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ISBN-10: 987-22891-4-X ISBN-13: 978-987-22891-4-0 Diseño de tapa e interior: María Gabriela Castro Foto de tapa: Gustavo de Vera «Enganche de vagones del Viejo Expreso Patagónico ‘’La Trochita’’» 1ra Edición © 2006. Secretaría de Cultura de la Provincia del Chubut Rawson, Chubut. Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina

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con Mónica

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último paisaje soy el último de mis paisajes y mañana habré de mudarme esta historia me mira con ojos de liebre muerta sobre la ruta muerta.

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no es ésta una noche de espanto No es esta una noche de espanto; una sopa donde mueren los obreros y los sabios, y el carnaval despierta entre escarcha.

La carta de tu risa anunció que ya nunca; y voy ahora de regreso a mi orilla de página y contemplar

cómo se muere dios con tu nombre atragantado

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frío y masculino corazón el tiempo, ese novio masculino y enfermo que tengo, rondaba la casa esta mañana. me esperaba en la vereda de enfrente husmea sobre mi hombro esto que escribo estoy sorbiéndome en este desayuno que mi enamorado mantiene caliente para mí. yo ando silencioso por estos días, acaso presintiendo esta nevisca desordenando poemas por la casa, y el tiempo -ese novio masculino y enfermo que tengose queda allí de pie, mirándome y discreto como un mucamo arrepentido.

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sólo buey Ay de la palabra buey! Con sus pezuñas como verbos castrados que iluminan la arena mojada. las ropas tristes de mis ángeles caídos y sin saber Con qué pintas de sangre se escribe cuando ya no hay qué detenga este cardumen de las alas rotas que boquean moribundos.

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y si fuera el hambre con alas ¿Y si fuera el hambre con alas de mariposa? ¿Y si fueran los dedos de mi hijo cuando olvide mi nombre? ¿Si fuera la palabra No sobre tu boca en blanco? Por eso es agrio el silencio que llevan atado a la rastra. ¿Y si acaso fuera un diluvio punzante y yo sin mi paraguas? ¿Y si ya estuviera clavada y yo todavía esperando? ¿Y si fueran los dientes de mi hijo clavados en mi culpa, y sus dedos señalándome y su palabra de hijo llamando a otro por mi nombre?

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es cuando tu mujer desnuda Es cuando tu mujer desnuda y borracha y llorando y tendida sobre la mesa te mira con ojos que preguntan “¿cómo pudiste?” Y estás sólo, con tus manos que no alcanzan. Cuatro patas tiene el viento y te sopla al corazón.

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muelle Se adentra en uno en aguas, en piedras en dientes de un intento ensayo y endiablada vanidad del territorio aguas adentro

Lo sabe: bajo la grúa muertamente

Lo intuye: en la frontera de los náufragos

Percibe: un país extiende, crispa, estalla dedos ulcerosos como muelles erizado en pescadores.

Imagina: nostalgia insolente porque no es él, sino la tierra (jirones) país que hunde su hocico.

Y no puede no consigue ni acierta con su idioma de semen revertir un arrebato clamando y piedras y dientes bajo su lengua.

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la montaña es una hoja La montaña es una hoja a favor del agua y a pesar del viento.

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hollejos de tristeza De la tela con que se hacen los sueños vestí ayer mi último hijo.

llamé su nombre para que despertara a este día infructuoso, lavé sus manos y su cara, peiné su hambre, lo eché descalzo sobre la piel agreste de mi patio.

Va mi hijo así vestido y yo desnudo de sueños y harapos vuelvo a contemplar el hollejo ennegrecido de una tristeza. Me mira allí difusa junto al cajón de frutos vacío. Poco hay para apenarse en esta casa silenciosa.

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carla el faro carla el faro hay días en que se pierde cuando la marea es esta pared. el faro carla, la voz que llega carla el pulso. una orilla fantasma una rompiente sobre el pardo mismo piel de agua vana gloria de mujer vano párpado sobre sí. huele a yodo carla el faro a orilla rota con algas y crustáceos oreja sobre mí, arena de muerte y respira como sus ojos todavía mirando el mar.

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madame ¿Dónde habrán ido los huesos de Madame Bovary; cómo han quedado amurallados si la madrugada la dormía en frío?

todo se llena de azul pero Madame Bovary no regresa. hay un escalón bajo su cabeza y niebla; su sueño la deja fuera de este mundo madame, este mundo Bovary

dónde estarán ahora esos huesos apasionados, madame, qué manos te apartan, carne a tierras a cada lado y no quise preguntar el destello de quién, madame, brilla en tus ojos.

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a qué relatos de infancia... “y el sabor de la sal bajo las rosas” (j. cortázar) ¿a qué relatos de infancia apelará el fantasma para convencerme? se agita el preludio que construyo a solas aún allí, las estrellas se distancian ¿a qué cuentos acudiré para convencerme de lo contrario?

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lado flaco del vuelo Qué derecho reclama aquél poco de pájaro, lado flaco del vuelo herirme el sueño con su pluma rastrera en mi lunes sereno.

Y cómo llega esta agua a medir mis palabras a explicar mis caídas y el soborno del río, tajante y ligero, en mi cielo de lunes en mi lunes sereno.

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ancla salobre Dejo el ancla a un costado. No hay puertos donde abunda este tierral y los barcos me flotan intrusos de este viaje.

Llevo tantos agujeros en mis pupilas que este medio miedo acechaba sobre mi espalda.

Dejo el ancla, la herrumbre y el metal, dejo un recuerdo del agua que me trae esta arena, este olor a lejos que tiene el viento.

Va de otros esta turbulencia y me sorprende el vendaval en pleno frontal estepario Es de otros el poema y otra mano levanta rastros en mi cara.

Las mĂ­as, mis manos, vuelven a puerto con sus redes salobres, con sus abrazos recogidos como despuĂŠs de la jornada.

Vuelven mis manos a casa y en la playa de olvidos se queda una mujer esperando viuda del mar que llevo sobre estos pasos andados entre piedra

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y entre pasto y entre la arena glaciar, ahora cerros.

Voy del mar a tus manos de mis puertos al olvido, de mi tacto y tu tibieza

la furia desatada de este paisaje. Y el ancla, como clavo en el papel, un beso dejado junto al abrojo, será mi viuda que espera.

Dejo el ancla, mi viuda y mi noche, pero los barcos míos siguen allí como manos venturosas tras la tormenta, resabios de vino en el cáliz, maderas de naufragios que vendrán. Eso son. Y eso saben.

Pero vienen conmigo, en flotas de milagros llegan para verte y para echarte sus abrazos como redes, para aromarte salobre y robarte

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del fondo marino y del polvo y romperte fósil la superficie como se ha roto este llanto.

Te pido que guardes, al menos por un tiempo, el puñado de sal que se enredaba en mi barba.

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incendio y mariposa Si fuera incendio y mariposa fuego de morada como infortunio Si fuera pavura de luz viento y crepitar Andaría por lajas y tapiales husmeando desgracia desnudez Si fuera nube y perturbación hielo vertical como astilla a mi pupila Si fuera césped a lo lejos un automóvil sereno junto a la ruta Voltearía a manos tajamares aguas latentes y bajo mi sombra tu aguijón de última avispa

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áridos globos No son comunes globos rojos en el cielo árido de aquí. Algún triste será niño en esta tarde. Hay un rastro de liebres o de ovejas pero no de globos rojos. Vean qué sube por el faldeo buscando en qué enredarse y no ser viento

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detrás del vidrio empañado Esta noche quiero estar loco y no darme cuenta. Estar solo es un milagro imprevisto un golpe en la sien como un beso. Hay un corazón que se acobarda. como un cerdo antes del cuchillo. no hay veredas donde sentarse a mirar el mundo en este pueblo, y las que hay tienen ya otros mendigos más urgentes. por qué sigo soñando en el tiempo en que todos guardan sus frutos y hacen manteca de la leche y conservas y descansan la vejez como dios manda? -qué hay detrás del vidrio empañado que veo en cada mañana? Sobre estas palabras queda el aliento a viejo en mi boca, el oído sordo por el que escucho tu carcajada. un dolor en la espalda que se acuesta conmigo como mi amante y amanece como mi viuda cada día, a despertarme a cuchilladas. No hay gatos en esta casa

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no hay teléfonos el mundo es esa imaginación que tengo afuera Afuera no es más que el patio triste donde Alejandra juega con estatuas rotas para que yo la vea detrás de un vidrio empañado.

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canto del niño sin sus mareas La mesa se ha tragado el canto esta mañana Podría quedar la música y ser mantel. Afuera ladran pájaros; sangra el nogal sus años. Hay quien quisiera ser niño ahora y echarse a rezar. No llega hasta aquí el manto redentor de las mareas. Nunca una ola piadosa que se lleve profundo la resaca, o el temor. No hay lunas punzantes esta noche.

Sólo una escarcha azul pintada de cielo.

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milagros Cuando supiera ser aspa hélice de apenas papel nada más un sueño aerodinámico se anudarán de mí todos los vientos aires en masa que no sabrán agitarme Cuando supiera ser espina advertencia feroz de toda rosa afilada milésima que preanuncia el dolor regresarán en mí todas las heridas cicatrices memoriosas que no sabrán sufrirme Cuando supiera ser milagro ilusión del credo malversación divina del ruego leudarán a mí todos los panes y nadarán sobre mí todos los peces pero ya no habrá multitud a quien ofrecerlos.

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sotanas mojadas Hay días en que mando a mis ojos recorrer más allá de mi ventana. Y vuelven tarde y vuelven arrastrando barrios, barros y sus lágrimas sotanas mojadas por las manos infantiles del arroyo.

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morir a veces un poco será las veces que he partido de tantos lugares, morir tantas veces un poco. tanta gente muriéndose alrededor y yo que siempre estoy allí, mano en alto en el andén solitario, o que parte sin despedida rostro adherido a la ventanilla buscando fantasmas que no están. será por eso que algo de mí resiste a la idea del desamparo; no quiero. me abro paso a esa tristeza, soplo tibio un corazón de arenisca -lateentonces sigo vivo.

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arabescos de mujer La maroma del ave agita el polvo y por detrás esa mano está echando granos al comedero.

Arabescos de esa mano, como si amara el aire.

Mano de mujer que queda, pasos de persona que está. Camina como yendo, pero está. Mujer, grano, polvareda de ave.

Queda. Como tablón del piso y las pisadas que pasaron. Como miga en el rincón que no se barre. ¿Cómo se puede quedar el pie en este suelo manchado?

Pisa para que pase el viento. Las cartas escritas de ayer regresarán por la noche con el cartero.

Pasa. Arabescos de mano como si apartara el aire para dejar atrás la respiración de ayer.

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jardín con estatuas rotas detrás de la estatua donde la niña espera vueltos los ojos y su cara hacia arriba abierta su mano, mansos dedos en el jardín de la niebla apagada al que llegan a morir los pájaros emigrantes que ella recibe como si el mundo fuera redondo y volver fuera posible todavía

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llueves y llamas Cuando llueve de esta manera queriendo que se te vea sé que llueves por mí.

llueve sobre aquél pino y este palo, sobre la mano que apoyo en él, sobre mis uñas, llueve sobre el ciprés y mi sombrero.

llueve aquí desde hace varios días para que la agonía no muera seca y se ablanden las púas vegetales, bajen su guardia y escuchen y te vean calar en silencio las piedras lavadas.

llueve para que por primera vez atienda tu voz, para que tu precaria humedad aplaque el polvo hereditario y no vuelva yo a decir que nunca estuve aquí.

Estás lloviendo sobre mí como si bautizaras cada hueso mío llegado del norte, como si amorosamente eligieras calarme el fémur, las costillas una a una, como si tus dedos palparan mis falanges bajo la carne, mi esternón estremecido sobre mis pulmones,

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Llueves en grandes gotas para reponer mi llanto porque siempre he de llorar mi lejanía, mi país.

Nunca habrá de llover indiferente. Porque reconozco a tajos tus surcos en las calles, porque junto al río y sus márgenes te llevas envueltos las gentes, sus casas, mis niños.

Llueves y llamas por mi nombre a todas las cosas, para recordar mi terror por las noches de lluvia, para azuzar mi pánico intemperie, para bendecir mi techo y mi abrigo y para culparme por ellos, llueves implacable sobre mí.

Y este palo en que me apoyo, los dedos y mis uñas que se aferran, claman porque no cese su bautismo, para que te lleves conmigo la suciedad que ya no me conmueve.

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siesta de la hamaca vacía sólo tengo tu pollera levantisca tus maneras de muslo ¿cómo podía la siesta soportarle tu cuerpo? si mi mano transpirase y no derramaras mi leche ni fuera la mesa Dale que yo lamía tu brazo verías que vuelva la hamaca a tus piernas y mi transpiración a empujarte y la mesa a sujetar cada leche y la mía a derramarte y mi lengua a y tu brazo y la siesta ¿permitirías mi dedo en tu rodilla y el pasto al centro de tu espalda?

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escarbaciones Estoy besando la pared del pozo. Estoy amando el cinturón colgado en la pared. Estoy dudando de crecer estoy buscando en el fondo el palito de escarbar

estoy besando el muro frío y húmedo la nada que me acuna y oscurece protectora incoloro hijito inmunizado vas a romper el cascarón con tu palabra y en los huesos frío fracasado

hay un mareo dando vueltas por aquí. Un mareo redondo como paredes del pozo. Redondo como huecos, como la “O” del hueco donde muere la vida.

Nada llega vivo a este lugar. hijito juega con desechos del mundo la pureza se alimenta de carroña universal

Palitos, palitos. palitos de escarbar dibujar un siglo redondo. Una gran mamá. Dibujar la escalera, la puerta en su lugar. Dibujar el abismo, lanzarse a jugar. Dibujar la salida del pozo, en el fondo del pozo. Palito de escarbar y dejarse caer.

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Si dibujo una orilla, el umbral se pone triste Amanece de llover y mi casa tiembla.

Si dibujo un borde, un final de pared al que trepar. llora una madre por lejos, ladran los perros por llorar.

No me dejes dibujar, palito, palito, palito de escarbar.

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hocico de mar ¿Quién saca los pies del mar: perro violento que intenta ser amable, animal azul que no han matado todavía?

¿Quién sacaría sus pies del mar para andar como milagros descalzos por la casa?

Si me atrevo a la mesa como a un campo de batalla

o si me cargo el silencio, bolsa de qué preguntas. ¿Quién tendrá a mano su mano por detenerme? Es por este mar que llegan a morir los pájaros, veteranos peces fugados que las redes preguntan. Bajo este mar de calma que preanuncia tragedia inspira con la luna y expira sin ella. No he zarpado por las noches y en la leva del ancla trepa un fuego a esperar. Miro solamente como el muelle mira y la marea miente por volver. Si me atrevo a la mano como amarra

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o me atrevo a la mano como viento quedaría una costa a mis espaldas quedaría el margen seco pasado. El muelle sigue aquí bajo el cobarde. El mar, perro violento y azul, cubre su hocico de espuma y se lanza contra mí.

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mano en alto (Sobre una pintura de Mariano Chanourdie) I. Sube una zarpa a desgarrar ropajes del cielo alza su puño a tañir no puede su voz llegar tan alto y entonces es su mano imploración extrema como última señal de quien se ahoga. La multitud mira hacia otro epitafio II. Han robado la ventana por la que un día me llegó su mano en alto, señal de partida, el hombre aquél que no era anciano pero no le bastó para morirse III. Si mi mano fuera esa estaría yo allí entonces acaso yéndome para luego irme porque donde yo he nacido ya no existe y no habito lugar alguno que no sea donde los espíritus me cuentan sus azares y mi mano -mis dos manos- no pueden/tienen/quieren no aferrarse a nada que no sea mi atareado destino de fantasma.

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cuando la penumbra del pasillo cuando la penumbra del pasillo es más penumbra cuando la respuesta no está porque es verdad la pregunta crece sospechoso el huérfano que siempre fui.

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ángeles de tu inocencia (a paloma) Un ángel se muere verde a la sombra del único cartel de neón y la noche que buscaba entre escombros apareció violada ayer día sobre la mesa carmesí de una florista. Ya no hay ángeles que te protejan de la noche: en el cerrado miedo que duerme bajo tu almohada respira fetal el último pensamiento. Son un ejército derrotados ángeles de tu inocencia; Son la amarga caravana que llora mientras desandan el sendero hacia el país de cinco años. Donde muere el aire: es allí donde regresan tus ángeles y cierran sus rejas tras de sí, y ponen candados y pliegan y repliegan sus alas a esperar.

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Hasta que un dios distraído les devuelva el sueño o el sueño de tu inocencia les devuelva la ilusión.

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risa y tragedia Mueve a risa a tragedia.

Mueve a mueca esta figura tuya del desamparo.

Son cuatro los dedos de la muerte: el hambre, el hambre, el hambre y la pregunta.

Cada uno te seĂąala como puede.

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molienda sobre la piedra quieta del molino hay que hacerte el amor como se hace avena cáscara y viento, grano entre los dientes pezón molienda de cuerpo caído como agua sobre la rueda como pan por su peso sobre la mesa blanca de hoy

cómo te llama esta mano el pan que no habrá mañana te está llamando.

arremango mis brazos para nada subo a mirar que nada viene

vuelvo a saber: sobre la piedra del molino muerto hay que hacerte el amor como a una pena

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y semejanza En la mentira del vientre se muere hija la sombra de ese hombre.

Ayer todavía llenaba el mundo con su mano. Ardía el día; calor de dientes contra pezón.

Humo queda sobre el palmo de patio. Niebla de no decir; nublar de mirada.

Llenaba el mundo su mano, agitaba el fondo coral; alzaba vientos.

Ayer llegó cansado como muriendo de nada; como de hacer al hombre

y con el mismo aliento se creó a sí mismo, a imagen y semejanza de su cansancio propio.

La séptima noche echóse a morir; improvisado.

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el tendero (a lautaro) Este viento incesante es el aliento del hijo que despeina tripas abajo que amontona en hojas perdidas de árboles que no están el nombre de cada cosa que no volverá a ser. En ese viento aliento caigo de espaldas sin nombres con qué llamar lo que ahora miro colgado en el tendero de mi patio.

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hoguera y vanidad Si todo es el pan de hoy, todo me salva en tus manos. ¿Dónde canta el mensajero? ¿a quién trae el buen hombre sus protestos? ¿a qué sitios llevaría mis rezos si tuviera? Urgencias de horno me reclaman, hace llagas con su peso mi propia vanidad. Hay un nombre descalzo esperándome en la nieve.

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a la sombra de una fuente Un vegetal pudriéndose a la sombra de una fuente seca y sola. Dobleces que guardan el último no. El cuello del títere cuelga hambriento; la mano alta para escapar del tedio.

Donde hay olvido, donde hubo patios, donde hubo fiesta, donde pájaros vuelven grises; donde muere el aire detrás de esta puerta.

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árbol del pájaro final No dará canciones este árbol: antes será astilla, pájaros secos que llegan a rodar en el solar de las calandrias.

Y cuando el rayo mal te parta y cuando el viento álamo te agite y cuando la raíz amarga te destierre creerán silbos arder en tus ramas como noches.

Vendrán mudos del mundo ensordecido, Vendrán callados del país de esta palabra. Escuadras que Roma envía para llegar a su silencio.

La mansedumbre. El vello ensortijado de las almas raspará por instantes tu corteza, rozará alumbrado el lugar del viento, estropeará entonces el aplauso y no dará canciones este tronco:

De aquí sólo habrá leches del tiempo, contarán historias otros bosques, otros magos estarán durmiendo.

¿Qué harán ahora ahí esperando? ¿Qué piden al árbol que no da calor? ¿Qué dicen mudos del país que los echara? ¿Qué dicen a la sombra de lo que será la llama?

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Ojos para mirar el cielo, eso quisieran. Ojos para buscar el pájaro final. Ojos que arrancarse de sus ojos cuando fuego fuera su primera palabra. Y no tener ya bocas donde hubo ramas; y no sostener lo que queda de aquellos pájaros que mueren en pleno vuelo.

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despojo No intento otra palabra que despojo, que poner frío a ramas como a huesos, vida inerte No puedo otra altura que muñones ni más distancia esta opresión sin delante sin detrás No hay quietud brutal ni palabra necesaria que consiga detener este mundo, entonces la vida vive en estas cuatro ganas pocas que todavía puedo.

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cuando todo llegue Me rompe su risa en la rabia de ayer. Me rompe ese puñado de su risa. y me busca para romperme.

Un cisne abre surcos en la cara floja colgada de mi frente.

vuelve a ser ella en mi rotura, en mi remiendo.

Lo que ella sea vendrá siempre por debajo, llegará tarde, llegará en junio o en septiembre, como ropa sobre la silla sin querer.

Y vendrá mojada, rota de ayer, Romperá el atado, encenderá tules ahumará de noches este siglo.

No siempre lo sé. Como aves en tu plaza. Como guerras de otros países. Como ese hambre de otros al que siempre hemos temido.

Llegará entonces y saldrá de esta boca su nombre disparado, saliva de abejas, estallidos de semillas de retamas; néctar goteando en el pico de un colibrí.

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Pondré a doblar descuidado mis azules y guardaré el resto del día para soñar este sueño.

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es mediodía y pasan Es mediodía y pasan los escolares El reloj es una madre que acobarda al tiempo con apuros. A las tres pasa un carro. Al cabo, un paso de anciano

llevará siempre el mismo camino. Son las seis y se queda vacío

mi rincón en esta casa oscura.

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pan de luces Muerda pan la palabra, muerda el hambre su silencio, muerda el ojo pan de luces, muerda dientes la poesía, Apriete lenguas, erice polvos, albergue culpas. Llegarán fermentos del pan a pudrir el tiempo, Llegarán gritos al hambre, Cegarán luces cada ojo, Habrá poesía desdentada, lenguas óseas, aplacando polvos. Siempre quedará siempre una culpa a cielo abierto.

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árbol solo bien se mece Al cabo lo has sido todo. árbol solo abrigo del sin querer,

“Árbol solo bien se mece” pensabas

Al cabo, todo ha sido en vos. El ciclo del agua y su vergüenza.

la palabra de este árbol se agita hoy en el fuego de otros hombres.

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evocación marina del asombro Sobre la arena inexpugnable soy arena y me cuida el mar como mi madre. Nadie sabe que no temo este mar. No nado, no floto, no temo a este mar que me cuida pero es perro que te abraza pero es mar.

No habrá de matarme nunca el mar éste que me observa desde su orilla, que mueve olas como orejas; que resopla aburrido.

¿Cómo podría ahogarme? ¿Cuándo volvería contra mí (esta bestia mía y de horizonte) sus colmillos salobres, sus aguavivas?

Y cuando sea. Cuando borrascas y resacas rompan este círculo; cuando se parta el aire como una ventana y al otro lado queden curas y abejas y mieles pobres y pobres víboras descabezadas y sin entender. Cuando el horizonte azuce esta jauría plomiza, este baño de sal y yodo; este mar será el cobijo, el regazo líquido al que pertenezco

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y cada tormenta un seno brutal al que morder hambriento. Mientras tanto, tengo cinco años y esta serena certeza del mar cuidándome desde su vértigo.

Mi castillo de arena está terminado.

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arena herida La arena es la piel más herida como heridas lleva el cartero.

Clavada, pero como nacida ahí mismo, como germinada de los mismos granos de sílice, una puerta se levanta al pie de un médano.

Sin huellas por delante ni detrás, nadie ha dejado junto a ella el ramo de flores olvidado, ni el golpe de nudillos expectantes.

Triste: ya nadie espera al otro lado y el cartero se ha cansado de llegar sin que un perro, un miserable ladrido de nácar altere sus correspondencias a nadie.

Una gaviota descuelga el horizonte y lo repliega hacia la orilla. Es tarde y el viento vuelve cansado sobre el agua borrando las huellas de los que no pasaron por ahí.

Llega el viento a terminar el día y cuelga al final su piel de arena volada detrás de la puerta.

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niño con su balde No se hacen castillos con arena del volcán. Esa madre milenaria la arena del cerro es el rastro de una fiesta celebración del cosmos parturiento de este suelo el niño con su balde ha llegado tarde

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quién ama a celda gris quien ama a celda gris? quien pone manos alrededor manos que pronuncien su aliento arrastrado?

la ama con humores tibios y sus caries silenciosas, y ahonda el surco el dedo?

quien ama gris a celda? sube a su garganta? sube a sus orificios nasales? sube a los repliegues de su cerebro? sube como el hambre me sube? sube como me sube mis entrañas?

le baja quien le ama celda? le baja hasta sus ojos bajos? le baja hasta su vulva molusca? le baja a beber su baba? le baja la mirada? le baja las manos para tomarse a sí?

quién ama como se ama celda gris como ama, como alta, como pies bajo mis pies? quien te ama, te pone orgasmos te da pavor te calma el espinazo en dos para asustar la muerte? te ama con dolor?

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te ama la mano lejos? te ama el nombre? te ama mujer viaja a tu lado viaja partiendo en dos la línea horizonte la altura de tus ojos?

quién te ama que me muere que me da de lejos corazón al medio quién te parte por tus partes tan amadas quién te entra y vos tus uñas y tus piernas quién te pone boca a bajo quién te sirve en el manjar de tus omóplatos

el último gemido y aflojara la muerte.

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faroe Escuchaba una de Kristian Blak y me preguntaba cómo serán los pájaros en Groenlandia. ¿Serán como la lágrima de cintia ayer, como su abrazarme tan pájaro ella? Y después.

El piano de Blak quema de hielo Shetland y me trae el arrabal del norte donde el desierto frío es como el frío arrabal desierto donde cintia me abrazaba tan pájaro ella.

Nunca nos habíamos visto, pero cuando se va tan escandinavo, Blak es mi amigo: nada le debo ni me debe ni nos volveremos a deber.

No sabe cintia: las abuelas de las islas Faroe se han dormido en los pájaros de los abrazos que anidan las rompientes y que la suya propia duerme bajo el pico azul de un cormorán acantilado.

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Que vuelva Blak en el agua de su piano a decirme que cintia cantó a su abuela que vengan las shetland y las faroes las islas de la niebla, el pájaro de los abrazos para dejarme andaluz en los ojos de cintia. El amargo de mi nombre me irrita el corazón.

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trenza lágrimas El tío de la lágrima peina delicado una trenza en el pelo de su hija, bajo qué mirada de quien no habrá de peinarse sola. Trenza un tiro, una cinta verde y un por qué; trenza lo que dijo, lo que oyó, lo que se calla. Un ojo, la sombra, el calor; una sombra, el calor, el ojo; un calor al ojo, la sombra. Peina con manos de pozo, con dedos de maza y uñas de la madera. Peina cuando habla; cuando calla despeina. El tío de la sombra trenza lágrima con lágrima: Trenza uñas con su maza, ata dedos con su pozo, clava manos al madero. Y se va después desatento. Trenza un paso, un paso, un paso.

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amor en blanco el amor en blanco es una caverna donde pongo huevos a dormir el cine sin techo de la esquina

no hay en qué pensar la muerte pone números en las puertas de los estibadores y flores en los patios de dios

ni en qué pensar me han dejado esta noche. justo que vos no. no vuelvas a llenar esta casa con las ocho de la mañana no hay nada en qué pensar y si estás aquí, que sea por un pedazo de calma y de cama.

no hay en qué pensar cuando hace frío más que en las orejas que se cortan y no hay siquiera una puta a quien tirarlas ni cuervos en el campo, ni campo hay.

podríamos decir que es un bello paisaje pero todo se hace blanco cuando no estás y no hay clítoris, menstruación o histeria bastante para revivirlo.

El invierno blanco, como el amor te mata.

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ciudadana I. Es azul el esqueleto sobre la azotea y llama a quien pasa por debajo a quien lleva descorridas medias. Esa mujer me dijo, dijo que no estaría allí, que cuando el asma volviera no estaría aquí. Esa mujer que se fue cuando yo volvía por ella. II. Si la mujer toma esta mano si baila el paso aprendido entre polleras de ayer de tías de madrinas, polleras de ayer el baile esta noche será mi baile. III. No tengo duda alguna donde morder este hambre este animal que crece que muerde el dolor Una galleta de luna con agua de noche quisiera y calmar el llanto de lejos

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del país de cinco años que me llega y me acuchilla entre sueños. ¿Qué luna columpia esta noche en mi trapecio? Cuando el piedruzco rueda con mi paso son perros los que gruñen en las sombras. ¿Quién vuelve todavía a su trabajo? ¿Quién tiene algo en su plato o su plato todavía? IV. Ponle un reloj al martes para que el miércoles llegue más tarde. He cruzado la avenida como los Andes y en mi mano cuelga a salvo un maletín. Es necesario salvar algo de tanto en tanto para justificarnos.

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creer que sĂ­ No he visto a dios en parte alguna sin embargo. Una foto brutal del universo me muestra ausente en todas partes.

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desayuno Unta pan y párpados muerde, saliva, traga un sorbo y la mirada de fondo de taza al borde la mesa, sola, la radio, el reloj, traga - ¡el reloj! Unta borde, muerde párpados la saliva la mira la inunda abunda en gestos El reloj el pelo que húmedo el zapato que juega -¡el reloj! la manteca no detiene la mesa no acompaña la radio no dice.

cierra esa puerta.

Adentro, el pan debió aumentar su precio.

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pálido borrón Pobre barrio de apariencias donde la calle de la casa en que nací es el garabato de mi hijo. Pibe aburrido que al final dejará un pálido borrón donde antes ocultaba mi patio.

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adolece Esta adolescencia mía comenzó a ceñirme la tarde aquella en que astillé un espejo que sólo miraba al cielo sin brocal, que era demasiado poco para devolver el vuelo flaco de un pájaro y mi cara de ojos flacos

Sin espejo, ¿Cuántas veces quise a una mujer? ¿Cuántas veces me ha querido una mujer sin espejo?

Adolecer ahora del color que invento porque no he mirado; Ahora que la piel que ayer purgaba su acné cesa implacable de ser piel; que se cuelga pingajo de mis pómulos

porque los sueños ya no debieran ser y son aún esta corona de aguijones; y es más grande y tan sólo el tiempo para otros

Habré volcado el diccionario sobre mí y estaré empapado de las lenguas posibles cuando alarde pasiones ajenas; de todas formas estaré frío y oscuro, apagado infinito y será tarde y algo de mí habrá sabido ser cobarde.

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da por tierra con su pie Da por tierra con su pie da por el charco con su bota AtrĂĄs estĂĄ el auto agazapado obediente esperando a que regrese. Da como golpes a la puerta da en lo alto como gritos Una orilla es esta casa un olvido prometido Fue volviendo como aceite, fue de a pasos impregnando de a huellas un perjurio de regreso/ un auto/ lentamente

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babobesa Como besando y volviendo a besar la planta, el pie único de los hijos de putas todos, anda por esta calle duerme en esta habitación, come en este plato.

Porque tienen un solo pie, un único calzado que se ahuella y marca el rastro plateado que esta culpa persigue como una babosa: sin otro miembro que su vientre arrastrado.

Y si no te cuelga, si no te sobra un por decir; un dedo, o un beso menor, siempre habrá un grano de sal donde morir abrazado.

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mujeres Cargo en mis orificios las mujeres de todos los rostros como cargo los muros Todo me es deuda porque muchas -todas las- mujeres me corresponden Me corresponden la oquedad porque mujer -esas mujeresporque cargo los hombres de mis protuberancias porque los he sido todos y nadie Me cavan mujeres el patio de mí me acuñan baldosa Por todos los hombres los fantasmas que pude cada mujer derriba su espejo Debo agitar el paso: cuando cierro los ojos, aún invento sus cavas

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perros y días Los perros de los días gruñen a mi puerta cada mañana y no tengo siquiera un beso para darles a roer. Se irán en un rato a otra puerta y a otra puerta y otros perros de otros días vendrán en su lugar. Así y al cabo mi enojo los enfurecerá y serán más mañana en esta puerta los perros de los días rabiando de frío por un beso siquiera para desgarrar en sus colmillos ensalivados sostenidos por sus patas tiesas contra la tierra entumecida.

74  

Ultimo paisaje  

Libro de poesías de Gustavo de Vera, poeta y periodista patagónico.

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