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Etapas Mestizaje vegetal Recorrer el GR es reconocer a ras de tierra la heterogeneidad abierta que atraviesa este viaje ibérico. Porque a Soria, plena de tránsito, una mixtura ancha le hace la piel mestiza. De encinas y quejigos se visten las sierras mediterráneas. De pastizales jugosos y brezales morados Montes Claros y Cebollera. De robles, fresnos y hayedos el Valle del Razón. De cañones, roquedales y farallones el sur rotundo. De amarillos y cenizas las Tierras Altas. De sabinares prehistóricos El Burgo, de acebos excepcionales Garagüeta, de verdes perennes los Pinares... y un paisaje de vegetación y trigo, de collados y crestas, estallando entre la mirada atlántica y el natural mediterráneo, las dos vertientes que confluyen en Soria.


700 kilómetros

Geografías íntimas a pie

Soria propone un Sendero de Gran Recorrido por el que conocer la intimidad breve de una buena parte de su geografía: el Sistema Ibérico que por aquí se alza y las estribaciones del Central. Es el GR 86, unas siglas concisas para recorrer más de setecientos kilómetros sin brújula y conocer rincones inaccesibles de otro modo. Sendas, vías, antiguos caminos carreteros y de herradura, calzadas romanas, pistas... se hilvanan en 49 etapas (32 principales y derivaciones), que van desde media docena de kilómetros hasta poco más de la veintena. El eje que lo vertebra: una suerte de descubrimiento casi tactil por los recursos paisajísticos, culturales, históricos y ecológicos de una provincia casi virgen. Más de setenta pueblos salpican este recorrido diseñado para excursionistas de todas las edades en mediana forma, en el que las etapas están pensadas para salir siempre de una población y llegar a otra en menos de un día. Asimismo, y como variantes del GR o aislados, otras siglas cosen senderos en amarillo que, conocidos como PR (Pequeño Recorrido), dibujan etapas más cortas.

Seguir la flecha

SÍMBOLOS DEL SENDERO Continuidad del sendero

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Dirección erronea

Giro a la derecha

Giro a la izquierda

Las marcas que señalizan un GR son básicamente de tres tipos: dos pequeñas franjas horizontales, blancas y rojas, hilvanan el recorrido; dos ángulos del mismo color indican un cambio de dirección a izquierda o derecha y una línea blanca en aspa sobre la roja advierte de un camino equivocado. Distanciadas entre sí según la complicación de los distintos tramos para seguirlas, nunca se alejan más de doscientos metros, si bien en los pueblos desaparecen. Para continuar, nada como preguntar a quien se cruce en el camino o seguir las explicaciones de la topoguía publicada sobre el Sendero Ibérico Soriano. Para acabar de orientarnos, postes de madera salpican el recorrido en desvíos importantes, cambios de camino y salidas de las localidades por las que se atraviesa. Servirán al viajero para hacerse una idea de la distancia en tiempo aproximado que le queda, calculada para marchas entre normales y suaves a un ritmo de tres a cuatro kilómetros por hora. Basta con caminar y seguir la flecha.

Castilla y León


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