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Los templos

que marcan nuestro

Hoy existen muchos libros, demasiados, que hablan de las pirámides de Egipto en relación a sus presuntas profecías para el futuro de la humanidad, y aquellos que los escriben dicen que esas fechas están fijadas en sus pasadizos y en sus cámaras. Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello? Jesús Callejo jesuscallejo@telefonica.es

futuro


arten de la premisa de que esos templos, además de ser lugares de enterramiento o de iniciación, servían de calendarios astronómicos y de señalizadores de eventos venideros. Asimismo, conocemos otras construcciones que, a su manera, también señalan una serie de aspectos astronómicos, tanto por su situación geográfica como por su orientación, que están dando ciertas pistas de lo que ha ocurrido al planeta Tierra y de lo que puede pasar en un futuro próximo. Si esto fuera verdad nos enfrentamos al reto de admitir que en el pasado hubo constructores geniales, de los que apenas sabemos nada, que quisieron dejar su legado en estos templos sagrados –muchos de ellos, en la actualidad, están debajo de las aguas del Atlántico o del Pacífico– en los que “marcaron” unas determinadas fechas con el objetivo de que fueran interpretados por las generaciones venideras, pero sólo por aquellas que tuvieran los conocimientos precisos para desvelar el mensaje secreto que está inscrito entre sus milenarios muros.

P

¿En los pasillos de la Gran Pirámide está nuestro futuro? La palabra “piramidología” suena a chiste, y que a sus seguidores se les llame “piramidólogos”, mucho más. En realidad es una nueva disciplina que surgió en el siglo XIX de la mano de pioneros como el matemático inglés John Taylor, al querer demostrar que el perímetro de la pirámide dividido entre el doble de su altura equivale a 3,144; vamos, próximo al valor del número Pi. También creyó que la pirámide había sido construida por Noé siguiendo las órdenes de Yahvé y, por tanto, decidió que la longitud del codo bíblico era exactamente de 25 pulgadas, y se sintió muy orgulloso de encontrar “la unidad de medida divina”. Puso las bases para que, más tarde, el astrónomo escocés Charles Piazzi Smith hiciera sus aportaciones personales. Y éste quiso ser más espectacular que Taylor. Ambos midieron palmo a palmo la gran mole pétrea que es la pirámide de Keops a fin de establecer secuencias de tiempo para buscar un supuesto mensaje profético legado por los antiguos egipcios para la posteridad. Y busca que te busca, lo encontraron… El problema era establecer una medida estándar para ajustar los consiguientes cálculos. Finalmente creyeron que era “la pulgada piramidal”, nombre nada original aunque adecuado porque no sólo creían que fue la que utilizaron los antiguos constructores de las pirámides hace 4.500 años, sino que era aproximadamente una milésima mayor que la pulgada inglesa, es decir, 0,0254 centímetros, y ellos eran británicos… Esta pulgada utilizada como unidad de medida de la Gran Pirámide de Giza aparentemente no era tan arbitraria pues ellos argumen-


Los Templos del Fin del Mundo