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ISSN: 0185-3716

D E L F O N D O D E C U LT U R A E C O N Ó M I C A  J U L I O 2 0 1 1

Reinhart y Rogoff no se andan por las ramas y prefieren los hechos puros y duros; para ellos, antes de empezar a teorizar conviene estudiar detenidamente lo que nos enseña la historia — PAU L

KRUGMAN y ROBIN WELLSL

TIEMPOS DE

CRISIS

487 Además LA NUEVA ORTOGRAFÍA ACADÉMICA y LEONORA CARRINGTON (1917-2011) como ilustradora de libros


487 D E L F O N D O D E C U LT U R A E C O N Ó M I C A

SUMARIO

NOCTURNO EN EL PATIO CHICO  Antonio Colinas 0 3 ¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DE LA GRAN CRISIS BANCARIA?  Paul Krugman y Robin Wells 0 5 ¿POR QUÉ (NO) HA CRECIDO LA ECONOMÍA MEXICANA? Juan Carlos Moreno-Brid 1 0 ¡DEJEMOS ATRÁS LA GUERRA FRÍA! Alain Touraine 1 2 TRAGEDIA Y JUSTICIA. EVOCACIÓN DE BERNARD WILLIAMS  Martha C. Nussbaum 1 5 NOVEDADES DE JULIO DE 2011  1 7 CAPITEL Tomás Granados Salinas 1 7 LA NUEVA ORTOGRAFÍA ¿IMPRESCINDIBLE? SÍ, PERO…  Luis Fernando Lara 1 9 LEONORA CARRINGTON, ILUSTRADORA GRÁFICA  Rafael Vargas 2 2

Joaquín Díez-Canedo Flores DIRECTOR GENERAL DEL FCE

Tomás Granados Salinas DIRECTOR DE LA GACETA

Moramay Herrera Kuri JEFA DE REDACCIÓN

Ricardo Nudelman, Martí Soler, Gerardo Jaramillo, Alejandro Valles Santo Tomás, Nina Álvarez-Icaza, Juan Carlos Rodríguez, Alejandra Vázquez CONSEJO EDITORIAL

Impresora y Encuadernadora Progreso, sa de cv IMPRESIÓN

León Muñoz Santini DISEÑO

Juana Laura Condado Rosas, María Antonia Segura Chávez, Ernesto Ramírez Morales VERSIÓN PARA INTERNET

Suscríbase en www.fondodeculturaeconomica.com/ editorial/laGaceta/ lagaceta@fondodeculturaeconomica.com La Gaceta del Fondo de Cultura Económica es una publicación mensual editada por el Fondo de Cultura Económica, con domicilio en Carretera Picacho-Ajusco 227, C. P. 14738, Colonia Bosques del Pedregal, Delegación Tlalpan, Distrito Federal, México. Editor responsable: Tomás Granados Salinas. Certificado de Licitud de Título 8635 y de Licitud de Contenido 6080, expedidos por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas el 15 de junio de 1995. La Gaceta del Fondo de Cultura Económica es un nombre registrado en el Instituto Nacional del Derecho de Autor, con el número 04-2001-112210102100, el 22 de noviembre de 2001. Registro Postal, Publicación Periódica: pp09-0206.

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quí y allá, económica o social, ética o política: la crisis está por doquier en el mundo de hoy. Seguimos padeciendo la resaca de la violenta ola que devastó las finanzas públicas y privadas en 2008, somos testigos de transformaciones súbitas y de desenlace incierto en el norte de África, la economía mexicana sigue sin controlar los resortes que la hagan crecer sostenidamente en el largo plazo. En esta entrega de La Gaceta hemos procurado poner en sintonía esa nota inarmónica con diversos libros que acaban de llegar a las librerías o que están por hacerlo. Nos alegra compartir con nuestros lectores la entusiasta reseña de Paul Krugman y Robin Wells sobre un libro ambicioso y contundente en su explicación de las crisis financieras; un correlato de ese estudio internacional es el que Moreno-Brid y Ros Bosch hicieron para la economía mexicana, presentado aquí por uno de esos autores. Como guiño ante la pronta aparición de un nuevo libro de Alain Touraine (Después de la crisis), ofrecemos un análisis suyo sobre los cambios en el mundo árabe. Hemos querido ilustrar esta efervescencia con los escuetos pero vehementes grafitis de Bansky, el controvertido artista inglés cuya opinión política y tino gráfico han conmovido las calles del mundo. Es un gran acontecimiento para los amantes de nuestro idioma el que las diversas academias de la lengua hayan publicado su nueva Ortografía. Como usuarios intensivos del español, como malabaristas de neologismos, como diletantes de la etimología, nos pareció importante reflexionar sobre los alcances de esta obra, para lo cual invitamos al lexicógrafo Luis Fernando Lara a disecarla con rigor y ánimo polémico. Cierra este número una elegante zambullida de Rafael Vargas en el mundo de Leonora Carrington en pos de su producción destinada a aparecer como ilustraciones de libros. El fallecimiento de la pintora, doloroso y todo, detonó esta pesquisa en archivos y anaqueles para reunir minucias de gran simbolismo, que testimonian la amistad y la simpatía de la Carrington por las obras que ilustró. W

Distribuida por el propio Fondo de Cultura Económica. ISSN: 0185-3716 PORTADA

Ilustración: BA NSKY

Collage de León Muñoz Santini

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POESÍA

En mancuerna con Ediciones Siruela y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, acabamos de publicar la Obra poética completa de Antonio Colinas (1946), que reúne los versos que el poeta leonés escribió entre 1967 y 2010, y que vieron la luz en 16 libros; este poema procede de El laberinto invisible, inédito hasta ahora

Nocturno en el patio chico ANTONIO COLINAS

Esta noche, despacio, muy despacio, voy retornando al patio de los siglos, en el que reencontrarme en soledad con el mundo y conmigo. Jardín de piedra el patio que enternece mis sienes, que alivia las heridas del pensar. Patio Chico: cómo vas ensanchando el corazón, pues están los cipreses —quizá dedos de Dios, quizá llamas muy negras que arden en la nada para nada— señalando ansiosos, hacia arriba, lo más alto: cuanto es enigma, cuanto es fugitivo. Pero ahora nos toca hablar con lo más bajo, mirarle lentamente a los ojos de la vida en el recogimiento del no-ser, que es el ser verdadero. Sentir aquí la nieve o luna llena, aquí, donde al cerrarse la mirada entre muros, a la vez se va abriendo, para mirar muy lejos y llegar a rozar lo absoluto. Aunque no lo parezca, nuestra mirada nunca tiene aquí un horizonte ciego, pues estamos hablando de los límites sin límites del alma. Casi siempre hay silencio entre estos altos muros. Me adormiré por ello para siempre en esta soledad en la que el labio —con gran sed de infinito— va buscando a otro labio, lo negro al oro, la palabra vana al silencio. Negro patio de oros enterrados: acaso sólo el símbolo de lo que fuimos, de cuanto seremos. Nunca de lo que somos ya para la muerte. W

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Ilustraci贸n: BANSKY


TIEMPOS DE CRISIS

¿QUÉ PODEMOS ESPERAR

DE LA GRAN

CRISIS BANCARIA? PAUL KRUGMAN y R OBIN WE LLS

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Al cierre de esta edición, las discusiones en Estados Unidos acerca de su enorme déficit mostraban los dilemas que se derivan de una severa crisis financiera. Asuntos como éste son el objeto de estudio de Esta vez es distinto, de Reinhart y Rogoff, un espléndido estudio empírico, de largo aliento histórico, sobre las causas y las consecuencias de estas debacles; ya está disponible en librerías

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TIEMPOS DE CRISIS

“ QUÉ PASARÁ SI NO SE REFORMA LA HISTORIA NOS DICE

EL SISTEMA: RESURGIRÁ LA NECEDAD FINANCIERA,QUE FLORECE CADA VEZ QUE TIENE OPORTUNIDAD. Y LAS CONSECUENCIAS DE ESA NECEDAD SERÁN MÁS Y PROBABLEMENTE PEORES CRISIS EN LOS AÑOS POR VENIR

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n los primeros meses de 2010 el temor de que Grecia fuera incapaz de honrar su deuda externa se convirtió en la preocupación principal de los mercados financieros; los riesgos eran obvios: la deuda pública del país balcánico había alcanzado niveles que históricamente suponen profundos problemas financieros para naciones con ingresos medios. Además, debido al enorme déficit, la deuda griega seguía creciendo rápidamente, mientras el país sufría una severa recesión porque los costos de su deuda habían aumentado dramáticamente en relación con el resto de Europa. Y había un agravante: la morosidad no era ninguna novedad en el caso griego; de hecho, esta nación ha pasado la mitad de su historia moderna atrasándose en los pagos de su deuda. En septiembre de 2009, sin embargo, esto no parecía preocuparle a nadie. Los derivados financieros asociados a la posible suspensión de pagos de la deuda pública griega —que constituían un seguro contra esa posible falta de pago— eran bastante baratos; Grecia podía conseguir préstamos con tasas de interés apenas mayores a las que recibía Alemania, el campeón de la rectitud fiscal. ¿Por qué fueron tan complacientes los inversionistas? La respuesta es que casi todos creían que los precedentes históricos eran irrelevantes; Grecia era ahora parte de Europa y, más importante aún, desde 2001 formaba parte también de la eurozona —compartía la misma moneda que sus vecinos más ricos—: se suponía que eso debía cambiarlo todo, pero no fue así. La crisis griega se desató después de que apareció en inglés Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financiera, de Kenneth Rogoff (Harvard) y Carmen Reinhart (Maryland), pero ilustró de forma dramática el argumento esbozado en el sarcástico título de este libro: mientras más cambian las cosas en el mundo financiero, más permanecen iguales a sí mismas. La crisis de la deuda griega de 2010 se parece mucho a la crisis de la deuda mexicana de 1827; la inflación en Zimbabue no es más que el último episodio de una larga historia de pérdidas de valor de la moneda corriente que se remonta a las ciudades-estado de la antigua Grecia; incluso la crisis hipotecaria estadunidense del 2008 siguió los parámetros de muchas otras crisis bancarias que se remontan, al menos, a la crisis escocesa del siglo xviii.

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1 Desde el punto de vista de un economista, dos aspectos de Esta vez es distinto llaman la atención. El primero es la gran diversidad de evidencias que los autores utilizan para respaldar sus argumentos. Leer a Reinhart y Rogoff es un recordatorio de la frecuencia con que los economistas toman el camino fácil, es decir, cómo tienden a enfocar su atención en lugares y momentos para los cuales hay muchos datos disponibles, lo que se reduce, básicamente, a la historia reciente de Estados Unidos y otras naciones poderosas. Sin embargo, cuando se trata de comprender las crisis, esto equivale a actuar como el borracho que busca sus llaves bajo un farol —aunque sabe que se le cayeron en otro lado— simplemente porque allí hay más luz. Antes de esta crisis hubo por lo menos veinticinco años de calma para las economías más desarrolladas, de modo que para entender lo que sucede ahora resulta indispensable analizar un espectro más amplio tanto en el tiempo como en el espacio. Esta vez es distinto explora los callejones oscuros de la información económica y se arriesga a usar datos imprecisos o incompletos a cambio de lograr una perspectiva más amplia. La segunda característica peculiar de esta obra es la ausencia de teorías sofisticadas. No es que los autores estén en contra del uso de complejos modelos matemáticos —Foundations of International Macroeconomics, el influyente libro de Rogoff, escrito junto con Maurice Obstfeld y publicado en 1996, contiene literalmente cientos de ecuaciones abstrusas—; lo que pasa es que los autores de Esta vez es distinto no se andan por las ramas y prefieren los hechos puros y duros; es decir: para ellos, antes de empezar a teorizar conviene estudiar detenidamente lo que nos enseña la historia. Una ventaja adicional de este enfoque es que la obra no sólo será muy útil para los economistas, sino que al mismo tiempo resultará accesible al público lego. Este enfoque de Reinhart y Rogoff ya dio muy buenos frutos, pues nos ha permitido entender nuestra situación actual. En 2007, mientras los expertos de Wall Street y Washington aún afirmaban que los problemas de la crisis hipotecaria estaban “bajo control”, Reinhart y Rogoff dieron a conocer un artículo en el que estaban trabajando —que, en su mayor parte, constituye el capítulo trece de Esta vez es distinto—, en el que comparaban la burbuja inmobiliaria estadunidense con incidentes previos de otros países y concluían que el perfil de Estados Unidos era muy semejante al de naciones que sufrieron severas cri-

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sis financieras; como sabemos, Estados Unidos también acabó por sufrir una crisis como ésas. Tiempo después, cuando muchos analistas financieros predecían que después de la profunda recesión vendría una recuperación rápida en forma de V, nuestros autores difundieron un segundo artículo —la mayor parte del cual se encuentra en el capítulo 14— que describía las secuelas históricas de las crisis financieras y que sugería que Estados Unidos enfrentaría un largo periodo con altos niveles de desempleo; eso es lo que ha ocurrido. ¿Qué nos enseña, entonces, Esta vez es distinto? En pocas palabras, que acumular demasiada deuda siempre es peligroso. Es peligroso que un gobierno pida grandes préstamos en el extranjero, pero también lo es que los pida a sus propios ciudadanos. También es peligroso que el sector privado pida mucho dinero prestado, ya sea de extranjeros o de sí mismo —pues los bancos básicamente piden prestado a sus clientes para prestar el dinero a terceros, y una crisis bancaria es uno de los golpes más devastadores que puede enfrentar una economía. No obstante, tanto los inversionistas como quienes desarrollan las políticas financieras tienden a ignorar estos peligros a fuerza de racionalizarlos: tras cada periodo de calma financiera, olvidan la historia o inventan razones para considerarla irrelevante. Envalentonados por esta racionalización, acumulan aún más endeudamiento, con lo cual van preparando el terreno para una nueva crisis. (Por cierto, extrañamente Reinhart y Rogoff omiten referencias al ya fallecido Hyman Minsky, un economista heterodoxo que propuso un argumento similar y que últimamente está volviendo a ser influyente.) Una crisis ocasionada por deuda puede asumir varias formas: hay crisis de deuda soberana, en las que los inversionistas pierden confianza en la capacidad —o voluntad— de los gobiernos para cumplir con sus obligaciones financieras; hay crisis inflacionarias, que ocurren cuando los gobiernos emiten papel moneda ya sea para pagar cuentas o para reducir el valor real de su endeudamiento; y hay crisis bancarias, en las que la gente pierde la confianza en las promesas del sector privado, confianza que es esencial para que una economía de mercado funcione plenamente. Todos estos padecimientos a menudo se relacionan con las crisis cambiarias, en las que la especulación produce la caída en picada del valor de una moneda en relación con otras. Actualmente estamos inmersos en lo que Reinhart y Rogoff llaman la “segunda gran contracción”,

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Ilustración: BANSKY

TIEMPOS DE CRISIS

ESTA VEZ ES DISTINTO

Ocho siglos de necedad financiera CARMEN M. R E I N H A RT y K E N N ET H S. ROGOFF economía Traducción de Óscar Figueroa, revisión técnica de Alejandro Villagómez 1a ed., 2011, 464 pp. 978 607 16 0666 2 $280

una gigantesca crisis bancaria que afecta ambos lados del Atlántico y cuyos efectos se han dejado sentir en todo el mundo. La primera gran contracción fue, por supuesto, la Gran Depresión. A lo largo de la historia, las crisis bancarias han conducido también a crisis de deuda soberana, ya que los colapsos bancarios debilitan la economía, reduciendo los ingresos del gobierno y exigiendo el desembolso de grandes cantidades para rescatar el sistema financiero. Puede que Grecia sea el primero de muchos casos de gobiernos en problemas; los países con un riesgo más obvio son España, Portugal e Italia. Es necesario señalar, a manera de paréntesis, que la forma en que Reinhart y Rogoff interpretan la Gran Depresión es una crítica implícita a otras interpretaciones, en especial a la de Milton Friedman, quien aseguraba que la crisis fue, en esencia, un error de política monetaria y que podría haberse evitado fácilmente si tan sólo la Reserva Federal hubiera anticipado la caída en la oferta de dinero. Aunque en Esta vez es distinto no hay un análisis minucioso de los sucesos que condujeron a la Gran Depresión, es fácil detectar a partir de otras fuentes el parecido entre los últimos años de la década de 1920 y la antesala de otras severas crisis financieras: una exuberancia irracional en el mercado de valores, un notable aumento en la deuda de las familias y un sistema bancario cada vez más desbordado. Incluso hubo una burbuja inmobiliaria en Florida que los hermanos Marx inmortalizaron en la película Los cuatro cocos. Con esto no pretendemos negar que el sufrimiento se habría aminorado con una mejor política —este asunto lo trataremos más adelante—, pero sí parece haber evidencia de que la Gran Depresión fue más una consecuencia de la excesiva deuda del sector privado que del yerro gubernamental que cuenta la leyenda monetarista. 2 Ahora que Estados Unidos ha pasado por una severa crisis financiera cuyos elementos principales se parecen mucho a los de crisis pasadas, ¿qué nos enseña la historia sobre lo que podemos esperar? De eso trata el capítulo catorce del libro de Reinhart y Rogoff, titulado “Las secuelas de una crisis financiera”. Sería provechoso leer ese capítulo junto con otros dos estudios que ofrecen una perspectiva similar, publicados por el Fondo Monetario Internacional en abril y en octubre del 2009, en la revista semestral World Economic Outlook. Los tres textos coinciden en un pronóstico sombrío: las secuelas de las crisis financieras suelen ser desagradables, crudas y

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largas. Es decir, a las crisis financieras usualmente les siguen recesiones profundas y éstas, a su vez, dan paso a recuperaciones lentas y decepcionantes. Considérese, por ejemplo, el caso de Suecia, que después de una enorme burbuja inmobiliaria sufrió una severa crisis bancaria en 1991. El gobierno sueco ha sido elogiado muchas veces por su respuesta ante la crisis: estabilizó los mercados al garantizar la deuda bancaria y restauró la confianza en el sistema mediante una nacionalización temporal, seguida de una recapitalización, de los bancos más débiles. A pesar de estas medidas, el desempleo en Suecia aumentó del 3 a casi el 10 por ciento, y no empezó a disminuir sino en 1995; su mejoría fue lenta e irregular durante muchos años más. Es cierto que algunas crisis financieras han tenido “recuperaciones Fénix”, como las llamó Guillermo Calvo, economista de la Universidad de Columbia, pero incluso éstas —como la recuperación de Corea del Sur después de la crisis asiática de 19971998— han estado relacionadas, sin excepción, con importantes devaluaciones de la moneda de la nación afectada —por ejemplo, la moneda coreana, el won, perdió más de la mitad de su valor frente al dólar— y se han visto seguidas de enormes alzas en las exportaciones, presumiblemente ocasionadas por la mayor competitividad que genera la debilidad de su moneda. No se puede esperar que esto ocurra hoy en Estados Unidos. Y hay una buena razón: frente a la crisis, el valor del dólar no sólo no disminuyó sino que aumentó, pues los inversionistas buscaron el mejor refugio posible. Además, esta crisis es global y no es posible que todos nos escapemos por la vía de la exportación, a menos de que encontremos otro planeta con el cual comerciar. ¿Cuánto durará el sufrimiento? De acuerdo con el segundo de los estudios del fmi citados podemos creer que, en una primera consideración, “para siempre”: parece que una crisis financiera no sólo abate el desempeño a corto plazo de la economía sino que afecta también el crecimiento a largo plazo, de modo que incluso una década después de la crisis el pib es mucho menor de lo que hubiera sido en otras circunstancias. Cuando leemos estos estudios no podemos evitar preguntarnos qué pensaban los economistas del gobierno de Obama cuando hicieron circular su predicción —ahora ya vergonzosa— de que la tasa de desempleo en Estados Unidos alcanzaría su punto más alto durante el tercer trimestre del 2009 con un 8 por ciento. De haber sido así, habría sido un comporta-

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miento excepcional, en el sentido de que tanto el incremento en el desempleo como su duración habrían quedado muy por debajo de lo normal en estos casos. Lo que en realidad sucedió fue, por supuesto, considerablemente peor de lo previsto por el gobierno; de hecho, todo está sucediendo de un modo muy similar a lo que la experiencia histórica indicaba. Como Rogoff le dijo a uno de nosotros en una conversación personal: tenemos en Estados Unidos “una profunda crisis financiera, una crisis hecha y derecha”. 3 La historia nos enseña, pues, que los próximos años serán difíciles, pero ¿puede hacerse algo para mejorar la situación? Desgraciadamente, Esta vez es distinto no nos dice gran cosa al respecto. En cierta medida, eso muestra las limitaciones de un enfoque que se basa en la historia y rehúye la teoría. El trabajo de Reinhart y Rogoff se parece en varios aspectos importantes al de Wesley Mitchell, quien en 1920 fundó la National Bureau of Economic Research. Durante el periodo en que Mitchell la dirigió, esta institución se dedicó a hacer estudios cuantitativos de los ciclos económicos, rastreando todo lo que sucede en los auges y en las depresiones; aún hoy en día esta organización tiene a su cargo el establecimiento de las fechas “oficiales” en que comienzan y terminan las recesiones. Éste es, sin duda, un trabajo valioso, pero no es de mucha utilidad para determinar la política económica, pues dice qué sucede normalmente pero no cómo cambiar los resultados. No fue sino hasta que John Maynard Keynes planteó una explicación teórica de las causas de las depresiones recurrentes de las economías, explicación que tomaba en cuenta la experiencia histórica pero que iba mucho más allá de una descripción de los patrones seguidos en el pasado, que los economistas pudieron dar consejos útiles para que los políticos pudieran enfrentar un desplome de la economía. Dicho esto, la historia puede demostrar hasta qué punto las políticas keynesianas funcionan realmente como prometen. Como ya se había mencionado, Reinhart y Rogoff no abordan este tema, pero hay otros autores que sí lo han hecho. Así, el fmi, concentrándose en datos bastante limitados (de los países desarrollados a partir de 1960), encuentra evidencia de que incrementar el gasto gubernamental a la luz de una crisis financiera reduce la duración de la debacle subsiguiente, pero este estudio también ofrece algunos (débiles) argumentos para indicar que dichas políticas, en el caso de gobiernos que han

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acumulado una deuda importante, pueden resultar contraproducentes, un asunto sobre el que volveremos más adelante. Otro descubrimiento interesante del fmi es que las políticas monetarias, que son la forma más común de enfrentar una recesión, no parecen ser muy efectivas al comienzo de una crisis financiera, tal vez porque los recursos no fluyen fácilmente a través de un sistema bancario maltrecho. El trabajo de los historiadores de la economía Barry Eichengreen,* de Berkeley, y Kevin O’Rourke, del Trinity College de Dublín, es aún más sugerente que los que hemos citado hasta ahora. Dos artículos de los que son coautores y que han tenido gran influencia destacan las similitudes entre el desplome económico actual y la Gran Depresión. En el primer artículo muestran cómo, desde una perspectiva mundial, el primer año de esta crisis fue tan malo, en todos los aspectos, como la Gran Depresión: la producción industrial en todo el mundo cayó abruptamente, los mercados mundiales se vieron —por decir lo menos— igualmente perturbados, etcétera. Lo que sugiere todo esto es que el impacto que sufrió el sistema en esta ocasión fue tan grande como en la anterior. En escritos más recientes, sin embargo, estos autores muestran cómo los sucesos actuales se han ido diferenciando cada vez más de los registros históricos y, si bien la recuperación de la economía mundial que hoy se vive puede parecer decepcionante, sin duda es mucho mejor que la caída sostenida que se dio entre 1929 y 1933. La diferencia más evidente entre ambas crisis está en el tipo de políticas que se usaron para enfrentarlas: en lugar de imitar la inflexible austeridad de los políticos de hace tres generaciones —que cortaron de tajo los gastos con la intención de equilibrar los presupuestos y subieron las tasas de interés con el fin de conservar el patrón oro—, los líderes de hoy en día están dispuestos a incurrir en grandes déficits presupuestarios y a inyectar fondos en la economía. El resultado, puede afirmarse, ha sido un desastre mucho menor. Una mejor forma de poner a prueba estas políticas sería comparar experiencias diferentes durante la década de 1930. En ese momento, nadie aplicaba políticas keynesianas deliberadamente; pese a lo que dice la leyenda, el gobierno del New Deal fue

* De Eichengreen el Fondo publicó en 2009 ¿Qué hacer con las crisis financieras? (Breviarios, 308 pp.).

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muy cauteloso en lo que respecta al déficit presupuestario hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, un buen número de países incrementaron significativamente su gasto militar mucho antes de que empezara la guerra, lo que produjo, como efecto secundario accidental, un estímulo keynesiano. ¿Acaso estos países se recuperaron de la Gran Depresión antes que sus contrapartes menos agresivas? Resulta que sí. Por ejemplo, después del alza en el gasto militar causado por la invasión de Abisinia, la economía de Italia experimentó un crecimiento rápido y pronto regresó al pleno empleo. Dado que la situación de la década de 1930 se parece a la actual en muchos aspectos importantes —en palabras de Eichengreen y sus coautores, hoy en día vivimos, al igual que en esa época, “en un entorno con tasas de interés casi nulas, sistemas bancarios disfuncionales y una intensa aversión al riesgo”—, parecería que lo que debemos hacer es gastar tranquilamente para estimular la economía y dejar el pago para después.2 Pero hacer esto implicaría incurrir en enormes déficits presupuestarios y aumentar más la deuda que, en muchos países, ya ha alcanzado los niveles históricamente más altos. ¿Qué tan peligrosa sería esta decisión? Gran parte de Esta vez es distinto está dedicada al análisis de las crisis de deuda soberana, en las cuales los gobiernos pierden la confianza de los prestamistas, son incapaces de honrar sus deudas y responden ya sea con incumplimiento de pagos, con inflación o, incluso, con ambas cosas a la vez. Entonces, aunque lo haga entre líneas, este libro nos advierte sobre los peligros de asumir que las naciones pueden librar una crisis mediante estímulos que generan déficit. Por otra parte, a lo largo de la historia las naciones desarrolladas han sido capaces de acumular fuertes deudas sin provocar crisis. La deuda de Gran Bretaña, por ejemplo, fue mayor que su producto interno bruto durante cuatro décadas, desde la Primera Guerra Mundial hasta la década de 1950, y aun así su crédito se mantuvo en buen estado. Japón ha incurrido en grandes déficits presupuestarios por casi veinte años y aun así consigue préstamos a largo plazo con tasas de interés muy bajas. Pero entonces, ¿los registros históricos deberían preocuparnos o animarnos? Un motivo de preocupa2 Véase Miguel Almunia, A. S. Bénétrix, B. Eichengreen, K. H. O’Rourke y G. Rua, “The Effectiveness of Fiscal and Monetary Stimulus in Depressions”, VoxEU.org, 18 de noviembre, 2009 (www.voxeu.org/index. php?q=node/4227).

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ción es la posibilidad de que los países desarrollados no sean ya tan merecedores de crédito como antes. Reinhart y Rogoff escriben acerca de la “intolerancia a la deuda” que padecen naciones con “estructuras institucionales débiles y un sistema político problemático”; ¿no es ésta una atinada descripción actual de Estados Unidos? En trabajos posteriores a Esta vez es distinto, Reinhart y Rogoff han propuesto también que la deuda trae consigo costos ocultos. En un reciente artículo en preparación demuestran cómo, incluso en aquellos países desarrollados que nunca han padecido crisis por su deuda, históricamente el crecimiento económico ha sido menor cuando la deuda gubernamental excede el 90 por ciento del pib, umbral que Estados Unidos podría traspasar dentro de poco. Éste es un dato que los vigilantes del déficit citan continuamente. Sin embargo, si observamos los datos con mayor detenimiento es posible que en este caso la correlación no implique causalidad. En Estados Unidos, por ejemplo, los años de mayor deuda corresponden al periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial; en esa época, el pib estadunidense real sí disminuyó, pero no fue a causa de la deuda. El verdadero motivo de la caída fue la desmovilización de las fuerzas armadas y la conversión de las mujeres que habían trabajado en las fábricas durante la guerra en amas de casa residentes en los suburbios. En Japón, los años de mayor deuda siguieron a la crisis de principios de la década de 1990, de la cual no se ha recuperado del todo, de modo que la deuda puede ser consecuencia del lento crecimiento económico y no al revés. Lo cierto es que los datos históricos sobre las consecuencias de la deuda pública son suficientemente ambiguos como para permitir diferentes interpretaciones. Según nuestra lectura, lo mejor es establecer una política de “estimule ahora y pague después”, es decir, gastar mucho para promover el empleo durante la crisis, pero tomando medidas para restringir el gasto y aumentar los ingresos una vez que ésta haya pasado. Habrá quienes piensen de otro modo, aunque quizá lo más importante sea entender que no existe un camino completamente seguro: la deuda implica riesgos a largo plazo, pero lo mismo ocurre si uno no logra idear una recuperación robusta. Las investigaciones del fmi sugieren que el costo a largo plazo de las crisis financieras es menor cuando los países reaccionan con políticas basadas en estímulos importantes, lo que significa

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TIEMPOS DE CRISIS

“ UN RECORDATORIO DE LA FRECUENCIA LEER A REINHART Y ROGOFF ES

CON LA QUE LOS ECONOMISTAS TOMAN EL CAMINO FÁCIL, ES DECIR, CÓMO TIENDEN A ENFOCAR SU ATENCIÓN EN LUGARES Y MOMENTOS PARA LOS CUALES HAY MUCHOS DATOS DISPONIBLES

” que de no aplicar tales políticas se corre el riesgo de sufrir daños no sólo este año sino también en los años venideros. 4 Evidentemente, la mejor manera de lidiar con las crisis causadas por exceso de deuda es no tenerlas. ¿Hay algo en los registros históricos que nos enseñe cómo lograrlo? Reinhart y Rogoff no abordan directamente esta cuestión, pero el capítulo 16 de Esta vez es distinto, donde el lector encontrará una revisión general de los vaivenes de las crisis a lo largo del siglo xx, resulta muy sugerente. Lo que muestran sus datos es una disminución espectacular en la frecuencia de todo tipo de crisis después de la Segunda Guerra Mundial, seguida por un aumento irregular que empieza poco después de 1980 con una serie de crisis regionales en América Latina, Europa y Asia, todo lo cual culmina en la crisis global de 2008-2009. ¿Qué cambió después de la Segunda Guerra Mundial y qué revirtió, después, dicho cambio? La respuesta obvia es: regulación. Hacia finales de los años cuarenta del siglo pasado, las economías más importantes contaban con sistemas bancarios estrictamente regulados, lo que prevenía la reaparición de las crisis bancarias de viejo cuño. Al mismo tiempo, las limitaciones generalizadas al movimiento internacional de capitales dificultaban que las deudas externas acumuladas por las naciones fueran tan grandes como las que en otros tiempos habían causado frecuentes impagos. (Dichas restricciones fueron de diversos tipos, entre ellos límites a la compra de valores extranjeros y a la compra de moneda extranjera con propósitos de inversión; incluso algunos países desarrollados como Italia y Francia mantuvieron tales restricciones hasta bien entrados los años ochenta.) En pocas palabras, se trataba de un mundo restringido que quizá inhibía la imaginación pero que no permitía la irresponsabilidad a gran escala. Sin embargo, conforme se desvanecían los recuerdos de la década de 1930, estas restricciones se fueron relajando. En los años setenta reaparecieron los préstamos privados internacionales, lo que derivaría en la crisis latinoamericana de los años ochenta y, posteriormente, la crisis asiática de los noventa. También se debilitó la regulación bancaria, lo que dio lugar a la debacle de ahorros y préstamos en Estados Unidos en los años ochenta, la crisis bancaria de Suecia a principios de los noventa, etcétera. Para

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principios del siglo xxi, el rápido crecimiento de la banca de inversión, los fondos de cobertura y las aseguradoras —instituciones como Lehman Brothers que no aceptaban depósitos y por lo tanto no se les aplicaban las regulaciones bancarias convencionales, pero que, en términos económicos, llevaban a cabo funciones bancarias— había reproducido un sistema financiero tan vulnerable al pánico y la crisis como el sistema bancario de los años treinta. Mientras todo esto sucedía, quienes proponían una regulación más laxa ensalzaban las virtudes de un sistema más abierto. En efecto, un control más relajado tenía muchas ventajas: sin lugar a dudas, personas, negocios y gobiernos que de otro modo no habrían conseguido créditos los obtuvieron, y algunos los usaron bien. Sin embargo, otros acumularon deudas a niveles francamente peligrosos, lo que volvió a generar el viejo ciclo de deuda, crisis y morosidad. ¿Por qué tan pocas personas se dieron cuenta de que esto sucedería? Una respuesta, desde luego, yace en el título del libro de Reinhart y Rogoff. Había algunas diferencias superficiales entre la deuda actual y la de tres generaciones atrás: instrumentos financieros más elaborados, técnicas de valoración aparentemente más refinadas y una diversificación de los riesgos claramente mayor —todo lo cual resultó ser sólo apariencia—. De modo que los ejecutivos financieros, los políticos y muchos economistas se persuadieron de que las antiguas reglas ya no se aplicaban. Tampoco debemos olvidar que había quienes estaban ganando mucho con el crecimiento explosivo de la deuda y de la industria financiera; y, por supuesto, el dinero manda. Los dos centros financieros más importantes del mundo, Nueva York y Londres, influyeron fuertemente en sus respectivos gobiernos, sin importar el partido al que pertenecieran. El gobierno de Clinton en Estados Unidos y el gobierno laborista en Gran Bretaña sucumbieron por igual al canto de sirena de la innovación financiera y, en cierta medida, la competencia entre estos dos grandes centros los estimuló, porque fue muy fácil convencer a los políticos de que tener una gran industria financiera era algo maravilloso. Fue hasta que la crisis los golpeó que se hizo evidente que el crecimiento de Wall Street y la City de Londres en realidad exponían a sus países a riesgos específicos, y que los países que se perdieron del glamour de las altas finanzas, como Canadá, también se perdieron de lo peor de la crisis. Ahora que las diversas burbujas se han desinflado, hay muchas razones para promover el retorno

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de una regulación mucho más estricta. Sin embargo, no queda claro que esto vaya a ocurrir, por una sencilla razón: la ideología empleada para justificar el desmantelamiento de esas regulaciones ha resultado sorprendentemente resistente. Para la derecha es ahora un artículo de fe, refractaria a toda evidencia en contra, el que la crisis no fue ocasionada por los excesos del sector privado sino por los políticos liberales que obligaron a los bancos a hacer préstamos a un sector poco atendido: el de los pobres. No obstante, incluso los líderes más imparciales se inquietan ante la posibilidad de que la regulación atente contra la innovación financiera, pese a que es muy difícil encontrar ejemplos claros de las ventajas de dicha innovación (los cajeros automáticos no cuentan). De igual importancia es el hecho de que la industria financiera no ha perdido su poder político. Los bancos han emprendido una feroz campaña contra una propuesta de reforma que muchos esperaban ver aprobada con facilidad: la creación de una nueva agencia de protección de los consumidores de servicios financieros. Pese al constante repicar de revelaciones escandalosas —como la de que Goldman Sachs ayudó a Grecia a falsificar sus estados financieros, mientras que Lehman falsificaba los suyos propios—, los altos ejecutivos financieros aún tienen las puertas abiertas en los círculos del poder público. Como muchos habrán notado, los principales funcionarios económicos y financieros del gabinete de Obama son gente vinculada al triunfalismo financiero y a la desregulación de la era de Clinton; puede que hayan cambiado de opinión, pero la continuidad de sus políticas es pasmosa. En ese sentido, esta vez realmente sí es distinto: mientras que a la primera crisis financiera global siguieron reformas cruciales, no está claro que se vaya a hacer algo similar tras la segunda. La historia nos dice qué pasará si no se hacen esas reformas: resurgirá la necedad financiera, que florece cada vez que tiene oportunidad. Y las consecuencias de esa necedad serán más y probablemente peores crisis en los años por venir. Paul Krugman es profesor en la Universidad de Princeton y ganó el premio Nobel de su disciplina en 2008. Robin Wells ha sido profesora de economía en Princenton y el MIT. Hemos tomado este texto de The New York Review of Books; lo reproducimos con autorización de los editores. © The New York Times Syndicate, 2011. Traducción de Lucía Cirianni Salazar.

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TIEMPOS DE CRISIS

DESARROLLO Y CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA MEXICANA: UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA J UA N C A R L O S MORENO -BRID y JA I M E R O S BOSCH

economía FCE, México, 2011

1ª ed., 2010, 405 pp. 978 607 16 0302 9 $225 RESEÑA

¿Por qué (no) ha crecido la economía mexicana? En la bicentenaria historia económica de nuestro país ha habido largas épocas de bonanza y otras de desesperante estancamiento. En su libro reciente, que es una minuciosa exploración del pasado remoto y el reciente, Moreno-Brid y Ros Bosch plantean los porqués de estas oscilaciones. Aquí, uno de los autores encapsula los principales argumentos de esta obra a cuatro manos JUAN CARLOS MORENO -BRID

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esarrollo y crecimiento de la economía mexicana: una perspectiva histórica, el libro que Jaime Ros Bosch y yo escribimos, tiene su origen en un artículo que publicamos en 1994, apenas estrenado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: eran tiempos de euforia y optimismo sobre el futuro de la economía mexicana, tanto dentro como fuera del país. Ese artículo expresaba una nota discordante, escéptica, respecto de esa euforia y ese optimismo. El escepticismo con respecto a los resultados que, en términos de crecimiento económico, arrojaban hasta ese entonces las reformas de mercado puestas en marcha en nuestro país a mediados de los años ochenta se reveló a la postre como un planteamiento correcto. Ello nos animó, diez años después, a actualizar el artículo original y publicarlo en una versión revisada. A partir de ahí surgió la idea de profundizar y fundamentar nuestro argumento sobre el desarrollo de largo plazo de México y presentarlo en forma de libro. ¿Cuál es ese argumento? La historia del desarrollo económico del México independiente puede verse como una sucesión de periodos de estancamiento o crecimiento lento —en los que el ingreso por habitante se rezagó crecientemente con respecto al nivel alcanzado por los países más desarrollados de la época— y periodos de rápida expansión —en los que se achicó la brecha con respecto a esos países—. Con este criterio pueden distinguirse cinco periodos en la historia económica de México. El primero va de la Independencia a alrededor de 1870. Es el periodo en el que, como lo han mostrado Coatsworth y Cárdenas, se origina el atraso relativo de México. En esas seis décadas nuestro país pasó de tener un ingreso per cápita no muy inferior al de Estados Unidos o Gran Bretaña a ser un país de menor desarrollo relativo, con un ingreso per cápita equivalente a una cuarta parte del de nuestro vecino del norte. El segundo es el Porfiriato, lapso en el que tiene lugar un fuerte crecimiento económico, basado en la integración de México a los mercados internacionales como exportador de materias primas y en una industrialización impulsada por la conformación de un mercado interno nacional. Esta expansión se vio

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fortalecida por la expansión acelerada de la red ferroviaria y por la aplicación de políticas comerciales e industriales de fomento. El tercer periodo, de 1910 a 1940, está marcado por el estancamiento de la actividad productiva asociada a los choques políticos internos de la Revolución de 1910, sus secuelas y el choque económico adverso que representó la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. De los años cuarenta a 1981 México vivió una edad dorada de la industrialización. En ese lapso, la economía alcanzó la mayor tasa de crecimiento de nuestra historia como nación independiente (con un promedio anual de crecimiento del pib real per cápita de 3.2 por ciento). Se acortó la brecha con respecto a Estados Unidos y tuvo lugar una transformación radical de la economía y de la sociedad con el aumento drástico de la urbanización y la industrialización, y la mejora notable de los indicadores de salud y educación. Finalmente, desde 1982 nuestro país atraviesa un nuevo y ya largo periodo de falta de crecimiento. De hecho, el pib real per cápita creció en estos treinta años a la misma tasa que de 1910 a 1940, época de la Revolución y la Gran Depresión. Como mostramos en el libro, los periodos de crecimiento presentan tres características comunes. La primera es la existencia de un consenso en torno a la política económica —positivista en el Porfiriato, desarrollista en la posguerra—, síntesis de visiones hasta entonces encontradas. La segunda es la prevalencia de percepciones correctas, de identificaciones adecuadas de los obstáculos fundamentales al desarrollo económico. Finalmente, la tercera es la desigual distribución de los beneficios del crecimiento económico, lo que usualmente condujo a la ruptura del consenso. En contraste, los periodos de estancamiento se caracterizan por percepciones equivocadas y/o la ausencia de consenso entre las elites del país. Ejemplos de ello son la ausencia de consenso entre conservadores y liberales en el siglo xix y las percepciones incorrectas que llevaron a políticas macroeconómicas procíclicas entre 1926 y 1932, las cuales agravaron los efectos negativos de la Gran Depresión originada en Estados Unidos a partir de 1929. Un segundo rasgo de estos periodos es la presencia de choques políticos internos y de un entorno internacional desfavorable, que jugaron con frecuencia un papel importante como factores determinantes del estancamiento económico. Nuestro análisis se apoya, en especial, en la teoría del desarrollo que considera que la tasa de expansión

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de la actividad productiva de largo plazo está determinada por ciertas restricciones que actúan sobre la dinámica económica. Estas restricciones varían en el tiempo y de país a país, y pueden actuar tanto por el lado de la oferta de factores —capital y trabajo, así como restricciones de ahorro y de divisas— como por el lado de la demanda —la inversión, la fuerza del mercado interno o externo, incluyendo las restricciones fiscales y de financiamiento—. La fuerza o relevancia de dichos elementos como restricciones al crecimiento económico se ve afectada por el balance entre el mercado y el Estado. La magra expansión económica que ha vivido nuestra economía de 1982 a la fecha nos ha rezagado respecto a economías más avanzadas. Así, en 1980 México era ya un país de ingreso medio alto y pib per cápita equivalente al 47 por ciento del promedio de los países de la ocde. Actualmente la brecha se ha ampliado en más de 14 puntos y el ingreso actual se ubica en un nivel equivalente al 34 por ciento del promedio de la ocde. La comparación con Estados Unidos también revela la falta de avance. Hoy por hoy, el pib per cápita de México, en dólares constantes, respecto del de Estados Unidos, muestra la misma brecha que en los años cincuenta del siglo pasado y mucho mayor que en los setenta. Sin duda ha habido progreso económico en nuestro país, pero éste ha sido insuficiente para abatir de manera más rápida y profunda la incidencia de la pobreza y la desigualdad, y para elevar mayormente el nivel de vida y reducir la vulnerabilidad de la población. Otros países, en cambio, han ido cerrando esta brecha en el mismo lapso. Sin un elevado crecimiento de la actividad productiva, no hay expansión suficiente del empleo y, sin éste, es imposible un desarrollo económico y social. Cabe subrayar que el crecimiento es necesario, mas no suficiente para el desarrollo. ¿Por qué no hemos logrado convergencia con economías semejantes en las tres décadas recientes? Recordemos que este periodo se abre con las reformas de mercado de mediados de los años ochenta, que fueron reforzadas después con el tlcan y otras medidas con éxitos incuestionables. Estas reformas redujeron el déficit público, bajaron la inflación y convirtieron a México en exportador de manufacturas, con un gran dinamismo en la penetración de los mercados internacionales. Sin embargo, el notable avance en la estabilización de la inflación y de las cuentas públicas, así como el auge

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de las exportaciones, no se acomrestringido el crecimiento de la pañaron de un elevado crecidemanda agregada. miento de la economía mexicana Nuestro argumento es que en su conjunto. ¿Por qué? cuatro factores han frenado En Desarrollo y crecimiento de la inversión en este lapso: i] el la economía mexicana examinabajo nivel de inversión pública, mos las diferentes hipótesis que especialmente en infraestrucse han propuesto para explicar tura (limitante íntimamente la falta de dinamismo de nuestra ligada a la ausencia de una reeconomía en ese lapso, y propoforma fiscal de fondo), ii] la falta nemos una interpretación propia. de financiamiento a la actividad Sin pretender hacer un análisis productiva empresarial (sobre exhaustivo —sino más bien como todo desde la contracción del mera invitación a leer el libro— crédito bancario después de la aquí examino posibles factores LA HISTORIA ECONÓMICA crisis financiera de mediados detrás de esa falta de dinamismo DE AMÉRICA LATINA de los años noventa), iii] la tenDESDE LA económico. dencia a la apreciación del tipo El primer factor es el papel de INDEPENDENCIA de cambio real, desde 1988 y la integración comercial interdurante la mayor parte del penacional. Para nosotros, las re- V I C T O R B U L M E R -T H O M A S riodo, y iv] el desmantelamienformas de los años ochenta y noto de la política industrial (que venta fueron muy exitosas por La especialización del conocimiento tampoco ha sido favorable a la lo que toca al incremento en las científico ha propiciado que sea inversión). exportaciones y al grado de aper- extraño, por la escasez de su práctica, En la actual fase de la globatura comercial. México penetró el estudio completo de regiones lización, el país no puede comel mercado mundial de manu- determinadas. A la vez, cada una de petir internacionalmente con facturas con una intensidad sólo estas regiones parecería demandar salarios bajos ni tampoco loinferior a la de China. Las expor- saberes especiales, que excluirían a gra insertarse en nichos de alto taciones subieron mucho como los demás. Aun así Victor Bulmervalor agregado y elevada proproporción del pib, aunque no Thomas ha acometido la hechura de ductividad, con capacidad de lograron promover un patrón di- esta obra entera, que cumple con el arrastrar al resto de la econonámico de especialización y de ideal del antiguo estilo: conseguir una mía hacia una senda de elevado arrastre al resto del aparato pro- visión integradora en la que tienen y robusto crecimiento de larductivo nacional. El problema fue peso específico los conocimientos go plazo. Nuestro libro apunta que, aparejado al auge exporta- geográficos, históricos, políticos y que para aliviar la restricción dor, México experimentó una ex- económicos de una región del mundo fundamental al crecimiento en pansión tanto o más fuerte de las que como ninguna otra ha mantenido las condiciones actuales es urimportaciones. Esta penetración ciertas uniformidades pero que, gente avanzar en una reforma tan intensa de las importaciones al mismo tiempo, y a pesar de los fiscal profunda y en fortalecer refleja la ruptura de diversas ca- objetivos previstos una vez alcanzada la banca de desarrollo. Ambas denas productivas internas y el la Independencia, no ha logrado los son elementos esenciales para hecho de que buena parte de las niveles previstos e inclusive presenta movilizar más y mejores recurexportaciones se basan en pro- tasas de crecimiento relativamente sos para la inversión pública y el cesos de maquila, de ensamble inferiores a otras de orígenes menos gasto social. La reforma fiscal de insumos importados, con es- promisorios. De la Independencia a habría de incrementar en varios caso contenido tecnológico en los niveles y pesos de los ajustes de puntos los ingresos tributarios los procesos de producción local. la deuda, Bulmer-Thomas sigue un como proporción del pib, reduEn consecuencia, perdió fuerza análisis puntual y completo. Esta cir su dependencia de los recurel efecto de arrastre de las expor- segunda edición, que pone al día que sos petroleros, asegurar un uso taciones al resto de la economía habíamos publicado en 1998, confirma eficiente y transparente del gaslocal. que los esfuerzos latinoamericanos to y fortalecer las capacidades En segundo lugar, discutimos por hacer crecer la economía están del ingreso y el gasto públicos la falta de dinamismo de la pro- signados, en casi todos los casos, por el para redistribuir los ingresos. ductividad, señalada por nume- doloroso fracaso. Asimismo es recomendable dorosos autores como el principal tar —si se quiere, con un esqueresponsable del bajo crecimien- economía ma parecido al que se sigue en de Mónica Utrilla de Neira to del pib. Esta caída debe verse Traducción Chile— al presupuesto fiscal de 2ª ed., 2010, 541 pp. más como la consecuencia y me- 978 607 16 0554 2 la capacidad automática de ejenos como la causa de la desacele- $415 cutar políticas contracíclicas ración del crecimiento. El escaso que por un lado aminoren los crecimiento de la productividad impactos adversos de los choha estado estrechamente asociaques extremos y por otro perdo con la expansión del subempleo en el sector tercia- mitan generar ahorros suficientes en etapas de bonanrio de la economía. A su vez, dicha sobreexpansión de za. Igualmente, el libro indica la necesidad de evitar los servicios de baja productividad es resultado de la procesos de apreciación persistente del tipo de cambio incapacidad de absorber mano de obra y de la falta de real. Queda a los lectores asomarse a estos temas de dinamismo de la industria. manejo cambiario y monetario, así como los que tieEn tercero, y en cuanto al capital humano, los in- nen que ver con la estructura financiera, el marco legal dicadores de escolaridad y salud han venido mejoran- y regulatorio de la competencia en este y otros mercado durante estas tres décadas, en parte como conse- dos, así como a las políticas de innovación industrial. cuencia del bono demográfico. Así, no pueden ser resEn síntesis, Desarrollo y crecimiento de la economía ponsables de la caída del producto por trabajador que mexicana busca responder, luego de revisar dos siglos ha venido ocurriendo desde inicios de la década de de historia económica de nuestro país, las siguientes 1980. Nuestra economía no ha sido capaz de absorber interrogantes: ¿cómo se han modificado los obstáculos a los trabajadores más calificados. No es que el capi- centrales al crecimiento y desarrollo del país?, ¿cuáles tal humano haya restringido el crecimiento, sino que de estos obstáculos han tenido una raíz estructural de el lento proceso de crecimiento ha impedido el pleno larga data, como la fragilidad fiscal o la desigual distriuso de la reserva de capital humano disponible en la bución del ingreso, y cuáles son coyunturales, como los economía. choques externos o en los términos de intercambio?, Una vez examinadas y descartadas estas hipóte- ¿cómo han cambiado las interpretaciones de las elites sis, el libro se enfoca en el que consideramos como y autoridades gubernamentales acerca de las restricprincipal determinante del lento crecimiento: la baja ciones al crecimiento y las políticas para removerlas? inversión, en particular la baja tasa de acumulación Y por demás importante: ¿qué lecciones ofrece la exde capital físico en la producción de bienes comercia- periencia histórica acerca de los obstáculos actuales bles. En efecto, la tasa anual de acumulación de capi- al desarrollo económico de largo plazo del país y acertal cayó de 6.1 por ciento a 3.8 entre 1960-1979 y 1996- ca de las políticas para enfrentarlos? Queda a juicio de 2003. Como proporción del pib, dista del 25 por cien- nuestros lectores decidir en qué medida contribuimos to requerido para sostener altas tasas de expansión. a responder estas preguntas. W La morigerada inversión en maquinaria y equipo —después de años de caída durante la crisis de la deuda— ha reducido la demanda de empleo en los secto- Juan Carlos Moreno-Brid, doctor en economía por la res de alta productividad y ha acotado la moderniza- Universidad de Cambridge, es el coordinador de investición de la capacidad productiva. Al mismo tiempo, ha gación de la sede subregional en México de la CEPAL.

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Ilustración: BANSKY

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En Después de la crisis, obra que llevaremos a las librerías próximamente, Touraine revisa los cambios sociales que están dándose —o que, en su opinión, deberían darse— en los países desarrollados y su periferia. Aquí presentamos un artículo suyo, publicado por Le Monde en febrero de este año, con el que participó en un debate sobre el papel de los intelectuales ante las revueltas en el mundo árabe

E N S AYO

¡Dejemos atrás la Guerra Fría! ALAIN TOURAINE

E

l reproche contra los intelectuales por callar ante el levantamiento popular en varios países árabes, particularmente Túnez y Egipto, debe rechazarse tajantemente. ¿Qué esperan quienes hacen este reproche? ¿Esperan la publicación de libros o la difusión de textos como aquellos que, en su momento, lisonjearon ciegamente a Fidel Castro, a Mao o a Jomeini? Debo decir, por otro lado, que me produce todavía mayor desconfianza la serie de juicios negativos que se han estado emitiendo en torno a dichos levantamientos, pues se apoyan en un culturalismo antiárabe todavía más inaceptable que los excesos del tercermundismo. No veo por qué ser filósofo o escritor confiera el derecho, o imponga el deber, de decir cualquier cosa sobre cualquier persona como si el intelectual fuera un clérigo del universalismo. Si comienzo por expresar mi enfado ante las pretensiones elitistas de algunos intelectuales franceses, es sólo porque asumiré el riesgo de aclarar por qué creo que la experiencia de Irán ha oscurecido el juicio de muchos. En lugar de “invocar precedentes”, los intelectuales deben buscar y alentar todo aquello que fortalezca movimientos de liberación que se presentan en situaciones que evidentemente pueden abarcar otros asuntos e incluso pueden atentar contra la idea misma de libertad. Lo que se debe esperar de los “intelectuales” es que, a nombre de los que se preocupan por la democracia, cuestionen a los especialistas, cuyos vastos conocimientos les impiden cometer errores graves pero que no podrían ofrecer, por sí mismos, todas las respuestas. Expongo aquí, pues, mi cuestionamiento, cuyo propósito es echar luz sobre las oportunidades reales de liberación presentes en estos acontecimientos, los cuales, como cualquier situación histórica de

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ruptura, están imbuidos de muchos significados diferentes y aun contradictorios. Nuestro papel es influir, mediante el análisis, en los acontecimientos para fortalecer aquellos que ofrezcan un futuro de liberación y democracia, así como ejercer presión sobre los gobiernos europeos que manifiestan una suspicacia partidista contra todo tipo de movimientos populares. La idea que tomaré como punto de partida es que el mundo ha permanecido durante medio siglo bajo la sombra de un conflicto internacional, la Guerra Fría —que a veces resultó bastante caldeada, como en el caso de Corea o durante la crisis de los misiles en Cuba—, entre el lado estadunidense y el lado soviético. En su inmensa mayoría, los europeos se han considerado del lado occidental sin renunciar, por ello, a su capacidad de crítica o de protesta. En ese periodo los movimientos intelectuales y sociales en Estados Unidos y Canadá, así como en Europa occidental, se vieron fortalecidos por los movimientos populares, nacionales y democráticos de la Europa sovietizada —de Berlín a Gdansk, pasando por Budapest, Poznań y Praga, sin olvidar Moscú—. Al segundo bloque pertenecían Cuba y su zona de influencia, así como la China de Mao. Todo esto es algo que debemos recordar.

LUCHA DE CLASES Durante ese largo periodo —y a pesar de nuestras ideas y preferencias—, el enfrentamiento entre el Occidente (con sus egoísmos y escándalos) y el totalitarismo leninista marcó la pauta del desplome de todo. A pesar del vocabulario utilizado con mayor frecuencia, los “problemas sociales” sólo ocuparon un lugar secundario durante este periodo. Me siento con todo el derecho de aseverar esto porque he dedicado la mayor parte de mi vida al estudio de las dominaciones sociales y de los movimientos sociales que las combaten. En todas partes, durante medio siglo, se pensó primero en términos de “amigos” o “enemigos” antes que en términos de “lucha de clases”.

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Esta realidad se hizo claramente visible en el mundo árabe, más que, por ejemplo, en América Latina. Esto fue así principalmente por dos circunstancias: la violencia de la guerra que Francia emprendió contra la independencia argelina y el conflicto a muerte entre Israel y los palestinos que aspiran a la creación de un Estado independiente. En ninguna parte del mundo los problemas sociales dominaron la escena política. De este fenómeno fueron víctimas los partidos socialdemócratas europeos, a quienes se ha acusado de ser aliados de Estados Unidos —y efectivamente en eso se convirtieron, en mayor o menor medida según el país, sobre todo cuando la amenaza soviética estaba encarnada en un partido comunista estrechamente subordinado a Moscú—. La “nueva izquierda” en Francia fue, ante todo, un esfuerzo valiente, pero muy minoritario, de darle prioridad a los objetivos económicos y sociales. François Mitterrand fue quien promovió abiertamente esto mediante un programa surgido del movimiento comunista, con el cual deseaba arrebatarle al Partido Comunista el primer lugar de la izquierda para dárselo al Partido Socialista; logró todo esto, pero a costa de constreñirse a una perspectiva configurada por la Guerra Fría. Los nacionalismos árabes, dirigidos por Nasser, se defi nieron en primer lugar por su antiimperialismo, algo inevitable después de la expedición franco-británica de 1956, apoyada por Israel. El Irán de Mossadeq, apoyado por el partido comunista desde mucho antes de que Jomeini tomara el poder, también se definió por su antiimperialismo y su antiisraelismo, mientras que el Israel de la Histadrut (Federación General de Trabajadores de la Tierra de Israel) y de los kibutz se vio aplastado por una política que convenció a la opinión pública porque se presentaba a sí misma como la respuesta necesaria frente a una amenaza mortal.

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Esta interpretación se ajusta también muy claramente al caso de América Latina, donde las formas radicales de la teoría de la dependencia, inspiradas por Cuba y respaldadas por la mayoría de los intelectuales, particularmente en Buenos Aires, condujeron al agotamiento de los movimientos sociales que se vieron, entonces, remplazados por guerrillas —primero de origen campesino, luego urbanas— cada vez más alejadas del mundo al cual pretendían representar. Durante un tiempo, la casi desaparición del mundo soviético propició el fortalecimiento de regímenes autoritarios tanto en el mundo árabe como en América Latina. La Guerra Fría hubiera podido ser remplazada por el enfrentamiento entre China y Estados Unidos pero, mientras que el mundo soviético siempre dio prioridad a lo político sobre lo económico, China hizo justo lo contrario. El dólar y el yuan, y con ellos sus respectivos países, se han visto unidos por los vínculos entre país deudor y país acreedor. Nada excluye la posibilidad de que en el futuro se dé un enfrentamiento más político o incluso militar entre las dos potencias económicas más grandes del planeta, pero en la actualidad los problemas económicos de China, a pesar de la violenta represión —en especial después de Tian’anmen—, comienzan a transformarse en problemas sociales: aumenta la presión para desarrollar el mercado interior, es decir, para aumentar los salarios, lo que ha abierto un espacio para las reivindicaciones sociales y ha permitido actividades culturales menos vigiladas, lo que sin embargo no implica una apertura del régimen hacia mayores libertades. Ahora bien, a pesar de que nada nos autoriza a hablar de una democracia inevitable en China como consecuencia de su crecimiento económico, sí podemos afirmar que los problemas y los actores sociales ya comenzaron en ese país, como en muchos otros, a liberarse de las ataduras que caracterizaron los tiempos de la Guerra Fría. Todo esto me conduce a plantear la hipótesis siguiente: el miedo al islamismo, que alcanzó su punto climático después del 11 de septiembre del 2001, y que se difundió en la opinión pública de Europa mediante una islamofobia que alcanzó incluso a algunos medios de comunicación de izquierda, es del todo incongruente con una situación propicia para la defensa de las condiciones de vida y las libertades de una población oprimida por un autoritarismo que dificulta el desarrollo económico, por la corrupción de los dirigentes civiles y militares, y por la fuga de intelectuales e ingenieros —es el caso tanto de Egipto como de Haití—. Los movimientos actuales se iniciaron en las calles y, antes incluso, en las redes de los blogueros, y no con los partidos políticos organizados. Es un hecho que la exigencia más fuerte de los levantamientos ha sido la eliminación del dictador, y es un hecho también que los jóvenes con estudios universitarios, afectados por el desempleo, han jugado un papel fundamental en las manifestaciones que van en aumento; es el caso de Argelia, primer país —hay que recordarlo— en experimentar grandes levantamientos populares, que fueron aplastados por el ejército. Suele advertirse —con razón— que un movimiento en contra de la dictadura, la corrupción y las desigualdades sociales no siempre produce una democracia: no toda semilla produce una flor. En Túnez, el desequilibrio en los niveles de educación superior y el asunto del respeto a los derechos de la mujer condujo, junto con la situación de la juventud después de las manifestaciones de Burguiba, al derrocamiento —más fácil de lo previsto— de Ben Ali. Sin embargo, esto ocurrió también porque él se apoyaba en la policía y no en el ejército, y fue la policía la que tuvo que organizar la precipitada partida del presidente tunecino. Como todos lo señalan, la situación de Egipto es profundamente distinta, no sólo por el tamaño del país, sino por la fortaleza de los Hermanos Musulmanes, que controlan tanto las organizaciones profesionales (abogados, médicos) como las instituciones caritativas; otra diferencia es el predominio del sector público en un país cuyo producto nacional se compone más de recursos provenientes del exterior —ingresos del canal, donaciones estadunidenses, envío de dinero de los egipcios del Golfo, turismo— que de producción interna, agrícola o industrial. Este desequilibrio tiende además a agrandarse por el abandono de grandes proyectos de desarrollo económico. El ejército ha estado permanentemente en el poder, de Nasser a Sadat y de éste a Mubarak; una parte del poder de este último pasó a manos del antiguo jefe del poderoso servicio de seguridad interior. La conjunción de un

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un Estado palestino la principal amenaza que pesa sobre la existencia de Israel? Sin embargo, puede ser que ahí se encuentren las mayores dificultades; concretamente, ¿cómo devolver a la autoridad palestina, cada vez más débil y discutida, la capacidad de imponer una política nacional a Hamas?, ¿cómo convencer a Irán de que la coalición dirigida en su contra disminuiría su hostilidad si ese país moderara sus amenazas NUEVA HISTORIA a la existencia de Israel? DE LA GUERRA FRÍA Es imposible considerar que el bien inevitablemente JOH N L EW IS G A DDIS triunfará y que las demandas de justicia social, así como Ya en 1948 el escritor inglés George el combate a gobiernos y EsOrwell mira hacia adelante, tados corruptos y autoritaanuncia los horrores que de modo rios, serán una realidad. El insospechado suceden a la primera riesgo de que surjan nuevos Guerra Mundial. Invierte entonces los Estados autoritarios, más dígitos de aquella fecha al formular represivos incluso que el de una utopía negativa, la que tendría Mubarak o que el de Ben Ali, lugar en 1984, cifra con que titula es real, pero el gobierno y la su célebre novela, y año en el que opinión pública de los países se impondría el totalitarismo y se aplastarían la individualidad y la mera de Occidente deberían convencerse de que no hay ninposibilidad creadora. John Lewis guna fatalidad en esto; deGaddis cuenta la historia del mayor berían saber, incluso, que la conflicto mundial de las posguerra, prioridad dada a los problepasando revistas a sus orígenes y mas sociales internos es en relacionando aspectos generales con principio más favorable a la puntos particulares y precisando democracia que la prioridad los desenlaces: el final de aquel dada a los enfrentamientos enfrentamiento sordo, alarmante internacionales, en nombre y múltiple, en el que resultaron de los cuales han prosperacentrales hechos como los sucedidos do tantos regímenes autoen las naciones de Europa oriental PRIMAVERA ritarios, antioccidentales o o los de Afganistán, la participación DE LOS PUEBLOS prooccidentales —sin olvide personajes del peso de Gorbachov, dar el doble juego de Arabia El hecho de que los problemas Reagan o Bush, y de entidades del Saudita—. Existen en Eurosociales hayan preparado la caída corte de la Organización del Tratado pa una arabofobia y una isde la dictadura en Yemen y que el del Atlántico Norte. Esta Guerra Fría lamofobia que resultan pelifuturo de la dictadura en Argelia es nuestra, al decir del autor, en razón grosas, no sólo en sí mismas, parezca frágil, no indica que asis- de que ha sido concebida de acuerdo sino porque alimentan polítimos a “la primavera de los pue- con una realidad nueva, diferente de ticas xenófobas, de las que el blos”, como la de 1848 en Europa la que lectores previos conocieron Frente Nacional francés es, central, sino más bien señala un (sobresalen como fuentes las minutas desde hace mucho tiempo, cambio general de periodo his- de las reuniones del Politburo un siniestro ejemplo. tórico. En el nuevo periodo —que soviético, información de los archivos No debemos pedir a los ya comenzó—, los problemas y las —recientemente abiertos—, de la intelectuales que hablen por decisiones internas cada vez co- Unión Soviética y otros países de Asia, hablar en nombre de valores bran más importancia en la vida conversaciones entre dirigentes oídas universales porque no son colectiva de todos los países y y anotadas por sus ayudantes y, sobre algo que les pertenezca. No cada vez importa menos la lógica todo, las palabras de los protagonistas obstante, debemos pedirles de los enfrentamientos interna- del conflicto). que definan y defiendan la cionales. Esto ya se vio incluso en causa de la libertad, que es Estados Unidos con la victoria de política y derecho Traducción de Juan Almela la causa de la justicia social. Barak Obama en 2008. 1ª ed., 2011, 354 pp. Me parece que los gobiernos, Sin embargo, no basta decir que 978 607 16 0555 9 como la opinión pública, se en este nuevo periodo habrá nu- $280 dejan llevar demasiado por merosos regímenes autoritarios el pesimismo heredado de la que remplazarán a los anteriores y que Irán ejercerá el papel dominante en la región, Guerra Fría y de sus secuelas. El análisis debe conpor intermediación de Hezbolá en Líbano y de Hamas ducirnos a un juicio antes que nada positivo respecen la franja de Gaza. El caso que acabo de citar nos to de los cambios radicales en curso. Incluso si nuesrecuerda que la evolución en la región depende tam- tro papel sólo puede ser limitado, debemos aportar bién —y casi se diría que sobre todo— de la evolución nuestros análisis y nuestras elecciones políticas de Israel y del problema palestino. Israel y muchos de para reconocer la fuerte presencia de exigencias desus amigos americanos y europeos temían la caída de mocráticas en los levantamientos populares que esMubarak y la llegada al poder de los Hermanos Musul- tán derrocando a las dictaduras en el mundo árabe. ¿Acaso la sabiduría no consiste —más allá de manes, muy antiislamistas, quienes se verían fortalecidos por los salafistas, que además son violentamente un análisis serio de los acontecimientos— en asumir nuestras propias responsabilidades luchananticristianos. Cabe preguntarse, sin embargo, sobre la naturaleza do contra las tendencias que, en todos los niveles, de esta hostilidad de los israelíes frente a los cambios promueven una desconfianza frente a los movique se operan en la política egipcia. ¿No es acaso éste un mientos populares en el mundo árabe y en todo el ejemplo retardado de la dominación de los problemas mundo musulmán? El gobierno francés, en partiinternacionales sobre los problemas internos? ¿Acaso cular, sostuvo hasta el último momento a Ben Ali y no tiene el mismo Israel un interés profundamente vi- no apoyó al movimiento egipcio. Este silencio no es tal de ver en la región el triunfo de una lógica de trans- neutral y, además, nos hace correr peligros reales formación social en vez de los efectos del conflicto en- al fortalecer regímenes autoritarios que no pueden tre rivalidades internacionales disfrazadas de asuntos ser combatidos ni destruidos más que por aquellos nacionalistas? Es fácil entender la fuerza y la lógica del que saben rechazarlos desde su inicio. W rechazo a la existencia del otro, que domina tanto a Israel como a sus vecinos y adversarios, pero no es impo- Alain Touraine es sociólogo. En 2010 obtuvo, junto sible pensar que Israel pueda estar, a su vez, llevado por con Zygmunt Bauman, el Premio Príncipe de Astula nueva lógica y entender que ésta podría, de mejor for- rias de Comunicación y Humanidades. © The New ma que la lógica anterior, permitirle resolver los proble- York Times Syndicate, 2011. Traducción de Ivette mas que amenazan su existencia. ¿No es la ausencia de Hernández. poder religioso y uno militar —característica del régimen chiíta iraní— es también una posibilidad en Egipto, a pesar de las constantes persecuciones ejercidas por el régimen militar contra los Hermanos Musulmanes. Si bien es cierto que ninguna solución será posible sin el acuerdo del ejército y la aceptación de los Hermanos —lo que ya produjo la eliminación de la joven guardia modernista del régimen, dirigida por Gamal, hijo de Mubarak, a quien éste quería como sucesor—, nada sugiere que una solución similar a la iraní sea la única factible. Tampoco se perfila una solución como la turca, gestionada por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (akp, por sus siglas en turco) y su líder, Recep Tayyip Erdogan, que combina una afirmación islamista con la conservación de una parte de la herencia laica de Atatürk. Esta falta de una tendencia claramente dominante limitó la acción de los manifestantes, quienes no consiguieron la salida inmediata de Mubarak pero la hicieron posible; ésta también parece haber influido a Obama —quien, sin embargo, es mucho más sensible que los europeos (y, en particular, que los franceses) a la necesidad de la caída de Mubarak—, al aceptar que permaneciera en el poder durante el periodo de transición que deberá concluir a más tardar en septiembre.

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PERFIL

Tragedia y justicia Evocación de Bernard Williams Alumna, amiga, estudiosa de la obra de Bernard Williams, Martha C. Nussbaum publicó en el Boston Review un obituario del filósofo inglés. De ese texto a caballo entre la nostalgia personal y el elogio académico hemos tomado un fragmento que sintetiza algunos de los principales aportes del autor de La filosofía como una disciplina humanística, colección de ensayos que empieza a circular con nuestro sello M A RT H A C. N U S S B AU M

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ernard Williams murió el 10 de junio de 2003, a los 73 años, mientras vacacionaba con su familia en Roma y después de una larga y por momentos dolorosa batalla contra un mieloma múltiple. Decir que fue uno de los pocos filósofos británicos verdaderamente sobresalientes del siglo xx es exacto pero engañoso. Fue un filósofo singular y nunca estuvo totalmente a gusto con la filosofía británica, gran parte de la cual le parecía estrecha, seca y en perpetua evasión de algunos de los más importantes aspectos de la existencia humana. En una cultura que valora la claridad por sobre el poder de la imaginación, su obra resultó sugerente y reveladora, más que sistemática y acabada, siempre en busca de revelaciones imaginativas, sin el estorbo que pueden representar los convencionalismos del análisis. Si bien nadie en su campo tenía mayor capacidad para la argumentación lógica de altos vuelos, y si bien él ejercía debidamente esa capacidad, en realidad esperaba mucho más de la escritura: a menudo su obra se acerca más a la poesía que a la prosa filosófica estándar, iluminada por signos escurridizos y compactos. No escribía aforísticamente, como el Nietzsche a quien tanto admiraba, pero en sus escritos combinaba una brillante claridad con algunas de las propiedades del aforismo: un vivaz ingenio y una formulación tersa y enigmática que obligan al lector a descifrar el mensaje. Williams exigió algo enorme a la filosofía: ésta debía reconocer, y abarcar, las dificultades y complejidades de la vida humana. Estaba convencido de que gran parte de la filosofía del pasado había representado una huida de la realidad, una defensa racional contra la complejidad, la emoción y la tragedia. En particular, el utilitarismo y el kantismo habían simplificado la vida moral en una forma que él consideraba ofensiva, una forma que no entendía —o incluso negaba abiertamente— la heterogeneidad de los valores, los encontronazos, a veces trágicos, entre aquello que nos interesa y el resto de las cosas. Los filósofos de estas corrientes también subestimaban la importancia de los vínculos y proyectos personales en la vida ética y, de forma análoga, despreciaban el valioso papel de las emociones en la toma de decisiones. Por último, no lograron aceptar las muchas formas en que la pura suerte afecta no sólo la felicidad, sino la propia vida ética, dando forma a nuestras posibilidades de elección. Amante tanto de la literatura como de la ópera, Williams pidió a la filosofía que se pusiera a la altura de los elevados estándares del ingenio humano que esas otras formas de expresión ejemplificaban. ¿Para qué servía si no lo lograba? Lo obtuso, por muy claro que sea, no contribuye a la vida humana. “Escribir sobre filosofía moral debe ser un asunto peligroso”, escribió en la frase inicial de Morality, porque uno

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revela “las carencias de sus propias percepciones” más claramente que en otras partes de la filosofía y porque se corre el riesgo de “engañar a la gente sobre asuntos de gran importancia”. Y es que la mayoría de los que escriben sobre estos menesteres evitan el segundo riesgo “negándose a escribir sobre asuntos de importancia”. Williams nunca se negó a hacerlo. Los filósofos continentales de la época de Williams se ocuparon continuamente de las cuestiones profundas que él echaba de menos en la escena británica, y sin embargo Williams nunca hizo causa común con ellos. Su precisión intelectual y su agudo sentido del orden lo hacían sentirse incómodo con todo lo que pareciera turbio o vago, y sus simpatías de corte demócrata liberal lo hacían evitar la oscuridad y buscar un estilo que pudiera entender cualquier lector deseoso de enfrentar los problemas junto con él. Como ya he sugerido, esta claridad de estilo era compatible con una estructura argumentativa increíblemente compacta, incluso elusiva. También era compatible con un gran interés por la literatura y con el uso de ejemplos detallados y a menudo poderosos. La claridad lógica se combinaba con una precisión humana aún más rica, lo que desde su punto de vista requería cuando menos algunas de las técnicas de la narrativa. Se apoyaba en una clara distinción entre los métodos y los objetivos de la ciencia y los de la ética, a la cual consideraba una disciplina humana con medios de investigación propios y característicos, que debían incluir una especial atención a las complejas realidades de la vida. Así, aunque era una especie de rebelde en la comunidad académica británica, también era fundamentalmente británico. Si bien Nietzsche llegó a ser su pasión, siempre se mantuvo más cercano a Hume. Williams creció en Essex y recibió una estricta educación clásica en Chigwell School antes de entrar al Balliol College, en Oxford, donde llegó a ser un renombrado prodigio; se graduó en estudios clásicos con “honores y felicitaciones”, una distinción muy poco común. Si bien demostró su brillantez en los estudios clásicos, prefirió la filosofía moderna, aunque su amor por los griegos fue una veta que siguió explotando durante toda su carrera. Después del servicio militar, durante el cual pilotó aviones de la Real Fuerza Aérea, ganó la codiciada beca del All Souls College, en Oxford. Se casó con Shirley Williams (ahora baronesa Williams de Crosby), estrella naciente del Partido Laborista, y más adelante se trasladó al University College, en Londres, y después al Bedford College. En este matrimonio, que duró 17 años, tuvo una hija, Becky. Luego Williams contrajo matrimonio con Patricia Skinner, talentosa editora y mujer sobresaliente, con quien siguió felizmente casado hasta su muerte; de este matrimonio tuvo dos hijos. Durante su carrera, Williams demostró ser un feminista de verdad: no sólo defendió la igualdad de las mujeres en la política y el empleo, y posteriormente su

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derecho a no ser acosadas sexualmente en la universidad, sino que también se percató de la importancia de actuar en formas que apoyaran las aspiraciones de las mujeres. En sus dos matrimonios, por ejemplo, cuidó a sus hijos mucho más de lo que era común en un hombre con su nivel de éxito y siempre apoyó la carrera de sus esposas, ambas mujeres de grandes logros. Yo misma estoy agradecida por su ayuda en un caso de acoso sexual en mi carrera; sus consejos fueron tanto amables como firmes: insistía en que las mujeres no deben tolerar nada que comprometa su dignidad. En la década de 1970, ya famoso por sus deslumbrantes conferencias e intervenciones, y por sus brillantes ensayos sobre moral e identidad personal, Williams empezó a publicar los libros que cambiarían la filosofía moral británica: Morality en 1972,1 Problems of the Self en 19732 y, ese mismo año, su famoso “A Critique of Utilitarianism”, en el volumen Utilitarianism: For and Against,3 acompañado de un ensayo “a favor” de J. J. C. Smart. En estas obras ya es posible observar las líneas básicas del ataque al kantismo y al utilitarismo que desarrollaría a fondo en su obra más sistemática, Ethics and the Limits of Philosophy, publicada en 1985.4 (Muchas de las contribuciones más influyentes de su carrera fueron ensayos, no libros.) Vistos como una unidad, estos trabajos denuncian la forma trivial y evasiva en que se practicaba la filosofía moral en Inglaterra bajo la tutela de aquellas dos teorías dominantes. Para él, gran parte de esa filosofía no sólo era extremadamente aburrida, sino que, además, fracasaba de plano en la discusión de los aspectos éticos más significativos. El kantismo, según lo entendía Williams, era una teoría que priorizaba el concepto de obligación moral, en tanto que desatendía la aportación a la vida moral que tienen las emociones, las relaciones personales y la necesidad. Williams argumentaba que al hacer de la pregunta “¿cuál es mi deber moral?” la más importante de la ética, Kant había dejado de lado la importancia de una pregunta inicial más amplia —“¿cómo debe uno vivir?”— y, al hacerlo, no había prestado atención a los diversos compromisos que supone una vida humana plena. La versión de Kant que da Williams es en muchos aspectos estrecha y antipática, e ignora, por ejemplo, la opinión de Kant sobre la virtud y la educación, pero es una representación bastante fiel del influyente kantismo de la época. Para Williams, el estrecho enfoque de las teorías kantianas significaba que incluso la versión de la obligación moral propuesta por Kant estaba incompleta. En el importante ensayo “Ethical Con1 Introducción a la ética, Cátedra, Madrid, 1987. 2 Problemas del yo, unam, México, 1986. 3 Utilitarismo: pro y contra, Tecnos, Madrid, 1981. 4 La ética y los límites de la filosofía, Monte Ávila, Caracas, 1997.

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Otras obras de interés en el catálogo del Fondo

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA MORAL

CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA

JA M E S RACHELS

EMMANUEL KANT

breviarios Traducción de Gustavo Ortiz Millán 1ª ed., 2007, 362 pp. 978 968 16 7906 4 $135

filosofía Traducción de Dulce María Granja Castro, revisión técnica de Peter Storandt 1ª ed., 2005, 504 pp. 968 16 7380 8 $250

TEORÍA DE LA JUSTICIA J O H N R AW L S filosofía Traducción de María Dolores González 2ª ed., 1995, 549 pp. 968 16 4622 3 $235

LOS HOMBRES DETRÁS DE LAS IDEAS

Algunos creadores de la filosofía contemporánea B RYA N M A G E E filosofía 1ª ed., 1982, 333 pp. 978 968 16 1121 7 $160

sistency”, incluido en Problems of the Self, argumenta que dilemas trágicos como el de Agamenón, a quien los dioses dijeron que para salvar a sus hombres tenía que sacrificar a su hija, no pueden entenderse si seguimos el planteamiento kantiano de que no existen conflictos de obligación genuinos, un punto clave en el intento de Kant por mantener el terreno moral ajeno a los efectos de la suerte. Kant entendía el valor moral como el tipo de cosa que conserva todo su esplendor independientemente de los estragos de la casualidad, de modo que no podía aceptar que la mala suerte de quedar atrapado en un dilema trágico provocara que el agente moral desarrollara intenciones moralmente malas. Debemos aceptar, no obstante —argumentaba Williams—, que en ocasiones el mundo puede obligar a una persona de buena voluntad a actuar de manera atroz desde el punto de vista ético y a violar una obligación genuina, incluso si una acción es menos reprobable que las alternativas disponibles. Una situación tan trágica provoca tanto arrepentimiento como remordimientos, y estas emociones son apropiadas incluso cuando la persona no habría podido hacer nada para evitar tal coyuntura. En “Morality and the Emotions”, atacó de forma más general el silencio de esas dos importantes tradiciones con respecto a ese tema, tan importante para los griegos y para muchos otros personajes destacados de la historia de la filosofía moral. El utilitarismo, con su tremenda influencia en la vida pública, aparece en diferentes críticas a lo largo de toda la carrera de Williams. Su crítica más influyente tiene que ver con la empobrecida noción de la persona y del ser humano como agente. Según los utilitaristas, la decisión correcta es la que maximiza el

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bienestar total o promedio; por este enfoque limitado a los resultados de nuestra conducta, la teoría utilitarista nos obliga a considerar el mundo desde una perspectiva ajena a nuestras propias vidas. No se nos permite asignar una importancia particular a un asunto nada más porque desempeñe un papel importante en nuestra propia vida, o a una acción sencillamente porque somos nosotros quien la lleva a cabo. En un famoso y muy debatido ejemplo, Williams imagina a un científico, Jim, que realiza una investigación en algún lugar de Latinoamérica. De repente lo encaran los secuaces de un brutal dictador, quienes le muestran a un grupo de indios rebeldes y le dicen que los veinte serán ejecutados de inmediato, a menos de que Jim, como huésped de honor, acepte matar a uno de ellos, en cuyo caso los otros diecinueve serán liberados. Para el utilitarismo aquí no hay un dilema, pues la única consideración pertinente es el resultado. Williams argumenta que para Jim esto debería constituir un dilema muy grave —si bien el propio Williams pensaba que, en última instancia, Jim debería aceptar la propuesta—, porque el hecho de que Jim sea el agente de un acto malo, el hecho de que él mataría a alguien —y no sencillamente de que alguien muera— marca una diferencia importante desde una perspectiva ética. En general, el utilitarismo hace de la persona sólo un mecanismo que produce resultados, pero eso es una concepción empobrecida de la persona y no puede bastar para una teoría convincente de la conducta humana. Williams dejó claro que la intención de su planteamiento era objetar no sólo el utilitarismo, sino todas las formas de consecuencialismo, es decir, todas las perspectivas que afirman que una acción es correcta siempre que propicie los mejores resultados. En un texto posterior, escrito junto con Amartya Sen

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—es la introducción a Utilitarianism and Beyond, antología de la que ambos son editores—, separa provechosamente el utilitarismo en tres partes: consecuencialismo, ordenación por suma [sum-ranking] (teoría sobre cómo el bienestar de diferentes personas puede acumularse mediante una simple suma) y estado de bienestar (perspectiva de que el valor de las consecuencias sólo es una función del bienestar humano). Las tres partes son independientes, cada una entraña serios problemas y todas las dificultades convergen en una “estrecha visión de la persona” como si fuera un simple receptáculo de satisfacciones. Sin duda porque Sen no aceptaba las críticas de Williams al consecuencialismo —había argumentado que es posible incluir la condición de agente y el punto de vista personal en una complicada explicación de qué consecuencias son realmente mejores—, Williams no repitió sus primeros argumentos. Su artículo a cuatro manos más bien se enfoca en las dificultades que provoca la “ordenación por suma” y las explicaciones utilitaristas del bienestar. La ordenación por suma no logra dar suficiente importancia al valor de cada persona: de hecho, permite que la enorme miseria de una persona se equilibre por los pequeños beneficios de un número importante de otras personas. Si la vida de A es miserable, llena de dolor e indignidad, pero las de B, C y D son extremadamente felices, entonces la suma de esas felicidades sería mayor que si la vida de A mejorara a expensas de pequeñas pérdidas para B, C y D. Sin embargo, la política no debe considerar sólo el total, considerando que una persona no es más que una función de un sistema social mayor; la política debe también tratar a cada individuo con consideración

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y respetar sus derechos. Al hay los principios éticos básicos, o cer esta crítica, Sen y Williams de lo contrario implica que una coincidían totalmente con la prueba de dichas característiversión kantiana de la justicia cas es imposible”.6 Enfocándose de John Rawls. Estas opinioen las pretensiones del kantismo nes sobre la importancia de que y el utilitarismo, sostiene que el proyecto de sentar unas bases todas las personas merecen el mismo respeto era clave para el racionales y sistemáticas para la compromiso de Williams con la vida ética no sólo está condenado al fracaso, sino que incluso es política; siempre fue un socialperjudicial y conduce a una comdemócrata y un promotor de la prensión estrecha y simplista de igualdad. (Su artículo “The Idea of Equality” sigue siendo una de la vida ética. Williams sugiere que todos los afanes de teorización las discusiones más importan- LA FILOSOFÍA tes sobre ese valor político.) COMO UNA DISCIPLINA sistemática en la ética son un intento de negar la complejidad de Sen y Williams también criti- HUMANÍSTICA can las principales teorías sobre la vida y los aspectos irracionales de la naturaleza humana, incluido el bienestar de las doctrinas uti- B E R N A R D W I L L I A M S litaristas, las que se basan en el el hecho de que la gente encuentra placer y en la satisfacción de las Una cosa es tener confianza en la valor, como dijo en Morality, “en preferencias. Estas explicacio- filosofía y una, distinta, es tener cosas como la sumisión, la connes suponen que el bien es algo confianza en que uno mismo puede fianza, la incertidumbre, el riesuniforme cuando en realidad es producir con buen éxito —es decir, go, incluso en la desesperación y heterogéneo; se basan en prefe- con plena confianza— la mejor forma el sufrimiento”. Él urgió a los filórencias notoriamente maleables de la filosofía. El rigor caracteriza sofos a que volvieran al punto de que se ajustan a entornos injus- al autor de este libro, que reúne partida incluyente y general de los tos, antes que adoptar alguna casi una veintena de ensayos que griegos, es decir, a la pregunta de “¿cómo debe uno vivir?”, que inviexplicación más consistente de Williams publicó como capítulos en obras colectivas o como artículos en lo bueno. ta a considerar todos los aspectos El papel de la suerte en la revistas especializadas. Esta colección destacados de la vida humana. En vida ética —la idea de que fac- póstuma rescata así textos que abordan lugar de construir teorías morales sistemáticas, los filósofos que se tores fuera de nuestro control temas que no habían sido tratados podrían influir en el valor ético expresamente por Williams en otros ocupan de la ética deberían conde nuestra vida— había ocupa- volúmenes; a decir de A. W. Moore, frontar las preguntas más comdo la mente de Williams desde responsable de la selección y autor de plicadas sobre la vida, presumiuno de sus primeros ensayos, una breve introducción, hay en estos blemente poco a poco, prestando el que se ocupa de Agamenón. materiales “una unidad de intereses, gran atención a la literatura y la psicología. Williams creía que, en En 1981 publicó una recopila- que se mantiene a lo largo de la carrera la ética, las preguntas centrales ción de ensayos titulada Moral de Williams”. El filósofo británico Luck;5 el texto principal abor- emprende aquí un viaje redondo: la son prácticas —“¿qué debo hacer?”—, no teóricas, y que el éxito daba este tema con ánimo polé- autoconciencia y la autoconfianza implicaría compromiso con premico. La suerte y la vida moral van de lo metafísico a lo personal y guntas prácticas difíciles. se mezclan de muchas mane- lo colectivo, al plano social; y de aquí Algunos de los que han atacado ras; por ejemplo, los griegos se vuelven al pensamiento ético y al la teoría ética lo han hecho a parinteresaban en el hecho de que pluralismo de valores. La última parte tir de cierta confianza en la moral ciertos estilos de vida provo- del volumen está dedicada al “alcance convencional y las intuiciones cocan una mayor disposición a la y los límites de la filosofía”, a lo que tidianas de la gente; sin embargo, suerte que otros: dedicarse a la miraría Williams como el estado actual Williams reconoció más tarde que política o al amor es algo mu- de la filosofía de acuerdo con su propia él no tenía esa clase de confianza cho más riesgoso que dedicarse historia. ¿Sigue siendo fiel a su práctica, y que siempre desdeñaba lo que a la contemplación intelectual. que es la práctica de sus principios, de veía como un convencionalismo Sin embargo, Williams se enfo- su decantación y de su confrontación moral complaciente. En respuescó en una cuestión diferente y con el mundo en el que surge y al que ta a los críticos del libro, habló “del más extraña: la relación entre busca responder? Esta práctica ha de vacío y la cruel superficialidad del la suerte como resultado y una ser siempre humanística. pensamiento cotidiano” y calificó valoración moral ex post facto. como “maravillosamente perverGauguin tomó una decisión que filosofía de Adolfo García de la Sienra so” “cierto wittgensteinianismo parece moralmente condena- Traducción 1ª ed., 2011, 250 pp. vulgar” que intenta llevarnos de ble: abandonar a su familia para 978 607 16 0611 2 regreso a esas intuiciones cotiirse a pintar a Tahití. Williams $195 dianas. No obstante, no quedan sostiene que nuestro juicio soclaras las razones por las que una bre Gauguin depende —no puede ser de otro modo— de aspectos que Gauguin no teoría como la de Kant, que pretende recordarnos lo que podía haber previsto en el momento y que no contro- es menos corrupto en nuestro entendimiento diario, laba del todo. Si su experimento artístico hubiera sido estaría condenada a resultar perjudicial, más allá de alun fracaso, él se habría juzgado a sí mismo con dure- gunas partes específicas de su contenido, con las cuales za, pero como fue un gran éxito, se le puede discul- Williams claramente disentía. Tampoco estaba claro par. Este ejemplo nunca me ha convencido del todo, dónde dejaba la crítica de Williams una teoría como la de en parte porque en realidad prefiero las pinturas de Aristóteles, con cuyo contenido, se podría suponer, él esGauguin previas a su estancia en Tahití, pues me pa- taría más de acuerdo.7 Otra pregunta desconcertante concierne a la relarece que las que realizó ahí utilizan la forma más crasa de objetivación racial y sexual. Segundo, incluso ción entre lo ético y lo político. Williams sostuvo, postesi aceptamos que el experimento fue un éxito, creo riormente, que su ataque a la teorización de la ética deque deberíamos considerar el caso en los mismos tér- jaba intacta la aspiración de construir teorías políticas minos que el de Agamenón: Gauguin enfrentaba un que podrían ser guías valiosas. Pero, ¿dónde deja esto dilema trágico y optó por algo que resultó en un do- a aquellos grandes teóricos occidentales de la política, loroso daño moral. Él debería haber sentido remor- como Aristóteles, Cicerón, Rousseau, Kant y Rawls, dimientos y nosotros culparlo. En cualquier caso, la que pusieron una teoría moral en el centro de sus teonotable forma en que Williams trató el asunto abrió rías políticas? Williams se refiere en particular a Rawls una veta de discusión ética que había dejado de explo- como un ejemplo de la clase de teorías morales que está rarse desde los griegos y romanos, dado el posterior criticando; sin embargo, sus últimas afirmaciones sudominio de las visiones providenciales del universo. gieren que después, de todo, podría aceptar la utilidad Con ello hizo un gran favor a la filosofía moral. En 1985, Williams publicó Ethics and the Limits of Philosophy, un libro cuya preparación le llevó varios 6 Como discuto en el artículo citado en la nota 7, esta definición resulta años. En esta importante obra, ataca todas las teorías demasiado estrecha para incluir todo lo que el propio Williams consideraba sistemáticas de la ética y define la teoría ética como como teoría: incluye, por ejemplo, la teoría de Rawls como ejemplo de teoría “una explicación teórica de lo que son el pensamien- ética, aunque Rawls insiste en que en ética la justificación es holística y que no existe una “prueba” única de que las creencias son correctas; la rectitud to y la práctica de la ética, cuya explicación implica sólo se ve en la correspondencia entre juicios específicos y afirmaciones una prueba general de la corrección de las creencias teóricas en el sistema como un todo.

5 La fortuna moral. Ensayos filosóficos 1973-1980, unam, México, 1993.

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7 Véase mi ensayo en World, Mind and Ethics y la equívoca respuesta de Williams. A él siempre le disgustó Aristóteles, que le parecía aburrido; no obstante, hay muchos puntos de acuerdo entre el enfoque de Williams sobre la ética y el de Aristóteles.

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de la teoría de Rawls, dada su naturaleza política. En cualquier caso, no se aclara el origen de la distinción entre la aspiración a una teoría de justicia política, que es aceptable, y la inaceptable aspiración a una teoría de la moral individual. La falla general de Williams en comprometerse sistemáticamente con las ideas de Rawls sobre la justicia social y política deja sin resolver cuestiones tan importantes como éstas. De manera más general, Williams parece alternar entre un desdén extremo hacia casi todos —ni los teóricos ni las intuiciones diarias ofrecen pautas, ambos son superficiales y confusos— y una extrema confianza. De cierta forma, sin teorías que nos guíen, nos las arreglaremos para confrontar las complejidades de la vida. Sin embargo, los grandes teóricos de la ética, Aristóteles y Kant entre ellos, empiezan normalmente por una valoración de los seres humanos que, a mi parecer, es más generosa y más realista. La mayoría de los seres humanos tiene una comprensión ética que es sólida en muchos aspectos, pero también son apresurados, interesados y propensos a la racionalización autoengañosa. Una teoría ética, entonces, podría ayudar a fijar de manera clara los resultados del autoexamen reflexivo, de tal forma que, en momentos de apresuramiento o tentación, tengamos un paradigma que nos ayude a sopesar, siempre y cuando la teoría sea buena, cuál de esos resultados representa la mejor parte de nosotros mismos. La idea de Kant de que siempre debemos tratar a la humanidad como un fin y nunca como un medio nos ayudaría a criticar muchas de las inclinaciones que tenemos, tanto en la vida personal como en la política. Desde esta perspectiva, la teoría ética no sería una evasión de la vida —un dispositivo para “apagar los monitores hacia la tierra”, como una vez describió Williams la teorización ética de Robert Nozick—, sino una respuesta razonada a sus complejidades y a nuestras debilidades. A mi parecer, Williams nunca enfrentó cabalmente esta explicación verosímil del bien en la teoría ética.8 Quizás este silencio se explique por la gran importancia que dio a los intentos personales por resolver directamente los problemas de la vida, más que a las guías prefabricadas. Podría ser que ninguna explicación colectiva pueda ser satisfactoria porque sólo una búsqueda profundamente personal valdría lo suficiente. Este elemento existencialista en el pensamiento de Williams explica, creo, su hostilidad tanto frente a la teoría como frente a los convencionalismos. Como historiadora de la filosofía, creo que debemos resistir este marcado contraste entre lo personal y lo teórico: estoy convencida de que, en ocasiones, logramos la mejor comprensión de nuestras vidas —y la más personal— lidiando con las grandes teorías del pasado. A pesar de este gran ataque contra el racionalismo ilustrado, Williams nunca abandonó del todo la Ilustración. El evidente racionalismo de su importantísima primera obra sobre Descartes9 nunca lo abandonó por completo y resurgió de forma dramática en su último libro, Truth and Truthfulness,10 en el cual defendió brillantemente los valores de la verdad y la objetividad contra la crítica posmodernista y de Foucault, argumentando que cualquier sociedad humana viable debe considerar como fundamentales estas nociones, debe confiar en ellas y debe honrar las virtudes relacionadas de la exactitud y la sinceridad. En ese libro también ofrece una explicación general de cómo criticar los sistemas sociales corruptos y de esta forma responde a algunos de los críticos de su postura antiteórica. W Martha C. Nussbaum, filósofa, es profesora en la Universidad de Chicago. Sus intereses académicos incluyen la literatura clásica, el derecho y, desde luego, la ética. Es autora de una veintena de libros, entre ellos el reciente Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (Katz Editores, 2010). Agradecemos a la autora y a Boston Review la autorización para traducir y editar este texto. Traducción de Guillermina Cuevas.

8 Véase mi ensayo “Why Practice Needs Ethical Theory: Particularism, Principles, and Bad Behavior”, en Steven J. Burton, ed., ‘The Path of the Law’ and Its Influence: The Legacy of Oliver Wendell Holmes, Jr., Cambridge University Press, 2000, pp. 50-86, y en Brad Hooker y Margaret Little, eds., Moral Particularism, Clarendon Press, 2000, p. 227-255. 9 Descartes, Cátedra, Madrid, 1996. 10 Verdad y veracidad. Una aproximación genealógica, Tusquets, Barcelona, 2006.

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Ilustración: EM M ANUEL PIÑA

CAPITEL

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Otros meses de la independencia

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la industria y la minería, “hasta la eclosión del capitalismo” y el análisis de la época precapitalista, con las operaciones de mercado y mediante dinero; el libro concluye con el previsor y lúcido examen del capitalismo moderno. Ha preparado la traducción y el prefacio de la obra Manuel Sánchez Sarto. Se suma ahora un prólogo de Graciela Márquez. economía Traducción de Manuel Sánchez Sarto 3ª ed., 2011, 401 pp. 978 607 16 0585 6 $260

HISTORIA ECONÓMICA GENERAL M A X W EBER

Escrita en los años veinte, y publicada por primera vez por el fce en 1942, esta Historia económica general posee de entrada una virtud: es la obra de un pensador clásico, es decir de un hombre que puso en juego una visión del mundo para comprender aspectos diversos, determinados, de la realidad compleja y en constante mudanza. El libro se ha formado con los textos que empleó Weber en sus cursos y tienen por ello un cumplido propósito didáctico. Sigue un orden, que corresponde al de su materia: para la introducción sirve la revisión de la unidad doméstica, cuando primaban el linaje y el dominio señorial; para otras lecciones funcionan el estudio de

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EL GOBIERNO DE LOS BIENES COMUNES La evolución de las instituciones de acción colectiva ELINOR OSTROM

El aprovechamiento de los recursos útiles por parte de las colectividades que son sus dueñas

originarias ha propiciado con frecuencia una serie de prejuicios. El desperdicio, o alguna de sus variantes —como la sobreexplotación o la subutilización—, es uno de los más extendidos, pero no el único. Hay quien piensa que las colectividades llegarán a niveles extraordinarios de violencia al ser ellas las dueñas legales de algún valioso recurso natural. Elinor Ostrom ha escrito en contra de estas ideas preconcebidas, y las demuele con paciencia y notable claridad en la exposición. Sus casos no están sólo en naciones como México o Sri Lanka sino también en España o Filipinas, Colombia o Japón; ni en un solo campo: se trata de prácticas pesqueras, del reabastecimiento de aguas subterráneas, entre muchas otras. Ostrom es una avezada economista, y se hizo merecedora del premio Nobel en la materia en 2009; para esta nueva edición, la autora preparó especialmente una nota introductoria que describe las aplicaciones de sus ideas durante las dos décadas que siguieron a la publicación en inglés de este libro seminal. José Sarukhán, por su parte, ejemplifica en su bien informado prólogo un caso de “recursos de uso común” al hablar de los bosques mexicanos. economía Traducción de Leticia Merino Pérez 2ª ed., fce-unam, 2011, 402 pp. 978 607 16 0617 4 $198

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urante la última quincena de junio, el fce hospedó en su Galería Luis Cardoza y Aragón, del Centro Cultural Bella Época, a algunas de las más conspicuas casas editoras de nuestro país que parecen atender el dictum del economista alemán E. F. Schumacher, quien sabía que “lo pequeño es hermoso” (por cierto, Blume ha puesto a circular de nuevo su clásico con ese título, tras casi una década de no reimprimirlo, acaso para conmemorar los cien años del nacimiento del autor, que vio la luz en Bonn el 16 de agosto de 1911). La II Feria del Libro Independiente —que en su afán por darse un nombre sintético parece proponer una nueva especie de bicho libresco, plenamente emancipado del autor y sobre todo del esquivo lector— reunió a una sesentena de editores caracterizados, desde luego, por la audacia de sus propuestas, tanto literarias como gráficas, pero sobre todo por su talla: para verlos en el horizonte económico hace falta al menos una poderosa lupa. Se exhibieron casi 13 mil ejemplares, de los cuales poco menos de 3 mil terminaron en manos de los visitantes, que pagaron algo más que 320 mil pesos, lo que significa cerca de 60 por ciento más que el año pasado; el podio de las ventas lo ocuparon Sexto Piso, Almadía y Verdehalago.

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stos datos numéricos, halagüeños como son —pues señalan un creciente interés del público lector por una oferta audaz, casi siempre propositiva, muchas veces irreverente, y confirman el gran potencial de un acto que busca llamar la atención de compradores poco habituados a esa clase de libros—, significan poco al lado de dos iniciativas de los organizadores, que por un lado premiaron, en siete categorías, las mejores obras publicadas en 2010, y por otro inventaron un reconocimiento entre pares que está llamado a ser una brújula en el medio editorial, comparable a lo que en sus primeros años fue el homenaje creado por la fil de Guadalajara —y que en los últimos años ha privilegiado a los popes de la edición europea, perdiendo parte de su peso regional—. Recipiendaria natural de esta distinción fue Ediciones Era, que copetea así los festejos por sus primeros 50 años de actividad.

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aben nuestros lectores que el nombre de esta editorial fue en su origen el acrónimo que cobijaba a Espresate, Rojo y Azorín, fundadores de la casa que en 1960 se estrenó con La batalla de Cuba, de Fernando Benítez. Atendiendo la segunda acepción que la Real Academia Española reconoce en era, convengamos en que la editorial se ha rebautizado ya con ese sustantivo común, pues su producción semicentena-

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N OV E DA D E S

EL ASCENSO DEL SECTOR PÚBLICO El crecimiento económico y el gasto social del siglo XVIII al presente PETER H. LIN DERT

Luego de la Gran Depresión y de la segunda Guerra Mundial los críticos del llamado Estado de Bienestar lanzaron censuras a las nuevas políticas puestas en marcha por Europa y Estados Unidos, que propugnaban precisamente por la elevación de las tasas impositivas y la ampliación de los programas sociales. El asunto tiene gran interés en nuestros días, cuando las perspectivas de economistas reconocidos y los sesgos ideológicos de algunos políticos han vuelto a descalificar aquellas estrategias. ¿Puede haber crecimiento económico si se engrosa el gasto social? Peter H. Lindert ha realizado la compilación y el análisis de los indicadores demográficos y económicos disponibles del siglo xviii a la actualidad para desembocar en la contradicción de la ortodoxia señalada: gravar la riqueza para conseguir una nueva distribución no sólo es recomendable sino que ha sido crucial en el crecimiento de las naciones de la ocde. ¿Por qué no seguir esta política ahora en América Latina, por ejemplo?, pregunta el autor. El segundo volumen de la edición original contiene toneladas de datos, que los lectores de la nuestra encontrarán en cambio en un práctico disco compacto. economía Traducción de Roberto R. Reyes-Mazzoni 1ª ed., 2011, 439 pp. 978 607 16 0616 7 $490

DEMOCRATIZACIÓN Teoría y experiencia L AU R E N C E W H I T E H E A D

Aun donde no han sido francamente abiertos, los procesos de democratización en que están inmersos varios países parecen definir hoy el variopinto rostro mundial. El solo hecho de que sea la democracia lo que caracteriza

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a los fenómenos políticos más o menos recientes nos dice a las claras que el planeta entero es en nuestros días mucho más que una disputa por territorios y recursos por cuenta y riesgo de las naciones poderosas. Hay novedades evidentes en un primer acercamiento: un ejemplo notorio es la sociedad civil, nuevo actor o al menos punto de referencia necesario en cualquier cálculo o decisión políticos, y están también la responsabilidad institucional y la corrupción, la seguridad ciudadana. Todo esto nutre el ensayo de Laurence Whitehead, quien —al sumarse él mismo a la nueva minindustria de analistas— revisa también casos concretos, como el de Chile o el de México, para saber qué tanto y cómo la realidad se ha ajustado a la teoría. Junto con Rosemary Thorp, Whitehead preparó Inflación y estabilización en América Latina, publicado por el Fondo en 1984. política y derecho Traducción de Liliana Andrade Llanas y José Manuel Salazar Palacios 1ª ed., 2011, 407 pp. 978 607 16 0619 8 $350

EL HELIOCENTRISMO EN EL MUNDO DE HABLA ESPAÑOLA A N TON IO A L ATOR R E

Un filólogo y escritor; un asunto tan antiguo que se adelanta a la literatura. El hombre de letras: Antonio Alatorre, quien ha sabido como pocos los más de un mil años de la lengua española. El tema viejo: la ciencia astronómica, que ha ocupado mucho antes a las sociedades occidentales que la escritura. Luego de señalarle a Octavio Paz inexactitudes e imprecisiones en Sor Juana Inés de la Cruz, o Las trampas de la fe, Alatorre prosigue un camino de sorpresivo desenlace: entre los ibéricos hubo en Nueva España algunos que, ya en el siglo xvi, es decir antes de que escribiera sor Juana, se refirieron a la Tierra como uno más de los planetas, en un sistema que tendría al Sol como centro. Hasta bien entrado el siglo xvii, cuando habían ocurrido la expulsión de musulmanes y judíos y la condena inquisitorial, la gente culta novohispana tenía presente la visión del mundo copernicana, de un modo semejante al de los presocráticos, en cuyos fragmentos pueden leerse ideas que suscriben aquella realidad.

ria ha dado pie a un “extenso periodo histórico caracterizado por una gran innovación en las formas de vida y de cultura”. Enhorabuena.

N JIRAFA AFRICANA M E G U M I I WA S A , I LUST R ACION E S D E J U N TA K A B A TA K E

El tedio, bien encauzado, es el origen de la amistad. Ésa podría ser la moraleja de quien leyera esta breve fábula, en la que una aburrida jirafa descubre que mediante cartas puede comunicarse con alguien más allá del horizonte. Su interlocutor resulta ser un comunicativo pingüino, alumno de una ballena con vocación docente. Ayudados por un pelícano igualmente enfermo de ocio y por una foca que adora repartir cartas —pues todos en su familia han sido carteros—, esta pareja de animales oriundos de continentes distintos establece un simpático nexo, cimentado en las pocas palabras que intercambian en sus epístolas. Esta aventura zoológica es un elogio de la correspondencia a la antigüita y de la ansiosa espera en que se sumergen los corresponsales luego de redactar una misiva. La curiosidad por las diferencias entre uno y otro hace que jirafa y pingüino decidan verse en vivo y en directo, a la manera de quienes hoy se conocen por internet y se animan a cruzar el umbral entre lo imaginado y lo real. Aquel que se adentre en este libro verá que el relato es en sí la carta que su autor, tal vez aburrido, le manda desde el lejano Japón. a la orilla del viento Traducción de Javier de Esteban 1ª ed., 2011, 70 pp. 978 607 16 0568 9 $55

o menos festivo estuvo durante junio el ánimo de Siglo XXI Editores, apenas un lustro más joven que la anterior. Esos 45 años la han visto reinventarse, desde la fragilidad contestataria de su nacimiento hasta la pujanza trasnacional con que hoy se presenta. Hace ya muchas semanas se dio a conocer que la editorial comandada por Jaime Labastida emprendía, a contracorriente de lo tristemente usual, una aventura expansiva al comprar Grupo Editorial Biblioteca Nueva —que cuenta en su haber con colecciones dedicadas, por ejemplo, a Nietzsche, Freud o Wilde, mucho ensayo y un sello, Salto de Página, que apuesta por la creación literaria—, con lo que una empresa mexicana incorpora varia marcas editoriales bien afincadas en España; explora asimismo la posible adquisición de la catalana Anthropos. Por otro lado, su filial porteña, como la del propio Fondo, muestra la vitalidad e inventiva de ese mercado sudamericano; no es menosprecio por las casas matrices detectar en las ramas argentinas de ambas casas el brillo más intenso de su producción libresca.

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urante todo este mes, el mismo espacio aprovechado por los independientes mexicanos albergará más de un millar de títulos de Anagrama, esa editorial insignia de la España posfranquista. El lector curioso encontrará en el Bella Época añejos ejemplares de ese sello, sin su inconfundible —acaso por sobrio— diseño actual, sin la congruencia y fidelidad que hoy deslumbra al que, de golpe, ve la obra en apogeo; nada parece unir los tímidos balbuceos del catálogo tallado por Jorge Herralde hace tres o cuatro décadas con su actual elocuencia editorial. Quizá parte de la explicación yace en la perseverancia, salpimentada con uno que otro golpe de suerte, de Herralde y en la adivinable certeza de que cada libro lanzado al mercado tarde o temprano encontrará su pequeña comunidad lectora, de que la curiosidad por lo novedoso debe complementarse con cierta veneración por el pasado.

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emejante combinación le ha permitido a un editor francés llegar a su primer siglo de vida con suficiente plenitud como para reconocer sus hallazgos de largo plazo. El pasado 21 de mayo Maurice Nadeau, fundador hace 45 años de La Quinzaine littéraire —una de las más incisivas y voraces, por su amplitud de horizontes, publicaciones francesas dedicadas en exclusiva a la crítica de libros— y hoy cabeza de un sello que lleva su nombre, cumplió cien años. Ex trotskista, estudioso del surrealismo, editor de la correspondencia de Flaubert, reseñista pertinaz en revistas como France Observateur —antecedente del actual Le Nouvel Observateur— y L’Express, fue lo mismo un descubridor de autores en su lengua —entre los que descuellan Georges Perec y el polémico Michel Houellebecq— que un introductor en Francia de escritores de otras órbitas lingüísticas —por ejemplo Lowry, Gombrowicz o Coetzee.

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a favorable opinión de Nadeau a propósito de Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis, se contó entre los argumentos que llevaron al Fondo, cuando era dirigido por Arnaldo Orfila Reynal, a publicar esa obra que —a juicio de Claudio Lomnitz en el prólogo a la nueva edición que estamos preparando, con motivo del medio siglo de su publicación en inglés— le mostró al mundo “que el México moderno, próspero y optimista de aquellos tiempos, era sólo una cara de la moneda nacional, y que la que habitaban los autores de esta autobiografía era otra”. W

centzontle 1ª ed., 2011, 87 pp. 978 607 16 0642 6 $65

TOM Á S GR A NA DOS SA LINA S

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JULIO DE 2011


A D E L A N TO

La nueva Ortografía ¿imprescindible? Sí, pero… Circula ya la nueva ortografía preparada por las academias de la lengua española, que renueva la que estuvo vigente desde 1999; con ella se completa la triada de normas lingüísticas académicas (las otras dos son el diccionario y la gramática). Cuatro adjetivos la definen: es una obra exhaustiva, razonada, didáctica y panhispánica. En seguida uno de nuestros grandes lexicógrafos pondera sus méritos y deficiencias LUIS FERNANDO LARA

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espués del alboroto que produjeron en los pasados meses de octubre a diciembre las filtraciones a la prensa hispanohablante de algunas decisiones ortográficas de las academias de la lengua, apareció finalmente la Ortografía de la lengua española; en España, a mediados de diciembre; en México, en marzo de este año. No cabe duda de que tal alboroto hizo daño al prestigio de las academias, en cuanto provocó un torrente de críticas adversas y puso en cuestión el papel que tienen o pueden tener en relación con la realidad de la lengua española y el valor de su unidad. El despliegue periodístico de las filtraciones tenía todo el aspecto de una campaña mediática de “lanzamiento” de la obra, como si se tratara de una película o de los vestidos de Paris Hilton; una institución que se respete a sí misma no debería prohijar o alentar esa clase de campañas, que vinieron a ponerla en cuestión y en ridículo. El escándalo empeoró cuando los académicos afirmaron, en los últimos días de noviembre, que esas decisiones todavía no estaban tomadas, a casi quince días antes de la salida a la luz de la Ortografía en España; una vez que se analiza la obra es claro que sus decisiones ya estaban tomadas en los momentos del escándalo, por lo que su explicación, de que los cambios se decidirían en la Feria del Libro de Guadalajara, era falsa. Eso y el hecho cada vez más evidente de que la Real Academia Española es la punta de lanza de las grandes compañías trasnacionales españolas en Hispanoamérica (más rapaces que las estadunidenses) hizo que los públicos hispanohablantes, y no sólo en América, se pusieran en guardia frente a las decisiones académicas, indicio de que la lengua es un hecho público —no privado ni privatizable— de interés fundamental y de que los hispanohablantes han ido tomando conciencia de lo que significa una institución rectora, cuyas decisiones parecen autoritarias, poco razonables o caprichosas. El escándalo mediático hizo daño a esta nueva Ortografía, cuyo esfuerzo por ser un tratado sistemático y razo-

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nado del sistema de escritura del español y de las reglas ortográficas constituye una sorpresa, más allá de que esté uno o no de acuerdo con algunos de sus temas y sus normas. Nunca se había escrito —hasta donde yo sé— una ortografía del español tan bien informada y con tal esfuerzo de coherencia. Es de apreciar lo bien estructurada que está su exposición y la elaboración de cada una de las reglas que dictamina. Los autores de la Ortografía —que, sin embargo, es de la corporación en su conjunto— han tomado en cuenta muchas críticas anteriores —aunque no lo digan— y han tratado de ofrecer una obra, como afirman, coherente y relativamente sencilla (no exhaustiva, como pretenden en el capítulo 2 de su introducción, p. 13; la variedad del español actual lo impide). El libro, de li + 745 páginas, consta de una introducción a la representación gráfica del lenguaje, a la ortografía y a la ortografía del español. Su primera parte, 549 páginas, se dedica a la exposición y razonamiento del sistema ortográfico; la segunda, de 106 páginas, a la “ortografía de expresiones que plantean dificultades específicas”; las siguientes 30 contienen cuatro apéndices sobre abreviaturas, símbolos alfabetizables, símbolos o signos no alfabetizables, países y capitales con sus gentilicios. Termina con una nómina de textos citados. Lo notable de esta nómina es que sólo se refiere a autores de citas incluidas; no hay ninguna referencia a los autores y obras que habrán consultado la Real Academia Española y sus correspondientes americanas para mejorar sus ideas y organizar sus pensamientos; como si todo saliera de la mente académica, un rasgo de soberbia que no corresponde a un trabajo y una ética “científicos”, como dicen buscar reiteradamente. La nueva Ortografía de las academias de la lengua es una obra de consulta imprescindible para escritores, maestros universitarios y de educación básica, editores, periodistas y publicistas, pero ojalá les sirva para hacerse dueños de sus propias decisiones en materia ortográfica, en vez de dejarlas en manos de unas instituciones que, a lo largo de la historia, han sido más una traba para la sincronización del español con la vida de sus comunidades lingüísticas y el estado del

conocimiento universal, que una contribución a su desarrollo. En seguida iré tejiendo una serie de observaciones, críticas y argumentos igualmente fundamentados, pero diferentes, en relación con cada capítulo de la obra. Como se ha dicho en más de una ocasión, la ortografía del español tiene dos grandes ventajas, en comparación con muchas de otras lenguas: ante todo, que la relación entre el sistema de escritura y sus reglas ortográficas con la lengua hablada es muy cercana; después porque ha venido cambiando paulatinamente sin grandes sobresaltos, lo cual le da una validez y una unidad que van más allá de lo que las academias suponen controlar; dicho de otra manera: la ortografía del español que ahora manejamos no se altera sustancialmente a partir de la nueva obra académica; la nueva publicación vale porque compendia y aclara lo que ya sabemos, no por su novedad. Esta Ortografía se basa en dos postulados: la sujeción del sistema de escritura tanto al principio fonológico, que consiste en la relación biunívoca entre fonema y letra, como al reconocimiento de que, en cuanto hecho gráfico, el sistema de escritura es convencional y autónomo de la lengua. La coherente sujeción a sus dos postulados lleva a la Ortografía a revisar sus prescripciones y a dar razones del orden lingüístico para fundamentarlas. La gran parte de lo que prescribe, insisto, ya era del conocimiento público y estaba bien arraigado en las costumbres ortográficas de las comunidades hispánicas antes de su publicación. Para fundamentar su concepción de la escritura, los académicos se retrotraen a sus orígenes; lo hacen siguiendo las historias más comunes de la escritura, sin considerar críticas que se han hecho a esas historias; en particular, conciben la escritura alfabética como una última etapa, más evolucionada, de los sistemas gráficos, lo que confiere a su concepción un claro tinte teleológico. Así por ejemplo, afirman que los sistemas silábicos, como los japoneses katakana y hiragana, “existen aún”, como si fatalmente debieran evolucionar a los alfabéticos, idea que se refuerza de inmediato al afirmar que la escritura alfabética “supone un gran avance con respecto a la escritura silábica” (Intro-

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ducción, § 1.2, p. 5). No toman en cuenta las características de las lenguas cuya escritura es silábica para poder comprender en qué consiste su lógica y su economía; tampoco el riesgo que supone una concepción tan unilateral en el ámbito lingüístico hispanoamericano, donde los hablantes de muchas lenguas amerindias están en busca del sistema de escritura que mejor convenga a sus lenguas y necesitan libertad para construir escrituras que podrían resultarles más adecuadas que las alfabéticas. Se diría que no es la tarea de una ortografía del español extenderse a estos temas; pero dado el prestigio de la escritura del español para los hablantes de lenguas amerindias, toca a los hispanohablantes la responsabilidad de no forzarlos a adoptar un sistema alfabético de escritura como último estado de la civilización. Lo que sí interesa aquí inmediatamente es esa concepción teleológica de la escritura, que después ayuda a comprender la lógica de sus concepciones ortográficas y sus reglas. Llama la atención también, en estos prolegómenos, su afirmación de que el sistema de escritura es tan convencional y arbitrario que lo “escogieron” sus hablantes. Aquí se trata de una idea tomada de la lingüística moderna, pero no reflexionada. Ante todo hay que distinguir entre lo arbitrario y lo convencional. Es cierto que la relación entre significante (el sonido o la forma fónica) y significado de un signo es arbitraria, es decir, nada del uno fuerza las características del otro, pero esa relación no es convencional, sino tradicional: ninguna comunidad lingüística de la Tierra ha establecido su lengua mediante una convención; para todos la lengua se transmite como una tradición y, en cuanto tal, no se puede modificar de golpe como lo supondría la idea de la convencionalidad. El sistema de escritura es igualmente arbitrario aunque, en último análisis —sólo en último análisis—, también convencional (se podría escribir español con el alfabeto cirílico), pero sus hablantes no lo “han escogido” ni parten de una convención, sino que se gestó en una tradición que, en el caso del español, es la latina, como lo demuestra la misma historia del alfabeto español que forma parte de la introducción a la Ortografía. Es una pena igualmente que los académicos no

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distingan con claridad entre sistema de escritura y normas ortográficas, como hemos hecho varios autores en los últimos años, lo cual ayuda a situar el papel de la ortografía; en cambio notan, para bien, que cada vocablo es resultado de un largo proceso histórico y que, en muchos casos, no hay reglas generales que se les puedan aplicar, sino que se trata solamente de regularidades que la ortografía no norma, para cuya consulta es necesario acudir a los diccionarios (Introducción, § 2.3). A la introducción sigue la elaboración del “sistema ortográfico del español”: a partir de una sencilla y correcta exposición de la fonología hispánica, sigue una discusión acerca de las letras o grafemas de la escritura. Las 143 páginas dedicadas a la explicación del sistema ortográfico del español son una pormenorizada exposición del funcionamiento de las letras y de las reglas ortográficas que se les aplican; casi la totalidad de esas explicaciones son sencillas y adecuadas; las acompañan muchas notas adicionales, que aclaran ciertos puntos, y muchas tablas orientadoras, que todo lector ha de agradecer. Sin embargo, su definición del grafema, que tiene un papel central en su comprensión de la escritura y la ortografía, requiere una discusión. Entienden primero por grafema (o letra) la “unidad mínima distintiva en el plano gráfico”. No consideran grafemas la diéresis, la tilde y otros diacríticos porque “no son secuenciales”, sino que se escriben sobre los grafemas; de ahí que modifiquen su primera definición del grafema como un “signo gráfico simple”. En consecuencia, che y elle no son, para ellos, grafemas, sino dígrafos, compuestos por ce, hache y dos veces ele. No es obligatorio adoptar esta definición académica del grafema, como sinónimo de letra. El término grafema se inventó en la lingüística para que correspondiera a la serie de elementos distintivos que constituyen las lenguas: fonemas, morfemas, lexemas, etcétera. Siendo así, las letras che, elle, eñe y erre son grafemas correspondientes de los fonemas respectivos; lo que hacen los académicos para no reconocerlos como tales es, más bien, restringir el término, no a la “unidad mínima distintiva en el plano gráfico”, sino al “signo gráfico simple”, en donde lo “simple” parece referirse al trazo de las letras. Afirman en i, § 5.3, p. 52: “No debe vincularse, pues, como se hace a menudo, el concepto de letra a la representación gráfica de un fonema, vínculo en el que se basaba la tradicional consideración de letras de los dígrafos ch y ll en español. Dicha asociación no resulta adecuada por dos motivos: serían entonces letras otras secuencias de grafemas que nunca se han considerado tales, pero que representan también un solo fonema, como ocurre en español con los dígrafos rr, qu o gu; y, por otro lado, quedaría excluida de esta categoría una letra como la h, que no representa ningún fonema y carece de correlato fónico en el español estándar. […] A estas dos objeciones hay que añadir la existencia de una letra como la x, nunca discutida como tal, pero que normalmente representa no un fonema, sino una secuencia de dos fonemas.” Cierto, el apego a la relación fonema/grafema, correspondiente al principio fonológico que sustenta la Ortografía, forzaría a eliminar la hache; si se conserva es por uno de los criterios que la tradición ortográfica del español ha seguido siempre: su valor simbólico etimológico y su utilidad para distinguir muchos vocablos que, de otra ma-

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nera, serían homógrafos (hasta/asta; al respecto —a lo mejor en otros paíhola/ola, huso/uso). Los académicos no ses también— llevó a los académicos acuden a esta justificación, pero tam- a aparentar que daban marcha atrás poco eliminan la hache, porque la con- y a reconocer que se pueden nombrar sideran “signo gráfico simple” y porque también ve, ve corta, ve chica y ve peestá fuertemente arraigada en la tra- queña, pues “algunas de estas letras dición ortográfica del español; a la vez, poseen varios nombres con vigencia y no excluyen la equis, que, a pesar de re- tradición en amplias zonas del domipresentar el grupo de fonemas /ks/ (en nio hispánico. [Pero] con el fin de proMéxico representa también /sh/, /s/ y mover un proceso hacia la unificación jota en muchos casos) les parece “signo y hacia la simplicidad, especialmente gráfico simple”. Así que para conservar útiles en ámbitos como la comunicalas letras hache y equis abandonan sus ción y la enseñanza, se recomiendan dos principios fundamentales y se refu- las denominaciones que figuran debagian en la simpleza del trazo; estricta- jo de cada letra. Esta recomendación mente hablando habría que considerar, no implica interferencia en la libertad entonces, que la eñe tampoco es grafe- que tiene cada hablante o cada país de ma, pues no es un signo simple, al lle- seguir aplicando a las letras los térmivar una tilde. Cabe preguntar cómo se nos que venían usando…” (i, § 5.4.1, p. mide la simpleza de un trazo; ¿el trazo 63). Llama la atención que, si toleran de una E es tan simple como que en algunas regiones el de una O; el trazo de una Ñ hispanoamericanas se diga ORTOGRAFÍA es tan simple como el de una be alta y ve baja, censuren DE LA LENGUA I? La simplicidad de un trazo que los catalanes digan lo ESPAÑOLA parece un mal criterio para mismo (ibid., p. 70): “algudecidir cuáles son grafemas hablantes españoles Real Academia nos y cuáles no. bilingües de lengua madre EspañolaLos académicos toman catalana, al expresarse en Asociación como segundo postulado de castellano, utili[zan] imde Academias la ortografía la autonomía propiamente [yo subrrayo] de la Lengua de la escritura respecto de la para referirse a estas letras, Española lengua; gracias a esa autonolas expresiones be alta/ve mía se puede defender la inbaja”. ¿A qué viene esta peMéxico, clusión de la hache, la equis queña e innecesaria agreEspasa, 2011, li + 745 pp. y la eñe; no se encuentran sión a los catalanes? entonces razones válidas En cuanto a la y griega para no reconocer che, elle o ye, también reconocen y erre como grafemas compuestos por que “este ha sido el nombre académico dos grafías, pertenecientes al sistema preferente para esta letra hasta fines de escritura del español y qu y gu per- del siglo xx, lo que explica su implantenecientes a la ortografía. La erre co- tación en el uso, especialmente en el rresponde a un fonema /rr/ (Enrique, español americano” (ibid., p. 71), pero rico, carro; la ere de Enrique es alógra- recomiendan llamarla ye. fo de /rr/); qu y gu son alógrafos para la En cuanto al “Acento prosódico y su escritura de los fonemas /k/ y /g/ (acá/ acentuación gráfica” (capítulo ii), los aquí; gasa/guiso); es decir, che, elle y autores de la Ortografía siguen el miserre debieran considerarse grafemas mo procedimiento que en su capítulo i. en pureza, parte del sistema de escritu- Después de una explicación fonológica ra, mientras que qu, gu y r tras n o s ten- sencilla y coherente enuncian y justidrían que ser grafías propias de la or- fican las reglas de acentuación gráfica. tografía, que en esos dos puntos regula Llama la atención su explicación para al sistema de escritura. Sorprende que considerar correctas las acentuaciones en i, § 5.4.3.1, p. 72, desechen el nombre adecúo, evacúo o licúo junto a las más ere para la letra correspondiente, que correctas adecuo, evacuo, licuo. En este “pasa a partir de ahora a llamarse úni- punto, ceden la decisión al uso extendicamente erre”, de donde “en perfecta do de las primeras formas. coherencia con el nombre erre para la Los dos principios determinantes r, el dígrafo rr se denomina erre doble o que rigen el sistema de acentuación doble erre”. Me temo que esto confun- explicado en la Ortografía son: a] que de más, pues decir “doble erre” es tanto “sólo las palabras tónicas son suscepticomo escribir rrrr. bles de llevar tilde” y b] que el sistema De allí la necesidad de separar, ana- “no tiene como función distinguir sislíticamente, sistema de escritura y or- temáticamente entre palabras tónicas tografía, para entender el papel de los y átonas”; según estos dos principios, grafemas y reconocer en la escritura los se elimina la tilde en la conjunción fonemas /ch/ y /ll/, lo cual puede tener disyuntiva o cuando aparezca entre repercusiones importantes en el pro- dos números: 20 ó 30, por ser átona y ceso de aprendizaje de la lectura por los porque ya no hace falta distinguirla del niños. Che, elle y eñe son grafemas del cero; en realidad, muy pocos escribiensistema de escritura del español, corres- tes utilizan esa tilde. En cambio, sorpondientes a los fonemas /ch/, /ll/, /rr/; prende su instrucción, por excesiva y ere tras ene o ese, qu y gu son alógrafos casi imposible, de que, al citar sufijos de de la ortografía del español correspon- origen grecolatino, como –logo en filólogo, psicólogo, etcétera, se ha de escridientes a los fonemas /rr/, /k/ y /g/. Otro de los puntos que causó polé- bir el acento correspondiente a la vocal mica al anunciarse esta nueva Orto- tónica de la raíz sobre el guión mismo, grafía fue la inicial imposición de los es decir ´–logo, pero no en secuencia, nombres de las letras v y y, llamadas sino en el cuerpo de la letra (ii, § 3.2, pp. por las academias uve y ye. En i, § 5.4.3, 218-221). Los autores hacen caso de informap. 69, afirman a propósito del nombre uve: “El nombre uve nace de la necesi- ciones que les envían los académicos dad de distinguir oralmente los nom- correspondientes en América; así por bres de las letras b y v, ya que las pala- ejemplo, afirman que hay secuencias de bras be y ve se pronuncian del mismo vocales que, “en España y en una parte modo en español. Precisamente esa de América se articulan en muchos vovirtud distintiva del nombre uve es lo cablos como hiatos, [mientras que] se que justifica su elección como la de- pronuncian como diptongos o intenominación recomendada para la v en grando triptongos en otras zonas, espetodo el ámbito hispánico.” “Denomi- cialmente en México, Centroamérica y nación recomendada”, pero la protesta parte de las áreas caribeña y andina. en Argentina, en México y en España Así, palabras como piano, enviar, guion,

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jesuita, diurno o fieis son silabeadas por unos hispanohablantes separando las vocales contiguas en sílabas distintas: [pi.á.no], [em.bi.ár], [gi.ón]… en tanto que en México y las otras regiones indicadas se agrupan las vocales dentro de la misma sílaba: [piá.no], [em.biár], [gión]…” Ha sido una tendencia histórica del español en su conjunto la formación de diptongos en vez de la conservación de hiatos, no un fenómeno de regiones; las diferencias en el silabeo de esas palabras corresponden a la mayor o menor educación de los hablantes y al valor rítmico que piden ciertas oraciones entre los escritores. En las líneas siguientes a esas afirmaciones las academias expresan ese reconocimiento mediante un razonamiento amplio; por eso llama la atención que el fenómeno se atribuya sólo a México, Centroamérica, el Caribe y la región andina, cuando que se trata de la tensión permanente entre las tendencias fonéticas de la lengua y el conservadurismo de la cultura. La Ortografía opta, en este caso, por apuntalar la tendencia histórica a la disolución de los hiatos mediante el reconocimiento del uso que debe encontrar predominante (no sólo en México, Centroamérica, etcétera); y así, “para evitar la indeseable falta de unidad ortográfica a que conduciría que cada hablante aplicara las reglas de acentuación de acuerdo con su modo particular de articular estas secuencias”, dictaminan que guión y truhán han de escribirse guion y truhan (§ 3.2, p. 225); y agregan, basados en un “principio de economía”, que “a cada acentuación prosódica le corresponde una única representación gráfica acentual, y viceversa” (§ 3.2, p. 228). Por lo tanto, aunque haya hablantes que silabeen gui-ón y tru-hán, tendrán que aceptar la eliminación del acento gráfico. Bajo el mismo principio de economía, la distinción que se hace entre el uso adverbial y el adjetivo sólo/ solo, se elimina en favor de solo. Cuando se pasa a los parágrafos dedicados a la tilde diacrítica, encuentra uno que sí se aprueba una tilde para distinguir qué, cuál, quién, etcétera, que son tónicas y monosilábicas, de sus correspondientes que, cual, quien, etcétera, que son átonas, pero la Ortografía señala (ii, §  3.4.3.2, p. 245): “el carácter tónico o átono de estas formas y su consiguiente escritura con tilde o sin ella dependen de diversos factores, esencialmente de su categoría gramatical, su función sintáctica en el enunciado y algunas características de la estructura oracional de la que forman parte”. La oposición entre sólo y solo es una oposición entre categorías gramaticales: un adverbio frente a un adjetivo, y su función sintáctica en el enunciado es diferente. Ambas son tónicas, es cierto, aunque cuando se dice “yo solo” o “sólo he sido yo”, la tonicidad del adverbio es de mayor intensidad. Si las academias admiten y reglan el uso de la tilde diacrítica cuando hay un argumento de orden gramatical, ¿por qué no admitir la oposición entre sólo y solo? Los ejemplos aducidos en ii, § 3.4.3.3, p. 269, para negar la tilde a sólo y aquéllos: “Trabaja solo los domingos” frente a “Trabaja sólo los domingos”, y “¿Por qué compraron aquéllos libros usados”, en que aquéllos es el sujeto de la oración, frente a “¿Por qué compraron aquellos libros usados”, son precisamente ejemplos, si no de ambigüedad, sí de extrañeza cuando uno los lee, y por eso uno preferiría escribir “Los domingos trabaja él solo” y “¿Por qué aquéllos compraron libros usados?” Cierto que el sistema gramatical del español permite tales construcciones, pero los ha-

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blantes preferirían eludir el riesgo de oscuridad, lo cual se logra con la tilde en esas formas. La decisión académica, a pesar de todo, es terminante: solo, este, ese y aquel se escribirán sin tilde en todos los casos; es decir, sólo solo, o sea solo solo. Aquellos que preferimos atenernos a la función de la tilde diacrítica en esos vocablos tendremos que respetar a los que se rijan por la nueva norma. Uno se pregunta: ¿realmente creen los académicos que acentuaciones gráficas como sólo, éste, guión, etcétera, son un “elemento disgregador de la unidad de representación gráfica del español cuyo mantenimiento es función esencial de la ortografía”? O de lo que se trata es de imponer una coherencia sistemática que no puede ser única, en la medida en que, ante todo,

fuentes de información, cuya lectura detenida hay que recomendar. La segunda parte de la Ortografía se dedica a “expresiones que plantean dificultades específicas”: ortografía de extranjerismos, de nombres propios y de expresiones numéricas. Tratan en general el tema del préstamo de palabras y expresiones de otras lenguas con un criterio coherente con todo lo anterior, por lo que, cuando uno empieza a ver las ortografías que van proponiendo en cada caso, necesariamente aparecen las dificultades. Distinguen entre “extranjerismos crudos”, es decir, aquellos vocablos tomados de otras lenguas en los que se conserva su escritura, y los adaptados a la escritura del español. Los “extranjerismos crudos”, según las academias, deben ir siempre

que su tendencia a hispanizar la escritura de préstamos de otras lenguas va a enfrentar en todo el mundo hispánico una resistencia que habrá que observar y medir en los años venideros. ¿Cómo propondrán los académicos hispanizar gadget, captcha o podcast? En la misma situación están los topónimos de regiones y países extranjeros: “Siempre que exista un exónimo (el término que asignan a las voces tomadas de lenguas extranjeras al español) tradicional asentado que siga vigente, se recomienda conservarlo” (vi, § 3.2.2, p. 645); así, se podrá seguir escribiendo, por ejemplo, Heidelberg o Düsseldorf, que no tienen nombre tradicional en español, pero Maguncia y no Mainz, Ratisbona y no Regensburg, ¿Brema en vez de Bremen y Mónaco

de elaborar sistemas de transliteración cuando se trata de lenguas escritas con otros alfabetos, con silabarios o con logogramas, siguiendo a los del inglés o del francés. Proponen normas también para nombres de pila, un problema serio en Hispanoamérica; así, consideran inadmisibles, por ejemplo, Yénnifer, Yéssika, Yónatan; yo agregaría Geovanni, Dayana, Deisy y cientos más, con que hoy registran muchas familias a sus hijos, siguiendo los nombres de personajes de la telenovela o del deportista más famoso del momento. En este aspecto no bastan las reglas académicas; hace falta —por ejemplo en México— un cuidadoso planteamiento al respecto por parte del Registro Civil, que respete la libertad de los nombres pero eduque en

POR COHERENTES QUE SEAN LAS NORMAS QUE PRESCRIBEN LAS ACADEMIAS, HAY UNA TRADICIONALIDAD DE LA ESCRITURA Y UN CONJUNTO DE NORMAS IMPLÍCITAS TENDENCIALES EN NUESTROS PAÍSES QUE NO SE PUEDEN BORRAR MEDIANTE MERAS CONVENCIONES

no hay una sola manera de entender el sistema de escritura y la ortografía; y además, las costumbres escriturales de las comunidades hispánicas están arraigadas en una tradición ortográfica que estas academias prefieren desconocer, aunque se vean obligadas a respetarlas en muchos casos. Un caso más de discrepancia es su explicación de que más en expresiones como “dos más dos son cuatro” es una conjunción en vez de un adverbio; su argumento es que se puede sustituir por y: “dos y dos son cuatro”; al hacer la sustitución, que no considera el significado de la partícula, lo que están analizando es la conjunción y, es decir, la glosa —como a menudo les sucede a los lingüistas— pues “peras y manzanas” no significa una suma, en tanto que “dos más dos son cuatro” es una suma. Más, en este caso, es un sustantivo, cuyo significado es el símbolo + de la adición; claro que no es explicable gramaticalmente que “dos más dos” sea una serie de tres sustantivos, y de ahí la discutible solución académica. Sorprende también la regla en ii, § 6.1.2.1.2, p. 77, según la cual no “se transforma en e la conjunción y cuando es tónica y posee valor adverbial en oraciones interrogativas: ¿Y Inés? ([í Inés] = ‘¿Dónde está Inés?’ o ‘¿Cómo está Inés?’). En esta regla predominan la fonología y la gramática sobre la eufonía. El capítulo iii trata “El uso de los signos ortográficos”, tanto los diacríticos como los de puntuación. Como en los capítulos anteriores hay un estudio pormenorizado de los signos de puntuación y su uso, que no es novedoso pero sí aclara muy bien cada caso, por lo que resulta de gran utilidad para quien escribe. El capítulo iv se dedica al “uso de las letras minúsculas y mayúsculas”; igualmente hay una prolija explicación de las formas, las funciones y los usos de las letras. El v, a “la representación gráfica de las unidades léxicas”, en que se explica la escritura de expresiones complejas, de palabras con sufijos y prefijos, de expresiones onomatopéyicas, abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos. Ambos capítulos son ricas

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en cursivas para poderse incluir en un texto en español, pero es clara su preferencia por la adaptación, fundamentada en los principios que rigen la Ortografía: proponen “modificar la grafía originaria para adecuarla a la pronunciación representada según las convenciones ortográficas del español” (vi, § 1, p. 597), pues “la proliferación indiscriminada de extranjerismos crudos o semiadaptados en textos españoles puede resultar un factor desestabilizador de nuestro sistema ortográfico […] De ahí que la Real Academia Española, junto con [sus correspondientes americanas] procuren orientar los procesos de adopción de extranjerismos para que su incorporación responda, en lo posible, a nuevas necesidades expresivas y se produzca dentro de los moldes propios de nuestra lengua” (vii, § 1, p. 598). Los problemas aparecen de inmediato: en cuanto a los latinismos, proponen que se escriba, por ejemplo, cuórum y sumun ‘sumum’. Ya el hecho de que tenga uno que explicar que sumun sería la adaptación de sumum es un síntoma de la dificultad general que plantean las nuevas normas académicas; lo que soslayan es el papel que tiene el latinismo en la cultura, tanto hispánica como universal; hispanizar latinismos como sumum o quorum conduce a la pérdida cultural y al alejamiento de otras culturas de matriz latina. En cuanto al resto de los préstamos de otras lenguas, he aquí una selección de ejemplos que indican claramente la tendencia académica: balé, sérif y gueisa para ballet, sheriff y geisha; bluyín, cruasán, guey para blue jeans, croissant (en México decimos cuernitos) y gay; yacusi para jacuzzi, pirsin por piercing, tique o tiquete por ticket, y en vez de whisky o güisqui —que reconocen como objeto de rechazo entre la mayoría de los hispanohablantes—, wiski. Es verdad que a lo largo de la historia se han podido adaptar muchos otros, como boicot, bulevar, capuchino, gueto, jonrón, mitin, overol, ragú, vodevil, yogur, cuark y cuásar, lo cual es indicio de que las normas académicas no están condenadas al incumplimiento, pero es claro

de Baviera en vez de Múnich o München? Para topónimos más recientes, las academias proponen, por ejemplo, Rangún y no Rangoon, Catar y no Qatar, Irak y no Iraq, Fiyi y no Fidji, Nom Pen y no Pnom Penh; muchas de estas ortografías pasarán al uso social, sobre todo cuando se trata de topónimos que no forman parte acostumbrada de las noticias o de la propaganda turística; en otros, la resistencia se hará notar. Afortunadamente dejaron atrás la decisión de la Ortografía de 1999, de hacer caso de los “organismos internacionales” o de las grafías oficiales que China pretende imponer a todo el mundo, así que se puede seguir escribiendo Pekín en vez de Beijing (y Bombay en vez de Mumbay). También cuando se trata de nombres y apellidos extranjeros, las academias proponen su hispanización: al-Yazira y no al-Jazeera, Trotski, no Trotsky, Bajtín, no Bakhtin, Chaikovski y no Tchaikovski; ¿escribirán Rajmáninof o Rajmáninov? De nuevo: la conservación de la escritura del extranjerismo pone en comunicación las culturas hispánicas con las del resto del mundo y vehicula su universalidad; la hispanización nos encierra y nos aísla. Lo que en estos dos últimos temas hace falta, más que reglas de difícil cumplimiento, es el reconocimiento de que los países hispánicos, con España como principal responsable, nos quedamos atrás cuando franceses, ingleses o alemanes establecieron sus sistemas de transliteración del ruso, del chino, del japonés e incluso del árabe, a pesar de que España ha sido un lugar privilegiado del conocimiento de esta lengua; quizás en esas épocas, cuando las ciencias modernas se gestaban y la geografía y los viajes llevaban exploradores, arqueólogos, marinos por el mundo descubriendo para sus pueblos las otras culturas y las otras lenguas, habría sido posible hispanizar muchos topónimos; ahora dependemos de su escritura en lenguas extranjeras y se ha establecido una tradición vigorosa que vuelve exóticas y caricaturescas las hispanizaciones; lo que conviene es respetar la escritura de los nombres extranjeros y sólo tratar

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la escritura a los empleados encargados de tomar el registro. El capítulo viii trata “La ortografía de las expresiones numéricas”, que confirma los usos cultos tradicionales, aunque cae en la contradicción de aceptar la norma de la International Standards Organization en cuanto a separar sólo mediante un espacio en blanco los millares, pero en cambio propone como norma la que se da en México y otros países hispanoamericanos, tomada de los Estados Unidos de América, de separar los decimales mediante punto y no mediante coma, como se hace en el ámbito internacional. Termina la Ortografía con listas de abreviaturas, siglas y símbolos, y topónimos. Por coherentes que sean las normas que prescriben las academias, hay una tradicionalidad de la escritura y un conjunto de normas implícitas tendenciales en nuestros países que no se pueden borrar mediante meras convenciones. Sería bueno que las academias dedicaran sus estudios y reflexiones a considerar el complejo asunto de las normatividades, a no tratar con ligereza los usos supuestamente mayoritarios en ciertas regiones (como el supuestamente mayoritario de uve en México o el gentilicio inventado e inoperante de mexiqueño para el habitante de la ciudad de México). La escritura del extranjerismo, tal como la plantean, o bien llena de voces en cursiva muchos textos contemporáneos, sobre todo en ciencias y técnicas, o bien supone procesos de hispanización de los vocablos que las comunidades tienden a rechazar. No es con reglas de esa clase como se ha de enriquecer permanentemente la lengua española, sino con una renovación completa de la cultura de la lengua y una mejor comprensión del contacto de los hispanohablantes con todas las comunidades lingüísticas de la Tierra. W Luis Fernando Lara, investigador de El Colegio de México y miembro de El Colegio Nacional, dirige el equipo de investigación que produjo el Diccionario del español de México.

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El 25 de mayo falleció la discreta Leonora Carrington, soñadora del pincel que dejó una leve pero trascendente huella en el mundo editorial. Casi siempre por razones afectivas, la pintora surrealista produjo obras para ser reproducidas en libros. En el catálogo del Fondo se mantienen algunas de sus sugerentes creaciones, entre las que sobresale su interpretación del alucinante mundo de Carlos Castaneda

Leonora Carrington, ilustradora gráfica RAFAEL VAR G AS

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e conoce poco el trabajo que Leonora Carrington desarrolló como ilustradora de libros y publicaciones periódicas. En gran medida, porque la mayoría de los libros que enriqueció con su talento no se ha reimpreso después de su primera edición, y porque la naturaleza de las revistas y periódicos es, de suyo, efímera. No es una obra abundante ni despliega en ella recursos distintos de los que emplea en sus pinturas y dibujos, pero su interés deriva del hecho de contarse aparte de éstos, y de los motivos que la llevaron a realizarlos. (Es necesario señalar que el objetivo de esta breve nota no es la valoración estética sino, simplemente, llamar la atención sobre esa zona de la obra de Carrington. Es una mera enumeración descriptiva con especial acento en los casos en que su trabajo como ilustradora se liga con el Fondo de Cultura Económica.) Contrariamente a lo que podría suponerse, Lady Carrington —como solía llamarla el poeta peruano César Moro— no acudió nunca a la ilustración gráfica como fuente de ingresos, a pesar de que al comienzo de su vida en México su situación económica era muy difícil. De hecho, cuando realizó sus primeras ilustraciones, su vida en ese plano ya se hallaba resuelta. Leonora hace sus primeras ilustraciones a petición de una amiga suya, Laurette Séjourné, a quien había conocido en Francia en 1940, cuando ésta era mujer

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de Victor Serge. Serge y Séjourné abandonaron Francia en el mismo barco que André Breton y llegaron a México en 1941, un año antes que Carrington. Fueron parte del grupo de amigos europeos (Benjamin Péret y Remedios Varo, Wolfgang Paalen y Alice Rahon, entre otros) que la ayudó a aclimatarse luego de que se divorciara de Renato Leduc, de cuya mano llegó a nuestro país en diciembre de 1942. Casi desde el comienzo de su residencia en México, Séjourné se apasionó por la expresión artística de las antiguas culturas mesoamericanas, que en menos de una década se convirtieron en el foco de su atención. A la muerte de Serge, en 1947, se entregó de lleno al trabajo arqueológico y etnográfico. El primer resultado de esa entrega fue su libro Palenque, una ciudad maya, editado por el Fondo de Cultura Económica en 1952; el segundo, para el cual solicitó ilustraciones a Carrington, fue Supervivencias de un mundo antiguo, publicado en 1953, también por el fce, dentro de la colección Tezontle.1 Carrington hizo tanto el dibujo de la portada como las cinco viñetas correspondientes a los capítulos en que se divide la obra. Son dibujos muy sencillos, pero con un estilo inconfundible. Gracias a Séjourné, Carrington comenzó a internarse en el conocimiento del mundo prehispánico, que a su llegada le pareció repugnante, por la difundida práctica

1 Se reeditó con el número 86 en la primera serie de Lecturas Mexicanas, fce-sep, en 1985.

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LA AMISTAD ES EL PRINCIPAL MOTIVO DEL TRABAJO DE LEONORA CARRINGTON COMO ILUSTRADORA GRÁFICA

” del sacrificio humano, pero que poco a poco fue conquistando su curiosidad y su admiración. Al año siguiente, mientras pintaba Sacramento en Minos y El templo del mundo, Carrington volvió a convertirse en ilustradora. Esta vez, con doce dibujos que acompañan los doce cuentos de Lilus Kikus, primer libro de Elena Poniatowska, publicado en 1954 en la célebre colección Los Presentes, que coordinaba e imprimía Juan José Arreola.2 Elena y Leonora se habían conocido a comienzos de los años cincuenta, y la infancia —hilo conductor de Lilus Kikus— fue una de las piedras basales de su larguísima amistad, uno de cuyos frutos es Leonora, la biografía novelada que Seix-Barral publicó este año. En 1955 Carrington ilustró con una viñeta la portada de otro libro: Los puentes, que también forma parte de la colección Los Presentes y es ahora una pieza tan rara como los escasos datos biográficos de su autor, el poeta peruano Augusto Lunel. De filiación surrealista —quizás una de las razones que llevaron a Carrington a simpatizar con él—, amigo de Octavio Paz, colaborador de Fernando Benítez en 4-?) vivió en México entre México en la Cultura así como en Excélsior, Lunel (1924-?) 1955 y 1957. Es muy poco más lo que se sabe de él.. Incluso en Perú es prácticamente desconocido. En n un artículo acerca de la imaginación literaria,3 en n el que cita el párrafo inicial de uno de sus mani-fiestos (“Estamos contra todas las leyes, empezando por la ley de gravedad”), Mario Vargas Llosa apunta al paso que Lunel “terminó ejerciendo el sorprendente oficio de guardaespaldas dell u general De Gaulle”. En todo caso, en honor a su talento literario, debe decirse que los poemas de Los puentes —entre los cuales se halla entreverado un hermoso dibujo de Carrington— desafían el tiempo y se dejan leer con gusto. Como es bien sabido, después de separarse, Leonora Carrington y Renato Leduc mantuvieron una relación cordial. Eso permitió que un buen día él acudiera a ella para solicitarlee que ilustrara su duodécimo libro de poemas:: XV fabulillas de animales, niños y espantoss (Editorial Stylo, 1957).4 Por supuesto, Leonora aceptó, y entregó a Renato quince dibujoss os espléndidos que convierten cada uno de los 300 ejemplares de esa edición en una verdaadera joya. La amistad, como ya resulta evidente, es el principal motivo del trabajo de Leonoora Carrington como ilustradora gráfica. Es lo que la mueve a diseñar once fantásticos os trajes para la obra teatral de Max Aub titulada Del amor, que aparecerá como libro ro oen agosto de 1960, bajo el sello de la editorial Finisterre. En él, los diseños de Leonora ra ilustran la tapa (en color) y los interiores (en en ieblanco y negro). Aub y Carrington se conocieron a través de Remedios Varo, amiga de ambos, y a finales de los años cincuenta ya existía entre ellos un vínculo bastante t fuerte como para posibilitar una estrecha colaboración. Cabe suponer que Aub recurrió a Carrington para el diseño del vestuario sobre la base de los trabajos que ella había hecho, muy pocos años antes, para el grupo de Poesía en Voz Alta. Dos años más tarde, en junio de 1962, se encuentra involucrada en un nuevo proyecto colectivo en el que participan varios de sus amigos: la realización del semanario S.nob, dirigido por Salvador Elizondo, con Emilio García Riera como subdirector y Juan García Ponce como director artístico. Es éste el que la invita a participar. A partir del segundo número colabora de manera regular con una sección, Children’s Corner, en la que presenta textos de su autoría (como “El cuento negro de la mujer blanca”) acompañados por dibujos que se despliegan a página completa. Tras el sexto número se interrumpe la publicación de la revista y cuando el séptimo aparece (en octubre de 1962), con una portada hecha por Leonora, se anuncia que en lo sucesivo se publicará cada mes. Desafortunadamente ésa será su última entrega. A comienzos de los años sesenta, gracias de nuevo a Laurette Séjourné, integrante del equipo del antropólogo Ignacio Bernal, Carrington se hace amiga de éste. Con él visita una larga serie de sitios en los que se realizan excavaciones y trabajos de restauración. En 1962 Bernal es nombrado director del Museo Nacional de Antropología. En los primeros meses de 1963 comienza la construcción de 2 Gracias a Ediciones Era, Lilus Kikus circula todavía con características similares a las de su primera edición. 3 “La fantasía sediciosa”, Letras Libres 11, noviembre de 1999. 4 Recogido en Renato Leduc, Obra literaria, fce, México, 2000, Letras Mexicanas, páginas 219-248. (Desafortunadamente, sin las ilustraciones de lc.)

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la nueva sede, en el Bosque de Chapultepec. Bernal invita a Carrington a realizar un mural para la sala dedicada a la etnografía maya en el nuevo edificio. Ella lee el Popol vuh y decide viajar a Chiapas para hacer observaciones directas y tomar apuntes. Después de dos extensas estadías entre los indígenas chiapanecos, durante las cuales hace abundantes dibujos a lápiz, pinta el mural El mundo mágico de los tzotziles y los tzeltales, más conocido como El mundo mágico de los mayas. Quizás aconsejada por Laurette Séjourné, tal vez a instancias de Ignacio Bernal, Leonora decide compilar en un libro más de un centenar de dibujos y apuntes que hizo para el mural. Séjourné y Andrés Medina escriben a propósito de él sendos ensayos y en 1964 la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional de Antropología e Historia imprimen dos mil ejemplares de El mundo mágico de los mayas. Interpretación de Leonora Carrington, libro precioso que debería reeditarse. Es el conjunto más amplio de dibujos de su autoría que se haya impreso. Ese mismo año traza dos animales fantásticos con rostro femenino, alas, garras y cola para ilustrar la portada de la plaquette de poemas de Margarita Paz Paredes Adán en sombra, noche final y siete oraciones (Pájaro Cascabel, 1964). No hay indicios de que exista una relación amistosa entre las do dos mujeres. Pero no es del todo improbable q que Octavio Paz, amigo de ambas, las haya puesto pu en contacto. En 11966 vuelve a colaborar con Max Aub. Esta vez, v a través de las páginas de la Revista de la Universidad de México. En los números ccorrespondientes a mayo, junio, julio y agosto agos de ese año, Carrington entrega viñetas ñeta que ilustran cuatro artículos firmados por Jusep Torres Campalans (uno de los más célebres pseudónimos de Aub): “Mayo loco, fiestas muchas y pan poco”, “M “Junio “J verde y no maduro”, “Por mucho que qu quiera julio ser, mucho ha de llover” y “Agosto está en el secreto de doce meses completos”. (Es muy probable que haya alc gunas ilustraciones más de Leonora Carrg ington en la Revista de la Universidad. Por i lo l menos a partir de 1953, cuando asume la dirección de la revista Jaime García Terrés. d Habrá H que hacer una revisión exhaustiva de d esa publicación mensual.) También se antoja probable que, por consejo de Margarita Paz Paredes, su paisana s (las dos nacieron en Guanajuato) Emma ( Godoy le haya enviado a Carrington el oriG ginal de un libro dedicado a ella y al compog sitor alemán Gerhard Münch, que el Fondo s de Cultura Económica habría de publicar en d jjunio del siguiente año. Y que, en correspondencia, la pintora le haya obsequiado la viñeta que ilustra la portada de Sombras de magia, colección de ensayos sobre poesía y pintura que, con el número 90, forma parte de la colección que Letras Mexicanas. Letra Pero la pieza más á conocida de Leonora Carrington como ilustradora gráfica es, sin duda, la que realizó de modo ex profeso en 1974, a solicitud de García Terrés — entonces director de La Gaceta y asesor de la dirección general del fce—, para la portada de Las enseñanzas de don Juan. Una forma yaqui de conocimiento, primero de los cuatro libros de Carlos Castaneda publicados por el Fondo. En el curso de 37 años ha sido reimpreso más de veinticinco veces, con un tiraje promedio de 10 mil ejemplares. Es también una de las piezas más elaboradas y complejas de la obra de Carrington como ilustradora. (Quizás esa elaboración sea un reflejo del interés que le suscitó ese libro.) La última obra que Leonora Carrington ilustró es un libro de Elena Poniatowska: Rondas de la niña mala. Una colección de poemas de amor escritos a la manera de las rondas y las canciones infantiles, pero con una gran carga de malicia —y, a ratos, de tremenda crudeza—. Apareció bajo el sello de Ediciones Era en 2008. Carrington hizo una ilustración en color para la portada y seis más en blanco y negro para las páginas interiores. Hasta donde sé, éstas son todas las obras de Leonora Carrington que pueden considerarse propiamente como ilustraciones gráficas, es decir, creadas con la específica intención de ser impresas. Cabe discutir si el libro hecho con los dibujos y apuntes que tomó antes de pintar El mundo mágico de los mayas debe incluirse o no en este campo, pero creo que los argumentos a favor y en contra son demasiado extensos como para exponerse aquí. Por lo pronto, prefiero pecar de incluyente y pensar que con un poco de suerte y tiempo este rápido recorrido pueda afinarse y convertirse en un libro que reproduzca la totalidad de las piezas ahora mencionadas. W

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Tomás Segovia Digo yo Digo yo no sólo es una frase que refiere a una opinión; para Tómas Segovia es una frase que guarda relación con el mundo real. El lenguaje, la filosofía, la historia, la política son parte del complejo sistema en el cual el ser humano se encuentra inmerso. Con un discurso que se mueve entre el ensayo, la crónica y la poética, el autor nos guía a través de diversas teorías, en las que nuestra sociedad está basada

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