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14 Como nadie ignora, el primero de enero de 1994 cimbró la conciencia nacional a través de las voces de los indígenas de Chiapas que se hicieron escuchar tomando simultáneamente siete ciudades y declarando la guerra al gobierno de la nación. Luego de los primeros días, tensos y confusos, se declaró un alto al fuego y se inició un diálogo que habría de durar al menos diez años, en diversas modalidades y frecuentemente interrumpido por otros episodios violentos, si bien casi nunca con la intensidad de los primeros. Desde el principio, el vocero del movimiento hizo sentir su peculiar carisma, su vasta cultura y su profunda irreverencia. Durante el tiempo que duraron los diálogos, hasta la ruptura definitiva en 2001, el Subcomandante Insurgente Marcos nos sorprendió con una lluvia de comunicados de la más diversa índole, dando así inicio a una forma inédita de relacionarse con las instancias de autoridad. En efecto, la primera prueba notable de este discurso nuevo hay que buscarla en el conocido comunicado “¿De qué nos van a perdonar?” (fechado el 18 de enero de 1994), en respuesta al perdón formal que el gobierno federal ofrece al movimiento. En él se puede leer una articulación de ideas que en nada se relaciona con el discurso de las guerrillas anteriores. En primer lugar se echa en falta la jerga de origen marxista que, hasta entonces, había caracterizado las manifestaciones verbales de la izquierda en buena parte del mundo. No hay “compañeros”, no hay “proceso revolucionario” ni “conciencia de clase”. De hecho, las preguntas que componen el texto parecen ser enunciadas desde un lugar muy distinto. En clara contraposición a la frialdad y racionalidad del materialismo histórico, hay en las preguntas de Marcos un indudable sesgo emocional, un lenguaje directo, carente de tecnicismos y demagogia. Tenemos la impresión de hablar con una persona cualquiera que descubre ante nosotros su corazón herido. Sin embargo, esto es sólo el principio. A lo largo de los años y con la abundancia de comunicados, Marcos va poniendo a sus lectores en contacto con una serie de recursos retóricos hasta entonces ajenos a los procederes del léxico revolucionario y, así, comienza a dar forma a un movimiento que posee rasgos propios de identidad, pero también a una forma inédita de hablarle al poder. Personajes como Don Durito de la Lacandona (parodia de Don Quijote que es a su vez parodia de los caballeros medievales) o el Viejo Antonio; la cita de poemas de Miguel Hernández, pero también de canciones de Joaquín Sabina o de los Sonetos de Shakespeare (y no de Lenin, como cabría esperar); pequeñas

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crónicas de la cotidianidad de los pueblos zapatistas, todo ello entremezclado con la ideología y el reclamo de democracia, libertad y justicia, son algunos de los recursos que vemos emerger en estos textos. En un país acostumbrado al servilismo desde los tiempos del Tlatoani, al respeto exacerbado de las formas de cortesía, a una praxis cotidiana que se ajusta al principio de no molestar y a la hipostasia de la genuflexión como puerta de entrada al favor de los poderosos, la voz del subcomandante sonaba fuerte en su determinación crítica, a la vez que fresca en el uso de recursos que hacían de sus comunicados un género inédito. De la crónica al parte de guerra, del cuento literario al panfleto y de la broma irrelevante al ensayo de análisis político, dichos textos fueron delineando la personalidad del movimiento, junto con sus radicales distancias con respecto a las guerrillas tradicionales. Fue así como el lector, no pocas veces desconcertado, fue habituándose a un léxico, a unos conceptos, a ciertas afirmaciones, con frecuencia en forma de paradoja: el concepto, por ejemplo, de “mandar obedeciendo”, o el “detrás de nosotros estamos ustedes” propiciado por el pasamontañas, o la idea de ser una guerrilla que pretende su extinción, al hacer imposibles las condiciones que la posibilitaron. No obstante, en 2004, interrogado sobre los errores del pasado, lo que hubieran hecho de otra manera, el Sup afirma que su más grave error fue haber permitido “que se haya sobredimensionado la figura de Marcos”.

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