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La crisis capitalista y su expresión espacial: El caso del sistema urbano regional en México. Dr. Orlando Moreno Pérez FES Aragón, UNAM 1.- Introducción Desde que, a finales del 2007, se dieron los primeros indicios y durante el otoño de 2008 cuando estallara la crisis manifestada en la debacle del mercado hipotecario, con la caída de las hipotecas de alto riesgo (subprime), lo que desencadenó una baja generalizada de los derivados financieros y demás instrumentos tóxicos, se ha escrito mucho acerca de las causas y consecuencias de la crisis actual. En algunas de las explicaciones han quedado al descubierto los fraudes y latrocinios realizados por el capital financiero transnacional y sus agentes, que demuestran la esencia de las bases operativas del sistema financiero basado en la especulación y la creación de burbujas artificiales como mecanismos para el despojo de la riqueza de muchos y su concentración en pocas manos. Otro aspecto que durante esta crisis ha salido a la luz y que, para muchos no parecía posible, es el declive de la hegemonía económica de los Estados Unidos en distintos campos; tanto en el escenario de la economía capitalista mundial globalizada, como parte del sistema-mundo, y los cambios que se observan en éste desde el estallido de la actual crisis sistémica con el surgimiento de nuevas regiones económicas en ascenso; los desequilibrios económicos externos que han hecho crisis y que se han transmitido a las economías de aquellas regiones subordinadas a la economía estadounidense; el agotamiento y, consecuente crisis, del patrón de acumulación por desposesión, más conocido como de ajuste estructural o simplemente, neoliberal.


Ante tales circunstancias, han surgido distintas respuestas a las preguntas acerca de ¿cuál es origen de la crisis? ¿La actual, es una crisis más de efectos pasajeros?¿Las medidas realizadas por los gobiernos han sido las adecuadas para superarla? Las distintas respuestas dependen de la perspectiva teórica con las que se intente explicar el fondo y la esencia de la actual crisis, así como su carácter y su alcance. En el presente trabajo, intentamos dar una explicación desde la perspectiva de la economía política marxista, enfocándonos en sus consecuencias en el plano territorial, para poder perfilar su impacto en la reconfiguración urbano regional. En principio, las crisis son consustanciales al proceso de acumulación capitalista, por lo que es necesario entender cómo funciona este proceso. Para que el proceso de acumulación no encuentre obstáculos para su desarrollo, es necesario que se den los siguientes elementos: 1.- Una oferta de fuerza de trabajo suficiente para responder a la expansión de la producción. Esto supone la existencia de una sobrepoblación relativa permanente que permita su absorción por parte del capital. 2.-

Una

oferta

suficiente

de

medios

de

producción

(Maquinaria,

infraestructura física, materias primas, etc…) en existencia en el mercado. 3.- Un mercado desarrollado con una demanda solvente capaz de adquirir las mercancías producidas en condiciones capitalistas. Dado que la estructura de la oferta y la demanda se dan sobre bases capitalistas que, al tiempo de generar las condiciones de producción del plusvalor, también limita las condiciones de su realización, entonces tendremos que la propia dinámica de la acumulación del capital produce los obstáculos para su desarrollo.


Esta contradicción entre las condiciones de la producción y las de la realización del plusvalor se resuelven periódicamente mediante las crisis. Éstas son el mecanismo que tiene el capital para derribar, destruir o superar toda barrera que obstaculice su ulterior desarrollo. Así, las crisis capitalistas son consustanciales al mismo proceso de su propio desarrollo. Por lo tanto, debemos entender las crisis periódicas a partir de la función que desempeñan: Aplicar cierto orden y racionalidad al desarrollo económico capitalista cuya naturaleza es anárquica y desordenada. Las crisis tienen el efecto de ampliar la capacidad productiva y renovar las condiciones para una nueva acumulación. Cada crisis hace avanzar el proceso de acumulación hacia un nuevo plano superior porque: 1.- La productividad del trabajo mejora al desplazar el antiguo capital fijo. 2.- El costo de la fuerza de trabajo se reduce. 3.- El capital excedente se colocará en nuevas ramas de la producción. 4.- Se incrementará la demanda, al principio de bienes de capital, y después de medios de consumo. 2.- Contexto histórico del desarrollo de la actual crisis A continuación expondré a grandes rasgos las condiciones históricas particulares que se desarrollaron a partir de la crisis de 1929 y que posibilitaron la expansión capitalista hasta desembocar en la actual crisis del 2008. La expansión de la producción como consecuencia del salto tecnológico productivo ocurrido después de la crisis de 1929- 1933 y que llevó a las potencias

imperialistas

a

la

conquista

de

nuevos

mercados

y,

consecuentemente, a la segunda gran guerra interimperialista, transformó al capitalismo al imponer o consolidar las relaciones de producción y


distribución capitalista a prácticamente todos los países del mundo, sentando con ello las bases de lo que hoy denominamos globalización. Los cambios ocurridos en la estructura interna del capital tuvieron como base el continuo desarrollo de las fuerzas productivas expresadas en la gran revolución científico tecnológica que se dio desde mediados de los años treinta del siglo veinte, hasta prácticamente inicios de la primera década del presente siglo; aproximadamente once lustros de innovaciones tecnológicas que transformaron el proceso de producción, el de trabajo y el de circulación del capital, imprimiéndole nuevas características al proceso de acumulación de capital. Es importante señalar que durante el primer tercio de la década de los setenta, el ciclo de expansión económica observó una declinación debido a la baja en la tasa de ganancia y la crisis del sistema monetario internacional surgido de Bretton Woods, al abandonar el sistema basado en el patrón oro y generar una crisis en Europa con la inconvertibilidad de los eurodolares. Para contrarrestar esta situación, se promovieron políticas tendientes, por una parte, a contrarrestar la baja de la tasa de ganancia de los países capitalistas dominantes, conocidas como políticas de ajuste estructural o neoliberales, orientadas a beneficiar a la concentración y centralización del gran capital financiero transnacional mediante un proceso de acumulación por desposesión (Harvey: 2004), principalmente del patrimonio público y del de por sí exiguo patrimonio de los trabajadores; por otra parte, también para contrarrestar la baja en la tasa de ganancia, con los excedentes de capital que no se reinvirtieron, se dio un impulso inusitado al sector financiero mediante la liberalización y desregulación de los mercados financieros, privilegiando e impulsando a los bancos y las corporaciones financieras privadas. A este proceso Arturo Guillen le llama régimen de acumulación con dominación financiera. “La implantación de un régimen de acumulación con dominación financiera implicó un cambio cualitativo en la lógica de la reproducción del capital”, en la cual la “esfera financiera predetermina la economía real” y


somete las formas de gestión de las corporaciones a las necesidades de rentabilidad de corto plazo. Las firmas se financiarizan,… lo que importa ahora es el valor accionario [es decir, en bolsa] de la corporación y aumentar sus ingresos mediante la participación activa de sus tesorerías en los mercados financieros... el “régimen de acumulación con dominación financiera subordina toda la lógica de la reproducción del capital a las necesidades de valorización del capital financiero”. Así, las grandes cantidades del capital excedentario en manos de estos “agentes”, “promotores” e “intermediarios” financieros, se orientaron a la promoción de una economía de la especulación, creando burbujas para atraer los recursos monetarios de la sociedad y, llegado el momento, expropiarlos, mediante el mecanismo de la llamada “economía casino” y, con ello, seguir acaparando el capital ficticio. Este proceso de financiarización de la economía mundial se caracterizó por la especulación, el fraude, la destrucción calculada de activos, mediante la manipulación de sus valores, conforme a los intereses del capital (mafia) financiero, para después proceder a su desvalorización, despojando de su patrimonio a miles de personas, llevándolos al endeudamiento y a mayor pobreza, además de apropiarse de los fondos de pensión de los trabajadores, así como de los recursos en las bolsas de valores de miles de empresarios, mediante los colapsos bursátiles y, finalmente, mediante la promoción de los fondos de riesgo o tóxicos, conocidos como los fondos de protección o “hedge funds”, en distintas actividades de “riesgo”, pero particularmente, en el sistema hipotecario. De esta manera, la desposesión y el despojo han llegado a extremos de verdadera depredación por parte del pequeño grupo agente del capital financiero.

Esta

modalidad

de funcionamiento

del

capitalismo

ha

sido

aceradamente calificada por Luis Arizmendi como: “capitalismo cínico” .Todo este proceso desde el principio, contó con el decidido apoyo, promoción, participación y connivencia del Estado capitalista que en el nivel del régimen


político en cada país, ha operado mediante la fracción política impuesta por el capital financiero transnacional. Estas transformaciones ocurridas en el proceso de acumulación de capital que asumieron la forma de subordinación en la reproducción del capital, tanto el capital productivo (P), como el capital mercantil (M) al capital dinero (D), facilitaron, con una parte del capital liberado, una continua revolución científico- tecnológica que sirvió de plataforma para la expansión del capitalismo en las décadas posteriores. Sin embargo, la razón de fondo que está detrás de la implantación del proceso de acumulación con dominación financiera la encontramos en las transformaciones de la estructura interna del capital que le imposibilitaron aplicar las innovaciones técnicas a los procesos productivos de las ramas de la producción con un uso intensivo de capital y, con ello, poder dar un salto tecnológico que permitiera la introducción del cambio de la base energética que, a su vez, renovara la base técnico productiva en las ramas de punta de la economía y, eventualmente las demás ramas de la economía, generalizando

esta

base.

Todo

este

cambio

tecnológico

implicaba

incrementar la composición orgánica de capital y, con ello, contribuir a una mayor reducción de la tasa general de ganancia, profundizando la tendencia al estancamiento que ha presentado el capitalismo desde la crisis de 1929 y que, según Paul Baran, es el estado normal del capitalismo monopolísta. De esta manera, tanto la baja de la tasa de ganancia, como la tendencia al estancamiento, son dos elementos que llevan a la crisis. Para contrarrestar la baja de la ganancia y el estancamiento económico, se hicieron necesarias las siguientes medidas: 1. Ensanchar el mercado exterior, consolidando las relaciones de producción y distribución capitalista, labor que fue comandada por la empresa transnacional, con el apoyo de los organismos financieros imperiales, tanto los globales (FMI, BM), como los regionales( en


América Latina el BID), quienes impusieron relaciones capitalistas subordinadas y dependientes del capital financiero transnacional y, con ello, las modalidades de “desarrollo” económico y social más convenientes para la expansión de éste. 2. El incremento de la inversión en capital ficticio (Marx lo designa como el incremento del capital accionario, a este respecto dice: “Con el progreso de la producción capitalista, que va de la mano de la aceleración de la acumulación, una parte del capital sólo se calcula y emplea como capital que devenga interés. No en el sentido de que cualquier capitalista que presta capital se conforma con los intereses, mientras que el capitalista industrial se embolsa la ganancia del empresario…Sino en el sentido de que esos capitales, a pesar de estar invertidos en grandes empresas productivas, una vez deducidos todos los costos sólo arrojan pequeños o grandes intereses, los así llamados dividendos… Por lo tanto, no entran en la nivelación de la tasa general de ganancia, ya que arrojan una tasa menor que la tasa media de ganancia. Si lo hicieran, dicha tasa declinaría mucho más aun.”) mediante la desregulación y liberalización financiera que acompañó a la gran concentración de capital dinero; esto es lo que puede explicar que, a partir de la década de los setenta del siglo pasado, se diera el fenómeno descrito por Guillen, al que denomina “acumulación con dominación financiera”. 3. Una de las causas fundamentales que contrarrestaron la tendencia a la baja en la tasa de ganancia fue el papel que jugó la fuerza de trabajo, toda vez que la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora y la capitalista no la han favorecido a los trabajadores, lo que facilitó la imposición de medidas, todas ellas con el propósito de revertir la baja en la tasa de ganancia, además de revertir los avances que, durante el patrón de acumulación anterior, les permitió mejorar sus condiciones de trabajo, situación que se vio reflejada en una legislación laboral menos desfavorable para éstos; así como en el mejoramiento de sus


condiciones de vida en general al darles acceso a la seguridad social y al bienestar general. Esta situación comenzó a cambiar a partir de mediados de la década de los setenta, mediante la aplicación de las “nuevas políticas de ajuste estructural”, tendientes a “mejorar” las condiciones para la inversión del capital, desmantelando la legislación laboral tendiente a proteger al capital al “liberalizar” a la fuerza de trabajo, imponiéndole niveles salariales muy bajos, con el pretexto de incentivar la inversión y evitar la inflación que reduciría más su salario real. Todas estás medidas son una parte más de lo que Harvey denomina la acumulación por desposesión y que en el polo de la fuerza de trabajo no es más que la depredación y el despojo, en este caso, de los medios de vida de los trabajadores a costa de sus condiciones de existencia, denigrándolos al máximo, buscando provocar el envilecimiento de la clase trabajadora para que no esté en condiciones de organizarse y sea fácil victima de la explotación del capital, creando las condiciones que le permitan continuar el proceso de acumulación en óptimas condiciones. 4.

Economizar en los elementos del capital constante, lo que se da gracias a que “el valor del capital constante no aumenta en la misma proporción que su volumen material”, esto se concretó mediante el abaratamiento del capital fijo, al diseminar los procesos productivos por todo el planeta y reducir el tiempo de rotación del capital, al tiempo de realizar cambios en el proceso de trabajo concretados en la sustitución de los sistemas fordista consistentes en líneas de montaje productivo riguroso y estandarizado, por sistemas más flexibles capaces de localizarse en distintos lugares del mundo al mismo tiempo; otra forma de economizar capital constante se efectuó a costa de las condiciones de trabajo de la clase dominada, mediante la imposición de las ya señaladas políticas de ajuste estructural. Todo lo anterior fue posible al orientar el desarrollo de las fuerzas productivas,

mediante

la

inversión

del

capital

excedente

liberado,


vinculándolo a las ramas dedicadas al desarrollo científico y tecnológico, lo que posibilitó que se pudiera efectuar una revolución en las ramas electrónicas de las telecomunicaciones y de la informática. Estas medidas hicieron posible el avance del proceso de acumulación desde la década de los setenta del siglo pasado, hasta principios de la primera década del presente y explican porque, a pesar de que el capitalismo cursó por un ciclo de larga duración recesivo, a la par continuó una nueva etapa de revolución

científico

tecnológica

que

paradójicamente

catapultó

al

capitalismo a una extensión mayor, tanto en su estructura interna, sobre todo en las ramas directa e indirectamente relacionadas con la informática y las telecomunicaciones, así como en su expresión territorial. Las nuevas tecnologías permitieron por primera vez en la historia del capitalismo, darle continuidad al proceso productivo al extenderlo a distintos lugares del mundo de manera simultanea. Esto sólo pudo ser posible gracias a la revolución en las telecomunicaciones que permitieron, mediante el desarrollo de la informática, la transmisión de información de manera instantánea desde cualquier lugar del planeta, lo que pudo sincronizar diversas fases del proceso productivo en distintos lugares. A su vez esto trajo cambios en la organización del trabajo, ya que al extender procesos técnico productivos en diversas regiones del mundo, se flexibilizó el proceso de trabajo, permitiendo que diversas fases de éste se ejecuten al mismo tiempo en distintos lugares. Por otra parte, la revolución tecnológica posibilitó una revolución en los transportes, extendiendo así el tiempo de producción de manera más amplia en el proceso de circulación. Junto con estas transformaciones en la producción, como resultado del cambio tecnológico, también en la esfera de la circulación hubo repercusiones al reducirse el tiempo de circulación a la vez que se ampliaron las relaciones de distribución capitalistas. Así, tenemos que en las últimas décadas el tiempo de producción se extendió a la par que se dio una reducción del tiempo de circulación, presentándose una situación bastante


ventajosa para la extensión del proceso de acumulación capitalista a escala mundial. Estas transformaciones fueron comandadas por la empresa transnacional que es la expresión más acabada del capitalismo monopolista y que extiende su égida a prácticamente todas las ramas de la producción y distribución capitalista en todo el mundo, y es quien modula el tiempo y el espacio de la expansión capitalista. Esta es la entidad que el capital financiero utiliza en la producción y distribución, y es el medio de ejercer el dominio en toda la economía mundial. Todo este proceso de expansión del capitalismo comenzó a mostrar signos de agotamiento desde la década de los noventa, particularmente en Japón cuya economía se estancó durante esa década. Algo similar ocurrió con la economía de los Estados Unidos de América cuya economía que había experimentado una expansión sin parangón durante la década de los noventa, comenzó a estancarse a partir de 2001 y solamente se pudo reactivar temporalmente con la invasión de Iraq en el 2003., sin embargo, ya a finales del 2006 la economía norteamericana comenzó a desacelerarse y a enfrentar problemas de sobreproducción, particularmente en la industria de la construcción de viviendas, lo que puso en evidencia el carácter especulativo del sector financiero inmobiliario, hasta llegar al estallido de la crisis inmobiliaria y bancaria del 2007- 2008. Así, se puede afirmar que es esta modalidad de la acumulación capitalista la que está en crisis a nivel mundial. Un aspecto que es importante destacar es que durante el período de la mayor expansión de la producción y del mercado mundial 1980-2000 y como resultado de la imposición de las políticas de ajuste económico ya señaladas, los niveles de vida de la mayoría de la población mundial, incluida la población de los países dominantes, se redujeron. De tal manera que en el momento en que la crisis se empieza a manifestar bajo la forma de sobreproducción de mercancías, encuentra una población de miles de millones de personas en medio de grandes necesidades sociales no satisfechas, de sobreabundancia de mercancías en


medio del hambre de tantos, de una gran desigualdad social que, lejos de disminuir, se espera se incremente; con el agravante de que, como parte de la crisis, nos enfrentamos a un panorama en el que tendrá que destruirse una gran cantidad de capital productivo y mercantil, tanto en la forma de mercancías de consumo, como de bienes de capital y de capital fijo y circulante, con lo que se estaría destruyendo una parte de las fuerzas productivas desarrolladas durante décadas, es lo que Harvey denomina destrucción creativa del capital. Tal es la necesidad que tiene el capital para poder reestablecer las condiciones de inicio de un nuevo ciclo. Esta grave contradicción inherente al funcionamiento de la acumulación capitalista es necesaria, toda vez que, en última instancia, las crisis son el mecanismo que tiene el capital para deshacerse de aquellos lastres que le impiden avanzar y renovarse y poder poner “orden” en el sistema económico y poder reiniciar el proceso de expansión económica sobre bases tecnológicas más avanzadas. Esto no es más que la expresión histórica concreta de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, de la que dependen las relaciones de distribución prevalecientes. 3.- Crisis capitalista y territorio Estos cambios tuvieron sus efectos sobre el espacio al modificarlo, tanto por

la

revolución

tecnológica,

en

los

transportes,

como

en

las

comunicaciones, como en la distribución del capital en los distintos territorios, afectando también la distribución de la población, tanto en las ciudades, como en las regiones. La expansión capitalista señalada tuvo su expresión territorial en la expansión geográfica a partir del principio de que, el desarrollo económico desigual tiene su correlato en un desarrollo geográfico desigual (Harvey: 2007b).


El proceso de acumulación capitalista ocurrido las últimas seis décadas, reestructuró y refuncionalizó el espacio de dominio capitalista, de tal manera que los diferentes territorios y regiones fueron sometidos a una competencia en función de las “ventajas competitivas” que sólo responden a las necesidades de expansión del mercado mundial capitalista, cuya lógica radica en crear las condiciones de mejor localización de los capitales y no de las necesidades de las poblaciones de los distintos territorios y regiones del mundo. Por otra parte, por primera vez en la historia del capitalismo, la noción del espacio se transformó. La revolución tecnológica en los transportes y las comunicaciones permitieron no tan sólo la expansión de las relaciones de producción y distribución capitalista, sino que, al reducir los costos y el tiempo de circulación consiguieron mejorar el proceso de acumulación, ya que: Al tratar de derribar cualquier obstáculo espacial a las relaciones comerciales, es decir, al intercambio, y conquistar toda la tierra para su mercado, por otra lucha por aniquilar este espacio, mediante el tiempo… Cuanto más desarrollado es el capital… más se esfuerza simultáneamente por alcanzar una extensión aún mayor del mercado y por conseguir una aniquilación mayor del espacio mediante el tiempo. Esto significa que el capitalismo está en condiciones de abarcar prácticamente todos los rincones del planeta, y con ello, poder erigirse como un sistema mundial. Esto podría significar dos cosas: En primer término, lo que la actual crisis nos muestra es el agotamiento de la forma capitalista basada en la acumulación por desposesión, fundada en las llamadas políticas de ajuste estructural o neoliberales; En segundo término, una crisis de las relaciones sociales de producción que, cada vez de forma más aguda, entran en contradicción con el desarrollo de la fuerzas productivas materializadas en las nuevas ramas productivas como son la informática electrónica, las comunicaciones, la genómica y la nanotecnología, lo que nos muestra que el capitalismo está llegando a su máximo desarrollo antes de ser sustituido por un nuevo orden social que, por necesidad sería a nivel mundial.


4.- Reestructuración capitalista y reconfiguración del espacio geográfico En la actual etapa del capitalismo se han venido exacerbando las tensiones sociales y políticas en prácticamente todas las regiones en el mundo, al tiempo de ejercer una tendencia a integrar a todos los territorios bajo la dinámica de la acumulación capitalista al introducir y/o consolidar, por una parte, las relaciones de producción y distribución capitalistas, al tiempo de desarticular aquellas relaciones de producción y distribución precapitalista que la obstaculizan. Por otra parte, se ha propiciado la expansión capitalista de la producción y la distribución al reducir el tiempo de rotación y, con ello, modificar la noción tradicional del espacio, al tiempo de establecer patrones de consumo acordes con la racionalidad y los ritmos establecidos por el proceso económico. La expansión de las relaciones capitalistas con el fin de crear y consolidar un verdadero mercado mundial, supone una expansión geográfica, lo que significa una organización del espacio en función de las necesidades de la acumulación del capital. De esta manera, en la actual etapa de su desarrollo, el capital produce sus espacios para ejercer su dominio y reconfigura los territorios en el contexto del proceso de reproducción del capitalismo a escala planetaria, integrando vastos territorios a la dinámica de la acumulación del capital. La integración de los países y las regiones al proceso de acumulación mundial y la consiguiente reestructuración es consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas expresadas en los cambios tecnológicos, especialmente en las ramas de las comunicaciones, la electrónica y la informática, ocurridos en los últimos cuarenta años y que han reducido el espacio, al aumentar la velocidad de circulación y, en consecuencia, reducir el tiempo de rotación del capital, con ello, haciendo a un lado cualquier obstáculo espacial, y trayendo como consecuencia que el espacio se reduzca, al reducir el tiempo, posibilitando que el proceso de


producción, circulación y distribución del capital se extienda por todo el orbe al reducir el tiempo en que los procesos técnico - productivos se realicen (D. Harvey: 2007b) en diversos lugares de manera sincronizada. La reducción del espacio por la reducción del tiempo ha traído una transformación del sistema urbano regional refuncionalizándo el papel que juegan tanto las ciudades como las regiones en el proceso de acumulación de capital a escala mundial. La nueva forma de organización de las actividades económicas y sociales pertenecientes a la etapa de la globalización, le ha dado una nueva importancia a lo local y al territorio, cuya integración al ámbito global está mediada por una estructura que A. Scott llama regiones urbano - globales y cuya constitución básica deriva del tránsito de la producción fordista a la producción flexible; con lo que, los nuevos espacios locacionales posfordistas, implican una nueva reconfiguración geográfica de las actividades económicas e industriales que responden a las necesidades de la producción flexible. Scott afirma que: “el polo que integra y da coherencia a los procesos locales de crecimiento y desarrollo son las grandes metrópolis. A partir de ellas se integra el espacio geográfico global para dar lugar a una diversidad de regiones urbanas, cuya interrelación constituye un mosaico de economías urbano-regionales, o sea, un mapa global constituido por la sucesión de estas estructuras territoriales. El nuevo espacio regional comprende, por consiguiente, estos elementos: 1. Los motores regionales, o sea, núcleos motores radicados en los grandes centros urbanos. 2. Las áreas circundantes en torno a los motores urbanos, que extienden la prosperidad y el dinamismo a espacios más amplios. 3. Centros emergentes que están por adquirir condición de motores urbanos.


4. Las fronteras del capitalismo que tienen aún una débil conexión con los centros motores globales y representan áreas de reserva de diferente potencialidad.”. El paso de la producción fordista a la producción flexible ha traído la reestructuración de las cadenas globales de producción lo que ha permitido la implantación de nuevas estrategias de organización del gran capital transnacional para contrarrestar la baja en la tasa de ganancia, mediante la relocalización de los procesos productivos en los países dominados, eufemísticamente llamados emergentes. Así, el desplazamiento geográfico de las actividades productivas y de servicios con una utilización intensiva de trabajo, mediante la modalidad de subcontratación internacional, permite reducir costos, tanto de insumos, como de fuerza de trabajo hacia las regiones pobres, integrando ciudades y regiones a la lógica de la acumulación del capital y no a las necesidades de los países receptores, al tiempo de excluir a otras ciudades y regiones del desarrollo. Esta movilidad del capital hace totalmente relativas las llamadas “ventajas competitivas”, toda vez que éstas dependen de la propia dinámica que el capital impone a los territorios, más que a las políticas públicas de los diversos estados nacionales. Durante el fordismo, las aglomeraciones urbanas respondían a las necesidades

de

contar

con

una

concentración

de

las

actividades

económicas y con un mercado interno, esto es, constituían los soportes materiales para el establecimiento y/o la consolidación de las relaciones de producción y distribución capitalistas, mientras que con la flexibilización, las aglomeraciones espaciales se dispersan a lo largo y ancho de los territorios, tanto por la relocalización industrial, como por la especialización económica y de los mercados laborales, lo que permite la generación de economías de aglomeración

y

rendimientos

crecientes

aprovechando

las

ventajas


competitivas que, en muchas ocasiones, tienen las grandes aglomeraciones urbanas. Sin embargo, las grandes metrópolis han observado un decremento de su dinamismo económico, fundamentalmente por la desindustrialización al tiempo de experimentar un proceso de terciarización económica que experimentan como consecuencia de las transformaciones económicas ocasionadas por las necesidades de la acumulación capitalista y que han reestructurado a la economía mundial y han reconfigurado a la geografía. Pero a pesar de la desindustrialización de las grandes ciudades, particularmente de los países dominados, se ha observado un incremento exponencial de las ciudades con una tasa de crecimiento anual de 1960 a 1993 de 3.8 por ciento en promedio. El aumento de las aglomeraciones urbanas a la par de su declinación económica, nos muestra una nueva dinámica urbana distinta a la tradicional, en donde la actividad económica y especialmente la productiva era el detonante de la urbanización. Ahora, se da la aglomeración de la pobreza concentrada en las grandes ciudades, convirtiendo a éstas en áreas urbanas hiperdegradadas. La explicación de este fenómeno la encontramos, por una parte, en la propia dinámica del desarrollo urbano capitalista industrial y monopólico que, como ya se señaló, durante el fordismo se dio la tendencia a la concentración de la población en centros urbanos; por otro lado, las políticas de ajuste estructural impuestas por el gran capital mediante sus organismos FMI y Banco Mundial y sus filiales regionales, orientadas a la desindustrialización selectiva de los países dominados mediante la ruptura de

las

cadenas

productivas

en

aquellos

países

medianamente

industrializados, la orientación de la producción, tanto agropecuaria, como industrial hacia el mercado exterior, el debilitamiento de la participación del Estado como promotor del desarrollo económico y social de los países mediante la reducción permanente del gasto público social y la privatización


de parte del aparato estatal para el bienestar social, y la consiguiente desregulación y liberalización económica. El resultado de la aplicación de estas políticas de ajuste estructural conocidas como neoliberales, ha sido el desmantelamiento de la industria de sustitución de importaciones y, como consecuencia, el desempleo urbano masivo; el vaciamiento del campesinado y su migración a las ciudades; la reducción de la clase media y el aumento de la población de bajos ingresos hacinados en las ciudades, aumentando el contingente de población dedicadas a la economía informal; en suma, el saldo ha sido que estas políticas han sido productoras en masa de pobreza concentrada en las ciudades, lo cual trastoca cualquier idea tradicional de urbanización y de planeación urbana. El aumento de la pobreza y el desmantelamiento de aparato productivo, así como la privatización del aparato gubernamental, particularmente el relacionado con el bienestar social, son lo que (Harvey: 2007a) denomina como acumulación por desposesión que no es más que la creación de las condiciones más favorables para la realización del proceso de acumulación; una especie de acumulación originaria permanente. Así, el propósito y contenido de las políticas de corte neoliberal se deben entender como la respuesta de la clase capitalista para contrarrestar la sobre acumulación del capital y la baja en la tasa de la ganancia, ocurridas desde la crisis de mediados de la década de los setenta, en detrimento del nivel y las condiciones de vida de las clases dominadas que han sido las afectadas por estas políticas. Es en este contexto desfavorable, tanto en la población urbana, como la rural que se da el estallido de la presente crisis que ha profundizado las condiciones de pobreza generalizada de la población, pero particularmente en las ciudades que son las que han sido más duramente afectadas por el


desempleo, tanto en aquellas que han albergado a distintas ramas industriales, como las grandes urbes terciarizadas. De esta manera, la actual crisis ha impactado fundamentalmente al sistema urbano

en

México

al

incrementar

el

ejercito

de

desempleados

y

subempleados contribuyendo así a un mayor deterioro de las condiciones de vida urbana y aumentando las zonas hiperdegradadas, sobre todo en la periferia de las ciudades y dado que el proceso de metropolización ocurrido en el país ha generado 57 zonas metropolitanas a lo largo y ancho del país y que, condensan las transformaciones económicas y sociales ocurridas en los últimos 30 años en la estructura interna de las ciudades, reflejando los desequilibrios, tanto en el ámbito económico, como en el territorial, el fenómeno de la hiperdegradación de cada vez un mayor número de espacios urbanos se está convirtiendo en un mal endémico en el país. Bibliografía: - Dabat, A y Ordoñez, S. (2009) Revolución informática, nuevo ciclo industrial e industria electrónica en México. UNAM, IIEc, CASA JUAN PABLOS. México. - Davis, M. (2007). Planeta de ciudades miseria. Foca Ediciones y distribuciones generales, S.L. Madrid-España. - Esenarios demográficos y urbanos de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, 1990-2010. (1998). Serie: Estudios Regionales. CONAPO Mex. - Harvey, D. (2007). El Nuevo Imperialismo. Ediciones Akal, S.A. España. - (2007) Espacios del capital. Hacia una geografía crítica. Ediciones Akal, S.A. España. - INEGI. Censo General de Población 2000. - INEGI. Conteo de Población 2005.


- Moreno Pérez Orlando (2008). Desarrollo Económico y urbanización del oriente de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. UNAM, Miguel Ángel Porrúa. México. - Rivera Ríos, Miguel Ángel (2005). Capitalismo informático, cambio tecnológico y desarrollo nacional. U de G, UNAM, UCLA, PROFMEX/CASA JUAN PABLOS. México.


La crisis capitalista y su expresión espacial: El caso del sistema urbano regional en México