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DOMINGO 11/8/2002

ABC

쏒 ESPECTÁCULOS 쏒

ENTREVISTA LEONOR WATLING ACTRIZ

«No creo que mi timidez sea un arma de defensa» por D. CENTENO y F. TISERA

a presencia de Leonor Watling fue de las más esperadas. Como ya es habitual en estos casos, luego de su «comatosa» participación en «Hable con ella», la atractiva actriz angloespañola entró al pequeño cielo habitado por las arquetípicas «chicas Almodóvar». Así que la expectativa era de lo más normal. No muy simpática, y algo a la defensiva, apareció la madrileña. Ver su rostro angelical, sin pizca de maquillaje y de una blancura que parecía desconocer el sol; mezclado con cierta actitud felina hacia cualquier pregunta, corroboró el mito de la estrella con cara de querubín pero de trato endiablado. En esta ocasión, su presencia se debió a un coloquio, organizado por la UIMP, que sostuvo con el chef José Mari Arzak, el humorista Cansado y la Miss España Vania Millán, sobre el gusto por la lectura. —Ha dicho que la música es una de sus grandes pasiones. ¿Podría comentarme su antigua faceta de cantante en el grupo Sociedad Protectora del Soul? —No. Hemos venido a trabajar sobre lo de hoy y a hablar de cine. —Entonces, ¿sería capaz de escribir un libro? —¡¿Perdona?! —Se lo pregunto porque vino a un encuentro sobre libros. —No creo que escriba un libro... No lo sé. Nunca me planteo la vida así, sólo como va viniendo. No la ha-

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Leonor Watling, durante el rodaje de «Hable con ella» Peter Lindbergh

go basada en reglas. Si algún día tengo algo que contar, seguramente, lo intentaré hacer. —¿Tiene alguna preferencia por la novela, el ensayo o la dramaturgia? —Bueno, leo mucho teatro por mi profesión y porque me gusta. También me agradan las novelas y a los ensayos. Prácticamente, leo todo lo que me cae en las manos. Siempre le doy una oportunidad a un libro. —Ha afirmado que «El Extranjero» de Albert Camus es su libro preferido. ¿Le gustaría trabajar en una posible adaptación al cine? —Cuando una novela es tan bue-

na, uno se pregunta si es necesario llevarla al cine… No digo que no. Cada uno tiene su versión del libro, y a lo mejor es muy bonito ver la de otro. —¿Cómo van sus proyectos en cine? —En septiembre comienzo a rodar una película en Francia. Creo que la han traducido como «Mala leche». Será una comedia francesa y ése es el cine que más me gusta. —¿Y qué nos adelanta de la última película española que está por estrenar? —La historia de «Deseo» es de amor, de pasión. Es una película de

Gerardo Vera y a él le gusta explicar cómo se enamora uno, qué pasa con eso. Él hace en su historia como una radiografía, un informe médico de una persona de la que intelectualmente no te puedes enamorar. Leonardo (Sbaraglia) hace de un personaje nazi, hijo de alemanes argentinos; y el mío es el de una hija de un republicano fusilado. Pero, a pesar de todo, y teniendo presente que no son el uno para el otro, ellos se enamoran. —¿Notó alguna diferencia en su carrera al trabajar con Pedro Almodóvar? —El hecho de trabajar con Pedro hace que la cosa sea diferente a nivel internacional. Hablamos de un director que ha sido número uno en Francia, en Italia, en Grecia y en Israel. Y yo nunca había estrenado una película en esos países. En ese sentido, me siento muy bien. —¿Cree que este año fue bueno para el cine español? —No. Ha sido un año muy malo en taquilla. Y ha sucedido con todas las películas, hasta con «Spiderman». La venta de entradas ha bajado un cincuenta por ciento. La industria española se resiente muchísimo con eso. Quizá para una película americana el hecho no sea tan dramático. Bueno, siempre hay historias que se siguen escribiendo. —¿Considera que el cine español ha ido perdiendo calidad? —Cada director rueda como necesita contar su historia. Hay una producción de ciento cuarenta películas por año, y hay buenas y malas.

MÚSICA FESTIVAL DE PESARO

Fresco Rossini por JUAN ANTONIO LLORENTE

a salva de aplausos al levantarse el telón del Palafestival, el mayor espacio del Festival pesarés, iba destinada a la propuesta visual que se le presentaba en su apertura. Las mayores ovaciones, cerrando el turno de saludos, al artífice de la misma, Pier Luigi Pizzi. El fue quien, en su triple función de director, escenógrafo y figurinista, dio frescura y traspasó al espectador una remozada «Pietra de Paragone», «melodramma giocoso» en dos actos de Gioachino Rossini con libreto de Luigi Romanelli, datado en uno de los momentos más fecundos del joven compositor nacido en Pesaro en 1792. El juego de las dobles parejas de la comedia se aumenta hasta triples.

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En el eje central, un conde decidido a terminar su soltería con aquella mujer que se lo merezca, de las tres asistentes a la reunión que ha organizado en su casa de campo. Como la piedra filosofal que concede sabiduría, recurrirá a un juego de equívocos para descubrir los sentimientos de las aspirantes, así como los del resto de los invitados. Oportunidad que aprovecha Rossini para hacer una crítica de los parásitos sociales, entre ellos un poeta frustrado y un periodista marrullero. El envoltorio creado por Pizzi para esta obra ha servido para potenciar las calidades del reparto, Nota altísima para todos, de la pareja protagonista —la mezzosoprano rumana Carmen Oprisanu y Marco Vinco— al tenor argentino Raúl Giménez, que fue muy aplaudido.

Raúl Giménez y Carmen Oprisanu en «Pietra Paragone»

DOMINGO 11/8/2002  

na, uno se pregunta si es necesario llevarla al cine… No digo que no. Ca- da uno tiene su versión del libro, y a lo mejor es muy bonito ver...

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