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Cultura

SÁBADO 10/8/2002

Álvarez Gil disecciona Cuba desde la ficción en «Naufragios»

(Viene de la página anterior)

internacionales. Los españoles no habían viajado mucho, no conocían otros países, tampoco hablaban los idiomas y no podían comunicar su punto de vista. Entonces, en este malentendido mutuo es donde los países pueden llegar a un punto de mal entendimiento. —¿En qué se fundamenta, en su opinión, ese desafío europeo? —El desafío europeo consiste en hacer una comparación entre la presidencia española de la Unión Europea durante los seis primeros meses de este año y la actuación de España en su gran época. O sea, cuando tuvo un papel muy importante en la Historia europea, durante los siglos XVI y XVII. Cómo actuó, reaccionó, si fue un éxito o un fracaso... —A su juicio ¿fue un éxito o un fracaso? —Yo le he planteado la pregunta a los alumnos sin ofrecer respuesta porque depende del contexto, que es bastante diferente. Ahora, España no es más que una entidad dentro de una burocracia internacional. En cambio, en aquella época, España tenía pretensiones de ser una potencia militar en contra de los intereses de otros países. En ese momento, el papel era bastante más agresivo e invitaba a la enemistad de muchos países. Sin embargo, en estos momentos se trata más de apelar al espíritu de colaboración. Éxito y fracaso son términos relativos. La época anterior es fácil llamarla fracaso porque España siempre estaba luchando de muchas maneras. Hoy casi es imposible hablar de fracaso, sino de algunas metas que no ha podido conseguir. Hay éxitos relativos; sería imposible hablar de fracaso. —¿Cuáles son las grandes competencias de España en la época moderna? —El desafío en parte, ahora, es aceptar la identidad europea, porque muchas veces se negó a aceptar que se diluyera su personalidad. Por contra, las Autonomías vasca y catalana buscan una identidad fuera de España, una cierta independencia frente a la unidad de España. —¿Cómo observa usted el asunto de la inmigración? —En el apartado de la inmigración, España casi no tiene ni la tendrá en muchos años. Y lo digo porque soy de un país, Gran Bretaña, que sí ha tenido inmigración durante una generación y con miles, millares y millones de inmigrantes. Hace treinta años, Inglaterra tuvo tantos problemas que, cuando veo los mismos problemas en el caso de España, me quedo absolutamente tranquilo porque no aprecio ningún conflicto en el caso español. —¿Cuál es su opinión sobre la cuestión de la presencia española en el mundo, en la época moderna, es decir del imperio y del poder español? —Para los españoles y para muchos historiadores siempre era una cuestión importante qué era España, qué poder tenía y cómo se manejaba ese poder. En cambio, para mí no es una cuestión sólo de examinar el papel

ABC

GONZALO DE SANTIAGO

MADRID. Acudiendo a la distancia que exhala el velo difuminado de la ficción, el escritor cubano, Antonio Álvarez Gil, muestra en su última novela «Naufragios», una imagen real y sufrida de la Cuba actual. La obra, que obtuvo el V Premio de novela «Ciudad de Badajoz», está ambientada en un pequeño pueblo de la costa del norte de Cuba, San Pedro (de nombre imaginario, pero inspirado en una localidad real), que está situado en una zona en la que muchos balseros huyen del país. La trama plantea dos naufragios: el de un yate de recreo de unos turistas canadienses que se ven obligados a quedarse en el pueblo, originando su estancia una serie de curiosas peripecias provocadas por la distinta condición social de los personajes. El segundo es el de unos balseros cubanos que fracasan en su intento por huir del país.

Henry Kamen dirigió un curso sobre los desafíos europeos de la España contemporánea en El Escorial de España, sino de hacerse preguntas diferentes, de más fondo, de más calado. Es decir, en un ejercicio de poder como es el caso que nos ocupa, se trata de preguntarse quién proporcionó los soldados, quién proprocionó el dinero, quién proporcionó los barcos, quién proporcionó los arma-

Jaime García

mentos. En todos los casos, la respuesta siempre es la misma: no fueron los españoles. El imperio de aquella época estaba constituido por una comunidad de naciones apoyando ese imperio; no se trataba sólo de un gran logro por parte de los españoles.

Kamen y la lacra del terrorismo —¿Y la lacra del terrorismo, de los asesinos, de los cobardes, de los que dan asco? —El terrorismo, como en el caso del terrorismo de los extremistas musulmanes, no se entiende, no tiene razón ni lógica y nadie puede comprenderlo. Jamás. Es algo que no se entiende. A cualquier problema lógico se le puede buscar una solución, pero el terrorismo es una cosa irracional y no veo solución porque hay que analizarlo y enterderlo y no hay manera ni de analizarlo ni de entenderlo. —En un mundo donde se están rompiendo fronteras, donde se es-

tán destruyendo muros, donde se resquebraja la lacra de las ideologías totalitarias, ¿no es un contrasentido, no es algo trasnochado y fuera absolutamente de lugar el hecho de pedir independencias o autonomías, de cerrar puertas? —Sí, hay una cierta contradicción porque, a pesar de la aparente unidad de Europa, de hecho no existe tal unidad. Si usted observa cualquier otro país como Alemania por ejemplo, que parece una nación, pero no lo es: porque existen gobiernos federales dentro de Alemania. Es decir, que parte de la existencia den-

tro de la comunidad europea es la existencia de federaciones, dentro de Alemania, con su propia financiación y política. De forma que, a primera vista, parece una contradicción, pero no lo es. —¿Cómo ve usted los nacionalismos extremistas, los nacionalismos excluyentes? —No hay nacionalismos extremistas. Todos los nacionalismos tienen ciertos aspectos que son poco aceptables dentro de su contexto. En el caso de España, fíjese, hasta las Autonomías protestan, de vez en cuando, contra lo que ellas llaman el «nacionalismo de los castellanos».

La realidad cubana Para el autor, esta novela puede ser una metáfora de la situación cubana: «Habla sobre la coyuntura de Cuba. Desde la ficción se muestra la cruda realidad que el pueblo cubano tiene que vivir diariamente. La historia está situada entre dos naufragios, aunque lo que de verdad representan es el naufragio del sueño cubano». El pesimismo del tema principal no le ha impedido narrar el relato con un tono alegre, que, de alguna manera, refleja el sentir de su pueblo: «El día a día en Cuba es duro y difícil, pero, a pesar de ello, el pueblo cubano tiene un sentido del humor, del choteo, que ayuda a sobrellevarlo». El escritor no se escondió a la hora de analizar el estado político de su país: «Lo cierto es que, a pesar de que el Gobierno de Fidel Castro ha tenido más de una oportunidad para abrir la sociedad, no lo ha aprovechado». ¿Qué se puede esperar del futuro? Álvarez Gil piensa que todo pasa porque Fidel abandone el poder: «En ese momento, todos los cubanos de todas las tendencias, tanto los de dentro como los de fuera, tendremos que ponernos de acuerdo para hacer una plataforma común que permita hacer los cambios futuros». A pesar de esto, el narrador no se alinea como adversario político del régimen de Fidel: «Estoy como auto expatriado; salí de Cuba porque vi que se imponían límites a la libertad de expresión, pero no tengo ninguna preferencia política ni soy militante de ningún partido. Eso me permite opinar libremente sobre cualquier tema referente mi país».


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