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En t r e v i s t a a Pe t i a Pe t r o v Por Feliciano Tisera

Foto: Milagros Checarelli

“Es muy complicado ser boxeador en España, oficialmente es como no ser nada” Petia Petrov, boxeador ruso de peso ligero, 26 años, con 27 combates, 23 triunfos, dos nulos y dos derrotas, pide una Fanta naranja. Yo pido una cerveza. “Si tomo una cerveza, me mareo”, dice. “Con un vaso ya estoy borracho. No estoy acostumbrado, y no me gusta el sabor, tampoco”. Petia vive con su hermana, azafata de trenes, y con su madre, que regenta un bar en un mercado del centro. Su manager es Ricardo Sánchez Atocha, el que ha conseguido casi todos los campeones mundiales que tuvo España. ¿Ha tenido algo que ver en tu elección de vivir en el barrio de Vallecas el hecho de que sea un barro tradicionalmente de boxeadores? No, simplemente me mudé aquí porque entrenamos en el campo del Rayo [Vallecano, club madrileño que llegó a jugar varios años en la Primera División del fútbol español y actualmente milita en Segunda] y me pillaba cerca. Busqué un piso cerca del gimnasio para estar más cómodo para poder entrenar. ¿Cuánto entrenas? Por la mañana entrenamos una hora y media, más o menos. Hacemos preparación física, sobre todo correr y pesas, circuitos de fuerza. Y por la tarde otras dos horas y media, más o menos, que es cuando hacemos saco, guantes, manoplas, y todo lo que tiene que ver con el boxeo. Entrenamos, de lunes a viernes, dos veces al día, y luego los sábados por la mañana. El domingo lo tengo de descanso. ¿Cuando ustedes entrenan se golpean o tienen cuidado al respecto?


Trabajamos fuerte. Lo que pasa es que nos cuidamos porque nos ponemos guantes muy grandes para no hacer tanto daño. Por ejemplo, los guantes de combate son de ocho onzas y los de entrenar son de dieciocho onzas, más del doble, entonces tienes más protección, no se hace tanto daño. Y los cascos que llevamos en combate no se llevan, pero nos lo ponemos siempre para protegernos. Aún así, nos hacemos daño, porque trabajamos duro. ¿Y a veces no se pican un poco? Si, nos picamos, pero no nos enfadamos, somos profesionales. Llevamos mucho tiempo y entonces sabes controlar tus emociones. ¿Fuera del ring, alguna vez te peleaste? De pequeño peleaba mucho, sobre todo porque yo era pequeño de físico y cambiábamos mucho de ciudades, de colegio, por el trabajo de mis padres. Y cuando eres nuevo y pequeño, lo que hacen el primer día es meterse contigo, y si das la cara, si demuestras que eres un hombre, pues ya ves cómo te respetan. Los pequeños son así y casi siempre el primer o segundo día me tocaba pegarme. Pero bueno, la última vez, creo que fue cuando tenía catorce años. Tengo 26, así que han pasado muchos años y con el tiempo he aprendido a evitar los problemas. Me han provocado muchas veces, he tenido la ocasión, pero intento ser un poco listo. Yo soy un profesional, si quiero pegarme, me pego en el ring. Además como profesional, puedes tener problemas, en el caso de que alguien te denuncie… Sí, eso me puede traer problemas. Me pueden quitar la licencia, o en el caso de que haya un juicio si le pego a alguien es como si llevara un arma blanca, entonces mejor evitarlo y no pegarse con nadie. ¿Tu padre qué hacía en Rusia, que se mudaban tanto? Mi padre acabó la academia de policía y le mandaron a una ciudad, creo que estuvimos dos años ahí. Era así, obligatorio, terminabas la carrera y te mandaban dos años a un destino. Yo nací en un pueblo pequeño Ryazan. Luego a mis padres los destinaron a otra ciudad, Novopavlovsk. Allí, ellos dejaron la policía e hicieron la carrera de Derecho. Ellos siempre iban en busca de una vida mejor para mí y mis dos hermanos. Como estaban en un pueblecito pequeño, ahí veían que no teníamos posibilidades ni de estudiar ni de nada. Ellos estaban bien, tenían sus negocios, tenían tiendas, tenían un restaurante… vivíamos bastante bien. Pero veían que para los niños no había salida, que no había universidad ni nada. Y nos vamos más cerca de una capital del sur de Rusia, que se llama Stávropol. Ahí es donde empecé yo a entrenar boxeo. Ahí ya nos quedamos, porque había posibilidades para la gente joven. Es una ciudad de estudiantes. Mis padres querían que estudiáramos. Ahí empecé a entrenar de muy joven. Fue una casualidad, porque vimos un combate profesional de boxeo por televisión cuando tenía ocho o nueve años, y nos gustó. Mi padre nos compró guantes y nos poníamos a pegarnos los fines de semana con mi hermano. Cuando nos mudamos a un sitio en donde había boxeo nos metió a entrenar, a mí, a mi hermano y a mi hermana. Como siempre nos llevamos bien, íbamos juntos a todos lados, nos metió a los tres. Estuvimos ahí bastantes años entrenando. ¿Tú fuiste el único que siguió la carrera de boxeo? Mi hermano hizo aquí ocho peleas profesionales, pero luego se retiró, porque es muy difícil vivir en España del boxeo. Él se casó y tenía que mantener unas cosas, quería tener familia, y ya decidió dejarlo. En Alemania me decías que es más fácil vivir del boxeo, ¿no? Sí, actualmente el boxeo en Alemania tiene un nivel que está ganando a Estados Unidos, respecto al nivel de vida que pueden permitirse los boxeadores, con las bolsas

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de los combates. Inglaterra e Irlanda también están muy bien, porque la televisión apoya, el boxeo nació allí y a la gente le gusta mucho. ¿No te has planteado irte allí a vivir? No, porque el manager que tengo me puede buscar peleas fuera perfectamente, y en eso estamos trabajando. Tengo ganas de esta pelea del sábado que es muy importante. Boxeo con un chico que está clasificado bien mundialmente, y lo que tengo que hacer es ganarle para meterme en el ranking mundial, y entonces ya hay posibilidades más tarde de boxear en Estados Unidos. Porque mi manager tiene socios ahí y nos buscan peleas. Si todo sale bien pelearé hay pronto. Es extraño que con la marca que tienes no estés más arriba en el ranking mundial. Lo que me falta es ganarle a gente muy buena, que esté bien ranqueada. En Europa ahora mismo estoy número ocho. Hace un año estuve en el dos, pero después perdí una pelea en Alemania. El chico que me ganó era el número ocho, entonces cuando me gana pues nos cambian de sitio, directamente. [Tras esta entrevista, Petia combatió el 10 de octubre de 2009 en Alcobendas, Madrid, contra Nacho Mendoza, colombiano afincado en Vitoria, logrando un triunfo en fallo dividido] Es un sacrificio enorme esto, ¿no? Sí, es muy duro. Físicamente y, sobre todo, psicológicamente. Levantarte todos los días, después de una paliza que tienes de la semana anterior, y tienes que hacerlo una vez y otra vez, te duele todo el cuerpo… La verdad es que es muy duro. Llega un momento en el que la mente ya no aguanta. Y tienes que aguantarte. Es muy complicado. Sobre todo cuando ves que no hay recompensa económica, que tampoco puedes trabajar porque tienes que dedicarle muchas horas a esto, entonces lo único que puedes buscar es algún trabajillo de entrenador o de fin de semana. Es muy complicado ser boxeador en España. ¿Cómo vive entonces un boxeador de alto nivel que aún no ha llegado a ganar buenas bolsas? Todos tienen que trabajar de alguna manera. Yo doy clases de boxeo por la noche. Y me mantengo con lo mínimo. Simplemente para poder pagar el alquiler y poco más. Así, con la esperanza de que cobres unas buenas bolsas, ganes el campeonato, y puedas vivir un poco mejor. ¿Cómo son las bolsas que ustedes cobran en sus peleas? Muy bajas, son como un sueldo de una persona normal, por ejemplo. Lo que pasa es que al año hacemos cuatro o cinco peleas, entonces no es posible vivir con cuatro sueldos doce meses. Es complicado. ¿Te ayuda tu madre? Sí, claro. Si no fuera por mi madre y mi familia, sería mucho más difícil. ¿Quiénes están aquí de tu familia? Mi madre, mi hermana y mi hermano. Mi madre y mi hermana me ayudan mucho. Estoy viviendo con ellas dos, mi hermano se ha ido a vivir con su mujer. Ellas me ayudan muchísimo, me ayudan en todo. En hacerme la dieta, la comida. Son un gran apoyo. Por ejemplo, mi hermana me hace toda la dieta, yo llego a casa cansado y tengo la comida preparada. Eso se agradece mucho, porque ponerte a cocinar cuando estás muerto… Luego, cosas sencillas como lavarte la ropa de entrenar y tal, si te lo hace alguien es un gran alivio. ¿De qué trabajan tu hermana y tu madre?

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Mi hermana es azafata de trenes. Mi madre tiene un bar en el mercado de Diego de León. Es un puesto alquilado, el típico bar de mercado. Por ahora no te puedes ni plantear irte a vivir con tu chica, ¿no? Ahora está muy complicado. Pero más adelante sí… Espero que no sea ya muy tarde (risas)… ¿Ella te lo está pidiendo? Sí, la verdad que sí. Tengo ganas yo también. Yo soy muy de familia, pero por el momento no es posible. Pero yo creo que pronto, si tengo suerte, podremos ir a vivir juntos y hacer una familia, y estar bien. ¿Cómo te ves dentro de veinte años? (Risas) No sé, con mi casa llena de cinturones de campeonatos, mi familia. A lo mejor con una escuela de boxeo, porque no creo que el día en el que deje este mundo salga del boxeo, porque me encanta. Me gusta dar clases, me gusta enseñar boxeo. ¿Qué recuerdas de tu vida en Rusia? Ahí era mucho más fácil todo, porque no tenías ese problema de cómo pagar el alquiler y todo eso. Eras como un niño, ¿no? Y el nivel de entrenamiento era más débil, entonces era todo más fácil, mucho más fácil. Yo entrenaba igual, por la mañana y por la tarde, pero no es lo mismo. Son tres asaltos los que tienes que hacer en boxeo amateur, y en boxeo profesional son doce, si es un campeonato. No se entrena igual. Pero yo tengo muy buenos recuerdos de gente de ahí, sobre todo de mi entrenador, que me cogió de pequeño y me enseñó toda la técnica. ¿Nunca se te ocurrió dejarlo y estudiar o hacer otra cosa? De momento, no, porque tengo esperanzas de que me salgan cosas importantes y de poder hacer algo. Siempre pasa por la cabeza, sobre todo cuando llega un momento en el que estás sobreentrenado y estás un poco harto del boxeo. Y piensas si merece la pena o no. A veces pasa por la cabeza, lo que intento es no pensarlo, seguir trabajando y tener esperanza y fe en que para algo va a servir esto. ¿Por qué vino tu madre? Mi madre vino en el año ’99, que yo creo que para Rusia fueron los peores años, cuando estaba gobernando Yeltsin, el borracho que conocen todos ustedes por las noticias. Con el sueldo de dos padres abogados era imposible ir a una universidad o hacer algo más. Por lo mismo de siempre, porque mis padres siempre pensaron en una vida mejor para nosotros. Entonces estaban buscando salidas al extranjero, porque ya en Rusia, sobre todo los años ’98 y ’99 fueron muy difíciles para la gente. Entonces, una vecina de mi madre se vino para acá, encontró un trabajo y le llamó a mi madre y le dijo que había un trabajo, que si quería ella intentarlo. Mi madre no se lo pensó mucho, y se vino para acá. Su primera intención era irse a Estados Unidos, pasa que no sé por qué no le dieron visado a mi madre, no sé si puede ser porque era policía o algo así. Acá no dieron problemas y entonces se vino para acá. Y después los fue trayendo a ustedes. Sí, vine yo primero, luego mi hermano mayor, y mi hermana, ya. Y ya tus padres, con la venida de tu madre, se separaron. Sí, con la distancia y tal. Mi padre prefirió quedarse ahí. Pero ahora sigues teniendo mucho contacto con él, ¿no? Sí, mi padre ha sido un muy buen padre siempre, seguimos en contacto, nos llamamos todos los fines de semana, hablamos… Él cuando puede viene a vernos. Siempre sigue mi carrera y nos sigue a los tres hermanos. Hay muy buena relación.

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¿Echas de menos Rusia? Sí, sobre todo a mi familia. Tengo ahí a mi abuela, a mi padre, a mis tíos, y eso sí se echa de menos. ¿Tratas de ir siempre que puedes? En los diez años que llevo aquí sólo he podido ir una vez, hace dos años. Porque es muy complicado. Sobre todo porque cuando tengo tiempo, no tengo dinero, y cuando tengo dinero, no tengo tiempo. Porque el viaje es muy largo. Tengo que ir a Moscú y luego son casi 1.500 kilómetros más, de Moscú a donde vivía yo. Pierdes una semana en viaje, es complicado. ¿Has dejado amigos allí? Sí, muchos amigos. Sobre todo compañeros que iban conmigo al gimnasio y boxeábamos juntos. Muchos amigos… ¿Alguna vez te sentiste discriminado por ser extranjero en España? Nunca. Nunca me ha pasado. La verdad es que la gente aquí se ha portado muy bien conmigo. Incluso me consideran español. ¿Te planteas volver a Rusia a vivir? No, sólo de vacaciones. Me gusta estar ahí y pasar por los sitios en donde estuvimos cuando éramos pequeños y tal, pero me he acostumbrado a vivir aquí, tengo aquí a mi familia, a mi chica, y quiero quedarme aquí ya a vivir. ¿Y cuáles son tus aspiraciones en la vida más allá del deporte? Como cualquier persona, comprar una casa, tener una familia, tener niños… Soy una persona de familia. Me gustaría tener mi propia familia y vivir más o menos bien. Pero de momento estoy muy concentrado en el boxeo. Una vez que se acabe la carrera, pues ya buscaré otra cosa. Me comentabas que tu padre te está buscando posibilidades en Rusia, también. Sí, me está buscando y se está moviendo. Por ejemplo, un campeonato de Rusia. Me haría mucha ilusión ser campeón de Rusia. También se pueden hacer otros combates allí. Lo que pasa es que es complicado por el tema del dinero, de los sponsors. Sobre todo ahora con la crisis. ¿Se ha notado mucho la crisis en el boxeo? Sí, muchísimo, en todos lados, en Estados Unidos, sobre todo, las bolsas han caído muchísimo. Se puede ganar más dinero en Europa, ahora, que en Estados Unidos. ¿Reciben alguna ayuda estatal los boxeadores en España? Ninguna ayuda. Además, en cuanto cobres una bolsa más o menos buena, lo que tienes que hacer es pagar. El 36 por ciento creo que es. Y todos los gastos del deporte te los tienes que pagar tú. Es complicado. Y yo no lo veo lógico, porque yo llevo como diez años aquí como boxeador profesional, y durante esos diez años no he tenido ninguna ayuda del gobierno, y en el momento en que cobre una bolsa más o menos buena tendré que darle la mitad. No lo veo nada justo. ¿Ni las empresas deportivas los ayudan? No. Tenemos muy poca ayuda. Me comentabas que tenías problemas para pelear por el título español porque no tienes nacionalidad… Claro, hay que ser español para poder disputar el título nacional de aquí. Pero bueno, estoy arreglándolo. Quiero pensar que el año que viene pueda obtener la nacionalidad española. Para evitar problemas, porque renovar todos los años la tarjeta de residencia es un coñazo.

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¿Tu manager no puede ayudarte con eso? Es difícil, porque el boxeo no está legalizado aquí en España. Entonces, es como decir que yo ni tengo trabajo ni tengo nada, oficialmente. Ser boxeador es no ser nada, en España. ¿Y para pelear no hacen contratos legales? Hay contratos entre el boxeador y su manager, pero no es un contrato de trabajo. No tenemos nóminas. Entonces siempre hay que buscar un trabajo para renovar la residencia y para pedir la nacionalidad. El año pasado estuve trabajando para mi suegro, el padre de mi novia, que me contrató. Ahora, de momento, no tengo nada, pero en breve tendré que conseguir un contrato de trabajo para poder pedir la nacionalidad. ¿Qué te parece que alguna gente piense que hay que prohibir el boxeo? (Risas) Hombre, muy mal me parece… siendo boxeador, si prohíben el boxeo no sé qué voy a hacer. Es un deporte como otro cualquiera. Es verdad que hay golpes, pero nosotros sabemos a lo que vamos. Nosotros salimos ahí porque nos gusta. Entonces no veo bien que piensen eso. Si nos pegan, nosotros sabemos que nos van a pegar. ¿Por qué crees que este deporte no termina de arraigar en España? No lo sabemos. Lo hemos hablado tanto, lo hemos pensado tanto… pero no lo entendemos. Porque en el resto de Europa (Alemania, Inglaterra, Rusia, todos los países del Este) cualquier campeonato del mundo que se haga es impresionante el dinero que genera y la gente que va a verlo. La verdad, no entiendo por qué aquí no. ¿Alguna vez te ha pasado de tener algún combate en el que no te hayas cuidado? No, me lo he tomado desde siempre muy serio, la verdad es que me gusta mucho y la noche antes del combate estoy en la cama durmiendo. No he tenido nunca problemas con eso. A la disciplina me la han metido en la cabeza mis padres desde pequeño. El boxeo permite conocer mundo y muchas gentes de diferentes culturas, ¿no? Sí, eso es lo que me gusta también. Porque viajas mucho y conoces mucha gente y te haces amigos. Cuéntame de la vez que no te dejaron entrar a México… [Un colega de Petia, Luciano Cuello, argentino, que peleó en México contra Julio César Chávez Jr., el hijo del multicampeón mexicano, no pudo venir a entrenar para ese combate a España porque no le permitieron la entrada por cuestiones de papeles. Fue entonces Petia quien viajó a Argentina para ayudarlo a entrenar, y después fue a él a quien no dejaron entrar a México por motivos similares.] Tenía muchas ganas de ir a ver a mi compañero Luciano Cuello que peleaba ahí contra el hijo de Chávez. No me dieron el visado porque me pedían un trabajo estable en España y que llevase trabajando dos años, por lo menos. Y como turista no me dejaban. Qué raro, con tus antecedentes de boxeador y siendo México un país con tanta tradición en este deporte. La verdad que sí. Es raro. ¿Viste que en una pelea de uno de los hijos de Chávez se murió su rival tras el KO? Sí, eso fue con el hermano pequeño, Omar Chávez, que peleó con otro mexicano. Leí la noticia de que el chico se murió. La verdad es que eso es un palo para todos, sobre todo para su familia. Y para la imagen del boxeo, un boxeador que se muere sienta muy mal.

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[El 18 de julio de 2009, Omar Chávez venció a Marco Nazareth en Puerto Vallarta, México. Tras la pelea, Nazareth fue internado porque sufrió un derrame cerebral y falleció 80 horas después.] ¿No te da miedo de que pueda pasarte una cosa así? Intento no pensarlo. Lo piensas siempre, pero no crees que te vaya a pasar a ti. Espero que no, y que no le pase a nadie. Es muy raro que suceda, ¿no? Sí, si lo comparas con otros deportes como ciclismo, motos, coches… Realmente no son tantas muertes por accidente como en otros deportes. Es un accidente. ¿Has visto alguna vez a compañeros heridos tras una pelea? Sí. Algunos compañeros que los han noqueado. Lo pasas mal, porque ves que ha perdido, y perder por caída es un palo muy grande. Y sufres mucho, sobre todo estando en el rincón, como me pasó a mí, y verlo en el suelo, que no se despierta, lo pasas muy mal. ¿Y que lo hayan llevado al hospital y esas cosas? Sí, me ha pasado. Y estar esperando en el hospital a ver qué pasa, a ver qué dicen los médicos... La verdad es que se pasa muy mal. Espero que no me pase nunca más. ¿Hasta que edad piensas seguir boxeando? Depende de cómo me vaya la carrera y de cómo me encuentre físicamente. ¿A la familia de tu novia no le preocupa que te dediques al boxeo? No, ellos me apoyan muchísimo. Tengo dos familias, realmente. Mi chica y sus padres siempre me dan apoyo. Siempre me van a ver además, si boxeo por aquí. ¿Por qué crees que en un deporte como el boxeo hay tantos que arruinaron sus carreras con los excesos del alcohol y las drogas? La verdad es que no lo sé. Eso existe en todos los mundos, no sólo en el boxeo, aunque en el boxeo hay bastante y no sé por qué. En el boxeo, ser campeón es muy difícil: son muchos años de entrenamientos, de cuidarte, de sacrificarte en muchas cosas. Así que la verdad es que no lo entiendo, llegar y tirarlo todo por la borda por el alcohol, por la fiesta… la verdad es que no lo entiendo. Yo me estoy enfrentando día a día con lo que cuesta llegar, y no me lo imagino. Uno de los casos de gente que no ha sabido manejar su carrera es la del Poli Díaz. Sí, una lástima, porque él tenía posibilidad de ser campeón mundial. Pero no llegó porque se deshizo antes, se fue por mal camino y no llegó. Pero tenía posibilidades de ser campeón mundial. A lo mejor puede haber sido que él no tuvo un ejemplo como el de tus padres, que te impusieron la disciplina. Puede ser. Lo que sé de él es que su familia ha sido siempre bastante problemática, no se llevaba bien con los padres, había problemas siempre en la familia. Parece que sus amigos del barrio eran iguales. Entonces, un chico que no tenía nada de repente ganó mucho dinero con el boxeo, y como para él era fácil… porque la verdad es que tenía unas condiciones impresionantes. Y empezó a gastar, empezó a ir por el mal camino, y acabó mal. Es una pena. ¿Tú crees que eres un boxeador en el cual es más importante el entrenamiento o las condiciones?

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El entrenamiento. Tengo mis condiciones, las que me ha dado la naturaleza, pero trabajo mucho, muchísimo. Intento entrenar muchísimo e intento hacerlo día a día a tope. Me voy haciendo como boxeador con los años. Con la intensidad del entrenamiento del boxeo, ¿crees que hay comparación con el entrenamiento de los futbolistas, que son los deportistas de élite que más cobran? Bueno, la verdad es que no conozco la rutina de un futbolista, pero no creo que tengan que hacer todo lo que hacemos nosotros. Yo creo que salgo al campo de fútbol y me puedo pasar corriendo los noventa minutos con mucha más energía que ellos. Tú coges a un futbolista de élite y le pones a hacer un combate de tres minutos y creo que no llega al final. Creo que se ahoga. Porque el trabajo es diferente. El boxeo, como deporte, es mucho más completo, ¿no? Sí, te cansa mucho más. Además estás tú solo, estás recibiendo golpes, tienes que moverte y pegar. No creo que ellos lo aguanten. ¿Tienes algún recuerdo feo del boxeo? Sí, mis dos derrotas. La verdad es que se lo pasa muy mal, y te planteas cosas, si seguir, si no seguir… pero vamos, no quiero pensar en la derrota nunca más. ¿Nunca te reprochaste nada después de esas derrotas? Piensas qué error has cometido para poder corregirlo más adelante. Siempre piensas eso, a ver qué hecho mal, qué hecho bien… Siempre lo piensas. ¿Y cuándo ganas por nocaut qué sensación tienes, como en tu anteúltima pelea con el boliviano en el primer round? Cuando ganas por nocaut es una alegría muy grande, porque piensas en todo el trabajo que has hecho durante tanto meses, y el placer de ganar, y además de una manera tan rápida y tan fácil, es increíble. Lo que te pasa por el cuerpo es increíble, no se paga con nada. ¿Y no te da pena el otro? (Risas) No, pena, no. Porque él sabe a lo que viene, y él sale a pegarme. Él sale a hacer lo mismo conmigo. Además es un rato, se ha recuperado y ya está bien. El rumano de la última pelea, al que venciste por puntos, te costó mucho más. Sí, porque me sacaba bastante peso, y el boxeo que tenía era más complicado, porque él no quería entrar, no quería llevarse golpes, pero tampoco te dejaba trabajar. En cambio, el boliviano fue al golpe, fue a hacer la pelea. La escuela del Este es más complicada que la escuela sudamericana. En la sudamericana van más cuerpo a cuerpo y hay más golpes. La escuela del Este es más técnica y táctica, es más complicado boxear. Tienes que pensar mucho “A ver cómo entro, a ver cómo salgo”. Tú, que venías de la escuela del Este, ¿qué has aprendido en España? El resultado que estoy dando llega con lo que aprendí en Rusia y el entrenamiento profesional que he hecho en España. La escuela del Este es muy buena y muy completa, pero tienes que hacer un cambio al nivel profesional, y ese cambio me lo ha dado el entrenador de aquí. Me ha enseñado a trabajar diferente. Entonces, juntando las dos cosas, van saliendo resultados. Lo que he aprendido aquí es sobre todo el trabajo físico que hay que hacer, porque en Rusia lo que practicas mucho es la técnica, pero con la técnica no haces mucho si no tienes físico, porque si te cansas en dos asaltos, ya no te vale para nada. Me da la sensación de que, si bien en todos los deportes el estado físico es determinante, en el boxeo lo es más, que si uno no está al 100 por ciento lo más probable es que pierda.

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En general, sí. Sobre todo si son combates largos, a doce asaltos, los últimos asaltos son muy importantes. Ahí es donde sale de verdad el trabajo que has hecho durante los meses de entrenamiento. Hay muchísimos campeonatos que se pierden en el último asalto, porque el boxeador está cansado, ya no puede más, y en ese minuto hay muchísimos boxeadores que ganan, por esa poca diferencia. Además cualquier golpe te puede tumbar porque ya estás muy flojo, muy débil. ¿Cómo financian viajes como el que hiciste para entrenar a Cuello en Argentina? Eso lo paga mi entrenador, que es manager de los dos. Él, a lo que está obligado por el acuerdo que hay entre boxeador y manager, es a proporcionar al boxeador todo lo que necesite para poder entrenar y prepararse bien. ¿El cambio de peso te está costando? Bueno, tenemos una dieta que nos da el entrenador y nos va muy bien. Tu amigo Gabriel Campillo, para pelear por el título mundial, habrá tenido que bajar de peso, ¿no? No, tuvo que subir. Porque el es súper medio, y le salió una oportunidad de hacer un campeonato mundial en un peso superior que se llama semipesado. Y él aceptó. [Gabriel Campillo venció por puntos el 20 de julio de 2009 al argentino Hugo Hernán Garay en Sunchale, Santa Fe, Argentina, y se consagró campeón mundial semipesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB)]. Eso debe ser difícil, ¿no? Es complicado, porque la gente es mucho más grande, pega más fuerte. Lo que pasa es que él aceptó porque es una oportunidad de ser campeón mundial, entonces no lo pensó dos veces. ¿Tú lo aceptarías? Sí, ahora estoy en el peso ligero, pero el año pasado, cuando estaba en el peso súper pluma me salió una oportunidad de hacer un título mundial en Estados Unidos en el peso ligero. Y aceptamos, claro. Lo que pasa es que al final no salió. No sé qué pasó que no se hizo. Pero vamos… (risas) Tienes una oportunidad de ser campeón mundial y no lo piensas dos veces. Lo que tiene mi equipo es que entrenamos durante todo el año. Sólo paramos en vacaciones de verano un par de semanas y en Navidades una semana. El resto del año estamos entrenando, entonces estamos más o menos preparados casi siempre. Entonces apuras un poco, subes el nivel de entrenamiento, que es lo que hizo él [Campillo], y la verdad es que ahora está mucho más feliz porque come mucho más, y no tiene que bajar otro peso, no se tiene que cuidar tanto. Tiene la dieta, pero no es tan estricta como antes. ¿Las bolsas son más para los pesos más grandes? Sí, cuanto más pesas, las bolsas suelen ser más grandes. ¿Y cuánto gana por pelea ahora un campeón mundial como él? Depende, hay mucha diferencia entre una y otra. Depende del país, depende de si hay televisión o no. La diferencia puede ser de cien mil para arriba o cien mil para abajo. Sobre todo por la televisión. La televisión es la que da dinero, es la que paga. Pero bueno, haciendo defensas puedes vivir. Ganando defensas. Por ejemplo, cuando a él se le dio la oportunidad de hacer un título mundial en Argentina, no se le pagó prácticamente nada. Comparado con lo que cobra el campeón es muy poco. Pasa que es una oportunidad que te da el campeón, entonces vas. Pero cuando ya eres campeón y el otro te lo quiere quitar, te tienen que pagar el dinero para que vayas a su casa. Sobre todo si es en su casa. Ahí sí hay dinero. ¿Tienes relación con Javier Castillejo, el multicampeón mundial español?

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Sí, muy buena, porque somos compañeros desde hace diez años. Tuve la suerte de acompañarle en sus últimas cinco peleas, que creo que tres de ellas eran campeonatos mundiales, y una fue campeonato de Europa. Muy buen compañero y muy buen amigo. ¿Tienes algún ídolo en el boxeo? Sí, hombre, sobre todo mis compañeros. Javier Castillejo, sobre todo, que llevo diez años observándole y viéndole todos los días entrenar y en las peleas… es un ídolo para mí. Sobre todo por el trabajo que hace día a día. Ahora no entrena, ahora ha dejado de boxear y de entrenar… Entrena de vez en cuando y tal, pero no como antes. Pero verle cómo se entrenaba para los campeonatos, la energía que sacaba día a día, es increíble. Entonces es un ídolo para mí.

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Entrevista a Petia Petrov - Completa  

Entrevista al boxeador ruso Petia Petrov