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FACULTAD DE COMUNICACIÓN

2009 MAYO. La Facultad de Comunicación se llenó con las siluetas de ilustres profesores y famosos antiguos alumnos. En esta fotografía, Esteban López-Escobar, Paco Sancho y ‘Esteban López-Escobar’.

Ante ELEF Ante ELEF uno se balancea entre si cuadrarse o abrazarle. Es un gigante entrañable que asusta por dentro pero imanta por fuera. Y asusta, para que nadie malinterprete, porque se le nota un aura de sabios querubines que le están venga a insuflar conocimiento, y eso acongoja a cualquiera. Pero es que, a la vez, el roce del cariño, o el cariño del roce, o como se diga, se impone cuando uno lleva años compartiendo carretera y hasta sentido de la vida y de la comunicación con él. Así que me decanto por el abrazo. Con respeto. De que es mito viviente no me cabe la menor. Tengo la teoría de que alguien llega al olimpo social, léase académico, cuando se le empiezan a fabular leyendas al tuntún. Porque, que yo sepa, nadie llega a la cima sin un lastre de dimes, diretes, cotorreos y hasta épicas. La pena, en el caso de ELEF, es que la leyenda más ingeniosa que se ha conseguido cimentar es la famosa 88 l EL JÚBILO DE ELEF

de la hora de Nueva York, con el reloj bailado. Pero venga, hombre, que esa historia es más falsa que Judas. Que servidor, cuando empezaba en la Facultad –y de esto hace ya 480 lunas–, ya lo oía, pero atribuyendo la muesca a Ángel Benito. Pero que la historia de la hora sea cierta o no qué más da. Se non è vero, è ben trovato. Porque lo cierto es que Esteban ya cruzaba el Atlántico cuando los vuelos eran en blanco y negro y estaba de moda la TWA, que ya es. Esteban nació con un pasaporte debajo del brazo.

Decíamos mañana Comparto con mi asombroso maestro el privilegio de habernos incorporado el mismo curso a la entonces titulada Facultad de Ciencias de la Información. Claro que él sobre la tarima y quien esto firma en medio de los ochenta alumnos recién sumidos en el sueño del Periodismo. Terminé los estudios –bueno, ejem, la carrera– y la diáspora profesional me llevó por aquí y allá, pero

siempre por territorio nacional. O sea, me convertí en una especie de Esteban de la señorita Pepis. Y con él mantuve, como acostumbra a hacer con muchos de los licenciados, una constante relación discontinua. Hasta que volví a Pamplona, a compartir claustro con él, hará cosa de una docena de años. Y me alegré un montón de encontrarlo, mayormente porque era una de las pocas caras conocidas entre un claustro de profes ochenteros y noventeros para mí desconocidos. Desde entonces el trato ha pasado a ser de escándalo. Amén del día a día, en eso de organizar follones diríase que se han juntado el hambre con las ganas de comer: no tengo espacio para describir las carcajadas montando el cincuentenario de fcom. Y no quiero hablar más. Resumo: sigo soñando que termino la carrera, que trabajo en nueve empresas de ocho ciudades y que, cuando despierte, ELEF todavía estará allí. Paco Sancho OCTUBRE 1972

ELEF: Estelar Esteban  
ELEF: Estelar Esteban  

Revista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra (España) en homenaje al catedrático de Opinión Pública Esteban López-Esc...

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