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Volumen 8, Año 2008

Publicación oficial de la Federación Psicoanalítica de América Latina

ReVISTa Latinoamericana de Psicoanálisis Federação Psicanalítica da América Latina


ÍNDICE

6 7 8 8

INSTITUCIONES PSICOANALÍTICAS COMPONENTES DE FEPAL COMISIÓN DIRECTIVA 2006-2008 COMISIÓN FISCAL COMITÉ EDITOR

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EDITORIAL Inés Raitzin de Vidal

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PALABRAS DEL PRESIDENTE

Juan Pablo Jiménez

PANELES 15

Modelos Teórico-Clínicos en el Psicoanálisis Latinoamericano Carlos Mario Aslan

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Hacia una diferenciación entre persona y presencia en la sesión analítica Isidoro Berenstein

29

El pluralismo clínico y la persona del analista Enrique Núñez Jasso

39

As filiações analíticas: fidelidades e poder Claudio Rossi

51

Derechos humanos y Psicoanálisis Marcelo N. Viñar

PREMIOS 71

PREMIO SIGMUNDO FREUD Os Tropismos: Parteiros das cesuras. Matrizes da vida mental Mario Luiz Prudente Corrêa

91

PREMIO COMUNIDAD Y CULTURA Concebir la posición analítica en un grupo de pacientes con problemas en la procreación. Encuentro en la comunidad Silvia Jadur, Constanza Duhalde, Viviana Wainstein

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PREMIO FEPAL Reflexão sobre o vazio dentro da Psicanálise: do horror do vazio ao vazio criador de metáforas José Martins Canelas Neto

121

PREMIO NIÑOS Y ADOLESCENTES Pacientes adolescentes en riesgo: un desafío para el analista Silvia Flechner

CONCURSOS 143

“En lugar de…” La pulsión y sus desbordes. Reelaboración (Durcharbeiten) y la práctica analitca actual Cristina Rosas de Salas

163

Comentario sobre el trabajo: “‘En lugar de…’ La pulsión y sus desbordes. Reelaboración (Durcharbeiten) y la práctica analitca actual “ Jaime Spilka

169

O investimento desejante do analista frente a movimentos de afastamento e aproximação no trabalho com os transtornos autísticos: impasses e nuances Mariângela Mendes de Almeida

185

Comentario sobre el trabajo: “La investidura deseante del analista frente a movimientos de alejamiento y aproximación en el trabajo con los trastornos autísticos: impasses y matices” Nora Woscoboinik de Scheimberg

189

O analista, seu paciente e a Psicanálise contemporânea: considerações sobre indução mútua, enactment e “não-sonho-a-dois” Roosevelt MS Cassorla

209

Comentario sobre el trabajo: “El analista, su paciente y el psicoanálisis contemporáneo: consideraciones sobre inducción mutua, enactment y el ‘no-sueño-de-dos’” Roberto Oelsner

OBITUARIO 213

Una semblanza de León Grinberg (1921-2007) R. Horacio Etchegoyen

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EDITORIAL, Inés Raitzin de Vidal*

Estimados colegas: Desde el Comité Editor1 nos complace poder presentarles el octavo volumen de la Revista Latinoamericana de Psicoanálisis. Asumimos esta tarea con mucho interés a la vez que conscientes del desafío que enfrentábamos.La meta alcanzada ha sido posible sólo gracias a la gran colaboración recibida tanto de parte de los autores publicados como de numerosos otros miembros de FEPAL. Nuestro programa editorial cuidó simultáneamente preservar los caracteres distintivos de esta publicación, lograr desarrollos acordes con los intereses actuales de nuestras asociaciones componentes y enfrentar los interrogantes que atraviesan hoy al psicoanálisis en América Latina. Nos propusimos no sólo incentivar la producción científica escrita sino también colaborar con el desarrollo del próximo XXVII Congreso de Santiago de Chile. Para lograr tales objetivos organizamos un Concurso de trabajos sobre un tema afín al mismo. Las 42 presentaciones recibidas hablan del éxito de la convocatoria y afianzan el lugar de la Revista como centro de desarrollo y difusión de nuestro pensamiento. También formó parte del proyecto editorial el propósito de promover el diálogo entre las diferentes regiones de la IPA como vía de consolidar una comunidad científica abierta. Fue así que invitamos a analistas pertenecientes a asociaciones de Europa y Estados Unidos a participar con un comentario sobre los trabajos premiados que desplegara los acuerdos y las diferencias a partir de sus propios contextos profesionales. De igual forma, quisimos integrar en este volumen una muestra de los desarrollos científicos presentados en el XXVII Congreso. Para ello incluimos algunos de los paneles que se presentarán allí, elegidos por temas y/o sub-regiones de FEPAL. Por último, la sección dedicada a los Premios de FEPAL es parte de la distinción acordada a sus autores y una forma de dejar documentado nuestro reconocimiento a sus contribuciones. Deseamos también aquí destacar, como parte de la política editorial, su plena integración al programa del Área de Publicaciones de FEPAL y en especial al desarrollo de las bases de datos digitalizadas en nuestro Sitio Web –www.fepal.org. Los avances tecnológicos permiten compensar los obstáculos económicos actuales y avanzar en la difusión de la Revista a través de su edición virtual. Este volumen ha sido incorporado a una base de datos informatizada destinada a incluir todos los ejemplares de la Revista desde sus comienzos. Hemos comenzado esta tarea desde los números más recientes. Se encuentran actualmente incorporados, con acceso a los textos completos, los últimos seis ejemplares. * Directora del Comité Editor 1 Julia Braun - SAP; Cintia Buschinelli - SBPSP; Gloria Gitaroff - APA; Inés Vidal (Directora de Publicaciones) APdeBA; Susana Vinocur de Fischbain - APA y Silvia Wajnbuch - APdeBA.

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Editorial, Inés Raitzin de Vidal

Un gran beneficio de la inclusión de la Revista en esta base de datos digitalizada es la existencia en la misma de un programa para realizar búsquedas bibliográficas por autor, título y descriptores que permite una rápida investigación sobre el material disponible. Su estructura incluye también la incorporación de los trabajos presentados en diferentes actividades científicas de FEPAL: Jornadas, Congresos, etc. Trabaja, al unísono y en total articulación con la Biblioteca Virtual de Psicoanálisis de FEPAL, en la construcción y el resguardo de una memoria regional que atesore la producción científica de América Latina. Los altos costos nos han obligado a optar en esta ocasión por una edición impresa de tiraje limitado. Será distribuida entre todas las bibliotecas de las Asociaciones Componentes y en otras instituciones psicoanalíticas y centros universitarios vinculados. Cada Comité Editorial enfrenta el desafío y el privilegio de dar forma a un nuevo eslabón en la historia de nuestra Revista. Retoma y amplía el camino trazado por sus antecesores en búsqueda de plasmar una continuidad creativa. El fortalecimiento de un programa editorial propio de FEPAL requiere de abrevar en sus fuentes, dentro de un diálogo abierto hacia los interrogantes presentes y en pos de un futuro a construir. Concluimos este editorial reiterando nuestro agradecimiento por habernos confiado esta tarea.

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PALABRAS DEL PRESIDENTE, Juan Pablo Jiménez

Cuando esta Comisión Directiva asumió la dirección de FEPAL después del congreso de Lima, presentamos un programa de trabajo que incluía 10 puntos. De entre éstos, el punto 5 se refería a “mejorar el nivel de nuestras publicaciones y comunicaciones”. Planteamos que queríamos apoyar decididamente el proyecto de una biblioteca virtual –lo que implica la digitalización de la memoria psicoanalítica escrita latinoamericana en un banco de datos accesible desde el PC personal de todos los miembros de FEPAL– e impulsar una Revista Latinoamericana que represente lo mejor de los desarrollos psicoanalíticos de la región. Al finalizar nuestra gestión de dos años, es tiempo de hacer un balance y de reconocer la labor efectuada. El equipo dirigido eficientemente por Inés Vidal ha dado un fuerte impulso a la biblioteca virtual y hoy día nos entrega el octavo volumen de esta Revista que, como ella dice, pretende enfrentar “los interrogantes que atraviesan hoy al psicoanálisis en América Latina”. Por vocación y naturaleza nuestra disciplina está permanentemente enfrentada a nuevas cuestiones. Después de leer esta revista, ustedes juzgarán si sus contenidos hacen justicia a la tarea propuesta.

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PANELES


Carlos Mario Aslan 1

MODELOS TEÓRICO-CLÍNICOS EN EL PSICOANÁLISIS LATINOAMERICANO

1. Los modelos teórico-clínicos (también llamados esquemas referenciales, escuelas, marcos de referencia, etc.) en América Latina incluyen a todos los modelos psicoanalíticos existentes en el mundo psicoanalítico. Lógicamente han adquirido ciertos rasgos generales de la región y también características locales. Por ejemplo, la distancia de Argentina con Europa y con Estados Unidos (que recibió la mayor parte de los psicoanalistas europeos emigrantes antes y durante la Segunda Guerra Mundial), fue un factor que contribuyó importantemente a dos situaciones opuestas: a) Como aspectos positivos: la lejanía favoreció una apreciación menos parroquialista y excluyente de los diversos modelos teórico-clínicos que fueron surgiendo, favoreciendo una tendencia a la integración de diversos contenidos de ellos, contribuyendo así a una concepción pluralista en sus aspectos más constructivos. b) Como aspecto negativo: la escasez de las posibilidades de una contrastación vivencial frecuente con los representantes de las teorías en juego, favoreció idealizaciones que en ocasiones llevaron a posturas teórico-técnicas extremadamente cerradas. A mediados de la década de 1930 se formaron en Buenos Aires dos grupos de estudios del psicoanálisis, especialmente de la obra de Freud, organizados y dirigidos respectivamente, por Arnaldo Rascovsky y por Enrique Pichon Rivière. En 1938 llegó a Buenos Aires Ángel Garma, psicoanalista español formado en el Instituto de Berlín y ex Miembro (ex porque había renunciado a ella en solidaridad con los miembros judíos expulsados por el nazismo) de la Asociación Psicoanalítica Alemana. Poco después se les unió Celes E. Cárcamo que volvía de su formación psicoanalítica en París. Los cuatro integraron así el primer grupo psicoanalítico. En esa época Freud vivía, y sus trabajos aparecían periódicamente en las revistas de psicoanálisis junto con las de sus seguidores y continuadores, cada cual con sus aportes. Esta situación, primum inter pares, compartida vivencialmente a pesar de la 1

Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina con Función Didáctica.

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Carlos Mario Aslan

distancia, creaba un clima científico muy presente y actual, desprovisto de una cierta solemnidad, idealización y lejanía, que otorga la muerte. Los aportes, coincidencias y discrepancias se daban entonces dentro del Psicoanálisis freudiano, único modelo teórico-clínico existente en ese entonces. Otro hecho muy importante para el psicoanálisis latinoamericano fue la muy temprana aparición de la traducción al español de las obras completas de Freud, traducidas a sugerencia del filósofo Ortega y Gasset.2 De modo que los psicoanalistas de habla hispana dispusieron tempranamente de la obra de Freud, y en muchos casos antes que las traducciones inglesas y francesas. Con la incorporación al cuarteto inicial de Ferrari Hardoy y Marie Langer (formada en Viena), se constituyó la Asociación Psicoanalítica Argentina, que rápidamente, en 1942, fue reconocida por Jones, presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional. La Revista de Psicoanálisis, publicación de la APA, apareció por primera vez en 1943. Ya en su primer número se puede constatar la pluralidad de criterios respecto de lo que serían muchos de los modelos teórico-clínicos posteriores que se fueron creando a partir del tronco central de la teoría freudiana. Con posterioridad a la muerte de Freud en septiembre de 1939, dos semanas después de comenzada la Segunda Guerra Mundial, y luego de la terminación de la guerra en 1945, se produjo una especie de estallido Big- Bang (¿o fiesta totémica?) de los modelos teórico-clínicos. Para tratar de comprimir en un párrafo la evolución posterior latinoamericana del psicoanálisis, resumiendo décadas podría decir: que hubo en Latinoamérica una gran expansión y predominio del kleinismo seguida de una más reciente declinación del mismo. Acompañada ésta por una diversificación de los diversos esquemas teóricoclínicos existentes, con un resurgimiento del esquema freudiano en sí y sus variantes: Escuela inglesa no kleiniana (annafreudiana y Middle Group), psicología del Yo, relaciones objetales, psicología del Self y, especialmente, un incremento muy notable de las ideas de la escuela francesa, lacaniana y no lacaniana. 2. Un modelo teórico-clínico en psicoanálisis (o esquema referencial, o escuela, etc.) es un conjunto de teorías e hipótesis acerca del psiquismo. De su estructura (estructura en sentido psicoanalítico), de sus funciones y de su funcionamiento. De su desarrollo, de sus procesos del enfermar y del curar. Todo esto implica ideas acerca del objetivo a lograr en el tratamiento y de los métodos (técnicas) para obtenerlo. Estos factores, teoría, clínica y técnica deben (deberían) estar conectados por interrelaciones mutuas y adecuadas. 3. Los modelos teórico-clínicos como metáforas. En su discurso presidencial del congreso de Roma (1889), R. Wallerstein denominó metáforas a los diferentes esquemas referenciales. Una metáfora (del griego 2 Traducida por López Ballesteros y Torres al comienzo, y por Ludovico Rosenthal al final de las obras, y editadas por Santiago Rueda

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Modelos Teórico-Clínicos en el Psicoanálisis Latinoamericano

metaphora: traslación) es una figura retórica por la cual se transporta el sentido de una palabra a otra, mediante una comparación mental. Aunque durante siglos se supuso que la metáfora era exclusivamente el lenguaje de la poesía, desde hace tiempo se sostiene que la mayor parte de nuestro lenguaje, y no exclusivamente el lenguaje poético o figurativo, es metafórico (Lakoff). Aquella parte del lenguaje que no es conceptual, metafórico, lo denomina lenguaje literal. Otro lingüista contemporáneo, Reddy, sostiene que el locus de la metáfora es el pensamiento, y no el lenguaje, y que por lo tanto, la metáfora es un aspecto importante e indispensable de nuestra manera habitual de conceptualizar el mundo. Además, y muy importantemente, la posibilidad de variaciones de “[…] la comprensión de un sistema conceptual estructurado metafóricamente hace discutible el concepto de verdad absoluta” (Lakoff). 4. El lenguaje metafórico y el psicoanálisis. En general, la metáfora en sí presupone el conocimiento de lo metaforizado. La gran hazaña freudiana fue su descripción de estructuras y funcionamientos inconscientes, es decir, de algo que no era visible, ni audible, ni tocable, ni medible, con lo cual, de cierto modo, al describir lo metaforizado, lo creaba. Creó así una concepción genial de todo un psiquismo –consciente e inconsciente, científico, no filosófico, no religioso, no exclusivamente biológico– que conceptualmente no existía antes. Las metáforas no son una verdad revelada, así como tampoco lo son las diversas escuelas psicoanalíticas. Son aproximaciones a la verdad. Freud mismo nos dio el ejemplo al complejizar, aumentar, y aun cambiar sus propuestas a lo largo de los años. Muchas y posteriores generaciones de analistas han seguido su ejemplo, hasta alcanzar la gran proliferación actual de esquemas referenciales. 5. De un modo muy esquemático podríamos separar, como lo hacen diversos autores (por ejemplo: Bergman) a esta proliferación en dos grupos: a) los que podríamos denominar ampliadores, o profundizadores del esquema freudiano; b) los que podríamos denominar modificadores. Estos últimos son los que, aun reconociéndose en cierta continuidad con Freud, a veces partiendo de algún aspecto determinado de la teoría, crean un esquema propio, esquema que a veces alcanza a ser suficientemente completo y explicativo por sí mismo. Quizás sea pertinente en este punto señalar dos corrientes que me parecen influyentes en la actualidad: una que busca y se apoya más en la experiencia clínica como fuente y justificación de los modelos, y otra que tiende a apoyarse más en ideas originadas en corrientes filosóficas. La primera es mayoritaria entre las teorías “ampliadoras” y la segunda en las teorías “modificadoras”. 6. Llegamos así al actual Pluralismo. Pluralismo de ideas, de modelos teóricoclínicos, de esquemas referenciales. El pluralismo presenta innegables avances, es prueba de la vitalidad y riqueza del psicoanálisis. Pero también crea determinados problemas. El pluralismo surge, a mi juicio, de razones teóricas “internas”: como ya lo seña-

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Carlos Mario Aslan

lé, del carácter metafórico de la teoría psicoanalítica, y también y relacionada a la anterior, de la convicción que no necesariamente toda la verdad está contenida en un solo esquema. Ya me he referido a algunas razones “externas” (la muerte de Freud, la Segunda Guerra Mundial, etc.). No se me escapa que otros factores humanos inevitables también han intervenido en la creación de nuevos modelos: excesos de narcisismo, influencias transferenciales negativas y positivas, rivalidades, luchas políticas, necesidades excesivas de trascendencia, etc., todos ellos viejos conocidos de los analistas. Contemporáneamente con los aportes del pluralismo se van perfilando algunas desventajas y riesgos: del pluralismo al babelismo y a la fragmentación y, como reacción, de la ortodoxia a la rigidificación. La rigidificación consistiría en considerar algunos textos psicoanalíticos freudianos de un modo cuasi religioso, inamovible y de fijeza absoluta. (Aunque a mi modo de ver la ortodoxia de Freud fue la heterodoxia). Para dar sólo algunos ejemplos de la babelización, existen: a) iguales términos con diferentes significados; b) diferentes términos con igual significado; c) nuevos términos y conceptos que sólo adquieren significado dentro de un esquema especial y determinado. No está de más en este momento recordar a Ferenczi quien comparó la técnica psicoanalítica a un elástico que se puede estirar en diversos grados, siempre que mantenga la posibilidad de recobrar su elasticidad inicial, es decir, su esencia psicoanalítica. Al comienzo de la aparición de nuevas teorías se buscaba establecer “puentes” con las de Freud, mostrar sus semejanzas o continuidades. Actualmente, y me parece una tendencia sumamente positiva, se tiende a establecer también las diferencias, inclusive aquellas que muestran incompatibilidades en sus fundamentos. 7. Me parece observar una gran confusión acerca de lo que en la práctica y su aplicación es el concepto de pluralismo. – Ciertamente no se pretende un pluralismo ideológico en los analistas a nivel individual. Cada analista tiene su teoría a la cual idealmente ha llegado por su pensamiento y su experiencia clínico-teórica y teórico-clínica. En ese sentido, individual, respecto de lo que cree, un determinado analista no es pluralista, se maneja con su esquema referencial propio. Lo que sí se requiere de un analista pluralista es su disposición a tener sus oídos y sus ojos abiertos y permeables a otras ideas, para evaluarlas, integrarlas o desecharlas. – Una concepción pluralista de las Instituciones Psicoanalíticas, requiere que ésta ofrezca a sus miembros y a sus candidatos una visión amplia y actualizada de la panoplia teórica psicoanalítica. Respecto a estos puntos pueden surgir dos problemas: a) Un posible diálogo de un analista pluralista con un analista no pluralista. El diálogo se agota rápidamente. b) La existencia de instituciones no pluralistas, dogmáticas, donde se enseña y practica un solo modelo teórico-clínico-técnico.

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Modelos Teórico-Clínicos en el Psicoanálisis Latinoamericano

Por éstas y otras razones, me parece imprescindible, para cualquier analista, el estudio y conocimiento de todo el pensamiento freudiano. Subrayo “todo” ya que existe, por lo menos en algunas sociedades, una tendencia a desvalorizar o, peor, a desconsiderar, la teoría estructural –con todo lo rico, modificador y nuevo que ésta conlleva. El modelo de Freud podría ser considerado como el lenguaje psicoanalítico compartido. 8. De cierto modo opuesto al babelismo y a la dispersión, me parece observar contemporáneamente algunas orientaciones generales coincidentes en diversos modelos teórico-clínicos. Algunas de éstas son: a) Corrientes con diferentes nombres y surgiendo de esquemas teóricos diversos, se refieren al fenómeno de un tipo especial de relación consciente e inconsciente que se crea en la situación analítica. No voy a personalizar citando autores, pero sí nombrar algunas de las denominaciones de esta situación: teoría del campo dinámico, teorías intersubjetivistas, teorías relacionales, teorías interpersonales, etc. b) El reconocimiento de la subjetividad y de cierta neutralidad imposible por parte del analista. Sabemos que los analistas debemos esforzarnos en no intervenir con nuestras ideas, ideologías y opiniones personales en las correspondientes a nuestros pacientes, pero también sabemos que esto no es totalmente posible. Justamente, por saberlo, podemos manejarlo mejor, es decir, al mejor nivel consciente posible. Y la instrumentación técnica de la contratransferencia exige un análisis de la misma, previo a la interpretación. c) El rol terapéutico del setting y especialmente del analista, dentro y fuera de él. Desde hace tiempo se tiene en cuenta el encuadre y la vivencia en las sesiones como factor de cambio psíquico. La oportunidad privilegiada de un lugar donde hablar de sí mismo y de todas sus problemáticas, recibiendo una respuesta no judicativa, una actitud de comprensión, de explicación, de acompañamiento, resulta única, conocida y apreciada por muchos como tal y considerada como mutativa y terapéutica por sí misma. d) Más reciente es, sin embargo, la inclusión del analista, de su persona, su actitud y sus circunstancias, como factor de cambio terapéutico. Esto representa un giro de ciento ochenta grados respecto de la ortodoxia técnica kleiniana, y de la tentativa de borrar al analista como persona. Sin embargo existió contemporáneamente a Klein, en la historia del psicoanálisis, un linaje de analistas importantes que tuvieron una orientación opuesta. Comenzando con Freud que, a mi juicio, intentó vanamente separar su persona y su influencia de lo que sucedía en su consultorio. Siguiendo por Ferenczi, quien hizo consciente y exploró esta línea. Luego F. Alexander acuñó el feliz concepto: “vivencia emocional correctiva” de actualísima aplicación. S. Nacht quien en el título de su libro La presencia del psicoanalista lo dice todo. M. Balint, discípulo de Ferenczi, Winnicott y muchos otros pioneros en este sentido, junto con muchos autores contemporáneos cuyos escritos y prácticas, explícitas e implícitas, se abren en abanico. Muchos de estos cambios producidos por diversas circunstancias y vivencias

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durante las sesiones, frecuentemente factores de cambio estructural y que no alcanzan a hacerse totalmente conscientes en general, se producen por el mecanismo de la acción diferida (nachträglichkeit, a posteriori, après coup), en forma automática, inconsciente y permanente, lo que no pocas veces llevan a resignificaciones saludables. Me parece de absoluta pertinencia señalar que toda esta reevaluación de factores terapéuticos no interpretativos, que favorece a la comprensión de una actitud activa y positiva del analista como formando parte del encuadre terapéutico, ha estado en relación con el conocimiento y terapia de las denominadas nuevas patologías y la posibilidad así de su mejor tratamiento. e) Acerca de las interpretaciones. Como se acaba de ver, el insight suministrado por las interpretaciones del analista ya no es más considerado como único factor de cambio psíquico. Inclusive, en la interpretación misma y más allá de su contenido semántico, la oportunidad, el modo, el afecto acompañante, el tono de voz, constituye una nueva vivencia emocional correctiva. Hace más de medio siglo Luisa Álvarez de Toledo fue incluso más profundo: “[…] Al analizarse “el asociar” y “el interpretar” en sí, surge de la primitiva identidad de acto, imagen y objeto y se realiza en el acto de hablar y escuchar al analista”.3 Otro punto que me parece importante y actual es un cierto feliz abandono del uso exclusivo de las interpretaciones (kleinianas) de transferencias negativas. Creo que esta práctica a menudo resultaba iatrogénica por repetir y reforzar las huellas mnémicas de las acusaciones y malos tratos de los objetos primarios. f) Y finalmente quiero recalcar dos tendencias opuestas pero concurrentes: 1) cierto exclusivo énfasis en diversas variedades y acepciones de “lo negativo” como por ejemplo alucinaciones negativas, ausencias, faltas, déficits, diversas conceptualizaciones de la pulsión de muerte, etc., 2) más recientemente una tendencia a señalar, rescatar e incluir “lo positivo”. Para citar solamente tres ejemplos actuales: a) Los trabajos de J. García Badaracco sobre “recursos yoicos”, las virtualidades sanas, y la insistencia en rescatar los aspectos sanos, inclusive de los pacientes psicóticos. b) El libro reciente de Mariam Alizade, Lo positivo en psicoanálisis. Implicancias teórico-técnicas, título que resume perfectamente lo que desarrolla en extensión y profundidad: esta tendencia a “la exploración de los aspectos saludables del paciente...” y “la construcción de la salud...” c) Para citarme a mi mismo, un trabajo presentado en el Congreso Internacional de Río (2005) sobre la utilidad de la construcción o reconstrucción, de ciertas características y rasgos positivos de los pacientes, muchos de ellos previamente considerados como hipomaníacos o narcisistas.

Resumen Orígenes y características favorables y desfavorables del psicoanálisis latinoamericano. Del esquema freudiano originario a la proliferación de modelos o esquemas referencia3

Cursivas en el original.

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Modelos Teórico-Clínicos en el Psicoanálisis Latinoamericano

les. Causales internas y externas. Predominio de modelos: 1) Melanie Klein y su escuela, 2) Psicoanálisis Francés, lacaniano y no lacaniano, 3) Dispersión y coexistencia de todos los esquemas referenciales. Los modelos teórico-clínicos como metáforas. Su importancia. El pluralismo, ventajas e inconvenientes. Corrientes actuales diversas, divergencias y convergencias. La presencia y persona del analista y del encuadre como factor terapéutico, su evolución histórica conceptual. Descriptores: Modelos teórico-clínicos como metáforas – Pluralismo – Corrientes actuales – Persona del analista.

Resumo Origens e características favoráveis e desfavoráveis da psicanálise latino-Americana. Do esquema freudiano original à proliferação de modelos ou esquemas referenciais. Causas internas e externas. Predomínio de modelos. 1) Melanie Klein e sua escola, 2) Psicanálise francesa, lacaniana e não lacaniana, 3) Dispersão e coexistência de todos os esquemas referenciais. Os modelos teórico-clínicos como metáforas. Sua importância. O pluralismo: vantagens e inconvenientes. Correntes atuais: divergências e convergências. A presença e a pessoa do analista e o enquadre como fator terapêutico; sua evolução histórica conceitual. Palavras chave: Modelo teórico-clínicos como metáforas – Pluralismo – Correntes atuais – Pessoa do analista.

Summary Latinamerican Psychoanalysis: Origins. Its favorables and unfavorables characteristics. From the original Freudian frame of reference to the proliferations of theorethicalclinical models. Its internal and external causes. The evolution of the predominance of the different models: 1) Melanie Klein and her school, 2) French psychoanalysis, lacanian and not lacanian, 3) Dispersions and co-existence of all frames of references. Theorethical-clinical models as metaphors. Its importance. Pluralism, advantages and objections. Present day psychoanalytic currents, divergences and convergences. The presence and the person of the analyst, and the psychoanalytic setting as therapeutic factors. Its historical and conceptual evolutions. Keywords: Theoretical-clinical models as metaphores – Pluralism – Present time trends – The analyst as a person.

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Carlos Mario Aslan

Bibliografía Alizade, A. M. Lo positivo en psicoanálisis. Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires, México, 2002. Álvarez de Toledo, L. G. de El análisis del asociar, del interpretar y de las palabras. Citado en: Ahumada, Jorge, L.: Contexto y Texto de los descubrimientos freudianos, Rev. de Psicoanálisis (APA), 2006, tomo LXIII, 2. Aslan, C. M. (2005) “Trauma normógeno y la construcción de la normalidad”, presentado en el Congreso Psicoanalítico Internacional, Río de Janeiro, 2005. - (2006) Freud, lenguaje metafórico, vicisitudes biográficas y destinos del pluralismo, Rev. de Psicoanálisis, tomo LXIII, 2, 2006. Balint, M. El médico, el paciente y la enfermedad. Libros Básicos, Buenos Aires, 1961. - “Sandors Ferenczi´s Technical Experiments”, In B. B. Wolman Editor, Psychoanalytic Techniques, Basic Books, Inc. New York, London, 1967. Bergman, M. S. (1993) Reflections on the History of Psychoanalysis. Journal of the American Psychoanalytic Association, 1993, Vol 41,4. Ferenczi, S. (1928) La elasticidad en la técnica psicoanalítica. In Problemas y métodos del psicoanálisis, Buenos Aires, Hormé. Freud, S. (1950 [1887-1902]) “Correspondencias con Fliess”, Los orígenes del psicoanálisis. A. E., I. García Badaracco, J. E. (2000) Psicoanálisis multifamiliar- Los otros en nosotros y el descubrimiento del sí mismo. Paidós, Buenos Aires, 2000. Lakoff, G. Metáfora. In Wikipedia, Enciclopedia Libre. Nacht, S. La presencia del psicoanalista, Editorial Proteo, Buenos Aires, 1967. Reddy, M. Metáfora. In Wikipedia, Enciclopedia Libre. Selesnick, S. T. “The Techniques of Psychoanalysis Developed by Franz Alexander and Thomas French”. In B. B. Wolman, Editor, Psychoanalytic Techniques, Basic Books, Inc. New York, London, 1967. Wallerstein, R. S “One Psychoanalysis or Many?” In R. S. Wallerstein, Editor: The Common Ground of Psychoanalysis, Jason Aronson Inc. New Jersey, London, 1992.

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Isidoro Berenstein 1

HACIA UNA DIFERENCIACIÓN ENTRE PERSONA Y PRESENCIA EN LA SESIÓN ANALÍTICA

1. El propósito De esta breve comunicación es lograr diferenciar la persona de la presencia (que trataré de caracterizar más adelante) del analista que generan en la sesión analítica, dos enlaces, que sugerimos llamar “relación analítica” y “vínculo analítico”. En el primero la persona del paciente se liga con la persona del analista y en la segunda el paciente como sujeto hace gala de presencia y se vincula con la presencia del analista. No está de más decir que ambos modos de ligarse a veces son indiscernibles, de manera tal que por momentos o por sesiones formamos parte de uno de ellos y en otros momentos o períodos formamos parte del otro. Varios analistas antes se ocuparon de estos temas, Winnicott (1947), Little (1957), Klauber (1968)2 y lo que ocurría del lado de lo que llamaron la persona del analista, lo ubicaron en la contratransferencia que tuvo un desarrollo importante después de la Segunda Guerra Mundial. Cada uno de ellos pronto sintió que la metáfora del analista como espejo presentaba algunas inconsistencias y trataron de sacar del espejo al analista como sujeto, no ya espejando a su paciente sino incidiendo con su especificidad en la sesión. Pero tiene sentido volver a ocuparse de lo que otros aparentemente se ocuparon ya que cada cual lo plantea a su manera, en una discusión que tiene como fondo su época, lo que cada uno percibió y trata de incluir y explicitar alguna novedad y una diferencia, respecto de la cual otros analistas no se hayan ocupado. Se requiere cierto coraje para seguir adelante aunque “ya lo dijo alguien antes”, y ello nos ocurre especialmente con Freud. Voy a seguir con un ejemplo cotidiano porque contiene, como todos ellos, la complejidad de 1

Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Klauber menciona que el analista no sólo interpreta sino que ejecuta complejos actos de evaluación y debe decidir (la itálica es mía) su importancia relativa. Las intervenciones del analista variarán según su personalidad y cultura. Cita a Winnicott para distinguir las tendencias idiosincrásicas del analista de su contratransferencia. Menciona un paciente que se había analizado con tres analistas diciendo: ‘Es sumamente instructivo ver cuáles de los hábitos desaprueba cada analista”. 2

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Isidoro Berenstein

las situaciones más humanas.

2. Ejemplo cotidiano En una reunión social estoy teniendo un diálogo con otra persona. Me dice: “¿te acordás de J.?” “Sí, lo recuerdo” le respondo. Para ello recorrí mis recuerdos que eran evocaciones de representaciones construidas de experiencias pasadas que anidaban en mi interior. Mientras seguimos asociando entre nosotros en base a las memorias de uno y otro, más la particularidad de que algunas memorias acerca de mí las tenía él y no yo así como yo tenía algunas de las suyas (Krakov, 2004). Estamos relacionándonos placenteramente, nos basamos en hechos de la memoria y como acciones estamos desenvolviendo el encuentro, ahora, en base a tratar, tarea imposible, de compartir un pasado. Ese pasado nos vinculaba en el presente y quizá sea su valor. Discutimos acerca de la supuesta veracidad de algunas evocaciones. Si esos encuentros quedan en eso no tienen mucho futuro. Sigo en la reunión. Se acercó un amigo de mi amigo, hablan y éste me dice: “Te presento a S.”. Este otro me es nuevo, no tengo registros previos de él, pero tiene presencia, opacidad, consistencia. A algunas de mis observaciones dice que no, que lo piensa de otra manera y a esas cualidades se agrega una fundamental: una presencia dada a conocer por una diferencia no reducible, una ajenidad. Le encuentro algunos parecidos con algunas personas conocidas pero indudablemente no coinciden. Cuando llega la hora de comer intercambiamos acerca de dónde sentarnos, el prefiere un lugar y yo otro. Diferimos acerca de los lugares. Se presenta la alternativa: si separarnos o seguir juntos. En el primer caso cada cual seguirá su trayecto, en el segundo trataremos de construir un lugar de convivencia. Damos algunos argumentos a favor de un lugar u otro. Es un gusto (placer) estar en la misma mesa pero hay una pugna acerca de quién impone su preferencia (relaciones de poder) por la cual habrá que hacer y pedir concesiones, dicho con más precisión: hacerle un lugar al otro. Estamos “haciendo” y, al hacer, obligando al otro y obligándonos con ese otro.3 Es a partir de esa “presentación”, y tomando como punto de partida la puesta en juego de nuestras presencias, que adquiere carácter de novedad, pues aunque pueda investirla de imágenes conocidas, algo distinta en ella obliga a inscribirla. Puedo luego evocarla o no según lo que me signifique y como registro se inscribirá y tratará de renovarse o se debilitará hasta formar parte de esos restos que dejan los encuentros no significativos.

3. Repetición y novedad 3 Espósito (1998) al tratar el término comunitas señala que el adjetivo ‘común’ se opone a ‘propio’, es lo no propio que comienza allí con lo no propio del otro. Lo no propio es lo común. El munus de comunitas incluye la idea de deber, de obligatoriedad, de dar. Este dar no espera retribución sino otro dar, igualmente obligatorio. Un circuito es dar y devolver y otro circuito es dar por parte de uno y dar por parte del otro, como figura obligatoria del ser sujeto. “Un ‘deber’ une a los sujetos de la comunidad –en el sentido de ‘te debo algo, pero no me debes algo’–que hace que no sean dueños de sí mismos. En términos más precisos, les expropia, en parte o enteramente, su propiedad inicial, su propiedad más propia, es decir su subjetividad”. (Página 30/31)

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Hacia una diferenciación entre persona y presencia en la sesión analítica

Tomemos ahora, como fue tomado por muchos ya, el juego del carretel del nieto de Freud. Niño de un año y medio que ante el alejamiento de su madre, ante su ausencia, ausencia de una presencia previa, empezó un juego consistente en tirar sus juguetes debajo de la cama o de los muebles. Decía o-o-o-o que Freud asimiló a fort (“se fue”). Luego desarrolló su juego con el carretel atado a un hilo. Cuando lo tiraba más allá de la cuna, el carretel desaparecía de su vista y luego al tirar de la cuerda volvía a aparecer, a estar presente, a tener presencia. Lo acompañaba diciendo da (“acá está”). Una peculiaridad es que el carretel no tiene vida propia, no tiene deseos, no ejerce ninguna imposición, está a merced y hace lo que el niño quiere, se aleja o se acerca solo según su voluntad. Este juego repetido anuncia la compulsión de repetición en Freud, y en el niño la diferencia entre un objeto que él puede accionar y hacerlo desaparecer o aparecer y un sujeto, para el caso la madre, que el hilo amoroso no puede hacer aparecer o desaparecer. Ellos se encontrarán no sólo cuando el niño tire del hilo de su deseo, de ese hilo libidinal que hace aparecer lo ausente como representación, sino cuando ambos decidan hacerse presentes ante el otro, cuando decidan y tengan presencia. No depende del otro, no coincide con el deseo, no depende de la buena voluntad o intuición. Tiene un carácter azaroso y opuesto a la ausencia. Cuando se encuentren, además del niño haberse “entrenado” con el carretel a las ausencias y presencias de la madre-representación, cumplirán una serie de acciones para componer un espacio de convivencia con el hecho de que cada cual hallará al otro en otro lugar que el que lo dejó, nunca en el mismo. Que encubran esta situación con expresiones del tipo “es el mismo niño” o “es la misma madre” es a los efectos de encubrir con representaciones la angustia del encuentro con un sujeto que siempre hace gala de otredad o, mejor aún, como dije antes, de una ajenidad que los obliga a un hacer para realizar el encuentro.

4. Persona y presencia Como se vio en la lista provista por la Comisión Científica de FEPAL hay un entrelazamiento de ambos términos. Voy a proponer una distinción a sabiendas de que puede ser un tanto arbitraria. Sugiero llamar persona al personaje, paciente o analista, aunque más frecuentemente se refiere a éste último, en un sentido más próximo a una ficción, a la construcción representacional, que es el eje de la transferencia. Veamos algo del origen etimológico. Como saben, persona viene del griego 4 Deleuze, G., Guattari (1980) hablan de rostridad. En el lenguaje las opciones se guían por el rostro del hablante y lo que le parece al interlocutor, si está irritado, si es amigable, si crítico o acusador. “Los rostros no son, en principio, individuales, defienden zonas de frecuencia o de probabilidad, delimitan un campo que neutraliza de antemano expresiones y conexiones rebeldes a las significaciones dominantes. De igual modo, la forma de la subjetividad, conciencia o pasión, quedaría absolutamente vacía si los rostros no constituyesen espacios de resonancia que seleccionan lo real mental o percibido, adecuándolo previamente a la realidad dominante”. (Página 174)

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Isidoro Berenstein

ʌȡȩıȦʌȠȞ (prosopon), máscara de actor, pasado al latín persona que lo derivó del etrusco phersu. La máscara griega tenía una doble función: ampliar el volumen de la voz y la capacidad de poder ser usada por actores varios que hacían de soporte del personaje representado. Ese rostro,4 que es donde se pretende encontrar los aspectos del objeto proyectado, se aproxima a estas consideraciones. Recuerden otros episodios de la vida cotidiana donde las parejas discuten entre ellos acerca de la cara: “Tenés cara de…”, dicho con los tonos varios desde la preocupación hasta el enojo. “Tenés cara de cansado”, “Tenés cara de preocupado”, “¿Por qué me mirás con esa cara?”. Persona es exterioridad. Excelente para conectar al analista con la transferencia–contratransferencia, correspondiente al paciente como persona que evoca y despierta personajes con los que inviste al analista y éste se inviste y le amplifican la voz y las emociones (enojo, indulgencia, severidad, etc.) al interpretar al personaje proyectado. En este sentido de persona trata de dejar afuera la otredad de su subjetividad, de la cual su existencia irrenunciable marca la presencia de cada sujeto.5 La persona depende del juicio de existencia (si además de figurar como representación coincide con la percepción de realidad) y de atribución (regulada por el principio de placer, con una máquina psíquica que permite distribuir lo bueno y placentero para hacer que me pertenezca y hacer que lo malo y displacentero sea adjudicado al otro ajeno). Presencia llamo a la evidencia de otredad, que se presenta como imposición, depende por lo tanto de relaciones de poder, poder que en español tiene dos formas, como verbo y como sustantivo. El primero habla del hacer recíprocamente uno con otro en eso imprevisible, que plantea un problema a resolver y que puede o no producir una novedad. No se trata de un significado a interpretar, sino de un hacer junto con otro. Se habla de poder sustantivo cuando se acerca a la supresión o aniquilación del otro, psíquica o físicamente. La presencia es opuesta semántica y conceptualmente a la ausencia del otro y a la existencia del objeto interno. De esto nos hemos ocupado Puget, J. (2001) y yo (Berenstein, 2001) en distintas oportunidades Entiéndase bien: ambos ocupan y se entreveran en el campo de la sesión, como dije al principio. Poder del paciente y poder del analista, poder de la madre y poder del bebé. Depende del juicio de presencia (Berenstein, 2001, 2004), de si la percepción del otro en su presencia puede pasar a ausente o, lo que es más seguro, el otro no ha de desaparecer por efecto de mi deseo, no coincide con una representación y mi trabajo es hacerle un lugar, ese “deber” del que habla Espósito, inscribirlo y que halle un lugar diferente junto con mis otras representaciones.

5 Quizá por este motivo en los ejemplos clínicos tenemos abundantes referencias del paciente, edad, historia previa, sexo, si es casado o soltero y no tenemos casi datos del analista, no sabemos si es joven o adulto o viejo, si soltero, casado o separado, suerte de figura un tanto anónima y sostén obligado de la relación entre los dos.

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Hacia una diferenciación entre persona y presencia en la sesión analítica

Resumen Propongo diferenciar la persona del analista en relación con su paciente de la presencia de uno y otro en la construcción del vínculo analítico. La persona se refiere al personaje, paciente o analista, en un sentido más próximo a ficción, a construcción representacional, que es el eje de la transferencia-contratransferencia. Llamo presencia a la evidencia de otredad, que se presenta como imposición, depende por lo tanto de relaciones de poder, del hacer recíprocamente uno con otro en eso imprevisible que puede llevar o no a la producción de novedad, que plantea un problema a resolver y no sólo un significado a interpretar. En la sesión hay momentos de significación y de interpretación y hay momentos de imposición, de acciones, de un hacer que lleva a que cada sujeto imponga su presencia y de parte del otro trate de hacerle un lugar que no tenía previamente. En ella circulan relaciones de deseo en base a la dimensión representacional y relaciones de poder mediante las cuales se ejercerán acciones que tratarán de impedir las acciones del otro. Muestro un ejemplo de la vida cotidiana, y comento el “juego del carretel” de Freud. Descriptores: Persona – Presencia – Relación – Vínculo.

Resumo Proponho diferenciar a pessoa do analista em relação com seu paciente da presença de um e outro na construção do vínculo analítico. A pessoa se refere ao personagem, paciente ou analista, em um sentido mais próximo da ficção, à construção representacional, que é o eixo da transferênciacontratransferência. Chamo presença a evidência de “outridade”, que se apresenta como imposição, e que depende, portanto, de relações de poder, do fazer reciprocamente um com o outro nesse imprevisível que pode levar ou não à produção de algo novo, que propõe um problema para ser resolvido e não só um significado para ser interpretado. Na sessão há momentos de significação e de interpretação, e há momentos de imposição, de ações, de um fazer que leva a que cada sujeito imponha sua presença e que a outra parte trate de construir-lhe um lugar que não tinha previamente. Nela circulam relações de desejo na base da dimensão representacional, e relações de poder mediante as quais se exercerão ações que tratarão de impedir as ações do outro. Apresento um exemplo da vida cotidiana, e comento o “jogo do carretel” de Freud. Palavras chave: Pessoa – Presença – Relação – Vínculo.

Summary In the construction of the analytical relationship, I propose distinguishing between two aspects of the analyst: as a person, and as a presence. The same two aspects could be distinguished within the patient in their specificity. I use the term person to refer to a character, either patient or analyst, in a sense which is closer to fiction, and which depends on unconscious representations and projections, all of which concern transference-countertransference. In contrast, I refer to presence as the evidence of otherness. This is manifested as a conscious-unconscious imposition, and is consequently dependent on power relationships and on reciprocal actions between individuals in the midst of the unpredictable. This may or may not result in the production of newness, leading to the creation of a situation which needs to be dealt with, but not solely through the interpretation of meaning. In the psychoanalytic session, there are moments of interpretation, and there are moments of imposition,

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Isidoro Berenstein

of actions which lead each subject to impose their presence on the other and to try to make a space there which did not previously exist. In the session, both types of relationship come into play: the first, based on unconscious desire, with the dimension of representations, and the second based on power relationships. As regards the latter, one individual performs actions which try to hinder those of the other. I illustrate this with an example from everyday life and comment on Freud’s “fort-da” game. Key words: Person – Presence – Bond – Relationship.

Bibliografía Berenstein, I. (2004) Devenir otro con otro(s). 1ª ed., Buenos Aires, Paidós. - (2001) The Link and the Other. London, The International Journal of Psychoanalysis, Vol. 82. Deleuze, G. y Guattari, F. (1980) Mil Mesetas. 1ª ed., Valencia, Pre-Textos, 1988. Espósito, R. (1998) Comunnitas: origen y destino de la comunidad. 1ª ed., Buenos Aires, Amorrortu, 2003. Freud, S. (1920) Más allá del principio del placer. En O. C., XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1976. - (1925) La negación. En O. C., XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1976. Klauber, J. (1968) El psicoanalista como persona. En Dificultades en el encuentro analítico (1981), 1ª ed., Buenos Aires, Paidós, 1991. Krakov, H. (2004) Comunicación personal. Little, M. (1957) “R” –The Analyst’s Total Response to His Patient’s needs. En Transference neurosis and transference psychosis: toward basic unity (1986), Londres, Free asso-

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Enrique Núñez Jasso

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EL PLURALISMO CLÍNICO Y LA PERSONA DEL ANALISTA

El modelo ideal del psicoanalista es aquel que pueda integrar los diferentes roles profesionales, aunque es difícil desarrollarse en todos: el clínico (experto en psicopatología psicoanalítica), el maestro (supervisor-didáctico), el investigador-escritor de trabajos analíticos ( de investigación conceptual, empírica, narrativa), el administradorpolítico (compromiso institucional en sus funciones de presidente, comisiones de enseñanza, actividades externas en la Universidad, ) y que muestre competencias en cada una de las actividades que realiza en su práctica cotidiana, debiendo completar unas 10,000 horas de sesiones-paciente, cantidad que se logra al tener 40 horas de consulta por semana en cinco años, y cinco años de posgraduado, acompañado de reflexión teórica y autoanálisis. (Núñez, 2001; Núñez, 2008) La elaboración necesita ser transdisciplinaria y globalizada con las bases filosóficas de la verdad en la mente psicoanalítica (Cavell, 2000): la coherencia (hermenéutica), la correspondencia (neopositivismo) con sus consideraciones estéticas y pragmáticas (Jiménez, 2007) para comprender la realidad, diferenciarla de la fantasía y sus aplicaciones al arte, cultura y otras áreas del pensamiento complejo (Morin, 1997) y la Teoría del Caos (Sharff, 2007). Es necesario que tenga un conocimiento general teórico pluralista del psicoanálisis freudiano y posfreudiano: psicoanálisis del Yo clásico, las teorías de las relaciones objetales (grupo británico, intermedio y americano), el psicoanálisis del self, ampliado a los modelos relacionales-intersubjetivos-constructivistas (Stolorow, 2004), la teoría del apego, la escuela francesa (API y lacaniana), el neuropsicoanálisis (Solms, 2000) y en FEPAL de los autores latinoamericanos de su sociedad local o regional, con sus correspondientes líderes en Europa o Norteamérica (Jiménez, 2007; Bleichmar, H., 2008; Bleichmar, N., 1989; Gabbard, 2004; Cooper, 2006; Mitchell, 2004; Coderch, 2006). En cuanto a su habilidad como analista debe conocer las bases de estrategia, táctica y técnica de aplicación con los pacientes (Etchegoyen, 1986; Kernberg, 2007). La neutralidad, abstinencia y anonimato como parte de la actitud analítica para crear un 1

Miembro Titular Didáctico de la Asociación Regiomontana de Psicoanálisis.

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encuadre; el uso de las intervenciones: silencio, clarificaciones, confrontaciones, validación empática, interpretaciones generales y específicas, con el uso excepcional de confesiones contratransferenciales. Las diferencias entre relación real, alianza terapéutica y transferencia en la relación-interacción analítica. Debe conocer la suma importancia de la confidencialidad, privacidad y secreto profesional para dar lugar a un encuentro clínico ético, auténtico y comprometido con los intereses del paciente (analizando); unido con un respeto a los colegas y a la asociación de pertenencia. En cuanto a las satisfacciones del analista, tema poco tratado en la literatura (Langs, 1976), se puede decir que derivan de una profesión que da una forma de ganarse modestamente la vida, con una estimulante profundidad intelectual y emocional que permite conocer el mundo interno de una gran cantidad de personas (Mc Williams, 1994) y ver los resultados en metas de vida (cambio estructural) en los pacientes y en uno mismo con la experiencia acumulada de vida profesional. En este trabajo quiero mostrar un ángulo de la práctica profesional que es la base de todos nuestros esfuerzos. Me refiero al Psicoanalista Clínico Pluralista que se enfrenta a una pluralidad (diversidad) de casos con diferente grado de psicopatología en este mundo posmoderno, complejo y a veces caótico (Núñez, 1996). Cómo tiene una gran importancia la persona del analista en cuanto a la forma en que se conduce (trabaja), cómo lo ven los pacientes (transferencia y rol profesional) y cómo se siente en su práctica cotidiana (contratransferencia y experiencia personal). Para esto presentaré varias viñetas clínicas de neuróticos, limítrofes y psicóticos, adolescentes y adultos, enfatizando estos puntos. En una síntesis final, presentaré las conclusiones sobre la persona del analista en la pluralidad clínica actual. Particularmente en las vicisitudes de su experiencia profesional en esta época en que parece que se ha superado la crisis del psicoanálisis de los 80’s con una enorme oferta-demanda de terapias breves, fugaces en sus resultados y un desconocimiento general de nuestra actividad por la hiperrealidad y sobreinformación en Internet en contra de nuestra profesión. Parafraseando las conclusiones de una mesa en el Congreso de Niza: “El Psicoanálisis es el último bastión de la cultura para la libertad personal” (Núñez, 2002).

Caso clínico 1 César, de 54 años, llegó a análisis referido por una amiga de AA (Alcohólicos Anónimos) hace 10 años. El motivo de consulta era conocerse más (tema rarísimo en la actualidad) y saber lo que era el amor verdadero. Su madre, a la que estaba muy apegado, murió de cirrosis alcohólica, así como un hermano menor que por su alcoholismo “quebró” la empresa familiar en el área de las comunicaciones. En una intoxicación en Las Vegas, “tocó fondo” después de 25 años de alcoholismo, actitud de “junior” con Mustang del año y desobligado laboralmente. Estaba casado con una mujer fría que lo acusaba de al menos 15 años de suplicio familiar, de hecho una hija se casó con un pseudoabogado, abusador de alcohol y violento.

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El pluralismo clínico y la persona del analista

Se sentía aprisionado por su esposa quien se adjudicaba el mediano éxito en su pequeño negocio de avisos de ocasión, pero un giro de la fortuna le hizo triunfar en un sitio de Internet del cual ahora goza un espléndido bienestar económico. Empezó relaciones amorosas con una empleada y estuvo a punto de divorciarse, pero la presión social se lo impidió. Así transcurrió su análisis cuatro veces por semana por casi 6 años. Actualmente tiene un “equilibrio” con dos amantes, un liderazgo regional en una organización no gubernamental que promueve la atención a alcohólicos. Me ve como un asesor de sus negocios e iniciativas de leyes de ayuda a la comunidad. En seguimiento una vez por semana desde hace 4 años.

Caso clínico 2 Susana, de 17 años, llegó a análisis por la decepción del tratamiento con una psicoterapeuta de niños sin resultados satisfactorios. Padecía una bulimia intensa con atracones de comida varias veces a la semana. Su hermana tenía fobia social y mantuvo un tratamiento con la misma terapeuta. A un hermano menor se le diagnosticó trastorno de la atención con hiperactividad, sin tratamiento. En una ocasión le rompió la guitarra en la cabeza, pero al ser el preferido de la madre no recibió castigo. Su madre, una mujer narcisista, vivía en su mundo de relaciones sociales superficiales, frustrada con el marido y mandaba a todos los hijos a terapia. El esposo, un ex deportista, dedicado a la banca con buen nivel, se quejaba amargamente del trato despectivo de la esposa y prefería a Susana como hija mayor. En su adolescencia deseaba casarse como toda “chica bien” y se mantuvo virgen hasta que conoció a su novio, un chico con fobia social que la “secuestraba” para no afrontar los exigentes compromisos familiares y la acosaba sexualmente, criticándola de frígida, “mocha” (religiosa). Aunque iniciaron una actividad sexual tempranamente, ella nunca sintió un orgasmo y de hecho no le importaba. Por varios años estuvo en análisis cara a cara, porque nunca aceptó el diván. Cuando lo intentó, a media sesión se levantó angustiada. Ahora a los 26 años, continúa con el mismo novio sin definirse para casarse. La bulimia resultó ser secundaria a una “linda histeria” y se liberó teniendo amigos-amantes cuando está en Europa que sí la hacen vivir la sexualidad. Viene a un post-análisis cuando está en la ciudad, en los veranos de su maestría. En terapia de pareja donde espera resolver su conflicto de dejar al novio acaparador o casarse con él. Su actitud conmigo es de camaradería y alianza esperanzada a elaborar sus problemas de adolescente desfasada.

Caso clínico 3 Fernando, de 34 años, estuvo en análisis desde la niñez por tener problemas escolares e hiperactividad y ser hijo de un investigador del Colegio de México. Su

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abuela materna padeció un trastorno bipolar, así como una tía paterna. Una prima falleció en un “accidente” al irse a un barranco. Su madre se suicidó cuando él tenía 30 años, quedó en estado de muerte cerebral por seis meses, por lo que también, deprimido, amenazó varias veces con quitarse la vida. Su hermana padece enfermedad bipolar 2, estudia medicina y ha suspendido dos semestres por depresión mayor, abuso episódico de alcohol y vida caótica de pareja. Varios tratamientos previos con psiquiatras no dieron resultados, intoxicándose con múltiples medicamentos, marihuana y abuso de alcohol. Lo fui a “rescatar” de una internación en un servicio de pacientes aislados. Mantuvo una relación libre de la que nació una hija que no conoce. Sufre una seria incapacidad laboral en el campo de la investigación médica. Una lenta pero progresiva rehabilitación evitó el suicidio. Se casó con una compañera de la escuela que lo acompañaba en las parrandas de marihuana y tiene un hijo. Se definió como una enfermedad bipolar 1 desde la infancia. Actualmente estable, tratado con Litio y Carbamazepina, con sesiones dos a tres veces por semana. Ha iniciado sus prácticas de “maquila” de proyectos de investigación que le dan una base para vivir en clase media sin recibir apoyo del padre. Me dice “Quique” como si fuera un amigo de él y de su padre, o como un maestro de su carrera que lo guía vocacionalmente, a manejarse en pareja y soportar la obsesividad de su esposa que lo acusa de “loco” marihuano, culpable del suicidio de su madre y flojo.

Caso clínico 4 Carlos, de 26 años, fue referido por su tía materna para quitarle “lo violento”. Había golpeado a dos compañeros de la universidad privada de administración en otro estado por que lo acusaban de “naco” (pobre y maleducado), prieto (moreno) e indio. Lo hizo sin avisarles y no sabe el destino de uno, temiendo haberlo lesionado seriamente por ser un joven fuerte, experto en artes marciales que aprendió del segundo marido de su madre, que había sido militar en un país sudamericano. Carlos nunca conoció a su padre y su madre lo entregó a su abuela y a una tía materna solterona. Su educación fue férrea con maltratos físicos, acudió a escuelas japonesas y alemanas. Desde niño lo expusieron a la matanza de animales para cocinarlos. El de adolescente torturaba gatos para “bajarles su dignidad”. Cuando le sugerí que lo hacía para vengarse transformado en su abuela no hizo caso aunque lo comparó con Mishima, el autor japonés que se suicidó. Varios psiquiatras y psicólogos no le creían, se burlaban de él o no se sentían “competentes” para el caso, por lo que lo referían. Cuando empezamos tomaba Valproato y Olanzapina para la impulsividad y se analizaba dos veces por semana. Su discurso era como una discusión ideológica sobre los “degradados” (pobres, indígenas, ignorantes), ya que él era un nazi actualizado, lleno de tatuajes de manga japonesa (femeninos). Odiaba a la “estúpida” autoridad y enfrentaba a los agentes de tránsito que le pedían cohecho.

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El pluralismo clínico y la persona del analista

Le agradaba que lo escuchara sin reprimirlo ni rechazarlo y con pocas interpretaciones, cuando me dejaba intervenir. Fue conteniéndose, ahora se casó, planea dejar la violencia porque no le quiere dar un mal ejemplo a sus hijos y me agradece, según dice su tía, por madurar, aunque falta camino por recorrer a los dos años del tratamiento.

Caso clínico 5 Dulce, de 36 años, acudió a la consulta para apoyar a una cuñada con anorexia y en proceso de divorcio. Confesó una dispareunia (dolor en el coito) y anorgasmia desde hacía 16 años y experiencias de haber presenciado o estado expuesta al abuso sexual de su prima (confirmado) a los 5-7 años, que parecía asociarse con el miedo a estar con su padre a solas. Sin saberlo, tenía una severa agorafobia que le impedía salir de la casa, pero ella se consideraba en desacuerdo con las normas sociales, excepto en las ocasiones de apoyar a su marido (aparentemente homosexual sadomasoquista), ejecutivo de una empresa transnacional, ya que ella les caía muy bien a los invitados extranjeros. Entró a análisis de inmediato 4 veces por semana, por obediencia, durante 4 años. Los últimos dos concurre dos veces por semana desde que prescindieron de su esposo en la empresa. En el proceso hizo dos intentos de suicidio con pastillas, en un estado de disociación, recordando al abusador (amigo de su padre) al descubrir el maletín con los implementos sadomasoquistas del esposo. Un tormentoso proceso de transferencia erotizada, acusándome de homosexual por no acceder a sus demandas sexuales, se derivó a varios amantes conectados por Internet que la “curaron” de su dispareunia pero no de la anorgasmia. Al ser dada de alta por mejoría de su agorafobia y depresión continuó en contacto por mail, compartiendo sus logros y mensajes de pensamiento positivo aceptando la no realización del “amor imposible” conmigo pero suficiente para continuar viviendo.

Otros casos Dos casos recientes de varios meses de duración están iniciando la creación de un espacio analítico: – Una joven de 23 años multitratada desde la adolescencia por ser limítrofe, dejó el último tratamiento por miedo a ser asesinada por su psiquiatra o violada. Tiene múltiples síntomas obsesivo-fóbicos, síndrome por atracones sin vomitar, toma varios medicamentos, incluyendo unos para el apetito que la mantienen oscilando entre insomnio, ansiedad difusa y depresión crónica (semanas apática sin ir a la escuela con actos parasuicidas). Me dice que yo parecía un experto en borders (por una plática que di en la asociación local) y sus chequeos frecuentes en Internet sobre la patología, pero en realidad me ve como un: “viejo, asimétrico por mi cara, con voz grave y tenebrosa y

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que la he puesto peor”. Con gran dificultad hemos conservado el encuadre usando recursos de la técnica de la mentalización (Fonagy, 2006). La familia la quiere sacar pero confía en mí y esperamos que continúe en tratamiento para no pasar a ser uno más de la lista de analistas y profesionales que la han tratado. – La otra es una joven estudiante de medicina de 21 años en su segundo episodio psicótico esquizofrénico (que confirmó leyendo los folletos de mi sala de espera). En el primero tenía la convicción delirante de que la querían acusar de loca y la enviaron al psiquiátrico para encerrarla y que la residente que la vio en la consulta era una cirujana que se hacía pasar por psiquiatra. Mejoró del primer brote con medicamentos pero desertó sin hacer conciencia de enfermedad. En el segundo estaba convencida que un maestro quería acosarla sexualmente y le “borró” las respuestas del examen por lo que reprobó, luego la seguía hasta la casa y lo confundió conmigo cuando me vió con mi hijo en un restaurant; yo pasé a ser parte del delirio, por eso no quería venir. Con firmeza hemos logrado una estabilidad frágil, ya volvió a estudiar y está haciendo conciencia, extrañándose de cómo pudo pensar tan mal de mí.

Conclusiones La variedad de psicopatología a la que se enfrenta el analista es plural y los conocimientos que debe utilizar son amplios en esta evolución de la teoría psicoanalítica hacia un pluralismo crítico (Coderch, 2006) que le permita comprender-explicar las dinámicas complejas de sus pacientes. Ser en la actualidad de una sola teoría según plantea Bateman (1995) es “culpa del análisis didáctico” y lo mantiene limitado para poder ayudar a los casos con diferentes niveles de organización, síntomas y caracterología. La persona del analista es multifacética de acuerdo al tipo de patología, el tiempo de análisis y la experiencia del profesional, pudiendo ser una relación “real” de asesor-traductor-maestro (Caso 1 y 3,) una alianza terapéutica en una neurótica estándar (Caso 2) una transferencia amistosa (Caso 4), erótica o erotizada (Caso 5), o caótica, psicótica (últimos casos). Las gratificaciones del analista derivan de ayudar a personas en problemas que “destruyen” su vida, la posibilidad de producir creativamente, avanzar en su desarrollo (conquistas) estancado o tener relaciones amorosas estables. Nos permite participar en encuentros estimulantes intelectualmente si toleramos la incertidumbre y la exigencia emocional, en un campo que involucra identificaciones proyectivas y co-transferencias, pero que deja al final de la empresa una satisfacción profunda y una identidad consolidada firme ante los embates de la crítica destructiva de otras corrientes psicológicas y/o psiquiátricas (Núñez, 2004).

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El pluralismo clínico y la persona del analista

Resumen El Psicoanalista ideal necesita cumplir varios roles: clínico, investigador, maestro-supervisor y administrador. Sus conocimientos deben derivar de una reflexión teórico-clínica que incluya la comprensión hermenéutica y neopositivista en la investigación adecuadas al pensamiento complejo. El psicoanalista en formación requiere aproximadamente de diez mil horas de práctica clínica (en diez años, cinco en el proceso formativo y cinco de posgraduado) que se complementan con la crítica selectiva sobre el pluralismo teórico posmoderno (psicoanálisis comparado), pueden lograr así un entrenamiento básico para comprender la diversa clínica contemporánea. La persona del analista puede comprenderse en varias vertientes: como un objeto “real”, como parte de la alianza terapéutica, en el proceso transferencia-contratransferencia. También debemos considerar las satisfacciones y frustraciones de la profesión. En este trabajo se presentan viñetas clínicas que reflejan los diferentes aspectos de los roles del analista como persona, la complejidad de la clínica en la actualidad y la manera integrada en que el analista es visto por sus pacientes en los diferentes roles, el manejo que requiere hacer para obtener resultados positivos (tan exigidos por las demás ciencias y la cultura popular) y las gratificaciones que se obtienen de la práctica del psicoanálisis. Descriptores: Pluralismo clínico – Analista como persona – Psicoanálisis.

Resumo O Psicanalista ideal precisa exercer vários papéis: clínico, investigador, professorsupervisor e administrador. Seus conhecimentos devem derivar de uma reflexão teóricoclínica que inclua a compreensão hermenêutica e neopositivista na investigação, adequadas ao pensamento complexo. O psicanalista em formação requer aproximadamente de 10.000 horas de prática clínica (em 10 anos, cinco no processo de formação e cinco de pós-graduação) que se complementam com a crítica seletiva sobre o pluralismo teórico pós-moderno (psicanálise comparada), podendo levar então a uma formação básica para lidar com a diversidade da clínica contemporânea. A pessoa do analista pode ser compreendida sob várias vertentes: como um objeto “real”, como parte da aliança terapêutica, e no processo transferência-contratransferência, incluindo as satisfações e frustrações no exercício da profissão. Neste trabalho apresentamos vinhetas clínicas que refletem os diferentes aspectos dos papéis do analista como pessoa, a complexidade da clínica na atualidade e a maneira integrada como o analista é visto por seus pacientes nos diferentes papéis, o manejo que precisa fazer para obter resultados positivos (tão exigidos pelas outras ciências e pela cultura popular) e as gratificações obtidas na prática da psicanálise. Palavras chave: Pluralismo clínico – Analista como pessoa – Psicanálise.

Summary The model of ideal psychoanalyst needs accomplish some roles: clinical, researcher, teacher-supervisor and administrator. His knowledge must be getting from a theoretical-

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Enrique Núñez Jasso

clinical reflextion that includes hermeneutic and neopsitivistic comprehension in investigation adapted to complex thinking. Candidate in training requires approximately ten thousand hours of clinical practice (in ten years, five in formative process and five in postgraduate time) completed with selective critics concerning theoretical postmodern pluralism (comparative psychoanalysis) to get a basic training to cope with diversity in contemporary clinical practice. The analyst as personae can be understand in some areas: as an “real” object, as a part of therapeutic alliance, in the transference-countertransference process. Including proffesional satisfactions and frustrations. In this paper will be presented some clinical abstracts showing different roles of analyst as personae, complexity in contemporary clinical work and integrated mode how analyst be seeing in roles, required management to get positive outcomes (demanding by other sciences and mass media) and gratifications obtained in the psychoanalytic practice. Key words: Clinical plurality – Analyst as a person – Psychoanalysis.

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Claudio Rossi 1

AS FILIAÇÕES ANALÍTICAS: FIDELIDADES E PODER

Os Impermanentes Ideais Se para a relação bi-pessoal a Psicanálise tem como utopia a genitalidade, para os grupos, pode-se dizer, que seu ideal é o pacto fraterno (Freud, 1913-1914). Embora inatingíveis como bens sustentáveis e sempre presentes, esses ideais se realizam periodicamente mostrando suas virtudes e estimulando o desejo de que fossem permanentes. Nas relações entre duas pessoas as organizações sincréticas/simbióticas (Bleger, 1972a), orais, anais e fálicas estão sempre disputando espaço com a aspirada genitalidade e nos grupos o pai da horda primitiva ressuscita com grande freqüência assumindo com alegria seu poder brutal até ser novamente assassinado pela fratria. Nessas idas e vindas a humanidade respira e evolui. Na genitalidade as diferenças individuais são comemoradas e são causa de prazer. No pacto fraterno impera o contrato entre as partes, contrato que visa à distribuição eqüitativa de poderes, direitos e prazeres. Na genitalidade as diferenças são fecundantes e no pacto os limites individuais são a condição de possibilidade da construção coletiva. Os grupos psicanalíticos, como todos os outros, estão sujeitos a essas vicissitudes e passam por períodos de melhor distribuição de poderes e por outros em que os mesmos ficam mais concentrados e assumem características hegemônicas e autoritárias. Quanto mais concentrado é o poder e mais autoritária é a organização menos oportunidade existe para a genitalidade, pois as diferenças são temidas e as novas concepções são vistas como desestruturadoras e decadentes. Por outro lado nos períodos autoritários acontece a consolidação do já vivido e conhecido, havendo uma “paz” obtida pela repressão e neutralização de tudo o que é desestabilizador. Os controles, a burocracia, a ordem passam a imperar. O prazer do contato com o já conhecido, bem organizado e limpo, fica no lugar da turbulência gerada pelas novidades, pela aventura da busca do desconhecido, pela excitada vertigem causada pelo movimento rápido e audaz da conquista de novos territórios. 1 Membro efetivo da Sociedade Brasileira de Psicanálise de São Paulo. Presidente da Federação Brasileira de Psicanálise (Febrapsi).

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Os grupos analíticos tendem a se pensar e a se definir como revolucionários que transmitem a “peste” que é a Psicanálise viva. Muito comumente, porém, são, na prática, bastante conservadores, controladores e burocráticos. Os comportamentos controladores, em geral, são justificados como defesa dos aspectos revolucionários da Psicanálise, que estariam sempre ameaçados por uma maioria composta por todos aqueles que não pertencem ao grupo que se percebe como o defensor da “liberdade” e da Psicanálise verdadeiramente inovadora, com potência suficiente para enfrentar o “Inconsciente”. Um conservadorismo que estaria a serviço do revolucionário, o que não deixa de ser um curioso paradoxo. Paradoxo semelhante, porém, acontece na prática psicanalítica na qual um “setting” extremamente rigoroso, normatizado, regular e previsível é essencial para que os fenômenos psicanalíticos ocorram com toda a sua explosividade (Bleger, 1967). A criatividade em geral, também, consiste em superações discretas do existente através de um trabalho metódico que leva em conta todo o conhecimento acumulado, caso contrário será, não criatividade, mas, bizarria. O compromisso assumido e consciente das associações de psicanalistas, é acima de tudo, com o desenvolvimento da Psicanálise, isto é, com o progresso no conhecimento do Inconsciente na condição de fator determinante da vida humana em todas as suas dimensões. Pode-se dizer que essa é sua fundamental fidelidade. Fidelidade ao que Freud expressou como: “Wo Es war, soll Ich werden”. (1932-1933)

As Múltiplas e Contraditórias Fidelidades Amigo é aquela pessoa que quando alguém diz: –matei um homem! Ele pergunta: –o que vamos fazer com o cadáver? As pessoas querem e precisam de amigos fieis. A fidelidade das pessoas que viveram, trabalharam, se amaram, lutaram lado a lado é algo bastante forte, pelo menos naquelas que são capazes de sentir gratidão. As relações íntimas que se mostram confiáveis promovem apego, estima, simpatia e lealdade. Quando alguém passa por um processo de formação analítica, estabelece com seu analista e supervisores relações extremamente íntimas, mais íntimas, às vezes, do que relações familiares e de amizade. Durante anos a fio os mais delicados segredos, as inseguranças e vergonhas mais profundas, os sonhos e pesadelos mais estranhos são compartilhados ao mesmo tempo em que emoções intensas, nem sempre dentro dos padrões éticos e estéticos da sociedade, acontecem na relação. Muitos desses acontecimentos são transferenciais, é verdade e, espera-se, serão resolvidos no desenvolvimento da análise, mas, nem todos. A pessoa do analista, por mais neutro e técnico que ele seja, está presente todo o tempo e estabelece vínculos reais e atuais com o analisando que, também, é alguém que não se reduz às transferências que é capaz de estabelecer. O mesmo acontece nas supervisões onde, por não haver o recurso da interpretação transferencial, as transferências não são elucidadas. Assim, termina-se a formação, mas, os vínculos estabelecidos durante a mesma permanecem, assim como as fidelidades que os acompanham. Os contatos entre colegas que têm empatia entre si

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ou que comungam pontos de vista, também, geram relações estáveis que perduram. Nada mais natural do que as relações desenvolverem amizades e as amizades serem fiéis. Mas, o amigo fiel, como na definição acima, é cúmplice e não pode “servir a dois senhores” ao mesmo tempo. O amigo ajuda a esconder o cadáver, mas, não pode chamar a polícia. A fidelidade a pessoas, virtude indiscutível, causa, por isso, inúmeros problemas institucionais e gera contradições importantes nas organizações. A fidelidade a ética das relações sociais e às normas estabelecidas, necessária para que o “pacto fraterno” prevaleça e com ele não se retorne à barbárie, como vimos, nem sempre é compatível com amizade e com a fidelidade à pessoas que a merecem. Mas, tampouco é fácil combiná-la com a ética própria da Psicanálise: a busca incansável da descoberta do Inconsciente. Não que haja uma incompatibilidade essencial entre as duas, mas, estão longe de ser sincrônicas e no dia a dia das organizações as contradições se multiplicam. Como proteger as normas de convívio e de distribuição de poder, restringindo e reprimindo situações e pessoas, sem que se cause prejuízo ao psicanalítico propriamente dito? O conhecimento, que está entre os principais objetivos das organizações psicanalíticas é, também, objeto de fidelidades. No que se refere ao conflito entre a produção de conhecimento e a preservação do conhecimento adquirido, as questões são as que todas as sociedades científicas têm. O método científico é infiel ao conhecido, pois é fascinado pelo “a conhecer” e para encontrar este precisa demolir aquele. Nisso Freud é paradigmático. Se a aplicação do método científico nas “hard sciences” é atravessado pelo Inconsciente, nas humanas isso é muito mais significativo. A Psicanálise, por sua vez, ao se dedicar à pesquisa das entranhas do psiquismo, ao investigar as matrizes da mente –como acontece com os exorcistas que correm o risco de ficarem endemoninhados– precisa enfrentar, em suas próprias linhas, as mais altas resistências ao conhecimento. Essas resistências, freqüentemente, se expressam como uma forte fidelidade ao corpo de conhecimentos já acumulados em detrimento da busca de novos achados (Herrmann, 1991). Poucos projetos são tão ambiciosos quanto o psicanalítico e, por isso mesmo, ele é tão sujeito a esse tipo de vicissitudes.

Os Limites da Consciência e da Construção Psíquica A capacidade que o homem tem de conhecer as bases de sua atividade mental é muito reduzida. A consciência, no sentido psicanalítico, é como uma vela acesa num imenso edifício. A área iluminada é ínfima e a escuridão prevalece na maior parte, quase na totalidade, da estrutura. A pequena potência luminosa da vela serve como analogia para a reduzida capacidade de penetração que tem a consciência humana. Muitos séculos são necessários para que o Homem faça pequenos progressos a respeito do conhecimento de si mesmo. A concepção de um inconsciente dinâmico, porém, pedra fundamental do edifício psicanalítico, põe em evidência os limites da pessoa humana quanto à sua possibilidade de manter na consciência uma série de informações, não pelo que se acabou de

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mencionar, mas, porque as funções integradoras não suportam todos os dados já disponíveis. Para poder pensar e não ficar inundado por informações, o Homem precisa fazer escolhas bastante restritivas a respeito daquilo que pode ou não saber. (Bion, 1987) Os mecanismos que fazem a seleção daquilo que pode ou não estar presente num determinado contexto da consciência, constituem, talvez, o mais básico e íntimo dos poderes. Ao atravessar as defesas e trazer para a consciência informações banidas, a Psicanálise enfrenta e altera esse poder interior. Quando alguém procura a psicanálise é porque está insatisfeito quanto ao poder que tem em relação a si próprio. Ou não faz o que quer, ou não comanda o que sente, ou se sente perdido entre opções que não consegue fazer ou é invadido por pensamentos, vivências e impulsos que não consegue evitar e compreender. Busca o auxílio do analista para recuperar esse poder que lhe falta. Muitas vezes isso está projetado no ambiente e ele busca recuperar o poder sobre o mundo externo ou sobre seu corpo (Bleger, 1972b) que sente estarem fora de seu controle. A construção da mente é hierarquizada de tal maneira que não apenas certas informações não podem nela entrar, como, as que entram obedecem a um rígido padrão em que umas prevalecem sobre outras. Graças a isso se torna possível a construção de conhecimentos organizados. Os conhecimentos organizados passam a ser referências para futuras construções. Os novos aportes têm passagem livre quando são coerentes com o já conhecido e encontram resistências importantes quando contradizem ou são heterogêneos a ele. Não houvesse as limitações psíquicas para a organização das informações, não seriam necessárias as defesas e não haveria inconsciente. A associação livre com a atenção eqüiflutuante pode ser entendida como uma política de inclusão na qual não existem hierarquias, na qual o poder e as hierarquias são suspensos. Como as informações heterogêneas ao sistema causam tensão, eliminá-las, ao reduzir essa tensão, causa prazer. O estabelecimento de grupos que compartilham das mesmas idéias, baseadas em experiências semelhantes, por essa razão, são prazerosos e tendem a se manter e a evitar o diferente. Se essa característica dos grupos restringe o crescimento e impede uma grande quantidade de informações novas, exatamente por isso permite que a construção continue sendo feita. Lentamente, com limites, ela prossegue e pode se tornar muito grande. Quanto maior e mais significativa for, mais restritiva se torna e mais lentas e problemáticas serão as modificações em sua estrutura. A construção do conhecimento, portanto, exige a preservação do já conhecido e estruturado. A seleção do novo acontece de tal maneira que pequenas quantidades dele vão sendo inseridas paulatinamente, caso contrário acontecerá a confusão e a instabilidade do sistema. A “fidelidade” ao conhecido e a “filiação” a um grupo que o mantém, na tradição, na memória, em arquivos, é necessária. Sem isso não existe o que se chama de espírito humano (Comte-Sponville, 1999). A identidade individual e grupal são baseadas nas memórias e nos cabedais de conhecimentos acumulados. A representação da realidade depende da experiência acumulada por milhares de gerações e que formam uma grande biblioteca ou museu interior. As limitações inconscientes da percepção e da elaboração contribuem para a necessidade da existência do

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inconsciente dinâmico que como dissemos antes é hierárquico. A manifestação dessa hierarquia no mundo externo é a política “científica” de uma organização que detém e constrói um determinado tipo de conhecimento. Da mesma forma que no mundo interno são selecionadas as informações que podem entrar no campo da consciência, no mundo social, pensamentos diferentes serão restringidos e grupos com outras referências teóricas serão evitados ou reprimidos. Até aqui, vimos que as limitações da elaboração do pensamento e, portanto, da construção das representações psíquicas de realidade e de identidade são uma das causas das filiações a grupos de pessoas ou a conjuntos organizados de idéias e corpos teóricos mais complexos. Surgem, assim, as fidelidades que são formas de restringir a emergência descontrolada do novo que desestabilizaria o conjunto. Na sua manifestação social isso se manifesta como a existência de pessoas ou grupos que selecionam, restringem, reprimem ou privilegiam certos tipos de informações em detrimento de outras. Resulta dessa atividade política a criação de ideologias, preconceitos, crenças infundadas ou com fundamentação ultrapassada, que ao serem compartilhadas pelo grupo ganham grande estabilidade e passam a ser percebidas como verdades indiscutíveis.

Fatores afetivos No encontro humano, não se encontram pensamentos, mas, corpos que, também, pensam. Desse encontro, o pensamento só conhece uma pequeníssima parte e esse conhecimento está atravessado por tudo que acabamos de considerar. Antes de serem capazes de pensar os seres humanos se relacionam com os outros e estabelecem vínculos afetivos, que lhes são vitais. Esses vínculos de extrema dependência erigem as experiências primárias como padrões, grandemente inconscientes, que estruturam a percepção. A percepção do mundo é filtrada e estruturada pelos objetos internos, constituintes da identidade do sujeito (Grinberg y Grinberg, 1971; Baranger, 1971). Esse filtro é inconsciente de tal maneira que aquilo que é percebido é vivenciado como a realidade ou a verdade. A psicanálise ao permitir algum insight sobre esses fenômenos permite que o sujeito ganhe a capacidade de relativisar os dados de sua percepção. O insight sobre os objetos internos, porém, é obtido através da transferência que como todos os acontecimentos do encontro é apenas parcialmente passível de se tornar consciente. O esclarecimento e a superação radical da transferência é impossível. Quanto mais existir ressonância, similaridade, entre os objetos internos do analisando e os do analista, menos possibilidades haverá de discriminação entre o que é interno e histórico e o que é externo e presente. Em outras palavras as características pessoais do analista tendem a reforçar os aspectos dos objetos internos do analisando que lhes são semelhantes ou sintônicos. Como a identidade é também um equilíbrio de tendências e características, pode-se admitir que a relação analítica pode promover uma alteração identitária no analisando de tal maneira que ela se aproximará das características da identidade do analista. Esse tipo de transformação identitária é desejá-

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vel e torna possível a formação analítica, na qual espera-se que haja a introjeção da função analítica. A introjeção dos objetos, porém, inclui maneiras de pensar dos mesmos. A identificação é acompanhada, portanto, de estruturas cognitivas que, como conhecimentos sistematizados, passam a funcionar como descrevemos na seção anterior. Relações afetivas íntimas e com emoções intensas, tendem a “abrir a cabeça” dos participantes para as maneiras de ser do outro e para seus valores e sistemas ideativos. Aqui a palavra filiação encontra uma aplicação bastante precisa. A pessoa fica filiada à sua análise e analista de uma forma semelhante àquela em que os filhos ficam filiados a sua família e a seus pais. Pode-se argumentar que isso acontece quando uma análise fracassa na elaboração da transferência e que isso, portanto, seria um resultado indesejado e patológico. Teoricamente o argumento seria respeitável se pudéssemos admitir que o insight da dupla fosse total. Isso não é verossímil. Muito pelo contrário, os fenômenos vinculares transbordam e são abarcáveis pela análise de maneira muito limitada. Os fenômenos aqui descritos são predominantemente identificações nucleares (Wisdom, 1961), inconscientes e estruturantes da percepção do analisando. O vínculo afetivo entre o analista em formação, seu analista e seus colegas, não se restringe, porém, ao que acabamos de abordar. Simpatias, intimidades, gratidões, ressentimentos, invejas, paixões as mais variadas, também, ocorrem. Tudo isso permite a formação de vivências semelhantes às que se tem nos grupos familiares e nos clãs. Nos grupos onde acontece o que se chama de formação, porém, a tendência gregária aumenta e adquire uma importância maior do que nos grupos onde acontece a transmissão da informação como conteúdo e não se espera a modificação na maneira de ser dos que as recebem. Na formação, além da aprendizagem propriamente dita, aspectos não pensáveis e não conscientes são introjetados e passam a fazer parte da personalidade do sujeito. Essas modificações dificultam sua sintonia afetiva com seus grupos naturais de origem e a facilitam com grupos de pessoas que passaram por experiências equivalentes. Como relações afetivas empáticas são vitais para o ser humano, os “formados” tenderão a estabelecer vínculos especialmente significativos com outros “formados”. Como a análise didática é a principal experiência formativa, os colegas que tiveram o mesmo analista tenderão a se atrair reciprocamente. O grupo psicanalítico tende a investir intensamente as relações profissionais entre colegas, que se tornam sociais e de amizade, possivelmente, em parte, por causa desses fatos. Os grupos de psicanalistas têm a característica de se assemelharem a grupos familiares com todas as vantagens e complicações que lhes são inerentes. A psicanálise pessoal, com a integração da personalidade que promove, contribui para que essas relações sejam mais elaboradas de acordo com as características da posição depressiva (Baranger, 1971), mas, não diminui a tendência a super investir o grupo profissional. A formação analítica, portanto, sendo processo muito longo e profundo baseado em contatos íntimos interpessoais muito freqüentes e intensos, deixa marcas e estabelece vínculos sociais permanentes. A negação desse fato, que resulta de uma idealização da

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As filiações analíticas: fidelidades e poder

eficiência das análises pessoais, dificulta o desenvolvimento de estratégias institucionais necessárias para o bom funcionamento e equilíbrio das organizações psicanalíticas.

Fatores políticos Nos grupo psicanalíticos, embora sejam bastante assediados e ameaçados por forças externas, em geral, as disputas pelo poder ocorrem mais no âmbito interno. Uma fonte importante de conflitos é a luta pela definição dos procedimentos a serem adotados para a formação de novos analistas. Os candidatos vêm de fora, mas, são vistos como futuros membros e logo passam a fazer parte da “família”. Embora, em princípio, a Psicanálise vise ao público em geral e seus conhecimentos se dirigem à humanidade, a principal preocupação intra-grupal é com os ataques que colegas possam fazer contra a Psicanálise deturpando-a, abastardando-a e diluindo-a. Isso pode aparecer como preocupação para com o público externo na forma de uma desconfiança de que os colegas não exerçam ou transmitam a Psicanálise de uma forma adequada. Mesmo nessa última situação, porém, a questão é interna. Embora a formação analítica seja considerada excelente, a fantasia predominante no grupo é a de que a Psicanálise está sempre em perigo. O saber o que é a Psicanálise e o saber praticá-la é o valor mais alto do grupo e isso transfere para os analistas em funções didáticas, que em princípio não são atividades políticas, um grande poder. Um poder político que decorre da crença de que eles detêm esse saber. Não saber, implica então, perda de poder institucional. Esse tipo de coisa é comum nas organizações que se dedicam à ciência e ao conhecimento como principal atividade. Aqui, porém, a disputa não se organiza de maneira quantitativa –quem sabe mais ou menos– mas, qualitativa, ou seja, existiriam os que sabem, e os que não sabem. Não se sabe mais ou menos sobre Psicanálise, mas, se sabe ou não se sabe o que é Psicanálise. Nem mesmo a pressão externa de grupos não pertencentes à organização garante a união interna a respeito do assunto. Como em qualquer grupo, nos grupos psicanalíticos a dedicação à organização, a competência em questões práticas, a capacidade de trabalho, a habilidade de resolver conflitos interpessoais, a capacidade administrativa e outras qualidades, também, conferem poder, mas, o prestígio máximo é obtido por aqueles que “sabem” o que é a Psicanálise. Essa situação causa grande ansiedade em todos os componentes do grupo, pois, correm permanentemente o risco de serem desqualificados em algo que é o cerne de sua vida profissional e, como vimos antes, que tem grande importância afetiva e social. Estar próximo de quem sabe, ser seu discípulo ou correligionário, ser seu analisando ou supervisionado passa a ser uma defesa importante para evitar o isolamento e a desqualificação. Isso não evita que haja desqualificação, pois, o grupo grande se divide em sub-grupos que se desqualificam reciprocamente, mas, pelo menos, o sujeito ao pertencer a um sub-grupo, nele se sente seguro.

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O poder e suas hierarquias é inevitável. Nas organizações em que o saber é o produto principal, o que sabe mais pode mais e na luta pelo mais saber se organiza a luta pelo poder. Nas organizações prestadoras de serviços, por outro lado, quem detém o “know-how” é o poderoso. As organizações psicanalíticas têm as duas dimensões. Trata-se nelas de identificar qual saber é o mais valioso ou verdadeiro e qual é a forma certa de se trabalhar. Pelo fato de não se dispor de critérios objetivos para avaliar com precisão essas qualidades, formam-se grupos que escolhem uma forma e a elegem como sendo a correta ou verdadeira. O poder instalado dessa maneira tende a engessar a troca de idéias entre os grupos, pois, torna-se necessário que o saber do grupo ao qual alguém pertence seja superior ao dos outros, tornando inválida a troca, por definição.

O amor pela Psicanálise Cada psicanalista passou pela experiência de ter sido analisado por muitos anos, muitas vezes com mais de um analista. Sentiu na pele a intensidade da experiência, sofreu, teve prazer, amou, odiou e percebeu que mudou. Verificou que a psicanálise que fez o modificou profundamente. Acredito que a maioria daqueles que se formaram analistas e se filiaram às organizações psicanalíticas considera que o processo ao qual se submeteram foi positivo e útil. Essa grata lembrança, conservada na memória dessa forma, é a principal manifestação de fidelidade à Psicanálise existente entre os psicanalistas. Essa fidelidade é uma manifestação de amor, pois é apoiada na lembrança das virtudes da relação analítica e da importância que teve em suas vidas. Não é idealização, é experiência vivida, elaborada e integrada. A experiência psicanalítica na formação, porém, não é um processo entre duas pessoas. A imersão no grupo que inclui os supervisores, professores e colegas é muito grande e intensa. Tudo isso se mistura com os estados emocionais provocados pelas análises pessoais. Se a análise tem como característica principal a desestabilização do conhecido para dar margem às novas visões que dela emergem, na experiência com os grupos, o analista em formação tem como atividade principal a recepção de conhecimentos acumulados, cristalizados e adotados por eles. A adesão a esses conhecimentos e atitudes promove um sentido de pertinência e proteção. Esses fatos, também, promovem gratidão e fidelidades. Se a análise é uma aventura, um mergulho no desconhecido, a convivência com a instituição é um abrigo, uma acumulação de aprendizagens e, não raramente, uma “catequese”. (Rossi, 2001) O curso pode ter a função de ser um apoio para a aventura analítica, mas, potencialmente, o grupo pode atenuar e abafar a experiência analítica que, nesse caso, corre o risco de passar a ser uma componente da ideologia grupal tornando-se “didática”, ou seja, uma parte de um “aprendizado” (Meyer, 2003). Existe, por isso, uma contradição entre a fidelidade à Psicanálise como mergulho na realidade psíquica e a fidelidade aos aspectos didáticos da formação.

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As filiações analíticas: fidelidades e poder

O Movimento das Instituições As “fidelidades” no contexto do título desta comunicação e no que escrevemos até aqui podem ser entendidas como defesas das fronteiras do saber instituído dentro do sujeito e no âmbito organizacional. Essas fronteiras não podem ser alargadas ultrapassando certa velocidade sem desestabilizar o conjunto (Herrmann, 1998). Os indivíduos dependem do conhecimento organizado acumulado, pois, ele é constitutivo de sua visão da realidade e de sua identidade (Herrmann, 2001). Essa visão de realidade e identidade funcionam como mapas, referências, necessários para o estabelecimento de estratégias de sobrevivência e adaptação à vida física, psíquica e social. A manutenção desse corpo de informações, em parte conscientes e em grande parte inconscientes, é cuidadosamente feita, pois sua desorganização deixa o indivíduo à mercê das forças do meio sem que ele possa ter condutas organizadas, o que é incompatível com a sobrevivência. Quando esse conjunto começa a falhar surgem as restrições, as soluções de compromisso, as divisões do ego com a finalidade de evitar a confusão e a falência geral. É impossível, porém, reorganizar o sistema sem que as “soluções” precárias sejam desmontadas. A desmontagem das mesmas mesmo provisoriamente desorganiza a adaptação e promove, por isso, ansiedade. Essa é a fonte da resistência. Desse ponto de vista as “fidelidades” poderiam ser consideradas como manifestações da inércia do sistema. Pelo raciocínio feito fica claro que elas são inevitáveis por serem a conseqüência dos limites de funcionamento do aparelho psíquico. A Psicanálise, porém, precisa enfrentar as resistências (fidelidades ou apegos) caso contrário não pode fazer sua desconstrução. O trabalho psicanalítico sobre as defesas (em última instância são elas as que são protegidas pelas resistências), porém, tem critérios bem estabelecidos, sendo o conceito de “timing” uma espécie de síntese. Não é possível, sem sérios problemas, remover defesas sem que se dê condições para a reorganização da personalidade em melhores bases. O que na psicologia individual acontece com as resistências, defesas, etc., tem alguma equivalência com o que, na dinâmica das organizações, ocorre com as instituições. Se pensarmos as instituições do ponto de vista da estabilidade necessária para o grupo, elas são necessárias e benignas (Bleger, 1975). Se as olharmos comprometidos com projetos de reformas ou de progresso, elas passam a ser resistências. Instituições importantes nas organizações psicanalíticas são o corpo teórico da Psicanálise subdividido em escolas ou conjuntos organizados de idéias, os paradigmas da formação e a prática analítica estandardizada e controlada. Qualquer tentativa de alteração nessas instituições provoca uma grande ansiedade no grupo e imediata reação política que visa à preservação do sistema. Ou seja, o grupo reage de uma forma semelhante à que reagiria o indivíduo. A preservação das instituições permite o funcionamento agregado do grupo e sua adaptação social mais ampla. À medida, porém, que as instituições começam a se tornar insatisfatórias a pressão pela “reforma” aumenta e elas passam a ser vistas como escolhos ao progresso. Essas tendências se alternam e são a expressão de grupos políticos que, tam-

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bém, se alternam no poder. Na alternância das visões e dos grupos a organização respira. Se ao invés da alternância acontecer a fixação na fidelidade a algum tipo de conhecimento tradicional acontecerá a estagnação. Se, pelo contrário, a busca do novo e do desconhecido se impusesse de forma rígida, aconteceria uma expansão descontrolada e catastrófica. O método psicanalítico por buscar o inconsciente e se opor, portanto às resistências e defesas pode levar aqueles que o praticam à idealização da desconstrução e a um certo preconceito quanto ao saber consciente e constituído. Essa idealização causa um efeito paradoxal que é a transformação do “nada saber” num valor em si mesmo. Não é a consciência socrática do “nada saber” que decorre da humildade diante do ainda desconhecido, mas, uma espécie de bandeira que é exibida com orgulho. Outra conseqüência é a sacralização da abertura e da liberdade de ser e de pensar que desqualifica a adoção de critérios e regras para a avaliação crítica de fatos, idéias e pessoas. Isso dificulta muito a manutenção de um território profissional baseado em qualidade assim como a aplicação de uma epistemologia consistente no desenvolvimento dos conhecimentos.

A endogamia e a auto-análise A especificidade extrema da atividade psicanalítica, a formação baseada em relacionamentos íntimos, os processos identificatórios comentados acima, a busca de compreensão e ressonância entre pares pelo fato de elas serem difíceis com estranhos ao meio, a rejeição de amplas esferas da sociedade à psicanálise e às sociedades psicanalíticas estão entre os fatores que estimulam a endogamia nos grupos psicanalíticos. A motivação para a pesquisa interior, de olhar para dentro de si, que faz parte da vocação de muitos analistas se transmite para as atividades grupais fazendo com que as comunidades psicanalíticas se interessem bastante em se auto-examinarem e se auto-analisarem. A auto-análise é possível. Grande parte das descobertas psicanalíticas, desde Freud, dependeram das auto-análises. Não é possível, porém, pensar que a Psicanálise existiria se não houvesse a dupla analítica. O confronto de subjetividades, a multiplicação dos pontos de vista é fundamental para que o próprio objeto psicanalítico aconteça. (Ogden, 1994) Organizações não psicanalíticas, como as empresas, grupos de profissionais, universidades e outros, hoje contam com a possibilidade de contratar especialistas em dinâmica organizacional para assessorar seu funcionamento, identificando problemas, ajudando na elaboração de conflitos e na busca de soluções. Esse tipo de recurso, em geral, não é usado pelas organizações psicanalíticas. Quando isso é feito, é feito por membros do próprio grupo que não têm distanciamento suficiente, nem neutralidade, para que possa acontecer uma análise institucional com maior profundidade. Os grupos externos, em geral, não são considerados adequados para realizarem a tarefa. É possível que com a abertura para outras especialidades e esferas do conhecimento que vem se manifestando como uma tendência crescente nas organizações psicanalíticas se

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As filiações analíticas: fidelidades e poder

torne possível, em médio prazo, análises institucionais exogâmicas que poderiam favorecer muito a criatividade das mesmas.

Resumen El compromiso, asumido y consciente, de las asociaciones de psicoanalistas es, sobre todo, con el desarrollo del Psicoanálisis, es decir, con el progreso del conocimiento del Inconsciente en la condición de factor determinante de la vida humana en todas sus dimensiones. Es posible decir que esa es su fidelidad básica. La fidelidad a lo que Freud expresó como: “Wo Es war, soll Ich werden”. Otras fidelidades, sin embargo, existen, resultando de necesidades y de límites cognoscitivos, afectivos y sociales de las personas y de los grupos. La tensión entre esas fidelidades diferentes, a veces contradictorias o paradójicas, promueve una pulsación constante en la cual grupos, ideas, vínculos se alternan cambiando las jerarquías y las estructuras del poder. Las organizaciones dependen de esta pulsación para ser capaces de permanecer animadas y creativas. Descriptores: Formación psicoanalítica – Identificación – Institución psicoanalítica – Inconsciente grupal – Campo psicoanalítico.

Resumo O compromisso, assumido e consciente, das associações de psicanalistas é, acima de tudo, com o desenvolvimento da Psicanálise, ou seja, com o progresso do conhecimento do Inconsciente na condição de fator determinante da vida humana em todas as suas dimensões. Pode-se dizer que essa é sua fundamental fidelidade. Fidelidade ao que Freud expressou como: “Wo Es war, soll Ich werden”. Outras fidelidades, porém, existem, decorrentes de necessidades e de limites cognitivos, afetivos e sociais das pessoas e dos grupos. A tensão entre essas diferentes fidelidades, às vezes contraditória ou paradoxal promove uma pulsação constante na qual grupos, idéias, vínculos se alternam modificando as hierarquias e estruturas de poder. As organizações dependem dessa pulsação para poderem se manter vivas e criativas. Palavras chave: Formação psicanalítica - Identificação psicanalítica - Instituição psicanalítica - Inconsciente grupal - Campo psicanalítico.

Summary The conscious commitment of the associations of psychoanalysts is mostly with the development of Psychoanalysis, that is, with the progress of the knowledge of the Unconscious as a determinative factor of the human life in all of its dimensions. They are faithful to what Freud expressed like: “Wo Es war, soll Ich werden”. Nevertheless, they also have other loyalties as a consequence of their necessities and cognitive, affective and social limits. The contradictory or paradoxical tension between these different loyalties, promotes a constant pulsation with alternation of groups, ideas

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and bonds that changes the hierarchies and the structures of power. The organizations depend on this pulsation to be able to remain alive and creative. Key words: Psychoanalytical training – Identification – Psychoanalytical institution – Groupal unconscious – Psychoanalytical field.

Bibliografia Abraham, K. (1927) Teoria psicanalítica da libido. Imago, Rio de Janeiro, 1970. Baranger, W. Posición y objeto en la obra de Melanie Klein. Kargieman, Buenos Aires, 1971. Bion, W. Aprendiendo de la experiencia. Paidós, México, 1987. Bleger, J. “Psycho-analysis of the psycho-analytic frme”. International Journal of Psychoanalysis, 48, 511-519, 1967. - (1967) Simbiosis y ambigüedad. Paidós, Buenos Aires, 1972a. - (1963) Psicologia de la conducta. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1972b. - (1971) Temas de psicologia-entrevista y grupos. Nueva Visión, Buenos Aires, 1975. Comte-Sponville, A. Pequeno tratado das grandes virtudes. Martins Fontes, São Paulo, 1999. Freud, S. (1914[1913]) Totem e tabu. Edição Standard Brasileira, vol XIII, Imago, Rio de Janeiro, 1975. - (1933[1932]) “A dissecção da personalidade psíquica”, conferência XXXI, in Novas conferências introdutórias sobre psicanálise. Edição Standard Brasileira, vol XXII, Imago, Rio de Janeiro, 1976 Grinberg, L. y Grinberg, R. Identidad y cambio. Kargieman, Buenos Aires, 1971. Herrmann, F. (1979) O método da psicanálise. Brasiliense, São Paulo, 1991. - Psicanálise da crença. Artes Médicas. Porto Alegre, 1998. - Introdução à teoria dos campos. Casa do Psicólogo, São Paulo, 2001. Meyer, L. “Subservient analyse”. International Journal of Psychoanalysis, 84, 1241-1262, 2003. Ogden, T. Subjects of analysis. Karnac books, London, 1994. Rossi, C. “Supervisão e análise didática, complementaridades e contradições”. Jornal de Psicanálise, São Paulo, vol.34 (62/63), 151-160, 2001. Wisdom, J. O. “A methodological approach to the problem of hysteria”. International Journal of Psychoanalysis, 42, 224-237, 1961.

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DERECHOS HUMANOS y PSICOANÁLISIS

¿De qué hablamos cuando hablamos sobre DDHH? La definición no es obvia. Es necesario construirla y reformularla cada vez en diferentes contextos históricos. Mientras las cosas (o los entes) de la naturaleza son pasibles de definiciones estables y precisas, para las construcciones discursivas se hace necesario reformularlas cada vez, en cada coyuntura espacio temporal, en una semiología de afinidades y contrastes.1 Freud tomaba términos del lenguaje corriente, por ejemplo transferencia, y los trabajaba para reapropiárselos y adecuarlos a su contexto de trabajo y al desarrollo de sus ideas. Voy a intentar imitarlo; la sola salvedad es la diferencia entre un hombre común y un genio. El psicoanálisis no sólo describe y descubre sino que inventa su propia lógica de pensamiento. En el lenguaje habitual, DDHH tiene tal resonancia de cercanía e inmediatez con las tragedias históricas de causa humana –guerras, genocidios, tortura sistemática, prisión arbitraria, desapariciones forzosas..., man made disasters– no vale la pena prolongar el inventario del horror... Se habla de DDHH cuando éstos son violados o violentados. Aunque esta lista de oprobios pesa ya varias toneladas, a la crueldad humana en la esfera pública se podría agregar la abyección en la esfera íntima (abuso incestuoso, maltrato y prostitución infantil, niños trabajando como esclavos) y aquellos que vienen de la indigencia y la pobreza extrema, que muchas veces derrumban en la promiscuidad las reglas elementales del parentesco y con ello desmoronan el orden simbólico que sostiene nuestra mente. Y en este último rubro no es suficiente describir y atender el horror manifiesto (la atención y rehabilitación de las víctimas): sino atisbar las causas estructurales que conducen a su producción.

Dirección del autor: Joaquín Núñez 2946 C.P. 11300; Tel. (5982) 711 7426; Montevideo – Uruguay 1 En este posicionamiento radica una diferencia fundamental del modo de pensar en ciencias naturales que difiere del mismo propósito en ciencias humanas o ciencias del hombre, o ciencias del sujeto. Como indica Braudel en Historia de la Civilización, los conceptos en Ciencias Humanas no son fijos y perpetuos. No se debe darles la precisión que tiene un triángulo o un compuesto químico, deben ser locales y transitorios de acuerdo a cada autor y contexto histórico.

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Mi amigo Bertrand Ogilvie llama la atención de que en el primer documento relevante sobre el tema: La Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Cuidadano, producido hace ya más de dos siglos, durante la Revolución Francesa, existe la aparente tautología o redundancia entre hombre y ciudadano. Arriesga la hipótesis, que me parece elocuente y compartible, de que hombre releva allí algo inmanente, que procede de la biología o la teología, una referencia al derecho natural, o algo inherente al genoma o la morfología del cuerpo, mientras que ciudadano, subraya o enfatiza la condición del hombre político, organizado en sociedad y apunta a centrar el asunto en el perpetuo combate histórico por la emancipación y la justicia, o contra la opresión y la injusticia. El derecho natural siempre señala la asíntota de una utopía irrealizable de una meta ideal inalcanzable. Es una realización alucinatoria (“wishfull thinking”). En contraste, el derecho del ciudadano es combate cotidiano. Contiene la pugna de intereses contrapuestos, y señala la coyuntura histórico política concreta, que se dirime en la lucha para la realización de los anhelos republicanos, siempre amenazados, siempre atropellados, siempre defendidos. *** A mí no me gusta hablar de DDHH porque en general se habla de ellos cuando han sido violados. Y la violación me parece una forma repugnante y poco satisfactoria de realización erótica. Aunque la utopía de una sociedad justa y ecuánime en la distribución de sus bienes y oportunidades se haya mostrado históricamente irrealizable, podemos constatar empíricamente que el grado de oprobio, de un posicionamiento insano y criminal de una comunidad de hombres sobre otra comunidad de congéneres, muestra una gran variabilidad. Mientras unas violaciones son trágicamente grotescas y visibles, trayendo el infierno y apocalipsis a la realidad cotidiana, otras son sordas y silenciosas (estructurales se dice), en un sistema productivo que por un lado prodiga la opulencia hasta el hartazgo, con un correlato de hombres superfluos o descartables, excluidos desde el nacimiento a una factible integración a los sistemas hegemónicos de producción material y simbólica. Prefiero entonces hablar de la frontera entre psicoanálisis y sociedad, o psicoanálisis y ciudadanía, de la interfase entre el sujeto político y el así llamado sujeto del inconsciente. Así el tema se universaliza y no se restringe y confina a las situaciones extremas de violencia y abyección. El cambio no es retórico, tiene la misma distancia que hay en medicina entre prevención primaria y terciaria. *** En los tramos finales del marathon de la vida no puedo sino asombrarme que los DDHH sean un eje temático de un Congreso de FEPAL. Quiero compartir con ustedes ese asombro con reconocimiento y gratitud a quienes así lo concibieron, y ya que –citando a Mafalda de Quino– “La historia comienza cuando yo me doy cuenta”– quiero decirle a los jóvenes que no siempre fue así.

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La articulación de la escena analítica con el espacio ciudadano ha sido y sigue siendo una bisagra problemática, una zona de frontera que conviene explorar prolijamente. Para buena parte de los colegas esta interrogación es necesaria, imprescindible, para otros es una amenaza a la especificidad del método, y aducen (el argumento no es menor) la extraterritorialidad y atemporalidad del inconsciente. De modo que el ciudadano, inserto en una cultura y un espacio socio-político, y el sujeto del inconsciente que emerge en la experiencia psicoanalítica, son dos sujetos que tienen poco que ver entre sí. De todos modos la creencia de un inconsciente abierto al mundo u otro encerrado en el hervidero de su caldero pulsional, no es más que eso, una creencia y un debate abstracto y retórico. En lo personal me gusta más asomarme a las fronteras y todos saben que nos divertimos más en la transgresión que en la obediencia. Como sea, incluir los DDHH como tema a pensar desde el psicoanálisis implica reinterrogar y cuestionar, quizás descentrar ciertos pilares básicos del edificio teórico de nuestra disciplina, y eso siempre hay que hacerlo con cuidado. Es a interrogar esta aparente aporía que voy a dedicar las páginas que siguen. Contra las apariencias, este asunto o territorio de reflexión no ha sido fundado para este congreso, el matrimonio de DDHH y Psicoanálisis no es el invento de Margarita, Mariam o Juan Pablo, sino del padre fundador. ¿Matrimonio amoroso o mal avenido? La pregunta lleva un siglo. Cuando Freud empezó a especular con la pulsión de muerte, con el “Malestar en la Cultura” y el “Porvenir de una Ilusión”, y antes con “Psicología de las Masas” (¿en español es masa, o grupo o multitud?) y con “Tótem y Tabú”, y culminó después con el “Moisés”; pero estos textos son poco trabajados en congresos e institutos de formación y parecen tener poca incidencia en la clínica ordinaria. Extenso y fecundo recorrido que Laplanche llama el eje socio-antropológico de la obra freudiana. En la clínica ordinaria, donde trabajamos con la clase media y alta, quedamos inmersos y atrapados en la intimidad de la sexualidad infantil y la peripecia edípica, y difícilmente nos ocupamos de las multitudes del planeta y sus avatares. Hasta que llega el Totalitarismo, la Tiranía, el Genocidio o la Tortura sistemática o la pobreza extrema, y lo que expulsamos por la puerta nos entra por la ventana. Entonces, si los organizadores no se pueden arrogar el mérito del invento porque éste es freudiano, deben ser homenajeados por el coraje de traerlo al centro de la escena de la reflexión psicoanalítica, de no hacerlo un pariente pobre y marginal sino darle el estatuto de problema psicoanalítico a pensar, con lo que se arriesgan –como le ocurrió a Freud– a la vituperación. Por ejemplo la de abandonar la sana clínica que se ocupa del bienestar y adaptación de los pacientes para ir a territorios que no conciernen al psicoanálisis sino a la política, a lo sumo a otras ciencias humanas. Pero el tema de las articulaciones de DDHH y Psicoanálisis no se circunscribe y limita a la violencia política. Abarca zonas mucho más extensas donde se juegan aspectos cruciales de democracia, de ciudadanía, de diversidad cultural. Y me parece pertinente que los psicoanalistas asomemos allí el hocico, no tanto para enseñar o predicar,

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sino sobre todo para aprender. Al menos aprender cómo cuestiona y sacude a nuestro oficio y tarea, la mutación civilizatoria que estamos viviendo. ¿Acaso la peripecia de la iniciación sexual es la misma en nuestros adolescentes de hoy de lo que fue en nuestra generación, o en la moral victoriana de los tiempos de Freud? Yo no dudo que la causalidad inconsciente y la peripecia edípica sean decisivos en la elección de objeto sexual. Pero entre decisivo y exclusivo hay una distancia cualitativa fundamental, e interrogar cómo la cultura actual irrumpe y modela los patrones comportamentales, en nada empobrece la especificidad del enfoque freudiano. La intimidad que se produce y despliega entre el diván y el sillón al amparo de la regla de oro, no puede confinarse al aquí y ahora conmigo, que postulaban ciertos enfoques bionianos. Que las brisas o vendavales de la ciudad atraviesen el consultorio no es una amenaza al método sino algo a celebrar, y en la escucha analítica se puede alternar en cómo se estructura y organiza la intimidad del aquí y ahora, y dónde son bombardeadas y perforadas por los misiles de modas cambiantes. Los referentes de norma y trasgresión mudan a velocidad vertiginosa –lo que se llama modernidad líquida (Bauman - Leucowicz) y sería arrogante no confesarnos un poco atónitos y perplejos ante los bruscos e intensos cambios de mentalidad que se producen. Cada teoría, más allá de las condiciones geniales de su inventor, es subsidiaria de la mentalidad o sensibilidad prevalentes o hegemónicas en sus condiciones históricas de producción. El lugar de la mujer, su emancipación, que algunos autores consideran como el hecho societario más relevante del siglo XX, la noción de familia, de sexuación, filiación, función paterna y materna, no tienen hoy la misma vigencia y valor que tuvieron en las condiciones históricas de producción de la teoría clásica. ¿Cómo se conciben hoy los ritos de cortejo e iniciación sexual, nuestra posición frente a la homosexualidad, el divorcio, el adulterio, si en el freudismo la bisexualidad y la diferencia de sexos es la diferencia fundadora?, ¿es acaso lo mismo hablar de función materna y paterna en la familia tradicional y en la contemporánea?, ¿qué variación histórica hay en estos conceptos? Son preguntas que también conciernen a la bisagra entre sociedad, D.D.H.H. y Psicoanálisis. La subjetividad se construye y reformula cotidianamente y somos continuamente colonizados por el lenguaje a través de los discursos hegemónicos. No propongo una polarización entre conservadores y revisionistas de la teoría freudiana, cuyos fundamentos siguen incólumes, sino interrogar las variaciones que el cambio epocal nos impone. Stephen Gould postula que la mayor revolución del conocimiento en la modernidad es el cambio de la noción de esencia por el de variación. En tiempos de Freud la delimitación del espacio íntimo o privado, respecto al espacio público, era más nítido. En el mundo mediático que hoy prevalece, la nitidez de esta frontera está cuestionada o desmoronada. El sujeto sujetado a la norma y la trasgresión impuestos por el código de un otro mayúsculo (representado por el estado y la religión), está basculando a un sujeto que se pretende autoengendrado, cuyo eje axiológico está centrado en el derecho a ser lo que se es. Dice Bauman, que antaño el conflicto se planteaba entre lo permitido y lo prohibido, hoy, entre lo imposible y lo posible. Trueque donde el referente ético queda devaluado.

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Una dirección –que me parece errónea– pocas veces creativa y a veces diabólica es usar la herramienta psicoanalítica –sus descubrimientos, su saber– para explicar fenómenos sociales. El mismo Freud usó parricidio e incesto y teoría de las pulsiones en sus textos sobre la guerra, y una frase muy citada es considerar los problemas sociales como la reproducción del conflicto íntimo en una escena más amplia. Como me dijo en Berlín en un extremo de ridículo una analista neoyorquina, que Bush-hijo había invadido Irak ahora como expresión de rivalidad con su padre quien no había penetrado en Bagdad una década antes. O el libro verdadero o apócrifo sobre el Presidente Wilson. ¡En fin, si ni en Freud, dios padre, se puede confiar, no me exijan a mí el tino y la mesura! Yo no creo que se pueda ni se deba usar el psicoanálisis para “explicar” los fenómenos sociales: psicoanálisis que explica es psicoanálisis aplicado y eso no es operante. Es con otro enfoque (perspectiva) que me acerco a la interfase de lo psicoanalítico con lo social. No basta ni es pertinente la conjunción copulativa psico-social, sino tratar esa frontera como un espacio problemático, turbulento, enigmático y a descifrar. En la modernidad el requisito de un proceder científico era delimitar un objeto de conocimiento y una metodología para abordarlo y esta conjunción de método y objeto definían el territorio específico de una disciplina. Si uno se salía del redil, venía el anatema: “Eso no es psicoanálisis”. Más allá de quien tuviera razón, el acusador o el acusado, lo que importa relevar es la certeza dogmática de la imputación: lo que traslada el debate a la zona de la creencia. Tratando de superar el combate de opiniones y situar el problema en un plano epistemológico, recordemos que los paradigmas de la modernidad –nos lo enseñó en FEPAL José Luis Calabrese, al trazar axiomáticamente el perímetro del objeto y el método de una ciencia– separaban para comprender mejor: sexualidad infantil, trauma, fantasma y peripecia edípica, pulsiones y constelaciones identificatorias, delimitaban el territorio freudiano. Todos aprendimos la lección, sino no estaríamos aquí. Dada además la atemporalidad del inconsciente, este saber era pensado como universal y perpetuo. Hoy, en lo que se ha dado en llamar el pensamiento débil de la post-modernidad, trabajamos con causalidades y determinismos múltiples, exploramos a tientas mundos posibles sin las certezas con que la ciencia positiva de la modernidad quería explicar al mundo tal cual es. De consiguiente, hoy la sanción de lo que es y lo que no es psicoanálisis, no tiene la fuerza condenatoria de antaño y la diversidad amenaza menos la excomunión. El desafío no está en el demostrar, sino en el mostrar cómo tal o cual fenómeno tiene que ver o no con la causalidad inconsciente, y si es posible de ser pensado dentro de las coordenadas freudianas del padecimiento psíquico. Yo creo (y lo propongo a la controversia y debate), que en la medida en que el descubrimiento freudiano ganó en auge y prestigio y trocó su condición de “peste” subversiva por la de verdad oficial y prestigiosa, ese saber anticipado puede marchitar el asombro y la sorpresa del insight. No se trata de refutar ni de poner en jaque las tesis freudianas de la importancia de la sexualidad infantil, de los avatares de la pulsionalidad y de las constelaciones identificatorias de esa época de la vida. Se trata de cuestionarlo como determinismo lineal y exclusivo y abrirse a la peripecia de una multicausalidad.

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Yo abrevo diariamente en la clínica –como lo hacemos todos– de la fecundidad del enfoque freudiano. De lo que se trata es de no usarlo como verdad religiosa, como verdad revelada que todo lo explica. Se trata de no reificar los referentes freudianos, como exclusivos y eternos y arriesgarse a confrontarlos, con el menor prejuicio posible, a la primacía de la clínica y a los emergentes de una actualidad social distinta a la de los tiempos de Freud, para interrogar el malestar en la cultura en el mundo de hoy. *** Volvamos al tema de los efectos de la violencia política. Quisiera utilizar una viñeta como disparadora de nuestra reflexión. Dos analistas israelíes, supervisora una, supervisanda la otra, forman parte de una red humanitaria por la conciliación entre judíos y palestinos. Una de sus tareas consiste en su presencia militante en los puestos aduaneros donde los palestinos ingresan a Israel. Presencia que busca evitar o mitigar los abusos o prepotencias con los palestinos “trabajadores” entre los cuales pueden infiltrarse eventuales “terroristas”. Soldados que, entre el miedo y el odio se pueden volver agresivos, trocando la inspección en maltrato. Un día un palestino amigo de la supervisanda llega llorando porque su casa fue saqueada y quemada, y es ella la única judía con quien puede compartirlo empáticamente. La futura soñante es hija y nieta de judíos alemanes, a quienes setenta años atrás, su casa les fue confiscada por el nazismo y debieron huir en pocas horas, abandonando todas sus pertenencias para evitar lo peor. Esa noche ella hace un sueño de angustia donde tiene la convicción pesadillesca de ser ella misma la ladrona y apropiadora de la casa del palestino. Esta historia me fue narrada vívidamente por un colega francés durante el reciente congreso de Berlín, y había sido tema de debate en la sociedad de París. Globalización mediante, la transculturación y sus efectos de desfiguración están asegurados. Sería vanidoso y pueril pensar un material onírico fuera de la escena transferencial. Sólo lo traigo para problematizar la posición del analista, ante un material significativo que conjuga y condensa una actualidad política quemante y acuciante, con un traumatismo histórico que trasciende a la soñante y atraviesa las generaciones, y es reveladora de una culpa colectiva que trasciende la constelación individual. ¿Qué caminos elaborativos habrá que transitar, qué caminos interpretativos habrá que recorrer? No pretendo traer respuestas sino abrir interrogantes. ¿Cómo descondensar el trabajo de condensación obvio y elocuente que el sueño despliega? No es que tenga la respuesta, sino justamente porque me encuentro desmunido es que lo traigo a la reflexión. Yo fui joven alguna vez y alumno obediente de la doxa freudiana: el material infantil es el “capitalista” del sueño, el “resto diurno” un modesto operario que transforma el material para hacerlo presentable (trabajo de figurabilidad). Llevando esta ortodoxia al extremo, ¿será pertinente traducir una violencia actual y acuciante a términos edípicos de sexualidad infantil...? Sin duda nadie es tan torpe, pero la primacía de lo infantil que fue tan importante y decisivo en aquel contexto de descubrimiento que

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merece hoy ser recuestionado y actualizado a la luz de lo que el mismo Freud y los post freudianos han aportado sobre temporalidad psíquica y rehistorización. Del flash clínico lo que quiero rescatar para pensar, es el anudamiento que se produce en la soñante entre psicología individual y colectiva, con el trueque de la condición de víctima a la de victimaria: es ella, en el texto manifiesto, la que se convierte en perpetradora del acto ominoso, se convierte en ladrona y apropiadora del mismo objeto –la casa– que le fue sustraído a su familia dos generaciones antes. ¿Cómo se trabaja ese nudo? En la sesión analítica –que cultiva la psicología de las profundidades en un ámbito de intimidad– hay poca cabida para considerar aquella condición del sujeto donde está atrapado por la psicología de las multitudes: en este caso la israelí solidaria, atrapada en la coyuntura histórica de un pueblo tan agredido como opresor. ¿Cómo rescatar la neutralidad analítica y no ser ni pro-palestino ni antisemita? En condiciones de pluralidad democrática y libertad de expresión parece más factible y menos riesgoso el hacerlo. Aun así solemos rebatir el conflicto hacia la esfera íntima. Es nuestro hábito y tradición. ***

La memoria del terror Ya somos reiterativos en sostener que homologar la tortura y el genocidio a las generalidades de la Neurosis traumática es desconocer su especificidad, la que radica en que es otro humano –un semejante– el que tramita racionalmente nuestro oprobio o destrucción. A partir de allí –y a perpetuidad–, la pregunta de quién es el prójimo se planteará sin cesar con otra intensidad, con otra incertidumbre, con otra congoja. Quebrada la identificación originaria a lo humano –que es constitutiva de todas nuestras ficciones teóricas sobre el origen del sujeto psíquico– éste queda fragilizado o fisurado. ¿Quién es el prójimo? ¿Qué es la especie humana?, como plantó Antelme hace cincuenta años y retoma Samuel Gerson en El tercero está muerto. Sin ese espejo amistoso del semejante –lo sabe cualquiera que haya leído las reflexiones freudianas y post freudianas sobre el desvalimiento originario, la Hilkfloschiskeit– algo de lo constitutivamente humano queda averiado. Y es allí que debe apuntar la elaboración, eventualmente la reparación cuando la Prioridad del Otro es ocupada por un enemigo, que quiere nuestro oprobio y destrucción. Nunca restitutio ad integrum (restitución integral), como pretende la idea de resciliencia. La víctima, sostiene Antelme, no es la abolición de la singularidad, sino por el contrario, su realización plena. Es esta singularidad que debe transitar el proceso terapéutico lo que jamás se logrará con la Neurosis Traumática como referente. Para hacer más explícito a qué llamamos perlaboración del trauma extremo, la descripción que me parece más comprensiva y penetrante en las lecturas llevadas a cabo es la que nos dejaron los Baranger y Mom en su relato de 1988.2

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Llaman “trauma puro” a la desorganización psíquica producida por la violencia del acontecimiento que al principio se produce por una angustia masiva, una experiencia apenas comunicable, porque la confianza en el otro está destruida y el interior es desolación y desconsuelo. La desorganización es tal, que la angustia es masiva, de causa indeterminada y sin objeto representable. (Esto me evoca como paralelo las angustias sin nombre de las agonías primitivas de Winnicott, que ocurren en un psiquismo primitivo y creo que es a ese nivel de regresión que lleva la experiencia extrema). En un segundo tiempo vienen del trauma representaciones fragmentarias, imágenes, olores u otras formas primitivas y fragmentarias de representación que no se integran de modo coherente. Es la presencia del analista, del testigo, apoyados por la disposición genérica del aparato psíquico de buscar causas y sentidos, que en una tercera etapa los fragmentos se van integrando en frecuencias de sentido; se va historizando en la historia del sujeto y de su linaje, y en lugar de tener en la mente el carácter de cuerpo extraño y aislado, los recuerdos se van integrando en secuencias lógicas e inteligibles, que toman la dinámica de recuerdos encubridores, para ir desentrañando paso a paso algo de la veracidad originaria buscada y de su significación. Esta evolución favorable, saludable, no depende sólo del trabajo en la intimidad del par terapéutico. Concuerdo con Werner Bohleber,3 con que el desenlace es diferente cuando en el espacio social prevalece el silencio, la indiferencia o la desmentida (y los traumatizados cargan en exclusividad con la tarea reparatoria o con la culpa del sobreviviente) que cuando el espacio social se abre a la memoria colectiva y transgeneracional de reconocimiento del evento horroroso acontecido y se tramitan sus consecuencias en el espacio ciudadano. *** No olvidar..., de acuerdo. El silencio es ofensa a las víctimas y a los muertos. Es ofensa a lo más humano que tiene el ser humano: su inscripción en una genealogía. Abolición de los ancestros como tesoro significante. Ancestros a quienes queremos imitar o refutar, en la búsqueda incesante y desasosegada de nuestro modo propio y actual de estar en el mundo. Nunca se busca solamente dar cuenta del pasado, sino simultáneamente indagar qué procesos y transformaciones hacen posible la configuración del presente. Pero cuando se trata de persecución, genocidio y tortura, es decir de un origen mancillado, de oprobio y humillación... ¿cómo recordar?... ¿para qué recordar? La respuesta no es obvia ni es fácil. El tobogán patético, adornado de llantos y escalofríos, es una pendiente peligrosa y un cortocircuito del que todos hemos sido víctimas. La monumentalización del horror es una forma de eludirlo y caer en la hipocresía. 2 Baranger, M.; Baranger, W.; Mom, J. (1988)“The infantile trauma from us to Freud: pure trauma, retroactivity and reconstruction”, Int. J. of Psychoanal, 69: 113=128. 3 Bohleber, W. “Recuerdo, trauma y memoria colectiva. La lucha por el recuerdo en el psicoanálisis”, en Revista de A.P.A., Tomo LXIII, Nº 4, Dic-2006, “Trabajos centrales del congreso internacional de Berlín 2007”.

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Los modos de mirar el pasado son múltiples y problemáticos. No toda memoria es saludable y salvadora, puede ser incluso fuente de odios y resentimientos y anclarnos en un pasado sagrado y falsamente idílico que nunca existió. La operación memoriosa y la operación historiadora deben estar siempre amarradas a algo viviente de la peripecia actual y nutrir un anhelo y un proyecto del presente. Aquello que se alude con la consigna freudiana de recordar para no repetir. Explorar el pasado –del grupo íntimo y de la comunidad de pertenencia– siempre comporta el riesgo de exaltarlo y sacralizarlo, lo que como la mirada a Gorgona nos deja ciegos e inertes. Nutrirse de la tradición, en la ambivalencia que Freud relevó entre el reconocimiento y el resentimiento, es buscar el punto de apoyo y la plataforma desde donde podemos inquirir los enigmas del presente y dibujar la polaridad de lo que buscamos y lo que tememos, de lo que queremos lograr y lo que queremos evitar. Esto vale para individuos, grupos y comunidades y anuda en el mismo gesto el pasado y el futuro; la reflexión retrospectiva con la prospectiva. Debemos volver a la memoria del espanto, no para llegar al estremecimiento y el temblor, sino para mantener abierta la interrogación que lúcidamente formuló R. Antelme: ¿cuál es el sentido último de pertenecer a la especie humana? Aunque sepamos (antes y durante la interrogación) que una respuesta definitiva nunca llegará. La única justificación y el sólo sentido creativo de volver a la memoria del horror, a palpitar con ella, es reabrir la cuestión de quién es mi prójimo, si es mi semejante o si es mi enemigo. Remendar ese desgarro donde el prójimo pueda volver a ser un amigo, no definiendo la amistad como valor o virtud –dice Antelme– sino como el lugar imprescindible y único donde se pueda seguir siendo humano. Y Humano no como resultado de un juicio de valor y atribución, sino precediéndolo, como necesidad y soporte de la palabra necesaria para explorar lo desconocido. Como expresa con belleza Carlos Fuentes: sin la amistad externa, la morada interna se derrumba. El hombre necesita del prójimo para poder ser humano. Ubuntu, se dice en alguna lengua africana. *** El tema de la Memoria del Horror y su representabilidad, ha sido tratado mil veces en la literatura psicoanalítica y fuera de ella. Insistencia reveladora de su dificultad. Según J. L. Nancy4 se remonta al viejo testamento (Éxodo 20.4) en la problemática entre idolatría (eidolon = imagen) y monoteísmo, es decir un dios que sólo es palabra, visión del corazón y movimiento (de acompañar a su pueblo). El dios que entrega su verdad en el retiro de su presencia. Es famosa la lapidaria sentencia de Adorno: “No puede haber poesía después de Auschwitz”. Jean Luc Nancy busca la réplica en Adorno y el poeta de Hans Sahl, “Sólo el poema puede decir aquello que de otro modo burla toda descripción”. Con palabras diferentes Antelme postula la misma cuestión: “Para dar testimonio, hay que inventar una máquina de expresar”. 4

Nancy, J. L. “La representación Prohibida”. Amorrortu, Bs. As., 2006.

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Dilema pues entre la presencia plena de la imagen, amurallada en su inmediatez, y el intervalo –creativo– de la re-presentación. Porque el re, de representación no implica –no puede implicar– el retorno del acontecimiento originario. No es copia ni repetición de aquello. Por eso la representación plena y directa que busca el enfoque catártico-abreactivo es pura apariencia y espectáculo. Tiene la estupidez del ídolo. El re de representar, de recordar, se despega, se desprende del hecho originario y se centra en cómo el sujeto lo trabaja y es trabajado por el trauma. Esta es la distancia o intervalo entre la facticidad de la catarsis y la perlaboración (Durch-arbeiten) como iteración e intensificación de una experiencia a trabajar nota por nota, surco por surco, hasta llegar a la melodía y a la canción propia. La catarsis captura en una imagen estática, paralizada. La idea elaborativa es un camino perpetuo y sin fin que conforma los bordes del sentido y del sin sentido. En francés, Maurice Blanchot trabaja la distancia entre sentido (sens-) y sin sentido (ab-sens), jugando con la homofonía entre ausencia y sin sentido. La verdad del terror nunca puede ser una presencia plena –salvo que se quiera ir al simulacro o al espectáculo. El trabajo de elaboración es la construcción del objeto traumatógeno para modelarlo y domesticarlo. Es la metonimia de un hecho original inalcanzable, de sus deformaciones y desfiguraciones. De cómo el acontecimiento se anida en nuestra historia y anuda esta historia hasta amarrarla y estrangularla. Éste es el nudo filosófico y psicoanalítico de la representabilidad del trauma extremo en el intervalo entre lo sensible y lo pensable. Lo pensable –lo sabemos con Freud– se constituye a partir de una ausencia (no de una presencia).5 De un sentido que se crea a expensas de una falla o fracaso de una significación totalizante. La representación (del horror) no es inmediatez sino intervalo o distancia mediada por un sujeto, de allí su singularidad y su falencia, su invalidez ante la ambición de producir un sentido pleno. *** ¿Cómo pensar entonces la relación entre el psicoanálisis –su práctica y reflexión– con los derechos humanos? (Violados y sin violar) Respecto a estos últimos sólo diré que cuando los psicoanalistas salen a los márgenes, no deben hacer análisis aplicado de la experiencia del consultorio donde se trabaja la intimidad, la sexualidad infantil y la peripecia edípica, sin previamente asegurarse de que su interlocutor o paciente participa de los códigos normativos de un orden simbólico. Y cuando no es así procurar pacientemente instalarlos. Antes de desencadenar la aventura freudiana de la libre asociación y la atención flotante, es menester registrar si nuestro paciente puede disponer del contrato narcisista, que le otorga un lugar en la genealogía y en el grupo, y una definición de lealtades y pertenencias donde se pueda desplegar y tramitar el conflicto entre su erotismo e impulsividad, en pugna con la génesis de una moral y sus mandatos superyoicos. Un fuero interior cuya textura permita diferir la descarga y el pasaje al acto. 5

Ver por ejemplo, Freud, S. “Los dos principios de funcionamiento psíquico” (1911).

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Respecto a la violación de derechos humanos en la violencia política del siglo XX –siglo del Psicoanálisis y del progreso– lo fue también de barbarie y genocidios, lo que nos da abundante material a pensar. Pero para el horror no hay la buena distancia, consigna Maurice Blanchot. El horror espanta o fascina. Esta regla se cumple en la comunidad analítica donde también se da la dicotomía entre atrapados y evitativos. Durante décadas muchos colegas se atrevieron a imitar al Dante, visitando el infierno y crearon una clínica de situaciones extremas. Freud escribió sobre neurosis de guerra en el epílogo de la Primera guerra mundial y Bion hizo otro tanto en la Segunda. El enfoque clínico habitual, el modelo de la neurosis traumática, me parece inadecuado, insuficiente y reductivo para el afectado por un traumatismo extremo y colectivo, esto es la tragedia de hombres destruidos por la acción racional, metódica e intencional de sus congéneres. En la novela del neurótico el proceso analítico conduce a conectar el síntoma o el malestar con la historia íntima del paciente para que éste se apropie y se responsabilice de su sentido. Este gesto es erróneo y nocivo para la víctima de un traumatismo histórico, que no es una enfermedad del sujeto sino del lazo social, donde más que sentidos hay una bancarrota de la significación, que es lo opuesto a la construcción de leyendas coherentes que hagan polea de transmisión de valores y creencias entre las generaciones y –por el contrario– generan lagunas y silencios en la transmisión. Permítanme un desvío o disgresión. En las últimas décadas, a partir de los trabajos memorables de Abraham y M. Torok,6 retomados por Käes y Faimberg,7 se ha subrayado lo transgeneracional como fuente de patología. Los mensajes enigmáticos que trabaja Jean Laplanche en las identificaciones más precoces y decisivas, en su teoría de la seducción generalizada, ponen el énfasis en la inscripción que el adulto imprime en el niño. Yo pienso que el ámbito de estos procesos de inscripción-intrusión no deben limitarse al ámbito del enlace erótico sexual e inconsciente de adultos a niños, sino que es necesario tender un puente con la antropología. En la asimetría niño-adulto es donde se producen los procesos de subjetivación, y es conveniente incluir los efectos del terror político como fuente perdurable de angustia. Esta extensión no hace perder la especificidad del psicoanálisis. En la neurosis traumática, el sujeto se ve asaltado y asediado de modo recurrente e insistente por el evento traumático y fracasa la normal discriminación entre pasado y presente. El reloj de la vida se detuvo en el trauma y se enquista y encapsula como un cuerpo extraño en la vida psíquica. Algo de esto puede ocurrir en el torturado, o en el sobreviviente del campo de concentración, o del desplazamiento forzoso y en el entorno de sus familiares y descendientes. Muchos terapeutas limitan su acción a procedimientos catártico abreactivos como meta del proceso. Pero confinar el problema al mundo interno y a la constelación íntima del sujeto, que suele ser nuestro gesto habitual

6 7

Abraham, N.; Torok, M. L’écorce et le noyau, Anasémies II, Ed. Flammarion, París, 1987. Faimberg, H.; Kaës, R. Transmission de la vie psychique entre générations. Dunod, París, 2003.

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e insistente en la práctica ordinaria, va por un camino erróneo y dañino al confirmar el insoportable desvalimiento y culpabilidad de la víctima como causante de su soledad catastrófica, por no poder confiar en el semejante. La bibliografía del trauma extremo puede llenar bibliotecas, donde hacen relieve conmovedoras historias pero también insidiosas repeticiones: esa pobre gente llena de secuelas, minusvalías y discapacidades... Es de este enfoque y perspectiva que quiero desmarcarme, de la escatofilia del horror y la victimología, porque allí comienza el abismo entre el que padece y el testigo. “Yo no soy un enfermo, sino la expresión de mi tiempo y coyuntura”, clamaba David Rousset, al salir de la experiencia del campo de concentración. En los crímenes históricos se anuda el padecimiento personal con la destrucción de una cultura y una pertenencia. La reparación debe tomar en cuenta este carácter del daño. El descubrir o reinventar los espacios de reciprocidad arrasados o desertificados por el crimen colectivo es un paso decisivo del encuentro terapéutico. La espera confiante, la empatía que preside el encuentro humano o terapéutico está averiado o destruido y su remiendo no se logra por una mirada samaritana, requiere tiempo y un bordado cuidadoso, no para asomarse al abismo y al terror al que invita el gesto catártico, sino a las metonimias y desplazamientos a que han dado lugar las agonías sin nombre del trauma original. Yo creo que nombrar el terror (lo que me parece axiomáticamente no pensable) lleva a la incandescencia e interrumpe la perlaboración (el working through). Es en las vecindades pero a distancia del espanto que eventualmente se produce la reparación. A esta alternativa de poder distinguir entre recauchutar un traumatizado (una víctima) y restituir su confianza en el semejante y su capacidad de pertenecer a la especie humana, voy a destinar las páginas que restan de este texto. Felizmente no me siento el llanero solitario y más allá de los colegas compatriotas que trabajan en la misma dirección que a riesgo de omisiones no voy a citar, sí quiero citar los últimos trabajos de Samuel Gerson,8 y de W. Bohleber sobre “Memoria personal y colectiva”, leídos en el último congreso de IPA. También mi gratitud a Janine Altounian en su libro Sobrevivir y más allá de nuestra cofradía el aporte invalorable de los autores de la literatura del mundo concentracionario (R. Antelme, Primo Levi, Sarah Kofman, Paul Steinberg, David Rousset, Imre Kertez, Zygmun Bauman, Carlos Liscano). Autores con quienes he adquirido la convicción de que más allá de la reparación del tejido íntimo de la persona afectada, es menester el reconocimiento y la sanción pública del acontecimiento que causó el traumatismo de la violencia política, ahorrándole al afectado una parte de la carga que designamos con el nombre de culpa del sobreviviente. *** Con los autores citados, en el diálogo con colegas y en mi propia experiencia he adquirido la convicción de que ningún terapeuta sale indemne de esta excursión, que 8

Gerson, S. “Cuando el tercero está muerto”.

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vencer los pactos de silencio y los aspectos indecibles de lo vivido, de sus desplazamientos, desfiguraciones y retranscripciones, requiere un fino trabajo elaborativo. No hay –como en la catarsis– una copia de un hecho original sino resignificaciones sucesivas del mismo. En el itinerario de acompañar el traumatismo extremo –el horror inimaginable– ocurre –en paralelo con las patologías graves y las psicosis– que el tratante realice un arduo trabajo consigo mismo. Es lo que en la tradición Kleiniano-rioplatense (y me complace contravenir el hábito de citar prevalentemente autores europeos), Racker, Bleger y Baranger han llamado el autoanálisis de la contraidentificación proyectiva. Tema retomado por Bion en Ataques al vínculo y más tarde por Searles (El empeño en volver loco al otro). O dicho en términos simples y de lenguaje corriente: como el texto del paciente, trabaja, corroe y eventualmente desmorona al tratante. De consiguiente, trabajar la propia emoción y congoja es una dimensión primordial de la escucha. Privilegiar el enfoque del individuo afectado conduce a la creación de centros especializados de tratamiento –lo que está muy bien–, pero exime a la sociedad bienpensante de sentirse involucrada y concernida en el tema –lo que es un grave error. La violación flagrante de los derechos humanos básicos no sólo crea víctimas y afectados –individuos enfermos– sino que es una enfermedad del lazo social y por consiguiente afecta a toda la sociedad. Del mismo modo que en el campo jurídico se ha creado la figura imprescriptible de los delitos de lesa humanidad, a cuyo respeto nuestros países están subordinados por la firma de tratados internacionales, los psicoanalistas y trabajadores de salud mental, más allá de asistir a los afectados, tenemos que buscar en nuestra clínica y en nuestra teorización, por qué caminos se gesta este cáncer del lazo social que lleva a esa disociación entre afectados e indemnes, ente las víctimas y aquellos que Michel de Certau definía como los que no pueden oír y no quieren saber, camino por el que se vuelven, sin saberlo o sabiéndolo, cómplices tácitos y pasivos del advenimiento de nuevos totalitarismos, impidiendo los sistemas de alerta precoz para abortarlos. Tuvimos esta epidemia en América Latina hace pocas décadas y sus efectos persisten –quizás en todas partes– aunque de modo más flagrante o manifiesto en Colombia y Guatemala, algunos dicen que también en Cuba y Venezuela. *** Es cierto que estos temas –que tocan lo sagrado y lo irracional y colindan con la violencia política–, son zonas de riesgo para la pérdida de la sagrada neutralidad. Es obvio que suscribo la regla de que las líneas de orientación del proceso analítico las fija el paciente y que el analista es sólo un partero de lo que trae quien está en el diván. Sabemos desde siempre que nuestro trabajo privilegia la intimidad. Se trata simplemente –pero lo simple es siempre difícil– de no sustraerse a la escucha del ruido y la violencia que viene de la cuidad (drogas, secuestros, drogadicción, fanatismos, sectas, pandillas) y que están hoy mucho más presentes que en la novela del neurótico de los años 60. Expreso mi convicción de que una mejor articulación del “Análisis del yo y las Psicologías de las

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multitudes o Masas”, para nombrarlo con el título de Freud, es decir la inclusión de los fenómenos societarios y macrosociales en el campo de la escucha psicoanalítica es uno de los desafíos del Psicoanálisis en el siglo que comenzamos. Es posible que en las condiciones de vida democrática y de reconocimiento del pluralismo, la dimensión macrosocial pueda ser tomada como invariante. Pero cuando se es psicoanalista en situaciones extremas de violencia social, desconocer este factor es incorrecto. *** Tomemos el eje freudiano de “El Malestar en la Cultura” y “El Porvenir de una Ilusión” (vale la pena pensar los títulos mismos, de por sí elocuentes). Freud es un pensador de las antinomias y las paradojas. Activo-pasivo, pulsión-prohibición, agreguemos a la serie: ilusión y malestar. ¿Antónimos o anverso y reverso de la misma moneda? Me inclino radicalmente por esto último, el par antinómico es parmenídeo, busca la oposición estática entre dos invariantes o esencias, mientras que malestar e ilusión sugieren el equilibrio dinámico, inestable, de dos fuerzas antagónicas en constante tensión y variación. Una discusión –a mi entender retórica– es la aporía que heredamos sobre la dicotomía individuo y sociedad. Es la alternativa de que el conflicto entre el anhelo pulsional y el de prohibición cultural sea endógeno (constitutivo del individuo) y que luego contamina y corroe el lazo social y la convivencia, o que son las condiciones sociales las fuentes de la miseria individual. En lugar de este combate abstracto entre socio-génesis y psico-génesis, me parece más productivo una lectura situacional que procure leer o semiotizar ambos factores, ya que la misma lectura –cuando es adecuada y sagaz– propone los ingredientes de la transformación. Diagnóstico y tratamiento se hacen pasos solidarios de una misma operación que rompe la dicotomía entre cogitación académica y gesto pragmático o altruista. Imaginar un cambio –cultural o psíquico– comporta imaginar o construir un antes, probablemente más mítico que real. Como lo es el mito freudiano de la Horda primitiva o el Leviatán de Hobbes. En ambos se pone en juego la interrogación entre el individuo (el sujeto consigo mismo y el mismo en la comunidad: el sujeto en su relación con los otros, su vínculo a los grupos, a la sociedad). ¿Cómo imaginar un individuo que todavía no es miembro de una comunidad? “Antes de” o “todavía no es”, supone la previatura de un Hombre natural, lo que es una ficción del espíritu. Hay que destruir la entelequia del individuo aislado, un falso recurso retórico de la argumentación que desconoce los efectos de la indefensión originaria. Tanto si lo pensamos en términos de ontogénesis como si lo pensamos en términos de anterioridad lógica, la noción del nosotros y de cultura precede y marca al sujeto individual. Este posicionamiento no resuelve los enigmas pero nos pone en el surco correcto. Porque si uno le da a la noción de humanidad un carácter consumado, lo humano como algo de origen natural o divino, se ahorra de pensar como se construye esa humanidad a partir de la inmadurez y precariedad de los comienzos. Y es en esta perspectiva constructivista que radica todo el interés del asunto que hoy nos concierne: el nudo para articular derechos humanos y causalidad inconsciente.

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Intentemos un telegrama para formular un boceto de lo que sabemos y lo que ignoramos. El edificio teórico-clínico del psicoanálisis se funda en la brecha entre biología y cultura. Por un lado el cuerpo erótico (hedonismo o principio del placer), el llamado de los impulsos que sin demora ni renuncia piden la satisfacción, y por otra la coerción externa, la prohibición cultural que regula los intereses supraindividuales. ¿Dónde empieza esta causación circular? ¿Cuál es su aleph? Construyéndose en la mediación de los primeros vínculos con el otro, el sujeto no sólo socializa su erotismo y su moralidad como fue siempre el énfasis en la obra freudiana, sino que se constituye además por la transmisión interiorizada de la historia y la cultura. Este punto de articulación del psicoanálisis con la antropología puede permanecer tenue o silencioso en condiciones de estabilidad, de pluralismo democrático, pero su desconocimiento tiene consecuencias ominosas en condiciones políticas extremas o en la mutación cultural acelerada como acontece en el mundo actual. La dicotomía entre el espacio público del ruido ciudadano y la intimidad del caldero pulsional no pueden desconocerse recíprocamente. Se puede inventar el mito de la Horda, el parricidio original y la comida totémica como origen de la convivencia fraternal, los individuos creando la fraternidad. Otro Zygmunt, –Bauman–,9 razona de otro modo. ¿Será que uno es sociólogo y el otro psicoanalista?, ¿será una controversia de opiniones o modos de pensar de épocas diferentes, aunque haya menos de un siglo de distancia entre ambos? Bauman propone como inicio la inclusión en lo comunitario, lo cual es demasiado evidente como para ser advertido cuando es celebratorio y la inclusión es exitosa, y el problema del individuo y sus grupos sólo revela su existencia cuando es problemático, cuando la armonía falla y se permuta en malestar. La diferencia entre Sigmund Freud y Zygmunt Bauman no concierne a las respuestas, sino al modo de plantear el problema. Consiste en devolver historicidad al modelo atemporal de civilización, producto de la reflexión freudiana. El esquema freudiano es causalista y explicativo en el sentido en que busca un origen, o un nacimiento: la ficción de un inicio en la prehistoria. Bauman piensa individuo y comunidad en términos de simultaneidad, no hay un “antes con individuos solitarios, flotantes y mutuamente hostiles que luego se socializan, sino que lo comunitario es primero pero demasiado evidente para ser advertido y sólo se hace ostensible en la experiencia de su crisis, cuando el vínculo se hace problemático, cuando la incertidumbre de su impotencia lo desmorona. Así se dialectizan ilusión y malestar en una dinámica de equilibrio inestable y se historiza a perpetuidad la atemporalidad del modelo freudiano. En su retorno a Auschwitz casi cuatro décadas después de la experiencia en Campo de Concentración, le preguntan a Primo Levi si es posible lograr el aniquilamiento de la humanidad del hombre. Su respuesta es contundente y de una frescura y candor que vale la pena citar literalmente: “Desde luego que sí!, y de qué manera! Me atrevería incluso a decir que es la característica del Lager nazi: la reducción a la nada de la personalidad del hombre, donde todo pasa a segundo plano ante las necesidades imperiosas: el hambre, defenderse del frío y de los golpes, con atenuación de todos los recuerdos afectivos y familiares”. 9

Zygmunt, B. Vida de consumo. Fondo de cultura económica de Argentina, Bs. As., 2007.

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El mito de la Horda es un mito originario y fundante que subraya su perpetua actualidad: la humanidad del hombre se construye en cada sujeto y en cada generación y su derrumbe o desmoronamiento es siempre posible. Lo que es escuchar como alerta y no como fatalismo del pesimismo freudiano. Reitero: “Sin la amistad externa la morada interna se derrumba”, nos dice Carlos Fuentes. El ser con los otros es condición de existencia psíquica. Lo que nos lleva a distinguir si los otros configuran un grupo de afiliación, donde podemos reconocer nuestras pertenencias y lealtades, o son una multitud que nos propone una convivencia anónima. Bauman invoca a E. Renan en su noción de ciudadanía: ésta sólo puede existir y sobrevivir gracias al plebiscito diario de sus miembros. O son enemigos que quieren mi destrucción. Lo que distingue grupo y multitud no es sólo cuestión de número, sino que en el primero hay intercambio, conflicto, complementariedad y cooperación o disenso y rebelión. En la multitud todo esto se apaga y sólo hay proximidad anónima. El prójimo personalizado como socio modelo, rival o adversario, no es el mismo que el prójimo anónimo, distante y ajeno. El efecto de la expansión de la urbe y la multiplicación y velocidad de los transportes, trae consigo una fragmentación de los vínculos y una discontinuidad en la convivencia. Muchos seres humanos transitan esta coyuntura sin trastorno e incluso lo tramitan como un enriquecimiento en la diversidad. Para otros, sospecho que en una proporción significativa, los efectos son nefastos y trae la desolación, es decir el estar sólo ente muchos. Entre el yo y la masa, entre el individuo y la multitud, se dibuja lo que Rene Kaës ha llamado el conjunto trans-subjetivo, los grupos de afiliación y pertenencia, donde nos reconocemos como uno entre otros. UBUNTU.

Resumen Se desarrollan tres perspectivas: 1. Nos preocupa pensar cómo se articula en la narrativa clínica la vida social y el espacio político (y las mentalidades que condiciona) con la causalidad psíquica propia de la experiencia analítica. En otros términos, cómo el vértigo de la mutación civilizatoria afecta los hallazgos del descubrimiento freudiano. 2. Los crímenes del siglo (Nazismo, Stalinismo, y otros estados totalitarios) masificaron la cantidad de víctimas y sobrevivientes. La noción de Neurosis traumática y la nosografía de Stress Post-Traumático y la de Resiliencia son enfoques insuficientes para el psicoanálisis. 3. Pensar los temas de violencia social extrema desde el psicoanálisis requiere la intervención de una perspectiva de la teoría. Se esbozan algunas propuestas de reflexión. Descriptores: Derechos Humanos – Violencia Política y Psicoanálisis – Memoria del Terror Político.

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Resumo Três perspectivas são desenvolvidas: 1. Preocupa-nos pensar como se articula na narrativa clínica a vida social e o espaço político (e as mentalidades que condiciona) com a causalidade psíquica própria da experiência analítica. Em outras palavras, como o vértigo da mutação civilizatória afeta os achados do descobrimento freudiano. 2. Os crimes do século (Nazismo, Stalinismo, e outros estados totalitários) massificaram a quantidade de vítimas e sobreviventes. A noção de Neurose traumática e a nosografia do Stress Pós-traumático e, a Resiliência são enfoques insuficientes para a psicanálise. 3. Pensar os temas de violência social extrema a partir da psicanálise requer a intervenção de uma perspectiva teórica. Esboçam-se algumas propostas de reflexão. Palavras chave: Direitos Humanos – Violência Política e Psicanálise – Memória do Terror Político.

Summary Three perspectives are developed: 1. Our concern is to think about how social and political life ( and the mentalities which condition such) relate to the psychic causality inherent to the analytical experience in the narrative space of the session. In other words, how the rapid changes in our civilization affect the Freudian discovery. 2. The crimes of the last century ( Nazism, Stalinism and other totalitarian states) have multiplied the number of victims and survivors. The notion of Traumatic Neurosis, of PostTraumatic Stress (PTS) and that of Resilience are insufficient approaches for psychoanalysis. 3. To think about the subject of extreme social violence from the psychoanalytical perspective requires the intervention of a theoretical perspective. Some proposals are outlined for reflection. Key words: Human Rights – Polytical violence and Psychoanalysis – Memory of Political Terror.

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PREMIOS


OS TROPISMOS: PARTEIROS DAS CESURAS Matrizes da vida mental Mario Luiz Prudente Corrêa1

A SEGUNDA VINDA Retorna a escuridão; mas ora eu sei Que vinte séculos de sono pétreo Vexou o pesadelo de um bercinho; E que rude animal, chegado o tempo, Arrasta-se a Belém para nascer? W. B. Yeats “O passado não é importante, por que não há nada que podemos fazer a esse respeito; aquilo com que lidamos são os remanescentes, os vestígios do passado, de remotos estados de mente ... nossa simiesca ancestralidade — mas é possível fazermos uso desses vestígios que são discerníveis no presente se nos permitirmos discernilos”. Taming Wild Thoughts Wilfred Bion

Picasso

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Candidato da SBPSP

“... por que não haveria de existir o que denominaríamos vestígios mentais, ou elementos arcaicos, operantes de um modo alarmante e perturbador por romperem a linda, calma superfície que nós comumente vemos como comportamento são e racional?”. Clinical Seminars and other Works Wilfred Bion


Resumo: O texto constitui-se de cinto itens, sendo cada um deles uma pré-concepção do item posterior, bem como uma realização do anterior. Assim, por exemplo, o item II contém (♀) pré-concepções do item III, sendo realização (♂) do item I, e assim sucessivamente. Item I: Tem a função de uma hipótese definitória. Partindo da experiência emocional na sessão analítica, investiga a constelação de fenômenos que o termo personalidade une ou aproxima. Questiona os horizontes do indivíduo, e dos pensamentos, sentimentos e idéias que este possa conter. Propõe que o humano contido nele seja um processo em trânsito, ainda indeterminado, ainda em gestação. Item II: A hipótese definitória do item I evolui para um mito. Aqui, a idéia de um mundo interno em trânsito, retorna na versão mitologizada de uma metamorfose primitiva. Propõese a extensão do conceito de cesura e catástrofe de maneira a incluírem duas modalidades de continente mental com os quais o indivíduo contém sua experiência emocional. Item III: O mito evolve para uma teoria psicanalítica conhecida, os Tropismos, propostos por Wilfred R. Bion. Baseando-nos na observação clínica, propomos a ampliação da teoria dos tropismos de forma a conter (♀) os nastismos, como denominamos os tropismos que se tornam desorientados. Item IV: Contém o relato clínico: uma realização dos itens anteriores. Tentaremos demonstrar a ação e os efeitos dos tropismos projetados na personalidade do analista — o destino dos tropismos. Expomos o que vem a ser a matriz da vida mental, a levar os tropismos até o que então denominamos um caminho de cesuras. Sugerimos o conceito de matriz invertida, responsável pela transformação dos tropismos em nastismos, devolvendo a vida mental ao vazio e à catástrofe. A parte final do relato aspira ser uma aplicação clínica do trabalho teórico de Bion sobre a cesura. Item V: Aqui, o relato clínico evolui para uma nova hipótese definitória, diferente daquela do item I, iniciando um novo ciclo de transformações. Investigamos o universo borderline em contraposição ao universo em expansão como duas modalidades de experiência emocional. Todos os cinco itens ou círculos são falhos e limitados em sua expansão. Nenhum deles busca ou alcança saturação.

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RESUMEN: Constituyen el texto cinco ítems, siendo cada uno de ellos una pre-concepción del ítem posterior así como una realización del anterior. Así, por ejemplo, el ítem II contiene (♀) pre-concepciones del ítem III, siendo realizaciones ( ♂ ) del ítem I, y así sucesivamente. Item 1 : Tiene la función de una hipótesis definitória. Partiendo de la experiencia emocional en la sección analítica, investiga la constelación de fenómenos que el término personalidad une o aproxima. Cuestiona los horizontes del individuo, y de los pensamientos, sentimientos e ideas que este pueda contener. Propone que el humano contenido en él sea un proceso en transito, todavia indeterminado, todavia en gestación. Item II: La hipótesis definitória del ítem I evoluyó para un mito. Aquí la idea de un mundo interno en tránsito, retorna en la versión mitologizada de una metamorfosis primitiva . Se propone la extensión del concepto de cesura y catástrofe de manera de incluir las dos modalidades de continente mental con los cuales el individuo contiene su experiencia emocional. Item III: El mito evoluye para una teoria psicoanalítica conocida, los Tropismos, propuestos por Wilfred R. Bion . Haciendo la base en la observación clínica, proponemos la ampliación de teoria de los tropismos de forma de contener (♀) los nastismos , como denominamos los tropismos que se tornan desorientados . Item IV: Contiene el relato clínico: una realización de los ítems anteriores. Tentaremos demostrar la acción y los efectos de los tropismos proyectados en la personalidad del analista — el destino de los tropismos. Exponemos lo que viene a ser la matriz de la vida mental, a llevar a los tropismos hasta lo que entonces denominamos un camino de cesuras. Sugerimos el concepto de matriz invertida, responsable por la transformación de los tropismos en nastismos, devolviendo la vida mental al vacio y a la catástrofe. La parte final del relato aspira ser una aplicación clínica del trabajo teórico de Bion sobre la cesura. Item V: Aquí, el relato clínico evoluye para una nueva hipótesis definitoria, diferente de aquella del ítem I, iniciando un nuevo ciclo de transformaciones. Investigamos el universo borderline en contraposición al universo en expansión como dos modalidades de experiencia emocional. Todos los cinco ítems o círculos son con fallas y limitados en su expansión. Ninguno de ellos busca o alcanza saturación .

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ABSTRACT: The text comprises five items, being each one a pre-conception of the posterior item, as well as a realization of the previous one. Thus, for instance, the item II contains (♀) preconceptions of the item III, being a realization (♂) of item I, and so on. Item I: It has the function of a definitory hipothesis. Starting from the emotional experience in analytic session, it investigates the constellation of phenomena that the term personality joins or links. It questions the horizons of the individual, as well as thoughts, feelings and ideas that he might contain. It envisions the human contained by the individual as a process in transit, yet undetermined yet incomplete. Item II: The definitory hipothesis of item I evolves to a myth. Here, the idea of an inner world in transit returns in the mythologized version of a primitive metamorphosis. It is proposed the extension of the concept of caesura and catastrophe in order to include two modalities of mental container with which the individual contains the emotional experience. Item III: The myth evolves to a known psychoanalytic theory, the Tropisms, proposed by Wilfred R. Bion. Based on clinical observations, we propose the expansion of the theory of tropisms in order to contain (♀) the nastisms, as we named the tropisms that get disorientated. Item IV: It contains the clinical report: a realization of the previous items. We will try to demonstrate the action and the effects of the tropisms projected in the analyst’s personality — the destiny of the tropisms. We propose a matrix of mental life, which will lead the tropisms through what we named, a path of caesuras. We suggest the concept of inverted matrix, which is responsible for the transformation of the tropisms into nastisms, the process that takes the mental life back to the emptiness and the catastrophe. The final part of the report intends to be a clinical application of the theoretical work of de Bion on caesura. Item V: Here, the clinical report evolves to a new definitory hipothesis, different from that in item I, starting a new cycle of transformations. We investigated the borderline universe in comparison to the expanding universe as two modalities of emotional experience. All the five items or cycles are insufficient and limited in its expansion. None of them seeks or reaches saturation.

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PREMIO COMUNIDAD Y CULTURA

Silvia Jadur,1 Constanza Duhalde,2 Viviana Wainstein

CONCEBIR LA POSICIÓN ANALÍTICA EN UN GRUPO DE PACIENTES CON PROBLEMAS EN LA PROCREACIÓN. ENCUENTRO EN LA COMUNIDAD El desarrollo médico-bio-tecnológico permite aliviar el dolor de muchas personas con problemas en la reproducción y/o diagnóstico de infertilidad. Ninguna pareja supone que el día que se proponga suspender los cuidados contraceptivos el embarazo deseado no llegará. La no fertilidad/esterilidad es un saber conocido, aceptado en los otros, pero no pensado para sí. El primer o segundo año de demora en la concepción, plantea la necesidad de una consulta médica. Con los diversos diagnósticos posibles acerca de aquello que obstaculiza el embarazo esperado, el proyecto vital de una pareja sufre un quiebre que debe ser elaborado intrapsíquicamente. Surgen así temores: a no lograr la mater/paternidad, a la pérdida de la continuidad genética, a no recuperar el control sobre el propio cuerpo. La primera demanda, entonces, recae sobre la figura del médico. Se depositan masivamente sobre éste la angustia y las expectativas por tener un hijo. En tanto el cuerpo no responde, la consulta es a las ciencias médicas, no al psicoanálisis.

Psicoanálisis - Salud - Salud Mental Las actuales problemáticas humanas, sociales, económicas, políticas, en este mundo globalizado, han complejizado progresivamente las demandas en salud y salud mental. Como psicoanalistas, es conveniente re-pensar algunas conceptualizaciones metapsicológicas y plantearnos intervenciones reconociendo la existencia real de situaciones que ponen en riesgo la subjetividad de las personas y de grupos poblacionales. Los escritos sociales y sobre la cultura de Freud no han perdido vigencia. Nos llaman a corrernos de lo que denominamos “modelo psicoanalítico hegemónico”, ya que justamente la extraterritorialidad del diván permite seguir poniendo a trabajar las teorías fundamentales. En la medida en que no haya palabra psicoanalítica, se deja librado el campo del pensamiento al surgimiento de ideas que evitan la interrogación, 1 2

Miembro asociado de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Afiliada al Instituto de Formación de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis.

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obstaculizan el conocimiento, el enlace del afecto-pensamiento-acción, los cambios en la subjetividad. Ante las críticas casi permanentes al psicoanálisis, especialmente frente a estos temas, vale poner en debate, siempre abierto, la función y posición del analista contextualizando su praxis geográfica, política y culturalmente. El campo de la demanda actual incluye la valorización extrema del tiempo, sin contemplación de fines, sin compás de espera. Se cabalga sobre la acción, directamente desde la idea, con ausencia de procesamiento. No alcanza con contemplar la renovación de paradigmas de la modernidad para justificar la existencia de terapias alternativas con soluciones mágicas y rápidas que no resuelven, ni satisfacen, los pedidos de ayuda formulados. Tampoco se delibera sobre las consecuencias de los cambios vertiginosos de la tecnología. Es por ello que acuñamos como frase: “Los desarrollos científico-bio-tecnológicos avanzan más rápidamente que la capacidad que tienen las personas y la comunidad para asimilarlos”. El psicoanálisis y el sufrimiento desplegado en la demanda, nos exigen cuestionar de forma permanente nuestro posicionamiento y sus efectos en la transferencia. Recordemos el artículo donde Puget y Wender (1982-2005) mostraron el impacto en lo personal y en la función analítica de los sucesos de la realidad. En este caso podemos referirnos a los avances médicos y los tratamientos de fertilización asistida. El material que traen los pacientes en las sesiones/consultas puede, en ocasiones, invadir los procesos transferenciales, la atención flotante, la asociación libre. La ideología del analista, concepciones prejuiciosas, e incluso desinformación científica, atentan contra la escucha del dolor y la perplejidad que proviene de hombres y mujeres que desean un hijo. Lo dilemático y dificultoso es articular la realidad externa y las consecuencias tramitables intra-intersubjetivamente en el análisis y en el interjuego transferencial con quienes construimos una vincularidad. Berenstein y Puget (1997) comentan además, lo intrincado de definir y caracterizar las representaciones inconscientes de los aspectos socioculturales a los que denominan “lo transubjetivo”.

Relato de los comienzos La historia es la de un pequeño grupo de mujeres, actuales madres, que transitaron el camino de diversos tratamientos hasta lograr gestar el hijo deseado. Haciéndose eco de sus pares, nos convocaron para pensar qué podían hacer desde su lugar como pacientes. Les propusimos armar un grupo de ayuda como los que funcionaban en otras latitudes. Trabajando con el “grupo fundador” se acordaron objetivos y motivaciones que sustentaran el nuevo emprendimiento. Surge así, en 1995, “El grupo X”: asociación civil (ONG, organización no gubernamental) sin fines de lucro, independiente de centros privados y públicos especializados en reproducción, siendo en Argentina el único grupo con dichas características. En un principio, como asesoras psicológicas, ofrecimos a las co-coordinadoras pacientes conocimientos elementales de dinámica grupal. Nos reuníamos con ellas periódicamente para acordar la planificación de los encuentros, elaborar estrategias, evaluar el trabajo, proponer tareas, preparar las pre-

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sentaciones en congresos de pacientes y médicos, tanto nacionales como internacionales. Además mantuvimos contacto con profesionales de la salud, con la industria farmacéutica, con legisladores, abogados. Desde ese momento fundacional, hace 12 años, venimos colaborando con un grupo de apoyo a parejas con trastornos en la reproducción. ¿Por qué un grupo de pares? Al igual que en otras cuestiones donde el cuerpo y el dolor están en juego, la comprensión, en primera instancia, deviene de la identificación con un semejante. La posibilidad de encuentro con otras personas que sufren, rescata a estas parejas del aislamiento y la discriminación. Habitualmente, esto es lo que sucede con grupos de pacientes con cáncer, VIH, esclerosis múltiple, afasia, diabetes, obesos, drogadependientes, alcohólicos. Es que fuera de la pareja y de la relación con el médico y/o equipo especializado, suele ser difícil abordar el problema. Las presiones familiares y de los amigos por la falta de un niño, son una carga cultural y afectiva complicada de soportar. En el transcurso de los estudios diagnósticos, de los diversos tratamientos posibles, el esclarecimiento de las dudas y la contención, son imprescindibles y no se pueden resolver tan sólo en la consulta médica. Para tramitar las consecuencias del problema reproductivo en la subjetividad y ante la presencia perturbadora de síntomas en la vida cotidiana, el espacio más pertinente es el psicoanalítico/psicoterapéutico. Sin embargo, un grupo de pares puede convertirse en un ámbito complementario no excluyente de otros abordajes.

Los talleres Centramos la labor en talleres de reflexión mensuales, que son abiertos y heterogéneos. Antes de concurrir por primera vez, los interesados se comunican telefónicamente con alguna de las pacientes co-coordinadoras, recibiendo información básica sobre el funcionamiento del grupo. Habitualmente hay asistentes estables con recambio periódico. Además del taller general en el que participan parejas que atraviesan el proceso diagnóstico, o las circunstancias que se dan durante y después de los tratamientos, funciona un taller de donación de gametas y recientemente, se incorporó otro de adopción. Es interesante observar que la población que asiste a las reuniones fue cambiando a lo largo del tiempo. En este momento, parte de las parejas que concurren, son aquellas que cuentan con recursos económicos bajos y/o medianos, algunas no están incluidas en sistemas de salud y recurren a los servicios de ginecología o andrología de hospitales públicos. Ciertas parejas que ya tienen la indicación de tratamientos de alta complejidad, posponen su inicio a la espera de protocolos con presupuestos reducidos, cupo en el único hospital público donde se realizan estos tratamientos, o bien, solvencia financiera. En el intercambio grupal se teje una trama de identificaciones que facilita la puesta en palabra de sentimientos, miedos, deseos. Uno de los pilares de los talleres y objetivo fundamental de la organización, es la circulación de información, conocimien-

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to y actualización de los avances científicos en reproducción humana. Adquirir manejo y comprensión de terminología técnica disminuye la ansiedad que provoca lo desconocido. Es por ello que en ocasiones, se invita a reproductólogos, biólogos o bioquímicos, con el fin de aclarar dudas, escuchar alternativas novedosas y elegir cuándo, dónde y qué sugerencia médica suscribir. Es de importancia desmitificar los fantasmas y equívocos que encierra la palabra infertilidad/ esterilidad, tanto para los propios pacientes como en la comunidad. Por consiguiente, cada participante se desempeña como agente modificador en el medio donde se desenvuelve, generando una imprescindible apertura de pensamiento, rompiendo dogmatismos. Desde su función como co-coordinadoras, las psicoanalistas no utilizan la interpretación como herramienta. Un señalamiento, una palabra o una idea, incluso de cualquier miembro, son generadores de movimientos intrapsíquicos que aparecen en permutas vinculares, en la expresión verbalizada, en las conductas y actitudes. Además, es de destacar el peso de las transferencias múltiples en la comprensión de los fenómenos que se desencadenan. Aunque en el grupo se exponen aspectos de la privacidad, los integrantes se sienten protegidos emocionalmente, en tanto el sostén profesional garantiza la circulación de sentimientos y el despliegue de fantasías. Como psicoanalistas, apuntalamos también los aspectos yoicos de los sujetos, afianzando y fortaleciendo “lo posible” de las realidades puntuales. De esta manera, se adueñan como sujetos de sus propias capacidades. En cada taller se introduce un tema consensuado colectivamente, se reflexiona sobre el acontecer dinámico, sobre las particularidades de las parejas y de cada integrante. La dinámica tiene resortes propios de regulación, siendo el analista quien interviene ante la tensión afectiva intensa en momentos confusionales, en ciertas aclaraciones informativas y realiza una síntesis temática. Posicionarse analíticamente sin utilizar la interpretación, renunciando narcisísticamente a un lugar de supuesto saber, evitando discursos didácticos, es un trabajo de borde, de límite. Los participantes tienen en claro que no se trata de un grupo psicoterapéutico, construyen de este modo un “foro de discusión” al que recurren para asesorarse, buscar refugio y defender sus derechos como pacientes. El territorio que se construye en conjunto, es un espacio de juego con las palabras y las representaciones, en el que se crea una atmósfera transicional (Winnicott) donde será posible la emergencia de la fantasía de un niño futuro que, tal vez, podrá desarrollarse en el interior de sus cuerpos. Si esto no se diera, el ejercicio de pensar vínculos con un niño desde imagos maternas y paternas, abre caminos hacia otras resoluciones ligadas al deseo de hijo, como la adopción. Por otra parte, se revisan las significaciones de: ser padre/madre y/o tener un hijo para nuestra cultura y para cada estructura familiar. ¿Cuál es entonces, el peso de las representaciones y exigencias familiares, sociales que nos llevan a ser padres biológicos? Es preciso apropiarse del deseo de hijo como motor de la mater-paternidad, eligiendo los variados caminos que resultan asequibles. En este trabajo de elaboración

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los integrantes del grupo se enfrentan asimismo con síntomas de larga data, interrogantes singulares, a elucidar solamente en la intimidad del ámbito analítico. Los juegos dramáticos, las técnicas que provienen de otros marcos referenciales teóricos, son empleadas como disparadores del acontecer del trabajo grupal. La escucha de los coordinadores y de los compañeros va instalando un clima propicio para desgajar los temas, siendo el entretejido afectivo grupal el que brinda las energías para nutrir el pensamiento que les permitirá afrontar los embates de los tratamientos. Como en toda institución, en la ONG se vivencian las consecuencias del contexto socio- histórico: las crisis económicas y el medio adverso a estas técnicas, invaden a veces con desesperanza. La libertad de los sujetos para analizar las disímiles situaciones de la no fertilidad, los enfrenta a la conflictiva de la realidad sanitaria, donde ni los sistemas pre-pagos de salud, ni las obras sociales cubren los elevados costos en alta complejidad (FIV, ICSI, PGD, donación de gametas, etc.), ya que la infertilidad no es reconocida como enfermedad. Alrededor del 15% de la población general de parejas, pertenecen a la categoría de “infértiles” según la OMS. En Argentina, la falta de ley que regule dichas prácticas, desampara a los pacientes. Por lo tanto ejercitar la viabilidad de un cambio de roles modifica la mirada sobre sí mismos y el mundo externo. El trabajo grupal permite que el lugar de pasividad de los pacientes se vaya transformando en participación activa y crítica, en las elecciones y decisiones.

Temas frecuentes La sexualidad, las psicosomatosis, los vínculos con las familias y amigos, la relación médico-paciente, el momento de interrumpir o concluir los tratamientos, la donación de gametas, filiar un niño. Planteamos algunos elementos fenomenológicos y posibles conceptualizaciones, pues son las preocupaciones que motorizan la tarea y sobre las que tratamos de conectar la reflexión y los sentimientos. a) La sexualidad, en las parejas “sufre” profundas modificaciones. El condicionamiento más duro de tolerar es el hecho de que “una práctica de la órbita de lo estrictamente íntimo”, pasa a ser pública. La sexualidad al servicio de un estudio o monitoreando el momento preciso de la ovulación, funciona como amenaza de deserotización vincular, atenta contra el deseo de encuentro amoroso. Muta el deseo sexual placentero en “obligación reproductiva”, hombre y mujer van perdiendo la posibilidad del disfrutar del juego de la seducción, la libertad erótica, la diversión. El cuerpo a cuerpo, la envoltura erótica que apacigua el malestar doloroso, se desvanece. Poder recuperar el vínculo erótico permite inscribir el deseo de hijo en otra dimensión. Los cambios en la disponibilidad de la libido y las disfunciones en la sexualidad aparecen como síntoma, corriendo el riesgo de cronificarse. Es interesante comentar que la “sexualidad”, es raramente contemplada en las consultas médicas, excepto por la anamnesis realizada con el fin de establecer diagnósticos diferenciales. Hay consultas que encubren disfunciones sexuales, “matrimonios no consumados”. Al analizar una encuesta realizada hace tres años, con 180 con-

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currentes a los talleres y a las Jornadas anuales de la Asociación, no encontramos datos estadísticamente significativos que indicaran que la sexualidad fuera considerada como problema para estos pacientes. ¡De eso no se habla! En contraste, en los grupos de reflexión, el tema surge en forma insistente, reflejándose, por ejemplo, en la solicitud de invitar a sexólogos para que los asesoren y “expliquen el cómo descubrir los secretos” de la sexualidad humana. La vergüenza impide exponer la intimidad de las alteraciones en el deseo, la poca asiduidad de las relaciones, ocasionalmente la dispareunia, la eyaculación precoz o la impotencia. Sin embargo, en los talleres y en la vida cotidiana de estas parejas, el humor aparece como la vía regia que otorga un salvoconducto para despejar la angustia y re-encontrarse con el placer sin el mandato reproductivo. b) Las psicosomatosis, se presentan habitualmente, más en mujeres que en hombres sin constituirse específicamente en enfermedades psicosomáticas. De todas maneras, como cualquier enfermedad orgánica, esto tiene su correlato en el psiquismo. La no fertilidad, aparece como síntoma independientemente a la estructura de los sujetos. Por lo tanto, la respuesta ante el diagnóstico es absolutamente individual y singular. En la medida que la palabra discurre y es escuchada, el sufrimiento deja de vehiculizarse sólo a través del cuerpo. Hemos realizado una investigación sobre sintomatología que presentan hombres y mujeres, antes de comenzar un tratamiento de fertilización asistida. (ICSI. Lyon. 2007, SAMER 2007) Los observables cuantitativos eran marcadamente diferentes según el género. Las mujeres presentaban valores significativamente más elevados en los síntomas orgánicos. ¿Obedecerán las disímiles respuestas a los modelos y mandatos culturales sobre lo que debe, puede y se espera de un hombre o una mujer? Las variadas corrientes psicoanalíticas que se ocupan de las enfermedades psicosomáticas y los efectos psíquicos de las enfermedades orgánicas, dan cuenta de la conexión de los afectos con los procesos de salud y el enfermar. No podemos dejar de reconocer la interrelación mente-cuerpo-vínculo cuando hablamos de lesiones en el organismo. La resonancia de lo que sucede en el cuerpo, podrá ser mentalizada, integrada en el sujeto desde el afecto desencadenado, o bien disociada y transformada en dolor/síntoma orgánico, excluyendo la palabra. El cuerpo se presentifica constantemente, adquiriendo estatuto en la economía psíquica. Es así que la noción de existencia del cuerpo surge a partir de la falla. La tolerancia y manejo del dolor físico es una pregunta y queja corriente, pues hay estudios diagnósticos –como la histerosalpingografìa, que se utiliza para conocer el estado de las trompas–, que producen un dolor intenso. Sea el factor masculino o femenino la causa de la patología, la mujer es la que por la biología “pone el cuerpo” en mayor medida. Freud dice, en “Inhibición, Síntoma y Angustia” (1926), “El paso del dolor corporal al dolor anímico corresponde a la mudanza narcisista, investidura de la representación de la parte lesionada del cuerpo en investidura de objeto, investidura del amado perdido”. El dolor en el cuerpo tiene inscripción en el inconsciente, a través de cantidades de energía que dejan huella. En el “Proyecto de una Psicología para Neurólogos”,

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Freud acota: “El dolor deja como secuela en el sistema de neuronas impasaderas unas facilitaciones duraderas, como traspasadas por el rayo”. Además, la memoria inconsciente nos remite a vivencias traumáticas dolorosas, a un dolor originario primero. Podemos hablar de cargas energéticas, en tanto que el sujeto tiende a recuperar la quebrada homeostasis, habiendo una redistribución de contrainvestiduras sobre la representación del órgano lesionado, del cuerpo dañado. En este proceso de duelar la fertilidad, se da una pelea tanto consciente como inconsciente, entre la pasión por el hijo deseado y franca hostilidad al cuerpo que no responde, no se puede dominar. Es por esto, que en las mujeres, cada menstruación reactiva los sentimientos de anclaje al cuerpo no pensado. Curiosamente, la no fertilidad, discurre silenciosamente, sólo el deseo marca la presencia de una función dañada. Por lo tanto, la investidura de la representación y el dolor están en relación proporcional. El dolor corporal sería entonces, la manifestación de la investidura representacional del daño en el cuerpo, en tanto que el dolor psíquico lo es del objeto perdido. Es sumamente importante la libidinización del cuerpo infantil, la palabra materna que haya quedado instalada en la representación del cuerpo y el dolor, que por otra parte marcará las reacciones y acomodación ante la enfermedad. Consideramos como llamativo que en el decir de las pacientes, la identidad se subsuma al diagnóstico. Es por esto que se presentan, en algunas situaciones, como infértiles o estériles, no como portadoras de un problema. ¿Podremos entonces relacionar proceso de duelo, dolor narcisista y dolor corporal? ¿Cómo afecta a la identidad femenina? ¿Qué se altera en la masculinidad? c) Otra cuestión es la de comunicarse acerca del problema con las familias de origen y con los amigos. Los usuales comentarios, acerca de la falta de descendencia en parejas con cierto tiempo de convivencia los aloja en una franja de respuestas formales, que no dan cuenta del dolor que los invade. En los talleres, la comodidad entre pares, les permite ratificar los sentimientos, sensaciones, que no pueden compartir con “los fértiles”. Se proporcionan así, entre ellos, elementos para delimitar con quiénes hablar y de quiénes esperar acompañamiento según sus necesidades e incluso comentar las condiciones adecuadas para que la ayuda que se reciba, no sobrecargue las tensiones durante el curso de los procedimientos. Las parejas, sobre todo las mujeres, tienden a evitar concurrir a eventos sociales donde la no maternidad provoca opresión y presión. Se sienten excluidas y se autoaislan en la medida que los intereses por las obligaciones de crianza de los niños no forman parte de su mundo. ¿Será la vergüenza el sentimiento que conmueve al desnudar su castración ante la mirada del otro? No olvidemos una norma instaurada, un deber ser, cuya finalidad es el control de la sexualidad y la fecundidad, a partir de la capacidad reproductora de las mujeres. El ejercicio de la maternidad es un rasgo fundamental del sistema género-sexual, estableciendo una determinada ideología, su naturaleza, perpetuando fórmulas de los roles masculinos y femeninos. De tal manera que las diversas representaciones establecen una ecuación: mujer = madre. Las figuras de la madre que circulan en el imaginario social reducen todos los deseos al deseo de hijo, no dando

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lugar a posibles diferencias individuales con respecto a lo que se puede y quiere ser. ¿Cómo mostrarse sin la capacidad reproductiva esperable? No podemos soslayar el tema de la maternidad que involucra a miradas desde las ciencias, la sociología, la historia, el psicoanálisis, la economía, la filosofía, la política. No es un acontecimiento de la naturaleza intemporal y universal, está en modificación constante. Por esto es que anclarse sólo en la maternidad como reproducción biológica soslaya la tarea social, simbólica y ética de posibilitar la constitución de un nuevo sujeto humano en una comunidad. d) El deseo de hijo es abordado en la literatura psicoanalítica muy especialmente en presencia de trastornos en la concepción, ante los cuestionamientos a la tecnología. Aunque históricamente fue naturalizado, unido a la función y destino femenino, tiene múltiples conceptualizaciones. Pensamos que es un entrecruzamiento entre el trabajo del inconsciente y las representaciones sociales. El resultado de la constitución del ideal del yo se desvanece a favor del yo ideal narcisista formado a partir de las identificaciones primarias. El decir “quiero, o queremos, tener un hijo”, en algunos casos, encubre sentimientos que pueden ser ambivalentes o contradictorios pues requiere de la caída de la omnipotencia narcisista de las fantasías infantiles y la aceptación de la castración. Deseo de hijo –deseo de maternidad–, oscilación que aparece incluso en las mujeres sin dificultades procreativas. Siendo las particularidades vivenciales la expresión de las marcas de género. El lugar de hijo/hija que se ha ocupado en las familias de origen, los modelos vinculares asimilados, entretejen la trama del deseo. La infertilidad entraña un deseo pasional que va a suturar a todo precio la reparación del narcisismo herido inaceptable. No es solamente deseo de un niño, sino un deseo de maternidad que insiste para realizarse. El ideal de una madre privada de falta, inscripto en la relación madre-hija, de donde la mujer se ha originado, y que desea reencontrar para devenir ella misma madre fálica. Por lo que el niño no es deseado por él mismo, sino que porta una cualidad fálica. Igualmente, el deseo de maternidad y de paternidad, representan maneras diferentes de relacionarse con el hijo soñado, con el ideal de familia, que habitan en las fantasías con anterioridad a un embarazo. Repetidamente hemos registrado el pre-concepto de que todo hijo concebido “naturalmente” es deseado. Situación rebatida a partir de sintomatología, incluso orgánica de riesgo, en bebés, en niños pequeños, que remiten a dificultades en la vincularidad, carencia de libidinización, a la falta de un espacio psíquico para un hijo. Aunque existen, además, embarazos inesperados, inoportunos, no planificados, éstos, pueden adquirir una significación deseante en el momento que el niño es sostenido por los padres y se entrecruzan las miradas. Recordemos que en la década del 60, la contracepción química, aliándose con las necesidades y reivindicaciones feministas, sostuvieron la ilusión de controlar las concepciones. La mujer pudo decidir tener o no tener un hijo, escuchar su deseo, o postergarlo. Por otra parte, decimos que el deseo de un niño, es la traducción natural del deseo sexual en la función colectiva de asegurar la reproducción de la especie,

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transmitiendo la historia personal, familiar y cultural. No podemos eludir el llamado que la biología propone, como tampoco acercarnos a la obra freudiana que da cuenta de ello. Desde las teorías sexuales infantiles, el deseo de hijo va mutando en equivalencias y sustituciones logrando alcanzar el estatuto simbólico de pene; y justamente en el marco del erotismo anal se equipara pene-heces-regalo-hijo. Los deseos infantiles quedan depositados en el sin tiempo del inconsciente. El hijo como sustituto simbólico, se ubica en el lugar de la falta. La mujer necesitaría así, engendrarlo para cubrir la carencia, fundante de una estructura. La mujermadre-fálica, ingresa al universo deseante para que, vehiculizada por la maternidad, logre adquirir una subjetividad femenina. Pensamos que la maternidad no puede adherirse sólo a la biología, pero tampoco la femeneidad se subsume al deseo de hijo. De todas formas, la realidad del cuerpo, es freno y trampa para el deseo de niño, pues en la mujer coexisten multiplicidad de deseos. Únicamente en el análisis individual, podemos acceder al enigma singular inconsciente que impulsa demandar a las ciencias el cumplimiento de mandatos normativos. e) Son habituales los temas sobre las emociones que emergen como efecto de los avatares que lesionan los lazos sociales, los estilos y calidad de vida. Pensamos a lo no fertilidad como duelo a elaborar, en tanto que hay pérdida de una ilusión, pérdida de la imagen inconsciente de cuerpo sano, a veces, renuncia genética. El proceso de aceptación del problema comprende etapas a recorrer, que se incluyen en la cotidianeidad al igual que sucede en patologías orgánicas severas. Es así que extrapolamos la descripción realizada por Kübler Ross (1972) respecto de los pasos a desandar que encontró en pacientes hemato-oncológicos y terminales, hasta que éstos logran asimilar la información sobre los diagnósticos, pronósticos y adherir a los tratamientos: 1°) Sorpresa: “¡Cómo me puede estar pasando esto!”, “¡Por qué!”. 2°) Negación: “¡No es cierto esto que me dicen, se equivocaron!” Este es el momento en que son posibles las consultas con otros especialistas para confirmar el supuesto error. 3°) Enojo con médicos y medio familiar-social: “¡¿Qué he hecho de malo para que justo a mí me pase?!” “¡¿Por qué a mí?!” 4°) Negociación o regateo cuando ilusoriamente se cree que con voluntad se puede conseguir un cambio: “Si hago una promesa, me sacrifico por algo, seguramente lo lograremos”. 5°) Depresión y aceptación. Sólo luego de la depresión, los pacientes pueden comenzar a pensar en las soluciones disponibles. Por otra parte la rabia, fastidio, bronca, ira, furia, cólera y enojo son sinónimos frente a la situación de frustración, temor a lo desconocido, incertidumbre. El dolor físico y el dolor psíquico se presentan como una constante en estos casos. f) La relación médico-paciente es un motivo de conflicto que insiste en las discusiones grupales. ¿Qué preguntar a los especialistas? ¿Cómo establecer un vínculo de confianza? ¿Con quién y dónde consultar siendo reconocidos como sujetos? ¿Cómo reconciliarse con un cuerpo que se torna desconocido? El no tener un diagnóstico y manejarse sólo con hipótesis o fantasías, aumentan la ansiedad. El mayor acceso a información vía Internet, la participación en foros en la web, perfila pacientes más

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exigentes, con más conocimiento, con códigos y lenguajes que paulatinamente van aprehendiendo una vez que entran al nuevo mundo de la no fertilidad. Habiendo distintos estilos de médicos, los pacientes se van acomodando y eligiendo según sus propias expectativas, pero lo que remarcan como fundamental no es sólo la solvencia científica, sino sentirse reconocidos como personas que padecen, respetados en sus decisiones y orientados en las perspectivas reales. En esta especialidad, la depositación de necesidades y dependencia en la figura del médico es mayor que en otras, ya que imaginariamente en ese vínculo se apuesta a un futuro familiar. La inversión de roles, pone en movimiento las escenas temidas de situaciones que evidencian la disimetría en la relación médico-paciente. No pudiendo soslayar el lugar de poder del médico en el imaginario social que inhibe la pregunta y la crítica. La visión del bio-poder médico, entonces, desenmascarada, transforma el vínculo, coloca a médico y pacientes en el mismo andarivel, donde es factible un encuentro de sujetos con funciones diferenciadas. Los pacientes, de esta forma contemplan sus derechos, atienden sus necesidades y pueden aceptar la ayuda de un tercero con quien decidirán las estrategias a seguir. Con esta modalidad, la reflexión se antepone a la elección y a la acción. g) ¿Cuándo descansar o abandonar los tratamientos? Los fracasos reiterados en los tratamientos, traen aparejados sufrimiento, mayor incertidumbre y dudas sobre si continuar y, de hacerlo, en qué circunstancias. Las respuestas son individualísimas, teniendo peso el perfil de cada uno, pero centralmente la elaboración intrapsíquica del problema de la fertilidad. La autorización que se otorguen los pacientes, a sí mismos, para interpelarse acerca de lo que pueden, más allá de los ofrecimientos médicos, de las presiones de los estereotipos normativos a quienes satisfacer. Justamente, si los pacientes consiguen correr el centro de atención exclusivamente puesto sobre el embarazo deseado, podrán hallar los medios para elegir el tiempo oportuno y continuar con los tratamientos. Como también tomarán en cuenta otras vías para ser padres y otros proyectos como pareja, incluso no tener hijos. h) Donación de gametos –ovodonación y donación de esperma–, es un taller manejado por pacientes que han devenido padres a partir de este recurso, y del que participan pacientes infértiles que han recibido esta indicación como alternativa para lograr un embarazo. Algunos de los que concurrieron, aceptaron este trayecto, otros optaron por el rumbo de la adopción. Se trabaja sobre los sentimientos que implican el recibir una donación, el impacto sobre el hijo por nacer y en la pareja, propiciando el debate abierto sobre los temores y preocupaciones que frecuentemente aparecen en estos procedimientos. Precisamente, se abren las puertas a interrogaciones a ser efectuadas en otro ámbito. No hay dudas que no es suficiente este espacio para tramitar la renuncia genética. Es imprescindible el análisis en pareja e individual. En definitiva, la donación de ovocitos permite que la mujer tenga la posibilidad de gestar, portar un embarazo, experienciar el parto y el amamantamiento. El hombre

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suele avalar el recurso a un banco de semen, en su deseo de conceder a la mujer la no renuncia al hijo biológico. De aquí se desprende, el tema de la filiación de un niño. La antropóloga Francoise Heritier (1993 ) dice: “hasta nuestros días no existen sociedades humanas fundadas en la única consideración del egendramiento biológico o que le reconozcan el mismo alcance que la filiación socialmente definida. Todas consagran lo social, de la convención jurídica que fundamenta lo social, sobre lo biológico puro. La filiación no es, pues, jamás un simple derivado del engendramiento”. Siguiendo a Heritier, no se desconoce el papel de la sexualidad y de las gametas de hombre y mujer necesarias en la procreación, sino que la filiación social avala el estatuto del hijo, de los derechos y deberes del individuo en una sociedad. Se inscribe a un niño en la línea de descendencia según las pautas establecidas, identidad- marca reconocida por el nombre que se le asigna. La identidad de hombres y mujeres tramitada para alcanzar la paternidad y maternidad, posibilitará ligar los problemas de la concepción, a la propia historia vincular. De esta manera, anuda el hijo al deseo de descendencia, como testimonio del vínculo amoroso de la pareja. La palabra funda, entonces, la filiación y establece la irrevocabilidad vincular padres-hijo. Reconocimiento y designación apelativa independiente a que el niño haya sido concebido naturalmente, por tratamientos de fertilización asistida, por donación de gametos, o haya sido adoptado. Se van determinando los derechos y deberes desde las funciones de la parentalidad. Remarcamos como eslabón condicionante en estas formas de construir una familia el derecho del niño a conocer su origen, teniendo en cuenta la declaración internacional sobre los derechos del niño. Se constituye así un sujeto humano, sexualizado, un otro, diferente, en tanto que el adulto lo libidiniza, lo alimenta con nutrientes, con el contacto y la palabra significante. Sobre todo, no como objeto de goce, de satisfacción exclusivamente narcisista de los padres. i) El taller de adopción es la más reciente actividad de la asociación y el equipo a cargo de ella, se está constituyendo. Este grupo está integrado únicamente por aquellos que ya transitaron por los otros talleres, realizaron algún tratamiento y decidieron abandonar los intentos de mater-paternidad biológicas. Elegir la adopción, no es un atajo. Es necesario renunciar a los tratamientos, para pensarse como padres y recibir un futuro hijo de otros genitores. Los aspectos legales y la complejidad de los pasos requeridos por la ley, son puntos a desentrañar para no solamente legalizar, sino legitimar el proceso de la adopción. La diferencia generacional es motivo de la pregunta sobre el origen, de dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos, la fantasmática aporta respuestas, donde los mitos se transforman y racionalizan en sistemas de creencias. El cómo construir la paternidad, la maternidad, la vincularidad con los hijos, son las cuestiones que competen a la función del psicoanalista.

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Efectos de la existencia del grupo. Articulaciones con los discursos jurídicos y médico La Argentina carece de leyes que reglamenten las prácticas científico médicas en reproducción asistida de alta complejidad. Como analistas colaboramos con los pacientes en permitirse transmitir a los legisladores la importancia de una ley a partir del deseo de hijo y del deseo de construir una familia, a pesar del obstáculo que hace la biología a su concreción. En el marco de nuestra participación en la ONG intentamos meditar sobre las significaciones de la falta de ley en las decisiones de tratamientos y que remiten a lo prohibido y permitido en el inconsciente. Establecimos diálogos con abogados, diputados y senadores, tratando de articular aspectos jurídicos, necesidades de los pacientes y oportunidades científicas para solucionar los problemas de salud. En las comisiones de salud de ambas cámaras, los legisladores impulsaron proyectos posibles, amplios y democráticos. Pero también se redactaron proyectos restrictivos que, de haber prosperado, impedirían la efectivización de casi todos los tratamientos existentes. Los pacientes, representados por la ONG presentaron, oportunamente, un proyecto que hoy descansa cómodamente en un cajón. La asociación presentó también, en el año 2005, una medida cautelar donde se incluye el cumplimiento en el Plan Médico Obligatorio, de la asistencia en todo el territorio nacional del embarazo, parto y cuidados neonatales de los pacientes que realizaron tratamientos de fertilización asistida. Hasta ese momento, cuando prosperaba un embarazo a través de estas técnicas, la pareja debía ocultar celosamente el origen del mismo, so pena de quedar excluidos por completo del sistema pre-pago de salud. Sostuvimos a los pacientes, en los avatares legales, donde defendieron sus derechos ciudadanos. Se continúa en tribunas jurídicas, periodísticas y en diversos medios, comunicando sobre las peculiaridades de los problemas que a diario entorpecen el acceso a la atención, mitos, e incorrecta información circulante sobre la no fertilidad y los tratamientos. Tanto los derechos reproductivos y el respeto por las libertades individuales, son objetivos permanentes de esta organización. Anualmente se organizan jornadas de difusión con la participación de profesionales especialistas reproductólogos, legistas, psicólogos, formando parte de la misión institucional. El contacto con las instituciones asistenciales movilizó la atención hacia una necesidad explicitada por los pacientes: el acompañamiento y espacio psicológico durante los procedimientos. Los médicos crearon tanto gabinetes como capítulos científicos para contemplar los aspectos psico-sociales involucrados. Aunque muchos no adhieren al psicoanálisis, cabe comentar que desde nuestro accionar analítico tendimos redes para articular discursos psicológicos y médicos que generen cambios en el pensamiento epistemológico y en las prácticas asistenciales, como cuestionamientos en los pacientes. Se ha participado en congresos nacionales e internacionales de la especialidad, presentando la experiencia grupal con una modalidad que difiere de las asociaciones de otros países. Consideramos conveniente transmitir en otros ámbitos, la efectividad

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del sostén teórico psicoanalítico para concretar el desafío del trabajo en la comunidad. Señalamos también que al igual que los pacientes, estamos atravesados por las viscisitudes histórico-culturales en la sociedad. Esto nos obliga, de algún modo, a agudizar la creatividad para contemplar las realidades en la variada geografía latinoamericana de donde surgen las demandas. Volviendo a los grupos, la participación en ellos, habilita a los pacientes a llorar, reír, conectarse con el niño de los sueños, pedir ayuda, esperar. Hay un tiempo para metabolizar los fracasos hasta llegar a una posible donación de gametos que implica un proceso de duelo por la transmisión genética que no será. Se ha consensuando que la filiación de un niño, está en el orden de las representaciones simbólicas en una cultura y no se relaciona con la biología. Aceptar y asumir el derecho de los niños a conocer su origen posibilita el compartir y elaborar estrategias para informarlos sobre su historia familiar. Elegir la adopción, la donación de óvulos o esperma, decidir constituirse en pareja sin hijos, exigen una elaboración individual y de pareja. Los obstáculos en la procreación no deberían infertilizar otros aspectos del desarrollo vital. Poder re-encausar proyectos postergados, recobrar la sexualidad a servicio del placer y cimentar nuevos modelos vinculares prepara las condiciones más adecuadas para el futuro familiar y de un niño. La eficacia del psicoanálisis nos proporciona los elementos para pensar preventivamente en el futuro psíquico de los niños. Siguiendo a Graciela Zaldúa (2000) pensamos a la prevención como un proceso que intenta asegurar, dentro de lo posible, las condiciones mínimas para que el destino de cada sujeto pueda permanecer incierto. Donde preservar la incertidumbre es un objetivo ético de la prevención frente a lo irreparable o irremediable de un destino que puede parecer signado por la certeza. “En la empresa científica no debería haber espacio para el horror a lo nuevo. Por su carácter eternamente incompleto e insufuciente, la ciencia está condenada a confiar para su salud en nuevos descubrimientos y concepciones. A fin de no sufrir frágiles desengaños, hará bien en abroquelarse en el escepticismo y no aceptar nada nuevo que no haya resistido un riguroso exámen. No obstante en ocasiones este escepticismo exhibe dos caracteres insospechados. Se pone rígido frente a lo nuevo que llega, en tanto tiene por sacrosanto a lo ya consabido y creído, contentándose con desestimar aquello aún antes de someterlo a indagación” (S. Freud, 1924).

Resumen El desarrollo médico-bio-tecnológico permite aliviar el dolor de personas con problemas en la procreación e infertilidad. En tanto el cuerpo no responde, la consulta es a las ciencias médicas, no al psicoanálisis. Un grupo de pares puede convertirse en un ámbito de sostén complementario, no excluyente del espacio analítico-psicoterapéutico donde se tramita la no fertilidad y sus tratamientos. Así se organiza una ONG de pacientes, con talleres de reflexión co-coordinados entre una analista y un miembro líder. Posicionarse

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analíticamente sin utilizar la interpretación, renunciando narcisísticamente a un lugar de supuesto saber, evitando discursos didácticos, es un trabajo de borde. Se necesita de diferentes miradas disciplinares en la conceptualización de los efectos intra-intersubjetivos de la procreación médicamente asistida. Las temáticas de los talleres son propuestas por los participantes. Se aborda la relación con los médicos, la sexualidad, los lazos sociales. Existen diversas posibilidades para construir una familia a partir del deseo de hijo que llegan a la adopción o a la donación de gametas. Como la filiación de un niño pertenece al orden simbólico, elaborar la dificultad en la concepción, habilita las condiciones favorables para el niño por venir. Destacamos el derecho del niño a recibir información sobre su origen. Descriptores: Esterilidad – Fertilidad asistida – Deseo de un hijo – Maternidad – Lugar del psicoanalista.

Resumo O desenvolvimento médico bio-tecnológico permite aliviar a dor das pessoas com problemas na procriação e infertilidade. No entanto, quando o corpo não responde, a consulta é das ciências médicas e não da psicanálise. Um grupo de pares pode se transformar num âmbito de sustentação complementar, que não exclui do espaço analíticopsicoterapêutico, no qual realiza-se a não fertilidade e seus tratamentos. Assim organizase uma ONG, de pacientes, com palestras de reflexão co-coordenados por uma analista e um membro líder. Posicionar-se analiticamente sem utilizar a interpretação, renunciando narcisisticamente a um lugar de suposto saber, evitando discursos didáticos, é um trabalho de extremo. Necessita-se de diferentes pontos de vista disciplinares na conceituação dos efeitos intra-intersubjetivos, perante a procriação médica assistida. As temáticas são propostas pelos membros, abordando a relação com os médicos, a sexualidade, os laços sociais. Diversas possibilidades para construir uma família a partir do desejo de ter um filho, podem levar à adoção ou doação de gametas. Como a filiação de uma criança pertence à ordem simbólica, elaborar a dificuldade na concepção habilita as condições favoráveis da criança por vir. Destacamos o direito da criança a receber informação sobre sua origem. Palavras chave: Esterilidade – Fertilidade assistida – Desejo de ter um filho – Maternidade – Lugar do psicanalista.

Summary Medical and biotechnological development helps relieve pain in people with procreation and infertility problems. Insofar as the body does not respond, the issue is for medical sciences to tackle, rather than for psychoanalysis. A peer group may become a space of additional support independent from the analytical-psychotherapeutic framework where non-fertility and its treatments are addressed. Thus, an NGO is organized, involving patients, discussion workshops coordinated by a psychoanalyst and a leading member. Boundary work is required in order to analytically place oneself without resorting to interpretation, by narcissistically waiving a position of alleged knowledge and avoiding didactic

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speeches. Perspectives from different fields are needed in the conceptualization of intraand intersubjective effects of medically assisted procreation. Issues are brought for discussion by members, regarding relationship with doctors, sexuality, social bonds. Family-building possibilities led by the desire for a child may include adoption or gamete donation. Since a child’s filiation belongs to the symbolic realm, elaborating on the conception problem enables the favorable conditions for the coming child. Children’s right to learn about their origin deserves a special note. Key words: Infertility – Assisted fertility – Desire for a child – Maternity – Psychoanalyst’s role.

Bibliografía Berenstein, I.; Puget, J. (1997) Lo vincular. Clínica y técnica psicoanalítica. Paidós. Freud, S. (1895) Proyecto de Psicología. AE, vol. 1. - (1905) Tres ensayos de teoría sexual. AE, vol. 7. - (1912-13) Tótem y tabú. AE, vol. 13 - (1914) Introducción del narcisismo. AE, vol. 14. - (1915a) Pulsiones y destinos de pulsiones. AE, vol. 14. - (1917 (1915)) Duelo y melancolía. AE, 14. - (1920) Más allá del principio del placer. AE, vol. 18. - (1921) Psicología de las masas y análisis del yo. AE, vol. 18. - (1926) Inhibición, síntoma y angustia. AE, vol. 20. Héritier-Augé, F. Del engendramiento a la filiación. Psicoanálisis con niños y adolescentes. Nº3, Giensa, Bs. As., 1993. Puget, J.; Wender, L. Analista y pacientes en mundos superpuestos. 1982, Rev. APdeBA, Vol. 4, Nª 3. - El mundo superpuesto revisitado al cabo de los años. Revista de la Asoc. Esc. Argentina de Psicoterapia para Graduados, N° 30, 2005/6. Winnicott, D. (1958) Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona, Laia, 1979. - (1971) Realidad y juego. Buenos Aires, Gedisa, 1972. Zaldùa, G. Género y salud. Eudeba, Bs. As., 2000.

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PRÊMIO FEPAL

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REFLEXÃO SOBRE O VAZIO DENTRO DA PSICANÁLISE: DO HORROR DO VAZIO AO VAZIO CRIADOR DE METÁFORAS “A fala não saberia encontrar o poder do seu dizer se ela se escapasse em atos e fugisse do silêncio. Mas o que a fala encontra primeiro nela ao se abrir é o vazio”. (Fédida, P., 1978, p. 304) “O vazio é conceito metapsicológico enquanto ele é referido ao de espaço psíquico, o qual só vale, metapsicologicamente, pela sua operatividade técnica: esta é a função criadora (reconstrução) da metáfora. É porque podemos dizer que o vazio é o espaço psíquico da metáfora.” (idem, p. 320)

Uma clínica do vazio? Minha reflexão pessoal sobre o vazio em psicanálise inicia-se pela revisão e pelo questionamento do que é chamado atualmente, por vários autores contemporâneos, de clínica do vazio. Coloca-se juntamente com essa idéia a questão de uma “abordagem clínica do vazio”. A quais organizações psíquicas a noção de vazio nos remeteria? Certamente a uma série delas, bastante diversas. Numa primeira aproximação, diremos que aquilo que as uniria numa “clínica do vazio” seria sobretudo a conexão com uma idéia descritiva, fenomenológica, de vazio enquanto sintoma, queixa, cujo exemplo mais límpido é o do ‘sentimento de vazio’. Nessas diferentes organizações psíquicas encontramos desde o vazio ligado à inibição e aos recalcamentos neuróticos, até vazios muito mais aterrorizantes, como nas melancolias (dentre elas, a mais impressionante em minha opinião é a síndrome de Cottard, na qual o doente apresenta uma melancolia delirante pela qual nega seus 1 Membro Efetivo da Sociedade Brasileira de Psicanálise de São Paulo. Endereço electronico: josecanelas@uol.com.br

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próprios órgãos, seu corpo, sua mortalidade ou até mesmo sua existência!), nas psicoses brancas (Green, 1973), nos casos de pacientes borderlines, na psicossomática, na esquizofrenia, etc. Como vemos, uma gama extensa de organizações muito diferentes entre si. Logo, o vazio, de um ponto de vista da descrição fenomenológica, pode ser relacionado a quase todas as organizações mentais. Vejamos alguns exemplos: Um primeiro, muito interessante, é o descrito por Jean Cournut, sob o nome de “neurose do vazio” (Cournut, J., 1975). Trata-se de um quadro em que a questão não é a de uma carência constitucional associativa, mas de um mecanismo regrado pelo recalcamento, às vezes, com intensa inibição. O autor relatou o caso de um paciente que apresentava no início uma queixa de vazio. Quando a análise começou foi o analista quem passou a vivenciar esse sentimento, o qual havia sido transferido pelo paciente. Uma mudança significativa no modo de funcionamento se fez após o analista terlhe evocado uma palavra, aparentemente banal, o que confirmou a hipótese de organização neurótica. Uma descrição de uma organização psicopatológica original foi a da “psicose branca” de André Green e Jean-Luc Donnet, publicada no livro O filho disso (L’enfant de ça, 1973). Dez anos depois, um dos autores (Green, A., 1983) acrescentou algumas precisões quanto a essa idéia de “branco”, que penso podermos aproximar da de vazio: essa metáfora pela cor vem do inglês, da palavra “blank”, retirada da sessão de uma paciente que fazia com ele sua análise, provavelmente em inglês. Nessa acepção, o branco vai nos remeter a idéia de espaço inocupado, vazio. Em sua análise, o autor nos mostra que se abre uma bifurcação na rede de sentidos ligados à palavra “branco”, “blank”, bifurcação esta entre a cor e a idéia de vazio. Desse modo, diz-se de um “sonho branco”, ou “em branco”, que é um sonho sem representações, vazio de representações, muito embora podendo ter afetos. Em outro momento, B. Lewin (citado por Green, A., 1983) falou em “tela branca” do sonho, fazendo dela uma representação onírica do seio após um adormecimento que sucede uma mamada satisfatória. Esses exemplos são interessantes por mostrar as diferentes concepções que podemos nos fazer desse branco, segundo nosso olhar se dirija mais para a descrição de um funcionamento psíquico, no caso do sonho branco, ou mais para um vértice metapsicológico, como na tela branca do sonho. No caso específico da psicose branca não farei um resumo da finíssima descrição do autor, mas gostaria de assinalar que o que é branco é o Ego, o qual “procede a um desinvestimento das representações que o deixam se confrontar com seu vazio constitutivo. O Ego se faz desaparecer diante da intrusão do excessivamente-pleno de um barulho que é preciso reduzir ao silêncio” (Green, A., 1983, p. 156). Trata-se de “uma impossibilidade de pensar, acompanhada de um sentimento de separação total, de solidão intolerável e de impulsão corporal”. (Green, A., 1983, p. 157) Em pacientes borderlines também encontramos essa falha na representância, uma carência de palavras, provocando freqüentemente uma passagem imediata da linguagem à ação e ao objeto. Green descreve a relação entre esse branco e a moção pulsional como a interação de um corte radical em relação ao objeto, e de “um

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desinvestimento da representação que ocorre simultaneamente à intrusão no espaço desinvestido (inocupado, vazio) de uma moção pulsional proveniente da parte do Id que está mais ligada à esfera somática” (Green, A., 1983, p. 157). Enfim, temos aqui o aspecto mais característico desses modos de funcionamento mental no desaparecimento da mediação, oferecida tanto pela representação, quanto pela identificação. Com a idéia de alucinação negativa, Green fundamenta metapsicologicamente boa parte de sua descrição dessa clínica borderline, sem trabalho de representação, em que até a concepção de um “mundo interno” está por ser construída. A idéia de alucinação negativa remete-nos à constatação da relação profunda entre a descoberta da ausência do objeto e a vivência de sua perda, relação essa que não deve nos levar a confundir ausência e perda. Se Freud coloca como contemporâneos a perda do seio e o momento no qual pode ser apreendida a pessoa total da mãe, o que precede essa apreensão deve incluir potencialmente o conteúdo da apropriação ulterior. Não sob a forma de uma percepção, uma vez que nesse caso seu objeto estaria do lado de fora e que a representação dessa percepção seria então uma cópia cuja função de replicação não seria congruente com a virada de posição que centra no Ego o esforço de unificação, mas ao contrário sob a forma de uma alucinação negativa dessa apreensão global. O auto-erotismo pelas portas do corpo assinala a independência em relação ao objeto, a alucinação negativa assinala, com a percepção total do objeto, a colocação fora do eu deste último, ao que se sucederá o eu-não-eu sobre o qual se fundará a identificação. (Green, A., 1983, p. 125-126) A construção de uma “estrutura enquadrante”, ligada à alucinação negativa do objeto, deve ser feita nesses casos em que as carências do pensamento são muito importantes. Com muita paciência, o analista é obrigado a lidar o tempo todo com a distância, pois é submetido ao seguinte paradoxo: se estiver perto será intrusivo demais, se estiver distante, abandona e desampara o analisando. Nas análises desses pacientes o enquadre terá de ser construído. O analista, aos poucos, graças a sua criatividade, procura criar espaços de mediação da relação com o paciente, “tecendo” uma rede de representações e de significações. Isso exige um constante movimento por parte do analista de, ao mesmo tempo, interagir numa boa distância com o analisando e também poder se retirar, se retrair, para “ver de fora” aonde adentrara. Penso que muitas técnicas do que chamo psicanálise aplicada, como por exemplo o psicodrama analítico, as técnicas corporais e de relaxamento, etc, podem ser úteis na abordagem psicoterápica desses casos por criarem um suporte mediador que facilite a formação dessa estrutura enquadrante. Na situação analítica, o retraimento e a não visão do analista favorecem o aparecimento de outro tipo de vazio, um vazio que não remeteria forçosamente ao nada e aos ataques contra o pensamento, mas teria um potencial criador de metáforas e de

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novas formas de expressão do inconsciente. Isso nos leva agora a uma reflexão sobre o vazio dentro da análise, e da grande resistência que nosso contato com ele pode levantar.

O vazio dentro da análise Convido agora o leitor a voluntariamente se afastar das “aparências” fenomenológicas da noção de vazio e, por conseqüência, fazer uma análise crítica da idéia de uma “abordagem” de uma suposta clínica do vazio, clínica essa que preenche bem certos critérios descritivos, mas que não nos permite avançar em direção a uma abordagem mais metapsicológica da noção de vazio dentro da situação analítica. Façamos então uma pequena digressão por outros campos do saber. O vazio. Mas o que é o vazio? Durante muito tempo o problema do vazio permeou todo pensamento filosófico ocidental. Com Aristóteles, por exemplo, se delimita o problema do vazio como um problema da physis (no sentido de natural, pertencente ao mundo dos fenômenos e que pode ser objeto de conhecimento a partir da experiência). A esta, o filósofo contrapõe a figura do geômetra, o qual não lida com um espaço vazio, mas concebido, abstrato e irreal, povoado de objetos concebidos, abstratos e irreais. Surge então um primeiro problema: o espaço do físico não seria simultaneamente concreto e abstrato, atual e presente no instante mesmo e também estando em lugar nenhum, em tempo algum? Como mostra Yvon Belaval (1975), há uma antinomia que mantém durante séculos na história da ciência o conflito entre o pleno e o vazio por meio da concepção do horror vacui (horror ameaçador do vazio) que a Natureza teria. Aristóteles afirmava que o vazio é real e sem resistência. Sendo Real, ele não é o nada, pois dizer que o vazio é nada equivaleria a dizer que ele não existe, que ele não é. Ele não é nem nada, nem alguma coisa. Assim, apesar dessas discussões filosóficas poderem nos parecer distantes para nós psicanalistas que temos que dar conta de nossa clínica quotidiana, elas são fundamentais para situarmos a noção de vazio dentro de certo campo epistemológico mais geral, o qual se relaciona, a meu ver, com o campo epistemológico que nos é mais particular, o da metapsicologia freudiana. Desse modo, o vazio se coloca entre o nada e o ser. Se o vazio pode ser ocupado por um corpo, nós o pensamos como “o não ocupado por um corpo”. Se o pensamos incorporal, o pensamos por negação. Assim, até o século XVII, o fato de um líquido subir por um tubo que aspiramos (como com um canudo) era explicado pelo horror do vazio que a Natureza teria. Depois disso, com a matematização da Física, esse conceito é abandonado. Ao vazio absoluto sucede então o vazio relativo, o qual é relação de rarefação, de pressão, enfim, de relação mensurável. Na Física contemporânea, o problema do que é o vazio ainda levanta inúmeros enigmas. O vazio é menos entendido como região do espaço privada de matéria e mais como o estado de base de um reservatório de potencialidades. Num instigante livro sobre as questões que a Física quântica trouxe para nossa concepção do real e suas

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relações com a filosofia do espírito, Michel Bitbol (1998) propõe uma nova concepção do vazio que nos inspirou na tentativa de elaborar metapsicologicamente tal questão. Ele utiliza a noção de vacuidade, oriunda do budismo da “Via do meio”, que supõe a co-emergência relativa (ou dependente) de tudo aquilo que aparece. Citando J. Garfield (Garfield, J., 1995, citado por Bitbol, M., 1998, p. 272), “a vacuidade, ela mesma, é vazia. Ela não é um vazio existindo em si por detrás de um véu de ilusão identificado à realidade convencional (das aparências); ela é uma marca característica dessa realidade convencional”. Trata-se de um vazio que traz potencialidades criativas, não tendo um estatuto ontológico: “Este vazio não tem em suma nenhum estatuto ontológico. Ao contrário, ele visa preencher uma função terapêutica diante das escleroses existenciais que tendem a se instalar sob o leito das petrificações ontológicas”. (Bitbol, M., 1998, p. 272) Podemos estabelecer um paralelo entre essa visão proveniente da epistemologia da Física contemporânea com a noção de vazio dentro da situação psicanalítica. A limitação do ponto de vista metapsicológico que vemos nesse vazio da “clínica do vazio” se funda no fato de que ele apresenta um caráter ontológico. Inspirado por Bitbol, estou interessado num vazio que traga potencialidades criativas e não tenha nenhum estatuto ontológico. Uma reflexão do vazio operando dentro da situação analítica, nas sessões, poderá então nos abrir a via para uma reflexão metapsicológica sobre o vazio. Numa das concepções do vazio em física quântica, ele não seria tão vazio assim, pois existiriam flutuações quânticas, de partículas virtuais ou partículas e antipartículas que se anulam. Um vazio que é potencialidade criativa em movimento. Estranha idéia para nosso senso comum. Porém fiquei surpreso ao me dar conta que havia nessa idéia do vazio uma grande semelhança com a crença de Freud na capacidade criativa do Inconsciente. Pierre Fédida (1978), num texto consagrado ao que chama o “vazio da metáfora”, evoca o sentimento de vazio expresso muitas vezes pelos analisandos, como sendo “a experiência psíquica da instância, até mesmo da espera de sentido, própria a manter toda a existência em suspenso, como em condição de não existência”. Podemos relacionar essa idéia de Fédida com o problema filosófico descrito acima. O vazio vivenciado dentro da sessão analítica só é possível se pudermos ficar suspensos no tempo do intervalo, entre nada e ser. Isso nos remete sempre, a partir do ponto de vista psicanalítico, a um trabalho de negação de um corpo real que não deve ocupar o espaço analítico. Esse corpo real é o do analista. “É por esse paradoxo que se figura o corpo do analista: uma presença que funda a linguagem no ato de escutar a ausência”. (Fédida, P., 1978, p. 294)

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Sandrine, ou da plenitude da paizão ao horor do vazio Sandrine iniciou uma psicoterapia em face a face logo após dois anos de tratamento para uma doença muito grave. Tem cerca de 40 anos, é casada e tem filhos. Minha impressão nas primeiras entrevistas era a de alguém muito desvitalizado, tendo um discurso de aspecto totalmente operatório, o qual me evocou o funcionamento descrito por Marilia Aisenstein (Aisenstein, M., 2006): o ataque contra a mentalização ou anti-pensamento. O mundo de Sandrine era sem graça, sem brilho, onde tudo era muito limpo e bem organizado. Este aspecto contrastava fortemente com o relato de inúmeros elementos traumáticos em sua história recente e passada. À medida que vou mostrando a ela certos fatos que a tocavam muito emocionalmente, esse quadro inicial evolui rapidamente para uma transferência amorosa em relação a mim. No início, essa transferência me parecia ser um elemento de bom prognóstico para esse processo analítico que se iniciara com uma paciente tão desvitalizada. Minhas intervenções iniciais iam provavelmente num sentido de “vitalização” da paciente. Eram intervenções psicoterapêuticas de minha parte, as quais poderíamos aproximar da noção de “holding” (Winnicott). Seguindo Fédida, “psicoterapêuticas são sem dúvida as reparações! Mas elas não toleram o vazio do paciente e o psicoterapeuta não tarda a se dar ele mesmo como objeto imaginário de incorporação ideal.” (Fédida, P., 1978, p. 307). Foi assim que, numa das sessões logo após as férias de verão, Sandrine, ao se despedir no final da sessão, subitamente me abraçou bem forte e tentou me beijar. Ela me disse: “Preciso de você pra mim!”. Eu, tentando contêla fisicamente (e me conter também naquele turbilhão), disse-lhe: “tenha calma, vamos poder conversar sobre isso na próxima sessão”. Na sessão seguinte, Sandrine, falando de maneira totalmente apaixonada, tentava me mostrar que poderíamos ter uma relação amorosa, e em dado momento ela disse: “Preciso muito de você, você me dá vida!” Lembro-me de ter dito a ela que, falando assim, era como se ela me colocasse no lugar de Deus. Isso vinha após um período no qual falara de suas buscas e crenças religiosas. Nas sessões posteriores, inicialmente ela vai se mostrar muito envergonhada de ter-me “agarrado”, como ela mesma disse. Em seguida e durante vários meses manteve-se entre nós um clima sedutor e erotizado durante um bom tempo, como se “namorássemos” um pouco em cada sessão. Dessa maneira, apaixonando-se pelo analista, ela mergulhava na transferência e no processo analítico, pedindo que seu analista fosse esse alguém único, muito firme, capaz de ser objeto ideal e resistir à violência de suas seduções e ataques destrutivos. Tratava-se de um desafio colocado ao analista quanto a sua capacidade de se manter numa posição analítica de neutralidade cuidadosa. Obviamente esse desafio colocava intensamente para mim a questão do lugar que a interpelação dessa demanda da paciente viria ocupar em mim. Retomando esse movimento inicial espetacular da análise de Sandrine, podemos dizer que as coisas se passaram mais ou menos assim: após um período inicial, que descrevi como “vitalização”, ocorrera um movimento transferencial muito intenso

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e violento no qual o corpo do analista era chamado a ocupar a cena. A transferência amorosa evoluiu para uma paixão e uma demanda de erotização por parte da paciente. Esse movimento apareceu de maneira bastante violenta durante uma sessão, exigindo muita determinação e criatividade para me manter na situação de retraimento e neutralidade, sem negar o efeito sedutor e atraente que ela produzira em mim. Durante um tempo, manter a posição analítica exigiu de mim um enorme esforço. Octave Manoni (Manoni, O., 1982), num interessante artigo sobre o amor de transferência, após retomar o texto de Freud, o qual se atém a uma reflexão quanto às questões técnicas levantadas por essa forma de resistência à análise, mostra que a paciente tem uma espécie de convicção de que realmente aconteceu algo, enquanto o analista deve ficar no plano do imaginário. “É aqui, numa certa relação entre um certo real e um certo imaginário que se coloca a verdadeira questão. Mas, mesmo se não agrade ao analista, é ele que está do lado do imaginário e a dama do lado do real”. (Mannoni, O., 1982, p. 10) Em outro trecho de seu artigo, esse autor mostra que seria sem fundamento o analista invocar a situação analítica como algo real, e falar do amor de sua paciente como de algo ilusório. Em seguida, ele lembra uma fala de Freud em 1907, numa das reuniões da Sociedade Vienense de Psicanálise, na qual Freud fala do “terreno de jogo da transferência”, explicando que na análise há “suspensão da realidade, como no teatro” (Freud, S., citado por Mannoni, O., 1982, p. 11): O terreno de jogo da transferência, aonde a realidade num sentido não conta mais e não tem mais seu lugar, o que é? Bem, evidentemente simplesmente o espaço analítico. Não o consultório da Bergasse, que é bem real. Mas o estatuto que ele recebe, como espaço de fala. (Mannoni, O., 1982, p. 11) Foi nesse “terreno de jogo da transferência” que se desenrolou uma fase do processo analítico com Sandrine, que chamei de “namoro”. Foi nesse clima que pôde ser criado um espaço de fala associativa. Não pretendo comentar mais em detalhes esse período do “namoro”, mas diria resumidamente que um outro corpo aos poucos foi surgindo em meio a todas as turbulências passionais comigo, o corpo de um pai sem limites e com comportamentos com forte conotação incestuosa no passado. Algumas falas da paciente me faziam pensar (no sentido de imaginar) que Sandrine vivera momentos abusivos por parte de seu pai. Nesse período se delineou, em suas falas, uma imago paterna. Um pai alcoolista grave, “Bon vivant”, extremamente imaturo, tendo acabado com os recursos que herdara de seu pai, nunca tendo desempenhado nenhum papel paterno e estruturante na família. Desde cedo Sandrine começou a desenvolver uma espécie de obsessão por ordem e planejamento que perdura até hoje. Numa sessão mais recente, ela associou a necessidade de sempre estar planejando e preenchendo completamente sua agenda com bastante antecedência, querendo que tudo se desenrole de maneira perfeita, com a lembrança de que, durante sua infância e adolescência, passava muito tempo preo-

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cupada em ajudar sua mãe para que tudo corresse bem com a família, apesar das enormes dificuldades que o pai colocava a ela, a sua mãe e a seus dois irmãos. Poderíamos fazer a hipótese, segundo a qual, não havendo para Sandrine uma sólida referência ideal, resultado da falência da função paterna, ela se voltara para a referência objetal. Foi transferido ao analista esta última referência, ele se tornou objeto de amor e paixão. Entretanto, e é isso que gostaria de salientar neste artigo, para chegarmos a esse outro corpo mencionado acima, corpo paterno, tivemos de criar e suportar um vazio, o qual pôde começar a ser dito, falado por ela nas sessões. Diante de minha firmeza em ficar na posição analítica, penso que a paciente conseguiu constituir, por meio do trabalho analítico na transferência, a referência ideal paterna, sem se sentir desamparada nem abandonada. Depois de uns meses, numa sessão em que ela me pareceu autêntica, Sandrine me agradeceu por não ter cedido a suas seduções e pressões. Disse-me que por isso me admirava bastante. Embora ainda parecendo apaixonada (e sofrendo por isso), ela começou, sem que eu houvesse interferido, a se deitar no divã, como que para não me ver e assim conseguir dominar sua paixão. O clima emocional mudou a partir desse momento. Surgia freqüentemente um afeto do tipo de “inquietante estranheza” e ela chegava, às vezes, a ficar apavorada com a sensação de vazio que lhe vinha, a tal ponto que, por vezes, precisava interromper a sessão antes do final. Sandrine parecia, nesses momentos, estar privada de imagens, palavras e afetos. Era incapaz de se fazer um lugar em seu mundo psíquico para um vazio que fosse tempo (intervalo) e silêncio. O retorno dos rostos à sombra é ao mesmo tempo um fator de justo reasseguramento e uma ameaça de despersonalização completa. Mas é sobretudo da descoberta (ou construção) do vazio como espaço “entre” que provém no analista e no paciente a percepção comum do intervalo necessário entre dois corpos para a fala e sua escuta. (Fedida, P., 1978) Entre a analisanda, Sandrine, e o analista começou a se desenrolar a análise. O analista teve que ser firme em seu papel de guardião da lei da análise, sendo ele também, da mesma maneira que seu analisando, simbolicamente submetido a essa lei. Essa lei, como mostra Fedida, é concebida como “lei da interdição do incesto: ela funda o intervalo. Como tal, ela permite ao desejo de incesto e de assassinato de se produzirem somente dentro da fala”. (Fedida, P., 1978) O exemplo de Sandrine mostrou-me a violência e o horror que o contato com o vazio pode acarretar. Violência inicialmente exercida contra minha função de analista, exigindo a presença real de meu corpo erótico. Ela não conseguia exercer esse trabalho de negação por parte do pensamento necessário para criar, estar num vazio, o “não ocupado por um corpo”. Penso que tocamos aqui na problemática (central em toda análise) da “ausência na presença” do analista. Numa linguagem greeniana, diria que a análise transcorria–se como se a construção de uma estrutura enquadrante, a partir da alucinação negativa do objeto primário, se fizesse (ou se fortalecesse) durante o decorrer mesmo do processo analítico.

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O período precedente, que chamei de “namoro”, fora então um processo transicional (Winnicott), de realização alucinatória, criando um espaço no qual sujeito e objeto não estão distintos. Foi necessário que eu me dispusesse a entrar nesse espaço para que, aos poucos, ela se desfizesse desse uso alucinatório da fala. Para isso, penso que foi importante todo o trabalho de reconstrução dessa imago paterna da qual fiz menção acima. Todavia, além da criação desse espaço transferencial, e sobretudo na passagem do face a face para o divã, Sandrine se confrontou também com o vazio do tempo. “Perda de consciência, esquecimento, intervalo, espaço intemporal. No vazio, estamos nessa “tensão entre um passado perdido e um futuro que pode nos perder, entre uma “physis” materna e um universo não humano...” (Belaval, Y., 1975) Evoquei acima neste texto, numa tentativa de definir uma linha de abordagem dessas situações clínicas, que é preciso que o vazio se torne um espaço para se jogar, brincar, por meio de um devaneio (reverie) ou de um sonho. Se esse jogo não consegue se instalar, a depressão melancólica paira no ar. Para André Green (1975), esse espaço transicional do jogo caracteriza um tempo transicional, ao qual ele opõe o tempo morto, equivalente do espaço vazio, onde o poder de suspensão do desinvestimento estaria operando. Green descreve o tédio, a espera na qual nada se espera (lembro o exemplo impactante da peça Esperando Godot, de Samuel Beckett), o abandono da luta, como afetos anunciadores da depressão e de sua lógica da desesperança. Assim, o risco nessa cronificação do tempo morto é que o mundo melancólico se instale, mundo imóvel, como um tempo parado, uma lentificação do psiquismo, podendo chegar até ao estupor e à morte. Se o vazio se fixa, ele deixa de ser a base para o surgimento das metáforas e paciente e analista correm o risco de soçobrar no mar gelado da depressão. A análise poderia ser então esse lugar –espaço e tempo– apropriado a acolher e receber o vazio? Diz Masud Khan (Khan, M., citado por Fédida, P., 1978): “o analista cria o vazio e a ausência pela sua presença”. Sim, a análise é o espaço de acolhimento do vazio, primeiramente com a condição do analista poder deixá-lo surgir, graças a seu retraimento e sua reserva de silêncio. Em seguida, por poder abrir por meio da fala analítica ao espaço-tempo transicionais da metáfora. E, como Fédida, podemos perguntar: mas “onde está o vazio na análise? Ele está no silêncio da fala. Não de uma fala que se cala ou que –como dizemos– faz silêncio. Mas silêncio que está por debaixo dela. Silêncio também que assombra a fala” (Fédida, P., 1975, p. 289). Não há silêncio vazio ou pleno, o silêncio é o “tempo implicado da palavra”. “O vazio pode ser silencioso, mas ele não é por causa disso o silêncio: ele é a abertura da fala sobre ela mesma. A fala se conhece a partir de seu vazio quando as palavras não garantem mais nada”. (Fédida, P., 1978)

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Roberto ou o horror do vazio e o luto do duplo narcísico O exemplo do caso de Roberto vai nos mostrar essa luta do paciente para poder entrar em contato com o vazio, conseqüentemente, a percepção da ausência do objeto e do luto do duplo narcísico, no decorrer do processo analítico. “A boca é a cavidade primeira do vazio: a fala sofre de sua fome. Ela continuará por muito tempo, “mamante, mordante”, ávida de rostos, insaciável. Os detalhes de expressões não faltam para dizer com que evidência se impõe o vazio no tratamento analítico. Trata-se de deixá-lo se instalar com sua fala, de não procurar nem evitá-lo, nem preenchê-lo”. (Fédida, P., 1975, p. 290) Roberto não fala do vazio, não tem medo dele, não se queixa de ter nem a cabeça, nem o pensamento e nem a vida vazios. No entanto, durante um longo período no início da análise, Roberto preenche toda possibilidade de aparecer um vazio na sessão, falando o tempo todo, enquanto anda sem parar na sala, deixando-me como que paralisado e sem poder pensar, o que descreveria assim: o clima que se instalou desde nosso primeiro encontro era intenso, pesado, carregado de muita angústia. O peso me colava na poltrona. Roberto tinha uma excessiva urgência para falar. Eu sentia, preocupado, que essa urgência vinha de uma necessidade imperiosa para ele de assegurar sua continuidade psíquica e, por meio desta, alicerçar sua identidade. Fora criada então uma possibilidade de ali estar, diante de um outro investido simbolicamente para ele do poder de reconhecimento de sua singularidade. Nesses casos saliento a necessidade para o analista de abrir um “espaço de representação”, uma brecha por onde olhar, enfim, de criar uma possibilidade de contato com o vazio, o qual é defensivamente o tempo todo preenchido por Roberto nas sessões. As imagens (e o imaginário) dele não têm valor de representação, mas sim de apresentação, de “presentificação”. Este paciente está sempre ávido por objetos que possam satisfazer seu orifício visual. Parece evidente o papel da alucinação em sua fala, por exemplo, nas inúmeras vezes que descreve, quase como se vivenciasse realmente, a cena imaginária de um filme, ou de uma situação de sua vida amorosa. Outro aspecto interessante dessa análise é que em certos momentos da fala de Roberto eu via a cena por ele descrita. Poderíamos falar de um poder em convocar o alucinatório na escuta do analista, o que, a meu ver, tinha uma função de que eu ficasse aderido a sua fala; no fundo, numa extrema e estranha proximidade com o paciente. No decorrer do processo analítico, Roberto vai, aos poucos, esbarrando de leve em seu próprio vazio. Assim, após quase dois anos de tratamento, o paciente começa a se deitar no divã, não falando mais o tempo todo com a urgência que caracterizara o período anterior. Vejo aparecer então em sua fala, pausas, silêncios, interrupções, quase sempre permeando o relato de um sonho. Agora ele traz sonhos para as sessões, como diz, “para ter o que falar aqui”. “Deitar-se no divã, recolher seu rosto à sombra para deixar seu sonho se contar,

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depois falar” (Fédida, P., 1992, p. 18), eis o que Roberto raramente pode fazer na análise. No divã há uma mudança de temporalidade da fala. Quando Roberto se deita e esboça um trabalho associativo por alguns minutos, isto ocorre em momentos ‘depressivos’, nos quais tenta abandonar essa fala alucinatória onde sujeito e objeto estão aderidos. O trabalho analítico volta-se então para se tentar um acesso à posição depressiva, a qual é fracassada diante do horror do vazio. A posição depressiva coincide com o momento criativo da constituição temporal da ausência. Na atividade associativa ocorre fragmentação das imagens que vão se dissolvendo e é preciso suportar a angústia do vazio do qual, como disse Fedida “a fala se pressente quando não sabe o que vai dizer, como num salto no desconhecido” (Fédida, P., 1978, p. 294). Penso que a vivência da alteridade, durante períodos mais associativos, traz a Roberto um sentimento de profunda solidão, um horror do vazio; então ele vai se desanimando, no sentido de perda de vitalidade. Quando chega neste ponto, em geral se levanta do divã para reencarnar, aqui e agora, em sua narração, um de seus heróis conhecidos. Podemos supor que Roberto parece preencher o vazio nele, fabricando indefinidamente (nos seus sonhos e devaneios) outros iguais, outros si-mesmos. A temática de seus sonhos, por exemplo, quase sempre gira em torno de sua luta de resistência no papel de um herói épico. Sinto-me, em relação a esse paciente, próximo da idéia de Fedida, segundo a qual o vazio seria “a amnésia de um luto: o luto do duplo imaginário da infância” (Fedida, P., 1975). Roberto ainda não cessou de necessitar reencarná-lo em certos momentos das sessões, evitando dessa forma esse luto. Tudo parece se passar para ele como se, ao se deparar com o vazio, ele se refugiasse na vivência desse mundo narcísico imaginário.

Um vazio criador de mtáforas O horror do vazio tanto em Roberto como em Sandrine sustenta suas atividades projetivas. Como diz Fedida (1975, p. 295), nesses casos a atividade projetiva é concebida como restituição reparadora de um duplo narcísico. Sandrine na paixão amorosa transferencial e Roberto em sua encenação transferencial diante de mim. O vazio vai adquirir um estatuto metapsicológico quando ele aparece na situação analítica constituindo-se progressivamente em espaço interior, o qual “é instalado pela análise nesse lugar chamado sessão e pelo intervalo que é designado a partir da relação da fala a seu silencio”. (Fedida, P., 1975, p. 99-100) Quais conseqüências podemos apontar dessa concepção do “vazio dentro da análise” para a escuta analítica? A escuta analítica não vem substituir um ausente, nem preencher o vazio de seu lugar, mas sim fundar a relação de ausência. O caminho é muitas vezes árduo e pode esbarrar no horror do vazio, como vimos nos casos acima. É necessário então que o analista possa ter claro para si uma noção de vazio, não como um nada, mas como vacuidade, vazio criador potencial de metáforas. Chegamos ao final de nossa reflexão com uma concepção metapsicológica de

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“vazio dentro da análise” muito semelhante ao que foi dito acima, da noção de vacuidade em física. A tensão criada entre a fala e o silêncio na sessão, mais que um vazio existindo em si, é vacuidade, potencialidade de sentidos, fonte do novo que surge das profundezas da alma. Para que isso ocorra é necessária uma estrutura enquadrante operando tanto no Ego do paciente, quanto na capacidade do analista em ocupar esse “sítio do estrangeiro” (Fedida, P., 1996) que é o seu lugar.

Resumen El autor desarrolla una reflexión sobre algunos impases y paradojas durante el tratamiento psicoanalítico con pacientes de diferentes organizaciones que constituyen lo que se llama “clínica del vacío”. Se retomaron algunas de dichas organizaciones no-neuróticas. Fenomenológicamente hablando, podemos decir que el vacío se encuentra en casi todas ellas. Como destacaron varios autores y entre ellos André Green, con la noción de alucinación negativa, es de fundamental importancia la construcción de una “estructura encuadrante” en el análisis de dichos pacientes. Posteriormente, el autor se pregunta sobre el vacío desde el punto de vista metapsicológico actuando dentro de la sesión analítica. A partir de dos ejemplos clínicos, muestra el horror y la resistencia que se manifiestan contra el surgimiento del vacío en la sesión analítica. En el caso de Sandrine, describe la constitución de esta estructura encuadrante y la emergencia de la problemática del “horror al vacío” dentro de la sesión. En una reflexión inspirada en la noción de vacío en la Física contemporánea, el vacío es considerado como “vacuidad”, como potencialidad de surgimiento de sentido, o sea, como un vacío potencialmente creador de metáforas. Descriptores: Vacío – Estructura encuadrante – Horror al vacío – Metáfora.

Resumo O autor desenvolve uma reflexão sobre alguns impasses e paradoxos dentro do tratamento analítico de pacientes que constituem o que por vezes é chamado de “clínica do vazio”. Retoma algumas organizações psíquicas, as quais são sobretudo diferentes organizações não-neuróticas. Fenomenologicamente falando, podemos dizer que o vazio se encontra em quase todas elas. A noção de alucinação negativa de Green salienta a importância da construção da “estrutura enquadrante” na análise desses pacientes, estrutura esta necessária ao aparecimento do vazio na sessão. Em seguida, o autor se interroga sobre o vazio do ponto de vista metapsicológico, atuando dentro da sessão analítica. A partir de dois exemplos clínicos, mostra o horror e a resistência que se manifestam contra o surgimento do vazio na sessão analítica. No caso de Sandrine, descreve a constituição dessa estrutura enquadrante e a emergência da problemática do horror do vazio durante a sessão. Em reflexão inspirada na Física contemporânea, considera o vazio, metapsicológicamente falando, como “vacuidade”, como potencialidade de surgimento de sentido, como um vazio potencialmente criador de metáforas.

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Palavras chave: Vazio – Metáfora – Estrutura enquadrante – Horror do vazio.

Summary The author sets forth a reflection on some impasses and paradoxes encountered during the psychoanalytic treatment of patients with different psychic organizations, constituting what is known as “clinic of the emptiness”. Some of these psychic organizations were re-examined, that is to say non-neurotic organizations. In phenomenological terms, we can say that emptiness is present in almost all of them. As stressed by several authors, André Green among them, with the notion of negative hallucination the construction of a “frame of reference” in the analysis of these patients is of utmost importance. Further, the author speculates over the emptiness from the metapsychological point of view operating within the analytical session. Considering two clinical examples, he displays the horror and the struggle rising against the emergence of emptiness in the analytical session. In Sandrine’s case, he describes the constitution of the frame of reference and the problematics of the “horror of emptiness” manifested in the second stage of the analytical session. Inspired by the notion of void in Physics, emptiness here is considered as “vacuity”, as potentiality for the rise of sense, therefore as a void with the potential to create metaphor. Key words: Emptiness – Frame structure – Horror of emptiness – Metaphor.

Referências Bibliográficas Aisenstein, M. (2006) Entrevista: o anti-pensamento e a psicossomática. Ide, no. 43, São Paulo, p. 142-145. Belaval, Y. (1975) L’horreur du vide. Nouvelle Revue de Psychanalyse, V. 11, p. 181-193, Paris, Gallimard, 1975. Bitbol, M. (1998) L’aveuglante proximité du réel. Paris, Flamarion, 1998. Cournut, J. (1975) Névrose du vide. Nouvelle Revue de Psychanalyse, V. 11, p. 79-89, Paris, Gallimard, 1975. Fédida, P. (1975) Une parole qui ne remplit rien. Nouvelle Revue de Psychanalyse, V. 11, p. 91-101, Paris, Gallimard, 1975. - (1978) Le vide de la métaphore et le temps de l’intervale [O vazio da metáfora e o tempo do intervalo]. In: Fédida, P. (1978) L’absence. Paris, Gallimard, 1978. - (1996) O sítio do estrangeiro – a situação psicanalítica. Saõ Paulo, Editora Escuta, 1996. Green, A,; Donnet, J. L. (1973) L’enfant de ça. Paris, Les Éditions de Minuit, 1973. Green, A. (1975) Le temps mort. Nouvelle Revue de Psychanalyse, V. 11, p. 103-109, Paris, Gallimard, 1975. - (1983) Narcissisme de vie,narcissisme de mort. Paris, Les Éditions de Minuit, 1983. Mannoni, O. (1982) L´amour de transfert et le réel. Études freudiennes, Nos. 19-20, p. 713, Paris, Evel, 1982.

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PREMIO NIÑOS Y ADOLESCENTES

Silvia Flechner

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PACIENTES ADOLESCENTES EN RIESGO: UN DESAFÍO PARA EL ANALISTA

Introducción El deseo de descubrir y cambiar el mundo, la curiosidad y sensibilidad, la creatividad, imaginación y fuerza vital adolescente, pueden en cierto momento descentrarse de su andar de forma tal, que todo deseo se trastoque en padecimiento y se evaporen o confundan las alternativas que sugerían una momentánea e ilusionada grandeza, cayendo así en un doloroso y fulminante sinsentido anticipando un inexorable final. Considerar la vida psíquica como una forma de funcionamiento dinámica altamente compleja, nos incita a comprender las dificultades de nuestro trabajo como psicoanalistas. Ubicados en la problemática adolescente, diríamos que ésta logra fascinarnos e inquietarnos. Las coyunturas socio-políticas y culturales se han modificado en este nuevo siglo; somos testigos de las transformaciones de la civilización, sin embargo somos también testigos de sus permanencias. Lo cierto es que los avances tecnológicos y científicos no parecen haber logrado lidiar afectivamente con algunos hechos que apuntan a la subjetividad en momentos dramáticos de la vida. Nos referimos en este caso al trance de la muerte, específicamente cuando de intentos y suicidios de adolescentes se trata, preguntándonos qué dimensión cobran estos hechos hoy en día. El suicidio es un fenómeno universal que alcanza a todas las edades, niveles sociales y culturales. La ideación suicida puede ser definida por su proyecto, en cambio el intento de suicidio y el suicidio que difieren por sus consecuencias, serán siempre diagnósticos retrospectivos. Los intentos de autoeliminación y el suicidio son una preocupación que compartimos cuando trabajamos con pacientes adolescentes. Se trata de un denominador común sumamente frágil, ya que su estatuto depende de una evaluación clínica que varía no solamente de un país a otro sino de un examinador a otro –un diagnóstico de “accidente” en puerta de emergencia, tendrá una significación diferente al atenderlo en nuestro consultorio–, es entonces frecuente encontrar en el medio hospitalario varias 1

Miembro de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU)

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versiones descriptivas de una misma historia. El transcurso de la adolescencia nos confronta a situaciones críticas donde es difícil predecir si se trata de situaciones pasajeras, que corresponden básicamente a la crisis adolescente o si estamos frente a procesos ya integrados a una cierta estructuración mucho menos reversible. La vida psíquica está compuesta por numerosas variables que a su vez se multiplican en el interjuego constante entre mundo interno y mundo externo, entre construcción y deconstrucción, entre identificaciones ideales y mecanismos de defensa que se dirigen hacia una incesante transformación a través del tiempo hasta la muerte. ¿Qué variables privilegiar en el paciente adolescente? El psiquismo adolescente muestra algunas peculiaridades entre las que se destaca el actuar. Así como en el niño destacamos el juego y en el adulto el pensamiento, podríamos decir que el acto es característico del tránsito adolescente (Blos, 1998). El aspecto imprevisible del psiquismo humano, queda en evidencia en la adolescencia cuando ciertas causas, aparentemente menores, terminan desencadenando situaciones inesperadas; toda previsión más allá de un breve lapso, entra dentro del rango de lo imprevisto. Por lo tanto será en un momento posterior donde intentaremos descubrir algunas de las alternativas de los inicios, que originaron determinada acción. Las transformaciones de la pubertad sobre las cuales Freud (1905) ha insistido, provocan a partir de esta nueva situación, una reactivación de los deseos edípicos. La resexualización de las figuras parentales moviliza los mecanismos de defensa que han permitido dominar la angustia asociada a la situación edípica, pasando de su forma infantil de pérdida del amor de los padres a su forma madura de angustia de castración. Avizoramos el comienzo de la explosión puberal, destacándose la desorganización psíquica y la regresión a expresiones infantiles de la sexualidad anal y oral. La agitación y desórdenes psíquicos y corporales de la pubertad, los dinamismos pulsionales, la desorganización y reorganización de las excitaciones en la intensa búsqueda de las defensas más adecuadas, hacen de la adolescencia un período de gran perturbación, para el propio adolescente, así como también para todos los involucrados en esta situación: padres, educadores, el propio grupo de pares.

Sobre la adolescencia La clínica de pacientes adolescentes muestra que las manifestaciones de la adolescencia tienen una significación diferente de la infancia o la edad adulta. Es un momento crítico del desarrollo humano y al mismo tiempo expresión de un trabajo psíquico que se encuentra al servicio de este desarrollo en el que el adolescente puede llegar a sentirse extranjero a sí mismo. Momento a su vez de reorganización psíquica, en el cual la sexualidad infantil, las modalidades de investimento inicien el proceso que hará, al decir de Kestemberg (1988): que todo se prepare en la infancia y se juegue en la adolescencia. Nuevas adquisiciones tales como la apropiación de un pensamiento propio, herramienta indispensable para la constitución del yo y como correlato la apropia-

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Pacientes adolescentes en riesgo: un desafío para el analista

ción de un cuerpo sexuado y una identidad sexual, tendrán una importancia fundamental a lo largo de este período. El tránsito adolescente deja al descubierto un cierto malestar que se expresará tanto a nivel del psiquismo y a su vez a nivel corporal, adquiriendo diversas formas: angustia de castración, angustia de muerte, estados depresivos, dolor, duelo. Ya que el adolescente nos convoca a vivir y re-vivir un tiempo que da origen a una tensión producida por un cambio excesivamente rápido por un lado, vivido a su vez como dolorosamente lento. Tiempo “de tránsito”, que podrá dirigirse posteriormente hacia múltiples destinos, por ello resulta difícil en muchas situaciones, hablar de diagnóstico durante el período crítico en sí, ya que en este tránsito los parámetros corporales y espaciotemporales que se enmarcaban de forma referencial en la infancia, irán sufriendo variaciones constantes que impiden su control, generando cambios intrapsíquicos incomprensibles para el propio adolescente y también para su entorno. Expresados en forma de conflictos internos, contradicciones y ambivalencias, bajo el riesgo de adquirir también otras formas más severas que se manifiestan en ataques al cuerpo y al pensamiento, serán la violencia, la angustia y el dolor, en el actuar del intento suicida o el suicidio mismo, algunas de las facetas que nos permitan acercarnos –aún a modo de interrogante– a esta problemática impactante, que observamos con alarmante frecuencia.

Adolescencia y muerte ¿Qué extraño nexo encontramos entre adolescencia y muerte? La antropología, la sociología, la literatura,2 exponen el fino entramado existente entre la experiencia de vacío propia de la adolescencia y la profunda cesura que puede transformarlo en un vacío de discontinuidad donde la muerte es un final frecuente. Quizás sea la adolescencia uno de los períodos de la vida donde se percibe con claridad el conflicto entre tendencias al cambio, desplazamientos y movimientos de la vida psíquica en plena reorganización en oposición a una tendencia a la calma inmovilizante característica de ciertas problemáticas narcisistas. Es que en algunos casos graves de adolescentes en riesgo, será indispensable aplicar la inmovilidad ante la falla de los mecanismos de control omnipotente. La adultez se vuelve inexorable, sólo la inmovilidad parecería en la fantasía poder detenerla, sin embargo esta inmovilidad puede convertirse también en un camino sin retorno. La aplicación de la inmovilidad –caracterizada por una extraña y llamativa quie2 La literatura universal, en su calidad de imaginario colectivo ha contemplado esta temática a través de las diferentes épocas, reflejando el problema desde distintas perspectivas. La posibilidad de pérdida o fracaso del amor ha originado inolvidables historias de jóvenes amantes que han buscado la muerte como forma de eternizarlo. El mito de Romeo y Julieta de Shakespeare, nos presenta la tragedia de dos adolescentes que eligen estar unidos en la muerte antes que vivir separados. También la experiencia de amor no correspondido y el suicido de un amigo cercano, inspiraron a Goethe de 24 años a escribir en cuatro semanas Werther, donde la propia aparición de la novela provocó en Europa una ola de suicidios.

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tud que se opone al actuar– nos remite a una situación en la cual la cohesión yoica puede encontrarse altamente amenazada y esta amenaza es de muerte. Digamos que toda amenaza sobre el psiquismo debe traducirse como una amenaza que lo involucra en su integridad y unidad; ante ella, el yo reacciona con angustia, sin embargo el yo inmóvil, estaría prácticamente imposibilitado de expresarla. Podríamos sugerir entonces que la ausencia (casi) de angustia, que en este caso vinculamos a la inmovilidad, haría referencia a un peligro y dicho peligro sería de muerte. La angustia es prueba de la existencia de vida psíquica, surge ante la amenaza de la representación de la propia muerte, esta angustia moviliza la defensa del yo negando así la muerte. A su vez, la pulsión de muerte a través de la desligazón3 se constituiría en amenaza sobre el yo y su unidad. Freud (1920) plantea la muerte propia como irrepresentable en el inconsciente ¿se trataría entonces de un análogo de la angustia de castración, sobre todo cuando el complejo de castración no puede dar en estos casos la significación ordenadora de la vida psíquica que habitualmente le otorga? Rosenberg (1997) nos plantea que detrás de la amenaza de castración se encuentra la pulsión de muerte amenazante sobre la unidad del yo. Momentos significativos donde el sufrimiento psíquico se hace presente poniendo en juego por un lado el deseo del no deseo por la vida y por otro la penosa búsqueda por aferrarse a ella, a los objetos de deseo. El yo de estos jóvenes parece bascular, sacudido desde la base, partiendo desde su doble trama o escritura, narcisista y objetal, planteándonos un interrogante fundamental: ¿podrán acaso darse las condiciones que hagan surgir un cambio que finalmente unifique al yo y lo impulse hacia la vida? El adolescente nos impondrá muy seguido de una u otra forma los fantasmas “de muerte”, enfrentándonos al peligro que comienza a desplegarse, enmascarándose bajo la forma de toxicomanías, alcoholismo mortífero, el modo de uso del auto o la moto, las desviaciones mortíferas de las conductas alimentarias, así como también las sexuales, los diferentes tipos de agresiones, la violencia y los comportamientos suicidas. Si bien nos arriesgamos a dejarnos llevar por el sendero del sentido aparentemente manifiesto y generalizador propuesto por estos hechos, no habrá otra alternativa que buscar el sentido latente presente en el actuar de cada uno de estos jóvenes.4

3 La amenaza sería tesitimonio de la pulsión de muerte que tiene como efecto dividir, fraccionar, descomponer, desgarrar, como consecuencia de la desligazón. La destrucción–muerte del yo equivaldría a una amenaza de muerte psíquica puesto que la constitución del yo es el punto de partida de la vida psíquica (Rosenberg, 1997). La pulsión de muerte amenaza al yo provocando su angustia, es una amenaza de desorganización–regresión, por lo tanto una amenaza de aniquilamiento. 4 Los trabajos de F. Dajas y col. (1994, 1997) demuestran que los adolescentes constituyen un grupo en riesgo en lo referente a conductas suicidas en nuestro país, observándose un porcentaje elevado de desesperanza en el mismo grupo. El estudio a efectos de investigar la posible relación entre la desesperanza, las conductas suicidas que la acompañan y el uso de alcohol y drogas en jóvenes de enseñanza secundaria en Montevideo, muestra los altos porcentajes que se dan respecto a la ideación suicida y también a la realización de los intentos.

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Pacientes adolescentes en riesgo: un desafío para el analista

El actuar en la adolescencia Hemos hecho hincapié en el actuar como característica de la adolescencia, así como lo es el juego durante la infancia o la comunicación a través del lenguaje en la edad adulta. El actuar adolescente se encuentra en estrecha relación con la prueba de realidad. Es la acción la que adquiere la función de reconocimiento acerca de la existencia de las cosas no solamente en el adentro sino también en el afuera, forjando así un concepto sobre las condiciones reales en el mundo externo con la finalidad de poder ser modificadas. Si consideramos la acción como una adquisición adolescente, tendremos que tener en cuenta la pulsión sexual en su deslizamiento de la descarga motriz hacia la acción. La conjunción del autoerotismo y del período de latencia, hacen que la verdadera conquista objetal sea diferida, lo cual impondrá sus dificultades durante la pubertad. La pulsión sexual “contenida” de este modo, se prepara durante mucho más tiempo bajo el dominio del principio de placer. El advenimiento de la adolescencia requiere nada menos que la renuncia a este dominio del principio de placer en beneficio del principio de realidad (Ladame, 1998). El abandono de la vía “corta” de la satisfacción autoerótica en beneficio de la vía “larga”, consistirá en la búsqueda en el afuera de la satisfacción erótica. Si bien la condición adolescente lo favorece, no toda actuación adolescente connota un riesgo, en este caso haremos referencia a aquellas actuaciones que por sus características connotan un peligro sobre el cual subyace un riesgo de vida. En estos casos, el actuar se aparta de la vía de la renuncia dirigiéndose en busca de la satisfacción inmediata, dejando así suspendidos los parámetros espacio-temporales en lo que atañe a la representación. La capacidad de espera, necesaria para generar la ilusión, se vuelve incontrolable y la descarga motriz se hará presente. Acto y representación quedarían entonces en franca oposición. El trauma precoz puede ser considerado como un prerrequisito para el actuar en la adolescencia, motivo corriente de repetición en la puesta en acto, sin embargo tendremos que considerar también otras posibilidades. La ausencia –de límites, de madre suficientemente buena– dejará en evidencia las fallas narcisistas acaecidas por las fallas precoces en el establecimiento de la relación de objeto. El trabajo psíquico es entonces rechazado, debido a que un resurgir del sufrimiento es factible al revivir aquellos primeros momentos donde predominó la ausencia, por lo tanto, pensar sería homologable a dolor. Las decepciones consecutivas, causadas por profundos sentimientos de pérdida y aislamiento vividas precozmente, las dificultades identificatorias, la pobreza en el proceso de simbolización, inducen a la predilección por las manifestaciones volcadas al mundo externo, expresadas a través de la actuación en detrimento de la elaboración mental. El riesgo de ruptura con la realidad es posible, ya que el mundo externo es paradojalmente vivenciado como imagen en espejo de su realidad interna, con sus amenazas y conflictos pero experimentada como externa.5 5 Muchos lectores jóvenes adolescentes seguidores de E. Sábato, encuentran en el autor afinidades en las respuestas a sus propias búsquedas, a sus interrogantes, sus pensamientos sobre la soledad y la desesperanza, la angustia y sus sentimientos sobre la vida y la muerte. Entre los seres de ficción de Sábato (1964) se encuentra Martín, el personaje adolescente de Sobre héroes y tumbas quien tenía en mente suicidarse, hasta su encuentro con una modesta limpiadora en un hotel de marineros, quien lo salvará del suicidio.

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En la teoría psicoanalítica clásica, el acto violento más característico es la muerte edípica del padre. P. Fonagy y M. Target (1999) toman en consideración otro aspecto del papel del padre: aquél que le da al niño un punto de vista suplementario sobre sí mismo, permitiéndole pensarse en relación al otro. Se preguntan: ¿por qué los hombres agresivos dirigen más frecuentemente su hostilidad contra los otros, mientras que la automutilación es más corriente en las mujeres? Estas dos formas de violencia, sugieren una tentativa de liberarse de un fantasma que le es insoportable al sujeto. El desequilibrio entre los sexos reflejaría –según estos autores– un deseo de atacar el pensamiento del padre del mismo sexo, aquel con el cual la identificación es potencialmente más dolorosa e inevitable. Una predisposición a la violencia resultaría probable en los casos en que la identidad del niño se desdibuje en forma difusa, insuficientemente separada de aquella de la madre. El yo frágil, es fácilmente asediado y amenazado; la agresividad, como acto, puede entonces advenir como la única alternativa de subjetivarse frente al otro.

El pasaje al acto El pasaje al acto engloba aquellos actos compulsivos, indomables, donde queda implicado el sí mismo o el otro: fugas, agresiones, intentos de autoeliminación, recurrencia al alcohol, drogas, medicamentos, conductas de riesgo de todo tipo (alimentarias, sexuales, deporte extremo, etc.), suicidios, homicidios. El desborde excesivo de la realidad interna, conduce al adolescente a situaciones que denominamos de pasaje al acto con la singular característica de una inversión del movimiento pulsional sobre la persona propia (Chabert, 2000). Esta inversión es determinada por los movimientos de odio dirigidos contra los objetos, hacia las figuras parentales, aun cuando a nivel manifiesto es el adolescente el agredido, generalmente a nivel corporal por acciones autodestructivas. Estas acciones condensan la experiencia violenta de una agresividad que despedaza y que, junto con la culpa agregada, configurarán un cuadro intensamente desbordante. En lo que atañe específicamente al intento de suicidio, notamos que son diferentes máscaras las que podrá adoptar el intento suicida en el adolescente; sabemos que la depresión puede ser una condición necesaria, pero no suficiente para ello. Las depresiones severas están frecuentemente vinculadas con intentos de suicidio, sin embargo, encontramos en la clínica la ideación suicida sin que necesariamente implique un pasaje al acto. ¿Qué condiciones deben darse entonces para que tal hecho ocurra? Parece fundamental aclarar que el intento de suicidio o el suicidio, se convertirá en un momento en el cual un quiebre entre pensamiento y acto se hará presente. El actuar se apartará de la vía de la renuncia dirigiéndose en busca de la satisfacción inmediata, dejando así suspendidos los parámetros espacio-temporales en lo que atañe a la representación. La capacidad de espera para generar la ilusión se vuelve incontrolable desencadenándose la descarga motriz. Un momento o rapto ansioso en el sentido de una emergencia impulsiva dirigirá

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al adolescente en riesgo a realizar dicho acto, para ello cierto estado de pavor y desesperación deberá haberse apoderado del joven. El pavor o terror, marca el desmembramiento de los procesos psíquicos habituales de forma tal que dejará en suspenso la posibilidad de representación, o sea la producción de imágenes mentales. La desorganización mental puede dar lugar a la búsqueda de la inmovilidad que mencionábamos anteriormente, de forma tal que lleve a la extinción de la actividad psíquica y por lo tanto de la vida; ya que dicha inmovilidad, tanto en el mundo interno como en los lazos familiares debe a veces ser mantenida en forma absoluta, aun a costa de la vida. La desorganización podrá ceder el lugar a otras formas de organización, donde aparecerán principalmente mecanismos de clivaje, negación e identificación proyectiva. El terror 6 sin duda connota una dimensión traumática que mostrará claramente el grado de vulnerabilidad o fragilidad narcisística a la cual el adolescente se encuentra sometido. La dimensión traumática será aquélla que sumerja las capacidades del aparato psíquico en la imposibilidad de efectuar su actividad de ligazón –siendo esta última una función primordial de la actividad psíquica– generando entonces una angustia y un sufrimiento psíquico insoportables. El traumatismo ocupa un lugar privilegiado en la obra de Freud (1910, 1920, 1925) indisociablemente unido al concepto de aprés-coup en sus concepciones respecto de la etiología sexual o la versión del traumatismo de guerra. Sin lugar a dudas el arribo de la pubertad enfrentará al sujeto a un trabajo elaborativo indispensable en lo que atañe a los cambios (tanto a nivel corporal como psíquico), las pérdidas y las separaciones, que podrán aparecer como fantasmas arcaicos, así como la confrontación a la muerte tanto real como fantaseada. Quizás lo más traumático trate justamente de la confrontación con la finitud, cuando poco tiempo atrás era la omnipotencia la que pautaba el camino. Este será siempre un tránsito difícil, especialmente para aquellos adolescentes en riesgo, cuyas bases podrían haberse establecido de manera sumamente frágil, de forma tal que su resignificación en la adolescencia cobre una dimensión excesiva e incontrolable. En el caso del adolescente suicida, F. Ladame (1995) plantea la hipótesis de un “vértigo de identidad” que conduce a la sideración de la función primordial de la actividad psíquica. Esa vacilación de la identidad llevará a que el sujeto se descubra brutalmente como otro distinto de aquel que él se imaginó, otro de una manera inaceptable para él mismo, sea por el carácter excesivo, incestuoso u homosexual de la pulsión, sea a causa de las exigencias del Superyo o porque el yo no logra fundar un sentimiento de existencia propio. El intento de suicidio sería entonces un ensayo desesperado y paradójico de anular el traumatismo intentando “corregir” de alguna manera una identidad que ha devenido extranjera e inaceptable. Es un momento de quiebre en el cual el lazo 6 M. Viñar y M. Ulriksen han hecho importantes aportes en relación a este punto (Fracturas de la memoria, 1993). También puede profundizarse este punto en la ponencia ofrecida por M. Viñar en el Congreso de IPA en Chile 1999, sobre la película “Fernando ha vuelto”. J. Bégoin (1996) hace referencia al sufrimiento psíquico, expresando que en determinados pacientes este sufrimiento está referido a una angustia de aniquilamiento psíquico que provoca terror, modalidad extrema de la angustia persecutoria.

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del individuo a la realidad se encuentra tan modificado, que el anclaje a la autoconservación que está en la base de la inscripción a la vida, no resiste más. La vulnerabilidad psíquica del adolescente suicida será uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta. J. Ottino (1995) plantea que hoy en día el acto suicida es menos pensado como un momento delirante (Laufer, 1998) sino más bien como una “negación de la realidad”. Una realidad frente a la cual el adolescente suicida se hunde, mostrando mucho más las características de un rapto ansioso que francamente psicótico. Es por lo tanto esencial para nuestro trabajo, tener presente el papel preponderante de las fallas narcisistas que muestran la incapacidad del psiquismo de enfrentar situaciones ansiógenas concomitantemente internas y externas. Por un lado se encuentra el papel del cuerpo en este proceso, que Laufer (1998) tanto ha destacado mostrando la importancia del cuerpo sexualmente maduro como pantalla proyectiva del odio por el desarrollo puberal. Por otro lado nos encontramos con el papel de los objetos internos del suicida, de sus raíces infantiles, retomamos también estos aspectos desde las teorizaciones de O. Morvan (1995) en lo que ha llamado “la muerte en tanto objeto psíquico”, lugar inmóvil y fascinante que permite a la vez la negación de la pérdida del objeto primario y la reconciliación con el ideal. Ilusión o espejismo, ya que es a costa de una negación masiva de aquello que será un quiebre real, el reencuentro con el objeto primario, espejismo de fusión en el pasaje al acto suicida. La muerte simbólica y la muerte real parecen entrelazarse en el curso de la adolescencia y es difícil muchas veces determinar clínicamente, con certeza, su valor metafórico o concreto. Mientras que la muerte simbólica implica un cambio radical que dramatiza el conflicto propio de este período entre los viejos lazos y una nueva identidad, la búsqueda de la muerte real, por el contrario, lleva a cabo un proyecto pautado por el quiebre producido entre pensamiento y acto, un camino sin retorno que encontrará la eterna inmovilidad en la obturación última y definitiva de la actividad mental que impedirá cualquier posibilidad de cambio. Las variadas formas de presentación a través de las cuales nos llegan los pacientes adolescentes no nos permitirán nunca perder nuestra capacidad de asombro, esto fue lo que me sucedió con André.

Un recorte de su historia Una noche de invierno hace ya unos años atrás recibí una llamada de teléfono de una mujer que me pidió una hora para el ex novio de su hija. Me comentó en forma clara cómo llegó hasta mí y de dónde me conocía. Me puso en antecedentes de la situación. Me explicó que se trataba de un chico de 18 años que hacía aproximadamente dos semanas había regresado de un país bastante alejado del nuestro donde vivía con su familia. Por motivos laborales su padre se fue a trabajar a este otro país decidiendo llevarse consigo a toda la familia. No era la primera vez que esto sucedía. Su padre, desde muy joven había incur-

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sionado por diferentes trabajos y destinos, así conoció a su actual mujer, madre de sus 3 hijos, que no era de nacionalidad uruguaya. André, el menor de 3 hermanos, tampoco lo era, a pesar de tener la nacionalidad de la madre, no sucedía lo mismo con el resto de sus hermanos. Sin embargo, luego de algunos años vinieron a vivir a nuestro país donde estuvieron radicados por un período lo suficientemente prolongado como para permitirle a André decidir volver, considerándose más “XXXX” que el resto de sus otras nacionalidades. Le pedí a la señora para hablar directamente con él, André tomó el teléfono y me dijo con un tono amigable y simpático: P: Acá te habla André ¿podría verte hoy? Le respondí que sí, que nos veríamos a última hora. Encuentro a un chico morocho de ojos grandes, pelo largo, con vestimenta típicamente norteamericana, pantalones muy anchos, remera de manga corta a pesar del invierno y un gorro con la visera para atrás. De trato amable y simpático, sonreía permanentemente como queriendo agradar. Relata algo de su historia, que nació en un país latinoamericano, que es el menor de tres hermanos, de padre uruguayo y madre peruana. Cuando tenía tres años vino con su familia a vivir a Uruguay. Hace un año y medio su padre, por temas laborales, fue trasladado a otro país bastante lejano y decidió llevarse a toda su familia, de ese lugar dirá André: P: Nunca me pude adaptar, estuve un año y medio allá, hice todos los esfuerzos, pero quería volver, extrañaba a mi novia, a mis amigos, mis lugares, mis cosas, mi casa aunque ya no tengo casa, bueno... ...tampoco tengo novia. Pero me quedo en lo de ella porque la madre me dio un lugar, ella se preocupa por mí. En el último mes, el deseo de abandonar su casa paterna en el exterior se hizo cada vez más fuerte, pidió autorización a sus padres para venir de regreso a Uruguay. A pesar de reconocer los padres que lo notaban raro y triste, pensaron que extrañaba mucho y por lo tanto autorizaron su regreso que era considerado solamente una visita. Hacía dos semanas que había llegado y vivía en casa de amigos o en lo de su ex novia, dado que la madre de ésta lo trataba como un hijo. No tenía casa, ni familia en Uruguay, sólo tenía la convicción de que al nuevo destino de su padre no quería volver más. Cuando comienza a hablar lo hace de manera fluida, angustiado pero sin interrupciones. P: Hace unos meses mientras vivía con mis padres empecé a ponerme triste, sin ganas de salir, más bien con miedo de salir, cada vez estaba más cansado, pero cuando me dormía empezaba a soñar, uno de esos sueños se me repetía y era peor dormirme y soñar que estar despierto y cansado. Te pedí si podía venir hoy

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porque estoy muy angustiado y hoy me animo a contarte el sueño, capaz otro día no me animo. En el sueño yo estoy con mi hermano, el que me sigue, él está encima mío, a punto de penetrarme y en ese momento entra la madre de mi ex novia y nos mira, siempre me despierto en ese momento. El otro que también me acuerdo porque lo soñé muchas veces de distintas maneras es que voy manejando por un lugar oscuro, un laberinto de calles y árboles, de repente llego a una especie de parador, me bajo angustiado para preguntar dónde es la salida y el que atiende es un gay que me hace caras como invitándome a tener sexo con él. Me despierto traspirado, asustado, más de una vez venían mis padres al cuarto a despertarme porque me escuchaban que yo gritaba de noche. No entiendo nada, en realidad siempre me gustaron las mujeres, siempre estuve convencido de ser heterosexual, pero estos sueños ¿qué significan? ¿que soy bisexual, que soy gay?, primero fueron los sueños y ahora ando tan asustado de mí mismo y de los demás que vivo apretando el culo por miedo a que alguien, o algo se me meta por detrás. Vivo aterrorizado. Yo antes pensaba en mi novia y me excitaba, tenía una erección, ahora es como que algo me está traicionando y se me cambian las imágenes, me excito con la imagen de una mujer, tengo una erección y aparece la imagen de un hombre y tengo ganas de matarme. Es horrible, como una pulseada con mi mente. Quiero hacerte una pregunta, ¿el rencor y la furia pueden traer estos trastornos sexuales? Cuando le señalo a qué se debe su pregunta, por quién siente rencor y furia, habla de sus padres. Relata que su padre es un hombre muy exitoso del punto de vista profesional, que dice que prefiere ser amigo de sus hijos, por tal razón ha tenido numerosos affaires con diferentes mujeres, en los cuales lo ha usado a André de cómplice. Unos años antes de la partida para este nuevo destino, sus padres se separaron, su padre se fue de casa con la amante de turno y la madre hizo un intento de suicidio grave que lo dejó a André muy perturbado. En ese tiempo tenía alrededor de 15 años y según él lo superó con alcohol, drogas y mujeres. André recuerda que las primeras sensaciones físicas claras de miedo comenzaron luego de este episodio que fue descrito por el padre como parte de todo el problema de debilidad de la madre. Finalmente el padre volvió a la casa, André sostiene que el padre siempre hizo lo que quiso, nunca puso límites a sus hijos ni tampoco a sí mismo. Todo se hacía posible, especialmente lo material, sin embargo la pauta esencial era que las cosas se realizaban cuando él quería y así lo disponía, controlando de esta manera la vida de toda su familia. La madre, según André, significaba para el padre un cero a la izquierda, éste había logrado convencer a los hermanos acerca de la fragilidad de la mujer, por lo tanto no servía para nada, no poseía ninguna autoridad y cuando intentaba marcar un límite, el padre lo quitaba. André perdió el año de liceo antes del traslado al exterior, su madre decidió castigarlo no permitiéndole las salidas ese verano, mientras que su pa-

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dre, como “premio” le compró una moto espectacular para usarla ese mismo verano. Desde que llegó a nuestro país, hacía dos semanas, se iba todos los días caminando hasta al edificio de apartamentos donde vivieron cuando recién llegaron a XXXX por primera vez desde Perú donde nació. Se quedaba allí mirando el hall de entrada, hablaba con el portero, le preguntaba quién vivía en el departamento que había sido de ellos y dice que allá fue feliz por última vez. Aún era un niño, pero ahí tenía una madre que le cocinaba y un padre que volvía de trabajar a la noche como si alguna vez hubiesen sido una familia normal. Luego fue haciendo una recorrida, enumerando una infinidad de mudanzas, que si bien implicaban una mejora en el nivel de vida, para él coincidían en forma clara con un distanciamiento cada vez mayor del lugar de sus afectos. Mi consultorio queda a pocas cuadras de ese edificio de apartamentos de sus buenos recuerdos, cuando pasaba por allí antes de venir a la sesión, André podía traer recuerdos (¿encubridores?) donde todo parecía haber funcionado más o menos bien. Dormían en un dormitorio los tres hermanos, la madre siempre en la casa y el padre no llegaba hasta la noche tarde porque su vida era el trabajo. La pérdida de su hogar, de sus puntos de referencia, sumado al hecho de sentirse sin un lugar propio en el que él considera su país, acrecentaban sus sentimientos de abandono y desprotección, a su vez también crecían las fantasías de ser homosexual, bisexual, o estar expuesto a riesgos constantes de ser penetrado por un hombre o por algo. Sus padres le insistían permanentemente para que volviera a vivir con ellos y yo insistía en tener aunque sea una conversación con cualquiera de sus padres. Me llamaba la atención que no se pusieran en contacto conmigo a pesar de haber accedido a que André comenzara un tratamiento con una alta frecuencia de 4 sesiones semanales que en definitiva eran 5 dado que el día que no tenía sesión él igual pedía para venir. Lo notaba confundido, confuso, errante. Las sesiones organizaban relativamente su vida y algo de su tiempo, pero cuando se iba, nunca sabía qué haría después ni dónde dormiría. A la segunda semana decidí ponerme en contacto con sus padres, ya que era evidente la necesidad de que fuera controlado también por un psiquiatra, su estado de angustia y abatimiento iban en aumento en forma clara. Le pedí a André el teléfono de sus padres, me dio sólo el de su padre, me dijo que su madre no tenía ni voz ni voto, y que era su padre quien resolvía todo en la familia. No tuve necesidad de hacerlo, un rato después de la sesión su padre me llamó. Con tono soberbio y altanero me aclaró que André era un chico totalmente normal, que no necesitaba tratamiento y que estaba en desacuerdo que lo enviara a un psiquiatra en caso de tener que medicarlo. Fue duro, pero a juzgar por mi estado de conmoción después de la conversación, yo fui dura también: o iba a ser visto por un psiquiatra o no había más tratamiento. Acordamos que la semana siguiente vendría uno de los hermanos mayores de André a alquilar un departamento. Me resultaba extraño pensar por qué esta madre no daba alguna señal de preocupación por su hijo, así se lo hice saber a André, quien me respondió que la madre no se alejaba del padre como forma de controlarlo para evitar más infidelidades. No opinaba porque sólo el padre opinaba, solamente se acataba lo que éste indicara.

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Las sesiones se centraban básicamente en hablarme de la personalidad del padre, al cual se sintió sometido ya desde pequeño, pero también comenzaba a asociar y relacionar otras actitudes del padre que hablaban de cómo todos estaban sometidos. Un ejemplo de ello, que sirvió luego para vincularlo a sus sueños, tiene que ver con las decisiones del padre que siempre tomó sin consultar, ellas van desde cosas simples: P: Te doy un ejemplo, mamá está mirando televisión con él, él abre un bombón para él y se lo mete a la boca, a su vez abre otro para mamá, le hace abrir la boca y se lo mete a la boca también, sin preguntarle si desea realmente comerlo, mamá solo tiene que abrir la boca, no puede opinar si lo quiere o no. Actitudes del padre que fueron interpretadas por André como continuas violaciones, asociaba ahora sus sueños a sentirse violado, pero a su vez con una contracara sumamente peligrosa. ¿Se encontraba André preparado para librarse de esta violación? Su dificultad para armarse un esquema mental de actividades por sí mismo, para salir de la confusión, alertaban sobre una situación para nada alentadora. Antes del mes, André tenía ya su departamento instalado, también había sido visto por un psiquiatra quien consideró que estaba francamente deprimido y que además padecía de un trastorno obsesivo-compulsivo, por lo cual resolvió medicarlo. A mi criterio la medicación iba a ayudar un poco pero no resolvería un problema central, André había entreabierto algunas puertas que pretendían ser las puertas hacia la comprensión de parte de sus conflictos y angustias, parecía sentirse un poco más libre para pensar. Sin embargo, a pesar de que su familia se encontraba a miles de kilómetros de él, seguía con la sensación de ser dirigido por su padre, sentía que su camino estaba ya marcado, y esas marcas internas lo acompañaban fuera donde fuera, cerca o lejos de su familia. Habían pasado pocas semanas desde que André comenzó a vivir solo en su departamento, un cuarto piso de un barrio residencial, a decir de él: P: Ni lindo ni feo, nunca viví solo, es muy raro, no hay quien me diga que me tengo que levantar ni que me tengo que acostar, ni que tengo que comer y por lo tanto me estoy olvidando de comer, tampoco me estoy bañando, los fines de semana estoy bajando las cortinas y no sé si es de día o de noche. Yo seguía insistiendo por la presencia de alguno de sus padres. Su padre me mandó avisar que llegarían en dos semanas, esto provocaba cierto alivio en mí, sin embargo el tiempo parecía pasar muy lento. Pasaba demasiado tiempo solo, sus amigos lo visitaban en el departamento, el cual se transformó en una especie de club de encuentro, para tomar y transcurrir sin adultos presentes. Un lunes, primera sesión de la semana, André llegó al consultorio con una campera de algodón con capucha, su mirada me resultaba extraña, le pedí que se quitara la capucha, la primera parte de la sesión no quiso hacerlo, hasta que me percaté que se había cortado el pelo en forma total, se había rapado y su abundante cabellera había desaparecido.

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Le pregunté por qué. Me respondió que no sabía. Se había mirado en el espejo, tomó la tijera para recortarse el pelo y sin querer terminó en eso. Pero “eso” no era todo, también le pedí que se sacara la campera que traía y me encontré con heridas en sus brazos, cortes hechos con un cuchillo Así como también quemaduras de cigarro. Su única explicación fue: P: No sé, sólo te puedo decir que esto me duele menos que el alma, es una forma de sentir que estoy vivo. Yo tenía el cuchillo en la mano y mi mente me decía clavátelo, otra parte de mi cabeza me decía que no lo hiciera, pero yo tenía en claro que estaba peleando con una fuerza que está adentro mío y que me quiere lastimar. Con André frente a mí decidí llamar al psiquiatra, lo vio inmediatamente, también a sus padres para que finalmente adelantaran el viaje. La falta de control, la tendencia a la actuación así como la violencia que mostraba contra sí mismo dejaban abierta la posibilidad de que sucediera lo peor. El psiquiatra comenzó con antipsicóticos y a su vez solicitamos a un amigo que se quedara con él en el departamento hasta el momento de la llegada de sus padres. Por alguna razón el amigo, la noche en que André me llamó, no estaba durmiendo con él, todavía no había llegado. Cerca de las 2 am sonó el teléfono en mi casa, su voz era clara como si fuera pleno día, me decía: P: Silvia, estoy acá en el balcón, tengo una pata afuera y quiero alcanzar una rama que está un poco lejos, hay un hombre abajo que me mira, creo que piensa que me quiero matar. Una sensación de náusea me subió a la garganta, llegué a preguntarme si podría hablar, sin embargo mi voz parecía calma. Le pregunté: ¿Estás allí en el balcón porque te querés matar? P: Sí, pero es que no estoy seguro de tirarme Sumamente angustiada le pregunté: A: ¿Podrías entrar la pierna que está afuera así hablamos un poco? Su respuesta fue para mí una lenta agonía, le pedía que me hablara, que quería escuchar su voz, hasta que lentamente comenzó a llorar. P: No quiero vivir más, mi vida no tiene sentido, tengo miedo de ser gay pero más miedo tengo de no poder enfrentar la vida, hace dos días que no como, no sé qué hacer con mi vida, cómo se hace, nadie me enseñó cómo se hace… ¿cuál es la cura?

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Mientras seguíamos hablando logré avisar al psiquiatra para que llegara hasta su casa y fue así que internamos a André. Esa madrugada contactamos a su padre y por primera vez pude hablar con su madre, quien era totalmente ajena a la grave situación de su hijo, mientras hablaba y repetía frases tales como... “siempre lo mismo...” Lo último que escuché fueron las palabras de la madre diciéndome: “Voy para allá, voy camino al aeropuerto, no sabía nada, salgo en el primer avión que encuentre y me lleve, por favor manténganlo vivo”. La internación de André tuvo una finalidad fundamental, que se hacía eco con el pedido de su madre: mantenerlo vivo, darle un lugar que lo protegiera de sus propias agresiones y evitar sus constantes actuaciones que se iban convirtiendo en situaciones que nos ubicaron al límite. Luego del arribo de su madre, de conocer a sus padres, a sus hermanos, su entorno familiar, podría decir que comenzó otra etapa del tratamiento. Sin embargo esta situación vivida con André llevó en mí un largo y angustiante procesamiento interno.

Algunas reflexiones El material clínico de André, ilustra algunas de las múltiples e intrincadas facetas que ponen en evidencia la problemática del adolescente en riesgo, tomando en cuenta varios ejes fundamentales: uno de ellos estará vinculado con el espacio psíquico y el cuerpo adolescente, se hará presente también la problemática familiar enlazada a la transgeneracional y un tercer eje vinculado a la relación con el ambiente y el espacio social. El cuerpo de André se encontraba en esos momentos ligado al cuerpo de su padre, con quien mantenía un vínculo dual, arcaico e indiscriminado. Se destaca una identificación alienante de escisión y desmentida. Invadido, en su interior, por este padre, deja en claro que su problema no tiene que ver en este momento con la homosexualidad, sino con la situación de intrusión. Dicha intrusión parece haber provocado un borramiento de las diferencias (de sexo, generacionales, etc.) dejando en evidencia la imposibilidad de marcar los límites (Schkolnik, 2005). Nos preguntamos: ¿volver en busca de lo que parecen ser sus únicos lazos de afecto, sus únicos anclajes? (¿novia, amigos, la casa donde vivió más tiempo en toda su vida, los lugares familiares?) ¿O es una huida desesperada de esos sueños-fantasías homosexuales, que tienen un carácter sumamente angustiante y persecutorio y que están marcados por lo incestuoso? De todos modos, los intentos de André de manejar o defenderse ante su realidad psíquica, resultan inoperantes, dice: “Ando tan asustado de mí mismo y de los demás que vivo apretando el culo por miedo a que alguien o algo se me meta por detrás”. S. García (2005) señala el “algo”, porque no es necesariamente una persona que lo penetra, dando cuenta así de las fallas objetales, ¿serían objetos parciales, los que se están jugando en el espacio psíquico de André? Esto indicaría que no estamos en el ámbito de una elección objetal homosexual (García, S., 2005). Es así que su cuerpo, sus cortes, sus marcas, van esbozando una forma propia

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de delimitarse que es aquella que André puede expresar a través de su cuerpo, procurando a la vez, inmovilizar su psiquismo. Tal como lo hemos dicho anteriormente, el intento de aplicación de la inmovilidad a su psiquismo, nos habla ya de una situación en la cual la cohesión y unidad yoica puede encontrarse altamente amenazada y esta amenaza es de muerte. La conmoción que trae consigo el período puberal, el empuje de los dinamismos pulsionales sumado a la desorganización de las excitaciones intentando la reorganización de defensas adecuadas, hacen de la adolescencia un período de gran perturbación que convoca no sólo al adolescente, sino que también provoca a todos aquellos que se encuentran involucrados en su entorno, reactivando así viejos demonios que hasta entonces habían quedado silenciados.7 El papel que juega el ambiente, teniendo en cuenta sobre todo las etapas infantiles precedentes, es fundamental. Las actitudes parentales pueden oscilar entre las angustias excesivas hasta las dramáticas negaciones, éstas nos alertan acerca de la reactivación de viejos conflictos transgeneracionales inscriptos muchas veces en el registro de la violencia.

El analista confrontado al trabajo con pacientes adolescentes en riesgo Para intentar comprender la significación del impulso suicida y el camino interior que lo ha determinado, disponemos de un instrumento privilegiado: la relación analítica. Si el paciente acepta el tratamiento después de uno o varios intentos de suicidio manifiestos o encubiertos, nos permitirá comenzar a trabajar sobre algunas hipótesis que hemos de formularnos a partir de la comprensión de las áreas más frágiles que expresará su mundo interno, alrededor de las cuales gravitan las tendencias suicidas. Liberarlo de su fascinación por la muerte implicará ayudarlo a comprender algo de lo que ha intentado llevar a cabo, esto significa integrarlo y para ello será indispensable trabajar el momento traumático, de forma tal que éste no se constituya en un punto de permanente negación o de excesiva atención y espanto, intentando impedir así que reaparezca en forma repetitiva en otros actos. Lograr que el terror no anule el pensamiento, sino que se convierta en verdadera alarma –expresada en forma de angustia– como primer punto de anclaje, que pasará necesariamente por la figura del analista será un primer desafío. La reactivación del dolor psíquico, de la angustia y depresión que determina la expresión consciente e inconsciente del odio hacia el analista, representante del objeto amado y odiado en la relación transferencial, constituye una dura prueba que pone en 7 Novelas tales como Las vírgenes suicidas de Jeffery Eugenides (2000) donde cinco hermanas adolescentes se suicidan en un típico suburbio de Estados Unidos, muestran en forma clara la interacción del adolescente suicida y su entorno. Lo mismo sucede con Los suicidas de Di Benedetto (1969) donde se plantea la cuestión de la muerte como salida ante la insoportable vida organizada de antemano por la sociedad, formulando una pregunta directa: “La cuestión no es por qué me mataré, sino por qué no matarme”. Desde otra perspectiva lo vemos también en el cine con La sociedad de los poetas muertos dirigida por Peter Weir en 1989.

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juego aspectos contra-transferenciales. Los sentimientos hostiles, así como la angustia de muerte que los acompaña, pueden ser proyectados o volverse autodestructivos, requiriendo por parte del analista, de su capacidad para recibir y contener los aspectos negativos a fin de comprenderlos e interpretarlos. Al decir de M. Casas de Pereda (2003), agresión y destrucción son inherentes a todo trabajo psíquico e indican a su modo, tanto la impronta estructurante de la pérdida, como el abanico de vicisitudes que incluyen su patologización, donde desposesión y privación, señalan el sufrimiento psíquico presente en el amplio margen de la neurosis, así como en las patologías graves que tienen en un extremo el temor al derrumbe (ya acontecido). Interpretar la conflictiva adolescente que muestra de manera desgarradora los conflictos de amor y de odio puede resultar a veces difícil, al ligarse nuestras propias resistencias contra-transferenciales para aceptar las proyecciones hostiles del analizando y su destructividad hacia nosotros, analistas, representantes culpables y responsables de despertar el dolor psíquico. Será el analista con cada paciente quien encontrará la forma –a través de la contra-transferencia– de establecer un nuevo nexo que le permita al paciente, transitar con menos sufrimiento el camino del análisis que decidió emprender. Aún así, parece fundamental haber analizado aspectos que tocan directamente la propia adolescencia del analista y las angustias respecto a nuestra propia muerte. La clínica de la adolescencia nos interroga de manera intensa con cuestionamientos sobre los que a veces no tenemos más que respuestas ambiguas, algunas surgen de nuestra propia historia, nuestros orígenes sociales y profesionales, partiendo también del sentido que le hemos dado a nuestra formación, a nuestra práctica y a los grupos de pertenencia a los cuales nos hemos adherido. Habitualmente, los cuestionamientos anudados a nuestras dificultades y riesgos estarán siempre presentes. La atención hacia estos pacientes será continua y sostenida, debido a la permanencia e intensidad del cuadro, a la transferencia y también por el control de la regresión. La problemática familiar se suma como una situación de complicado abordaje. Intentar borrar totalmente el hecho acaecido o negar el valor de las señales que puedan expresarse en momentos de riesgo son actitudes usuales con las cuales debemos manejarnos.

A modo de conclusión Hablar sobre intentos de suicidio y suicidios en la adolescencia nos impregna de una cierta amargura en nuestra labor, ya que hay adolescentes por los cuales nada puede hacerse, otros, sin embargo, nos permiten contactar con su dolor mental, aun al transmitirnos que la muerte es su única alternativa de silenciar al enemigo interno que los atormenta. Esta situación nos desafía a dar un paso más, que implica poner en juego nuestra creatividad. Al decir de Freud (1923) “Es la muerte la mayor crisis que enfrenta el hombre inexorablemente. Pone a prueba su aparato psíquico y el intrincado manejo del narci-

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sismo”. Tal vez nosotros, psicoanalistas, en nuestra propia dimensión humana nos encontramos mal preparados frente a esta problemática tan dolorosa, ya que hablar de la muerte es siempre hablar de sufrimiento y dolor. M. Alizade (1996) dirá: “Cuando de morir se trata, todo el sistema narcisista se ve conmocionado... El yo se enfrenta al cuerpo, ese extraño al yo, ese poderoso limitador. Frente al espejo (espejo de azogue pero también espejo en el rostro del semejante), el narcisismo enraizado en el cuerpo se desmorona”. Parecería indispensable integrar dentro de nuestros propias referencias teórico-clínicas la dimensión de la muerte, ya que de otra forma seríamos nosotros mismos quienes estaríamos negando o anulando una problemática que también es nuestra. Nos preguntamos entonces, ¿se trata de la misma muerte? ¿Cuál es la dimensión a la que nos confronta la muerte del adolescente en relación a la perspectiva de nuestra propia muerte? Si nos conformamos con “tirar hacia la vida”, o flexibilizar los mecanismos de defensa, o volver al preconciente más eficaz, ocultamos preguntas que son fundamentales para la comprensión de estas situaciones. La muerte produce también una cierta fascinación, por su carácter incognoscible e impensable. El acto suicida por lo tanto, nos sumerge en el misterio de la vida y de la muerte, del origen y el fin. Lo incomprensible tocará también al analista, imposibilitado de dar una significación allí, donde sólo hay lugar para un simple y dramático balbuceo: “es que esta muerte no tiene sentido”.

Resumen Los intentos de autoeliminación y el suicidio son una preocupación que compartimos cuando trabajamos con pacientes adolescentes. El tránsito adolescente nos confronta a situaciones críticas donde es difícil predecir si se trata de situaciones pasajeras que corresponden a una crisis o son procesos ya integrados a una estructuración menos reversible. Analizaremos el actuar en la adolescencia, el pasaje al acto, así como también el nexo entre adolescencia y muerte. A través de una viñeta clínica se tomarán aspectos vinculados a la situación del analista confrontado al trabajo con pacientes en riesgo. Descriptores: Adolescencia – Intentos de suicidio – Suicidio – Muerte – Actuaciones.

Resumo Tentativa de suicídio e o suicídio com uma preocupação que compartilhamos quando trabalhamos com pacientes adolescentes. O trânsito adolescente confronta-nos a situações críticas onde é difícil predizer que se trata de situações passageiras que correspondem a uma crise e falamos dos processos integrados a uma estrutura menos reversível. Analisaremos o atuar na adolescência, a passagem ao ato, assim como também o nexo entre adolescência e a morte. Uma vinheta clínica tentará mostrar os aspetos do analista ligados na situação do analista confrontado ao trabalho com pacientes em risco. Palavras chave: Adolescência – Tentativa de suicídio – Suicídio – Morte – Atuações.

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Summary Suicide attempts and suicide in adolescence are a distress matter that we share when we work with adolescent patients. The adolescent transit makes us face risky situations and it is difficult to predict if they are temporary situations due to crisis or processes integrated to a less reversible structure. We will analyze the acting out in adolescence, the path to action, and also the link between adolescence and death. A clinic vignette will show aspects connected to the analyst situations confronted to patients in risk. Key words: Adolescence – Ssuicide – Death – Suicide attempts – Actings.

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CONCURSOS


Concurso

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“EN LUGAR DE…” LA PULSIÓN Y SUS DESBORDES. REELABORACIÓN (DURCHARBEITEN) Y LA PRÁCTICA ANALÍTCA ACTUAL Como consecuencia de demandas que antes quedaban fuera de nuestros consultorios se han conmovido en el psicoanálisis ideas que parecían inamovibles y el riesgo de dilución, que con criterio plantean los más cautos, tendrá que ser escuchado. El tema preocupa desde hace tiempo... Ya en 1984 en el trabajo “Corrientes actuantes en el pensamiento psicoanalítico latinoamericano” W. Baranger y J. Mom decían sobre su posición entre expansionistas y los “guardianes de las tablas”: “No somos fanáticos. Somos expansionistas circunspectos. Ya dijimos en otra parte, expansión sin dilución y con precisión”. Guiada por esta posición el tema elegido es repensar el desafío que implica la pulsión y sus desbordes en el marco del contrapunto freudiano: repeticiónreelaboración. Por último, con el propósito de poner a trabajar la teoría y de debatir ideas sobre el encuadre y el lugar del analista, se presenta el caso del Sr. Q.

Repetición y reelaboración: hipótesis iniciales La trascendencia de una concepción no patológica de lo inconsciente reprimido se ha puesto de relieve al transitar las fronteras tanto de la teoría como de la práctica. Por esto se elige como concepto bisagra, tanto para las elaboraciones metapsicológicas, como para las cuestiones referidas a la práctica, el de representación (entramado de intercambios significativos pulsión-objeto). Se considera que este “destino” intrapsíquico del encuentro pulsión-objeto preserva tanto la disponibilidad pulsional (en el sentido de disponible para el trabajo psíquico), como la contingencia del objeto (en cuanto a sus posibilidades de sustitución y desplazamiento), aun con los límites y el esfuerzo que les impone lo que las desborda. Una primera hipótesis es que en los “casos difíciles” el núcleo del problema gira en torno, no de lo irrepresentable sino de lo “no representado”. Dicha denominación 1

Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

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invita a pensar en otros “destinos” del encuentro pulsión-objeto a partir de considerar que, luego de la primera tópica, la representación no es el único posible. Considero que luego de 1923, las identificaciones, la desmentida y la forclusión (casi no tratada por Freud) permiten pensar en formas de inscripción y borradura diversas de la represión. Como señala A. Green (1993), se trata de analizar el impacto en la teoría y la clínica de un trabajo de lo negativo que va más allá de la sola consideración de la neurosis como negativo de la perversión. Entonces la problemática cambia y gira en torno a ser o tener el objeto; las fronteras del yo, sus deformaciones y angustias. Implica considerar las consecuencias intrapsíquicas de mecanismos diferentes de la represión y los traumas tempranos, y las funciones de los objetos originarios nuevamente pasan a ocupar el centro de los debates. En la práctica el dispositivo clásico se ve conmovido, y lo sabido sobre el lugar y las funciones del analista, tiene que ser revisado. Existen argumentos de peso para sostener desde la metapsicología diferencias entre, la puesta en acto, como posibilidad de los procesos inconscientes reprimidos, de lo que es la repetición en acto, y a partir de ahí analizar los diferentes procesos de reelaboración que implican. Recuerdo que en el Diccionario de Psicoanálisis de J. Laplanche y J. Pontalis (1971) se señala que lo que Freud denomina agieren se traduce en ingles como to act out (forma sustantiva: acting out) pero que la palabra out situada detrás del verbo, contiene matices que parecen importantes de diferenciar. Dichos matices están en estrecha relación con si se cuenta o no con un “capital representacional” al que la pulsión pueda entramarse en su empuje. Por esto en una primera caracterización propongo discriminar: repeticiones presentes en el discurso y su puesta en acto en la transferencia (ligadas a complejos representacionales) y repeticiones en acto o más cercanas al acto (ligadas a destinos no representacionales del encuentro pulsión-objeto). Dicha discriminación considera la relación entre el “qué” se repite y el “cómo” se repite. En la obra freudiana haya su sustento según se tomen los trabajos anteriores a “Más allá...” que dan cuenta de una repetición que no contradice el Principio de placer o los posteriores a 1920, donde Freud se plantea la repetición aun de acontecimientos que nunca fueron placenteros pero en busca de ligadura. Este cambio del principio de placer por la ligadura y la combinatoria ligadura vía repetición sin duda es rico en consecuencias, y es uno de los motivos por los que se elige esta perspectiva para pensar sobre la pulsión y sus desbordes. En cuanto a la reelaboración, esta denominación (durchanbeiten) da idea de ese “esforzado trabajo” sobre la repetición en tanto “están las mociones pulsionales reprimidas que la alimenta y de cuya existencia y poder el paciente se convence en virtud de tal vivencia” (Freud, 1914). Ahora, si pensamos a partir de “Más allá...”, sin duda se torna más compleja la pregunta sobre las posibilidades de su reelaboración, al ser la repetición un intento de ligadura. Un modo de acotar la pulsión en su empuje incoercible.

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Por otra parte, es un esforzado trabajo que involucra a analista y analizado, y que ambos emprenden no siempre en igualdad de condiciones; Freud (1914) dice: “ardua tarea para el analizado y prueba de paciencia para el médico”. Pienso que, como el titulo del libro de Skarmeta, se trata, en todo caso, de una “ardiente paciencia” en tanto no la imagino sólo como una espera, sino como un “trabajo” que se despliega en el campo analítico (Baranger, W. y M., 1961-1962) comprometiendo tanto al analista como al analizado. Es que, por más que apostemos a las posibilidades de elaboración del psiquismo, o por el contrario nos dediquemos a señalar sus limites, lo cierto es que en el trabajo analítico, como en la vida, se intrincan pulsiones de vida y de muerte, de transferencia positiva y negativa, deseos y posibilidades de cambio junto con poderosas fuerzas que tienden a que todo siga igual. Y que, para desazón nuestra y del analizado, incluso no siempre es igual, sino que puede ser cada vez un poco peor, junto con el malentendido de que esta vez va a ser diferente y mejor. Incluyo al analista en los procesos de reelaboración, también para señalar en el mismo una posición que imagino: atento a la repetición pero también a los cambios. No siempre que el analizado nos dice “usted siempre me dice lo mismo”, es que se resiste a reconocer sus resistencias. Estimo que las resistencias del analista, también las epistemológicas (Roussillon, 2007) son de particular importancia. Un punto que quisiera dejar planteado, es el trabajo que le queda al analizado, con las resistencias que generan sus cambios en aquellos que formaron parte de los “guiones” que intenta cambiar. En mi experiencia clínica, el análisis muchas veces hace tope en esta contingencia y la neutralidad benevolente también vale para estos casos.

Repeticiones en el discurso, y reelaboración Antes de pasar al acto y su reelaboración, es preciso recordar las repeticiones que aparecen en el discurso en la que la pulsión se conjetura ligada a complejos representacionales inconscientes y reprimidos, que se despliegan en el campo de la situación analítica fundamentalmente a través de la palabra. Se trata sin embargo, de un actuar que “está en consonancia con la atemporalidad y la capacidad de alucinación de lo inconsciente” (Freud, 1912) y que permite sostener que hay, en lo primariamente reprimido una “reserva” de sentido y de deseos. Reitero que esta concepción no patológica de lo inconciente reprimido, ha sido uno de los aportes que fueron puestos en primer plano al empezar a considerar las fronteras de lo analizable. A los fines de su reelaboración resulta trascendente que pueden organizarse en una neurosis de transferencia creando un “reino intermedio”, pero que al mismo tiempo es un “fragmento del vivenciar real-objetivo”, aunque de naturaleza provisional. Dice M. Baranger (trabajo inédito): “Me parece que aquí nos alejamos (al hablar de reelaboración) un poco de la elaboración de las resistencias y que tanto la elaboración como el insight ya no tienen tanto que ver con recuerdos a recuperar, sino

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con mociones pulsionales (y fantasías o situaciones que la involucran) que hay que poder reconocer como propias y pertenecientes a otra temporalidad. […]Y la transferencia como potencialidad temporalizadora, en búsqueda permanente de actualizaciones”. Reino intermedio, espacio y tiempo de transición, que permiten ver cómo se articulan: la emergencia de contenidos representacionales reprimidos que, al ser “apropiados”, son transferidos sobre el analista, lo que suele producir, dice Freud, una detención en las ocurrencias. La palabra parece desbordarse por la transferencia aunque se hable de ella porque el enfermo, “quiere actuar (agieren) sus pasiones sin atender a la situación objetiva (real)”. Así Freud reconoce que algo de la pulsión es contenida por la palabra y un resto “Abr-agieren”, lo que determina que a partir de ahí, esta denominación tome una significación más compleja que la simple catarsis. En este caso, la repetición da cuenta y cuenta el deseo de reencuentro con un objeto, de reproducir una experiencia de placer, de sus tropiezos y de cómo en esa búsqueda, también se invisten, o se crean, objetos nuevos (también el analista). Discurso que “habla”, aun sin saberlo, de esa búsqueda y creación con un grado de singularidad que se sobrepone a cualquier generalidad. Términos como reencuentro o reconocimiento llevan a recordar la subversiva concepción que Freud otorga a lo inconsciente al adjudicarle una temporalidad Zeitlos, “Fuera de tiempo”. Como sostiene Julia Kristeva (2005): “Nunca se ha hablado de una herida en un tiempo que no temporaliza como lo hizo Freud, y dicha afirmación se hizo, sin duda para asentar las bases de la heterogeneidad del inconsciente pulsional, pero también, como necesidad terapéutica –tal como es cierto que los síntomas y las estructuras psicopatológicas pueden aparecer como imposibilidades diversas de integración de lo intemporal”. En este punto, considero que la reelaboración, apuesta a inaugurar o reabrir una categoría de temporalidad: la transitoriedad. El propio Freud (1916[1915]) desarrolla esta categoría de tiempo al hacer “un complemento” a su teoría sobre el duelo. Allí señala que, además del trabajo que implica el retiro de las investiduras de objeto perdido, éste supone la instalación o aceptación de la transitoriedad. No dejo de advertir que dicho trabajo es contemporáneo a “Duelo y melancolía” y de “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico”, lo que hace pensar que el tema de la temporalidad y la repetición lo convocaba por esos tiempos. Así la reelaboración y los duelos que implican instaurar un tiempo que supone la aceptación, pero también la libertad que implica la transitoriedad. Será transitorio el placer, pero también lo es el dolor. La demanda de análisis surge entonces relacionada con los “tropiezos”, con el deseo de “ajustar” el tiempo y la distancia entre lo buscado y lo esperado (inconsciente) o entre lo buscado (inconsciente) y lo encontrado que se actualizaría de manera conflictiva en el síntoma. Y donde el “demasiado cerca” o el “demasiado lejos” (entre la nostalgia y la esperanza, decía Leclaire) aparece denunciado por el grado de angustia que lo acompaña.

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Será entonces un trabajo sobre un tiempo y una memoria que coagulados en un guión hace que se comprometan tanto la disponibilidad pulsional como la contingencia del objeto, aun cuando se trate de la regresión y la repetición propia de las neurosis. Considero que el registro de este tipo de repetición en el discurso y su despliegue en la transferencia, es de un valor clínico inestimable. Superficie del discurso que hacemos permeable a partir de la instauración de la regla fundamental, y que requiere de un analista que “supuestamente sabe” escuchar un tiempo que pasa, junto a uno que no pasa. La regla que propone el “asocie” y un determinado encuadre para que ocurra dan cuenta de la expectativa de producir una palabra en transferencia y de transferencia. Desde esta perspectiva, el trabajo de reelaboración apunta entonces a producir modificaciones intrapsíquicas que permitan hacer más “fluido” el acceso a la palabra, a desarmar los “tropiezos” de la pulsión y del deseo. A despejar o reconstruir el camino largo, que va del deseo a una palabra que lo exprese de la manera más genuina y entonces poder decir con el poeta: …sólo quedan los sueños que delibero tener. Tanto del dispositivo clásico (con mayor o menor flexibilidad) como sobre el lugar del analista ya hay abundante bibliografía, por lo que sólo voy a señalar que en este tipo de repetición no se ven notoriamente cuestionados y es posible esperar que se tornen en un espacio y una presencia potencialmente propicias para el despliegue de procesos de transferencia intrapsíquica e intersubjetiva.

Repetición en acto y reelaboración En cambio las repeticiones en acto o más cercanas al acto (es el caso de los desbordes afectivos con escaso contenido de representación palabra) son las que más desafían nuestra práctica clínica porque sortean la cadena de trabajo psíquico que va de la pulsión al pensamiento y la palabra, siendo la evacuación en el soma y en el mundo externo contingencias esperables. Es decir, entramos al terreno del acto y sus desafíos. Sin embargo como son sólo intentos de ligadura, necesitan de un tercero que los “escuche” ¿Estamos preparados para escuchar el acto y sus demandas? Con relación a “qué” se repite en acto se trata básicamente de injurias narcisistas o de huellas que no alcanzaron a conformar un complejo representacional y se conjetura la intervención de mecanismos diversos de la represión. En cuanto a “cómo” se repite, la idea es que al quedar la pulsión sin anclaje representacional aparece el acto comprometiendo tanto la disponibilidad pulsional como las posibilidades de desplazamiento y sustitución del objeto. En este campo se ubican los llamados casos “fronterizos”, en los límites de lo analizable, que ponen en el centro del problema cuestiones como: los traumas tempranos; el yo, su grandor y sus fronteras; sus defensas y la cuestión de su discriminación con el objeto entre otros. Y la palabra, empobrecida de sutilezas, aparece: o en una función meramente informativa, en general sobre actos ya realizados... O atrapada en teorías, creencias y racionalizaciones que a poco de ser puestas en análisis, generan situaciones de máxima resistencia.

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La complejidad del tema merece hacer algunas puntuaciones tanto sobre la repetición en acto de injurias narcisistas, como de huellas que no alcanzan a conformar representaciones y sus posibilidades de su reelaboración.

Repetición del “desaire” y reelaboración En estos casos, la repetición en acto está relacionada con lo que está “Más allá de principio de placer”, con el narcisismo herido en un gradiente que va del “desaire” Freud (1920), hasta las injurias que deja la crueldad... Dan cuenta de marcadas inadecuaciones pulsión-objeto en lo que debieron ser las primeras experiencias de placer, en el narcisismo primario, pero también llevan a pensar sobre el peso traumático que en ocasiones tiene la realidad. La reelaboración de este tipo de repetición en acto, supone pensar cómo “tratar” con la desmentida, sus modos de retorno o con las identificaciones que estructuran las instancias del ideal y el Súper-yo. O con la compleja conjunción de ambos, como cuando el ideal opera como contracara de la desmentida. Es decir analizar el amplio campo en que se articulan el perjuicio, los ideales y las prohibiciones. (Assoun, 2001) Ejemplo de ello es que su reelaboración frecuentemente implica desarmar el círculo idealización-desidealización-injuria, que con “demoníaca” insistencia, sólo suele concluir en más resentimiento o resignación. Es decir, supone el duelo por ideales imposibles (yo ideal) de alcanzar, pero que se “defienden” (a veces a muerte) porque repararían la injuria sufrida. Un eterno malentendido parece capturar la fuerza de la pulsión, hasta comprometer la vida misma. Ya no estamos en el terreno del conflicto entre deseo y prohibición, sino de las tensiones entre el yo y el Ideal, y de una pulsión que se consume en ellas. Cabe señalar también que en la repetición de injurias narcisistas sobresalen el odio y la vergüenza como los afectos predominantes, cumpliendo los mismos un papel de afecto-señal de inestimable valor clínico, en tanto es la “tonalidad” afectiva la que nos orienta sobre la investidura de la pulsión. En ocasiones aparecen operando como desencadenantes, en otras acompañando el acto. Ahora bien, con relación a su reelaboración, hay un tema que cobra trascendencia sobre todo cuando las injurias han sido de una magnitud que va “más allá” del desaire edípico. Me pregunto ¿cómo se reelabora el desamor? ¿Y el no deseo? ¿Y el deseo de muerte? ¿Y la desvalorización por no haber sido el sueño que soñaron para nosotros? ¿Y la extrema pasivización frente a la crueldad del otro? Este tema que ha sido muy estudiado a nivel socio-político (repercusiones del holocausto, de los campos de detención clandestina, de la desaparición forzada, de las guerras, etc.) me llena de interrogantes en el caso por caso. ¿Cómo pensarlo en el ámbito más personal? ¿Cómo “tratarlo” en la privacidad del consultorio? En una interesante entrevista de Catherine Portevin a T. Todorov (2003), al preguntarle sobre el tema de la memoria, él recuerda un eslogan de la época del con-

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flicto en Irlanda que decía “ni olvido ni perdón”. Expresión que resulta conocida ya que también tuvo vigencia en algunos períodos de nuestra historia. Allí Todorov sostiene que, como esta alternativa implica la venganza, nos acerca a la barbarie y propone sustituirla por la justicia. Es decir que sean las obligaciones de la ley, las que reemplacen y se impongan por sobre las de la memoria. La pacificación de la ley por sobre el resentimiento y la venganza, por sobre los abusos de la memoria y del olvido. Y en el día a día, basta leer los diarios o mirar televisión para comprobar que aun en los casos particulares, el reclamo de ley y de respeto de los pactos sociales y jurídicos, también se hace escuchar incluso en casos donde el horror nos sobrecoge. Ya en el campo del trabajo analítico, si bien construir o reconstruir una historia importa, pero no resulta suficiente. Como dice Todorov en la entrevista citada: “la memoria puede ser lo mejor o lo peor de las cosas; pero es sólo un instrumento”. Y en cuanto al perdón, el debate es más complejo. En un interesante trabajo sobre el perdón y lo imperdonable, se propone: “Este perdón (que se corresponde con lo que Derrida denomina ‘perdón absoluto’) puede dar lugar a un olvido genuino: el que permite al sujeto dar eficazmente vuelta la página, para habilitar entonces un ‘nuevo comienzo’ [Arendt, 1958]. Es lo que traza diferencias con el ‘olvido’ propio de la represión, que por su misma lógica promueve repeticiones, y eterniza al sujeto en la misma página de su historia”. (Alberto Cabral, 2007) Estimo que la recompensa de una “memoria feliz” o de un “olvido feliz” (Ricoueur, 2000) está presente en el planteo. Por mi parte considero que el perdón, trae al campo del psicoanálisis, un tema con fuertes connotaciones religiosas y su impacto en la contratransferencia del analista merecería ser cuidadosamente evaluada. Estimo que incluir otras perspectivas de análisis: históricas, éticas, jurídicas, sociales o filosóficas, resulta imprescindible en estos temas y nos compromete a aportar nuestros conocimientos. “Preguntémonos solamente si, sí o no, lo que se llama psicoanálisis no abriría la única vía que permitiría, si no saber, si no pensar incluso, al menos interrogar lo que podría significar esta palabra extraña y familiar, ‘crueldad...’”(Derrida, 2001) La idea que pongo en debate, es que en el caso por caso, tampoco se trataría de olvidar o de perdonar. Mi propuesta se inclina por pensar en el esforzado trabajo (similar al del duelo) que implica el reconocimiento de lo irremediable como momento inaugural e insoslayable del trabajo de reelaboración... Reconocimiento del límite absoluto con que en ocasiones nos enfrenta la acción del otro o lo azaroso de la vida (¿Por qué a mí?) como punto de partida (y de llegada) de un trabajo que permita desanudar la pulsión de lo traumático y atemperar la condena del resentimiento o la pasividad de la resignación. Trabajo inevitable de reelaboración que supone enfrentar lo que está “más allá” de la castración, en las fronteras de lo analizable y de lo decible. Pero en la clínica, además de este doloroso reconocimiento de lo irremediable, también está lo difícil que resulta enfrentar y reconocerse (¿reconciliarse?) en las posi-

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ciones que se tuvieron o que finalmente se tendrán frente a lo acontecido. Por esto también habrá un tiempo para analizar la “posición” que cada sujeto asumió, asume o asumirá frente a la historia construida. ¿Perdonar? ¿Culpar? ¿Olvidar? …Es decir de aquello que le da un sello propio al trauma, aunque haya sido vivido por otros. Pienso en las palabra de David Grossman en su discurso en el último congreso del Pen Club, realizado en Nueva York en el 2007 (La Nación, domingo 20 de mayo). Refiriéndose a la situación de guerra en Israel y sobre todo a la muerte de su hijo dice: “Escribo y siento que el uso correcto y preciso de las palabras es a veces como la cura de una enfermedad… Y también escribo sobre lo que no puede recuperarse. Y sobre lo inconsolable. Entonces, también de una manera que me resulta inexplicable, las circunstancias de mi vida no se cierran sobre mí para paralizarme. Muchas veces, cada día, sentado ante mi mesa, toco el tema del dolor y de la pérdida como quien toca la electricidad con las manos desnudas, y sin embargo no muero. No entiendo cómo se produce el milagro. Tal vez cuando termine de escribir esta novela intente entenderlo…” Cómo no pensar que hay también en el análisis, en el “uso correcto y preciso de las palabras”, una alternativa de reelaboración. En este punto considero que una línea interpretativa que sólo ponga el acento en la responsabilidad pulsional en lo acontecido, implica desconocer la trascendencia del objeto y sus posibles efectos traumáticos. Y no se trata de pensar sólo en la asimetría de los vínculos en los albores de lo psíquico, sino también de reconocer el peso traumático que en ocasiones adquiere la realidad. Basta repasar la historia de nuestra Latinoamérica para encontrar sobrados ejemplos. Sin embargo, y a pesar de las dificultades, coincido con sostener que el análisis ofrece un espacio y un tiempo para nuevas e infinitas (¿interminables?) posibilidades de representación de lo acontecido, aun para los casos en que el hiperrealismo del acontecimiento parezca haber detenido toda posibilidad de reelaboración. Sin duda los procesos sublimatorios y el arte se nutren de esta posibilidad.

Repetición de huellas (no representacionales) y reelaboración Pero el acto no sólo tiene que ver con las injurias, sino también con repeticiones que convocan la imagen de agujero en la trama representacional, de urgencia económica, y por otro la de una pulsión que, desatada, busca el camino corto del acto. En este caso la hipótesis es que la pulsión al no encontrar redes representacionales a las que enlazarse, busca el camino de la descarga directa Afinando el planteo, considero que en este tipo de repeticiones deberían investigarse las diferencias clínicas entre: la repetición en acto relacionada con restos de lo forcluido (fallas en la represión primaria) y la repetición de otro tipo de huellas, como las del tiempo primordial, previas a la instalación del lenguaje. En su trabajo para el Congreso de Berlín, N. Marucco (2007) se pregunta:

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¿Qué es eso arcaico que se repite? ¿Algo que surge en acto desde el empuje regresivo hacia un estado casi previo al encuentro con el otro? ¿O algo que es producto de la fuerza intrusiva de un objeto que imprimió la huella destructiva de la desligadura allí donde debieron abrirse los caminos hacia la posibilidad de representación? Considero que de lo forcluido resultan huellas que hacen posible conjeturar graves desencuentros pulsión-objeto en momentos y tiempos centrales de la estructuración del psiquismo. Pero también es posible pensar en la presencia de huellas, previas a la instalación del lenguaje que no necesariamente se deben a un repudio del objeto. Aún no encuentro mejor descripción para esas huellas que la que hace Leclaire y que cité en un trabajo anterior “son pedazos de recuerdos fuera de la memoria, aleación de piel y de palabras acuñadas con el sello de un fragmento de abrazo, de un ligero dedo en la comisura de un labio, de una palabra tonta sobre un soplo de placer. Moneda sin curso legal, piezas grabadas sobre nada en la plenitud del encuentro, cada una firmada con un monograma diferente, se van a unir en la reserva fuera de cuenta de toda memoria contable”. Mi hipótesis, es que las huellas que resultan de la forclusión por graves desencuentros pulsión-objeto, tienen un grado de potencialidad alucinatoria y traumática, que convierte los estímulos perceptivos y pulsionales en una fuente de excitación en ocasiones imposibles de tolerar. En cambio a las del tiempo primordial, marcas de los “millares de lazos con el objeto” como dice Freud en “Duelo y melancolía”, tendrían una potencialidad representativa que hace posible procesos de figurabilidad en el analizado y en el analista. De todas formas, no puede ignorarse que llegados a este punto, las aguas se dividen entre quienes pensamos que esto es posible o por lo menos debe ser investigado, y aquellos que sostienen que sólo se trata de un entusiasmo omnipotente sobre los alcances de la teoría y de la práctica. Tal vez se necesite de todos para seguir siendo “expansionistas circunspectos”.

Clínica del acto y su reverso pensado: la metapsicología Como dije al comienzo, la expresión, aparentemente sencilla, “En lugar de...” implica la propuesta de retomar y repensar, el contrapunto freudiano: repetición-reelaboración (durcharbeiten) haciendo foco en el acto y sus complejidades. Es decir, pensar acerca del rico campo de investigación de la pulsión y sus desbordes. Con este propósito, y para proponer algunas ideas sobre el lugar que le caben al analista y el encuadre, presentaré el caso del Sr. Q.

El acto, el lugar del analista y la reelaboración Una noche de hace tres años y medio, me llama una colega para derivarme

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el esposo de una paciente porque, dice, cree que yo puedo hacerme cargo. Lo describe como una persona violenta, descontrolada, un “manejador” y que, si bien no lo puede afirmar, cree que puede ser adicto. Al día siguiente, él me llama y acordamos una hora para el viernes de esa misma semana. Llega puntual a la hora convenida y cuando lo veo avanzar por el pasillo que conduce a mi consultorio, me llama la atención el gesto de su cara. Es una persona delgada. Muy bien vestido y algo rígido en su andar. Me aparece una imagen que se refiere a un episodio del último fin de año... Estaba con mi familia y amigos festejando, cuando a la hora de los fuegos artificiales llega de la calle un gran perro negro herido, por lo que pensamos sería una bengala. En ese momento me impresionó el “olor del miedo” y la actitud entre asustada y amenazante que tenía. Queríamos ayudarlo pero si nos acercábamos parecía querer atacarnos. Esa fue la primera impresión que me causó el señor Q. Esta breve viñeta muestra lo que interpreté en mí, como una regresión del pensamiento a la imagen, producida por una serie de actos-signos que me llevaron a percibir y a pensar sobre lo que el paciente aún no podía pensar. Estos actos-signo como los llama R. Rousillon (1995) son variantes del acto algo más elaborativas destinados a “hacer sentir”, a “hacer vivir” al analista (como contenedor potencial) lo que el sujeto no puede representarse o figurarse. “Después de haberse identificado con lo percibido y con quien percibe, [el analista] se convierte en algo más que un ‘decodificador’: es un verdadero ‘codificador’” (J. Kristeva, 2005). En este sentido, es frecuente que el analista y sus posibilidades de pensar lo que es actuado, aparezcan en primer plano en gran parte de los trabajos, lo que lleva a tener que analizar no sólo lo referente a su intervención en el proceso, sino también sobre las cuestiones éticas que esto genera. Esta función de codificación como la llama Kristeva, si bien resulta alentadora para el trabajo analítico, requiere al mismo tiempo considerar el no imponer nuestras construcciones. No sólo por una cuestión ética, sino porque podemos caer en “leer con nuestros códigos”, con nuestra “neurótica”, lo que todavía es una historia por construir. Por esto, a pesar de reconocer esta poiesis de la nominación sensorial, considero que debe tenerse en cuenta que también indican zonas de fragilidad psíquica que le marcarán el tiempo y el modo de hacerlo. Por mi parte, si bien no pude dejar de considerar este recuerdo en imagen, pienso que en el analista el registro de este tipo de acontecimientos le aportan una idea de lo “por trabajar”. Regresión del pensamiento para captar y pensar lo que aún no puede ser pensado, pero también para saber de su dolor y operar con delicadeza. Y saber que aquello percibido y emitido en formas de actos-signos, plenos de sensaciones, deberá sufrir en el analizado un proceso de metamorfosis que haga posible su acceso a la palabra. También delicado trabajo del analista consigo mismo, en tanto le implica adentrarse en las fronteras de su propio psiquismo para encontrarse allí con imágenes inquietantes.

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A diferencia de los anteriores, hay otro tipo de actos que permiten al analista trazar una secuencia de repetición. Especie de dramatización actuada que en ocasiones sorprende al mismo analista y casi siempre al analizado. Convocan el recuerdo de esas películas que con pocas palabras, pero con una serie de “guiños”, guían al espectador que es quien tiene que descubrir y armar la trama. Acá, es el analista quien arma la escena y la ofrece al analizado como objeto de análisis. La hipótesis es que a partir de la repetición en acto, es posible armar una escena, una secuencia, una conjetura para ser puesta como interrogante a trabajar en la sesión. Así, la contundencia de lo repetido se hace visible y por otra parte permite mostrar la correspondencia entre lo construido y lo actuado. Vuelvo al Sr. Q y la primera entrevista. Lo primero que cuenta es que su vida cambió hace 10 años con la muerte de su hermano menor con el que tenia una relación muy estrecha. El hermano tenia 25 años y se lamenta de no haber podido hacer nada ya que la muerte fue instantánea y no dejaron que lo viera. Aparentemente, venía corriendo una carrera con otro auto y tuvo un choque. Le pregunto qué lo trae a la consulta y me dice que tiene accesos de furia. Que últimamente busca pelea y relata dos episodios graves, En ambos casos se trata de clientes que le deben dinero y a quienes golpea con gran violencia. En ese momento aparece lo que creí era e deel motivo de la consulta. Dice: “el problema es que si mato a alguien voy a ir a la cárcel pero antes de estar en una cárcel, me mato”. Entonces y aunque es la primera entrevista, me sorprendo señalándole que escucho una secuencia que se repite: situaciones en las que se siente estafado, tomado por tonto, accesos de furia con riesgo de matar y luego la idea de matarse antes de ir a la cárcel. Se queda mirándome y tengo la impresión que está sorprendido, pero que acuerda con el señalamiento. Que lo haya podido escuchar me parece un dato alentador. Destaco que es luego de la muerte del hermano que aparecen los actos violentos relacionados con pérdidas (económicas) y con una secuencia: pérdidas, matar y matarse. Se trabaja con la hipótesis que dicha muerte ha resignificado injurias narcisistas de las que se siente víctima. Esto lleva al Sr. Q., a adoptar actitudes en búsqueda de excepciones y resarcimientos tal como describe Freud en el trabajo del 16. Excepciones y resarcimientos buscados desde el lugar de víctima pero que, como en los episodios relatados, toman una magnitud que hace que otros pasen a serlo. Un punto a destacar. Cuando pensamos en las fronteras de lo analizable, la regresión, de aliada del proceso y propiciada por las condiciones del encuadre en el análisis de las neurosis, pasa a ser un mecanismo defensivo que es necesario desarmar si se quiere ampliar el campo del psicoanálisis más allá de las mismas En “Inhibición, síntoma y angustia” Freud ubica a la regresión (de la relación de objeto a la identifica-

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ción y de la pulsión al yo, incluso en la sublimación) como un mecanismo de defensa del yo (que puede dañar la pulsión más que la represión) asociándola con los procesos de desexualización y de desmezcla pulsional y por tanto trabajando a favor de la pulsión de muerte. Así, tres obstáculos pueden aparecer como consecuencia de la regresión de la pulsión al yo, como límites al trabajo analítico: el narcisismo, el masoquismo y el acto. Se hace necesario entonces imaginar como punto de partida, formas de “allegamiento” (Bollas, Ch., 1991) que faciliten primero la apertura de procesos de repulsionalización objetal. Sólo si el analista puede constituirse en objeto para la pulsión se podrá pensar en cómo crear un objeto de análisis en el campo analítico. Imagino entonces un analista que “escucha” la repetición, pero la propone como interrogante para ser pensada por ambos integrantes en la situación analítica concebida como campo dinámico. También es posible pensar en actos que tienen que ver con experiencias no vividas y que encuentran en el análisis la posibilidad de ser experimentadas como algo nuevo o diferente, y que entiendo deben ser cuidados en tanto “ensayos” de acercamientos menos precavidos al objeto, o de reinvestidura pulsional. Es posible pensar que en esas circunstancias, la expectativa es que el analista funcione como un espejo y, de lo que se trata, es de encontrar una imagen valiosa de sí, a diferencia de la que encontró en sus objetos originarios. Así interpreté el siguiente episodio del Sr. Q. En una mano traía una caja con una importante cantidad de productos de los que fabrica y en la otra un sobre para que lo lea. Es una fotocopia de una nota necrológica que ha salido sobre el padre. En ella se resaltan sus logros profesionales y sus cargos políticos. Le agradezco el regalo, me recomienda cómo comerlo y le digo que voy a leer la nota. A la sesión siguiente me pregunta con verdadero interés qué me ha parecido lo que me regaló. Le agradezco el regalo, le digo que es muy rico y no hago en ese momento ninguna intervención. Se lo ve complacido. Pensé que en forma todavía de acto, me estaba haciendo saber que se daba cuenta sobre lo que estábamos trabajando. En una mano traía al “hombre de papeles” como llamaba al padre, el que quería que él también lo hubiese sido, y en la otra sus realizaciones. Tuve presente que ninguno de sus padres, menos aún el padre, le habían reconocido sus éxitos empresarios o económicos. El Sr. Q. no había sido el sueño que soñaron para él. Y, puede discutirse, pero consideré que haber hecho una interpretación por ejemplo sobre la significación del regalo hubiese sido una torpeza técnica y una repetición de la injuria ocasionada por sus objetos originarios. Todavía no era tiempo de metáforas. Por otra parte el Sr. Q había definido nuestro trabajo: vengo porque vos me enseñás a pensar. No era el caso entonces de adelantarme a sus pensamientos. Quiero decir que recursos intrapsíquicos, con que cuenta el analizado también,

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deben ser considerados para conjeturar el lugar que se le otorgará al analista y sus intervenciones. Me refiero a la necesidad de tomar en cuenta, no sólo los argumentos que avalan la necesidad de su presencia e intervenciones, sino también los que nos advierten acerca de los procesos de idealización o sometimiento que pueden generarse en estos casos. Por ejemplo si pensamos en la posibilidad de actos en el mundo externo o de desbordes pasionales en un objeto, por qué no considerar que esto también pueda ocurrir con el analista y sus intervenciones. Me pregunto ¿no deberemos considerar que estamos con un analizado también más vulnerable a nuestras vacilaciones en la neutralidad? La repetición del círculo idealización-desidealización-injuria o pulsión-acto es un riesgo a considerar... Pero también es necesario reconocer que “los casos difíciles”, ponen en consideración temas metapsicológicos tales como la percepción y la memoria, que habían quedado fuera del interés del psicoanálisis, y que se han realizado aportes que han modificado nuestras conjeturas teóricas y nuestras intervenciones clínicas. Vuelvo al Sr. Q. para mostrar el impacto de lo perceptivo y la identificación con el analista, y cómo las ideas metapsicológicas pueden cambiar la perspectiva desde la que se “califican” algunos actos del analizado. El Sr. Q. tiene el horario de sus sesiones a la mañana temprano. A partir de un determinado momento reparo que ha empezado a llegar con el tiempo suficiente para verme llegar. Ha descubierto que mi casa está cruzando la calle. También observo que charla con el joven de la verdulería de la esquina y que ha establecido una amable relación con la señora que ordena el consultorio. Como llega temprano, siempre la encuentra. Aunque no puedo corroborarlo, tengo la impresión además, que las charlas le permiten averiguar cosas sobre mi vida. Me siento observada y recuerdo que la colega que me lo derivó me había dicho que era un “manejador”. Estos actos hacen recordar lo planteado por A. Green en la supervisión del caso llamado Bernardo (1995) donde el analizado preguntaba si había un departamento libre en el edificio del analista. Allí sostiene que éste en un comportamiento frecuente en estructuras no neuróticas y que puede relacionarse con diferentes posibilidades. Una es familiarizarse con el espacio, con el entorno, hacerse una idea de la vida del analista para acercarse sin temores y desconfianza a lo desconocido. Otra posibilidad es la captación mágica de los atributos del analista vía una identificación de tipo primaria, sin mayor discriminación sujeto-objeto. Ambas ideas me sirvieron para pensar que el calificativo de “manejador” que usó la colega que derivó al Sr. Q., en realidad tenía que ver con estos modos precavidos de acercamiento a los objetos. Es decir me permitieron darle a estos actos una significación diferente a la que podrían tener por ejemplo en un funcionamiento neurótico. Otro punto a considerar es que al estar comprometidas las posibilidades de transferencia intrapsíquica, la presencia del analista cobra una trascendencia que repercute en el encuadre. Se intensifica la demanda a su presencia o por el contrario se

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evita el contacto. O cobran llamativa importancia detalles de su persona real o de su entorno familiar como consecuencia del marcado desajuste percepción-representación, es decir, al no encontrar los datos perceptivos una trama representacional que les permita incluirse en una producción fantasmática. Entonces, ya no se trata de preservar la figura del analista de interferencias para favorecer las proyecciones del analizado, sino de considerar el impacto del dato perceptivo pero no sólo como favorecedor, sino también como obstáculo para el trabajo analítico. En el caso del acto y sus posibilidades de reelaboración, también considero que es de particular importancia considerar el grado de tolerancia al dolor y a lo enigmático, al humor y lo estético, menguados por la presencia de defensas y resistencias diferentes a la represión y que en muchas ocasiones encubren núcleos melancólicos. La experiencia clínica me ha mostrado la falta de sentido del humor en este tipo de analizados, por lo que cualquier comentario en ese tono puede ser tomado como una burla. Es más, en ocasiones las mismas interpretaciones o señalamientos pueden ser tomadas de esa manera. Vuelvo al Sr. Q. Tiene un accidente con el auto. Venía viajando cansado, enojado, hablando por teléfono porque no le entregaban un auto que había encargado y que deseaba de manera llamativa. Cuando viene a la sesión hablamos del episodio pero no puede explicar cómo pasó. Dice: de golpe vi que se me venía un auto negro encima, recuerdo la cara del que manejaba y después me fui por la banquina. Le pregunto por qué está tan ansioso con el auto. Y dice que podría tener cualquier otro, pero quiere ése. Mi papá también tenía autos con esa marca. Entonces le digo que quizás desea tener un auto, algo, como el padre. La imagen de lo que ocurrió fue como la de haber “tocado” una zona dolorosa. Se levantó como un resorte, se enojó muchísimo e insultándome, se fue. Pensé que no volvería y que si esto ocurría era porque el señalamiento había sido disruptivo, porque todavía no era el momento para ser tomado como tal. El “logo” del auto era aún un signo lejano, pero doloroso, de la añoranza por el padre. Tuve la impresión de la furia de haber sido descubierto en su vergüenza. Sin embargo volvió y hemos trabajado sobre su reacción: lo había interpretado como una burla. También, como en el Sr. Q., son notables en estos analizados el déficit o la falta de intereses culturales y estéticos juntos con considerables éxitos profesionales que suelen disfrazar, para la valoración social, las dificultades que aparecen en el análisis. El Sr. Q. nunca había leído un libro, ni iba al cine o al teatro. Sólo practicaba algún deporte que cumpliera con dos condiciones: competir y hacerlo sudar, es decir al servicio de la descarga Quisiera señalar también, que no es infrecuente que la sexualidad misma cumpla funciones de descarga ante la perentoriedad de una pulsión desatada de fantasías. En ocasiones resulta llamativo lo claro que expresan la diferencia entre la pulsión y el deseo y el amor.

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El acto y el encuadre y la reelaboración Por otra parte hay en las repeticiones en acto, un tratamiento de los Zeitlos, de lo fuera del tiempo, que conlleva un grado de fijeza e intempestividad que ponen en cuestionamiento los parámetros temporales del análisis como el número de sesiones y su duración. La teoría avalaría una frecuencia más alta para “cercar” en la medida de lo posible, el tiempo intempestivo del acto e reinstalar la transitoriedad altamente comprometida. Sin embargo, son justamente estos analizados los que más se resisten a considerarlo, por lo que la imaginación del analista se pondrá en juego para pensar un encuadre que incluya la paradoja de ser rigurosamente flexible. El Sr. Q. comenzó con tres sesiones semanales pero rápidamente empezó a pedir excepciones, como dos sesiones juntas o sesiones más largas. El criterio fue dejar abierta la posibilidad de repactar el número de sesiones y en cuanto a la duración se mantuvo los cincuenta minutos. Daba la impresión que le costaba salir de sus estados de retracción pulsional defensiva y cuando lo lograba, le resultaba difícil terminar en los tiempos pactados. Además estaba acostumbrado a hacer valer su poder en el mundo de los negocios y el dinero. Pero, conciliar la pretensión de excepcionalidad y acto no es sencillo, y la pregunta por los parámetros temporales como la frecuencia de las sesiones toma un lugar de importancia. O que se considere la pertinencia o no de los llamados “suplementos del encuadre” (teléfono, mensajes, etc...). Considero que hay un punto central que nos aleja de cuestiones meramente ideológicas y que es: cómo hacer “la transformación lo más extrema posible del aparato psíquico en aparato del lenguaje, y recíprocamente” (Green, 1995). El tema será entonces observar, caso por caso, cómo “esa transformación extrema “se ve favorecida o no por el número de sesiones. Estimo que sería inadecuado quedarnos con la idea de un número ideal y que todas las variantes son sólo acomodaciones forzadas por circunstancias ajenas al proceso analítico o manifestaciones resistenciales. Considerar por ejemplo las conceptualizaciones sobre la angustia de intrusión y/ o de pérdida y su posible emergencia en el campo analítico pero reducirlas a meros conceptos teóricos instala, en ocasiones, llamativas diferencias entre lo que se sostiene en la teoría y cómo se trabaja en la clínica. Un ejemplo sencillo: se sostiene en la teoría la angustia de intrusión pero se interpreta toda puesta de distancia del analizado como transferencia negativa. Entiendo que pensar en angustias diferentes a la de castración, permite considerar de otro modo los vaivenes en el acercamiento o no con el analista y el análisis. En mi experiencia clínica, cuando se dan las condiciones de una adecuada capacidad de transferencia intrapsíquica e intersubjetiva, incluso más allá de la sesión analítica es factible trabajar con una frecuencia más baja de sesiones. Se conjetura que lo trabajado en sesión continúa más allá de la misma. Es el analizado que viene a la sesión siguiente diciendo “me quedé pensando…” o “no estoy de acuerdo con lo que dijiste...” En los limites de lo analizable en cambio, todas las condiciones del encuadre

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serán pensadas para que “En lugar de…” el acto surja la palabra con el debido cuidado de sortear todas aquellas prácticas que no puedan ser adecuadamente fundamentadas. Es en estos momentos donde la metapsicología, la supervisión y el intercambio con los colegas, se hacen fundamentales. En cuanto a la duración de la sesión, considero que sobre todo necesita guardar correspondencia con la idea que cada analista tiene del trabajo analítico. Por lo planteado hasta aquí, se entiende que mi posición se inclina por un tiempo “pactado” de trabajo analítico y reelaboración de manera de ir observando, sesión por sesión, la emergencia de procesos de transicionalidad, temporal, espacial y objetal que den cuenta que donde era el acto, ahora es la palabra o el pensamiento. Pienso que el “soporte” para dicho trabajo de reelaboración será preferentemente una palabra que facilite que en lugar del acto surja otra, inédita o más genuina, pero que dé cuenta que la pulsión, su fuerza, ha encontrado puntos de anclaje para el trabajo psíquico. La idea es que la construcción emergente del campo analítico, anclada en figuras del acto y como representación-oída, sirva de enlace a lo pulsional. Es decir opere como objeto de análisis, lazo para la pulsión y generadora de sentido.

Resumen En 1984 en el trabajo “Corrientes actuantes en el pensamiento psicoanalítico latinoamericano” W. Baranger y J. Mom decían: “No somos fanáticos. Somos expansionistas circunspectos. Ya dijimos en otra parte, expansión sin dilución y con precisión”. Enmarcada en esta idea la expresión “En lugar de...” lleva implícita la apelación de retomar y repensar el contrapunto freudiano: repetición-reelaboración (durcharbeiten) a partir de las demandas a las que se ve convocada nuestra práctica. Con este propósito se proponen “hipótesis auxiliares” que tienen un objetivo: repensar los obstáculos en la cura. Y una intención: hacer un “enlace” entre ideas metapsicológicas y la clínica psicoanalítica actual. Y una expectativa: que es posible investigar sus fronteras y revalidar al mismo tiempo su vigencia. Dichas hipótesis se centran especialmente en el estudio de formas de repetición: en el discurso y desplegadas en la transferencia (ligadas a complejos representacionales) y en acto (desligadas de complejos representacionales), analizándose sus posibilidades de reelaboración. Se analiza en particular la repetición en acto, sus diferentes grados de complejidad y su articulación con la metapsicología, para luego poner en debate ideas sobre el encuadre y el lugar del analista en el trabajo de reelaboración que implican. Concluye con la presentación con un caso clínico. Descriptores: Representación – Elaboración psíquica – Repetición – Lugar del analista – Encuadre.

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Resumo No 1984 no trabalho “Corrientes atuantes no pensamento psicoanalítico latinoamericano” W. Baranger e J. Mom diziam: “Não somos fanáticos. Somos expansionistas circunspetos. Já temos em outra parte, expansão sem diluimento e com precisão”. Enquadrada nesta idéia a expressão “Em vez de...” leva implícita a apelação de retomar e repensar o contraponto freudiano: repetição-reelaboração (durcharbeiten) a partir das demandas às que se vê convocada a nossa prática, Com este propósito se propõem “hipóteses auxiliares” que têm um objetivo: repensar os obstáculos na cura. E uma intenção: fazer um “enlace” entre idéias metapsicológicas e a clínica psicoanalítica atual. E uma expectativa: que é possível pesquisar suas fronteiras e revalidar ao mesmo tempo a sua vigência. Estas hipóteses concentram-se especialmente no estudo de formas de repetição: no discurso e espalhadas na transferência (ligadas a complexos representacionais) e no ato (desligadas de complexos representacionais) analizando-se suas possibilidades de reelaboração. Analiza-se em particular a repetição em ato, seus diferentes graus de complexidade e sua articulação com a metapsicologia para logo debater idéias sobre o enquadre o lugar do analista no trabalho de reelaboração que implicam. Conclui com a presentação de um caso clínico. Palavras chave: Representação – Elaboração psíquica – Repetição – Lugar do analista – Enquadre.

Summary In 1984, in the work “Trends Involved in Latin American Psychoanalytic Thought”, W. Baranger and J. Mom asserted: “We are not fanatics. We are circumspect expansionists. We have mentioned it elsewhere, expansion without dilution and with accuracy”. Framed within this idea, the term “In the place of” implies the appeal to retake and rethink the freudian counterpoint: repetition-re elaboration (durcharbeiten) in view of the demands our practice must face. With this purpose, “auxiliary hypotheses” are put forward with an aim: to rethink the hindrances of the cure. And an intention: to establish a “link” between meta-psychological ideas and current psychoanalytical clinics. And one expectation: that it is possible to research into its bounds ad to revalidate its current force at the same time. Such hypotheses especially focus on the study of forms of repetition: in the discourse and displayed in the transference (attached to representational complexes) and in action (not attached to representational complexes) analyzing its possibilities of re-elaboration. Repetition in act –its various degrees of complexity and its articulation with metapsychology– is analyzed and further on, ideas about the analyst´ s framework and function in the work of re-elaboration are posed for debate. It concludes with the presentation of a clinic case study. Key words: Representation – Psychic elaboration – Repetition – Place of the analyst – Setting.

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“En lugar de...” La pulsión y sus desbordes. Reelaboración (Durcharbeiten) y la práctica analítica actual

Laplanche, J. y Pontalis, J. (1987) Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor, Barcelona, España. Laplanche, J. (1987) Nuevos fundamentos para el psicoanálisis. Ed. Amorrortu, Argentina, 1989. - (1992) La prioridad del otro en psicoanálisis. Cáp. 1 y 5, Ed. Amorrortu, Argentina, 1996. Marucco, N. (1998) Cura analítica y transferencia. Cáp. 2, 15, 16 y posfasio, Ed. Amorrortu, Argentina, 1999. Portevin, C. (2002) Deberes y delicias. Fondo de Cultura Económica, Cáp. 9, Argentina, 2003. Rousillon, R. (1991) Paradojas y situaciones fronterizas del psicoanálisis. Tercera parte, Ed. Amorrortu, Argentina, 1995. - Configuraciones transferenciales límites. Conferencia APA, 2007. Socci de Gómez - Rosas de Salas “Subjetividad, realidad psíquica y contratransferencia”. Encuentro APA., SPI. Tomo 62, Nro. 4, Revista APA, 2003.

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Comentario

Jaime Spilka

“‘En lugar de…’ La pulsión y sus desbordes Reelaboración (Durcharbeiten) y la práctica analítca actual”

El trabajo de la Lic. Cristina Rosas de Salas es sumamente interesante por la claridad de su exposición y por la generosidad que implica el riesgo de tomar partido definido por una determinada posición y de exponerla además con un material clínico. Y es desde el respeto que inspira tanto la calidad del trabajo comentado como la frase de W. Baranger y J. Mom, que prácticamente lo encabeza, donde se postulan como no fanáticos sino expansionistas circunspectos, es decir expansionistas pero sin dilución y con precisión, que quisiera discutir algunos aspectos del mismo. Así la autora, apoyándose en A. Green, se refiere en ciertos “casos difíciles” a un destino distinto del encuentro de la pulsión con el objeto, donde se destaca un trabajo de lo negativo que va más allá de la sola consideración de la neurosis como negativo de la perversión. Así los traumas tempranos y las funciones de los objetos originarios pasarían a ocupar el centro de los debates. ¿Estaríamos entonces en la posición de que hay traumas sin fantasmas en lugar de sostener que no hay fantasmas sin traumas o que el mismo fantasma es el trauma? ¿Y no podríamos caer en un error metodológico donde podríamos suponer una inversión y una empirización de los tiempos de determinación, donde lo anterior en una simple cronología lineal sería lo esencial en lugar de plantearnos un tiempo circular de apres-coup? Así se postula una diferencia esencial entre la puesta en acto, como posibilidad de lo inconsciente reprimido, ligado a complejos de representación, de la repetición en acto, uno de cuyos matices puede ser el destino de lo no representado en el encuentro pulsión objeto. Así se considera la cuestión de qué se repite y de cómo se repite. Estaría de acuerdo en que no se trata de lo irrepresentable –ese concepto que no conduce a ninguna parte– pero no lo estaría en cambio en relación con lo no representado, sino más bien me preguntaría sobre distintos procesamientos de la representación misma. Habría que plantear en primera instancia toda la complejidad de la cuestión de la representación inconsciente, que como tal ya implica un complicado pasaje por la castración simbólica, con toda la delicada discriminación entre Sachvorstellung Wortvorstellung y Dingvorstellung, y de la interdicción de goce en lo real introducida por la mítica profecía paterna “ésta es tu madre”, que inaugura el campo de la significación inconsciente, justamente más ligado a una desnaturalización subjetiva que

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a cualquier significación empírica natural. Así toda significación implicaría monótonamente lo mismo, una interdicción de goce con lo real, y en esa restricción desnaturalizante se jugaría tal vez toda la operación del pasaje del instinto a la categoría de pulsión. Así sería difícil plantearnos una semiología psicoanalítica en donde el problema de la representación inconsciente y el de la significación psíquica en general pudiera comprenderse fuera del campo de la estructura ética que el Edipo implica y que genera en una sucesión de retroactividades a partir de una represión secundaria a una represión primaria en una represión originaria. Todo lo del antes sería así lo edípico de antes del Edipo, puro bla bla bla gozoso, por ejemplo el niño que dice cándidamente que quiere casarse con mamá y matar a papá, donde la palabra no se transformó aún en una palabra cuyo significado va más allá de la referencialidad banal y que no abre al misterio infinito del sentido y del sinsentido. Todo esto para decir que el problema de la relación entre pulsión y representación es a mi juicio muy complejo y tal vez necesitado de más desarrollos. Tampoco compartiría plenamente sin más las consecuencias que la autora remite a “Más allá del principio de placer”. Creo que la pulsión de muerte y el más allá del principio de placer implican en Freud un salto hacia la comprensión de que el conflicto humano no puede comprenderse en términos de una racionalidad animal en torno a fines de supervivencia, sino que sufre una complejización fundamental por quedar capturado por la estructura significante que se transforma en su pasión. Tanto en el capítulo III como en el capítulo V de “Más allá del principio de placer” Freud reduce la importancia de la desligazón-ligazón –que sí valoraba en el juego y en las neurosis traumáticas– y en cambio se refiere a la especificidad de una repetición más allá del principio de placer en relación con el retorno de pulsiones que nunca tuvieron la posibilidad de realizarse y que por ende no tienen ninguna huella de satisfacción posible. Y allí es cuando encuentra en el complejo de Edipo la famosa escara narcisista –la sexualidad infantil sufre un Untergang yéndose a pique Zugründe gehen– de los neuróticos y la repetición inevitable de un placer en el displacer. Como que el más allá del principio del placer es más bien un más allá de la conjunción del placer con el bien del sujeto, un placer en el displacer, un mal en el bien, propios de la captura significante y de la mortificación del sujeto natural por mor de lo simbólico, y de allí que lo más importante de lo reprimido no pueda recordarse, porque no es nada ocurrido sino lo que no pudo ni podrá ser nunca jamás por efecto de esa captura. Y en el capítulo V aparece el famoso factor pulsionante, Triebhaft en relación a la diferencia entre lo esperado y lo hallado por obra de la represión. La repetición es la esencia de lo pulsional mismo en la búsqueda de un mítico estado anterior. Y lo pulsional es tal porque está destinado a no realizarse en lo real. ¿Podríamos entonces postular que la pulsión de muerte es el precio que paga el sujeto humano en el desgarro instintivo natural por el acceso al campo de la significación inconsciente merced a la interdicción del goce fálico incestuoso en función de la interdicción paterna? Podríamos decir que la pulsión de muerte es lo que se resiste e insiste como pulsión –efecto de una diferencia y búsqueda de su anulación– en función de la represión hominizadora del Edipo, dando

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cuenta de lo desligado que insiste y se resiste a ligarse en función de la ligazón que insiste en efectuarse. No sería así lo desligado sin más, con lo cual entraría a formar parte como una de las figuras del incesto. Todo esto para decir que tampoco en el más allá del principio de placer podemos encontrar sin más tan fácilmente las razones para una diferencia nuclear entre la puesta en acto y la repetición en acto. La autora se pregunta sobre el destino de las injurias narcisistas que van más allá del desaire edípico. ¿Cómo se reelabora el desamor, el no deseo, el deseo de muerte, la desvalorización por no haber sido el sueño soñado por los otros y la pasivización frente a la crueldad del otro? Si bien todas las cuestiones no entran en la misma categoría, creo importante interrogarnos sobre si podemos separar un tiempo de Narciso de un tiempo de Edipo. Narciso es mudo sin Edipo y Edipo no sería conflictivo si no hablara sobre la sombra de Narciso herido. En el capítulo III de “Introducción del Narcisismo” Freud es taxativo cuando afirma que las perturbaciones a las que está expuesto el narcisismo originario del niño y todas sus reacciones defensivas y las vías por las que se efectúan, tienen una pieza fundamental que puede ponerse de relieve como complejo de castración –angustia por la pérdida del pene en el varón y envidia del pene en la niña– y que debe abordarse en su trabazón con el influjo del primer amedrentamiento sexual. El falo sería así el único índice del narcisimo logrado. Por otro lado Freud insiste en que el destino del narcisismo solamente se puede entender por lo que él llama la psicología de la represión. Lo que antes era idealidad infantil en función de la ilimitación, de la no sujeción a las leyes naturales y sociales, de la posibilidad de realizar todos los sueños y deseos edípicos de los padres, deviene ahora idealidad parental justamente en sentido contrario, en función del límite, la medida y la ley que como modelo imponen. Si el narcisismo es siempre de alguna manera narcisimo del otro, siendo His majesty the Baby la mejor manera de visualizar el mito del narcisismo primario, en la clínica implicaría la necesidad de buscar siempre la sujeción al otro cuyo narcisimo fálico el sujeto debe sostener en la más profunda e ignorada de las subordinaciones. La mejor confesión de la incompletitud yoica y de la falta en ser por el atravesamiento del orden simbólico sería la impostura del Yo ideal, donde la omnipotencia muestra su rostro verdadero al asumirse el absoluto poder de otro en forma de ser su objeto. Por eso la pregunta por no haber sido Yo ideal para el otro, His Majesty the Baby es muy pertinente pero de muy delicada respuesta, y que tal vez no puede darse sin más desde ningún suceso empírico. ¿Y cómo pensar entonces en los desaires narcisistas más allá de lo edípico sin más? Es interesante la cuestión de analizar la posición que cada sujeto asume respecto a lo “traumático”. ¿Perdonar, culpar, olvidar? Hace pensar mucho en la “reacción terapéutica negativa” donde la cura implicaría un perdonar y abandonar a los objetos del sufrimiento edípico. Se ve claramente en los sujetos que han sufrido abusos manifiestos en la infancia, donde “curarse” supone tanto perdonar al Superyó como renunciar al trazo sadomasoquista de “mi padre me pega mi padre me ama”, como si al curarse se perdonara al torturador del campo de concentración, al violador o maltratador de los traumas sexuales. Como que curarse significaría dejar de denunciar al aparente Bien del Superyó como un Mal, porque si el sujeto se cura, el torturador ni fue tan cruel ni

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Jaime Spilka

causó finalmente tanto daño, y esto sería susceptible de sospecha, de haber gozado en connivencia con la maldad del otro. Y algo de esto explica tal vez el diferente destino de sujetos que han sido expuestos a grandes sufrimientos, algunos pueden rehacer sus vidas y crear mientras que otros sucumben a la melancolía o aun al suicidio como supremo intento de no dejar de denunciar el Mal del otro. Pensemos simplemente en los diferentes destinos frente al campo de concentración de un Jorge Semprún o de un Primo Levy. Aunque en realidad nos encontramos aquí con la caricatura exagerada de lo que implica curarse en general para un ser humano atravesado por la homización edípica y que tiene que “perdonar” al Otro por haber sido artífice del desgarro del mundo natural, capturándolo en el orden simbólico y en la estructura significantey por ende condenándolo al dolor de existir y a la infelicidad de la vida cotidiana. Finalmente una referencia al caso clínico que la autora presenta con generosidad, y evidenciando su fineza en el abordaje clínico y en la toma de consideración de los diferentes sentimientos y fantasías contratransferenciales. El “perro negro herido” es algo que el señor Q. hace sentir y vivir a la analista que se convertiría así más en codificadora que en decodificadora. Me parece importante la referencia a la ética de no imponer al paciente los propios códigos, y el “saber que aquello percibido y emitido en forma de actos-signos, plenos de sensaciones, deberá sufrir en el analizado un proceso de metamorfosis que haga posible su acceso a la palabra”. Aunque me pregunto si eso no vale en realidad para los diversos momentos de cualquier cura psicoanalítica. También me planteo si el señor Q. entra realmente en la categoría de pacientes tan distintos a los que la autora se refiere. Me parece que es un paciente con un gran monto de sufrimiento dentro de una estructura narcisista o falonarcisista clásica, que se ha descompensado frente a lo traumático de la muerte de un hermano menor, y que tal vez actúa una exigencia sádica reclamando una deuda de amor del padre, o siendo él mismo el superyó paterno sádico reclamando en el espejo del otro la deuda impagada de la propia castración simbólica con el padre. Pero independientemente de todo eso coincido ampliamente con la actitud de la psicoanalista, su contención, su capacidad de espera, su seguir la superficie psíquica del paciente, su timing, su preocupación por sostener y promover un vínculo de confianza afianzando la transferencia positiva sublimada, su falta de rigidez en relación al setting clásico ideal, etc., me parecen de mucha valía. Y también suscribiría plenamente lo que la autora menciona de Green respecto a la transformación más extrema posible del aparato psíquico en aparato de lenguaje y recíprocamente. Pero también me pregunto si esas mismas posiciones no deberían ser sostenidas para cualquier cura psicoanalítica, aunque sea en estas estructuras narcisistas más complicadas donde se nos plantee con más intensidad lo que es nuestro pan cotidiano. En ese sentido me gustaría abogar que tanto en las situaciones traumáticas extremas, como en los trastornos psicosomáticos o borderline, o incluso momentos psicóticos de la cura, no debemos dejar de tener en cuenta que cuando hay conflicto humano no podemos sustraernos sin más a la boya de la represión. Es útil en ese sentido seguir a Freud en “Análisis terminable e interminable”, cuando nos dona el ejemplo de

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los libros que en la antigüedad se tachaban en las partes censuradas y que en las copias nuevas mostraban lagunas en las tachaduras. Pero para evitar cualquier huella de la mutilación del texto se procedía a su desfiguración y dislocamiento, omitiendo palabras o interpolando frases nuevas, o mejor aún suprimiendo el pasaje lacunar para inscribir en su lugar otro que dijese absolutamente lo contrario. Los copistas sucesivos podían así producir textos completos, fuera de toda sospecha, pero falsos. Así si la represión concierne al olvido, la pura falta, los otros mecanismos inciden en el olvido del olvido o en el disimulo de la falta. Y es alrededor de esas alteraciones textuales que Freud nos enseña en qué consisten fundamentalmente las alteraciones del yo. No podemos en todo caso prescindir en un conflicto catalogado como humano de lo que la represión implica, ese núcleo fundante de histeria de angustia detrás de todos los síntomas, sea como conflicto desencadenado en la retroactividad de la represión originaria devenida represión primordial, sea en una hipotética represión originaria no advenida aún a la primordialidad, ya que es casi imposible representarnos al conflicto sin un espacio mínimo donde lo originario se primordializa por la palabra. Porque si no ¿conflicto de qué? Así edipizar o histerificar devendrían casi una condición de la cura. Con esta complejización espero contribuír dialécticamente al magnífico esfuerzo de la autora para simplificar y delimitar cada vez más los campos que se propone y honrar a la vez lo que al comienzo destacaba de W. Baranger y J. Mom, “No somos fanáticos. Somos expansionistas circunspectos. Expansión sin dilución y con precisión”. Descriptores: Representación – Pulsión de muerte – Narciso -Edipo – Represión.

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Concurso

Mariângela Mendes de Almeida

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O INVESTIMENTO DESEJANTE DO ANALISTA FRENTE A MOVIMENTOS DE AFASTAMENTO E APROXIMAÇÃO NO TRABALHO COM OS TRANSTORNOS AUTÍSTICOS: IMPASSES E NUANCES “Amo tanto e de tanto amar acho que ela é bonita, tem um olho sempre a boiar e outro que agita. Tem um olho que não está meus olhares evita e outro olho a me arregalar sua pepita…” “Tanto amar” Chico Buarque de Holanda, 1981

Introdução A partir de experiência clínica direta com os Transtornos Autísticos, da participação em espaços de acolhimento terapêutico, e em grupos de reflexão acerca deste trabalho, venho me deparando com algumas questões que insistem, tecendo redes de inquietações e condensando áreas de interesse para investigação. Seminários sobre transtornos autísticos e estados primitivos da mente, combinados a grupos de estudo, trabalho e investigação sobre os transtornos globais do desenvolvimento, têm construído, neste momento de meu percurso, uma confluência estimulante. Como fundamentos para estas reflexões consideram-se os desenvolvimentos produzidos pela investigação psicanalítica de aspectos psicóticos da personalidade, a partir de Bion, dos estados primitivos da mente a partir de Klein, Bick, Meltzer, Tustin, Mitrani 1 Psicóloga Clínica com Mestrado em Observação Psicanalítica pela Tavistock Clinic e University of East London. Associada Clínica do Departamento de Criança e Família da Tavistock Clinic de 1988 a 1993 (curso Child Psychotherapy). Membro filiado ao Instituto de Psicanálise da Sociedade Brasileira de Psicanálise de São Paulo, participante do Grupo de Trabalho e Investigação em Transtornos Globais do Desenvolvimento, coordenado por Paulo Duarte. Atualmente desenvolve atividades clínicas e didáticas em consultório e no Setor de Saúde Mental do Departamento de Pediatria da Universidade Federal de São Paulo (UNIFESP). Membro do Instituto Sedes Sapientiae, docente do Curso de Intervenção Precoce na Relação Pais-Bebê.

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e Korbivcher, e dos desdobramentos da clínica psicanalítica com crianças com transtornos autísticos por Alvarez e Reid, além das iluminações clínicas de Ferro quanto ao constante exame da mente do analista enquanto trabalhamos. Tem sido interessante o recontato com as idéias clínicas de Frances Tustin a luz destes desenvolvimentos e interfaces atualmente presentes no campo. As questões que mais têm me mobilizado são relacionadas aos instrumentos e dispositivos clínicos de acesso ao mundo interno da criança com transtornos autísticos. Tais reflexões têm sido ampliadas, principalmente a partir do contato com o trabalho de Korbivcher, para se pensar sobre momentos de retirada autística em pacientes necessariamente não tão autistas. Neste artigo, transito também por criações de Chico Buarque de Holanda e de Flávio Palmeira. É provável que este último nome não encontre o mesmo reconhecimento em nosso repertório psicanalítico ou cultural que as outras ilustres figuras, mesmo porque se trata de uma denominação fictícia para um paciente para mim muito significativo para a instigação, formulação e acompanhamento de algumas das questões em foco. Aliás, foi através do cantar de Flávio Palmeira, em recente sessão, que revisitei e re-signifiquei versos de Chico Buarque, que ilustram de forma surpreendente, sutis movimentos de aproximação e afastamento que vivenciamos com estes pacientes. Na dita sessão, entre períodos de intensa sustentação de olhar, interrompidos por (ou entrelaçados com?) momentos de ansiedade, agitação ecolálica e evitação, Flávio cantou a canção cujo início reproduzo no começo deste artigo, falando dos olhares em duas trilhas, em duas metades, um olho sempre a boiar e o outro que agita, um olho que não está, que evita olhares e o outro que arregala a pepita, um que chama pra luta aflita e o outro que se larga, um que atura, outro que chora, um que pestaneja, outro que fita. Como se desenvolve este fluxo de aproximação e afastamento? Seria possível identificar os componentes psíquicos dos momentos de ruptura (que chamarei aqui de pontos de choque, ou pontos de corte?) Quais seriam os gatilhos, os disparadores da oscilação? Haveria paralelos entre este fluxo oscilatório num garoto como Flávio e movimentos de oscilação entre estados mais conectados e menos conectados, ou mesmo desconectados, em indivíduos não autistas? O que o trabalho com estes estados em crianças autistas podem nos ensinar sobre tais movimentos em nós mesmos e em nossos pacientes com funcionamentos mentais aparentemente mais articulados? Como o analista acompanha estes movimentos? Quais os dispositivos clínicos de que lança mão? Como “reclamamos” (Alvarez, 1992) nossos pacientes em seus momentos de distanciamento? Qual a presença de nosso desejo impulsionante neste resgate? Muitos autores consideram este investimento desejante, denominado por Marucco (2007) de “aposta pulsional do analista” como ingrediente presente em qualquer processo analítico, mas nos casos em que se manifestam aspectos de retraimento autístico, tal investimento configura-se como instrumento estruturante do contato analítico, ferramenta terapêutica por excelência na construção de uma possível subjetivação (a preciosa noção de “reclamação”, de Anne Alvarez (1992), presente no repertório pais-

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bebê e expandida para a clínica dos aspectos autísticos, como ingrediente nas tentativas de engajamento do indivíduo num circuito relacional). Considerando a noção de técnica de maneira ampliada, não ligada a formas pré-estruturadas do fazer analítico, envolvo-me, em minha prática e aqui neste artigo, com o registro de vivências “in loco” e reflexões “a posteriore”, do quê em nossa função pode ir, nas experiências de sintonia psíquica expressas também nas minúcias interativas, reconfigurando aspectos tão sutis de possibilidades de um “dialogismo” (Fonseca, 2005). Transitando pelas narrativas de Flávio Palmeira De certa forma acompanho Flávio Palmeira desde muito cedo. Atualmente com 14 anos, esteve em tratamento desde os 3 anos e 8 meses com uma colega,2 encaminhado pelo serviço em que eu trabalhava como psicóloga. Fez parte do grupo de alunos de uma Pré-escola Terapêutica que eu coordenava, desde os 6 anos. Está agora comigo em análise desde os 8 anos. Revendo seu acompanhamento através da intervenção inicial pais-criança, seguida de análise, da intervenção multidisciplinar na pré-escola terapêutica, (com alguns vídeos que ilustram seu “desenvolvimento”), e seu seguimento analítico, venho também refletindo sobre a relevância do trabalho inicial, cada vez mais precoce, envolvendo os pais junto à criança para plantar as bases de um trabalho analítico profícuo e “sustentável”. No contato com Sue Reid e no Workshop de Autismo da Clinica Tavistock por quase seis anos, acompanhei e me convenci profundamente da relevância indispensável das avaliações iniciais prolongadas mobilizando os pais para o trabalho analítico com a criança com transtornos autísticos. Refiro-me também, portanto, ao investimento desejante dos pais e do analista (ampliada para a rede de profissionais envolvidos) e desta dupla pais-analista/profissionais como casal parental e rede-base de continência, gerando condições de desenvolvimento para a criança-filho-paciente, incluindo elementos que caracterizam a função parental de gerar esperança e amor, tolerar angústia depressiva e promover a capacidade de pensar (Meltzer e Harris, 1986). Além disso, dou-me conta que tenho um verdadeiro “álbum de recordações” deste paciente, tal qual os pais tem dos filhos, durante as várias etapas de sua vida. Outra manifestação do investimento desejante? Interessante pensar que não se trata de um paciente que se mostrou inicialmente particularmente cativante. Pelo contrário, inicialmente Flávio evocava na equipe e nas crianças da Pré-escola Terapêutica em que o conheci pessoalmente, aos 6 anos, uma reação de irritação e cansaço frente a seus movimentos agitados e constantes solicitações verbais e insistentes perguntas, em que importava muito mais a repetição ecolálica do que a eventual resposta. Percebo também com a ajuda das discussões clínicas sobre este paciente, que 2 ................., que realizou inicialmente uma intervenção terapêutica conjunta pais-criança, prosseguindo com a criança em análise individual.

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hesito em registrar que o tempo passa para Flávio Palmeira e para nós, e que ele já tem 14 anos, apesar de dizer que tem 11. Combinar a dedicação de uma relação de analista/ mãe de uma mente-bebê com uma relação do tipo analista/mãe de aspectos que estão tendo que “adolescer” no contato com o mundo externo, tem sido um constante desafio. Passamos também por fases em que o registro de nosso contato analítico era tão fragmentado, que eu dificilmente conseguia escrever uma sessão, pois não localizava fios de reconstrução da experiência e de suas manifestações esparsas e caóticas, com intensas manifestações motoras e sonoras que não pareciam ter nenhum encadeamento como representação em minha mente, mesmo mantendo ativo meu radar contratransferencial. Voltando às imagens evocadas por Flávio com a canção de Chico, o contato com esta criança vem, portanto, me intrigando quanto à coexistência destas trilhas entrelaçadas, de mudança psíquica possível ramificando-se em constante expansão, e de núcleos autísticos arraigados que parecem se “reformar”, se adaptar às mudanças, “incorporá-las”, mas manter-se como um refúgio ( talvez cada vez mais encapsulado – para o benefício do paciente quem sabe???) que talvez também evolua com as novas aquisições de habilidades sociais, desenvolvimento da linguagem formal e possibilidade de decodificação dos afetos. Pergunto-me: quando percebemos mudanças significativas nestes nossos pacientes, estariam ocorrendo mudanças estruturais destes núcleos autísticos ou redução da preponderância destes aspectos frente a um maior desenvolvimento de aspectos de conexão? Poderíamos dizer que o trabalho analítico se dá nesta fronteira, expandindo, amplificando sutis áreas de transformação, buscando captar o interesse de nossos pacientes pela vivência de tais possibilidades, como alternativas possíveis a núcleos autísticos ora dominantes do espaço psíquico? Revisitando os constituintes da função analítica continente: aspectos do investimento desejante? No texto “Construções iniciais da capacidade simbólica: contribuições a partir da clínica dos transtornos autísticos infantis” busco o intento de detalhar os aspectos constitutivos dos processos de continência em atividade na clínica, e possíveis aspectos técnicos – os tais dispositivos clínicos de acesso, aspectos presentes no repertório relacional pais bebê, amplificados na relação analítica (discutidos principalmente a partir da experiência de contato com as idéias de Susan Reid, Anne Alvarez, do Workshop de Autismo e da tradição Tavistock de inter-relação com a Observação Psicanalítica das relações iniciais e com as novas investigações em Psicologia do Desenvolvimento). Retomando-os resumidamente, destaco como constituintes da função analítica de continência a estados primitivos de mente os aspectos de: a) atenção aos mínimos sinais e tentativas de comunicação expressos pela criança (estado de mente disponível a receber e registrar incipientes manifestações e observar impactos emocionais)

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b) amplificação dos sinais e tentativas de comunicação (fornecimento de continuidade através da observação, manifestações de surpresa e dúvida, nomeação, investigação e agregação de estados emocionais rudimentares às manifestações automáticas) c) favorecimento de um senso de agência (ampliação da experiência da criança de evocar algo em alguém, de ter suas manifestações recebidas e pensadas por alguém) d) atitude de relação com uma mente que virá a ser (suposição de um já sujeito onde ele está ainda sendo construído, tal com a mãe faz com seu bebê, num delicado jogo de investigação e atribuição de possíveis intencionalidades; o nosso falar pelo paciente, dando voz e representação a possíveis estados em construção) e) favorecimento do desenvolvimento de um senso de espaço mental interno (o nosso muitas vezes intuitivo “pensar alto”, como se estivéssemos dialogando com um interlocutor interno, demonstrando à criança que há um espaço/mente em que conteúdos como sensações, percepções, mesmo que em estado fragmentado, podem ser registrados, processados ou talvez adquirir algum valor compartilhado) f) integração de diferentes níveis e registros de experiência (associação entre elementos pré-verbais e verbais, entre descarga e transformação simbólica pela linguagem, entre a experiência sensorial através de um sentido dominante e a integração de várias modalidades sensoriais, entre a experiência concreta e a transformação através da continência emocional) g) regulação de distâncias (oferecimento de espaço para que os ritmos da criança se desenvolvam sem sobrecarga ou invasão de necessidades projeções e expectativas narcísicas do adulto, sendo, porém, como sugerem Alvarez e Reid, gentilmente ativo sem ser intrusivo, captando o interesse do paciente, em qualquer lugar que ele esteja). Acredito que estes aspectos caracterizam também a maneira como o investimento desejante do analista se orienta em relação ao paciente, assim como a figura materna subjetiva o bebê desde os primórdios de seu desenvolvimento.

Ilustração Clínica: Um dia na vida analítica de Flávio Palmeira - aproximações e afastamentos Apresento agora uma vinheta do trabalho clínico com Flávio, na tentativa de ilustrar algumas nuances e impasses relacionados às questões anteriormente levantadas. Espera-se que os aspectos constitutivos da função analítica no contato com estados primitivos, mencionados acima, também encontrem na narrativa clínica uma via mais viva de presentificação. Assim que entra na sala, certeira e rapidamente Flávio toca o interruptor ao lado da porta para acender a luz, estendendo a mão para o lado, quase sem olhar. É a primeira vez que faz isso e me surpreendo com a sua rapidez e precisão, parece que

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algo do ambiente imediatamente o mobilizou (alguma característica sensorial de diferença de luminosidade?), antes mesmo de estarmos nele. Imediatamente, se dirige para o armário de panelinhas, abre e pega algumas, manipulando-as de forma aparentemente automática (não olha muito para elas, parece uma atividade estimulatória tanto pelo aspecto motor quanto pelo sonoro – os movimentos e barulhos das panelinhas se chocando parecem ser um atrativo). Vou falando, anunciando o que vou fazendo (a la mãe-bebê). Comento que vou pegar sua caixa de brinquedos e a coloco na mesa. Digo que vou abrir as cortinas (que são leves) para termos mais luz. Flávio presta atenção e fixa o olhar por mais tempo em meus movimentos enquanto abro as cortinas, parece notar que algo mudou. Olha de longe, mas bem nos olhos quando comento que ele logo acendeu a luz quando chegou e agora abrimos a cortina, estamos com nossa sala bem iluminada. Flávio responde com um “É” baixinho, reflexivo(?), que me faz pensar naquele tipo de intrigante contato em duas vias em que às vezes nos vemos envolvidos. (A voz baixa, meio enrustida, que parece quase sair sem querer, responde ao diálogo, enquanto olhos desviam ou uma voz alta gritada entoa ecolalias). Aproximo-me de Flávio, que está de pé e com uma manutenção de olhar mais constante que de costume. Comento algo sobre a gente estar hoje conversando com o olhar, “eu olho para você, você olha para mim, eu olho de volta...” (atenção e amplificação dos mínimos sinais de contato e comunicação). Flávio sorri olhando bem nos olhos. Comento sobre ele sorrir, parecer contente... Como ele se sente? (pergunto) Flávio: (diz rápida e de certa forma automaticamente) “Feliz!” Na tentativa de promover a possibilidade de um contato menos automático, conectando, aos poucos, estados internos com nomeações e manifestações aos outros (integração de diferentes registros da experiência), comento de uma forma pausada, que vai aos poucos se tornando rítmica: “Quando a gente se sente feliz, contente a gente sorri, a gente ri. É bom estar aqui junto, é bom conversar, o meu olhar vai pra você, o seu olhar pra mim, o seu sorriso vem pra mim, o meu sorriso vai pra você...” Acompanhando o ritmo desta fala, começamos a juntar um movimento corporal de vai e vem, ilustrando com as mãos esse vai pra lá e pra cá (tipo/ritmo de brincadeira infantil de serra-serra serrador, o que alude à tentativa de integração de vários níveis e registros da experiência, o motor, o verbal, o emocional, o lúdico e o relacional). Flávio responde com entonação de sorrisos acompanhando o movimento, às vezes se deixando levar por minhas mãos, às vezes sendo ele próprio o ativador da brincadeira, puxando com suas mãos o vai e vem. Acompanho com falas rítmicas de “vai e vem... prá você e prá mim...” Vamos nos movimentando pela sala e Flávio comenta algo sobre dança, digo que parece mesmo que a gente está dançando, brincando junto, quando a gente dança a gente fica bem perto e se diverte junto. Paramos perto das cadeiras, Flávio se senta (inédito). Sento-me na cadeira ao seu lado. Continua a manter bastante contato visual e digo que Flávio está muito inte-

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ressado em conversar com o olhar (verbalizo algumas de suas possíveis falas, numa atitude de relação com uma suposta-mente que virá a ser: “Como é que está essa... (nome da analista) hoje? O que se passa com ela? O que se passa comigo? O que a gente pode fazer junto?”)

Ponto de choque De repente, Flávio fala numa voz alta e bem enfática (sugerindo uma ecolalia tardia): “Não quero dormir, quero ficar acordado!” (Repete algumas vezes alto em tom de lamento reclamatório e veemente protesto...) Reproduz um diálogo: “Junior, mas você tem que dormir, é de noite...! Não eu não quero dormir, quero ficar brincando...!” (se agita enquanto repete, cada vez mais alto e insistentemente). Penso, intrigada, no que será que disparou esta mudança de rumo, o que o teria agitado? A manutenção do olhar terá sido demais? Terá a minha atribuição de uma mente pensante com alto grau de interesse e curiosidade se adiantado ao ritmo de Flávio? M: “Às vezes você fica agitado e não dá muito pra descansar, não é?” Flávio faz balanceios batendo as costas na cadeira, agita e enrijece os braços e dedos, às vezes acompanhados com um som contínuo (iiiiiiiih!). Comento que às vezes ele fica agitado aqui, em casa e pede que eu, a mamãe, que a gente possa ajudá-lo a conseguir descansar. Flávio faz um movimento de escrever no ar, como se estivesse empunhando um lápis imaginário que ele maneja muito rápida e agitadamente. M: “Olha! Você está escrevendo alguma coisa! Que será que você está escrevendo? Vamos pegar uma folha?” (levo-lhe uns lápis de sua caixa) Meu interesse e entusiasmo verbalizados enfaticamente funcionam como amplificação e tentativa de subjetivação de seus sinais, como alternativa à repetição automática puramente motora. Flávio pega a folha que lhe entrego e leva para cima de um dos armários da sala. Começa a desenhar bem forte em movimentos rápidos, acalcando bastante com o lápis de cor preto. M: “Você estava falando da sua agitação no escuro da noite... Aqui parece o escurão da noite...” ...(Silêncio, Flávio continua fazendo traços fortes de vai e vem com o lápis preto). M: “O Flávio está aqui no escurão da noite?” (desenho um menino-Flávio) Pergunto como o Flávio está, se está com alguém, se está sozinho, o que está fazendo? F: “Tá sozinho, tá brincando”. M: “Puxa, como será que o Flávio está se sentindo sozinho no escurão da noite?” Com determinação, Flávio pega o lápis azul e desenha com movimentos rápidos as palmeiras (tais figuras são comuns no repertório gráfico e verbal cotidiano de Flá-

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vio, anteriormente com conotação mais ecolálica e repetitiva, como foco de atenção ritualizada de admiração e interesse estereotipado, agora aparecendo de forma menos freqüente e mais diversificada). F: (Diz alto, com entonação ecolálica) “É um palmeira, não precisa ter medo dela, é uma palmeira da ‘articiais!’” (Entendo que ele quer dizer “artificiais”) F: “Essas palmeiras são de brinquedo no Shopping super... (nome da analista).” M: “Dá pra gente conversar, brincar, tentar conhecer melhor este medo, sem ele te assustar de verdade aqui na nossa sala do Shopping super...?” F: “É de brinquedo!”

Ponto de choque Flávio vira a folha para baixo num movimento brusco, se mantendo em volta do armário em barreira de impedimento, com os braços abertos bem tonificados, um pouco de balanceio com os pés, dizendo: F: “Não tem mais palmeira...! Agora mudou a cena! (misturando ansiedade com um pouco de faz de conta)... Agora é o circo...! (desenha no verso do papel de maneira agitada, que parece evacuatória). Acabou a palmeira!” M: “O medo tem que acabar, tem que ir embora? Agora é o circo do movimento?” Flávio protege o espaço com o papel virado como uma fortaleza, cercando-o com seus balanceios e braços rígidos. Parece estar envolvido numa tentativa desesperada de manter um equilíbrio à beira de colapso, uma auto-regulação do que é possível a ele tolerar nesta esfera das trocas de interesse pelo outro e pelos sentimentos de si e do outro. Parece vivenciar em turbulência motora, acionando o circo do movimento, incipientes rudimentos de aspectos que assustam, que talvez possam ser metabolizados, podendo até ser brinquedo, mas que contém o risco de congelar-se em “arti(fi)ciais”. Ao mesmo tempo, parece ser tomado por puro pavor em estado bruto, do qual não pode se aproximar, nem tocar nem olhar, e do qual tem que poupar a si e a mim. M: “Cadê o Flávio? Cadê o medo? Será que dá pra gente junto ir chegando perto deste medo, ir vendo como ele é, conversando sobre ele?” (brinco de ir chegando aos poucos perto do papel, devagarzinho, tentando trazer o Flávio). Flávio me impede com bastante vigor, mantendo a cerca e não deixando que o papel seja virado. (a tônica maior é de ansiedade, mas aparecem uns lampejos de uma atmosfera lúdica que me lembram brincadeiras tipo “achou!”, ou antecipatórias tipo formiguinha que sobe pelo braço e faz coceguinhas). F: “Agora um pano tampou tudo, tamparam as palmeiras lá dentro!” (Faz os traços contínuos por cima do desenho). Flávio faz também uma figura que ele depois diz ser uma pessoa subindo a escada, mas que também é coberta pelo pano que tampa tudo. (Penso no nosso caminho para a sala do consultório).

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F: “As palmeiras foram embora... Agora não é mais o Shopping super..., agora é o Shopping Ibirapuera, agora é o Mac Donald´s”. (agitado, riso meio escancarado tipo alucinado) M: “Agora está difícil poder ficar com o medo, mas a gente pode sempre aqui tentar ficar mais perto do que a gente sente. As palmeiras podem voltar outro dia, quando a gente se encontrar de novo. Sempre que a gente se encontra a gente pode junto ficar mais perto do que a gente está sentindo...” (Após um tempinho, Flávio parece se acalmar um pouco, e a atmosfera de faz de conta parece conseguir alguma preponderância frente à atmosfera de terror). F: “Vamos comigo? (Dando a mão e me puxando para se aproximar do desenho, virando a folha para o lado das palmeiras). É de brinquedo!” M: “É, mas a gente sente o nosso medo de verdade... Mas a gente pode conversar sobre ele, pensar sobre ele, até fazer um faz de conta com ele... chegar perto como a gente está chegando agora, aí ele não assusta tanto a gente...” Pergunto sobre algumas figuras do desenho e escrevo o que Flávio havia dito ou diz sobre elas. Flávio faz um relógio de pingar areia e comento que estamos mesmo perto da hora de irmos embora. *** Flávio cantarola uma melodia que reconheço (e que eu adoro! –“Tanto amar” do Chico Buarque de Holanda), com algumas palavras misturadas e pronunciadas como se fossem uma língua meio estrangeira, meio “português esburacado”, mas em afinação e ritmo comoventes. Penso na dupla Flávio pai e Flávio filho, que se encontram nos momentos de música, o pai gosta, Flávio acompanha e parecem se sintonizar nesta identificação. Lembro também que a música fala de dois olhares –um que fita, outro que evita– o que parece fazer muito sentido para a gente ali. Canto com ele a melodia, colocando a letra em alguns pedaços que lembro, “amo tanto e de tanto amar, acho que ela acredita... tem um olho a… e outro que agita...”, “tem um olho que não está, meus olhares evita”, “e outro me fita”, “é na soma do seu olhar, que eu vou me conhecer inteiro...” Me empolgo: “Amo tanto e de tanto amar, em Manágua temos um chico, já pensamos em nos casar, em Porto Rico” (nesta hora sinto que talvez tenha me entusiasmado um pouco demais...) Flávio, que no início se mostrara curioso, sorrindo, surpreso, aparentemente com eu ter reconhecido a música e cantado com ele, diz, sorrindo agora de forma mais provocativa: Para de me imitar!

Leve ponto de choque Flávio recua um pouco quando eu canto a estrofe do casar. Comento: “Cheguei perto demais, não é, Flávio? Talvez essa seja uma das

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coisas que dá medo e faz você querer se afastar, lá pra ilha, pro circo do movimento, da agitação”. F: Quero ficar no consultório da... (nome da analista), não quero ir lá pro mundo da fantasia. Repete esta fala de maneira lamuriosa, com um leve tom ecolálico, demonstrando dificuldade de suportar a quebra da continuidade, porém sem que seja necessário passar a se agitar e se acalma quando comento que depois de amanhã a gente se encontra de novo pra continuar conversando destas coisas. Comentários: uma tentativa de reflexão sobre os passos do dueto analista-paciente Acompanhando o movimento da sessão observamos ritmos gradativos de aproximação e sintonia, em sutil intercurso (dialógico?), facilitados por recursos de continência, interesse e leitura dos sinais expressos pelo paciente, rompidos por momentos de afastamento. Tais rupturas parecem se manifestar como pontos de corte, ou como chamei aqui, pontos de choque, se enfatizarmos a mutualidade da relação, e as manifestações gestuais e verbais. Assim, surgem sutis curto-circuitos interativos, e mudanças de rotas na atmosfera do contato, marcados por agitação, ansiedade e evitação, com descargas motoras e verbais em alto volume e insistente repetitividade. Nosso choque e diferenças de ritmo dificultando a regulação? Sobrecargas somatopsíquicas e choque de Flávio frente à intensidade de movimento proto-vincular num contexto de precariedade de seu aparato mental para modular tais movimentos? A articulação entre os aspectos neuropsicológicos e emocionais vem sendo cada vez mais alvo de investigação e interesse para os psicanalistas, conforme demonstra Guimarães Filho (2007). Será que poderíamos aqui localizar esta delicada interação? Poderíamos dizer que o choque se dá nos momentos de aproximação excessiva, ou seja, o contato é ao mesmo tempo desejado, mas temido? Nestes momentos fui longe demais? Ou faz parte da função analítica ir flexibilizando estas barreiras e ampliando o espaço de representação para que Flávio possa se aproximar dos medospalmeiras e torná-las algo que se possa “imaginar/brincar” sem que precisem se tornar as rígidas “articiais” palmeiras de brinquedo/medo negado? No momento em que me encanto com a melodia de Flávio, com o meu apaixonamento pela canção e pela percepção da sincronicidade entre nosso momento e a escolha da música, talvez tenha me envolvido mais com minhas próprias representações e satisfações narcísicas do que com os rudimentos de construções de Flávio. Após cantar a estrofe sobre o casamento e filhos, me pego pensando: “Nossa! Acho que exagerei, estamos começando a chegar mais perto e eu já falo em casar e ter filhos!” Apesar desta formulação um tanto conteudística, sinto-me inegavelmente emocionada com a evolução da situação. Percebo-me também mais sintonizada com Flávio quando percebo que ele recua levemente, demonstrando perplexidade e posso lhe dizer que cheguei perto demais, relacionando tal aproximação com seus movimentos de oscilação para o afastamento.

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Por que imagino que aqui tenha se dado um leve choque, diferente dos outros apontados anteriormente? Apesar de minha sensação de interferência ser mais consciente aqui do que nos outros momentos, Flávio pôde manejar a distância possível fisicamente, com o olhar e com toques verbais que me ajudaram a refletir sobre a situação de proximidade e possível tendência a engolfamentos por minha extrema empolgação. Será que o trabalho analítico ao longo da sessão terá facilitado a Flávio não ter que recorrer agora ao circo do movimento e poder regular a distância possível, comunicando suas fronteiras sem se desmantelar e se descompensar? Interessante que dos três momentos de choque, a minha surpresa e inconsciência sobre minhas possíveis ultrapassagens das linhas de proteção coincidiram com as mais “espalhafatosas” e desintegradas reações do paciente, enquanto que quando houve algum senso de ultrapassagem de minha parte, houve também por parte do paciente, uma melhor condição de manejo. A intensidade da ultrapassagem em si parece não ter sido o fator principal, ou pelo menos a intensidade da intrusão não pode ser determinada por nossas referências. (Me senti, por exemplo, muito mais invasiva e inundando a relação com aspectos muito próprios na terceira situação do que nas outras precedentes). Ao mesmo tempo, me senti muito mobilizada emocionalmente por algo evocado em nosso contato ali, e penso que algo desta atmosfera pode ter sido comunicado, não como invasão, mas como sintonia afetiva e proximidade emocional, que nos permite até perceber as nuances dos próprios movimentos.

Conclusão Antenas parabólicas em contradança No momento de elaboração e próxima da conclusão deste artigo, sonho com duas antenas parabólicas de consideráveis dimensões, em posição “conversadora”, uma de frente para a outra, como um face-a-face. Essa cena me aparece como um “flash”, ao acordar, como resquício de um contexto de sonho maior, que embora existente em sensação, me permanece inconsciente (como muitas vezes nos é comum em lembranças de sonhos). Em vez de material sintético ou metálico, “articial” como diria Flávio Palmeira, as antenas mostram uma trama tecida em fibra natural, com alguns pontos de esgarçamento, em que levemente se transforma a coloração, e a textura parece mais desgastada. Este detalhe lembra um aspecto de gaze, após permanecer um tempo como curativo, um pouco desfiada e com leve tintagem de sangue e fluídos corporais do tipo água e pus. Alfabetizados por esta imagem onírica, que parece corresponder à formulação teórica de analistas contemporâneos da contratransferência, aqui já mencionada como radar no contato com nossos pacientes, poderíamos dizer que nosso radar-antena parabólica “conversa” com o radar-antena parabólica dos pacientes. Tal contradança de olhares e sinais, às vezes dueto, às vezes balé esquisito e dança rústica, inclui nossas texturas naturais e sensíveis aos estados de sofrimento em nós e no outro, acompanhando o processo interno de intensa luta travada entre nossos recursos/anticorpos de

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proteção e as ameaças de desagregação, combinada com a possibilidade de experiência, mesmo que rudimentar, de contato com o emocional e a dor psíquica. Como ilustração metafórica, a definição de contradança é interessante, enfatizando a idéia de pares que se colocam frente a frente a executar uma série de movimentos contrários e complementares. Neste contexto e levando em conta a ilustração clínica de Flávio Palmeira, poderíamos dizer que a percepção do analista acerca de seus estados internos, constituise no fator diferencial para promover maior capacidade e espaço para o paciente poder lidar com seus aspectos desintegrados sem precisar expulsá-los ou evacuá-los. Assim, os recursos contratransferenciais do analista firmam-se como os instrumentos mais preciosos para fortalecer a construção de rudimentos de simbolização nos estados primitivos de mente a nível processual ao longo da análise. Entretanto, nestes casos, vemos também como a cada micro-situação tal expansão se faz ou não possível, não se instalando logo como um aprendizado garantido, mas dependendo sempre de um novo re-investimento do analista em seus estados mentais, nos estados do outro e nos movimentos emocionais da dupla, para que possa ir se tornando pouco a pouco mais consistente, ou para que possa se configurar como via alternativa. Parece que, seja qual for nosso próprio movimento, mesmo que sentido como “tendo ido longe demais”, com pernas enroscadas num balé esquisito, temos nossa função analítica maximizada quando podemos continuar ressonantes ao impacto emocional deste movimento em nós mesmos e no outro com o qual estamos trabalhando. Neste aspecto, como nos versos de Chico a que alude Flávio, é na soma dos olhares do outro que o conhecimento de si vai se dar (“É na soma do seu olhar, que eu vou me conhecer inteiro, se eu nasci prá enfrentar o mar, ou faroleiro”). Tal como a mãe e seu bebê e tal como antenas parabólicas naturalmente sensíveis face a face “em conversação”, o paciente se vê no olhar do analista e nós também nos vemos analistas no olhar do paciente. É inerente à nossa função sustentar esses olhares, no sentido de podermos manter em mente, como expressão do investimento subjetivante, o olhar para o nosso interno, para o interno do outro e para os movimentos da dupla nesta dança e contradança.

Resumen Partiendo de reflexiones acerca de estados primitivos de la mente y de desarrollos clínicos en la técnica psicoanalítica con transtornos autísticos infantiles, este artículo discute la cuestión de la convocatoria del paciente por el analista, nuestro deseo por contacto, e impases y matices que emergen en nuestra práctica. A partir de la descripción detallada de una sesión de trabajo analítico, se resalta la importancia de nuestros sensores contratransferenciales internos para acompañar tanto el movimiento de los pacientes como los nuestros, en oscilaciones de aproximación y alejamientos. Una canción conducida en sesión por el paciente y un sueño del analista participan de la interlocución.

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Descriptores: Psicoanálisis de niños – Barreras autistas – Deseo del analista – Contratransferencia – Interacción comunicativa.

Resumo Partindo de reflexões acerca de estados primitivos da mente e de desenvolvimentos clínicos na técnica psicanalítica com transtornos autísticos infantis, este artigo discute a questão do investimento do analista no contato com o paciente, seu desejo impulsionante, e impasses e nuances que emergem em nossa prática. Utilizando-se do acompanhamento detalhado de uma sessão de trabalho analítico com um garoto autista, ressalta-se a importância de nossos sensores contratransferenciais internos para acompanhar tanto o movimento dos pacientes quanto as nossos próprios, em oscilações de aproximação e afastamentos. Uma canção trazida em sessão pelo paciente e um sonho da analista participam da interlocução. Palavras chave: Psicanálise de crianças – Transtornos autísticos – Investimento desejante do analista – Contratransferência – Interação comunicativa.

Summary Considering reflections regarding primitive states of mind and clinical developments within psychoanalytic technique with children within the autistic spectrum, this paper discusses the issue of the reclaiming function of the analyst, his investment in the contact with his patient, the impasses and nuances emerging in our practice. Making use of a detailed report of an analytic session with an autistic boy, the relevance of our countertransference is emphasized, to contain the patient’s movements and our own, oscillating between closeness and withdrawal. A song brought by the patient during the session and a dream the analyst had during the process of writing this paper take part in the dialogue. Key words: Child Analysis – Autistic spectrum – Reclaiming function – Countertransference – Communicative interaction.

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Anexo 1: Desenhos Frente: Flávio sozinho na escuridão da noite Palmeiras articiais, de brinquedo no Shopping super... Verso: Um circo, o circo do movimento O pano tampou tudo, tamparam as palmeiras lá dentro Relógio de pingar areia

Anexo 2: Tanto amar Amo tanto e de tanto amar acho que ela é bonita, tem um olho sempre a boiar e outro que agita. Tem um olho que não está meus olhares evita e outro olho a me arregalar sua pepita. A metade do seu olhar tá chamando prá luta aflita e a metade quer madrugar na bodeguita. Se os seus olhos eu vou cantar, um seu olho me atura, e o outro olho vai desmanchar toda a pintura. Ela pode rodopiar, e mudar de figura, a paloma do seu mirar vira miúra.

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É na soma do seu olhar, que eu vou me conhecer inteiro, se nasci pra enfrentar o mar ou faroleiro. Amo tanto e de tanto amar, acho que ela acredita, tem um olho a pestanejar, e outro me fita. Suas pernas vão me enroscar, num balé esquisito, seus dois olhos vão se encontrar, no infinito. Amo tanto e de tanto amar, em Manágua temos um chico, já pensamos em nos casar, em Porto Rico. (Chico Buarque de Holanda, 1981, lembrado por Flávio Palmeira, 2007)

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Comentario

Nora Woscoboinik de Scheimberg

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“La investidura deseante del analista frente a movimientos de alejamiento y aproximación en el trabajo con los trastornos autísticos: impasses y matices” En este artículo, la autora reflexiona de manera profunda, con gran sentido clínico y extrema sensibilidad, sobre el rol del analista en el trabajo con niños autistas. Si bien contiene el relato de una sesión personal con un niño de 14 años, pone de relieve la importancia fundamental del trabajo terapéutico inicial, realizado con el niño y sus padres, que fue encarado lo más precozmente posible (en este caso a los 3 años). Hoy es indiscutible que las intervenciones en el vínculo temprano del bebé con su entorno primario son esenciales para el futuro de estos niños en el proceso de subjetivación. En este sentido, pensamos con Marie-Christine Laznik,2 que el trabajo del analista con niños autistas se efectúa en sentido inverso que la cura analítica clásica: el objetivo del analista no es interpretar los fantasmas de un sujeto del inconsciente ya constituido sino de permitir a un tal sujeto de advenir. El analista se hace “intérprete”, en el sentido de traductor de una lengua extranjera, tanto del niño como de sus padres. Muchas son las veces en que las conductas estereotipadas y las reacciones paradojales de estos niños desorganizan a los padres. Ese primer trabajo de traductor va a permitir al padre y/o a la madre poder mirar al niño de otra manera; poder recuperar la ilusión anticipatoria descripta por Winnicott: poder escuchar una significación allí donde sólo hay una masa sonora. Un analista accede a escuchar las producciones sonoras de un niño autista incluso cuando no tienen una función de comunicación. El bebé también está en una situación fundamentalmente asimétrica con el Otro (ocupado por la madre), Otro gracias al cual deviene sujeto. Cuando un analista decide tratar a un niño autista, su apuesta fuerte es que toda producción del niño, ya sea gráfica, verbal o gestual posee un valor significante y se constituye en destinatario de lo que él va a considerar como un mensa1 2

Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Paris. Laznik, M. C. Vers la Parole. Trois enfants autistes en psychanalyse, Ed. Denoel, Paris, 1995.

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Nora Woscoboinik de Scheimberg

je. Gracias a lo cual el niño va a poder reconocerse “a posteriori” como emisor de ese mensaje. Bien lo dice la autora de este artículo, el analista, estando atento a las señales y tentativas de comunicación expresados por el niño, anticipa al sujeto. Al interpretar toda producción como un acto del niño para tratar de advenir a un orden simbólico que lo preexiste, lo está pensando precisamente como sujeto. De la misma manera que el grito del bebé debe ser traducido en el tesoro significante del Otro materno para poder devenir demanda. Como segundo constituyente de la función analítica continente la autora nos habla de la “amplificación de las señales y tentativas de comunicación” y da como ejemplo, las manifestaciones de “sorpresa”. Estas manifestaciones nos parecen relacionarse con lo que Freud describe en “El chiste y su relación con lo inconsciente”.3 El analista, expresa también Laznik, puede ocupar el lugar que Freud describe como la “dritten Person”, la tercera persona. Esta última, escuchando una “formación defectuosa como algo ininteligible, incomprensible, enigmática”, lejos de rechazarlo como no perteneciente al código, luego de un tiempo de estupefacción se deja llevar por la sorpresa y reconoce allí un chiste. Estupefacción y sorpresa son los términos utilizados por Freud cuando cita el famoso “familionario”. Frente al neologismo, el otro puede rechazarlo, “eso no quiere decir nada” (suele ser muchas veces el discurso de los padres de niños con trastornos autistas frente a sus emisiones sonoras), o puede poner en juego a una tercera persona en la constitución de un lapsus o de un chiste. Es la persona que se deja “sorprender”. Lacan4 señala que en ese caso el otro se deja desbordar: el enunciado desborda al código y al sujeto. Esa estupefacción así provocada es el testimonio de un vacío interno, de una falta, de una incompletud en ese otro. La “sorpresa” descripta por Freud sería el placer pulsional de la tercera persona, placer comunicado por la sonrisa y por el deseo de comunicar a otros lo que se acaba de escuchar. Lo mismo sucede con los enunciados de los niños autistas. Al principio es un enunciado que lo atravesó y que sale de él sin tener destinatario. Pero si el analista se deja sorprender y lo devuelve como teniendo una significación, como siendo mensaje, algo puede inscribirse en el niño. A posteriori el niño podrá identificarse con y como la fuente de ese placer sentido por el Otro. Esto ubica al analista, muy bien lo destaca la autora, en un lugar donde se piensan las producciones lingüísticas del niño como significantes y portadoras de lo que se esboza en ellos como formación del inconsciente. Así, en el caso clínico relatado, la autora-analista nos muestra cómo en cada momento de la sesión, otorga a cada gesto, cada movimiento y cada palabra de Flavio una significación, ubicándose como la destinataria de los mismos. Este caso revela también con gran claridad cómo desde el inicio de la sesión se desarrolla un proceso con un hilo conductor: ver-no ver, el día-la noche, acercamien3 4

Freud, S. Le mot d’esprit et sa relation à l’inconscient. G. W. vol VI, 9, Ed. Gallimard, Paris, 1988. Lacan, L. Les Formations de l’Inconscient. 1957, Ed. Seuil, Paris.

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Comentario sobre el trabajo: “La investidura deseante del analista frente a movimientos de alejamiento...”

to-alejamiento. Flavio comienza la sesión con un gesto que nunca había realizado antes: toca el interruptor de la luz (ver-no ver; un ojo que mira y el otro que evita). Esto sorprende a su analista que abre las cortinas para “tener más luz”. Y Flavio se siente “feliz”. Nos preguntamos: ¿habrá sentido el efecto “sorpresa” que produjo en su analista con su gesto y el diálogo sostenido ojo a ojo? Se crea entonces un clima de acercamiento entre paciente y analista que desemboca en un “punto de choque” o impasse. Justamente, Flavio reproduce un diálogo en el que no quiere dormir, no quiere que sea de noche. Luego de otra manifestación de sorpresa de su analista, Flavio puede “representar” en una hoja, la oscuridad de la noche. Pero está “solo”, expresando así quizás su gran desamparo frente al acercamiento de su analista. Y nuevamente un impasse se produce. Flavio parece aterrorizado frente a su analista que le propone hablar de sus miedos. Y al final de la sesión, luego de otro momento de emoción y sorpresa de su analista (con la canción de Chico Buarque), Flavio vuelve a repetir su deseo de quedarse despierto, de no soñar, de no “ir al mundo de la fantasía”. La autora se pregunta si esos “puntos de choque” están relacionados con momentos de aproximación excesiva, momentos de “apasionamiento”. Esto nos recuerda lo que Horacio Etchegoyen escribió (1991): 5 “En el impasse está siempre involucrado el eje transferencia-contratransferencia. No se puede hablar de un impasse del paciente o del analista, ambos están involucrados, es de los dos”. El sueño que nos cuenta la autora va también en este sentido…. Para terminar, la autora muestra cómo la clínica con bebés nos enseña sobre el trabajo con estos niños: el bebé se mira en la mirada de su madre, la madre se mira en la mirada de su bebé; de la misma manera, el paciente se mira en la mirada de su analista y el analista en la mirada de su paciente. Winnicott, luego de la publicación del “Estadio del Espejo” de Lacan, escribió un capítulo titulado “El rol de espejo de la madre en el desarrollo del niño”.6 Allí postula que es en la mirada que la madre dirige a su bebé donde se va formando su imagen con la cual podrá identificarse. Si preguntáramos “El bebé, cuando mira a su madre: ¿qué ve?”, contestaría: “A sí mismo”. Y, en este hermosísimo texto, Winnicott desgranará todos los avatares que esa mirada le puede proponer al bebé y de qué modo éste reaccionará. Pensamos que de esta mirada fundadora de la madre, en la que el bebé puede mirarse como “Su Majestad el bebé”, dependerá algunos meses más tarde el destino del estadio del espejo, que el niño pueda percibir anticipadamente su propia imagen en el espejo y empezar a decirse: “ése que está ahí soy yo”. Es importante subrayar que muchas veces esta capacidad materna, esta preocupación materna primaria, parece opacarse o perderse. Lo que puede ser causa o consecuencia de los trastornos del niño ya que un bebé que no llama, que no contesta, que no mira puede desorganizar completamente a su madre, instalándose así un círculo que hay que romper. 5 6

Etchegoyen, H. Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. 2da edición, Amorrortu, 1991, Argentina. Winnicott, D. W. Juego y Realidad. Paris, Gallimard, 1990.

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Nora Woscoboinik de Scheimberg

En nuestra clínica con bebés y con niños hemos comprobado que gracias al trabajo terapéutico con la madre y el niño, se ha podido reestablecer en ella su capacidad de ilusión anticipatoria y de reverie. Asimismo, el analista debe, en un momento de la cura, poder ocupar el lugar de ese Otro capaz de ilusión y por ende soportar la falta, la pérdida del objeto, en otras palabras la imagen de una incompletud radical. La constitución de un no-yo es la experiencia mutiladora, desgarrante, el daño imaginario por excelencia de todo niño. El analista debe poder ofrecer al niño la experiencia del pasaje de la frustración, vivida como mutiladora, a un segundo registro donde el objeto de la frustración devino objeto simbólico, marca de amor: “Amo y de tanto amar...” Es indudable, bien lo dice este artículo, que el trabajo del analista desde la perspectiva de la contratransferencia es esencial e indispensable para poder ocupar (soportar) los lugares a los que el trabajo con niños con trastornos del espectro autista nos convocan. En este sentido, habiendo realizado la formación de la observación psicoanalítica de bebés según el método de Esther Bick puedo decir, una vez más, que los bebés son nuestros maestros. Para concluir, nos parece importante subrayar que la cura de niños con trastornos autistas permite lugares de encuentro y experiencias que podemos compartir a pesar (o gracias) a nuestras diferentes referencias teórico-clínicas psicoanalíticas. Descriptores: Clínica precoz – Trastornos autistas – Estadio del espejo – Advenimiento del sujeto.

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Concurso

Roosevelt M. S. Cassorla

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O ANALISTA, SEU PACIENTE E A PSICANÁLISE CONTEMPORÂNEA: CONSIDERAÇÕES SOBRE INDUÇÃO MÚTUA, ENACTMENT E “NÃO-SONHO-A-DOIS” 2 A ênfase na intersubjetividade em psicanálise, naquilo que ocorre entre paciente e analista, é bem presente na psicanálise contemporânea. O objetivo deste trabalho é aprofundar a discussão, iniciada em estudos anteriores, sobre indução mútua entre os membros da dupla analítica (Cassorla, 2000, 2003a, 2003b, 2004, 2005a, 2005b, 2007, 2008). Em particular abordaremos idéias sobre enactment,3 “não-sonho-adois” e a pessoa “real” do analista. A abordagem intersubjetiva inicia-se pioneiramente na América Latina, nos países do Rio da Prata. Racker (1948,1953) na Argentina (concomitantemente a Heimann, 1950, na Inglaterra) mostra como a contratransferência pode tornar-se valioso intrumento de investigação. Essa idéia, não sem resistências, fertiliza novas vertentes e atualmente considera-se a contratransferência como terreno comum a diferentes concepções teóricas (Gabbard, 1995). Essas concepções enfatizam a “psicologia de duas pessoas” (Balint, 1979), “coisa de dois” (Grinberg, 1996), em oposição à “psicanálise clássica” que buscaria o intrapsíquico de “uma pessoa”. Na verdade essa diferença é fluida, já que a análise clássica considera a outra pessoa e a posição intersubjetiva extremada poderia não diferenciá-la. Atualmente as duas abordagens tendem a aproximar-se (Dunn, 1995) valorizando-se a influência mútua na investigação do intrapsíquico. O reconhecimento do conceito kleiniano “identificação projetiva” por analistas independentes e da psicologia do ego ampliou o interesse pelo estudo da intersubjetividade. Money-Kyrle (1955) utiliza esse conceito quando descreve a contratransferência normal, fruto da oscilação adequada, no analista, entre identificações projetivas e introjetivas. Na Argentina, nesse momento, Pichon-Rivière (1980) caminhava na mesma 1

Membro Efetivo e Didata – Sociedade Brasileira de Psicanálise de São Paulo. Endereço: R. Alferes Domingos 9/

111. 13015-031 Campinas-SP-Brasil. E-mail: rcassorla@sbpsp.org.br 2 Trabalho selecionado pelo Concurso “Nuevas Direcciones en el Psicoanálises en América Latina- desarrollos téoricos, clínicos y técnicos” da Revista Latinoamericana de Psicoanálisis. 3 Tradução descritiva de enactment seria “colocação em cena patológica da dupla”. Em espanhol tem-se usado “puesta en escena”.

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direção. Esses autores antecipam Rosenfeld (1965) e Bion (1962b), que nomeará como identificação projetiva “realística” ou normal àquela que serve à comunicação e reconhecimento de objetos. Grinberg (1957) mostra, através do conceito “contraidentificação projetiva”, como projeções do paciente podem atingir o analista, provocando-lhe algo real, para além de seus próprios conflitos. O estudo da indução mútua se impõe. Logo se percebe que o analista pode aproveitar o fato para captar aspectos expelidos do paciente (Grinberg, 1982). Por esse época Liberman (1962) inicia descrição de estilos narrativos e sua influência no trabalho da dupla. Joseph (1989) irá descrevendo, minuciosamente, como o paciente pode “recrutar” o analista para determinados papéis no sentido de manter o status-quo, o equilíbrio psíquico. Bion (1962b), sem conhecer os trabalhos de Grinberg, descreve a “tela-beta”, constituída de elementos que são expelidos através da identificação projetiva. Ela tem a capacidade de despertar emoções no analista, promovendo a reação que inconscientemente o paciente deseja. O modelo continente/contido permite compreender disfunções na relação dual. Nesse momento surge a clássica descrição do “campo” analítico (Baranger 196162) onde nenhum membro da dupla analítica é inteligível sem referência ao outro. Ambos, por sua vez, mascaram estruturas multipessoais. O campo se constitui no conjunto de estruturas espaciais e temporais incluindo a “fantasia inconsciente da dupla” –algo que se cria entre ambos e é radicalmente diferente do que são separadamente. Tudo o que ocorre no campo, por ocorrer em novo contexto, não será mera repetição. Os Baranger descrevem o “baluarte”, termo militar que indica obstáculo frente à progressão do processo analítico. O encontro com baluartes remete a paralisias no campo, sensação que nada ocorre, relatos estereotipados. O baluarte é um “precipitado” de campo que somente pode ocorrer entre esse analista e esse analisando e “implica zonas importantes da história pessoal de ambos...., e que atribui a cada um, um rol imaginário estereotipado” (p.116). O baluarte pode parecer um corpo estranho estático, enquanto o processo analítico aparentemente segue seu curso, ou invade todo o campo, que se torna patológico. Nessas idéias estão contidas as sementes dos trabalhos atuais sobre intersubjetividade (Ogden, 1994; Ferro, 1992,1996) e a importância da pessoa “real” do analista. A ruptura do baluarte provoca a destruição do status quo, permitindo ressignificação das partes cindidas, que voltam a fazer parte do mundo emocional. É interessante verificar a similaridade entre essas descrições e o que veremos adiante como enactment.

Enactment Nos anos ‘90 o termo enactment inicialmente utilizado por analistas estadunidenses é aceito do outro lado do Atlântico. Trata-se de conluios, colusões da dupla analítica fruto de indução mútua. Esses fatos já vinham sendo reconhecidos nas

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décadas anteriores mas sua nomeação chama a atenção sobre eles. Concomitantemente, a influência da pessoa real do analista é mais valorizada. Controvérsias sobre o novo termo são amplamente discutidas num simpósio publicado em 1998 (Ellman & Moskovitz, 1998).4 O primeiro trabalho latino-americano sobre o tema foi apresentado em Santiago, no Congresso Internacional de Psicanálise (1999) e publicado no Uruguai (Cassorla, 2000).5 O enactment se manifesta por comportamentos ou ações que envolvem ambos membros da dupla, formando uma colusão obstrutiva, sem que eles tenham consciência do fato. O processo analítico fica paralisado na área em que ocorre. O enactment somente será conhecido a posteriori, porque ele é identificado no momento em que se desfaz e ele se desfaz no momento em que é identificado. Adiante discutiremos essa concomitância. A etimologia da palavra (McLaughlin, 1991) indica fatos com forte poder de influenciar, com força de lei. O enactment se aproxima das idéias de baluartes, relações continente/contido estéreis, recrutamentos mútuos efetivos. Ele é fruto da impossibilidade de externalizar situações através da simbolização verbal, já que ela se encontra prejudicada. Um exemplo é da analista principiante que solicita um horário de supervisão urgente. Chega transtornada. Afirma que passara a noite anterior em claro pensando se realmente queria ser psicanalista, foi ‘uma loucura’. Nunca supervisionara esta paciente porque ia ‘bem’ ainda que fosse ‘psicótica’. A paciente abortou há 3 meses e agora imagina que está grávida. Ontem, durante a sessão, a paciente afirmara, em tom misterioso, que a analista iria perder seu bebê. A analista, que não está grávida, vivenciou essa fala como extremamente ameaçadora, um calafrio ‘em sua alma’, ainda que soubesse que lidava com aspectos psicóticos. Hoje à tarde resolveu dormir antes de atender a paciente, ‘para recuperar o sono’ e não acordou em tempo perdendo o horário. Sentiu-se muito culpada e solicitou ansiosamente a supervisão. À medida que o relato avançava o supervisor identificou, com facilidade, um conluio em que aspectos aterrorizantes da paciente vinham atingindo a analista há algum tempo mas esta não o percebia. Agora ela toma consciência do conluio quase sem necessidade do supervisor mostrá-lo. Nesse momento, sem graça, lembra que antes de atender a paciente se percebera menstruada indicando que não havia engravidado, fato que perseguia há três meses. Ficara decepcionada. Agora a analista sabe que vivenciara um ‘abortamento’ e que desejos e terrores próprios se mesclavam, imperceptívelmente, com os da paciente. A perda da sessão por parte da analista é considerado, para a maioria dos autores, fruto de enactment. Aspectos da paciente, através da massividade de identificações projetivas eliciaram aspectos próprios da analista. Não é impossível que 4 Dele participam os principais estudiosos do tema tais como Chused, McLaughlin, Jacobs, Boesky, Renik, Sandler.etc. 5 Os autores latinoamericanos que usaram o termo enactment como descritor são: Barros & Barros, Barugel & Mantikow de Sola, Bush de Ahumada, Carneiro, Cassorla, Castro, D’Abreu, Figueiredo, Galvez, Gus, Jabur, Leon de Bernardi, Maldonado, Marucco, Nepomuceno, Ribeiro et al, Rocha, Rouco, Sanchez Grillo, Tutté & Wieliwis (Base de dados Psique – www.sbpsp.org.br)

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a paciente houvesse intuído áreas vulneráveis da profissional. E, que esta houvesse, inconscientemente, mobilizado aspectos da paciente, constituindo-se um processo circular de indução mútua. Interessante é o fato desse conluio sadomasoquista não ter sido identificado antes. Na verdade a analista sabia dos ataques que a paciente lhe fazia mas imaginava que lidava corretamente com eles, sem sentir-se atingida. A sensação de estar trabalhando “bem” encobria o conluio.6 Penso que esse conluio anterior também faz parte do enactment. Será adjetivado como “enactment crônico”. A perda da sessão faz parte do “enactment agudo”. Compreenderemos melhor a relação entre os dois se considerarmos que duran“te o enactment crônico” são vividas ou revividas situações terroríficas, interação de aspectos de ambos membros da dupla, impossibilitadas de acesso à rede simbólica. Não só não se tem consciência do que ocorre como uma das funções do enactment é justamente essa: impedir o pensamento e a emergência do sofrimento que causaria o contato com a realidade. A analista perde a sessão assustada com o esboço de contato com seus conflitos, assemelhados aos da paciente. A percepção de ansiedade, antes tamponada, revela entrada em terreno perigoso. Isto é, ocorre uma agudização do conluio anterior que, por sua intensidade incomoda a analista e a estimula a pensar e/ou buscar ajuda para tal. Em referencial bioniano (Bion, 1962a) elementos não pensáveis (antes sequer percebidos) se manifestam buscando urgentemente um pensador que os pense –o analista. Mas, essa manifestação já indica esboço de pensamento, como veremos adiante. Identificam-se variados graus de severidade nos enactments. No extremo benigno teríamos atualizações (Sandler, 1976), gratificação de desejos transferenciais em relação ao analista. No mais maligno o processo analítico pode deixar de o ser. Na situação descrita, a analista aterrorizada poderia abandonar a paciente, por ex. A diferença entre enactment e acting-out é que neste o analista não se inclui e apenas observa as descargas do paciente. No enactment o analista é levado pela relação em vez de acompanhá-la (Bateman, 1998). Penso que no enactment sempre está envolvido algum aspecto do analista que o torna mais vulnerável à indução pelo paciente. Este, por sua vez, sofre indução do analista e comumente não se sabe quem iniciou o enactment. Espera-se, preferencialmente, que não seja o analista. Estes fatos diferenciam enactment de “contraidentificação projetiva” (Grinberg, 1957), ainda que ambos possam sobreporse. Alguns autores (Gabbard, 1995) enfatizam mais o papel do analista, utilizando o te“rmo enactment contratransferencial.” Outra proposta de classificação dos enactments os diferencia em “normais e patológicos”. Quando o analista capta os aspectos comunicativos de identificações projetivas normais e patológicas (não se deixando recrutar por estas) ele se identifica momentaneamente com seu paciente. Disso resultam “enactments normais” já que eles são desfeitos no mesmo momento em que ocorrem. Esta idéia nos aproxima dos 6

Faz parte do enactment essa reversão de perspectiva (Bion, 1963).

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baluartes pois “Há processo à medida que se vão detectando os baluartes e vão se desfazendo-os”. (Baranger et al, 1982, p.130). Dessa forma, podemos considerar baluartes (quando envolvem a dupla analítica) e enactments, como similares. Ou, se levamos em conta etimologias, considerar os baluartes como espaços-tempos onde ocorrem enactments. Em resumo, enactments “patológicos” ou simplesmente enactments, fruto de identificações projetivas massivas somados a fatores próprios do analista, são considerados: “crônicos” quando se prolongam sem serem identificados, ou redundam em impasses; “agudos” –quando se manifestam mobilizando agudamente a dupla analítica e durando instantes se compreendidos. Na literatura enactment, em geral, se refere aos agudos. Evidentemente o analista poderá dar-se conta de “enactment crônico” sem que ocorra agudização dramática. Mas, por ser um fato marcante, sua percepção é vivenciada intensamente.

Sonho e “não-sonho-a-dois” O enactment pode ser compreendido a partir da teoria do pensamento de Bion (1962b). Temos acesso à capacidade de pensar do paciente através de sua manifestação no campo analítico. Fantasias, objetos, relações objetais internas, funções da mente, emergem como afetos, atos, cenas, narrativas, tanto em forma positiva quanto através de sua ausência. Esses dados permitem que o analista entre em contato tanto com o mundo interno do paciente como com seu aparelho de pensar. O funcionamento desse aparelho se manifesta através de um continuum, que revela o desempenho da função-alfa: 1. Quando a função-alfa está preservada é possivel pensar, dar qualidade psíquica a fatos não mentais (chamados elementos beta), que são transformados em elementos alfa. Estes elementos se manifestam, num primeiro momento, através de imagens predominantemente visuais, pictogramas afetivos (Barros, 2000). As conexões entre esses pictogramas formam cenas e enredos, com forte pregnância visual, que, em sentido amplo são chamados “sonhos” (tanto da vigília, como do sono). Esses “sonhos” são relatados e vivenciados no campo analítico. O analista, frente a eles, deduz que está em contato com funcionamento da parte não psicótica da personalidade (Bion, 1957), capaz de formação de símbolos. Os “sonhos”, como formações de compromisso, revelam e escondem, ao mesmo tempo, aspectos do mundo interno e do funcionamento mental. O analista, transferencialmente, é incluído no “sonho” do paciente. As formas como essa inclusão é efetuada revelam como a realidade é processada e as vicissitudes das relações entre mundo interno e mundo externo. Portanto, em área de funcionamento não psicótico, o paciente coloca seu sonho no campo analítico, estimulando a capacidade analítica do profissional. Este usa sua “intuição analiticamente treinada” (Sapienza, 2001) para captar aspectos do “sonho”

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do paciente que, ainda que fazendo parte da rede simbólica do pensamento, foram deformados ou bloqueados pelas defesas. O analista então “re-sonha” o sonho, em outras vertentes, permitindo novas conexões simbólicas e ampliando significados. Analista e paciente se envolvem num “sonho-a-dois”. 2. Quando a função-alfa do paciente não está disponível ou foi destruída não é possível pensar o mundo. Os estímulos que dele provêm são vividos sem qualidade psíquica, como elementos beta, sem significado. Por não poderem ser simbolizados são vivenciados como “terror sem nome” cuja expulsão é buscada através de identificações projetivas. Essa expulsão pode incluir partes do aparelho de pensar, funções mentais, constituindo-se objetos bizarros. Estamos em área de funcionamento da parte psicótica da personalidade, onde não é possível sonhar. O produto das identificações projetivas se manifesta no campo analítico através de descargas em atos, fala sem sentido, sintomas corporais, sonhos evacuativos, alucinações, crenças, delírios e outras transformações em alucinose (Bion, 1965). Tratase de “não-sonhos” (Cassorla, 2005a,b). O prefixo não indica que, potencialmente, esses não-sonhos poderão ser sonhados desde que se encontre função-alfa. Quando o analista supre essa função ele “sonha os não-sonhos” do paciente, dando-lhes significado e incluindo-os na rede simbólica do pensamento. Por vezes, no não-sonho podem manifestar-se pictogramas que, no entanto, não podem ser seqüenciados ou articulados. Quando existem esboços de cenas ou enredos, eles são estanques. O material não tem significado, não há espaço para ligações, não existe ressonância emocional.7 Na verdade, os dois extremos citados (“sonho e não-sonho”) são abstrações hipotéticas. Na prática encontraremos situações intermediárias ou mistas, já que o funcionamento psicótico oscila e coexiste com o funcionamento não psicótico, assim como PS<->D (Bion, 1963). Por exemplo, “não-sonhos” que buscam tornar-se sonhos, quase-sonhos, sonhos que relutam em ampliar seu significado, “sonhos” transformandose em “não-sonhos, sonhos” interrompidos (Ogden, 2004), estados confusionais mesclando “não-sonhos e sonhos”. Nesse continuum encontraremos diversos graus de simbolização, por ex., não-símbolos (elementos brutos), símbolos precários com pouca capacidade de conexão, equações simbólicas (Segal, 1957), redes simbólicas obstruídas ou sofisticadas, etc. Consideramos que a situação analítica se constitui num sonho-a-dois (ou se bloqueada, num possível “não-sonho-a-dois”). Essas idéias derivam dos trabalhos de Bion, e tem sido desenvolvidas por vários autores (Meltzer, 1984; Ogden, 1994, 2003; Ferro, 1992,1996; Caper, 1998; Grinberg, 1996; Grotstein, 2000; Junqueira Filho, 2003). Nas palavras de Meltzer (1984): “O que acontece [...] é que o analista escuta o

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Helen Keller descreve sua vida como um não-sonho: “Vivia num mundo que era um não mundo.[...]. Eu não sabia que não sabia nada, que vivia, agia ou desejava. Não tinha nem desejo nem intelecto. Era conduzida entre os objetos e atos por um certo ímpeto natural cego. [...]. Minha vida interior, então, era sem atrativo, sem passado, presente ou futuro, sem esperança ou antecipação, sem interrogante, prazer ou fé.” (Keller, 1909, apud Tyson, 2000, p. 65)

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paciente e observa a imagem que surge na sua imaginação. Poderíamos, portanto, afirmar que o analista deixa que o paciente evoque um sonho em si mesmo [no analista]. “Este sonho, certamente, será seu [do analista] e estará influenciado pelas vicissitudes de sua própria personalidade” [...] Desse ponto de vista poderíamos imaginar que toda tentativa de formular uma interpretação de um sonho de um paciente implicaria no seguinte preâmbulo: ‘Enquanto ouvia seu sonho, tive um sonho na minha vida emocional que significaria o seguinte, algo que desejaria compartilhar com você com a esperança que lance alguma luz sobre o significado que o sonho tem para você”.Concurso (p. 100, grifos e tradução meus). Quando Meltzer deixa claro que o sonho sonhado pelo analista, ainda que tentativa de sonhar o do paciente, é um sonho próprio, do analista, fica evidente que fatores próprios, da pessoa real do analista entram em jogo. Eles serão tanto mais exigidos quanto menor a capacidade de simbolizar do paciente e ainda mais se essa função não se formou. Quando o analista ouve o sonho do paciente e tem um sonho próprio, ele está predominantemente em contato com funcionamento não psicótico. Ocorre um “sonhoa-dois”. Já em área psicótica o analista também ouve, mas principalmente sofre em si mesmo a ação das identificações projetivas massivas do paciente, seu não-sonho que, como vimos, tentam recrutar o analista para evitar mudança psíquica. O analista deve deixar-se recrutar, num primeiro momento, vivenciando os aspectos que o paciente procura eliminar. Mas, ao mesmo tempo ou em seguida, ele deve discriminar-se da identificação massiva, pensando e interpretando o que está ocorrendo. Essa interpretação poderá tornar consciente o funcionamento mental do paciente que agora pode ser pensado. Isto é, o analista sonha o não-sonho do paciente. No entanto, o analista pode deixar-se engolfar pelas identificações projetivas massivas (não-sonho) do paciente, perdendo sua capacidade analítica. Isto é, ele também pode ter sua função-alfa prejudicada, atingida pelos “projéteis” do paciente. Dessa forma, o não-sonho do paciente não pode ser transformado em sonho pelo analista, e ambos passam a não sonhar, na verdade a anti-sonhar. Nessas situações analista e paciente permanecem indiscriminados, simbiotizados, em área de funcionamento mental mútua estagnada. Estamos frente a um “não-sonho-a-dois” que considero ser a matéria prima para o enactment. As identificações projetivas eliciam, também, fatores próprios do analista. É possível também que participem do enactment outras facetas identificatórias além das descritas acima (Sandler, 1993; Mello Franco, 2000) e, ainda, formas de contato com áreas primitivas de ambos membros da dupla. Os desenvolvimentos descritos devem muito à descrição de Bion (1962a) da rêverie, estado mental necessário para que analista vivencie o que ocorre com seu paciente. Ela se refere à capacidade de devanear do analista, seu sonho diurno enquanto trabalha. Ela é ativada quando se deixa de lado memória e desejo e desemboca em “intuição analíticamente treinada”. Através da rêverie o analista entra em contato não só com identificações projetivas provindas do paciente mas também com processos tais como supressões, vazios e restos de marcas que fazem parte da mente primordial

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(Green, 1998). Ao mesmo tempo, o analista intui elementos de “sua própria” mente, mobilizados ou não pela mente do paciente. “O analista, feliz consigo mesmo, vai receber seu próximo paciente. Ao abrir a porta bate com força o cotovelo no batente. Sente dor. O paciente entra. O analista fecha a porta e olhando para o divã percebe que não trocara o guardanapo onde seu novo paciente apoiará a cabeça. Adianta-se e retira o guardanapo usado. O paciente observa, de pé. O analista retira um guardanapo novo, dobrado, da embalagem. Ao procurar abri-lo a tarefa se lhe revela complicada. Seus dedos não conseguem encontrar espaço entre as folhas de papel. Quanto mais tenta mais difícil a tarefa se torna. O analista pensa: “está difícil” e não sabe se somente pensou ou se sua voz se fez ouvir. Esses fatos mal foram percebidos pelo analista ainda que o tivessem constrangido por alguns segundos. Somente após o final da sessão ele tomará consciência deles – por enquanto são não-sonhos. O paciente fica em silêncio... não sabe o que falar... está tenso... constrangido.... Ontem... ficou decepcionado com o analista... o achou distante.... O analista se lembra, instantaneamente, da sessão de ontem: o paciente havia contado de um ataque de pânico, uma recaída inesperada após muitos meses... A sessão fora muito difícil... o paciente decepcionado e triste... o analista decepcionado e triste... nenhuma idéia na mente do analista... a impotência de ambos... O analista se lembra, porém, que no final da sessão conseguira, a muito custo, articular uma idéia mostrando como situações criativas do paciente haviam acionado um objeto interno invejoso... filicida... que atacara o paciente por dentro... e o paciente associou... e parecia pensar... e ambos terminaram a sessão algo satisfeitos... Agora, esta sessão: ...o paciente se culpa e culpa o analista. Está certo que o decepcionou...., etc. O analista concorda silenciosamente com seu paciente enquanto ele descreve, em detalhes, o que o analista sentira ontem. Percebe, também, que nada é dito sobre as interpretações no final da sessão. Em silêncio o analista se lembra delas e passa a desconfiar que eram téoricas, fruto de idéias sobre pânico... que vem entretendo... já há algum tempo... Pensa então se o paciente não se deixou “encaixar” em sua teoria para não decepcionar ainda mais seu analista.... Ou, estaria ele, analista, atacando suas próprias idéias? O desenrolar do processo lhe mostrará que sua primeira hipótese estava correta. Somente quando o paciente saiu, ao trocar o guardanapo para a próxima sessão (o que foi fácil) o analista se lembrou de sua dificuldade anterior e como se machucara ao abrir a porta. A frase “está difícil” se lhe tornou clara e se referia ao seu bloqueio frente às mentes fechadas da dupla analítica. Poderia ter entrado em “pânico” se não conseguisse abrir... o guardanapo...? O analista ficou ainda mais grato ao paciente quando este lhe traz, na sessão seguinte, um artigo teórico sobre psicanálise do pânico e diz: “é isso que eu tenho”, elogiando o autor. Agora o analista tem certeza que, entre os fatores constituintes de conluios anteriores, se encontrava também uma disputa pessoal (no momento por teorias), que por vezes se alternava com idealização mútua. No decorrer do processo ficou claro

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que esses aspectos não-sonhados encobriam situações mais primitivas, de desamparo e terror”.

Tipos de “não-sonhos” Em trabalhos anteriores propus a existência de um continuum entre “não-sonho” e sonho, refletindo um mesmo continuum entre elementos beta rumo aos alfa e viceversa. Próximos a um extremo poderíamos ter um paciente autista ou um catatônico que absolutamente não conseguem expressar-se, ou um paciente somatizador cujo “não-sonho” se manifesta através de queixas físicas repetitivas. Ao analista comumente nada lhe ocorre e seu trabalho costuma iniciar-se sonhando sonhos de outras áreas mais acessíveis. Outro paciente jorra palavras sem significação mas juntamente estimula imagens visuais que parecem movimentar-se em busca de um enredo. Sonhos e enredos com rico potencial simbólico indicam o outro extremo. Neste trabalho posso iniciar a difícil tarefa de propor uma classificação mais elaborada dos “não-sonhos”. O “não-sonho” da parte psicótica da personalidade envolve elementos beta frutos da reversão da função alfa. Isto é, ele contém escombros de objetos e de partes da mente que se manifestam como cenas estanques, sem coerência, por vezes bizarras. O analista sonha a partir de sua vivência desses escombros. Estes sonhos contêm áreas traumáticas, que eventualmente podem emergir em forma mais limitada. Como o tecido mental está destruído ou sequer se formou por falta de provimentos ambientais não é possível pensar. O que se manifesta são escombros de áreas adjacentes ao trauma que buscam revivê-lo tanto para controlá-lo como buscando elaboração. O núcleo traumático nada revela, ou melhor, indica a existência de um vazio (Winnicott, 1974), um blank (Green, 1983). O analista deverá sonhar esse vazio e isso é mais difícil que na situação anterior. Comumente ele terá que usar como “remendos” “construções” (Freud, 1937) que lhe exigem maior aposta pulsional (Marucco, 2007). É possível que em áreas arcaicas anteriores à formação do aparelho mental o vazio, a não representação, se manifeste na relação analítica estimulando desistência do analista. O analista se encontra frente a áreas de não-existência comumente tamponadas por barreiras autísticas (Korbivcher 2007).8 Quando o analista não desiste suportando “a sua própria condição de não-existência” (Barros, 2004) podem, em algum momento, ocorrer-lhe imagens (seguidas de atos e/ou palavras) que dão significado ao vazio. Não são construções nem podem ser compreendidas totalmente por teorias sobre identificação. Posteriormente o analista verificará que utilizou aspectos próprios, alguns que sequer conhecia. Esse trabalho de figurabilidade, de criação de pictogramas, envolve identificação profunda do analista com seu paciente e um trabalho regrediente consequente a forte aposta pulsional (Marucco, 2007). O analista se sente 8

Essa autora propõe a existência de elementos autísticos, anteriores aos elementos beta.

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obrigado a representar frente ao terror consequente à não representação (Botella & Botella, 2003). Nem sempre é possível diferenciar áreas psicóticas, traumáticas e áreas sem representação. Micro-traumas continuados podem somar-se ou ser estimulados por outros traumas ocorridos em diferentes etapas do desenvolvimento mental. Certamente área psicótica sempre inclui elementos de trauma e áreas adjacentes ao trauma se comportam como psicóticas. Ao mesmo tempo áreas vazias irrepresentáveis permeiam essas manifestações. Esses “não-sonhos” fazem parte de um continuum epistemológico mas, na clínica, eles emergem no campo analítico alternando-se, interpenetrando-se, em forma paralela, misturando-se, etc. Os “não-sonhos” que envolvem déficit ou vazio representacional podem tentar “carona” nos “não-sonhos” traumáticos, psicóticos ou nos sonhos não psicóticos, sendo uma das tarefas do analista não se deixar enganar pelo não-sonho manifesto que encobre o vazio. Lembremos que uma das funções do enactment, do “não-sonho-a-dois” é tamponar o sofrimento e evitar o contato com a realidade, e vice-versa. O terror e o vazio subjacentes são mascarados e substituídos por não-sonhos estéreis que enganam o analista fazendo-o imaginar que os está sonhando. Tenho observado freqüentemente, nesses “não-sonhos-a-dois” pseudo-enredos com características sadomasoquistas ou de idealização mútua. Não raro uma alternância entre ambos. Ainda que no primeiro o analista possa dar-se conta da violência (que substitui o terror) ele imagina que está trabalhando “bem” em ambas as situações. O trauma é, dessa forma, tamponado pelo objeto (analista) imobilizado. Eventualmente esse conluio pode desfazer-se, abruptamente, através da compreensão de um “enactment agudo”, revivescência atenuada do trauma.

“Enactment agudo” e trauma atenuado O “enactment crônico” pode ser compreendido como regressão para uma relação dual, simbiótica, cuja função é evitar o contato com o terceiro e a realidade. Não é difícil identificar como o enactment esconde situações traumáticas iniciais que não puderam ser simbolizadas. Por isso são comuns na análise com borderlines. O paciente imobiliza o analista, como faz um afogado que se “agarra” a seu salvador, símile de “escudo protetor” (Freud, 1920). O analista paralisado não pode abandonar o paciente nem ser intrusivo, as duas situações traumáticas por excelência. Mas, tampouco pode pensar, o que impede contato com a realidade supostamente traumática. Espera-se que o analista, em algum momento, se dê conta do que está ocorrendo e desfaça o enactment. Isso ocorre quando ele se permite um segundo olhar sobre o material, escrevendo-o ou discutindo-o com colegas. Não raro o analista leva o material clínico para discussão por sentir dificuldades em outras áreas e a descoberta do “enactment crônico” é uma surpresa. Como vimos, por vezes, antes que o analista identifique o conluio ocorre uma espécie de descarga abrupta, o “enactment agudo”. O analista se sente incomodado

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com ela e a atribui a falha pessoal. No entanto, observando o que ocorre em seguida ele se surpreende: 1. ao dar-se conta que, antes da descarga, existia um “enactment crônico” ignorado; 2. que ela é fruto da agudização desse mesmo “enactment crônico”; 3. que, graças ao “enactment agudo”, o analista se dá conta do conluio e ele se desfaz. Dessa forma o analista conclui que a aparente descarga abrupta inclui, na realidade, busca desesperada de pensadores e também esboço de capacidade de pensar que permitiu início de contato com a realidade. Esse contato mobiliza ansiedade e é ela que dá o caráter da descarga. O analista é estimulado, então, a tentar entender como e porque agora esse contato é possível. O estudo clínico dessas situações me fez supor que, durante o “enactment crônico”, em áreas paralelas à obstrução, o analista acolhe seu paciente, inoculando função-alfa implícita que recupera, aos poucos, área traumática lesada. Quando há suficiente recuperação o trauma pode ser revivido, em forma controlada, porque há esboço de simbolização. Isto é, o “enactment agudo” nada mais é que o trauma sendo revivido em forma atenuada. Essa revivescência revela, ao mesmo tempo, contato com a realidade, desfazimento da relação dual e início da capacidade de pensar, situações que ocorrem ao mesmo tempo.9 A analista conta, em seu grupo de supervisão, sobre uma paciente interessante que atende há dois anos. É uma psicóloga que vem de família muito pobre e que tem dificuldades em usufruir de seus recursos. Queixa-se muito de problemas financeiros e parece viver em condições precárias. O material apresentado é monótono e se refere, em detalhes, a uma situação agradável, de encontro com amigos, onde a paciente brincou com crianças e depois sondou seu marido sobre a possibilidade de engravidar. A analista se mostra satisfeita com o aparente progresso da paciente. Os colegas do grupo, no entanto, estavam desinteressados. Ao aproximar-se o final da sessão inicia-se uma discussão entre analista e paciente. A paciente afirma que sua mãe não a apoia em relação à gravidez e a analista insiste com a paciente que ela quer que todos concordem com ela. A paciente diz que a analista não está entendendo. Esta ataca a paciente dando-lhe exemplos de outras sessões em que ela queria ter sempre razão em relação ao marido. Etc. A discussão somente termina quando a paciente diz que teme deprimir-se e que o marido a abandone por problemas financeiros. Ao supervisor lhe parece óbvio que a analista queria que a paciente concordasse com ela e sua agressividade fez a paciente ficar com medo de ser abandonada. Ao assinalar-lhe algo sobre isso a analista confessa que, realmente, terminou a sessão incomodada sentindo que atacara a paciente, mas não se lembrara do fato ao iniciar o relato. A conversa continua e se descobre que a analista cobrava muito pouco da paciente, porque sentia pena dela. A analista, aos poucos, se dá conta que vinha se

9 A função-alfa explícita do analista não será útil porque sua discriminação (como outro) será vivenciada como insuportavelmente traumatizante pelo paciente, que fará de tudo para manter a relação dual indiscriminada.

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sentindo espoliada financeiramente pela paciente, mas sem ter muita consciência do fato. Isso lhe fica mais claro quando se lembra que a paciente comprara um automóvel caro. Na verdade, a analista descarrega na paciente sua culpa por ter-se deixado recrutar por seu lado miserável. Então a analista conta que, ao final da sessão, a paciente pagou todas as sessões sem reclamar. Antes, a todo pagamento reclamava da quantia, queria diminuir o número de sessões e isso deixava a analista com medo de ser abandonada. A analista conta, finalmente, que logo que a paciente saiu pensou em aumentar o preço das sessões. O estudo do caso mostrou que inicialmente paciente e analista constituíram um “enactment crônico”, ambas identificadas com miserabilidade. Aos poucos, porém, a paciente utiliza seus recursos, quase sem dar-se conta, mas a parte miserável de ambos membros da dupla continua ativa. O “enactment agudo” ocorre quando a analista discute com a paciente. A analista mal percebe o que está fazendo e não tem idéia que seu não-sonho esconde seu incômodo por ter-se deixado identificar com miserabilidade. Esse não-sonho toma abruptamente o campo analítico exigindo sonhadores e a analista traz o material para supervisão, sem ter clareza sobre os motivos. Ao apresentar o caso o não-sonho é sonhado, amplia-se a rede simbólica e a analista pôde perceber como ambas estavam envolvidas num não-sonho-a-dois que encobria situações traumáticas de abandono e intrusão. A paciente utilizava um enredo estanque miserável no intuito de estimular pena e neutralizar inveja projetada. A analista se deixara recrutar, tornada miserável e não percebendo os ataques que fazia contra si mesma. No entanto, algo ocorreu durante o “enactment crônico” (função-alfa implícita) que permitiu que a paciente começasse a usar seus recursos e isso surge na sessão. A melhora da paciente faz a analista sentir-se abandonada em sua miserabilidade, mas ao mesmo tempo, a faz reclamar por ter-se deixado enganar. A analista pode fazer isso (ainda que sem ter consciência) porque a paciente está menos frágil. Ocorre discriminação entre ambas. Isto é, o trauma está sendo revivido, mas em forma atenuada. A dupla, agora mais fortalecida, poderá lidar com a realidade. Posteriormente a analista perceberá como fatores pessoais – possivelmente seu desejo de casar-se e ter filhos – adiados esperando melhor situação financeira, se engancharam nos aspectos trazidos pela paciente. Fatores mais íntimos ela terá que investigar em sua análise pessoal.

Sonhando aspectos primitivos O analista despertara sentindo-se “mal”. Não sabia nomear o “mal”. Palavras como tédio e cansaço não eram satisfatórias. Mas suficientes para que se preocupasse com a vitalidade de sua função analítica da qual teria que dispor durante o dia. Agora o analista vai atender seu primeiro paciente e percebe que seu “mal” desapareceu. Trabalha bem. No meio da manhã, num intervalo mais longo, se lembra da paciente S. Seria seu último atendimento nessa manhã. Nota que está preocupado. Enquanto toma café percebe-se revendo seu trabalho com ela. No início se queixava muito, sintomas corporais, mal-estares indizíveis, pavores de doenças

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mortíferas. O analista se surpreendera com a resposta rápida de S a suas tentativas de nomear os terrores e sonhar seus não-sonhos. O trabalho, ainda que difícil, era agradável. No entanto, algo ocorrera nas últimas semanas e parecia que todo o trabalho efetuado desmoronara. S voltara a se queixar e sofrer, de uma forma diferente. O analista se sentia perdido e impotente. Suas intervenções, antes úteis, não funcionavam. Aos poucos percebeu que se sentia sonolento, como que adormecido pela cantilena repetitiva de S. Tinha que esforçar-se para manter-se acordado e parecia que sua potência analítica estava “morrendo”. Sentia dificuldades em perceber seus sentimentos. Somente adiante perceberá que quase se desligara de S. A estranheza do gosto faz o analista adoçar mais o café. Percebe que está intrigado com uma mudança em seus sentimentos. Se até algumas sessões atrás lutava para manter-se acordado agora sente algo como... mêdo. Aumentando. S agora chora um choro... assustador. A nomeação do afeto faz o analista perceber que ambos, ele e S, estavam aterrorizados. Agora sabe porque sua sonolência se transformara em alerta. O analista percebia esboços de sonhos que, no entanto, não se desenvolviam. Eram aglomerados confusos, algo apavorante... morte... suicídio.... De repente o analista entendeu: a idéia de finitude, de nada-pós-morte era intolerável. Frente a ela jogou fora o restante do café amargo e desviou o pensamento para seus filhos. O analista fora assolado pelo impensável de sua própria morte. Tanto a física como, principalmente, a psíquica, a não-existência. Mas isso somente lhe ficou claro posteriormente. Façamos aqui uma pausa. Podemos dizer que o processo analítico, antes produtivo, estagnara. Ambos membros da dupla não podiam sonhar. O analista passara por duas fases nas últimas semanas: na primeira vivenciara sintomas, sonolência, quase desistência; agora vive mêdo, terror e se mantém alerta. Elementos beta em busca de sonhadores. O analista intuía suas dificuldades mas não conseguia transformá-las em pensamento. No entanto, nessa manhã sua capacidade de observar-se aumentara e pudera até nomear algo, desajeitadamente, como desânimo, terror, morte... Como vimos, o analista ficara bem com os pacientes anteriores. Agora, após o café, está preocupado. Seus esboços de pensamento não eram suficientes para eliminar sua preocupação e sabe que ela pode deformar sua percepção do campo analítico. Disciplinadamente força, ativamente, seu “não desejo e memória” para ativar sua intuição. Mas, não será fácil. Quando abre a porta para S o analista, se prestasse atenção, observaria sua frequência cardíaca acelerada. Ela diminui quando vê S. Viva. Fantasias sobre morte, suicídio, se tornam claras quando olha seu rosto, o de prisioneira de campo de concentração, esperando a morte e não se matando por falta de força. S se dirige penosamente ao divã. O analista substitui sua preocupação por desânimo e mêdo de desesperar-se. Percebe-se questionando a adequação do tratamento psiquiátrico que S efetua concomitantemente com a análise. Posteriormente perceberá que jogara para a psiquiatria sua própria impotência, culpa e desesperança.

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S se arrasta em direção ao divã. O analista a segue sentindo sua capacidade analítica também se arrastando. A narrativa poderia continuar e seria similar às de sessões anteriores. Mas, nesta ocorreu algo diferente. Antes que S chegasse ao divã, o analista se surpreende pedindo que S não se deite, indicando-lhe uma poltrona para sentar-se. S pára, olha para o analista, e vacila. A seguir, penosamente, recua e se senta na poltrona. O analista senta-se frente a ela. Ambos, analista e paciente, sabem que algo diferente está ocorrendo, mas não sabem o que. O episódio revela uma ação do analista, certamente não pensada conscientemente, um possível acting-out. Mas, retomemos a situação. Lembremos o estado do analista ao acordar. Não seria descabido supor que tivesse tentado, durante a noite, sonhar “não-sonhos” estimulados pelo trabalho com S. O mal-estar matutino indicara que isso não ocorrera em forma suficiente. A tentativa de sonhar continuou durante a manhã e as dificuldades se tornam manifestas enquanto tomava seu café. Ao abrir a porta para S o analista amplia percepção de seu difícil trabalho de sonho. S, por sua vez, revela seu sofrimento não-sonhado. O estímulo do analista para que S sentasse poderia dar a impressão de impotência descarregada, tentativa de mudar o enredo estagnado alterando a situação analítica. Talvez o analista tentasse aproximar-se de S de forma não analítica, através de uma conversa informal. Poderia, dizer-lhe, frente a frente, que não seria mais possível analisá-la ? Ou estaria buscando contato sensorial ? Essas hipóteses passaram pela mente do analista, posteriormente, ao rever a sessão. Vejamos, agora, a seqüência. O analista olha para S, à sua frente. Mal consegue ver seu rosto, desviado para baixo, escondendo-se. Mas, esse esconder-se chama a atenção. De relance podem ver-se as mãos e os pés de S, retorcendo-se. Posteriormente o analista pensará nessa imagem como a de um corpo que tenta esconder/comunicar seu conflito sobre existência e inexistência. Sem saber porque o analista fixa o olhar no rosto semi-escondido de S, e fica em silêncio. Impotente, não tem idéia do que falar. Ao mesmo tempo está temeroso sobre as consequencias do convite para sentar. Nesse momento, o analista percebe S chorando. Aos poucos seu rosto se torna mais visível, e as lágrimas que rolam por suas faces emocionam o analista. Seu temor desaparece, substituído por uma tristeza imensa. As lágrimas como que “lavam a alma”. De ambos os membros da dupla... Em seguida, S busca palavras, entre soluços. Olhando profundamente dentro dos olhos do analista S fala: “É a primeira vez que alguém olha para mim..., é a primeira vez que alguém olha para mim...”. Em seguida, ora desviando o olhar, ora fixando-o no analista, conta vacilante, entre soluços, como sua mãe nunca a considerava, lhe dava atenção, não a ouvia, mas, principalmente, nunca a olhava. Fica claro que buscava o olhar para sentir-se viva e não encontrar o “não-olhar” que quase a aniquilava.

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Esse fato rompe o enredo estanque anterior. Agora o analista pode dar-se conta que S também não se sentia “olhada” por ele. S vinha revivendo situações de vazio, de não-existência, por falta de contato com seres vivos. Essa falta de contato, colocada no campo analítico como elemento bruto, exigia do analista função-alfa (olhar) para além do disponível. Constituira-se um “não-sonho-a-dois”, na verdade “vazio-a-dois”, assombrado pelo ruído dos sintomas e da destruição mental. O analista, revendo o início do processo analítico (aparentemente produtivo) conclui que, sim, ele sonhava “não-sonhos”, mas em áreas aquém do vazio. Alguns, talvez fossem “falsos sonhos”, que S tomava como verdadeiros na ansiedade de preencher seu vazio e/ou agradar seu analista, para que.... ele a visse.10 A ação do analista, permitindo olhar, indicava ruptura do “enactment crônico” através de sua manifestação como “enactment agudo”. O analista não sabe exatamente porque convidara S a sentar-se. Pode, no entanto, supor que durante a noite e a manhã sua mente buscava sonhar... rateando... continuando... quase desistindo (quando a idéia da própria morte o assolou...) ...insistindo ...resultando no convite ...que parecia uma descarga não-sonho..., mas era mais que isso.... Manifestação de função-alfa implicita anterior? Estimulando regrediência, figurabilidade, alfa-betização? Agora o analista tem contato com a influência de fatos próprios, de sua pessoa real, no que ocorrera. Seus pensamentos, antes bloqueados, transitam facilmente por complexa rede simbólica que o faz lembrar-se e intuir vivências pessoais. Perdas e mortes terríveis... por gerações... morte de pai... não-olhares.... buscas de sentido... de ser... a impotência da medicina... da política... o encontro com a psicanálise... o difícil aprendizado de aceitar as perdas... a realidade... sem deixar de indignar-se.... Percebe, também, fatores pontuais que, talvez, dificultaram e, adiante, facilitaram seu trabalho com S.

Conclusões Evidentemente um analista pode cegar-se frente ao material do paciente por dificuldades próprias. Neste caso ele é responsável por um eventual enactment. Neste trabalho, no entanto, discutimos situações em que o enactment também permite contato profundo com áreas lesadas e não-existentes. Sua compreensão permite ampliação da rede simbólica possivelmente para além do que ocorria antes de sua obstrução. Não se sabe precisamente como a função-alfa funciona. Neste texto a associamos a profunda comunicação inconsciente entre os membros da dupla e efetuamos a hipótese que o enactment pode ter essa função, para além de seus aspectos obstrutivos. Como vimos parece que o sonho inconsciente do analista, sua função-alfa implícita, é captada pelo paciente e isso merece maiores investigações. Stern et al (1998) efetuam hipóteses 10 Haverá que observar, no futuro, se falsos sonhos são conceitos úteis. Na situação descrita poderiam estar funcionando como objetos autísticos – úteis mais pelas sensações despertadas que pelos conteúdos.

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sobre movimentos intersubjetivos implícitos, que coexistem com o conhecimento explícito da relação transferencial. Esses movimentos desembocam no que esses autores chamam “momentos de encontro” (“moments of meeting”), que ocorrem quando cada participante (principalmente o analista) manifesta “algo único e genuíno de si como indivíduo” (p. 912, tradução minha), para além de seus papéis terapêuticos rotineiros. Esses momentos de encontro alteram o contexto intersubjetivo permitindo re-arranjos nos processos defensivos. Essas idéias são similares ao que supomos que ocorre quando o “enactment agudo” rompe o “não-sonho-a-dois” crônico. Dessa forma, enactments correspondem a processos obstrutivos em que ambos membros da dupla estão envolvidos e que redundam em prejuízos e impasses ao processo analítico. Mas, que podem tornar-se muito úteis quando são desfeitos e compreendidos, mais ainda se sua presença permitiu introdução de função-alfa implícita. Os ganhos e os prejuízos decorrerão de fatores envolvidos em cada enactment e, da possibilidde de um “segundo olhar” (Baranger & Mom, 1982). Os fatos apresentados neste trabalho são fruto de observações e especulações e somente o intercâmbio com os colegas permitirá que eles sejam validados ou invalidados. Contribuições em qualquer das duas direções são indispensáveis para que eles possam continuar a ser pensados.

Resumen La visión del proceso analítico como algo intersubjetivo que ocurre entre los miembros de la dupla analítica ha ido surgiendo como una contribución fértil en el psicoanálisis contemporáneo. En este trabajo son discutidos factores involucrados en ese proceso, en particular la inducción mutua entre paciente y analista, hecho ya estudiado en forma pionera por psicoanalistas de América Latina. Obstáculos al proceso analítico, inicialmente descriptos como “baluarte”, pasan a ser estudiados y comprendidos dentro de varios referenciales teóricos. El concepto de enactment, que se refiere a la connivencia obstructiva de la pareja analista-paciente, pasa a ser reconocido por la mayoría de los psicoanalistas. A partir de la presentación de material clínico se demuestra que el enactment puede ser considerado un “no-sueño-a-dos”, en el cual “sueño” es entendido según la teoría bioniana sobre el pensamiento. Se propone una clasificación de los “no-sueños” como psicóticos, traumáticos y productos del vacío representacional y se enfatiza la importancia de tener en cuenta la persona real del analista como un factor fundamental que va a influir en el proceso analítico. Se muestra que no-sueños-a-dos traumáticos pueden involucrar, también, la elaboración implícita del trauma. Descriptores: Enactment – Intersubjetividad – Psicoanalista – Sueño diurno – Técnica psicoanalítica.

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Resumo A visão do processo analítico como algo intersubjetivo ocorrendo entre os membros da dupla analítica vem fertilizando a psicanálise contemporânea. Neste trabalho são discutidos fatores envolvidos nesse processo, em particular a indução mútua entre paciente e analista, fato já estudado em forma pioneira por psicanalistas da América Latina. Obstáculos ao processo analítico, inicialmente descritos como “baluartes”, passam a ser estudados e compreendidos a partir de vários referenciais teóricos. O conceito enactment, referido a conluio obstrutivo da dupla passa a ser reconhecido pela maioria dos psicanalistas. A partir de material clínico demonstra-se que o enactment pode ser considerado um “nãosonho-a-dois”, onde “sonho” remete à teoria bioniana sobre o pensamento. Propõe-se uma classificação dos não-sonhos em psicóticos, traumáticos e produto do vazio representacional e se enfatiza a importância de considerar-se a pessoa real do analista como fator importante influenciando o processo analítico. Demonstra-se que não-sonhosa-dois traumáticos podem envolver, também, elaboração implícita do trauma. Palavras chave: Enactment – Intersubjetividade – Psicanalista – Sonho diurno – Técnica psicanalítica.

Summary The view of the analytical process as something intersubjective occurring between the members of the analytical dyad has been fertilizing contemporary psychoanalysis. In this paper some factors involved in this process are discussed, particularly the mutual induction between the patient and the analyst which have originallly been studied by Latin American psychoanalysts. Obstacles to the analytical process, at fist described as “bastion”, are studied and understood from most of the psychoanalytical referentials. The concept enactment, referred to an obstructive collusion of the analytical dyad is recognized by most of the psychoanalysts. Based on clinical material it is shown that enactment can be considered a non-dream-for-two, where “dream” is linked to bionian theory of thinking. A classification of “non-dreams”, as psychotic, traumatic and result of representational blank is proposed. The importance of the real person of the analyst as a factor in the analytical process is emphasized. It is shown that traumatic “non-dreams-for-two” can also involve implicit elaboration of the trauma. Key words: Enactment – Intersubjectitivy – Psychoanalyst – Day-dream – Psychoanalytical technique.

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Roosevelt MS Cassorla

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Comentario

Roberto Oelsner 1

“El analista, su paciente y el psicoanálisis contemporáneo: consideraciones sobre inducción mutua, enactment y el ‘no-sueño-de-dos’” El Dr. Cassorla ha merecido sin lugar a dudas el premio de la Revista FEPAL por su excelente trabajo. En él hace una revisión de las contribuciones contemporáneas sobre la teoría y práctica del psicoanálisis como psicología de dos, tema muy en boga en las escuelas intersubjetivas y relacionalistas en los Estados Unidos y otros lugares del mundo. Comienza por recordarnos que Racker, Pichon Rivière, Willy y Madeleine Baranger, Grinberg y Liberman en Argentina entre otros han sido pioneros en sus investigaciones sobre la naturaleza de la relación analista/analizando. Contratransferencia, campo analítico, contraidentificación proyectiva, estilos complementarios, son todos aportes conceptuales originales de estos autores. Mientras en Londres Paula Heimann, cuatro años después que Racker, escribió su clásico trabajo sobre contratransferencia, seguido de otro diez años después. También Winnicott, Rosenfeld, MoneyKyrle han hecho importantes aportes al tema. Si bien Klein simpatizaba poco con el uso de la contratransferencia por el abuso al que podía dar lugar, sin embargo al postular en su trabajo “Notas sobre mecanismos esquizoides” (Klein, 1946) la tempranísima y urgente relación del infante con el pecho en busca de alivio para el instinto de muerte, también vio la intersubjetividad como esencial e inevitable desde los comienzos de la vida. Lo mismo puede decirse con más razón de Bion con su concepto de “identificación proyectiva realista: ...conducta razonablemente calculada para despertar en la madre sentimientos de los que el infante desea liberarse” (Bion, W. R., 1962). Grotstein (2007) ha dicho por eso que Bion fue el primer intersubjetivista! El tema del enactment que Cassorla sigue describiendo ha tenido desarrollos algo distintos en los Estados Unidos que en Inglaterra. Pero todos coinciden que es un elemento importante en la comunicación entre paciente y analista de formas no verbales y pre-simbólicas y que tiene un status semejante al tipo de comunicación que se establece según Klein y Bion entre el bebé y su madre. 1 Seattle, EEUU. Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, residente en el exterior.

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Roberto Oelsner

La diferenciación que el trabajo hace entre enactment crónico y agudo es de relevancia clínica. Asimismo las otras clasificaciones que el autor propone, grados de severidad, enactments benignos y malignos, todas categorías que aportan modelos para organizar la comprensión de la relación paciente/analista y tener un instrumento que permita al analista estar atento a su propia vulnerabilidad al ocupar el lugar de la transferencia. Cassorla nos recuerda que un enactment ocurre precisamente por la colusión de conflictos del paciente y del analista en áreas a las que ambos son sensibles. Cabe preguntarse si la captación intuitiva no ocurre siempre sobre áreas no simbolizadas del analista que por tanto son sensibles al impacto proyectivo de contenidos no simbolizados del paciente. En tal caso es función del analista hacer insight de la situación dramatizada inconscientemente por la dupla y dar voz (representación verbal) a la misma. A esta función se refiere Cassorla al decir que “elementos no pensados (ni percibidos) se manifiestan buscando urgentemente un pensador que los piense –el analista”. Esta definición permite al autor avanzar a la segunda y más novedosa parte de su trabajo “sueño” y “no sueño de dos”. Aplicando la epistemología de Bion (1962), los sueños soñados son evidencia de la función alfa, función mental que transforma estímulos internos y externos al self (elementos beta de Bion) en elementos (elementos alfa de Bion) capaces de ligarse en una narrativa representacional que clásicamente aparece como un sueño nocturno o como fantasía inconsciente diurna. En estos casos el analista entrenado captará aspectos del sueño o de la fantasía del paciente para ampliar o llevar a la conciencia sus significados. Esto ocurre en el terreno de las neurosis. Pero son posibles dos eventualidades más severas. En una, la función alfa ha sido revertida y los sueños o fantasías han sido degradadas a un producto que Bion denomina objetos bizarros y Meltzer ha bautizado como B-E-T-E-S (siglas en inglés de “elementos beta con trazas de yo y superyó”). Esta fragmentación es similar a la rotura de un cristal cuyos fragmentos y astillas ya no se pueden restaurar sin dejar marcas o fisuras. Esta es el área del funcionamiento psicótico. Aun otra alternativa es que la función alfa nunca haya tenido lugar (si bien es poco probable que aun en patologías muy severas nunca haya ocurrido para nada). Acá estamos en el área de las patologías autistas. Es a esta última área que Cassorla se refiere cuando habla de “no-sueños”. En estos casos la situación que tiende a constituirse no tiene la dimensión de “un sueño de dos” si no de un “no-sueño-de-dos”. En el área psicótica prima la identificación proyectiva de material no simbolizado (o mejor dicho “des-simbolizado”) y el analista está en una posición vulnerable a entrar en un enactment con el paciente. Sólo a posteriori podrá descubrir el significado de la escena en la cual ha sido reclutado a actuar. Hanna Segal una vez dijo que no hay posibilidad de hacer el trabajo analítico sin enchastrarse las botas,2 es decir sin entrar en un enactment.

2

Hanna Segal Conference, Londres, Dic. 2007.

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Comentario sobre el trabajo: “El analista, su paciente y el psicoanálisis contamporáneo..”.

En el área autista, es la habilidad del paciente de ejercitar la identificación proyectiva misma la que está impedida. Esto requiere del analista la misma creatividad imaginativa que en pacientes con pensamiento operatorio. En este caso Cassorla nos dice que el analista no sólo se encuentra con un vacío representacional del paciente sino que él mismo no tiene existencia/representación en la fantasía del paciente. Enfrentado a la angustia del borramiento de su identidad se siente “obligado a representar” (Botella y Botella, 2003). Creo que éste es un ejemplo de enactment que tal vez Cassorla acordaría conmigo en denominar “instrumental”. Un ejemplo de esto es su viñeta clínica de la analista que impensadamente (enactment) pidió a su paciente que se quedara sentada y que sólo luego entendió que la paciente nunca se había sentido mirada por la madre y que experimentó ser mirada por primera vez en la hora analítica. Una comunicación de inconsciente a inconsciente? Inducción mutua? Reverie? En conclusión, el autor nos muestra que el enactment es un fenómeno muy amplio, con diversas cualidades, contenidos y propósitos (como lo es también la Identificación Proyectiva) y que per se no es ni bueno ni malo, ni siquiera evitable o a ser evitado. Estamos en la posición del Enfermo Imaginario de Moliére que nunca se había dado cuenta que hablaba en prosa pero es lo que estaba haciendo todo el tiempo. Lo identifiquemos o no, estamos siempre en un enactment cuando estamos analizando a un paciente. La naturaleza de la o las escenas actuadas puede variar –al menos es lo deseable en un análisis que progresa– o puede cronificarse en una escena fija –impasse. En este último caso un enactment agudo puede ocurrir –como el autor también nos muestra– y salvar la situación. La técnica de interrupción del análisis propuesta por Meltzer (1968) y también usada por Freud (1920) con su paciente homosexual femenina son, a mi entender, extrapolaciones de estos conceptos para destrabar el enactment crónico que no ha podido resolverse de ninguna otra manera. Me resta felicitar al Dr. Cassorla por su excelente trabajo. Descriptores: Relación analista/analizando – Identificación proyectiva realista – Intuición – Des-simbolización – Enactment instrumental.

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Obituario

R. Horacio Etchegoyen

UNA SEMBLANZA DE LEÓN GRINBERG (1921-2007)

Me causó un vivo dolor en su momento la enfermedad de León Grinberg, que lo abatió el 28 de diciembre de 1997 en Barcelona, y se renovó ahora con su muerte el 25 de septiembre. Pasó diez años inhabilitado, al cuidado amoroso de su esposa y de sus hijos, Daniel y Alberto, con los que sólo podía tener un intercambio emocional, lo mismo que con los amigos que lo visitaban, como Mariano y Silvia Dvoskin, Valentín Barenblit y yo mismo. Se había puesto renuente a recibir visitas que le llegaban de continuo, seguramente por pudor. El diálogo vivo y estimulante que mantuvo por décadas con todos los psicoanalistas se había interrumpido para siempre. Grinberg escribió en colaboración con su esposa Rebeca el prefacio para la edición francesa de los Estudios de Racker, que había publicado Paidós en Buenos Aires en 1960. Esta versión apareció en “Collection Psychanalyse, d’autres horizons, Césura”, dirigida por José Luis Goyena y Claude Legrand, con el título Études sur la technique psychoanalytique. Transfert et contre-transfert, con pie de imprenta en noviembre de 1997, un mes antes del infausto accidente cerebral de León. Esta publicación saldó una deuda de muchos años de los psicoanalistas francófonos con un libro que recorrió literalmente el mundo entero. El prólogo es el último escrito de un psicoanalista notable y era también la culminación de su obra, porque los Grinberg –como ellos mismos dicen– fueron discípulos y amigos de Racker y recibieron sus enseñanzas de viva voz no sólo en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) sino también en Escobar, donde pasaban los fines de semana. Con su fértil idea de la “contraidentificación proyectiva” Grinberg completó y amplió los conceptos de contratransferencia concordante y complementaria de Racker, utilizando más decididamente que él la idea de identificación proyectiva. Haber subrayado el valor comunicacional de este mecanismo, que el genio de Melanie Klein no tuvo nunca demasiado en cuenta, es un relevante mérito de Grinberg. Es mucho lo que yo le debo a Grinberg. Fue en primer lugar mi profesor de seminarios en APA y todavía siento la conmoción que me produjo aquel hombre joven, simpático y erudito, que enseñaba el psicoanálisis como nadie. Grinberg me hizo participar, después, en el libro que escribió con Marie Langer y Emilio Rodrigué en 1979, El grupo psicológico; y también me convocó para los tres valiosos volúmenes que

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organizó con el título de Prácticas psicoanalíticas comparadas en las neurosis, en la psicosis y en niños y adolescentes, que publicó Paidós en 1977. Allí supo reunir, una vez más, un grupo destacado de estudiosos. Un don que todos le debemos agradecer a Grinberg fue su notable empeño para hacer del psicoanálisis una empresa intelectual común. Su generosidad, su versación y su autoridad lo hacía posible. Cuando volví de Londres en 1967, Bernardo Árensburg y yo supervisamos un tiempo largo con Grinberg (y también con Liberman), y fue en ese momento que León me recomendó para ser relator del Tercer Congreso Panamericano de Psicoanálisis, que tuvo lugar en Nueva York en 1969 y fue el último de su serie. Allí discutí nada menos que con Elizabeth Zetzel “La primera sesión de análisis”. (De regreso a la Argentina, tenía yo entonces varios analizados recientes y León pensó que era el más indicado para esa difícil tarea). Pasaron los años y nuestra amistad se hizo cada vez más estrecha, más íntima. Alguna vez dijo él desde España que yo era su mejor corresponsal. Cuando lo visité en Madrid en 1987, y Rebe nos albergó a Élida y a mí en su bello departamento de la calle Francisco Gervás, León había sido designado profesor de la cátedra de psicoanálisis por la Junta de Gobierno del histórico Ateneo de Madrid, que entonces presidía don José Prat García. El profesor Grinberg organizó una serie de conferencias de Introducción a la teoría psicoanalítica, y me concedió el privilegio de inaugurarlas. A mi disertación “El nacimiento del psicoanálisis” siguió la de Grinberg y Juan Francisco Rodríguez “La influencia de Cervantes sobre el futuro creador del psicoanálisis”. Este bello ensayo había sido presentado en el panel sobre “Don Quijote, Freud y Cervantes” en el XXX Congreso Internacional de Psicoanálisis, celebrado en Madrid en julio de 1983, donde cautivó al auditorio por su elegancia y su erudición. Este escrito muestra concluyentemente la influencia de Cervantes en el joven Freud, que había leído el Quijote y las novelas ejemplares y se había quedado arrobado por “El coloquio de los perros”. Con un amigo de su juventud encarnan a Cipión (Freud) y Berganza (Silberstein), en una conversación en que está en germen el diálogo psicoanalítico. Es un aporte original de este texto afirmar que, con la “Academia castellana”, el psicoanálisis ya existía en la mente de Freud mucho antes de que aparecieran en escena Breuer y Anna O. Los autores afirman, también, que Don Quijote y Sancho Panza abordan temas típicamente psicoanalíticos, como la dialéctica entre realidad y fantasía, sueño y vigilia y, entre otros más, la locura como un fenómeno complejo pero comprensible en términos de motivos humanos. A este espléndido escrito siguen otros no menos interesantes de José Rallo, Enriqueta Moreno, Mercedes Valcarce, Jaime Tomás, Rafael Cruz Roche, María Luisa Muñoz, Isabel Luzuriaga… Los presentó en forma de libro la Colección Continente/Contenido, dirigida por Mercedes Velo.

*** Es difícil resumir en unas páginas la rica vida de un analista sobresaliente como Grinberg. Nació en Buenos Aires el 23 de febrero de 1921 en un hogar de emigrantes

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Una semblanza de León Grinberg (1921-2007)

judíos y sus padres se esmeraron mucho por su educación. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires y ya entonces mostró vocación por el psicoanálisis, como su compañero de estudio David Liberman. Los dos fueron amigos entrañables y ambos llegaron a sobresalir notoriamente. Es un milagro del amor y la amistad que estos dos colosos nunca sucumbieran a la rivalidad fraterna que el destino parecía depararles. A poco de recibirse, Grinberg ingresó a la APA, en la que llegó a miembro adherente en 1952, a los 31 años. Su carrera fue meteórica y en cuatro años llegó a profesor del Instituto de Psicoanálisis y a analista didáctico. Ya dije que asistí a su seminario como candidato y pienso con fundadas razones que fue el primero que dictó en su vida. Grinberg pertenece a una segunda generación de analistas de la APA, como Resnik, Bleger, los Baranger, Rodrigué, Zac, Arminda Aberasturi, Campo, Rebe Álvarez de Toledo, Mauricio Abadi, Jorge y Teresa Mom, Rolla y desde luego Liberman. Se analizó con Arnaldo Rascovsky y, cuando éste se fue a Estados Unidos, siguió con Marie Langer hasta terminar su carrera; llegó a ser, después, su colaborador y amigo. Con ella y con Emilio Rodrigué, escribió dos libros sobre psicoterapia grupal. El primero, Psicoterapia del grupo. Su enfoque psicoanalítico, fue publicado por Paidós en 1957. Agradable y riguroso, fue el primero en su género escrito en español y tuvo una gran influencia en América Latina y España, que todavía perdura. El eje conceptual de esta obra es que el grupo es una unidad y que ese conjunto psicosocial debe abordarse con una definida actitud interpretativa de base psicoanalítica. Por razones de oportunidad, de tiempo y discreción, este libro no se había extendido en otros campos y en él sus autores no se habían animado a presentar un material clínico completo. Estas limitaciones pronto fueron subsanadas cuando la Editorial Nova publicó en 1959 El grupo psicológico. En la terapéutica, enseñanza e investigación. Grinberg, Langer y Rodrigué dividen el texto en varias secciones, que parten de los dinamismos y aspectos teóricos de la psicoterapia del grupo, para extenderse a diversas áreas y considerar por fin sus aplicaciones a la enseñanza y la investigación. Colaboran en esta empresa más de veinte especialistas latinoamericanos. Sin duda la electrizante dinámica del grupo fue uno de los incentivos que llevaron a Grinberg en aquellos años a estudiar con especial énfasis los mecanismos regresivos del funcionamiento mental, que a veces el grupo expresa con diáfana claridad. Los primeros trabajos propiamente psicoanalíticos de Grinberg se dirigen a la magia y al animismo, con especial énfasis en la negación como mecanismo de defensa. Un texto sobresaliente de estos años es “Aspectos mágicos en la transferencia y la contratransferencia”, que leyó en la APA el 27 de marzo de 1956 y se publicó dos años más tarde. En este trabajo Grinberg introduce el concepto de contraidentificación proyectiva, al cual se va a referir en muchos otros escritos. Como él mismo lo dice en su recordado artículo “Pasado, presente y futuro de una trayectoria psicoanalítica”, escrito para el XXX aniversario de la APA en 1974, cuando María Isabel Siquier dirigía la Revista de Psicoanálisis, en sus comienzos la investigación de Grinberg se dirige al estudio de los procesos regresivos, la magia, la

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R. Horacio Etchegoyen

omnipotencia y los mecanismos psicóticos. La negación ocupa un lugar principal, al lado de los mecanismos esquizoides y la identificación proyectiva. Un primoroso ejemplo de aquellos años es “Sobre algunos mecanismos esquizoides en relación con el juego de ajedrez”, publicado en 1955. El primer libro que lleva a Grinberg como único autor es su perdurable Culpa y depresión. Estudio psicoanalítico, que publicó Paidós en Buenos Aires en 1963. Era un momento en que se debatía ardientemente en Buenos Aires (y en muchas otras comunidades psicoanalíticas) el lugar de la culpa en el proceso psicoanalítico. Había analistas que defendían a capa y espada que el centro del conflicto neurótico era la negación de la culpa por los impulsos agresivos contra el objeto amado, mientras otros, con similar porfía, buscaban liberar a los pacientes de una culpa que los condenaba en la dialéctica de un superyó sádico y un yo sometido y masoquista. Grinberg zanja esta polémica al darse cuenta que hay “dos” tipos de culpa (y no una): la culpa persecutoria y la culpa depresiva, que relaciona lúcidamente a dos clases de duelo, normal y patológico. La culpa persecutoria está ligada a la posición esquizoparanoide, pero no es lo mismo que la ansiedad persecutoria; la culpa depresiva, ésta sí, es la que se refiere a los sentimientos de pena y preocupación por el objeto, que hace posible la reparación. La diferencia entre culpa persecutoria y depresiva es un aporte teórico de gran envergadura, que lleva a diferenciar, también, el duelo patológico del duelo normal. En un paso audaz, Grinberg propone que el duelo no sólo implica la pérdida del objeto sino también de las partes del yo (self) que están depositadas en él. Esto da una visión más amplia de lo que se pierde en el proceso de duelo. Culpa y depresión incluye un capítulo de Rebeca Grinberg sobre el duelo en los niños, donde se muestra claramente cómo afecta a los pequeños la pérdida de sus seres queridos y la percepción de la muerte. Obra de perdurable influencia, su segunda edición de 1971 introduce algunas modificaciones importantes, señalando el peso de los factores sociales en la culpa persecutoria, dado que la sociedad la inocula en las personas y no siempre comprende, además, los factores positivos en la rebelión de la juventud. (Estamos en los umbrales de los conflictos entre Perón y los montoneros y los comienzos de la Triple A). En 1971, León escribe en colaboración con Rebe, Identidad y cambio, que publicó Kargieman en Buenos Aires. Ya su título plantea un gran problema, que puede remontarse a Parménides y Heráclito. ¿Cómo es posible el ser con el cambio? Los Grinberg lo estudian definiendo tres vínculos: espacial (individuación, el yo distinto del otro), temporal (ser siempre uno mismo a pesar de los cambios) y social, en cuanto a la pertenencia al grupo (o a los grupos). La identidad queda definida como la capacidad de sentirse uno mismo en la sucesión de cambios que proponen los azares de la vida. El cambio implica aceptar lo desconocido, lo imprevisible; y la enfermedad mental puede entonces definirse como un intento (desesperado) de mantener la unidad frente al cambio, para que todo siga igual. Al evitar lo nuevo se asegura la identidad y se evitan la angustia y la depresión; pero al precio de no vivir realmente. Como dijo José Enrique Rodó en sus Motivos de Proteo, renovarse es vivir. Identidad y cambio discrimina cuidadosamente entre yo y self echando mano

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Una semblanza de León Grinberg (1921-2007)

concienzudamente a Freud, Klein, Bion, Erikson y otros psicólogos del yo. Los Grinberg parten de las ideas de Hartman sobre el self (como persona) y el yo (como instancia) y las desarrollan a partir de Edith Jacobson, Wisdom y Erikson. En la segunda parte de este libro se estudian las perturbaciones de la identidad, con especial atención a la despersonalización y las migraciones, que abre el camino a otro libro de los Grinberg sobre la migración y el exilio, lleno de belleza y nostalgia, que Alianza Editorial publicó en Madrid en 1984, titulado Psicoanálisis de la migración y el exilio. Identidad y cambio es, a mi juicio, el natural desarrollo de la idea de duelo por las partes perdidas del yo (self), y conduce a otro libro de Grinberg, Teoría de la identificación, que Paidós publicó en Buenos Aires en 1976. Texto breve y penetrante, expone el desarrollo del concepto de identificación a partir de Freud y sus discípulos, así como también de la escuela kleiniana. Estudia a fondo el concepto de identificación proyectiva, que Melanie Klein introdujo en 1946, y discute después los aportes de sus discípulos Bion, Rosenfeld, Meltzer y el mismo Grinberg, con especial referencia a su concepto de contraidentificación proyectiva. Grinberg estudia la identificación proyectiva en sus aspectos cuantitativos y en especial cualitativos y pone el énfasis en los procesos de comunicación que subyacen a este fértil concepto. Siguiendo de cerca los estudios de Racker, Grinberg emplea la identificación proyectiva para dar cuenta de los complejos y sutiles efectos que ejerce en la relación analista-paciente, lo que culmina con su teoría de la contraidentificación proyectiva, que aceptan actualmente la mayoría de los autores. Poco después de aparecido este libro, los Grinberg deciden exiliarse en Madrid en octubre de 1976, cuando era el comienzo de la nefasta dictadura de Videla.

*** Si fue brillante la trayectoria científica de Grinberg no fue menor su desempeño en la gran política del psicoanálisis. Fue presidente de la APA por tres períodos (1961, 1962, 1963) y el primer psicoanalista de América Latina que ingresó al Comité Ejecutivo de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API), como secretario asociado (1963-1965) y después como vicepresidente por dos períodos, de 1965 a 1967 (Congreso de Ámsterdam) y de 1967 a 1969 (Congreso de Copenhague). Le ofrecieron ser presidente pero declinó ese honor. Quien había mostrado poco interés por ese alto cargo, fue después en el XXXVII Congreso Internacional de Buenos Aires en 1991, cuando se eligió el primer latinoamericano para presidir la API, mi más ardiente partidario. Sentado al lado de Rebe en la primera fila, seguía atentamente mi presentación y hasta me mandó un papelito: “Más despacio”, porque yo leía demasiado aprisa. Su influencia como maestro de muchas generaciones de analistas es notable. Es sin duda el modelo de psicoanalista porteño, que sigue la ruta de Freud y Melanie Klein, pero abarca a los analistas franceses y en general europeos, a los psicólogos del yo de Viena, Londres y Estados Unidos, interesado siempre por los problemas de la identidad, los mecanismos de defensa y la identificación. Fue amigo de los grandes analistas de su época,

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como Leo Rangell y André Green, Jacob Arlow y Charles Brenner, Harold Blum, Bion, Hanna Segal, Donald Meltzer, Edward Weinshel, Robert Wallerstein, Riccardo Steiner, Salomón Resnik, Betty Joseph, Esther Bick y muchos otros no menos significativos. Un año antes de su exilio publicó un libro muy interesante sobre la supervisión psicoanalítica y, todavía en Buenos Aires, presentó Psicoanálisis. Aspectos teóricos y clínicos, que publicó Alex Editor, un emprendimiento del hijo de David Liberman. Como dice el mismo Grinberg en el prólogo, este libro reúne una serie de trabajos que van desde 1955 hasta 1976 y cierra un ciclo de su producción. Con algunos agregados y otro formato, fue presentado por Paidós (Barcelona) en 1981. No me resulta fácil escoger algunos de estos trabajos para mencionar en esta nota, porque todos me parecen valiosos. “Los sueños del día lunes” (1960), en colaboración con Rebe Grinberg, siempre me pareció una perla; pero ¿cómo no mencionar los trabajos en que Grinberg habla de la indentidad, del conflicto y la evolución, de los mecanismos obsesivos de control omnipotente y realista, de la creatividad y tantos otros? A comienzo de los años sesenta Grinberg se puso a estudiar en serio la obra de Bion con un grupo de estudio, al que siguieron otros (en uno de ellos estuve yo con Benito López). Estas inquietudes culminaron en su conocido libro Introducción a las ideas de Bion, que escribió con dos de sus estudiantes, Darío Sor y Elizabeth Tabak de Bianchedi, que habrían de ser después analistas sobresalientes. Este libro fue publicado por Nueva Visión en 1972. Escrito metódico, ameno y riguroso se difundió literalmente en el mundo entero: se lo tradujo al inglés, al francés, al italiano, al portugués, al sueco y hasta al japonés. Se reeditó en 1991 como Nueva introducción a las ideas de Bion, con algunas modificaciones y un capítulo sobre las últimas contribuciones del gran pensador inglés. En los diez y ocho años que van de la primera edición a ésta, el libro se fue expandiendo y modificando, hasta que la Colección Continente/Contenido, de la incansable Mercedes Velo, lo publicó en Madrid. La historia de Grinberg tiene muchos momentos culminantes, pero tal vez el más elevado es el de relator del Congreso de Copenhague (1967), donde discutió con Anna Freud el concepto de acting out. Fueron dos presentaciones brillantes y Grinberg se lució cuando puso en relación el acting out con las angustias de separación y la identificación proyectiva. Terminó definiéndolo con acierto y con gracia como un sueño que no pudo ser soñado. Los Grinberg permanecieron en Madrid cerca de veinte años, en los que León ejerció un gran magisterio en la Asociación Psicoanalítica de Madrid, donde enseñó teoría y técnica psicoanalítica y la obra de Klein, Bion y Meltzer. The goal of psicoanálisis: identification, identity and supervision (1990), publicado por Karnac, abarca buena parte de la obra de Grinberg en inglés. Como dice Grinberg en su prólogo, Riccardo Steiner y otros amigos, deseosos de tener su obra más a mano, lo estimularon en este emprendimiento. En 1993, en mi carácter de presidente de la API, tuve el gusto de nombrarlo secretario científico (chair) del Comité de Programa del Congreso de San Francisco (1995), donde mostró una vez más su inteligencia y su capacidad.

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Revista Latinoamericana de Psicoanálisis. Vol. 8/2008


Una semblanza de León Grinberg (1921-2007)

La Editorial Promolibro de Valencia publicó en 1996 dos libros que resumen su labor en esos veinte años en Europa: El psicoanálisis es cosa de dos y Psicoanálisis aplicado. En septiembre de 1995 los Grinberg decidieron dejar Madrid para instalarse en Barcelona, donde vivían sus hijos y sus nietos. Allí pronto reinició su enseñanza con un grupo extendido de alumnos y allí lo encontré en el Congreso Internacional de 1997 con que terminé mi mandato. León y Rebe hicieron una hermosa recepción, sin que nadie supiera, por cierto, lo que iría a pasar poco después. Lo visité en agosto de 2000 después del Congreso Internacional de Historia del Psicoanálisis de Versalles y fue nuestro último encuentro. El 29 de julio de 2003 la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA), de la que fue fundador, lo nombró miembro honorario y él gozó este homenaje, aunque aquel insuperable orador no lo pudo agradecer con palabras. Tengo la vanidad de pensar que, si el riguroso crítico que fue siempre Grinberg leyera estas notas, se sentiría satisfecho. Buenos Aires, 6 de diciembre de 2007

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Revista FEPAL 2008  

Revista Latinoamericana de Psicoanálisis. Publicación oficial de la Federación Psicoanalítica de América Latina.