Page 1

PRINIA Y ABERIN Era una tarde de otoño. Los dos hermanos, Prinia y Aberin, estaban jugando en la calle. Ellos dos vivían en Blackinberg. Un señor muy malvado llamado Fantasgul siempre les estaba espiando para ver qué hacían y quitarles todo lo que les gustara. Jugar a las vidas con mamá era muy divertido. Fantasgul no podía permitir tanta alegría, así que, en un descuido de los niños, les quitó la pelota. Los niños se quedaron muy tristes, porque era su pelota favorita y porque además les encantaba jugar con su madre. Estuvieron toda la tarde buscándola, pero no la encontraban. Fantasgul tenía una extraña habilidad: conseguir fastidiar todo aquello que sonara a diversión. Prinia empezó a sospechar que había sido él. Pero a esas horas, su madre ya les estaba llamando para la cenar y dormir. ¡Qué rabia! Al día siguiente, empezaron a buscar por la cueva de Fantasgul, que por cierto, estaba muy desordenada, pero…¡sí!, allí estaba, junto con un montón de juguetes de los demás niños del pueblo. Así que cogieron todos los que pudieron en un gran saco y volvieron corriendo. Cuando Fantasgul regresó, no se dio cuenta de que se habían llevado los juguetes porque había tantos, que no se notaba que los niños se habían llevado unos cuantos. Así que se echó una buena siesta, y por la tarde decidió bajar al pueblo para ver si podía chafar unos cuantos juegos. Prinia y Aberin estaban jugando con su pelota, como cada tarde, y observándolos, Fantasgul se preguntaba de dónde la habrían sacado. Él mismo se la quitó la tarde anterior, no entendía nada. Así que, cada vez que los niños se daban la vuelta o iban a casa a merendar, aprovechaba para quitarles la pelota, y los niños, que ya lo sabían, volvían a colarse en su cueva para recuperarla.


Fantasgul no se daba cuenta, creía que cada día se compraban una nueva. ¡Qué tontos! –pensaba- ¡Se van a gastar una fortuna! No entiendo nada. Tal era el deseo de Fantasgul de que los niños se aburrieran, que urdió un astuto plan: se hizo amigo de un primo de Prinia y Aberin, Rumsi, y , ganándose su confianza, le prometió montañas de juguetes si le hacía la vida imposible a sus primos. Rumsi no era malo, pero la idea de tener más juguetes que cualquier niño del reino era demasiado tentadora. Y así fue: cada tarde, Rumsi, que era un niño un poco mimado, lloraba y culpaba a sus primos de cosas que ellos no habían hecho. Y ya sabemos lo que pasa con los niños mimados: nadie pone en duda que lo que dice el niño es la verdad, digan lo que digan los sospechosos. Así que los niños se pasaban la vida castigados. ¡Lo conseguí! –pensó Fantasgul- Ya no me tengo que preocupar de que jueguen a la pelota. Se pasan la vida castigados. Una tarde, cansados, se dijeron: ¡Ya está bien! Esto no hay quien lo aguante! Siempre nos culpan de todo por culpa de Rumsi. Y lo peor es que siempre le creen a él. Nos escaparemos de casa. Así dejarán de castigarnos, y ya de paso, no tendremos que ir al cole, comeremos cuantas chuches queramos, y haremos lo que nos apetezca siempre. Los hermanos estaban de acuerdo, así que esa misma noche se escaparon. Hacía un viento horroroso, las hojas de otoño se habían quedado duras por la escarcha y crujían al ser pisadas. Eran las diez y media, y los chicos habían recorrido todo el pueblo en busca de un nuevo hogar. Pero no encontraban dónde quedarse…


- Aberin, volvamos a casa y disculpémonos con mamá y papá. – propuso Prinia-. - ¡Nada de eso! Mira, allí a lo lejos, en aquel bosque, hay una cabaña abandonada. Nos quedaremos esta noche allí. –ordenó Aberin-. La cabaña tenía el suelo lleno de grietas, polvo en todos los muebles, y al mínimo movimiento sonaban los chirridos del suelo de madera.

El despertador retumbó en toda la habitación de los padres de los niños. Cuando su madre les fue a despertar se dio cuenta de que su habitación estaba vacía. Desesperados, salieron a la calle a buscarles. Se encontraron con Fantasgul: - Señor Fantasgul, nuestros hijos han desaparecido, ¿sabe usted dónde están? - No…-respondió Fantasgul pensativo- Pero deberían hacer algo…poner carteles ofreciendo una recompensa, por ejemplo. No es que a Fantasgul le interesara mucho encontrar a aquellos mocosos, por supuesto, sino que más bien, lo que le apetecía era cobrar una buena recompensa de sus padres. No podían estar muy lejos…bueno eso pensaba él. No sospechaba que los niños habían tenido el valor de adentrarse en el bosque y dormir en aquella cabaña solitaria tan apartada de Blackinberg. Los niños se despertaron y salieron a buscar algo de comida. No encontraron nada y tuvieron que ir a Blackinberg a ver si encontraban algo. Un señor mjuy amable les vio y les dio algo de dinero para que se compraran algo de comida. Sus padres estaban muy preocupados, y Fantasgul no paraba de buscarlos para ganar la recompensa.


Aún así, consiguieron pasar desapercibidos, comieron y volvieron a la cabaña. Ya eran las once de la mañana cuando llegaron y no sabían muy bien qué hacer. Pensaron en salir al bosque para jugar al pilla-pilla. Aberin se la quedaba, y Prinia salió corriendo y se metió en una casa abandonada que se encontró un buen trecho más adelante. Aberin no la encontraba, aunque no paraba de buscarla. Se estaba empezando a preocupar.

Prinia y aberin  

Libro viajero. 6ºB. CEIP José María Corcuera (Polán, Toledo)

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you