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Montar la loma La loma es una situación en potencia. Muestra y oculta un sitio disidente. Conmemora cualquier cosa pasada o futura. Es una extensión de territorio desde y hasta ella. Un podio o estrado accidental. Se ven de allí las divisiones políticas y se venden éstas y decidimos dirección.


PRIMER


ACTO


Grunia: Hipólito, hijo! ¿qué miras? Hipólito: Mi hocico feroz, caridoliente animal con perfil de muerto. Grunia: A primera vista eres un manjar y tu cerebro lleno de una erudición prodigiosa guarda para el último momento los mas cruentos venenos, química de polvos y hierbas mortales, como la ausencia, la perdida, la mutilación, el vacío después de la nausea. Desde que tu naciste, mi niño eros, el toro busca en despavorida carrera una salida al laberinto de tu huella, contigo nació el abandono y la nostalgia; eres imprudente, boquifresco, arrecife bañado en sangre porque en ti revienta la marea del instinto y del deseo, en tus corales ondean los restos de corazones desollados, cupido corcovado, razón última y primera de las cosas, ¡defectuoso!, ¡monstruo!, ¡sol virulento!, ¡ ¡te aborrezco! ! Trúcida (fragmento) de Cecilia Lemus N.


I.- Locus de enunciación: desde la loma.

En el primer momento, huí de la casa de la abuela y subí la loma. En el lecho del PADRE, comprendí la distancia; urge la tierra, bebí el aire y sin darme cuenta me broto raíz, una abisal raíz. Un mañana erré, por un tiempo; adelante me encamine al primer exilio, exilio al centro. La loma-mogote se desmoronaba como la idea de un retorno ¿a que?... Pasada una larga madrugada regresé al cadáver del padre, por los restos. Hoy en este tornar de lomo de loma, de dorado-verdemorado, justo en la caída silenciosa y lenta, las voces crecen la cepa y el cuchillo. En lo oculto veo al asesino, y en la loma mi tiempo. ¡Daga al PADRE, daga al tiempo!


II.- Potencia

Escena: Bajo un sol de medio día tres sujetos caminan por distintas veredas, las cuales no les impide comunicarse, dado que estas se sitúan en un mismo lomerío y cercanas entre sí.

Félix: La ermita se extinguió, pero no el modo de andarla. Caminamos ahora sobre huellas que dejaron las descalzas pisadas de hundidos arcos y afiladas falanges de nuestros antecesores, como un juego andamos aquí brincando por éstas en la periferia. Todo mínimo rastro, se suma al inventario del universo. OmarSM: Tus pisadas enfadan el espacio sin importar su entorno. Bahh! periferia o centro! Es sólo el cuerpo. InspectordeCerros: Si se desplaza la periferia al campo de lo muerto, aún permanece como posibilidad. Por algo andamos en estas lomas, tenemos corporeidad y vida ¿no creen?. Por que considero que en la medida en que la vida o muerte o la huella se torna posibilidad, un panteón deja de ser campo fúnebre; Sigamos enfadando, fisurando, la mole con el cincel heredado, pero con diferente puño. Félix: Lo que heredamos son estos rastros, las formas, inercias, métodos y directrices a manera de «razón» y políticas sobre las cosas y sobre los otros, (aún cuando todo ello se encuentre enterrado en si mismo) mientras que los habitantes de estas lomas heredan otras formas, no repiten las pisadas sistemáticamente. El habitante lomario vacila por que sabe que cada paso horada la tierra.


Escena: Los tres sujetos se observan entre sí a distintos tiempos y atisban detrás y a lo lejos los distintos horizontes. En una loma esteparia, la lluvia se remansa en balsas que se extinguen.

InspectordeCerros: Hey! Eso mero. Si me permites, retomo este habitante lomario como metáfora de mi argumento. Ahora caminamos por esta loma, por estas veredas, que no son caminos ni aseguran destino (hay veredas de perros, de hormigas, y de viento). Despojados desde la cuna (asumo) no veo por que el ejercicio crítico demande el sable del padre, es decir: a veces decidimos no seguir el camino heredado, el discurso probado, abandonar de tanto en tanto el velo cultural que penetra el deseo. De esta manera atravesar, puede ser una razón estratégica. Transversar un panteón y las huellas escritas, como el objeto de persistencia, de lo que nunca desaparecerá; ver en este errabundeo la potencia de andar y construir. (interrumpe el ventarron pasajero)

OmarSM: El cuerpo, la imagen, la huella quedan como documento y como objeto que pasa por vitalidad-vestigio en el mismo momento. Algo más musical, creo.


III. Ocultamiento

Escena: después de caminar por la veredas, estas concuerdan en una sombra mínima de un mezquite, el sol apremia y el cuerpo pide esquina. La sombra es fugaz y el mezquite caprichoso.

InspectordeCerros: Este árbol me gusta porque a través de él se puede leer parte del subsuelo, el nutriente y la corriente del mismo. No responde a un patrón específico de altura o grosor, en su cuerpo se manifiesta claramente su improvisación por la existencia. Es imagen de lo oculto. OmarSM: En esta improvisación por la existencia y adelante y a la larga ¿no estaríamos por notar un endurecimiento de la improvisación? ¿que marchite el árbol, que muera? y por ende ¿lo catastrófico del endurecimiento de la posibilidad, de la subjetividad? Lo inverso sería que un diagrama y temor condensen su zona de ser e imposibiliten todo acto de creación. InspectordeCerros: Este mezquite me hace visualizar la imagen de lo que no veo. Tus reacciones y las reacciones de quien te secunde serán imágenes, producciones, diagramas fugaces sobre lo oculto, tus políticas de subjetivación son una desnudes crítica. Félix: así es, y lo que se torna rígido son estas ramas que cuando mueren y caen, en el piso dibujan una suerte de entramados diagramales y aún estos son esporádicos y sólo allí es que podemos observarlos, pues ahora el sol es tan intenso que nos cegaría el voltear a ver cómo brota cada uno, ya después el viento se encargará de removerlos y el sol y la lluvia de machacarlos en polvo. Toma este puño de polvo (se agacha el personaje y toma debajo de una piedra, un puño de removida y seca tierra) Aquí no hay más que esto.


IV.- ¿qué miras?

Escena: se ve en primer plano, bajo el mezquite a uno de los tres sujetos, al fondo, sobre las veredas los otros dos, todo bajo una luz que no permite distinguir quien es quien. Solo el viento susurra sus cambios repentinos de dirección, aun no hay remolinos.

Sujeto 1: desde aquí parece que te estas alejando demasiado… Sujeto 2: me parece que todo es percepción, por aquí tu pareces mas lejano aun… Sujeto 3: no se que decir. No se que es lo que se ha alejado, o quien es el alejado, ¿de que?, sin ese centro a veces parece que la espalda es confusa, que el horizonte es patraña. Seguir en el camino es seguridad de llegar a algo, ¿dejaremos la vereda?, ¿es esto lo indeterminado, un intervalo?


SEGUNDO


ACTO


Caminamos la loma con el sentido de contemplar, de observar de tal manera que se estructurara s贸lidamente lo que iba surgiendo en el paisaje. En la casa azul de la loma, detr谩s hay una cocina de carb贸n, en ella, una mujer dibujada sobre la pared ahumada, de sus pechos brota leche que cae en ondas o m谩s bien chorros crispados que se prologan a los costados y fuera de la mancha de humo. La mujer tiene una palabra atada al cuello "Silencio".


Salimos temprano para tomar la tenue luz diurna. En la cima de la loma "la coronita" un mogote con un mezquite y un nopal que es ya un รกrbol. Dos desgajamientos suceden, tal vez tres: Un personaje oculto tras la nopalera lanza piedras, mรกs de diez en distintas direcciones. Otra figura grita ยกSILENCIO! El primero, deja las piedras y contesta ยกSILENCIO! Se muestra el sol.


La huella del cuerpo físico se hunde en la tierra húmeda por el sereno nocturno. La noche y la humedad dejan el campo fértil para hundir los zapatos, dejar un rastro. El cuerpo mental se desplaza rápidamente por la línea yacente que describen las lomas y cerros al rededor. <Un cuerpo fijo y un cuerpo móvil enlazados> Un sujeto lanza una piedra colina arriba, la levanta y vuelve a lanzarla, así tres, cuatro y cinco veces. El mismo sujeto arrastra una estela humana. Al lanzar la piedra proyecta una dirección, al caminar para asir de nuevo la piedra jala dicha estela. Hay una dirección centrípeta y una centrífuga. ¿hay algo fuera del dibujo?


Tres personas entran en un hoyo en la tierra, más bien tres hoyos; reconocen el perímetro cercano de la cavidad en la que se encuentran y como espasmos también miran la lejanía. <Montar la loma no sólo es estar encima de ésta, también es estar debajo, atravesarla> Ciclos: La lluvia se remansa en balsas de agua sobre la loma esteparia, se filtra en el suelo y se evapora, tal vez crece alguna vegetación. Los tres sujetos entran a los hoyos (horadados por alguna máquina) salen sin más, se van.


Correr en círculos en una pendiente me imagino que es como dibujar con un espirógrafo en un papel que se desliza. Desaparecer u ocultarse tras la pendiente cuando se baja, reaparecer al subir. Dibujar un perímetro más o menos circular es construir un centro móvil. ¿Existe la "periferia"? Gritar ¡AQUÍ! es afirmar un sitio más que central, un sitio íntimo, el eco describe lo contiguo, desvanece la periferia. Así, exclamar ¡CIMA! coloca un estrado resonante bajo los pies de quien brama. Tal vez no existe la periferia.


Un personaje arroja una piedra hacia una duna de arena gris o morada, la piedra sube y resbala. Hay una herencia que como afrenta se carga: La razón forzada a comprender. Una larga columna de humo se desvanece al aire, sólo se ve ésta como testificación momentánea de algo ocurrido. Ese algo ya no está. La piedra resbala incesantemente.


Accionantes: Miriam Licón, Gibrán Morales, Omar SM, Félix Luna



montar la loma