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32 También se suscitó el caso en que un magistrado de Circuito se condujo con falta de profesionalismo y respeto hacia una Juez Federal, especializada en procesos penales, al exponer en forma pública, evidente, insistente y mordaz, ante los medios de comunicación que estuvieron presentes en una conferencia de prensa, comentarios diversos que tuvieron un alcance multitudinario por tratarse de medios de comunicación masivos, impresos y televisivos. De igual manera, existe un caso en el que tres oficiales administrativos le faltaron al respeto a los elementos encargados de la seguridad de un Edificio Sede del Poder Judicial de la Federación, ya que aproximadamente a las tres de la mañana en que se presentaron a recoger un automóvil, les profirieron insultos y palabras ofensivas, sin motivo alguno. Tales conductas, quizá se deban a la idea incorrecta de que, debido a las facultades coactivas con que la ley dotó a los órganos del Poder Judicial de la Federación, las restantes autoridades se encuentran subordinadas a éste. Empero, no se trata de inferiores o subordinados, sino de autoridades que ejercen en el ámbito de su competencia y que, desde luego, merecen toda nuestra consideración, apoyo y respeto. CONCLUSIÓN El origen de estos problemas, en muchos de los casos anteriormente mencionados, parece ser la educación, la falta de conciencia del lugar que se está ocupando, la vanidad y la arrogancia entre otros muchos prejuicios que suelen acompañar a la naturaleza humana. Por ende, resulta urgente la promoción y difusión de los principios éticos que deben acompañar a la labor jurisdiccional, así como el trabajo arduo en el convencimiento de los integrantes de los juzgados y tribunales,

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pues no es solamente mediante la coacción que se evitará esta clase de conductas nocivas. Debe trabajarse arduamente en ello para inculcar en los miembros del Poder Judicial de la Federación el amor a la función jurisdiccional, que requiere de seres humanos íntegros, no perfectos o infalibles, pero sí sensibles ante los problemas de la sociedad, pues de otra manera, se corre el riesgo, como lo refiere el señor ministro Juan Díaz Romero, de volvernos autómatas o, en el peor de los casos, perfectos bultos burocráticos. Con base en los ejemplos anteriormente plasmados, es inconcuso que resulta fundada la consideración del señor ministro Juan N. Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal, al calificar como un foco de atención, el tema que aquí se aborda. Por último, y a manera de colofón, considero oportuno citar, en lo conducente, las palabras del señor Ministro Guillermo I. Ortiz Mayagoitia, en la presentación del libro Recomendación 01/2010. Cortesía judicial2, en la que señaló: El Juez nunca debe olvidar que el poder que detenta no se lo ha dado nadie sino la propia ciudadanía y es precisamente a ésta a quien se debe de servir. En sociedades como la nuestra, que como dice el Código de Ética del Poder Judicial de la Federación, han “vivido condiciones de inequidad a lo largo de su historia”, la gente necesita tener confianza en sus instituciones, confianza ésta que comienza a ganarse a través del respeto y cortesía que los jueces deben tener hacia todas las personas.

2 Serie opiniones consultivas de asesoría y recomendaciones de la Comisión Nacional de Ética Judicial. SCJN: México, Noviembre 2010.

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