atrás y adelante entre sus resbaladizos pliegues. Ella se mordía el labio tan fuerte que pensé que se iba a romper la piel. Una mirada de pura concentración fue grababa en mi memoria de los rasgos de su rostro mientras se empujaba y presionaba contra mí con caricias más largas. Ella casi estaba a punto. Me incliné sobre un codo y ahuequé la parte posterior de su muslo con una mano y levantando su pierna sobre mi cadera. De ida y vuelta, me balanceé con largas y gruesas caricias, sintiendo su clítoris rozar la cabeza de mi polla. ―Vamos, nena. Habla conmigo. Se siente bien, ¿no?― Yo jadeaba. ―Tan jodidamente bien. ¿No quisieras sólo perder el control? Déjalo ir, bebé. Déjalo ir. ―¡Santísima mierda! Me voy… a…ugh…― ella gimió, rodando sus ojos a la parte posterior de su cabeza. Sentí su cuerpo ponerse rígido en mis brazos y supe que ella estaba sintiendo el gozo del orgasmo que yo le traje. Sin dudarlo, me alineé en su entrada y empujé mi polla en ella. Ella arqueó su espalda en la cama con una aguda inhalación de aire. Su boca se abrió, sorprendida mientras sus ojos se encontraban con los míos. Esperaba que tomar su virginidad en medio del clímax sería hacerlo más fácil, pero no podría decir si realmente lo fue. Quiero decir, tengo espejos. Sé que tan gruesa mi polla es. ―Respira, nenita― dije con un jadeo. ―Sólo trata de relajarte. No te va a doler por mucho. No sé a quien estaba tratando de convencer, si a mí o a ella, pero tampoco me moví. Pese a que cada impulso primario dentro de mí me rogaba para que embistiera en ella una y otra


vez, no lo hice. Si no lograba mantenerme bajo control y le permitía que se aclimatase a mi tamaño, terminaría despedazándola… Y luego no podría hacer esto de nuevo por bastante tiempo… además, Quizás me siento ligeramente como un imbécil por romper mi nuevo juguete. Isabella exhaló lentamente mientras su cuerpo comenzaba a relajarse y hundirse de nuevo en la cama. Empujé hacia adelante, más a mí mismo enfundándome en el interior de su pequeño coño estrecho y ella apretó sus ojos cerrados mordiéndose el labio otra vez y, sabía que no debería importarme una mierda sobre si la estaba o no lastimando, pero soy un hombre y muchos hombres realmente quieren que la mujer a la le han enterrado su polla al menos lo disfruten. Sin embargo, esta es su primera vez, y dado mi tamaño, no era como que ella iba a correrse… esta vez. Retiré casi todo y volví a empujar lentamente. Tuve que detenerme nuevamente. Mis piernas temblaban por el esfuerzo de no moverme, sudor goteaba de la punta de mi nariz y creo que puedo haber realmente dejado de respirar. En serio pensé que estaba en peligro de estallar de adentro para afuera. ―Joder, te sientes tan bien... tan jodidamente estrecha,― gemí. ―Entonces, ¿qué diablos estás esperando?― preguntó desafiante. Eso fue lo que más había hablado desde que me saludó cuando llegué a casa. ―Jódeme, y dejar de actuar como un maldito mariquita. A menos, claro está, te preocupe que dispares tu carga muy pronto. Jesús, estarás pensando que tú eres la virgen aquí. ¿Ven? Uno pensaría que un comentario como ese acabaría con mi erección. Pero aquí está la cosa, no lo hizo. Si esto fuera posible, solo me puso insoportablemente más duro. Es que hay algo sobre su boca mordaz y la manera en que ella me desafía que malditamente me excitaba. Soy un enfermo bastardo. Pero realmente no me importaba un carajo porque estaba alimentando mi ya abrasadora necesidad por ella. ―Oh, realmente no deberías haber dicho eso,― bromeé y luego me retiré entero, solo para embestirla nuevamente. Ella siseó entre dientes y apretó sus ojos cerrados. Hice movimientos cortos dentro y fuera, en realidad no quería hacerle daño, pero tampoco importándome si la hacía sentir bien…. Ella es mía... está aquí para mi placer, y me iba a asegurar que ella supiera que yo no había olvidado aquello. ―Este es mi coño, Isabella. Mis dedos fueron los primeros en tocarlo… mi boca la primera en saborearlo… y mi polla siempre será la primera en follarlo. Y para el resto de tu vida, el recuerdo de mi polla muy dentro de ti siempre estará en tu mente. Ningún otro hombre siquiera podrá compararse. Oficialmente he marcado mi territorio... mi coño. ¿Me entiendes? Dilo. ¿De quién es este coño? ―La última vez que chequeé, estaba unido a mi cuerpo,― dijo con respiraciones pesadas. ―Respuesta equivocada―, sonreí con suficiencia y luego embestí de manera profunda, no lo suficientemente duro para lastimarla… solo lo suficiente para llamar su atención.


―¡Jesucristo!― dijo sin aliento. ―Creo que tú sabes que ese no es mi nombre. Inténtalo de nuevo. Seguí moviendo mi polla dentro de ella, sintiendo la presión acumulada dentro de mí rápidamente. Mis bolas dolían, rogando por la liberación, pero no podía ceder a la necesidad de liberar todavía. Sus uñas clavadas en la piel de mi espalda mientras empujaba sus caderas hacia arriba con un gruñido. Sus dientes estaban apretados y sus muslos se cerraron sobre mis caderas mientras coordinaba con mis embestidas. Tenía que darle crédito, estaba impresionado. Sabía que ella estaba incómoda incluso posiblemente adolorida, pero no se rendía. ―¡Dilo...En voz… alta...!― le gruñí, marcando cada palabra con una profunda embestida. Se quedó sin aliento, pero vio mis ojos desafiantes. Otra fuerte embestida y la oí gemir. ―¡Es tuyo... mi coño es tuyo, Edward Cullen!― exclamó. Eso fue todo lo que necesitaba escuchar. Con un empuje más profundo, me vine, gruñendo mi propio orgasmo. Dejé todo mi peso caer encima de ella y la besé, gimiendo en su boca mientras yo bombeaba mis caderas de forma esporádica hasta que no tuve más semilla que dar. Ella me devolvió el beso, desesperada tratando de dominar el beso… tratando de probar un punto que ni siquiera necesitaba ser probado, tanto como me dolía admitirlo. Ella podía hacerse cargo de mí... ojo por jodidamente ojo. Y si podía hacer esto la primera vez, yo estaba en un infierno repleto de muchos problemas. BPOV ¡Esa mierda duele como un hijo de puta! ¿Me oyen? ¡Como un hijo de puta! No fue tan malo cuando al principio él empujó dentro de mí. Habiendo estado en medio del orgasmo y tomada totalmente desprevenida que él estaba planeando hacer, a decir verdad eso probablemente ayudó. Yo estaba sólo impresionada. Pero estaba aliviada que todo esto de estallar la cereza finalmente terminó. Pesé a que mi hoohah había tenido bastante de la paliza. Fue cuando Edward se seguía deteniendo que me molestó. Cuanto más tiempo se tomara para acabar, más incómodo iba a ser para mí. O eso creía yo. Porque una vez que se puso en marcha, la sensación de estar completamente llena fue en realidad muy cerca a la mejor maldita cosa que he sentido jamás. Quiero decir, yo sabía que probablemente dolería, porque él es como inhumanamente monstruoso y todo, pero la sensación del poder en bruto entre mis muslos, y teniendo esa mierda como un soldado de caballería... me hizo sentir como una maldita súper humana. Y luego tuve que abrir mi gran maldita boca y desafiarlo. Supongo que soy un imbécil de mierda con una inclinación a los castigos, uno de esos enfermos que simplemente no pueden admitir la derrota, aunque sé que estoy siendo rejodida, por decirlo así... como un policía novato en la escena de un baño de sangre en progreso que se apresura con su arma


con todo el seguro echado, pensando que ellos iban a eliminar a criminales profesionales y esa mierda. Súper policía, no soy... pero Doble Agente Coochie fue a ponerse su capa y sus rojas botas de cuero altas hasta las rodillas como si fuera una especie de superhéroe, completándolo con un unitardo de un brillante color azul y un cinturón de dorado, con una ―C― de un rojo muy intenso estampada en el pecho. Puta pendeja. Joder, estamos adoloridas, ¡Cooch! ¡A ver si te putamente enteras! Edward rodó sobre su espalda y me estrechó en sus brazos hasta que estuve medio tumbada en su pecho. ―¿Estás bien?― preguntó suavemente. Asentí con la cabeza, no muy segura de qué decir. No quería admitir que dolía. No quería admitir que se trataba de una calentura completa. No quería admitir que había partes de esto que realmente y concienzudamente disfruté. Por lo tanto, me quedé muda. ʻCooch Maravillaʼ, por otra parte, estaba ya relajada con un cigarrillo, exhalando anillos de humo con una sonrisa de satisfacción en su rostro. ―Va a mejorar―, dijo con ternura rozando su mano de arriba y abajo en mi brazo, lo que sólo me hizo enroscar mi pierna sobre su muslo y acurrucarme en él. Como la puta de dos caras que al parecer soy... Podía oír su corazón latiendo fuerte y rápido en su pecho y mi cabeza subía y bajaba con su pesada respiración. Una ligera capa de sudor cubría su piel, y sin pensarlo, le probé con un beso de boca abierta. Ese beso llevó a otro, y luego a otro, hasta que tuve su tetilla en mi boca. ―Probablemente no quieres hacer eso, Isabella,― dijo todo sin aliento y esa mierda. ―Tengo un tiempo de recuperación muy rápido y estoy seguro que tú no estas nada lista para otro asalto. Los dedos de Edward dibujaron perezosos diseños bajo mi espalda y por encima de mi trasero antes de desandar el camino de regreso hasta el cuello. Su respiración se estaba normalizando y también los latidos de su corazón, aunque todavía prominente, era equilibrada. ―Necesito un cigarrillo―, suspiró y se movió un poco por debajo de mí, así que me alejé de él mientras él se sentaba a un lado de la cama. Cogió un cigarrillo y su encendedor de la mesita de noche y lo encendió, exhalando el humo mientras volteaba hacia mí. ―Quizás te sentirías mejor si tomas una ducha caliente. Iré por algo de agua para ti.― dijo, levantándose y pavoneándose hacia el cuarto de baño. Había algo en su cara que no podía discernir. ¿Acaso se arrepentía de lo que acabábamos de hacer?


Una parte de mí sabía que no podía ser, pero yo lo he visto de este modo antes, después de la visita al doctor de coños. Y entonces se me ocurrió... que quizás no se arrepentía de tomar mi virginidad, pero él seguramente se sentía condenadamente responsable de mi malestar, y ahora trataría de cuidar de mí. Ahora ¿por qué diablos el hijo de puta tiene que ir y actuar todo dulce y eso? No sé del resto de ustedes, señoritas, pero me resulta increíblemente difícil odiar a alguien que esta siendo bueno conmigo. Doble agente Coochie pensó que deberíamos mostrar nuestro agradecimiento. Benedicto jodido Arnold, estaba cambiando lados en mí a favor de ―O―. Y ahí lo tienen... ʻSúper Coochʼ era completamente adicta al ʻPene Maravillaʼ y ambos unieron fuerzas formando al Dúo Cobarde.

Capitulo 7: “La bebé hizo algo muy, pero muy malo” BPOV Me desperté la mañana siguiente para encontrar que estaba acostada boca arriba, que no es cómo usualmente duermo… en lo absoluto. Algo cálido y pesado estaba en mi estómago así que eché un vistazo abriendo un ojo para investigar. Un cabello oscuro, alborotado hacía cosquillas en mi piel con cada agitación de su cabeza, forzada por mi inhalación. Él estaba de lado, su rostro posicionado lo suficientemente bajo mi cuerpo para permitir que su caliente aliento se derramara a través de la sensible carne de mi región inferior. Cerré mis ojos y tragué grueso, la sensación de su respiración amenazaba con excitar a ʻLa Coochʼ. Él se removió en su sueño y me llamó la atención la calidez de su mano en el interior de mi muslo, peligrosamente cerca de mi centro. Gemí por la doble sensación de su aliento y su tacto y luego llevé una mano sobre mi boca para ahogar el sonido, con la condenada esperanza de que no me hubiera escuchado. Doble Agente Coochie sin duda me había oído. Ella estaba meneando las cejas y alentándome a empujar su cabeza entre mis piernas. Por favor, vuelve a dormir puta. Edward murmuró algo y volvió su cara en mi estómago. Su movimiento en realidad llevó su cabeza más cerca de mi coño y le arqueé una ceja a Coochie, preguntándome cómo diablos se las había arreglado para hacer realidad esa mierda. Descarada sinvergüenza. Él ahuecó mi muslo y deslizó su mano hacia arriba lo suficiente para que el lado de sus dedos quedaran descansando contra mi raja y yo instintivamente empujé mi caderas hacia él. No era mi intención. Sólo sucedió, un reflejo o alguna mierda así. ―Mmm―, murmuró Edward en su sueño. Por lo menos estaba bastante segura de que todavía estaba dormido de todos modos.


Y seré maldecida si ese sonido, unido a su proximidad en mis partecitas femeninas no me ponían toda cachonda y esa mierda. Empecé a hacer algunos cálculos mentales, preguntándome si podría correrme mientras él dormía, y él nunca lo supiera, Pero por supuesto eso dependía en gran medida de cuan pesado es su sueño. Y seamos sinceros, no estoy experimentada exactamente en esa área. Pero, de repente recordé sus propias palabras en la limosina… Estoy aquí para tu placer justo tanto como tú lo estás para el mío. Así que decidí probar la validez de lo que él dijo. Ya saben…ver si él es un hombre de palabra y eso… esto es puramente para propósitos experimentales, así que no se pongan todos sentenciosos conmigo. Con una mano, recorrí mis dedos por su cabello, mientras que con la otra mano recorría por lo largo de su amplio hombro y bajo la longitud de su brazo hasta que encontré la mano entre mis piernas. Edward se removió un poco, acurrucándose en mi estómago. No podía ver su cara, lo que también significaba que no podía ver sus ojos y saber si se había despertado. Sin importar eso, seguí. Entrelacé mis dedos junto a los suyos y levanté su mano para ahuecar mi coño. El peso de su mano allí enviaba corrientes a través de mi cuerpo e inmediatamente estaba húmeda. Su palma descansaba sobre mi clítoris, dando una deliciosa presión que forzaba un pequeño lloriqueó de mis labios. Yo cubrí sus dedos con los míos y los manipulé para moverlos como yo quería entre mis húmedos pliegues. Creí escuchar a Edward tomar una aguda inhalación de aire, pero para ser honesta con ustedes, con todas las sensaciones que yo estaba sintiendo en este momento, no podía estar realmente segura que no era todo producto de mi cabeza. Empujé su dedo medio más abajo, rodeándolo sobre mi entrada antes de empujarlo hacia adentro de mi cuerpo junto con mi propio dedo. Estaba un poco adolorida por la noche anterior, pero no era tan terrible. Hacía dentro y afuera trabajé con su largo dedo. No era lo mismo de cuando él realmente tiene el control de sus propios movimientos… tocándome de la forma que él quiere tocarme, sólo como el Rey del Dedo Follador podría. Frustrada, removí su dedo y arrastré a lo largo de mi humedad para en su lugar jugar con mi clítoris. Los dedos de ambos estaban empapados con mi excitación, sin esfuerzo moviéndose sobre mi coño mientras yo trabajaba hasta llegar un estado frenético. Podía sentirlo retorcerse, definitivamente despertó y esperé un movimiento de su parte. Pero no lo hizo. Me dejó el control y no estaba segura si realmente era eso lo quería en ese momento. Yo sólo quería correrme. Así que sumergí dos de sus dedos dentro de mí y los saqué, con la esperanza que eso lo atrajera a tomar el control. Cuando eso no funcionó, levanté su mano y llevé esos mismos dedos a su boca, restregándolos sobre sus labios… tentándolo, prácticamente rogándole que quiera más que sólo saborear.


Sentí sus labios rozar contra mis dedos cuando por su propia cuenta los metió en su boca. Él canturreó su recompensa suavemente, el delicioso sonido enviaba otro borbotón de excitación a mi centro y bajo mis temblorosos muslos. Empecé a remover mi mano pero su implacable agarre en mi muñeca era como grilletes. Con bastante determinación él llevó mis empapados dedos a su boca, frotándose mi esencia sobre sus labios mientras él gemía. Presionó uno de los húmedos dedos en su maquiavélica boca y chupó codiciosamente mi carne hasta que mi piel cosquilleaba de placer con la meticulosidad de su lengua. Luego de beber a lengüetazos mis jugos de ese único dedo. Movió su atención al otro y prestó igual atención. El hombre tenía dementes habilidades de aspiradora que iban directo a mi clítoris y pulsaba enloquecidamente a manera de respuesta. ―Hay más de donde vino eso,― le susurré sugestivamente. Entonces tiré de su cabello con mi mano libre y empujé su boca hacia adelante. ―¿Estás realmente dándome una invitación abierta?― su voz ronca estaba cargada de sueño. ―Estoy dándote lo que ambos queremos,― le dije cuando levanté mis caderas en la invitación tácita, con la esperanza de atraerlo a responder. Antes de siquiera tener la oportunidad de bajar mis caderas a la cama, Edward se había volteado y ahora estaba cernido entre mis piernas, su nariz casi rozaba mi hinchado clítoris mientras sus labios esbozaban una peligrosa sonrisa cerca de donde yo quería que él estuviera. ―Me estás volviendo jodidamente loco, Isabella,― gruñó. ―No deberías ofrecerte tan dispuesta con alguien a quien supuestamente te disgusta. No tiene sentido alguno. ―El cuerpo quiere lo que el cuerpo quiere,― suspiré. ―¿Creo recordar que dijiste que te encantaba una mujer que sepa lo que quiere? Bueno, ahora, lo que quiero es tu boca en mi coño.― No me pregunten donde o como una persona inexperimentada, recién desvirgada, tiene el descaro de decir algo como eso. Es algo así como un misterio para mí, pero sin duda se sentía natural. Rodé mis caderas hacia su cara acentuando mi punto. Él gruñó, mostrándome sus dientes perfectos. Luego cerró los ojos y respiró hondo. ―No.― ―¿No?― Le pregunté, confundida. La boca de la doble agente Coochie se quedó boquiabierta impactada. Abrió los ojos y la intensidad de su ahora oscurecido color casi me asustó. ―Si hacemos esto ahora, voy a querer follarte. Duro.― Gruñó las palabras con respiraciones pesadas. ―No voy a ser gentil y confía en mí… tu coño… no puede aguantar


ese tipo de golpe que estaría encajándole… todavía. Así que quizás quieras dejar de tratar de seducirme.― ―Oh, lo que mierda sea, Edward, ― me burlé. ―¿Qué es tan diferente ahora de cuando me usaste como recipiente del postre la otra noche? Tú tienes el suficiente control entonces para no follarme. ―Entonces, no te había tenido, no te había sentido ciñéndote alrededor de mi polla, apretándome… Dios, te sentías tan bien,― dijo con los ojos cerrados, reviviendo la sensación en su mente. Luego sacudió su cabeza minuciosamente y con voz ronca susurró, ―No puedo. Con la finalidad de sus palabras resonando en mis oídos, saltó de la cama y pasó sus manos por su ya despeinado cabello. Y para que conste... Su adormilada cabeza junto a su cabello de recién follado, hizo esa mierda a Doble Agente Coochie ansiar recorrer sus dedos a través de ellos también. Maldita puta. Volví mi atención de más a él y vi que su polla estaba todavía jodidamente dura como un demonio…larga y al mando. Mierda, sólo su excitación era suficiente para hacerme rogar por ello. Casi. ―No puedes hacer mierdas como esas, Isabella. Podría inclinarte en cualquier superficie disponible de esta casa y follarte duro y fuerte, a cualquier hora que quiera. No olvides eso.― Se pasó sus manos por la cara y luego las posó en su cadera. ―Ok, mira…voy a ir a darme un chapuzón en el jacuzzi así puedo tratar de calmarme algo. Tú quizás quieras asegurarte de estar vestida y fuera de la cama antes de que regrese aquí. ―¿Así que vas a dejarme así?― pregunté con incredulidad alentándolo con mis piernas abiertas. Sus ojos fueron atraídos abajo hacia mi centro como un magneto y no sabía si quería reírme de su falta de control o pasarle un babero para ayudarlo con el babeo de su barbilla. ―Joder,― gruñó. ―Sí. Te voy a dejar así. Él tiró de la puerta y se fue. Su glorioso culo prácticamente me sonrió con suficiencia cuando él desapareció a través de la puerta. Estampé mi cabeza de nuevo en la cama y agarré su almohada, cubriéndome la cara con ella para suavizar mi grito de frustración. Ese pendejo no tenía sentido para mí en nada. Él me compra para exactamente este tipo de cosas, me dice que no tenga miedo de tomar lo que quiero, pero cuando me trago mi propio orgullo e intento de hacer simplemente eso… él me dice que no puedo hacer esa mierda y luego huye como una niñita asustada. Iba a tener seriamente un traumatismo cervical. Creo que los roles han sido invertidos aquí. Quizás me he colado a un universo alterno o alguna mierda como esa. Y por qué demonios estoy de repente toda cachonda por mi John? (*) Bueno, sé la respuesta a esa pregunta… Doble Agente hija de perra Coochie. Esa perra se ha apoderado de mi vida.


Mi coño seguía latiendo necesitado y gruñí. A la mierda. Salté de la cama, todavía desnuda como un arrendajo, fui por él. Y Dios, espero no perderme en esta enorme casa tratando de encontrar el jacuzzi. Además, puede que no quiera que la servidumbre me vea así, si estuviera en mis 5 sentidos, eso es…pero no lo estoy, así que está bien. De ninguna jodida manera podría haber sabido a donde iba, pero de alguna manera, lo hice. Quizás ʻSúper Coochʼ estaba sintonizada con el ʻPene Maravillaʼ, olfateándolo como una jodida sabuesa… er, rastreadora de pollas (cockbound). Capaz, estaba parado todo altivo como una de esas antenas de radio, así probablemente le enviaría señales de su ubicación como algún navegador GPS. Cual sea la razón, lo encontré. Él estaba afuera; en la temprana mañana, el sol había recién hecho su aparición sobre el horizonte y el cielo era bañado de fuertes colores naranjas y rosas. El patio era muy extenso y noté que había una muy larga piscina ahí, pero mi mente estaba en otra cosa, así que presté poca atención a cualquier otro de los detalles. Edward estaba de espaldas a mí y sus brazos estaban colgados sobre el costado de la tina, espeso vapor girando velozmente alrededor de él. Su cabeza echada hacia atrás y sus ojos estaban cerrados mientras tomaba profundas respiraciones por su nariz y las liberaba por su boca. Caminé hacia él, con cuidado de no alertarlo de mi presencia. No se movió para nada cuando cuidadosamente me escabullí en el jacuzzi y avancé lentamente hacia él. Su musculoso cuello estaba extendido de forma atrayente y su esculpido pecho brillaba con las gotitas de agua. Él era hermoso; un espécimen depredador perfecto capaz a atraer a su presa sólo con su apariencia. Doble Agente Coochie empezó a fingir una cojera. Podría haberme quedado así, comiéndomelo con los ojos, o podía apropiarme de la oportunidad y tocarlo… hacerlo que me toque. Pero lo odio, así que ustedes probablemente ya han adivinado que hice. Así es. Antes de que él se diera cuenta de mis intenciones e intentara detenerme, puse mis manos en sus costados y me senté a horcajadas en su regazo, e inmediatamente ahocique el espacio entre su cuello y su hombro. ¿No es lo que ustedes esperaban? Prueben ustedes para ver si pueden lograr hacer esa mierda. ―Isabella, ¿qué estás haciendo?― preguntó su voz sorprendida mientras me agarraba de los hombros y trataba de empujarme hacia atrás, pero yo me presionaba más fuerte. ―Estoy tomando lo que jodidamente quiero, Edward. No vas a incumplir con tu oferta,― dije posicionándome contra su todavía dura polla. ―¡Detente!― me ordenó, alejándome de él. Fui tomada con la guardia abajo y perdí mi balance, lo que a cambio hizo caer mi trasero fuertemente sobre el calentador de agua. Un diluvio de cloro salpicó alrededor de mí, empapando mi cabello. Resoplé frustrada y crucé mis brazos sobre mi pecho, dándole la mayor mirada de asco. Sus ojos estaban serios mientras me miraba, el acto presionó mis senos hacia arriba así que mis endurecidos pezones estaban directamente mirándolo a él.


Ya era suficiente. La ʻCoochʼ y yo ambas, estábamos calientes, cachondas y muuuuuuuuuuuy encabronadas. ―¿Cuál mierda es tu problema, Cullen?― grité mientras lanzaba mis manos al aire y las estampaba de nuevo en el agua, bañándolo a él. De manera calmada secó las gotas de agua de su rostro, pero su pecho subía y bajaba agitadamente, indicándome que él estaba de todo menos calmado. ―Estoy tratando de no lastimarte más de lo que ya estás.― Dijo con los dientes apretados. ―Una hazaña que tú estás haciendo insanamente difícil para mí cumplirla en este momento. ―¿Sí? Bueno, a la mierda eso.― Me abalancé hacia él y trepé de nuevo A su regazo. Agarré su polla y lo puse en mi entrada, dispuesta a hacer todo el trabajo yo misma. Trató de combatir, pero yo soy una pequeña perra persistente cuando tengo algo resuelto en mente. Y en este momento, necesitaba probarme algo a mi misma. Edward se marchó después de que yo sin vergüenza me le aventé, y esa mierda simplemente no iba bien conmigo. No manejo el rechazo muy bien. ―¡Muy bien! ¿Lo quieres? Lo tienes,― espetó él, y entonces él me agarró de mis caderas y empujó con fuerza. ―¡Joder!― gritamos ambos al mismo tiempo. Sólo que el mío fue más como un hijo-de puta-esta-mierda -duele como los demonios, donde estaba esto oh-mi-Dios, esto-se siente tan condenadamente-bien- que manera de follar. Tomé aire y lo contuve mientras enterraba mi rostro en la curva de su cuello, las yemas de mis dedos clavándose en sus hombros, estaba tratando con todas mis fuerzas de no moverme porque hacerlo lo haría mucho más doloroso. Su caliente aliento estaba en mi oído cuando susurró con voz ronca, ―¿Ves? Te lo dije, pero tú tienes que ser tan terca…tan desafiante, ¿Verdad?― Sus manos frotaban hacia arriba y abajo en mi espalda en un relajante movimiento mientras él continuaba ―¿Podrías por favor dejarme ahora decidir el cuando estés lista? Sólo quizás tengo un poco más de experiencia que tú en este tipo de cosas.― Asentí con la cabeza en señal de consentimiento, aun conteniendo la respiración y sin poder hablar. Edward me despegó de él lentamente y me acunó en su regazo. Apartó el cabello de mi cara y me acarició la mejilla. ―Prometo que habrá muchas más folladas por los siguientes cinco años, y aprecio tu entusiasmo por complacernos a ambos a ti y a mí. Eso es lo que me hizo muy difícil cuidarte allá en la habitación. Normalmente, su suposición de que yo estaba toda colgada por él y su polla habrían ganado una mordaz respuesta de mi parte. Pero para ser honestos, simplemente no la tenía. Esta mierda realmente duele con un carajo y me sentía derrotada. Él tenía razón. Yo estaba colgada de todas las maneras… de su polla, no de él. No soy estúpida. Sé que esto no es normal para mí, el sentirme de esta forma por alguien que se supone que odio. No me malinterpreten, todavía lo odio. Pero algo totalmente


descabellado estaba sucediendo en mi cerebro y mi cuerpo. Supongo que yo no exactamente siendo su rehén esta descartado. Y yo no estaba realmente siendo forzada a hacer algo en contra de mi voluntad; firmé un contrato, incluso decidí los términos de dicho contrato. Estaba totalmente desorientada en mi cabeza. No sabía si estaba viniendo o me estaba yendo, pero realmente esperaba haberme estado viniendo. Levantó mi barbilla hacia él y besó suavemente mis labios. ―Lamento lastimarte,― susurró con su frente contra la mía. ―Todo esto se supone debía ser sobre placer, no dolor. ―Tuyo, no mío,― le recordé. Edward cerró los ojos y suspiró antes de recostarse de nuevo. ―¿En un principio? Sí―. Él suspiró de nuevo y vio como su mano acariciaba la hinchazón de mis pechos. ―Quiero que te sientas bien, Isabella.― Sí, yo también. ¿Qué demonios cree que había estado tratando de hacer toda la mañana? Me levanté de su regazo y me volteé hacia él. Mis dedos temblaban, con ganas de tocar su cabello, por lo que les concedí ese pequeño favor. Alcanzó mis caderas y me atrajo hacia él, su boca chupando mi pecho. Pero necesitaba más. Por lo tanto, puse un pie en el asiento junto a él, y le di un codazo en el hombro, hasta que me soltó el pezón y se recostó. Luego hice lo mismo con mi otro pie y me alcé a mi misma a una posición de pie, mi húmedo cuerpo goteando. Doble Agente Cooch estaba directamente en frente de su cara y ella frunció sus labios para un beso. Edward ahuecó la parte posterior de mis muslos para ofrecerse un mayor soporte y evitar que me caiga. Miró hacia arriba, sus ojos verdes esmeralda cuestionando mi intención. Le di una media sonrisa y dije, ―Hazme sentir bien, Edward,― mientras entrelazaba mis dedos en su cabello y le daba un empujoncito a su cabeza. Él me sonrió torcidamente, sus ojos iluminados por el deseo mientras se mordía su labio inferior y sacudía su cabeza. ―¿De dónde demonios has venido, Isabella Swan?― No esperó una respuesta. Su boca estaba sobre mí, dejando besos con la boca abierta en mis pliegues, chupando mi piel dentro de su boca mientras su lengua hacía esa cosa mágica que hace. Mi cabeza cayó hacia atrás y gemí fuertemente dejándole saber simplemente cuando bien él me hacía sentir. Las yemas de sus dedos estaban firmemente contra mis muslos, demostrando su fuerza y asegurándome que él no me dejaría caer. Mis dedos trabajaban en su cabello, necesitándolo más cerca cuando él zumbaba su aprobación. Luego su muy talentosa lengua se enterró dentro de mí y perdí mi agarre para permitirle la embestida hacia dentro y afuera. ―Dios... debería ser yo quien te pague,― gemí.


Su lengua se arremolinaba alrededor de mi clítoris y luego suavemente rozó el manojo de nervios con sus dientes antes de chuparlo. ―Ahí―, lloriqueé, empujando mi coño más cerca de su cara, mientras tiraba de su cabello para mantenerlo en su lugar. Siguió chupando mi clítoris mientras lengüeteaba sobre él rápidamente. Esa inexplicable gloriosa presión creciendo en mis partecitas femeninas cuando mis piernas empezaron a temblar. Edward levanto sus manos para ahuecar mi trasero y abrazarme. Él maniobró hasta que sus dedos estuvieron tanteando mi entrada, pero no entró. En su lugar, fue a mi otra abertura y presionó un dedo hasta que entró. ―¡Santa... mieeeeerda!― Grité mi orgasmo. Todo explotó dentro de mí y mi cuerpo empezó a convulsionar. Quizás habría tenido miedo de que mis rodillas se hubiesen doblado y hubiese caído... si no hubiera estado tan completamente abrumada por las sensaciones que irradiaba a través de cada molécula de mi cuerpo. ―Así es, nenita,― su voz ronca goteada lujuria, a pesar de que su boca estaba todavía en mí. ―Siéntete bien para mí. Sólo siéntete bien... sólo para mí. Mis manos tenían un férreo control de su cabeza, empujando su cara en mi coño, que no estaba segura de cómo él era capaz de hacer cualquier sonido coherente. Ni siquiera estaba segura de cómo se las arregló para respirar, mucho menos hablar. Chupaba mi clítoris en su boca y movía lentamente su dedo en mi culo, provocando una nueva ola orgásmica disparada a través de mi cuerpo. Yo estaba viendo estrellitas en forma de lengua en ese momento y no estaba segura de cuánto más podría tomar, pero estoy condenadamente segura que no lo iba a detener. Sin embargo, dejé que mis dedos se relajasen en su cabello para que él pudiera recuperar algo de la libertad de movimiento. Al parecer, pensó que significaba que tenía mi permiso para detenerse porque así lo hizo. Nota mental a mí misma: La próxima vez que Edward Cullen tenga su cara enterrada en mi coño, no soltar la parte de atrás de su cabeza. ―Ven aquí, bebe,― me instó mientras él ponía sus manos detrás de mis rodillas para ayudarme a bajar. Me hundí en su regazo y de inmediato reclamé su boca con la mía, queriendo mostrar un cierto aprecio por lo que había hecho sólo para mí. ―Eso... se sintió tan bien...,― me las arreglé para decir entre besos. ―¿Sí?― preguntó con una sonrisa engreída. ―Sí,― dije, presionando mi sensible coño contra su dureza. ―Quiero hacerte sentir bien ahora. Permíteme follarte. ―Isabella...―, advirtió.


―Lo sé, lo sé... pero yo no creo que vaya a doler. Si es así, nos detendremos, ¿de acuerdo?― Yo quería hacer esto por él. Yo estaba tan jodidamente cachonda por él, pese a que él recién me hizo correrme. No sé cómo explicarlo. Yo sólo quería hacer que él se sienta bien y no creía que mamarlo fuera a ser suficiente después de lo que él había hecho sólo para mí. Lo deseaba. Yo quería su polla enterrada dentro de mí. ―¿Por favor?― rogué patéticamente. ―Yo quiero...joder, de verdad quiero,― dijo, apretando mis caderas y moviéndome contra él. ―Pero, no debemos. Todavía no.― Sus manos permanecieron en mí mientras apartaba su cabeza. ―Nos vamos de compras hoy. Anda al cuarto y vístete. Yo usaré uno de los otros baños de visita.― Su voz volvió a sonar indiferente y dominante. ―Así que, supongo volvimos a todo eso de ʻYo te compré y harás lo que se te digaʼ.― Pregunte, ardida una vez más por su rechazo. ―Nunca hemos dejado eso. Dije que quería que te sientas bien, pero eso no cambia nada. Sólo quiero que sepas que no soy un completo bastardo.― Todavía se negaba a mirarme. ―Sí, bueno, no estoy de acuerdo,― fue mi única respuesta. Si él podía ser un pendejo, entonces yo ciertamente podía ser una perra. Me aparté de su regazo de nuevo y salí del jacuzzi. En mi afán de encontrarlo, no había pensado en agarrar una toalla, así que cuando vi una en el respaldo de un sillón cercano, la tomé para mí. Lo oí murmurar palabrotas detrás de mí, pero no creo que haya sido por la estúpida toalla. En cualquier caso, ni siquiera me moleste en voltear a verlo antes de envolverla alrededor de mi torso y volví dentro de la casa. Por supuesto, él tenía razón. No sobre la parte de no ser un completo bastardo, pero si sobre que nada cambia. Fui estúpida e ingenua al pensar en sus amables palabras durante su lapsus momentáneo en su significativo personaje de que él realmente tiene corazón. Quiero decir, ¿Qué tipo de caballero en armadura brillante sale corriendo a comprar una puta para sus propios propósitos egoístas? Sin importar, el hecho que él también quiera hacerme sentir bien. Eso es simplemente algo más con lo que él se corre… sabiendo que es tan bueno que puede demandar control total de mi cuerpo cuando he perdido toda habilidad de controlarme a mi misma. De regreso a la habitación, salté a la ducha, recostándome contra la pared mientras el agua lavaba las lágrimas de rechazo que caían en mi rostro. ¿Qué demonios estaba haciendo? Me le estaba arrojando, prácticamente violando al hombre con el que supuestamente yo dedo estar disgustada. Y ¿Por qué? ¿Porque él le daba un excelente sexo oral a mi poonani? Soy desagradable. Se supone que él es el depredador y yo su presa. Sin embargo estaba actuando como una loca ninfomaníaca. Estúpida oveja batiendo sus pestañas y centellando sus tetitas al hambriento león. ¿Y donde diablos me apeaba?, corriéndome mientras mi madre, la principal razón de hacer todo esto, estaba recostada en su cama, probablemente ¿muriendo? Por el amor de Dios, ni siquiera los he llamado para reportarme. No tenía idea si ellos habían encontrado un donante, si ella había pasado la cirugía, si todavía estaba respirando. Okay, quizás estoy exagerando un poco porque sé que Gabe hubiera llamado si algo grave pasara. Para fines prácticos, mis padres creen que estoy en


NYU educándome, no bajo sus narices en Seattle sacando a la demente que llevo dentro. Probablemente están muy preocupados de que no los haya llamado. Cerré el grifo del agua y salí de la ducha. Yo podía oír Edward murmurando una serie de insultos desde su armario y ahogué una risita. Al parecer, no le gustaban mis habilidades de organización. En cuestión de minutos, le oí lanzar la puerta del armario. ―¡Voy a estar en el maldito coche! Si sabes lo que es bueno para ti, no me dejaras esperando mucho rato.― Con eso, estampó otra puerta y se fue. Con mi toalla envuelta todavía a mí alrededor, tomé mi teléfono celular y me senté en el borde la cama. Sólo presioné un botón y dos repiques después, la voz de mi padre vino de la otra línea. ―Bella, cariño. ¿Qué pasa?― La voz cansada de Charlie envió una punzada de culpa a través de mí y tenía ganas de llorar. ―No hay nada malo, Charlie, ¿No puedo simplemente llamar a mis padres para reportarme?― Pregunté, tratando de sonar irritada para mantener la tristeza fuera de mi voz. ―Er, sí, por supuesto que puedes. ¿Cómo está tratándote Nueva York? ―Estoy bien. Mis clases dan bastante trabajo y en particular, uno de mis profesores, es un gigantesco bastardo,― respondí, mintiendo ligeramente. Okay, sí, estaba mintiendo demasiado, pero técnicamente, había alguien que tenía autoridad sobre mí que me estaba educando. Sólo que no el tipo de educación que mis padres piensan que estoy recibiendo. ―Sí, bueno, simplemente has sudar la tinta y mantente alejada de todas esas fiestas de fraternidad y estarás bien, niña ―Charlie, te escuchas cansado. ¿Estás logrando descansar algo? ―Más que suficiente,― suspiró, acostumbrado a escucharme darle lata sobre propia salud. ―Ella me necesita, ¿lo sabes? ―Sí, lo sé. ¿Cómo está?― Le pregunté en un tono más sombrío. ―Mamá persevera. Está despierta si quieres hablar con ella. En realidad, podría hacer que se sienta mejor. De hecho, ella tiene algunas buenas noticias para ti. ―Sí, me encantaría escuchar su voz.― Sólo que él no necesitaba saber cuan cierto era eso. Lo podía oír diciendo algo en el fondo y luego algo de ruido del cubrecama mientras él le pasaba el teléfono. ―¿Bella? ¿Eres tú, bebe?― La voz de mi madre sonaba tan débil y frágil. ―Soy yo, mamá. ¿Cómo estás?― dije sofocada. ―Meh, no estoy tan mal,― se rió suavemente. ―Oye, tengo una buena noticia, bebé. Algún donante anónimo depositó una suma bastante grande de dinero en nuestra cuenta


bancaria. ¿Puedes creerlo? Charlie dice que es una estafa, pero creo que es la respuesta a una oración. ―Oh wow! Eso es grandioso mamá,― le dije, realmente feliz de que yo le había traído un poco de luz cuando todos sus días habían sido llenos de ensombrecido pesimismo. Ella empezó con un acceso de tos y Charlie tuvo que apartar el teléfono de ella, pero no sin antes que ella lograra soltar un: ―Te amo, bebé.― ―¿Está ella bien?― Le pregunté a mi papá, preocupada. ―Ella está bien. Sólo tiene esos accesos cuando trata de hablar mucho. ―Así que, buenas noticias sobre el dinero, ¿eh? Hazme un favor y no trates de sobre analizarlo, ni nada,― le dije. ―Ella necesita ese dinero. No me importa de dónde viene. ¿Cuando está programaba la cirugía? ―Esa es la cosa, Bella,― suspiró. Oí una puerta cerrarse en el fondo y asumí que él dejó la habitación, no queriendo que ella escuchara el resto de nuestra conversación. ―Tener el dinero y todo eso es grandioso, pero no hace ni una condenada diferencia si ella no tiene un donante. Ella no podía ser puesta en lista hasta que tuviéramos el dinero y hay demasiadas personas antes que ella… Sólo no sé si llegará a tiempo.― Bueno, mierda. Esa idea nunca se me ocurrió. ―No te preocupes, papá. Los milagros tienen su manera de suceder cuando menos lo esperan. ―Puede que tengas razón.― Todavía podía oír la duda en su voz. ―Sé que la tengo,― afirmé. Me las arreglé para conseguir el dinero, de alguna manera me las arreglaré para que ascienda en la lista también. Debe de haber una manera, porque me niego a creer que el universo dejaría que pase todo esto sólo para dejarla morir al final. ―Tengo que ir a clase. Dele un beso de mi parte y prométeme que descansaras un poco. ―Sí, sí, sí. Sabes que es el trabajo de los padres preocuparse, ¿verdad? ―Siempre me preocuparé por ustedes. Me está matando el no poder estar ahí ahora. ―No te pongas toda sentimental con tu viejo, Bells. Suelta el teléfono y sal a vivir. Te amo, hija.― Con eso la línea se cortó. Estaba sorprendida porque Charlie rara vez expresa así sus sentimientos. No es como si siempre he cuestionado si me ama. Sabía que él me amaba. Sólo fue impactante escucharlo. De repente, sentí una fuerza renovada en lo que estaba haciendo. Hablar con mis padres me recordó la razón por la que estaba tan empeñada en hacer esto en primer lugar. La verdad del caso es, habría hecho esto incluso si ʻJabba el Hutʼ hubiera sido el que me comprara. Tan exasperante como lo era Edward, él podría haber sido peor. Ahora sólo tengo que averiguar qué hacer con la lista de donantes.


EPOV Esta mierda simplemente no está bien. Esta chica me estaba matando, con una atroz dureza a la vez. ¡Jodidas bolas azules, gente! Ella estaba demasiado dispuesta, demasiado tentadora…demasiado difícil de resistir. Pero, lo hice. Dios me ayude, lo hice. Incluso cuando ella resaltó ese voluptuoso labio inferior suyo, lo resistí. Bienvenido a la santidad, Edward Cullen… ¿Me pueden entender? Realmente… ayer por la noche fue genial. Quiero decir, realmente grandioso. Pero me sentí como la mierda después. ¡Por el amor de Dios, le robé la virginidad a una niña! Todo lo que debería haber estado en su lugar por alguna razón garrafal simplemente no lo estaba. No había un marco romántico, ningún voto de amor hasta el fin de los tiempos…nada. Excepto de una completa follada animalista. Yo la folló a ella. Simple y sencillo. Y si bien fue fantástico para mí, me fue difícil creer que era el punto culminante para ella, el no va más. Sin embargo ella quería más. Isabella era una masoquista. Pero era eso lo que quería, ¿verdad? Alguien ahí para llenar todos mis deseos y fantasías sexuales… alguien quien se encargue de mis necesidades, mientras no tuviera que importarme una mierda de eso. Sin lazos emocionales, nada de argumentos sobre donde íbamos a cenar, nada de un extraño primer beso o conocer a los padres, ninguna condenada manera de atraparla en mi cama (o la tina) con mi supuesto mejor amigo… sin compromisos, punto. Con Isabella, y aquel contrato, eso es exactamente lo que tenía. Así que ¿por qué me lo estoy cuestionando ahora? Porque de alguna manera es diferente. Pero diferente es bueno. Y cuando diferente está envuelta alrededor de mi polla, es jodidamente bueno. Bueno, eso resuelve mi misterioso descontrolado lapso momentáneo. Así que, con mi cabeza en su lugar de nuevo y mi motivación re-encendida, espere a que Isabella se me uniera en la limosina para nuestro viaje de compras. Compras de lencería. No tengo que decirles que realmente estaba esperando por esta mierda. A pesar de que sabía que eso sólo iba a añadirle más a la constante subida que estaba teniendo en mis Levis. Pero eso estaba bien porque estaba vistiendo los holgados…comando. Eso debe mantener mi verga sin perforar el cierre, ¿verdad? Equivocado. Riley abrió la puerta para Isabella cuando finalmente salió a unírseme juro que podría matar a Mary Alice Brandon Whitlock con mis propias manos, o quizás si le corto la lengua. Estoy bastante seguro que a Jasper le gusta su trabajo. -Pago muy bien- así que tal vez él no querrá patear mi trasero demasiado. Mi nenita del millón de dólares vestía una faldita amarilla de algodón que apenas cubría su trasero, y una fina camiseta negra sin mangas… sin… brasier, en una delgada camiseta negra sin mangas. Y aparentemente, el aire dentro de la limo estaba frío, y necesitaba que Riley lo bajara. Mierda que no va a pasar. Una cola de caballo alta y zapatos de tacón negro sin punta... hice una nota mental de conservar ambas cosas mientras la follara de nuevo… en un futuro, muy, pero muy cercano.


―¿Cómo estuvo tu salida con Alice?― pregunté, tratando de poner en orden mi mierda porque estaba a cinco segundos del muy cercano futuro, en sentido figurado y literal. ―De hecho, me divertí mucho con ella,― dijo. ―Pero estuviste en lo correcto. Ella es extremadamente entrometida. Afortunadamente para ti, soy muy avispada.― Ella se rió y el sonido que salió de ella que no había escuchado antes. Casi sonaba delicado, nada parecido a lo que visto de ella hasta ahora. No estaba seguro de cómo me sentía al respecto. Quiero decir, si ella empezaba a actuar toda inocente y esa mierda, eso podría potencialmente hacerme sentir peor por lo que estaba haciendo. Necesito fastidiarla… para que me encabronara a mí. ―Mmhmm eso está muy bien,― le respondí rápidamente. ―Así que, no tienes nada debajo de esa falda, ¿verdad? ―¿Qué?― preguntó perpleja. ―Um, noooo… tú te deshiciste de toda mi ropa, ¿recuerdas? ―Déjame ver―, le dije asintiendo con la cabeza. ―Dejarte ver, ¿qué?― preguntó con un ligero nerviosismo en su voz. ―Ese bonito coño. Ella arqueó la ceja de manera desafiante, me encontré con su mirada. ―¿Hablas en serio? ―Sí, lo digo en serio... ahora levanta la falda, ¡maldita sea!― Soy una mierda, lo sé. Pero tenía que levantar mi voz para realmente hacerla fastidiar. ―¡Eres un maldito idiota!― dijo entre dientes, rodando los ojos, pero de todos modos y de mala gana se levantó la falda para revelar mi juguete. Isabella me miró como si hubiera perdido la jodida cabeza, lo que debo admitir, que probablemente era cierto. Pero su expresión cambió cuando desabroché mis jeans y saque mi polla. ―¿Qué demonios estás haciendo?― gritó ella. ―Ven aquí y escupe sobre mi polla,― le dije, ignorando su pregunta. ―¿Sentarme en tu polla?― preguntó. ―Traté de sentarme en tu polla en el jacuzzi, y dijiste que no podíamos hacerlo todavía. Pero ahora… cuando estamos en un vehículo en movimiento, con alguien sentado al otro lado de una barrera de fino vidrio y una multitud de personas alrededor nuestro fuera del carro… ¿ahora, quieres follarme? ―Dije escupir, no sentar― le corregí y luego puso está expresión de disgusto en su rostro. Así que, por supuesto que tenía que clarificar el propósito para que no pensara que yo era una especie de estrafalario fetichista. ―Necesito la lubricación. (N/A: ʻspit ʼ = escupir, no ʻsitʼ = sentarse) ―¡Para qué!


―¡Maldita sea, Isabella! Mi pene está más duro que una jodida barra de titanio y no puedo follarte, pero sales con tus pezones todos erectos y una falda que apenas te cubre y no lo soporto más. Necesito alguna liberación. Así que si no te importa – e incluso si lo hiciera, lo que realmente no me importa una mierda – Joder, me voy a masturbar antes de que termine tomándote como algún salvaje hombre de las cavernas. ―Oh,― dijo simplemente ella, manteniendo en su boca la forma de la ʻoʼ más de lo que era necesario. Me sentí como un viejo verde pagando por un coño... ¡Hijo de puta! Eres un viejo verde pagando por un coño. Bueno, quizás no viejo, pero igual. ―¿Por qué simplemente no me ordenas mamártela?― preguntó ella, sacándome de mi momento de auto-reprobación antes de que verdad se notara. ―Después de todo, tú pagaste un horrenda cantidad de dinero por mí para que te haga sentir bien.― Le sonreí con suficiencia. ―Porque creo que te esta empezando a gustar en demasía tener mi polla en tu boca.― Se acercó acortando el espacio entre nosotros y me abofeteo…duro. Ahora si estamos jodidamente de acuerdo. Agarré su muñeca y la tiré a mi regazo, volteándola para que quedara tendida sobre mis piernas con su desnudo trasero contemplándome en toda su redondez, y gloriosa cremosidad. ―Obviamente, te olvidas de tu lugar en esta relación, Isabella, y ahora debes ser castigada como la pequeña mocosa que eres,― dije antes de levantar mi mano y dejarla que cayera fuertemente encima de su respingón trasero. Una palma roja se imprimió creciendo de un extremo a otro sobre su perfecta piel y sentí que mis bolas se alistaban tensándose. La había jodidamente marcado y maldición esa mierda me excitó. Ella era mía. Ella se sacudió para soltarse de mi agarré y trató de apartarse, pero nalgueé su trasero de nuevo, deleitándome por la manera en que rebotaba con un ligero movimiento. ―¡Tú maldito bastardo! ¡Déjame ir!― ella gritó, con el rostro rojo de ira. ―tsk, tsk, ― chasqueé la lengua. ―Insultos es otro no-no, niña mala. Abofeteé su trasero de nuevo, fuertemente esta vez y luego froté mi mano sobre el color rosado que estaba empezando a aumentar como resultado. Ella batió sus piernas inadvertidamente abriéndolas ampliamente y dándome una fantástica vista de su dulce coño. Cambie al ángulo de mi muñeca y la estampé sobre sus desnudos labios… una… dos… tres veces. Y mi pequeña niña traviesa gemía. ―Te gusta, ¿eh?― pregunté en esa voz ronca que sucede que sé que ella no puede resistir.


Golpeé su culo de nuevo cuando ella no contestó. Después, me hice adelante y acaricié la marca con mi lengua para aliviar el ardor del dolor. Mientras hacía eso, di a los pliegues entre sus piernas una gentil palmada, sintiendo la humedad que se había desarrollado ahí. Moví el andar de mis dedos a un movimiento circular ahí, escuchando otro gemido que ella alargó entre sus apretados dientes. Tres húmedos dedos estampé en su entrada en una sucesión rápida antes de introducirlos dentro. ―Ungh―, masculló ella, moviéndose en mi regazo. ―¡Quédate quieta!― ordené y luego removí mis dedos, nalgueando su trasero fuertemente de nuevo. Ella gritó en respuesta, pero calmó sus movimientos según lo ordenado. Como recompensa, deslicé mis dedos de nuevo entre sus resbaladizos pliegues y masajeé su clítoris antes de arrastrar hacia arriba su humedad y entre las mejillas de su trasero y haciendo círculos en su otra apertura. Cuando apliqué un poco de presión ahí, ella rodo sus caderas, volviendo a empujar hacía mí. Demonios sí... ella es totalmente receptiva a mi contacto allí. Me mordí mi labio, apenas y podía contener mi emoción, porque sabía que definitivamente iba a deslizar mi polla en su precioso pequeño trasero. ―Quieres que te haga correr, ¿verdad?― Le pregunté antes de succionar introduciendo mi lengua en la hendidura de sus mejillas. ―No, te odio―, se quejó ella, sonaba como una total contradicción a las palabras que habló. ―¿Lo haces ahora?― Pregunté con una sonrisa diabólica. Palmeé gentilmente su coño de nuevo, asegurándome de golpear su clítoris. Ella levantó su trasero en el aire, tratando de acomodarse así podía llevarse más los beneficios en ese pequeño manojo de nervios. Le di lo que ella quería. Pero justo cuando sentí su cuerpo tensarse, señal del inminente orgasmo, me detuve y le di en su trasero una vez más, una fuerte bofetada. Ella estaba resollando muy condenadamente fuerte, su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas mientras dejó caer su barbilla y me miró bajo sus pestañas. Un destello de furia en sus ojos y yo no hice nada menos que reírme. Sentí el carro detenerse y supe que habíamos llegado a nuestro destino. Todavía no había sido capaz de liberarme, pero no teníamos tiempo y eso tendría que esperar. No importa, sucede que sé que esta tienda tiene un área privada de vestidores, y conozco a una de sus vendedoras… personalmente. Ella es una verdadera fiera en la cama, muy entusiasta en complacer y dispuesta a tratar de todo una… o cinco veces, no que yo estuviera contando o nada parecido.


Guardé mi pene en mi pantalón y me incliné en el espacio entre nosotros y ahuequé su barbilla en mi mano y la forcé que mi mirara a pesar de que ella estaba tratando de soltarse de mi agarre. ―Para futura referencia, abofetearme solo me excita. Y a juzgar por la manera que esta linda pequeña gatita ronroneó cuando te nalgueé, creo que es seguro decir que las cosas rudas también te excitan. Tendré que recordar eso.― Me incliné para besarla y ella tensó sus labios hacía dentro, negándoseme. Tiré de su barbilla y le di una mirada severa. ―Bésame, o voy a deshacerme de toda tu linda ropa nueva y te haré caminar desnuda por la casa por los próximos cinco años. ―Alice simplemente te… La interrumpí a la mitad de la oración y reclamé su boca como mía. Eso debe haberla encabronado porque ella mordió fuertemente mi labio. Un leve gruñido resonó desde mi pecho, pero seguí y empujé mi lengua a través de sus labios separados. Ella empujó mi pecho mientras yo ahogaba sus gritos de protesta, ignorando sus intentos por liberarse de mi agarre. Finalmente la solté y le di una sonrisa arrogante. ―Te lo dije, me gustan las cosas rudas. Puedes acomodarte la falda ahora.― Ella miró a su regazo y tiró hacia abajo la minúscula pieza de algodón justo cuando yo di golpecitos en la ventana y Riley abrió la puerta para nosotros, ―La Petite Boudoir―, dije con un perfecto acento francés mientras salía del carro. ―Ven, Isabella. Vamos a comprar.― Ella resopló y salió del vehículo para acompañarme en la acera. ―Lo que sea, imbécil. Vamos a terminar con esto. Me volví hacia ella, harto de su insolente boca. ―Sabes, podrías ser un poco agradecida de las cosas que hago por ti. Quiero decir, sabías en que demonios te estabas metiendo cuando firmaste por esta actuación. Así que no tiene sentido para mí para nada el por qué sientes como que constantemente tienes que tener una mala actitud conmigo. No te estoy maltratando exactamente. De hecho, creo que has sido tratada bastante bien… mejor que muchas otras mujeres en tu misma situación. ―Sí, bueno dudo inmensamente que encuentre muchas otras mujeres en la misma situación, señor Cullen, así que realmente no tiene nada que juzgar en comparación para validar esa declaración.― Ella giro sobre sus talones, su cola de caballo golpeó en mi cara mientras me pasaba airada. ―Usted folló mi boca, tiró toda mi ropa, me hizo saludarlo en la puerta solo para mamarlo y tomó mi virginidad. Así que, me va a tener que disculpar si no estoy exactamente obligada a disculparme por herir sus sentimientos.― Noté que ella no mencionó las nalgadas que acababa de darle… Ella llegó a la puerta y abrió la puerta un poco más fuerte que lo necesario. Sin ni siquiera regresar a mirarme, entró y desapareció de la vista. ―¿Sí? Bueno, te gustó cada minuto de eso.― grité tras ella, pero por supuesto que no me oyó. Sin embargo, la media docena de personas que caminaban por la acera si lo hizo.


Soy Edward ʻhijo de putaʼ Cullen, el soltero más codiciado de Seattle, y ella me hizo quedar como un psicótico lunático gritándole al aire. Miré hacia atrás al carro justo a tiempo para ver a Riley tratando de ocultar su sonrisa. ―Me alegro de que esto te entretenga. Espera aquí. No nos tardaremos mucho tiempo,― le espeté, y luego seguí a Isabella. Mis ojos recorrieron la tienda en busca de ella y la encontré hurgando en algunas de las prendas en el centro de la habitación. ―Edward Cullen―, susurró una sensual voz latina detrás de mí. Isabella levantó la mirada justo cuando un par de manos rodeaban mi cintura desde atrás y una cálida respiración goteó sobre mi piel. ―Te he extrañado, querido. ¿Dónde te has estado escondiendo?― susurró Fernanda en mi oído. Volví la cabeza hacia un lado y le di mi mejor sonrisa torcida, sin apartar los ojos de Isabella, porque su reacción fue demasiado cómica. La elevación de su frente y la forma en que ella levantó la barbilla desafiante mostrando sus celos. Bueno, ahora esto podría ser interesante. ―Fernanda,― reconocí a mi alguna vez amante cuando giré y le di un largo beso en su mejilla. ―¿Cómo has estado? ―Sola,― dijo ella con un mohín. ―Aw, una mujer tan guapa como tú ¿Sola?― Acaricié su mejilla. ―Me parece muy difícil de creer. Isabella se aclaró la garganta y cuando miré hacia ella, sacudió su cabeza hacía un lado y continuó su búsqueda, actuando como si ella no hubiera esta prestando atención a la interacción. Tomé a Fernanda de la mano y caminé con ella hacia Isabella. ―Me gustaría presentarte a alguien. Fernanda, esta es Isabella. Isabella, conoce a mi muy voluptuosa Fernanda.― Sí, añadí eso allí a propósito. Pero ella realmente era voluptuosa; largas piernas, brillante cabello negro azabache, labios carnosos y una figura que haría a un hombre adulto llorar. La Petite Boudoir era sólo un trabajo aparte para ella. Su ingreso principal venía de modelar desnuda del tipo de Hustler y Penthouse. ―Es un gusto conocerte, Isabella,― dijo Fernanda con una agradable sonrisa mientras ofrecía su mano en señal de saludo. Isabella me miró y luego miró a Fernanda antes de finalmente estrechar su mano. ―Igualmente.― Sus palabras fueron cortantes y podría haber cortado el jodido vidrio. ―Entonces,― dijo Fernanda mientras retiraba su mano y la deslizaba alrededor de mi brazo mientras dejaba su otra mano en mi pecho de manera posesiva. ―¿Estás consintiendo a la adorable señorita hoy? Isabella entrecerró los ojos cuando se fijó en la familiar forma en la que Fernanda me tocaba. ―De hecho, lo estoy,― sonreí. ―¿tienes algún cuarto privado disponible?


―Absolutamente todo lo que tengo está disponible para ti, Edward Cullen. Tú lo sabes,― se rió y echó su largo cabello sobre su hombro de manera coqueta antes de guiarme hacia la parte de atrás. Isabella se quedó atrás de nosotros y tuve que esconder mi sonrisa de suficiencia porque la venganza es una zorra, y a ella le hervía la sangre con una furia de celos. Podía sentirlo ondeándose en ella como el calor que emite una carretera en el desierto. Fuimos escoltados a un vestidor privado. Tres de las cuatro paredes estaban cubiertas de espejos y había una habitación más pequeña para que la señorita se cambiara los diferentes atuendos antes de salir y modelarlos para quien quiera que ella comprara junto con el espectáculo. Dos estantes de la lencería número en ventas estaban colocados en una esquina a lado de un mini bar. En la esquina contraria había un banquillo cubierto de terciopelo rojo. Fernanda me guió al centro de la habitación me sentó en un sillón extremadamente grande. Estaba en la posición perfecta para ver todo lo que sucedía en el cuarto. Isabella se sentó en el banquillo con sus brazos cruzados sobre su pecho. ―Escoge algo que te guste y pruébatelo,― le dije, invitándola hacía el estante de ropa. ―Edward, no creo,-― comenzó ella. ―¿Sabes qué? Pareces de mi talla. ¿Por qué no escojo algo para ti?― ofreció Fernanda. ―Yo sé lo que le gusta.― Las garras de Isabella salieron disparadas como si ella fuera la hija de Wolverine. O al menos eso parecía para mí de todos modos. Podría haber estado imaginando cosas. Sin esperar respuesta, Fernanda salió de la habitación para volver a la tienda. Bella se volvió hacia mí inmediatamente, sin siquiera molestarse en bajar la voz. ―¿Follaste con ella? ―¿Importa eso?― Le pregunté mientras me ponía de pie y me acercaba a la barra para servirme una copa. ―Sí, si importa. ―¿Por qué? ¿Estás celosa? Porque te follé a ti también, y tú tienes el beneficio de muchísimas más folladas de las que ella alguna vez tuvo. ¿Te hace sentir eso mejor?― Pregunté mientras tomaba un sorbo de mi brandy. ―¡Eres asqueroso!― resopló ella mientras apartaba su mirada de mí de nuevo. ―Soy insaciable... gran diferencia. ―¿Por qué si quiera necesitas gastar un millón de dólares en mí cuando la pequeña señorita Cuchi Cuchi Charo estaba dispuesta a hacer absolutamente todo lo disponible para ti?― preguntó ella, burlándose del acento de Fernanda. Fue algo lindo.


―Charo es de España. Fernanda es de Argentina,― le corregí. ―Y mientras que Fernanda es muy agradable a la vista, muchos ojos han quedado satisfechos con ella. Vía algunas promiscuas revistas,― le guiñé un ojo e incliné mi copa hacia ella. ―No hubiera funcionado en el ojo público. Pero ella es agradable. Lo entendió.― Ella empezó a decir algo en respuesta, pero Fernanda regresó a la habitación y comenzó a colgar las prendas en el área del pequeño vestidor. ―Escogí algunas cosas que pienso que realmente acentuarán tu figura. ―Adelante, Isabella,― le dije, tomando asiento. ―Muéstrame. Ella solo quedó sentada ahí, inmóvil. Fernanda la miró y luego a mí cuestionando. ―Ella es tímida,― me encogí de hombros. ―Oh, bueno, está bien. Puedo modelar para ti, si lo deseas. Dios bendiga a Fernanda y su afán de complacer. Esto no podría haber sido mejor si lo hubiera planeado. ―Sabes, creo que es una idea fantástica, Fernanda,― dijo Isabella elevando su voz. Su voz era fuerte y sarcástica mientras se ponía de pie de mal humor. ―Estoy segura de que Edward de todos modos prefiere verlos en ti. De hecho, les voy a dar un poco de privacidad.― Luego se volvió hacia mí y entrecerró los ojos. ―Voy a estar esperando en el coche. Con eso, se salió de la habitación, lanzando la puerta detrás de ella. ―¿Hice algo mal?― preguntó Fernanda ―No, no fuiste tú,― le aseguré mientras me levantaba. ―Ella es una completa perra, cuando le llega su período.― Fernanda se rió de mi broma, pero yo sabía que si Isabella me había escuchado, probablemente iba a tratar de castrarme mientras durmiera. ―Simplemente empaca lo que sea que tú escojas y cárgalo a mi cuenta. Lo llevaré todo,― le dije cuando me volví hacia la puerta. ―Fue bueno volver a verte, Fernanda. ―A ti también, Edward.― Ella me abrazó y me besó cerca de la mejilla. ―Las enviaré a entregar a primera hora en la mañana. Anda por la chica, cariño.― Asentí dando las gracias y me dirigí al carro. Cuando entré, Bella estaba sentada con sus brazos cruzados sobre su pecho y su cara volteada mirando hacía la ventana. ―A la casa, Riley,― le ordené antes de cerrar mi puerta. ―¿Te importaría decirme que fue todo eso?― le pregunté a Isabella. Ella giró rápidamente su cabeza y me miró furiosa. ―En un futuro, si quieres ir a visitar a una de tus antiguas novias para revolcarte con ella, por favor ten la decencia de no hacerme ir acompañándote. No estoy interesada en esa mierda pervertida,― escupió.


―Ella no es una antigua novia. ―Novia, follamiga… es lo mismo.― Ella estudió mi rostro y luego sacudió su cabeza antes de voltearse. ―Quizás quieras limpiarte ese lápiz labial rojo puta a un lado de tu cara.― Me limpié el costado de mi cara y miré mi mano. Efectivamente, el labial de Fernanda ahora estaba untado en la yema de mis dedos. ―Mira, no te traje aquí para poder revolcarme con una antigua novia,― dije ―Pese a que, estaría perfectamente en todos mis derechos de hacerlo, si así lo quería. El contrato estipula que tú no puedes estar con ningún otro hombre. No dice nada absolutamente nada sobre mí.― Su cabeza volvió a girar rápidamente. ―¡Tú maldito bastardo! Si por un minuto crees que simplemente me voy a quedar de brazos cruzados mientras tú estas follando con cada ʻhoochie mommaʼ que se te cruce, sólo para que luego me contagies con alguna extraña enfermedad, ¡estás muy equivocado! Mi trasero saldrá volando fuera de tu casa tan rápido que hará girar tu cabeza ―Y luego yo te demandaría por incumplir el contrato,― declaré como un hecho. ―Sin embargo, no necesitamos preocuparnos por eso porque no planeo dormir con nadie más… al menos por los próximos cinco años. Tú eres la única mujer que quiero follar, Isabella. Ahora, ¿podrías por favor parar toda esta infantil rabieta y así pueda disfrutarte?― Le pregunté. La expresión de su rostro se suavizó minuciosamente a un puchero, pero todavía tenía su postura defensiva, cuando apartó la mirada de mí. Tomé la falta de respuesta como que ella estaba de acuerdo a regañadientes con mi pedido. ―Bien ahora, tu castigo por tu mal comportamiento frente a una buena amiga mía y avergonzarme,― empecé. Ella me volteó a ver de nuevo, su boca se abrió y estaba a punto de decir algo pero la corté antes de que pudiera. ―Yo estaba tratando de comprarte algo de linda lencería, pero ahora tendrás que estar sin bragas para mí todo el tiempo.― Sonreí con aire de suficiencia por la forma en que ella abrió y cerró su boca. ―Probablemente debería agradecerte por no ser capaz de controlar tu temperamento porque realmente funciona mejor para mí. Así que, gracias, Isabella. ―Oh ... que ... ¡uf!― resopló ella y se volteó. El resto del camino pasamos en silencio. Ella se rehusó a mirarme, y yo no podía quitar mis ojos de ella. Estaba decepcionado de que no haya podido verla modelando la lencería para mí, y como hombre, había secretamente esperado hablar con ella para que tenga un poco de diversión con Fernanda. Y quizás unirme a la diversión también. Sí, soy posesivo. Pero hey, soy hombre, lo que significa que tengo la misma fantasía de un trío que todos los otros hombres tienen. Así que joder, no me juzguen. De todas maneras, supongo que puedo entender por qué ella estaba tan molesta. Había estado ofreciéndoseme toda la mañana, y con la excepción del pequeño regalo que le di en el jacuzzi, había estado rechazando sus intentos de hacer algo por mí a cambio. Debo admitir que yo estaría un poco ofendido si estuviera en su lugar. Pero cuando yo estaba


acostumbrado a su renuencia de tenerla de una manera perversa con ella, ella no lo estaba, por la misma razón. Lo que no entendía era que yo estaba tratando de ser gentil con ella…por ahora. Pero, todo eso estaba por cambiar tan pronto como ese pequeño lindo gatito suyo tuviera tiempo de recuperarse. Después de la azotaina tengo toda la intención de ponerla dentro de ella – Tanto. Como. Yo. Jodidamente. Quiera Estoy seguro de que estará rogándome que vaya a –revolcarme- con una antigua novia. (*):n/t la palabra John aquí puede tener muchos significados, 1. A un hombre que es extremadamente confuso, que de repente te trata bien, luego te ignora. 2. A un hombre que usa los servicios de una prostituta. 3. A un hombre extremadamente guapo o 4. A un hombre que tiene su virilidad muy grande.

Capítulo 8: “Fuego, balas y vampiros, ¡Oh mi…!” BPOV Edward me dejó tranquila por la mayor parte de la semana después del épico fracaso en la salida que hicimos a la tienda de lencería, o lo que la Cooch y yo ahora nos referimos comúnmente como la casa de Pussy Galore para los infieles cabrones folladores. Yo no era celosa. Lo juro. Fue la Cooch. Ella estaba soberanamente molesta y levantaba pancartas por todo el maldito lugar. El Pene Maravilla iba a tener que besar bien a fondo…al minino… para convencerla de nuevo. Podría liberarse del castigo con otras de esos jodidamente asombrosos a azotes en el clítoris. Me fui a la cama antes que Edward, pero sólo estaba fingiendo que dormía cuando él se coló bajo las sábanas. Mis sentimientos estaban un poquito heridos de que él me haya dado la espalda y ponga una insana cantidad de espacio entre nosotros. Nada de cucharita desnudos o friccionar o manoseo de senos… nada. A la mañana siguiente, me desperté antes que él. Y todavía estaba durmiendo cuando yo salí de la ducha, y eso incluso después de que hice tanto ruido como pude a propósito para despertarlo. No me pregunten por qué lo hice, porque realmente no lo sé. Yo podría haber algo así como que extrañado al bastardo. Incluso me paseé por la habitación con el culo al aire, rebusqué en su closet algo para vestir, accidentalmente a propósito tropecé un par de sus zapatos en el piso (y los dejé ahí) y luego cerré la puerta más fuerte de lo que era necesario. Jodidamente nada. Así que, tenía que chequear el pulso de este hombre, ¿verdad? Me refiero a qué ¿quien demonios puede dormir después de todo eso? Pero luego mi estómago hizo ese ruido que sonaba algo así como, ―Aliméntame, perra― – no mierda, sonaba exactamente como eso – y perfectamente recordé haber visto una caja de ʻZucaritasʼ en la despensa. Y bueno, son grandiiiiiiiiiiiiiiiiosos y todo, así que, ¿Qué era lo que podía hacer una chica?


Yop, me encogí de hombros, si él está muerto, está muerto. El tigre Tony era mi amigo, y Edward ―solicitador de putas― Cullen no lo era. En serio, probablemente debería dejar de guardar rencores. Acababa de dar el último sorbetón a la leche azucarada de mi tazón y lo dejé en el lavadero cuando Edward finalmente apareció. Dios me ayude, estaba ahí de pie con una toalla secando su húmedo cabello, un par de envejecidos jeans de cadera baja y absolutamente nada más – excepto por la pequeña franja negra de sus ropa interior Calvin Klein. Así que déjenme decirles esto… Edward desnudo es glorioso, pero Edward semi-desnudo, solo usando un par de jeans… Esa era yo desmayándome como la mierda por todo su oh mi Dios me acabo-de-correr-en mis pantalones-completamente. Ese pequeño camino de bellos que llevaban desde su ombligo hasta las maravillas que guarda debajo... totalmente digno de ser lamido. Y a las maravillas, me refiero a su erección mañanera que aparentemente todavía estaba en pleno efecto, porque aquel era un titánico bulto debajo de esos vaqueros. La Cooch se cruzó de brazos de manera desafiante y se volteó dándole la espalda a él. Ella se negaba a mirarlo o siquiera reconocer la presencia del Pene Maravilla. ―Buenos días, Isabella,― dijo él mientras se pasaba sus porntásticos dedos por su cabello. ―Buenos días, Pene Maravilla... uh, quiero decir, Edward.― ¡Estúpida, estúpida Bella! Edward arqueó una ceja a mí y luego arrastró sus pies descalzos en mi dirección. Cuanto más se acercaba, más yo retrocedía, hasta que me había apoyado toda contra el lavabo. Él puso sus manos sobre el mostrador y me acorraló antes de inclinar su cabeza y darme un beso que hizo mis dedos de los pies enroscarse. Doble agente Coochie se volteó para mirar encima de su hombro y luego rápidamente se volteó de nuevo, recordando que ella todavía estaba molesta con él. Todo él sabía a menta fresca y consideré seriamente succionar su lengua, pero eso le hubiera dado la impresión que yo quería sus atenciones. Y pese a que ustedes y yo sabemos que eso es verdad, él no lo sabía y no veía razón para darle alguna pista de ello. Él completó el beso con una chupada a mi labio inferior y luego se hundió directamente en mi cuello mientras se reclinaba su cuerpo sobre el mío. El titánico bulto presionado en mis partecitas femeninas y La Cooch renunció a su resistencia. Fuertes brazos alrededor de mi cintura y Edward me sujetó hacía él mientras continuaba masajeando de manera lasciva mi carne. Su cuello estaba expuesto frente a mis labios, las venas tirantes y seductoras. No lo pude evitar. Tenía que saborearlo. Me incliné y succioné la piel entre su cuello y hombro y él gimió en mi oído. Succioné tan duro como podía porque por alguna desconocida razón, todavía estaba molesta por lo del día anterior y me sentía un poco posesiva. ―¿Estás tratando de marcarme, Isabella?― su voz ronca sopló en mi oreja. No hice caso de su leve risita y mordí su carne a favor de mi intento. Aparentemente a él le gustó esa mierda porque me presionó más fuerte hacía él hasta que no había ningún


espacio entre nuestros cuerpos. Su cabeza cayó hacia atrás y hacia un costado, exponiendo más su maravillosa carne. No perdí tiempo en devorar su oferta con mi húmeda y demandante boca. Mis manos se enroscaron a través de las hebras de su cabello mientras le daba un nada gentil tirón. Podía saborear el sabor cobreño de su sangre cuando esta subía a la superficie y desataba un frenético festín dentro de mí. Sin pensarlo, enterré mis uñas en su cuero cabelludo, aruñando su sensible carne. Más y más fuerte, succioné, deleitándome de la salinidad de su piel. Y todavía, quería más. Juro que debo haber sido una perra vampiresa en mi vida pasada, porque podía visualizar mis dientes hundiéndose en su carne y perdiéndome a mí misma en toda su esencia. ―¡Basta!― finalmente gritó en tono autoritario y retiró su cuello. Ambos estábamos jadeando muy, muy fuerte, y yo podía todavía saborearlo en mi boca. No estoy ni un poco avergonzada de que lloriqueé un poquito. Me acaban de negar hacer realidad una de mis traviesas fantasías de vampiro. Pero de repente mis ojos se cerraron en su cuello y Doble Agente Coochie rió tontamente de júbilo. Edward Cullen tenía la madre de todos los chupones. La piel de su cuello ya estaba volviéndose en una hermosa forma de oscuro color carmesí, y un verdugón estaba empezando a crecer estropeando su perfecta piel. Yo sería una chingona vampiresa. Un lado de su boca se convirtió en una sonrisa con aires de suficiencia mientras él miraba sobre mí. Levantó un largo dedo y rozó mi mejilla mientras miraba mis pesadas respiraciones con una embelesada satisfacción. ―Deje que me marcaras, sólo porque planeo marcarte más tarde,― dijo mientras la palma de su mano apenas rozaba sobre uno de mis senos. ―sólo que mi marca no será un simple chupete en el cuello. Todo el mundo sabrá que me perteneces.― Un escalofrío recorrió mi espalda y pude sentir la carne de gallina subiendo en mi piel. La mirada fija de Edward iba a mis pezones y suspiró cuando vio la evidencia de cuanto sus palabras me habían excitado. ―Muy bonito,― dijo él antes de frotar un brote entre sus dedos. ―¿Sin bra? Estás obedeciendo tu castigo.― Le rodé los ojos y crucé mis brazos sobre mi pecho Él apartó mis brazos y se acercó a mí. ―Vamos a echar un vistazo más de cerca, ¿podemos?― Sus manos se deslizaron debajo del dobladillo de mi camiseta y lentamente pasaron sobre mi estómago y costillas antes de que encontrara la desnuda carne de mis senos. Él los ahuecó en sus manos en ellos mientras sus pulgares pasaban por encima de sus endurecidos picos. ―Me gusta así. Es mucho más fácil hacer esto,― dijo él mientras bajaba su cabeza y tomaba un pezón dentro de su boca para una casta succión, y luego darle la misma atención al otro. Esa podría haber sido algo para hacer con toda la mierda del empleo de igual oportunidad, o lo que sea. Quiero decir, técnicamente, yo estaba trabajando para él. Bueno, al menos mi cuerpo lo estaba. La Cooch solía ser la empleada modelo, antes de toda la babosada de Edward sobre la puta latina. Ella era proactiva de verdad; siempre yendo por lo de


‘superar con creces’ en su evaluación anual. Pfft Chupamedias. Supongo que su teoría era esa si ella era exitosa, podría conseguir un… aumento. Váyanse a la mierda. Ustedes saben que eso fue gracioso. Pero volvamos a Edward... ―Y esto,― dijo él cuando deslizaba hacía abajo sus manos por mi abdomen. Con un rápido movimiento de sus dedos, él tenía el botón de mis shorts de jean desabrochado y estaba deslizando una mano dentro mi pantalón. Debería haberme sentido como una vaquilla en una subasta de ganaderos siendo manoseada por algún solitario y muy desesperado chico granjero. Pero recuerdan lo que dije sobre los dedos porntásticos, ¿Verdad?, Sí, todavía son porntásticos. Él de manera hábil maniobró dos dedos entre mis pliegues antes de deslizarlos dentro de mí. Sus dedos se curvaron una y otra vez, golpeando el pequeño punto de genialidad hasta que mis ojos casi rodaban a la parte de atrás de mi cabeza y un gemido escapó de mis labios. Luego él lo sacó, dándole al botón del amor unas cuantas rápidas caricias y deslizarlos rápidamente de vuelta dentro de mí. Mis rodillas casi se doblaban. Edward rápidamente retiró su mano. ―Quizás necesites cambiarte esos pantaloncillos, ahora,― dijo con aires de suficiencia en su mirada. Luego metió sus dedos en su boca y los chupó como si recién se acabase toda una cubeta de pollo. ―¿Ya terminaste? ¿Pasé la inspección?― resoplé. ―Lo has hecho,― reconoció y se volteó hacia el refrigerador. ―Tengo que salir rápidamente y recoger algo hoy, pero estoy esperando que un paquete sea entregado. Riley puede firmar por eso, pero el contenido te pertenece a ti, así que siéntete libre de abrirlo. ―¿Qué es?― Le pregunté. ―Es un regalo.― Se encogió de hombros mientras se servía un vaso de leche. ―Gastaste un millón de dólares en mí y encima de todo eso ¿me estás comprando regalos?― pregunté. ―Es tanto un regalo para mí como lo es para ti.― Besó mi frente y palmeó mi trasero antes de salir de la cocina y dejarme ahí de pie conmigo misma. No tenía idea que tipo de regalo podría ser, pero mi curiosidad estaba picada. ¿Qué mujer no disfruta de recibir regalos? Me enteré un poco más tarde. El timbre de la puerta sonó – y por cierto, era uno de esos timbres esnobs que parecen durar para siempre – Riley firmó por el paquete. ―Aquí tiene, Señorita Isabella.― Dijo amablemente mientras me cedía el paquete.


―Por favor, Riley. Es Bella,― le sonreí. Él asintió con la cabeza respetuosamente y luego se retiró. No me avergüenza admitir que me siento algo así como un niño en la mañana de Navidad cuando me arrodillaba en el piso en mi falda -sí, me cambié-rasgué el dentro de la caja. Tampoco fue una tarea sencilla. Quien quiera que empacara esta cosa lo había sellado herméticamente como el Fort Knox. Incluso tuve que dejarlo en la entrada y así poder salvar un cuchillo de la tabla de cortar de la cocina. No se preocupen; fue cuidadosa con eso así que no destruiría el pequeño pedacito de tesoro dentro. Aunque todo se fue por la jodida ventana cuando finalmente abrí la maldita cosa y miré su interior. -La Petite Boudoir- estaba escrito por todo el papel de seda, y había una nota… de ninguna otra que Fernanda. La abrí y seré maldecida si su escritura no era tan hermosa como lo era ella. Queridísima Isabella, Edward me pidió que enviara estos. A él le va a absolutamente encantar verlos en ti. Debo admitir que estoy un poco celosa. Así que lamento que no tuvimos oportunidad de jugar. ¡Disfrútalo! Fernanda ¡Esa perra! Y que se joda él por haber hecho que me enviaran esta mierda. ¿Acaso él no comprendió cuando me retiré anoche dejando sus patéticos traseros? ¿Realmente piensa él que yo quiero ponerme algo en mi cuerpo que le vaya a recordar a ella? ¿Y ella está celosa? Sí,… ¡ella quería a mi jodido hombre! Arrugué la nota y la metí en mi bolsillo. En ataque de ira, golpeé la caja. Por supuesto que eso no disipó mucho mi furia, así que apuñalé la mierda esa con el cuchillo que todavía empuchaba en mi mano. No paré de apuñalar la maldita cosa hasta que mis brazos dolieron. Pedazos y piezas de encaje y seda irreconocibles tendidos en la caja de cartón, y todavía no estaba satisfecha. Podía verlo, y sabía que mierda era y que representaba. Di un salto y corrí con ganas de vuelta al cuarto de Edward. Escudriñé en sus gavetas hasta que finalmente encontré lo que estaba buscando. Combustible para encendedores. Corrí de vuelta por las escaleras, tomé la caja de fósforos de la despensa de la cocina y lleve a rastras la ofensiva caja en el camino. Rocié esa puta caja con hasta con la última gota del combustible para encendedores que había en el delgado bote. Tuve que dar un paso atrás cuando una bola de fuego se encendió y se disparó un poco hacia arriba en el aire.


Sí, sé que estaba mostrando un comportamiento irracional. Sí, sé que mi reacción era un poco del lado psicótico. Pero maldición… no iba a vestir algo que una de sus jodidas putas escogió porque ella sabe lo que a él le gusta. Y tampoco quería que haya duda en su mente de cómo me sentí al respecto. Ni todo el infierno junto tiene tanta furia como el de una mujer menospreciada. Le di la espalda al infierno y me alejé. Pese a que el fuego era relativamente pequeño y controlado, en mi mente, era inmenso. De hecho, estoy muy segura que yo lucía tan asombrosa como la pequeña Drew Barrymore en Ojos de Fuego con llamas sepultando todo alrededor de ella, porque Riley entró boquiabierto al pórtico y sus ojos abiertos, asombrado. ―¿Estás bien, Bella?― preguntó él frenéticamente. ―Oh, estoy perfecta…ahora― dije, pasé junto a él, entrando a la casa. Escuché el suave ronroneo de un carro cuando atravesaba el umbral y volteé para ver quien había venido a darnos una visita. Era Edward, y él iba manejando. Su carro era brillante; un elegante Aston Martin Vanquish negro que me recordó a un leopardo negro al acecho. Él parqueó el carro rápidamente y salto de él, sin siquiera molestarse en cerrar su puerta mientras caminaba indignado a mi pequeña fogata. Él la miró y luego me miró a mí. ―Tú regalo estaba contaminado,― dije como un hecho antes de alzar mi barbilla de manera desafiante, voltear y alejarme. ―Riley, consigue el extinguidor y apaga este fuego.― Ordenó él. ―Déjalo quemarse, Riley,― dije en un tono de aburrimiento sobre mi hombro. ―¡Isabella!― me gritó, pero yo seguí caminando. ―¡Isabella! Detente en este mismo instante o te juro por Dios que yo… ―¿Tú harás qué?― pregunté cuando giré sobre mis tacones para enfrentarlo. Vi como su rostro se descompuso impactado. Los músculos de su mandíbula tensados mientras apretaba sus dientes y sus ojos se movían de un lado a otro, obviamente tratando de salir con alguna réplica y fallando miserablemente. ―Eso es lo que pensé.― Dije y luego volteé para continuar subiendo las escaleras. ―Sabes… algo está seriamente mal contigo, Edward Cullen. Sabías que esa mierda me molestó ayer de noche. Y aun así, por alguna jodida razón, ¿Pensaste en que esa mujer, que obviamente todavía tiene intensos deseos sexuales por mi hombre envíe algo que ella escogió era una buena idea? ¿Y se supone que eres algo así como un gigante magnate de los negocios?― reí incrédulamente y sacudí mi cabeza. ―Asiiiiiiiii qué, jódete… Oh, y por cierto,― me detuve en la cima de las escaleras y volteé a verlo abajo. ―Ella dejó una nota.― Le lancé el pedazo de papel arrugado y lo golpeó en el pecho antes de que cayera a sus pies. Él lo agarro del piso y abrió la arrugada hoja antes de examinarlo.


―Oh por el amor de…,― empezó y luego suspiró. ―Isabella, Fernanda es bisexual. Ella quería verte con la lencería y estaba decepcionada porque ella había esperado que tú y ella…―su voz se apagó. ―¿Qué nosotras…?― Él levantó sus cejas y me dio una mirada curiosa. Oh. Ohhhh... ―No hablas en serio...―, le dije con una sonrisa sin humor. ―Bueno, ella no vino directamente y lo dijo, pero la conozco lo suficientemente bien para estar seguro en decir que eso es exactamente lo que ella estaba esperando; quizás un poco de diversión dos en uno. Un emparedado de Bella. Tengo que admitir, que estaba ligeramente halagada. Quiero decir, Fernanda era jodidamente hermosa y todo. La chica heterosexual en mi estaba un poquito curiosa, mientras no tuviera que hacerle nada a ella. ―Gabe va a disfrutar de esto,― murmuré más para mí misma. ―¿Qué? ―Nada. Eso no cambia nada. Tú compraste esa lencería, incluso después de que sabías cuanto me molestó eso anoche. Fin de la historia. Todavía estoy molesta.― Con eso, me volteé y me alejé. Lo escuché soltar un gruñido frustrado, y creo que él puede haber golpeado la pared con su puño, pero no podría estar segura. Me sentía como un total perra casi una hora más tarde y decidí darle caza y en realidad disculparme. Cuando llegué a la parte baja de las escaleras, efectivamente había un hoyo del tamaño de un puño por la esquina de la pared. Rodé mis ojos porque eso fue completamente fuera de lugar, pero bueno, también lo fue la pequeña rabieta que solté por lo de la lencería. ¿Ven? Puedo admitirlo cuando me equivoco. Él no estaba en su oficina, o en la cocina. Pensé oír el sonido de la televisión sonando fuertemente desde la sala de entretenimiento, así que seguí el sonido y con cuidado asomé mi cabeza por la puerta de entrada. Edward estaba recostado en uno de los asientos de cine con su camisa hacia afuera de un lado. Eso era lo más relajado que lo había visto desde el día que lo conocí. Imaginen mi decepción cuando él, de hecho, no tenía su mano metida en el frente de su pantalón como Al Bundy. Carraspeé mi garganta para alertarlo de mi presencia porque sería un total asco si soltaba un arranque de pedos, pensando que no estaba nadie para escucharlo. Él volteó su cabeza y me miró. La expresión de su cara no era de furia. Parecía más como si él estaba medio esperando que me pasara a modo perra de nuevo.


―Lo siento,― dije casi asfixiándome, porque disculparse con el hombre que me compró como su esclava sexual no era algo exactamente fácil de hacer. Él suspiró y pasó su mano sobre su desnudo y sin bello pecho. ―Ven siéntate conmigo por un rato,― dijo él palmeando su pierna. Atravesé la habitación y me posé en su regazo mientras mi brazo descansaba detrás de él alrededor de sus hombros. ―Yo, también lo siento,― dijo él, frotando mi muslo con dulzura. ―No pensé… sólo pensé que te podría gustar la lencería, y a decir verdad, realmente quería verte vistiéndola.― Asentí en silencio. ―Supongo que también lo siento por prenderle fuego,― dije entre dientes. ―No lo estés. Tus sentimientos estaban lastimados, así que entiendo porque lo hiciste.― Dijo con una risita. ―Eres una pequeña fiera ¿sabías eso? Como que me excitó… especialmente cuando me llamaste tu hombre.― Joder, ¿Yo hice eso? ―Bueno, lo eres… al menos por los próximos cinco años,― disimulé y luego desvié mi atención a la televisión. ―¿Estás viendo True Blood? Me encanta ese programa. Hay algo sobre vampiros que es simplemente tan sexy y…ungh…prohibido. ―¿En serio?― se echó a reír. ―Así que, ¿eres Team Eric o Team Bill? ―Eric, por supuesto. ―¿Y por qué es eso? Miré a la televisión de nuevo y Eric tenía una chica humana bastante despatarrada de pie mientras él la follaba al máximo con su velocidad vampírica. ―Esa es la razón,― respondí, señalando la pantalla. Me estaba poniendo bastante caliente al ver el desnudo trasero de Eric y la forma en la que él bombardeaba dentro de la pobre chica, pero ella no estaba quejándose. ―Sabía que había dado en el clavo contigo. Realmente te gustan las cosas rudas. ¿Verdad?― preguntó su profunda voz ronca mientras él movía su mano hacía arriba en mi muslo y acariciando con su boca el costado de mis senos. Él tomó mi vestido pezón entre sus dientes y jugó ligeramente con él. ―¿Hmm? ¿Quieres que yo te haga eso a ti?― continuó mientras acariciaba el brote con la punta de su nariz. ―¿Tenerte despatarrada frente a mí mientras bombardeo dentro de ese hermoso coño?―Sí, por favor. ―Yo puedo hacer eso, Isabella. Puedo follarte de esa manera.― Aspiré una respiración titubeante y él me miró hacia arriba por debajo de sus largas pestañas. ―Levanta tu camiseta para mí, bebé,― dijo con esa voz ronca. Doble Agente Coochie se levantó y prestó atención.


Lentamente hice lo que él pidió, y por primera vez, no estaba ni un poco disgustada por ello. Él soltó ese gemido que hacía estremecer a La Cooch y luego derretirla en una pila de fluidos. Sus labios se envolvieron alrededor de mi pezón izquierdo mientras su mano se movía más cerca de mi centro. Lentamente, su lengua rodeó el creciente brote antes de que él rozara con sus dientes. Podía sentir su caliente respiración cubrir mi piel mientras él exhalaba satisfecho. Luego sus labios se cerraron sobre mi pezón y se amamantó mientras movía su cabeza hacia atrás y adelante. Con una larga succión, él se retiró alargando mi seno antes de liberarlo y observarlo regresar rápidamente a su lugar. En ese momento, yo tenía un completo brote de las cataratas del Niágara entre las piernas. Edward inclinó su cabeza y dejó sensuales besos a lo largo de la parte interior de mi mandíbula hasta llegar a mi oreja. ―Tengo algo para ti,― murmuró. Se apresuró a explicar cuando yo me alejé y fruncí el ceño a manera de advertencia. ―Te prometo. Yo lo elegí, sólo para ti. Y nunca le he dado a ninguna otra mujer algo remotamente parecido a esto. ―Okay...― dije con cautela. Alcanzó algo junto a él, levantó una caja negra con un delgado lazo rojo amarrado alrededor de esta y la puso en mi muslo. ―Ábrela,― me instó cuando yo sólo la contemplé. Tomé una profunda respiración y lo abrí lentamente mientras lo levantaba y jalaba hasta el final del lazo. Luego levanté la tapa y me quede boquiabierta. Era un brazalete pulsera de plata con un centro ovalado que estaba decorado con un león en diamantes incrustados. Justamente debajo de este, había un estandarte con el nombre, Cullen, incrustado incluso con más diminutos y brillantes diamantes. Era impresionante. Edward lo tomó de mis manos y lo aseguró alrededor de mi muñeca derecha. ―Es el emblema de mi familia,― se encogió de hombros. ―No soy un verdadero dominante, y pese a que probablemente serías una sorprendente sumisa, con un montón de disciplina, por supuesto,― sonrió, ―No lo eres. Pero este le dejara saber a todos que tú perteneces a mí. Quiero que lo uses todo el tiempo. ―Es demasiado―, dije, sacudiendo la cabeza. ―Hay un cierto nivel de vida que viene junto con ser mi chica, Isabella―, dijo. ―A pesar que ambos sabemos que esto es contractual, nadie más lo sabe. No puedo exactamente tenerte rondando por ahí usando joyas baratas. Además, da la casualidad que creo que luce condenadamente sexy en ti.― Asentí con la cabeza, de mala gana. ―Levanta el fondo,― dijo mientras movió la cabeza hacia la caja. ―Hay más.― Metí la mano dentro de la caja y saqué la tapa de seda roja del fondo, tratando de adivinar qué más podría haber. ¡Santísimas balas veloces, Batman!


Había visto este tipo de cosas antes; Gabe me había arrastrado acompañándolo a más fiestas ―divertidas― de lo que una persona debería alguna vez ser forzada a asistir en toda su vida. Honestamente, no captaba cual era todo el escándalo sobre esto. Y ahora, me encuentro contemplando al -Papi Chulo- de todas las ―Silver Bullets―. El mismo emblema Cullen estaba tallado a un costado, pero gracias a Dios, no había diamantes. Y entonces tuve una epifanía. Dicen que los diamantes son los mejores amigos de una chica, pero seguro que la -Silver Bullet- le daba una fuerte competencia en esa categoría. La Cooch posó sus manos en sus caderas, ofendida de que él no le haya dado diamantes también, pero al mismo tiempo agradecida que no tuviera que preocuparse sobre destrozar sus interiores. Después de todo, si los diamantes pueden cortar el vidrio, ¿Qué diablos creen que le haría a la coochie? ―El brazalete es para que todo los demás sepan que me perteneces,― empezó a explicar mientras tomaba el vibrador de mis manos. ―Esto… es para que tú lo sepas.― Encendió el interruptor y deslizó su mano entre mis piernas presionando la bala contra mi clítoris. ―Oh, Dios...― jadeé y mi cabeza cayó hacia adelante. ―Bueno, eso no resultó como yo esperaba,― susurró en mi oído. ―Hemos pasado por esto antes, Isabella. Este pequeño juguete se supone que te recordara a quien perteneces. Así que dime Isabella, de nuevo, ¿quién es ese?― Alejó la bala para que simplemente a penas tocara ese pequeño manojo de nervios y luego empezó a introducirlo lentamente en dolorosos lentos círculos. ¡Somos suyas, perra! ¡Di su jodido nombre! ¡Dile todo lo que él quiera! ¡Sólo consígueme más! Me gritaba La Cooch. ―Por favor... Edward,― gemí y arqueando mis caderas hacia arriba para cerrar la distancia. Me agarró la cadera con su otra mano que la tenía alrededor de mi cintura y me retuvo. El bastardo arrogante me pidió que diga su nombre y cumplí. ¿Y aun así está jugando conmigo? ―Más. Quiero más― gemí lastimeramente. ―¿Más que? ¿Más de esto?― preguntó él, presionando más cerca la bala y dándome lo que ansiaba. ―Oh, Dios, sí―, gemí. Me di cuenta de mi error un poco demasiado tarde. Edward apartó la bala nuevamente y me chasqueó la lengua. ―Vamos a intentarlo de nuevo. De hecho, vamos hacer una nueva regla. Cada vez que sientas la necesidad de decir el nombre, Dios, tú dirás mi nombre en lugar de eso. Y te garantizo que vas a amar mi versión del cielo. ¿Blasfemo? Por supuesto. Pero dado que yo ya me iba a ir al infierno, Supuse que podría también hacerlo propiamente.


Edward presionó la bala en mi clítoris de vuelta y luego rápidamente lo deslizó entre mis pliegues antes de hundirlo dentro de mí. ―Ungh... Edward!― Grité. ―Muy bien, Isabella. Eres una rápida aprendiz,― dijo en aprobación, luego el me premió, tomando mi pezón en su boca de nuevo y succionándolo enérgicamente mientras trabajaba alrededor de mi interior. No sabía en que sensación concentrarme, y ni siquiera estaba segura por qué estaba tratando de diferenciar entre las dos. Porque juntas… oh mi Edward, eso era eufórico. Y luego se acabó. Ninguna bala, ninguna mamada... nada. Lo miré como si él estaba loco. Luego encontré mi pequeña bala Cullen de vuelta en la caja y en la mesa. ―¿Ya no estás adolorida?― me preguntó. Una vez más, lo mire como si él estaba loco. ―¡Diablos, no!― dije con alto tono agudo en mi voz. Se deslizó por debajo de mí y se puso de pie, obligándome a caer de golpe en la silla. Yo estaba justamente por protestar por su rápida desaparición cuando se arrodilló ante mí y apartó mis rodillas. Mientras él se inclinaba hacia adelante y con ansías reclamaba mi boca como suya, sus manos levantaron mi falta. Yo con impaciencia levanté mis caderas para ayudarlo, aunque no sé por qué él simplemente no deslizó la maldita cosa fuera de mis piernas. Aunque de esta manera era como que caliente. Simplemente hay algo sobre estar tan en el calor del momento que tú ni siquiera quieres tomarte el tiempo para desvestirte completamente. Y Edward no decepcionó. Escuché el tintineo de la hebilla de su cintura, aflojando sus jeans, enganchó sus brazos debajo de mis rodillas y tiró de mí hacia delante hasta que mi trasero apenas posicionaba en el borde del asiento. ―Joder, te deseo tanto.― Gruño él cuando empujaba al Pene Maravilla liberándolo de sus confines. ―Y me niego a esperar por más tiempo. Dame lo que es mío,― demandó él. ―Carajo, tómalo,― lo desafié. No estaba realmente tratando de ser una perra. Él lo sabía y yo lo sabía. Esto era solo lo que hacíamos. Nos desafiábamos el uno al otro, luego nos deleitábamos de la posesividad que ambos sentíamos. Por mucho que me gustaría negarlo, no podía. Era un placer culposo que a ambos nos gustaba; crudo, animalista…salvaje. El chupete que le había hecho en la mañana fue un descarnado recuerdo de eso. Llevé una mano hacia adelante y rocé mi mano por la marca y luego lo miré a los ojos. Él sabía el mensaje que yo estaba tratando de transmitir. Mío. Edward soltó un gruñido salvaje y se recostó sobre mí para atacar mi boca con un brutal y apasionado beso. Entrelacé mis dedos por su cabello y le di todo lo que tenía en mí, porque


si vas a bailar ʻtangoʼ con Edward Cullen, lo mejor que es vengas jodidamente bien preparado. Él ni siquiera se molestó en empujar su pantalón sobre sus caderas antes de alinearse en mi entrada y presionar lentamente. ―Jesús, bebé,― siseo él. ―Eres tan malditamente estrecha. La Cooch chilló de júbilo cuando finalmente estaba reunida con el Pene Maravilla. Casi podía ver dos estrellas amantes cruzadas mientras ellos atravesaban el campo de daisys para finalmente estar en los brazos de cada uno. Él susurraba sus disculpas; ella lo perdonaba de todas sus transgresiones. Era inquietante, pero muy gratificante. Una vez que él estuvo enfundado dentro de mí, - y créanme, eso no era fácil hazaña… la segunda vez con la polla monstruo, gente… yo estaba completamente llena – él enganchó sus brazos bajo mis rodillas y las empujó hasta que yo estaba abierta lo más que podía. Sólo por un breve segundo, me permití a mí misma preguntarme por qué nunca probé ser porrista y gimnasta, porque resultó, que yo era condenadamente muy ágil. ―Oh, Edward,― jadeé, sigue jugando su juego de los nombres. ―Joder…. Sí… Él se empujó hacia adelante para que sus manos estuvieran agarrando fuertemente el filo de los brazos de la silla para apoyar sus acciones. Sus antebrazos todavía sujetaban mis piernas fijas mientras él doblaba sus codos y se presionaba en mí. ―Ahora, voy a follarte duro y sin parar, Isabella― advirtió el con sus labios se cernieron sobre los míos. Sus respiraciones eran mis respiraciones e incliné mi barbilla para besarlo, pero se apartó minuciosamente para indicar que él había terminado. Dejó sus labios apenas rozando sobre los míos mientras él terminaba torturándome. ―Si te lastimo, dímelo, y podría detenerme.― Ustedes vieron lo que él hizo ahí, ¿verdad? Él presentó el reto, sabiendo que iba a contestarle, o me lastimaré a mí misma permanentemente tratando. ―Éntrale,― le dije con los ojos entrecerrados y luego incliné mi cabeza haciaadelante y mordí su labio inferior. Edward gruñó y luego estrelló sus labios a los míos. Podía saborear un ligero atisbo de sangre, y sabía que era de él. Eso me volvió loca de deseo así que succioné su labio, incitándolo a más. Él se retiró de mí rápidamente para luego empujarse dentro nuevamente en un muy lento movimiento, pero fue suficiente para apartar mi atención de sus labios. Eché mi cabeza hacia atrás y arqueé mi espalda mientras él se retiraba de nuevo y empujaba dentro más fuerte. Cuando volví a mirarlo, pude ver el corte y el hilito de sangre en su boca. Lamí mi labio inferior deseando saborearlo nuevamente. Era enfermo, lo sé, pero si ustedes hubieran alguna vez probado a Edward Cullen, sabrían por qué yo estaba adicta y anhelante por más. ―Se supone que yo sería el vampiro, Isabella. No tú,― gruño mientras aumentaba su velocidad e intensidad.


Lo alcancé y logré tener un agarré de su cabello antes de que él pudiera apartarse y negarme lo que yo quería. Empujé y tiré de sus gruesas hebras de cabello hasta que finalmente cedió y me dejó forzar un beso de él nuevamente. Fui directo por la sangre que estaba brotando de su labio y la recogí con la punta de mi lengua. Sin perder el ritmo de sus embestidas, Edward capturó mi lengua con la suya antes de que yo pudiera devolverla a mi boca para saborearlo. Peleamos por la dominación del beso y la sangre, era tan malditamente, er, Edward malditamente erótico que casi me corro ahí mismo. Él rompió el beso y miró hacia abajo en el lugar donde ambos estábamos unidos y yo seguí su ejemplo. Sus jeans estaban apenas colgando por encima de sus muslos, habiéndose deslizado con sus movimientos. Esa espiral en la boca de mi estómago seguía serpenteando cerrándose más y más con la imagen de su polla arremetiendo dentro y fuera de mí. Pero, maldición, él estaba moviéndose tan rápido y yo quería que esta sensación jamás terminara. Como si leyera mi mente, él bajó la velocidad así ambos podíamos verlo mejor, y lo vi lamerse sus labios cuando una gota de sudor chorreó por el puente de su nariz y cayo sobre mi abdomen. ―Eso es algo hermoso, ¿verdad?― preguntó cuando él me observó. Yo miré hacia abajo entre mis piernas e inmediatamente estaba fascinada por la visión. ―Mi gruesa polla follando tu hermoso, húmedo…estrecho coño. Me voy a correr sobre todo ese lindo pequeño gatito tuyo, Isabella.― Él inhaló una larga respiración y luego empezó a bombear sus caderas más y más rápido. No era exactamente velocidad vampírica, pero estaba malditamente bastante cerca. Sí, sentía dolor, pero no, no me importaba una mierda eso. ―Lo siento, Isabella, pero olvidé cual prefieres,― preguntó entre pesadas respiraciones. ―¿Era team Eric o team Bill? Yo le respondí sin pensarlo dos veces. ―Team… Edward.― Él me dio una de esas ridículamente sexy sonrisas torcidas suyas y luego se lanzó hacia adelante con sus dientes al descubierto. Los sentí rasgar a través la carne justo sobre la arteria de mi cuello y luego él succionó con fuerza. La ilusión que él había creado, fue como si yo hubiera sido recogida y estampada en un océano de éxtasis orgásmico. Me golpeó tan fuerte que no pude hacer sonido alguno; creo que ni siquiera estaba respirando. Mi boca cayó abierta, mis ojos rodaron atrás de mi cabeza, mi espalda se arqueó y enterré mis uñas en la piel de la espalda de Edward y lo adherí a mí. Él disminuyó sus movimientos e hizo esta increíble cosa donde él rueda sus caderas con cada embestida, causando una deliciosa fricción en mi clítoris. Todo eso mientras, él gemía en mi cuello y las vibraciones de eso se disparaban directamente a mi coño. Estoy bastante segura que mi cuerpo en un momento estaba convulsionando, pero él continuó. Finalmente liberó la piel de mi cuello y me miró con aires de superioridad.


―Mi turno,― sonrió de manera endemoniada. Él bombeó sus caderas fervientemente. Cada embestida interior hacía un sonido azotador cuando su piel se encontraba con la mía. Yo estaba sumamente consciente que sus esfuerzos estaban realmente moviéndome hacia atrás en el asiento, pero no importaba. Sentí mis paredes cernirse alrededor de él de nuevo mientras yo era lanzada a otra ola en ese océano de O. ―Maldita sea,― dijo entre dientes Edward. Y luego él soltó mi pierna y sacó su polla de mí justo antes que su semen saliera disparado a chorros. Era caliente y espeso contra la suave piel de mi coño y yo observé con una embelesada fascinación mientras él deslizaba su mano hacia arriba y hacia abajo sobre su longitud. Su pecho subí y bajaba con sus pesadas respiraciones y su cabeza cayó hacia atrás mientras un leve gemido resonaba a través de su pecho. Yo quería follarlo de nuevo, solo para que pudiera ver la repetición. Cuando él había vaciado toda su semilla, su cabeza cayó hacia adelante y me miró a los ojos. Sus músculos pectorales flexionados mientras él inhalaba profundamente para calmar su respiración. Él sopló el aire en un rápido brote entusiasta y luego inclinó su cabeza a un lado antes de inclinarse hacia adelante y darme un largo y firme beso. ―¿Estás bien, bebé?― preguntó mientras él ahuecaba mi mejilla con una mano y rozaba su pulgar sobre mi labio hinchado por el beso. Besé la yema de su pulgar y asentí con la cabeza enérgicamente. Él se puso de pie y tiró hacia arriba su pantalón lo suficiente para mantenerlos de que no caigan alrededor de sus tobillos. Cuando él se volteó y camino hacia el bar, los pequeños hoyuelos de su espalda me sonrieron y La Cooch les dio un tímido y coqueto saludo. Supongo que la pequeña Hoochie está pensando serle infiel al Pene Maravilla, ahora. Edward desapareció detrás del bar y yo bajé mi camiseta. En segundos, él regresó a mí, trayendo una toalla mojada. ―Uno de los muchos beneficios de tener un bar con agua corriente en la sala de entretenimiento,― dijo con una mirada divertida en su rostro. Él limpió el esperma de mis partes femeninas con suaves toallitas húmedas contra mi carne. ―¿Estás adolorida, ahora?― preguntó mientras se ponía de pie y caminaba de vuelta hacia el bar. ―¡Gaw… Edward!― dije con un resoplido mientras tiraba hacia abajo mi falda. ―Yo agradezco tu preocupación, pero…,― me interrumpí a mi misma, viendo la mirada de expectación en su rostro. Él estaba deseando que estuviera adolorida. ―Sí, Edward,― concedí. ―Tú diste una seria paliza a La Cooch. No voy a ser capaz de caminar por días.― En realidad, mis piernas estaban adoloridas, y La Cooch realmente estaba lamiendo sus heridas…en entusiasta satisfacción. Ella había esperado que él hiciera


eso por ella, pero con la esperma y todo… se dio cuenta que simplemente eso no iba a pasar. Él soltó esta enorme sonrisa engreída en su rostro y supe que había inflado su ego excepcionalmente bien. ―Hey, ¿Edward?― dije, llamando su atención. ―Sí, ―¿Eric… Bill… ambos de esos follables hermanos Salvatore, Stefan y Damon?― él levantó su peculiar ceja en desaprobación hacia mí. ―Ellos no tienen ni una mierda de ti. Tú eres muchísimo más sexy, mucho más exótico y a pesar que no he visto las suyas, encontraría realmente difícil creer que ellos puedan tener una polla más grande. Eres oro, bebé.― Él se rió y luego mordió la comisura de su labio. ―Aw, Jodida mierda,― dijo modestamente. ―Estás diciendo eso, sólo porque es verdad. ―Eres todo un culo engreído,― me reí y sacudí mi cabeza. ―Ahí tienes…hablando de nuevo de mi culo. Sabes esta obsesión tuya está al borde de ser enfermiza,― dijo mientras caminaba de vuelta a mí. Él agarró mis manos y me atrajo para levantarme frente a él, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello mientras él rodeaba mi cintura. Me estiré de puntillas y lo besé suavemente. Ahora, su labio no estaba sangrando, él no hizo ningún gesto de dolor, así que rocé mi lengua a lo largo de su labio inferior para pedir entrada. Él me concedió mi deseo y suavemente acarició mi lengua con la suya. Fue el beso más dulce que habíamos compartido desde mi llegada. Este trato podría no ser tan malo después de todo.

Capítulo 9: “¡Huelo a Tocino!” BPOV Mi nombre es Bella Swan, y yo… soy adicta a un trasero. En mi defensa, el trasero de Edward era extremadamente ridículo. Es todo redondo, firme y respingón. Dos pequeños hoyuelos estaban justo encima de su espalda baja y luego está esa pequeña suave pendiente que se redondea deliciosamente en dos musculosos cachetes que puedes ahuecar cuando están flexionados. A esto se añade la riquísima cremosidad de su piel, y obtienen una divina ʻculosalʼ visión. Joder, demándenme. No quiero ayuda para mi co-dependencia. Esto funciona más que bien para mí. Era de mañana y Edward estaba recostado sobre su estómago mientras yo estaba posada de costado a su lado. Él todavía estaba durmiendo, y yo estaba mirando boquiabierta toda su gloriosa desnudez. Él había pateado las sábanas a algún lugar durante la noche, y


cuando desperté, estuve inmediatamente agradecida con la gloriosa vista de su delicioso cuerpo en su impecable forma: Él era magnificencia. Aunque me encantaba la forma en que la ropa le lucía, esto…esto era muchísimo mejor. Vi como su espalda subía y bajaba y sentía incluso sus respiraciones. Cada músculo estaba definido y mis dedos se retorcieron, con ganas de estirar el brazo y trazarlos. Su rostro estaba volteado hacía mí, y yo, me encontraba maravillada por la longitud de sus largas y gruesas pestañas. La falta de afeitarse durante la semana dejó una deliciosa sombra de barba en su fuerte mandíbula. Me gustaba bastante e hice una nota mental de tratar de encontrar una manera de convencerlo de usarla así más a menudo; las empresas estadounidenses sean condenadas. Sus labios estaban ligeramente fruncidos y había una pequeñísima marca en su labio inferior, un recuerdo de nuestra erótica sesión de ayer en la noche cuando él más que cumplió mi perversa pequeña fantasía de vampiros. Una fugaz sonrisa apareció en mi rostro y extendí una mano y gentilmente ahuequé su cara. Mientras delicadamente rozaba la yema de mi pulgar a lo largo de su labio inferior, él gimió antes de finalmente estremecerse. Probablemente no debería despertarlo antes que su alarma sonara, pero no pude evitarlo. Labios como esos tienen que ser tocados. Sus ojos rápido se abrieron e inmediatamente se encontraron con los míos; piscinas de esmeralda tan ricas, no podías evitar hundirte en ellas. ―Buenos días,― con su áspera voz mañanera, me saludó. Él frunció sus labios minuciosamente y besó la yema de mi pulgar. ―Lo siento. No era mi intención despertarte,― mentí y retiré mi mano. ―Está bien. ¿Qué hora es?― él se apoyó en sus codos y miró la alarma de su reloj en la mesita de noche a su lado. Gruñó cuando la leyó y se volcó sobre su espalda. ―Carajo, necesito levantarme e ir a trabajar,― suspiró y luego pasó sus manos sobre su rostro. ―¿Quieres que prepare algo para ti de desayunar?― pregunté. Sus manos cayeron de su cara y me miró sorprendido. ―¿Sabes cocinar?― Me reí de él, porque aparentemente me estaba volviendo loca. ―Sí, Edward. Nosotras las simples personas de la clase obrera tenemos que hacer ese tipo de cosas, a menos que queramos morir de inanición. ―¿Puedes hacer…tocino y huevos?― su cara se convirtió en una adorable pequeña expresión esperanzada. Rodé mis ojos y asentí. ―¿Cómo te gustan preparados los huevos? ―¿Cocido de ambos lados pero con la yema suave?


―Puedo hacer eso, Edward, puedo hacerte un desayuno como ese,― dije seductoramente, haciendo un juego con sus palabras de anoche. Podrían pensar que yo estaba ofreciéndole lo misma maldita cosa que él había estado ofreciéndome, porque juro que él se endureció. ―¡Bien! Voy a tomar una ducha y a vestirme,― estuvo fuera de la cama en un abrir y cerrar de ojos, y yo me quedé contemplándolo. Sí, estaba comiéndome con los ojos la pieza maestra de culo; El culo maestro. Mmm…yo quiero un pedazo. Me deslicé fuera de la cama también y me puse unos shorts y una camiseta sin mangas. Sería hasta que pudiera tomar una ducha por mí misma. Una vez abajo, agarré una sartén de una de esas elegantes-shmantes cosas colgantes que no recuerdo como se llaman que pendían del mesón central y lo puse en estufa. La estufa… Déjenme decirles algo sobre este electrodoméstico de mierda… El mismo Gordon Ramsey no podría descubrir como funciona esta cosa. Había un infinito número de botones y perillas, y que me condenen si no sabía lo que alguno de esos bastardos hacía. Así que, al igual que el control remoto universal, sólo empecé a aplastar todo lo que veía. Tuve un breve recuerdo de ese día y me estremecí, pero rápidamente me recuperé cuando presioné el botón correcto en el segundo intento. ¿El primer intento? Ni siquiera vayamos por ahí. Mis cejas estaba todavía relativamente intactas, y había sólo un ligero olor a quemado que permanecía en el aire. Así que, vete al demonio, Gordon. Me deslicé hacía el refrigerador y tuve que mover un par de cosas a un lado para encontrar el, escuchen esto… tocino corte de carnicero. Exactamente. Aparentemente, Edward hijo de puta Cullen no le hace a la carne procesada. Sacudí mi cabeza por lo absurdo y agarré los huevos. Después lavé mis manos rigurosamente, y preparé mi puesto. El tocino estaba en la sartén y justo necesitando voltearlo, cuando Edward envolvió con sus brazos mi cintura desde atrás. Sentí el frotar de su mano contra mi hombro y mi cabello fue echado hacía atrás exponiendo mi cuello. Instintivamente, ladeé la cabeza a un lado para permitirle un mejor acceso y me estremecí en sus brazos cuando la punta de su nariz corrió a lo largo de la longitud de mi cuello mientras él inhalaba profundamente. EPOV ―Dios, eso huele bien― susurré en su oído. ―y la comida no huele tan mal tampoco.― Eso olía jodidamente delicioso, pero hay algo en verla en mi cocina, preparando el desayuno para mí que me hace querer saborearla más. Succioné el lóbulo de su oreja en mi boca y la provoqué con mi lengua mientras mis manos empezaban a recorrer sobre su sedosa piel. ―Edward… estoy tratando de cocinar,― ella rió. Ese sonido envió ondas de choque a mi polla. ―Entonces, cocina,― mi mano se deslizó bajo su camiseta y jugué con la pretina de sus pantaloncillos de algodón. Podía sentir su pulso acelerase bajo mi lengua mientras dejaba sensuales besos con la boca abierta a lo largo de la delicada carne de su cuello.


―A menos que te guste el tocino quemado, es posible que desees dejar eso,― suspiró ella. ―Es una distracción increíble. ―No quemes mi tocino, Isabella,― mi voz fue seductora, pero demandante… justo como sabía que a ella secretamente le gustaba. Metí mi mano dentro de sus pantaloncillos y ahuequé su hermoso coño con mi gran mano. Ella jadeó y trató de voltearse para mirarme, pero mantuve mi agarré para dejarla en su lugar. ―No, no, Isabella. Tú necesitas mirar la sartén,― le recordé. ―Porque si tú quemas mi tocino, voy a tener que castigarte. Ella me dio su pequeña y seductora media sonrisa. Sí, ella quería ser castigada justo tanto como yo quería jodidamente castigarla a ella. Jesús, amaba nuestros pequeños juegos. Separé sus labios inferiores y deslicé mi dedo índice entre sus ya húmedos pliegues. Amaba la manera en que ella era tan receptiva a mi toque. Así que, presioné mi cuerpo entero contra su espalda para darle más de eso. Sabía que ella podía sentir mi polla endureciéndose contra ella, justo como sabía que la excitaba tanto con esa mierda, tanto como yo lo hacía. Continué mi asalto en su cuello mientras dejaba que los dedos de mi otra mano hagan su camino para encontrar su erecto pezón. Ella arqueó su espalda y presionó su trasero contra mi erección cuando le di un ligero tirón. ―Edward… ―Shh... tocino,― susurré contra su oído. Yo quería jugar con ella, ver cuan multifuncional era ella. Así que, retiré ambas manos y lentamente empujé sus shorts sobre sus caderas curvilíneas y bajo sus piernas. ―¿Qué estás… Respondí esa pregunta cuando abrí sus piernas e inserté dos dedos desde atrás. Mientras yo la trabajaba con mi mano derecha, la izquierda hizo su rápido trabajo en mis pantalones y mi polla saltó libre. Estaba totalmente consciente que probablemente por siempre asociaría el olor del tocino con lo que estaba a punto de suceder. Al igual que los perros Pavlov, quisiera obtener una inmensa erección siempre que la esencia impregne el aire a mí alrededor. Pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar. ―¿Qué hay de mis huevos?― pregunté mientras curvaba mis dedos una y otra vez dentro de ella. ―Vamos, Isabella. Muero de hambre. Unas temblorosas manos agarraron dos huevos y los golpeó uno contra otro para rajar la cascara. Ella iba a jugar. Me encantaba cuan aventurera era. Saqué mis dedos cuando ella cuidadosamente dejó caer uno en la sartén.


Mientras ella rajaba la cáscara del otro huevo contra el borde de la sartén, empujé hacia atrás sus caderas y ligeramente presioné hacia abajo su espalda baja para obtener el arco perfecto. ―No rompas la yema,― advertí y luego presioné contra ella al mismo tiempo que ella lo dejó caer en la sartén. Ella tonteó y por poco la rompe, pero se recuperó y logró mantener intacto el centro amarillo. Jodida Isabella era malditamente increíble. En todos mis pasados intentos, jamás había encontrado un coño tan dulce como el de ella. Es todo caliente con su sedosa carne que abraza mi polla tan jodidamente fuerte que ninguna otra que haya tenido yo la oportunidad de infiltrar. Me atraía y apretaba posesivamente como si no quisiera nunca dejarme ir. Era un esclavo de ella, lo que era irónico dado que se supone que ella iba a ser mi esclava. Ella jugaba su papel muy bien, no hay error al respecto, pero a ese pequeño coño de ella le pertenezco. Y no me importaba una mierda, ni un jodido poquito. Doblé ligeramente las rodillas y la mantuve quieta mientras lentamente me movía dentro y fuera de ella. Ella se sentía tan jodidamente bien envuelta alrededor de mi polla, tanto que me pregunté si alguna vez tendré suficiente de ella. Cuando volteó su cabeza y me miró sobre su hombro mientras se mordía ese condenado labio inferior, supe que la respuesta era Joder, no, jamás tendría suficiente. Agarré un puñado de su cabello y lo jalé, forzándola a arquear su espalda más atrás hasta que esa deliciosa boca estuvo a mi alcance. La reclamé en un acalorado beso y ella gimió en mi boca. ―¿Es ese tocino, el que huelo que se quema?― pregunté contra sus labios. Ella se volteó hacia la sartén y le dio la vuelta con las manos temblorosas. Mantuve mi mano en su cabello y la otra en su cadera mientras aumentaba el ritmo y la urgencia de mis embestidas. Los cachetes de su perfecto pequeño trasero se sacudían con cada golpe de mis caderas contra ellas y me resultó imposible mirar a otro lado. Queriendo ver el tesoro oculto entre esas dos celestiales porciones, agarré sus caderas con ambas manos y usé mis pulgares para hundirlos muy dentro. Gruñí cuando el jardín de placer prohibido fue revelado. Su entrada trasera me provocó con su estrechez y sentí mi pene crecer imposiblemente más duro. ―Joder, bebé,― gemí. ―Tu trasero es tan hermoso. No puedo esperar para meter mi polla ahí.― Sentí su cuerpo tensarse y volvió a mirarme. ―No ahora, Isabella, pero pronto,― le aseguré. ―Pero confía en mí, tan rara como eres… te va a encantar.― Rocé mi pulgar sobre la entrada y presioné hasta que lo deslicé dentro. Ella dio un grito ahogado, y luego sentí las paredes de su pequeño coño estrecho ceñirse alrededor de mi polla. Podía sentir el pulso de su orgasmo cuando su cabeza cayó hacia atrás y ella se aferró del mesón como si se le fuera la vida en ello. ―Sí, nena,― gemí. ―Mmm… Joder… eso es sólo una muestra de cómo se sentirá.


Mordí mi labio inferior y detuve sus caderas mientras golpeaba en su pequeño y dulce coño, incrementando su placer. Mis bolas se endurecieron y una maravillosa sensación de euforia se elevó atravesando mi cuerpo hasta que explotó de mí como fuegos artificiales. El agarré que tenía en sus caderas se hacía más fuerte, pero no tenía sentido para preocuparme de si le hacía moretones en ese momento. Un largo y salvaje gruñido me arañó al salir de mi pecho mientras Isabella se movía y empujaba sus caderas hacia atrás a mí una y otra vez hasta ordeñarme para dejarme seco. Liberé sus caderas y coloqué mis manos a su lado en el mesón y luego me presioné hacia adelante para acorralarla en ese lugar. Mi frente cayó hacia adelante y saqué mi polla, jadeando contra la piel de su hombro. Entre muchas respiraciones necesitadas, logré dejar algunos castos besos aquí y allá; sobre todo porque no podía tener suficiente de ella, pero también como una forma de agradecimiento. Sí, mírenme. Estoy agradeciéndole a una mujer, quien está obligada a follarme, por dejarme hacerle exactamente eso. Es mejor que un jodido nada, ¿verdad? ―Um, ¿Edward?― su suave voz rompió el silencio. ―Creo que quemé el tocino.― Levanté mi cabeza y miré la sartén. Por supuesto que el tocino parecía carbón y la yema del ahora huevo con aspecto cauchoso estaba rota. Eché mi cabeza y reí contra su hombro mientras envolvía mis brazos a su alrededor. ―Está bien, nena,― dije entre pesadas respiraciones. ―Realmente no tenía mucha hambre de todas formas. ―Pero… todavía me vas a castigar, ¿verdad?― Dios la bendiga, ella realmente sonaba esperanzada. ―Oh, demonios sí… Para mediodía, me encontraba sentado en mi escritorio, incapaz de concentrarme en una maldita cosa porque no podía dejar de pensar en ella. Jasper había estado mirándome divertido todo el día, y eso realmente me estaba empezando a molestar. Un golpe sonó en la puerta antes de abrirse de golpe y Jasper entrara muy fresco. ―Cuatro tajadas de tocino, dos huevos fritos de ambos lados y una tostada,― dijo él con una ceja levantada mientras dejaba un recipiente desechable frente a mí. ―¿Desayuno para almorzar?― Me encogí de hombros. ―¿Qué puedo decir? Tuve un antojo. ―¡Hey, Edward!― saludó Alice cuando entró saltando a la oficina y con su bolso bajo su brazo. Ella saltó encima de Jasper y él la movió a su lado. ―Tienes suerte la cafetería de la calle de abajo sirva desayuno las veinticuatro horas al día.― Di a Jasper una mirada inquisitiva. ―Ella estaba en camino de todos modos, así que le pedí que recogiera tu almuerzo,― dijo encogiéndose de hombros. ―Tú siempre estás diciendo que debo aprender a delegar. ―¡Hey!― dijo ella en una fingida protesta mientras juguetonamente golpeaba su brazo. ―No delegas a tu adorada esposa, ridículo.


―Sí, bueno, ¿por qué tú y tu adorada esposa no se van y juegan así yo puedo disfrutar de mi almuerzo en paz?― sugerí mientras levantaba la tapa del recipiente. El olor del tocino inmediatamente me trajo los recuerdos de esta mañana, y tristemente, la parte de delante de mi pantalón se ajustó. Casi podía sentir su humedad ciñéndose alrededor de mi polla mientras me movía dentro de ella. Maldita sea, extrañaba a Isabella. ―En realidad, tengo algo de lo que quiero hablar contigo,― dijo Alice, arrancándome de mi mundo de fantasía. Levanté la mirada e hice un ademán hacia mi almuerzo. ―¿Puede esperar? Esta mierda no sabe muy bien cuando está fría. ―No. No puede,― dijo ella mientras tomaba asiento frente a mi escritorio. ―Adelante come. Eso no me molestara. Y porque sabía que ella estaría paseándose fuera de mi oficia, con muchas interrupciones una y otra vez para chequear si ya he terminado, cedí. Alice puede ser pequeña mierda agresiva cuando quiere algo. ―Bueno, ¿qué es tan importante? Jasper aclaró su garganta y empezó a caminar hacia la puerta. ―Yo estaré en mi escritorio si me necesitas. Vi la mirada de temor en su rostro, y eso me alertó de que no me iba a gustar lo que sea que ella quería hablar. Como dije antes, Jasper es lo opuesto de Alice. Él sabe cuando dejar la mierda, mientras Alice presiona hasta que ella consigue las respuestas de lo que quiere. Tomé un pedazo de tocino y mordí un pedazo mientras esperaba que ella empiece. ―Bueno, estaba cuadrando tu cuenta bancaria este fin de semana, pagando planillas de servicios básicos y todo eso, cuando me encontré una entrada de una bastante grande suma de dinero que había sido transferida de tu cuenta personal a una cuenta en Forks, Washington,― empezó con un tono inquisitivo. ―¿Y?― presioné mientras tomaba un mordisco de los huevos. Necesitaban sal. ―Y… ¿Un millón de dólares? Edward, sé que no es mi lugar preguntar, pero ¿Qué demonios? ―Estás en lo correcto, no es tu lugar preguntar,― dije de repente perdiendo mi apetito. Sabía que ella vería la transacción, pero ella nunca antes me había cuestionado sobre mis estrafalarios gastos. Pensándolo bien, la última vez que solté un montón si quiera remotamente similar a eso, fue para mi Vanquish. Alice entrecerró sus ojos sospechosamente. ―¿Estás haciendo algo ilegal?


―Alice, te estoy advirtiendo…para,― dije en mi tono de voz más amenazante. ―La última vez que chequeé, yo era el empleador y tú eras la empleada. Así que carajo, no vengas aquí como si fueras a interrogarme sobre esa mierda que no es de tu maldito interés. ―No me asustas, Edward Anthony Cullen,― dijo ella poniéndose de pie y sacudiendo su dedo hacia mí. ―Algo pasa, y no sé que es, pero sabes que voy a seguir investigando hasta que lo descubra. Y no creas que no noté que la transacción justo da lugar al mismo tiempo que Bella apareció.― Ella me estaba encabronando. Podía literalmente sentir la vena de mi frente saltar. ―Isabella,― la corregí. ―No, ella me pidió que la llame Bella, Supongo que ella prefiere eso a su nombre de pila, pero deberías saberlo dado que los dos están tan enamorados,― dijo ella cruzando sus brazos sobre su pecho. ―Cual es el asunto entre tú y ella, porque no me trago toda la mierda de ʻnos conocimos fuera de un show de drag queen en LA y nos enamoramosʼ ― Mis cejas se dispararon hasta la línea del cabello y casi me atraganto con mi maldita propia saliva. ―¡Ella te dijo que me conoció en un espectáculo de drag queen!― Joder, típico de Isabella. No debería sorprenderme. Reí y sacudí mi cabeza. Ahí es cuando tuve una idea que ayudaría a joder a ambos; Alice por husmear cuando ella debería meterse en sus propios malditos asuntos, e Isabella por hacer en primer lugar el comentario del drag queen. ―¿Te dijo ella que tiene un pene? ―Joder, cállate― la boca se abrió impactada y luego la cerró rápidamente mientras puso una pensativa mirada en su rostro. ―Espera un minuto,― dijo ella con una mano en su cadera, ―La he visto desnuda. Ella definitivamente no tiene un pene. ―Ya no,― agregué. ―¿Para qué crees que era el dinero en la cuenta? Prácticamente podía ver al hámster corriendo en su rueda dentro de su cabeza mientras ella procesaba lo que estaba diciendo. ―¡Oh. mi. Dios! Bella es un tipo que tuvo un cambio de sexo. ―Solía ser un tipo.― La corregí. ―Su nombre era Paul. Aunque ella se ve bastante convincente ahora. ¿Verdad? ―Pero, a ti no te gustan los hombres. ―Ella no es hombre…ahora.― Entrelacé mis dedos juntos y ahuequé la parte de atrás de mi cabeza mientras me reclinaba en mi silla. ―¿Alguna otra pregunta?― Alice lucía estupefacta mientras contemplaba a la distancia y apenas sacudía la cabeza. Se dirigió a la puerta, pero la detuve antes que pudiera irse.


―Oh y ¿Alice?― ella se volteó hacia a mí. ―Este tiene que ser nuestro pequeño secreto. No puedes decirle nada a nadie, especialmente no a Isabella. Ella es bastante sensible en este tema y sólo quiere ser aceptada como la mujer que ha siempre sentido que era por dentro. ―Oh sí, está bien, no hay problema,― dijo ella y asentía con vehemencia mientras me daba esa mirada forzada que decía ʻpff, que vaʼ y luego agarró el pomo de la puerta para irse. Estaba muy malditamente orgulloso de mí mismo por ser capaz de improvisar. Cuando Isabella se entere lo que hice, ella va a estar mega enojada. Para mí, eso se traduce en otra épica aventura sexual. Ding, ding, ding, ding… triple golpe. ¡Edward Cullen, eres el rey de las jodidas ideas! ―Una cosa más,― la detuve de Nuevo. ―Joder, estoy bromeando. ―¿Sobre qué? ―Toda la maldita cosa, Alice. Inventé todo. Isabella nunca ha sido un hombre llamado Paul, y ciertamente no lo hace ahora, ni alguna vez, ha tenido un pene,― reí. ―Pero Dios, deberías haberte visto la mirada en tu cara. ―¡Ugh! ¡Edward Anthony Cullen!― furiosa mientras apretaba los dientes y caminaba hacia mí. ―¡Debería golpear la mierda de ti!― Ella giró su bolso y me golpeó en la parte posterior de la cabeza. ―¡Ay!― reí y agaché mi cabeza para evitar más golpes. ―¡Le voy a decir esa mierda a ella!― dijo mientras me daba otro golpe. Cuento con ello, enana. Ella retrocedió y el panorama pareció estar claro. ―Mira, no me sorprende que ella dijera que me conoció en un espectáculo de drag queen. Tiene un muy raro sentido del humor, Alice. Nunca sabes si lo que te dice es verdad o si está dándote mierdas,― expliqué. ―Es una de las muchas cosas que amo de ella. Pero, la verdad es, que nos conocimos en una conferencia. La verdad es que la mayor parte de lo que dije realmente era cierto. ―Aparentemente, ella no es la única que lanza mierdas por aquí,― dijo ella con sus manos en sus caderas. Luego suspiro y dijo, ―Okay, tiempo de confesión. Cuando vi ese ridículo gran depósito, empecé a pensar y no estaba teniendo una lógica correcta. Así que, hice alguna investigación y quien lo iba a decir, no pude encontrar ningún viaje que hayas reservado a LA durante este supuesto tiempo que has estado viéndola.― Ella realmente hizo comillas en el aire con la palabra ʻsupuestoʼ ―Y a pesar que no tenía ningún segundo nombre para buscar, tampoco encontré a nadie con nombre Isabella o Bella en ninguno de los vuelos desde LA el día que apareció.― Ella respiró. ―Lo que sí encontré fue el recibo de un sórdido pequeño club, que resulta ser propiedad de un tal James Gigandet. En una investigación más a fondo de él reveló cargo por tráficos. Tráfico de personas. Mujeres, para ser específicos. Así que,― ella suspiró. ―¿Quieres decirme quien realmente es Bella?


¡Mi vida está jodida! El cuento de mierda definitivamente está al jodido descubierto. ―Es complicado, Alice,― dije, derrotado. Maldición, necesitaba un cigarrillo y shot de Patron. ―Edward,― su voz era mucho más baja y ella me dio esa mirada lastimera mientras tomaba asiento frente a mí de nuevo. ―Tú la compraste, ¿verdad?― Me mordí el interior de mis mejillas y sólo la miré. Ella obviamente tomó eso como una afirmación. ―No voy a preguntarte por qué, porque estoy bastante segura que ya sé la respuesta. Pero Bella… ella es una buena chica. ¿Por qué haría ella algo como eso? ―No lo sé,― contesté con sinceridad. ―Acordamos no discutir ese tema. ―Bueno, ¿no piensas que deberías investigarlo?― ella preguntó incrédula mientras batía sus brazos en el aire. ―Sólo porque no puedes discutirlo con ella, no significa que no puedes hacer un poco de investigación por tu cuenta. Cristo Jesús, Edward. Usa la cabeza encima de tus hombros en lugar de la que tienes entre tus piernas. ¿Quién sabe en que clase de problema ella podría estar metida? Ella esta caminando en una muy delgada línea con la manera en la que me estaba hablando, pero si alguien podía librarse de esa mierda, esa era Alice. Ella es muy pequeña para ponerse en pelea. Sería como estar atacando a una niña de cuarto grado. Además, estaba en lo cierto. Y si no hubiera estado tan distraído últimamente, hubiera hecho justamente eso. Isabella tiene esta manera de hacerme olvidar quien jodidamente soy. No era exactamente que no tenía las conexiones para descubrir más de ella, posiblemente incluso la razón principal por la que hizo eso. Quizás parte de mí sólo quería vivir en el mundo de fantasía que había creado con ella. Quiero decir, eso no cambia mierda. La compré con todas las de la ley, pero si ella estaba en problemas, quizás podía ayudarla a resolverlo. Después de todo, una gran parte de lo que hice en Scarlet Lotus era la gestión de las causas benéficas a las que donamos. Mi madre la habría ayudado. Ella no la habría comprado o tomado su virginidad, y probablemente ella habría pateado mi trasero si supiera lo que hice, pero ya no importa. ―¿Entonces?― preguntó Alice, obviamente esperando una respuesta de mí. Suspiré. ―Voy hacer algo de investigación,― cedí. ―Ahora, ¿podrías irte y dejar de molestarme, tú, molestosa hormiga? ―Por supuesto,― dijo en el más alegre de los tonos mientras se ponía de pie y prácticamente saltaba hacia la puerta. ―Estaba a punto de ir y visitar a Bella de todas formas. Estoy segura que ella puede usar el tiempo de chicas. ―No saques a colación esto con ella, Alice. En serio,― advertí. ―Okay, okay,― dijo ella con las manos levantadas rindiéndose. ―Por cierto, estás jodidamente despedida.―Ella rodó sus ojos, sabiendo que no era en serio, y dijo,


―Mhn. Okay, Edward. Recogeré tu ropa sucia y la dejaré en la tintorería. Así que, ¿Nos vemos mañana? ―Sí, nos vemos mañana. Tan pronto como ella se fue, levanté el contenedor con mi almuerzo sin comer y lo tiré a la basura. Estampé mi puño en el escritorio, frustrado, principalmente conmigo mismo. Debería haber sido más inteligente sobre esto. Debería haber sido un poco menos egoísta, un poco menos pervertido… un poco menos apurado. Abrí mi lista de contactos en mi computador y encontré el número que estaba buscando, J. Jenks. Él era un implacable investigador privado que había contratado cuando saltó la mierda con Tanya. Estaba seguro que ella iba a tratar de sacar alguna mierda y chantajearme o algo, así que, lo comisioné para que hiciera algo de investigación antes que ella siquiera pudiera intentarlo. Yo lo he usado en ocasiones desde entonces, como cuando no estaba seguro si una organización de caridad en particular era de fiar o no. El hijo de puta cobraba un brazo y una pierna, pero el trabajo que él hacía valía cada excesivo centavo. Marqué el número y fui gratamente sorprendido cuando él contestó a la primera timbrada. ―J. Jenks. ―Jenks, Edward Cullen― lo saludé. ―¡Sr. Cullen! ¿Qué puedo hacer por usted?― obviamente estaba feliz de escucharme. ―Necesito que investigué todo lo que pueda sobre una señorita de nombre Isabella Swan de Forks, Washington,― dije. ―¿Necesita algo más? ―La edad sería bueno. Me sentí más disgustado conmigo mismo porque la había violado en tantas formas, con planes de violarla de muchas otras en el futuro, y ni siquiera sé la respuesta a la pequeña simple pregunta. ―Veintitantos,― supuse. ―Eso sería suficiente para proceder. Lo llamaré al final de la semana,― dijo y colgó la llamada abruptamente. Jenks no tenía modales para cortesías, pero yo estaba bien con eso porque sabía que él era rápido en su trabajo al segundo que la llamada terminaba. ―¡Edward!― gritó Jacob cuando irrumpía en mi oficina. Sin ser jodidamente anunciado y sin ser malditamente invitado. ―¿Qué carajos quieres?― dije con una voz que daba a entender que no estaba en el humor para tratar con su mierda.


―¿Tengo que querer algo para tener un comadreo con mi amigo?― preguntó él con una sonrisa burlona mientras se sentaba frente a mi escritorio y apoyaba sus pies arriba de este. ―Tú y yo no hemos sido amigos por un gran culo de tiempo, Jacob. Y dudo que alguna vez realmente lo fuéramos.― Me incliné sobre el escritorio y lancé hacia abajo sus pies. Y estaba para nada de humor para esa mierda tampoco. ―Oh, no seas así, Eddie,― dijo con una mueca de burla. ―No me digas… que todavía tus bragas se vuelven locas por esa chica Tammy, ¿verdad?― Con sí él no supiera ya la respuesta a esa estúpida pregunta. ―Tanya, y jódete. ―No, jódete tú.― Dijo como si estuviera ofendido. ―No puedo creer que dejes que una chica se interponga entre nosotros, hombre. ¿Qué pasó con lo de los hermanos vienen antes que la perras? ―No lo sé, Jacob,― suspiré. ―¿Qué pasó con no meter tu pene en el Venus de tu amigo? Jacob se inclinó hacia adelante e indiferentemente levantó sus brazos en mi escritorio. Luego inclinó su cabeza y me miró bajo sus alzadas cejas. ―¿No querrás decir Urano? Yo estaba tratando de una manera condenadamente difícil mantener mi compostura, porque sabía que él se divertía ofendiéndome. Pero eso era todo lo que podía hacer para evitar que yo saltara sobre el escritorio y lo ahorcara hasta que rompiera su tráquea. ―El tiempo de comadreo se acabó, Black. Vete, o voy a echarte.― Dije con los dientes apretados. Jacob se puso de pie y se dirigió a la puerta. ―Juro, que no sé por qué todavía estás tan disgustado por lo de esa perra. Te lo dije hombre. O al menos traté de decírtelo. Todas son unas zorras cazadoras de fortunas. Úsalas y mándalas a volar, ámalas y déjalas… lo que sea,― dijo encogiéndose de hombros. ―Sólo no hagas lazos emocionales y nunca jamás dejes que te vean preocupado, mi hermano. ―Como si fuera a tomar un consejo sobre relaciones de ti,― mofé. ―Di lo que quieras, amigo. Pero las mujeres están arañándose la una a la otra para levantar mi miembro,― sonrió de oreja a oreja y luego agarró su pene. ―Sólo espera hasta que veas mi cita para el baile. ¡Caray! Ella es condenadamente atractiva,― dijo, guiñándome un ojo. ―Puta es probablemente más exacto,― murmuré mientras él salía. Podía escuchar al bastardo engreído saludando escandalosamente a Jasper como si fueran viejos amigos de la universidad y eso me hizo un tic en el ojo, fastidiado. Realmente lo odiaba. Toda nuestra vida, él siempre acababa teniendo lo que sea que yo tenía. Pensaba


que eso era justo una de esas cosas que los mejores amigos hacen, pero Jacob tomó y llevó eso a otro completo nivel. Mis amigos, mi chica, incluso mi compañía; él lo quería todo. Bueno, yo tenía algo que él nunca podría tener. Yo tenía a Isabella. Y que me condenen si alguna vez lo dejó en algún lado cerca de ella. Había tenido suficiente por el día, así que tomé el teléfono y le dije a Riley que recogiera mi trasero. De todos modos, no era exactamente como que lo tenía todo hecho. Así que empaqué mi mierda y le dije a Jasper que llamara si algo necesitaba mi atención inmediata. No podía esperar para ver a Isabella para liberar un poco la tensión y estaba paseando como un loco mientras esperaba que Riley llegara. ―¿A dónde, señor?― preguntó mientras abría la puerta de la limosina para que yo entrara. ―A casa, y cuando lleguemos allá, asegúrate que el resto del personal tomé el resto del día libre,― le dije. ―Quisiera un poco de tiempo a solas con mi mujer. ―Sr. Cullen, señor, Bella salió con Alice. Ellas fueron de compras por un vestido para el baile, creo. ―Riley, ¿Has olvidado tu lugar?― pregunté en una voz calmada porque él acababa de llamarla Bella y eso no es propio de él. ―Su nombre es Isabella. ―Mis disculpas, señor, pero ella me pidió que la llamara Bella. Mi mandíbula se tensó, extendí la mano y agarré la manija de la puerta y la cerré de golpe yo mismo. No debería estar molesto con él, porque no fue su culpa. Él estaba sólo haciendo lo que se le pidió hacer, como siempre. Pero maldito sea todo el infierno si yo no estaba soberanamente molesto de ver que todos los demás en el jodido planeta estaban llamándola por su tan informal nombre, sin embargo ella nunca me lo había pedido. Uno pensaría que al tipo que estaba clavando su polla profundamente en sus entrañas se le otorgaría ese privilegio. Eran alrededor de las cinco de la tarde cuando Alice finalmente la dejó y ella pasaba por la puerta. Obviamente no esperaba que yo fuera a casa tan temprano, y ni siquiera me moleste en llamar y decirle que lo estaría tampoco. Así que ella se sorprendió cuando abrió la puerta para encontrarme sentado en una de las bancas del vestíbulo. Mi rodilla estaba saltando como loca y mi cabello estaba tirado hacia todos lado de haber prácticamente jalado desde las raíces en mi impaciencia. ―¡Oh, Edward!― dijo ella con una mirada de asombro. ―No estaba esperando tenerte en casa tan temprano. ―Obviamente― dije con un poco de resentimiento en mi voz. ―¿Dónde carajos has estado, Isabella? ―Fui de compras con Alice. Ella dijo que hay una especie de evento de la compañía este fin de semana e insistió en que tuviera unos nuevos vestido a la medida,― suspiró y rodó sus ojos.


―Te dije que quería saber dónde estas todos el tiempo. ¿Por qué mierda no me llamaste?― me di cuenta que sonaba como un hombre desquiciado, pero maldición, yo estaba molesto. El silencio cayó alrededor de nosotros mientras ella continuaba mirándome como si esperara que mi cabeza literalmente explote. ―¿Mal día?― preguntó ella en voz baja después de lo que pareció una eternidad. Dejé caer mi cabeza y miré al piso. ―Sí, se podría decir eso,― dije entre dientes. Isabella asentó sus bolsas en el piso y caminó hacia donde yo estaba sentado. Cuando yo no levanté la mirada para verla, ella se arrodilló frente a mí y buscó mi rostro. Sin decir palabra, lo acunó en sus manos y presionó sus labios contra los míos. Lo que comenzó como un dulce beso que era para calmarme, rápidamente se volvió en un acalorado intercambio desesperado. ―Dios, yo también te extrañe una mierda,― murmuró entre besos. Dejé pasar el hecho que ella no dijo mi nombre en lugar de Dios, porque realmente no podía hacer que me importe esa mierda cuando ella estaba frotándose sobre mi pene y presionando sus follabulosas tetas tan cerca como ella podía ponerlas en mi pecho. Ella retiró mi chaqueta de mis hombros, y como yo hice caso omiso a eso, yendo directo por la hebilla de mi cinturón. Luego hizo un rápido trabajo con mi pantalón y empujó la pretina de mi bóxer dejando al descubierta mi polla. Por supuesto yo estaba ya duro para ella porque ese es el tipo de mierda que ella me hace. Un pequeño ronroneó escapó de sus deliciosos labios color rosa mientras ella me examinaba. Luego, sin siquiera bajar mi ropa interior, ella me agarró de la base de mi miembro y la hundió en la caliente, deliciosamente mojada caverna de su boca. Siseé cuando sentí sus dientes apenas rozar mi longitud. Ella estaba mirándome debajo de sus gruesas pestañas y sus labios rellenitos estaban envolviendo mi polla, moviéndose hacia atrás y adelante como si estuviera famélica. Luego cerró sus ojos y ella canturreó como si mi pene fuera la maldita mejor cosa que ella hubiese alguna vez probado. Era una visión divina. ―Isabella,― respiré mientras acariciaba su mejilla con la palma de mi mano. Diciendo su nombre así me recordó como era yo el único hijo de puta que la llamaba de esa manera. Pero de nuevo, dejé esa mierda pasar, porque podía sentir la cabeza de mi polla golpear la parte de atrás de su garganta con cada paso que ella hacía. Además de sus gemidos, mezclados con los sonidos de la húmeda succión provenientes de su esfuerzo, hacían eco a través del espacio vacío que nos rodeada. El vestíbulo realmente tenía una maldita buena acústica. ―Más fuerte, nena,― jadeé. ―Mierda, chúpame más fuerte.


Ella gruñó alrededor de mi miembro y luego siguió el reto. Ella se reposicionó para tener un mejor ángulo y siguió con el jodido trabajo en mi polla. Más rápido, más fuerte… y con una mierda, ella fue incluso más profundo. Podría haber puesto mis manos en su cabeza para ayudarla, pero todo fue ella. Quería que ella lo hiciera todo por su cuenta. Ella abruptamente bajó la velocidad y descendió tanto como pudo en mi polla. Luego la sentí tragar alrededor de mi miembro, tomándolo mucho más abajo en su garganta. Mi nena tenía una garganta profunda como de hija de puta. ―Maldición, maldición, maldición,― repetí cuando el orgasmo salió de la nada y comenzó a golpear mi trasero. Mi liberación fue feroz y enérgica ya que salió disparado de mi pene a la parte posterior de su garganta. Ella zumbó y cerró sus ojos mientras tragaba todo mi semen, todavía tomando mucho más mi polla con cada trago. ―Joder… mierda… Isabella,― jadeé entre los impulsos de mi liberación. Mi corazón estaba latiendo duro y con fuerza en mi pecho. ―Tienes que parar, nena, o voy a tener un maldito ataque al corazón.― Con una larga y última succión, ella me liberó con un sonido ʻpopʼ. Besó la cabeza de mi miembro y eso me hizo retorcer, lo que aparentemente le hacía gracia porque ella soltó una risita y luego lo hizo de nuevo. ―¿Dónde mierda aprendiste a profundizar la garganta de esa manera?― pregunté mientras luchaba para dejar mi respiración bajo control. ―Yo no te enseñe esa mierda.― Ella se encogió de hombros y se limpió la comisura de su boca. ―Alice me dijo como hacerlo y pensé en probarlo. ¿Por qué?, ¿no te gustó?, ¿lo hice mal? Alice podría haberse redimido sólo un poco. Ella se veía tan preocupada que en realidad era jodidamente linda. La agarré y besé fuertemente antes de poner mi frente con la suya. ―Estuviste perfecta, Bella. Mierda me encantó.― Sí, la llamé Bella. Quería ver que carajos haría. Sus ojos se abrieron y se soltó de mi abrazó. ―Isabella― dijo ella cortantemente y luego se puso de pie, agarrando sus bolsas y empezó a alejarse. Rápidamente metí mi polla de vuelta en mi ropa interior y fui tras de ella. ―Oh, entonces Riley y Alice pueden llamarte Bella, ¿pero yo no puedo?, ¿de que va esa mierda? ―Ellos no pagaron un millón de dólares para tenerme como su socio de negocios. Ellos no son mi jefe. Ellos son mis iguales; sólo humildes sirvientes pagados para sucumbir a todas tus necesidad. ―Eso es mierda,― dije mientras ponía mis manos en mis caderas. La acción llamó su atención a mi centro y sus ojos se detuvieron en mi entrepierna, mi pantalón y cinturón aún no estaban asegurados en su lugar.


―Es lo que es, Edward. Es lo que es.― Ella se volteó y continuó subiendo la escalera, efectivamente dando por terminada la conversación. Capitulo 10: “Fácil de hacer” BPOV El bastardo tuvo algo de jodida osadía. Llamándome por mi nombre así como así… ¿Qué mierdas? Lo oí subir las escaleras de dos en dos mientras corría detrás de mí, así que caminé más rápido. ―¡Isabella!― gritó él, pero yo sólo seguí caminando. Bueno, estaba más bien trotando en ese momento porque sólo quería alejarme de él. De toda esta mierda, todo con lo que había estado lidiando y continuaba lidiando aún, era lo suficientemente difícil sin él para que lo hiciera más difícil. Tenía que alejarme antes que me perdiera totalmente frente a él. ―¡Espera, maldita sea!― gritó cuando solté las bolsas y salí a toda carrera. Abrí la puerta de una habitación cualquiera y la cerré de golpe detrás de mí. Era de un tono negro ahí y no tenía idea donde estaba, pero sabía que estaba levantando un bloqueo entre Edward y yo y eso era todo lo que importaba. Busqué en la oscuridad hasta que encontré el mecanismo de seguro en la perilla de la puerta y la fijé en su lugar antes de darle la espalda y apoyarme contra esta. Él ya estaba ahí, golpeando al otro lado con sus puños. Lo escuché gruñir en frustración, el sonido casi me aterró. ―¡Si no abres la puerta, te juro por todo lo que es santo que voy a romperla!― ―No quiero hablar contigo ahora. Vete,― dije tan alto como pude así quizás él podría oírme sobre el golpeteó que estaba dando a la pobre e indefensa puerta. ―Bien. Como quieras. El golpeteó cesó y suspiré aliviada porque se había rendido. Yo estaba empezando a hundirme en el piso cuando escuché lo que sonaba como un grito de batalla desde el otro lado, seguido de un estruendoso golpe que me hizo caer hacia adelante. Logré sostenerme de mis manos y rodillas y rápidamente giré mi cabeza cuando la luz del pasillo se extendió en la habitación. Edward estaba de pie en el centro de la puerta con sus brazos colgando a sus costados. Una sombra caía frente a él, pero todavía podía ver la mirada amenazante en su rostro. Él parecía… casi letal.


―Tú me acusas de tratarte justo como cualquier otro empleado, sin embargo nunca me escuchas cuando te doy una orden.― Dijo furioso. ―Sí, bueno soy una insubordinada. Despídeme carajo,― dije mientras me ponía de pie y avanzaba a furiosa pasando junto a él. Él agarró mi brazo y me hizo girar hasta que mi espalda estuvo presionada a la pared junto a la puerta. Su cuerpo estaba muy presionado al mío, sus antebrazos al ras de la pared mientras me mantenía inmóvil. Él me obligó a abrir las piernas con sus rodillas y podía sentir su cálido aliento contra mi oído mientras comenzaba a crecer el bulto en su pantalón contra mi estómago. ―¿Por qué?, ¿Por qué no puedo llamarte Bella?― preguntó con su cabeza enterrada en el doblez de mi cuello. Él sonido de su voz era una mezcla entre desesperación, furia y frustración, y por mi vida, no podía descubrir por qué. Él rozó sus labios por mi piel sensualmente y luego levantó su cabeza para mirarme a los ojos. Profundos orbes esmeralda reflejaron una intensidad que me impactó tanto y me hizo querer darle todo lo que él pidiera. ―Te he tratado bien. Mucho mejor de lo que podrías posiblemente esperar en tu situación. Y siempre me he asegurado que estés propiamente atendida en todos los aspectos.― Me recordó su significado doblando las rodillas y lentamente apretándose muy en el centro de mis partecitas femeninas. Un traicionero gemido escapó de mis labios, Doble Agente Coochie muy consciente de su estrecha proximidad con su compañero de crimen, pero él no sacó provecho de eso. ―Entonces, ¿Por qué? Dame una buena razón. ¿Qué tal cinco? Porque hace esto muy personal. Porque será muy difícil dejarte al final de los cinco años. Porque será muy fácil enamorarme de ti. Porque simplemente no puedo… Esa era la verdad. Pero si le decía alguna de esas cosas, aunque sólo sea una pizca de eso, él me enviaría a empacar y demandaría un reembolso completo. ―Porque quieres. ―Te quiero a ti.― Se inclinó hacia adelante y gentilmente tiró de mi labio inferior con sus dientes. Sus manos dejaron la pared y él empezó a recorrerlas desesperadamente hacia arriba y hacia abajo por mis costados. ―¿Por qué estás torturándome?― ¡Estoy torturándolo a él! ―No te estoy torturando, Edward,― suspiré. ―No darte el derecho de llamarme Bella significa que por una vez en tu vida, no puedes tener algo que quieres. Y tú sólo lo quieres porque no puedes tenerlo. Y te está matando porque no tienes ningún control sobre eso. Eres excesivamente privilegiado y eres un caprichoso malcriado. Y es bastante obvio que todo en tu vida te ha sido dado en bandeja de plata, pero esto… es personal. Tienes que ganarte el derecho, y sólo yo decido cuando tú lo hayas hecho adecuadamente.― Podía sentir las vibraciones de su gruñido contra mi pecho, recordándome cuan provocadoramente cerca estábamos. Obviamente, a él no le gustó mi respuesta. ―Tú eres mía. Quizás olvidaste eso. Aquí, déjame recordártelo.


Su cuerpo me mantuvo clavada contra la pared, pero sus manos arrancaron mi falda sobre mis caderas antes que él bajara la parte de enfrente de su ropa interior y liberara la bestia que lleva dentro. Doble Agente Coochie curvó su dedo al Pene Maravilla, invitándolo a entrar. ¡Genial! Ahora ¿Supongo que ella quiere invitar al hijo de puta para el té? Entendí perfectamente lo que Edward estaba haciendo. Yo le había despojado el control que él pensó tener y lo hice sentir poco hombre. Ésta era su manera de recuperarse. Yo lo esperaba, incluso lo codiciaba. Ambos sabíamos que mi cuerpo reaccionaría; La Cooch tenía eso controlado, pero mi mente, mi alma… esa era mía para darla, sólo cuando sentía que él lo valía. Y enfrentémoslo -eso jamás iba a pasar.- Este no era un cuento de hadas. Esta era yo, siendo poseída por un hombre que había pagado mucho dinero para asegurar mi sumisión física. Nada más. Y no estaba por exponerme así, porque definitivamente podía verme enamorándome del tipo de Edward Cullen, que garantizaba un corazón roto para mí. ―Hazlo. Fóllame,― lo desafié. ―Para eso es para lo que estoy aquí, ¿verdad?― Él detuvo lo que estaba haciendo y buscó mis ojos. Luego se inclinó hasta que nuestros labios apenas estaban tocándose y preguntó, ―¿Por qué me vendiste tu cuerpo?― su polla ahora estaba presionando mi entrada, pero él no entró en mí. ―Tú eras el mejor postor.― La punta de mi lengua hizo un breve contacto con su labio inferior y arqueé mi espalda para tratar de provocarlo y simplemente lo metiera ya. ―Eso no es a lo que me refiero, y lo sabes. ¿Por qué te ofreciste para la subasta?, ¿para qué necesitas el dinero? ―Chico, hoy estás lleno de preguntas, ¿verdad?― pregunté mientras pasaba mis manos por su cabello provocadoramente. Traté de maniobrar mis caderas para que su cabeza pudiera entrar en mí, pero él se hizo para atrás justo lo suficiente para frustrar mi esfuerzo. ―Responde la maldita pregunta y deja de tratar de follarme,― dijo enérgicamente. ―¿Por qué?, ¿No quieres…Follarme?― acentuando la palabra ʻfollarʼ. Él enganchó sus manos detrás de mis muslos, me levantó del piso y luego me embistió con su polla dentro de mí. En un rápido movimiento, él estaba totalmente hundido dentro de mi cuerpo. ―Tú dímelo. ¿Se siente como si quiero follarte?― preguntó y luego rodó sus caderas para aprisionarse en mí. ―Es casi la maldita única cosa que pienso últimamente. Estoy tan jodidamente adicto a tu estrecho pequeño coño que no puedo pensar una mierda con claridad. Ahora, deja de tratar de distraerme y responde la pregunta.― Mantuvo sus caderas quietas y se negó a moverse más, a pesar que yo estaba haciendo mi mayor condenado esfuerzo para conseguir algo de fricción contra él.


―Edward…por favor,― rogué como una descarada sin vergüenza. Podía sentir su grosor estirándome y quería más. Él se inclinó hacia adelante y su ronca voz impregnó mi oído, enviando estremecimientos bajo mi espalda. ―Responde la pregunta y te prometo que te daré lo que quieres. Porque yo también lo quiero. ¿No es así, Isabella? Tú quieres follarme justo tanto como yo quiero follarte. Maldita sea, sólo de pensar en eso… mi gruesa polla moviéndose dentro del estrecho pequeño coño tuyo. Hacia dentro y hacia afuera hasta que sientas que vas a explotar.― Gemí y deslicé mis manos bajos sus brazos y bajo su espalda hasta que pude deslizarlas hasta la parte de atrás de su culo maestro. Luego rodé mis caderas la fracción de espacio que disponía, desesperada por sentir el orgasmo adormecedor de mente que sabía que él podía darme. ―Sí, te gusta la idea de eso, ¿verdad, nena?― él chupó el lóbulo de mi oreja en su boca y lo mordisqueó provocadoramente. ―Todo lo que tienes que hacer es responder la pregunta. Yo estaba tambaleándome, al borde manteniendo el control y luego él tiene que ir y llamarme nena. Últimamente lo estaba haciendo tanto y cada vez que lo hacía, me empujaba directo sobre el borde de la locura. Yo jodidamente lo quería tanto que pensé que podría llorar. Y él olía putamente bien que juro que podría probablemente tener un orgasmo sólo con su esencia. Lloriqueé en frustración porque sabía que no podía darle la respuesta que él quería, justo como sabía que él no iba a darme lo que yo quería sí no lo hacía. ―No me vas a decir, ¿verdad?― preguntó. ―No,― respondí y él dejó salir una respiración frustrada. ―Como mi nombre, mi razón para el contrato es también personal. Él apretó sus ojos cerrándolos fuertemente y podía ver los músculos de su mandíbula trabajando mientras rechinaba sus dientes. Abruptamente, salió de mí y me dejó en mis pies. Hizo un rápido trabajo metiendo de vuelta su polla dentro de su pantalón y luego abrochó su cinturón. Eso tenía que doler porque él estaba todavía duro como el granito. Bufó incómodo, confirmando mi sospecha. Cuando terminó volvió a mirarme, sacudió su cabeza decepcionado y luego salió de la habitación sin decir una palabra. Me hundí en el piso con mis rodillas arrimadas a mi pecho y mi cara enterrada en mis brazos. Ahí es cuando todo se me vino abajo. La enfermedad de mi madre, la desesperación de mi padre, el estúpido jodido contrato… y Edward. Las pretensiones que tenía que mantener con él, pretendiendo que estaba muchísimo menos afectada por él de lo que en realidad estaba. Eso era demasiado y me había dejado paralizada. Yo estaba mintiéndoles a mis padres. Estaba mintiéndole a Edward. Y estaba mintiéndome a mí misma…


Oh, que enredada red tejimos… Como iba a pasar los siguientes cuatro años y muchos jodidos días de este contrato cuando yo ya estaba ahogándome en el mar de ¿qué-carajos-estoy-haciendo? Estoy tan fuera de mi liga. De ninguna manera voy a salir de esto intacta. Yo ya estaba clavándome a lo grande en él. Fue cierto lo que dije antes; lo había extrañado hoy. No podía soportar estar apartada de él. Y luego cuando entré y él estaba esperándome, luciendo exactamente como yo me sentía; agotada y ansiosa desde la separación… lo necesitaba. Necesitaba que él me necesitara. Sí, dije necesitaba. No quería, necesitaba. Estoy tan malditamente jodida. En sentido figurado porque realmente todavía estaba muy, muy cachonda. Y bien, si estaba realmente malditamente jodida, eso no sería verdad. ¿Cierto? ¿Confundidos? Yo también. Me arrastré fuera del piso y decidí que un largo y agradable chapuzón en la piscina sería probablemente una buena idea. Esa era la solución perfecta. Me ayudara a pasar el rato para que no tuviera que ver a Edward y saber lo que no podría tener, incluso podría enfriar a Doble Agente Coochie para que no sufriera de una auto-combustión. Afortunadamente, la casa era lo suficientemente grande para que no tuviera que chocarme con Edward en mi camino a la habitación. Hice un cambio rápido, poniéndome la ʻcuritaʼ que Alice juró una y otra vez que era un bikini, me dirigí a la piscina. Tenía que detenerme en cada paso para sacar el hilo de mi trasero, y juro que iba a matar a esa pequeña molestosa hormiga si me irritaba o alguna mierda parecida. Quizás también haya enviado una plegaría silenciosa en agradecimiento a los todopoderosos que Charlie no tenga que verme en este traje. Sin embargo, pronto me di cuenta cuanto Dios me estaba castigando por esta vida de pecado en la que había tropezado cuando encontré a Edward nadando en la piscina. Estuve momentáneamente aturdida cuando vi la vista de sus vigorosos músculos cuando él cortaba el agua como un caliente cuchillo atravesando tibia mantequilla. Sus movimientos eran suaves y fluidos, como si el fuera parte del agua. Cuando llegó al extremo de la piscina, se agarró de un lado y se impulsó fuera. Agua cayendo en cascada de su cuerpo y su cabello mojado se mostraba negro como la noche y reflejaba la luz de la luna. Mis ojos siguieron sus hombros, bajo su espalda a su…Oh. Dios. Él incluso nadaba desnudo. El ridículo estaba flexionado y más cincelado de lo que ningún otro culo tendría derecho a estar. Quería morderlo. Duro. Tal vez incluso hacerle un chupetón. ―Estás de nuevo contemplando mi trasero,― su voz goteaba sexo líquido y me sacó de mi sopor etílico. Sí, estaba embriagada del culón. Y ¿qué mierda?, ¿tenía él ojos en la espalda? O quizás esos pequeños hoyuelos de la espalda eran realmente un par extra. Di un grito ahogado cuando él se volteó y rápidamente se cubrió. ―El agua está un poco fría,― se encogió de hombros.


Bueno, podría haberlos engañado. Quiero decir, él no estaba tan colosal como estaba acostumbrada a verlo, pero hay muchos hombres allá afuera que ya desearían ser tan grandes cuando tienen una feroz erección como cuando Edward estaba con los músculos relajados. Cuando Eazy E escribió la letra, -Te voy a volar la cabeza abofeteándote con nueve pulgadas de polla flácida.- Él definitivamente tenía a Edward hijo de puta Cullen en mente. Está bien, Eazy. Rendiré homenaje al Rey de los Penes también si tengo el talento para hacerlo. ―Lo siento, no sabía que estarías aquí abajo. Yo sólo…― me voz se apagó y volteé para volver a entrar. ―No, no. Quédate. Me di la vuelta y él estaba caminando hacia mí con la toalla envuelta alrededor de su cintura y gotas de agua pegándose a su tan suave como el pechito de un bebé, pero no se equivoquen, el cuerpo bajo esa piel definitivamente no pertenece a un bebé. La toalla no me disuadió de mi acción al comérmelo con los ojos. Él Pene Maravilla estaba protuberante como un hijo de puta ahí debajo y si él se excitaba, sabía que la enorme tienda que él montaría sería lo suficientemente grande para albergar a toda la maldita familia Von Trapp. Como que me hizo sentir como cantante… excepto que mi voz de cantante realmente apesta. Tantísimo que estoy vetada en mi propia casa. Pero estoy divagando. Cooch estaba amenazando con roer a través de mi bikini para llegar a él y yo la golpeé en la cabeza para que se calmara. Aparentemente, no fue un golpe mental, porque Edward me miraba con una ceja levantada. ―Um, creí sentir un mosquito, y bueno… ese sería un lugar realmente incómodo para tener una picadura,― dije disimulando. Sí, no fue un muy buen disimulo. ―Uh-huh. Bueno, eres libre de usar la piscina. Pero si no tienes problema, voy a relajarme en uno de los sillones por un rato mientras me seco con el aire. Estoy sintiéndome un poco tenso y realmente podría servir el aire fresco. ―Podría darte un masaje si quieres,― solté. ―Quiero decir, soy bastante buena en eso. Él me miró justo tan sorprendido como yo estaba por mi oferta, pero inclinó su cabeza a un lado como si lo estuviera considerando. ―Sí,― asintió con la cabeza y luego me dio una sonrisa torcida. ―Eso sería realmente agradable. Lo seguí hasta uno de los sillones y esperé mientras él se recostaba en esta, completamente tendido y sobre su estómago. Él dobló sus brazos para que su barbilla estuviera descansando en ellos mientras yo estaba ahí como si fuera una completa idiota tratando de pensar la mejor manera de acercarme a él.


El culo maestro lucía como el mejor asiento en la casa, así que me senté a horcajadas y posicioné a La Cooch directamente encima de este. Como la puta de culo que todas sabemos que ella era, se familiarizó un poco más con él de inmediato, coqueteando descaradamente con él detrás de las espaldas del Pene Maravilla y Ridículo decidió pelear por ella. ―Um, esto usualmente funciona mejor con loción. ¿Quieres que vaya por un poco?― pregunté. Edward levantó su cabeza un poco y miró hacia atrás donde mí. ―No realmente. Estoy bastante cómodo y preferiría que te quedes ahí.― Entonces no me muevo. La Cooch y yo estábamos de acuerdo en esa. Empecé en su cuello y hombros, masajeando la carne tan firmemente como podía sin pellizcar su piel. Él gimió en aprobación mientras yo trabajaba los músculos tensos hasta que pude sentir la tensión desaparecía bajo mis dedos. Él mantuvo sus ojos cerrados mientras hacía lo mío y cuando me dirigí hacía sus hombros y bajo su espalda, no puede evitarlo. Me incliné hacia adelante y gentilmente besé la parte posterior de su cuello. Él gimió de nuevo y removió sus caderas, con una deliciosa pequeña fricción entre mis piernas. Supuse que le gustó eso. Lo haría de nuevo para ver si podía conseguir la misma reacción. Edward no me decepcionó. Besé un rastro hacia abajo en su espalda y al mismo tiempo, continuaba masajeando sus músculos, ansiando la sensación de él debajo de mis dedos y palmas. Él arqueó su espalda, lo que trajo su trasero incluso más cerca de mi centro como un ofrecimiento. Así que deslice hacia abajo mis piernas e hice una breve parada para arremolinar mi lengua en esos pequeños hoyuelos sobre su trasero, arrastrando mis brazos y manos por todo el largo de la carne de su espalda, así lo hice. Cuando llegué a la toalla, Edward levantó sus caderas y yo lentamente la mandé a volar, exponiendo el regalo de Dios a todas las zorras de culo del mundo. Mi lengua se retiró de ahí para mojar mis labios mientras me lo comía con los ojos, sintiéndome repentinamente voraz. Luego deslicé mis manos sobre los dos deliciosos montículos y los palmeé de manera codiciosa. ―Jódeme…tu culo es tan… jodidamente perfecto― ronroneé mientras me inclinaba hacia adelante, y le daba un rápido lametón de mi lengua y luego lo mordí. Edward se estremeció con un siseo y de vuelta lo mordí, pero en el otro cachete. Él era delicioso…incluso culicioso. Succioné un pedazo de su carne en mi boca y le di toda la succión que tenía. Hijo de puta, finalmente estaba teniendo lo que más quería y valió tanto la espera. Mis gemidos mezclados con los siseos de Edward y luego alguna mierda se vino abajo realmente rápido. De alguna manera, Edward fue capaz de girarse sin aventarme de él al piso.


Me encontré a mí misma sentada a horcajadas en su pecho con mis piernas sobre sus hombros y el Ridículo no estaba por ningún lado. Estaba como que molesta por eso, pero rápidamente me calmé cuando sentí que la boca de Edward estaba besando con su lengua a La Cooch. ―Mierda…― dije con una aguda inhalación cuando me di cuenta que él también había logrado halar las tiras de la parte inferior de mi bikini y me tenía media desnuda. Lo juro, cuando Edward Cullen quiere algo, no puedes ni siquiera batir una pestaña alrededor de él o te vas a perder de ver como él simplemente lo obtiene. No es que me esté quejando ni nada. ―Saca tu parte superior por mí. Quiero que sientas el frío del aire de la noche contra esos hermosos pequeños pezones rosados,― dijo él mirándome hacia arriba desde entre mis piernas. Alcancé la parte detrás de mi cuello y halé la tira y dejé caer el bikini hacia adelante. Él mantuvo sus ojos en cada uno de mis movimientos mientras besaba gentilmente y chupaba mi clítoris. Mis pezones estaban ya endurecidos y yo quería darle un espectáculo, así que palmeé mis senos y rodeé el rosado pico entre mis dedos. Él zumbó en agradecimiento y luego desaté el nudo de mi espalda y lancé mi bikini a un lado. ―Recuéstate, nena. Déjame hacerte sentir bien,― ronroneó. Sus brazos llegaron a mis costados y me ayudó con cuidado hacerme hacia atrás hasta que mi estómago estuvo plano y podía sentir su polla bajo mi hombro. Luego él deslizó sus manos por mis costados hacia abajo y agarró mis caderas. El cielo estaba despejado y la luna estaba en lo alto llena y redonda. Podía ver cada una de las estrellas en el cielo nocturno y se sentía como que hubiera sido traslada a otro universo. Edward estaba haciendo esa cosa del mundo de ensueño con su boca mientras una cálida brisa bañaba mi piel y podía oír todos los sonidos nocturnos de los grillos y otros bichos y animales alrededor de nosotros. Eso era sereno y exótico. Sentí la lengua de Edward entrar en mí y yo de repente quería más. Quería sentirlo dentro de mí… justo en ese mismo lugar… en ese mismo momento. No que lo que él estaba haciendo no se sintiera simplemente increíble, sólo que yo quería más. No quería discutir. No quería pensar. No quería hacer nada sólo sentir. Así que, me senté y luego de una breve protesta de Edward, rompí su pequeña sesión de besos con La Cooch. ―¿Hice algo mal?― preguntó él, confundido. Yo, simplemente sacudí mi cabeza mientras me sentaba ahorcajadas en su cintura. ―Nada de hablar. Sólo sentir.― Susurré contra sus labios y luego lo besé apasionadamente. Sus brazos envolvieron mi espalda y me abrazó, respondiendo mi beso con mucho más fervor. Eso era lo que estaba buscando. Nuestros cuerpos dijeron cosas que nuestras bocas jamás admitirían. No había una competencia, ni desafío… sólo dos personas entregándose y tomándose de la manera más natural, satisfaciendo una necesidad base.


Puse mis manos en sus pectorales para apoyarme y levantarme. Sus ojos estaban enfocados con los míos mientras yo removía mi cuerpo y deslizaba mis húmedos pliegues a lo largo de su longitud. No tenía idea de si estaba haciendo algo de esto correctamente porque nunca antes había estado en control. Yo sólo estaba haciendo lo que se sentía agradable para mí y esperaba como los demonios que a él también le gustara. Cuando sus labios se separaron y sus ojos se entornaron. Tuve mi respuesta. Mis manos viajaron hacia su pecho y sobre los definidos músculos de su abdomen hasta que encontraron su gigantesca polla. Me levanté a mí misma y lo posicioné en mi entrada, pero luego dudé. Dios, yo sólo no quería joderla. Edward debe haber sentido mi malestar porque él acarició mi muslo y en la más tierna voz dijo, ―Sólo deslízate con cuidado y con lentitud, nena, o te lastimaras.― Tomé una profunda respiración y la solté lentamente mientras bajaba en él, sintiendo cada pedazo de su enormidad llenarme pulgada por espléndida pulgada. ―Eso es, nena. Dios, te sientes tan jodidamente increíble. ―No sé que hacer,― confesé una vez que lo había tomado todo dentro, y él estaba muchísimo más profundo desde este ángulo más de lo que jamás había estado antes. ―Mueve tus caderas; hacia arriba y abajo, una y otra vez. Cabálgame, nena. Has lo que sea que te haga sentir bien a ti, y yo garantizo que se sentirá bien para mí también,― él me alentó. Luego él lamió sus deliciosos labios y dios. ―Ven aquí. Bésame.― Me incliné hacia adelante y él estiró su cuello hacia arriba para encontrar mis labios. Mientras lo hacia, él sujetó mis caderas y lentamente empezó a mover hacia atrás y adelante dentro de mí. Luego él removió sus caderas y lo sentí frotar ese pequeño manojo de nervios. Jadeé cuando una onda expansiva de placer se disparó a través de mi cuerpo. ―¿Ves? Justo así,― dijo él, rompiendo nuestro beso. Mantuve mis ojos en él y mis manos en su pecho mientras me sentaba un poco rodando mis caderas para recrear la misma sensación. Podía sentir la prominencia de la cabeza de su pene, el latido del pulso, la presión de sus manos cuando me halaba hacia arriba y abajo. Sus pulgares estaban presionando al sensible punto sobre los huesos de mis caderas y gemí y eché mi cabeza hacia atrás. Las estrellas y la luna estaban mirándome y yo estaba convencida que esta era lo más perfecto que alguna vez había sentido en mi vida. Me sentía… viva, ya no adormecida. ―¿Qué estás pensando, nena?― preguntó Edward con voz ronca. ―Cuan perfecto se siente esto,― respondí con honestidad mientras volvía a mirarlo de nuevo a él. Él se incorporó sentándose y acunó mi rostro con sus manos mientras tiraba de mí para un lánguido beso. Este era profundo y sensual y encajaba en el momento perfectamente. Ninguno de los dos lo apresuró; nos tomamos nuestro tiempo y disfrutamos el sentir a cada uno sin ningún pensamiento del contrato, enfermedad… razones.


Él envolvió un brazo alrededor de mi cintura mientras la otra masajeaba un seno. Luego rompió el beso y su boca cogió mi otro seno para succionarlo gentilmente. Corrí mis dedos por su cabello y lo sostuve hacia mí, mis propias hebras caían hacia adelante creando una cortina alrededor de él. Moví mis cadera más rápido y cabalgándolo con más propósito que cuando habíamos empezado. Podía sentir la punta de su lengua revolverse en mi pezón y cerré mis ojos y dejé mi cabeza caer en el doblez de su cuello cuando esa familiar sensación en el fondo de mi estómago salió de control y mi orgasmo liberó pequeñas moléculas explotando a través de mi sangre. ―Oh, Edward…ahhh,― gemí. Cuando el momento había casi pasado, Edward me levantó y me puso sobre mi espalda. Luego él puso mis brazos sobre mi cabeza y entrelazó sus dedos con los míos para inmovilizar mis manos mientras se extendía alineado conmigo. Él se movió dentro y fuera, intensificando mi orgasmo y trayéndolo a la vida. ―Dios, eres tan malditamente hermosa, Isabella. ¿Lo sabes?― respiró pesadamente. ―Tan jodidamente…hermosa.― Él agarró mis manos, más fuerte y embistió más profundo, pero no más rápido. La mirada en sus ojos era intensa y sus labios estaban ligeramente partidos mientras me miraba. ―Lo siento… por todo. Lo siento. Antes que siquiera pudiera preguntarle sobre que demonios era todo eso, sus caderas se estrellaron con las mías. Él zumbó, gimió y gruñó mientras asaltaba mi boca con un hambre feroz. Yo respondí lo mejor que pude, pero él estaba simplemente… fuera de mi liga en eso. Ese era un beso desesperado, como si él no pudiera obtener lo suficiente, lo que estaba simplemente bien conmigo porque yo quería que ese momento jamás llegara a su fin, pero yo estaba preocupada. Sus movimientos se volvieron más erráticos y escuché ese familiar gruñido gutural que siempre precedía a su liberación. Luego sólo como previsto, él rompió el beso y se corrió dentro de mí, sus ojos jamás dejaron los míos. ―Oh, tanjodidamentebueno, nena,― gruño entre dientes apretados. Sus embestidas se volvieron irregulares y pasmadas cuando lo último de su semilla se derramó. Cuando terminó, colapsó encima de mí por sólo una fracción de segundo antes de que agarrara mi cuerpo al suyo y nos rodara sobre nuestros costados. Edward estaba todavía respirando muy pesadamente mientras él echaba fuera el cabello de mi rostro y me dio una mirada de adoración. Luego se inclinó hacia adelante y besó gentilmente mis hinchados labios. ―¿Por qué dijiste que lo sientes?, ¿de qué?― pregunté, sólo porque yo tenía que saber. Él suspiró y sacudió su cabeza. ―Por darte lata sobre lo del nombre. Estaba siendo poco razonable. Tiene sentido que quieras que yo te llame por tu nombre de pila en lugar de uno que es mucho más familiar. ―Oh, bueno, tú definitivamente compensaste eso,― reí levemente.


―Mm-mm, eso fue todo tú. Eres increíble. ―Soy bastante espectacular, ¿verdad?― bromeé. La Cooch asomó el cuello. Al menos mi atípica arrogancia sacó una risa de él, y eso fue tan surrealista porque él no hacía mucho para reírse. Él me acercó más y acaricié con mi boca su pecho para escuchar el pesado sonido de sus latidos mientras miraba al cielo. Creo que hice un comentario sobre cuan hermosas estaban las estrellas y lo escuché murmurar de acuerdo, pero por la mayor parte, estuvimos en silencio. Hubiera dado lo que sea por saber que estaba pensando, pero sabía que eso probablemente se convertiría en otro de esos insignificantes pequeños argumentos que tendíamos a tener. Y realmente no quería arruinar el momento. Así que mantuve mi boca cerrada y sólo deleitándome del momento… en el sentimiento. Porque entre Edward y yo, ambos tercos como las mulas… ¿Quién sabe lo que el mañana traería?

Capítulo 11: “¿Qué...?” BPOV Estaba soñando. Podía sentir el cuerpo de Edward contra mi espalda cuando me abrazaba bajo un cielo lleno de estrellas, susurrándome palabras dulces al oído mientras yo atraía sus brazos más cerca alrededor de mi cintura. ―Lo siento tanto. No lo sabía.― Susurró él. ―Pero ahora que te tengo aquí, no puedo dejarte ir nunca. Nunca, Isabella. Eres parte de mí ahora. Simplemente no puedo dejar que te alejes de mí. ―No hay otro lugar en el que prefiera estar, Edward,― suspiré y lo acerqué para acariciarlo más. ―Quiero estar aquí… así… contigo… por siempre. Sólo… abrázame fuerte y no me dejes ir. ―Nunca. Te amo, Bella… por favor dímelo…― su voz ronca se desvaneció y la escena alrededor de mí se nubló y se esfumó. Yo desesperadamente traté que volviera con mi mente, pero era demasiado tarde. Yo estaba entusiasmada con mi sueño, y este simplemente se fue. ―Por favor, dime que no sólo no haces nada y duermes todo el maldito día. ―¿Huh?― me senté y ciegamente miré alrededor de la habitación, en lo que realmente no fue bien con mi cabello todo sobre mi cara como el Tío Cosa de los Locos Adams. Mis manos torpemente sacaron de golpe el nido de ratas partiendo la cortina de melena para que pudiera ver a la pequeña molesta hormiga que se atrevió a molestar mi sueño. Porque estaba condenadamente segura que esa no era la voz de Edward. ―Carajo, Alice,― resoplé y luego volví a caer en la cama de forma dramática. Agarré la almohada de Edward y la abracé en mi pecho mientras inhalaba su esencia y suspiraba con satisfacción.


―Ándate. Estoy durmiendo.― Realmente, sólo quería ver si podía recuperar mi sueño. ¿Perturbador? Demonios, sí, pero, ¿Qué mierda? ―No más, no lo estás,― dijo ella y luego la oí saltar a través de la habitación haciendo sólo Dios sabe que, pero juré que si ella saltaba sobre mí, yo iba a dar un cabezazo a su frente, seguido por un ʻwet willyʼ en su oído. Ella era demasiado efervescente en las mañana, y probablemente se merecería esa mierda. Pero yo estaba esperando el momento oportuno así que tendría el momento sorpresa de mi lado. ―¿Qué es lo que quieres?― medio me quejé mientras ella empujaba las cortina y dejaba que toda la ridícula brillantez del sol de la mañana asaltara mi agradable y cómodo entorno. Prácticamente bufé y enterré mi rostro en mi almohada. Luego pensamientos de vampiros se filtraron en mi cerebro, lo que luego guió a ideas del sexo vampírico de Edward y yo en la sala de entretenimiento con el señor Eric Northman como público. Deberíamos definitivamente hacer eso de nuevo. La Cooch se despertó como si diez mil voltios de cafeína hubieran sido bombeados en ella. Jodida perra, supongo que ella estaba secundando la moción. ―Bueno, para empezar, me gustaría hacer algo por esa horrible cosa de mierda,― dijo Alice y luego delicadamente levantó una enredada hebra antes de soltarla y frotarse las manos. Uno pensaría que ella creyó que yo tenía piojos o algo. ―Y luego, necesitamos tener una charla. ―¿Sobre qué?― mi voz soñolienta fue amortiguada por la almohada, y tuve náuseas cuando mi aliento de la mañana me golpeó. El cabello podía esperar; Mamma necesitaba algo de Crest con sabor a Cinnamon Rush y un cepillo de dientes. ―Cosas. Ahora levanta tu trasero antes que vaya a buscar una jarra de agua helada y te la lance,― dijo ella y luego golpeó mi trasero. Me senté con un bufido y entrecerré mis ojos hacia ella antes de ver bien su rostro. ―Joder, realmente te odio, Alice, ¿sabías eso? ―¡Whoa!― prolongó mientras pinchaba su nariz y retrocedía mientras batía su mano libre por el espacio entre nosotros. ―Evidentemente, así que señora Yuck Mouth. ¿Qué hiciste, te levantaste e hiciste un batido de mierda como bocadillo de medianoche?― ―Jódete,― reí y la tumbé a la cama mientras yo saltaba rápidamente y hacia una carrera loca, desnuda al baño. Una vez que me había duchado – complaciéndome a mí misma dos veces con la ayuda de mi pequeña y bonita bala Cullen - afeitado y sí, cepillado mis dientes, volví a salir a la habitación donde Alice había ya hecho la cama y evidentemente escogido mi ropa para el día. Me vestí y tiré de mi cabello en un moño desordenado antes de bajar las escaleras. ―¿Alice?― la llamé, no teniendo idea donde podría ella estar.


―¡Aquí!― llamó ella desde la cocina. Cuando entré, encontré que ella ya tenía el café hecho y había servido una taza para mí. ―Wow, casi luces humana. ―Y tú tal vez has logrado evitar que tu trasero sea pateado por tener el café hecho,― respondí, porque la mejor parte de despertar, realmente era Folgers en tu taza. Sin embargo dudo mucho que el rico aroma que olía fuera Folgers. No puedo exactamente ver a Edward teniendo algún otro que no sea el mejor café gourmet conocido por el hombre en su casa. Tomé asiento frente a ella en el mesón y empecé a mover el azúcar en mi taza. ―Así que… ¿Qué es tan importante para que tú hayas interrumpido mi sueño de belleza?― pregunté. ―Ya llegaremos a eso. Primero que todo, ¿Quiero saber si trataste lo de la garganta profunda?― preguntó ella entusiasmada lista para servir y ser servida de una conversación de chicas. Esto era muy jodidamente genial el tener una chica real para hablar sobre estas cosas. Quiero decir, Gabe es probablemente lo más cercano a una amiga que yo había tenido, pero él era… bueno, Gabe. Y siempre que hablábamos sobre sexo, se volvía ligeramente desagradable y bastante perturbador. Amaba a esa perra como si no hubiera mañana, pero él podía ciertamente aprender una o dos cosas sobre la importancia de dejar algunas cosas a la imaginación. ―Sep,― contesté, acentuando una ʻpʼ. ―Y realmente creo que tú harías de un condenado Yoda, y no sólo porque eres verticalmente desfavorecida.― ―Aprendes rápido, joven Skywalker. O debería decir, ¿joven Streetwalker?― dijo ella en su mejor personificación de Yoda. Ambas reímos, pero luego ella abruptamente se detuvo y aclaró su garganta. ―Um, disculpa,― dijo ella con un tono de culpa en su rostro. ―¿De qué?― pregunté, confundida. ―Oh, um. Nada,― dijo ella con un gesto desdeñoso y luego tomó un sorbo de su café. ―Uh-uh. De ninguna manera. Escúpelo. Ahora,― dije con un dedo señalándola. Alice asentó su taza y lanzó un gran suspiro. ―Oh, Dios. Él va a matarme. Eso simplemente lo sé,― dijo ella mientras de manera nerviosa frotaba sus manos. ―¿Quién? ¿Edward?― pregunté, sabiendo malditamente bien de quién ella estaba hablando. ― ¿Por qué, Alice? Ella frunció su rostro como si estuviera a punto de decir algo que realmente no quería decir. Luego cubrió su cara con sus manos y me echó un vistazo de entre sus dedos.


―Lo sé, Bella. Sé todo.― ―¿Qué es todo, munchkin? No me estás dando nada aquí,― dije con un pancito en mi mano, con la esperanza que eso la animara a seguir con los detalles. ―Sé sobre el contrato que tú y Edward tienen. Sé que él pagó un millón de dólares por ti para que vengas a vivir con él por los próximos cinco años. Sé que ustedes dos no son una pareja legítima. Sé sobre lo del sexo. Oh, Dios, Bella… sé sobre todo, y realmente deseo no haber sabido una mierda porque es demasiado, muy abrumador para que alguien como yo lidie con este conocimiento,― espetó ella en una larga corriente de desesperadas palabras. Mis manos estaban temblando mucho, tuve que asentar la taza de café que estaba sosteniendo por miedo a que pudiera caer… o arrojarla a través de la habitación a la pared… lo que sea. ―¿Él te lo dijo?― pregunté en una relativa calmada voz, lo que me sorprendió como la mierda. ―No, no, no, no, noooo. Por favor, Bella, no es su culpa.― Ella rogó desesperadamente como si estuviera tratando de arreglar todo. ―Verás, yo hago todas las cuentas de su casa, y cuando vi la transferencia de dinero y lo enfrenté por eso. Sumé dos más dos y me cercioré que el dinero fue transferido por el mismo tiempo en que tu apareciste. Y luego, bueno, ya sabes como soy yo… empecé a hacer algunas investigaciones. Pero, para ser justo, si tú me hubieras dicho la verdad cuando nos conocimos, no hubiera tenido que hacerlo. Quiero decir, estamos hablando de Elvis, Tupac, MJ… jodidas drag Queens, y Edward… Edward tampoco fue de ayuda. Cuando pregunté sobre él dinero, él dijo que tú solías ser un hombre y eso fue para un cambio de sexo, y… ―¡Ho, ho, hooo!― canté en un grito, deteniéndola. ―¿Qué fue lo que jodidos él dijo?― Alice tomó una profunda respiración. ―¿Qué parte? O ¿Quieres que empiece todo de nuevo?― preguntó ella. ―Dios, no. No creo que mi cerebro pudiera soportarlo una segunda vez,― dije pinchando el puente de mi nariz porque tenía un enorme dolor de cabeza amenazando con romper mi cabeza por todas las palabras incomprensibles y revelaciones que me estaban siendo arrojadas. ―¿Alice? ¿Acabas de decir que Edward dijo que yo solía ser un hombre y tuve un cambio de sexo? ―Sí, pero él también dijo que sólo estaba bromeando,― dijo ella encogiéndose de hombros y luego sus ojos se abrieron ampliamente como platillos. ―Él estaba bromeando. ¿Verdad? ¿Tú realmente no tenías un pene, verdad? ―¡Joder… Alice! Sí― grité. ―Sí, ¿tenías un pene?― preguntó con una muy impresionada e incluso posiblemente un poquito de curiosa expresión en su rostro. ―No, Alice. Sí, él estaba bromeando,― clarifiqué. Le voy a hacer jodidamente pagar mucho por esto.


―Bueno. Quiero decir eso es... bueno,― dijo ella con un suspiro de alivio. Y apoyó su codo en la mesa con su barbilla en su mano. ―¿Bella? Cariño, ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te vendiste para sexo? ―Eso es personal, Alice. Y no quiero que andes husmeando para descubrirlo. Si lo haces, juro que pateare tu esquelético y pequeño trasero,― le advertí. Ella juró sobre su corazón en una silenciosa promesa de no hacerlo. ―Además, ni siquiera Edward lo sabe. ―SÍ, y estoy segura que él no ha presionado el asunto contigo tampoco, especialmente dado que eso significaría que él tendría que luego decirte sobre la culera traición de Tanya. Perra,― murmuró ella. ―Espera, esta es la segunda vez que has dicho su nombre y quiero saber ¿Cuál es el asunto con esta chica?, ¿Es ella como una ex novia o algo?― pregunté, sabiendo que si alguien iba a arrojar los frijoles, esa sería Alice. Ella ya me había probablemente dicho más de lo que debería de todas formas. ―¡Mierda! Juro que si él alguna vez descubre sobre esto, él va a despedirme de verdad y probablemente a Jasper también. Tú sabes… la culpabilidad por asociación. Y luego seremos desamparados sin lugar a donde ir, sin dinero para comprar…. ―Trágico,― refunfuñé sarcásticamente. ―Lo sé, ¿Verdad?― dijo ella como si realmente lo fuera. ―Okay, mira… te voy a decir, pero sólo si después me dices cual es el verdadero asunto entre tú y Edward. Pensé sobre el sueño, pero eso es todo lo que había sido. ¿Verdad? Por supuesto que estoy en lo cierto. Edward no podría jamás sentirse de esa forma conmigo, sin importar cuan buena era yo en arremeter profundamente su colosal polla. ―El verdadero asunto es que esto es una transacción de negocios, Alice. Nada más que eso,― dije yo como un hecho. ―No me lo trago, Bella. Puedes mentirle a Edward, o en este caso incluso a ti misma, pero no te creo,― dijo ella, convocando mi mierda. ―Te escuché. Antes de despertarte. Estabas hablando dormida, y por el sonido de eso, tú estás intoxicada por el jefe, hermana. ―¡Maldición Dios, Alice! ¿Hay algún rato cuando no eres una molestosa pequeña perra?― pregunté, claramente ofendida por la invasión de privacidad. ―¡Hey! ¡No uses el nombre de Dios en vano conmigo!― Me reprendió ella meneando un dedo. Puse mis codos en la mesa y pasé mis manos por mi cabello en frustración. ―Lo siento, Alice. Mira, ésta no es exactamente la situación ideal para mí. Me estoy enamorando del hombre que pagó suficiente dinero para alimentar un pueblo hambriento por más del tiempo que pudiera imaginar, sólo para que él pueda entrar en mi pantalón siempre que él quiera… sin lazos emocionales. Esta mierda simplemente no presagia nada bueno para mí, y trato hasta mientras odiarlo, pero ¡Joder, no puedo! ¿Qué demonios está mal conmigo? No es el síndrome de Estocolmo, porque sí, no he sido exactamente


secuestrada y no estoy siendo retenida contra mi voluntad. Yo firmé por esta mierda, pero se está volviendo demasiado real. ¿Ya sabes… ? ―Alice sólo se mantuvo asintiendo con su cabeza con un mirada sincera en su rostro mientras yo continuaba divagando. ―Y con toda la mierda que tengo de vuelta en casa… todo lo que puedo hacer es alzar mis manos y decir ʻJesús, por favor toma las riendasʼ, -lo que no será para mí un condenado bien, porque la vida que estoy viviendo no es exactamente de santidad- pero no tengo ni una desquiciada idea lo que estoy haciendo aquí. Y al parecer sólo estoy enterrándome a mí misma más y más. Quiero decir, sé que sólo soy una puta para él, y que él jamás podría sentir nada por mí que sea alguna vez remotamente cerca al loco enamoramiento que tengo por él, pero… ¡Mierda! Tomé una profunda respiración; mi cara ardía y pensé que empezaría a llorar en algún momento. De ninguna manera iba a hacer eso porque eso me haría ver débil e incluso más vulnerable de lo que realmente estaba. Pero estaba agradecida que al menos podía sacar una parte de esto de mi pecho, antes que una completa y total crisis mental me sorprenda, permanentemente incapacitándome y convirtiéndome en una zombie. Porque les digo, que yo estaba en serio malditamente cerca de que eso suceda. Alice sólo parecía que realmente me entendía, y al contrario de su propia naturaleza, ella sólo escuchó y me dejó soltarme sin tratar de forzarme a entrar en más detalles. Simplemente no había palabras para describir mi gratitud. Ella estiró un brazo a través del mesón y tomó mi mano con la de ella con una reconfortante sonrisa. ―Estás cargando una carga muy grande, ¿huh? ―No quiero hablar sobre eso,― dije yo. Alice y yo empezamos a reír al mismo tiempo. No una risa completa, sólo una de esas risas donde ambas reconocimos cuan ridícula sonó mi declaración después de la inmensa carga que había arrojado. ―No te preocupes, preciosa. Vas a superar esto. Y nunca sabes lo que podría pasar. Quiero decir, Edward no es incapaz de tener sentimientos. Al menos, no creo que lo sea. Sólo espero que ese pequeño y pervertido debacle con Tanya sea sólo un contratiempo menor y no algo que lo haya dejado emocionalmente marcado por el resto de su vida. ―Sí, vas a decir sobre eso. ¿Cuál es el asunto con él y esa chica? ―Bueno, ella es una completa zorra primero,― empezó ella con una contrariada mirada. ―Edward salió con ella por dos años, más o menos toda una vida. Su padre, el Dr. Eleazar Denali, es un amigo muy cercano de la familia y eso es más el como ellos se empataron. ―Yo, um, yo lo conocí, al doctor Denali,― dije, recordando su nombre de mi viaje al doctor de coños. ―Sí, Ezra es un buen tipo. Yo no lo juzgo por sus hijos,― dijo ella. ―De todas maneras, Edward salió en un viaje de negocios, pero había decidido – en contra de un mejor juicio – proponerle matrimonio a ella cuando regresara. Por alguna desconocida razón, él pensó que la amaba. No estoy tan segura que él realmente supiera que era el amor. Pero, él llegó a casa sólo para encontrar a su amada Tanya siendo embestida profundamente en el


trasero por su mejor amigo.― Di un grito ahogado y puse mi mano sobre mi corazón. No estaba haciendo eso por un efecto dramático; es sólo una de esas reacciones naturales que las personas tienen cuando son sorprendidas. ―Oh, no… ―Sí, oh no por no decir algo peor,― dijo Alice. ―No se necesita decir, que el corazón de Edward estaba destruido, o quizás fue sólo su ego, pero de todas maneras… él estaba devastado.― Ella pausó y me observó con esa aterradora, sobre-protectora expresión de madre osa en sus ojos. ―Y, Bella… simplemente no sé si él puede aguantar más. Así que, si esto entre ustedes dos realmente avanza a otro nivel, mantén eso en mente. ¿Me comprendes? ¿Cuán jodidamente dulce fue eso? Ella era tan grande como un mosquito y una molestia, y ahí estaba ella… sonando, como una de la Hermandad de la Daga Negra emitiendo una advertencia de matón. Y de alguna manera, no me extrañaría que ella la cumpliera. No que sea algo de lo que tenga que estar preocupada, porque Edward Cullen simplemente no estaba interesado en mí de esa manera y yo iba a luchar con cada impulso para asegurarme de no ponerme frente al tren tampoco. Ninguno de los tipos de sentimientos que estaba desarrollando por él, estos tendrían que ser enterrados de alguna manera en lo más profundo, no sea que mi jodido corazón lo rompa en pedazos en las manos de un hombre con el suficiente poder sobre mí para hacerlo. ―Lo entiendo, Alice. No te preocupes,― dijo con un gesto de afirmación. ―A pesar que realmente no creo que sea de él de que quien tengamos que preocuparnos en salir lastimado en esta ecuación. ―Sí, lo capto. Sé que él parece ser un cretino por fuera, pero cuando él deja brillar a su verdadero yo…― ella suspiró, ―Él tiene un verdadero potencial de ser así y ser como una funda de papas fritas. Así que, puedo absolutamente ver donde está la causa de mi preocupación ―Ahhh, no digas eso, Ali,― me quejé y puse mi cabeza en mis manos. ―Lo siento, querida,― ella se levantó y palmeó mi hombro. ―Sólo mantén la frente en alto y cree que todo lo que valga que sea lo será.― Me guiñó un ojo antes de agarrar su bolso de mano y ponerlo bajo su brazo. ―Tengo que hacer mandados. Hablamos más tarde. Ella me dio un casto beso en la mejilla y luego todo lo que escuché fue el clipclop de sus tacos mientras se alejaba, dejándome para que pensara en toda mi mierda. Lo gracioso fue que no pensé en eso. Yo estaba más preocupada por Edward y la tormenta de mierda que había pasado. Sí, mi mierda era probablemente una tonelada más agobiante, con mi madre muriendo un poco más cada día, pero era el lado que había sido criado en mí -y probablemente mi permanente estado de negación- que me hizo apartar eso a un lado por el momento y sólo sentir por él. No puedo ni siquiera pensar en encontrar a mi mejor amigo y mi chico haciendo eso. Aunque para mí, hubiera sido probablemente un poco diferente. Después de todo mi mejor amigo era gay, así que eso habría desarrollado otra lata de gusanos en la que prefiero no pensar.


Me maldije a mi misma cuando una imagen de Gabe y Edward apareció frente a mis ojos y envió un estremecimiento por mi columna. Eso jamás pasaría. Lo sabía, pero sería ciertamente devastador si alguna vez sucedía. Pobre Edward. Supongo que eso explica la razón del porqué un adinerado hombre con miradas que matan y un cuerpo para morirse caería tan bajo como para comprar a una mujer que jamás pudiera hacerle esa mierda de nuevo. Caer tan bajo… eso me pondría en el fondo del barril, entonces. ¿Verdad? Por supuesto que lo hace. A pesar que no era lo suficientemente buena para él, doy mi palabra en asegurarme de cuidar de él en la manera que él lo necesitara y él me quisiera, incluso si sólo era por el puñado de años por los que yo estaba atada a él. EPOV Diez minutos para comprarla. Una hora para tener sus labios alrededor de mi polla. Tres días para probar sus jugos. Cuatro días para estallar su cereza. Dos semanas para perder mi jodida mente… Mierda. Sólo dos semanas. Quince malditos días. Eso es todo lo que tomó a una virgen comprada para tenerme de todas las maneras envuelto alrededor de su pequeño y lindo meñique. En los dos años que Tanya y yo habíamos estado juntos, ella ni una vez consiguió sacar esa mierda, pero Isabella… simplemente no sé que decir. Mi mundo entero estaba vuelto de cabeza sólo por las dos semanas de mierda. No era para nada el cómo esta mierda iba a ser. ¿Cómo demonios iba a durar los jodidos cinco años cuando yo ya le daba todo lo que ella pedía en una puta bandeja de plata? Mariquita Cullen, así es como debería cambiar mi nombre. Maldita sea. No he hecho nada más que pensar en ella todo el maldito día en la oficina. Y eso es exactamente por qué hice el desesperado movimiento de que Riley la traiga con él a recogerme. Sí, podría sólo haberlo tenido rompiendo todas las jodidas leyes de tránsito que había en el estado de Washington para que me lleve a ella más rápido, pero cuando empecé a considerar la idea de comprar un maldito helicóptero para que pudiera evitar todo el retraso que la hora pico crearía, decidí que traerla a mí era probablemente la mejor alternativa. Yo estaba putamente mal de la cabeza. Y seguramente debería haber revisado algún tipo de programa de doce pasos por mi nueva obsesión porque no hay una condenada manera que esa mierda pueda ser saludable.


Riley aparcó en la acera donde yo estaba esperando impacientemente, y después que él si quiera pudiera salir y abrir la puerta para mí, alcé mi mano para detenerlo porque llegaría a ella mucho más rápido si sólo abría esa mierda yo mismo. Jalé la puerta y ahí estaba ella… mi nena del millón de dólares, usando nada más, que mi bata y un par de tacones de punta, justo como yo había requerido cuando la llamé más temprano en la tarde. Y jódanme ahora… ella estaba recostada en el asiento con la bata de seda negra abierta y colgando de sus hombros mientras rodeaba su cuerpo. Y esa parte de ahí era cosa suya; yo no le había pedido eso, pero estaba contento porque ella tomó la iniciativa. Ella era cremosa y sedosa y maldición, ella estaba acariciando su seno con una mano mientras la otra acariciaba su vientre plano. Su desnuda carne había sólo sido tocada por una sola persona de esa manera… yo, y casi parecía que me hacía señas para que lo haga de nuevo. Rápidamente miré alrededor y mis labios se curvaron en una mueca protectora que ni siquiera me di cuenta que estaba emitiendo cuando escaneé el área alrededor de mí para ver si alguien más había conseguido una imagen de mi mujer. Tenía que tenerla, tenía que marcar mi jodido territorio, y no podía esperar y no esperaría hasta que estemos de regreso a la soledad de la casa. ―A casa, Riley,― gruñí. ―Y toma la ruta escénica o lo que sea. Sólo no abras la jodida puerta y no nos interrumpas. ―Como usted diga, señor,― asintió él y luego regresó al asiento del conductor. Rápidamente entré y cerré la puerta para apartar al mundo exterior y mantener ocultos los tesoros de Isabella sólo para mí. Porque yo era un bastardo egoísta y nunca compartía. Jamás. Ni siquiera quería que nadie más vea lo yo ya había reclamado. Me arrodillé ante ella, arrojé mi maletín y la chaqueta que sostenía a un lado y rápidamente desabroché mi cinturón. Mi miembro se liberó y lo agarré para que no esté rebotando torpemente. ―Mójalo para mí, bebé,― dije mientras me acomodaba a mí mismo para que estuviera justo frente a su rostro. Dios la bendiga a ella, ella lamió sus labios y me observó hambrientamente antes de inclinarse hacia adelante y abrir su boca para tomarme. ―No así,― la detuve. ―Lámelo, bebé. Quiero ver tu lengua trabajar en mí. Ella me dio una condenada sonrisa sexy y luego movió rápidamente su lengua para recoger la mancha de líquido pre-seminal de la punta. Mi polla se contrajo por su propia cuenta mientras yo siseaba a través de mis dientes. Ella mantuvo sus ojos en mí mientras envolvía su mano alrededor de la base de mi polla y presionaba su lengua plana para darme largas lamidas de abajo hacia arriba. ―Hijo de….perra,― gruñí. Fuera de mi visión periférica, capté sus movimientos mientras ella juntaba sus muslos, y los movía una y otra vez para crear fricción. Tenía que verla, necesitaba ver la evidencia de su excitación.


―Déjame ver ese precioso coño, Isabella. Abre tus piernas ampliamente para mí. Ella hizo ese pequeño codicioso sonido mientras ella arremolinaba su lengua alrededor de la cabeza de mi polla y luego puso un pie en el piso, abriendo sus piernas para mí. Maldita sea, ella estaba tan jodidamente mojada. Ahuequé su desnudo sexo con mi mano y deslicé mis dedos entre sus sedosos pliegues. Ella arqueó su espalda y rodó sus caderas más cerca pero me alejé queriendo provocarla. ―No seas malvado,― protestó ella en una profunda y ronca voz. Gentilmente golpeé el manojo de nervios en su cúspide… una, dos…tres veces antes de aplicar presión con tres dedos y masajearlo lentamente. Isabella rodó sus caderas en círculo y presionó contra mis dedos. Luego sentí su caliente boca tragarse mi polla mientras me tomaba dentro y yo aspiré una bocanada de aire mientras la veía trabajar en mí. Mis dedos se deslizaron en su centro y empujé los tres dentro de ella. Era condenadamente estrecha, pero sin importar eso, ella se movió hacia adelante para encontrarse con ellos. Yo los saqué con cuidado y reinserté dos para que pudiera curvarlos hacia atrás y adelante sobre su pequeño y mágico punto G, lo que en realidad la envió a ella a una alimentación frenética de mi polla. Dos semanas antes, ella era virgen. Hoy, juraría que era una profesional. ―¡Oh, joder! Calma, bebé. Me vas hacer correr,― le advertí. Tan bueno como se sentía correrme en su boca y verla tragárselo, eso no era lo que quería esta vez. Necesitaba jodidamente marcarla, de adentro para afuera. Traté de apartarme, pero ella tenía un férreo control sobre mi polla. Así que quité mis dedos y los empujé contra su hombro para lograr que ella soltara el agarre. Ella me dio un puchero, y eso fue tan jodidamente sexy tuve que inclinarme hacia adelante y succionar ese labio inferior. Ella serpenteó sus dedos por el cabello en mi nuca y empujó su lengua más allá de mis labios buscando los míos. Se lo di sin poner pelea, pero sólo brevemente porque necesitaba estar dentro de ella y no quería perder tiempo. Así que rompí el beso y la agarré rudamente detrás de sus rodillas y tiré de ella hacia adelante hasta que estuvo repantigada frente a mí con su trasero medio colgando del asiento. Abrí sus piernas y me posicioné entre ellas. Isabella estaba rodando su cuerpo, tratando de estar más cerca, pero yo todavía quería jugar. ―Mira, bebé. Mira mi polla follarte.― Sus ojos vagaron al espacio entre nosotros y su boca se abrió cuando yo tomé la cabeza de mi pene y la froté hacia atrás y adelante entre sus pliegues y sobre su clítoris. Ella estaba tan mojada que su coño se sentía como seda caliente. Aparté la piel de sus pliegues y vi como su entrada se cerraba minuciosamente. Era tan jodidamente estrecha que me asombraba que yo haya podido alguna vez encajar dentro de ella. Mi polla era tan gruesa que ella ni siquiera podía rodearla con la mano, y aún así yo la había tenido dentro de su pequeñita abertura. Yo revolví la cabeza de mi pene alrededor de su entrada y luego me alineé.


―Joder, te necesito. Tengo que estar dentro de ti.― Lentamente, presioné dentro de ella, viéndola ensancharse milagrosamente para dar cabida a mi longitud. En poco tiempo, mi polla desapareció dentro de ella. ―Oh, mierda. Puedo sentir… todo,― suspiró ella. ―¿Te gusta la forma en que se ve? ¿Hmmm? Es jodidamente hermoso. ¿Verdad? Jodida y condenadamente sexy,― jadeé. Me di cuenta que estaba divagando, pero realmente no me importaba una mierda, porque… Jesús, esto era increíblemente erótico de ver. ―Dios, sí,― respondió ella y luego le arqueé mi ceja porque ella dijo ʻDiosʼ en lugar de mi nombre. Salí de ella e hice otro pase sobre su clítoris hasta que mi polla posó entre sus pliegues. Luego sostuve sus labios inmóviles y me moví de un lado a otro acariciándola. Mi polla estaba bañada de su humedad y estaba brillante en la poca luz que se filtraba a través de la ventana. No podía aguantar más. Empujé de vuelta y embestí de manera profunda dentro de ella, obteniendo un jadeo de sus labios color fresa. ―Oh, joder…Edward…,― gimió ella mientras yo agarraba la cima de sus muslos y embestía dentro y fuera de ella a un paso constante. Ambos mirábamos los movimientos, ambos respirábamos con los labios separados, ambos fascinados por cuan jodidamente perfectos nos veíamos uniéndonos. Podía sentir sus paredes ciñendo fuertemente mi polla como si su pequeño y hermoso coño estuviera reclamándome, no queriéndome dejar ir. Mis bolas golpeaban contra las mejillas de sus nalgas con cada embestida hacia adelante, creando una sensación dual. Este era el jodido cielo, y necesitaba que ella se corriera porque no había nada más que quisiera hacer antes de tener mi liberación. ―Tócanos, bebé. Ahueca tu coño con la palma de tu mano y extiende tus dedos alrededor de mi polla,― la guié. Con la mano ligada a la muñeca que usaba mi brazalete, ella tímidamente se hizo hacia adelante e hizo lo que le dije. Su cabeza cayó hacia atrás, mostrando ese cremoso cuello en una invitación abierta y no había manera en que yo la rechazara. Me incliné hacia adelante y ligeramente froté mis dientes por su carne antes de succionarla en mi boca. Luego besé hacia arriba hasta su oído, todo el tiempo bombeando mi congestionada polla en su pequeño cuerpo. ―¿Me extrañaste hoy, bebé? Porque… Dios, yo te extrañe un carajo. Tuve que masturbarme tres veces porque no podía dejar de pensar en cuan bien te sientes alrededor de mi polla.― Acentué mi punto embistiendo más rápido. ―¿Y tú? ¿Jugaste contigo mientras pensabas un carajo en mí? ¿Quizás incluso sacaste mi regalo para algunas rondas de práctica? ¿Te corriste, bebé? Dime te corriste. ―Dos veces,― admitió ella. ―Y eso no fue nada cerca de lo buena que es la real. ―Eso es… de lo que… estoy…hablando,― gruñí, enfatizando cada palabra con una profunda embestida de mi polla.


Ella lloriqueó en respuesta y envolvió mi corbata alrededor de su puño antes de jalar fuertemente y tirarme hacia su boca. Yo la violé con un hambriento beso; reclamando lo que yo ya sabía que era mío, pero reafirmándolo… sólo por si acaso. Nuestras lenguas se movieron con destreza contra cada uno mientras yo sujetaba su cadera más fuerte y la follaba más rápido. Mis caderas bombearon mi polla dentro y fuera de ella y yo podía sentir las paredes de su coño ceñirse alrededor de mi grosor con cada tire y empuje. Rompí nuestro ferviente beso e incliné mi cabeza para capturar un erecto pezón entre mis labios con un ligero roce en mis dientes. Sentí las uñas de su mano libre raspar mi cuero cabelludo mientras me sujetaba a ella, y lamentablemente tuve que romper esa mierda para que pudiera sentarme porque quería ir incluso más profundo. Observé mientras mi polla aparecía y desaparecía dentro de ella una y otra vez, ayudada por su excitación. ―Bebé, pon tus dedos en mi boca. Déjame saborearte. La forma en la que Bella seguía el juego y seguía cada una de mis instrucciones era simplemente jodidamente grandioso. Ella deslizó sus dedos de entre sus pliegues, recogiendo sus jugos antes de llevarlos a mis labios. Ella rozó la punta de sus dedos a lo largo de mis labios provocadoramente y yo moví rápidamente mi lengua para juntar lo que ella ofrecía antes de abrir mi boca y permitir que ella los empujara dentro. Gruñí fuertemente cuando su sabor golpeó mi lengua. Ella era simplemente tan malditamente buena… no podía ni siquiera pensar las palabras para describirlo, así que ni siquiera me moleste en tratar una mierda. Lamí hasta dejarla limpia antes de liberar sus dedos de nuevo. ―¿Tengo un buen sabor?― Jódanme ahora… la forma en que ella me miraba debajo de sus pestañas, lamiendo sus jodidos labios y diciendo esas sucias, sucias palabras…. ―Mira por ti misma,― dije y luego salí de ella. Ella quería hablar sucio, así que yo iba a mostrarle cuan sucio podía ser yo. Me levanté tanto como pude con el bajo techo de la limosina y presioné su cabeza hacia abajo a mi ingle. Ella entendió el mensaje y codiciosamente me tomó en su boca. Y que me llevé el infierno si mi pequeña preciada posesión no canturreó con un carajo cuando ella se saboreó a sí misma en mi polla. Bombeé mis caderas hacia adelante y atrás unas cuantas veces y luego la aparté de ella de nuevo. ―Tiempo de follar, no de chupar,― dije y luego arremetí de vuelta dentro de su coño. Ella estaba lloriqueando y gimiendo, arqueando su espalda, susurrando mi maldito nombre, mordiendo su labio inferior y rodando su cabeza de un lado a otro… era una vista jodidamente asombrosa de ver. ―Mierda, bebé. Necesito correrme.― Me tomó todo en mí controlarme de fundir mi carga dentro de ella. ―Más fuerte, Edward. Fóllame más fuerte.― Lo habría hecho con gusto, pero en nuestra posición actual, simplemente no era posible. Nada que preocuparse, tenía una solución.


Salí de ella. ―Voltéate, bebé. Quiero ir más profundo.― Ella gruñó en protesta, pero sabía que era lo mejor para nosotros, así que no cambiaría de opinión una pulgada. ―Carajo, voltéate y arrodíllate, sujétate del respaldar del asiento y extiende tus piernas,― ordené rápidamente. Ella me miró confundida, pero hizo lo que dije. La ayudé a arrodillarse frente a mí, pero teniéndola enfrentando la ventana trasera para que ella pudiera sujetarse del respaldar del asiento. Su llenito trasero era perfectamente redondo y su espalda estaba arqueada justo en el ángulo correcto para permitirme un libre acceso a su delicioso y pequeño coño. Pero cuando ella vio el tráfico moviéndose alrededor de nosotros a paso lento, ella volteó su cabeza como si estuviera escondiéndose. Me deslicé dentro de ella desde atrás y me incliné hacia adelante para susurrarle en su oído sensualmente. ―No te preocupes, Isabella. Nosotros podemos verlos, pero ellos no pueden vernos a nosotros. Lástima que ellos no puedan verme follarte. Quisiera que todo el mundo vea lo que ellos jamás podrán jodidamente tener. Con eso me senté y bombeé en ella. Y oh mierda, yo estaba muchísimo más profundo desde este ángulo, sus mejillas se extendían con su pequeño y estrecho culito provocándome. Isabella agarró la parte trasera del asiento, sus nudillos estaban blancos por su agarre mientras yo la follaba tan fuerte, tan rápido y tan profundo como podía hacerlo. El sudor corría por mi frente y goteaba la punta de mi nariz, y realmente no ayudaba que mi corbata haya estado más apretada alrededor de mi cuello cuando Isabella la agarró y tiró de mí para un beso. Pero la única sensación que dominaba por encima de todas las otras era la sensación de ella ciñéndose alrededor de mí. Que se joda el mundo exterior. Yo tenía todo lo que necesitaba justo frente a mí. Recordando cuanto le gustó antes, acaricié el centro de su trasero con mi pulgar, aplicando presión en la apertura trasera. Ella gimió fuertemente y arqueó su espalda, justo en la jodida cola. Así que, tomé un paso más y presioné en ella hasta que mi pulgar estuvo dentro de ella hasta el nudillo. Su cabeza cayó entre sus hombros y ella presionó hacia atrás en mí. ―Sí, bebé. Se siente bien, ¿verdad?― dije mientras sacaba parcialmente mi pulgar y luego lo reinsertaba. ―Voy a follarte aquí. Voy a poner mi pene dentro de tu pequeño y estrecho trasero y lo vas a amar. Pronto… muy pronto.― Sentí las paredes estrecharse alrededor de mí en rítmicas olas cuando ella terminaba y se rindia a su orgasmo. ―Oh...¡jooooooder!― chilló ella. Dios, sí. Mi bebé me quería en su trasero tanto como yo quería estar ahí. ―Míralos, Isabella,― dije, hablándole de esto. ―Mira a todas esas personas ahí, yendo en sus mundanas vidas sin ni una idea de lo que está pasando aquí. Ellos no pueden ni


siquiera entender la sensación de lo que estás sintiendo ahora… de lo que estoy yo por…sentir. ―Hijo de…― un indescriptible sentimiento surgió de mis bolas y se disparó a la longitud de mi polla cuando finalmente me corrí. ―¡Mierda! Puedo sentir eso,― dijo ella con un gemido sin aliento. ―Puedo sentirte corriéndote dentro de mí, y se siente…se siente… ―Joder, dímelo, bebé. ¿Qué se siente?― logré preguntar a través de mi orgasmo… porque realmente quería escuchar sucias palabras salir de su follable pequeña boca. ―Como nada de lo que yo haya alguna vez… mierda, me voy a correr de nuevo,― dijo ella y luego su cuerpo empezó a temblar y a contraerse mientras ella gemía mi nombre. Yo aumenté el ritmo de mis embestidas, rezando porque pudiera mantenerme duro lo suficiente para verla llegar a su segundo orgasmo. Por un pequeño milagro lo hice, y cuando ambos terminamos, colapsamos en el asiento conmigo recostado sobre su espalda. ―Maldita sea,― murmuré mientras salía de ella. ―Vas a ser la muerte para mí, mujer. Ella rió y luego se dio la vuelta para besar suavemente mis labios. ―¿Entonces cuán pronto es muy pronto? ―¿Qué?― pregunté, subiendo mi pantalón. ―Tú sabes…― ella se interrumpió, mirando hacia su voluptuoso trasero. ―Tú dijiste, ʻmuy prontoʼ. ¿Cuan pronto es muy pronto?― Yo estaba impactado y balbuceando dije la primera cosa que salió de mi boca. ―Joder, te amo…― lo que fue una VERDADERA maldita estupidez decir, así que tuve que arreglar esa mierda con un ―tuuu entusiasmo. Antes que pudiera meter mi cabeza más al fondo en mi culo, la agarré y besé profundamente, lo bastantemente profundo para hacerla derretirse en mis brazos y con la esperanza que ella olvidara mi papelón. Yo, por otro lado… juro que estaba listo para cortar mis propias bolas y llevarlas al carnicero hacerlos pequeños pedazos y empacar la carne para que sea alimento de perros salvajes. Porque esa fue la idiotez más grande que podría haber dicho… pero algo en el fondo de mi desolado corazón me dijo que tenía razón. ¿Qué…carajos? Me aparté y la miré a sus ojos – otro estúpido movimiento – y sentí que caía. En serio. Y esa mierda simplemente no era legal. En lo absoluto. Era débil y ella me traía de rodillas.


Dos semanas. Dos jodidas e insignificantes semanas que se habían convertido de alguna manera muy, muy importantes. Maldita sea. Finalmente llegamos a casa, relativamente ilesos, tanto como el ojo humano pudiera notar. Por dentro sin embargo, estaba un jodido desastre. Y más que nunca, necesitaba saber más de ella. Necesitaba saber por qué ella estaba en esta situación en primer lugar. Me había convencido a mí mismo que su situación personal no importaba cuando primero empecé todo esto. Pero Alice estaba en lo cierto; Bella era una buena chica, incluso aunque ella actuara como una furiosa perra a veces. Yo me había excusado a mi estudio después de la cena, donde hice un poco de vueltas y un montón de rebote de rodillas mientras consideraba que hacer. Por supuesto, podía esperar por mi hombre, Jenks, a que me llame con sus conclusiones, pero soy un impaciente hijo de puta, así que cogí el teléfono e hice la maldita llamada. Sí, hubo un infierno entero para morderme las uñas mientras esperaba que él contestara la maldita cosa. ―Jenks,― contestó él, al tercer tono. ―Es Cullen, ¿Tienes algo para mí?― pregunté, no realmente seguro si quería saber la respuesta, pero necesitándola al mismo tiempo. ―En realidad, acabo de obtener lo último de todo lo que necesita. Iba a llamarlo a primera hora de la mañana, porque no quería interrumpirlo,― dijo él. ―¿Así que, qué desea saber? ―Todo… Capítulo 12: “Tocando el piano” EPOV ―Es Cullen, ¿Tienes ya algo para mí?― pregunté, no realmente seguro de si quería saber la respuesta, pero necesitándola al mismo tiempo. ―En realidad, acabo de obtener lo último de todo lo que necesitaba. Iba a llamarlo a primera hora de la mañana, porque no quería interrumpirlo,― dijo él. ―¿Así que, qué desea saber?― ―Todo…― ―Bueno, aquí va,― dijo Jenks y yo podía oírlo a él instalándose en su asiento y revolviendo papeles mientras yo estaba ansiosamente esperando cualquier pedacito de información que pudiera darme para ayudarme a resolver y juntar el rompecabezas que era Isabella Swan. Antes que pudiera obtener siquiera un pedacito de información, hubo un tímido golpe en la puerta de mi estudio, y luego ésta se abrió completamente. Isabella se colocó ahí muy seductora, sus brazos estirados encima de su cabeza mientras arqueaba su espalda contra


el marco de la puerta. Su cabello húmedo estaba echado hacia atrás de sus hombros y sus largas piernas estaban sesgadas así que una estaba doblada por la rodilla. Ella estaba usando tacones negros amarrados, el brazalete con el emblema de mi familia, una de mis corbatas de vestir negra y… nada…más. ―Lo siento, ¿Te estoy interrumpiendo?― su voz era un ronroneo de erótica lujuria mientras ella seductoramente jugaba con la corbata que colgaba libremente en el valle de su jodidamente grandiosas tetas. ―Puedo irme…si quieres… Mi corazón bombeaba erráticamente en mi pecho, y estoy bastante seguro que mi boca colgaba abierta. Ella era una zorra, una estrella porno… una diosa. Mi polla se tensó contra el cierre de mi de repente muy apretado pantalón kaki, toda la sangre había corrido ahí dentro en un microsegundo. Pensé por sólo un segundo que quizás mi pequeño soldado estaba tratando de cavar un hoyo para que él pudiera echar un vistazo por él mismo, pero eso en realidad no podía pasar, de verdad. Demonios, estaba aprendiendo rápidamente que cuando sea que estuviera Isabella alrededor, todo era posible. ―¿Cullen?― la voz de Jenks era un vago eco en el fondo. Mi concentración estaba centrada completamente en mi nena del millón de dólares, su cuerpo de sirena que estaba distrayéndome de mi previa obsesión. Ella era todo lo que importaba. Todo lo demás sólo desapareció convirtiéndose en nada. ―Yo sólo estaba en la ducha, y bueno… toda esa agua caliente estaba bañando mi piel con la más deliciosa presión… y me hizo pensar en tu cuerpo presionando el mío y esa cosa mágica que tú haces con tus dedos… y tu lengua…― ella cerró sus ojos y reclinó su cabeza mientras acariciaba su garganta desnuda con una mano y la otra la deslizaba entre sus piernas mientras suspiraba. ―Carajo, necesito que tú me toques… ―¿Holaaaaaa? ¿Está ahí, Cullen? Me sacudí de la confusión lo mejor que pude y aclaré mi garganta mientras me forzaba a mí mismo a esquivar mi mirada de ella. ―Um, sí…tengo a alguien, er, algo que hacer. Llámame a primera hora mañana.― Ni siquiera esperé por una respuesta antes de colgar el teléfono. Él me llamaría porque él quería que le pague. Y supongo que he pasado casi tres semanas sin saber la información que quería… de seguro podía esperar diez horas más. Con la rapidez de un rayo y a velocidad vampírica, estuve de pie frente a ella con ambas manos empuñadas en el marco de puerta encima de ella. No me atreví a tocarla por miedo de que pudiera magullarla, romperla. ―Tú no puedes…joder… decir mierda como esa sin…― Incapaz de terminar mi idea porque ella estaba de pie ahí, toda pecaminosamente desnuda y oliendo perversamente excitada, perdí toda la determinación y me incliné en una rodilla, posicionando uno de sus delicados pies (y por cierto, sus pequeñas uñas estaban pintada de un -Llamen A una Jodida Ambulancia Porque Esta Mujer Esta Matándome Lentamente-


rojo con un acabado satinado) sobre mi hombro antes de inclinarme hacia adelante y darle el lametón de su vida. Por supuesto era un simple castigo por interrumpir tan importante llamada de negocios. Iba a dolerme mucho más a mí que lo que iba a dolerle a ella. Sí, incluso yo lo llamo una mierda. ―Uh-uh-uh,― susurró ella mientras empujaba muy ligeramente mi hombro con su tacón aguja para obligar a sentarme hacia atrás. ―Así que, yo sólo estaba preguntándome…tú no tocas el piano, ¿verdad? Porque acabo de encontrar esta pequeña placa negra, en lo que asumo es tu salón de música, y estaba pensando en cuán increíblemente erótico sería si yo estuviera por decir, oh no sé… expuesta para ti mientras tú tocas para mí… quiero decir, estoy vestida de corbata negra formal y todo…― Oí suficiente. Hijo de puta. Sin decir ni siquiera una palabra, porque como dije… no había necesidad, la lancé sobre mi hombro y me dirigí hacía lo que ella tan adecuadamente nombró mi salón de música. La jodida acústica ahí era incluso mucho mejor que la acústica del vestíbulo y no podía esperar para oír el eco de ella gritando mi nombre en éxtasis. Y ella definitivamente gritará. BPOV Los hombres, especialmente los adictos a los coños como Edward, son tan jodidamente predecibles… y fáciles. Todo lo que tuve que hacer era mostrarme prácticamente desnuda e insinuar que quería un poco de atención, y lo tenía comiendo de la palma de mi mano. Bueno, quizás no era exactamente la palma de mi mano de la que él quería comer, pero yo obtuve el resultado deseado de todas formas. He estado pensando sobre todo la cosa de la fulera zorra ex novia sobre la que Alice me había dicho antes, y estaba decidida a bañarlo con la atención que él ansiaba, para asegurarme que él supiera que yo era toda para él. Porque cuando se trata de esto, esa es en primer lugar toda la razón por la que el cayó tan bajo al comprar a una mujer. Yo era algo seguro: que le garantiza que me encargaría de cada uno de sus antojos y deseos: que conlleva que yo lo querría a él sólo a él. No es que me estaba quejando. Seguro, debería haber estado disgustada conmigo misma por básicamente ser una servicial participante, y yo lo estaba siendo… en toda su extensión. Pero soy una mujer, por el amor de Dios… una mujer con necesidades que no sé, de las que ni siquiera se había dado cuenta que tenía antes que esta mierda empezara, necesidad que sin duda encuentro con un hombre quien en circunstancias normales, habría sido capaz de meterme en su cama sin preguntarlo dos veces. Además, yo firmé por esto, ¿verdad? Sabía en lo que me estaba metiendo. En realidad, disfrutar de la ʻtorturaʼ debe ser un valor agregado, ¿No es cierto? Quiero decir, yo podría haber estado fácilmente atorada con Jabba el Hut. La Cooch asintió con la cabeza enfáticamente de acuerdo, y luego tuve que ir y mencionar a ese gordo y sucio bastardo, lo que me envió un escalofrío bajo mi espalda.


Edward me lanzó sobre su hombro como un saco de papas y yo reí tontamente como una niña de escuela cuando él volvió su rostro y me mordió el culo con esos magníficos blancos dientes suyos. Aparentemente, no soy la única con el fetiche de morder nalgas. Mientras Vida Guerra mantenga su gordo trasero lejos de él, no tendré que patearla en el coño a la perra. Sólo estoy diciendo. Finalmente llegamos a la sala de música. Me di cuenta por el ronroneo interno de sus dientes de sable que se había convertido más como un constante tarareo vibratorio que no sólo escuchaba, sino sentía. Tan gentilmente como pudo hacerlo, me sentó encima de su piano de media cola y se paró entre mis separadas rodillas. ―¿Es esto lo que tenías en mente?― preguntó él, con su voz en un profundo y sensual estruendo que viajó a través de mi cuerpo y a través de sus manos, que se posicionaron en el piano a cada lado de mí. Su voz en realidad viajó a través de la maldita cosa y vibró contra mis partecitas femeninas, haciéndome recordar a mi nueva amiguita, la bala Cullen. ―En realidad, estaba pensando algo más parecido a ti… sentado en el banco, dejando esos talentosos dedos tuyos abusar de las teclas,― dije mientras recorría mis manos hacia arriba y abajo por su pecho. ―¿Tú crees que puedes hacer eso por mí, Edward? ¿Tocar un poco de algo… inspirado por la visión de mi…tu…coño? Presioné mis labios a los suyos con veneración, pero él no hizo ningún movimiento. Él estaba inmóvil como una estatua. Una estatua de Adonis. Había empezado a pensar que quizás mi sucia charla no había resultado tan sensual como yo esperaba cuando él se inclinó más cerca de mi oído y susurró. ―¿Isabella? ―¿Hmm? ―Creo que me acabo de correr un poco,― antes que pudiera formular una respuesta, él se alejó abruptamente y fue a sentarse en el banco del piano. Con mi barbilla colocada en mi hombro y dirigida hacia él, vi como sus manos suavemente rozaban sobre las teclas sin hacer sonido. La mirada en sus ojos era una de puro sobrecogimiento y concentración, un hombre que obviamente veneraba su instrumento. No puedo decir que lo culpo; pensé en su ʻinstrumentoʼ, y era muy asombrosamente inspirador para mí. Él se lamió sus labios y se movió para una más cómoda posición antes de volverme a mirar con expectación. ―Um, estoy bastante seguro que tú prometiste que si yo tocaba, tú proveerías la inspiración. Oh sí, verdad. Un problema, amigos. Si yo trato de mover mi trasero alrededor de su piano brillante como la mierda, que no era nada cerca de resbaloso como parecía, era más que probable que haya algún chirrido de piel. Y no sabía si mi dignidad podría manejar un gran golpe de vergüenza como ese cuando yo estaba tratando de ser toda sexy y seductora y


mierda. Deseaba haber empolvado el maldito piano o algo. Así que, hice la única cosa que podía pensar de hacer. Salté hacia abajo, sorprendentemente quedándome en posición vertical en los jodidos tacones altos de puta que estaba usando (La Cooch los escogió porque combinaban bastante con su traje), y luego me encaminé como cada caminante de pasarela que podía recordar de los innumerables espectáculos de moda que mi querido amigo Gabe me había forzado ver, y yo pavoneando mi desnudo trasero hacia Edward, esperando y orando para que éste no estuviera con manchas y rojo de la quemadura del piano o lo que sea. Creo que estuve bastante bien en esto, porque Edward me miraba como si él fuera un lobo en una de esas caricaturas de Looney Toon, lamiendo sus chuletas como si fuera la preciada oveja. Sintiéndome probablemente más segura de lo que debería haber estado, puse un pie encima del banco a su lado y me paré ahí. Ustedes saben como dicen, ―¿Si las miradas pudieran matar? Sí, bueno si las miradas pudieran sentirse, juro que es exactamente lo que Edward le había hecho a mis piernas… y a mi trasero…y a mis senos, la Cooch… demonios, sus ojos tenían tantas extremidades como un pulpo. ¿Okay? Hablando de coño… el mío estaba positivamente empapado. Imagínense. No era porque Doble Agente Coochie estaba salivando; era porque la retorcida perra estaba llorando, lágrimas de felicidad por lo que ella sabía que venía. Bueno, muchas lágrimas, en realidad. Así que, hice el gran espectáculo de posar mi trasero en la parte superior de su piano de nuevo y crucé mis piernas para disimular ese pequeño hecho. A pesar que había ido aprendiendo que esto era una gran excitación para Edward, quería provocarlo un poco. Después de todo, él necesitaba algún incentivo para darme lo que yo quería antes de yo darle lo que él quería. Edward me miró debajo de su ceño, y luego lentamente empezó a desbrochar la hebilla tachonada que estaba alrededor de mi tobillo. Cuando él terminó, lentamente sacó mi zapato y dejó un largo beso encima de mi pie. Yo no era el tipo de chica al que le gustaba que sus pies sean chupados o lo que sea, pero tengo que decirles… esa mierda se sentía malditamente sensual. ―No puedo tener estos en mis bebés de marfil… nenita,― dijo él en un murmullo mientras soltaba mi pie desnudo e iba a trabajar con mi otro zapato. ―¿Jimmy Choo? Recuérdame de darle a Alice un aumento. ―Sólo cómprale un par de estos chicos malos, y ella estará encantada.― Sugerí. Asentando mis zapatos en el piso a su lado, él besó un sendero a lo largo de mi canilla hasta llegar a mi rodilla. Luego él las apartó y puso mis pies directamente en las teclas, lo más al extremo que se podía. El sonido que provenía de la presión de ambos era bastante horrible y ambos nos estremecimos al mismo tiempo. ―Joder, amo cuán mojada te pones por mí,― dijo él contemplando a la Cooch. Ella estaba ocupada lubricándose a ella misma y rociándose Binaca en su boca, calentándose para el


gran espectáculo. ―Probablemente deberías saber que nadie alguna vez ha puesto ni un dedo en mi piano de media cola, Isabella, mucho menos sus pies. ―Lo siento. Puedo moverme,― dije, pero antes que pudiera levantar ni siquiera el dedo chiquito, él me detuvo. ―No,― el silencio de su voz cargaba más peso de que si él hubiera espetado la orden. Edward no quitaba sus ojos de mi coño mientras él enrollaba las mangas de su camisa hasta sus codos. Cuando terminó, él enderezó su espalda y cuadró sus hombros ligeramente mientras finalmente apartó la mirada el tiempo suficiente para colocar sus dedos sobre las teclas. ―Um, No he tocado en mucho tiempo,― dijo él algo nervioso y encogiéndose de hombros. ―Así que, podría estar un poco oxidado. Ya sabía eso. Justo antes que Edward haya llamado para que esté en el carro cuando Riley lo recogiera del trabajo, Alice me había llamado a ver como estaba. Hablamos por un rato mientras yo paseaba por la casa. Ahí es cuando tropecé con el cuarto donde estábamos. Ahí es también donde Alice me dijo que él solía tocar todo el tiempo antes de todo el debacle de la puta fulera. Cuando ella me dijo que él no tocaba desde ese entonces, supe que tenía que al menos tratar de que él lo haga de nuevo. Después de todo, dicen que la música calma a la bestia salvaje. No estaba tan segura que quería que él se calmara justo antes que follara toda la mierda que vive en mí, sobre todo porque pensé que él tenía que liberar algo… reprimido. ¿Furia? ¿Frustración? pero quizás si él consigue reencontrarse con algo que lo hizo feliz alguna vez, sería todo bueno todavía. ¿Era ese un riesgo? Sí. Pero, supongo que si tendía alguna oportunidad de tener éxito, atrayendo su naturaleza sexual era definitivamente la manera de hacerlo. Al parecer Alice pensó que yo podría ser un punto débil para el señor Cullen y por un tiempo tenía intenciones de explotar ese trocito de información para beneficio personal, yo definitivamente no iba a negarme ningún placer que pudiera tener, con mi forma de ayudarlo a aprender a vivir de nuevo. La Cooch exclamó embelesada y extasiada ʻoohʼ y ʻaahʼ por mi sentimentalismo, y amenacé con cerrar la tienda si ella no dejaba esa mierda. Ella hizo la seña se abrocharse su labio, pero mantuvo esa ridícula sonrisa petulante en el rostro. Perra descarada. Yo era un charco de baba en el momento que él hizo que ese piano cantara el primer acorde. Sus dedos se movían rápida y expertamente a lo largo de las teclas, uniendo las notas que no creí alguna vez haber escuchado antes, pero no obstante eran hermosas. Yo estaba preocupada por la limpieza y esterilidad de su piano, porque si él seguía tocando de esa forma, yo me correría garrafalmente, sin que él siquiera me haya tocado. Aunque, supongo que de alguna manera, él lo estaba haciendo; los dedos haciendo esa hermosa música que estaba vibrando a través del piano atravesando mis partecitas femeninas pertenecían a él, después de todo. ―Recuéstate sobre tus codos, nenita,― dijo él sin perder ni una jodida nota.


Al menos yo no creo que él perdiera una nota. No es como si yo escribí la canción o era algún tipo de experta en esto, pero sonaba bien. En realidad más que bien; esto era jodidamente asombroso. No lo llamaría exactamente música porno, más conocida como ʻbonchickawowowʼ, pero considerando esto… la música era obviamente sólo otra extensión de Edward, tanto como sus dedos, su lengua, su colosal polla… ¿entienden lo que estoy diciendo? Esto jodidamente me conmovía, me hacía sentir cosas que probablemente eran ilegales en cuarenta y ocho estados. Además, la manera en que la yema de sus dedos trabajaban sobre esas teclas… esto era obviamente donde él conseguía la práctica para otras cosas. Así que me di cuenta, que el Rey del Dedo follador había aparentemente cambiado a Rey del Piano Follador. Hey, él puede cambiar su nombre si así lo quiere. Prince lo hizo, Diddy continua haciéndolo. Y mientras él no lo cambie a ʻal derecho y al revésʼ habiendo tomado el fino arte de tejido de suéteres en lugar de usarlos para algo más…constructivo… yo estaba bien con eso. Me eché hacia atrás sobre mis codos, justo como él había pedido, pero mantuve mis ojos en él. Edward estaba mirándome directamente. Y cuando digo que estaba mirándome directamente, no era a La Cooch, como pensé que sería. Era a mí… a mis ojos; él me miraba tan intensamente que pensé que podría tener una combustión espontánea. Y luego sucedió. Sin romper contacto visual o interrumpir la sexy cancioncilla que él estaba tocando, él se inclinó hacia adelante y posó un beso con la boca abierta en mi clítoris. La articulación de mi mandíbula se desencajó mientras yo contenía el aliento y mis piernas se sacudían nerviosamente. Por supuesto eso estropeó su canción angelical, irrumpiendo con mis dedos sobre las teclas, pero Edward sólo me dio esa ridícula sonrisa engreída y continuó. La única diferencia entre lo que él estaba tocando antes y lo que él había empezado a tocar era que las notas sonabas más pesadas, mas apremiantes. Él continuó haciendo esa cosa que él hace con esos deliciosos labios y su lengua de serpiente. Su boca era cálida y húmeda, sus labios suavemente acariciaban mi boca del sur mientras su lengua expertamente manipulaba cada terminación nerviosa en mi cuerpo desde ese punto entre mis piernas. No iba a tomar mucho tiempo. La Cooch estaba calentando sus cuerdas vocales, preparada para dar el concierto de su vida. Oh, demonios… por favor no dejes que esto se convierta en otro caso de alguna imbécil poniéndose en televisión en vivo para ser humillada frente a millones de personas que sintonizaron para ver a algún despistado tonto hacer exactamente eso, sólo porque una madre que no tenía corazón, se rehusó a decirle a la perra que ella ¡NO PUEDE. JODIDAMENTE. CANTAR! Sí, yo soy la madre de La Cooch, pero no tenía idea de si ella podía realmente cantar. Edward, sin embargo, la había hecho canturrear locamente en la poca cantidad de tiempo que ellos se habían conocido. Todo lo que estoy diciendo es que él es un condenado entrenador vocal.


Y hablando de canturrear… Edward estaba haciendo exactamente eso contra mi vajayjay, manteniendo la perfecta armonía con la música que él estaba tocado, como si él hubiera escrito la maldita cosa él mismo. Lo que él bien podría haber hecho. Los músculos en mis muslos estaban temblando sin control y mis caderas estaban sacudiéndose mientras yo trataba de acercarme más a la exquisitez que estaba en su boca. Dolía por mi liberación y me encontré a mí misma rogando en voz alta. La música de repente se detuvo cuando Edward se aferró a ese hinchado pequeño manojo de nervios entre mis piernas y succionó como si su vida dependiera de eso. Me erguí y empuñé su cabello en mi nano forzándolo a quedarse inmóvil donde él estaba. Al mismo tiempo que mi orgasmo se apoderaba de mi cuerpo, mi cabeza cayó hacia atrás, mis muslos se sujetaron alrededor de su cabeza y una sarta de indescifrables profanidades dejó mis labios en una voz que no tenía ni forma o sonaba de alguna manera como la mía. Juro por Dios,… Edward, que creo que me poseyó algún demonio, el demonio del atesorado orgasmo o algo así. No fue hasta que las olas cesaron y la tensión en mi cuerpo se relajó un poco que fui legítimamente consciente que le había cortado el suministro de aire a Edward. Muerte por ascoñoxia a diferencia de la asfixia, no era exactamente algo que ellos pudieran poner en el certificado de defunción, pero ¿cuan genial sería si ellos lo hacían? ―¡Oh, mierda! ¿Estás bien?― pregunté con voz de pánico mientras lo levantaba con fuerza de los cabellos para echarle un vistazo. Él llevaba esa sonrisa de suficiencia de Yo-Soy-Un-Jodido-Dios en su rostro mientras él lamía los restos de mi orgasmo de sus labios y dijo, ―No, pero estoy endemoniadamente seguro que lo estaré. No sé cómo o cuando tuvo la oportunidad de hacerlo, pero él estaba de pie erguido, su pantalón estaba ya abajo en sus tobillos y su colosal polla estaba en posición firme, y… oh diablos, ¿estaba saludándome? Él me levantó de su piano y se sentó en el banco conmigo en su regazo. Todo le tomó a él solo dos segundos para levantar mi trasero, posicionarse el mismo en mi entrada y luego de golpe estamparme encima de él. Y de ahí no perdió impulso. Una y otra vez él levantaba mis caderas y me traía de vuelta a su dureza. Su boca estaba sujeta a mis pezones mientras yo lo sujetaba a mí. A pesar que yo estaba encima, no estaba de ninguna manera en control de la situación. Todo era Edward… dentro de mí, alrededor de mí, en mí… él estaba en todas partes. Con cada embestida de su polla, él iba más profundo, más fuerte hasta que un ligero brillo de sudor cubrió su frente y empezó a humedecer su cabello. Mis ojos empezaron a rodar a la parte de atrás de mi cabeza, y pensé que quizás yo estaba literalmente poseída, pero no lo sabría por seguro hasta que mi cabeza empezara a girar y sintiera la urgencia de vomitar sopa de chicharos por todos lados. Aunque realmente no creía que eso sucedería porque ¿cómo podría algo que se siente así de bien posiblemente ser demoníaco?


Me corrí de nuevo, enterrando mis uñas en su espalda y a él ni siquiera le importó un bledo si yo estaba destrozando su camisa de diseñador o no. Todo lo que sabía era que yo necesitaba agarrarme fuertemente y nunca dejarlo ir. Y eso fue lo que justamente hice, incluso después que Edward dejó ir su feroz gruñido que debería haberme asustado, y luego se vino dentro de mí. Con un par de estocadas finales, él estaba en definitiva agotado y exhausto. Mantuvo el lado de su rostro presionado contra mi pecho y sus brazos alrededor de mi cintura. Él ni siquiera se molestó en salir de mí. Y estaba en silencio. El único sonido en la habitación era el eco de nuestras pesadas respiraciones mientras ambos tratábamos de calmar nuestra excitación, quizás sólo estábamos tratando de hacerla que dure más tiempo. Yo tampoco lo dejé ir. Sólo me mantuve acariciando su aire y besando el tope de su cabeza hasta que puse mi mejilla y me aferré a esta. No podía dejarlo ir. Joder… no podía… dejarlo ir. Por primera vez desde que tomé la decisión de hacer esto, de venderme a mi misma en toda esta maldita cosa, estaba cagada de miedo. ¿Cuándo demonios sucedió esta mierda? Fue en ese momento que me di cuenta cuanta de lo verdaderamente inexperta y tonta había sido en realidad; una chica de pueblo tratando de jugar en las grandes ligas con un hombre que era más grande que la vida misma. Después de lo que pareció una eternidad, nosotros finalmente nos retiramos el uno del otro y yo me retiré al baño para otra nueva ducha. Yo podría haber necesitado una, pero más que eso, sólo quería tiempo a solas para juntar mis ideas. No fue hasta que el agua caliente de la ducha golpeó mi piel que empecé silenciosamente a llorar. Fingir…oh, Dios todo lo que tenía que fingir y lo que había estado ocultando detrás de esa pared de Soy-una-mujer-escúchame-rugir… todo empezó a desmoronarse en una rápida sucesión. Yo no era más que una niña; una niña locamente enamorada de un hombre; un hombre que no me veía nada más como su propiedad. Y él verdaderamente me poseía en cada sentido de la palabra. Mi mente recordaba lo de ese día más temprano, después del revolcón en la limosina. Creí que él dijo que me amaba, y mi corazón tambaleó, sentí como si hubiera caído a la boca de mi abdomen, dejando el peso de ser criada y entregada a una persona que sentía a la que podría en realidad ser capaz de entregarme encantada. Pero eso no fue en absoluto lo que él dijo. ¿Verdad? Lo que sólo sirve para mostrar lo verdaderamente inexperta que realmente era. Una pequeña y tonta niña.


Edward Cullen era un hombre que tenía todo el mundo sentado en la palma de su mano, y yo no tenía nada que ofrecerle. Pero, Dios me ayude, yo me estaba enamorando de él. De la nada, Edward apareció, después de abrir la puerta de la ducha y cogiéndome por sorpresa. ―Hey, voy a tomar una ducha en una de las habitaciones para invitados. Sólo quería dejártelo saber en caso de que termines antes― - Él dejó de hablar abruptamente y frunció el ceño. ―¿Has estado llorando?― Yo volteé mi cabeza y comencé a limpiar mis ojos. ―Um, no. Por supuesto que no,― mentí. ―Esa es una pregunta tonta. ¿Por qué estaría llorando? Sólo me cayó jabón en el ojo, eso es todo. Él lentamente levantó mi barbilla para mirar mi rostro y vi algo diferente en sus ojos, pero antes que pudiera dejar mi mente volar más lejos a la tierra de idiotas delirantes, me di cuenta que eso era sólo un mero reflejo de mi misma. Y eso me hizo cagar de miedo… de nuevo. Porque si él vio lo que yo sentía… me estremece pensar en las consecuencias. Él probablemente me llevaría a mí y a su recibo de vuelta a la estación de servicio al cliente de James para un intercambio… o un reembolso completo. Él no se sentía de la misma manera por mí, y él jamás lo haría, jamás podría. ―Okay, si estás segura, sólo voy a…― él asintió en dirección a la puerta del baño. ―Sí… estoy bien,― dije con una falsa sonrisa. ―Anda, estás congelando mis tetas, fuera de aquí. ―Bueno no podemos permitir eso, ¿verdad?― él se inclinó, roció un poco de agua de la ducha de mano contra mi pecho desnudo mientras él la daba a cada una de las niñas y luego a mis labios un casto beso. Con un guiño y luego una sonrisa torcida, se fue. Justo como él lo haría si alguna vez descubriera que yo estaba teniendo sentimientos por él, lo que sin duda no era parte del contrato. Al ir contra todo lo de la cláusula -sin compromisos-, ¿no lo creen? Tuve que juntar mi mierda y empujar más allá mi momento de debilidad. Yo podía hacerlo. Podía superarlo, y estar en la capacidad que él me necesitaba, y nada más. He sobrevivido a cosas mucho peores. Yo no era una mujer vulnerable. Era fuerte. Yo era capaz. Había hecho todo lo que estaba a mi alcance para ayudar a mis padres a lidiar con la inminente pérdida de mi madre, la base de todo lo que nosotros éramos. Yo me había vendido a mi misma al mejor postor para asegurarme que ella, que todos tuviéramos una oportunidad de luchar. Yo podía con esto. Tenía que hacerlo. EPOV


A la mañana siguiente, me encontré a mí mismo sentado en mi escritorio con mis manos tirando de mi cabello en frustración. No había sido capaz de dormir bien la noche anterior, probablemente porque la mirada en el rostro de Isabella cuando estaba en la ducha estaba inquietándome. Algo definitivamente estaba ahí, algo extraño para mí, pero había visto esa mirada antes. Sólo que no podía poner mi dedo en la llaga. Ella me había mentido. Ella había estado llorando, y dado que no me diría el porqué, yo me quedé a sacar mis propias conclusiones. No me tomó mucho tiempo averiguarlo. Duh, ella estaba prisionera en mi casa. Aunque, yo le había dado un reinado de libertad bastante grande, todavía era una prisionera, forzada a someterse a mis necesidades primarias cuando sea que el humor me golpee. ¿Por qué jamás eso se había cruzado antes por mi mente que ella en realidad podría encontrar esto asqueroso? Por supuesto, muchas mujeres se han arrojado a mí, pero ellas lo hicieron por su propia voluntad, no porque se les había pagado y por lo tanto no tenían otra opción. Me levanté y fui a mi baño privado. Después de encender el agua fría, dejé hundir mis manos antes de salpicarla a mi cara. Hice eso una y otra vez hasta que me di cuenta que no tenía efecto. Nada iba a sacudirme del adormecimiento que sentía. Agarré una toalla de mano para secar mi rostro, pero me alcancé a ver en el espejo y me quedé inmóvil. Pude verlo entonces; me había convertido en la persona que yo más despreciaba en el mundo… Jacob Black. Después de todo, lo que hice no fue nada menos de lo que él podría haber hecho, excepto que yo pagué por un contrato a largo plazo en lugar de usarla por una sola noche. De vuelta, yo estaba usándola… para mi propio beneficio e ignorando totalmente como esto le afectaría al final. Y lo hice todo bajo la red de seguridad de -Ella escogió hacer esto, así que ella sabía en lo que se estaba metiendo.- Y mientras eso sea verdad, eso ciertamente no significa que yo debería haber tomado ventaja de ese hecho. ¿Qué si ella tenía alguna enfermedad mental? Ella no parecía realmente serlo, pero ¿Qué persona en su sano juicio hace algo como esto? Alguien desesperado, ese es quien hace esto. Si yo estaba aprovechándome de su desesperación, ¿Cómo era yo de alguna manera diferente a Black? La ignorancia realmente no era una buena excusa. Debería haber sabido que cualquier persona, bien fuera Isabella o alguna rota prostituta, sólo haría algo como esto en desesperación. Así que, sin importar que, igual yo y estoy equivocado desde el primer momento. Volví a mi oficina y miré el teléfono en mi escritorio, deseando que suene. Como el masoquista que aparentemente era, quería saber que había pasado en su vida para obligarla a caminar por esta ruta. El salvador en mí, quería ayudarla. La verdad del asunto era, que yo no era un salvador, yo era un facilitador. Debo tener alguna especie de súper ESP o alguna mierda como esa, porque fue en ese momento que el maldito teléfono en realidad comenzó a sonar. Sólo que de repente, yo no estaba tan seguro de querer ser Jenks porque si él me decía lo que sospechaba era verdad, que Isabella estaba en una situación desesperada cuando ella decidió hacer esto, yo simplemente no sabía como lo manejaría.


Tomé una profunda respiración para calmarme a mi mismo y tranquilizar mis nervios y luego cogí el intercomunicador. ―Cullen,― contesté. ―Hey, Cullen. Jenks aquí. Tengo la información que quería. Espero que éste sea un mejor momento,― dijo él con una insinuación de Yo-sé-porqué-me-colgó-ayer-en-la-noche. Suspiré y eso sonaba descorazonador incluso a mis propios oídos. ―Es un buen momento como cualquier otro,― respondí. Y luego esperé conteniendo el aliento. ―Sí, bueno… ¿tiene alguna pluma y papel a la mano?― preguntó Jenks en su voz de negocios. ―Dispara,― dije mientras agarraba una pluma de mi bolsillo y tomaba un bloc de notas delante de mí. ―Isabella Marie Swan, más conocida como, Bella Swan.― Sí. Como si necesitara que me sea recordado. ―Tiene veintidós años, vive en su casa en Forks, Washington con sus padres, Renée y Charles Swan. Tengo la dirección si usted quiere,― ofreció él. ―¿No es eso por lo que te estoy pagando?― pregunté agitado. Jenks soltó de manera escueta la dirección y luego él se retomó la conversación. ―Los registros de la escuela secundaria muestran que ella era una estudiante de A, pero no pude encontrar ningún registro de que ella alguna vez haya asistido a la universidad.― No estaba sorprendido para nada que ella fuera inteligente, quizás ella necesitaba el dinero para la matrícula. ―También parece que ella no tenía mucha vida social. No es de extrañar con una niña de calificaciones de A. Ellos suelen ser solitarios.― Jódete, Jenks. Yo era uno de esos niños de calificaciones de A, así que sabía malditamente bien que nada podía estar más lejos de la verdad. ―Parece bastante aburrida, si me lo pregunta.― Ah, pero no te lo pregunté, ¿verdad? ―En realidad no había mucho de ella, así que fui investigar a sus amigos.― Llega ya al punto. ―Su padre solía ser jefe de policía hasta que recientemente renunció para quedarse en casa y cuidar de su esposa enferma, Reneé. Reneé Swan es un enfermo terminal, como un enfermo terminal en las puertas de la muerte y necesita un trasplante de corazón,― dijo él y luego se detuvo. Los recuerdos del ataúd de mi madre pasaron ante mis ojos y solté la pluma, de repente perdí el control de mis funciones motrices. Yo había perdido las únicas dos personas que yo alguna vez realmente había amado sobre la faz de este planeta… al mismo tiempo, así que estaba bastante familiarizado con como debía ella estarse sintiendo. Y ella estaba aquí conmigo, en lugar de al lado de su madre. ¿Por qué? Podía oír a Jenks revolver papeles en el fondo y luego él continuó.


―Un, ellos recientemente recibieron una gran cantidad de dinero donada por una fuente anónima. Antes de eso, parece que estaban cayendo…rápido. Muchas facturas médicas, tarjetas de crédito sobregiradas… Jesús, se podría pensar que un seguro de salud pagaría por esta mierda. Pero, de nuevo, si no hay trabajo usualmente eso significa que no hay seguros.― Hijo de perra. ―No hay ningún registro policial de Isabella. Supongo que siendo hija de un policía probablemente te hace caminar por una línea bastante recta. Es eso o mucha mierda se barre bajo la alfombra. Bueno, eso es esto. Es todo lo que tengo― suspiró él y luego espero que yo diga algo. El problema era, que yo no sabía que decir. Mi cerebro estaba todavía procesando el hecho que la madre de Isabella era un enfermo terminal, y por primera vez desde que mi propia madre falleció, quería llorar. ―¿Cullen? ¿Cullen, me escucha?― repitió él. No podía decir nada. Yo estaba ahogándome en el torrente de emociones que de repente se abalanzó sobre mí y amenazó con sobrepasar las paredes de la presa, la que yo había cuidadosamente construído para mantener las emociones bajo control, como si estuvieran hechas de ramas en lugar de 330 metros de hormigón reforzado. El dolor que sentí cuando perdí a mis padres… yo habría hecho lo que fuera por salvarlos si hubiera sido posible. Lo que sea. Apenas siquiera registré colgar el teléfono en mi estado de shock. Isabella había hecho la cosa más desinteresada que cualquier ser humano en la faz de la tierra pudiera pedir de ella. Ella renunció a su propio cuerpo, su propia vida… para salvar a su moribunda madre. Ella era una condenada santa, y yo la había tratado con una esclava sexual. Culpa, como ninguna que haya sentido nunca antes, empezó a corroerme. Porque saber lo que hizo y la razón de porqué lo hizo… eso sólo rompió mi jodido corazón. Capítulo 13: “Me siento ranita” EPOV Salí temprano del trabajo después de enterarme la verdadera razón que Isabella había tenido para ser mi esclava sexual. Simplemente no podía hacerlo; no podía sentarme ahí actuando como si todo estaba bien, dirigiendo una empresa como de costumbre… porque lo que nosotros estábamos haciendo era tan inusual como podría ser. ―Hey, Cullen,― me detuvo Jasper cuando me dirigía hacer la puerta de la oficina exterior. ―¿Vas de salida? ¿Qué pasa?― Sí, probablemente debería decirle algo a mi asistente, ¿verdad? Ven… todo en mi maldita cabeza era un embrollo. Jodidamente inusual. ―Sí, sólo envía mis llamadas al correo de voz. Estoy terminando este día. Si alguien pregunta, tú no sabes donde estoy― respondí. ―Pero, no sé donde estarás. ―Exactamente.


Me volví sobre mis talones y continué mi camino, ignorando la pregunta de Jasper de ―¿Está todo bien?―. No, no todo estaba bien. Y no, no quería hablar sobre eso. Sólo quería revolcarme en mi propia culpa por un tiempo y encontrar una salida para este lío. Sabía que había sólo un lugar donde yo alguna vez iba a conseguir la paz y serenidad que necesitaba para resolver esta mierda, y no iba a dejar que ningún parloteo retrasara mi propósito. Lo que significaba que tenía que ser rudo, y lo fui… con algunos empleados. Pero. ¿Saben qué? No me importó un maldito comino si ellos se sintieron ofendidos porque no sonreí cortésmente cuando ellos preguntaron como estaba y les di el superficial, ―Bien, bien. ¿Y tú?― no me importaba un carajo como ellos estaban, o que el pequeño Johnny tenía una nariz mocosa, o que Susie pertenecía al equipo de porristas o siquiera que Bob finalmente obtuvo ese ascenso. No.me.importaba.un.carajo. Salí del edificio y salté en el primer taxi que respondió mis señas, porque de ninguna manera iba a esperar el aventón con Riley. No quería que nadie sepa donde estaba. ¿Era irresponsable de mi parte no decirle a nadie? Probablemente, pero de nuevo, no me importaba un carajo. Pase un billete de cincuenta por encima del asiento del conductor y dije, ―Al Sunset Memorial,― y nada más. ―Por supuesto, jefe. Oye, ¿no eres tú el chico Cullen? ―Nope. Debe haberme confundido con alguien más,― suspiré y me recosté en el asiento. Por supuesto él sabía que yo estaba mintiéndole. Él acababa de recogerme frente al mismo edificio que le pertenece a ―ese chico Cullen― por Dios santo. Así que, era su culpa que le tuviera que mentir. Él no debería haber preguntado una pregunta tan estúpida. Pronto, el pesado tráfico de Seattle desapareció de la vista y el sol apareció entre las nubes del cargado cielo. Era raro ver los rayos del sol reflejados en la apertura minúscula, especialmente cuando las nubes rodeándolas parecían como que ellos estuvieran a punto de caer una lluvia infernal en cualquier segundo, pero me calmó un poquito cuando seguí las vigas directo al lugar donde me dirigía. La Cripta Cullen. Bueno, supongo que mausoleo es el término correcto, pero Cripta Cullen simplemente suena mejor. De cualquier manera, era el lugar final de descanso de las dos personas que realmente me comprendían, que me amaban por quien era yo… pero, eran unas de las que probablemente iban a salir de esa cosa para golpearme en la parte posterior de la cabeza por lo que me había convertido. ―¿Quiere que lo espere?― preguntó el taxista cuando él se detuvo en el pasillo en la parte inferior de la colina que llevaba a la sepultura de mi familia. ―Nah, estoy bien,― respondí.


―¿Está seguro? Parece como que podría empezar a llover en cualquier momento.― Gracias por el reporte del clima, Al Roker. ―Aun más,― murmuré y luego salí. Una lluvia torrencial combinaría perfectamente con la manera en que me sentía por dentro, de todos modos. No me malinterpreten, yo no era del tipo emo, tampoco estaba para nada cerca de cortarme a mí mismo, pero me sentía como en el jodido infierno. Yo no era de sentir mucha lástima por mí, soy un hombre maldita sea, pero todo -lo que Tanya y Jacob me habían hecho, lo que Jacob continua haciéndome, lo que había sucedido con mis padres, lo que le había hecho a Isabella- todo era simplemente… demasiado. Por Dios santo, le había robado la virginidad a la chica, follado en la parte trasera de un vehículo en movimiento, le había hecho chupar mi polla en medio del vestíbulo, sabiendo que alguien podría entrar y encontrarnos en cualquier momento y lo que le había hecho en mi piano de media cola. Bueno, esa parte probablemente no fue tan mala. Después de todo, ella había incitado esa mierda. Pero yo tenía toda la intención de follarla por el trasero. Jodido infierno. ―Bueno, no me sentiría bien dejándolo aquí sin siquiera alguito para calentar sus huesos,― dijo el taxista mientras se inclinaba a través del asiento y me entregaba una bolsa de papel café con una botella de Jose Cuervo dentro. La favorita de mi padre, ¿Cuan irónico? ―Gracias,― dije, dándole otro billete de cincuenta y tomando la botella. Me dirigí hacia la colina de la cripta familiar y tomé asiento en la banca de mármol enfrente de la puerta. Luego saqué la funda, abrí la parte superior y vertí una buena dosis en el suelo. Después de todo, ¿cuan grosero habría sido yo bebiendo frente del viejo hombre sin ofrecerle un trago? ―Salud,― dije con una inclinación de la botella antes de tomar un trago. Eso me quemó e hice una mueca de dolor; muy parecida a la primera vez que tomé cuando me afané algo del gabinete de licor de mi padre cuando tenía trece. Jacob me había desafiado a hacerlo, y yo no quería quedar como un mariquita, por lo que reprimí la tos de mi cuerpo que había luchado para dar rienda suelta para que él no supiera que yo no era tan duro como perpetraba. Lo gracioso es que cuando Jacob tomó su turno, él tosió esa mierda por la nariz. Podía todavía verlo tapándose las fosas nasales juntas y quejándose sobre cuanto quemaba, como una hora después que sucedió. Tuve que dejar salir una sonrisa por el recuerdo, y luego tomé otro fuerte trago antes de mirar al suelo. Jodido Jacob. Y, jodido yo. Todavía recuerdo la noche que había perdido a mis padres. Por supuesto lo recordaba; yo los había asesinado, así que no era como si alguna vez iba a ser capaz de olvidar esa mierda. Quizás no por mi propia mano, pero no obstante fue mi culpa, y eso me hace un asesino. Jacob y yo habíamos estamos jodiendo, como de costumbre… bebiendo nuestras malditas mentes. Yo creo que Grey Goose fue el culpable de esa noche, y nosotros estuvimos


bebiendo esa mierda como si fuera agua. ¿El reto? Quien bebía una botella más rápido – directamente, sin pausas. No estábamos en lo más mínimo preocupados por un coma etílico, no importaba una mierda que nos fuéramos a graduar al día siguiente y teníamos que estar levantados a la raja nalgar del amanecer. Y ninguno de nosotros estaba en estado para manejar. Mis padres… ellos estaban camino a casa de su noche en la ópera cuando los llamé. Yo sólo quería que ellos enviaran a nuestro chofer para que me recogiera, pero mi padre estaba molesto, mi madre preocupada como siempre. Así que, ellos insistieron en recogernos a Jacob y a mí en su camino a casa. Ellos no lo lograron; algún otro borracho hijo de puta, que había decidido que era una estupenda idea ponerse detrás del volante de un jodido carro, en lugar de llamar por su propio jodido aventón esa noche, impactó a mis padres directamente. Ambos murieron en el acto, firmemente agarrados de las manos en su estado sin vida. Lo supe, porque yo había caminado hacia el accidente cuando vi las luces azul, rojo y blanco. Ellos estaban sólo a tres cuadras de distancia. Gané el concurso, pero fue a un muy alto precio. Eso fue mi culpa, pero lo de la madre de Isabella… esa mierda no era culpa de nadie, especialmente no de Isabella. Ella no era una malcriada y mimada mocosa, que nació con una cuchara de plata en su boca que no tenía idea simplemente de cuán bueno era lo que tenía. Ella no era un agresivo pendejo que pensaba en emborracharse y joder todo lo que tenía eran un par de tetas decentes y un buen trasero esa era la receta para pasarla bien. Así que, ¿por qué era su precio tan alto? Suspiré y miré hacia arriba a las sobrecargadas nubes negras. ―Dime que hacer,― dije, alzando mis manos hacia arriba en desesperación y enviando el tequila a agitarse dentro de la botella. Coincidentemente, las nubes de lluvia encima de mí decidieron dejar la carga que habían estado llevando, por sólo Dios sabe cuanto tiempo, en ese preciso momento. Tuve mi respuesta. Tenía que dejarla ir. Duh, eso ya lo sabía. No necesitaba el eufemismo. Ella necesitaba estar con su madre y su padre. Pero eso era condenadamente más fácil decirlo que hacerlo. Incliné la botella de nuevo, pero antes que el fuego líquido pudiera quemar mi lengua, lancé esa mierda sobre el montículo que se elevaba en la pradera a la izquierda del mausoleo. Lo vi rodar hasta que se detuvo en la parte inferior de la colina y vacié la mayoría de su contenido en el suelo, pero no todo. El simbolismo era asombroso. Isabella era el jugo del diablo, capaz de prender fuego desde adentro para afuera. Siempre que estaba alrededor de ella, mi mente era entumecida y mis pensamientos incoherentes. Y ahora… ella era libre, pero siempre habría una pequeña parte de ella que yo llevaría alrededor de mí. Porque a Isabella Swan no era fácil sacarla de tu sistema, al menos, no del mío. ―¡Mieeeerda!― grité mientras jalaba mi cabello. ―Sólo…mierda. No podía hacerlo. Simplemente… no podía. Me quedé ahí en el cementerio hasta que de nuevo el sol salió. Podrían haber sido horas después, pero realmente no estaba seguro porque el tiempo parecía haberse detenido mientras yo me revolcaba en mi propia culpa. Sabía que estaba congelándome el trasero y ambas piernas estaban entumecidas de no haberme movido de ese lugar en la banca.


Bueno, excepto por la vez que tuve que ir a orinar. Afortunadamente, la lluvia había sólo durado una media hora y estaba completamente seco de nuevo. Ignoré el gruñido de mi estómago, mi reseca boca y el incesante sonar de mi celular. La gente estaba buscándome. Lo sabía. Y era sólo cuestión de tiempo antes que Alice sacara al sabueso para que siguiera mi rastro. Pero el único nombre que destelló el identificador de mi celular que me llamó la atención, fue Isabella. No voy a mentir. Quería contestar la maldita llamada más que nada. Agarré el teléfono al primer timbrazo, lo contemplé al segundo y sostuve fuertemente al tercero que pensé por seguro que iba a romper la maldita cosa. Pero, no lo contesté. ¿Qué demonios le diría? “Así que, contraté un investigador privado para que te investigue a fondo, porque soy un entrometido hijo de puta, que podría tener una ligera tendencia a ser un fanático del control…― maldita sea, ella iba a estar más que molesta cuando descubriera esa mierda. Garantizo esa mierda. ―… y ¿adivina que descubrí? Estás en lo cierto. Sé que vendiste tu cuerpo para pagar el trasplante de corazón de tu moribunda madre, pero voy a quedarme jodidamente contigo sin importar que, porque soy un enfermo y necesito ayuda… mucha y mucha terapia de choques… a mi polla… eso podría ser el truco.” Sí, eso no iba a pasar. Mi teléfono sonó con la familiar notificación que tenía un mensaje de texto y lo cogí. Un pálpito atravesó mi pecho cuando vi que era de Isabella, y antes de darme cuenta, estaba abriendo el mensaje, mi reloj digital me dijo que eran ya pasadas las diez. Mierda, ¿había estado aquí tanto? ¿Dónde estas? Estoy toda sola… en esta gran cama…desnuda. Mi polla se retorció en mi pantalón ante la imagen, ambos lo sabíamos todo muy bien. Cállate. Este lío en el que estamos es todo tu culpa, tu pequeño cachondo hijo de puta-, regañé a mi amigo de toda la vida. Reunión de negocios. No me esperes despierta. Patrañas. Hablé con Alice, pero me alegro que estés vivo. Le dejaré saber. Gracias a Dios ella no iba a presionar más que eso ahora. Por supuesto estaba perfectamente consciente que cuando tuviera que realmente enfrentarla, toda la suerte estaría echada. Pero al menos ella conseguiría sacar a Alice de mi espalda… por el momento, de todos modos. Voy a dormir. Siéntete libre de despertarme cuando llegues a casa… si quieres. ; ) Oh, quiero. Pero no lo haré. Puse mi celular de vuelta en mi bolsillo y volví a contemplar a… a la nada. El fantasma de mi madre no había aparecido a golpearme detrás de la cabeza. El fantasma de mi padre no había salido a reprenderme por desperdiciar un buen Jose Cuervo, o a decirme que me deje de mierdas y deje de actuar como un idiota. No había tenido ninguna gran epifanía, ni


había tomado ningún tipo de decisión de lo que iba hacer. Después de todo, fue una perdida del día…y la noche. Saqué de vuelta mi celular y llamé a mi tío Carlisle. Carlisle era un cardiólogo, el mejor en su área. No sólo eso, sino que él parecía conocer a todo el mundo. Probablemente porque él era una gran seguidor de todo lo que ver con la medicina. Justo como compró el negocio donde el padre de Tanya, Ezra, ejercía. Ese edificio médico respaldado de especialistas de casi todos los campos, y Carlisle era como una esponja, constantemente tratando absorber tanto conocimiento sobre todo lo que pudiera. Sabía que llamarlo era una adivinanza, pero quería que él vea si podía encontrar algo sobre la condición de Reneé Swan y si él podría quizás ayudarla. No había manera que alguien me diera algo de información con todo esa patraña de HIPPA (*) – no que entendiera una palabra de algo de eso e incluso si lo hiciera. Pero Carlisle… él podría hacer lo que sea. Después de hacer mi llamada y por suerte conseguir que Carlisle aceptara ayudarme, llamé a Riley para que me recoja. Era tiempo de ir a casa, y a pesar que me daba miedo de la reacción de mi cuerpo al ver a Isabella, mi corazón lo necesitaba. Riley sabía que era mejor no decir nada camino a casa. Claramente, no estaba de humor para socializar. Cuando llegamos a la casa, entré sin decir una palabra y me dirigí hacia la habitación. Aunque sabía el camino muy bien, igual se sentía como si estuviera siendo empujado en esa dirección por alguna fuerza invisible. Ella estaba ahí, y yo era como un imán atraído a ella. Por primera vez en mucho tiempo, subí a la cama con cada pieza de ropa todavía puesta, excepto por los zapatos por supuesto. Ella estaba dormida, pero volteada hacia mi lado de la cama, su rostro angelical parecía tranquilo a pesar que yo sabía lo que la condenada suerte… y yo… habíamos impuesto sobre ella. Cada molécula de mi cuerpo quería alcanzarla y tocarla, pero no podía… porque yo estaba sucio y ella no. Y no estaba hablando del hecho que había pasado el día en ropa mojada y todavía no me había duchado. No me atrevía a manchar algo tan… inmaculado. Pero mis manchas estaban ya todas sobre ella, ¿verdad? Yo la había tocado por todas partes, sin dejar un centímetro de su perfecta piel sin estropear por mis huellas. Así que, sólo yací ahí y la observé dormir, memorizando cada gesto, viendo su respiración. Y supe en ese momento que nunca la trataría como una esclava sexual de nuevo. BPOV ―¡Pon tu culo en marcha o vamos a llegar tarde!― la voz chillona de Alice fue de repente profunda y más de mando de lo que nunca le había escuchado antes cuando ella me espetaba órdenes desde fuera de la puerta del baño. Yo justo había abierto de un tirón la puerta para decirle que bese mi trasero cuando de repente, un fuerte estruendo sacudió la casa y un meteorito del tamaño de Texas se estrelló contra el techo y aterrizó directamente en la parte superior de la cabeza de Alice antes de salir disparado a través del primer piso y aterrizar con un ruido sordo. Sus pequeños brazos y piernas eran toda la evidencia que podía ver cuando miré hacia abajo a


través del gigantesco hueco en el piso, y no se estaban moviendo – ni siquiera retorciéndose. Ding, dong la perra está muerta. ―¡Bueno, ya era hora!― chilló Alice, sacándome de mi alucinación. El hueco en el techo no estaba, tampoco el hueco en el piso, los escombros y el gigantesco meteoro. Un serio viaje ácido. Debo hacerlo de nuevo. (**) Alice jadeó y luego se quedó… ¿sin habla? Realmente, eso no era nada típico de ella. ―Eres absolutamente… Dios, estoy tan jodidamente celosa de ti en este momento,― dijo ella mientras caminaba alrededor de mí. ―Si la imagen de ti en este vestido no le quita a Edward ese humor suyo de estoy–molesto–con–el–mundo, nada lo hará. Caminé hacia el espejo de cuerpo entero en la parte posterior de la puerta del closet de Edward y me vi. El vestido era grandioso, lo que quedaba de esto, de todas formas. Era de un azul marino de raso, de corte bajo en la espalda hasta por encima de la raja de mi trasero. La parte del pecho era básicamente un fajín que cruzaba sobre mis senos y se envolvía alrededor de mis caderas. Mi estómago estaba desnudo hasta el lugar donde la falda empezaba en mis caderas. Hablando de corte bajo… y la falda podría haber sido de la longitud del piso, pero, ¿qué diferencia hace eso cuando hay una abertura hasta la mitad del muslo? Al menos el material de la falda era holgado y fluido. Alice había recogido mi cabello en una cola alta con un toque francés, pero ella dejó pequeñas mechones de cabello, estratégicamente colocados para que luciera elegante. El maquillaje era mucho más audaz que cualquiera que hubiera hecho yo misma, pero los ojos en tonos grisáceos se me veían bien. Si sólo Gabe pudiera verme ahora… él juraría que yo era una persona totalmente diferente, y quizás él no estaría tan avergonzado de ser visto en público conmigo. Pero tan linda como me sentía, dudo que Edward lo notara. Alice estaba en lo cierto, él parecía estar molesto con el mundo, y no tenía idea cual era la razón. Él no me había tocado desde esa noche en el salón de música; la noche que hicimos la más hermosa música que alguna vez tendría el placer de escuchar, nuestros cuerpos en su piano los únicos instrumentos en la orquesta. Tuve que soltar una risita -resoplada de mí misma porque eso sonada condenadamente cursi, incluso en mi propia cabeza, pero era verdad. Lo echaba de menos. Cuando llegó a casa de su -reunión de negocios- él no me despertó. Inusual en él, desalentador para mí… devastador para la Cooch. Alice me dijo que Jasper le había dicho que él había salido de su oficina como un condenado murciélago sin ningún tipo de indicio de donde era el incendio. Él no respondió sus llamadas, ni siquiera las mías. Supongo que es algo bueno que Dr. Doom no se haya presentado y abierto un portal a otra dimensión justo en medio de la sala de estar de Edward, porque él seguro como los demonios no habría estado aquí para hacer una maldita cosa al respecto. Si él sacaba esa mierda de nuevo, iba a forzarlo a invertir en esa ridículamente gran luz como la que el alcalde de Ciudad Gótica tenía… sólo que está destellaría en su lugar la insignia de La


Pollaward Colosal. Sólo imagínenlo… un gigantesco pene con una capa ondeando en un cielo completamente negro. ¡Jodidamente épico! Súper Cooch quería saber donde demonios estaba la luz. Después de todo, ella había estado llevando a cabo algunas proezas excepcionales, considerando cuan desentrenada había estado ella cuando empezamos esta actuación. ―¿Me escuchaste?― preguntó Alice en ese tono de hoooooooollllaaaaa. Oh cierto, soñando despierta de nuevo. Nota a mí misma: Averiguar si Gabe alguna vez realmente echó algo de ácido en mis bebidas. ―Um, ¿sí?― pregunté en lugar de afirmar. ―¿Qué dije?― Alice tenía sus manos en las caderas y su cabeza inclinada a un lado con la mirada de estás–en–un–gran–problema–si–no–sales–con–la– respuesta–correcta. ―Edward perderá su visión porque el vestido le quitará el mal humor a Edward y él escribirá al mundo en su testamento,― repetí. Okay, así que quizás no estaba atinando, pero tenía que estar cerca, ¿verdad? ―Realmente te odio con un carajo a veces,― dijo ella entrecerrando los ojos, sabiendo que ella estaba mintiendo a través de sus perfectos dientes. ―Ponte los zapatos. Los chicos están esperando. Me deslicé en mis zapatos y agarré mi sobre-cartera antes de seguir a la pequeña Chihuahua ladrando en la puerta y el primer par de escalones. Me detuve cuando llegué al primer nivel, en un silencio atónito cuando vi a Edward. Él estaba engalanado de pies a cabeza. Esmoquin negro, chaleco azul marino, camisa de vestir blanca, zapatos negros, cabello en total desorden. Yummy. Ese esmoquin lo hacía lucir tan poderoso, que comencé a preguntarme si quizás era el mismo que Jackie Chan usó en esa película donde el traje le daba todo tipo de habilidades que él no había tenido antes de ponérselo. Sólo que, vamos… todos sabemos que Jackie Chan con toda seguridad no necesita alguna mierda de 007 para patear traseros. Y tampoco lo necesita Edward. Levantó su mirada aterrizando donde estaba yo de pie y se volteó antes de hacer una doble toma, volteando de golpe su cabeza en mi dirección. Ah, así que si llamé su atención después de todo. Él sonrió torpemente mientras yo bajaba las escaleras y pasó sus manos por su cabello antes de tomar mi mano. ―Te ves... impresionante,― dijo él y luego besó el dorso de mi mano como un verdadero ʻPríncipe Encantadorʼ. Justo en ese momento me di cuenta cuanto en común teníamos Cenicienta y yo. Como Cenicienta, yo sólo era una chica de la clase obrera viviendo una hermosa fantasía. Sólo que en lugar de una Hada Madrina, yo tenía un contrato de cinco años. La sonrisa de Edward se ensanchó cuando vio el brazalete Cullen en mi muñeca y de repente, él soltó mi mano y su sonrisa desapareció. Luego aclaró su garganta con torpeza y metió sus manos en sus bolsillos antes de decir,


―Okay, creo que debemos irnos.― Alice aclaró su garganta, a su vez -totalmente discreta, sí claro- y cuando Edward miró en su dirección, ella rápidamente inclinó su cabeza hacia mí mientras daba palmaditas a su garganta. ―¡Oh!― dijo Edward, finalmente entendiendo la indirecta. ―Tengo alguito para ti.― Metió la mano en su bolsillo y sacó una fina cadena de plata. Cuando él la levantó, pude ver un sencillo diamante colgando del centro. ―Oh, Edward. No deberías haberte–―Jesús, incluso sonaba como Cenicienta, pero eso es lo que el hombre me hacía. Edward se encogió de hombros, pero no me miró. En lugar de eso, él enfocó su atención en el broche de la cadena. ―No es realmente gran cosa. Tú mereces…― suspiró y finalmente levantó su cabeza con una mirada de seguridad en sus ojos, ―…muchísimo más. Okay, así que eso fue raro. Especialmente considerando la forma en que él había estando tratándome como si yo tuviese la peste por los últimos días. Edward caminó detrás de mí y apenas rozó la piel desnuda de mi espalda con su pecho mientras abrochaba el collar. Antes de alejarse, sus dedos recorrieron mis hombros desnudos, enviando escalofríos bajo mi espina dorsal. Puse mi mano en su antebrazo para detenerlo de alejarse. ―Gracias,― susurré, y luego me puse de puntilla y besé suavemente sus labios. Cuando di un paso hacia atrás, noté los músculos de su mandíbula tensarse como si estuviera rechinando sus dientes. Quiero decir, realmente no sé cual era su jodido problema. Hasta ayer, él había estado sobre mí como si no pudiera tener lo suficiente. Y ahora… un giro de 180 grados. No sabía si él estaba disgustado conmigo, si había hecho algo para molestarlo o que. Pero sí sabía una cosa… ciertamente él estaba empezando a fastidiarme. Luego, quizás ese era el punto. Desde que descubrí lo de Tanya, yo había estado tratando de poner mi lado perra a un lado y ser agradable. Quizás a él no le gustaba ese lado de mí. Después de todo, él realmente parecía antes excitarle yo siendo una perra. Tal vez él no había cambiado. Tal vez yo era quién lo había hecho, y la nueva yo simplemente no funcionaba igual con él. Muy bien. Metí mi barbilla, solté mi mando de brazo y me dirigí a la puerta. Y luego me di cuenta que nadie estaba siguiéndome. Así que. Me volteé, los mire y dije, ―¿Bueno? ¿Qué están esperando? Vamos a terminar con esto. El camino en la limosina fue… tranquilo. Alice y Jasper habían ido por su cuenta al baile, sólo en caso que sean ellos o nosotros lo que queramos irnos temprano. Edward se sentó a un lado de la limosina, fumando un cigarrillo mientras miraba por la ventana. Traducción: él estaba torturándome con todo su vibra de mírame–hacerle–el–amor–a–este–cigarrillo– mientras–te–ignoro.


Y luego la verdadera tortura empezó. Personas. Montones y montones de personas. Y cámaras. Los flashes saltaban por todos lados mientras caminábamos por la alfombra roja del Four Seasons, la gente estaba gritando y empujando, luchando por un puesto para obtener una mejor toma… y ¿el centro de atención? Edward hijodeperra Cullen… y su cita. Mantuve mi cara ocultada detrás de sus amplios hombros o simplemente mirando hacia otro lado. Edward mantuvo su brazo alrededor de mi cintura mientras él sonreía y posaba, saludando a tanta gente… ignorando completamente la sagaz pregunta, ―¿Quién es la hermosa mujer en tu brazo esta noche, Edward?― hasta que finalmente, salimos del caos y dentro donde la fiesta estaba en todo su apogeo. Me sentí aliviada, pero luego Alice tomó su lugar a mi lado y dijo, ―¿Estás lista para entrar? ―¿Pensé que estábamos dentro?― pregunté mirando alrededor. ―Niña tonta. Este…― dijo ella mientras abría un par de puertas dobles, ―Es el baile de Scarlet Lotus. Wow. El lugar era enorme, no que estaba sorprendida. Todo lo que Edward hacía era enorme, incluyendo a Edward mismo. Había flores de loto rojas por todos lados; flotando en cuencos de cristal llenos de agua y velas en ramos de flores… por todas partes. Banderas de seda roja colgando del techo, mesas vestidas de rojo, lazos rojos… parecía como que una hermosa masacre había tenido lugar en el salón. Y las personas estaban simplemente muy animadas y alegres, muy malditamente alegres. ―Bienvenida a mi mundo,― susurró Edward en mi oído antes de tomar mi codo y guiarme a través de la multitud. ―Hay algunas personas que quiero que conozcas. ―¡Edward! Estaba esperando por ti,― gritó esta pequeña morocha saltarina mientras ella se sentaba a su lado. Si me preguntan, ella parecía que ya había bebido demasiadas mimosas ―Oh, ¿trajiste una cita? No sabía que estabas saliendo con alguien. ―Jessica, sólo porque estamos fuera de la oficina, eso no significa que yo deje de ser el Sr. Cullen,― le dijo Edward en un tono firme y de superioridad. Justo entonces, un mesero se acercó con una bandeja de copas de champán. Él agarró una y me la entregó y luego tomó otra para él. ―Oh, claro. Lo siento,― dijo ella, su murmullo parecía victimatizado. Ella me miró de arriba abajo con ojo escrutador y luego arrugo la nariz. ―¿Quién es ella? ―Ella… no es asunto suyo. Ahora, vaya y busque otro trago, señorita Stanley,― la despidió con un gesto de su mano. Ella me dio la mirada del mal de ojo por última vez y luego yo me incliné hacia Edward con una adorable sonrisa en mi rostro. Jódete. Tomé mi bebida porque si la señorita Stanley era una indicación de cómo la noche iba a ser, mujeres arrojándose a mi hombre, entonces realmente iba a necesitarlo. Si yo estaba descerebrada, tal vez no lo notaría mucho.


―¡Oh! ¡Ahí están Rosalie y Emmett!― chilló Alice, apuntando hacia una magnifica pareja a sólo unos cuantos metros de distancia. Logré agarrar otra copa de champán antes que ella agarrara mi muñeca y prácticamente tirara de mi brazo de la articulación mientras nos dirigíamos a la pareja más grandiosa del mundo. Edward fue detenido por algunos ejecutivos, pero Alice, como la decidida pequeña mierda que era, simplemente continuó su camino. ―¡Rose!― chilló Alice cuando finalmente soltó mi brazo y corrió hacia la rubia de piernas largas y la abrazó. Esta chica era la completa definición de bomba rubia; como una hermosa y escultural mujer, buen bronceado, grandes tetas, cintura pequeña, labios rojos. Casi esperaba escuchar a The Commodores irrumpiendo la música de elevador (instrumental) que estaban tocando. ―¡Oh, Emmett!― el gigantesco hombre a su lado dijo en una voz femenina, burlándose de Alice mientras él batía sus pestañas y agitaba sus muñecas en el aire, más o menos de la misma forma que Gabe siempre hacía. ―Yo también te he echado de menos, y eres mi persona favorita. ¡ooh! ¡Déjame meterte mano a ti también!― Alice liberó el abrazo con la escultural mujer y se quedó mirándolo hacia abajo mientras dicha escultural mujer lo golpeó en la parte posterior de su cabeza. ―No seas idiota, Em. Tenemos compañía,― dijo ella, señalando hacia a mí con una mirada curiosa. ―Oh, sí... esta es… ―Isabella... mi Isabella,― la interrumpió Edward, de repente apareciendo como de la nada. Él envolvió su brazo alrededor de mi cintura y me atrajo a él de manera posesiva. ―Isabella, esa es mi prima favorita, Rosalie McCarty, y su esposo, Emmett. ―Tú puedes llamarme El Dulce Gigante,― dijo Emmett. ―Él es el principal tacleador de los Gigantes de Nueva York,― clarificó Edward. ―Malditamente cierto,― se jactó Emmett, inflando su pecho hacia fuera. ―Rosalie es su agente patea –huevos-, continuó Edward con un asentimiento en dirección a ella. ―Creo que ella rompe sus bolas más de lo que hace cualquiera otro de los negociadores chupasangre. ―Alguien tiene que mantenerlo a raya. Además, a él le gustan las cosas rudas,― sonrió Rosalie con suficiencia. ―Encantada de conocerte,― dije mientras ofrecía mi mano hacia Rosalie en señal de saludo. ―Edward me dijo… absolutamente nada de ti,― reí torpemente. ―Igual― dijo Rosalie, estrechando mi mano. Uno podría pensar que todo el –Igual- era un poco en relación al gesto de cortesía, pero tenía la sensación que ella lo dijo en serio como respuesta para ambas cosas -Edward no le había dicho nada de mí tampoco, lo que tenía sentido, sólo que no para ellos.


―¿Así que, Anthony? ¿Has visto a Mamá y Papá?― preguntó ella a Edward. Miré a Edward con las cejas levantadas interrogantes. ¿Anthony? Él supo de inmediato que significaba esa mirada. Él rodó sus ojos avergonzado antes de encogerse de hombros y decir. ―Todos en mi familia siempre me han llamado por mi segundo nombre. Era sólo la manera más fácil de diferenciarnos entre mi padre y yo sin tener que llamarnos Edward Senior y Edward Junior. ―Oh sí, por supuesto,― dije con una expresión de obvio. Y luego sorbí la mitad de mi copa de champán. Ven, pequeñas cosas como, el cómo te llama tu familia, es probablemente una buena parte de la información para compartir con la mujer que pretendes haber conocido por siglos, idiota. ―Y, no, Rose, todavía no los he visto,― dijo él, intentando de mirar a su alrededor como si tratara de rectificar esa situación. ―Bueno, ellos están por ahí. Estoy segura que eventualmente vendrán para acá,― dijo ella con ademán de indiferencia. ―Tú sabes como puede ser papi en esos eventos. Emmett, Jasper y Edward empezaron una conversación sobre algún equipo deportivo, a lo que yo estaba prestando absolutamente nada de atención porque Edward estaba haciendo círculos en la parte baja de mi espalda con su pulgar, mientras su dedo meñique descendiendo debajo de mi vestido en la hendidura de mi trasero. Alice y Rosalie estaban conversando sobre esa chica, Jessica, y sobre algunas otras putas de la compañía -sus palabras, no mías, a pesar que podrían haber sido mías- estaban vistiendo. Me preocupé de mí misma con el juego de veamos si puedo beber todo mi champán antes de que la siguiente bandeja llegue con más y yo estaba ganando. Una verdadera hazaña, claro está. Había montones y montones de bandejas. ―Tómalo con calma, nena,― Edward se inclinó y lo susurró en mi oído. Y… mi cabeza estaba empañándose. Gracioso, sólo había bebido cuatro, tal vez cinco copas de champan, y yo estaba bien. Pero él hombre me llamó nena, y de repente estaba claramente ebria. ―Tengo que hacer pis,― dije sin querer, sonando exactamente como Putter de la Leyenda de Billie Jean, y yo no soy ni siquiera del sur. Rosalie se rió. ―Creo que me gusta, Anthony,― dijo ella mientras yo me volteaba hacia ella. ―Vamos, Ali. Parece que debemos ir a golpear la cabeza ―Te lo juro, Rosalie,― dijo ella con desaprobación frunciendo el ceño y se volvió hacia mí. ―Ella puede parecer como una debutante, pero no dejes que eso te engañe. Es ruda, cruda debajo de todo esa brillo y glamour. ―Esa es mi chica,― se jactó Emmett mientras le daba una nalgada y la enviaba en su camino.


―Vuelve pronto,― la voz ronca de Edward flotó a través de la sensible piel detrás de mi oído. ―Te quiero a mi lado toda la noche.― Él presionó sus suaves labios contra mi cuello discretamente, pero yo definitivamente sentí ese beso y me derretí como mantequilla sobre una pila de panqueques. ―Jesús, Anthony. Sólo vamos al maldito baño. Prometo no espantarla,― dijo Rosalie rodando sus ojos. ―Buena suerte con eso,― se burló él. ―Creo que encontrarás que Isabella es bastante capaz de resistirse a tu gracioso encanto. ―Jódete,― replicó Rosalie. ―Yo también te quiero, Prima,― sonrió Edward y luego me guiñó un ojo antes de tomar un sorbo de su champán y volverse hacia los chicos. Mientras nos dirigíamos a travesando del lleno salón al tocador de damas, Rosalie se detuvo en seco. ―Miren al perro arrastrado― dijo ella en voz baja mientras ella señalaba con la cabeza a nuestra derecha. Estaba un gigantesco hombre con el cabello corto negro, piel de cama de bronceado y dientes súper brillantes de pie en el medio una multitud de gente. Estoy bastante segura que incluso podría haber visto un pequeño destello brillante en uno de esos increíblemente afilados colmillos. No jodas, podía ver los puntos de estos chicos malos a través de la sala. Él ciertamente poseía una gran cantidad de magnetismo animal, lo que era justo, supongo. ―Bueno, él es lindo… si te gusta todo eso del Ken Wolverine de la Barbie,― dije con un bufido, ―¿Quién es él? ―Jacob,― se mofó Rosalie. ―Jacob, ¿quién? Alice se inclinó hacia un lado como si estuviera a punto de decirme un pequeño y sucio secreto, ―Jacob, él mejor amigo de Edward que se folló el trasero de Tanya en su tina de baño, Jacob, ese mismo.― Di un grito ahogado, y luego me puse caliente de manera imposible… bajo el collar, definitivamente no bajo la falda. ―Él también es el socio de Anthony― murmuró Rosalie, empujando la puerta del baño. ―Ha tratado que Anthony renuncie a su parte de las acciones de Scarlet Lotus desde que mis tíos fallecieron, él hijo de perra… Y así mi historia de amor con Rosalie McCarty comenzó…


―Espera, ¿Los padres de Edward murieron?― pregunté, antes de darme cuenta que probablemente debería haber sabido eso también, pero yo estaba simplemente muy… impactada. Él jamás había hablado de ellos antes. ―Sí, un accidente automovilístico,― respondió Rosalie. ―Él nunca habla de eso, por lo que realmente no me sorprende que no lo sepas. La expresión de Alice era solemne. ―Él perdió a ambos al mismo tiempo, y eso lo ha torturado desde entonces, así que no saques el tema con él. Cuándo él esté listo, él te lo dirá ¿okay? ―Sí, okay,― dije aturdida justo cuando Rosalie abría la puerta del baño para mí. ―Apresura tu trasero. Necesito ir por mi bebida. Deben amar la barra libre.― Ella rió. Me encargué de mi asunto mientras Rosalie y Alice se dejaban llevar en su conversación. Tener bebés era su tema de elección; Alice quería uno, pero Jasper no estaba tan listo; Emmett quería uno, pero Rosalie se rehusaba a estar descalza y embarazada mientras ponía su carrera en la línea de fuego. ―¿Qué hay sobre ti y Edward, Isabella?― preguntó Rosalie mientras me abría la puerta del baño. ―Um,― dudé y me acerqué a los lavabos para lavar mis manos. ¿Cómo se supone que contesto eso? ―Bella,― interrumpió Alice. ―A ella le gusta ser llamada Bella. ¿Verdad? ―Sí, sólo Bella,― dije yo con una sonrisa preocupada. ―Y, um, Edward y yo no hemos hablado sobre bebés. Quiero decir, realmente nosotros no estamos…ahí… en nuestra relación, ―Mmhmm, ya veo,― dijo Rosalie. ―Bueno, sólo seamos directas y salgamos de esto, ¿de acuerdo? Cerré el grifo y sequé mis manos. ―¿Qué exactamente significa esto? ―Mira, Bella. Edward no tiene madre, padre, ni hermanos. Así que toda la mierda de advertencia sobreprotectora cae sobre mis hombros,― empezó ella.―Realmente no te conozco, pero por mi primera impresión, me gustas. Pero debes saber esto… si lastimas a mi primo, voy a patear tu trasero. Y cuando digo que voy a patear tu trasero, quiero decir que tú necesitaras un trasplante de trasero para el momento en que haya terminado contigo. ¿Está claro? Tiré mi toalla de papel en el cesto de la basura y puse mis manos en mis caderas mientras me enfrentaba a ella. Alice dio un paso hacia atrás porque ella era una chica lista. ―Me parece justo,― empecé. ―Pero tú… debes saber esto… amo a ese hombre más de lo que alguna vez pensé podría amar a otro ser humano, incondicional e irrevocablemente,―


me di cuenta, que no era para nada una mentira. ―Y si alguien tiene que preocuparse por salir con el corazón roto en este trato, soy yo. Pero, si la mierda se interpone entre Edward y yo, y tú sientes la necesidad de patear mi trasero, entonces lo tienes, hazlo. Lo único que digo es que, yo no estoy intimidada por ti. Así que, si alguna vez te sientes ranita… salta. Alice respiró profundo y en realidad pude escucharla tragar el nudo en la garganta. Mantuve mi mirada intensa, sin vacilar mientras enfrentaba a la Amazona de mujer que muy probablemente podía haber pateado mi trasero, pero no iba a dar marcha atrás. Eso sería una muestra de debilidad y a pesar que me sentía condenadamente vulnerable en lo que respecta a Edward, yo, ciertamente no era una persona débil por naturaleza. El ceño de Rosalie se soltó y una de las comisuras de su boca se levantó en una sonrisa, la sonrisa de suficiencia de Edward. ―Juro por Dios, que si no estuviera ya casada, tú y yo nos fugaríamos esta noche.― Sonreí en respuesta y Alice dejó escapar el aire que estaba reteniendo. ―Ustedes dos son una pareja hecha en el cielo,― suspiró ella. ―Ahora, estoy extrañando a mi Jazzie, así que ya terminaron de ver cuales ovarios son más grandes que los otros, ¿podemos volver con nuestros hombres? ―Por supuesto,― dijo Rosalie, entrelazando su brazo con el mío. ―Los míos son más grandes por cierto. ―Bueno, eso estará por verse,― dije mientras atravesábamos la puerta. ―Voy a sacarlos rápidamente aquí y ahora,― amenazó ella con una sonrisa. Mi sonrisa cayó inmediatamente cuando el mar de gente frente a nosotros se separó y alcancé a ver a Edward. Él estaba de pie frente a un hombre mayor, rubio que era muy guapo en una manera de papá–que–me–gustaría–follar, y él estaba sonriendo y asintiendo. Pero lo que hizo mi estómago revolverse en nudos fue la mujer colgando del brazo de Edward. Pegada como si ella fuera parte de su vestuario y perteneciera ahí, era una mujer alta, de cabello color rubio fresa que me recordaba bastante a Ginger de la Isla de Gilligan. Era material de estrella de cine, y parecía que ella también lo sabía. ―Por favor, dime que esa es tu hermana, Rosalie,― me atraganté. ―Cierra tu sucia y puta boca, perra,― se mofó ella. ―Esa mujerzuela sólo desea compartir la misma piscina de genes. ―¿Entonces quien coño es ella? ―Esa… sería Tanya,― respondió Alice. ―Más…conocida…como… el pulpo. Dicen por ahí que ella folló con ocho hombres al mismo tiempo, después que ella y Edward terminaron, por supuesto. No me preguntes como hizo esa mierda. ―¿El pulpo, huh? supongo que eso explica porque ella tiene sus viscosos tentáculos sobre mi hombre,― dije, viendo todo rojo… y la verdad es que, un poco de verde. Mi mente empezó a reproducir todo tipo de imágenes de Mortal Kombat, y estoy bastante segura que la perra no quería que le lleve todos los poderes de Scorpion a su culo.


―¿Quieres que la pateé? He estado con ganas de cortar a esa perra por una ridícula cantidad de tiempo,― ofreció Rosalie. Realmente adoraba a Rosalie. Ella estaba rápidamente convirtiéndose en mi hermana de otra madre. ―No, gracias, Rose. Yo me encargo de esto,― dije mientras tiraba mis hombros hacia atrás y me dirigía hacia mi hombre. ―Ribbit, ribbit,― escuché su risa desde atrás. (*)n/t HIPPA – ley de portabilidad y responsabilidad de seguro de salud – protege la cobertura del seguro médico cuando los trabajadores cambian o pierden sus trabajos (**)n/t un viaje ácido es el estado que produce el consumo de la droga LSD donde por ejemplo crees que puedes volar y saltas de un edificio confiado de que vuelas bajo los efectos de la droga. Obvio los resultados son trágicos.

Capítulo 14: ―La rotura de la presa― EPOV Joder, yo odiaba a esa perra de Tanya. Mientras estaba ahí de pie con mi tío Carlisle y tía Esme, no había nada que pudiera hacer al respecto de la no deseada, ni solicitada atención de Tanya. Excepto beber más, rápidamente… para que mi cuerpo con fortuna se adormeciera y no fuera consciente de su repulsivo toque. Necesitaría restregarme con un estropajo SOS o algo así tan pronto llegue a casa. No mucho después que Isabella -que lucía exquisita en ese vestido, por cierto- desapareció con Rosalie y Alice al baño, la perra había venido directo a donde yo estaba parado. Como que si yo estuviera realmente mordiéndome las uñas, esperando por verla de nuevo. Por el contrario, se me escapó totalmente de la cabeza que esa era una posibilidad, pero como lo dije antes, mi mente simplemente no había estado nada acertada desde que Isabella entró en mi vida. ―Oh, jódeme.― Había suspirado Jasper cuando algo detrás de mí llamó su atención. Por supuesto tuve que voltearme para ver cual era todo el alboroto, pero tan pronto como lo hice, desee no lo hubiera hecho. ―Bueno, como que vivo y respiro… Edward Cullen,― retumbó el familiar sonido de la voz de mi ex. Ella estaba esforzándose demasiado por sonar sensual y eso no le iba a ella…para nada. Podría haber lucido bien, pero no lo sabría porque todo lo que podía ver era a ella inclinada mientras su ano era bombeado repetidamente por la polla de Jacob desde atrás. Culo de puta desagradable.


―Bueno, como que me sofoco y espero morir… Tanya jodida Denali,― contesté en tono de aburrimiento. ―Aw, se agradable, Eddie, y yo podría darte una segunda oportunidad para cuando termine la noche.― Como si alguna vez yo fuera a volver a ese camino otra vez. ―Jódete,― dije simplemente mientras le daba la espalda. ―Ese es el plan… Ella sonaba tan segura que esa mierda iba a pasar que todo lo que pude hacer fue burlarme y terminarme mi champán. Iba a necesitar algo más fuerte para soportar la noche. ―¿Qué estás haciendo aquí, puta? ―Cuida tu boca, Cullen. Es mi cita a quien estás insultando,― dijo la impulsiva ególatra voz de Jacob mientras él se aproximaba a nuestro pequeño clan y deslizaba sus brazos alrededor de la cintura de Tanya desde atrás. ―Te dije que ella era todo un espectáculo. Jodidamente grandioso. Mi vida se sigue poniendo cada vez mejor y mejor. Hubiera apostado mi huevo izquierdo que lo que él espera obtener con ese pequeño movimiento de superioridad era una condenada reacción fuera de mí, una que fuera explosiva y perjudicial para mi posición en la compañía. Él esperaba que yo le sacara la puta en medio del salón lleno no sólo de empleados, sino de clientes – ambos actuales y potenciales– sin mencionar a los miembro de la junta directiva. Ese era un buen plan, pero no tenía ninguna oportunidad ni con Germ–X por una puta de la talla de Tanya Denali. De ninguna condenada manera iba a darle la satisfacción. Así que, apreté mis dientes y forcé una sonrisa. ―Te ves bien esta noche, Jacob ¿dónde conseguiste el esmoquin? ¿Buttfuckersr Us? O ¿fue en Emporio de traidores ?― pregunté sarcástico. Dándoles crédito, Emmett y Jasper hicieron todo lo posible para cubrir sus risas. ―Muy ingenioso. ¿Elaboraste todo eso tu mismo, o tu novia te ayudó? Oh, espera…cierto. Tu novia está conmigo.― La detestable risa de Jacob me hizo apretar todos mis músculos para evitar sacarle la mierda a golpes. ―Voy al bar a conseguir un verdadero trago. ¿Quieres venir, bebé? ―No, gracias. Creo que sólo voy a pasar el rato aquí y hablar de los viejos tiempos con Eddie,― respondió Tanya, manteniendo sus ojos pegados a mí. No que yo la haya estado mirando en respuesta; sólo que podía sentir su ojos desvistiéndome. Sí, no voy por ese camino de nuevo, perra. Tuviste tu oportunidad. Y la tomaste por el culo. Literalmente. Carlisle y Esme se unieron a nuestra asamblea, terminando efectivamente nuestra pequeña conversación privada y enviándome catapultadamente en un oscuro y profundo hoyo sin fondo en el que me encontraba atrapado. Mi tío y tía jamás aprobarían que abofetee a la prostituta.


―Anthony,― canturreó mi tía Esme en su tuno maternal. Ella prácticamente se deslizó hacia mí y envolvió sus brazos alrededor de mí para un abrazo. ―Dichosos los ojos que te pueden ver. ―Tía Esme,― sonreí ampliamente mientras ella se alejaba. ―Estoy tan contento que pudieran venir. ―¿Dónde más estaría? Tú sabes como es tu tío con estas cosas,― dijo ella mientras levantaba su mirada hacia mi tío con adoración. ―Anthony,― me saludó él con una inclinación de la cabeza y una palmada amistosa en el hombro. ―Espero que te estés comportando esta noche,― dijo él mientras lanzaba una mirada rápida a Tanya. Sí, ellos sabían sobre la mierda que pasó entre nosotros, pero ellos eran excelentes en mantener la clase. Verán, mi tío Carlisle era un tipo de no– arrojar–mierdas y de actúa– según–tu–edad. Mi tía Esme, tan elegante como era… me recordaba mucho a mi madre, y como mi madre, ella no dudaría en poner de un tirón mi trasero en línea si siquiera yo pensaba en -montar una escena-. Sentía que tenía quince años de nuevo alrededor de estos dos. Era un hombre ridículamente adulto; sabía eso, pero el respeto por el único vínculo que tenía con mis padres me hacía inclinarme como si ellos fueran de la realeza. Porque ellos jodidamente lo eran, en mi opinión. Además, yo necesitaba esa información de Carlisle, y no iba a conseguirla haciendo el ridículo con todos. Por lo que, mordí mi lengua y mantuve mi trasero en línea… y Tanya se aprovechó de eso, justo como esperaba. Por lo tanto, el profundo y oscuro hoyo sin fondo sirvió como mi prisión personal en ese momento. ―Por supuesto,― asentí con una inocente sonrisa. ―Anthony y yo justo estábamos rememorando los buenos viejos tiempos,― zureó Tanya mientras envolvía sus brazos alrededor de mí e inclinándose a mi lado. La perra estaba dándose bombo, incluso llamándome por el nombre de mi familia como si ella fuera parte de esta, lo que ella malditamente no era. ―¿Me pregunto que les estará tomando tanto tiempo a las chicas?― tomó la palabra Jasper, haciendo su mejor esfuerzo por cambiar el tema. Joder. Si Isabella salía y veía a Tanya colgando de mí en ese momento… me estremecí al pensar en el resultado. Especialmente si la manera en que ella reaccionó a Fernanda era un indicador. Seríamos afortunados si todo el edificio no quedaba en una pila de escombros y cenizas para cuando ella haya terminado con todo su aliento de fuego de Godzilla en el lugar. Ya era tiempo que Isabella saliera del baño con Rosalie y Alice… instigadoras por naturaleza, estas dos, lo cual no presagiaba nada bueno para mí.


Ellas estaban riendo al principio, hasta que miraron hacia arriba y… Querido Dios, por favor, sólo permíteme mantener mis bolas…a juzgar por la feroz expresión de su rostro, tenía toda razón en tener pánico. Así que me aterroricé… por dentro, porque mostrar debilidad sólo haría las cosas peor. No podía hacer nada más que ver y esperar mientras que Rosalie y Alice dejaban a Bella a un lado y continuaban su camino, dándole a Tanya una mirada diabólica en todo su camino, pero mi nena del millón de dólares no avanzó. En su lugar ella… ¿Qué carajos estaba haciendo ella?... ¡Oh, diablos no! BPOV ―¿Quieres que la pateé? He estado con ganas de cortar a esa perra por una ridícula cantidad de tiempo,― ofreció Rosalie. Realmente adoraba a Rosalie. Ella estaba rápidamente convirtiéndose en mi hermana de otra madre. ―No, gracias, Rose. Yo me encargo de esto,― dije mientras tiraba mis hombros hacia atrás y me dirigía hacia mi hombre. ―Ribbit, ribbit,― escuche su risa desde atrás. Puse mi ojos en mi objetivo: Edward Anthony Cullen – más conocido como: Rey del Dedo Follador, más conocido como: Pollaward Colosal, más conocido como: Ridículo y la lista sigue y sigue, pero su más nuevo alias… Rey de Estoy–a–punto–de–quedarme–sin–huevos. Mi mente estaba enfocada, mi determinación fijada, y mis niñas estaban luciendo alegres y redondas. Él era mío y de ninguna condenada manera iba a dejar que esa zorra hunda sus garras en él. Tanya tuvo su oportunidad, y no la aprovechó. Era tiempo que ella se diera cuenta a lo que renunció, y con fortuna, Edward no sería lo suficientemente estúpido para regresar a ese camino otra vez. ―¡Bella, espera!― dijo Alice en un apresurado susurro mientras corría y tiraba de mí. ―Carlisle está ahí. ―¿Y? ―Tanya es la hija de Ezra, como el Dr. Ezra Denali― ella inclinó su cabeza y estiró sus manos, esperanzada en que entendiera el punto. ―El padre de Tanya es uno de los colegas más cercanos de Carlisle, sin mencionar un muy viejo amigo de la familia. No puedes sólo entrar ahí y agarrar a su hija por el cabello y sacarle la mierda a golpes justo frente a él. ―Alice, dame algo de crédito,― dije con las manos en mis caderas. ―No iba a golpear, a menos que ella forzara mi mano… o puño. ―Por mucho que odie admitirlo, ella está en lo cierto,― dijo Rosalie con voz descontenta. ―No puedes ir a encender su culo, tipo Rambella. Papá tendrá un completo ataque. Y tú no querrás hacer una escena delante de todo el mundo con el que trabaja Anthony. Tan entretenido como podría ser, no se vería bien en él y probablemente sólo resulte a favor de Jacob Black. Él bastardo ha estado con muchas ganas de encontrar la forma de forzar a Anthony a salir de la compañía desde que ellos la heredaron de sus padres. A pesar que todos sabemos que Anthony es quien hace todo el trabajo.


―Además, ese vestido es demasiado caro para ser arruinado con alguien de la talla de Tanya Denali,― añadió Alice. ―Mátala con gentileza, nenita,― sugirió Rose. ―Y probablemente no pasaría nada si tu le mandas una mano o dos a Anthony en el proceso. Tú sabes, sólo para recordarle a quien pertenece. ―Ese era el plan, Rose. Pero, al parecer, Edward parece estar bastante bien con la zorra que le manda mano en este momento.― Iba a patear su trasero tan pronto como haya terminado con Tanya. Quiero decir, ¿Qué vergüenza? Él es mi cita y está dejando que venga una zorra traga pollas y se cuelgue sobre él como una segunda piel. Pero de nuevo, él alguna vez la amó, así que quizás él sólo estaba tratando de ¿volver a encender la llama? Y ¿Dónde me deja eso a mí? Después de todo, Tanya puede estar actuando en el papel de puta, pero yo era quien la interpretaba en la vida real. Alice se paró frente a mí y me agarró ambos hombros, dándome una pequeña sacudida para que la mirara a ella y no al espectáculo de porno gratis que estaba al otro lado del salón. Okay, tal vez eso era una exageración, pero así era como yo lo veía. ―Bella, conozco a Edward. Él no está disfrutando para nada todo el toqueteo de la mujerzuela en este momento. Él simplemente está haciéndolo por mantener las meras apariencias. Probablemente está haciendo todo lo que puede por no vomitar la cena. Por lo tanto, tómalo con calma con él y dale el beneficio de la duda. ¿Okay? ―Sí, okay,― mentí. No iba a hacer una escena, pero estaba condenadamente segura que iba hacer notar mi presencia… con dignidad y clase. Y si Edward tenía un problema con eso, entonces ese era su problema a resolver. Todo lo que mi cerebro estaba procesando era que las manos de Tanya estaban por todo mi hombre, y Edward no estaba haciendo nada para detenerlo. De hecho, el cabrón estaba sonriendo, luciendo todo sexy y mierda, y parecía que él estaba disfrutándolo un poco demasiado. Y eso… de ninguna manera… me sentó bien. Necesitaba un jodido trago para que pudiera centrar mi cabeza y poner en marcha mi plan de acción. Marcar mi territorio era una muy buena sugerencia, pero molesta como estaba con Edward en este momento, probablemente lo haría un lío y arrancaría sus bolas con mis propias manos. Y eso podría ser bastante horrible, anulando el propósito de no causar una escena. Cuando volteé a mirar al bar, vi a Jacob Black de pie ahí… todo solo. Un plan empezó a formularse en mi cabeza, uno que tenía todas las intenciones de poner en marcha porque sabía que si todavía había una onza de la naturaleza posesiva de Edward sobre mí, lo que iba a hacer ciertamente iba a obligarlo a prestarme atención. ―Ustedes dos sigan,― les dije a Rosalie y Alice. ―Yo sólo iré por un trago y tomar un momento para calmarme antes de terminar levantando mi falda y orinando en la pierna de Edward. ―¿Te he dicho últimamente que te amo?― preguntó Rosalie con una mirada de adoración en su rostro, y luego ella topo su hombro con el mío. ―Tráeme un shot de Patron, ¿quieres?


―Claro que sí y gracias,― dije con una sonrisa de verdad justo antes de voltearme y dirigirme hacia el bar. Sin mencionar, mi arma elegida en mi arsenal de cómo hacer sentir a Edward tan jodidamente insignificante como él me hizo sentir en ese momento. ―Dos, Patron Silver, en las rocas,― le dije al barman cuando me saludó. ―Bueno, hola aquí, pequeña señorita,― dijo el desagradable ridículo hijo de puta mientras se sentaba a mi lado – justo como había esperado que lo hiciera. El hedor de su perfume que hubiera olido bien si hubiera sido aplicado en una pequeña dosis, pero él se había bañado en éste. Además, estaba esa dosis letal de repugnoxígeno que se derramaba por sus poros. Reconocí la esencia porque Alice tenía un poco de eso también, pero afortunadamente ella estaba sólo ligeramente infectada, mientras que Jacob Black era obviamente, la estrella principal de esa mierda. ―Hola, a ti también,― le respondí, encendiendo el encanto. ―Jacob Black,― se presentó a él mismo extendiendo su gran pata para estrechar mi mano. ―Isabella Swan,― respondí el cordial saludo mientras aceptaba su ofrenda. ―¡Wow! Lindo brazalete, ¿Un regalo?― preguntó él mirando el brazalete-pulsera que marcaba el territorio de Edward. ― ¿Cullen, huh? ¿Estás relacionada con Edward? ―Gracias, y no, Edward es mi novio. ¿Lo conoces?― pregunté, sabiendo muy bien que él lo conocía, pero actuando mi parte, oh muy bien. ―Sí, nosotros somos los mejores amigos… prácticamente familia― mintió él. ―Es curioso, que él nunca te haya mencionado. Debes ser su pequeño y sucio secreto,― dijo él juguetón, todavía estrechando mi mano. ―Supongo que podrías decir eso. A él no le gusta compartir, así que me mantiene escondida.― ―Es una vergüenza,― chasqueó él con voz de tristeza. ―Un diamante como tú debe estar en exhibición para que todo el mundo lo vea. Casi me atraganto por su pésimo intento de alagarme, pero mantuve la sonrisa en mi rostro mientras miraba sobre mi hombro y me aseguraba que Edward estuviera observando… lo que él ciertamente estaba haciendo. Así que, me acerqué a Jacob y pasé mis dedos debajo de la solapa de su chaqueta. Sin dejar la fachada que estaba poniendo en beneficio de Edward, me incliné y dije, ―Bueno, verás… yo sé toooodo sobre ti. ―¿Lo sabes, en serio?― contestó él con profunda y seductora voz mientras se acercaba más. ―No puedes creer todo lo que escuchas, sabes. Los celos pueden hacer a algunas personas muy rencorosas. ―Mmm. Estás en lo cierto,― estuve de acuerdo. ―Pero, verás… no creo que este fuera el caso aquí.


―Bueno, ahora has despertado mi interés,― dijo avanzando aún más y poniendo su mano en mi cadera mientras él se comía con los ojos mi escote. ―Dime. ¿Qué has escuchado? ―Tú eras el mejor amigo de Edward, pero luego fuiste y te follaste a esa zorra de allá a espaldas de él. Bueno, supongo que técnicamente, fue desde atrás de la espalda de ella, pero igual…― dije encogiéndome de hombros mientras mis dedos seguían en su solapa y alrededor del collar de su cuello. ―Así que, parece completamente justificado el que Edward quiera mantenerme como su pequeño y sucio secreto. Sin embargo, en lo que él falla es en darse cuenta que no todas las mujeres somos fácilmente susceptibles a ser atraídas por ti; un simple lobo en piel de oveja. ―¿Es eso correcto?― preguntó el con una sonrisa confiada, mostrando sus colmillos, lo que sólo demostró mi punto. ―Mmmmhm,― asentí, todavía manteniendo mi sonrisa coqueta. ―Veo lo que realmente eres. ―¿Y qué, por favor dime, que es eso, exactamente? ―Tú eres una sanguijuela, un parásito, una simple remora. ―¿Qué demonios es una remora?― preguntó mientras cambiaba de uno pie a otro. ―Las remoras se aferran a los tiburones y otras más fuertes y poderosas especies. Ellas los usan para andar por el viejo y gran océano sin tener que hacer ningún esfuerzo por su cuenta. Para su sustento, ellos se alimentan de sobras de comidas de su huésped, y algunas veces las heces de este,― expliqué con una voz que me recordó bastante a la profesora del pre–escolar cuando hablaba con sus estudiantes.―Veras, en esta ecuación, Edward sería el tiburón; trabaja duro, pelea por cada comida, haciendo su propio camino. Pero tú… tú eres el parásito remora; haciendo un festín de su mierda, haciendo tu mejor esfuerzo para recoger sus sobras, mientras esperas que todo sea entregado a ti,― sonreí ampliamente, mi expresión era una total contradicción las palabras que pronunciaba. ―Eres un perezoso hijo de puta sin vida propia, sin originalidad, y por lo tanto, ninguna condenada oportunidad de alguna vez ser verdaderamente feliz. Así que haces lo mejor para que las personas a tu alrededor simplemente sean tan miserables como tú lo eres. Te aprovechas de la debilidad y los retuerces hasta que encuentras una manera de sacar provecho de ellos, con lo que llenas el espacio vacío de tu vida, sólo por un momento. Siento pena por ti, de verdad, lo hago. Pero, si siquiera por una milésima de segundo, me ves como una torcedora potencial en la cadena de Edward para usarlo contra él… mejor piénsalo de nuevo. A diferencia tuya y esa zorra de ex suya, mi lealtad a Edward Cullen no conoce límites. Yo vivo y respiro por él y para él solamente. ―Maldita sea, mujer. Me acabas de dar una erección del tamaño de California.― Se rió entre dientes. ―California, ¿huh? Nada mal,― asentí. ―Pero… Edward gana de nuevo. Él no será de Texas, pero su polla obviamente lo es. Y ya sabes lo que dicen… Todo es más grande en Texas. Yee, hijo de puta. Haw,― dije y luego retrocedí. Justo entonces, vi a Edward viniendo rápidamente hacia nosotros. ―Estoy contenta de conocerte, Jacob Black. Desearía poder decir que fue un placer, pero eso sería mentir. ¡Adiosito!


Metí mi bolso bajo mi brazo y luego agarré mi bebida, junto con la de Rosalie antes de voltear y alejarme. Sólo avancé tres metros antes que Edward me alcanzara. Y chico, él estaba enfadado. Sus ojos eran casi de un tono negro y sus orificios nasales estaban llameando ligeramente por la furia mientras me daba esa mirada furiosa de muerte. Él agarró mi brazo y me presionó a su cuerpo para poder hablar sin ser oído por nadie alrededor de nosotros. ―¿Qué carajos crees que estabas haciendo?― preguntó él con un aire de malicia mientras disparaba dagas a Jacob. ―Tienes dos segundos para soltar mi brazo antes que empiece a gritar como en un asesinato sangriento,― le advertí con voz calmada. Él me dio la vuelta, soltó y metió sus manos en sus bolsillos. ―Responde la maldita pregunta. ―Tenía sed. Fui al bar por un trago. Y ese amable caballero se puso a conversar,― dije con indiferencia. ―No quería ser grosera. ―Sí, bueno ese amable caballero…― gruñó y luego se detuvo. ―¿Qué? ―Nada,― dijo sacudiendo su cabeza mientras miraba al piso y luego de vuelta a mí. ―Mira, sólo… no quiero que hables más con él. De hecho, no quiero que hables con ningún otro hombre aquí. ¿Me escuchas? Tú eres mía. Bueno, bueno, bueno.. y Celosward sale a jugar. Mi turno. Entrecerré mis ojos a él. ―Tú seguro no actúas ni con los demonios como si fuera tuya,― espeté y luego caminé de vuelta hacia Rosalie y Alice, cuya atención estaba absorta en nuestra pequeña exposición. Lo escuché gruñir desde atrás mío y luego su rápida aproximación para mantener mi ritmo. ―¿Qué se supone que significa eso? ―Oh, no juegues conmigo, Edward,― bufé. ―Tú sabes exactamente lo que significa. ¿Quién es ella? ¿Huh? ―¿Quien? Me di la vuelta hacia él, casi salpicando el líquido de una de los vasos que estabas sosteniendo. ―¿En serio, Edward? ¿Tú crees que no puedo ver? Y no trates de decirme que ella es otro de tus parientes o algún tipo de socio, porque parientes o socios no manosean así a menos que seas de alguna jodida secta de enfermos incestuosos.


―Ella es… nadie,― respondió mientras pasaba su mano por su cabello, claramente frustrado. ―Mira, hablaremos de esto más tarde.― Él hizo un movimiento para posarse a lado de mí. ―Quiero hablar de eso ahora,― dije, bloqueando su camino. ―No hagas una jodida escena, Isabella. Trabajo con estas personas,― advirtió él. ―Oh, bueno ya que lo pones de esa manera… no te preocupes. Nada de escenas de mi parte. No definitivamente no,― dije, haciendo el espectáculo de poner un cierre en mi boca mientras continuaba de forma alegre y obediente. ―Ya era hora,― dijo Rosalie cuando le entregué uno de los vasos. Alice me miró interrogante con el ceño fruncido, luego en dirección a donde ahora estaba Jacob parado con la fulana, Tanya – quien aparentemente había salido corriendo cuando Alice y Rosalie hicieron su aparición – y de vuelta a mí. Sacudí mi cabeza minuciosamente para indicarle que no era la gran cosa. ―Aquí esta,― dijo Edward mientras colocaba su mano en la parte baja de mi espalda. ―Esta es mi Isabella,― dijo al rubio FILF y a la mujer a su lado. Maldita sea, su familia tenía que ser descendientes directo de los mismos ángeles. Así de jodidamente magníficos eran todos ellos. ―Isabella, este es mi tío, Carlisle, y su esposa, Esme. Puse una cara feliz, sonriendo tan brillantemente como mis mejillas me lo permitieron. ―Hola. Es un placer conocerla,― saludé a Esme. No le dije nada a Carlisle… él era un hombre, claro está, y Edward me había indicado que no hablara con ningún hombre, y él era sin duda… todo un hombre. Yo sólo estaba siguiendo sus órdenes como una pequeña y buena subordinada, después de todo. Carlisle se aclaró la garganta, intentando ignorar el hecho que no le había dicho nada a él para saludarlo. ―Así que, ¿Está siendo Anthony un amable anfitrión?― preguntó él. Oh sí, él tomó mi virginidad, votó toda mi ropa y luego compró una nueva colección para mí sin bragas, por supuesto- y me permitió chuparle su polla más de una ocasión. Pero, he recibido múltiples orgasmos de nuestro pequeño acuerdo, y si eso no es una buena definición de un amable anfitrión, entonces no sé lo que es. Eso es lo que podría haber dicho, pero por suerte para Edward, no tenía permitido hablar con hombres, así que… no lo hice, sólo asentí con una sonrisa. Edward frunció su ceño en desaprobación. Alice me miró con los ojos desorbitados. Y Rosalie. Cubrió su risita con una discreta tos. ―¿Te gusta Seattle, querida?― preguntó Esme. Reaccioné y contesté,


―Oh, simplemente me encanta. Lo que he visto de éste. Edward me mantiene… preocupada la mayoría del tiempo.― ―Oh, ¿de verdad?― preguntó Carlisle. ―¿Y qué exactamente te tiene él haciendo? Bueno mierda… ¿Cómo iba a contestar eso con un asentimiento de la cabeza o sacudiendo mi cabeza? ¡Ajá! Me encogí de hombros. Carlisle y Esme se miraron confundidos. Emmett, Jasper, Rosalie y Alice miraron para otro lado como que de repente ellos estaban interesados en el gentío. Pero vi sus hombros sacudirse… un muy claro indicador que ellos estaban riéndose. Edward aclaró su garganta. ―¿Nos disculpan? Me gustaría dar un paseo a la luz fantástica con mi cita. ―Sí, claro, querido,― dijo Esme con una sonrisa incómoda. Edward tomó el vaso de mi mano y lo asentó en la mesa a lado de nosotros. ―¿Bailas conmigo?― Preguntó él, pero capté el tono subyacente. Esa era una orden, no una solicitud. ―Vaya, señor Cullen, ese sería mi honor,― dije con mi mejor imitación de belleza sureña. Edward no dijo nada más mientras tomaba mi mano y me guiaba a la parte separada para la pista de baile. A medida que nos perdíamos en la multitud, él me dio la vuelta y me presionó fuertemente a su cuerpo antes de inclinarse hacia delante para que su cálido aliento estuviera en mi oído mientras empezábamos a balancearnos hacia delante y atrás. ―¿Qué demonios fue eso?― preguntó él. ―¿Qué?― pregunté, su esencia invadió mis sentidos haciéndome olvidar lo que él estaba hablando. ―Estabas siendo grosera con mi tío. Si no hubiera sido por el hecho que en realidad hablabas con su esposa, estoy seguro que él hubiera pensado que eras muda,― dijo él, ligeramente presionando sus labios en el punto justo debajo de mi oído. Era algo bueno que él me estuviera sujetando tan fuertemente, porque mis rodillas de repente se volvieron gelatina y estoy segura que me hubiera caído. ―Tú me dijiste que no hablara con ningún otro hombre, y corrígeme si me equivoco, pero creo que tu tío es un hombre,― respondí sin aliento. ―Es eso, o él es un muy convincente travesti. O… ―di un ʼ grito ahogadoʼ―… ¿es él hermafrodita? ―Ja, ja. Muy graciosa,― dijo él en un seco tono y luego mordió él lóbulo de mi oreja. ―Hazme un favor, y deja la mierda sarcástica. ―Sí, señor. Todo lo que usted diga, señor Cullen, señor.― Dije.


Edward echó hacia atrás y me miró, obviamente nada divertido por mi tono. ―¿Cuál jodidos es de repente tu problema? ―¿Problema? No hay problema― me encogí de hombros. ―Sólo estoy siendo yo misma. El único aquí con un problema, eres tú. ―Lo que sea,― suspiró él. ―Debería haberlo sabido bien al traerte aquí. Mi culpa. ―¿Por qué?― pregunté tratando de soltarme de su agarre, sin tener éxito. ―Porque sólo soy una puta que compraste. ¿Una que no encaja bien en tu clase social? Edward se hizo hacia atrás y me miró a los ojos. ―Estas bromeando conmigo, ¿verdad?― cuando mi expresión no vaciló, él se inclinó hacia delante y susurró en mi oído. ―Tú eres la más hermosa mujer en el baile, Isabella. Hubiera sido tan fácil creerle, sino hubiera sido por ese repugnante espectáculo que vi cuando salí del baño de damas. Y así, fiel al estilo, se lo dejé saber. ―Sin embargo, tú no podías apartar tus ojos de esa otra mujer,― murmuré. ―Tanya Denali, ¿verdad? ¿Tu ex?― Sentí su cuerpo ponerse rígido contra el mío, cada músculo enrollándose como una serpiente lista para atacar. ―¿Quién te lo dijo? ―¿Importa? El punto es que tú no lo dijiste.― Suspiré. ―Quizás ese es por qué tú todavía tienes esos ojos de deseo por ella. Él suspiró mientras de vuelta se echaba hacia atrás para mirarme. Al mismo tiempo, su mano se movía más abajo en mi espalda hasta estar descansando sobre mi trasero. ―No podrías estar más equivocada. ―¿Es eso?― pregunté, reuniéndome con su mirada. Mis ojos inmediatamente se aferraron a la visión de su lengua lanzándose a lamer sus deliciosos labios y luché por mantener el hilo de mis pensamientos. ―Porque tú pasaste de no poder tener suficiente de mí, a no tocarme para nada. Has estado durmiendo con tu ropa, no hablas, ni siquiera me gritas… más que obvio que tú ya no me quieres. Y sé que no tengo derecho a preguntar nada de eso, pero maldición, Edward… no me gusta sentirme así… como que yo no importo.― Él se dejó de mover con la música y sólo me contempló, sus ojos se movían de un lado a otro como si estuviera buscando algo. Que, no sé. Luego sin decir palabra, él tomó mi mano y se dirigió a una de las puertas de salida. ―Vamos. ―¿A dónde vamos?― pregunté caminando rápidamente para mantener su ritmo. ―A un lugar más privado,― respondió él cuando abría la puerta. Miré de nuevo a la sala llena y noté a Tanya y Jacob acurrucados juntos, justo debajo de un candelabro de araña, que ahora estaba sacudiéndose. Justo cuando los cables se soltaron y el accesorio adornado empezó a caer, Edward tiró de mi brazo… y yo, estuve fuera de mi mundo de fantasía de nuevo.


Maldita sea todo el infierno. Él miro de izquierda a derecha hasta que finalmente escogió la derecha. Dimos la vuelta en la esquina en otro pasillo, y luego otro hasta que todo lo que podía escuchar de la música de la fiesta era un sonido sordo. Había un oscuro hueco de escalera a la izquierda de donde habíamos terminado, y Edward golpeó la puerta y me llevó dentro. Mi espalda estaba presionada contra la pared y él cuerpo de Edward estaba alineado con el mío a un latido de corazón. Antes que pudiera decir algo, sus manos estaban en mis caderas y sus suaves labios estaban moviéndose sobre los míos en un sensual beso, que yo complemente respondí con igual ternura. Y luego, tan rápido como había empezado, él rompió el beso, sus manos acunaron mi rostro mientras él estudiaba mi rostro. ―Lo que hay o no hay entre Tanya Denali y yo, no importa. ¿Pero, tú? Tú jodidamente importas, y no te olvides nunca de eso.― Su voz fue baja y ronca… seductoramente erótica. Y él tenía una erección… del tamaño de Texas. ―¿Es por ella?― pregunté, empujando mis caderas hacia delante para frotarme contra él. ―Isabella,― suspiró él y rodó sus ojos. ―Porque si es así, está bien. Sólo déjame ser yo la que se ocupe de eso por ti. Es lo que me pagaste para hacer,― divagué. ―Quiero decir no soy ella, pero… ―Tú…nunca podrías ser ella,― dijo él furioso mientras se alejaba de mi hasta que su espalda golpeó con la pared opuesta. No, no podría ser ella, ¿verdad? Él la amó, y aparentemente, él todavía lo hacía. Yo jamás estaría a la altura. Ella era de dinero, prácticamente un miembro de su familia… y ¿yo? Yo era la puta que él compró para reponerse de ella. Lentamente crucé el espacio entre nosotros. ―No. Yo lo sé. Y nunca trataría de llenar su lugar,― le aseguré mientras me acercaba y me arrodillaba ante él. ―Isabella, no.― Su voz era rasposa, pero él no se movió para detenerme cuando yo desabroché su pantalón y saqué su polla. ―Y puedo no ser a la que amas, pero soy con la que estás. Así que, déjame cumplir mi propósito,― dije acariciando con mi boca la cabeza de su pene y luego dándole un beso con la boca abierta. ―¡No!― gritó él y luego me apartó, rápidamente guardando su miembro. ―¿Por qué, Edward?― dije mientras me ponía de pie, completamente humillada. ―Porque esto no es lo que quiero,― dijo él, señalando una y otra vez entre él piso y él. ―Esto…esto no es correcto.


―Bueno, ¡vete a la mierda, Edward! Quizás te olvidaste que tú eres el que me compró.― Estaba furiosa, y dolida y… furiosa. Hice una cosa desesperada en un momento muy desesperado, pero eso no me hace menos persona que Tanya. Lo que ella hizo fue mucho peor que lo que yo hice. Al menos a mí me pagaron por lo que estaba haciendo. ―Puede que no sea Tanya, pero yo te aseguro que nunca permitiría que tu mejor amigo me follara el culo― grité. Él levantó su cabeza de golpe, y su mirada era casi letal. Supongo que eso fue una bofetada proverbial en la cara. Inmediatamente me arrepentí de decir esas palabras el segundo que dejaron mi boca, pero la perra en mí se regocijaba… simplemente porque ella necesitaba lastimarlo y humillarlo de la misma manera él había acabado de hacer conmigo. Yo jodidamente lo amaba, a pesar de que sabía que él nunca podría amarme, que él ya estaba enamorado de alguien más. Y ahí estuve yo, de rodillas antes él en mi elegante vestido, dispuesta y capaz de ayudarlo a quitar de su cabeza lo que su mente no tenía para que él pudiera tal vez enfocarse en lo que estaba justo… frente… a su estúpido y bello rostro – o polla por así decirlo – y luego él me apartó como si yo no fuera lo suficientemente buena para él. Bueno, a la mierda. Él. Edward sacó del bolsillo su teléfono y marcó un número. Después de un momento dijo. ―Encuéntranos en el lado sur, Riley. Nos vamos. ―Vamos,― dijo él mientras estampaba su teléfono cerrándolo y tomaba mi mano. ―¡Mierda!― maldijo él y luego lo volvió a abrir y marcó otro número. ―¿Alice? Isabella y yo nos vamos. Agarra su bolso y dile a todo el que pregunte que ella no estaba sintiéndose bien, así que la lleve a casa. ―Me siento bien― murmuré mientras él tiraba de mí. ―Una graciosa manera de verlo ya que para mí has perdido tu jodida cabeza,― gritó él. Yo no discutí, porque francamente, él probablemente estaba en lo cierto. Pero tampoco había terminado con él. Él estaba furioso. Yo estaba furiosa. Y ahí es cuando él y yo estamos en nuestro mejor momento. Nosotros follábamos y lo solucionábamos. Así era como hacíamos las cosas. Atravesamos el laberinto de pasillos sin ser notados por ninguno de los asistentes de la fiesta, todo un milagro, y luego estuvimos fuera. Me detuve en seco porque había una tormenta hasta por el culo – truenos, relámpagos, una lluvia torrencial…todo el rollo. Riley estaba ahí con un paraguas para protegernos de la lluvia y Edward me metió en la parte posterior de la limosina. La misma limosina, claro está, donde él me había follado mientras yo miraba a todas las personas que viven sus mundanas vidas, como si fueran enjaulados para ser observados morbosamente por los que en realidad viven libremente. La misma limosina donde él me dijo que él estaba para mi placer, como yo estaba para el suyo. La misma limosina donde él me dijo que él amaba a una mujer que sabía lo que quería.


Él se sentó en el lado opuesto a mí, y encendió otro de esos malditos cigarrillos… y yo había tenido suficiente. ―Mírame,― dije, autoritariamente. Él me ignoró. ―Dije, ¡mírame, mierda!― demandé. Él exhaló un pufff de humo, pero no él nunca se volvió a mí. Llegué a él, tomé su cigarrillo de entre sus labios y arrojé la maldita cosa por la ventana. Luego levanté mi falda, me senté ahorcajadas en él y agarré dos puñados de su cabello, forzándolo a mirarme. ―No me ignores. No me gusta ser ignorada. ―Entonces deja de actuar como una perra,― dijo él con cero emoción. Debería haberlo golpeado, lo habría golpeado… excepto que él estaba en lo cierto. Yo estaba actuando como una perra. Pero de nuevo, así es como hacemos las cosas. ―Fóllame. ―No. ―¿Porqué no soy ella? ―No. Porque ya no quiero follarte nunca más. Sentí que lo que sea que sostenía mi corazón en su lugar, sólo se soltó y cayó libre en la boca de mi estómago; como un buscador de situaciones de riesgo descendiendo del Puente Royal Gorge, sin una cuerda elástica para tirar de esta para seguridad. Sólo yo jodidamente no lo aceptaba. ―Mierda. No te creo,― dije y luego forcé un beso en él, podía saborear el tabaco que él había acabado de fumar segundos antes y el champán que él había bebido antes de que todo esto se saliera de control. Quería que él me quisiera, no a ella. Quería que él me follara, no a ella. Quería que él me amara… no a ella. Yo… estaba delirando. Y, él… no respondió mi beso. ―Bájate de mí,― su voz era extrañamente tranquila, imperturbable, como sí él se hubiera dado por vencido y no tuviera lucha alguna con él. El carro se detuvo y yo sólo lo miré. Luego la puerta del carro se abrió y Riley estaba ahí con el paraguas de nuevo, mojándose mientras esperaba que nosotros nos moviéramos. ―¿Vas a salir, o no?― me preguntó Edward. Finalmente me bajé de su regazo y salí, apartando a Riley porque no quería el maldito paraguas. Quería sentir la lluvia contra mi piel, porque al menos entonces, estaría sintiendo algo. Llegué hacia la puerta principal e irrumpí dentro de la oscura casa seguida por Edward.


Yo tenía una carta más para jugar, un as de buena fe bajo la manga. Y si eso no funcionaba, no había nada más que hacer. ―Es posible que no quieras follarme,― dije, subiendo las escaleras con mi vestido en ruinas. ―Pero ahí había al menos una media docena de hombres en esa fiesta que sí querían. De hecho, se me viene a la mente uno, en particular. Eso fue todo lo que tomó. Justo cuando un trueno resonó a través del cielo de la noche, la mano de Edward salió disparada hacia delante y me agarró por el tobillo, provocando que me tropezara y perdiera el equilibrio. Él me atrapó antes que pudiera golpear mi cabeza y me recostó en las escaleras debajo de él mientras se cernía sobre mi cuerpo. Su rostro se envolvió en una sombra mientras que la única luz de la casa procedía de la iluminación que se extendía de las enormes ventanas. ―¿Quieres follar?― su voz era fría y ruda cuando él tiró hacia arriba mi falda alrededor de mi cintura. ―Yo te voy a follar.― Le tomó medio segundo que sus pantalones estuvieran desabrochados y su polla apenas expuesta. No podía ni siquiera verla por toda la tela de falda en el camino, pero de nuevo, yo estaba demasiado concentrada en las duras líneas faciales de su rostro para prestar atención. En un rápido movimiento, rápido e implacable, él entró en mí. No fue nada gentil en lo que hizo, nada lento, nada sensual. Sin embargo, eso era todo lo que quería a pesar que no había placer en esto para mí, él ya no estaba ignorándome. Edward arremetió en mí rápido y furioso, y yo me aferré a eso como si la vida se me fuera en ello, enterrando mis uñas en su espalda tomando todo lo que él pudiera darme, porque al menos eso era algo. Él enterró su rostro en mi hombro mientras despiadadamente arremetía en mí, no dándome la satisfacción de ver su rostro o la dignidad de mirar mis ojos. No había forma que yo supiera que estaba él pensando, pero sabía quien no quería que estuviera en su mente. ―¡No te atrevas a pensar en ella!― ordené, con mi voz quebrada mientras me sostenía de él. ―Carajo, no te atrevas a pensar en ella mientras estás dentro de mí. El único sonido de él era su pesada respiración y un gruñido ocasional mientras él me follaba duro y sin emoción alguna, excepto la ira. Un relámpago brilló por fuera de la ventana, seguido de cerca por un fuerte estruendo de un trueno que sacudió los cristales. Era casi poética, la forma en que se reflejaba el estado de ánimo actual de Edward. El breve destello de luz blanca reflejó la sombra de nuestros cuerpos entrelazados a través de las paredes, y me di cuenta de la realidad que emanaban esas sombras, simplemente estábamos vacíos… sólo creando la ilusión de una pareja feliz, pasionalmente enamorada cuando nada podía estar más alejado de la verdad. Y eso no era lo que yo quería. Quería que esto sea real: una cosa tangible que pudiera tocar, que no desapareciera cuando estemos de repente envueltos en la oscuridad y fuera de la atención pública. Edward se vino, todo su cuerpo poseído mientras derramaba su semilla dentro de mí con un gruñido ahogado. Me aferré a él, no queriendo dejarlo ir porque sabía que había cruzado la línea y lo había forzado a hacer algo que él realmente no quería. Todo lo que


sentí en ese momento fue el calor del cuerpo de Edward y su peso sobre mí. No era el latido furioso de mi corazón, los bordes de la escalera enterrándose en mi espalda y con toda seguridad no era el frío que se había filtrado en mi corazón y amenazaba con brotar lágrimas de mis ojos. Él iba a echarme. De esto, estaba segura. Cuando él terminó, él se liberó de mi agarre y luego se puso de pie para ponerse de nuevo su ropa, sus movimientos eran muy calculados y de naturaleza mecánica. Yo me mantuve como estaba, inmóvil y paralizada mientras lo miraba. ―No puedo retractarme de lo que acabo de hacer. No puedo retractarme de nada de esto, de hecho. Y eso está jodidamente matándome…― la voz de Edward se perdió hasta que él suspiró y me miró. Su rostro estaba retorciéndose en angustia, su cabello estaba tan revuelto como su ropa, y lo vi con claridad… él se veía tan roto como yo me sentía. Él pasó sus manos por su cara con un gruñido frustrado. ―Lo sé, Isabella. Sé lo de tu madre, y sé que ella es la razón por la que hiciste esto. No quería follarte, porque… no estaba bien. No quería… follarte más, porque… de alguna manera en el camino, hice lo inimaginable.― Dijo él incrédulo mientras lanzaba sus manos al aire. ―Jesús… me enamoré de ti. Ahí lo tienes. ¿Estás feliz? Ahora lo sabes. Y para que conste, esto nunca fue sobre ella. Esto fue siempre sobre ti. Él no esperó a que yo responda. A decir verdad, no sabía que podría haber siquiera dicho si lo hubiera hecho. Él sólo bajó sus brazos exasperado, se encogió de hombros y subió las escaleras, maldiciendo todo el camino. Un estruendo de truenos a través del cielo como una solemne ovación para mi enorme cagada. ¿Qué… demonios…había hecho? ¿Y cómo se supone que iba a arreglarlo? Capitulo 15. EPOV ―No puedo devolver el tiempo y corregir lo que hice. No puedo hacerlo. Y esto me está matando...― pude escuchar mi propia voz quebrarse, como cuando estás muy emocional y sientes un nudo en la garganta. Traté de arreglarlo, pero empujó su vestido alrededor de su cintura y su cuerpo frágil estaba recostado en las duras escaleras... ¿Cómo pude hacerle eso? Me había prometido no tratarla nunca de esa manera de nuevo, pero supongo que mis palabras significaban una mierda, incluso para mí mismo. Moví mis manos por mi cara en una expresión frustrada. No decirle a Isabella todo lo que sabía fue exactamente lo que nos llevó a este momento. No podía seguir guardándolo por más tiempo. Tenía que dejarlo salir. Tenía que dejar salir el secreto porque si no lo hacía, iba a cruzar la delicada línea que había entre la culpabilidad y la locura, y las cosas entre nosotros solo empeoraban. Solo di las jodidas palabras, Edward.


―Lo sé, Isabella. Sé lo de tu madre, y conozco la razón por la que hiciste esto. No quería follarte porque... no era lo correcto. No quería seguir... follándote más porque... de alguna forma hice lo impensable ―dije lanzando mis manos al aire.― Jesús... me enamore de ti. Listo. ¿Estás feliz? Ahora lo sabes. Y para añadir algo más, nunca fue sobre ella. Siempre fue sobre ti. Mátenme, lo hice. Le dije todo. Ella tan solo se quedo mirándome, en shock. Y... todo lo que podría hacer sería sentarme y esperar a que reaccionara, pero no entonces, no allí. Me buscaría cuando estuviera lista, y me sentiría mejor estando en nuestra habitación. Al menos dentro de la seguridad de esas cuatro paredes no me haría tener la urgencia de poner mi trasero escaleras abajo. Me levanté con los brazos y empecé mi camino hacía el segundo piso. Mis piernas se sentían pesadas, como si mis pies estuvieran hechos de cementó mientras daba un paso a la vez, obligándome a caminar. Todo dentro de mí me gritaba que fuera en el sentido contrario, abrazarla entre mis brazos como si estuviera loca, y cargarla hasta un lugar apartado de todo... Algún lugar afuera en el mundo que no interfiriera más. Ese era el soñador dentro de mí. El realista... sabía que no podía esconderse de toda esta mierda. Con cada paso que daba hacía el corredor que daba a nuestra habitación, sentí que la puerta parecía cada vez más distante, pero finalmente lo hice. Alargué mis manos hasta el pomo de la puerta y lo volteé, dándome paso al lugar en donde habíamos consumado nuestra relación. Me burle de eso. Consumado... la palabra sentía demasiado limpia para describir lo que realmente paso allí. Fue más como... condenarnos al fracaso desde el jodido comienzo. Me quité la chaqueta, y la lancé al lado de la ropa sucia en vez de tratarla como la pieza cara que realmente era. No me importaba. Había cosas más importantes que preocuparme por si la puta chaqueta seguía en buen estado. Me valía una mierda. Había mierdas más catastróficas ocurriendo en mi vida. Catástrofe número uno, había comprado una esclava sexual. Catástrofe número dos, me había enamorado de mi esclava sexual. Catástrofe número tres, mi esclava sexual tenía a su madre muriéndose y yo la estaba alejando de ella. Catástrofe número cuatro, sabía de memoria toda esa mierda y aún así seguía cogiendo con ella como un maldito animal en las malditas escaleras. En qué clase de idiota me había convertido... Saqué mi paquete de Marlboro y me lancé al sofá, calendo en los cojines. La flama de mi encendedor era la única luz en medio de toda la habitación oscura. Encendí el cigarro y lo fumé con exagerada fascinación. La nicotina me calmaba, y dios sabía cuánto la necesitaba. Estaba listo para explorar, listo para derrumbar la casa que mis padres habían construido con mis propias manos hasta que no fuera más que una pila de escombros. Porque eso es lo que mi vida se convirtió, escombros... de mierda. Dejé el cigarrillo en la caja antes de sacar mi culo idiota del sofá y quitarme el resto de la ropa, necesitaba una ducha. Mi ropa fue a parar en alguna parte, pero de nuevo, no me


importaba. Hice mi camino hasta el baño, sin preocuparme por encender la luz porque no quería verme en el espejo, recordándome que Jacob Black y yo no éramos muy diferentes, no necesitaba esa mierda de nuevo. ¿Que estaba mal conmigo? Lo más que intentaba no ser como él, más lo era. Intenté coger con ella en las jodidas escaleras. Cogerla sin ninguna emoción, coger sin darle ningún placer, coger con ella y dejarla ahí, pero no antes de admitir que la jodería. Mierda. Di un paso hacia la ducha sin esperar a que el agua caliente empezara a salir, porque el agua fría en un hombre no es algo placentero, y eso era lo que me merecía. Todo lo que quería era caer en coma y no tener sentir el dolor que se había plasmado en mi corazón. Todo lo que quería eran dos cosas totalmente diferentes. Necesitaba enfrentar lo que había hecho. Necesitaba enfrentar a Isabella y actuar como un hombre por meter mi culo en donde nadie me llama. Necesitaba mirarla a los ojos mientras me disculpara por robar su virginidad. Necesitaba verla salir de mi vida sin ninguna esperanza de verla de nuevo. Necesitaba sentir que mi corazón se rompía por ello. Emocional y mentalmente cansado, dejé caer mi cabeza en la pared, usando mi antebrazo para sostenerme, dejando que el agua callera por mi cuerpo. Esperaba que la ducha de alguna manera limpiara lo que estaba ocurriendo dentro, y acabara con mi alma, pero eso no era posible, a menos que encontrara una forma de arrancarme la piel. Incluso si eso pasaba, el jabón y el agua no harían nada. Demonios, ni siquiera el cloro habría podido. Todo lo que podía ver era a ella subir las escaleras. La forma en la que sus caderas se movían y revelaban la cremosa piel de sus piernas. Lo suave que era su piel cuando puse el collar sobre ella. La forma en la que sabía cuando probaba sus labios. Y la forma en la que olía. Jesús, solamente el recuerdo me hacia poner duro. Deseaba que las cosas fueran diferentes. Deseaba que en vez de estar allí parado, bañándome en mi propia culpa, estuviera abrazándola y que ella estuviera abrazada a mí. Lo había arruinado. La había arruinado y me había arruinado. En la oscuridad, mi desorientada mente empezó a jugar conmigo. Juro que sentí sus manos alrededor de mi pecho, y me dio un beso en el centro de mi espalda. Y mi jodida mente lo quiso aún peor, su esencia estaba allí a mi alrededor, más pesada y más potente bajo la ducha. Mi pene reaccionó naturalmente a la presencia y ni siquiera estaba allí, empecé a pensar cuanto más demoraría antes de volverme a la realidad. ―Por favor, date la vuelta.― Alcancé a pensar que estaba allí, excepto que su voz sonaba insegura. Así que supe que era una ilusión creada por mi mente.― ¿Edward? Por favor... no puedes huir de mi después de lanzarme una bomba como esa. Eso es... jodido. Si, definitivamente era ella. El único motivo por el que pude pensar que estaba allí era porque quería patearme el trasero por meterme en sus cosas. Pero no fue así. Tenía que afrontarla, porque ella me tenía arrinconado. Y merecía cada cosa que estaba por decir y hacer. Me volteé despacio, mis ojos al final se ajustaron a la oscuridad, pero no había suficiente para permitirme verla correctamente. ―Lo sé. Soy un idi...


Mi siquiera me permitió terminar de pedirle disculpas antes de presionar su cuerpo contra el mío y... jódanme... estaba desnuda. Esperé que al menos tuviera la ropa puesta, porque era absolutamente algo que ella haría, pero no espere tampoco ese beso. Sus labios empezaron a moverse sobre los míos: delicados, tiernos... Y jodidamente increíbles. Fue el beso más dulce que creí que tendría el placer de recibir. Moví mis dedos por su cabello, memorizando la forma en que sabía, la forma en que se sentía, la forma en que olía... porque no tenía idea de si podría experimentarlo de nuevo. Santo dios, la amaba. Sus manos me acariciaban, sus dedos presionaban la piel de mi bello, mi espalda y mis brazos... fue como si dejara impresiones de sus dedos por cada sitio que tocaba. Y a la misma vez, intentaba acercarse más. Si fuera posible habría abierto mi pecho y dejar que se metiera adentro, separándola de todo lo que pudiera alejarla de mí para siempre. Lo más jodido del asunto era que no entendía porque lo hacía. Cuando rompió el beso sentí su pecho inflarse y caer, y sentí sus senos en contra de mi piel mojada. Dejó caer su cabeza sobre mi corazón. ― Hazme el amor, Edward. Solo por una vez... Déjame saber lo que se siente ser amada... por ti. Sé que debí haberme negado, pero debajo de la fachada, había un hombre débil, solo por ella. Quería que se diera cuenta de la verdad de mis palabras. Especialmente después de lo que le había hecho en las jodidas escaleras. Pero no en una jodida ducha, y menos en donde no podía ver su cara. Besé su cabeza antes de levantarla para poder dejar un beso en sus labios. Cerré el grifo y deslicé mis manos sobre la curva de su trasero y levantándola para que se apoyara en mi cintura. Isabella acarició mi cuello y luego presionó su cabeza contra la mía antes de salir y llevarla a nuestro cuarto. Sus ojos nunca abandonaron los míos hasta que llegó a la cama. Aún estaba oscuro, pero la tormenta había finiquitado y las nubes se habían iluminado suficientes como para permitirme ver su cremosa piel bañada por la luz de la luna que se filtraba por la ventana. La recosté en la cama, y me di cuenta de que tenía mucho en común con el cuerpo celeste y perfecto que colgaba en el prominente cielo negro. Ella, sola, recostada en las estrellas, brillando con luz propia. Estaba justo allí, pero sentí que no podía alcanzarla. Por primera vez me había dado la oportunidad, como tomar un cohete para salir al espacio y... No iba a desperdiciarlo. Mi corazón estaba latiendo rápido y lo escuchaba en mis oídos tan fuerte que apenas podría escucharla. Estaba asustado; asustado de ser un cobarde y no el tipo seguro que había sido tan difícil transformarme. Darle lo que ella quería, le daría lo que fuera, era completamente vulnerable ante ella. Y lo haría... por ella. Demonios, le daría lo que fuera que me pidiera. Si quería mis brazos podía tomarlos. ¿Mis piernas? Podía dárselas. ¿Mi corazón? ¿Mi alma? Ya eran de ella.


Mientras gateaba hacia la cama y me acostaba a su lado, acaricié sus mejillas, dejando que mis dedos dibujaran figuras a los costados de su juego. Ella tembló bajo y toque y me di cuenta que ni siquiera le había prestado una toalla, como el idiota que era; tenía frio. Pero cuando alcancé las sabanas para cubrir su cuerpo, me detuvo. ―No es por el frio.― susurro con una sonrisa ladeada. Mi corazón dio un salto en mi pecho. Capturé sus labios con los míos mientras me recostaba sobre ella, mi peso descansaba sobre mis brazos. Mi mano continuaba su camino por sus hombros, pasando por la curva de sus senos y luego descansando sobre sus caderas. Cada curva me recordaba el tesoro que era. Se merecía que la trataran bien, como lo que era. Cubrí sus muslos con los míos, deslizando mi rodilla entre sus piernas mientras ella se acercaba más a mí. La palma de su mano tomó mis costillas mientras mi lengua succionaba su labio inferior. No lo dudo; la punta de su lengua salió y se encontró con la mía como cuando dos amantes se encuentran después de años de separación. Mis nudillos se perdieron en la suave piel de su estómago, y luego viajando lentamente para tocar la cremosa piel de sus senos. Santo dios, gimió en mi boca y se arqueó, rogando por más. Rompí el beso, trazando una delicada línea por su barbilla hasta su cuello. Succioné la piel que había allí gentilmente, no quería marcarla como si fuera mi territorio; esto era sobre amarla a ella de la forma en la que merecía ser amada. Se sostuvo en mis bíceps, sus dedos dibujaban líneas desde mis brazos hasta mi pecho, encendiendo el fuego. Cada terminación nerviosa de mi cuerpo estaba en alerta roja, cada toque que me proporcionaba enviaba pulsaciones de placer a mi zona baja. Solo ella podía hacer eso; estuviéramos jugando a ser vampiros en mi cuarto, besándonos como exhibicionistas en la parte de atrás de mi limosina o haciendo tocino en mi cocina... Solo ella podía hacerme eso. Me sentía vulnerable en sus manos, y nunca me había sentido así con nadie más. Puse sus manos en mi boca, y le di un beso en la palma de su mano antes de ubicarla sobre mi corazón para que pudiera sentir los fuertes latidos en mi pecho. Eran solo por ella, intenté devorarla con los ojos. Con un beso gentil en sus suculentos labios, agaché mi cabeza y capturé uno de sus pezones con mi boca, delineándolos con mi lengua y succionándolos, acercándola mucho más. Succioné la sensible piel en mi boca. Una de sus manos estaba en mi pelo, y la otra empujando mis hombros acercándome más a ella. Estaba negada a alejarme, así que tomé su seno derecho, estaba muy de acuerdo con la igualdad. Le di un leve beso y bajé por su cuerpo, cubriendo cada centímetro de piel con mi boca y manos. Ninguna parte de su cuerpo se quedaría sin ser tocada. Mientras deslizaba mis manos detrás de sus rodillas y levantaba una de sus piernas rocé mis caderas con las de ella. Fue una reacción involuntaria para tenerla más cerca. No quería hacerlo, pero juzgando por el gemido que escapó de sus labios y la forma en que empujó más fuerte por contacto, no me preocupé para nada. En todo caso, su mano se deslizó a mi espalda y luego hacia mi trasero presionándome para acercarme. El calor abrasador se estaba poniendo en contacto con mi polla. Así que me alejé un poco y extendí sus piernas para acomodar sus hombros.


Amaba la forma en la que siempre estaba lista para mí... lista, suave y tan mojada. Mantuve mi mirada en la suya mientras dejaba un beso en medio de sus pliegues. Cerró los ojos, mordió su labio interior y dejó caer su cabeza en la almohada. Se arqueó y sus caderas se movieron hacia adelante acercándola a donde quería estar. Así que tomé la oferta, acercando mi cabeza y dejando que sus líquidos tocaran mis labios y mi lengua. ―Edward... Mi nombre sonó como una desesperada plegaria saliendo de los labios de Isabella. Sus piernas estuvieron a punto de deslizarse pero ella enlazó sus dedos con mi cabello y acercó sus muslos a mis hombros. No tan delicada como yo, pero suficiente para mantenerme donde quería. Me golpeó suavemente con el pie y deslizó sus manos por la curva de mi trasero una y otra vez. Metí dos dedos en su interior, curvándolos y moviéndolos de adentro hacia afuera mientras besaba cada parte de su precioso cielo. Y demasiado rápido, cayó bajo mis manipulaciones. Sus muslos se apretaron y sus caderas dejaron de moverse, sus manos soltaron y cabello y dejó escapar un sonido que nunca... joder, que nunca olvidaría. No fue muy fuerte, Isabella no parecía para nada una estrella porno cuando se venía, pero era un gruñido animal, como una leona. Sentí mi polla crecer, como si estuviera a punto de venirme antes de tiempo, y toda esa mierda que nunca me había pasado. Ignoré mi propio deseo de satisfacer mis necesidades, queriendo hacer que se viniera de nuevo para verla caer en mis brazos así. Mi lengua y mis dedos continuaron trabajando en ella, guiándola hacia otro orgasmo. Lentamente, los músculos de sus muslos se relajaron, dándome permiso de abandonar mi posición. No es como si quisiera, pero tenía que parar, o me temía que jamás lo haría. Mis ojos empezaron a detallar su cuerpo, mientras ella me miraba. ― Eres hermoso.― dijo en un susurro. La miré a los ojos, sus ojos cafés se tornaban como el caramelo a la luz de la luna. ― No soy tan hermoso como tú, Isabella.― era la verdad. No necesitaba una casa inmensa, carros caros o un trabajo de alto perfil. Tenía todo lo que necesitaba en su corazón. Era tan hermosa por dentro como lo era por fuera... Esa era la diferencia entre los ojos. Eso es lo que la hace perfecta. Incapaz de mirarla sin tocarla por mucho tiempo, me acerqué a su cuerpo, posicionándome en su centro. Me aseguré de mantener mi peso en mis brazos mientras me posicionaba y dejaba un beso en su oído. ―Esta... debió haber sido nuestra primera vez.― le dije, y lentamente entré en ella. Dejó salir un suave ronroneo mientras mi boca cubría la suya. Las piernas de Isabella se cruzaron por mi espalda mientras me movía dentro de ella lentamente. Sus uñas se clavaron en mi espalda aún mas fuerte con cada pulsación de nuestros cuerpos. Bajé de sus labios a su cuello, dándole besos, mordidas y chupándolo un poco también. Mientras mantenía mi peso en uno de mis brazos mi otra mano se ocupaba de su delicioso trasero y de sus muslos. Cuando llegué a la curva de su rodilla, tiernamente la aparte con el codo, manteniendo la mano ahí en la apertura de sus muslos lo que me permitió ir más


profundo. La necesidad de llegar hasta lo profundo de su alma se hizo cargo. Estaba en el mismo ángulo que ella mientras mis manos se abrieron paso por su espalda y le acaricié el trasero. Isabella sin duda estaba bien beneficiada allí atrás. Me aseguré de no flexionar los músculos para su beneficio, empujando más profundamente dentro de ella, rodando mis caderas para dar a su punto sensible más fricción. Sabía que lo deseaba. Nuestros cuerpos chocaban, como las rocas y el océano que está constantemente enviando olas hacia ellas una y otra vez. Era mágico, el tipo de cosas que lees que se sienten en las novelas cursis y románticas. Pero dos cuerpos no estaban hechos para estar perfectos como nosotros, quisieran creerlo o no. Era el tipo de cosa que te hacía creer que habías encontrado a tu otra mitad. Lo malo, era que era el único que se sentía así, pero por más que supiera la verdad, no me importaba. Estaba enamorado, de eso estaba seguro. Incluso si era solamente para enseñarme una lección, o al menos así es como lo veo, empezar a preocuparme por alguien aparte de mí mismo... por una vez. Tenía que enfrentar mi decisión después, pero en ese momento, ella estaba ahí y tenía que saber la forma en la que me sentía. No la dejaría abandonar esta habitación sin saber, y no tener ninguna duda, de donde estaba mi mente, corazón y alma. Estaban con ella, y siempre sería así. Y si decidía dejarme cuando lo hubiera dicho, igual se lo llevaría con ella. Me acerqué a su oído, las palabras dejaron mis labios con un toque apasionado y dolorido. ― Te amo, Isabella... Con todo mi... jodido corazón. ―Oh dios... Edward.― su voz estaba tan llena de emociones que tuve que mirarla. Su labio inferior tembló. Tímidamente acerqué mi rostro y bese su labio inferior.― Por favor... Dime Bella. Solo... Bella. En su cara se veía la validad de sus palabras, una lágrima se deslizo por sus mejillas, no pude encontrar ningún tipo de expresión que me dijera que lo decía por lástima. Si creí que mi corazón estaba latiendo con fuerza antes, no se comparaba con las acrobacias que estaba haciendo en ese momento. Fue como una onda de calor que pasó de mi corazón a mi cabeza. Sentí una sonrisa cruzar mi rostro. ―Bella.― repetí en un susurro. Tembló en mis brazos. ―Jesús, eso suena tan sexy. Dilo de nuevo.― presionó sus labios en mi cabello y levantó mi cabeza para poder ver mi cara. Acerqué mis labios a ella, mientras repetía su nombre. ― Bella... Sus dientes se cerraron alrededor de mi labio inferior, una, otra... y luego los succionó entre los de ellas murmurando. ― De nuevo. Con más vigor que la última vez, la besé, diciendo su nombre una y otra vez porque podía... finalmente podía. La penetré más fuerte siendo más insistente, sosteniendo el interior de su rodilla y rozando mis caderas contra las de ella. Más fuerte, más profundo, más rápido.


Agarré el cabecero de detrás de nosotros y lo utilicé para moverme aún más fuerte de adentro hacia afuera. Ella se movió contra mí, el sudor de nuestros cuerpos mezclándose el uno con el otro. Los tendones de mis brazos y mi cuello se tensaron, los músculos de mi espalda y abdominales también y mi trasero estaba recibiendo un entrenamiento importante por darle todo lo que tenía. Isabella enterró sus uñas en mi espalda y rogué a Dios que dejara una marca, una marca como la que había dejado en mi corazón. La miré, intentando memorizar cada parte de ella, no podía hacer nada aparte de detallar cada vena en su cuello. Una imagen que me perseguiría por el resto de mi vida. Exquisita. Una gota de sudor cayó desde mi nariz hasta su labio interior, y la mire mientras sacaba la lengua y la probaba. Sus ojos se cerraron y gimió como si estuviera comiendo chocolate o algo así. ―Mírame, cariño.― susurre. Hizo lo que dije, nuestros ojos hicieron conexión de manera instantánea; una conexión más profunda.― Te amo, Bella. ―Edward, Yo... agg.― resopló mientras mordía su labio inferior y recostaba su cabeza, su orgasmo lanzó ondas por todo su cuerpo y se apretó a mi alrededor. La vista era... Oh dios... la expresión en su cara cuando le dije que la amaba y ella viniéndose... No. Había. Palabras. Con un empujón más, la seguí. Pude sentir sus paredes cerrarse y presionándome, mientras pulsaba dentro de ella hasta que no pude más. Me rodé hasta mi lado y la llevé conmigo, usando mis dos brazos para llevarla contra mi pecho, no quería que se fuera. ¿No era esa la idea? No podía dejar que se fuera, pero tenía... porque mantenerla aquí, sería... cruel. Nos recostamos por lo que pareció una eternidad, pero no fue suficiente. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente estuvimos ahí abrazados... perdidos en nuestros pensamientos. Las sábanas estaban. Las sábanas a nuestro alrededor estaban llenas de nuestros húmedos cuerpos... Que dulce resultado. Y ella, rompió el silencio. ―Edward.― su voz era suave apenas pude escuchar mi nombre.― Necesitamos hablar.― eso... lo escuché claro y fuerte. Y no quería, porque esa era la parte en la que lo arruinaba todo, cuando me golpeaba la realidad. Cuando ella me decía que se iría. ―Shhh... No aún.― dije y acaricié su cabello y besé su cabeza.― Podemos esperar a la mañana. Por ahora solo quedémonos así.

Isabella... Bella asintió y volvió a recostar su cabeza en mi pecho sin decir nada, dándome la última noche para tenerla en mis brazos, la primera y única noche donde todo estaba


bien porque ella estaba ahí y sabía que la amaba. No había forma de que durmiera porque pasaría cada segundo que me quedaba con ella. Para recordar la noche, me quedé justo allí. Mientras ella dormía pacíficamente, acaricié su cabello, inhalé su escancia. No fue hasta que vi el primer tinte naranja de la mañana que me moví de donde estaba. La besé suavemente en la mejilla y susurré. ― Te amo.― y me fui a tomar una ducha. Mientras salí de la habitación una fuerza invisible me llevó a mi oficina, me encontré a mi mismo parado frente a un cajón de mi escritorio. Con mano temblorosa lo abrí y saqué la copia del contrato; el contrato que ataba a Isabella a mi por otros cuatro años. BPOV. Me levanté la mañana siguiente, y me asusté por un momento, vale más de un momento, cuando no sentí a Edward en la cama. Pero cuando me senté y mire a mi alrededor, noté que la puerta del baño estaba cerrada, lo que significaba que estaba ahí. Y me di cuenta de que seguía desnuda, lo que no era demasiado raro desde que Edward dijo que durmiera así y la ropa que había descartado seguía en el piso. Genial, no había sido otro de mis sueños. Volví a la cama y acaricié la almohada de Edward. Me amaba. Joder, me amaba. Y no solo lo había dicho... me lo había demostrado. Con cada toque, con cada beso, con cada parte de él hasta que no quedó duda alguna. Mis pensamientos se devolvieron hacia unas pocas horas antes, sonreí tanto que me dolieron las mejillas. Estaba vibrando desde adentro hacia afuera. Supe en el segundo en el que dijo que me amaba con “todo su jodido corazón” que era verdad. Pero no sonó bien diciéndolo con mi nombre formal y tuve que insistir en que no tenía porque usarlo. Se había ganado el llamarme como lo hacía. Nada podía estar mejor. Y cuando lo escuché decir la palabra de su boca... Ah, me hizo temblar, quería escucharlo una y otra vez. Le iba a decir que también lo amaba, pero cuando me pidió que lo mirara, y vi que podía imaginar lo que estaba en su interior, con su nariz tan cerca a mi cara... y luego diciendo esas tres palabras de nuevo, usando la familiar versión de mi nombre... no pude hacer más que caer en el orgasmo, que hizo que su cuerpo se sintiera como mío. Incluso intenté decírselo de nuevo, cuando tuviéramos la oportunidad de hablar. Pero no quería hablar. Quería quedarse en lo que había pasado, y eso estaba bien para mí. Porque aún teníamos tiempo hoy, mañana y el siguiente día y toda nuestra vida después de eso. Estábamos enamorados. Me refiero, ¿cuál era el problema? Dos extraños, ambos tomando medidas desesperadas intentando salir de toda la mierda, nos encontramos. Encontramos el amor. No nos tomé nada quedar en algo. Esa sería la historia que alguna vez le contaría a nuestros hijos... evitando la parte de su abuela siendo una zorra y todo eso. Porque no sería un momento genial para ellos.


Estaba feliz. Estaba radiante. Era un nuevo día. Como si las nubes negras hubieran desaparecido. El sol brillaba. Las aves cantaban. Y apostaba que si abría la ventana un ave azul y cantarina se habría posado en mi dedo para cantarme una canción. Algo así como con la cenicienta. No es como si tuviera intención de que eso pasara. Con mi suerte, me caería por la ventana. Sería horrible. Nop, eso no pasaría. No iba a arruinar ese día. Así que, mentalmente me dije que el pajarito azul tenía que quedarse de su lado de la ventana, y yo del mío. De esa forma nadie saldría herido. ¡Gran idea! Desayuno. Iría a hacerle el desayuno. Una gran sonrisa se plantó en mi cara cuando decidí hacer huevos con tocino, y luego pensé en lo que podría salir de eso ya que aparentemente el tocino le encantaba a Edward. ¿Quién lo habría pensado? Tocino... una afrodisiaco de colesterol. Genial para taponar arterias. Pero espera, mucho ejercicio ayudaría con eso, así que no había nada que temer. El gruñido en mi estómago me dio la razón. Claro que no había nada que temer, pequeña estúpida. Decidí empezar a cocinar el desayuno, porque la forma de llegar al corazón de un hombre es a través de su estómago después de todo, pero cuando la puerta del baño se abrió y Edward salió... Estaba completamente vestido, y se veía como sexo puro, incluso con las sombras bajo sus ojos. Supongo que lo mantuve despierto mucho tiempo. ―Buenos días.― Le sonreí tímidamente, repentinamente insegura de si se sentiría de la misma forma que hace unas horas. ―Buenos días.― respondió, excepto que su tono era un poco más cortante de lo que había anticipado. Llevó sus ojos a su pecho y empezó a concentrarse en hacer su corbata, incluso aunque estaba perfecta. Sentí que solo no quería mirarme. Mierda. Okey, no necesitas entrar en pánico. Quizá está pensando lo mismo que yo y no sabía cuál iba a ser mi reacción. ―Así que... ¿irás a trabajar?― pregunté, porque no estaba segura de como comenzar. ―Sí. Dejé algo de trabajo la noche anterior porque salí demasiado rápido. Así que necesito arreglarlo.― respondió, su mano se movió de su corbata a su chaqueta. ―Oh. Lo siento por eso.― dije sintiéndome culpable por mi comportamiento.― ¿Tenemos tiempo para hablar? ―No. No realmente.― dijo encogiéndose de hombros.― Ya sé lo que vas a decir, la solución es simple. Eso sí que me enojo. ¿Cómo podía decir que sabía lo que estaba pensando? ¿Qué solución? ¿A qué problema? Tanto como yo creí, todo estaba perfecto. Edward caminó hacia la cama y sacó un folder de su bolsillo derecho y lo abrió.


― Ve con tu madre y padre. Te necesitan más que yo.― dijo las últimas palabras y dejó el folder a mi lado. Miré el papel, mientras el volvía hacia la puerta. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que el pedazo de papel que había destruido era nuestro contrato. El que sirvió para acercarme al hombre que amo, que era ahora una donación insignificante al día de la tierra: material reciclable. ―Edward Yo...― comencé, pero él me corto. ―Tengo que irme.― Dijo pausándose en la puerta y volteándose.― Tú también deberías. Con eso, abrió la puerta y se fue sin mí. Ellos te necesitan más que yo... Sus palabras eran definitivas mientras sonaban en mis oídos. Mi corazón, que había estado saltando de felicidad segundos antes, ahora era tan inútil como el documento a mi lado... destruido, partido en dos. ―Pero... yo también te amo.― susurré a la habitación vacía. No podía dejarlo ir sin decirle esas dos palabras. Salté de la cama para correr tras el, pero el aire frio me causo un estremecimiento, me di cuenta de que seguía desnuda. Sabía que Edward tenía ayudantes en la casa y no podía salir así. Así que cogí una de sus camisas y me la puse y corrí por el corredor. Estuve a punto de caer por las escaleras pero de alguna manera me las arreglé para mantenerme de pie mientras alcanzaba la puerta. Tan pronto como abrí la puerta delantera y mi boca se abrió para gritar las palabras... Justo a tiempo para ver la parte trasera de la limosina irse. Demasiado tarde. Se había ido. Y yo... estaba totalmente sola. Capítulo 16 “Jinx” BPOV ―Pero…También te amo, ―murmuré a la habitación vacía. No podía dejarlo ir sin que oyera esas palabras. Salí de la cama y corrí tras él, pero cuando un aire frío me chocó, me di cuenta de que estaba desnuda. Sabiendo que de seguro habría gente que ayudaba en la casa, no podía salir así como así. Así que, tomé una de sus remeras y me la puse, corrí hacia la puerta y por el pasillo. Casi caigo por las escaleras, pero de algún modo me mantuve de pie hasta alcanzar el vestíbulo. Cuando alcance abrir la puerta y abrir mi boca para decir las palabras…solo vi como la limusina se iba. Muy tarde. Se había ido. Y yo…estaba muy sola. Mientras veía como se iba la limusina, sentí algo. Esperaba que sea derrota, angustia, traición, dolor…pero no era eso. Furia. Furia y…arrrgh, más FURIA.


¿Cómo diablos se atreve? Estúpido con su estúpida casa grande, con su gran estúpido ego, y su gran estúpida cabeza que cree saber lo que iba a decir. Y justo, antes de decir las palabras que probarían que estaba equivocado, me dice que me vaya al diablo. Él pudo decir todo lo que el quería, digo, seguro, podría haber repetido su declaración mientras estábamos inundados en la pasión, pero esa pasión fue jodidamente épica y apenas tuve tiempo para recordar como respirar -si, me sacó el maldito aliento-, dejando de lado algo que podría no haber sonado coherente o entrañable. Además, realmente pensé que iba a tener tiempo para decirle lo que sentía. Quiero decir, ¿hellooo?…le dije que me diga Bella. Más aún, no quería que él pensara que decía esas palabras sólo porque él las dijo. Quería un momento para poder gritar-desde-la-cima-de-la-montaña-para-que-todoel-mundo-escuche para que sepa que era totalmente sincera con mi declaración. Porque una declaración de tal magnitud es algo serio, pero estaba dispuesta a hacerlo…por él, por mí…por nosotros. Y él se tuvo que ir y arruinarlo todo con su porquería cavernícola de: yo-hombre, yo-saberlo-mejor-para-las-mujeres. Al diablo con eso. Todas esas mujeres feministas, sin tetas, ni higiene y sin chance de encontrar un hombre…tenían razón. Los hombres son idiotas. Pero, la diferencia entre ellas y yo es que puedo hacer algo por mi hombre porque no tengo nada que perder. Voy a hacer que me escuche, quiera o no. Él va a saber que lo amo y se va a sentir como un completo idiota por dejarme como lo hizo. Porque voy a ir a esa elegante oficina de él y voy a demandar su atención. Él va a ver cuan equivocado que estaba al asumir cosas, y nunca va a sacar a conclusiones otra vez. Porque yo soy una mujer, diablos; una mujer que había dado todo para salvar la vida de su madre moribunda, y tenía una voz que iba a ser escuchada. Sería una mierda que después de entrar al mundo de Edward Cullen, fuera por nada. Resignada a esa teoría, me dirigí de vuelta a la casa con mis hombros atrás y mi cabeza en alto. Después de una ducha rápida y un tour por la ropa inapropiada del mundo de Alice, me vestí y tomé mi celular de la mesa antes de irme. Estaba sorprendida conmigo misma mientras bajaba escaleras, evitando romperme el cuello o la cabeza con una de mis caídas. Cuando llegaba al primer piso, escuche llegar un auto. Tenía que ser Riley regresando después de dejar a Edward, y realmente pensé que era justo el destino porque ¿como podía ser que llegase justo a tiempo? Hubo un golpe insistente en la puerta, seguido de un, ―¡Belly Bean! ¡Bell-lyy Beeeaannn! ¡Trae tu gordo trasero aquí y abre la puerta, perra! Esa voz gritona y femenina no se podía olvidar. Esa era mi mejor…Gabriel Baxter. Corrí y abrí la puerta justo cuando Gabe estaba por golpear otra vez. Para un hombre femenino, eso era bastante rudo y yo tenía suerte que casi me golpeaba en mi frente. Como si tenía que lucir como un unicornio justo antes de enfrentarme a Estupidward.


―¡Gabe! ―chillé mientras esquivaba su puño. Ambos retrocedimos y nos miramos de pies a cabeza. ―¿Qué diablos tienes puesto? ―ambos preguntamos. ―¡Jinx! ¡Me debes una coca! ―Grité al mismo tiempo que Gabe gritaba. ―¡Jinxs! ¡Me debes una coca! Cada vez que jugamos a este juego, nunca tuve mi coca. Gabe, al contrario, siempre, pero por él mismo porque, de acuerdo con él, yo era una vaga cuando tenía que encontrar su quarterbacker (mariscal de campo). Gabe estaba vestido de pies a cabeza de negro completamente. Bueno, casi. Jeans ajustados negros, remera negra y botas negras. Pero, Gabe siendo Gabe, tenia que usar accesorios. Un colgante de Playboy, y tenia puesto una gorra negra que tenia la palabra ‘PRISS’ en rosa. Pero eso no era todo, oh no…justo debajo de sus ojos, tenia pintura negra, como usan los jugadores de football. ―¿Por qué el traje de misión imposible? ―Pregunté mientras nos saludábamos y lo invitaba a entrar. ―Te estoy secuestrando, ―respondió con un movimiento de caderas. Y entonces, miro sobre mi otra vez con una sonrisa de aprobación. ―Tu novio seguro te atrapó, ¿huh? Mira, tu mini vestido rojo, zorra. Diría que te queda como un guante, y sería verdad si fuese un guante y tu cuerpo fuese el equivalente de oh, no se…digamos…la mano de OJ. Entrecerré los ojos, Gabe habla como mira-perra. ―Ah…, ―dijo poniendo su mano en el pecho. ―¡Tú…has sido cambiada completamente, perra! ¡Y no me llamaste! ¡WTF! ―No-oh, no vamos a discutir ese tema ahora, ―le mostré mi dedo a él. ―No hasta que me digas que quisiste decir con eso de estar atrapada. ―Quise decir, toma tus cosas y vámonos. Vamos…dale, lejos con vos. Estoy en una misión para sacarte de tu prisión de esclava sexual, ―dijo y entonces miro con admiración. – Aunque, no se como se lo podría llamar prisión. ¡Es un maldito palacio! ―¿Gabe? Hola, ¿Gabe? ―lo llamé, sacudiendo mis manos y chasqueando mis dedos en frente de su cara. Estaba hipnotizado con la casa de Edward. No que lo culpé; yo también estaba así cuando la conocí. Sólo que para Gabe esa era una situación peligrosa. Tal vez no sea capaz de sacarlo de aquí. El siempre pensó de él como destinado para la realeza princesa, no duquesa, ni conde o rey…princesa. ―¡Adam Lambert! ―grité, sabiendo que obtendría su atención. ―¿Dónde? ―gritó, mirando de izquierda a derecha, atrás de él y entonces, ―mueve tu gordo trasero, perra, ―mientras me corría fuera de su camino para mirar detrás de mi. ¿En serio? Como si pudiese ocultar a alguien como…digamos, tan colorido…como Adam Lambert detrás de mí.


―Eres muy predecible ―me reí ante su cara de decepción…y ahora de perra. Y yo de feliz, me puse seria. ―Ok, en serio, ¿Por qué estas aquí, y como sabías donde estaba? Gabe rodó sus ojos y puso una mano en su cadera, ―Dijiste que Edward Cullen te compró, al principio no capte, pero cuando me golpeo como una perra golpeada por su chulo…El Edward Cullen, de Scarlet Lois, ¿o no? Quiero decir, porque ¿cuántos Edward Cullens puede haber en el mundo, mucho menos en el país y con suficiente dinero para pagar un millón para su perra personal oh-si-papi? ―me preguntó con toda su actuación de estrella porno. Si, claro. ―Ok, tienes razón ―reí. ―Por cierto, espero que sepas que te voy a pedir prestado ese vestido. Lo vestiría mejor, de todas formas. ―dijo mientras tocaba la tela. A Gabe le encantaba pasearse con mi ropa para probar que podía lucir mejor que yo. La perra salió del closet, justo para volver y tomar un top negro. ―Um, no a menos que pienses en guardar esa carne entre tu trasero, no podrás. ―Cariño, la carne que guardo en mi trasero nunca es la mía, y lo sabes. ―Como sea, ―rodé mis ojos. ―Todavía no has explicado porque estás aquí, insistiéndome en raptarme. Estoy bien, y en serio, no soy exactamente una prisionera. Edward me trata muy bien. Mi mejor amigo tomó aire profundamente y suspiro. ―Tengo algo que decirte, cariño, ―empezó. Cariño… el nunca me dice así a menos que estuviese a punto de decir algo fuerte y que él sabía que me iba a angustiar. Mi corazón saltó a mi garganta y trató de salirse. –Nae-Nae ha empeorado, ―explicó, usando su apodo para mi madre. ―Ha sido llevada al University of Washington Medical Center, y han llamado a la familia. Le prometí a Charlie que te llevaría a casa. No se ve bien, boo. Justo entonces, la puerta principal se abrió y Alice entro. ―¡Buen día, Bella! ―me saludó con su usual voz dulce, como si mi mundo no se haya dado vuelta. Su sonrisa inmediatamente se fue al ver lo que asumí era mi expresión pálida. ―Oh, Dios… ¿Qué pasó? ―Edward tenía razón, ―murmuré mientras mi pecho se contraía como una anaconda al tragar todo de una. ―Mis padres me necesitan más que él…

JPOV


Me dolía la cabeza. Dolía como si hubiese sido golpeado por un martillo que cayo desde 20 pisos de alto. O tal vez era como si uno de esos candelabros del Titanic, o diablos, el Titanic mismo. Y mi boca sabía a mierda. Abrí un párpado y observé los daños. Siempre que me despierto así, había siempre una o dos, tal vez tres, zorras de las que necesitaba deshacerme rápido antes que se vuelvan muy pegajosas. Gracias a dios que estaba en mi oficina de Scarlet Lotus…solo. Creo que esa perra, Tanya, se me insinuó cuando le dije que se vaya a la mierda anoche. Al menos, creo que lo hice. Recuerdo follarla…por atrás porque, rayos, tenia que recordar como era. Que mal que Cullen no haya estado allí para verlo. Su cara cuando vio que Tanya era mi cita en el baile no tenía precio, pero no tanto como pudo haber sido. Seguro porque el bastardo con suerte tenía a la Miss Isabella Swan en su brazo, o debería decir que ella lo tenía del brazo a él…literalmente. El brazalete que tenia puesto decía todo; él la estaba marcando como su propiedad personal, lo cual indicaba que tenía que tenerla. Tenia que armar mi plan…porque obtener una mujer como Isabella Swan iba a tomarme más que promesas vacías y una cuenta gorda en el banco como a cualquier mujer. Me estiré y me sentí glorioso por mi genialidad. Una cosa era segura, el cómodo sofá de cuero que hice importar de Italia no hacía nada por mi espalda. Follar mucho en mi vida me la ha hecho daño. Pero que rayos, mientras que pueda producir orgasmos, iba a seguir haciéndolo. Mis orgasmos, no los de ellas. Hey, nunca di garantías; cuando prometo un buen rato, lo digo por mi, no por ellas. Mi cabeza no dejaba de doler mientras me sentaba y me estiraba algo más para que aunque sea me descontracture un poco mi cuello. Dios, me dolía. Mi cabeza me empezó a girar, pero después de un rato pude controlarme. Poniendo un pie delante del otro, hice un zigzag hasta llegar al baño -realmente seguía un poco borracho- y tomé un frasco de calmantes que tenía en el gabinete. Después de tomar una -bueno, dos para asegurarmetomé un poco de agua con las manos porque no tenía un vaso. Cuando miré en el espejo, me asombré. Cualquier idiota que haya tenido la misma noche que yo hubiese terminado hecho mierda, pero yo no. Yo siempre lucia bien. Alcancé la pasta dental que había allí, porque tenía una maldita sonrisa que mantener. Me di una ducha rápida y me cambié. Sí, tenía un armario allí porque alguien en mi posición, y que lucía hermoso como yo, siempre tenía que mantener la apariencia. La ducha me despejó un poco, cosa que era bueno porque tenía una reunión muy importante que necesitaba y necesitaba estar fresco. Una mirada a mi Rolex me dijo que tenía bastante tiempo de sobra. No que me importase; cuando Jacob Black estaba envuelto, el tiempo se detenía. Estaba sorprendido, por decir lo mínimo, cuando salí de mi oficina y vi a Cullen saliendo del elevador. Me vio y me sonrió cuando me vio. Sí, creo que apestaba vivir bajo mi sombra. Siempre estaba un paso más adelantado que él, siempre voy a estar…hasta el día que me venda su mitad de la compañía.


―Es domingo Cullen. ¿Qué estas haciendo aquí? ―pregunté con una sonrisa. No porque me importase sino porque amaba meterme bajo su piel. ―Tengo trabajo con que ponerme al día, ―dijo mientras sacaba la llave de su oficina. Obviamente, me iba a dejar así, pero yo no podía dejarlo hasta que me haya divertido un poco con él. ―Te vas temprano todas las noches. Aunque no hay problema, les expliqué a los miembros de la junta y clientes que tenías a una persona que demandaba tu atención. –dije, con suficiencia. Él sabía la traducción; corté sus bolas y se las serví en bandeja de plata. Punto para el equipo local; al no haberles prestado atención a ellos me dio la ventaja en nuestro juego por el control. Se mofó y sacudió su cabeza. –Hablando de… ella es una maravilla de mujer, esa Isabella. Eeeee-eee! –canté. ―Tiene una boca maravillosa también. ¿Cómo es que me llamó? –pregunté, tocando mi mentón mientras recordaba las palabras. –Ah, si…un rémora. Parece pensar que tu polla es mas grande que el mío también, cosa que puede ser verdad, pero eso no evito que tu otra zorra saltase sobre Jacob Black, ¿o sí? Por supuesto, no como Tanya, Isabella fue muy rápida defendiendo a su hombre. Con pasión y toda esa mierda, también. Podría usar a alguien como ella para mi lista de zorras. Y… ¡bingo! En esa la di. La furia flameó en sus ojos; error número uno porque mientras más la cuidaba, más la quería. Cerró nuestra distancia en medio latido de corazón y me empujó contra la pared con su brazo en mi garganta; error número dos porque agresión en lugar de trabajo solo añadía otra arma en mi arsenal. ―¡Mantente lejos de ella! ¿¡Me escuchaste?! –me gritó mientras me apuntaba con un dedo en mi cara. ―¡Mantnte-muy-lejos-de-ella! Esa es tu única advertencia, Black. Te juro por dios…te mataré con mis propias manos. Error número tres, amenaza de muerte. Tal vez debería necesitar una orden de protección, tú sabes…por todo eso de tener miedo por mi vida, y no debería estar atado a un lugar de trabajo hostil. Le di mi sonrisa ganadora porque lo tenia donde quería. ¿Ves? Esta es la reacción que siempre le advertía de no tener al estar con mujeres. No estaba en juego, ni pensando claro…ni tenía idea que me acababa de dar toda la munición que necesitaba para emboscarlo y robarle su orgullo y alegría… Scarlet Lotus era para mí. Sonó su celular, y aunque lucía como si no iba a contestarlo, maldijo y al final se alejó, dejándome que pueda volver a respirar bien. Hice lo que pude para cubrir mi tos cuando frotaba mi garganta mientras el estaba distraído respondiendo su llamada. Cullen no tenía miedo. Sabía que si alguna vez estábamos frente a frente en una pelea, él sería un gran enemigo, pero nunca se lo iba a hacer saber.


―¡Qué! –gritó. Lo ignoré y empecé a caminar hacia el elevador porque, francamente, me aburrí de él. Ya tuve lo que quería y todavía tenía una reunión, así que… ―Alice, mas despacio… ¿Quién? …¿Gabe? ¿Quién diablos es Gabe? …Mierda, no… Oh, dios, no… ¿Dónde esta ella? …No, no, está bien… UDub? …Ok, cálmate. Llamaré a Carlisle, él trabaja allí… Sí, ve… Ve y estate con ella, Alice. ―escuché su conversación unilateral mientras esperaba el elevador. No tenía idea de lo que estaba pasando, pero otra vez, no me importaba para nada. Mientras entraba al elevador, me miró brevemente y se alejo de su teléfono. ―Era en serio lo que dije, Black. Aléjate de ella. –me advirtió otra vez. –Oh, sí…seguro. Tienes mi palabra. –dije con mofa mientras se cerraban las puertas. El sabía que no lo decía en serio, pero parecía que estaba demasiado ocupado con lo que sea que la pequeña mosquito le dijo. Lo que me dejaba la oportunidad de concentrarme en mis negocios. Subí a mi Viper rojo y prendí el estéreo, explotando con la canción de Queen, We Will Rock You y me fui de allí. Todos los medios de transporte inadecuados parecían dejarme el paso dividiéndose como el Mar Rojo. Era en parte porque el tráfico era muy ligero en un domingo por la mañana, pero me gustaba pensar que era porque era un maldito Dios detrás del volante de esta pieza maestra. Eso es, tristes bastardos…hagan lugar para la grandeza. Con casi nada de tiempo, aparqué en el estacionamiento de Gigandet, un pequeño club sórdido con grandes negocios que han sido mantenidos en secreto. Ho y schmo están en la cima, perras y magnates del negocio; era el marco perfecto, y todos los empresarios deberían seguir este plan. Ingenioso…un hombre tras mi corazón. Caminé hacia la puerta negra y di dos golpes rápidos, seis en el ritmo cardiaco. Contesto Laurent, la mano derecha del dueño del establecimiento. ―¡Sr. Black! Justo a tiempo, como siempre. –mintió con su convincente acento caribeño. Estaba al menos 10 minutos tarde, pero como dije, el tiempo se detenía para Jacob Black. – Entre, entre. Caminé dentro y tomé aire profundamente. ―Aw, el dulce sabor de coño y dinero en la mañana, ―canturreé. ―¿Acaso hay una mejor combinación? ―De ninguna manera. –se rio, mientras me golpeaba la espalda. –James es esperándote en su oficina con la mercancía. Te llevaría, pero tengo que limpiar lo que quedo de la subasta de ayer. –Si, si…ve. Me se el camino.


Camine por el pasillo, probablemente pasear era decirlo mejor, hasta que llegue a la oficina de James. No me moleste en tocar, porque sabía que estaría esperándome. Siempre estaba… esperando… por mí. Y no lo tendría de ninguna otra forma. Abrí la puerta y allí estaba…fumando y desnudo como el día que nació. –Hey, –me saludó mientras fumaba. –Pensé que nunca llegarías. –Sí, yo tampoco. –suspiré mientras cerraba la puerta y me sacaba la chaqueta. ―¿Empezaste la fiesta sin mí? –Pregunté viendo las líneas de polvo que estaban en el espejo rectangular que tenía en su escritorio. –No, nunca es una fiesta hasta que tú llegas aquí, –respondió con una sonrisa sugestiva mientras recorría su pecho con su mano. Colgué mi chaqueta en el estante y caminé hacia el lentamente mientras desabotonaba mi camisa para revelar mi magnífico pecho que escondía dentro. A él le gustaba mirarme. Eso le hacía reaccionar. También a mí, sabiendo como lo excitaba. James no era la perra de nadie, pero el era mi pequeño secreto sucio. Él era mi única debilidad. Por suerte para mí, ninguno iba a saberlo. Cuando llegué a donde estaba, me puse sobre él en una posición dominante. En su vida cotidiana, él siempre era el que se tiraba encima de los débiles, pero conmigo, yo era de depredador y él la presa. Siempre, tomaba su cabello y tiraba duro, forzándolo a que me mire. Una mirada hacia él y podía ver que estaba listo para mi. Y él me tendría, pero no antes que tuviese un poco del polvo. Sumergí mi dedo meñique en una de las líneas y se lo llevé a su nariz. James cerró el otro lado de su nariz e inhaló el polvo blanco. –Oh si, baby. Esta mierda es de la mejor, ¿no? –le pregunté con mi voz ronca mientras abría sus ojos para verme con esos ojos azul bebé. Lamió sus labios mientras miraba mi boca. Ver esto me dio una erección que no podía contener. Amo mi puta vida…

–No te alejes por mucho tiempo la próxima vez. –dijo James mientras terminaba de desabotonar mi camisa. –Te extraño como loco cuando no estas aquí. –Aw, yo también te extraño, Jamie, pero tu sabes lo que dicen…la distancia hace que el corazón quiera mas, –dije, dándole una sonrisa ganadora. Siempre lo hace derretirse, y juego esa carta como un profesional. Yo tenía una imagen que defender, y si alguien alguna vez se entera que jugaba para los dos equipos, podría dañar gravemente esa imagen. No todo el mundo era tolerante a los bisexuales; los gay me ridiculizan, y los heterosexuales me critican. Así que, como no podía dejar que esas perras se apeguen, no podía dejar que Jamie lo haga. Aunque si pensase que era seguro dejar caer la farsa, lo haría en un segundo…por él. Así eran las cosas, sexo increíble era todo lo que iba a haber entre nosotros.


–Tu parte esta en el último cajón del escritorio, –dijo James mientras se sentaba en el sofá sobre su trasero desnudo e iba al baño a asearse. Diablos, el tiene un pequeño y duro trasero. Me acerqué y abrí el cajón para sacar mi suministro personal, y ahí fue cuando lo vi…un expediente con el nombre “Isabella Swan” escrito en rojo. Podía ver la sonrisa sexi en su cara cuando me insultó, y me puso de buen humor. Sabía el tipo de negocios que hacia mi hombre, por lo que tenía curiosidad en saber de porqué James tendría un archivo con el nombre de mi chica. Escuché la ducha, así que saqué la carpeta y eché

un vistazo, escaneando los detalles. Sonreí satisfecho mientras leía lo que parecía ser un contrato por 5 años de vida a un Edward M. Cullen. ―Bueno, bueno…Eddie, Eddie, Eddie…es como robarle un dulce a un bebe, ―reí mientras leía los detalles. Cerré la carpeta y lo puse donde estaba. Estaba seguro por ahora, y sabía que James me lo daría cuando yo quisiese. Lo tenía como quería, mayoritariamente porque estaba enamorado de mí, pero también porque estaba hipnotizado por mi polla. Mientras que él no se sintiese amenazado por mis intensiones con la chica, estaría bien. Lo importante era que al fin gane. Lo que pasó hoy en la oficina con Edward…era mi palabra contra la de él. Y aunque hubiese tenido un buen caso y hubiese disfrutado enterrar su nombre en el barro, no tenía como probarlo. Pero esto…esto no se podía negar. Lo tenía todo por escrito. Scarlet Lotus era mía. Capitulo 17: Two for One Special (Especial dos por uno)

BPOV ¿Por qué las habitaciones de los hospitales son siempre tan frías? Era como si la muerte hubiese llegado y robado el calor. No importa cuan cálida y atractiva parezca era la última que tus seres queridos viesen, darse cuenta que están en sus últimos días, horas o incluso minutos hacían ignorar el ambiente. Y después estaba el olor: químicos estériles mezclados con fluidos corporales, enfermedad y…bueno, muerte. Lo hacía muy real, y quería escaparme…lo más rápido que podía, encontrar a Edward y no enfrentarme al hecho de que pueda perder a mi madre. Pero no podía. Porque primero, no me perdonaría nunca si estas fuesen sus últimas horas y no estaba allí, y segundo… Porque Edward me había rechazado. Además, sería como correr de un problema, solo para enfrentarme a otro que podía ser irremediable. Estaba donde me necesitaban. Casi como si fuese de mi familia, Gabe estaba a mi lado, así como Alice. Gracias a dios que ella pensó en traerme algo mejor que ese pequeño vestido rojo que tenía puesto antes. Probablemente mi padre podría haber tenido un ataque al corazón y terminado en el hospital al lado de mi madre si me hubiese visto con ese atuendo. Así que aquí estoy, mirando a la ventana, vestida en un sweater largo de vestir negro y botas altas. Nada elaborado, nada sexy. De hecho, era algo depresivo, pero coincidía con como me sentía por


dentro. Mi corazón todavía estaba de luto por la pérdida de Edward, vacío, pero mi alma estaba preocupada por la oscuridad en la que me hallaba en realidad; un presagio de que algo peor iba a venir…como la pérdida de mi madre. Así como era devastador perder al único hombre que seguramente amaré, perder a mi madre me haría increíblemente difícil de encontrar la voluntad para vivir. Como un delfín en sus momentos finales, tomaría un último aliento antes de caer en el abismo. El frío en mi pecho aumentó diez veces más al pensar en eso, como si el frío de la habitación se hubiera filtrado hasta llegar a mi corazón. Mi madre era mi mejor amiga. Siempre lo fue. No la misma amistad como Gabe, o ni siquiera como Alice; mi madre era algo más. Ella me conocía mejor que nadie porque estaba viviendo, respirando una copia de ella. Ella puede decir lo que pienso o siento sin que le diga una palabra por eso mismo. Pero como ella tiene más experiencia, ella sabía lo que necesitaba escuchar, y me hacía escucharlo incluso cuando no quería. Aunque siempre a todos les parecía peleadora, solo lo era un porcentaje del tiempo. Por lo que no ver su sonrisa cálida nunca más, nunca escuchar su risa contagiosa, ya no sentir más la calidez de sus abrazos, nunca oler su perfume de almizcle otra vez…ni siquiera podía pensarlo. ―¿Bells? ¿Quieres café? ―pregunto mi padre, sacándome de mis pensamientos. Me giré y le di una sonrisa sin entusiasmo. Así era Charlie; su esposa estaba muriéndose y el no podía detener lo inevitable, así que encuentra algo o a alguien para cuidar. Acepté su ofrecimiento, notando su cara delgada. Sus ojos tenían grandes ojeras, y juzgando por su barba, obviamente el no se ha afeitado en un tiempo. Sabía que el ahora mismo el no se preocupaba por él mismo, y lo dejé pasar. Tendría que controlarlo un poco en el peor caso de que perdamos a mi madre, su compañera de vida. Miré a la forma de dormir de mi madre, y acerqué la taza a mi pecho, esperando calentar un poco mi corazón. Realmente, la única cosa que podría hacerme sentir mejor sería que mi madre se recuperase totalmente…aunque, envolverme en los brazos de Edward mientras me promete que todo estará bien podría ayudar. Lo extrañaba, y deseaba desesperadamente que estuviese aquí conmigo, pero el destino parece que tenía otros planes para nosotros. Es gracioso como salió todo; Edward me liberó del contrato justo a tiempo para ver a mi madre morir, y ser capaz de estar en casa y cuidar de mi padre por el resto de su corta vida. Me pregunte si la vida de pecado que había compartido con Edward había echo que el Karma me diese una patada en el trasero. ―¿Señor Swan? ―llamó una voz familiar desde el pasillo. Miré justo a tiempo de ver al doctor alto y rubio sacar una lapicera de su bolsillo de la bata blanca y empezaba a escribir en la carpeta que tenía bajo su brazo. ―Hola, soy el Dr. Carlisle Cullen, y conduciré la operación y ocupándome de la salud de su esposa. Si esta bien por usted, ¿no es así? Miró a mi padre y entonces me dio una sonrisa cálida de reconocimiento antes de volver a Charlie. Bajo otras circunstancias, mi madre hubiese tomado la decisión sobre su salud, pero ella había sido altamente sedada desde su llegada y estaba incapacitada. Su doctor habitual nos aseguró que sedarla hacía que esté más cómoda y descendía la probabilidad de que ella se emocionase demasiado, y por lo tanto, sobre-ejercitar su corazón débil. Así que, eso dejaba


a Charlie haciendo todas las decisiones médicas por ella. Creo que los doctores y enfermeras estaban aliviadas que no fuese yo. Tal vez fui un poco dura, cuando llegamos, demandando resultados…reclamando que hagan su trabajo…exigiendo que salven a mi madre. Gabe y Alice lograron calmarme, pero finalmente fue el trato del oficial de seguridad que me hiso callar y calmarme. ―¿Encargarse? ¿Qué paso con el Dr. Banner? ―preguntó mi padre a Carlisle. ―El Dr. Banner es un estúpido incompetente, ―suspiré, ganándome una mirada enojada de mi padre. ―¿Qué? Lo es. Escuché una risa de Carlisle mientras chequeaba los signos de mi madre. ―¿Ves? El Dr. Cullen esta de acuerdo. ―mascullé. ―Bueno, no creo que sea bueno cambiar de doctor a estas alturas del juego. ―tartamudeó Charlie mientras se rascaba la parte de atrás de su cuello y miraba a mi madre. ―Esto no es un juego, papá. ―dije…alto, cosa que era injusto para mí. Sabía que él no lo pensaba de esa forma, pero estaba frustrada, pero eso no era una excusa para decir eso. Aunque mi padre no me odiaba por eso, porque se sentía igual…sus palabras se le escapaban como a mí. ―Le aseguro que estoy muy bien calificado. ―interrumpió Carlisle, volviendo a poner su lapicera en el bolsillo. ―Manejo el departamento de Cardiología aquí, y he hecho numerosos trasplantes de corazón… ―Espere un minuto, ―interrumpí su lista de logros, todos muy buenos, estaba segura. El era un Cullen y grandeza seguramente corría por sus venas, pero había un pequeño detalle -el cual era mega importante- que había escuchado en su presentación, pero no lo había captado. ―¿Qué cirugía? Mi madre había estado en cuidado intensivo después de catalogarla en emergencias y después volver a pelear por su vida. Lo que sabíamos era que ella iba a permanecer hasta que un milagro ocurriese, mejore y le lleváramos a casa, o… nada. Había tratado de hacer lo posible para conseguirle un donador, pero incluso aunque teníamos el dinero para el procedimiento, no importaba porque había muchas personas en la lista antes que ella: prueba de la incompetencia y falta de poder del Dr. Banner. Carlisle puso sus brazos a los costados de su cuerpo y tomó la carpeta mientras se balanceaba. ―Tenemos un donador, Isabella. ―dijo Carlisle con una sonrisa genuina. Recordaba mi nombre. Me hizo sentir mal por haber actuado así en el baile solo para obedecer a Edward. ―¿Un… donador? ―tartamudeó mi padre, con una sonrisa dibujándose en su cara. Podía ver que trataba de no emocionarse mucho, como si no creyese lo que estaba escuchando. A decir verdad, también me era difícil de creer, pero tuve un presentimiento que Edward Cullen podía haber tenido algo que ver con esto. Estaba segura que él tenía todo que ver con el hecho de que su tío, un cardiólogo mundialmente reconocido, estaba en la habitación en este momento. Nunca pensé que cuando Edward se enterara sobre mi


madre, el sería tan rápido y consiguiera todo para cuidar mejor de ella. Él ya había contribuido, sin saberlo, con un millón de dólares para su salud, y ahí estaba… contribuyendo también con familiares. Otra vez, estaba demostrando su amor por mí, y todavía no tenía oportunidad para decirle mis sentimientos hacia él. ―Sí, bueno, tenemos un centro de trasplantes aquí, y dado a la condición de la Sra. Swan, ella es un caso prioritario. ―explicó Carlisle. ―Teníamos un donador, y cuando tuvimos los resultados del laboratorio, sabíamos que teníamos un compatible. Ahora, hay papeleo que hacer, y el procedimiento actual, por supuesto. ―Va a recibir un corazón nuevo…―declaré más que pregunté. Pensé en Edward…otra vez, y otra vez, deseé que estuviese aquí. Lo necesitaba aquí. Mi madre podría estar recibiendo un corazón nuevo, pero el mío seguía roto. Realmente dudaba si se podía arreglar un especial de dos por uno. ―Sí. ―respondió Carlisle. Aclaró su garganta mientras una enfermera, que lucía como Betty Boop con cabello rubio, entraba. ―Así que, um…señor Swan, si sigue a Heidi, ella la va a ayudar con el papeleo y podemos empezar. Isabella, ―asintió con la cabeza para despedirse con una sonrisa cálida y se fue. ―¡Alabada sea Oprah Winfrey! Mama Swan va a vivir, ―dijo Gabe con sus manos en el aire mientras daba gracias inapropiadamente. El creía que Dios era una mujer, y esa mujer, era Oprah Winfrey. ―No sé ustedes, pero con la emoción me dio hambre, añadió mientras se paraba. ―Creo que me voy a la cafetería a tomar algo. Si no vuelvo en media hora, búsquenme en Emergencias…y no digo eso por el Dios latino que esta allí, aunque tendría que fingir que no tengo nada allí abajo y llevarlo a que me revise después de llenar mi estómago. ¿Alguien quiere venir? El teléfono de Alice sonó, señalando un mensaje y la miré, viendo como fruncía el ceño antes de dejar su café y decir, ―Yo voy. Tengo que hablar con Jazzy, de todas formas ―una parte de mi se preguntó si eso significaba que iba a hablar con Edward también, pero eso sería tan solo un deseo de mi parte. Charlie vino hacia mí y paso su brazo por mis hombros. ―¿Te vas a quedar sola mientras voy a hacer papeleo? ―Sí, ve. Me quedaré con ella. Miré como mi madre dormía. Las ojeras alrededor de sus ojos eran peores que los de mi padre, e incluso estaba más delgada que él. Me sentí culpable por haber estado viviendo en la mansión de la lujo hecha para un rey y dicho rey estaba persuadiendo a mi diosa sexual escondida para jugar, mientras la dos personas que significan todo para mí estaban sufriendo. Debería haber estado con ellos. ―Hey, cariño, ―dijo, llamando mi atención. ―Va a recibir un corazón nuevo, una oportunidad para vivir otra vez…un tiempo más. Ella va a estar bien, y al segundo que


digan que esta todo bien, quiero que regreses tu trasero al estudio y obtengas un título. ¿Me escuchaste? No quiero que sigas perdiendo el tiempo. ―Sí, papá. Lo que digas. ―reí mientras me abrasaba a su lado y después siguió a la enfermera. Él iba a estar muy decepcionado cuando se enterara que en realidad no había ido a NYU, y no tenia idea de cómo escondérselo. Debería haberlo pensado antes de mentirle, pero en retrospectiva, ellos dicen, es 20―20. Me acerqué y me senté al lado de la cama de mi madre tomando su mano. Su piel estaba muy fría y tenía un tono grisáceo, pero todavía era suave. Vi que sus uñas estaban astilladas y recordé de los viajes al salón de belleza que me hacia ir con ella antes de que se enfermara. Siempre decía que se sentía mejor cuando lucía mejor. La imaginé sentada en su cama, enferma y pintándose las uñas aunque ella sabía que no estaba en buen estado para salir de su habitación donde alguien podía verlas. Tal vez hacia que mi padre lo haga por ella. Me reí ante esa imagen. ―Hey, mamá ―hablé despacio mientras dormía. ―, vas a recibir un corazón nuevo. Bien…―seguí mientras chocaba mis puños en el aire con una sonrisa loca en mi cara. Estaba contenta de que mi espalda diese a la puerta así ninguna persona que pasara me pueda ver hablando con alguien que no me podía responder. Porque eso sería loco, ¿no? ―Pero antes que lo hagas, y mientras estas durmiendo y no me vas a escuchar nada de lo que estoy diciendo, tengo algo de que hablarte. ―Bueno, conocí a un chico, y es increíble. Su nombre es Edward Cullen, ―rodé mis ojos, sabiendo la reacción que tendría si estuviese despierta. ―Sí, Edward Cullen. No dejes que el dinero y su precioso rostro te engañen…el puede ser un gran idiota, pero eso una de las cosas que lo hace increíble. Así que, como sea…no hemos visto por un tiempo, y anoche me dijo que me amaba. ―mi madre hubiese saltado en ese punto, y probablemente hubiese interpretado la canción de Miss Simpatía el-te-ama, el-quiere-casarse-contigo como Sandra Bullock, que hubiese sido mejor que la interpretación de Sandra de Yin Yang Twins’ Get Low de La Propuesta. Sí, ambas habíamos reinterpretado esa escena miles de veces. ―Sí, sí, sí ―dije rodando mis ojos otra vez, aunque ella realmente no me podía ver. ―Esto es lo que pasa…esta mañana, el me dijo que me largara de su vida. Creo que lo dijo porque él cree saber lo que es mejor para mí -hombres, ¿no?- pero de todos modos, nunca tuve la oportunidad de decirle lo que siento por él. ―Enterré mi cabeza en el hombro de mi madre y suspiré, ―no puedo soportar el hecho de que él este allí, estoy aquí y el no sabe, pero yo sí, cosa que puede ser una tortura…porque, argh, ¿saberlo y no poder hacer nada al respecto?… No es algo que se pueda decir por un mensaje de texto o por teléfono, ¿cierto? No, tiene que ser cara a cara. Pero el problema es, que su cara no esta acá y no sé si lo volveré a ver otra vez. Tienes que ayudarme, mamá…porque no tengo idea de que hacer… ―Mi cara esta aquí ahora…―dijo una voz familiar. Levanté mi cabeza y vi en su dirección. El estaba allí, mirando como si hubiese salido de una revista mientras se recostaba en el marco de la puerta con sus manos en los bolsillos de sus jeans. ―Dime, Isabella… ¿Qué sientes por mí?


EPOV Escuché todo lo que acababa de decir. No era que quería escuchar, solo no quería interrumpir el momento que estaba teniendo con su madre. Incluso me di vuelta para irme, pero cuando escuché mi nombre, la naturaleza me tomó y me quedé a ver si ella admitía lo mucho que me odiaba. Pero no era eso para nada, incluso todavía no dijo nada de lo que decía sentir por mí. Bella me miró aturdida, pero no contestó mi pregunta. No dijo nada. Solo saltó sobre sus pies y corrió hacia donde estaba. Alcancé a agarrarla en mis brazos. Ambas manos tomaban mi rostro mientras me miraba a los ojos y una lágrima se deslizaba por su mejilla. Entonces, me besó como si hubiesen pasado años sin vernos, en vez de horas. ―Hey, hey, hey, ―dije entre el ataque de besos. Podía saborear el sabor a sal de sus lágrimas mientras goteaban en sus labios. Estaba llorando y temblando incontrolablemente, así que tomé su cara y la puse en mi hombro, abrazándola fuertemente. ―Está bien. Estoy aquí, cariño. Estoy aquí. Todo va a estar bien. ―Diablos, Charlie no puede verme así, Edward. Él no sabe todavía sobre ti o lo que hice y no se puede enterar. No puede, ―dijo frenéticamente. ―Está bien, cariño. Yo me encargo de eso. ―le aseguré. Necesitaba llevarla a la oficina de Carlisle donde podíamos tener algo de privacidad. ―¡Diablos, Edward! ¿Qué le hiciste? ¿Está bien? ―me preguntó Alice furiosa. Normalmente, diría que su tono estaba fuera lugar y la hubiese reprochado, pero bajo las circunstancias, entendía su brusquedad. Ella e Isabella eran muy cercanas y Alice solo la estaba sobreprotegiendo. ―Lo va a estar, ―respondí. ―Necesito sacarla de aquí. ―No, no puedo irme, ―protesto Isabella entre lágrimas, pero todavía no podía subir la mirada. ―No, cariño. No te voy a sacar del hospital. Sólo quiero llevarte a un lugar más privado para poder hablar. ―le aseguré, acariciando su cabello. ―Oh, dios mío, Al ―jadeó un hombre muy metrosexual mientras se ubicaba al lado de Alice. ―¿Ése es Edward Cullen? Y tiene a mi Belly Bean. ―Perdón, ¿tú qué? ―pregunté. ―Esa cosa en tus brazos…es mía, ―dijo, apuntando a Bella. ―Mi Mejor Amiga hasta la DEF DEF? Oh…muerte. ―Gabe, déjalo, ―masculló Bella en mi cuello. ―Ah, Gabe, ―dije dándome cuenta. ―Tú eres el mejor amigo. Bueno, escucha… la voy a cuidar, pero necesito llevarla a un lugar más privado antes de que su padre la vea. ¿Puedes sentarte con su madre mientras la calmo un poco? ―pregunté, y el asintió en acuerdo. Me volteé a Alice, sosteniendo a mi amor de un millón de dólares en mis brazos. A la mierda


con eso, creo que solo era mi amor ahora. ―Alice, por alguna razón que nunca entenderé, tu tienes un don con las personas. A ellas les gustas. Así que, ¿puedes quedarte aquí y entretener a su padre? ―¡De acuerdo! ―dijo Alice con un saludo y un guiño. Cuando Alice tenía una misión que cumplir, ahí es cuando pone lo mejor de sí misma. Dejé a Gabe y Alice con sus tareas y llevé a Bella por el pasillo, ignorando las miradas curiosas del hospital y pacientes por igual. Cuando finalmente llegué a la oficina de Carlisle, golpeé la puerta y el respondió. ―Entre. ―Se puso de pie en su escritorio en cuanto vio a Bella en mis brazos con una mirada de preocupación. ―Yo, uh…necesitamos un poco de privacidad. ¿Te importa? ―pregunté. ―Para nada. Estaba terminando. Tengo que ir al quirófano de todas formas. ―dijo y aclaró su garganta cuando se iba. ―Solo traba la puerta y nadie los molestara. Senté a Bella en el sofá cuando se fue, pero cuando trate de soltarla, me agarró los brazos y me miró suplicándome. ―No, por favor no me dejes. ―No me voy a ningún lado, Bella. Lo prometo. Solo voy a trabar la puerta, ¿okey? Ella asintió y me soltó a regañadientes. Rápidamente fui y trabé la puerta y agarré de la mini heladera una botella de agua. ―Ten, toma esto, ―dije, destapando y entregándole la botella. Tomó un pequeño sorbo y la puso en la mesa. Ni bien me senté al lado de ella, se sentó en mi regazo y puso su cabeza en mi hombro. Seguía temblando y algo alterada, y no tenía idea de cómo calmarla. ―Shh, está bien, cariño. Todo va a estar bien ahora, ―dije, acariciando su espalda y besando su frente. ―¿Qué te puso así? ¿Eh? Habla conmigo. ―Oh, Dios, Edward…no está bien. Se esta muriendo. O al menos estaba, pero ahora Carlisle dice que tiene un donador, y yo fui mala con él en el baile. Pero todo lo que sabía era que se estaba muriendo y Gabe vino por mí y tenía que venir aquí, y estaba asustada porque pensé que no llegaría lo suficientemente rápido. No quería dejarte, pero tenía que hacerlo. Y te necesitaba aquí, pero no estabas porque te fuiste esta mañana y estaba muy enojada contigo. Quería gritarte. Quería golpearte en tu estúpida y hermosa cabeza y no estabas allí, pero no estabas aquí tampoco…y todavía quiero gritarte y golpearte, pero no puedo porque estas aquí ahora y solo quiero que me abraces. Tu solo…me dejaste…―estaba hiperventilando y diciendo incoherencias al mismo tiempo, y las lágrimas volvían de vuelta, pero entendí cada palabra que dijo. La razón de esto era que ella estaba triste y asustada, y no estuve allí cuando más me necesitaba. Ella tenía razón; era un estúpido. Y ya tenía mucho con lo que lidiar además de mi.


―Lo sé, cariño. Lo siento, ―dije, y lo decía en serio. ―Estoy aquí ahora, y no me voy a ningún lado hasta que me digas que no me quieres más aquí. ―Bien. Porque juro por Dios, Edward Anthony Cullen, si me dejas otra vez, te voy a perseguir y cortaré tus bolas… ―dijo, y empezó a llorar otra vez. Yo solo me senté allí con ella, acariciando su espalda mientras se desahogaba. Sus lágrimas, su tristeza…todo. Luego de un rato, se quedó en silencio, al principio pensé que se había dormido, pero entonces me miró a través de sus ojos hinchados y sonrió. Besé la punta de su nariz, rosada por el llanto, antes de devolverle la sonrisa. ―Arruine tu camisa. ―dijo con voz ronca. ―Es solo una camisa, Bella. Estará bien. ―dije, acariciando su brazo. ―Estoy más preocupado por si vas a estar bien o no. ―Sí. Lo siento que quebré así contigo. Solo te tomé como mi rehén y forzándote a subir al tren a Crazy Town. Voy allí regularmente, ya sabes. ―dijo con encogiéndose de hombros avergonzada mientras tomaba un pañuelo de la caja sobre la mesa. Sonreí un poco en respuesta. ―No es un secreto, Bella. Pero, pero encuentro característica de ti muy cautivadora. ―¿Hace cuánto que estas aquí? ―pregunto mientras se secaba las lágrimas. ―No mucho, ―respondí, tomando el pañuelo y terminando de secarla. ―Felicitaciones por el donante, por cierto. ―Tú hiciste eso, ¿o no? ―Bueno, no tengo esa clase de poder, Bella. ―Sí, pero tú hiciste venir a Carlisle, ¿No? ―Yo pude haberle pedido que venga a supervisar el cuidado de tu madre, sí. ―Entonces, tú eres su salvador…por defecto. Porque si él no hubiese venido, ella no tuviese un donador. ―No soy un superhéroe, Bella, ―suspiré mientras tomaba un mechón de su pelo y lo ponía detrás de su oreja. Tomé su barbilla en mi mano y la miré a los ojos. ―Pero me pondría delante de una bala por ti, tal vez enfrentar una locomotora con nada que una mano para defenderme, y saltar de grandes edificios en un segundo para llegar a ti…todo lo que sea para hacerte feliz…porque te amo, y esa es toda la razón que necesito. ―También te amo ―murmuró. La sangre en mis venas hizo aumentar los latidos de mi corazón al punto que pensé que se iba a salir de mi pecho. Ella me amaba. Mi amor de un millón de dólares me amaba también. ―Tal vez no tenga todas esas lindas palabras para expresarme como tú, pero…


―Hey, ―dije parándola. ―Eso es todo lo que necesito…solo saber que me amas. Cerró sus ojos y exhalo lentamente. Cuando los abrió de nuevo, la miel de sus ojos chocolate se clavaron en los míos y dijo, ―Edward Cullen, te amo muchísimo, tanto que duele. Lentamente me acerqué y tomé su labio inferior entre los míos por un beso sensual. Podía sentir sus brazos agarrar mi camisa mientras la besaba una y otra vez; cada vez profundizándolo más. Mientras movía mi lengua sobre su labio, ella abrió su boca y me dio la entrada que estaba buscando mientras ella tiraba de mi camisa, tratando de acercarse más. Sin romper el beso, maniobré para quedar sobre ella mientras me arrodillaba entre sus piernas. Otra vez, me tomó de mi camisa, acercándome a ella hasta que nuestros pechos estuvieron pegados. Estábamos besándonos como unos adolescentes en la oficina de mi tío, en su sofá y me sentí tan vivo. Mi mano se movió hacia su muslo, en la terminación de su vestido, y paré cuando llegue a su cadera. Algo estaba muy fuera de lugar. Enganché mis dedos bajo la banda elástica que volvió a su lugar. ―¿Qué rayos es esto, Miss Swan? ―pregunte entre sus labios. ―Bragas. ―respondió sin aliento mientras empezaba a besar mi cuello. ―Eso lo sé. ¿Qué diablos están haciendo en tu cuerpo? ―Alice me los compró junto con el vestido, ―dijo mientras tomaba mi trasero y jalaba mis caderas con las suyas. ―Pero tú no deberías habértelas puesto… ―dije, tomando de su trasero también ― su casi desnudo trasero. Bueno, al menos era una tanga. Maldijo y arqueó su espalda cuando mordí su cuello. ―No, pero tú me dejaste. Además, rompiste el contrato. ―su respiración era irregular, tanto como la mía. ―Que importa el contrato, tú sigues siendo mía. ―dije, empujando su centro y provocando un gemido para probar mi punto. ―Y has sido una chica muy mala, Isabella. ―Mmm, me encanta cuando te pones así de posesivo y amenazante, ―ronroneó, enrollando sus piernas en mi cadera. Esto era lo que amaba de nuestra relación. Acabábamos de confesar nuestro amor inmortal por cada uno, y aquí estábamos…a punto de hacerlo en la oficina de mi tío. Pero esto no era correcto. No aquí, no ahora. ―Cariño, estaría más que encantado en hacerte pagar tu error ahora, pero tenemos que parar antes que nos dejemos llevar. ―dije, apartándola minuciosamente.


Suspiró y dejó caer su cabeza en el reposabrazos mientras desenrollaba sus piernas de mi cintura. ―Tienes razón, ―dijo cerrando sus ojos y mordiendo su labio inferior. Lo soltó y me empujó en el pecho. ―¿Ves? Esto es lo que me provocas, Edward Cullen, ―resopló mientras me sentaba y se acomodaba la ropa. ―Tú vienes aquí y me irritas, sabiendo que no podemos hacer nada al respecto…y mi madre esta al final del pasillo, a punto de entrar en cirugía. Tengo cosas en mente para decirle a mi padre sobre como tomaste ventaja de su dulce e inocente niña y la convertiste en un poster de hormonas femeninas. Paró abruptamente. ―¡Mierda! ¡Charlie! ―¿Qué pasa con él? ―reí. ―¿Cómo voy a explicarle a mi padre sobre ti? ―¿Qué tal con: Papá, este es mi muy rico y muy sexy novio…él tiene una gran polla y una lengua torcida? ―pregunté, lamiendo mis labios para molestarla. Me miró. ―Lo digo en serio, Edward. ―Yo también, y creo que ya probé la validez del hecho, pero siempre puedo refrescar tu memoria, ―dije con una sonrisa maligna y moviendo mis cejas mientras tocaba uno de sus muslos. ―¡Edward! ―dijo, sacando mi mano. Se levantó y empezó a caminar por la habitación. ―Mi padre cree que he estado en NYU, no en la Casa de Edward Cullen para Desflorar. ―Ohh… ―¿Cómo le voy a decir que te conocí? ―Bueno…siempre puedo irme y él no saber nada sobre mí ―ofrecí. Paró de repente y se volvió hacia mí señalándome con su dedo. ―Oh no…tu no te vas a ningún lado, señor. Te quiero aquí conmigo. ―Okey, cálmate, ―dije, arrojando mis manos, derrotado. Ella puso sus manos en su cadera y empezó a morder su labio inferior. Tenía que parar de hacerlo, o no íbamos a lograr salir de esta oficina sin follar como conejos. Me levanté y caminé hacia ella, sacando su labio de sus dientes y tomando su cara. ―Pensaré en algo. Vuelve con tu madre y encuentra la forma de decirle a Alice y Gabe que me encuentren aquí sin que tu padre sepa. ―¿Qué vas a hacer? ―No lo se todavía, pero estoy seguro que si los tres ponemos nuestras cabezas juntas, algo creíble va a salir. ―Okey, ―dijo asintiendo. Le di un casto beso, pero dulce y la acompañé a la puerta. ―Hey, ―dije, deteniéndola antes que se vaya. Se dio vuelta a verme. ―Te amo.


La sonrisa que me dio fue tan eléctrica que podía iluminar toda la ciudad de Seattle. ―Yo también te amo.

Capítulo 18: “Hors D’oeuvres” EPOV. Finalmente teníamos un plan. Nos tomó cuatro horas salir con algo, pero finalmente teníamos uno. Por supuesto, bastante tiempo fue invertido en el refuerzo que Alice decidió que necesitábamos llamar a mi prima, Rosalie. ―Eres un cerdo deplorable, ¿lo sabes?― Rosalie me soltó después de decirle porqué la necesitábamos aquí. ―Sí, lo soy.― estuve de acuerdo con ella, porque era cierto, pero irrelevante en este momento.― Como sea, ya no es así. La amo y me ama y está sentada allá con su padre, y estoy dispuesto a que me deje hacer esto así no tiene que pasar por medio de toda esta mierda por su cuenta. Ahora, nos vas a ayudar, ¿o no? ―Sí― finalmente aceptó y marcó sus palabras con una mirada asesina.― Pero... hago estoy por ella, porque tú obviamente tomaste ventaja de su situación. No merece caminar en el fuego por algo en lo que tú tienes una cantidad igualitaria de culpa. Estaba de acuerdo con eso, porque tenía razón. De hecho, Rosalie fue la que tuvo la brillante idea. Mi contribución no era del todo brillante porque no podía sacar de mi cabeza el pensamiento de Bella en ropa interior. Era un flagrante motivo de desprecio hacia mí mismo, un golpe bajo, y tenía que castigarme... pronto. Estaba ansioso por ello. ―Bueno, equipo, salgamos de aquí y traigamos la victoria.― Dijo Gabe, caminé a su lado, y él agarró una de mis nalgas firmemente en sus manos. Me paré inmediatamente y lo miré con una ceja levantada. ―¿Qué?― dijo con una sonrisa tímida en su rostro. ―Acabas de agarrarme el culo. Eso es invasión a mi espacio personal.― le dije con una mirada de te-estoy-viendo. ―Pffff― resopló.― No estés tan seguro de ti mismo, dulzura. Aunque tienes un gran culo, era solamente un toque diminuto en ese derrier tuyo... como cuando un jugador de fútbol palmea al otro en el trasero camino al campo de juego. ―Tiene razón― dijo Rosalie―. Soy agente deportiva, lo sé. Lo veo todo el tiempo. Es sensual, si me preguntas. ―Mira― Gabe se volteó hacia Rosalie y palmeo sus senos y los pellizco dos veces.― Mierda, esas son unas buenas boobies.― canturreó, alternándolas en sus manos.― ¿Sostén de relleno? ¿O bien trabajadas?


―Por favor, perra.― dijo rodeando los ojos mientras agarraba sus caderas y luego con su mano libre agarro su trasero.― ¿Relleno? ¿O tu trasero es así de gordo? ―¡Oh dios! ¡Lávate la boca!― chillo y la palmeó.― Juro, que si no me gustara tanto el otro lado, y no estuvieras casada, me volvería bisexual, por ti. Definitivamente esta era una escena demasiado gay para mi gusto. ―¿Qué hay de mí?― dijo Alice con un puchero, sintiéndose a un lado de la orgía inapropiada de caricias que rápidamente estaba saliéndose de control. ―Aw...― dijo Gabe mientras sacando su labio inferior para imitarla.― Ben aquí, campanita.― La cara de Alice se iluminó de emoción y caminó hacia él, aplaudiendo. Gabe puso sus manos a su alrededor, agarrando sus nalgas y palmeándolas tres veces, rápido y duro. Cuando lo hizo, Alice se paró con los ojos empequeñecidos y empezó a acariciar sus mejillas cuando dijo -Wow- con una mirada admirativa en su rostro. Apuesto a que a Jasper le encantaría saber que su mujer estaba filtriando con un gay. Hice una nota mental para acordarme después, porque no sabes cómo te puede funcionar en el futuro una información como esa. Gabe giró para mirarme antes de decir. ― ¿Ves? No tenemos pena de absolutamente nada, no va a pasar nada raro y se siente bien, cariño. Déjame saber si necesitas clases de esto en privado, eso es todo. ―¡¿Qué?! ¡No!― respondí con horror. ―Como sea. Ne-ga-d.― dijo separando las silabas. ―Ahora sé de dónde saca todo eso Bella.― dije con una sonrisa triste.― Vamos, entremos allí. No quiero pasar otro segundo lejos de ella. ―Aww, ¡eres tan dulce! Creo que van a estar bien después de todo― dijo Gabe sinceramente. Su sonrisa desapareció y dio un paso hacia mi espacio personal, estábamos nariz con nariz ahora.― Pero, hazla llorar de nuevo... y te convertiré en mi perra personal antes de encender tus bolas en el infierno― y luego canturreó―. Tus nuececillas quemándose en el fuego...― dijo batiendo sus pestañas y volviendo a su sitio. Parecía Jack de Will y Grace. O quizá era como Kurt de Glee. Diablos, no lo sé... no es como si viera mucha televisión, pero estaba seguro de que estaba tomando notas de varios personajes gays. No es como si fuera homofóbico... pero ya saben... Al menos, tenía un punto. ¿Convertirme en su perra? No lo creo. ¿Encender mis pelotas? Bueno, obviamente quería encenderlas en más de una forma. Después de haber hecho eso con Bella en la boutique, no había duda de que ella y su M.A compartían un amor por la pirotecnia. Y eso me ponía nervioso... muy nervioso. Aparte de eso, estaba feliz de que Bella tuviera a alguien que pelearía con uñas y dientes para protegerla. Estaba seguro de que Gabe se tomaría la expresión literal. Cuando finalmente llegamos a la oficina de Carlisle hicimos el camino hasta la habitación de Reneé cuando paso los brazos encima de los hombros de Rosalie.


―Así que... ¿agente deportiva? Supongo que has salido con varios famosos. ¿Conoces a Adam Lambert? ¿Podría tener sexo con él? Me refiero, sé que no es un atleta, pero es definitivamente un sexleta y eso tiene que ser parecido ¿verdad? ―En todo caso, conozco a Adam. Cantó el himno nacional en uno de los partidos de Emmett y terminó sentándose a mi lado. Tenía una cosa para mi marido... y para mí. Gabe cubrió su boca con sus manos y jadeo. ― ¡Calla tu sucia boca! ―No lo haré.― se rio Rosalie.― aquel chico es definitivamente bi.― Emmett no podría meterse con él, soy una perra posesiva, así que nada salió de ello. Seguimos siendo buenos amigos, supongo. Así que estoy segura de que los puedo presentar. ―Rosalie McCarty, desde el fondo de mi jodido corazón... te daré un hijo.― Gabe dijo, completamente serio.― Estoy seguro de que algún doctor puede hacerlo, puede sacar esperma de mi trasero para ti. Podemos llamarlo, llamarla, como sea... Asstasia, o Buttford o Derrierick.― dijo contando con sus manos como si fueran a ser diamantes de Brodway. Alice y Rosalie saltaron en risas, llamando la atención de las enfermeras. ―Shhhh.― las callé intentando no reírme.― Esta bien, Rose... ve y has tu cosa.― dije poniendo mi mano en su espalda y empujándola un poco hacia la habitación de Reneé. ―Espera un minuto, Dumbward.― dijo en un murmuró mientras me miraba.― Mierdas delicadas como estas requieren preparación. No puedes salir corriendo del lugar sin tener alguien que te cubra la espalda ¿Alice? ¿Gabe? Suspiré y miré mientras Alice se escurría detrás de la fuente de agua con un vaso de icopor en sus manos. Rosalie se volteó hacia Gabe que empezó a agrupar su ropa y las lanzó a las manos de Rosalie mientras ella pellizcaba sus mejillas. Cuando Alice volvió, caminó hacía Rosalie dispuesta a lanzarle el agua encima.― ¡Espera un maldito minuto! Se supone que debe parecer que estuve corriendo, no como si hubiera ganado un concurso de camisetas mojadas. ―Oh cierto... mi error.― dijo con una sonrisa tímida. ―Bien. Ahora...― Rosalie enredo su cabello, lo lanzo sobre sus hombros y alzo su barbilla.― Rocíame con eso, bebe. Hazme sudar. Había una gran cantidad de cosas inapropiadas que habría dicho con ese comentario, pero ella era mi prima y no iba a etiquetarla sonando como un pervertido. Aparte, estaba seguro de que Isabella me ataría al bomper de un carro, presionaría el acelerador para luego arrastrar mi trasero por la mitad de la calle hasta que mis bolas estuvieran totalmente ralladas por el calor de la acera. Déjenme decirles que el pensamiento de tener bolas pequeñas no era mi mayor deseo. Alice mojó sus dedos y empezó a chispearla en la cara, cuello y pecho hasta que parecía bastante convincente, como si estuviera corriendo en pánico. Después de eso, Rosalie empezó a inhalar cada vez con más rapidez, se volvió hasta la puerta y la abrió de golpe imitando perfectamente el plan que habíamos trazado.


BPOV. La espera era desesperante; como cuando estas esperando a ver si la barrita blanca muestra una línea o dos, después de acostarte borracha con un tipo que ni siquiera tenía trabajo, dinero y control sobre sus funciones corporales. Bueno, no tenía idea de eso, pero me hacía una idea de acuerdo a lo que veía en televisión. Mi madre estaba en cirugía, mi padre sentado pacientemente a mi lado mientras leía el periódico y Edward estaba en alguna parte del edificio, planeando solamente lo que dios tiene idea para explicar su presencia en mi vida. Mis uñas iban a acabar soportando una tortura impartida por mis dientes si seguía así. Heidi, la enfermera-barbie de turno, vino varias veces a decirnos que todo estaba bien con mi madre y que estaba en recuperación; Carlisle estaría allí pronto para darnos más detalles. Eran noticias jodidamente fantásticas, pero aún tenía otro drama con el cual lidiar. Mi padre había estado un poco distraído últimamente, pero tenía una gran habilidad para detectar mentiras, sabía que no nos sería muy fácil ganarnos su consentimiento. Esperaba que el plan de Edward no fallara... y que mi padre no sacara su arma. La doble agente Coochie estaría tan asustada que no sería capaz de manejar eso. De repente, la puerta se abrió y salté de mi silla a punto de caer de ella golpeando mi cabeza con la pared. Que mierda tan inteligente. ―¡Dios, Bella! Vinimos tan rápido como pudimos.― Rosalie dijo mientras corría por la habitación y enredaba sus brazos a mí alrededor. ¿De dónde diablos salió esta perra? Y ¿por qué diablos parecía que estuviera corriendo una maratón?― ¿Estás bien? ¿Tu madre está bien? ¿Qué ha ocurrido? ―¿Rose? ¿Qué estás haciendo aquí?― le pregunté confundida. ―Salvándote el culo.― susurro en mi oído. Entonces, miré sobre su hombro y Edward estaba allí con toda la pinta de un modelo. No, parecía más un rock star transformado en el Dios del sexo. Su mano derecha estaba en su bolsillo y los dedos de su otra mano estaban en su barbilla. Su dedo pulgar acarició su labio inferior, y su mano se levantó en una señal de “¿cómo has estado?” La agente Cooch hizo el mismo saludo, mientras saltaba de arriba hacia abajo aplaudiendo, Alice. Se veía tan idiota. Y digo idiota con amor, no malicia. Edward se ajustó los Jeans y la agente Cooch puso su mano en su frente y se desmayó a sus pies. Sí, ese era el efecto que el hombre tenía en mí. Mi madre estaba bien, así que mi reacción era algo indecente, gracias. ―Dios, ¿ése es tu padre?― preguntó Rosalie y me dejó para saludarlo. Sí, ella; eso me hizo pensar en el ingenioso plan con el que esos cuatro habían salido tenía que ver definitivamente con algunas cuantas tuercas sueltas. Estaba pestañeando con rapidez y estaba segura que de la nada aparecería un poste de stripper. ―Es muy bueno conocerlo, señor Swan― dijo mientras le ofrecía su mano.― Soy Rosalie McCarty, la compañera de Bella.― ¿Mi compañera? Ah sí, me lanzó una pista, pero decidí que mejor mantenía mi boca cerrada y veía como ocurría todo. Una mirada a Alice y Gabe agarrando sus pechos me hizo ver que estaba en lo cierto. Charlie estaba asombrado por Rose, y quería golpearlo por salivar por ella cuando su esposa, mi madre, estaba en medio de su recuperación. No es como si pensara que Charlie


la engañaría. Para ser sinceros ni siquiera era su culpa; Rosalie tenía ese efecto en los hombres, su reacción era normal. Aparte, se había recuperado de su trance inducido y pude darle crédito por eso. ―Rosalie McCarty, ¿la famosa agente y esposa de Emmett McCarty?― mi padre le preguntó con una expresión indescifrable. Sí, eso explicaba que salivara. Lo otro era que eso hacía reaccionar a cualquier hombre, mi padre era fanático de los deportes. ―La misma― dijo Rosalie, asintiendo con la cabeza y con una sonrisa brillante. Oh, era buena. Charlie, tan confundido como solo él podía... Estaba distraída por la forma en la que Edward respiraba. Bueno, no era solo la forma en que respiraba si no el hecho de que estaba ahí. Añadiendo el hecho de que estaba ahí y me amaba... estaba segura de que eso tenía más coherencia. ―¿Bella no te lo dijo?― dijo Rose con una expresión confundida mientras intercalaba miradas entre mi padre y yo. Suspiró y rodó los ojos en señal de exasperación cuando acarició mis hombros.― Cuando Bella llego al campus, todo era una mezcla de chicos; tenía una cama extra en casa. Así que, bueno, como era muy tarde para tomar una habitación por no informar lo de su beca… No podía dejarla defenderse por sí sola. Emmett y yo somos alumnos de la NYU, y estuvimos ahí para cenar, pero mientras nos íbamos la vi. Bella tuvo suerte en que pudimos ayudarla, porque teníamos una habitación extra en nuestro penthouse frente al campus.― le explicó Rosalie, convencida, debo añadir. ―¿Y tú no nos llamaste porque...?― preguntó Charlie, volteando su cabeza y dándome la mirada que siempre me daba cuando era joven y me había metido en algo que no tenía arreglo. ―Yo... ehh.― titubeé, mirando a Rosalie pidiendo ayuda. ―Ella iba a empacar para volver a casa, pero creo en la importancia de la buena educación, no podía dejar que se rindiera por una ridiculez.― Dijo. Y estuve pensando en el hecho de nominarla en los Oscar.― De cualquier forma, Emmett esta fuera mucho tiempo y sería bueno tener compañía. Me acompaña a muchas funciones a las que Emmett no puede asistir por su agenda, en una de esas reuniones conoció a mi primo, Edward. ―¿Edward?― preguntó, volteándose hacia mí.― ¿Quien es Edward? ―Ese soy yo, señor.― dijo Edward dando un paso hacia adelante y saludando.― Edward Cullen. Es bueno conocerlo por fin, Bella me ha hablado mucho de usted y su hermosa esposa. ―Ella... ¿lo ha hecho?― pregunto dándome otra mirada.― Bueno, me gustaría poder decir lo mismo de ti. Prácticamente estaba escuchando como su “mierdometro” estaba gritando en alerta roja. ―Sí, ehm... lo siento por eso, Papá― finalmente pude decir algo. Me levanté y caminé hacia Edward para hacer una presentación propia de la situación y controlar un poco todo esto. Edward envolvió sus manos en mi cintura y me acercó más a él, una señal de que estábamos unidos, pero era increíblemente distractor porque podía olerlo...


―Papá, quiero que conozcas a mi... em... novio, Edward Cullen.― dije, no muy segura de cómo llamarlo, así que supongo que la afirmación salió mas como una pregunta. Charlie me miró, y luego Edward y luego a íi antes de salir del shock. ― ¿Edward Cullen?― preguntó. ―De Scarlet Lotus.― dijo Edward sacando la mano de su bolsillo.― Realmente lo siento por lo de su esposa, ¿cómo esta ella? ―Lo está haciendo excepcionalmente bien― dijo una voz detrás de nosotros. Todos nos volteamos para ver a Carlisle caminar y asumí que lo que llevaba en sus manos era la historia clínica de mi madre. Evitó una mirada confundida cuando vio a Rosalie al lado de mi padre. ― Veo que ha conocido a mi sobrino y a mi hija.― le dijo a Charlie. Ahí estaba el mierdometro, de nuevo. Arqueó una ceja que solo decía Sabía-que-me-estaban-jodiendo.― Que mundo tan pequeño.― dijo Carlisle con una sonrisa. ―Sí, eso parece― replicó mi padre.― ¿Qué pasa con mi esposa? ―Bueno, como ya les dije, lo está haciendo excepcionalmente bien.― Carlisle continuó, tomando ese tono profesional.― El trasplante fue bien. Ahora podemos esperar que su cuerpo no lo rechace. Estará en recuperación y alta supervisión por un tiempo. ―¿Podemos verla?― pregunté. ―Ahora mismo, el descanso es determinante en su recuperación. Nada de emociones fuertes― nos miró a todos antes de mirarnos de nuevo a Edward y a mí.― Así que tenemos un límite por ahora, ¿señor Swan? Heidi le llevara a verla en unos minutos. ―Pero, Bella es su hija.― respondió Charlie. ―Quiero verla― respondí demandante. ―Y lo harás― respondió Carlisle.― Pero por favor, sean pacientes. Uno a la vez. ―Ve tú primero, Bella― ofreció Charlie, aunque ambos sabíamos todo lo que quería estar a su lado y acariciar cada línea de su rostro. ―Está bien, papá. Estoy hambrienta de cualquier manera.― Lo corté con una sonrisa segura.― La veré cuando se sienta mejor. ―¿Por qué no vamos a que comas algo?― preguntó Edward besando mi mejilla suavemente y acariciando mi espalda.― Estaba preocupado porque sabía que estarías tan preocupada que te olvidarías de eso, y estaba en lo correcto. Me dio una sonrisa torcida y mordí mi labio inferior, intentando no atacarlo frente a la habitación llena de gente. Estaba segura de que mi padre no apreciaría ver porno en vivo en un momento como este.


―Iremos contigo― se ofreció Alice, agarrada del brazo de Gabe. Eso me alertó, ver a las dos partes importantes de mi vida unidas en una sola. ―Esta... bien, sí.― dije tomando la mano de Edward. Nos volteamos hacia mi padre y dije.― Dile a mi madre que la amo y que estaré ahí tan pronto como pueda. ―Claro, cariño.― respondió y luego cerró su periódico. Carlisle me dio una mirada y luego siguió el rastro; Rosalie, Gabe y Alice. Edward nos volteó hacia la puerta, mi padre nos detuvo. ―¿Bella? ¿Puedo hablar contigo?― Preguntó, y luego miro a Edward.― ¿En privado? Le di a Edward una mirada de disculpa, estaba nerviosa y él dijo, ―Te esperaré en el ascensor― poniendo un mechón de cabello detrás de mi oreja y besándome en la frente. Luego se fue seguido de nuestros amigos. Tomé aire intentando controlar mis nervios para enfrentar a mi padre. ― ¿Qué pasa? ―¿Por qué tardaste tanto en venir a ver a tu madre?― preguntó. ―¿A qué te refieres? Vine tan pronto como Gabe me dijo.― respondí. Charlie dejó el periódico en la pequeña mesa entre nosotros y me lo señaló. Tuve que acercarme un poco para poder ver mejor. Y allí, en primera plana había una imagen en la sección de entretenimiento de Edward y yo en la alfombra roja del baile de Scarlet Lotus. El pie de foto decía: El soltero más codiciado de Seattle, ¿fuera del mercado? Mierda. Atrapados. El plan de la agente Cooch falló. ―Papá, puedo explicarlo― empecé. Charlie lanzo sus manos al aire y me detuvo. ― No necesitas hacerlo, Bella. Todo lo que sé es que estabas en la ciudad, incluso si no hubiera visto el artículo ya me estaba preguntando a mí mismo como te las arreglaste para llegar tan rápido desde el otro lado del país. Estaba tan atrapado en lo de tu madre que ni siquiera noté lo sospechoso que era que obtuvieras una beca de un momento a otro. Y luego, un millón de dólares aparece en nuestra cuenta bancaria sin ningún tipo de pista del lugar de donde venía, y luego, todo al mismo tiempo, tu madre tiene al cardiólogo más prestigioso controlando su caso, que ahora es el padre de tu “compañera de piso” y luego aparece el primo de ella― se tomó un momento para señalar el periódico.― Como el soltero más codiciado. El tipo tiene mucho dinero y ni siquiera sabe qué hacer con ello, y mi hija, una chica tan tímida que ni siquiera fue a su baile de grado, está saliendo con él y su foto esta en un periódico... Charlie suspiró y negó con la cabeza.


―No tiene sentido, pero ahora mismo, no me importa. Es un milagro, y sospecho que todas estas ‘coincidencias’― dijo recalcando la palabra―, tienen que ver con eso, pero no voy a cuestionar ese milagro porque eso fue lo que hizo que pudiera aferrarme a mi esposa por más tiempo. Sólo... no hagas que me arrepienta ¿vale? ―Sí, bueno, papá.―susurré y luego me acerqué a él, dejando un beso en la parte alta de su cabeza.― Gracias. ―Sí, sí. Sal de aquí y come algo. Estás muy delgada― dijo, despidiéndome.― Y cuando esto se acabe, quiero que ustedes vengan a cenar para poder conocerlo bien. Traducción: Quería presentarle a Edward a Smith y Wesson. Incluso cuando me dio una pista, le di mi mejor mirada de por favor-no-saques-las-armasy-me-hagas-pasar-una-gran-pena. Edward era importante para mí y lo último que necesitaba era que mi padre se pusiera en modo sobre protector sobre su hija de veintidós años. No era la hija de papá y era capaz de cuidar de mí misma. Charlie quizá revocaría el asunto si supiera lo que hice para ayudar a mi familia, pero eso me hizo más fuerte, no más débil. De cualquier forma, cuando conocí bien a Edward, ambos tuvimos un largo bofetón hacia la realidad. Así que dejemos que papá se divierta con esa historia. De cualquier forma, sería bueno ver a Edward, Dios del control, cambiar de papeles por un rato. ―Es una cita― le dije a Charlie y lo abrasé―, estaré aquí pronto para ver a mamá. Tan pronto como dejé la habitación, tomé aire y volví hacia el ascensor. No había ido demasiado lejos cuando un par de manos salieron de una puerta y me agarraron metiéndome adentro. No hubo protesta, porque sabía perfectamente quien era. ―¿Qué haces?― me reí mientras el presionaba mi espalda contra la pared. ―Te dije que tenía hambre.― Me dijo mientras empezaba a devorar mi cuello a besos. ―No, no lo hiciste. Yo dije que yo tenía hambre― dije corrigiéndolo con una sonrisa.― Eres insaciable, señor Cullen― comenté respirando pesadamente. Mi cuerpo se relajó con su toque. Yo ansiaba por poder tener a este hombre. ―Finalmente nos entendemos, señorita Swan.― dijo mientras tomaba mi seno derecho y empezaba a acariciarlo. ―Así que, ¿qué haremos entonces? ―Creo que necesitas algo de... ¿como lo llaman? ¿Tratamiento para el estrés?― respondió. Sus manos se movían por mis costados hasta mis muslos. Deslizó su mano hacia adentro justo frente a mi ropa interior. Gemí cuando sus dedos hicieron contacto y empezó a masajearme. ―Mmm, si... ¿necesitabas esto no?― respiró en mi oído. Su lengua se enredó alrededor de mi lóbulo y lo succionó con su boca mientras lo mordisqueaba. Intenté subir mis manos para poder acariciar su cabello, pero las mantuvo firmes en su sitio. ― No, no, no. No toques, solo siente.


Acentuó sus palabras metiendo un dedo en mi interior, sacándolo lentamente. El calor de sus manos presionada contra mi clítoris, masajeándola con lentos movimientos hasta que sentí que mis piernas se deslizaban dejándome caer al suelo. Pero no había peligro, porque Edward era capaz de mantenerme de pie. Sentí un segundo dedo ser insertado en mi interior y luego acarició las paredes internas hasta que tuve que mover mis caderas contra su mano. Mantuvo un constante movimiento, pero era lento. Era suficiente, y muy poco al mismo tiempo, sentí mi cuerpo estremecerse por el contacto listo para llegar... solo...un poco...más. ―No aún― susurró contra mis labios y luego me besó mientras sacaba sus dedos, dejándome con ganas. Gemí en protesta y el rompió el beso, mirándome de arriba hacia abajo con esa mirada malvada que hacía que sintiera como si fuera una niña de coro inocente cantando Aleluya. ―Ten paciencia, bebé― susurro.― Sabes que siempre me hago cargo de tus necesidades. Alejó su cuerpo del mío, y luego mis brazos estaban sobre mi cabeza. Me observó y mordió su labio interior. ―Voy a dejar que uses tus manos ahora, Isabella, pero quiero que las mantengas quietas. Si las mueves, no obtendrás recompensa ¿Lo entiendes? ―En verdad te odio por esto.― dije, pero sabía que haría lo que fuera que me pidiera. ―No, no es así― me sonrió.― Ya me dijiste que me amabas, y no puedes retirarlo.― Beso la punta de mi nariz y lentamente desató mis manos. EPOV. Me arrodillé, y deslicé mis manos bajándole la falda de sus caderas. No pude hacer más que acercarme a su centro, así que dejé que mi lengua jugara con su dulce sabor a través del material de encaje negro. ―Hmm... Creo que dejare esto para más tarde― dije quitando su ropa interior de su cuerpo. Esos estúpidos habían creado una barrera entre lo que yo quería y yo. El fácil acceso había sido negado y no podía hacer nada con esa mierda. Bella jadeó por la sorpresa y le sonreí. ― Nunca sabemos cuándo me de hambre de nuevo― dije.― No olvides mi regla sobre estos, señorita Swan. Pagarás por eso... Después. Una vez estuvieron en un lugar seguro, puse mis manos en el interior de sus rodillas y presioné, abriéndolas un poco. No me tomé mi tiempo, no lo hice lento y sensual... Solo puse mi rostro entre sus muslos y ataqué. Su espalda se arqueó y sus rodillas se tensaron, pero la ayudé a mantenerse en su lugar con mis manos firmes en sus caderas. No había forma de que escapara de mí o de mi boca hasta que estuviera listo para liberarla. Me alejé por un momento, y vi que sus dedos se movían mirándola de reojo.


―Por favor no muevas tus manos, hermosa. Odiaría tener que parar antes de darte lo que quieres, pero soy un hombre de palabra, y lo haré, así que no me pruebes.― Le advertí mientras le daba una lamida a su centro. ―Por favor... Edward, por favor... necesito...― estaba rogando. Amaba escucharla rogar por lo único que podía darle. Hizo que mi pene se endureciera de forma imposible. Realmente, no había razón para aplazarlo; matar dos pájaros con una piedra, o pene, como fuera. Le di una última lamida a su centro, mientras me levantaba y ponía sus manos a cada lado de su cabeza. Presioné mi cuerpo contra ella, asegurándome de que sintiera mi dureza contra su centro. ―Eso es lo que me haces. Es bastante doloroso, pero te aseguro, habrá placer allí también― le dije, sus gemidos eran impactantes mientras continuaba rozándome contra ella. Di un paso hacía atrás y desabroché mi pantalón, bajándolo suficiente para dejar a mi miembro libre. Bajé sus manos de la pared, estaba perfectamente de pie sobre sus piernas. ―Voy a tomarme mi tiempo cuando estemos en casa, pero ahora... tenemos que hacerlo rápido. Abrázate a mí― le dije permitiéndole que me tocara por fin. Puso sus manos a mí alrededor y entré en ella. Ambos gemimos de placer y nuestros sonidos se ahogaban en nuestros labios, no quería llamar la atención de alguna enfermera o, Dios nos libre, que su padre decidiera venir a investigar. Esa sería la forma en la que no debes ser mandado a la mierda por el padre de la mujer que amas... Quizá mentir desde el comienzo tampoco era bueno. Choqué mis caderas contra su coño, una y otra vez hasta que clavó sus uñas en mi hombro. Las sentí a través de la tela de la camisa, pero no me importó porque se sentía bien y sabía que era por el placer que estaba sintiendo. Sus besos se volvieron aún mas pasionales y sentí sus paredes apretarse a mi alrededor. El cuerpo de Bella tembló mientras llegaba al orgasmo, dándome libertad para dejarme ir también. Debía decirlo... El mejor. Rapidito. De. Toda. Mi Vida. Me sentía un poco idiota de que nuestras confesiones amorosas acabaran así. Pero definitivamente lo arreglaría después... una y otra vez. Luego empezaría a rogarle de nuevo, porque era un jodido insaciable... literalmente. Una vez ambos cogimos nuestras cosas, la dejé contra la pared, pero se dejó caer sobre sus pies. ― ¿Estás bien?― pregunté preocupado. ―Oh sí… ― suspiró contenta― Estoy muy bien. Sonreí en respuesta, admitía que amaba tener ese efecto en ella. Para ser sinceros, ella tenía el mismo efecto en mí, así que no estaba muy sorprendido; había sido así desde la primera semana que pasamos juntos, y estaba seguro de que siempre sería así. ¿Siempre? ¿Estaba pensando en términos de tiempo sobre nuestra relación? Sí, lo estaba. Ella ahora, era mía.


Capítulo 19: “Envídienme perras.” BPOV. ―¡No lo hizo!― chilló mi madre. ―Oh sí, sí lo hizo ―Gabe se rio por su reacción―. Debiste haberlo visto, Nae-Nae. Estaba todo…― Gabe acercó lo más que pudo y puso su barbilla al pecho extendiendo sus brazos para que cayeran a sus costados como si fuera un tipo muy musculoso. Engruesó la voz intentando parecerla a la de mi padre.― Esa es mi esposa, chico, y estaré jodidamente enojado si tengo que sentarme aquí y dejar que un chiquillo que apenas ha alcanzado la pubertad y, ¡que aún está lleno de hormonas adolescentes le dé un baño con una esponja a mi esposa! ¡Yo soy el único hombre que toca esas cositas! Deja esa esponja y esa bañera, y vete de aquí despacio hijo, antes de que alguien salga herido. Mi madre no podía parar de reírse para cuando Gabe terminó con su menos precisa personificación, y era algo maravilloso para escuchar… milagroso incluso. No había escuchado a mi madre reír así desde hace mucho tiempo, pareciera como si estuviese a punto de olvidar el sonido. Claro que si mi padre hubiera escuchado la burla de Gabe, no lo habría encontrado tan divertido. Lo bueno era que él se encontraba en casa situando las cosas para el retorno de mi madre. Habían pasado diez días desde su trasplante. Hasta ahora, todo muy bien. Todo su color había vuelto, estaba sentada, riendo, comiendo, sonriendo… viviendo. La cicatriz en su pecho era de un furioso color rojo, pero ésta también había estado cicatrizando de manera significativa, y solo le dolía cuando tenía que toser… al menos, era eso lo que ella decía. De cualquier forma, el brillo había vuelto a sus ojos y estaba absorbiendo cada una de las palabras que le decían para mantener su salud para que su cuerpo nunca rechacé su corazón nuevo. El único motivo de preocupación que podía encontrar, era para la familia de la chica que le había dado a mi madre otra oportunidad de vivir. Ella quería agradecerles como era debido, como todos nosotros, y ofrecerles sus condolencias, pero Carlisle había dicho que había sido elección de la familia reservarse toda su información. Así que basados en ello estaba ayudando a mi madre a escribirles una carta, que él aceptó entregar, esperando que encontraran paz en su pérdida. Yo por mi parte esperaba que mi madre encontrara paz en lo que había ganado, pero ella era un ser sentimental y sabía que la idea de que alguien más haya muerto para que ella pudiera vivir la perseguiría hasta el día que muriera… Y esperanzadamente, aún faltaba mucho para ello. ―Bueno, no fue exactamente así.― Alice intervino. ―Fue exactamente así― argumentó Gabe. ―Mi padre, el alguacil de policía de Forks. ―Ex alguacil de policía.― Gabe me corrigió. Le regalé una mirada envenenada y continué. ― Charile no se refiere al cuerpo de mi madre como esas cositas.


―Em, sí, só lo hace.― me interrumpió mi madre con una sonrisa macabra. ―¡Oh! ¡Qué asco, mamá!― chillé. No necesitaba esa imagen mental. Me quedé contemplando la habitación de limpieza para ver si tenían Ajax, o blanqueador, o lo que sea que estos hospitales tuvieran para mantener todo esterilizado y limpiar mi cerebro. Iba a tener que usar algo de fuerza industrial, eso por seguro. ―Oh, por favor, Bella ¿Cómo crees que llegaste aquí?― ella se burló.― Te aseguro que no fue por concepción inmaculada― luego fingió una mirada soñadora como si estuviera recordando.― Seguramente nos divertimos bastante haciéndote. Las cosas que tu padre puede hacer con su… ―¡No termines esa oración!― demandé, cortándola de repente― ¡La gente adulta haciéndolo es un asco! ―Oye, no éramos tan viejos cuando lo hicimos― se rió.― No hay forma humanamente posible en la que yo habría podido contorsionar mi cuerpo de esa forma en el asiento trasero de su auto si estuviera toda rellena como un burrito. Habría necesitado Bengay*― chillé de nuevo por la imagen mental… el trasero de mi padre aplastado contra la ventana, y la cara de mi madre debía haber sido como si… ¡QUE ASCO! ―¡Oye! No hay nada malo con ser gay― Gabe dijo como si lo hubieran insultado, enredando sus palabras. ―Oh… tu cállate.― le lanzó una caja de pañuelos. Gabe se movió antes de que pudiera golpearla, pero eso no disuadió a mi madre de seguir con el tema… Oh no… ―Él en serio baja demasiado en las fiestas― continuó.― En navidad para poner el viejo tronco de navidad, o llenar la chimenea de regalos. Para pascua, esconde huevos, que es perfecto para él de hecho; su pequeño y blanco trasero luce como la pequeña bolita de algodón de un conejito. Para Halloween me lanza un embrujo, o me hace las mismas cicatrices de Frankstein, o replanteándole el asunto a la… vampgina. Tape mis oídos con mis dedos y empecé a cantar para ahogar su voz “El cielo gris se aclarara, pon una cara feliz. Aleja todas las nubes y empieza a cantar, pon una cara feliz. El sooool se propagara por el lugaaaaar, pooooon una cara feliiiiiiiiz” No funcionó. Aún la podía escuchar sobre mi voz. ―El cuatro de Julio… ¿realmente necesito decirlo? Tu padre tiene una fascinación con la estatua de la libertad así que me vestí como ella y… ―¡Para! ¡Para! ¡Détente! Por favoooor, para― rogué con la voz débil― ¡No puedo soportarlo más!― sabía que iba a terminar reviviendo la pólvora en la canción “Firework” de Katy Perry** pero saliendo de sus calzones. Reneé finalmente se calló y me dio la mirada de sé-que-ocultas-algo-. ―No te hagas la inocente, Miss Thang― dijo quitándose las sabanas de encima.― He visto ese pedazo de hombre con el que andas pegada como si fuera parte de tu piel. No se han podido quitar las manos de encima, apuesto a que es bueno en lo que hace, ¿verdad? Me refiero, él es Edward Cullen, el soltero más codiciado de Seattle. ―¿Es en serio? Voy a vomitar― dijo Rose en un tono aburrido mientras examinaba sus uñas. Luego suspiró y se enderezó sobre su silla.― Amo a mi primo y todo, pero en verdad no quiero escuchar esto. ―Tu cállate también, querida. Quiero los detalles.― Dijo y se volteó de nuevo a mí.― Lo quiero saber todo, Bella… ¿Que tan gran de es su manguera de bomberos? ―Oh… Yo… Yo definitivamente no voy a responder esa pregunta.― Dije, mis mejillas estaban rojas. Todo lo que quería era ponerme en una esquina en posición fetal y chupar mi dedo pulgar hasta que el día se acabara.― ¿Es que acaso eres una pervertida? Necesito recordarte que soy tu hija, esto es inapropiado. ―Deja de ser una monja, Sandra Dee, y deja que tu Cha Cha DiGregorio interior brille― Gabe defendió a mi madre… como siempre, cada vez que ella quería atormentarme.― Has estado en encajes caros, puesto tus pies sobre tacos muy altos y pintado tus labios de rojo y enganchado como Danny Zuko― su obsesión por Grease definitivamente tenía que salir en alguna parte.


―Déjanos entrar en su relación indirectamente. Me refiero, te has ganado al premio gordo, cariño, al menos puedes darnos los detalles a… los menos afortunados― dijo Gabe cruzando sus piernas, acomodando su codo en su rodilla y poniendo su barbilla en su palma.― Así que… Cuando se está asomando el amigo es como ¿trepar por las paredes como un mono araña? O solamente “Toc toc, tocando las puertas del cielo” No intentes mentir tanto, hermana cristiana, he visto el tamaño de sus pies… y sus manos. ―Oh por dios… No puedo creer que esto esté pasando.― Murmuré, pasando las manos por mi cara― ¿Me están jodiendo cierto? ¿Dónde están las cámaras? Gabe levantó una de sus manos e hizo como si estuviera agarrando una video cámara apuntándola hacia mí. ―Isabella Marie Swan… Esta, es tu vida.― dijo como si estuviéramos en un programa de juegos por televisión con entonación de presentador.― Así que dinos… Salchicha Viena o camión Mack? ―Solo dinos.― Preguntó Alice. Estaba en shock. En verdad, en shock. Estaba completamente concentrada en la conversación, como si fuera a decirles la cura del cáncer o algo así. Edward era su jefe, y su esposo era probablemente su amigo más cercano, y ahora estaba preguntándome que tan grande era. Rosalie suspiró y rodó los ojos. ―Dilo por el bien de todos así podemos salir de este asqueroso tema. ―¡Bien!― grité lanzando mis manos al aire.― Es colosal, ¿vale? ¡Inmenso! ¡Y el sexo es épico! Es increíblemente bueno. Ni siquiera yo entiendo lo que digo cuando estoy con él y siempre hace que mi cabeza gire alrededor de un mundo desconocido como si estuviera poseída o algo. Es el sexo más increíble del universo que un ser humano puede tener, no creo que si clonaran a Edward Cullen pudiera ser igual. Definitivamente es un orgasmo visual, el alfa de las súper pollas. Su pene debería ser montado como un trofeo y ser puesto en detrás de un vidrio blindado para que todas las personas lo vean pero no puedan disfrutarlo como yo. En pocas palabras, Edward Cullen es el dios del sexo. Hace que mi cuerpo se convulsione. ¡Ahí lo tienen! ¿Están felices? La habitación quedo en silencio, podrías haber escuchado una aguja caer. La mandíbula de mi madre estaba abierta y los ojos de Alice a punto de salirse de sus orbitas. Y luego estaba Gabe… ―Entonces… si tuvieras que darnos una medida específica, ¿Cuál sería?― pregunto, parecía que mi discurso no había sido suficiente. Escuché que se aclaraban la garganta en la puerta y mi cabeza fue directamente hacia allí para encontrar a Edward, el objeto de mi discurso, recostado contra la pared con sus manos en sus bolsillos. Juzgando por la sonrisa egocéntrica en su cara, había escuchado suficiente de nuestra conversación como para inflar su ego. Iba a ser imposible lidiar con él. ―Lamento interrumpirlas, damas― caminó hacia adentro.― Señora Swan, se ve usted muy bien. ―Yo… eh… bueno… gracias.― mi mamá le respondió, aparentemente aún pensaba en mi vómito verbal y probablemente visualizaba a mi novio desnudo. Cuando mi madre salió de sus pensamientos, Edward ya estaba a mi lado, recordé la forma en la que su mandíbula casi se cae al suelo y como abría sus ojos como si no pudiera creer lo que estaba diciendo. Había pasado de ser la madre de una brillante chica de “La chica más joven del mundo por ser explotada por su madre transformada en una pedófila enferma objeto de perversión” Para hacerlo más corto: CMJMSEPSMTUPEOP. No es como si mi madre hubiera sido así en algún momento, o que Edward fuera un pedófilo, pero lo que era definitivo era la línea de perversión que estábamos cruzando. ―Te extrañé― dijo detrás de mí agachándose para darle a mi cuello un pequeño beso. Luego enredó sus brazos alrededor de mis hombros y habló con mi madre.― Hablé con el Señor Swan y dijo que todo el equipo médico había llegado. Parece que está bien así que lo único que falta es que Carlisle de luz verde. ―De hecho el doctor Cullen dijo que no hay complicaciones, puedo irme a casa mañana.― Dijo Reneé emocionada.― Quiero agradecerte por todo lo que tuviste que para hacer… bueno, todo esto posible. Sé que


probablemente no admitirás que fuiste el responsable, pero si no hubieras hecho todo lo que hiciste, sé que no estaría aquí ahora, y mi hija no estaría ni de cerca tan feliz como está ahora. Es por ti… has conseguido entrar en la vida de cada miembro de nuestra familia, Edward, y nunca podremos recompensarte por todo lo que has hecho por nosotros. ―Haría lo que fuera por Bella― respondió y me abrazó.― De cualquier forma, solamente hago lo que cualquier humano con suficiente moral haría si tuviera los recursos, señora Swan. No soy un santo. ―Bueno, a mis ojos, lo eres, y no voy a olvidar lo que hiciste.― Mi madre dijo con los ojos llorosos. Tomó aire y reunió fuerzas antes de volver a empezar.― Ahora Bella, ¿Cuáles son tus planes? ¿Volverás a la escuela? Si, así es… Ella y Carlisle aún pensaban que estaba enrollada con la NYU. ¿Como saldría de ésta? Rosalie salió al rescate. ―De hecho ayudé a Bella para que pueda tomar las clases de este semestre el siguiente, sin afectar su beca― puntuó con una mirada que decía que no hablara de más. Como si la última vez que le dio por hacer esto hubiera funcionado. No.― Así que es libre para quedarse por aquí un rato. ―¡Genial!― gritó mi madre― ¿Entonces vendrás a casa? ―Em… esto…― me cogió con la guardia baja. No había pensado en lo que haría, o en donde iría una vez ella estuviera libre para irse. Miré a Edward, esperando a que me salvara en su caballo blanco, pero su expresión no me ofreció esperanza de volver a casa con él. Podía decir que por la forma en la que el asintió con la cabeza y me sonreía con coraje para enmascarar sus sentimientos sobre que nuestra separación no era muy deseada que digamos. Pero al mismo tiempo, él sabía que esto iba a pasar, lo que significaba que se estaba sacrificando por mí y mi familia. Solamente por esta vez deseaba que fuera egoísta y demandara que debía quedarme con él, pero sabía que no lo haría. Así que me volteé par a ver a mi madre y no tener que ver su cara bonita, esperando que tuviera la fuerza para decir lo que ambos sabíamos que tenía que decir. ―Sí, mamá… Vuelvo a casa.― asentí y le di una media sonrisa esperando lucir convincente como para que no se sienta culpable por mi obvia miseria. Era terrible, lo sabía. Debía querer ir allí para ayudarla a recuperarse porque aún tenía bastante camino que recorrer. Pero la idea de volver a dormir sola en mi fría cama no me atraía, la misma cama en la que había estado la última noche antes de llegar a Edward. En los momentos en los que no conocía ese fuego envolvente en tus venas cada vez que la persona que amas te toca, no sabía lo que se sentía ser adorada por alguien que valía la pena. Podía sentir la respiración de Edward en mi oído cuando habló sobre mis hombros. ―Si está bien para usted, Señora Swan, me gustaría robármela esta tarde. A menos que usted la necesite, claro está. Siempre tenía que hacer del caballero considerado. Lánzame sobre tus hombros como un hombre de las cavernas, ¡joder! Llévame a tu cueva y hazme cosas que nadie se atrevería. Dios, sabía que estaba empezando a tener problemas controlándome cuando él decidía lo que era mejor para mí, una y otra vez. Una parte de mí quería al Edward de antes de vuelta… Al menos en este momento. ―No, no, no… Bella ha estado cuidado de su enferma madre cada día y noche desde que llegué aquí.― Dijo Reneé― Necesita salir. Ustedes dos chicos, salgan de aquí― se aclaró la garganta.― Y… diviértanse― intentó contener las risas, pero Gabe y las gemelas Bobbsey empezaron a reírse. ¿En serio? Parecen niños de preparatoria. Era obvio que nunca iban a superar el vómito verbal de Edward-esel-Dios-del-sexo. Luego me di cuenta de que les había dicho justo lo que quería. Solo estaban celosos, con la excepción de Rose, obviamente… porque si no sería todo un episodio para Jerry Springer “Mi Madre Quiere Acostarse Con Mi Novio, pero Él Está Muy Ocupado Con Su Prima… y Su Casada Asistente Sueña con El Tamaño de Su Pene, y Mi Gay Mejor Amigo Quiere Tener Un Hijo de Él”.


Intenté pensar en cómo avergonzarlos por avergonzarme a mí… alejé esos pensamientos de mi cabeza. Besé a mi madre y tomé la mano de Edward para llevarlo hacia la puerta. ―¿A dónde van?― Preguntó Alice. Me detuve y la miré sobre mi hombro, me reí y dije. ―Envídienme, perras. ―Bueno, ve a portarte mal entonces― dijo Gabe. ―El alfa de las súper pollas ¿Eh?― Edward preguntó en cuanto dimos un paso en el elevador y las puertas se cerraron detrás de nosotros. Puse mi cabello detrás de la oreja, dejando que la esencia de él penetrara mi nariz y embotara mis sentidos. ―Algo así― sonreí. Edward de repente me presionó contra la pared, su cuerpo apretando firmemente contra el mío asaltando mi boca. Sus manos estaban por todas partes, acariciando mis pechos, tomando mi trasero, tocando el sitio exacto en el cierre de mis jeans. Y yo me sentía como gelatina temblando en sus manos. Su ataque fue tan rápido y furioso que ni siquiera tuve tiempo de respirar, pero el oxígeno estaba sobrevalorado ¿verdad? Estaba segura que podía vivir sin él tanto tiempo como Edward continuara haciendo lo que estaba haciendo, haciendo que mi pulso se acelerara manteniendo mi corazón latiendo fuerte. Seguro, probablemente habría algo de daño cerebral por la falta de oxígeno pero cuando esto acabara, habría valido la pena. La campana sonó, indicándonos que paramos en algún piso y las puertas estaban a punto de abrirse. Edward se separó de mi justo a tiempo para que entrara una enfermera. Juzgando por la forma en que sus ojos se ensancharon cuando me vio, supe que ella sabía lo que habíamos estado haciendo. Mi pecho estaba inflándose cada vez que respiraba, estaba segura de que mi cabello estaba tan desordenado como mi ropa… incluso el sonrojo de mi piel era muy evidente. Cuando la enfermera dejó de mirarme a mí y miró a Edward… jadeó. Me volteé para mirarlo, y a mí me parecía que estaba totalmente normal. Así que supuse que sería solo el efecto que él solía tener en las mujeres, bajé mi mirada y noté el increíble bulto que había en medio de sus pantalones. Aparentemente, la enfermera era muy observadora. No con mi hombre. Di un paso hacia el frente, bloqueándole la vista de su polla colosal… mi polla colosal. Sí, estaba siendo una zorra cubre-pollas Gracias al cielo, otra enfermera entró y ellas se engarzaron en una conversación y no volvieron a mirarnos, lo que significaba que no tenía que mantener mi mirada fija sobre ellas. Edward me tomó por la cintura y me acercó a él, mi trasero plantado sobre su erección. Se acercó a mi oído y acarició lo trasero. ―¿Celosa, Bella? Negué con la cabeza. Él se rió y dejó un beso en mi cuello. ― Sí, lo estás― su aliento tibio en mi oído.― Quiero follarte… ahora… justo aquí… con ellas mirando. Mi corazón se detuvo por un momento. Nunca pensé que yo pudiera ser así de pública, pero el pensamiento me encendió. Edward ya me había demostrado varios lados de su personalidad. Quería que lo hiciera, y demostrarla a esas estúpidas que él me pertenecía. El ascensor finalmente se detuvo y Edward me sacó de allí, Riley nos esperaba en la limosina. Una vez estuvimos adentro Edward me acercó a él y me besó profundamente. ―Te extrañé― dijo rompiendo el beso.


Edward había estado a mi lado durante todo el proceso de mi madre. No había un día en el que no hubiéramos estado juntos, pero sabía a qué se refería. Con la excepción de una sola vez en la que… pudimos hacernos cargo de lo nuestro. Tenía que volver con mis padres… Esperanzadamente tendríamos algo de tiempo juntos ya que no tenía que actuar como una adolescente escapándome por la ventana para verme con él. ―Yo también― susurré, besando su mejilla. Una sonrisa criptica se asomó en su rostro. ―No creo que me haya olvidado de tu castigo tampoco. Suspiré y rodé los ojos. ―No te metas con mis panties de nuevo.― bufé. ―Oh, sí.― dijo, tomando mi cabello y forzándome a mirarlo, eso me encendió aún más.― Sabes que… debo castigarte. ―¿Y cuál será el castigo, señor Cullen?― Pregunté, siguiéndole el juego. ―Oh, creo que tengo una idea ¿Tienes hambre?― preguntó, y yo asentí.― Bueno, porque tengo algo para ti justo aquí. Escuché el clic de su cinturón y luego el metal del cierre siendo bajado. ―He extrañado tus labios― dijo, y me beso castamente. Luego tomó aire más fuerte.― Y realmente he extrañado… tu boca. No estaba hablando de la forma sarcástica en la que yo solía hablar. Intente no reírme. Me ocuparía de él increíblemente feliz. Su mano aún estaba en mi cabello. Él acercó mi cabeza a su amigo que ya estaba libre como quien dice “Oye, ¡hola! ¿Cómo estás? Quiero presentarme. Soy el pedazo de carne que estas a punto de deslizar hasta tu garganta cuando mi hombre, Edward, te ponga en tu regazo para poder follar tu boca. Tsk, Tsk, Tsk… a la próxima no te pongas ropa interior, chica” Intenté no reírme porque no quería parecer intimidada ¿Cómo es que algo como esto es considerado como castigo? Demonios, saldría de esto muy fácil. ―Te amo― susurré, esperando hacerlo cambiar de opinión pero sabiendo que no me saldría con la mía. ―Mmjmmm… Yo también te amo, cariño. Ahora chúpalo― dijo, llevando mi cabeza a su regazo. Amaba que no haya perdido esa actitud dominante que yo secretamente amaba, únicamente porque ya habíamos admitido que había sentimientos de por medio. No era igual… él no era igual, y no quería que el cambiara quien realmente era solo por mí. Aunque hablando de chupar su amigo… El ángulo en el que estaba no era exactamente el mejor, así que me deslice entre sus piernas y lo tomé con mi mano. Su piel era suave y caliente, y estaba sólido como el mármol, no pude hacer nada más que admirarlo. Lo extrañaba tanto. Lo tomé con mi boca y lo delineé con mi lengua desde la base hasta la punta. Tenía razón: Disfrutaba tener su polla en mi boca un poco demasiado. ―Mierda, sí. Te encanta esto ¿cierto? Las chicas malas aman chupar pollas, ¿verdad, cariño? Mierda, déjame ver― levantó mi cabello con suavidad así podía tener una mejor vista de lo que estaba haciendo.


Volví a repetir el proceso como respuesta, quería hacerlo feliz. Mi saliva lubricaba mi boca haciendo que fuera más fácil el trabajo y pudiera hacerlo más profundo. ―Mierda, eso se siente bien― siseó Edward.― Amo escuchar esos sonidos que haces cuando estas chupando mi polla. Empecé a moverme más rápido, encendida por la forma en la que hablaba. Edward jaló mi cabello y no pude moverme. El empezó a mover sus caderas. Podía sentirlo en mi garganta y luego saliendo para volver a entrar. Intente controlar el reflejo de las náuseas, pero amaba cuando hacía eso con mi boca. ―Mierda… ¡mierda! Desearía que todos vieran lo buena que te vez chupando mi polla― gruñó. No tenía idea de que me ocurría, quizá había sido el episodio del ascensor o el hecho de que quería que todo el mundo viera lo bien que podía hacer sentir a este hombre, pero cual fuera la razón, con mi mano presione el botón que bajaba la ventana, y ésta bajo… Dándole a la avenida principal de Seattle una increíble vista de nuestro pequeño show. Me sentí como una jodida estrella porno que acaba de ganar la Polla Dorada, me encantaba la idea de que vieran a Edward con su cara de orgasmo por mí. Obviamente, el tipo que se parara a nuestro lado estaría en primera fila viendo que hacíamos en la parte trasera de la limosina. ―Oh Dios… Realmente te amo mujer, maldita sea.― Gimió Edward, las luces de la ciudad se reflejaban en la ventana del otro lado, creando sombras en el rostro de Edward. Tomé todo lo que pude de él, chupando la punta una y otra vez. ―Así es bebé… sigue chupando mi polla así y cuando lleguemos a casa, te daré lo que tanto has querido― susurró.― Voy a hacerle el amor a ese apretado coño tuyo y luego voy a follar ese bonito trasero. Juego, partido, touchdown, gol, homerun… lo que sea. Mi ojo estaba en el premio y definitivamente quería ganarlo. Le di todo lo que tenía a su polla colosal, bajando y subiendo. Las caderas de Edward empujaban mientas yo bajaba lentamente por su extensión, y se vino, todos sus líquidos terminaron en mi boca como la erupción de un volcán. Lo tragué tan rápido como pude, no me gustaba mucho el sabor salado que tenía. ―Jesús, mujer― solté su polla.― Te follaré de mil formas… santo infierno. No hay palabras para describir esto. ―¿Eso significa que estoy perdonada?― me reí. ―Sí― él sonrió, guardando el arma que tenía en su entrepierna.― Te perdono… pero no dejes que esa mierda ocurra otra vez porque solamente lograrás contentarme después del castigo. ―Promesas, promesas― dije, limpiando las esquinas de mi boca. Miré por la ventana y me di cuenta que estábamos en casa… en casa. Sentí algo raro en el estómago, no tenía idea de cuánto podía estar con él. Me refiero, él tenía su trabajo y su casa en Seattle y yo estaría atrapada en Forks. No exactamente en otro estado, pero su horario y… ¿Cuánto tiempo estaríamos juntos? ―Oye, ¿Qué pasa?― preguntó levantando mi barbilla y mirándome a los ojos. ―No sé si puedo hacerlo― respondí. ―¿Hacer qué? ―Estar lejos de ti. ―No iré a ninguna parte, Bella.


―Sí, pero yo si me voy. Y tú eres un pequeño follador, ese es el motivo por el que yo llegué aquí en primer lugar… Me paré abruptamente cuando vi su cara contraerse como si acabara de golpearlo. ―Lo siento, no quería decir eso. Es solo que… Dios, eso está matándome… ¿sabes? Edward suspiró. ―Sí… lo sé― dijo quedito.― Pero, puedo ir cada fin de semana y puedo ir también cada que pueda. Crucé mis brazos sobre el pecho. ―Seguro, será por un tiempo y luego te cansarás de ir de aquí para allá y cada vez nos veremos menos hasta que se te quite el hábito… empezarás a odiarme y antes de que lo sepa tú… ya no estarás conmigo en absoluto y lo habrás superado.― Me abrasé a mi pecho con más fuerza, empezando a sentir el vacío en mi corazón. ―No― dijo en un tono demandante. ―¿No qué? ―No empieces a condenarnos― dijo, llevando sus manos a su cabello exasperado.― Te amo, Bella. Me tomó un tiempo abrirme a esto de nuevo, y no te voy a dejar ir tan fácilmente. Soy tuyo, tu eres mía, y vamos a hacer lo mejor que podamos de cada segundo que tengamos juntos. Ahora sal del maldito auto. Edward abrió la puerta y salió, tendiéndome una mano. Mis pensamientos se volvieron al primer día que llegue aquí, cuando me negué a tomar su mano. Apreté su mano en la mía, simbolizando que estábamos juntos en esto… juntos, encontraríamos una manera de hacerlo funcionar. Inmediatamente puse mis pies sobre el suelo y Edward me lanzó sobre sus hombros, justo como el hombre de las cavernas que esperaba en el hospital, y me llevó hasta la puerta. Me reí, ya no sentía para nada que íbamos a separarnos… estaba feliz de vivir el momento. Porque esos pequeños momentos robados eran los únicos que tendría entonces los viviría al máximo y esperaría lo mejor. Una vez estuvimos dentro Edward me llevó a su oficina, abrió un cajón y sacó algo que no pude ver. La sangre se me estaba subiendo a la cabeza, pero la vista era fabulosa y no iba a quejarme. ―¿Qué haces?― me reí. ―Ya verás― dijo y luego se volteó para salir de la oficina. Me cargó escaleras arriba, y luego a través del corredor. Conocía bien la ruta, me estaba llevando a la habitación, esperaba que para algún juego de esos que me gustaban. Cuando finalmente me dejó sobre mis pies, la sangre abandonó mi cabeza, fluyendo por el resto de mi cuerpo y haciendo que me mareara. ―Primero lo primero.― Dijo Edward. En su mano había una regla.― Si vas a presumirme, creo que debes asumir saber de lo que hablas. ―¿Una regla?― pregunté ―Muy bien. Aunque creo que un metro sería más apropiado― se río. ¿Quería que midiera su pene? Su ego manía comienza... Me reí. ‘Si no puedes derribarlo, únete a él’. Además, quería saber cuánto medía exactamente. Tomé la regla y alcancé sus pantalones.


―¡Whoa, whoa, whoa!― Edward me detuvo, dando un paso atrás.― No puedes medirlo flácido, Isabella; Tengo que bañarme y agrandarme, así se hace. Me acerqué a él y empecé a besar su cuello, al mismo tiempo que masajeaba su polla sobre la tela del pantalón. Incluso flácido tenía un tamaño impresionante, pero no tomó mucho tiempo antes de que sus pantalones se hicieran más apretados. No pude hacer más que reírme, totalmente satisfecha. ―Eres… muy talentosa.― Gimió Edward. ―Mmm… tengo un buen maestro.― Di un paso adelante y bajé sus pantalones.― Creo que ahora si podemos hacer esto, chico grande. Su polla colosal salió libre y yo enredé mi mano a su alrededor, moviéndola un poco para ver que tanto podía levantarse. Estaba impresionada, realmente impresionada. Edward medía 8.75 pulgadas (22.2 centímetros) y todo eso había estado dentro de mí, y estaba a punto de estar dentro de mi trasero. Me sentí intimidada. ―Y ahí lo tienes― sonrió.― Ahora si puedes probar que el pene de tu novio es el rey de las pollas en cualquier parte. Rodé los ojos. ― ¿Qué tanto de ese discurso escuchaste? ―Todo― dijo con una sonrisa y un guiño. Dio un paso hacia mí y me quitó la camisa. ―Ahora supongo que tu ego está un poco inflado ¿eh?― pregunté desapuntando su camiseta. Besé la piel expuesta, inhalando su aroma y memorizando su anatomía. ―Bueno, creo que acabamos de probar porqué ¿o no?― se quitó los zapatos y desapuntó mi brasier.― Y es todooo tuyo, bebé― dijo antes de tomar mis senos en sus manos y pellizcar mis pezones― Jesucristo, quiero follarte. No nos tomó demasiado tiempo tenernos totalmente desvestidos, y antes de que lo supiera estaba recostada en la cama con Edward entre mis muslos. ―Mmm… Te amo, cariño. Su lengua acarició mi clítoris rápidamente, y luego pasó a ser su boca la que succionaba gentilmente, aún podía manipularme como quisiera con su lengua. Levanté mis piernas y apreté mis muslos, gimiendo por la sensación de su barba que recién estaba creciendo en mis piernas. Dos dedos se enterraron en mi interior, mientras otros dos trabajaban sobre mi piel. Las sensaciones que sentía me distraían. Quería más. ―Sí cariño, tú también lo quieres ¿no es cierto?― yo gemí en respuesta.― No te preocupes, bebé. Te lo daré. Solamente necesito asegurarme de que estés lista primero. Me vine… duro, convulsionando por el orgasmo. Edward removió sus dedos y se recostó junto a mí, besando mis hombros y mi cuello. Edward me subió sobre él; mi espalda estaba sobre él, y entró en mi desde atrás. Me hizo el amor despacio, abrazándome y susurrando palabras de admiración y amor en mi oído. ―Te amo tanto― le dije, besando la palma de su mano, porque era uno de los pocos lugares a los que tenía acceso. ―Sé que lo haces, cariño.― dijo mientras acariciaba mi cuello.― Yo también te amo… Jesús, te sientes tan bien. Pero podía darle más. Y estaba por hacerlo. ―¿Edward? ¿Estás listo?― le dije como si necesitara su permiso antes de ir más lejos.


―¿Estas segura cariño?― me preguntó mientras besaba mi cuelo.― Quiero hacerlo… demasiado, pero no quiero hacerte daño. ―Y tú y yo sabemos que jamás me harías daño― le aseguré.― Por favor. Edward abrió su mesita de noche, sacando una botella de lubricante. No se salió de mí, sino que puso un poco en sus dedos y luego en mi entrada. Aun moviéndose dentro mío. ―Es mi primera vez también― supuse que con el lubricante. ―¿Nunca has hecho esto antes?― pregunté, en shock. ―No. Si duele demasiado, sólo dímelo ¿vale?― podía sentir la cabeza de su polla en mi entrada, solamente aplicando un poquito de presión. Asentí, y tomé aire porque estaba muy nerviosa, pero en verdad deseaba esto; la primera vez de algo para nosotros. Finalmente, algo que él y yo podíamos hacer que nadie más haría en nuestro lugar. Lo sentí entrar en mí muy despacio, más presión. Y luego con una estocada estaba totalmente dentro. Jadeé por la sensación de ardor, no respiraba y de nuevo sentí mi interior en llamas. Había lágrimas en mis ojos, como una niña pequeña que se cae y se golpea la rodilla; solamente que esto dolía mucho más que eso. El instinto natural de mi cuerpo fue quitarme, pero me mantuve allí, mis ojos fuertemente apretados, sin querer moverme o respirar por miedo a hacerlo peor. ―Respira, cariño. Tienes que respirar.― La voz de Edward era un susurro cuando llenó mis brazos y mis hombros de gentiles besos.― Solamente respira… e intenta relajarte. Va a mejorar. Exhalé fuerte e intenté relajar los músculos de mi cuerpo. Él tenía razón, cuando me relajé el dolor paso un poco. ―Sigue― le dije. La voz de Edward era rasposa. ― ¿Estas segura, cariño? Ni siquiera ha entrado la mitad, fue solo la punta. ¿Qué DIABLOS? Yo asentí rápido, mi mandíbula sentía la presión de mis dientes apretados. Inhalé de nuevo y exhale, preparándome a mí misma para un poco más de dolor. Podía hacer esto. Podía hacerlo por él. ― Sólo, ve despacio.― dije con voz contenida. ―Te estoy hiriendo, no haremos esto― dijo e inmediatamente se empezó a retirar, cosa que yo no podía dejar que pasara. ―¡No! Quiero esto… por favor, Edward… déjame darte esto. Dame esto.― le rogué y luego me presione contra él solamente para probarle lo mucho que quería esto. Lo escuché gemir… de placer, no frustración. Yo le hice eso. Sentí sus tibios labios en mis hombros mientras comenzaba a moverse muy despacio dentro de mí, una vez más. No era doloroso, sólo incómodo. Pero entre más se movía más me perdía yo en las sensaciones. Un gemido involuntario escapó de mis labios, sus brazos se apretaron alrededor de mis hombros. Quería saber si para él también se sentía bien; quería escucharlo decirlo. ―¿Cómo se siente?― le pregunté― ¿Te gusta? ―Oh… dios, cariño… no tienes idea― gimió, su aliento estaba caliente sobre mi cuello.― Te amo tanto, te sientes tan bien.


―Ya no duele… más… dame más…― le dije, sabiendo que se estaba conteniendo por miedo a herirme. Pero quería que tuviera el efecto completo, y la verdad, me gustaba. Sabía que no sería del todo así la primera vez pero quería más. Edward me tomó por las caderas y se movió más profundo y más rápido. ―Así es, bebé― le dije.― ¿Te gusta? Quiero que te corras muy duro. ―Mierda… amo cuando me hablas sucio. Oh, definitivamente no debió decir eso… ―Edward, tu polla gigante en mi trasero― gemí, queriendo que tuviera el efecto mental tanto como el físico.― Oh, dios, cariño… tú, follando mi trasero. Eso debió haber acabado con él… ―Aaaargggggghhh, mierda, mierda, mierda― dijo entre los dientes.― No puedo… parar. Oh dios, voy a… me voy a correr. Edward dio una última estocada, sus caderas tocaron mi trasero, su mano me dio una nalgada y supe que quedaría una marca. Mordió mi hombro y gruñó… Todo lo que pude hacer fue contener una sonrisa. Lo hice por él. Le di lo que nadie le había dado en el mundo. Y lo haría mil veces más… sólo porque podía. No voy a mentir; dolió demasiado. Pero el dolor y la incomodidad valieron la pena al final porque fue una conexión que compartimos. Podía sentir todo el placer que le daba al único hombre que amaba, y lo hice perder el control. Era la libertad que el merecía, y siempre me gustaba hacerlo sentir libre. Vine hacia Edward totalmente virgen, en todo el sentido de la palabra, física y emocionalmente. Y él me presentó un mundo de placer. Pagó un millón de dólares por mí, pero yo le debía mucho más que eso. Le di mi corazón, mi alma, mi cuerpo… y eran todos suyos. ―Te amo Edward Cullen― dije en un susurro. Él me miró.― Gracias. ―Yo también te amo, Isabella Swan.― susurró de vuelta. Podía sentir su corazón palpitando contra mi espalda.― No puedo imaginar compartir algo tan íntimo y tan sagrado con alguien que no seas tú. Gracias por confiar en mí.

*Bengay: Crema para el dolor o inflamación muscular. En inglés se pronuncia como se pronuncia “Been gay” (Bin gey) por eso Gabe se sintió ofendido. **Firework: En esa canción salen chispas del pecho de las personas. A eso se refiere. Capítulo 20 “The Red Flower Booms” (Florece la Flor Roja) EPOV Hacer el amor con Bella era la cosa más fácil de hacer en el mundo, porque la amaba con todo lo que yo era, o lo que siempre sería. Pero hacerle sentir dolor para el bien de mi placer…era una tortura. Lo quería desesperadamente; era prohibido, tan tabú, y eso hacía todo mucho más atractivo. Pero cuando la penetré por primera vez y la escuché respirar fuerte viendo su cuerpo temblar… sabía que la iba a lastimar al principio, pero no estaba preparado para tanto dolor, y no podía hacerle eso a ella. Estaba decidido a terminar todo ese asunto, cuando ella prácticamente me rogó para que siguiera. Era su petición y quería en ese


momento, esa primera vez conmigo, mi primera, darle aunque ella reciba nada más que dolor… eso fue lo que me hizo continuar a pesar de mis reservas. Estaba muy enamorado de esta mujer que me estaba volviendo loco. Le daría cualquier cosa que quisiera. Le bajaría la luna del cielo y se la pondría a sus pies, juntaría al universo en una pelota y se la pondría en sus pequeñas manos…cualquier cosa que quisiera. Porque ella se merecía mucho más que eso, y sacrificaría mi vida entera para que ella lo tuviera todo. Pero nunca seré capaz de compensar por haberla tratado como una zorra, por tratarla como si no fuera nada mas que un pedazo de carne que estaba allí para satisfacer mis ansias de follar, por tratarla como si fuera solo un juguete más que tenía, una propiedad…por robar su inocencia. ¿Cómo íbamos a lograrlo si nuestra relación nació de deseos impuros? Tenía que tener fe en que lo haríamos, porque si lo que teníamos estaba mal, entonces no quería estar bien. Sip, era una frase gastada, casi tan gastada como esa canción, When A Men Loves A Woman (Cuando Un Hombre Ama A Una Mujer). Maldito Michael Bolton y Percy Sledge… lo sé, pero las palabras eran todas ciertas. ¿Ves? Me estaba convirtiendo en un loco por ella. Déjame probar mi punto… Durante el acto reciente, estaba hecho un manejo de nervios. Mi cuerpo temblaba de miedo a lastimarla y, la dificultad que me tomó mantenerme y no entrar en ella; se sentía tan bien. No que su pequeño y apretado coño no lo hiciese; era solo que experimentar el baile prohibido con ella era tan… algo así solo se comparte con alguien en que confías mucho, alguien con quien piensas compartir el resto de tu condenada vida, alguien con quien tenías un lazo sagrado. La intimidad de ese momento no era nada comparado con lo que pasó con Tanya y Jacob; no había nada de íntimo con ese show de locos. Eran solo dos idiotas follando solo por el acto de follar, solo para destriparme y dejarme sangrando en el piso. Que se pudra esa perra de Tanya. Esa zorra nunca va a superar a mi chica. Y que se pudra ese cerdo de Jacob Black. El podría buscar el resto de su patética vida y nunca va a encontrar lo que yo tengo con mi Bella. Mi Bella. Necesitábamos esto, ese nivel de intimidad antes de la separación. Y aunque sabía que tenía que permanecer fuerte por ella, me estaba matando por dentro saber que ella no estaría en casa cuando regrese en las tardes, que no estaría acostada a mi lado, desnuda en mi cama cada noche, que no…que no vería esa mirada en sus ojos todos los días. Esa mirada que decía más que mil palabras. Esa mirada que decía que yo era su mundo, como ella era el mío. Los labios no eran capaces de decir nada, pero sus ojos… los ojos nunca mienten, y lo que vi allí, reflejaba lo que sentía en cada rincón de mí ser. Ella me amaba. Ella realmente me amaba. No a mi dinero, no mi estatus… a mí. Y aunque pase por el infierno, lo haría funcionar… de algún modo. Isabella movió su trasero contra mí, recordándome que mi polla estaba todavía dentro de ella, flácido pero volviéndose más excitado mientras permanecía en su lugar, y si seguía


moviéndose así, iba a estar cada vez más duro como para salir de ella...literalmente. Aunque me encantaría tener una segunda ronda, sabía que le dolería, y no quería tomar ventaja de su necesidad de darme más. Sólo con estar allí era suficiente, y era mi turno para darle algo en regreso. Así que, antes que mi polla creciera más y la lastimase aun más, salí delicadamente…esperando que el movimiento rápido lo hiciera más llevadero. Como sacar una curita, ¿no? Sentí como se clavaba la culpa en mi pecho cuando ella hizo una mueca de dolor, y mi mente se puso en modo protector. Adoraría a esta mujer, le mostraría mi apreciación y la cuidaría; como ella cuidó a todos a su alrededor, incluyéndome. ― Lo siento mucho, cariño, ― dije, dándola vuelta y acercándola a mi. ― Siento muchísimo haberte lastimado. Mi chica podría haber llorado en mi pecho, podría haberme echado todo en la cara, podría haber hecho cualquier cosa que quisiera en respuesta por el dolor que le hice sentir, pero ella realmente me sorprendió. Bella acomodó sus muslos entre los míos, envolvió sus brazos en mi cintura para palmear mi trasero y atacó mi cuello. ― Cállate, Edward ―murmuró entre besos. ―Estas exagerando esto y me estoy enojando. Y solo para que sepas…definitivamente quiero hacer eso otra vez. Lo dije antes, y lo digo de nuevo: Amo tanto a mi chica que duele. Levantó su cabeza para mirarme, tenía una chispa de maldad en sus ojos. Definitivamente cree a un monstruo, y yo que pensé que era insaciable. Lo era, pero lo que no era, era un maldito insensible. Mi chica estaba adolorida, y estaba intentando de cubrir su dolor así yo no me sintiese mal por eso, lo que era una locura porque por supuesto que me sentía como un idiota por eso. ¿Cómo no podría? Me acerqué y tomé sus labios en los míos, profundizando el beso con todo el amor y adoración que podía mostrarle. Fue cuando me sentí endurecer otra vez que quebré la conexión, sabiendo que ella tomaría eso como señal que la quería otra vez, cosa que lo quería. Sin embargo, sus necesidades eran mucho mas importante que las mías, y en ese momento, ella necesitaba cuidarse, lo admitiese o no. Me tomó mucho hacerlo, pero logré alejarme de ella y salí de la cama. ― Noooo… ¿A dónde vas? ― gritó Bella en protesta mientras se acercaba y tomaba mi mano. Sabía exactamente como se sentía; no podía soportar estar lejos de ella ni por un segundo, tampoco. El solo pensarlo me hacia sentir vacío por dentro, y ya la extrañaba. ¿Cómo iba a poder alejarme de ella? Mi lado egoísta se hizo presente por un momento y casi le pido que no se vaya. Sabía que si se lo pedía ella no lo haría, pero no podía pedírselo. Ya había tomado mucho de ella. ― No lejos… nunca lejos, cariño, ―le aseguré. Con un último beso, la alejé, empeorando nuestra conexión física, pero el lazo invisible que me ataba a la cama donde ella estaba acostada a mi corazón nos mantenía conectados en la distancia. Nunca sentí algo así en mi


vida… tan conectado, tan absorbido en una persona…era un enigma a la que no quería encontrarle solución. Eso me dio esperanza. Rápidamente, corrí hacia su baño, asegurándome que el agua no estaba ni muy fría ni muy caliente. Por suerte, Alice había llenado el baño con algo femenino oliendo a mierda, y una mirada rápida a la etiqueta prometía una calma tranquila. Más vale que sea efectiva, o iba a demandar a esos bastardos por mala publicidad. Solo lo mejor para mi chica. Logré caminar y volver a ella, sólo porque correr habría hecho verme más loco de lo que ya era. Mi polla estaba a medias y se movía de arriba abajo en mis muslos mientras iba a la cama donde ella estaba. Ella observaba el pedazo de carne como si fuese una salchicha colgando en frente de una ventana en una carnicería, y ella un cachorro perdido buscando por comida. ― Estoy tratando de mostrar algo de seriedad. Tú sabes, ¿ser el novio cariñoso y amable? Pero si sigues lamiéndote los labios así, el príncipe se convertirá en un ogro. Y realmente no creo que sea una buena idea ahora ―dije, sacándole las sabanas de su cuerpo desnudo y tomándola en mis brazos estilo nupcial. Mientras caminaba con ella, Bella puso sus brazos alrededor de mis hombros y se arrimó a mi cuello. ―Puedo soportarlo ―dijo, suspirando en mi oído. Un temblor corrió por mi columna directo a mi polla, cosa que no ayudaba para nada. Tomé aire profundo y lo solté lentamente, recomponiéndome. ―De alguna manera, no dudo de eso ―dije, metiéndonos en la bañera. Lentamente, me senté y la ubiqué en mi regazo. Cuando empezó a girarse y besarme el cuello y a gemir, supe que mi resolución no duraría. Así que rápidamente logre sentarla entre mis piernas, probando que podía durar hasta que se termine de bañar sin que la folle otra vez. Isabella se estaba convirtiendo en una ninfa. Me culpé a mí mismo por corromperla, pero quería que supiera que entre nosotros no era solo follar nunca más. Pensé en lo triste que se veía hoy en el auto, cuan insegura parecía estar de que íbamos a estar bien, dada la separación y todo. Quería que supiera que aunque íbamos a estar separados por un poco tiempo, la manera en que me sentía hacia ella no iba a cambiar. Ella necesitaba tener fe en mí, en nosotros. ― Te amo, ―suspiré en su oído mientras la abrazaba por la cintura. ― Muchísimo. ¿Lo sabes? ―Ahora que esas dos palabras habían encontrado salida de mi boca, no podía dejar de decirlas. ― También te amo ― me respondió suspirando mientras sus dedos acariciaba mis brazos debajo del agua.


― Eso no es lo que pregunte ―le corregí. ― ¿Sabes que te amo? Porque si vamos a estar separados por cierto lapso de tiempo necesito que no haya dudas sobre lo importante que eres para mí. Y si lo que dicen es verdad sobre la ausencia haciendo al corazón querer más y toda esas cosas, entonces mi amor por ti se intensificara incluso aún mucho más. Tú eres mi vida ahora, y no dejaré que nadie se interponga entre nosotros. ― ¿Me estas tratando de decir que eres un acosador, Edward? ―bromeó mientras movía la cabeza, exponiéndome la piel sedosa de su cuello. ― Te aseguro, estoy hablando enserio ―dije, y entonces empecé a dejar besos por todo su cuello. Pare cuando llegue a su oído y murmuré. ―Cada momento que estemos separados, estaré pensando en ti. Cada noche que no estés a mi lado en mi cama, estaré soñando contigo. Cada vez que…huela a bacon, estaré duro para ti…y me tocaré, mientras diga tu nombre. Te llamaré sin otro motivo más que escuchar tu voz. Iré a visitar sin avisarte así puedo ver tus ojos brillar al verme. Y te llevaré lejos, así podré saborear tu delicioso coño… Porque voy a estar hambriento de ti, Bella. Oh, muy hambriento. Respiró rápido y entonces su labios se abrieron, un suave gemido saliendo mientras que cerraba sus ojos y sus piernas se abrían a mí como si mis palabras le hubieran ordenado a hacerlo. ― Por lo que si tú llamas a eso acosar, entonces sí…creo que te voy a acosar ―moví mi mano sobre su abdomen hacia abajo, y ella acercó sus caderas ante mi tacto, otro suave gemido escapó de sus labios. ― Soy un gran creyente en la analogía de las tres P: Proclamar. Proteger. Proveer. Te daré todo lo que necesitas. Todo ―dije, introduciendo mis dedos dentro de ella mientras mi pulgar presionaba su dulce punto. ―Tú eres mía para cuidar, y soy un terco bastardo. Así que si veo a otro hombre rodeando mucho a tu alrededor, husmeando lo que es mío, voy a ir tras él, y le voy a causar dolor. ¿Estas segura de estar lista para ese nivel de compromiso, Isabella? ― Oh…Dios…Sí, Edward. ― gimió mientras movía mis dedos dentro de ella. ― Sí, cariño. Eso es correcto…soy un Dios, amo de mi mundo, y tu eres mi mundo, ―le dije moviendo mi otra mano hacia su pecho y masajeándolo. ― Puedo, y te daré todo lo que necesitas para sentirte bien. Pero, soy un dios celoso y vengativo, Bella; no me hagas herir a alguien. ― Mmm…Oooh…no…unf, ―tartamudeó, una mano entre sus piernas cubriendo la mía mientras la follaba con el dedo, y la otra detrás de mi cuello. ― Soy…mierda…Soy tuya, Edward. Solo…oh, Dios…tuya. ― Bien. Que bueno que acordamos, ―dije, empujando mas profundo mis dedos y con más propósito. ― Ahora… ¿quieres llegar? Asintió. ― Hmm, no creo que lo quieras ―dije, jugando con ella. ― Ruega por ello. ― Por favor ―dijo sin aire.


― Oh, vamos. Seguro que puedes hacerlo mejor que eso, ―dije, apretando su pezón entre mis dedos. ― Convénceme. ― Mierda ―gimió, arqueando su espalda mientras clavaba sus uñas en mi cuello y empujaba mi mano que tenia entre sus piernas. Mis dedos trabajaron mas rápido, y cuando sus paredes se estrechaban, los saqué, vacilando mis esfuerzos. ―Uh, uh, uh…No hasta que me convenzas. ― Por favor, Edward. Necesito llegar tan desesperadamente que podría llorar. Por favor… dámelo. Déjame llegar en tus dedos ― gimoteó. Diablos, la quiero. Pero, necesitaba su liberación para llenarme, sustentarme hasta que la pueda tener otra vez. ― Oh, llegarás Bella, pero no en mis dedos. ― la solté, solo para alzarla y voltearla así su trasero estaba en el borde de la bañera y contra la pared. Justo había una toalla así ella no estaría muy incómoda, dado lo que acababa de hacerle hace un rato. Estaba tan ansioso por darle lo que quería, para saborearla, que no fui cuidadoso al separarle las rodillas para poder acceder a su lindo coño. Pero, no había signos de protesta, solo un gemido de placer mientras hundía mi cara entre sus piernas y empezaba a lamer su aterciopelada entrada con la parte plana de mi lengua. Ella tomó mi pelo en sus puños. ―Diablos, me encanta cuando haces eso ― y entonces ella colgó sus piernas en mis hombros con sus rodillas colgando a los lados, dándome acceso total. Alcé mi mirada para verla y ella me estaba mirando, así que hice un gran show dejándola ver mi gran lengua trabajar en su jugoso clítoris. ― Diablos ―murmuró, y mordí un poco de su piel mientras ella clavaba sus dedos en mi cabello. ― Eso se siente increíblemente fantástico. ¿Te gusta como sabe, Edward? Cerré mis ojos y gemí un -Mmm…- antes de darle besos dulces y profundos. Escuché como respiraba con fuerza y volví a mirarla, asegurándome que me estaba mirando. Lo estaba. Tomé mi brazo en su muslo y use mis dedos para abrir la piel de su entrada. Ella necesitaba ver todo para apreciar lo que estaba haciendo, y dárselo todo. Me acerqué otra vez y succione con fuerza, haciéndolo una y otra vez. ― Dios…, ―siseó. ― Ven aquí y fóllame, cariño. Te necesito dentro de mí. La ignoré, encantado con el efecto que tenía en ella: mental, física y emocionalmente. Mis ojos estaban enfocados en ella, mirando cada una de sus expresiones de placer, porque saber lo que le estaba haciendo sentir bien… me satisfacía mucho. Ella estaba tan cautivada por lo que le estaba haciendo, mirando cada movimiento que hacía con satisfacción. Hinqué mis dientes, apenas tocando su clítoris antes de enterrar mi


lengua dentro y fuera. Respiraba entrecortadamente, sus dedos en mi cabello mientras mi boca se metía más profundo. Quería volverla loca, y aparentemente, estaba haciéndolo bien. ― Oh… Dios. Tienes que parar, cariño. Me vas a hacer llegar, y quiero tu polla dentro de mí, ―jadeó. De ninguna manera…ni loco iba a privarme de probar el dulce néctar de su fruta que sabía que me esperaba como premio por mis acciones. No me detuve. Al contrario, la hice llegar al extremo, moviendo mi lengua más rápido adentro y fuera sobre su dulce entrada, lamiendo y moviendo mis labios, haciéndola llegar su orgasmo. ― No…no lo hagas ―dijo, maldiciendo bajo su aliento mientras intentaba jalarme el pelo para detenerme. Comí ese coño como si nunca lo fuese a hacer otra vez, aunque sabía muy bien que lo haría. Me aseguraría de que así fuera. ― Vas a hacerme… ungh. ―Ella empujó mi cabeza una y otra vez, tratando de detenerme antes que llegara, pero no le di importancia. Su cuerpo me iba a dar el resultado que buscaba y no iba a parar hasta que… ― Mierda… no… ―medio gimió, medio gruñó, y entonces empujo mi cabeza así mi cara estaba completamente enterrada en su tesoro. Sus muslos se cerraron en mis hombros mientras que su cuerpo se puso rígido y sus jugos encontraban mi lengua. Lamí, succioné y tragué. Todo. Mío…todo mío. Mientras el orgasmo que le di se expandía -y no quiero alardear, pero era apocalíptico- sus dedos soltaron mi pelo y sus piernas se relajaron. Tomó mi cara en sus manos y me obligó a mirarla. ― Eres…malditamente…exasperante ―dijo casi sin aliento. ― Estoy muy seguro que hemos pasado por esto antes, Isabella. Soy insaciable. No te atrevas a negarme lo que quiero nunca más, porque al final siempre lo voy a conseguir ―dije con una sonrisa maligna mientras que la volvía a entrar en la bañera. Bella me sorprendió empujando mi pecho hasta que estaba contra la pared de la bañera. ― Y tú no intentes negarme lo que quiero nunca más, Edward Cullen. Porque al final…lo tomaré. ―dijo, ubicándose en mi regazo, tomó mi polla y… ― Cariño, no lo hagas. Estas muy… Muy tarde. Se ubicó en mi polla, la cual estaba tan dura como el titanio, y tomó todo de mí…justo como lo hizo en el jacuzzi antes. ― Diablos ― gruñí, tirando mi cabeza hacia atrás cuando sentí sus paredes envolverme. Bella se rio ante mi reacción, un sonido casi creída; levanté mi cabeza, solo para encontrarme con una sonrisa creída igualando… mi sonrisa creída. Era casi como


reflejarse en el espejo, y no sabía como me sentía sobre eso, pero supongo que yo soy el culpable. Sip, claramente cree a un monstruo. Justo como sospeché la primera vez que estuvimos así juntos, la noche que tomé su virginidad. Sabía que tendría mis manos llenas, y ella me lo estaba demostrando. Ella era terriblemente terca, siempre tiene que probarme que estaba equivocado. No podía culparla por eso, porque era igual que ella en ese modo y ella había aprendido de mí. Lo deje pasar, la dejé hacer lo que hacía, la dejé hacerme sentir bien, porque al final…ella lo iba a tener de todos modos…y eso estaba bien por mí. El aroma de los jacintos me rodeó, una brisa fría enredando la fragancia sobre mi cuerpo como un pequeño polvo de diablo, lleno con aire de primavera en vez de arena. Podía escuchar los sonidos de un cuarteto de cuerdas y los zumbidos de las risas de amigos y familiares mientras se reunían. El sol era cálido en mi cara y manos. Hubiese sido sofocante sino hubiese sido por la suave brisa. Estaba feliz; esta era una ocasión trascendental, incluso si ni siquiera podía darme cuenta de lo que pasaba. ― Oh, Edward, ella es espectacular. Justo el tipo de chica que siempre quise que conozcas. ―una suave voz sonó detrás de mí. Conocía esa voz. Rápidamente, me volteé, y allí estaba…mi madre…estaba en medio del césped alto, flores violetas, blancas y amarillas alrededor de su vestido rojo. Su brazo estaba enlazado al de mi padre mientras él estaba a su lado con una sonrisa orgullosa en su cara, su cabello seguía negro en lo alto y blanco a los costados. Mi madre tenía razón; lo hacía lucir muy distinguido. ― ¿Mamá? ¿Papá? ¿Qué están haciendo aquí? ―pregunté confundido. Aunque una parte de mi lo sentía natural que estén aquí, otra parte registraba que ellos no debían estar aquí. ― Ella es muy determinada, también. Me recuerda a tu madre, ― dijo mi padre mientras miraba cariñosamente a su esposa. ― Eso es algo bueno. Ustedes los hombres Cullen necesitan a una mujer fuerte para mantenerlos en el camino ―rio mi madre y lo beso en la mejilla. De repente, estaban de frente a mí. Ni me había dado cuenta de que se habían movido. Mi madre se dirigió a mí y me sonrió gentilmente mientras tomaba mi rostro con una mano. ― Ella es una en un millón, Edward. Nunca la dejes ir. Recuerda…Del lodo y la oscuridad, florece la flor roja; llegando a crecer hasta la luna. Recordé que lo decía todo el tiempo cuando era joven, pero no tenía idea de lo que significaba, y todavía no lo sabía. ― El loto colorado (Scarlet Lotus) ―suspiré. Ella asintió una vez y sonrió, obviamente feliz que lo haya recordado. ―Te amamos, Edward. Estamos muy orgullosos de ti. Mi padre aclaro su garganta detrás de ella y me di vuelta para verlo. ― Tenemos que irnos ahora, hijo. No podemos quedarnos. ¿Irse? ¿Irse a donde?


― Queríamos felicitarte ― dijo el mientras se acercaba para abrasarme. ― Oh, y gracias por el trago ―murmuró en mi oído. Mi madre beso mi mejilla y cerré mis ojos, inhalando el aroma familiar de su perfume familiar. Cuando volví a abrirlos, se habían ido. Miré para todos lados, giré en un círculo, buscándolos, pero no estaban en ningún lugar. Me detuve cuando a la distancia vi una mujer vestida de blanco, de espaldas a mí. Su cabello estaba recogido y tenía un velo sobre su rostro mientras giraba a un lado sosteniendo un ramo de flores rojas en una mano. La brisa volvió otra vez, trayéndome su aroma, confirmando lo que sabía que era verdad. Podía decir quien era por la manera que mi corazón latía en mi pecho como si estuviese a punto de explotar. Una gran sonrisa cruzo en rostro a la anticipación. Era ella. ― ¿Isabella? ― llamé, pero no respondía. Me miró, y aunque no podía ver su sonrisa, la sentí en mi corazón. Pero entonces, ella se dio vuelta y corrió lejos, su risa llegando a mis oídos. ― ¡Bella! ―grité empezando a correr tras ella, confundido. ― ¿Por qué corres lejos de mí? Corrí y corrí; mis piernas estaban pesadas, mis pies pesaban como si fuesen ladrillos de cemento. Cuando pensé que había llegado hacia donde estaba ella, mi mano salió disparada para que solo un poco de la tela del vestido se deslizara por mis dedos y ya se había ido otra vez. Ella me respondió con otra sonrisa. Estaba jugando conmigo, desafiándome. ―Vamos, Edward. Atrápame. Con toda la fuerza que tenía, corrí, tomando a Bella por la cintura y abrazándola. Aunque tenía el velo, podía ver sus ojos, con vida con una alegría mientras me miraba. Su cabeza cayó hacia atrás mientras una sonrisa burbujeaba y nos rodeaba el calor del aire, su cuerpo suave y flexible mientras se fundía contra mí. ― ¿A dónde crees que vas, cariño? ― pregunté, sosteniéndola en mis brazos. Podía sentir la calidez de su mano en mi bícep y el delicado roce de sus dedos mientras tocaba mi cabello. ―Bésame, Edward. Hazme tuya para siempre. ―murmuró. Tomé su velo, dejando a la vista su inalterable belleza y tomé mi premio. Justo cuando mis labios se unieron a los suyos, ella desapareció. ― Edward, despierta. Despierta, Edward, estas soñando. Me desperté, todavía sintiendo los restos de sueño en mi cuerpo parcialmente paralizado. Mis ojos se abrieron y ella estaba allí, su cuerpo contra el mío, una mano en mi brazo mientras sus dedos masajeaban gentilmente mi cuero cabelludo a un lado de mi cabeza. Fue solo un sueño, pero lo estaba viviendo…demasiado.


―Hey ―dijo mientras me observaba, una sonrisa cálida en su rostro perfecto. ― ¿Estas bien? ― Sí ―dije con voz ronca por el sueño mientras fregaba mis ojos. ― Estoy bien. ¿Te desperté? ― Mmm…se podría decir, ― dijo con una sonrisa juguetona. ― Me estabas abrazando tan fuerte que se me estaba dificultando el respirar. La falta de oxígeno tiende a despertar. Creo que se llama instinto de supervivencia ―rio. Tomé un mechón de su pelo que se había salido de su rodete y se lo ubiqué detrás de su oreja, y entonces besé la punta de su pequeña nariz. ―Lo siento. ―Hey, no me estoy quejando. Me gusta tu lado posesivo ―dijo, acostando su rostro en mi cuello. ― ¿Quieres contarme sobre tu sueño? No era que había algo terrible sobre el sueño; no era una pesadilla. Era solo…que se sintió tan real y eso me asustaba un poco. Necesitaba tiempo para procesarlo antes de contárselo, si alguna vez se lo cuento; no tiene caso asustarla a ella también. Así que solo sacudí mi cabeza negando, escogiendo mantenerlo para mí por un tiempo. Justo entonces, sonó la alarma sobre la mesa de luz, cortando el silencio de la habitación y efectivamente terminando el momento. Bella apretó su frente en mi pecho y ambos gruñimos en protesta, sabiendo que era simbólico para nuestra separación; tenía que ir a trabajar, y ella tenía que ir con su familia. Ninguno de los dos estaba feliz con eso, pero era lo que teníamos que hacer hasta que pudiéramos estar juntos permanentemente. Golpeé el reloj para apagar la alarma, tirando todo al piso. No necesitábamos el recordativo, pero estaba allí, apareciendo como una guillotina en frente a un prisionero condenado a muerte. Porque era así como se sentía; estar sin ella sería como tener mi cabeza separada de mi cuerpo…o tal vez tener mi corazón arrancado sería una mejor descripción apropiada, porque definitivamente se lo estaba llevando con ella. ―Te amo ―murmuró contra mi pecho mientras que frotaba la piel de su espalda. ―Lo sé ―respondí, besando la parte superior de su cabeza. ― También te amo. Levantó su cabeza para mirarme, sus ojos en los míos con una mirada de convicción. ―Lo sé ― dijo, y el peso del mundo desapareció mientras sellábamos nuestra declaración con un beso. No era un beso de despedida, no era un beso para estimularnos, aunque estaba muy seguro que estaba duro en proporciones épicas. Ese beso era una promesa. Decía que sabíamos que íbamos a estar juntos, que todo lo que nos dijimos era en serio…que estábamos enamorados, y por eso, nos enfrentaríamos y uno y todos los obstáculos que estuviesen en nuestro camino. No importa que tan lejos estuviésemos del otro, no importa cuantas vueltas nos dé la vida. Porque no importa lo que haya entre nosotros…del lodo y oscuridad, florece la flor roja.


Malditamente al fin lo entendía.

Capítulo 21: “Busted” BPOV. Estaba terminando de empacar mis cosas mientras daba lo mejor de mí para aguantar las lágrimas y no ponerme nostálgica. Volvería, pero aun así esto sería difícil. Hice otro viaje a mi armario para empacar el último par de jeans cuando la camisa blanca que use el día que Edward decidió que yo sería su postre llegó a mis ojos. Dejé que mis dedos viajaran por la tela, recordando la mirada que me dio cuando llegué vistiendo únicamente eso. Lo odiaba para ese entonces, pero no podía negar la atracción sexual en el aire. Él no la extrañaría, tenía toneladas de ropa, y para él, esta camisa era igual a las otras. Para mí… no tenía precio. Edward salió del baño con una camisa negra, una par de jeans y sneakers. Su cabello aún estaba húmedo apuntando hacia diferentes lados, obviamente había olvidado cepillarlo, y yo no me quejaba. Amaba eso. ―Un poco mal vestido para la oficina, ¿no crees?― le sonreí mientras metía su camisa y el resto de la ropa en mi maleta y la cerraba. ―Sí, pero es perfecta para atraer chicas― dijo mientras enredaba sus brazos alrededor de mi cintura y me abrazaba. Podía oler su colonia y su jabón, inhalé profundo, haciendo que llenara cada rincón de mi memoria. Como para nunca olvidarlo… ―Entonces, ¿que harás hoy?― le pregunté mientras cubría sus brazos con los míos y subía la cabeza para mirarlo. ―Mmjmm.― Respondió, besando la punta de mi nariz.― Quiero pasar cada segundo que pueda contigo. Ellos se las arreglarán sin mí por un días― Edward descansó su barbilla sobre mi hombro y miró mi maleta― ¿Cómo diablos hiciste para meter toda tu ropa ahí? ―No lo empaqué todo. La ropa de fantasía no es necesaria en Forks. O ¿me ves caminando a la panadería con tacones altos y una falda muy pequeña? Edward gimió y presionó sus caderas contra mi trasero. Lo tomé como un sí. Él se presionaba contra mí, buscando algo de atención. Cosa que sería contraproducente. No me quejaba de tener otra dosis de la polla colosal, pero mi madre necesitaba a alguien que la ayudara, y mi padre merecía un descanso. ―Nunca saldremos de aquí si sigues haciendo cosas como esa― le dije. De hecho no había empacado mucha ropa así que decidí jugar con Edward un poco, exageré un suspiro.


―Bueno, de hecho tengo que irme de compras, ya que tu descartaste la mayoría de las cosas que traje conmigo originalmente… Edward enterró su cabeza en mi cuello y gimió, eso me hizo soltar una risita. Sabía que él se sentía como un imbécil por hacerlo, pero yo lo encontraba increíblemente tierno. Tomé su rostro entre mis manos, forzándolo a mirarme ―Te amo― le recordé. Edward tomó un mechón de cabello y lo acomodó detrás de mi oído. ― Y no me voy a cansar nunca de escuchar esas tres palabras. Aquí― dijo sacando su billetera. Me dio una tarjeta negra.― Quiero que te la quedes… Para que compres ropa, o lo que sea que necesites… o quieras. ―¿Una tarjeta de crédito, Edward? ¿No crees que me has dado suficiente? ―Oye― dijo tomando mi barbilla con sus dedos.― Creo que ya pasamos por esto. Eres la mujer que debo cuidar, y lo haré. No quiero que te quejes al respecto. Me dio un beso y luego tomó mi maleta y la puso sobre sus hombros. ― ¿Lista?― dijo tendiéndome su mano. Tomé su mano, siempre lo haría. No tenía idea de que ocurriría, pero sabía que mientras tuviera su mano sobre la mía, le seguiría a través de los caminos más oscuros. Porque en algún lugar al final del viaje, veríamos la luz. Edward se detuvo y volteó. ― ¿Qué?― pregunté cuando no me dio ni una pista de porque se había detenido. El camino hasta la mesa de dibujo y saco algo. Con una mirada desaprobatoria sacó la bala Cullen. ― ¿Te olvidas de algo? ―No creo que lo necesite― respondí, confundida. ―Oh, si lo necesitarás― dijo metiéndolo en mi maleta. Con la excepción de Riley, Edward dio a todo el mundo el día libre. Estaba muy feliz, y tenía una sonrisa permanente en el rosto, y tuve que recordarme a mí misma que yo había sido quien había puesto allí esa sonrisa. Cooch me recordó que ella tenía algo que ver con eso entre Edward y yo, pero mentalmente le recordé que ahora no era solamente sexo entre Edward y yo. Una vez mi maleta estuvo en la parte trasera del auto, y Edward y yo estuvimos situados, salimos. Vi la casa desaparecer de mi vista, y pude sentir la tristeza en el


aire, Edward enredo sus brazos a mi alrededor y me pegó a su lado, haciendo que recostara la cabeza en su hombro. ―No será nada más que una pérdida de espacio hasta que vuelvas, luego se sentirá como mi hogar de nuevo― dijo mientras besaba mi frente. Me sentía de la misma manera; no sobre la casa, si no sobre mi corazón. Mi hogar era en donde Edward estuviera, fuera una mansión gigante o una cabaña en el bosque. No me importaba. Lo único que importaba realmente era tenerlo conmigo. Me quedé dormida durante el viaje a Forks. Todo lo que recordaba era a Edward acariciando mi cabello mientras me hacía recostarme sobre su regazo. Cooch creyó que quería una mamada, pero fue todo lo contrario. No me malentiendan, fue genial, pero sentí que estaba reprimiendo esa parte de él… la dominante. Quizá era porque él pensaba que era lo que debía hacer después de todas nuestras cursis declaraciones, pero la verdad, quería dormir en vez de pensar. Supongo que mi cansancio le ganó la batalla a Cooch. Edward me despertó un poco después, quejándose de que tener mi rostro en su regazo había hecho que se pusiera un poco duro, y que sus bolas no podían seguir soportándolo. Cuando me levanté él se acomodó los jeans mientras yo miraba a mi alrededor para ver en donde estábamos. A las afueras de Forks. Lo sabía porque reconocí el paisaje. Solía pasar mucho por esta carretera cuando era pequeña. Me gustaba mirar por la ventana y crear historias sobre ese paisaje hermoso. Mi favorito era cuando imaginaba que era una pobre chica en una cabaña, esperando al Príncipe Encantador que llegara a salvarme. Me sonreí. ¿Qué niña pequeña no tuvo esa fantasía? Aún el paisaje seguía igual, vívido en mis recuerdos. De hecho, justo al lado de la curva había una… ―¡Detén el auto!― grité mientras golpeaba el vidrio polarizado que nos separaba de Riley. ―Cariño, ¿Qué ocurre?― pregunto Edward en pánico. ―¡Tenemos que parar! Por favor, Edward… ¡tenemos que parar!― dije un poco más fuerte de lo necesario, ya que él estaba sentado a mi lado. Edward presionó el botón que bajaba la ventana. ―Riley, para un minuto.― Hablaba como si estuvieran discutiendo un negocio, en otro momento eso me había enojado, pero no esta vez. Una vez el auto se detuvo justo al lado de la curva, yo abrí la puerta y salté fuera. ―¡Bella!― Edward llamó y me siguió afuera.― ¿Porque huyes de mí?


No me detuve a responderle. Estaba ahí, la pequeña casita rural que yo siempre imaginaba que era mía; con una chimenea de piedra, flores a su alrededor, estaba justo en medio de un prado. El pasto estaba alto, verde, cubierto de algunas pequeñas flores amarillas y moradas. Era perfecto y… estaba en venta. Corrí tan rápido como mis piernas podían llevarme. Tenía que tocarlo, saber que era real y no parte de mi imaginación. El viento jugaba con mi cabello, y me sentí como una niña pequeña de nuevo. Mis mejillas me dolían porque no podía dejar de sonreír. Sentí los dedos de Edward tocar mi brazo, pero seguí corriendo, riéndome como una idiota. Lo miré sobre mis hombros y me volví a reír. ―Vamos, Edward. ¡Atrápame! Llegué al porche de la cabaña, sus brazos estaban alrededor de mi cintura y acercándome a él. Me reí, y Dios, me reí. Todo era… perfecto. Estaba parado frente a él, frente a la cabaña y él estaba ahí abrazándome. ―¿A dónde crees que vas, cariño?― me preguntó sonriéndome. Su cabeza, con su perfecto cabello brillante, bloqueaba el sol detrás de él, creando un efecto increíble. Acaricié su cabello con mis dedos, mi corazón se sentía en el lugar correcto. ―Bésame, Edward.― susurré. Sus ojos se empequeñecieron. ―Wow… déjà vu― su voz fue a penas un susurro, pero la expresión en su cara era tan… perdida y… confundida. ―¿Qué?― pregunté, igualmente confundida. El negó con la cabeza. ―Nada― murmuró y se acercó para juntar sus labios con los míos. Usualmente nuestros besos estaban llenos de fuego y pasión… hambre, pero éste… éste era dulce, delicado, controlado… y me encendió tanto como los anteriores. ―Mmm…― suspiré, abrí mis ojos y lo vi ahí mirándome con… esa mirada en sus ojos. Siempre había escuchado que los ojos eran las ventanas del alma, y tenían razón… desde allí empecé a creerlo. Nunca lo había visto mirarme así, pero era definitivamente una mirada de realización. ―¿En que piensas?― le pregunté. Edward solo sonrió y negó con la cabeza.


―Sobre barro y flores. Vamos, déjalo así. Bueno, definitivamente era una respuesta extraña, pero Edward era raro a su manera, y yo estaba saltando como una niña pequeña, así que no lo cuestioné. ―Ven― dije tomando su mano para meternos por la ventana. ―¿Qué estamos haciendo aquí?― preguntó― ¿Qué es este sitio? ―Cuando era pequeña, solía pretender que vivía aquí― le dije mientras miraba por la ventana y encontraba el otro lado totalmente vacío. Tomé su mano para que pudiera ver lo mismo.― Es… mágico, ¿no te parece? ―¿Mágico?― preguntó. ―Sí, como un camino directo a un cuento de hadas ―le aclaré mientras ponía mis manos alrededor de mi cara para bloquear el reflejo del sol en la ventana.― Oh… la chimenea es hermosa― jadeé. Nada dentro de ella parecía moderna. Era mas rústica, como recién salida del estudio de Country Living en vez de Modern Home. Tenía un arco que llevaba al pasillo, el suelo era de madera. Podía imaginarme con Edward en un sofá, haciendo el amor frente al fuego. Obviamente estaba divagando; perdida en mis fantasías. Eres una soñadora, Bella Swan. ―Esta un poco descuidada, ¿no crees?― preguntó mientras miraba hacia adentro. ―¡Edward Cullen!― dije golpeándole el brazo― ¿Cómo se te ocurre decir eso de mi casa soñada? No es nada que un poco de amor y una podada al pasto no pueda arreglar. Él tenía razón, pero no estaba tan mal. Había algunos pedazos de madera en mal estado, que probablemente necesitaban ser cambiados, pero el lugar era perfecto. Quizá también había que cambiar las ventanas… Pero el resto era perfecto. ―¡Oh! Siempre quise ver el patio trasero― dije llevándolo a la parte de atrás de la casa. Cuando llegamos a la parte trasera de la casa, me detuve en seco. La vista era impresionante. Había un pequeño estanque a unos cincuenta metros más o menos de la casa y una familia de patos estaba en el agua. Un pequeño gacebo para sentarse al lado del estanque, había un columpio de madera que se movía de aquí para allá con el viento. Y un jardín de flores rodeando el camino hasta la casa. Era un Lugar perfecto para una puesta de sol. Sin siquiera advertencia, Edward presionó mi espalda contra la pared de piedra de la casa. Una de sus manos estaba al lado de mi cabeza, contra la pared, y la otra en mi trasero. Edward me miró directo a los ojos mientras decía.


―Esa mirada en tus ojos en este momento hace que te deseé tanto… Sus labios fueron directamente a un lado de mi cuello mientras con la otra acariciaba mi trasero, presionando sus caderas con las mías. No estaba bromeando; sentía su dureza presionar contra mi abdomen. Sus manos fueron hacia mis pantalones, y deslizando una mano dentro de ellos. Cuando sus dedos tocaron a Cooch, ambos gemimos, mi cabeza cayó hacia atrás. ―Edward… no podemos― dije poco convencida―, Riley… ―Está en el auto. No va a venir aquí.― murmuró contra mi cuello mientras continuaba asaltándome con sus besos. ―Los vecinos ―intenté de nuevo, viendo una casa justo entre los arboles que limitaban con esta. ―Dejémoslos ver ―respiró fuerte.― Te deseo ―su otra mano bajó la cremallera de su pantalón.― Será rápido, lo prometo― susurró contra mi oído―, date la vuelta, cariño. Di otra mirada a la casa, parecía que nadie estaba allí así que hice lo que me pidió. Debía admitir que me excitaba la precaria posición en la que nos encontrábamos, nuestra necesidad era increíble, aparte del hecho de que pudieran pillarnos lo hacía más excitante. Pero… que fuera rápido… Edward bajó mis pantalones, su cuerpo cubría el mío. ―Santo Dios, Isabella… siempre tan preparada para mí― dijo. Mis manos estaban apoyadas contra la casa, no podía abrir mucho las piernas porque los jeans estaban colgando en mis muslos, no iba a hacer nada para detenerlo. Levantó un poco mis piernas y su lengua succionaba mi entrepierna. ―Oh, Dios… Edward― gemí, mordí mi labio inferior y me dejé caer. Sólo una probada, era todo lo que él quería. ―Santa mierda― chillé. ―¿Te gustó?― sonrío, sentí su polla buscando mi entrada. Sí, sí. Estaba un poco llevada por las sensaciones. Edward entró en mí, deslizándose lentamente hacia mi centro hasta que estuve llena de él. ―¿Lista?


―Ajá― respondí, mi voz sonaba como si me acabaran de sacar el aire. Edward se río de mi reacción y me besó. Luego levantó mis caderas e impuso el ritmo.― Mierda― gimió.― Es como… Ahh, tan suave… caliente… tan dulce. ¿Cómo es que te merezco? Claro que sabía que yo sería la que debía hacer esa pregunta, y él ya conocía la respuesta a eso, pero incluso cuando se lo decía mil veces, nunca se lo creía. ―Salvaste la vida de mi madre… y la mía― le respondí, sintiéndome un poco rara. Escuche ese jadeó que amaba tanto, sus caderas seguían manteniendo el ritmo. ―En ese caso, supongo que si te merezco. Mi cabeza se volteó hacia el bosque, pude ver que en la casa vecina alguien salía con algo que parecía una parrilla en sus manos. ―Edward― susurré.― Un tipo acaba de salir de la casa del lado. ―Entonces supongo que mejor hacemos silencio― dijo mientas continuaba follándome sin pausa.― Si haces un ruido llamaras su atención. A menos que quieras que te escuche. Edward movió su mano hasta mi clítoris. Succionó el lóbulo de mi oreja y lo mordió. OhporDiosesosesentíatanbien. Dejé salir un ronroneo de placer y luego dejé caer mi cabeza hacia atrás. ―Shhh… te verá. Una vez te vea siendo follada por detrás va a quererte para él. ¿Recuerdas lo que te dije de no hacer que quiera herir a alguien, Bella? ―Mmm― gemí y mordí mi labio inferior, intentando con todas mis fuerzas dejar de hacer ruido. Lo haría; en verdad lo sabía. Edward era posesivo, y juzgando por el pasado que tenía con su maldita ex novia zorra, no había duda de que haría lo necesario para ahorrarse ese dolor en el corazón de nuevo. Aunque no creía que si el vecino nos veía fuera a desear tomar su lugar. ―Solo un poco más, cariño. Solo un… poco… más.― Susurró en mi oído mientras sus caderas seguían chocando con mi trasero. Sentía ese nudo en el estómago apretándose, listo para explotar, sabía que iba a dejarme ir, necesitaba hacerlo rápido… o Edward seguiría esperando darle al vecino un show. Me agarré de una de las piedras mientras Edward seguía trabajando. ―Oh…― gemí lo más suave que pude.


―Mierda, sí― dijo mientras seguía manteniendo el ritmo.― Vente sobre mí, cariño… Ahora… ahhh― se vino dentro de mí. Sus caderas seguían moviéndose en mi interior. ―¡Oigan! ¿Que están haciendo ahí?― escuché la voz de un hombre gritar de lejos. Edward y yo volteamos inmediatamente en dirección a la casa del lado, para ver un hombre mirando en nuestra dirección. ―¡Oh, mierda!― susurré. ―Supongo que es hora de irnos― Edward se rio y volvió a meter su amigo entre sus pantalones. Una vez mis jeans estuvieron cubriendo mi trasero, volvimos hacia la seguridad de la limosina, acomodando nuestras ropas mientras corríamos hacia donde habíamos dejado a Riley, rogando no rodar sobre mi trasero porque eso sí sería terrible. Edward estaba riéndose a carcajadas mientras me seguía. Era bueno que esa casa estuviera tan lejos; Forks es un pueblo muy pequeño, un pueblo en el que todo el mundo conoce a todo el mundo. Así que probablemente si el tipo me había reconocido, había posibilidades de que conociera a mi padre. No creo que Charlie apreciara el hecho de que alguien follara a su hija a plena luz del día… en público. ¿Mi madre? Probablemente empezaría a reírse como una adolescente, pero mi padre… tenía muchas armas en la casa. Armas de esas que hacen boom y que hacen que tu corazón deje de latir. Así que aquí estaba, huyendo con mi amor… Riley estaba parado al lado de la puerta abierta con una mirada que solo decía se-lo-que-ustedes-cachorrosestaban-haciendo… Edward seguía corriendo y riéndose detrás de mí, aparentemente no tenía miedo del tipo que nos había pillado que perfectamente podía conocer a mi padre. Cuando llegamos al auto, evité a toda costa la mirada de Riley― Mi corazón latía a mil por hora, y estaba segura de que no era normal. Una de mis manos voló a mi pecho, y empecé a respirar en un intento de calmar mis latidos. Necesitaba hacer más ejercicio, agradecía al cielo que no me había caído al menos. Edward se sentó a mi lado, aún no podía respirar porque seguía riéndose. ―¡Deja de reírte, Edward! ¡No es divertido! ―Lo… siento.― se las arregló para tomar aire entre las palabras.― Estabas tan asustada… Y corrías… y era malditamente tierno. Crucé los brazos frente a mi pecho y dejé de mirarlo. Sí, estaba enojada. ―Aww, ven aquí, cariño.― Edward dijo mientras acercaba mi cuerpo al suyo.― Te amo…


No podía estar enojada con él mucho tiempo, no iba en mí. Y mierda, estaba feliz de haber salido de ahí a tiempo. ―Mi padre te cortaría las bolas y se las comería para el desayuno si se entera― le dije. Si, tenía razón. Pero este era Edward Cullen y su colosal polla… niégame que tú también hubieras entrado en pánico si fueran a quitarte eso. ―Sí, la verdad las quiero en su sitio― se río. ―Quizá debería decírselo yo misma. Apuesto a que dejarías de encontrarlo tan divertido. ―Hmm… no te forcé a hacer nada que tu no quisieras― respondió el.― Lo deseabas. Querías mi polla en ti.― anunció la última palabra y mi corazón se detuvo un segundo.― Admítelo. ―No. ―Admíteeeeelo― dijo juguetonamente mientras intentaba hacerme cosquillas. Me reí de manera involuntaria e intenté alejarme, pero Edward me subió a su regazo y me abrazó de manera que no podía moverme. ―Somos dos adultos conscientes, Bella. Un día de estos, tu padre va a tener que dejar ir a su bebé ―dijo con una mirada seria. Sus dedos acariciaron mi mejilla delicadamente y suspiró.― Porque ahora eres mi bebé. No pude hacer nada más que sonreír ¿Quién no sería feliz con Edward Cullen murmurando esas palabras? Satisfecho con mi reacción, Edward me besó. Jamás me aburría estando con él, y rogué que nunca pasara. Estaba segura que cuando estuviéramos viejos, con canas, sentados en un columpio pequeño de madera blanca alimentando a una familia de patos, con el sol delante de nosotros, aún estaría feliz.

Capítulo 22: “¿Say What?” (Dijo qué?) EPOV Había pasado dos semanas desde la última vez que la vi. Dos muy largas, muy intolerables semanas desde que llevé a Bella a Forks. Estaba demasiado irritable. La ausencia de alguien a quien amas hace que no puedas ni dormir.


Aunque hablo con ella todos los días. Algo de normalidad había vuelto a su casa; su madre estaba bien y parecía recuperarse de maravillas, su padre volvió a la estación de policía, y eso era algo bueno. Aunque tenía que admitir que Charlie merecía unas vacaciones. Y, según Bella, él no estaba gruñón, pero todavía odiaba dejar a su esposa. Aunque era por razones totalmente diferentes, entendía como el hombre se sentía; odiaba no estar al lado de Bella. Como si la primera semana no hubiese sido lo suficientemente mala, tuve que salir de viaje de negocios y no pude estar con ella ese fin de semana. La cosa es, hubiese dicho que se pudriera el hijo de puta del viaje y hubiese ido con ella, pero iba a haber una reunión con los miembros de la junta y ya había dejado mucho trabajo por hacer. Y eso no se veía bien, especialmente con la intensidad con la que Jacob Black respiraba sobre mi cuello. Maldito jodido. Si no fuese por el hecho que sabía que él era un bastardo en épicas proporciones, y yo empezaba a sospechar. Era como si él supiese algo que yo no; algo grande. Pensé que era sobre su amenaza de quejarse de mí con la junta sobre nuestro encuentro en la mañana siguiente del baile en Scarlet Lotus, pero no estaba muy preocupado sobre eso. Los miembros de la junta le tenían mucho respeto por mis padres, así que como consecuencia a mí también. Era más probable que dijeran que él se lo merecía. Tenía la mitad de mi mente pensando en vender la compañía al bastardo así eso me podía acercar a Bella, pero no podía hacerle eso a mis padres. Esa compañía era su sueño, y aunque sabía que mi felicidad significaría más para ellos, no podía ser tan egoísta. Sí, lo sé… de repente, era un santo. Pero desde que admití mis sentimientos a Bella, quería ser el hombre que ella merecía: un hombre que se sacrificaba como ella. Bella era muy comprensiva, insistiendo en que vaya al viaje y haga mi trabajo, pero sabía que era todo una fachada, una que ella hizo porque sabía que tenía que hacerlo. Igual, la manera en que cubrió su voz quebrada con una alegre sonaba más como si Alice fuese una voluntaria, prueba que la dificultad de nuestra separación la estaba afectando de la misma manera que a mí. Era una tortura… pura tortura. Pero la esperanza de cuan grandioso va a ser cuando estemos juntos otra vez… era suficiente motivo para mantenernos. Traté de mantenerme ocupado con trabajo esperando que hiciera que mi mente no pensara que ella no estaba allí; pero eso no funcionaba tampoco. La verdad es que era un poco enojado con mis empleados; Jasper, Alice y Riley incluidos. Alice me gritó de todo, cosa que no era una buena idea, pero la respeté por eso. Le dejé pasar porque sabía que extrañaba a Bella casi tanto como yo. Su amiga no estaba, y ella no tenía otra. Era molesta y una cierta cantidad de personas están de acuerdo con soportarla. Además, como que forcé a Jasper a que venga conmigo al viaje de negocios. Ella realmente me odió por eso, pero lo superó… creo. Dos días más. Dos más insoportables, largos, miserables días hasta que la pueda ver otra vez. Sostenerla en mis brazos, saborear sus labios, sentir su suave piel. Sería suficiente para poder soportar una reunión de la junta el lunes siguiente.


Sí, era un jodido optimista. Terminé de ver los reportes que Jasper había preparado sobre los nuevos clientes que había logrado firmar a pesar de mi preocupada mente, y empaqué mis cosas para el día. ― ¿Ya se va de aquí, jefe? ― preguntó Jasper mientras entraba a mi oficina con el itinerario final para la reunión. –Sí, es todo por hoy. Buen trabajo con los reportes, por cierto. Se ven genial. El rostro de Jasper parecía algo sorprendido por mis amables palabras. El pobre hombre había sido tomado sorpresa por mí los últimos días, y eso no estaba bien. El no se lo merecía. Por lo que, probando mi ultima teoría sobre auto― sacrificarse y todo eso, le ofrecí una disculpa. ― Hey, lo siento si he sido un poco rudo contigo últimamente, es solo que como Bella no está y todo eso… ― No hay problema, hombre. Alice ha estado igual, –me interrumpió, dejándome sorprendido. ― Así que, ¿lo estas viviendo de los dos lados, huh? Jasper asintió. ― Creo que nunca me di cuenta del efecto que esa pequeña muchacha había tenido en tantas personas. Yo tampoco, pero el tenia razón. Incluso Rosalie me había estado llamándome mas seguido últimamente, lo que no era como ella, y siempre era para ver como estaba Bella. Le había dicho que la llamase ella misma, que Bella le encantaría escuchar de ella, pero Rosalie no quería ser entrometida. Si, claro, como si fuese cierto. ― Bueno, no lo mereces, –le dije a Jasper mientras me ponía mi abrigo. Le palmeé en el hombro mientras salía por la puerta y le di una sonrisa forzada. ― Ten una buena noche, hombre. El clima estaba frío los últimos días, lo que iba bien con la estación, pero una parte de mí se preguntaba si era más obvio para mí porque Bella no estaba aquí para mantenerme caliente. En serio, era como si toda la calidez se hubiese ido de mí alrededor. Mi sol personal estaba a kilómetros de distancia, y yo estaba aquí sintiéndome…desolado y frío. ― ¡Hey, Cullen! –me llamo Jacob mientras me dirigía hacia el ascensor. Hablando de frío y desolado… No me detuve para responderle porque realmente no tenía nada que decirle. Además, tenía una cita telefónica con mi chica, y no tenía intención de perderla jodidamente-nunca. ― ¿Qué quieres, Black? –escupí mientras que se acercaba a mí. ― Solo quería asegurarme de que estés en la reunión con la junta este lunes, eso es todo ―las palabras de Jake eran curiosas, pero vi algo detrás de esa apariencia. No era difícil de


ver la mirada fría en sus ojos, o el desprecio en sus labios. Mi mano derecha empezaba a moverse en un puño. Quería golpear a este bastardo y refregar esa sonrisa contra el piso. Eso seguro que remueve esa sonrisa de creído. ― ¿Por qué no iría? –suspiré con enfado mientras golpeaba el botón de mi ascensor personal, imaginando que ese era su cara. ― Bueno, dado que no has estado mucho últimamente, solo quería estar seguro. No querrás perderte esta reunión, Cullen. Va a ser entretenida como el infierno ―sonrió su sonrisa dientuda y luego me guiñó antes de que al fin se fuera de mi vista. Entretenida… ¿el bastardo realmente pensó que estaría asustado por haberlo amenazado con matarlo? Las personas dicen esa mierda todo el tiempo. Y aunque no fuese apropiado para el lugar de trabajo, eso no era suficiente para hacerme perder la compañía por alguien como él. Además, era su palabra contra la mía, y dudo mucho que él estuviera bien en ese momento. Me apuré a llegar a casa como un loco. Bueno…lo mas rápido que un loco puede ir en el tráfico, de todos modos. Estar sentado en la parte de atrás de la limusina por tanto tiempo me volvió loco. Juro que todavía pude oler el delicioso aroma de Bella de las pocas veces que lo hicimos allí. Me estaba volviendo loco, lo juro. Una vez dentro de la gran mansión, como la había llamado toda mi vida, el vacío y deseo estaba otra vez. Que gracioso que cuando ella estaba allí, no parecía tan grande. Bella tenía la manera de llenar la habitación con una presencia que era más larga que la vida, aunque tan íntimo que me hacía sentir como si ella y yo fuésemos las últimas personas en el planeta. Y estaba de acuerdo en que los dos podríamos hacer todo para llenar al lugar… tu sabes, por el bien de la humanidad y todo. Y eso es lo que me di cuenta; quería tener hijos con ella… muchos, muchos hijos. La última vez que Bella y yo hablamos, ella prometió que me iba a dar suficiente ejercicio cuando nos veamos. Tenía que sonreír ante ese pensamiento. Ella se había convertido en la insaciable; la que alguna vez fue una gatita ante mis ojos, se transformó en una leona, una depredadora que necesitaba saciar su hambre y la hacía estar desesperada y audaz. Los papeles se habían invertido; ella se convirtió en la leona, y yo en la oveja. No realmente, pero le iba a hacer saber eso si eso la iba a hacer más…aventurera. La admiraba por saber lo que quería y no estar avergonzada por tomarlo, incluso si yo era un participante complacido. Tomé algo para comer y una ducha mientras esperaba su llamada. Justo había salido del baño cuando sonó mi teléfono. Tiré la toalla para correr al otro lado de la habitación, completamente desnudo cuando choque contra la cama en una posición vergonzosa. ― Oh, mierda… ¡Diablos! ― Si, esas eran las primeras palabras que salieron de mi boca cuando conteste el teléfono. ― Hola, cariño. ― Mi voz era contenida, prueba del dolor que sentía. ― ¿Qué pasó? ― pregunto con preocupación en su voz.


― Mierda…creo que rompí mi polla, –le dije mientras que me acostaba en la cama para aliviar el dolor de la posición incómoda. Bella intento esconder la risa del otro lado de la línea. ― ¿Estabas haciendo tus pollaerobics? –Sí, –sonreí, siguiéndole el juego. ― Solo mi polla se niega a doblarse de esa manera. ― Aw, pobrecito, ― arrulló ― ¿Quieres que lo bese y haga sentir mejor? ― Sí que eres mala ¿Sabías eso? Tú sabes muy bien que nada me encantaría más que follar tu boca. Ahora estoy malditamente duro por solo pensarlo, y no hay nada que pueda hacer por eso. ― Oh, no lo creo –su voz era profunda y sensual y diablos…no ayuda para nada― ¿Qué tienes puesto? Hermoso…sexo telefónico. ― Estoy acostado en la cama… ¿Qué crees que estoy vistiendo? –pregunté con voz ronca, sabiendo muy bien que ella sabe que duermo desnudo. ― Mmm… muéstrame. ― ¿Qué? –pregunté confundido. ―Mira a tu celular. Mi teléfono vibro en la mesa de luz y lo alcance. Seguro, había un mensaje de texto de mi chica. Cuando lo abrí, casi me caigo de la cama. Allí estaba ella, desnuda dejando nada para la imaginación. Estaba sobre el cabecero de su cama, su pelo sobre sus hombros, sus pechos llenos y los pezones duros. Sus rodillas estaban abiertas a su lado, dándome una gloriosa vista de la hermosa piel entre sus muslos. Y sus ojos…dios santo, sus ojos estaban cerrados y se estaba mordiendo su labio inferior, como si estuviese ansiando mi tacto. ―Te mostré lo mío…ahora muéstrame el tuyo ―su seductora voz ronroneó por el teléfono. ― Oh, así que te gusta jugar, ¿no? –pregunté, con una sonrisa que sabía que ella podía escuchar aunque no podía ver. ― ¿Parece como si quisiera jugar? –escuche el click de un botón y luego la conocible vibración de la bala Cullen que le había regalado. ― Te necesito. No puedo esperar más. Hazme llegar, Edward. ―Por dios… –estaba mas que feliz de hacerla llegar, incluso si iba a tener que serlo por una pieza de metal en vez de mis dedos, mi lengua… mi polla. ― ¿Es esa mi bala, cariño? –pregunté, sabiendo la respuesta. ― No, pero esto sí. ― Otra vibración se unió al bajo sonido del anterior, y alce una ceja. ― ¿Qué es lo que tienes allí, cariño?


–Gabe me hizo ir a un pequeño local con él hoy… un local para adultos. Ni siquiera sabía que existía, tal vez porque estaba escondido en el fondo de un callejón. ― ¿Compraste un vibrador? –pregunté incrédulo. Y esperando de que use mi tarjeta de crédito para comprar lo mejor que tengan, aunque iban a parar a la basura una vez que la tenga en mi cama de vuelta, donde pertenecía. Ninguna polla, real o falsa, iba a acercarse a mi coño cuando era perfectamente capaz de encargarme de sus necesidades. –Mmhmm. Obviamente que no se acerca al tamaño real, pero como no puedo tenerte…voy a tener que conformarme con esto. Sip, mi cabeza creció diez veces más grande… las dos. ―Dime que hacer con él, Edward. Dime como hacerme sentir bien. ¿Qué me harías si estuviera allí a tu lado ahora? ― Mierda, cariño, –gruñí, lamiendo mis labios al pensar a como sabría mientras veía la imagen en mi celular. –Tiraría tu trasero en esta cama y enterraría mi rostro entre tus piernas para alimentarme de ti. Eso es lo que haría si estuvieras aquí. Gimió por el teléfono y mi polla rozó mi estomago. Diablos, pero esta mujer me podía poner como loco. ― Pero como no estas tumbada desnuda en mi cama, haremos algo. Pon el mini yo a un lado y toma la bala, cariño… Pásala por tu cuerpo y pósala sobre tu clítoris… no en él… solo por encima. ― Mmm… mierda, –gimió otra vez, obviamente disfrutando de las sensaciones que provocaba. ―Déjalo allí. No importa cuanto quieras acercarlo, no lo hagas ―la dirigí.― Ahora toma tus hermosos pechos con tus manos… masajéalos… Dios, eso se siente bien, ¿o no? Lame tus dedos por mí, cariño. Empuja tus pechos, y luego usa esos dedos mojados para tirar de esos pequeños pezones. Esa es mi boca, caliente y mojada…lamiendo y succionando mientras alterno entre los dos, mi lengua moviéndose en ellos. Aprieta tus pezones con tus uñas… mis dientes… diablos, quiero morderlos… ¿Me sientes, cariño? ― Oh, Dios… si. ― Diablos, cuando lo dices así… –cerré mis ojos y casi podía imaginarla con sus manos manipulando su cuerpo. Hice una nota mental de verlo personalmente alguna vez en el futuro cercano… quizás también mirarla mientras se da placer a ella misma con el pequeño juguete. Tal vez deba reconsiderar quedárselo después de todo. ― Tócate por mi, cariño. Pon tus dedos en tu entrada y siente cuan suave y cálida eres. – continué diciéndole ― ¿Estas mojada por mí, Bella? ― Tan… malditamente… mojada, –gimió. Mi voz era profunda y ronca para mis propios oídos, escuchaba mi sangre correr por mis venas y yendo directo a mi gran polla.


―Eso esta bien, cariño… eso esta… realmente bien. Toma el mini yo y ponme en tu boca. Quiero que chupes mi polla. Hazme mojarme y listo para entrar en tu coño. El tarareo que vino del otro lado de la línea era sordo, y podría decir que ella había hecho lo que le dije. Sonidos mojados y sorbos mezclados con gemidos de satisfacción y quería sentir lo que estaba haciendo, realmente, no solo imaginarlo. ― Eso es suficiente, Bella. No querrás que me ponga celoso, ¿no? ― ¿Eso hará que me folles duro? –Su voz era juguetona, esperando que mi respuesta sea si. ― ¿Te gusta eso, cariño? ¿Cuándo te follo duro y rápido? Bella maulló del otro lado, y mi respiración se aceleró con ese sonido. Mi polla estaba lo más dura que se podía llegar y temí que podía romper un vaso sanguíneo si no me liberaba pronto de la tensión. Mi mano tenía una mente propia para ese punto y empecé a frotarme. –Me encanta cuando mi coño se siente tan bien para ti, tú no puedes controlarte ― mierdamierdamierda… mi chica dijo coño y eso… mierda… me hacia cosas… Un gruñido salió de mi pecho y escapó de mis labios. ―Mierda… dilo de nuevo. ― ¿Qué cosa? Ella sabía que diablos quería escuchar. Solo jugaba conmigo, y estaba un poco enojado por eso… mayoritariamente porque ella estaba allí y yo no, y estaba más caliente que un ninfomaníaco en el set de una película porno. ― Tú sabes que… dilo otra vez. –Cooooññññoooo, –ronroneó al teléfono. ― Mierda, mujer. Si estuvieses aquí ahora, no tendría piedad de ti. Destrozaría ese coño. ― Y lo decía cada puta palabra en serio, también. ― ¿Ahora quién esta jugando? Dime que hago ahora, Edward. Oh…claro. Ella tenía el vibrador en sus manos. Había tantos lugares que mi mente apenas podía pensar… y al menos haría una de ellas. ― Préndelo, cariño. Siénteme vibrar en tus manos. Quiero que deslices mi polla por tu coño mojado… inúndame de tu humedad. ― Mmm… eso se siente tan bien, Edward. Sostuve el teléfono contra mi hombro y busque el lubricante en el cajón de la mesa de luz. Luego coloque la cantidad suficiente en mi palma de mi mano antes de tirar el pote a un lado mirando mientras mi mano trabajaba en mi polla. ―Eso es, cariño… siénteme allí. Juega con mi polla en tu entrada. Estoy listo para ti… quiero follarte duro y rápido… quiero hacerte gritar mi nombre.


―Dios, sí… Edward –gimió, su respiración se unía a la mía. ―Ponte de rodillas, cariño. ¿Puedes hacer eso por mí? Quiero que pongas el teléfono en altavoz, siéntate en tus rodillas y sostente del cabecero con tu mano libre. Escuché un ruido del otro lado de la línea, y luego su voz otra vez, un poco mas distante ahora. ― Ok, ¿ahora qué? ―Vas a montar mi polla, Bella. Ponlo entre tus piernas y abre bien tus piernas hasta que lo sientas en tu entrada. ―Te deseo tanto, –se quejó. ―Lo sé, cariño. Tómame… entiérrate en mi polla y móntame duro, como a ti te gusta. ― Queriendo sentirlo con ella, apreté la punta de mi polla entre mis dedos antes de empujar el resto contra mi mano. Cerré mis ojos ante la imagen de entrar en ella mezclado con el recuerdo de como se siente. ―Oh, diablos, cariño… eres tan bueno. ¿Te gusta eso? ―Dios, Edward… eres tan… grueso –anunció la ultima palabra. –Cariño, debes dejar de decir cosas así antes de que me meta al coche y vaya a Forks a secuestrarte. ― Y estaba a un pelo de hacerlo. ― Mmm… y ¿traerás tu gruesa… polla? Sus palabras me dejaron enloquecido. Mis manos se endurecieron en mi polla mientras lo apretaba mas rápido, el lubricante calentándose con la fricción de mi palma. Cerré mis ojos e imaginé que era su coño alrededor mío, contrayéndose y liberándose mientras que chocaba su cadera contra la mía. Quería que me viera, su boca abierta mientras que sus uñas se clavan en mi pecho, su cabello creando una cortina a nuestro alrededor, su cadera chocando contra la mía mientras que ella apretaba su pulgar contra la base de mi pene. Gimió y gruño al otro lado de la línea, lentamente así no molestaba al resto de la casa, pero estaba meciéndose y sabía que necesitaba más. ― Fóllame, Bella… duro. ― imaginé su trasero golpeando contra mis muslos mientras sus pechos rebotaban con sus movimientos. Mi mano se movió mas rápido y mordí mi labio tan fuerte que creí que lo había partido con mis dientes. –Ungh… se siente tan bien –gimió lentamente. Podía escuchar su respiración y el ruido del cabecero mientras montaba el vibrador debajo de ella. ― Espera, cariño… solo espera, –le urgí, casi llegando al límite. ― Edward… te necesito… por favor, –me rogó, buscando liberarse. –Dame más.


― Lo prometí, cariño…te voy a dar todo lo que necesitas ¿Te acuerdas? ¿No te prometí eso? Suelta el cabecero, Bella. Usa tus dedos…encuentra ese lugar, ese que necesita un poco más. Masajéalo con tus dedos… y cuando te diga, quiero que lo aprietes. Su respiración era pesada, un sonido entusiasmado sonó por la línea hasta que se volvió gutural. ― Ahora, cariño…apriétalo ahora. ― Oh… ¡mierda! –gritó, su voz era un suspiro mientras intentaba mantenerse quieta. Casi podía ver su cabeza caer hacia atrás y su cuerpo ponerse rígido bajo el poder del orgasmo. Y esa visión fue lo que necesité para llegar también. ―Justo allí, cariño… justo… diablos… –gruñí liberándome, mi cadera golpeando contra mi puño mientras apretaba mi polla al mismo tiempo que lo hacía con la punta. El semen salió como una erupción volcánica y volcó en mi estómago. ― ¿Edward? –preguntó tomando el teléfono y apagando el altavoz. Ella seguía jadeando y su voz tenía ese tono después del encuentro sexual. Tiré mi brazo sobre mi rostro y luche para recomponerme. ―Sí, cariño… estoy aquí. –Edward, te extraño. Si…yo también la extrañaba. Son tres horas de viaje a Forks, seis horas en ida y vuelta. Lo que significaba que tenía tiempo suficiente, para ir allí y volver a tiempo para trabajar. Lo había calculado al menos una docena de veces en mi cabeza mientras observaba los minutos del reloj acercarse a medianoche. A pesar de la liberación que tuve hace dos horas, encontraba imposible dormir… otra vez. Había una línea delgada entre el amor y la obsesión, y tenía miedo de cruzarla. Aunque, seguro es la privación del sueño que me hace pensar así. Necesitaba una cura, pronto… y sabía que todavía tenía dos días más de espera. El problema era que no tenía intenciones de dormir en los pocos días que tenía con ella, así que el ciclo se iba a repetir hasta que encontremos la manera de estar juntos…o me vuelva loco, lo primero que venga. Bajé de la cama y me puse un par de jeans antes de bajar las escaleras para tomar un vaso de leche, o un trago de Cuervo… lo que sea mejor para poder dormir. Solo que estaba distraído cuando bajé al piso inferior. Mire a mí alrededor y en cada lugar que mis ojos veían, tenia una visión de ella. Bella de rodillas en frente de la puerta; Bella corriendo a través de dicha puerta después de recibir la lencería que claramente no quería; Bella bajando las escaleras luciendo como Cenicienta el día del baile… Bella en las escaleras, lágrimas recorriendo su rostro después de que la follé con furia. Cerré mis ojos ante esa imagen, y fui recompensado con una de Bella en mi ducha inmediatamente después, su hermoso vestido empapado mientras me abrazaba debajo del agua.


Caminé por la casa hasta que llegué a la sala de piano, y también estaba allí, en el banco, sobre mi regazo mientras hacíamos el amor. En mi oficina… Bella, vistiendo nada más que mi camisa mientras estaba en la puerta… la visión de ella bailando en la cocina de la cámara de seguridad. La extrañaba… malditamente mucho. Mi corazón dolió mientras recordaba imágenes de ella; algunas inocentes, algunas no tanto. Cada hermosa sonrisa compitiendo con las sexy de odio del tiempo en que me odiaba. Las expresiones eróticas en su rostro mientras que venía por mí una y otra vez. Su expresión determinada mientras me decía que me amaba por primera vez. Todo sobre ella. Tal vez pueda sobrevivir sin ella a mi lado, pero estaba seguro que no quería estarlo. Al diablo la distancia… necesitaba verla. Descalzo y sin remera, me apuré hacia el vestíbulo, tomé mis llaves de la mesa y corrí al garaje donde mi Vanquish estaba aparcado. Un par de gotas caían mientras salía del garaje y me dirigía hacia Forks… hacia ella. Aceleré como un maníaco; rutas mojadas no eran exactamente una buena condición para manejar el Vanquish, pero no me importó un carajo. Tenía que llegar a ella, tener tiempo para tenerla en mis brazos antes de que vuelva y la deje otra vez… y el Vanquish era el medio de transporte más rápido ahora. Hice una nota mental para invertir en un helicóptero al siguiente día. La lluvia empezó a caer con más fuerza en el viaje, y con cada chorro de agua bajo las gomas, con cada hoja que caía en el parabrisas, me perdía cada vez más pensando en Bella. Era perseguido por el sueño con ella, y la realidad lo superó el día que la lleve a su hogar. Esa cabaña, el prado, su risa y la sonrisa en su rostro… era como un sueño hecho realidad en mis ojos. Todavía podía escuchar el sonido de su voz, triste y solitaria cuando dijo que me extrañaba. Retumbaba en mi mente y se retorcía en mi pecho. Estaba triste y solitario por ella también. Y no me importaba en lo más mínimo si eso significaba que era un loco- porcoño. No podía pensar por cual otro coño podía estar loco. Apreté el acelerador, haciendo acelerar al Vanquish más rápido por la ruta hacia mi destino. La noche me rodeaba. Las rutas desoladas estaban oscuras mientras que mis faros la iluminaban. Ya casi llegaba, solo unos pocos quilómetros y la tendría en mis brazos. Para cuando llegué a su calle, la lluvia se había vuelto en un chaparrón torrencial. Apagué mis faros, no quería asustar a Bella o a sus padres con mi presencia mientras aparcaba a un lado de la calle justo frente a su casa. Había una luz tenue en la habitación de Bella, haciendo sombras en la pared… obviamente una vela. El resto de la casa estaba oscura y no había ni un alma en la calle.


Salí del coche y cerré la puerta los más silenciosamente que pude, pero aparentemente incluso eso fue muy ruidoso. Primero un perro, entonces otro empezó a ladrar hasta que sonó como si la manada entera estuviese rodeándome. La lluvia fría corría por mi piel desnuda, el viento sin compasión azotaba. En segundos, estaba empapado de pies a cabeza y congelándome hasta las bolas, pero no le di ni la más mínima importancia. Mi cuerpo empezó a temblar, pero tenía una sola cosa en mi mente… mi chica. Por supuesto si hubiese tenido una pizca de esa energía y hubiese pensado bien mi plan un poco más, probablemente sabría lo que tendría que hacer ahora. No podía tocar timbre; sería recibido con la punta de la pistola de Charlie apuntando mis bolas, y yo estoy increíblemente encariñado con ellas. Examiné el árbol que estaba en el piso bajo la ventana de Bella y calculé mis probabilidades de ser capaz de treparlo y llegar a su habitación. Habían algunas ramas cercanas por lo que pensé que mis probabilidades eran buenas. Eso es, hasta que intenté treparlo. Mi pie descalzo, el árbol cubierto en musgo, no podía mantener mis pies allí. Tomé una rama que colgaba encima de mi cabeza y me colgué, casi llegaba a subirme cuando se rompió bajo mi peso, dejándome caer al suelo con un fuerte ruido. Jadeé cuando se me fue el aire, pero no había conducido por tres horas para dejarme vencer así de fácil. Justo cuando iba a intentarlo de nuevo, vi unas cortinas moverse en la ventana de Bella y ella estaba allí. ― ¿Edward? –la voz confundida de Bella me llamó, aparentemente alarmada por el ruido de mi caída ― ¿Estas loco? ¿Qué estas haciendo aquí? Mi rostro giró hacia el cielo oscuro, gotas de lluvia caían en mis ojos y parpadeé contra ella para mantenerla en mi vista. Mientras lamía mi labio inferior para capturar la gota colgando de allí, observe con asombro, incapaz de apartar mi vista de la mujer de mis sueños. Su cabello estaba atado en una cola de caballo desordenada, algunos mechones estaban salidos al haber estado durmiendo. Sus ojos hinchados del sueño, su maquillaje un poco corrido. Lucía perfectamente imperfecta, y la quería hacer mía para siempre. Y entonces dos palabras caían de mis labios, inesperadas. No era una pregunta. No era una orden. Era una suplica. ―Cásate conmigo.

Capítulo 23: “La burbuja explotó” Estaba allí en mi ventana, mirando a Edward. Estaba medio desnudo, sin camisa, sin zapatos… únicamente sus pantalones de jean estaban sobre su hermosa figura. Su cabello estaba cayendo por su frente, sus largas pestañas estaban húmedas por las gotas de lluvia… sacó la lengua y atrapó una de las que se deslizaba en medio de sus labios. Y me miraba como si fuera lo único sobre el mundo, incluso cuando me veía asquerosa. ―Cásate conmigo.


Sus palabras me derribaron, cortando el aire que había entre nosotros. Mi corazón estaba a punto de salirse de su sitio. Mis rodillas se volvieron terriblemente débiles y el piso bajo mis pies empezó a caer. Mis manos se apretaron en el alfeizar de la ventana intentando mantener mi balance. Intenté y fallé. Me tambaleé hacia adelante, casi cayendo por la ventana abierta, pero pude agarrarme de la rama delante de mi justo a tiempo. ―¡Bella!― Edward me llamó, el miedo era mas que evidente en su voz. Tenía que llegar hasta él, saltar en sus brazos y tenerlo a mi alrededor. Tomar las escaleras me habría llevado demasiado tiempo y demonios, era demasiado tradicional para los dos. Ya que estaba medio colgando por mi ventana… preferí mandarlo todo al demonio; si él podía soportar la tormenta para alcanzarme, yo podía hacer lo mismo. Él lo valía. Me lancé hacia afuera, agarrándome de la rama, las gotas de lluvia pinchaban sobre mi piel desnuda y caían sobre la camisa blanca de Edward que había robado. ―¡Vuelve a la maldita ventana, Bella! ¡Antes de que te rompas el maldito cuello!― Ordenó Edward, pero ¿desde cuándo yo lo escuchaba? Estaba apoyándome de una rama a otra, un poco más y sería seguro para saltar en sus brazos. Allí fue cuando súper―klutz decidió despertar. Sí, y ahora estaba intentando hacer algo grande, y la maldita perra decidió que me mandaría al suelo. ―¡Oh, mierda!― dije justo cuando mi pie se resbaló y empecé a caer. Cerré mis ojos intentando bloquear la imagen de cuando cayera al suelo. Imaginando mi sorpresa cuando mi cuerpo se chocara contra el suelo. Al final Edward sostuvo mi caída, pero el impacto nos envió a ambos al suelo. El sonido de un trueno sonó en la distancia mientras yo lo miraba, aún sorprendida de que estuviera ahí en primera instancia. No intercambiamos palabra mientras estábamos ahí recostados sobre el barro, solo mirándonos. Su mirada sobre la mía mientras buscaba en sus ojos alguna señal de arrepentimiento por su inesperada propuesta. No vi ninguna. Lo que si vi fue a un hombre que no tenía dudas, la verdad era esa. Amaba a este hombre, él me amaba a mí… y esto estaba bien. Los músculos de su rostro se tensaron mientras tomaba mi rostro entre sus manos. Exhaló despacio y luego quitó unos cuantos mechones húmedos de mi frente.


― No quiero estar lejos de ti de nuevo. Yo solo… no puedo hacerlo― su voz se rompió. Me sentí de la misma forma, pero las palabras se atoraron en mi garganta. Así que ya que el intercambio verbal no había funcionado intenté hacérselo saber por otros medios. Me acerqué a él y le di un beso apasionado, mi lengua empujando la suya. Y, Jesús, esto era hermoso. No quería perderlo. El resto del mundo dejaba de existir; la tormenta, el hecho de que eran como las tres de la mañana o los perros que ladraban y los autos cuyas alarmas estaban encendidas. Todo… dejó… de existir. Edward nos rodó, ahora estaba sobre él, haciendo todo lo que pude para acercarnos un poco más. Sintiendo mi desesperación, levantó una de mis piernas, el centro de sus jeans presionado en mi entrepierna, gemí en su boca. Él sabía lo que necesitaba y sabía que siempre cuidaría de mí, justo como había prometido. Mis manos acariciaban su pecho desnudo, sus fuertes brazos, sus bíceps… cada centímetro de su húmedo cuerpo. Enredé mis piernas a su alrededor, para que no pudiera moverse, no quería tener que volverlo a dejar ir. Edward tomó mi trasero y se rozaba contra mis caderas, sus besos eran tibios y demandantes. Cuando sus labios dejaron los míos, su talentosa boca rodó hacia mi mandíbula y luego en ese punto sensible detrás de mi oído. Y luego se detuvo, alejándose mientras me miraba. Sus labios estaban entreabiertos y empezó a mirarme con una expresión confundida. La lluvia caía en delicadas gotas sobre su cabello y luego se deslizaban por uno de los lados de su mejilla. ―¿Que esta mal?― pregunté, insegura del motivo por el cual se había detenido cuando se estaba poniendo mejor. ―No respondiste mi pregunta. Me reí y rodé los ojos. ―Edward, acabo de lanzarme por una ventana, estuve a punto de romperme el cuello. Todo eso, únicamente para llegar hacia ti ¿En verdad necesitas que lo diga? ―Bueno, sí, cariño… supongo que lo hago― la expresión en su rostro era sincera mientras continuaba.― Te estoy pidiendo que seas mi esposa, que críes a mis hijos, que envejezcas conmigo a tu lado. Te estoy pidiendo que te cases conmigo, para bien o para mal, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta que la muerte nos separe ¿Eso suena como algo que quieres hacer por el resto de tu vida? Mordí mi labio inferior.


―Quizás ―dije juguetona, sin poder contener la sonrisa por mucho más tiempo. Él me sonrió, sus dientes blancos y perfectos… ― ¿Sólo quizás? ―Estoy loca por ti, Edward Cullen. Y estoy segura de que eso es porque estoy incondicional e irrevocablemente enamorada de ti, no porque me vuelvas loca. Así que, sí… creo que suena como algo que quiera hacer por el resto de mi vida. ―¿Eso es un sí?― preguntó de nuevo, como si lo necesitara. ―Sí, Edward.― le respondí, acabando con cualquier duda que pudiera tener. Edward sonrió, parecía un niño al que le habían dado lo que quería para navidad. ― Está bien. Suspiré mientras pasaba mis dedos por su cabello mojado. ― Muy bien― mis ojos delinearon cada uno de los rasgos de su cara. Sus ojos esmeralda albergaban mucho amor, adoración… pasión. Estaba feliz, y yo lo hice feliz. Tracé su mandíbula con mis dedos, sentí como se tensaba bajo mi toque hasta que me moví hacia sus labios, seguí por su barbilla y luego hacia su manzana de Adán. Su cuello era delgado y musculoso, sentí su cuello palpitar bajo mis manos. Él era hermoso. Pero no me quejaba; sería mío, para siempre. ―¿Hazme el amor? ―Siempre, pero prefiero que no sea bajo la lluvia ―dijo mientras se levantaba y me llevaba con el.― Charlie probablemente me mataría. A pesar de mis protestas, el enredó mis brazos a su alrededor y me llevó a la puerta principal. Intentó abrirla pero estaba cerrada. ―Tiene llave― le dije. ―Bueno, no vas a volver a escalar ese maldito árbol, eso tenlo por seguro.― dijo mientras miraba hacia el otro lado de la calle― ¿Puerta trasera? ―Cerrada. Edward miró su auto. ― Necesitamos llamarlos para que te dejen entrar entonces. Iré por mi… teléfono.― su voz bajó de tono, y paso sus manos por su cabello húmedo― ¡Mierda! Soy un idiota, dejé el teléfono en casa.


―¿Manejaste sin tu teléfono?― pregunté. ―Sin mi teléfono, mi billetera, mis zapatos y mi camisa― dijo con una sonrisa.― Y probablemente si no hubiera tenido puesto el pantalón también lo habría dejado. ¿Vez lo loco que me tienes? Me paré sobre mis talones mientras el enredaba sus brazos a mi alrededor. ―Bueno, entonces planteémonos la situación. Ambos estamos medio desnudos, esta lloviendo, no hay forma de entrar y te quiero… ahora. Ven conmigo. Lo llevé hasta un hueco entre los árboles, junto a mi casa. ―¿A dónde vamos?― preguntó confundido. ―Ya veras― dije sonriéndole. Una vez entramos en medio de los arboles gruesos, vimos que había un claro en el centro. Me detuve y miré hacia arriba, llamando su atención sobre la cubierta frondosa de los árboles sobre sus cabezas que forman una barrera contra la lluvia. ―¿Y ahora qué?― preguntó mientras daba un paso adentro. ―Ahora― dije, desapuntando el botón de sus jeans.― Primero nos quitamos estos pantalones mojados antes de que te mueras de frío. Él se acercó y desapuntó el primer botón de mi camisa. ―Bueno, no creo que vayamos a morirnos de frío, ¿o sí? Negué con la cabeza y me acerqué a él para empezar a succionar la piel sobre la vena palpitante de su cuello mientras ambos trabajábamos en quitarnos la poca ropa que teníamos. Una vez las barreras fueron descartadas, Edward me levantó para que pudiera acomodar mis piernas a su alrededor mientras nuestros labios luchaban entre ellos. Nos puso en el suelo, su espalda recargada contra uno de los árboles mientras yo me sentaba cómodamente en su regazo. Mi lengua acariciaba la suya, mis manos viajaban por su pecho y abdomen hasta encontrar su miembro que estaba entre nosotros. Siseó y lanzó su cabeza hacia atrás cuando finalmente lo toqué, dándome acceso a su cuello y hombros. No quería desperdiciar ni un segundo. Su miembro era fuerte y suave en mi palma, y él se presionaba contra mí poniéndome cada vez más húmeda. Sus manos acariciaron mi trasero, me levantó y yo lo guíe a mi entrada. Entro en mí completamente, como siempre había hecho y como siempre haría. Ambos gemimos por la sensación de nuestros cuerpos encajando como dos piezas de rompecabezas.


Finalmente, pude encontrar al Edward real, no solamente su cuerpo. Edward liberó mi cabello del moño en el que lo llevaba y capturó uno de mis pezones en su boca. Sus dientes mordisquearon un poco y luego su lengua los delineó la punta. Me arqueé mientras tomaba todo el control sobre él. Lentamente, hicimos el amor mientras nos susurrábamos palabras. No nos tomó mucho tiempo llegar al clímax. Supongo que habíamos pasado demasiado tiempo separados. Aparte, nuestra relación nos había llevado a la promesa de estar juntos por mucho tiempo más. Después de un tiempo más, me dejé ir en sus brazos, el calor de nuestros cuerpos proveía todo lo que necesitábamos. Estábamos innegablemente satisfechos. ―Tengo que irme― Edward susurró, presionando sus labios contra mi cuello.― No quiero irme, pero Black necesita que haga algo y no puedo arriesgarme a faltar otro día antes del viaje del lunes. Le di un beso suave y quité el cabello que había en su sien. ―Está bien. Lo entiendo. Sus manos movían por mi cabello y luego tomaron mi rostro entre sus manos, besándome aún mas profundo. ― ¿Cómo vas a entrar a tu casa? ―Tu solo vete, yo sacaré toda la mierda de esa puerta― me reí. ―¿Y que le dirás a Charlie cuando te pregunte como saliste de tu casa con nada mas que mi camiseta? Que hablando de eso, te queda jodidamente bien. ―No te preocupes por mi padre. Puedo lidiar con él― le respondí aunque ni siquiera tenía una pista de como iba a explicárselo, pero algo me inventaría.― Oye, soy la próxima Señora Cullen. Algo de tu ingenio tiene que habérseme pegado ¿no? Edward se mordió el labio inferior, mis ojos se perdieron en su boca. ― Mierda, sí, eso suena bien― me abrazó aún mas cerca y me quitó el aire con un beso hambriento. Momentos después, Edward volvió a su auto, y yo estaba sentada sobre el porche, golpeando la puerta. Como esperaba, la cara adormilada de Charlie me abrió la puerta y sus ojos se fueron directamente a mí tirada en el suelo. ―¿Bella? ¿Qué demonios estas haciendo bajo la lluvia en medio de la noche?― preguntó.


Pasé por su lado y el cerró la puerta, me volteé para responderle cuando mi madre apareció en el corredor, obviamente también había interrumpido su sueño. ―¿Qué pasa aquí?― preguntó aún con ojos adormilados. Parecía perfectamente bien mientras se recargaba contra la puerta. ―Estaba a punto de intentar encontrar esa respuesta por mí mismo.― Charlie le dijo, sin abandonar mi mirada.― ¿Bells? Así que… les dije la verdad. Me volteé hacia mi madre, sabiendo que me iría mejor con ella. ― Edward vino, y me pidió matrimonio. ―¿Él hizo qué?― preguntó, sus ojos se abrieron y una sonrisa atravesó su rostro. ―¡¿Él qué?!― mi padre preguntó también, su voz no sonaba tan feliz como la de mi madre. Ni de cerca. Me volteé hacia él y levanté mi barbilla con determinación. ― Me pidió que me casara con él y acepté. ―¡Eso es increíble!― mi madre vino y me abrazó. Charlie pasó sus manos por su rostro exasperado. ― ¿Y como acabaste afuera toda mojada?― preguntó, poniendo su mano en la pared y la otra en su cadera. ―Me bajé por el árbol para ir hacia él. ―Oh, que romántico.― mi madre tenía ese tono soñador en su voz. ―¡Es muy estúpido!― gritó Charlie.― ¡Pudiste haberte roto el cuelo! ¡Donde está! ―Oh, guárdatelo, Charlie.― Respondió mi mama, viniendo al rescate.― Estas son buenas noticias y no voy a dejar que lo arruines por nosotros. Por nosotros… mi madre no tuvo lo que se diga una propuesta romántica, ya que estaba a punto de tenerme. Por la forma en la que me conto la historia, Charlie le pidió salir y le digo “Bueno, ¿quieres engancharte?! Y ella le dijo “sí, seguro” y él dijo “bien” y luego encendió el auto. Ella no se quejó; y ahora estaban aquí. Justo como la propuesta de Edward y mi aceptación, era como nosotros éramos. ―Vamos a tomar un poco de café― dijo mi madre, llevándome a la cocina.― Debes contármelo todo.


Mi padre suspiró resignado y rodó los ojos. ―Volveré a la cama. Reneé y yo estábamos sentadas en la cocina cuando la tormenta finalmente cedió y el sol apareció en el horizonte. Le conté toda la historia, incluso la parte en la que hicimos el amor bajo los árboles. Ella se apegaba a cada palabra que decía como cuando a un niño le cuentan un cuento sobe Santa Claus. ―Déjame ver el anillo― dijo, levantando mi mano para ver que no había nada allí. Me encogí de hombros. ―Fue por el momento. Además, no necesito un anillo. ―Bella, él es Edward Cullen. Estoy segura de que se asegurara de darte uno. ―De cualquier forma, no importa. Solo saber que me ama es suficiente.― Y ahí estaba. Nunca había sido del tipo cursi, pero mi madre tenía razón; Edward se aseguraría de que tuviera un anillo. Solo esperaba que no fuera demasiado costoso. Mierda, podía darme una tapa de gaseosa y eso sería perfecto. Alice y Rose probablemente se matarían, pero no me importaba. ―Cariño― dijo mi madre con toda la sinceridad del mundo, tomando mi mano entre sus manos.― Debes ir con él, no puedes quedarte aquí. ―Madre, él está bien con eso― dije cortándola.― Cuando estés mejor me iré. ―Es hora de que me escuches, Isabella Marie Swan― dijo tomando el tono de madre regañona.― Yo estoy bien. De hecho, nunca me había sentido mejor. Es hora de que dejes de vivir tu vida pululando alrededor de tu padre y de mí, ve y vive por tu cuenta. Este hombre esta loco por ti y tú estás loca por el. Vete. Insisto. ―¿Me estas echando?― dije algo sorprendida. ―Sí, lo estoy ―dijo siguiéndome el juego.― Coge tus mierdas y sal de mi maldita casa. Nos reímos demasiado y nos abrazamos. Me sentía feliz de que Edward y yo por fin estaríamos juntos sin que nadie pudiera separarnos. Cooch también estaba algo emocionada por ese prospecto también. Ella y Wonder Penn se reunirían de nuevo, y no había nada que fuera a separarlos. De cualquier forma, no dudaba que había algunas cosas que debíamos adaptar de ambos mundos. Edward me llamó solamente para hacerme saber que había llegado bien y que estaba camino al trabajo. Decidí no decirle que iría a casa con él o que le había dicho a mis padres sobre el matrimonio. Quería ver su cara sorprendida cuando llegara y le hiciera el anuncio.


Llamé a Gabe y él se volvió loco cuando le dije las buenas noticias. Después de tres minutos de escuchar su mierda sobre que lo desperté, finalmente lo corté y le vomité las palabras ¿Su reacción? ―¡Cierra la sucia boca, puta zorra! Te juró por Oprah que si me estas mintiendo, voy a cortarte la lengua y a usarla como papel higiénico! Me reí por sus palabras. ―No te miento Gabe, ¿Quieres ser mi dama de honor? Gabe suspiró. ―Siempre dama de honor, nunca novia. Sí, lo haré, pero sabes que me voy a ver mejor que tú ¿cierto? Así que no te enojes conmigo cuando deje a muchos hombres babeando por tu altar. ―Sí, sí, sí. Lo sé ―le dije rodando los ojos.― Ahora trae tu remilgado trasero hasta aquí. Necesito que vengas por mí. ―Tienes suerte de que tenga que trabajar hasta la noche. Ya tenía mis cosas empacadas y estaba frente a la puerta cuando vi a mi padre sentarse en la cocina. Me miró y me dio una mirada triste, luego volvió su atención hacia el sándwich. Sabía que estaría algo enojado, pero estaba mordiéndose la lengua por miedo a la reacción de mi madre. Necesitaba hablar con él. ―¿Papá?― dije, entrando a la cocina y sentándome a su lado. Él se aclaró la garganta recargando su espalda contra el asiento. ― ¿Qué ocurre, nena? ―Sabes que voy a estar bien ¿verdad? ―Déjame decirte lo que sé ―dijo cruzando sus brazos sobre su pecho.― Ahora, esto es lo que sé. Tuviste una beca para ir a estudiar, de repente aparece una tonelada de dinero en nuestra cuenta, tu madre obtiene el mejor cirujano en el estado, mierda, en el país, luego apareces con este tipo que tiene tanto dinero que no sabe que hacer con él, y de repente mi bebé corre a casarse con el. Demonios, ni siquiera lo habló conmigo. Ahora dime, Bells, ¿crees que tengo algo por lo cuál preocuparme? ―Lo sé, papá. Pero debes confiar en mí. No soy una niña pequeña. Sé lo que hago. Volteó su cabeza hacia la ventana y luego suspiró.


― ¿Lo amas? Puse mi mano en su hombro y el volteó a mirarme. ―Más de lo que creo posible. Y el me ama a mí… demasiado. Hubo un silencio incómodo entre nosotros antes de que dijera algo. ―Ya sabes, la primera vez que te tuve en mis brazos, juré protegerte y mantenerte lejos de las crueldades que el mundo tiene para ofrecer. Pero también me prometí que no sería tan sobre protector a la hora de que buscaras tu felicidad. ―Edward me hace feliz, papá ―le dije, intentando que la sinceridad se demostrara incluso en mi mirada.― Soy miserable sin él. Quiero pasar el resto de mi vida amándolo, dejando que él me ame. Pero no podré ser realmente feliz sin tu bendición. Quiero que me lleves al altar y me entregues a Edward, y sepas que el me mantendrá segura. ¿No puedes sólo intentarlo? ¿Hablar con él? ¿Eso te haría sentir mejor? Charlie se río. ―Ya lo hice. Y si, el tipo es un buen chico. Lo golpeé en el brazo. ―No puedo creer que lo hayas hecho. ―¿No puedes creer que tu padre haga lo que tenga en sus manos para asegurarse de que su hija no esta saliendo con un asesino serial?― preguntó. Asentí. ―Bueno, lo entiendo, así que ¿tengo tu bendición? Charlie miró hacia la mesa y se encogió de hombros. ―Supongo, pero si se pasa un solo milímetro de la línea, voy a patear su trasero ―dijo y luego se llevó una papita a la boca. Lancé mis brazos alrededor de su cuello y lo abracé. ―Gracias, papá. Pero ya sabes… si ocurre algo debes hacer fila delante de Gabe para que tengas una oportunidad de meter algo en su trasero. ―Que asco, Bells ―dijo y yo me reí por su respuesta. Luego alejó su plato, demostrando que de repente había perdido el apetito. .


. ―¡Santo torpedo!― dijo Gabe mientras entraba por las puertas de Scarlet Lotus y miraba a su alrededor. ―Wow, esto es… impresionante ―dije mirándolo.― Mi hombre se las ha arreglado solo. ―En verdad te odio en este momento ―dijo mirándome con envidia.― Solo recuerda que lo que es tuyo es mío. ―Esto no será mío, Gabe ―dije cuando vi a Alice saludar desde atrás.― No quiero nada de Edward que no sea su amor… y quizá, no, definitivamente su cuerpo. ―¡Felicitaciones!― dijo Alice abrazándome cuando la alcancé, se lanzó a mis brazos en un gran abrazo de oso. Para ser tan pequeña tenía mucha fuerza. ―Em, ¿hola?― dijo Gabe― ¿Por qué están abrazándome cuando me tienen a mi detrás de ustedes? ―Oh, lo siento, Gabe.― dijo Alice y le dio un beso en cada mejilla.― Vamos arriba hacia tu prometido. Nos metió al ascensor y presionó el botón hacia el piso de Edward. Todo el camino arriba estuvo preguntando por la boda; quien iba a planearla, la fecha, la lista de invitados. Podía ver la decepción en su rostro cada vez que le respondía “No lo sé” ―Alice, me pidió matrimonio apenas hace unas horas. ¿Te parece que he tenido tiempo para planear algo? ―Pffff ―dijo moviendo sus manos exasperada.― Cariño, llevo planeando mi boda desde que tengo tres. De alguna manera, no tenía dudas de eso. El ascensor hizo ding y llegamos a nuestro destino, las puertas se abrieron y salimos del ascensor. Seguimos a Alice por los pasillos y nos dimos cuenta de que todo el mundo nos miraba como si estuviéramos en una pantalla gigante. Me hizo sentir incómoda mientras reconocía algunas de las caras. Esa chica Jessica. Me miró tan mal y supe que ella sabía que Edward estaba muy cerca de salir permanentemente del mercado. Jódanse, perras, el soltero más codiciado de Seattle es mío, todo mío. Así que pueden ir a escalarse otro maldito árbol. Por supuesto era muy decente como para decirlo en voz alta. Bueno, quizá no, pero no quería que las empleadas de Edward pensaran que se estaba casando con una desechable indecente.


―¡Hola, esposita! ¿Qué haces aquí?― Jasper me sorprendió cuando entramos a su oficina. Pero sus ojos casi saltan de sus cuencas cuando salí de detrás de Alice― ¡Santa mierda! ¿Tú que haces aquí? ―Shh ―dijo Alice, poniendo un dedo sobre sus labios― ¿Está ahí? Jasper asintió. ― ¿Y bien? ¿Que estas esperando? Ve por él― Alice me señalo la oficina de Edward. Caminé hasta allí y abrí la puerta. Él estaba sentado en el escritorio, dándole la espalda a la puerta, mirando hacia la ventana como si estuviera perdido a mil millas de aquí. Su cabello estaba desordenado y su mandíbula estaba un poco más oscura de lo normal. Aparentemente, su pequeño viaje a Forks no le había dado tiempo de rasurarse. ―¿Te estás arrepintiendo?― pregunté cerrando la puerta tras de mi. Edward casi se cae de la silla, se volteó con una ceja levantada y sus ojos analizándome. ―Sorpresa ―dije mientras caminaba hacia él. ―¿Bella? ¿Qué haces aquí? ―Supongo que dos pueden jugar el juego de la visita sorpresa ―le dije mientras me sentaba en su regazo.― Solamente que yo no me iré. Vine para quedarme. Mi madre jura que está bien, y mi padre… bueno, tenemos su bendición. Sentí todo su cuerpo relajarse, como si cada gramo de tensión por nuestra separación se hubiera derretido con mis palabras. Sus brazos se apretaron más a mi alrededor mientras yo me acercaba a su oído. ―Parece que estas atascado conmigo ―susurré. Edward tomó mi rostro entre sus manos y atrajo su cara a la mía. ―Bienvenida a casa, cariño ―dijo antes de capturar mis labios en un beso. Me derretí contra él, sus palabras empaparon mi piel y se volvieron parte de mí. Estaba de vuelta a donde pertenecía, los brazos del hombre que había capturado mi corazón eternamente. Mi madre estaba feliz, mi padre volvía al trabajo… todo estaba donde debía estar, nada podía estallar la burbuja en la que me encontraba. ―Wow, Cullen ―la puerta de Edward se abrió, haciéndome saltar de mi momento feliz, como si una voz hubiera contaminado mi aire. Edward estaba lleno de ira cuando habló.


― ¿Qué quieres, Black? ¿Y porque carajos entras a mi oficina sin anunciarte? ―Oh, wow… ¿Estaban a punto de hacerlo? Porque estoy seguro que va en contra de la política de la empresa. Aunque podemos preguntarles el Lunes para ver que opinan. Descargué toda la fuerza de mi mirada sobre él y dio un paso hacia atrás. ― ¿Vienes en busca de tu cena, ladrón de migajas?― pregunté. ―¡Isabella!― dijo con una sonrisa a manera de saludo.― ¿De nuevo con éste? ¿Cuándo vas a alejarte de Cullen y salir a dar una vuelta con Big Daddy Dick*? Edward estuvo a punto de levantarse de la silla, pero me las arreglé para que se quedara en su sitio. Amaba a Edward y sería capaz de sacar toda la mierda de este tipo. ― Déjalo ir, cariño. No vale la pena. Solamente esta sufriendo, envidia de tamaños. ―Ow, mis sentimientos ―dijo mientras ponía una mano en su corazón. Lo ignoré y me paré frente a Edward. ―Iré a casa a desempacar, te espero cuando vuelvas a casa ―me aseguré de que Jacob supiera quien mandaba aquí, le di a Edward un beso tan caliente que hizo que hasta los dedos de mis pies se levantaran.― Te amo ― le dije caminando hacia la puerta. ―¡Muévete!― le ordené a Jacob. Que fue suficientemente inteligente para quitarse de en medio, no sin antes darme una sonrisa sarcástica. ―Yo también te amo. Gabe, Alice y Jasper llegaron a la oficina con café fresco. ―Oh, mierda ―dijo cuando vio a Jacob cerrar la puerta. ―Espera un segundo. ¿Quién es ese pedazo de alto, moreno y hermoso?― preguntó Gabe, mirándolo de pies a cabeza. ―Sería mejor que te refirieras a él como una patética basura ―respondió Alice. ―No, en serio ¿Quién es?― Gabe preguntó.― Creo que lo conozco. ―Esperemos que no ―dije.― Es Jacob Black. A él le pertenece la otra mitad de Scarlet Lotus.


―¿Estas segura? Porque me parece increíblemente familiar. ―Sin ofender, Gabe, pero realmente dudo que corra por el mismo circulo que tú ― dijo Jasper mientras se sentaba en la esquina de su escritorio y ponía a Alice entre sus piernas. ―Eh… bueno, no me pongan atención. No importa.― dijo, encogiéndose de hombros. Luego se volvió hacia mi.― ¿Lista para irte? No tengo mucho tiempo antes de tener que ir al trabajo y aún necesitamos dejar toda tu basura en la mansión. ―Sí, estoy lista.― le dije y luego me despedí de Alice y Jasper. Obviamente ella me dijo que mañana en la mañana comenzaríamos los planes para la boda. Temblé por la idea. Gabe y yo volvimos a la mansión, con ayuda de Riley, dejamos todas las cosas en la habitación de Edward. Obviamente se quejó de estar sudoroso y pegajoso para cuando acabamos de subirlo todo y Riley ni siquiera había derramado una gota. Caminé hacia la cocina y me serví un vaso de agua fría cuando sonó el timbre. Caminé hacia la puerta, tomando la bufanda rosa de Gabe que había dejado en mi mesa. Abrí, sabiendo que sería Gabe. ―Olvidaste tu bufanda ―mi voz se quedó atrapada en mi garganta cuando me di cuenta de que no era Gabe el que estaba del otro lado de la puerta. ―Cariño, estoy en casa ―Jacob Black se paró frente a mí con una sonrisa en su rostro. ―Edward aún no llega a casa ―dije e intenté cerrarle la puerta en la cara, pero él la detuvo y la mantuvo abierta. ―No estoy aquí para ver a Edward. Estoy aquí para verte a ti ―dijo forzándome a retroceder mientras el entraba. ―Tu no entiendes ¿verdad?― le pregunté.― No quiero nada contigo, idiota. Jacob siguió avanzando hasta que mi espalda estuvo presionada contra la pared, me tenía arrinconada. Me sonrió, sus asquerosas manos quitaron un mechón de pelo de mi rostro. ―¿Qué quieres, Jacob?― pregunté intentando sonar enojada, pero quería vomitar. ―Te quiero a ti. ―Bueno, pero yo no a ti. ―Aw, no te preocupes, bebé. Puedo pagarte… tal como Edward hizo.


Sentí toda la sangre de mi rostro bajar a la punta de mis pies, estaba paralizada del miedo. ―¿Cuánto sería? ¿Mil? ¿Diez mil? ¿Cien mil? Oh no, cierto. El precio correcto es un millón de dólares, ¿verdad? Debes tener un coño de oro. Oh, Dios. Él lo sabía. ―No sé de que hablas ―dije, mi voz se rompió al final, sonando totalmente increíble a mis oídos. ―¿No? ―dijo con esa mirada en sus ojos que decían que sí sabía de lo que estaba hablando.― Vamos a ver si esto te suena. Edward te compró en una audición para ser su esclava sexual ¿Te suena familiar? Mi cuerpo entero empezó a temblar. Lo sabía. No sabía como, pero lo sabía. ―¿Cómo lo supiste? Jacob sonrió. ―Quizá tengo acceso a cierto contrato. ¿Encontró el contrato? ¿Pero, cómo? ―¿Qué quieres?― pregunté, lista para escuchar sus demandas. Enredó sus brazos alrededor de mi cintura y me presionó contra su cuerpo. Luego se recostó contra mí y susurró en mi oído. ―Quiero una probada de ese coño de oro para mi. ―¡No!― dije, temblando e intentando golpearlo, pero no podía moverme. ―Acéptalo. Eres una zorra, Isabella. Por eso te pagan. Aunque esta vez no por dinero, tu recompensa será mi silencio. Edward mantiene su mitad de la compañía, y yo puedo meter mi polla en ese coño de un millón de dólares, y tú vas a saber lo que es un hombre de verdad. Todos ganan ―dijo y luego lamió mi cuello.― Si no lo haces… bueno, iré a la prensa. Edward lo pierde todo, su compañía, su dignidad, estarían parados frente a toda la opinión pública. Tus padres sabrán que su hija no es nada más que una zorra común. Así que, dime tú, Isabella ¿Qué harás? Empezó a tomarse la libertad de hacer lo que quiera. Me sentía increíblemente vulnerable y estaba tan asustada. El seguía besando mi cuello. Mi corazón estaba latiendo con fuerza mientras mi mente intentaba analizar la situación en la que me encontraba. Edward. Necesitaba a Edward. Y el estaría pronto en…


Y luego la realidad me golpeó, eso era lo que Jacob quería. Jacob deseaba que Edward entrara a casa y me viera con el follándome, tal y como ocurrió con Tanya. Quería destruirlo por completo. Así que, la decisión estaba entre dejarlo hacer lo que quisiera conmigo y romper el corazón de Edward, o decir que no y ver como la compañía de Edward caía sobre las manos de Jacob Black; una compañía que sus padres habían construido. Su reputación estaría arruinada. Edward estaría arruinado. Mis padres sabrían lo que hice. Pero si él llegaba y nos veía juntos… sería peor. ¿Edward podría amarme después de eso? De cualquier forma, no parecía una respuesta fácil. El rostro de Edward apareció en mi mente; su expresión angustiada cuando me dijo que se había enamorado de mí, la luz en sus ojos cuando pudo volver a decirlo de nuevo, la desesperación con la que estuvo parado bajo mi ventana pidiéndome que me casara con él. No podía romper su corazón. Yo simplemente… no podía volver a ponerlo en la misma posición en la que su ex zorra lo puso. Las cosas materiales, se pueden remplazar. Edward era inteligente y tenía talento. Incluso después del daño de la opinión pública; la gente era estúpida cuando destruían una celebridad, pero tan pronto como aparecía otra se olvidaban del anterior. Y sí, quizás decepcionaría a mis padres después de que su hija vendiera su cuerpo por un millón de dólares. Era mucho más difícil enmendar el daño de un corazón roto, y no podía volver a causarle ese daño a Edward. Le tomó mucho volver a confiar en alguien, y puso todo lo que tenía en mis manos. No había forma de que yo destruyera ese precioso regalo. ―No ―le respondí a Jacob.― No voy a follar contigo. Le pertenezco a Edward, y sólo a Edward. Soy suya. Sentí cada uno de los músculos de Jacob tensarse cuando registro mis palabras. Gruñó y me empujó mas fuerte contra la pared. ―Voy a tenerte. Lo quieras o no. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar el desgarró mi camisa, lanzando los botones por el piso. ―¡No!― grité cuando presionó con toda su fuerza mi cuerpo contra el de él. Apliqué suficiente fuerza como para hacerlo tropezar, dándome la cantidad justa de tiempo para salir de sus garras. Corrí hacia la puerta, pero Jacob era más rápido. Tan pronto como llegué al pestillo, él tomó mi brazo y me lanzó hacia atrás, enviándome con fuerza a través del suelo hasta que mi cabeza golpeó la pared. Miré hacia arriba, él me estaba mirando, deshaciéndose de sus pantalones en el proceso. Yo me moví hacia atrás, intentando desaparecer, pero él estaba sobre mí en un nano segundo. Así que hice lo único que podía hacer.


Intenté pelear. Si iba a tomarme, no sería sin que yo luchara antes. Él se puso sobre mí y yo levanté mi pierna, golpeándolo directamente en las bolas. ―¡Perra!― dijo mientras se doblaba en el suelo, pero no se rindió. Tomó mis brazos hacia arriba y me volvió a lanzar al suelo. Estaba atrapada bajo su peso, no podía moverme. Se puso entre mis piernas y me forzó mientras apartaba mis pantalones. ―¡Por favor! ¡No!― chillé mientras las lágrimas escapaban de mis ojos. Cerré los ojos para bloquear la imagen de ese asqueroso hombre sobre mí. Era un maldito animal; una maldita bestia. Una gota de su sudor cayó sobre mi cara, y sentí las lágrimas caer libres por mis mejillas. En ese momento, odiaba tanto a Jacob Black, que podía matarlo. Sus manos fueron al botón de mis jeans mientras yo me removía bajo él con fuerza, determinada a no dejar que me tocará… ahí. Yo no era una zorra. Entonces, la puerta principal se abrió. ―¡QUITATE DE ENCIMA DE ELLA!― Era la voz de Edward, sonaba endemoniada, como si estuviera poseído por el mismo Satanás. Sentí mi piel picar cuando me di cuenta de que Jacob ya no estaba sobre mí. En su lugar, estaba volando por el aire hasta que su espalda chocó con la mesa, que se deshizo en cuanto el cayó sobre ella. Edward me miró antes de volver a Jacob, vi una chispa detrás de sus ojos oscuros. Sus hombros se veían incluso más grandes, su cuerpo estaba tenso. Nunca lo había visto así. Justo cuando Jacob pudo pararse, Edward estaba allí. Lo tomó por el cuello y un eco por un golpe resonó en la habitación cuando el puño de Edward dio directamente en su mandíbula. Jacob intentó patear a Edward, y tan pronto logró alejarlo un poco se paró. Había sangre en su labio, su cara estaba roja de la ira. Luego gritó y corrió hacia Edward, lanzándolo a la pared que había tras de él. ―¡Edward!― grité levantándome. No iba a dejar que Jacob le pateara el trasero a mi hombre. Corrí hacia Jacob, y enredé mis piernas por su espalda moviendo mis brazos alrededor de su cuello. Obviamente no puse mucha fuerza, al menos no para derribarlo y Jacob me lo probó cuando me lanzó al suelo de nuevo.


Fue la distracción que Edward necesitaba. Lanzó otro golpe, que dio directamente en una de las costillas de Jacob que hizo que se doblara en el suelo de dolor, Edward tomó su oportunidad y le lanzó otro golpe a la barbilla. Golpeó el suelo de nuevo, su cabeza cayendo a un lado y su cuerpo pareció perder fuerza. Su cara estaba llena de sangre, pero eso no hizo que Edward cesara su ataque. Empezó a patear a Jacob una y otra vez. Hasta que él no pudo moverse más y Edward quedó satisfecho, negó con la cabeza y miró a Jacob con asco. Se volvió hacia mí, su cara cambió totalmente de rabia a preocupación. ―¿Estás bien, cariño?― preguntó deslizándose a mi lado, dándole la espalda a Jacob. Perdí todo el control de la situación y rompí en sollozos incontrolables. Jacob lo sabía todo y aun así esto no había sido suficiente. No… odiaba a Edward, y lo haría hasta que pudiera destruirlo. Apreté la camisa de Edward entre mis manos y me acerqué a él, hundiendo mi cabeza en su pecho. ―Él quería que yo… y yo no podía hacerte eso… él iba a… ―Shh, shh, shh.― dijo Edward cargándome en sus brazos. ―Lo sé, cariño. Está bien. Estoy aquí, no dejaré que nadie te haga daño. Tan extraño como tú quieras, pero no era el hecho de que estuvo a punto de ocurrirme eso lo que me tenía así. Obviamente tenía mucho que ver, pero Jacob aún podía hacer lo suyo. Edward me había protegido, tal y como había prometido que haría. Lo más triste del asunto era que Jacob lo sabía todo y no pararía hasta ver a Edward totalmente destruido. No era miedo a que me hiriera a mí; era miedo por Edward. Vi movimiento detrás de Edward y Jacob salió corriendo. Edward se paró para ir detrás de él pero yo lo halé hacia mí nuevamente. ―¡No! ¡No puedes!― grité, abrazándome a él. ―Amor, se está yendo ―dijo Edward intentando apartarse. Tomé su rostro entre mis manos y lo forcé a mirarme. ― Él lo sabe, Edward. Lo sabe todo. Y así, nuestra perfecta burbuja se estalló.


*Big Daddy Dick: Es algo así como “El padre de las pollas grandes”

Capítulo 24: “I Heart Gay Gabe” EPOV Riley me dejó en frente de la mansión con mi maletín y un ramo de flores para mi chica en mano. Observé con confusión mientras veía que teníamos un invitado y sabía que no era Gabe. El Viper de Jacob Black estaba estacionado a plena vista y por un momento, mi mente recordó el día en que había llegado a casa para encontrar al maldito bastardo follando con mi pronto a ser prometida en mi baño. Y todo lo que podía pensar era…Por favor, no ella. Mis nudillos se tensaron alrededor del ramo por un segundo hasta que mis sentido me trajeron de vuelta al hecho que Bella no era esa zorra de Tanya, y ella nunca me haría algo así. Aunque todavía, el miedo estaba allí ¿Dejé caer mi guardia solo para ser jodido otra vez? Perseguido por la desolación que reaparecía otra vez como un disco de vinilo, encontré difícil de mover mis pies. Era como si hubiesen sido aferrados a bloques de cemento en el fondo de un río, cortando la libertad de nadar hacia la superficie por más que necesitase respirar. Mi corazón latía como loco, pero la agonía por la posibilidad de que Bella hubiese caído bajo el misterioso hechizo de Jacob eclipsaba la confianza que le había dado fácilmente ¿Qué rayos vio esa mujer en él? Desperté de mis cavilaciones cuando un golpe vino de algún lugar de la casa. El ramo y mi maletín cayeron al suelo por el siguiente sonido. ― ¡Perra! ―era la voz de Jacob, llena de odio. ― ¡Por favor! ¡No! ―escuché con atención. El grito de Bella era de desesperada suplica para detener lo que su atacante iba a hacer, y corrí hacia la entrada. Sin pensarlo dos veces, me tiré contra la puerta, mi cuerpo no sintió el dolor que debería, en mi intento de llegar a ella. La violenta escena estaba plantada frente a mí; mi chica… mi prometida, atrapada y peleando contra los avances indeseados del bastardo pedazo de mierda, Jacob Black. Su remera estaba partida al medio y él la tenía debajo mientras desabotonaba sus jeans. Lágrimas corrían por su rostro mientras cerraba sus ojos y esperaba la inevitable violación que había interrumpido justo a tiempo. Mi maldito corazón creció con miles de emociones que parecían tener vida propia. Mientras tomaban forma, una gama de colores nublaron mi vista y no ayudaba a la bestia maníaca que permanecía dormida allí. Horrendos verdes se transformaron en terrorífico azul. Violentas medianoches se convertían en furiosos naranjas consumidas por el disgusto hasta que mi visión flameó con endemoniado rojo que quemaba con la intensidad de la furia. Y finalmente, todo se volvió negro con la venganza que aclamaba cada microscópica célula mía.


― ¡Aléjate de ella! ―Mi voz ni siquiera sonaba como mía, pero eso era la última de mis preocupaciones. Apenas me di cuenta que me moví hasta que sostenía a Jacob con mis puños y lo había tirado por la habitación, lejos de mi chica. Bella me vio, y todo mi interior gritaba que vaya a confortarla, pero la fuerza de hacer pagar a Jacob por lo que había hecho ganó la batalla. La furia me consumió hasta que estaba poseído sin control sobre mi propio cuerpo. Puños salían de mis manos, mi espalda fue tirada contra la pared, y entonces Bella voló por la habitación, como de la nada, y tomó el cuello de Jacob por detrás de él. Fue cuando él la aplastó lejos como si no fuese nada más que un mosquito, me levanté enfurecido. Había tenido bastante lucha con él como dos niños luchando por dominar en el patio del colegio. Estaba allí por sangre. Quería aplastarlo como un pulpo hasta que la fuerza que mantenía vivo a un humano se acabara. Y casi lo hice. Estaba encima de él, sosteniéndolo con la misma tenacidad que el había utilizado contra mi chica. Golpe tras golpe se escuchaba contra esa cara de pelota desinflada, y podía escuchar sus huesos quebrarse bajo mis puños. Fue puro instinto que me dijo que había ganado. Jacob estaba en el piso, totalmente quieto, apenas respirando. Sacudí mis brazos que dolían, pero no le di importancia, porque valió la pena. Luego, como si me tirara la gravedad, me volví hacia Bella. Cada signo de odio fue difundido y disipado cuando vi su cara. Ella me necesitaba, estaba escrito en su cara, y nada iba a detenerme de ir hacia ella. ― ¿Estas bien, cariño? ―pregunté mientras me arrodillaba delante de ella y miraba para ver si tenía heridas. Su cara había estado en blanco y de repente, lágrimas corrían mientras la gravedad de la situación le empezaba a afectar. Se acercó y tomó mi remera con sus manos mientras enterraba su rostro en mi pecho y sollozaba incontrolablemente. ― Él quería que…y no podía hacerte eso, y… él iba a… ― su voz estaba nerviosa y rota mientras intentaba explicar. Pero no necesitaba que me lo contara. Ya lo sabía. ― Shh, Shh, Shh, ― hice lo mejor que pude para calmarla mientras la tomaba en mis brazos. ― Lo sé, cariño. Está bien. Estoy aquí ahora, y no voy a dejar que nadie te lastime. Lo decía en serio. Con mi aliento de muerte, lo digo en serio. Nos quedamos así por un momento, Bella, llorando y abrazándome como si la pudiera dejar en cualquier momento, y yo, haciendo lo mejor para consolarla. Nunca quise verla así y no podía dejar de pensar en que la había fallado de alguna forma. Debería haber estado allí, debería haber visto de alguna forma las intenciones de Jacob. Pero nunca imaginé que era tan vil como lo había sido. Sabía que me odiaba, y sabía que iba a intentar seducirla, pero intentar… ¿violarla? Era evidente que nunca realmente conocí al hombre que solía llamar mi mejor amigo después de todo, y eso me hacía sentir incluso más repugnante.


Escuché algo arrastrarse detrás de mí justo cuando Jacob escapaba como podía por la puerta. Y sería un idiota si lo dejaba escaparse con una pizca de vida en sus frías venas. Dejé a Bella a un lado, pero no me dejo ir. ― ¡No, no vayas! ―gritó, desesperadamente sosteniéndome para no perseguirlo. ― Cariño, se está escapando ―traté de sacar sus manos, pero ella seguía aferrándose a mí. Tomó mi rostro, su agarre forzándome a mirarla. Una máscara negra tenía en su rostro y sus ojos estaban hinchados, abiertos como si tratara de transmitir algo que ella sabía, pero que no captaba. ― Él sabe, Edward. Él sabe todo. ― ¿Qué…? ―Mi voz se atoró en mi garganta y tenía que aclararla antes de seguir― ¿Qué estás diciendo, Bella? ― Todo. Él sabe sobre la subasta, el contrato, cuánto pagaste por mí… todo ―dijo mientras enfocaba sus ojos en mi cara como si estuviese buscando algo. Apreté mis dientes y respiré profundamente por mi nariz. ―No me importa. Él no se va salir con la suya por esto ―dije mientras sacaba mi celular de mi bolsillo y comenzaba a marcar. ― ¿A quién estas llamando? ―preguntó mientras secaba su nariz con manga de su remera. ― A la policía. ― No, Edward…por favor ―dijo poniendo su mano sobre el teléfono mientras sacudía su cabeza frenéticamente.― Perderás todo. ― ¡Nada es más importante que tú! ¡Nada! ―grité y ella se estremeció por mis palabras. No quise desquitarme con ella, pero estaba tan… furioso. La tomé en mis brazos y la puse contra mi pecho, acariciando su cabello mientras besaba su frente una y otra vez. ―Lo siento, lo siento, lo siento, ―dije, meciéndola. La aparté un poco y tomé su rostro con mis manos mientras intentaba llegar a ella― Bella, cariño, él intentó… Ni siquiera podía decir la palabra. Bella tomó mis manos y las puso sobre su regazo. ―Sé lo que quiso hacer. Pero no lo hizo. ―dijo, casi como si estuviese consolándome a mí― No lo hizo porque tú lo detuviste, Edward. Tú lo detuviste. ― Él puso sus malditas manos sobre ti, y yo no puedo… solamente no puedo ―podía sentir el vicio en mi corazón apretándolo fuerte. Bajé mi mirada, ya no siendo capaz de mirar a la cara inocente de la mujer a la que le había fallado. Bella deslizó sus dedos por mi cabello de mis costados y levantó mi mentón para mirarla.


― Escúchame, Edward Anthony Cullen. Esto no fue tu culpa. No había manera de que supieras lo que él intentaría hacer, así que no te atrevas a culparte a ti mismo. Empecé a protestar, pero ella puso un dedo en mis labios para silenciarme. ―Estoy bien. Pero si llamamos a la policía… todos van a enterarse y mis padres… no pueden soportar algo así, Edward. Mi mamá acaba de tener un trasplante de corazón ¿En serio piensas que podrá aguantar lo que casi me pasó? Y mi padre… Edward, Charlie lo matará. Y Jacob igual contará lo que sabe de nosotros. Perderás tu compañía, mi padre estará en la cárcel, y el dolor de perder a mi padre sabiendo lo que su hija ha hecho probablemente hará que el trasplante de corazón que mi madre recibió fue para nada. No puedo hacerles eso a ellos. No, tenemos que ser listos con esto. Isabella nunca dejaba de impresionarme. A pesar de todo lo que le pasó, ella todavía pensaba en los demás. Nunca conocí una persona menos egoísta en esta mierda que llamamos vida. Y por supuesto, ella tenía razón. Por mucho que me dolía dejarlo ir, sabía que teníamos que pensarlo bien para resolver todo. ― Okey ―cedí con un suspiro.― Lo haremos a tu manera. Tomé su mano y besé su palma, contento con solo tener eso. Pero cuando intenté soltarla, ella se trepó a mi regazo y enrolló sus brazos alrededor de mi cuello, sus labios fundiéndose en los míos. Era inesperado por decir lo mínimo, especialmente por lo que recién había pasado, pero no era un beso que iba a profundizar. Solo era un beso que transmitía el amor que compartíamos, el amor que incluso el cobarde de Jacob Black podía borrar. Esa tarde, estábamos en la sala de entretenimientos, sin darle importancia a El Señor de los Anillos en la televisión. Estaba seguro que saber cada línea de la película me hacía un perdedor, pero ¿que mierda importaba? Me calmaba, aunque sea si no me distraía mucho. Eso era una tarea difícil. Tenía puesto unos pantalones de dormir que justo tenía por si recibía visitas, y Bella estaba recostada en mi regazo, recién bañada, vistiendo solo una remera mía oliendo a lujuria. Aunque, eso no podía salir de mi cabeza. Okey, siendo honesto, estaba al borde de mis pensamientos porque eso era lo que ella me provocaba, pero nunca lo admitiría. Por más que ella tratase de actuar como un soldado, como si lo que había pasado con ese bastardo no la hubiese afectado, sabía que no era verdad. Pero no la iba a presionar con eso. Lo hablaría cuando ella quisiera, y la escucharía y consolaría lo más que pudiera. Hasta entonces, cualquier contacto sexual que tuviéramos será por su iniciativa. ― Así que, ¿él dijo que tenia acceso al contrato? ― pregunté. Seguíamos intentando saber que mierda hacer con la situación que Black nos creo. ― Sí, pero no entiendo eso ―dijo perdida en sus pensamientos.― Tú rompiste tu contrato, y mi copia está en mis cosas todavía. Así que, ¿de dónde lo consiguió? ¿Crees que podría haber entrado aquí y hacer una copia o algo?


― No lo creo ―respondí, mis dedos haciendo círculos en su pierna. El teléfono sonó detrás de nosotros, pausando nuestra pequeña sesión de ideas y contesté. ― Hola Gabe ― dije cuando una voz suave me saludo del otro lado. ―… Ella esta aquí… Sí, espera un segundo ―continué cuando me preguntó si Bella estaba conmigo y que lo ponga en altavoz. ― Estás en altavoz ¿Qué pasa? ― ¡Hey, boo! ―dijo saludando a Bella. ― Ok, ya me di cuenta de donde he visto ese pedazo de hombre que estaba hoy en tu oficina. ― Espera un minuto, ¿Qué? ―pregunté, confundido. ―Jacob, ―Bella contestó por él.― Él vio a Jacob temprano en tu oficina y pensó que lo conocía. Okey, ¿acaso no era una información algo interesante? ― ¿De dónde lo conoces? ―preguntó Bella. ― De aquí en el Club, ―respondió Gabe. ― Cada tanto viene después de hora. Lo he visto cuando me he quedado para limpiar, o em… conocer al Sr. Perfecto. Eso no importa. Novio entra por la puerta trasera y desaparece en la oficina de James. Siempre tarda bastante en irse, pero siempre se va con un poco de polvo cuando lo hace. ― ¿Black está en las drogas? ―pregunté, sorprendido, aunque no debería estarlo. Él siempre había jugado con drogas recreacionales cuando éramos jóvenes. Pensé que era solo eso. ― Oh, cariño…ese hombre está tan metido en eso que seguro que le sale un poco cuando se pedorrea. Bella rodó sus ojos aunque el no podía verla. ―Gabe, no creo sea eso. ―Lo que sea. Solo digo. Y se que rodaste tus ojos, perra. Desearía que me hagas volver a ir allí. Bella rio, y el sonido era como música para mis oídos. Y entonces lo sabía, me golpeó como un rayo que caía de la nada. ―Gigandet. ― ¿Qué? ―preguntó Bella. ― James tendría una copia del contrato. Después de todo, él era el que rompió el contrato ―jalé de mi cabello y tiré mi cabeza hacia atrás mientras gruñía en frustración.― Debería haber sabido que el bastardo haría algo así. Él no sabe nada de ética, y estoy seguro que si Jacob le ofreció suficiente dinero, haría eso en un segundo.


―Realmente lo odio. Gigoló de cuarta, chupasangre ―comentó.― Creo que no es suficiente para el explotar mujeres de la manera que lo hace, también tiene que arruinar vidas inocentes en el proceso. ― Em… ¿hola? ―llamó Gabe, recordándonos que el seguía allí.― ¿De qué diablos hablan? Miré a Bella, buscando su cara para ver si quería decir algo. No había caído en que solo ella y yo éramos los únicos que sabíamos sobre lo que había pasado, y era su decisión si quería que otros lo supiesen. Si dejar de verme a los ojos, puso su barbilla en determinación y habló. ― Jacob Black sabe sobre el contrato entre Edward y yo. Lo dejó muy claro cuando vino hoy aquí e intentó imponerse sobre mí a cambio de su silencio. ― ¿¡Que el qué!? ―la voz de Gabe era chillona por la sorpresa y tuve que taparme los oídos para dejar de escuchar― ¡Ese hijo de perra chupa coño! Juro por dios, voy a cortarle las bolas con mis propias manos y hacérselo tragar. Y luego, le voy a presentar a mi amigo, Chávez; un gran fornido mejicano que ha estado en Oswald State, ósea Oz, y no tiene problema en encargarse del bastardo solo por diversión. Escuché que su novio ha comido mucha pimienta Naga Viper y que su semen es literalmente ácido. Debe ser la reencarnación de Beelsebub, pero él siempre fue bueno conmigo, y estoy seguro que me puede hacer un favor. Seguro que eso significa que le deberé una, pero por ti… ― Gabe, para ―dijo Bella, interrumpiendo su sed de venganza. Yo personalmente pensé que estaba perfecto que lo haga, pero aparentemente Bella no.― Primero, Oz no es un lugar real. Solo estaba en una serie de televisión. Segundo, no vamos a ponernos en su nivel. Tenemos que pensar que hacer, así que necesito que te pongas serio y te concentres. ― ¿Pensaste que estaba bromeando? ―preguntó Gabe, pero Bella lo ignoró. ― Espera un minuto ― dije, juntando las ideas.― Black dijo que el tenía acceso al contrato, ¿no? ¿No que realmente lo tenía? ― Sí, ¿y? ―Eso significa que puedo ir a pagarle a Gigandet una visita y tal vez ofrecerle más dinero que lo que Jacob ofrece. Así, él no tendría ninguna prueba. ― No-oh. No va a funcionar ―intervino Gabe. ― ¿Por qué no? ―pregunté, un poco molesto que estuviese rompiendo mi burbuja. ― Boo, ¿no me escuchaste cuando dije que Jacob pasa tiempo en la oficina de James antes de irse? ― Sí, ¿y? Gabe se rio a sabiendas. ―Cariño, James puede ser un cerdo asqueroso cuando de mujeres se trata, pero él es un perfecto caballero cuando se trata de hombres.


Hubo una larga pausa, en la cual mientras Bella y yo nos mirábamos confundidos. Nuestro silencio debió de haber informado a Gabe que no teníamos la menor idea de lo que trataba de decir. ―Déjame ser franco ya que ustedes no lo entienden. James esta enamorado de Jacob Black. Se mantienen conectados con sus griegos interiores… agitando sus puntos dulces… soplando… revolcando. ¡Están follando! ― Oooohhhh, ― Bella y yo dijimos al mismo tiempo. ― Así que… ¿Jacob es bisexual? ― pregunté, encontrándolo difícil de creer. ― Mmhmm, bisexual al sextremo. Y no solo eso, James es un total gatito, así que no hay manera de que te vaya a dar ese contrato ―respondió.― Sin embargo, si lo conozco de la manera que lo conozco, entonces él no se lo ha dado a Jacob tampoco. Piensa lo que quieras de él, pero es un hombre de negocios astuto. Piénsalo…si se sabe que el dejó que se conozca un contrato confidencial como ése, no solo perdería su negocio en gran caída, a lo que él se podría reponer, pero nadie confiaría en sus negocios otra vez. Sin mencionar cuantos golpes le darán porque habrá un riesgo potencial que se conozcan las identidades. Tú estuviste allí, Eddie. Tú viste con el calibre de los empresarios con los que se maneja. Él tenía razón. Mucha realmente. Así que ignoré el hecho que me llamó Eddie, odiaba que me llamasen así. ― Entonces, ¿Cómo crees que planea obtener el contrato? ―preguntó Bella. ― No estoy seguro, pero si tuviese que adivinar, diría que planea buscar el apoyo de James, tal vez dejarlo hipnotizado para así no saber lo que pasa y entonces, robarlo él mismo. ― Okey, entonces tenemos que adelantarnos, ―dije, apretando la pierna de Bella mientras ella me sonreía. ― Tu no, boo ―dijo Gabe. Realmente me estaba sacando con la manera que desafiaba a mi ego. ―Tu vas y James va a darse cuenta de que pasa algo. Yo lo haré, pero no puedo solo. Belly Bean, trae tu trasero aquí y encuéntrame en el club, cuando cierre. Te dejaré entrar. ―No, oh-oh… ¡de ninguna manera! ―protesté.― No dejaré que ella lo haga, Gabe. Tenemos que hallar otra forma. Bella giró mi cabeza hacia la suya y se acercó. Tenía los primeros tres botones de mi remera desprendidos y sus pechos estaban a la vista como una zanahoria enfrente de un caballo. Cuando subió mi barbilla, sus labios hicieron contacto con los míos, tentándome con su dulce aliento. ―Edward, no hay otra forma. Tenemos que hacer esto. Me meto allí, Gabe y yo tomamos el contrato ni bien James se va, y vuelvo a tu cama antes de que te des cuenta que me fui. Sana y a salvo.


― ¿Y si trata de…? ―empecé, pero fui interrumpido cuando Bella metió su lengua en mi boca para moverla junto a la mía y justo retirarla.― Él no va a estar allí. Además, Gabe me mantendrá a salvo. Sana y a salvo, ¿recuerdas? Quede atrapado en su hechizo y cerré la distancia de nuestros labios para tomar su labio inferior con mis dientes. ― ¿Sana y a salvo? ―pregunté, mi voz sonando como un murmullo sin aire. ―Mmhmm, ―ronroneó mientras se acercaba a mí y apretaba su trasero contra mi polla. ―Sana y a salvo. Lo prometo. Diablos, pero la mujer sabía como debilitar mis pensamientos. Bella puso su mano sobre la mía en su muslo y lentamente empezó a moverla sobre su suave piel hasta que estaba debajo de mi remera. Debería haberla detenido; en algún lado de mi mente, sabía que debería, pero todo se fue a la mierda cuando empujó mi mano más profundo entre sus piernas. ― Te llamo cuando este yendo para allí, Gabe ―dijo y se movió para cortar la llamada. Y justo así, no había más que discutir. Ella había ganado. Aparté su cabello con mi nariz y me acerqué a su cuello, succionando y mordiendo su piel mientras ella abría sus muslos y volvía a poner su mano sobre la mía, acercándome más hasta que mis dedos ingresaron en sus labios húmedos. ― No deberíamos hacer esto ―dije sobre su piel, pero no paré de acariciar o detenerla de mover mi mano porque solamente no podía. La mujer era adictiva. ― ¿Me niegas lo que quiero? ―preguntó sensualmente. Su mano soltó la mía y abrió el botón de la remera hasta que la corrió a un lado para mostrarme uno de sus perfectos pechos. Entonces tomó mi rostro guiándolo hacia allí. ―Nunca ―le respondí. Tomando la oferta, mi lengua lamió su pezón antes de meterlo en mi boca. ―Hazme olvidar, Edward. Aclámame tuya y borra el recuerdo. Solo quiero recordar tus tactos. Ella necesitaba esto, a mí. Y no le negaría nada. La mano de Bella volvió sobre la mía y arqueó su espalda, simultáneamente acercando su pecho más cerca de mi boca mientras metía nuestros dedos dentro de ella. Gimió y sentí mi polla despertarse al escucharlo. Firmemente lamí su pezón, como si nunca obtuviera lo suficiente. La mujer me hacía reaccionar, me hacía perder toda pizca de autocontrol que peleaba por mantener. Su coño estaba tan húmedo y apretado sobre nuestros dedos, suave, líquido, sedoso, y ella nos empujaba más profundo, maniobrando mi dedo así, entraba y salía de ella mientras la palma de mi mano masajeaba su clítoris. Juntos, estábamos borrando la blasfemia; esto era como debía ser entre un hombre y una mujer.


― Oh, Dios… Edward. Te quiero dentro de mí ―gimió. Solté su pezón y lo besé suavemente mientras murmuraba contra su piel, ―Párate para mí, cariño. Hizo como pedí, dejando nuestros dedos salir de ella con un gemido enojado. Le sonreí, amando lo engañada que se sentía, y levanté mis caderas para sacarme mis pantalones tirándolos a un lado. Cuando me senté, tomé mi dura polla en mi mano. ― ¿Esto es lo que quieres? Su cabello cayó en su cara mientras miraba a mi regazo y mordía su labio, mirando mi polla con hambre. ― Oh, sí ―tarareó, y entonces se sentó a ahorcajadas, tomando mi polla y ubicándola en su entrada antes de ubicarse bien. Tomó algunas maniobras y embestidas para meterme de lleno en ella porque… bueno, era muy grande y ella era muy apretada, pero puse mis manos sobre sus caderas y lo manejamos bien. Mientras se acercaba para besarme, movió su mano a un lado para cambiar. Gemí a la sensación vibratoria bajo mi polla. La sensación mezclada con el masaje, los pechos de Bella contra mi pecho, sus besos seductores y su coño caliente alrededor de mi polla era mucho para que un hombre pueda tolerar. Pero lo hice. Era una clase de tortura deliciosa. ―Te amo, Edward ―suspiró contra mis labios. ―No es ni la mitad de lo que yo te amo ―respondí. Si era o no verdad, no sabia, pero encontré difícil de creer que otra persona pudiera amar casi tanto como yo la amaba. Empujó sus caderas contra las mías, y tomé juntando sus pechos, tomando ambos pezones en mi boca al mismo tiempo. Sus manos estaban en mi cabello mientras me montaba y cuando quise clavar mis dientes en sus duros pechos, su cabeza cayó en mi cuello. ― Oh, mierda… eso luce tan sexy… se siente tan bien ―gimió, moviendo sus caderas contra las mías con mas propósito. Subía y bajaba, me embestía, tomándome para su propio placer y devolviéndome diez veces mejor. Estaba por perder mi mente, pero me controle para evitar mi orgasmo para que ella tuviese el suyo primero. Fui recompensado por mis esfuerzos cuando sentí sus paredes tensarse más sobre mi polla y ella empezó a moverse con más ritmo. Sus labios estaban separados, sus ojos cerrados mientras se concentraba en la sensación. Ella estaba allí, a punto de explotar, pero necesitaba más. Conocía su cuerpo más al que el mío, podía leer sus signos. Ella necesitaba al hombre al que se entregó sabiendo tomar el control y aclamarla suya. ―Dámelo, cariño ―la alenté. ― Dame esos jugos y explota en mi polla.


Mis manos se movieron sobre su trasero y tome sus cachetes, apretándolos y empujándolos contra mí mientras que acercaba y alejaba una y otra vez. Podía escuchar sus dedos enterrándose en el cuero a un lado de mi cabeza, y luego su cabeza cayó hacia atrás y su cuerpo temblaba mientras ella gritaba mi maldito nombre con su orgasmo. No perdí ni un segundo. Había algo que siempre quise hacer desde que la vi en mi cuarto de entretenimientos en medio del caos que ella provocaba con ese control remoto. Tomé su cintura con mi brazo y la moví hacia la mesa de pool. Ella enrolló su cuerpo contra el mío, todavía con su orgasmo, y esa distracción casi me hizo imposible de caminar, pero logré continuar. Con mi otro brazo, corrí las bolas a un lado y la acosté, sin sacarla de su cielo en el proceso. Una vez que estuvo segura, puse sus caderas en el borde, abrí sus rodillas con cada pierna en cada mano. Y entonces la embestí fuerte. ― ¡Oh, mierda! ―gritó, y me detuve, golpeándome mentalmente en el trasero por ser tan fuerte con ella, especialmente después de lo que le había pasado. ―Diablos, perdón, cariño. No… no era mi intención… ―Ninguna disculpa iba a compensar lo que hice. ― No, estoy bien. Estoy bien. ―dijo, respirando fuerte. ―Es solo que…diablos, eso se sintió tan increíble. Es lo que necesito, Edward. Necesito que seamos nosotros mismos. No te contengas para mí… por favor. Estaba asombrado y aliviado. Mi cuerpo iba cumplir sus necesidades, le sonreí. ―Bueno, en ese caso, querrás aferrarte a algo, cariño, porque las cosas se van a poner buenas. Bella puso sus brazos a los costados y alcanzó a los bordes de la mesa de pool, aferrándose por su vida. Tomé sus caderas, una vez que estuvo segura, y dejé que sus piernas se enrollasen en mis brazos. Entonces, me alejé antes de embestirla otra vez. La prueba mostraba que todo estaba bien, así que me perdí, metiéndome en ella furiosamente y con una rapidez que me hacía jadear. Sus pechos se movían cada vez que penetraba y mis bolas golpeaban contra su trasero mientras me adentraba cada vez más en ella. Bella gemía, tenía su cabeza hacia atrás mientras respiraba por su boca. Podía sentir el sudor en mi frente, pero igual, seguí follándola desenfrenadamente. Y entonces miré donde estábamos unidos, mirando mientras mi polla se adentraba y salía de su estrecho coño. ― Oh… diablos, cariño ―gruñí, incapaz de mirar a otro lado.― Tu maldito coño es tan…mierda… Mis caderas empujaban contra ella una y otra vez, más duro, más profundo. Mi gran polla a lo largo de su interior era la cosa más erótica que había visto. Podía verlo brillar, envuelto


con su humedad, la parte en la que había estado en su contacto, estaba de color rosa oscuro por la fricción. Todo lo que se había estado acumulando dentro de mí explotó y cerré mis ojos fuertemente ante la sensación mientras gruñía. Podía sentir mi polla latir dentro de ella mientras empujaba por última vez contra ella, derramándome dentro de la mujer por la que haría cualquier cosa. Una vez que le di todo lo que tenía, salí de ella y solté sus caderas, dándome cuenta de la fuerza con la cual las sostenía. ―Mierda, lo siento… eso probablemente dejará moretones ―dije mientras me acercaba y dejaba dulces besos a cada marca roja. Las manos de Bella tomaron mi cabello y acosté mi cabeza en su estómago, escuchando sus latidos. En ese momento, mis latidos parecían sincronizados con los de ella, como si fuésemos uno. Y sabía que era verdad; éramos dos partes de uno. No importaba lo que pasó con Jacob Black o todo el fiasco que ella y yo creamos, nada se iba a interponer entre nosotros. Lo decía en serio cuando dije que haría cualquier cosa por ella. Si lo peor empeoraba, lo haría. Incluso si tenía que renunciar a todo, a ser humillado frente al ojo publico, llevármela lejos a algún lugar de Alaska así ella no tendría que pasar vergüenza que todos supieran lo que había echo para salvar una vida… lo haría. Porque nada era más importante que ella.

Capitulo 25. JPOV Mierda. Miré mi reflejo en el espejo del baño. Mi hermoso rostro se veía algo diferente, pero al menos sería solo cuestión de limpiar la sangre y vendar las heridas abiertas. Al menos no llamarían a la policía. Estoy seguro de que si lo hacen los expondría y estaba seguro también de que la prostitución y estar envuelto en trata de esclavas tendría una pena mucho mas amplia que un intento fallido de violación. Aunque mierda, esto no fue como había pensado. Lo había planeado de manera casi perfecta. Paso uno: Hacerle mi proposición a la zorra, intentar exponerla hablándole de su lealtad a Edward.


Paso dos, mi favorito personalmente: Follarla, hacerle saber de lo que se perdía al rechazar a Big Daddy Dick, haciendo que rogara por mas mientras esperaba a que Cullen llegará y nos atrapará en al acto. Y luego ver como resultaba todo: Sentarme y relajarme mientras miraba a una de las personas que mas detestaba auto destruirte sabiendo que nuevamente reclame uno de sus premios gordos como mío. Pero todo salió al revés. Ella no acepto mi propuesta, lo que significaba que para que Cullen nos viera follar, tenía que forzarla. No me había dado cuenta de que ella era mas una luchadora; eso me habría ayudado a avanzar. Pero lo hizo. Y como resultado Edward había llegado antes y me había agarrado con las manos en la masa. Literalmente, saco toda la mierda de mi de manera ordinaria. -Maldito idiota.- dije mientras salía del baño a mi oficina. Serví ese liquido ambarino en mi copa, y camine hacia la ventana para mirar la ciudad. Mi ciudad… Era mía, o al menos lo sería. Grité cuando el liquido hizo contacto con mis labios. Una gota de alcohol cayó directamente en una herida, ardiendo como un demonio sobre la herida. -¡Mierda!- gruñí mientras lanzaba el vaso a la pared mas cercana. Se rompió, cubriendo la alfombra blanca con whisky mientras los pedazos de vidrio caían al suelo. Una mierda más para arreglar tu tarde. Dije en un suspiro y decidí dejarle algo que hacer a los de la limpieza y volví a mi ventana. Lo que paso no era mas que la parte pobre que no se me había ocurrido. Debí haberme permitido a mi mismo un poco mas de tiempo con ella. No es como si no me hubieran pateado el trasero si ella no hubiera opuesto tanta resistencia. Pero en ese caso no me habría golpeado de esta manera por lo menos, ya que su corazón roto y su ego herido lo hacían mas débiles que estar peleando contra su complejo de súper héroe luchando por proteger su territorio.. Eso había arruinado mi plan. Pero no importaba, aún tenía el poder. O al menos así sería por un rato. No, no tenía que follar con esa chica para destruirlo, ya tenía eso listo con la revelación que planeaba hacer el Lunes en la reunión. Pero ahora tenía que probar algo. ¿Cuántas veces intente hacer caer en cuenta a ese imbécil que las mujeres solamente hacían lo que tu les pidieras a cambio de una cosa? Dinero. Así de simple. Las chicas solamente buscaban el oro, cada uno de ellos. O bueno quizá dos. Penes. A ellas también les gusta eso.


Cuando éramos un par de adolescentes idiotas, intente comprobarle mi teoría sobre las perras únicamente porque quería que saliéramos juntos los fines de semana, o solo… cuando fuera. Pero en verdad creía en mi teoría. Había visto a mi padre cambiar de esposas casi tan seguido como cuando iba a cortarse el cabello. Y todas se iban con un pequeño pedazo de su fortuna; una fortuna que sería mía. Después al ser adultos fue mas importante para mi compañero concentrarse. Necesitaba la cabeza de Cullen en juego si íbamos a hacer que la compañía de nuestros padres tan grande que los viejos ni siquiera se lo habrían imaginado. Pero si estaba totalmente absorto en una mujer, una maldita zorra con dos piernas, estaría demasiado distraído como para dar lo mejor de si… y no estaba hablando de su tercera pierna únicamente. Cullen nunca me escucho. Ya había salido de la universidad cuando sus padres murieron. Tomo su mitad de la compañía, tenía a una mujer hermosa bajo su brazo y… y yo había quedado a un lado. Y no solo por mi supuesto mejor amigo; mi padre miraba a Edward con mas orgullo y adoración y eso era casi palpable. A mi nunca me miró de esa manera. Edward Cullen era una estrella en ascenso, tenía todas las mierdas que yo no tenía y estaba cansado de vivir bajo su sombra. “¿Porque no puedes ser mas como Edward, Jacob?” la voz de mi padre resonaba en mis oídos, un recuerdo constante de que nunca cumplí sus expectativas. Cometí errores; era joven y amaba las fiestas. Pero esos errores eran inaceptables para el. Mi viejo nunca tomaba mi opinión en cuenta. Compartía su compañía con esos malditos Cullen cuando pudo haber reclamado a Scarlet Lotus como suya. Vamos a donar una parte de nuestras ganancias a la caridad… devolvérselo a la comunidad… hacer algo bueno con todas las bendiciones que nos han sido otorgadas. Pfff… esas no eran bendiciones. Era trabajo duro; las lágrimas, sudor y sangre de mi padre. Pero él no lo veía de esa manera. Y yo pensaba que él estaba secretamente enamorado de Elizabeth Cullen. Lo veía en la manera en la que su rostro se iluminaba cuando elle entraba en su oficina. Esa perra lo tenía comiendo de la palma de su mano, y el hacia lo que ella le pidiera incluso cuando sabía que nunca podría tenerla. Eso solo probaba mi punto sobre el efecto que las mujeres tienen en los hombres. Y mi padre ni siquiera se daba cuenta de eso. Hablando de eso… tenía una cita. Abrí otro botón de mi camisa, mostrando un poco mas de mi pecho de hierro, porque así me gustaba, y luego tome mis llaves. Iba tarde. James estaría cerrando su tienda pronto y estaría esperándome con un fantástico trasero. Mierda, necesitaba eso pronto…


Después de todo iba a robar esa pequeño papel de oro que sabía que estaba guardando en su oficina. No era nada mas que un papel, pero para mi… era el futuro asegurado de Black Enterprises. BPOV. El agua caliente rodeaba nuestros cuerpos desnudos mientras nos metíamos en la bañera gigante. Estaba acostada entre sus muslos, mi espalda presionada contra su pecho y mi cabeza recostada contra su hombro. Sus brazos fuertes me tenían aprisionada y yo cerré mis ojos mientras él se movía hacia mis pechos. Mis pezones estaban tan duros que podrían cortar diamantes. Habían estado en constante actividad desde que pise esta casa por primera vez. Que divertido, deseaba tanto odiarlo en ese tiempo. Y aquí estaba ahora, enamorada del hombre que me había comprado por un millón de dólares para que pudiera tenerme de cualquier forma extraña, cuando quisiera y como lo quisiera. Supongo que la frase era cierta; a veces cuando dejamos de buscar es cuando el amor nos encuentra. Y usualmente, es la persona que menos esperamos. Coock estaba feliz por seguir aún con Wonder Peen. Diablos, incluso King of Finger Fuck* también la tenía contenta. Maldita insaciable. Como si hubiera escuchado una plegaria, la mano libre de Edward bajo por mis costados hasta que sus dedos se deslizaron entre mis muslos para darle un saludo ejemplar a Cooch. Su delicioso aroma podía sentirlo en mi cuello antes de ser remplazado por su tibia y húmeda boca. La lengua de Edward se movía experta, sus labios tenían la habilidad de poner mis sentidos en alerta roja. Sus dientes mordían mi piel mientras yo levantaba uno de mis brazos para tomar su cuello. Una de sus manos tomo mis senos, sus dedos rodeaban gentilmente mis pezones, torturándome. Podía sentir su dureza presionada contra mi espalda baja, mientras esos dedos suyos exploraban cada uno de los nervios de mis piernas, la deliciosa presión de sus labios, lengua y dientes me estaban volviendo loca. -Edward…- mi voz salió en un jadeó. Él no se detuvo con sus manipulaciones y se acercó a mi oído.- Dime lo que quieres, Isabella.- su voz me llamo profunda, ronca y… llena de lujuria. Cooch saco papel y lápiz y empezó a hacer una lista, pero la ignore. Habían cosas como las que ella quería que podíamos hacer después. Quería hacer algo por el primero. -A ti.- respondí levantando la cabeza.- Quiero probarte.


Edward siseó mientras yo me ponía en cuatro entre sus piernas y lo miraba de manera sugestiva mientras me relamía los labios. El agua casi se derrama de la bañera por mis movimientos, mientras daba besos en su abdomen. -Sería terrible de mi parte negarte algo que quieras.- puso sus manos en el borde de la bañera, usando esa fuerza suya para levantarse y sentarse en el borde. El agua bajo en cascada por su cuerpo, tome su polla con una mano y empecé a apretarla.- Vamos, Isabella… chúpamela. Sus palabras me recordaron mi primera noche aquí, la noche en la que me senté en su mueble, sus labios haciéndole el amor al cigarrillo que fumaba… completamente desnudo. Se me puso la piel de gallina por el recuerdo y un ronroneó patético se escapo de mis labios mientras me acercaba hacia él. Cuando estaba a punto de alcanzarlo sus manos se metieron entre mis cabellos y me acercaron a él. Una de sus manos apretó la base de su pene mientras un gemido sutil salía de sus labios cuando lo tomé totalmente con mi boca. Delineando la punta con mi lengua mientras tomaba todo lo que me era posible de su longitud. Mis labios se enredaron a su alrededor, moviéndose de arriba abajo. Lo solté por un momento, clave mis ojos en los suyos y me metí entre sus piernas, pasando mi lengua por sus bolas, llevándolas a mi boca y luego succionándolas. -Mierda.- gimió y su boca se abrió, su pecho empezó a subir y bajar con mas rapidez. Mi lengua trazo un camino de besos por toda su longitud. Pase mis dientes con suavidad por su polla una y otra vez. Sus ojos estaban perdidos en mis labios mientras yo movía a mi cabeza para tomarlo entero. Trague y relaje mi garganta todo lo que pude intentando tomar mas de el, gimiendo por el sabor de lo mas delicioso que había probado… y así era. -Mierda, cariño.- su voz era casi un susurro… uno fuerte, y poco controlado.- No tienes idea de lo bien que te vez chupándome la polla. Mas duro, cariño. Mas duro. Hice lo que me pidió. Succione con mas fuerza. Edward gritó, los musculos de sus brazos se tensaron, su abdomen y su pecho también. Mas rápido, mas duro y mas profundo, así lo tome mientras veía en su rostro la fascinación. No podía alejar sus ojos de mis labios y note que su pene se ponía cada vez mas duro. Podría morir feliz con su polla en mi boca. -Bella… mierda.- gimió, su rostro cambio totalmente.- Para, cariño, detente. No quería parar, así que seguí haciéndolo. -No… mierda…- gimió y tomo mi rostro entre sus manos, forzándome a soltarlo.Quiero… quiero estar dentro de ti cuando me corra.- casi no podía hablar, las venas


en su cuello se marcaban y sus pupilas estaban dilatadas.- Date la vuelta, cariño. Sostente. Si quizá apoye la porra de Cooch cuando Edward dijo eso. Edward, Edward, ¡ahí esta nuestro hombre! Puede sacar toda la mierda de adentro de nosotras, ¡nadie mas puede! Si en mi cabeza estaba cantando… Hice lo que me pidió, volteándome para que pudiera hacer lo que quisiera conmigo. Sentí su respiración en mi cuello, su pecho presionado contra mi espalda y su polla en mi entrada, casi me vengo allí mismo. Su boca estaba en mi oído y lo sentí acariciarse contra mi entrada, probándome, pero no deje que se notara lo desesperada que estaba. Sentí su respiración aún mas fuerte. Su voz era amenazante pero no le tenía miedo.- Jmmm… ¿Por donde debería entrar? ¿Por aquí?- dijo deslizándose por la entrada tradicional.- ¿O esta?- dijo deslizando la punta por mi trasero y aplicando un poco de presión. Cooch abrió la boca en una “O” perfecta por la anticipación. -Por la que quieras. Tu no me niegas nada, yo no te niego nada.- dije en respuesta… si, mi experiencia por la entrada trasera había sido dolorosa pero quería intentarlo de nuevo. Y dije que quería hacer algo por el así que si quería follar mi trasero entonces lo dejaría. Edward se rio en mi oído.- ¿En verdad? Muy ruda, Isabella. Amo como reaccionas cuando te toco. No puedo esperar a que mi polla este de nuevo en tu trasero y así será. Pero esta vez, creo que iré… por aquí. Se introdujo en mi coño. Gemí y mordí mi labio inferior, me arquee y descargué mi cabeza en su hombro. El tomo mis senos entre sus manos, acaricio mi abdomen… -Tranquila, cariño.- dijo en mi oído.- Dios, te sientes tan bien. -Tu no te sientes nada mal.- me las arregle para decirle. Edward empezó a moverse nuevamente, llenando mi cuello de besos. Acaricio mi abdomen de nuevo y bajo hasta que su dedo del medio encontró mi clítoris. Gemí de nuevo porque eso se sentía demasiado bien, presiono aún mas su pecho a mi espalda. Sus labios se movieron por mis hombros desnudos, erizando mi piel. Su boca después paso por mi oído y lo escuche gruñir, sentía cada exhalación de aire que tomaba. -Quiero entrar mas profundo, Bella. Mas profundo de lo que he estado antes.murmuro en mi cuello.


Su mano se deslizo a través de mi cuerpo y levanto una de mis piernas. Luego entro en mi y pude sentir sus bolas contra mi trasero. -Ohh.- gemí por la sensación. -Así es cariño. Justo ahí.- dijo mientras movía mis caderas en círculos.- ¿Te gusta? -Dios, si.- podía sentirlo dentro de mi, presionándose contra mis paredes y me arqueé de nuevo, dándole mejor acceso.- Puedo sentirte tu… unggg… -Si, a mi también me gusta.- dijo mientras seguía empujando contra mi. Estaba a punto de explotar. -Edward, mas duro, mas duro. Y lo hizo, una de sus manos fue a mi cabello, forzándome a levantar la cabeza y me folló como loco. Rápido, duro, fuerte y nos vinimos al mismo tiempo. Todo se perdió y chillé por el orgasmo que atravesó mi cuerpo. Su cuerpo callo hacia adelante, su cabeza presionada contra mi espalda.- Mujer… tu serás mi… muerte. ¿Su muerte? Estaba segura de que la que estaba a punto de sufrir un ataque cardiaco, juzgando por la forma en que mi corazón parecía querer saltar de mi pecho.

Edward se negó totalmente a dejarme ver sola con Gabe en el club; y yo me negué a dejarlo acercar a cualquier sitio cerca que pudiera dañar el plan. Así que parecía que todo estaba en orden. Haríamos esto, y Jasper o Riley me acompañarían de cualquier forma. Así que di todo de mi para convencerlo de que fuera Alice quien me llevará. Estaba segura de que era por sus extrañas tácticas de conducción. Y a extrañas me refiero a que la chica parecía loca detrás del manubrio de un carro y tendríamos suerte si llegábamos allí en una pieza. Pero Edward estuvo de acuerdo. Supongo que el ser tan pequeña le daba la ventaja para treparse por la espalda de un grandote y golpearlo en la cabeza antes de que el supiera lo que estaba pasando. Así que allí estábamos, parqueados al otro lado de la calle frente al club, en la oscuridad donde no habían postes de luz, esperando a que Gabe nos llamara. El lugar parecía desierto y sin ningún alma cerca. El parqueadero vació y la luz de neón del bar estaba apagada. Alice estaba vestida de negro, incluso con un par de punteras negros. Que rayos hacían un par de punteras en su armario era un completo misterio para mi. Parecía que estuviéramos en medio de la filmación de misión imposible.


-¿Tu teléfono si quiera esta encendido? -Si, Alice, esta encendido.- murmuré sarcásticamente. Una de sus piernas estaba recargada contra la guantera y tenía muchas tasas de café. Juro que parece que tuviéramos al equipo SWAT escondido en los arbustos y toda esa parafernalia a los CSI. -Revisa de nuevo.- dijo porque aparentemente pensaba que era una estúpida que no sabía como funcionaba su celular. Rodé los ojos y miré mi celular de nuevo. Y justo cuando lo hice vibro en mi mano, haciendo que pegará un salto. Era un texto de Gabe: Deja de joder y trae tu gordo trasero aquí, perra. Si, supongo que esa era la señal que estábamos esperando. -Vamos.- le dije a Alice. Salimos del auto, ambas teniendo cuidado de cerrar las puertas tan cuidadosamente como fuera posible. Caminamos hacia el otro lado. En verdad parecía como si en cualquier momento fuera a empezar a sonar la canción principal de Misión Imposible, pero sabía que Tom Cruise no aparecería por ninguna parte. Me paré frente a la puerta y toque, primero dos veces y una pausa, y luego tres mas. -¿Código para golpear la puerta?- preguntó Alice en un susurró. -No. No tenemos un código.- Ella me miró confundida.- Solo supongo que… oh, cállate. Estoy nerviosa ¿vale? Alice dejo escapar una risita y se cubrió la boca con rapidez. Ahora todo dependía de Gabe. -¿Qué diablos hacen?- preguntó con un susurro y miró a Alice.- ¿Quieres que nos descubran? No te rías. Alice se quito la mano de la boca y alejo todo humor de su rostro.- Lo siento. -Linda ropa.- dijo mientras miraba a Alice. Alice sonrió.- Gracias. Tu también te ves genial. Y ahí fue cuando note que estaban vestidos igual. En todo caso, era la misma ropa que tenía puesta el día que fue a la casa de Edward a “secuestrarme”. Estaba segura de que eso no era lo que usaba para trabajar, porque eso no era ni siquiera lo que tenía puesto cuando me dejo en casa de Edward.


-¿Te cambiaste?- le pregunté. Gabe me dio una Mirada de esas de “a ver idiota”- No puedo vestir lo mismo en dos momentos distintos del día, ¿puedo? -Damas y caballeros… mi mejor amigo gay.- murmuré rodando los ojos. Alice hizo de nuevo esa risita y Gabe la miro. -¿Se fue?- pregunté mientras el cerraba la puerta. -Eso creo, pero siempre se va por la puerta de atrás, así que no se. -¿A que te refieres con que no sabes? ¡No revistaste!- el tono incrédulo en mi voz era evidente incluso después de estar susurrando. -Bueno.- dijo frustrado. -Genial. Ahora, ¿Qué se supone que hacemos?- Alice pregunto. Sabía que esto la estaba matando. -Vamos a ver si esta aquí y si no lo esta entonces vamos a ir a sacar ese maldito contrato. El club estaba a oscuras, pero habían letreros en neón que aún iluminaban. Bajamos las escaleras, esperando que estuviera abajo pero no lo estaba. De hecho todo estaba oscuro. Demasiado oscuro, tanto que tuvimos que caminar con una mano en la pared para no perdernos por los corredores. Antes de que llegáramos a la puerta escuche el bajo de una canción justo detrás de nosotros. James seguía en su oficina. Alice me halo por la camisa e hizo lo mismo con Gabe. -Genial, ¿que haremos ahora?- susurré, apurada. -Tres cosas.- Gabe respondió y se quito mi mano de su camisa.- Primero, cerrar las bocas antes de que salga, segundo, no toques mi ropa. Y tercero seguirme. Juro que habría sido tan perra que lo habría golpeado si eso no fuera a alertar a James de nuestra presencia. Así que Alice y yo lo seguimos hacia el pasillo, manteniéndonos tan juntos como era posible. -¿Ahora que? ¿Vamos a esperar a que se vaya? Estábamos en un espacio muy pequeño, pero no teníamos mas opción. -Si, supongo que si.


-No necesariamente.- dijo moviéndose hacia la pared al otro lado de la oficina de James. -¿Qué haces? -Tengo un lugar seguro en caso de que algún chico caliente decida que no puede esperar mas para tener mi derrier entre sus piernas.- dijo mientras jalaba algo que tenía una luz en medio.- Por aquí, desde aquí podemos verlo todo. Me levante para ver que estaba haciendo James y… Jadeé y peque un salto, golpeando la nariz de Alice en el proceso.- ¡Mierda! Gabe cubrió mi boca porque mis susurros estaban en peligro de convertirse en gritos. -¿Que?- preguntó Alice.- ¿Que viste? -Jacob esta allí con el. -¡Mierda! ¿Qué hacen? Antes de responderle volví a mirar, asegurándome de haber visto bien las cosas. Estaba segura, ahí estaba James en el sofá, Jacob sentado justo detrás… ambos desnudos mientras Jacob daba fuertes estocadas a James por detrás. Había algo blanco en la espalda de James y vi, totalmente asqueada, como Jacob se acercaba y pasaba su nariz por la línea. -Están drogándose.- susurré mas para mi misma que para Gabe y Alice. Estaba completamente en shock.- Y… y… follando. -¿Qué?- preguntó Gabe totalmente incrédulo y quizá un poco encendido.- Muévete. Déjame ver.- ordeno mientras me quitaba de su camino. Parece que acabara de decirle que Adam Lambert estaba del otro lado de la pared totalmente erecto. -Tienes que estar bromeando.- Alice dijo, pero sonó mas como una pregunta que como una afirmación. Negué con la cabeza una y otra vez. Estaba totalmente en shock, totalmente. Gabe nos dijo lo que Jacob y James tenían algo que ver, pero nunca imagine que esto. Y supe que tanto como durara mi vida, nunca podría sacarme esa imagen de la cabeza. Ni siquiera si me hacían un trasplante de cerebro. -¿Edward le hizo eso a su cara?- Gabe preguntó y yo asentí con una sonrisa orgullosa.- Maldición, creo que me he enamorado de ese hombre. Volvió a mirar y luego saco su teléfono, metiendo el lente entre las rejillas.- Mierda. Voy a guardar esto pare después.- Dijo grabando un video. Eso era horrible, porno añadido a su colección gay tal ves.


Estuvimos ahí por un rato mas, porque diablos, ¿que mas podíamos hacer? Y luego escuchamos un sonido desde la otra habitación.- La curiosidad me gano, así que presione mi oído contra la pared y escuche mientras Alice y Gabe hacían lo mismo. Alguien estaba gimiendo y jadeando… y luego.- Si, amas a Big Daddy Dick, ¿no es así?- La voz de Jacob del otro lado pudo escucharse. -Oh, esto es terrible.- Alice dijo a mi lado. -¿Qué están haciendo, Gabe?- susurré cruzando el espacio hasta ahí, estaba mirando mientras grababa la sórdida escena con su Iphone. -Jacob acaba de palmearle el trasero. James esta volteándose y parece muy feliz… se están besando.- dijo, dándonos una descripción minuto-a-minuto.- Jacob lo esta abrazando por detrás y están yendo al baño. Acaban de cerrar la puerta. Apuesto que van a bañarse, mojarse y toda esa mierda… quizá un poco mas de esto y aquello. -Voy a ir.- dije alcanzando la puerta. -¡Espera un minuto!- Alice susurro, deteniéndome.- No sabemos que harán. Te pueden atrapar. -Pero si lo hacen, y no voy a hora, quizá no podamos coger el contrato a tiempo.Razoné.- Iré muy rápido, si no escucho la ducha entonces vuelvo aquí y esperamos un poco mas. -Déjala ir, campanita.- Gabe le dijo a Alice.- Podemos mirar desde aquí y si se mete en problemas entonces salimos al rescate. -Um… esta bien.- Alice respondió.- Pero si cualquier cosa ocurre Edward me va a quemar el trasero. Así que… no dejes que te atrapen. -Vale.- asentí nerviosa y luego volví al lugar en donde estábamos. Una ves en el pasillo, toque la pared y camine un par de pasos hasta la oficina de James. Abrí la puerta. Mis oídos se percataron del correr del agua de la ducha y pude escuchar las dos voces de los hombres que acababan de… bueno. -Sabes que te amo, bebe.- Decía Jacob. Maldito asqueroso. Sentí nauseas. Me apure hacia el escritorio de James, no estaba segura de que estaba buscando, pero si tenía suerte no tendría que buscar demasiado. Abrí el primer cajón y habían muchas carpetas. Y ahí estaba, archivado en la “S” por Swan, una carpeta con mi nombre. La saque, rogando que Jacob no lo hubiera tomado aún. Sonreí como el gato Cheshire cuando vi el contrato original en la carpeta.


-Estas temblando, bebe. ¿Tienes frío?- La voz de Jacob desde el baño.- Quizá deberíamos salir y secarnos. Oh, mierda. Tome el contrato, lo remplace con una carpeta vacía y corrí por la habitación justo cuando la ducha fue cerrada. Me asegure de no hacer ruido cuando cerré la puerta. Alice y Gabe ya me esperaban en el corredor. Levante el contrato en mis manos con una sonrisa de oreja a oreja e hice el baile de la victoria. Gabe y Alice hicieron lo mismo y al mismo tiempo miramos hacia las escaleras para escapar. Misión completada. JPOV. Salí de la ducha y enredé una toalla alrededor de mi cintura mientras salía hacia la oficina de James. Necesitaba hacerlo rápido antes de que el saliera y jodiera mi mierda. -¿A dónde vas? Mas te vale que no estés pensando en irte. Prometiste que saldríamos por el fin de semana. -Lo se, bebe, y lo haremos.- le respondí, usando su distracción para alcanzar su escritorio y tomar la carpeta con el nombre de la perra en el.- Solo hace demasiado frío aquí y estoy ansioso porque nos vayamos.- deslice la carpeta enrollada en el bolsillo de adentro de mi chaqueta. Empecé a vestirme tan rápido como pude. Estaba abrochándome el pantalón cuando sentí los brazos de James a mi alrededor. Sus manos eran tan fuertes y masculinas y tomo mis pectorales y jugó con mis tetillas. -Mmm…- Murmuro y besó mi espalda.- No puedo esperar a salir contigo. Pase la camisa sobre mi cabeza, lo que lo forzó a alejarse un poco, cuando volteé tome su cabeza entre mis manos y me agache para besarlo de manera delicada antes de alejarme y sonreírle.- Bueno, entonces vámonos. El contrato estaba en mi posesión, seguro hasta el lunes en la mañana. Disfrutaría el fin de semana con mi amante, dándole toda mi atención, porque una vez supiera lo que hice nunca me hablaría de nuevo. Odiaba perderlo, pero valía la pena porque finalmente conseguiría lo que tanto había deseado.

Capítulo 26: “Dare to dream” (Atrevete a soñar)

EPOV


Todos los Días de los Inocentes, mejor conocido por del Día de los Inocentes de Abril. Los estudiantes habían debatido su significado y origen por muchos años, y aunque todos tenían sus teorías, nadie sabía realmente porque o por quién empezó tradición. Sin embargo, se data a un día que ha sido celebrado a través del mundo, incluso en el tiempo de la Antigua Roma. Ubicada un día al año cuando la naturaleza juega con nosotros con cambios entre lluvias y días soleados, parecía apropiado que haya sido el 1º de abril el día de la reunión muy importante con los miembros de la junta. Tradicionalmente, el día era celebrado con la ejecución de bromás pesadas y chistes de variedades sofisticados con el objetivo de avergonzar al crédulo. Yo no era crédulo. Pero otra vez, tampoco era Jacob Black. El lunes en la mañana llegó más rápido de lo que pensé. Estaba nervioso, esperando que el plan triunfara y no explotara en nuestros rostros. De todas maneras, para cuando el día termine, el tonto será descubierto. Y el ganador, pues se irá a festejar. Perder o ganar, rey en su trono o bufón de la corte, toda la farsa se terminaría, y Bella y yo podremos vivir nuestras vidas sin el temor de que alguien se entere sobre nuestro más profundo secreto. Cuando Bella volvió a casa con Gabe y Alice y el contrato a mano, inmediatamente lo quemamos, junto con su copia y mi versión rota en el mismo tacho en el que Bella quemo la lencería. Mirar la última y única prueba de nuestro contrato desintegrarse en cenizas era sacarnos un peso de encima. Nuestros cuerpos se relajaron al mismo tiempo que el fuego se extinguió, prueba de que mucho estrés nos había afectado físicamente junto con el mental y emocional. Cenizas con cenizas, tierra con tierra… nos habíamos dado un nuevo comienzo y no lo íbamos a dar por sentado. Gabe había estado muy ansioso de mostrarme el video de su excursión. Solo pude ver unos segundos antes de que saliese corriendo del asco. No era homofóbico o algo por el estilo, cada uno a lo suyo, pero no quería ver esa mierda. Al principio me dio cosa… y entonces, se me ocurrió una brillante idea. Y aquí estaba: Lunes en la mañana, a unos momentos de la reunión con la junta y Bella y yo estábamos yendo a mi oficina en mi ascensor personal. Ella me insistió en acompañarme para darme apoyo moral y todo eso, y siendo sincero, estaba encantado que lo haya hecho. Si por cualquier razón, estallaba la bomba en nosotros, necesitábamos poder formar un frente unido. O irnos a la mierda de esta ciudad, rápidamente. Escuché que Alaska era agradable en esta época del año. Igual, no estaba muy preocupado. Veníamos preparados, y Jacob iba a caer. ― ¿Nervioso? ―preguntó ella mientras caminaba detrás de mí y me abrazaba por la cintura. Me encogí de hombros indiferentemente.


―Nah, para mí solo es otro día en la oficina. Espero que la junta apruebe mi nueva campaña de caridad. Bella me giró y me miró. ―Estoy segura que lo harán. Trabajaste muy duro en la presentación todo el fin de semana. Eso no va a ser por nada, ¿verdad? Ella sonreía, y la confianza que vi en sus ojos me convenció. Cuando me miro así, me renovó la confianza que no podía ser removida. Éramos ella y yo en contra al mundo, y por Dios, creí que teníamos una gran chance. Juntos, pondríamos al mundo de rodillas. El timbre del elevador sonó y las puertas se abrieron para mostrar el bullicio ante nosotros. Empleados siempre estaban en gran alerta cuando había reuniones de la junta, tratando de parecer más ocupados de lo normal. Todos se ocupaban de sus puestos, sus miradas eran de puro-trabajo. Algunos levantaron la vista para sonreír a Bella y a mí en saludo y entonces volvieron al trabajo. Me paré derecho y suspiré para liberarme de mis nervios. La mano izquierda de Bella se posicionó en mi brazo y bajé la mirada para verla, sintiéndome como un estúpido porque su dedo corazón estaba vacío incluso cuando estábamos comprometidos. Tenía que arreglar esa mierda. Ella seguía portando el brazalete Cullen que le había dado, pero no era suficiente. Marcarla como mi propiedad cuando lo era antes, era una cosa; simbolizar que ella me pertenecía por su propia decisión era completamente otra cosa. Salimos del elevador y la escolté hasta mi oficina donde me esperaría. Las reuniones de la junta eran siempre cerradas para el público, asique ella no podía presenciarlo. Ella estaba bien con eso porque Alice estaría allí para acompañarla. Como mi asistente, Jasper estaría presente y él iba a tener su teléfono marcando a Alice para que ella y Bella pudieran, inadvertidamente, escuchar toda la reunión desde mi oficina. ― ¿Todo listo? ―pregunté a Jasper cuando entré. Senté a Bella en la silla detrás de mi escritorio y Alice tomó la del lado opuesto. Como si estuviesen planeando una operación encubierto, Jasper llamó al teléfono de Alice y se aseguró que todo estuviese listo. ― Sip ¿Estás listo? ―me preguntó Jasper. Asentí y miré a Bella. ―Bueno, aquí va ¿Puedo tener un beso para la suerte? Se paró en las puntas de sus pies y tiró de la solapa de mi traje para acercarme a ella. Sus labios se pegaron a los míos tirando sus brazos alrededor de mi cuello mientras me besaba con toda la pasión que decía todas las palabras que no se necesitaban decir. Cuando se alejó, apretó su frente contra la mía y me miró a los ojos con seguridad. ―No necesitas suerte, pero aprovecho cualquier oportunidad para saborear tus labios.


Como si no tuviese acceso gratuito a ellos cada vez que ella quisiera… ―Estamos destinados a estar juntos, ― continuó.― Así que no tengo dudas en mi mente que todo va a tomar su lugar. Además, tú eres Edward Cullen, y ese nombre solo grita éxito. ― Dios, te amo ―le dije. Ella sonrió triunfante. ―Lo sé, y te amo también. ―Vámonos, hombre. No tenemos tiempo que perder ―dijo Jasper en su acento sureño mientras se acercaba para besar la frente de Alice. ― ¡Golpéenlos duro! ―dijo Alice con una sonrisa alentadora. Nuestra pequeña porrista personal. Besé la punta de la nariz de Bella y tomé mi portafolio. Con un guiño, me di vuelta y salí de mi oficina con Jasper siguiéndome. Caminamos por el pasillo que nos llevaba a la sala de juntas. Una vez allí, vi al representante de mi nueva caridad sentado esperando en la puerta y le di un asentimiento. Él me dio uno cordialmente y era todo lo que necesitábamos. Tomé el pomo de la puerta y lo giré, abriendo la puerta antes de entrar. Aquí va… Parecía que Jasper y yo éramos los últimos en llegar. Tuve que esconder mi mueca cuando vi el rostro de Jacob todo moreteado y lastimado, y me pregunté que historia habrá inventado para excusarse. Él ya estaba sentado al frente de la mesa, y su padre, William, estaba sentado a la cabeza. William había cedido su control de Scarlet Lotus a Jacob, y aunque a veces viene a las reuniones de la junta, era en raras ocasiones y solo cuando había en la agenda algo grande. Así que era obvio que Jacob insistió que se presentara porque realmente pensó que tenía algo contra mí que hubiese hecho verlo mejor para su padre. Casi me siento mal por él. Casi. Tomé mi lugar al otro lado de la mesa con Jasper a mi lado y William al otro. Jacob, el maldito bastardo, me miró con la sonrisa de yo-sé-algo-que-tú-no que lucía más dolorosa por el corte en su labio (cortesía de moi), pero no dijo nada. Probablemente fue lo más inteligente que podía haber hecho porque hubiese odiado mostrar mis puños antes de la reunión empezara. Era realmente difícil no lanzarme por la mesa y matar al maldito con mis propias manos. Seguía viéndolo sobre mi chica, tratando de tomar algo que me pertenecía, algo que ella no tenía intención de darle libremente. Pero me mantuve derecho.


Agradecidamente, el padre del bastardo interrumpió mis pensamientos y me dio una distracción. William tenía su sonrisa orgullosa cuando se giró hacia mí y aunque podía la cara de Jacob, era algo agradable. Él siempre me prefirió. ― ¡Edward, mi niño! ¿Cómo andas? ―preguntó mientras me aplaudía la espalda y tomaba mi mano en un agarre firme. No pude evitar el afecto que sentí por el hombre. Él era el socio de mi padre, su mejor amigo…y lo sentía como de la familia ¿Como mierda engendró a alguien tan maligno como Jacob? ― Estoy bien, Billy, ―respondí, y porque no podía resistirme. ―Al fin conocí a la mujer de mis sueños y de alguna manera, la convencí de que sea mi esposa. La reacción de Jacob no tenía precio, pero solo fue un segundo hasta que volvió su sonrisa creída. El maldito realmente pensaba que iba a ganar ésta. Que cómico. ― Bueno, ¿no es un golpe a los pantalones? ¡Felicitaciones, hijo! ―aplaudió en mi espalda un poco más, palmadas que me hubiesen hecho caer en mi trasero si no hubiese estado sentado sobre él.― Espero estar en la lista de invitados, ―dijo Billy, y se volvió hacia Jacob.― ¿Por qué no puedes conocer una linda mujer y asentar cabeza, Jake? Me gustaría tener un nieto en mis rodillas antes de ser demasiado viejo y decrepito para eso. Jacob Black con hijos… Dios nos ayude. Jacob tiró de su camiseta como si estuviese muy apretada y hacía lo mejor para esconder el resentimiento que tenia en su rostro. ― Yo solo, um…no he encontrado la mujer correcta, papá ―le respondió a su padre. Eso es porque la mujer tiene que ser un hombre que pueda milagrosamente empujar un niño por su trasero. Seh, podría haberlo dicho en voz alta, pero no lo hice. Iba a tomar la gran oportunidad. O lo que sea que estaba haciendo. Hubo una ronda de felicitaciones por mi futura boda del resto de los miembros de la junta y empleados presentes, y entonces la reunión empezó. Antes de conocer a Isabella Swan, hubiese estudiado cada aspecto de la reunión, completamente enrollado en el negocio, las estadísticas, etc. Pero tengo que decirles… no estaba para eso. Mi mente seguía pensando en mi futura esposa, que ahora esta sentada en mi oficina, en mi silla, probablemente en mi escritorio porque así es como ella era. Y estaba seguro que Alice no iba a detenerla, pequeña metiche irritante. No que me importase; lo que era mío ahora era de ella, y no tenía nada que esconder. Okey, me estaba distrayendo con esa mierda, tratando de mantenerme despierto. Miré hacia mi asistente y estaba contento de que estaba tomando notas porque tendría que verlas después. Estoy seguro que él sabía que estaría muy distraído como para prestar atención, pero él también sabía que Scarlet Lotus significaba todo para mí y querría saber que era lo que pasaba.


Cuando al fin el chico nuevo de contabilidad cerró su presentación de PowerPoint y caminó hacia el fondo de la habitación, Mrs. Cope se levantó de su asiento. ―El siguiente en la agenda, Jacob Black. ―sonrió y entonces se volvió a sentar. Jacob me tiró una sonrisa que, si no conociese lo que mierda iba a hacer, los pelos de mis brazos se hubiesen parado. Igualmente mantuve mi cara de póquer, y él se paró, poniendo su portafolio en la mesa, abriéndolo. ― Hace treinta años atrás, mi padre fundo esta compañía, ―dijo mientras se ubicaba detrás de William y ponía sus manos en sus hombros. ―Edward Sr. y yo fundamos esta compañía, ―lo corrigió. ―Era toda su idea. Jacob bajó su mirada hacia él con una sonrisa falsa y continuó. ―Por supuesto, ―dijo, caminando por la sala.― Y la atención de esos dos hombres de negocios era por su compañía crecía para mostrar al mundo que con trabajo duro, perseverancia y un poco de ayuda se podían generar grandiosas ideas que podrían no haber visto la luz del día. De esta manera, haciendo el mundo en el que vivimos un mejor lugar. La fundación de la compañía que millones de personas han llegado a respetar fue forzado mediante honestidad, integridad y respeto por el hombre de trabajo. ―El paró y puso su puño sobre su corazón, la expresión de su rostro falso con sus siguiente palabras.― Mis queridos miembros de la junta, me duele tener que estar hoy frente a ustedes y decirles que hemos sido todos traicionados. Jesús, ¿una reina del drama? ―Hay una persona entre nosotros que ha deshonorado todo lo que Scarlet Lotus defiende, ―dijo con un dedo en el aire para hacerlo más dramático. Hubo jadeos de toda la sala mientras que los miembros y los empleados empezaron a murmurar y mirar por la habitación en confusión. Y entonces Jacob finalmente se puso enfrente de su portafolio y sacaba una carpeta. Jasper me asintió por debajo de la mesa como si dijera, aquí vamos, pero me mantuve observando a Jacob, y Jacob… mantenía su vista en mí. Nuestras miradas decían mucho, y no era necesario decir nada en voz alta. Los dos sabíamos. Mientras silenciosamente prometí que no era ni de pizca lo único que le iba a hacer después de lo que intentó hacerle a mi chica, me estaba diciendo que lo enfrentara. Le di un pequeño asentimiento de mi cabeza para hacerle saber que lo haría, en efecto. ―Edward Cullen nos ha engañado a todos, ―continuó Jacob. ―Él ha deshonrado todo por lo que su padre y el mío trabajaron duro para lograr. Él es dueño de una esclava vendida a cambio de dinero; una mujer comprada para su propia necesidad pervertida de saciar sus deseos sexuales. Y propongo que sea expulsado de su posición de primer accionista de la compañía.


Cada par de ojos que estaba presente giró hacia mí. Algunos mostrabas disgusto, otros de decepción, pero todos me miraban por una respuesta a la acusación ―así fuera para negar o confirmar los cargos. ― ¡Eso es absurdo! ―dije a la defensiva. ― Jacob, ¿Qué es toda esta idiotez? ― pregunto William, claramente enojado por la acusación de su hijo. ― ¿Idiotez? ―pregunto Jacob. Sonrió diabólicamente,― Tengo la prueba aquí ―dijo, sosteniendo la carpeta. ― Veamos si sigues pensando que es una estupidez después que lo veas por ti mismo. Vamos, Jacob…muestra tu mano. Miré intensamente como Jacob abría la carpeta para mirar su contenido. Su sonrisa creída que había estado en su maldito rostro, se fue, y fue remplazada por una de confusión. Cerró la carpeta, volvió a mirar, una y otra vez… y todavía seguía vacía. Sudor caía por su frente mientras su expresión se volvió a una de necesidad frenética de encontrar lo que faltaba. Tiró la carpeta en la mesa y revolvió su portafolio, y luego buscó por su chaqueta y los bolsillos de sus pantalones, sin encontrar nada. ― ¿Y? ―pregunto William. ― Yo… eh… yo…―tartamudeó Jacob, sus ojos a través de sus papeles. Buena jugada, Jacob. Y el idiota ha sido revelado. ― Jacob, has hecho una acusación muy seria. Necesitamos ver las pruebas, ―insistió Mrs. Cope. Sí, Jacob, dile como es que obtuviste la información. Arrastra el trasero recién follado de James aquí para testificar a tu favor. Diles la razón de porqué tu cara está toda rota. Diles los detalles de la violación que intentaste contra mi prometida cuando ella no podía defenderse. Adelante. Diles todo. Oh sí, es verdad… esa mierda no va a pasar. Jacob miró a los rostros a su alrededor en la sala y entonces forzó una sonrisa incómoda. Alzó sus brazos en el aire como un niño de tres años y gritó, ― ¡Día de los inocentes! ―Cuando la habitación permaneció en silencio y quita, él se rio de sí mismo, una sonrisa de lástima.― Ja, ja… los engañé a todos… ―su voz se apagó. ― ¡Jacob Prometheus Black! ― Gritó William. ¿Prometheus? ¿No era ese el Titán que Zeus encadenó a una roca mientras un águila comía su hígado regenerativo por toda la eternidad? Okey, eso suena bien entonces. ―No sé que clase de humor retorcido piensas que juegas con lo que acabas de hacer. ―William expresó su desprecio por las payasadas de su hijo― ¡Esa clase de bromás es más apropiado para la fraternidad o un buen ambiente de amistad, y obviamente no en una sala de juntas! Pensé que te había educado mejor que eso. Ya discutiremos esto luego, pero hasta entonces, le debes una disculpa a cada miembro de la junta. Más a Edward.


Habiendo sido reprendido propiamente, Jacob me miró, ―Lo, em…siento ―logró escupir. Ouch, eso debió doler. Entonces, se volvió hacia los miembros de la junta, ―Mi conducta fue completamente inapropiada, y prometo abstenerme de payasadas como éstas en el futuro. Mis disculpas. La sala parecía exhalar colectivamente mientras todos se relajaban volviendo a sus sillas y preparados para seguir con la reunión. Por supuesto que todavía había algunas miradas de enojo hacia Jacob, que se había sentado en su silla, tratando de volverse invisible ante sus miradas. ― ¿Sr. Cullen? ―llamo Sra. Cope desde el otro lado de la mesa.― Creo que es el último presentador en la agenda ¿Podría por favor? Aclaré mi garganta y asentí mientras me paraba para presentar las estadísticas de la parte de caridad del negocio, como era mi especialidad. Cada palabra dicha, cada movimiento que hacía parecía robótico mientras hablaba de los aburridos detalles y el estado de la campaña caritativa. No pude evitar imaginar a mi madre al fondo de la sala, entusiasmada por lo mucho que Scarlet Lotus creció. Esquivé una gran bala hoy; una bala que nunca hubiese sido disparada sino hubiese comprado una persona para mi propio placer. De todas maneras, no podía arrepentirme de esa decisión. Porque me hizo llegar a Isabella Swan, mi futura esposa. Finalizando mi discurso, terminé de la misma manera de siempre; con la introducción de la nueva caridad que quería que los miembros de la junta consideraran para futura donación. Jasper tomó su lugar y empezó a preparar la presentación mientras preparaba al ambiente para mi nueva presentación. ― Con la crecida financiación que experimenta Scarlet Lotus, podemos cubrir nuestro alcance en el mundo de las organizaciones de caridad para tomar otra causa. La presentación que van a ver hoy será una caridad un poco inórtodoxa, pero mi madre, que descanse en paz, creía que cada ser humano merece una oportunidad en la vida. Algunos nacen en circunstancias que no pueden controlar, y, como sociedad a veces pone expectativas irreales en ellos, toman decisiones que pueden afectar completamente sus vidas. Cuando pierden su camino, ellos necesitan a alguien que los ayude a encontrar la dirección correcta para volver a sus pies otra vez. La siguiente organización ha tenido el honor de hacer justo eso. ―Así que sin más que decir, les presento a Gabriel Baxter, ―dije mientras Jasper abría la puerta para hacerlo pasar. Gabe entró en la sala, su espalda derecha, su barbilla en alto, hombros hacia atrás mientras caminaba hacia donde estaba… sin menear sus caderas, su movimiento notablemente másculino. Estaba vestido con un traje hecho a medida de un color azul marino y una


camisa blanca y apretada debajo. Todo era como algo que nunca se pondría, con la excepción de la corbata negra de seda, pero eso sería para otro propósito. Estaba orgulloso de él. No estaba usando su delineador de ojos, maquillaje y producto para el cabello. Ni siquiera estaba usando colonia. Solo olía a limpio, como si recién hubiese salido de la ducha. Acercó su mano a la mía en una sacudida firme, y estaba sorprendido por eso. ―Sr. Cullen ―me saludó. Su voz completamente más profunda, más másculina. Casi tiro mi mano para sacarle la máscara, convencido que era otra persona diferente. ―Sr. Baxter, ―regresé el saludo. ―El piso es suyo, señor. Tomé asiento al lado de Jasper y corrí hacia atrás para así ver el show completo. Gabe enfrentó a la sala y aclaró su garganta. ―Buenos días, damas y caballeros. Mi nombre es Gabriel Baxter, y estoy aquí en representación de una organización que esta muy cercana a mi querido corazón. Rainblow Coalition se dedica a… ― Em, perdón, Sr. Baxter, ―Sra. Cope lo interrumpió.― Lo siento, pero ¿no es Rainbow Coalition? ― Bendita sea su corazón atado a la biblia. ― No, madame, ―respondió Gabe, su voz barítona sosteniendo la verdad. ― Mientras que nuestros intereses son similares, Rainblow Coalition ha limitado el criterio de nuestra asistencia a un grupo de la sociedad más específico. Buscamos ayudar a hombres y mujeres homosexuales que su comportamiento los ha llevado a complacer y emboscarse en más comportamiento destructivo como el uso de drogas y búsqueda del placer donde y como sea que puedan encontrar. ―En consecuencia de su preferencia sexual, miembros de la sociedad -a veces sin darse cuenta cuan perjudicial su trato, menos que favorable a una persona con mente frágil, puede ser- le dan la espalda a esos seres humanos que están gritando por ayuda. De esta manera, se vuelven hacia el lado oscuro, enterrándose hasta que están perdidos sin esperanza de volver a lo que una vez fueron. Se vuelven inmunes al dolor que tienen en sus corazones, la vergüenza envuelta por su orgullo. Lo que termina pasando es que eventualmente se vuelven a su lado animalístico, satisfacen sus necesidades básicas y usan cualquier droga y conexión física a su disposición solo para sentir algo, cualquier cosa otra vez. Aunque esto puede ser verdad también para los heterosexuales, hay muchas organizaciones establecidas para esos grupos, pero no atienden las necesidades especiales de homosexuales porque sinceramente no los entienden. Rainblow Coalition esta compuesta con empleados y voluntarios que si lo hacen. Este video que hemos compuesto les mostrara un poco por dentro de cuan horribles son las vidas de aquellos que evita la sociedad. Pero tomen nota, esta demostración no es para los que tengan corazón débil ¿Sr. Hale? ―Gabe asintió a Jasper, dándole pie a que empiece el video. Jasper presionó algunas teclas en la laptop que había sido conectada y Gabe se corrió dejando la pantalla blanca colgando desde el techo. La cuenta atrás empezó en la pantalla, tres…dos…uno…


Y allí estaba, en la pantalla blanca para que todos lo vean. Jacob Black, penetrando el trasero de otro hombre mientras que inhalaba cocaína desde su espalda. ― ¡Por Dios Santo! ― exclamó la Sra. Cope mientras presionaba su mano en su corazón en shock. La cabeza de William se movió hacia Jacob tan rápido que pensé que le iba a dar jaqueca. ― ¡Que mierda es esto! ― gritó mientras golpeaba la mesa con su puño. Jacob salió picando de su silla, sus ojos y su boca bien abiertos mientras apuntaba sin palabras a la evidencia de sus actividades extracurriculares. Jadeos y exclamaciones fueron hechas por toda la sala, pero Gabe solo siguió. ― Lo sé… es triste, ¿no? ― dijo con mientras sacudía su cabeza tristemente, y entonces se paró delante de la pantalla mientras seguía actuando.― Ahora…Una donación de su compañía puede ayudar a hombre como estos para obtener una rehabilitación apropiada en un ambiente comprensivo. Con su ayuda, podemos detener estas pobre almás descarriadas lejos de la naturaleza animalística que han sido empujados a vivir y reinsertarlos de nuevo en la sociedad, viviendo perfectamente normal con el resto de nosotros. ― ¡Jacob! ¡Demando una explicación! ―gritó William, ignorando a Gabe. Sin pausar, Gabe continuó hablando. ―Nosotros en Rainblow Coalition quisiéramos agradecerles ante todo por su ayuda. Le aseguramos que cualquier donación que hagan, será suficientemente usada para esta causa. Gracias por su tiempo y consideración. Me retiro, ―dijo mientras tomaba su portafolio, ignorando la multitud de rostros shoqueados en la habitación. Luego se giró hacia mí, sacudiendo mi mano mientras me paraba.― Sr. Cullen, gracias por ser tan hospitalario. ― ¡Tú! ―gruño Jacob mientras se giraba hacia mí con una mirada asesina. ― ¡Tú hiciste esto! Sin un segundo de advertencia, se tiró sobre la mesa y me arrojó al piso. Gabe pegó un grito y se alejó mientras rodábamos en el piso. Una vez que me aseguré estar encima de él, lo sujeté bien para que no se moviera y tomé sus solapas de su caro traje. Toda la sala explotó en caos y usé la distracción para establecer el trato que estaba por darle a Jacob. Había mucho más que le podía hacer, pero estaba dispuesto a negociar. ― Escúchame, Jacob, ―dije lentamente. ― ¿Esto? Esto no es nada. No solo puedo sacar a la luz tu pequeño video porno para destruirte, sino que tengo un video de mi sistema de seguridad que prueba que trataste de abusar de Isabella. Es completamente admisible en la corte y en adición, posesión y traficación de drogas, ser cómplice de un criminal… podrías ir de por vida. Y entonces tú serás el que sea abusado por el trasero una y otra vez en prisión. Gabe se agachó cerca de nosotros y murmuro.


― FYI…Un gran musculoso mexicano llamado Chávez te tiene en su lista, perra. La expresión en el rostro de Jacob me hizo acordar a una rata acorralada que no tenía donde huir, ningún hoyo por donde escarbar… estaba atrapado. ― ¿Qué… quieres? ― escupió, claramente no le gustaba el hecho de que no tenía otra opción que admitir la derrota. Le di la misma sonrisa que él había tenido en su rostro antes que su mundo se derrumbara. ―No mucho, solo tu mitad de la compañía… y quiero que dejes el estado. No, mejor todavía… quiero que dejes el país. Y llévate a ese bastardo de Gigandet contigo. Parece un pequeño precio a pagar por tu libertad. ¿Qué piensas? ― ¿Cómo sé que no expondrás esos videos de todas formás? ― No lo harás, ―respondí sinceramente. ― Pero por más que me duela hacerlo, te doy mi palabra que mientras tu mantengas el acuerdo, mantendré el mío. Tendrías que agradecer a Isabella por eso. Ella esta dispuesta a perdonar más que yo. ― O yo ― dijo Gabe mientras golpeaba a Jacob a un lado de la cabeza. Jasper lo jaló a un lado teniendo sus brazos sobre su pecho para evitar que siguiera golpeándolo. Justo entonces, William vino desde el otro lado de la mesa para llegar a donde estábamos. ― ¿Qué es lo que será, Black? ―le pregunté antes que William se acercase a nosotros. ― Está bien… es tuya. Es toda tuya ―concedió. ― Tienes diez días para poner tus cosas en orden e irte fuera del país, ―le dije, y entonces lo solté y me puse de pie justo cuando William llegó. ― ¡Dios, Jacob! ¡Eres una vergüenza! ¡Levántate del maldito suelo! ―dijo, tomándolo por el brazo. ―Se levantó la reunión, ―murmuré triunfalmente, y luego salí con Gabe y Jasper de la sala de juntas así podía recoger mis ganancias. La mitad de Jacob de la compañía solo era un beneficio extra. Isabella era el premio real; Uno que tenía intención de saborear, y no desperdiciar nada. ―Todavía no puedo creer que todo se haya terminado, ―dijo Bella desde el asiento de pasajero de mi Vanquish mientras conducíamos por la Ruta 101 hacia Forks. La había convencido que con todo el drama que habíamos sobrevivido, necesitábamos un respiro, y Forks era lo suficientemente tranquilo para nosotros mientras que ofrecía que Bella visite sus padres. Ella pensaba que íbamos a tener una habitación de motel. No le hice pensar distinto.


― Se acabó, cariño ―dije mientras traía nuestras manos unidas a mis labios y besaba su dedo corazón de su mano izquierda antes de darle una sonrisa torcida. ― Aw, allí esta la cabaña ― arrulló Bella mientras pasábamos por allí. Tenía que soltar su mano así podía bajar la velocidad y aparcar a un lado de la calle. ― Edward… ― su voz era un aviso juguetón, y cuando vio mi ceja sugestiva y la manera que mordía mi labio inferior por el recuerdo de la última vez que habíamos estado allí.― No...Oh-oh. No vamos a hacer eso de nuevo. ―Sal del auto, cariño ― le dije en lo que esperaba que sea una demanda sensual antes de abrir mi puerta. Cuando caminé a su lado del auto y abrí la puerta, ella había cruzado sus brazos sobre su pecho desafiándome. ―No, Edward. Podemos tener todo el sexo que quieras en el hotel, pero no aquí, no otra vez. Casi nos atrapan la última vez. ―No nos van a atrapar, ― le aseguré mientras tomaba su mano y la sacaba del asiento del pasajero. Ella vino conmigo, a regañadientes, pero vino igualmente. Debería haber sabido que ella no podía resistirse y podía haber usado ese conocimiento para mi ventaja. Tal vez eso me vendría a mano. ¿Y qué? Demándame. Uniendo nuestras manos, la encaminé hacia el patio trasero de la casa y seguí hacia el estanque. ― ¿Qué estas haciendo? ¿Estás loco? ―preguntó ella mientras miraba alrededor por si algún vecino nos veía. ―Sí, de hecho, lo estoy ― respondí mientras la empujaba hacia el belvedere. ― Y es tu culpa. Tú me vuelves loco. La senté en el banco. El sol estaba yéndose por el horizonte y el brillo naranja y rosa en el cielo y los rayos corrían por las facciones de su rostro. La pequeña familia de patos nado en forma de S a un lado del estanque, sus suaves cuacks eran el único sonido a nuestro alrededor. Me arrodillé enfrente de ella, viendo la confusión en su rostro. ―Quiero darte todo lo que puedas tener, o puedas querer, Bella. Y lo haré. Pero, soy un completo idiota por no hacer esto de la manera correcta en primer lugar ―dije mientras sacaba de mi bolsillo la caja de terciopelo azul marino. Ella jadeó y puso sus dedos sobre su boca. ―Oh, Edward.


―Tú sabes, para ser la futura Sra. Edward Cullen, tu dedo corazón esta muy vacío, ― dije mientras le sonreía. Abrí la caja, revelando el anillo de compromiso. Era uno original, diseñado por una mujer, pero dejado a la próxima generación que ojalá sea una gran línea de tradición. Tres quilates de diamante ubicado en platino que enrollaba delicadamente un zafiro esmeralda en el centro. Nada muy extravagante, simplicidad era su atractivo. ―Era de mi madre, ―le dije mientras lo tomaba de la caja y tomaba su mano. Ella temblaba de los nervios y tuve que sonreír porque me sentía temblar un poco también.― Y ahora, me gustaría que sea tuyo. Lo ubiqué en su dedo y la miré a los ojos. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Su sonrisa era la más hermosa que había visto y deseé haber contratado un artista para que esté allí, capturando el momento en su gloria indefinida, inmortalizándolo en el tiempo para siempre. Sequé sus lágrimas con besos, y entonces la besé con un dulce beso en los labios. ―Te amo, Isabella Swan. ―Te amo, ―suspiró y luego bajó la vista hacia el anillo en su dedo.― Es tan hermoso. Gracias. ―De nada, pero todavía hay más. ―le dije con una sonrisa maligna mientras me ponía de pie. Levantó su cabeza. ― ¿Más? ¿Qué más? ― Vamos, ― dije, tomándole la mano y levantándola. Me sentí como si estuviese arrastrándola, y probablemente debería haber ido más despacio así ella podía seguirme mejor, pero estaba demasiado emocionado para mostrarle la próxima sorpresa. Cuando nos acercamos al Vanquish, me di vuelta y seguí hasta la puerta principal. ― ¿A dónde me llevas? ¡Alguien va a llamar a la policía! ―Su tono era un duro suspiro que decía que ella lo decía en serio mientras me jalaba el brazo para llevarme hacia el auto. Tomé un poco más fuerte su mano, forzándola a chocar contra mi pecho mientras la tomaba con mi brazo. ―Cálmate, cariño. Nadie va a llamar a la policía, ―dije, y entonces puse mi mano en frente de ella así podía ver bien. De mi dedo colgaba la llave de la cabaña. Solo tomó un segundo para darse cuenta lo que significaba. Miró hacia el patio de adelante, al fin dándose cuenta del cartel de ‘en venta’ ahora tenia un ‘vendido’ encima. ―Edward, no lo hiciste.


Podía sentir mi sonrisa torcida en mis mejillas, incapaz de no mostrar lo orgulloso que estaba de mí por darle a la mujer de la que perdidamente me enamoré el hogar de sus sueños de infancia. ―Bienvenida a casa, Bella. Mientras estaba allí quieta, puse la llave en la cerradura y abrí la puerta. Ni bien había regresado de dejar a Bella en la casa de sus padres hace unas semanas atrás, había hecho el contrato por la cabaña. Había sido muy bien vendida, pero cuando oferté cuatro veces el precio requerido, el propietario había aceptado mi oferta. Alice lo tomó desde allí, y juro, pensé que iba a decirle todo a Bella. Estaba muy orgulloso de ella por haber podido mantenerse callada, y ni siquiera se sobrepaso con la decoración. Tomé la mano de Bella guiándola para que entrara antes de cerrar la puerta detrás de mí. Caminé hacia la chimenea y tomé el control, presionando un botón para encenderla. ― ¿Qué piensas? ―pregunté, poniéndome nervioso al ver que no había dicho nada. Ella miró alrededor. Aunque había habido algo de remodelación, insistí en que el estilo original sobre el que Bella había hablado estuviese intacto. Los pisos fueron renovados al igual que los muebles. Cada comodidad que quisiera tener o necesitar estaba allí, completo con almohadas de piso que cubría el espacio en frente de la chimenea. Pero Bella todavía no había dicho nada, y eso me ponía nervioso. ―Tú no tienes que dejarlo así. Dejé que Alice lo decorara porque no quería que estuviese vacío cuando te trajera aquí. Puedes remodelarlo todo si no te gusta. Se giró cerrando el espacio entre nosotros. ―Cállate, Edward. Hablas mucho, ―dijo, y luego sus dedos se aferraron a mi camiseta mientras me acercaba para darme un beso que, sinceramente, hacía que mis pies giraran. Y ella no paró allí, tampoco. Su lengua, tan suave, tan dócil se movía contra la mía, dulce como nube de caramelo. Mis manos fueron detrás de su cabeza y la sostuve contra mí, tomando todo lo que me daba y dándole más a cambio. Su cuerpo se amoldó al mío, y la manera en la que se movió contra mí… oh, Dios… la manera que la mujer se movía era enloquecedor. Ella vino a mí virgen, sin experiencia de la naturaleza sexual para nada. Y aunque mi principal intención era enseñarle todo lo que me gustaba, su profesor real era su propio cuerpo. Ella sabía lo que quería y todas las inhibiciones se disolvían cuando tenía que obtenerlo. Ella pensaba que estaba respondiendo a las demandas de su cuerpo, pero lo que ella no sabía era que también respondía las mías. Sus dedos paseaban por el centro de mi camiseta, desabotonando cada botón mientras pasaban por allí. Ella nunca rompió el beso, nunca buscó por aire. No lo necesitaba; cada aliento que tomábamos era alimentado del otro. Sus manos se metieron por mi camiseta presionando en mi pecho. Cada músculo en mi cuerpo se tensó ante su tacto. Cuando


finalmente rompió el beso, sentí la pérdida instantáneamente, pero su atención fue al lado de mi cuello y eso estaba muy bien igual. Sus labios jalaban y succionaban en mi piel mientras que su lengua me saboreaba. La acerqué más, encontrándome con sus caderas y frotando mi miembro de titanio en mis pantalones contra ella. Su boca se movió hacia mi pecho y giró contra cada una de mis tetillas. Y entonces, lentamente, oh muy lentamente, ubicó sus manos sobre mis hombros, sacando mi camisa por los brazos y dejándola sobre el piso. Mientras su boca seguía, moví mis dedos por su cabello. Escalofríos corrieron por mi espalda cuando sentí sus uñas arañar mis abdominales hasta la cintura de mis jeans. Jaló de ellos, acercándome más y entonces sentí su mano apretándome por mis pantalones con una presión prefecta. ―Cariño… ―era todo lo que podía murmurar a través de mi respiración pesada y la fuerza que me hacía no perder la razón antes de que mi polla sea liberada de sus confines. Se sacó sus zapatos y encontré mis manos al borde de su remera. Mi pulgar masajeaba la piel de debajo, pero no era suficiente. Así que jalé la remera sobre su cabeza para que se encuentre con la mía en el suelo. Ella estaba hermosísima en su brasier azul marino, sus pechos cremosos saliéndose. Mis manos inmediatamente se ubicaron sobre ellos, apretando y masajeando a través de la tela, como sabía que le gustaba. Mis pulgares bajaron hacia sus pezones duros y ella mordió la piel de mi pecho en respuesta. Seh, le gustaba. Tanto que el botón de mis jeans se abrió y su mano se metió para conectarse piel a piel. ―Diablos, Bella, ―siseé cuando la palma de su mano tocó la cabeza de mi polla. ―Dios, estás tan duro, ―dijo llena de lujuria y asombro mientras movía su mano contra mí lo que más se podía en mis pantalones. Bajé la mirada así podía ver su mano en mis pantalones. La cabeza de mi polla estaba sacando mi cinto a un lado y, aparentemente, ella vio eso porque su mano salió de mis pantalones y se arrodilló ante mí, tomando la punta en su boca. Mis bolas se tensaron instantáneamente y tenía que tomar de sus brazos para pararla antes que pierda la razón. ―Tienes que ir más lento, cariño. O no voy a durar mucho, ―le dije mientras la sostenía en mis brazos. Un destello sensual iluminó sus ojos chocolate mientras soltaba mi agarre y tomaba mis pantalones. ―No quiero ir lento, Edward. Te necesito. Quiero sentirte, grande y duro dentro de mí. Quiero saborear tu explosión por mi garganta. Quiero sentir tus labios y tu lengua en mi coño. Lo quiero todo, Edward. Necesito todo, y tú prometiste que me darías todo lo que necesitara o quisiese. ―Mierda, ―gruñí ante su charla sucia. Era una debilidad, y ella lo sabía. Ella me tenía atado en su meñique, sabía como tenerme allí, dar vuelta mis palabras en su favor. Y yo cumplo


con mis palabras. Era bueno como el oro, y al diablo todo si no quisiera las mismas cosas que ella. La tomé y tiré contra mi cuerpo, colisionando mis labios con los de ella, encontrando nuestros labios, chocando nuestros dientes y enlazando nuestras lenguas en un beso hambriento y fuerte. Me puse de rodillas sobre los almohadones del piso y ella me siguió, sin romper el beso nunca. Sus manos estaban en todos lados, sobre mi pecho y hombros hasta mis bíceps. Los flexioné para ella, sabiendo que eso le gustaba, y gimió en mi boca, confirmando que le gustaba demasiado. Mientras que ella disfrutaba sentirme, me deshice rápido del brasier. Sus pechos firmes y redondos presionados contra la piel desnuda de mi pecho y mis labios sobre su cuello. Gimió mientras succionaba suavemente su piel, mis dedos ahora liberando sus jeans y sacándoselos de sus caderas. Mientras besaba el largo de su cuello hasta su oído, mi mano tomaba de su trasero y mis dedos de la otra mano buscaban su coño. Ella jadeó y clavó sus uñas en mi espalda mientras lamía y succionaba mi hombro. ― ¿Es esto lo que necesitas, cariño? ―pregunté mientras mis dedos empezaban a masajear su clítoris. ―Sí…más… Metí mis dedos dentro de sus pliegues ya mojados. ― ¿Y esto? Ella gimió y mordió mi hombro mientras que sus caderas se apegaban a mí. ―Mmm…Más… ―Tan golosa, Isabella. ―murmuré en su oído, y luego tomé su lóbulo en mi boca mientras metía dos dedos en su entrada y empujaba hacia dentro. ―Dios, ―siseó, su cabeza cayendo hacia atrás, dándome acceso a su garganta. Pasé mi lengua por el largo de su yugular e inhalé profundamente. El aroma de su excitación mezclado con el perfume que usa y lamí mis labios, de repente sintiéndome feroz y hambriento. ―Puedo olerte, Isabella. Huelo cuan excitada estás… tan dulce, tan atractivo ―moví mis dedos dentro y fuera mientras que mi pulgar ejercía presión en su centro. Ella presionó sus caderas hacia delante, rogando por más. ― Mmm…se siente tan bien, ¿no, cariño? Te gusta cuando te follo con mis dedos, ¿o no? ― Sí, oh Dios, sí ―gimió empujando sus muslos lo más que le dejaban sus pantalones contra mi mano.― Dame más. ― ¿Más? ¿Cómo esto? ―pregunté mientras empujaba mis dedos más fuerte y rápido. Ella soltó un maullido y se aferró a mí aún más fuerte. ― Diablos, cariño… estás tan malditamente mojada. Necesito que te acuestes. Quiero ver.


Se sostuvo de mis hombros y lentamente nos acosté en los almohadones. Ella protestó con un gemido alto cuando retiré mis dedos de ella para terminar de sacar sus pantalones. Necesitaba ver todo de ella, mirar como mis dedos se movían en ella. Abrió sus piernas para mí, una invitación ansiosa para complacerla… y lo haría. Su humedad brillaba a la luz del fuego y lamí mis labios en anticipación a saborearla. ―Mierda, ese es un hermoso coño, Isabella. Y es todo mío, ―dije mientras volvía a colocar mis dedos dentro de ella. Ella gimió y arqueó su espalda, me acerqué y tomé un pezón en mi boca. Mi lengua lo lamió y enroscó una y otra vez, rozando mis dientes suavemente. ―Más duro, Edward ― pidió sin aliento. La complací, en los dos sentidos…penetrando mis dedos dentro y fuera de ella, cubriendo hasta mis nudillos. Succioné y tironeé su pezón con mis dientes, y ella respondió tirándome del cabello. ―Ungh…te necesito dentro de mí, cariño ―dijo mientras enrollaba sus caderas contra mi mano. ― Por favor. Sí, sentí su dolor. Necesitaba estar dentro de ella también, no podía soportarlo más. Y me molestaba porque había mucho más que quería hacer con ella, pero, ¿qué importaba?… teníamos el resto de nuestras vidas, así que saqué mis dedos de ella. Puse mi peso en un brazo para sacar mis pantalones. Mientras liberaba mi polla, mi adorada asistente tomó sus manos en mi trasero, empujando mis jeans con un solo movimiento. Tenía que haberme tomado tiempo para sacármelos, pero ya estábamos aquí y no podía apretar pausa. Ella estaba ansiosa, empujando sus caderas, pero entonces que decidí jugar con ella un poco sería divertido. Así que frote la cabeza de mi polla contra su entrada, apretando su clítoris, rodé mis caderas en un círculo. Ella gimió ruidosamente cuando miró entre nosotros para ver la cabeza de mi polla moviéndose contra su centro de placer. Pero amaba torturarla, subir su ansiedad, por lo que me retiré, empujando en su entrada, lo retiré otra vez, repitiendo la acción. ―Por favor, Edward… Sip, me encantaba verla rogar por mi polla. ― ¿Por favor qué, cariño? ¿Quieres que folle ese hermoso coño con mi polla? ―pregunté mientras le sonreía maliciosamente. Ella asintió y mordió su labio inferior, su pecho respirando fuerte mientras que levantaba sus rodillas y tomaba mi trasero con sus dos manos, sus caderas meciéndose sobre mí. Miré entre nosotros y apreté la cabeza de mi polla en su entrada, entrando lentamente en ella. Ambos gemimos en placer al finalmente estar unidos, y no pude evitarlo. Quería más de ese sentimiento.


―Diablos, eso se siente bien, ¿o no? ―le pregunté. ―No hay nada como la primera vez en la que entro en ti. La manera en que tu coño se aferra a mi polla, tan sexy, tan suave, tan húmedo… Ese sentimiento… no hay como el segundo. Intentemos eso otra vez, ¿vamos? Observé el lugar donde estábamos unidos y salí de ella. Sus jugos cubrían mi polla, y su entrada, ya estirada por haberse acomodado a mi polla, volvió al pequeño hoyo que era antes que entrara. Era algo hermoso de ver. Empujé dentro otra vez, mirando como la cabeza de mi polla desaparecía y ella se acomodaba para tomarme. Mis ojos rodaron detrás de mi cabeza cuando mis caderas empujaron, entrando completamente en su coño. Ella apretó mi trasero con sus manos, sosteniéndome mientras empujaba hacia mí, frotando su clítoris contra mi ingle. La alenté, queriendo que sea ella misma, porque eso era lo que me gustaba. ―Eso es, cariño…haz lo que sea que te guste. Usa mi cuerpo para tu placer. ―Eres tan grande, tan duro, ―gimió. ― Amo la manera que se siente tu polla dentro de mí. Maldición…mi chica me vuelve loco. Me moví hacia atrás y golpeé contra ella. ― ¿Así? Ella clavo sus uñas en mi trasero. ―Dios, sí…más rápido. Le di lo que pedía, moviendo dentro de ella cinco penetraciones cortas y entonces me enterraba en ella. Moví mis caderas y las enrollé a su alrededor así ella sentía la fricción contra su clítoris. ― Así…―gimió. ― Oh, Dios…así. No pares. Me moví hacia atrás y moví mi cuerpo mientras penetraba en ella una y otra vez. Encontré el movimiento para que no fuese ni tan rápido ni tan lento mientras ella empujaba contra mí, encontrando por sí misma cada empuje y contacto con mis caderas. Sus manos apretando mi trasero, sus paredes tensándose a mí alrededor mientras me movía fuera y dentro de ella…era mucho la sensación. ―Edward…voy a… ―Hazlo, cariño. Explota en mi polla, ―gemí, moviéndome dentro de ella. ― Oh, mierda…hazme sentir lo bien que te hago sentir. Arqueó su espalda mientras seguía, mi polla creciendo imposiblemente más dura con cada penetración. ―Justo ahí, cariño…justo ahí, ―soltó y luego sentí el pulso familiar de su coño sobre mi polla mientras gritaba mi nombre con su orgasmo.


Apresuré mi movimiento, empujando más fuerte, más profundo, ayudándola a guardar cada parte de su clímax. No podía apartar mis ojos de ella. Ella era hermosa bajo la suave luz del fuego. Una gota de sudor brillo en su piel, sus labios de miel y rojo cereza, sus ojos cerrados y sus hermosas pestañas mientras se dejaba llevar. ―Soy el hombre más afortunado del mundo, ―murmuré, acercándome entonces para saborear esos hermosos labios. Una, dos, tres veces los besé. Mi polla salía y entraba en ella. Sus pechos presionando contra el mío, sus labios unidos a los míos, sus dedos en mi trasero. Era mucho. ―Sabes tan bien, Bella. No puedo aguantar mucho más, ―le advertí. ― Voy a explotar en ese hermoso coño tuyo. Bella sacudió su cabeza y me miró a los ojos. ―No…tú me has negado muchas veces. No vas a negarme otra vez. Explota en mi boca, Edward. Quiero saborearte. ―Oh…mierda…no se si pueda aguantar, cariño… tu coño se siente… tan bien…―le advertí, tratando de no explotar. ―Ahora, Edward…dámelo ahora. Folla mi boca, ―demando. Salí de ella, a regañadientes, pero, como había dicho muchas veces antes, no le negaría nada que ella quisiera. Tal vez ella haya empezado como mi esclava sexual, pero ahora yo me había convertido en el de ella. Me senté en su pecho, mi polla embebida en sus jugos mientras se lo llevaba a su boca. Lamiendo la punta con sus labios, cubriéndolos con su propio clímax. ―Saboréame, Isabella. Ve como sabe mi polla cubierta de tu explosión. Ella abrió su boca y tomó mi polla. Sus labios cerrados sobre mí, ella gorgojeó al saborear nuestros sabores juntos. Sostuve su cabeza levantada mientras penetraba su boca. ― ¿Sabemos bien, Bella? ¿Te gusta la manera que tú sabes en mi polla? Ella respondió con un gemido y entonces tomó mi trasero, jalándolo más dentro de su boca. Podía sentir el fondo de su garganta presionada con la punta de mi polla, ella tragó, apretando mi miembro. Eso era todo lo que podía aguantar. ― ¡Mierda, cariño! Mierda, mierda, mierda, ―grité mientras empujaba más profundo, mi polla pulsando con cada gota de mi explosión que corría por su garganta. Con cada trago que ella tomaba, podía sentir más presión. Lentamente ella movió su cabeza hacia atrás y delante, tomando todo que tenía de mí hasta que pude sentir mi polla volverse flácida en su boca. ―Diablos, mujer, eso es suficiente, ―reí, forzándola a soltar mi polla.― Si sigues con eso, estaré duro otra vez.


― ¿Y que hay de malo con eso? ―preguntó. Lo juro por Dios, la amo. Me salí de su pecho y me acosté a su lado, jalando su cuerpo sobre el mío como una manta así ella podía descansar su cabeza en mi pecho. Su mano izquierda estaba en mi estómago, bajé mi vista para verla. La joya del anillo de compromiso de mi madre se reflejó en la luz del fuego y creo un arcoíris de colores. Al fin había encontrado su hogar. Al fin había encontrado mi hogar. Lo que me recordó… ―Así que, nunca dijiste, ―empecé. ― ¿Te gusta la casa? Bella levantó su cabeza y me miró. Una sonrisa lenta cubrió su rostro. ―Tu sabes que sí ―respondió. Sí, lo sabía. ―Pero, um… no sé como todo esto va a funcionar, ―continuó mientras empezaba a pasar su dedo en mi pecho. ― ¿Qué es lo que como va a funcionar? ―pregunté, confundido. ― Bueno, tú tienes la mansión y ahora tenemos la cabaña también. ¿Dónde, exactamente, planeas que vivamos? ―Sí, sobre eso, ―empecé, de repente sintiéndome como un idiota que no haya comentado nada de esto con anterioridad. En mi defensa, había planeado discutirlo después de mostrarle la casa, pero una cosa llevo a la otra…y bueno, aquí estábamos.― ¿Sabes que Jacob me va a otorgar su media parte de la compañía a mí? ―Sí… ―Bueno, Jasper ha sido tan leal a mí estos años, y sabe todos los ingresos y salidas de la compañía tan bien que pensé en hacerlo mi socio. ― ¡Edward, eso es genial! ―dijo, sus ojos encendidos con alegría. ― ¡Alice va a volverse loca! Me reí, sabiendo que iba pasar seguro. ―Aunque, espera un segundo, ―dijo, acercándose,― ¿Qué tiene que ver eso con donde vamos a vivir? ― Oh, cierto. ―dije, volviendo al tema.― No tiene nada que ver con donde vamos a vivir, realmente, pero eventualmente, Jasper va a estar controlando la mayor parte de las cosas que requerirá constante presencia en la oficina. Así que, eso significa… que podemos vivir donde quieras. Si quieres aquí permanentemente así estas más cerca de tus padres, puedo establecer una oficina aquí y trabajar desde casa. ―Pero, Edward…la casa de tus padres, eso es todo lo que quedo de tu familia, ―dijo con su voz sonando pesada.


La abracé y besé su frente porque quería y porque ella seguía siendo tan desinteresada. ―Tú eres mi familia ahora, Bella. Y planeo tener muchas y muchas mini Bellas en el futuro… y tal vez un Edward para que siga el nombre Cullen. Sus cejas saltaron mientras que sus ojos se abrían en sorpresa y una sonrisa apareció en su rostro. ― ¿Bebés? ¿Quieres bebés? ―Mmhmm. Muchos y muchos bebes, ―le corregí. ―Bueno entonces, ―dijo pensativa, ―Vamos a necesitar una gran casa para ubicar a todos esos bebés, ¿no lo crees? Me encogí de hombros. ―Supongo que sí. ―Y Alice va a necesitar a alguien para mantenerse ocupada mientras Jasper trabaja largas horas en la oficina. Sino, ella va a estar encima de él por no estar mucho con ella. ―Probablemente, ― concordé. ―Mi mamá esta mejor y papá esta de vuelta trabajando. Y Gabe ha estado buscando un lugar para quedarse en la ciudad también… Sabía a donde quería llegar. ―Cariño, ¿me estas diciendo que quieres vivir en el mansión Cullen? Tenía una mirada de culpa en su rostro. ― ¿Es muy malo de mi parte? ¿No saltar a la oportunidad de vivir cerca de mis padres? ―Para nada. Puedes visitarlos cuando quieras. Después de todo, tenemos un hogar aquí también. Navidad, Pascuas, pequeñas vacaciones de verano… lo que sea. No necesitamos una razón para dejar todo y venir a visitar. ―Además, no tenemos un vecino chismoso en Seattle. Y tú no tienes que esquivar tus responsabilidades en Scarlet Lotus, tampoco. ―dijo. ― ¡Hey! ¡Me ofendes! ―dije juguetonamente. ― ¡Estoy bromeando! ¡Bromeando! ―rio. ― Así que, ¿Seattle? ―pregunté, queriendo que ella tomara la decisión. Ella asintió. ―Seattle será. ―Bien, ―dije, contento con su decisión. La moví quedando encima de ella con una sonrisa. ― Ahora, empecemos a hacer esos bebés.


Mientras que me acercaba a besarla, ella puso sus dedos entre nuestros labios. ―Edward todavía tengo el Mirena. No puedo tener hijos por cinco años. Me encogí. ―Lo haremos sacar, pero mientras tanto, podemos practicar. Ella rio contenta y finalmente cedió, dejándome besarla lenta y duramente mientras el fuego crujía en frente nuestro. Esa era la manera en la que tenía que ser para nosotros dos; risas libres, hacer el amor eróticamente… solamente felices y libres. Libres de ex engañosos, libres de amigos mentirosos determinados a destruirnos, libres de sentir que tú eres el único que puede salvar la vida de tu ser querido y tomar decisiones drásticas para hacerlo… libres de esa sensación de vivir solo. No era exactamente el sueño que cualquier americano soñaba, pero la base era la misma; alguien para amar, alguien de quien cuidar, alguien que te apoya no importa que, alguien a quien proclamarnos, proveernos y protegernos de algo o alguien que tiene malas intenciones… alguien que quiera hacer lo mismo por nosotros en respuesta. Y nosotros tendremos ese sueño. Me aseguraré de eso. No era tan ingenuo como para creer que todo iba a ser perfecto; vamos tener nuestras pequeñas batallas que pelear, pero al final, ganaremos la guerra. Vamos a tener nuestro felices para siempre.

FIN…

Epílogo: Bringing Sexy Back

BPOV Era víspera de nuestro quinto aniversario del día que cambió mi vida por completo, de todas las formas posibles… y estaba de pie, firmemente parada y yendo a una nueva dirección. Cinco años desde el día en que me puse en subasta en un club nocturno que cambiaba mujeres a hombres ricachones y poderosos a cambio de grandes sumas de dinero. La otra mujer en mi clase -uso ese término últimamente- lo había hecho por sus propias razones. Lo había hecho para salvar una vida. La vida de mi madre, para ser específica. Por eso obtuve un millón de dólares. Vendida al mejor postor, Sr. Edward Anthony Cullen, presidente ejecutivo de Scarlet Lotus. Le pertenecería por cinco años, me usaría para saciar todas sus necesidades sexuales como el quisiera.


El hombre me enseñaría como succionar una polla apropiadamente. Ese hombre me daría mis primeros orgasmos de muchos, me introdujo a mi Cooch interior -y ella al Rey del Follador con Dedo, al Ridonkabutt, al Pieza maestra… el Magnifico Peen. Ese hombre me desfloraría, me convertiría en una ninfómana y movería mi amado mundo. Ese hombre me volvería loca -dentro y fuera de la habitación- y entonces vendría en su caballo blanco para salvar el día. Ese hombre ahora era mi esposo. Y el padre de nuestra única hija, Scarlett Reneé Cullen. Scarlett era la luz de los ojos de papi. Ella había nacido a menos de un año después que nos habíamos casado. De hecho, había estado embarazada de ella en nuestra boda y no lo había sabido. Aparentemente, el DIU que Edward me había echo poner el día después que me había comprado se había desprendido y caído sin darme cuenta. Tenía un presentimiento que había pasado durante el incidente con Jacob. Pero evitaba pensar sobre ese día. Sin dudas, estoy segura que concebí nuestra hija la noche que Edward me dio mi anillo de compromiso. El anillo de su madre. Esa noche la voy a recordar para siempre, su perfección tan gloriosa en cada forma. Me ofreció el precioso diamante al mismo tiempo que su corazón. Su todo. El me pertenecía, y yo le pertenecía. Rodeada de las paredes de mi cabaña soñada -la casa que codicié en secreto desde niñanuestra vida empezó desde cero. Susurramos nuestros deseos, nuestros sueños, y sí, hicimos el amor como si no hubiese mañana. Fue excitante. Fue mágico. Fue perfecto. Él me había dicho esa noche que quería montones de bebés. Y estaba más que feliz para cumplirlo. Solo que no salió de la manera que habíamos planeado. Mi embarazo con Scarlett fue complicado y el parto, lastimó mi cuerpo. La oportunidad de concebir otra vez, mucho menos llegar al final del embarazo, fueron descartadas. Sabiendo que Scarlett sería nuestra única hija daba comienzo a nuestra ilimitada consentida. Sí, ella era mimada. Y de la manera más inimaginable -ropa, juguetes, libros; no le faltaba nada. De hecho, su caja de joyas era un cofre de oro, plata y piedras tan hermosas casi como ella. Una diva tiene que tener estilo, dijo Gabe cada vez que terminaba de vestirla y arreglarla. Pero lo más importante además de las cosas materiales… ella era amada. Amada por personas que la seguían en todos sus caprichos, cada fantasía. Estábamos perdidos en sus encantos con esos ojos de forma de almendras y color de preciosas esmeraldas cubiertas por pestañas largas. Tenía una piel suave para besar, rizos


color chocolate que rogaban para ser peinados y adornados con moños y lazos… y una sonrisa que podía poner a masas a sus pies. Todos estábamos bajo su hechizo desde el momento en que dio su primer respiro. Pero Scarlett era la nena de papá, absolutamente. No me malinterpreten, ella amaba a su mami, pero por lo que ella sabía, su papi era su héroe en su libro. De hecho, cada vez que se disfrazan para actuar uno de sus cuentos preferidos, Edward interpretaba la parte del caballero con armadura (cubierto totalmente por cacerolas) que derrotaba al dragón, o el príncipe encantador en su caballo blanco para rescatarla de la torre que estaba prisionera. Si solo ella supiese que propio era ese rol para él. Gabe siempre tenía la parte de la bruja malvada, o perra malvada como siempre digo en voz baja. El diría una palabrota o dos en respuesta, y Scarlett pondría sus pequeños puños en sus caderas y frunciría el ceño, y le mostraría su dedito para poner un billete en el frasco de las maldiciones. Por supuesto que el me acusaría, con mi propia hija, y tendría que tener el mismo castigo. Pero no Edward. No, él era perfecto. Realmente, él nunca fue atrapado. Ella estaba enroscada a su pequeño dedo y él estaba en el de ella. También lo estaba mi padre, Charlie. No puedo ni empezar a contar sobre los celos que se tienen entre ellos dos por su atención. Charlie era su abu y amenazó con denunciar por derechos de visitas de abuelos un fin de semana cuando Edward había ‘sin querer’ planeado llevar a Scarlett a la misma juguetería que él quería llevarla sin consultar nada con él para ver si realmente tenía intenciones de hacerlo. ¿Confuso? Sí, también lo creo. Era ridículo como peleaban por una niña. Siempre intentando igualarse en los regalos que le daban o los lugares a los que la llevaban. Estoy muy segura que Charlie había sacado una segunda hipoteca en la casa para poder igualar las acciones de Edward. Eventualmente, el resto de nuestra familia y yo decidimos hacer una intervención. Eso fue hace una semana. Quiero decir, en serio, Scarlett tenía suficiente amor en su pequeño corazón para vivir, y no era justo para ellos que siempre la pongan en el medio. Tía Gabeenee, Gammy, Tía Tink y yo nos fuimos a visitar a Tía Ro-Ro y Tío Emmie en Nueva York, dejando a papi y abu que se las arreglasen por ellos mismos. Eso era lo que se merecían, después de todo. ―Los bebés grandes, ―dije mientras caminaban hacia fuera con Scarlett en mis brazos. ―Bebés grandes, ―repitió ella con una sonrisa. ― Toy una bebé, mami. ―Sí, lo eres, cariño. ―le dije mientras le daba un beso en su pequeña nariz.― Dile adiós a papi. Ella los despidió desde mi hombro y los llamó con su muy dulce voz, ― ¡tau, tau! ¡Tamo, papi!


―También te amo, ángel. ―dijo poniendo cara de perrito triste. El era tan lindo que casi cambiaba de opinión. La semana que pasamos en New York fue divertida, pero extrañé a mi esposo. Y, está bien… también extrañe sus atenciones. Y no estoy hablando de su ridícula fortuna, tampoco. Para cuando regresamos, Edward y mi padre se habían puesto de acuerdo en un mutuo misterio por la ausencia de Scarlett. ¿En serio? Helooo-ooo. ¿Qué era yo? ¿Hígado picado? Parecer ser que no era hígado picado o cualquier otra asquerosa sustancia. Después de una bienvenida tranquila, y muchos ‘papi te extraño mucho’, Charlie tomó a Scarlett de mis brazos y se fue con mi madre. Ella era suya por el fin de semana. Y yo… era de Edward. Una vez que se cerró la puerta, me encontré de espalda contra ella, y cada parte de Edward presionada contra mi cuerpo con sus manos cerca de mi cabeza. Su cara estaba a solo centímetros de la mía y podía sentir la calidez de su aliento al chocar contra mi rostro. Lentamente sus labios se acercaron a los míos. ―Nunca más me hagas eso otra vez, ―dijo, y entonces sus labios estaban sobre los míos, fuertes y demandantes. Él no estaba enojado, ni un poco. Solamente muy, muy caliente y muy, muy desesperado por liberarse. Um, si… yo también. ― Te extrañé demasiado, ―murmuró contra mi piel al mismo tiempo que ponía su atención en mi cuello. La Cooch estaba de acuerdo. Ella también lo había extrañado. De hecho, escuchaba una clase de bonchickawowwow música sonando a través de mi mente. Su mano bajó mi falda, tomando mi ya preparado centro. Sus dedos apretaron y probaron lo que solo podía hacer esos del profesional Rey del Dedo Follador. La otra mano estaba en mi pecho mientras apretaba mi duro pezón entre sus dedos. Y su gran polla estaba empujando contra mi cadera. La Cooch le invitó con su dedo y le murmuró. Hey tu, nene grande. ¿Por qué no te descargas aquí y hablamos sobre la primera cosa que salga? Cooch, eres una perra sin vergüenza. Yo, sin embargo, decidí jugar duro. Durante mi embarazo con Scarlett, nuestra vida sexual se había convertido como vainilla. Todo porque Edward estaba preocupado por no lastimarme a mí o al bebé de alguna manera, como si él le pudiese golpear en la cabeza mientras estaba dentro de mí.


Cuando ella nació, siguió siendo lo mismo, solo que, menos de ello. Seguro, habíamos tenido algunos rapiditos, descargado en la ducha y todos eran de lo mejor, pero toda esa lujuria que compartíamos cuando recién empezamos nuestra relación había disminuido al fuego de una vela. No es que me estuviese quejando, pero extrañaba eso, el desafío, el dejar que te haga sentir bien y enojarte cuando te haga recordar quien es dueño de tu trasero. Y lo iba a buscar de nuevo. Con toda la convicción que podía juntar, lo empujé en el pecho, alejándolo. Levantó su mirada hacia mí, confundido y un poco herido. Pero le di un guiño y lo que esperaba que fuese una sonrisa sexy para que lo incluyese en mi juego. ― ¡Púdrete, Edward! ¿No sabes que día es mañana? ―grité. Otra vez con esa mirada confundida. ― ¡Puedo ver que no, idiota! ―dije, levantando mi mentón mientras me acercaba a él. ― Es nuestro quinto aniversario del día en que nos conocimos. El día en que tú me compraste por un millón de dólares, para ser tu esclava sexual. Para hacer lo que quisieras conmigo, cómo y dónde sea que quieras que lo haga porque eres un maldito enfermo que le gusta dominarme para tu propio placer, de forzarme a inclinarme a tu merced, ordenándome a hacerlo solo por el hecho de que tienes el dinero para hacerlo. Estaba nariz contra nariz con el, por así decirlo ya que él es más alto que yo. Mi partes estaban presionadas contra su pecho duro y el calor salía de el en ondas. ― Bella, yo… ―empezó pero lo corté. ― ¡Mi nombre es Isabella! ¡No tienes derecho a llamarme Bella! ―escupí. Y allí estaba… su lucecita prendida. Lo había entendido, y juzgando por su sonrisa arrogante en su rostro, empezaba el juego. Tomó de mi pelo en su puño y jaló mi cabeza hacia atrás mientras tomaba de mi trasero y me empujaba fuerte hacia él. ― Bueno si nuestro pequeño contrato vence mañana, creo que tengo que hacer la mejor última noche de dueño ―dijo.― Debo advertirte, esto no será bueno. Sera duro y fuerte, pero amarás cada minuto de ello. Y harás lo que digo, porque cada parte de tu cuerpo es mío. Tu follable boca, tu pequeño coño, tu trasero prohibido… todo me pertenece, y los follaré todo como yo quiera. Estás aquí para mi placer, así como estoy aquí para el tuyo. ¿Fui claro? ―Bastante, ―gruñí.― ¡Suéltame! Te odio. Déjenme hacer un time-out aquí para aclarar esto: estas palabras fueron las mas difíciles de pronunciar. Eran blasfemias, pero era lo suficientemente confidente en nuestra relación para saber que Edward sabía que no lo decía en serio. Así que, suelta ese vaso de Haterade y solo disfruta el resto del show. Seguimos…


―Sí, pero amas la manera en que follo, ¿o no? ―no era una pregunta. Era más una afirmación. Me soltó el pelo con un tirón y se alejó un paso. ―De rodillas, Isabella. ―dijo mientras se sacaba el cinturón.― Tuve un día muy difícil y necesito que me saques el estrés que sé que sabes muy bien hacer. ― ¿Aquí? ¿En el vestíbulo? ― pregunté. Me dio una mirada fría, alzando una ceja como diciendo si tenia las agallas para cuestionarlo. ― ¿Acaso tartamudeé? Oh, sí diablos… La Cooch me chocó los cinco mentalmente, y luego sacó su mini grabadora de DVD y empezó a grabar, gritando, ‘¡Quietos en el set! ¡Acción!’ En un movimiento suave, Edward me empujó en mis rodillas y su gran polla estaba liberada de su prisión y saludándome un ¿tanto-tiempo-no?-sucky-sucky. Y estoy muy segura que había una lágrima saliendo de su abertura en la cabeza. Por supuesto, déjame sacarte esa lágrima con un beso, su grandeza. Después de todo, chicos grandes no lloran, y mí, oh mi… tú eres grande. Edward soltó un jadeo cuando mi lengua salió y lamió la gota en su punta. Las esquinas de mi boca se abrieron triunfalmente, y procedí con mi tortura. Un beso de boca abierta, y luego un pequeño gemido mientras mis labios se ajustaban alrededor de su cabeza succionando fuerte. ―Maldita mierda, diablos. ―gruñó, empujando mi cabeza con mi pelo. Diablos, tendría suerte si no quedaba calva para cuando terminara conmigo. Su voz era ahogada y ronca cuando bajó la mirada hacia mí. ―Oh, ¿quieres jugar sucio, no? Yo también puedo hacerlo. ―sus palabras se deslizaron por el aire y chocaron contra mi punto sensible entre mis muslos como una lengua de serpiente. ― Parece que necesitas un recordatorio de quien tiene el control aquí, Isabella. Tomó la base de su polla con su mano libre y empujó la cabeza en mis labios. ―Quédate… justo así, ―ordenó.―Yo follo aquí. Tú succiona. ¡Señor, sí señor! Tomó mi cabeza con sus dos manos y entonces empezó a penetrarme dentro y fuera de mi boca. No mostró piedad mientras empujaba lo más profundo que podía mi boca, lo que significaba que estaba chocando contra mi garganta. No voy a mentir; estaba luchando por mantenerme. La polla de Edward no se había encogido con el paso de los años. Mi boca estaba bien abierta, tanto como se podía, pero me las arreglé para aplicar presión con mis labios, frunciéndolos sobre mis dientes para evitar lastimar su gloriosa polla con ellos.


―Más duro, Isabella. Succióname más duro, ―ordenó con un gruñido que golpeó en mis partes femeninas y les causó un pequeño llanto. En serio, gente… n