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Yeti

Entre la realidad y la ficción

La figura delYeti –y cuando hablamos delYeti lo hacemos de un concepto general que incluye otras extrañas variantes de homínidos– está asociada a los relatos legendarios de culturas repartidas por todo el planeta. Sin embargo, los innumerables testimonios recogidos por personas que aseguran haberse encontrado con él, hacen pensar que estamos hablando de algo más que una leyenda. Este es el argumento de la extraordinaria novela Yeti –Minotauro, 2011–, del autor del presente reportaje… Fernando J. López del Oso www.lopezdeloso.com

enemos a los Bigfoot y los Sasquatches en Norteamérica,e incluso a losWendigo, si nos remontamos a las historias de los indios americanos; al Mapinguray del Matto Grosso y a los extraños Maricoxi con los que se encontró el coronel Fawcett; al Yeti, en el Himalaya; al Yowie en Australia y, cómo no, a los homínidos –ahora describiremos el término– del sureste asiático, verdadero epicentro en los últimos años, como los que se describen en Malasia y a los que llaman Devil Sakai –algo así como salvajes demoníacos… En todos los casos de esta lista, que podría haber sido mucho más extensa, se dan suficientes elementos verosímiles y coincidentes como para que podamos sospechar que hay algo más detrás de ellos que la simple imaginación. Todos se refieren a encuentros de hombres modernos,con otros homínidos, de aspecto similar en algunas ocasiones y tremendamente inquietante en otras. El término homínido recoge a los miembros de la familia Hominidae,que somos los primates bípedos, así como los simios grandes. Una definición en la que encontrarán cabida los protagonistas de los encuentros antes mencionados,que, anticipamos,se han producido desde hace siglos y ante los ojos atónitos de personas de todas las culturas, tanto occidentales como nativos. Veamos unos cuantos: “…De casi dos metros de

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altura, y unos 114 Kg. de peso; suele caminar a cuatro patas, está cubierto de pelo, lanza unos gritos fantásticos y hace todo tipo de gestos. Sus manos y pies doblan a los de un hombre ordinario y tiene un aspecto horrible. Se aproxima a las cabañas de los colonos de las montañas, se lleva sus cerdos y sus ovejas y, con una sonrisa demoníaca, desaparece en los bosques”. Este es un extracto de la Williamsport Sun Gazette, fechado el 20 de septiembre de 1874, y en la que refería a los avistamientos que sucedían casi todos los otoños en Morgantown, Pensilvania. “Al vernos se quedaron inmóviles y pusieron flechas en sus arcos, mientras yo les gritaba en la lengua Maxubi. No podíamos verles claramente por las sombras que moteaban sus cuerpos, pero me pareció que eran unos hombres grandes y peludos, de brazos largos y frentes que caían hacia atrás con órbitas oculares pronunciadas; hombres primitivos, que iban desnudos. De pronto se dieron la vuelta y se perdieron en la espesura”. Esto lo escribió el coronel P.H. Fawcett durante una expedición desde Bolivia hacia el Matto Grosso, a principios del siglo pasado. Un día después llegó a un poblado de “estos grandes brutos de aspecto de monos”, y con los que al final acabó intercambiando disparos y flechas. Por supuesto,la manera en la que se refiere a los pobladores humanos corrientes de aquellos bos-

ques, es bien distinta. “Vi a uno hace diez años. Venía desde Fengshuyan. Era tan alto como la puerta de una casa y estaba cubierto de un pelo largo pardo rojizo que le caía sobre los hombros y la cabeza. Caminaba erguido y movía la cabeza al andar. En otra ocasión vi a un mono tumbado en una red,en un árbol.Estaba muy relajado y aplaudió con las manos al verme. Casi todo el tiempo estuvo allí,comiendo maíz”.El que hablaba así era un agricultor del pueblo de Xikangli, en China, llamado Zhang Qilin, y se refería a un suceso acaecido en 1971. A esa región de naturaleza impenetrable, han ido varias expediciones en busca de estos homínidos. Algunas fueron extraordinariamente grandes, como la que dirigió en 1977 el antropólogo del Museo de Historia Natural de Beijing, Zhou Guoxing,y que estaba compuesta por 110 miembros entre biólogos, zoólogos, fotógrafos y soldados. Estuvieron ocho meses y, aparte de muestras de cabellos y heces, y multitud de testimonios, poco más sacaron en claro. Tres años después, otros dos grupos de científicos encontraron huellas, pelos y excrementos, así como redes hechas con ramas y revestidas con hierba y hojas, similares a las que describía Qilin en su encuentro. “En esa zona hay más de 200 informes de avistamientos”,decían Janet y Colin Bord en su libro The evidence for bigfoot and other



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