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FLORA A Tania Té por Haití Felipe Ruiz


Petunia El aroma de las Petunias Me llega como un sabor al ombligo Y quiere salir de mí como un cordón Mal abrochado a una placenta Petunia: si tú supieras… A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar a la alcoba, se me aparecían los ángeles. Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas blancas como la nieve…

Y las nubes de polvo – decías Qué hay en las nubes de polvo Pues bien, viejas petas y pétalos Digo Que una mente mal habida cultivó

Marosa Di Giorgio Entre el aroma de los frascos de aerosol Ella dice es como una anestesia el sabor a alcoba Roja De nubarrones que se acercan y acechan el poema Cómo, chica, has encontrado a Petunia Comprando un café helado en el letrero decolorido De LASTARRIA Es el café que beben espumoso blanco níveo


Y las nubes de polvo – decías Qué hay en las nubes de polvo Pues bien, este invierno, se me dio vuelta el paraguas Y me mojé apenas porque era más el viento que la lluvia Así qué más, las nubes barren la pantalla Donde el librero nos acomoda de nuevo en la estantería Y alguien lee el poema “Petunia” Shiiiiiiii no digamos nada

Adelaida “La hormiga es un centauro es un su mundo de Dragón” - la hormiga se cree un Dragón - pero es apenas un centauro dice con humildad y yo escucho el verso Adelaida al revés, como una gaya que canta en un potrero de yeguas – invertidas – que no saben discernir un poema de un sabiondo hediondo – decías como el dolor , o como el aire que respiran las mariposas que son bellas de lejos pero horribles de cerca y las nubes que somos – fantasmas en un cuerpo que reniega de su forma Adelaida va con sandalias en el túnel del metro Y conversa con otras que no son Adelaidas Perfuma con su paso Claro – me dices Porque lleva sandalias Baña sus pies todas las noches en agua de yerbas Y apenas bebe


la hormiga se cree dragón, pero apenas le alcanza para Centauro si comenzamos a mirarla veremos sus ojos luchando y quiere flamas en su boca Flora pero no se humilla, dime Adelaida, ¿quién se humilla en realidad? ¿nosotras o ellas?

Flora, su nombre perfuma mis pies Cordones mal amarrados a la madre

La pieza donde escribo está llena de moscas, discípulas, espectadoras Cientos de ojos que miran mis poemas Sólo la humildad da, lo sencillo Lo sencillo es la espera entre quien no espera nada Y segundo después, digo, un segundo después aparecen mis manos Mis pies El verso es el siguiente: eso es la desesperación Nada comparado con empuñar una pequeña Adelaida Y abrirla en la mano para que se abran sus pétalos Como una esponja, y aflora el poema

Flora como una bella melodía su paciencia Y yo estallo cuando expulso el verso desde el ombligo Como si llanto, lágrima Cantimplora para las lágrimas Canta, implora gaya, ¿dime, dónde está el amor? Flora camina por la calle como una peta, como la piedad El nombre es bello como sustancia de almíbares Y miramos largamente el rostro del crucificado En el pequeño rosario, es un rostro pequeño, apenas visible En la pequeña cruz que pende de la pared Un rostro tan pequeño, dirá usted, del tamaño de un pendrive Increíble tanto contenido en algo tan pequeño Flora, quizás, penden también nuestros cuerpos Como nubes, de un cielo que explora nuestros rostros Como un paraguas invertido que de pronto nos apunta -

todo paraguas invertido parece un arma –


pero las llaves se agriparon, flora, como nuestras narices este frío invierno Eulalia

Ursulinas

Eulalia me regaló una pastilla de alcanfor Para el pecho apretado

Como de un colegio, Ursulina Sencillas flores avanzando Por la cuadra, con una insignia

Un día – dices Cuando la playa se dibuje en el cielo Repartirán de nuevo los dones, Eulalia A una palabra que desconoces, pero que está Eulalia, aroma de esponjas remojadas en agua de menta Que espanta los olores soporíferos Como espuma de helado níveo o leche nevada En los colores aguados del atardecer Eulalia, la crema del cielo más que dulce, hiela la garganta Como menta Aparecerá la mujer – dices Pero tu también eres mujer, una mujer que renueva su Promesa, como una vieja peta que Llevamos dentro

Dices Cuando recuerdas a las monjas Y los coles que marcharon ese año Bajo nubes diferentes que el atardecer Recuerda, Ursulina, juventud marchando Y nombres grafiteados en las murallas - un poema grafiteado en una muralla dices como para pasar esa muralla la menta forma hielos en nuestro paladar anestesia nuestro calor del día soleado de los estudiantes como moscas que observan lo que escribo o como viajes – dices viajes al paisaje la mística de las flores

Eulalia, mi nombre no me pertenece Es sólo una voz que menta


Y transcurre la vida, decías - Manos de monja, Flora Flor de Anís El Anís renueva el mármol de la página Cuando se vuelve sólida y no quiere Grabar unos cuantos versos Luego la flor me habla – decías Y balbucea ciertos principios básicos De la composición de las hierbas medicinales Que auscultan al hombre Como a un sensible animal

Que la vida es eso, un mármol que cubre La caída del otoño cuando la página Quiere romper el mármol que parece Lento Cuando no transcurre la vida Sino el verso Luego caerá la lluvia como dices Descansando de la flora vegetal Para que sane la flora intestinal Del animal sensible que se quiebra pensando Un instante solo, con el anís

Se me quema el salado en la garganta Con la flor de anís que tus heridas curan Antes de quebrarte pensando Pero no Sosiego Taciturnio vuelvo la mirada a la que ausculta Ciega – puros personajes que como monjas Me sanan Flor de anís: incipiente, envoltura de capullo Que apenas flora en los ojos te devuelve la Mirada hacia las nubes Lluvia que moja el pasto donde crece el anís

Para que hable de la medicina natural Y te ausculte, mirando tu interior Flora me decía que el anís era muy bueno Porque sacaba el calor del deseo con Un amague natural


Caen presas en la página Presa por presa – así mismo Efigenia Como dos magdalenas crespas En su ancianidad de pétalos Corre – dice la Efigenia Cuando veas esos nombres presos En la página Aviso de muerte, porque una llave agripada Se contagia como los besos, acacias que casi Calzan en el brebaje Mejor – dice Pensar en que los nombres llevan su seña En el paisaje que paseamos, merodeando Rúbricas y lúbricas: ungüentos Que bien, luego caen desprevenidos En la cera de las pellejerías y pilchas Que un buen sano cambiaría Por una condecoración en el pueblo de La Cruz Donde los árboles son nubes molidas Es el viento – dices Corre, porque las madreselvas traen perfume Crespas como en su ancianidad de pétalos

Despresadas como pétalos de me quiere y no me quiere Adolfina Quien quiera que lleve tu nombre Toma su cabello con un peine de alondra Como dices que el precioso peregrino La ve en su charpe Cubierta Por los dientes del peine que engalanan el peinado como dientes de león los dientes de león crecen como los cabellos de un felino engalanado y luego, pasa una hora en esa espera que bajes del tren y yo me cambie de vida equilibrando el sujeto a duras penas es el instante preciso para que leas lo humillado en el techo del tren “una urraca que no distingue el ala de la cola” Como el paraguas que se me volteó al día siguiente De conocerte atolondrado, entre alondras de celofán Acariciadas con tristura Adolfina lleva pendientes y me miro sosegado Bajo una nube de polvo Va a viajar – dices


En una nube de polvos suspendidos como contando ovejas Con formas de nube Para el rostro casi ignorado Sí, tienes razón, podría ser mi nombre escrito dices En la página marmórea que no que quiere versar Pero el tren se detiene en tu estación Y sigo Se fue luego la muchacha virginia

Bonifacia Agujas clavadas en mis palmas De pequeño Cristo y lavanderías - ramo de lavandas en un ramo: curso que pasé con mucha pena después de hábiles piruetas de mimo cómico yo te decía, que iba a cultivar alondras en una casa que iba a tener hasta no sé cuándo pero me ven las nubes como payaso triste despedido de su circo qué haremos con el azul fresco de una menta un día de otoño por la tarde? Quizás los que momias se quedan en el Ahumada Sepan qué fue Egipto, no sé, Quizás una simple lagartija escondea En su piel fría el secreto de los restos Extintores, por último, para saciar la sed, El agua, dénos algo, Libera ese aguacero como una nube En el blanco de aviones que una vez la bombardearon - ridículamente – o quizás sería bueno esos aviones a chorro que arrojan agua sobre los bosques antes de apagarse, Bonifacia, tu nombre, al ser soltado por los labios, Forman una O vocal y bonita


Azucena

Marisa

Quedaste cachudo, altar de cuernos, nupcias falsas – dices, Picado de la araña, porque estás en público y llega la novia perfumada de Jazmines, Al altar donde renueva sus votos – El cielo le observó caer el precio - carísimo – que cuesta pagar su matrimonio.

Marisa, Estrías como enredaderas suben por murillo tus piernas, verdes, ¿cómo? – dices No sé, como sin pensarlo: Nubes de papel prometían Arrugadas en el cielo una lluvia, Pero las cantimploras vaciaron Y no queda otra mente, será menta, dices - ¡Clock! –

perfume de jazmines y una alondra en su oreja, una parra en el pórtico, una alfombra verde y niños que arrojan gladiolos a su paso

Gallitas me salieron de las cuerdas alguien la bañó y la vistió, su nombre es Azucena, hace años, en la puerta, subió las escaleras descalza fue al altar donde la espera, desposada aún, un novio en frac dos pequeños gemelos guardan sus anillos de oro, se los ponen al mismo tiempo en los anulares, un candando cerrado y sin llave les guarda los bienes lo obvio: de muertes separadas

Un ángel me lava lo que mentas, El sonido de mis campanillas – dobles – La hora del té está llegando, Quizás falta subir el tono, no sé, Un pronóstico no sirve en la conversación matutina frente a los avisos de lluvia: Nubes de papelitos arrugados, Poemas que prometían, pero que fueron, Discretos, nublando la imaginación. Espera un suspiro, por esos versos, cuetos, -Un ángel es un gallo blanco – Gesto de vaporizar un toque en la muñeca, Un sentimiento – flores delicadas – una emoción, Un momento, pensamientos, apenas, una esencia que se desvanece…


Amé Amelia o dulce de leche: dos nombres Solo Uno conozco de ellos, Amé, Cuyos pinches de carey toman dulcemente Como almíbar el pelo bañado en aceite de miel El almíbar es bálsamo El negro charpe que cubre tu espalda esta mañana Cómo – dices Cubre el lomo, está bien, el lomo De un bello vello crecido en tus pómulos Enumero las ovejas para conciliar el sueño Ovejas de lana como nubes o algodón de azúcar luego da sed Aglutina el dulce como un verso robado en la garganta Así me duermo Nubes en forma de oveja que se expanden En el sueño de una nube de viñeta En tus canciones, lo que sueñas es sincero, florar de la sequía de versos siguientes Te ves temprano esta mañana, Amelia, Y tomamos el mismo tren, pero vas, Tú vas A la calle y yo al trabajo, es decir: VAS A LA CALLE LAS VERTIENTES nubes agripadas estornudan dos nombre tienes solo

conozco Amelia, cómo quién - dices como el gentilicio del amor, Amé, como el gentilicio del amor brillo en tus vellos de la cara


Florentina

Cosita

Antes de casarse, Florentina se llamaba Se llamaba Florencia.

Tocador

Algo pas贸, despu茅s De la guerra de tortazos, Despu茅s de los bombones Una mujer muri贸, Y por eso le dieron El nombre de Florentina.

Transistor

Tocador!

Secador Cepillador Maquillador Maquillador! Encerador Suspensor Supenso... Motor


Sandra No me gusta Sandra Pero así somos nosotras: vanidades, musita pronto del impacto; la verborrea de cortinas de humo antes de que impacte Sandra no es de Villa Galilea, Nombre oculto y misterioso De Casandra, antes que casara.

Ediciones de Artes Sanos 2011

Casandra sería como June Jordán mirándose al espejo Cuando empieza a cantar (mi nombre es mío, ese hombre es mío), Viajando su imaginación en el tocador Como Myriam Hernández en el desierto Ventilando sus cabellos con el secador, Ese tono mate del televisor de transistor - musitas: cosita – y vez la vara que lleva en su mano como un taco de billar en miniatura o como un palito de sushi demasiado grande, quizás, palos de tejido con que te podrían matar en la alcoba.

Flora  

Libro de poemas

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