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¿Quién apaga las estrellas?

5º CONCURSO NACIONAL DE CUENTOS PARA CHICOS Y CHICAS


Título: ¿Quién apaga las estrellas? Textos premiados en el 5º Concurso Nacional de Cuentos para chicos y chicas, 2017 Autora: Adela Basch [et alt.] © Ediciones ECuNHi, 2017 Cátulo Castillo 3118 (C1261ACR) - CABA - Argentina Teléfono (54 11) 4703-5089 hastalavida@nuestroshijos.org.ar www.nuestroshijos@org.ar © De los autores © De los ilustradores Directora socio educativa del ECuNHi: Verónica Parodi Directora artistica del ECuNHi: María de los Angeles Ledesma Jurados: Adela Basch, Juan Lima , Silvina Rocha y Verónica Parodi. Responsable de la edición: Verónica Parodi Diseño y armado: María Inés González Corrección: Karina Micheletto , Gimena Blixen y Gabriela Minardi Arte de tapa: Juan Lima Hecho el depósito Ley 11.723 Libro de edición argentina

Basch, Adela ¿Quién apaga las estrellas? : 5° Concurso nacional de cuentos para chicos y chicas / Adela Basch ; Silvina Rocha ; Gustavo Roldán ; ilustrado por Juan Lima ... [et al.]. - 1a ed ilustrada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : ECuNHi, 2018. 128 p. : il. ; 20 x 14 cm. ISBN 978-987-46254-1-0 1. Antología de Cuentos. I. Lima, Juan, ilus. II. Título. CDD A863


¿Quién apaga las estrellas? 5º CONCURSO NACIONAL DE CUENTOS PARA CHICOS Y CHICAS

Jurados: Adela Basch • Juan Lima • Silvina Rocha • Verónica Parodi


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Agradecimientos A las Madres de Plaza de Mayo, por cada paso de amor en estos cuarenta y un años de memoria iluminada. A Laura Devetach y Laura Roldán Devetach, por el abrazo inmenso y constante a la Casa de las Madres. A María Inés González, que trabajó amorosa y comprometidamente en este libro, que quedó precioso. A Karina Micheletto, María de los Ángeles Ledesma, Gabriela Minardi y Gimena Blixen por el apoyo incondicional para esta quinta edición. A la Asociación de Amigos del ECuNHi y a todos los trabajadores del ECuNHi que siguen sosteniendo estos desafíos. A los jurados de honor Adela Basch, Juan Lima y Silvina Rocha por las ganas de seguir haciendo, apostando a la literatura, siempre. A los lustradores Fernanda Bragone, María Wernicke, Matías Trillo, Paula Adamo, Margarita Espertino y Mauricio Michelau, que regalaron su arte para que este libro sea posible. A los chicos y chicas, docentes y familias de todo el país que participaron del concurso, que se animaron a volar con entusiasmo e imaginación, apostando a la palabra y a la belleza en esta quinta edición. A la Federación nacional de docentes universitarios CONADU por el esfuerzo, compromiso y apoyo en la impresión de esta edición. A todos ellos gracias por celebrar la vida, la memoria y la construcción colectiva de este espacio cultural.

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Un mundo posible “Lo que más me gusta es volar“– dijo el sapo. Gustavo Roldán, El vuelo del sapo. Esta invitación tan maravillosa de Gustavo Roldán, este pedacito de mundo posible, promovió hermosos relatos de chicos y chicas de todo el país, que nos acercan las distintas voces y lenguas que la enriquecen. Se animaron a escribir, a soñar, a pensar, a reflexionar, a compartir la palabra y las historias. En este concurso la palabra es de ellos. Y en ellas encontramos el sentido de la lucha que las Madres sostienen desde hace ya cuarenta y un años. Desde este Espacio Cultural que fuera el principal centro clandestino de detención y exterminio durante la última dictadura cívico-militar, la literatura es uno de los caminos a la verdad, la memoria y la justicia. Habitar estos muros nos permite abordar lo doloroso, lo terrible, lo incómodo, levantando los velos desde el arte y la palabra, abriendo el camino de lo posible. Escuchando lo que tienen para decir, chicas y chicos argentinos, dándole la palabra para que se hagan preguntas, para que reflexionen, para que cuestionen, para que sueñen otros mundos posibles. Esto es lo que está ocurriendo con este concurso literario a nivel nacional, que solo es posible porque hay maestros y familias en todo el país que se animan, que estimulan a sus alumnos, a sus hijos, que los invitan a crear en sus escuelas, en sus casas, con sus amigos como un punto de partida, como un comienzo, como un impulso, como un motor, como una búsqueda para un pensamiento libre. Estamos felices porque esta casa de las Madres sigue creciendo y construyéndose gracias a una gran parte de la sociedad que la defiende y la acompaña en cada desafío. Nuestro infinito agradecimiento a Laura Devetach y Laura Roldán Devetach por abrazarnos siempre. Y por supuesto a Juan Lima, Adela Basch y Silvina Rocha, nuestro jurado de honor que acompañó con amor este concurso. Nuestras felicitaciones a todos los chicos y las chicas que se animaron a volar como el sapo que un día quiso. Verónica Parodi Directora socio educativa del ECuNHi

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Sembrar para compartir Queridos pequeños grandes escritores: Gracias por haber participado del concurso. Escribir, como todo acto de creación, es ya un milagro, una alegría, un festejo. Los premios son una palmadita en la espalda, pero no es el fin en sí mismo. Lo que vale, recuerden, es hacer, producir, probar, practicar. Lo que vale es transitar el camino, ganar experiencia, tener el coraje de sembrar –palabras e historias– para compartir con otros. Que nada los venza, continúen por este camino de letras, necesitamos sus voces como brotes. Adela Basch, Juan Lima y Silvina Rocha Jurado del 5to Concurso Nacional de Cuentos para Chicos y Chicas ¿Quién apaga las estrellas?

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ESCRITORES

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Unas rimas que se arriman Adela Basch

Ilustrรณ: Fernanda Bragone 11


Unas rimas que se arriman Un día, el zorro se levantó de mal humor, tal vez porque hacía calor. Iba pateando la tierra y por dentro se sentía en pie de guerra. Estaba en eso, cuando vio pasar a un perro mascando un hueso y le gritó: –¡Eh, perro! ¡Sos el más aburrido del mundo! Se le tiró encima para descargar sobre él su mal humor y le dio un pisotón que casi lo desmaya del dolor. El perro sintió un gran enojo y ganas de pelear con el primero que tuviera ante los ojos. Vio pasar a una liebre y le gritó: –¡Eh, liebre! ¡Corriendo sos de madera! Y le puso la pata para que se cayera. La liebre se sintió llena de furor. Vio a un ratón y exclamó: -¡Eh, ratón! ¡Sos tan chiquito que parecés un botón! Y le dio un mordisco que estuvo a punto de dejarlo bizco. El ratón sintió un impulso ciego de descargarse con el primero al que le viera el pelo. Pasó un cuis y le gritó: –¡Eh, cuis! ¡Sos el más insignificante de todo el país! Y le estampó un golpe con la cola que lo dejó sin sentido por más de una hora. El cuis se sintió de un humor terrible y con ganas de descargarse lo antes posible. Pasó una rana y el cuis le dijo: –¡Eh, rana saltarina, sos lo más ridículo que vi en mi vida! Se abalanzó sobre ella y de un empujón le hizo ver las estrellas. La rana estaba tan furibunda que al primero que viera lo iba a dejar más chato que una funda. Entonces pasó por allí el zorro. A la rana sus fuerzas se le multiplicaron por millones y le dio unos tremendos coscorrones. Al zorro le volvió el mal humor y cuando vio al perro le dio un pisotón. Más tarde el perro atacó a la liebre; la liebre, al ratón; el ratón, al cuis; y el cuis, a la rana. Así estuvieron un tiempo. Se insultaban, se golpeaban y se mordían a cualquier hora del día. Tenían una sola idea: cómo estar siempre preparados para la pelea. No pensaban en otra cosa, y ni hablar de disfrutar de una experiencia hermosa.

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Hasta que un día, junto con una brisa refrescante llegó un mono al que nadie había visto antes. Apareció frente al zorro cuando este andaba con ganas de descargar sobre alguien un mamporro. Pero el mono no le dio tiempo de que lo atacara. Lo saludó con una sonrisa que le recorría toda la cara. El zorro sintió un gran desconcierto. Una sonrisa era algo que no veía hacía tiempo. Y en menos de lo que se tarda en decir “abracadabra”, soltó estas palabras: Justo en el medio del campo suspiraban dos tomates, y en el suspiro decían: ¡hoy queremos tomar mate! El zorro pasó del desconcierto a la carcajada. Se reía tanto que tenía la expresión desencajada. Se imaginaba a los tomates con una bombilla y se reía como si le hicieran cosquillas. Las carcajadas del zorro eran tan grandes que resonaban por todas partes. Llegaron todos con mucha prisa, atraídos por el sonido de la risa. El mono siguió: De las aves que bailan me gusta el sapo, porque deja la alfombra toda hecha un trapo. Y rieron durante todo el día como hacía tiempo no reían. Inventaron entre todos muchas más rimas. Y se les ocurrieron tantas ideas, que no les quedó lugar para volver a imaginar peleas.

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Adela Basch Nací en Buenos Aires, casualmente en el preciso instante en el que vine al mundo. Siempre viví en esta ciudad, salvo en los momentos en los que me ausenté de ella. Estudié la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires y me recibí no bien completé mis estudios. Para no aburrirme ni quedarme quieta después de tanto andar corriendo, me dediqué a escribir y a editar libros para chicos en mi propia editorial: Abran Cancha. Mis obras de teatro se han estrenado, invariablemente, después de que las terminara de escribir. Curiosamente, con el resto de mis libros ocurre algo similar, ya que en todos los casos se publicaron después de que los escribiera. Algunos son Abran cancha, que aquí viene don Quijote de La Mancha; Oiga, chamigo aguará; Colón agarra viaje a toda costa; Belgrano hace bandera y le sale de primera; Una luna junto a la laguna; El reglamento es el reglamento; Un buen rato de teatro y Las cuatro estaciones.

© Basch, Adela. “Unas rimas que se arriman”. En Cuentos con rima para los que se animan, 3ra ed. Buenos Aires. Ediciones Abran Cancha, 2013.

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Margaritas a los chanchos Silvina Rocha

IlustrĂł: MarĂ­a Wernicke

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Margaritas a los chanchos Los chanchos aman las margaritas, se sabe (¿A quién no le gusta despatarrarse sobre un colchón de flores? ¿A quién no le gustan esos pequeños girasoles blancos?) Pero no hay caso. Está prohibido darles margaritas. Ni para que se echen, ni para que se las traguen. NO, NO y NO. Los chanchos se quedaron sin margaritas el día que la Asesora en Jefe lo prohibió, después de una gran campaña con pancartas que decían: “No más margaritas a los chanchos” “Margaritas sí, chanchos no”. Nadie nunca entendió la razón, pero ley Nro. 8754 lo prohíbe. Si te pescan la pagás. A Tanuchi lo pescaron. Las margaritas crecen y crecen, las tienen por doquier, pero no pueden ni acercase, los chanchos andan más tristes que poroto en lata con el alma hecha un trapo. Tiempo después, el Ministro dicta leyes que refrendan lo dicho de antemano: ESTÁ PROHIBIDO, y refuerza con la Guardia Nacional el cuidado de los campos. La gente, mientras tanto, hace su vida. Trabaja, riega las plantas, prepara la comida, va a la escuela. El mundo sigue girando. Las margaritas crecen, crecen y crecen, y se enroscan en los árboles, inundan las calles, se trepan a los techos, asoman por las ventanas, se meten por las canillas, sacan hojas por debajo de la cama. Hasta que la gente que seguía con su vida, iba a trabajar, miraba el partido y hacía las compras ya no pudo continuar, y no les quedó más remedio que preguntarse: ¿Por qué? ¿Quién dice? ¿Cuánto más? ¿Hasta cuándo?

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Tanuchi fue el primero, después fue Morales, después Galíndez, los Pedernera, los García, más tarde los Rosales, los Arancedo, los Hauffman, los Cárdena, después los Díaz, los Vinitsky, los González; muchos otros y muchos más, durante mucho tiempo, se preguntaron. Las preguntas se convirtieron en dudas, y las dudas trajeron más preguntas, y tantas preguntas fueron minando todo eso que fue ASÍ sin que nadie, nunca, se preguntara. Preguntas, muchísimas preguntas. Ocupaban tanto espacio que ni ministros, ni leyes, ni edictos, ni guardias lograron combatirlas, y en un delgado segundo, todo lo que antes fue “ASÍ”, entre todos, lo volvieron “ASÁ”. Deberían haber visto a los chanchos, extasiados en un festín de margaritas, echados de panza sobre colchones blancos.

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Silvina Rocha Nací en una provincia chiquita y hermosa, Tucumán, a la que llaman “El jardín de la república” porque es verde, verde, muy verde. De bebé me trajeron a Buenos Aires, así es que soy más porteña que el Río de la Plata. De chica me gustaba bailar, pero como las zapatillas de puntas me hacían doler, me dediqué a cantar, lo hice durante muchos años y casi sin buscarlo terminé escribiendo para chicos, algo que me hace muy feliz. Ahora estoy estudiando la carrera de Edición, para poder saber más sobre el oficio de hacer libros, mi gran pasión. Mi primer cuento publicado se llama Mateo y su gato rojo, a ese le siguieron: Por qué los elefantes prefieren jugar a la mancha, Olivia y el violín, Casimira, Fernandito, Como todo gato, Qué payaso este elefante, López, Mi reino y Marisa y Violeta, entre otros .

Margaritas a los chanchos Inédito © 2018, Silvina Rocha

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El vuelo del sapo Gustavo Roldรกn Ilustrรณ: Fernanda Bragone 19


El vuelo del sapo Lo que más me gusta es volar –dijo el sapo. Los pájaros dejaron de cantar. Las mariposas plegaron las alas y se quedaron pegadas a las flores. El yacaré abrió la boca como para tragar toda el agua del río. El coatí se quedó con una pata en el aire, a medio dar un paso. El piojo, la pulga y el bicho colorado, arriba de la cabeza del ñandú, se miraron sin decir nada. Pero abriendo muy grandes los ojos. El yaguareté, que estaba a punto de rugir con el rugido negro, ese que hace que deje de llover, se lo tragó y apenas fue un suspiro. El sapo dio dos saltos para el lado del río, mirando hacia donde iba bajando el sol, y dijo: –Y ahora mismo me voy a dar el gusto. – ¿Está por volar? –preguntó el piojo. –Los gustos hay que dárselos en vida, amigo piojo. Y hacía mucho que no tenía tantas ganas de volar. Un pichón de pájaro carpintero se asomó desde un hueco del jacarandá: –Don sapo, ¿es lindo volar? Yo estoy esperando que me crezcan las plumas y tengo unas ganas que no doy más. ¿Usted me podría enseñar? –Va a ser un gusto para mí. Y mejor si lo hacemos juntos con tu papá, que es el mejor volador. –Sí, mi papá vuela muy lindo. Me gusta verlo volar. Y picotearlos troncos. Cuando sea grande quiero volar como él, y como usted, don sapo. El piojo miraba y comenzaba a entender. El yacaré seguía con la boca abierta. El tordo y la calandria se miraron y decidieron que era hora de intervenir. –Don sapo –dijo el tordo–, ¿se acuerda de cuando jugamos a quién vuela más alto? –Ustedes me ganaron –dijo la calandria– porque me distraje cantando una hermosa canción, pero otro día podemos jugar de nuevo. –Cuando quiera –dijo el sapo–, jugando todos estamos contentos, y no importa quién gane. Lo importante es volar. –Yo también –se oyó una voz que venía llegando–, yo también quiero volar con ustedes. –Amigo tatú –saludó el sapo–, qué buena idea. –Pero no se olvide de que no me gusta volar de noche. Usted sabe que no veo bien en la oscuridad. –Le prometo que jamás volaremos de noche –dijo el sapo. La pata del coatí ya parecía tocar un tambor del ruido que hacía subiendo y bajando. El yacaré cerró los ojos pero siguió con la boca abierta. Los ojos de la pulga y el bicho colorado eran como una cueva de soledad. Cada vez entendían menos. El sapo sonrió aliviado. El tordo y la calandria le habían dado los mejores argumentos de la historia, y ahora el tatú le traía la solución final, ya que el sol se acercaba a la punta del río. – ¿Se acuerda, amigo sapo –siguió el tatú–, cuando volábamos para provocarlo al puma y después escapar?

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– ¿Así fue? Yo había pensado que el puma era el que escapaba. –No exageremos, van a pensar que somos unos mentirosos. – ¡Y qué otra cosa se puede pensar! –dijo la lechuza, que había estado escuchando todo. –Gracias –dijo el sapo en voz baja, como para que lo escucharan solamente sus patas. Eso era lo que estaba esperando. Alguien con quien discutir y hacer pasar el tiempo. –En todo el monte chaqueño no hay mentirosos más grandes –siguió la lechuza–. Y ustedes, bichos ignorantes, no les sigan el juego a estos dos. – ¿Cuándo dije una mentira? –preguntó el sapo. – ¿Quiere que hable? ¿Quiere que le diga? –Hable nomás –dijo el sapo, contento porque la lechuza lo estaba ayudando a salir del aprieto. –Mintió cuando dijo que los sapos hicieron el arco iris. Mintió cuando dijo que hicieron los mares y las montañas. Cuando dijo que la tierra era plana. Cuando dijo que los puntos cardinales eran siete. Cuando dijo que era domador de tigres. ¿Quiere más? ¿No le alcanza con esto? El sapo escuchaba atentamente y pensaba para qué lado convendría llevar la discusión. –Me sorprende su buena memoria, doña lechuza. Ni yo me acordaba de esas historias. –Y yo me acuerdo de otra historia, don sapo, esa de cuando usted inventó el lazo atando un montón de víboras –dijo el piojo. –Otra mentira más grande todavía –rezongó la lechuza–, miren si un sapo va a vencer a un montón de víboras. Los ojitos del piojo brillaron de picardía. –Pero yo lo vi. Era una tarde en que el sol quemaba la tierra y las lagartijas caminaban en puntas de pie. Yo vi todo desde la cabeza del ñandú, ahí arriba, de donde se ve más lejos. –Piojito, sos tan mentiroso como el sapo y nadie te va a creer. Es mejor que se vayan de este monte ya mismo. Y que no vuelvan nunca más. –Ahora que me acuerdo, yo sé un poema que aprendí dando la vuelta al mundo –dijo el bicho colorado–. Dice así: De los bichos que vuelan Me gusta el sapo porque es alto y bajito gordito y flaco – ¡Qué hermoso poema! –dijo el pichón de pájaro carpintero–. Cuando sea grande yo quiero hacer poemas tan hermosos como ése. –Doña Lechuza –dijo la pulga–, estas acusaciones son muy graves y tenemos que darles una solución. –Hay que decidir si el sapo es un mentiroso o un buen contador de cuentos –propuso el yacaré. –Eso es muy fácil –opinó el coatí–, los que crean que el sapo es mentiroso digan sí. Los que crean que no es mentiroso digan no. Y listo. –Y si se decide que es un mentiroso se tiene que ir de este monte –dijo la lechuza. –Claro –opinó la pulga–. Si es un mentiroso se tiene que ir. –Aquí no queremos mentirosos –dijo el yacaré. –Yo mismo me encargaré de

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echar al que diga mentiras. O lo trago de un solo bocado –dijo el yaguareté. –Eso sí que no –protestó el yacaré–. Tragarlo de un solo bocado es trabajo mío. –Dejen que le clave los colmillos –dijo el puma, que recién llegaba–. Odio a los mentirosos. –Bueno –dijo la lechuza–, los que opinen que el sapo es un mentiroso, ya mismo digan “sí”. En el monte se hizo un silencio como para oír el suspiro de una mariposa. Después se oyó un SÍ, fuerte, claro, terminante y arrasador. Un SÍ como para hacer temblar a todos los árboles del monte. Pero uno solo. La lechuza giro la cabeza para aquí y para allá. Pero el SÍ terminante y arrasador seguía siendo uno solo. El de ella. Y entonces oyó un NO del yacaré, del piojo, de la pulga, del puma, de todos los pájaros, del yaguareté y de mil animales más. El NO se oyó como un rugido, como una música, como un viento, como el perfume de las flores y el temblor de las alas de las mariposas. Era un NO salvaje que hacía mover las hojas de los árboles y formaba olas enloquecidas en el río. La cabeza de la lechuza seguía girando para un lado y para el otro. Había creído que esta vez iba a ganarle al sapo, y de golpe todos sus planes se escapaban como un palito por el río. Pero rápidamente se dio cuenta de que todavía tenía una oportunidad. Y no había que desperdiciarla. Ahora sí que lo tenía agarrado: el sapo había dicho que iba a volar. Mientras tanto, todos los animales festejaban el triunfo del sapo a los gritos. Tanto gritaron que apenas se oyó el chasquido que hizo el sol cuando se zambulló en la punta del río. Pero el tatú, que estaba atento, dijo: – ¡Qué mala suerte! ¡Qué mala suerte! Se nos hizo de noche y ahora no podremos volar. –Yo tampoco quiero volar de noche –dijo el tordo–. A los tordos no nos gusta volar en la oscuridad. –Los cardenales tampoco volamos de noche –dijo el cardenal. –De noche solamente vuelan las lechuzas y los murciélagos –dijeron los pájaros. –Será otro día, don sapo –cantó la calandria–. Lo siento mucho, pero no fue culpa nuestra. Esa lechuza nos hizo perder tiempo con sus tonteras. ¿Usted no se ofende? El sapo miró a la lechuza, que seguía girando la cabeza para un lado y para el otro, sin saber qué decir. Después miró a la calandria, y dijo: –Siempre hay bichos que atraen la mala suerte. Pero no importa, ya que no podemos volar, ¿qué les parece si les cuento la historia de cuando viajé hasta donde cae el sol y se apaga en el río?

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Gustavo Roldán Nació en el Chaco en 1935, y creció en el monte, en Fortín Lavalle. Por su libro Como si el ruido pudiera molestar mereció en 1992 el Tercer Premio Nacional de Literatura; por Todos los juegos el juego, en 1995, el Segundo Premio Nacional de Literatura. Se le otorgó el Premio Konex 1994 por la totalidad de su obra, y en 2002 obtuvo el Premio Pregonero de Honor, Fundación El Libro. En 2004, recibió nuevamente el Premio Konex por la totalidad de su obra. Entre sus libros figuran Como si el ruido pudiera molestar (1986), Sapo en Buenos Aires (1989), Penas de amor y de mar (1990), Todos los juegos el juego (1991), La noche del elefante (1995), Crimen en el arca (1996), El último dragón (1997), Dragón (1997), La leyenda del bicho colorado (1998), Historias del piojo (1998), Cuentos del zorro (1999), Cuentos de mundos lejanos (2002), El camino de la hormiga (2004), El vuelo del sapo (2005).

El vuelo del sapo © 2004, 2005 Gustavo Roldán. © 2016, Ediciones Santillana S.A.

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Juan Lima Cultivo árboles, invento juguetes, hago libros-objeto, poesía visual, y más. Desde 1982, en que hicimos la revista Humi, no he parado de dibujar y de hacer libros. Publiqué varios como autor integral (poesía + imágenes + diseño), entre ellos El mercado de las pulgas, Loro hablando solo, Botánica poética (Gran Premio ALIJA, 2016), y Astronomía poética. Algunas nueces (pero) poco ruido. Nací en El Perdido, vivo en San Telmo y sobrevuelo Traslasierra, allá donde cae mi flecha dibujada al azar.

Ilustración de tapa © 2018, Juan Lima

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CUENTOS PREMIADOS

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Categoría 7 a 9 años Individual

PRIMER PREMIO

El reino del rock nacional Ilustró: Fernanda Bragone

Sofía Rotsztein

(9 años) Escuela Nº 19 “Galicia” D. E. 7 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 29


El reino del rock nacional Había una vez, hace solo un par de añitos atrás, un joven rockero que se llamaba Luis Alberto, pero como era flaquito flaquito como un chupetín y tenía la voz finita finita como una hoja de papel Rivadavia, todos sus amigos le decían FLACO. En las tardes de sol se reunían a tomar mate con bizcochitos en la plaza y siempre le decían a Luis Alberto: “Che, Flaco, cantate una canción que sepamos todos”. Luis Alberto vivía en una ciudad llamada El reino del rock nacional, y todos los habitantes del reino eran tan rockeros como él. El apellido del flaco era Spinetta, que rima con patineta, motoneta y bicicleta. Entonces, mientras los demás rockeros iban caminando a todas partes, el flaco iba en patineta, motoneta y bicicleta y siempre llegaba primero y más lejos y así conseguía atrapar las mejores canciones del mundo. Porque en el Reino del rock nacional las canciones estaban escondidas en el aire y solo había que prestar un poquito de atención para encontrarlas. Pero Luis Alberto, que era un chico muy generoso porque su mamá y su papá le enseñaron a compartir todo con los amigos, les enseñó a todos los rockeros del reino a encontrar sus propias canciones. El flaco Luis Alberto Spinetta, que rima con patineta, motoneta y bicicleta, tiene un montón de fabulosas canciones, pero a mí la que más me gusta se llama EL ANILLO DEL CAPITÁN BETO. Esta canción cuenta (y canta) la historia del valiente colectivero Beto que recorría orgullosamente las calles de Buenos Aires piloteando su flamante unidad de transporte público de color blanco y verde. Beto era un excelente conductor de colectivo, respetaba todos los semáforos, les sonreía alegremente a sus pasajeros y saludaba sacando una mano por la ventanilla a los coches que pasaban a su lado. Resulta que un día su jefe le dijo medio en serio medio en broma: “¿Che, Beto, vos que manejás tan bien nunca pensaste en ser astronauta?” y Beto se quedó paralizado, con la boca abierta sin saber qué decir, y lo pensó y lo pensó y lo re pensó, y finalmente dijo: “Sabe jefecito que sí, me encantaría ser astronauta y viajar por el espacio como BuzzLigthyear”. Entonces, con la ayuda de todos los vecinos del barrio construyó una increíble nave espacial y se convirtió en un valiente astronauta. Todos sus amigos y familiares fueron a despedirlo a la plaza la noche en que su cohete despegó, hasta fue

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el hada madrina del barrio, que le regaló un anillo mágico para protegerlo de los peligros del cosmos. “Ahí va el capitán Beto”, cantaban las estrellas cuando lo veían pasar piloteando su nave. “Ahí va el capitán Beto”, cantaban los planetas cuando lo veían surcar el espacio. “Ahí va el capitán Beto”, cantaban dos extraterrestres cuando casi los atropella sin querer. Tanto, pero tanto viajó el capitán Beto, tan pero tan lejos llegó, que un día empezó a extrañar a su mamá, a su papá y a sus amigos, se sintió muy solo y muy triste y entonces regresó a la Tierra. Y ahí va el valiente capitán Beto conduciendo su colectivo de color blanco y verde orgullosamente por las calles de mi barrio y del tuyo también. Seudónimo: Frutilla al Agua

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Categoría 7 a 9 años Individual

TERCER PREMIO

Ocurrió soñando Ilustró: Paula Adamo

Malena Sterman

(9 años) Instituto Platerillo (gestión privada) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 33


Ocurrió soñando PARTE 1: ASÍ EMPIEZA LA HISTORIA -Buenas noches, hijo. -Buenas noches. Camilo cierra los ojos y luego aparece en otro lugar, otro día, casi podría decir que en otro año. -Mamá, ¿Qué día es hoy? -Cami… ¿te sentís bien, mi amor? Hoy es 5 de agosto de 2010. -Ah… gracias… ¡¿Cómo!? -piensa Camilo- No es posible, yo estaba en 2017 y ahora retrocedí 7 años… entonces yo tendría… ¿5 años? PARTE 2: EL DIARIO DE EMMA Emma está en su casa escribiendo en su diario: Querido Diario: Hoy (5 de agosto de 2010) la pasé re bien porque fui a patinar con mis amigas y después fuimos a una heladería y tomamos helados. Mientras tomaba mi helado sentí algo raro… y rápido me fui con la excusa de que tenía que ir a cuidar a Luna, mi hermanita menor. Ni bien volví fui a mi habitación, respiré hondo y por al menos un segundo sentí que volaba y en ese momento nada podía impedir que me sintiera así. Pero me equivoqué. Una nota sobre mi escritorio. La leí y no pude entender de quién o qué se trataba: En mayúsculas estaba escrito “HELP, Camilo es tu guía a lo que quieres”. PARTE 3: SOBRE EL ESCRITORIO Camilo fue a su cuarto y encontró una nota en su mesa de luz. Decía: “VELISIKIDERGAB, Emma guiará tu camino”. -No sé de quién o de qué se trata, pero lo voy a averiguar… -pensó Camilo. Después de unas horas fue a la plaza. Llevó la nota por las dudas. La nota era de color amarillo claro como la yema de un huevo y estaba partida como si hubiera una segunda parte…

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PARTE 4: ESTA HISTORIA RECIÉN COMIENZA Emma también fue a la plaza esa tarde para juntarse con sus mejores amigas: Guada y Kiki. Pero mientras caminaban, Emma se chocó con un chico y se le cayó la nota. Camilo estaba tranquilo caminando cuando una chica se le cruza en el camino y se le cae la nota. La agarró, pero… ya no era la nota de antes, en cambio esta decía: “HELP” y… ” ¿¡Camilo es tu guía a lo que quieres”!? - ¿Seré yo? –pensó Camilo-. No creo, seguro es otro. Emma levantó la nota. -¿Qué es, Emma? -No es nada. Magia fue, porque su papel ya no decía lo mismo: “VELISIKIDERGAB. Emma guiará tu camino”. -¿Creo que esto es tuyo? - dijo Emma y señaló la carta. -Sí, y esto tuyo –respondió Camilo señalando la otra carta. Camilo se estaba yendo cuando escucha que alguien grita: -¡Pará! Camilo se da vuelta y le hace a la chica que gritó una seña de “¿me hablás a mí?”. -Sí, a vos. - Camilo se acerca y Emma le dice: -Esperá, ¿tu carta está partida? -Sí, ¿por qué? -Dámela un segundo, por favor. Camilo se la da. Y después observa lo que estaba haciendo ella: Emma unió las dos cartas y… encajaron. PARTE 5: CUANDO LAS DOS PIEZAS SON UNIDAS Cuando esas dos piezas fueron unidas los chicos aparecieron como por arte de magia en el medio de la nada. Estaban tratando de entender qué había pasado, cuando de repente se escuchó un ruido: ¡¡¡Bum!!! Algo se había caído. Se dieron vuelta lo más rápido que pudieron y vieron que ahí en el medio de la nada había caído una caja con una nota que decía lo siguiente: Queridos Emma y Camilo. -Camilo y Emma se miraron el uno al otro asombrados y extrañados- Los estaba esperando. Sé que no saben quién

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soy yo, pero aunque no me crean yo sé todo sobre ustedes: hobbies, debilidades, noviazgos, secretos, etc. Yo soy el guardián MaximusFuturicus, el narrador, y los conozco desde que nacieron. Sé su futuro; soy una especie de oráculo, por así llamarlo. Les dejo esta pista que es: “Rodalev. No lo piensen, no lo escuchen solo díganlo al revés. (es un cantito, pero las cartas no se escuchan) (esto léanlo con un cantito)”. Y leyó Camilo en voz alta: “Cuando encuentren el velador ♫♫♪, relean su anotador, ♫♪ porque otra nota les escribí. Chau y suerte”. Así terminaba la carta. -Estamos en el medio de la nada. ¿Cómo vamos a encontrar un velador? -protestó Emma. Luego se escuchó la voz de un viejito que decía: “Veladores, veladores, chiquitos, medianos y grandes”. Los dos se miraron y luego miraron al señor que les guiñó un ojo como si supiera lo que buscaban y todo lo que estaba pasando y luego entró a la tienda. -¿Y? -dijo Emma- ¿venís? Luego Camilo asintió con la cabeza PARTE 6: UNA HOJA EN BLANCO Emma y Camilo entraron a la tienda. Era como cualquiera con algunas telarañas. A pesar de lo viejo que parecía, los veladores estaban en muy buen estado. Buscaron un anotador porque como decía la carta había una nota más. Después de buscar un largo rato Emma le puso a Camilo una cara como para que se acerque. Fue tan rápido como pudo. Emma había encontrado un Papel en blanco con rasguños al igual que el velador. Estaba doblado y lo abrieron para ver si era la segunda carta. Pero no. Estaba completamente en BLANCO. - ¿Para qué es esta hoja? ¿para escribir? ¿para dibujar algo? –preguntó Camilo. -No, pero no tenemos nada para escribir, no puede ser eso… -¿Hoja en blanco? -Cre…creo que lo tengo!: si el mensaje no está EN la hoja… el mensaje ES la hoja, ¿entendés? -Claro porque, decime, ¿qué decía tu hoja, la primera palabra? -Decía “help”. -claro y la mía: “velisikidergab”. Pensalo un segundo: la primera letra de la palabra hoja es la misma que la de help. Y la primera letra de la palabra blanco… ¿qué letra es? -B

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- ¿Y con qué letra termina “velisikidergab”? -B, pero… es solo una coincidencia y nada más… no te hagas fantasías. - Bueno... pero suponete que fuera cierto lo que digo, entonces ya tendríamos la segunda pista: la carta de Maximus y esta… -Chicos, si van a comprar algo háganlo ahora por que en 5 minutos cierro, y me voy de vacaciones. -Señor...-preguntó Camilo- ¿conoce usted otro lugar que venda veladores? -Sí –afirmó-. Siguen de largo tres cuadras y doblan a la derecha. El lugar se llama “la 3° pista”. -Muchísimas gracias. Camilo y Emma se fueron rumbo a la tercera pista. Cuando llegaron vieron un cartel que decía: Toque y pase. Como decía el cartel los chicos tocaron y pasaron. El lugar era lindo, pareciera tener unos cuantos años por lo sucio que estaba. La tienda estaba desierta como si la hubieran cerrado, Camilo y Emma estaban perdidos, ese lugar era como un laberinto todo muy silencioso. Después de un rato encuentran un cartel que decía “Deja de soñar y encuentra la verdad”. -Dale, Emma, andá... -Pero no… no entiendo nada -Emma, no importa lo que pase; vos sabés que cualquiera que aprende a volar, puede resistir. -¿Pe... pe…pero porqué me decís eso? -Solo cerrá los ojos. -Emma cierra sus ojos y… ¡¿Se despierta?! PARTE 7: ¿UN SUEÑO? “Deja de soñar y encuentra la verdad”. Esa frase le invadía la cabeza… “Creo que fue un sueño y nada más…”. Emma giró la cabeza apuntando a su escritorio. Seguía ahí. La nota no se había movido. Emma se vistió, se puso sus zapatos y partió hacia la tercera pista. Cuando llegó vio que la puerta estaba cerrada y era muy dura. “¿Y ahora qué hago?”, pensó. Y no pasó más de un segundo, cuando recordó lo que le había dicho Camilo: “Cualquiera que aprende a volar puede resistir”. “¿Y eso qué significaba?”, pensó Emma; miró al cielo, miró a su alrededor y al pasar unos segundos se dio cuenta: “¡Mi hebilla puede servir para abrir la puerta, como en las películas!”. Emma se sacó la hebilla y abrió la puerta, estaba por entrar, pero de repente escucha una voz…

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-Emma, Emma… Emma, Emma… Era la maestra de Emma, Julia Ramírez… y de repente Emma estaba en su clase. Al volver del colegio Emma revisa su computadora y le había llegado un mensaje: De:CamiloSnower@mimail.com.ar Para: EmmaRuisner@soylamejor.con. Asunto: NO FUE UN SUEÑO Seudónimo: La autora misteriosa

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Categoría 7 a 9 años Individual

MENCIÓN ESPECIAL

(adaptación libre de un texto anónimo)

El pingüino

Kiara Zoé Colombo

(9 años) Escuela Nº 13 “Scalabrini Ortiz” D. E. 9 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 41


El pingüino Había un señor. Un señor que estaba en el trabajo. Todos lo miraban muy raro, y el jefe le preguntó -¿Por qué te miran raro? - Todos me miran raro porque nunca vi un pingüino -¡Nunca viste un pingüino! ¡Despedido! - (en la casa) -Mi amor (le dice a la esposa) me despidieron del trabajo solo porque nunca vi un pingüino -¡Nunca viste un pingüino! Quiero el divorcio - (en el patio su hijo le pregunta) Papá, ¿por qué estás triste? -Me despidieron del trabajo y mi esposa quiere el divorcio solo porque nunca vi un pingüino -¡nunca viste un pingüino! Ya no te quiero - (en la calle un policía le pregunta) -¿Por qué estás tan triste? -¡Me despidieron del trabajo, mi esposa quiere el divorcio, mi hijo ya no me quiere solo porque nunca vi un pingüino! - ¿nunca viste un pingüino? ¡A la cárcel! - (en la cárcel el juez le pregunta) -¿Por qué estás tan triste? -¡Me despidieron del trabajo, mi esposa quiere el divorcio, mi hijo ya no me quiere y me mandaron a la cárcel solo porque nunca vi un pingüino! -¿Nunca viste un pingüino? ¡A la horca! - (en el cielo un ángel le pregunta) -¿Por qué estás tan triste? -Me despidieron del trabajo, mi esposa quiere el divorcio, mi hijo ya no me quiere, me mandaron a la cárcel, y me enviaron acá solo porque nunca vi un pingüino -¡nunca viste un pingüino! Al infierno -(en el infierno un diablo le pregunta) -¿Por qué estás tan triste? -¡Me despidieron del trabajo, mi esposa quiere el divorcio, mi hijo ya no me quiere, me enviaron a la cárcel, estuve en el cielo y ahora estoy acá solo porque nunca vi un pingüino! -¿Nunca viste un pingüino? Al mundo del blanco y negro - (en el mundo del blanco y negro un pingüino le pregunta - ¿Por qué estás tan triste? -Me despidieron del trabajo, mi esposa quiere el divorcio, mi hijo ya no me quiere, me enviaron a la cárcel, estuve en el cielo, pase por el infierno y ahora estoy acá solo porque nunca vi un pingüino - ¿Nunca viste un pingüino?... Yo tampoco. Seudónimo: Papa Gorda #1

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Categoría 7 a 9 años Individual

MENCIÓN

La maravillosa aventura de Ciro

Regina Lerda Correa

(9 años) Sacanta Córdoba 43


La maravillosa aventura de Ciro Érase una vez un niño llamado Ciro. Él siempre le preguntaba a su mamá ¿quién apaga las estrellas? Ella le decía que eran unos pequeños duendes mágicos que cuando salía el sol guardaban las estrellas en mochilas infinitas. Y al llegar la noche las ponían nuevamente a cada una en su lugar. Ciro quería ver a esos duendes mágicos, por eso se le ocurrió construir un cohete para viajar a otro planeta y observar como trabajaban los duendes. Estuvo meses construyendo su cohete. Después de muchos días de trabajo Ciro terminó su nave y para verificar que todo funcionaba correctamente, salió a dar un paseo y voló hasta el planeta Saturno. Estaba muy contento porque todo había salido muy bien. Cuando regresó a la tierra les contó su idea a sus padres. Después de unos días partió hacia el planeta Júpiter, él siempre había deseado viajar al planeta más grande del sistema solar. Llegó y se quedó toda la noche mirando al cielo, esperando que amaneciera. Y cuando ya asomaban unos pocos rayos de sol Ciro vio que aparecieron millones de duendecitos de cabellera larga, muy larga, brillante y colorida. Los duendes vieron como Ciro los observaba maravillado y se acercaron a él. Hablaron un largo rato, los duendes le contaron a Ciro como era recoger las estrellas cada día antes de que saliera el sol y lo invitaron a conocer su planeta. Era un mundo donde existían todo tipo de criaturas mágicas y cada una de ellas tenía una tarea importante. Las cebras voladoras se encargaban de pintar los arcoíris en el cielo. Los peces con pelo tenían botellas gigantes para juntar agua de mar y llevárselas a las nubes, para que ellas decidan cuando tiene que llover en cada lugar. Después de unos días Ciro se despidió de los duendes y con su cohete viajó por todo el universo. Recorrió galaxias y conoció seres extraños pero a la vez maravillosos. En una visita a una galaxia muy cercana a la nuestra se puso a pensar: ¿cuánto los debían extrañar sus papás? Y decidió volver a la tierra. Llegó y fue rápidamente a su casa. Cuando sus padres lo vieron fueron corriendo a abrazarlo, su hijo regresó después de mucho tiempo. Ciro descubrió que durante todo ese tiempo había estado volando con su imaginación, porque todas las aventuras que vivió fueron solamente un sueño. Pero por las noches Ciro aún seguía imaginándose a los duendes de hermosa cabellera. Guardando las estrellas en mochilas infinitas. Fin Seudónimo: Puki

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Categoría 7 a 9 años Individual

MENCIÓN

Un gran sueño

Alejo Miguel Cargnelutti (9 años) Taller Literario Barriletes en Vuelo Universidad Popular de Colonia Caroya Córdoba 45


Un gran sueño Había una vez un señor llamado Pedro Hernán Cortez de Punilla. A él le encantaban los libros y los animales pero mucho más los libros de animales. Él tenía un sueño: enseñarle a leer a los animales. Nadie creía que podría lograrlo pero Pedro pensaba: “Nunca hay que perder la fe”. Entonces se decidió a intentarlo, comenzó con un perro callejero llamado Lorenzo que vivía en la iglesia del frente, lo convenció con un hueso de pata de vaca. Cuando el perro entró a la casa lo sentó en una silla con un libro al frente. No se dio cuenta de que el libro era el del “Gato con Botas” y Lorenzo lo mordisqueó de punta a punta. Luego probó con un libro de dálmatas. A cambio de cada letra que el perro aprendía Pedro Hernán le daba agua y comida. Y ¿quién lo diría? Lorenzo aprendió a leer. ¡Guau! El siguiente experimento lo hizo con un gato y tuvo la buena o mala suerte de que justo fuera el gato de una bruja que ya estaba entrenado en la lectura de hechizos. En 15 minutos se leyó dos libros de 500 páginas. Pedro Hernán Cortez sentía que podía enseñarle a leer hasta a un dinosaurio si se lo proponía y continuó con diversos animales, gallinas, patos, ratones… Pedro Hernán Cortez de Punilla comenzó a tener fama en el barrio, la gente decía que podía enseñarle a leer hasta a las cucarachas. Una tarde una señora tocó su puerta y le pidió un favor. Le rogó que le enseñara a leer a su hijo Francisquito de seis años. Pedro aceptó y lo recibió en su casa durante 64 tardes. Francisquito no aprendió a leer ni “mamá”. Sólo había logrado identificar algunas letras. Pedro Hernán Cortez de Punilla pensó que había cumplido su sueño de hacer leer a los animales pero que enseñarle a un niño era demasiado difícil. Seudónimo: :Boctaller

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Categoría 7 a 9 años Individual

MENCIÓN

Salir a volar

Alma Monzani (9 años) Escuela Fishbach Cooperativa (gestión privada) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 47


Salir a volar Sábado Hoy es sábado. Llueve. Los cartones están mojados y es más difícil juntarlos. Mi mamá también está lloviendo. De sus ojos cae agua. Dice que todo está muy difícil. A mí también me dan ganas de llover, pero sigo trabajando. La luna subió y estamos en casa. Mamá duerme. Yo no puedo. Hay una gotera en el techo. Por un pequeño agujero mi casa también llueve. Así decido salir a volar. Un pequeño pájaro sale de mí. Ahí estoy volando sobre la ciudad. Voy hacia un lugar hermoso. Un lugar donde encuentro esperanza. Me siento tranquila. Amanece y del cielo sigue cayendo agua. Veo claramente un arco en el cielo. No todos los días puedo verlo. Hermoso. Veo un arco iris. Regreso. El pequeño agujero del techo me regresa a casa. Antes me permitió la libertad, ahora me encierra nuevamente en mi vida. Lunes Me gusta ir a la escuela. Parecido al arco iris. Mi maestra me cuida, pero ni ella ni mis amigas saben que por las tardes trabajo con mi mamá. Estoy con mamá y entre la basura encontré algo. Me encanta. Encontré un espejo. Solo en la escuela hay espejos. Ahora yo tengo uno. Llegué a mi casa. Miro el espejo. Tengo sucia la cara. Mamá me la limpia. Mamá dice que ella es como mi espejo, pero siempre me dice que estoy linda. Ahora prefiero mi espejo. Jueves No tengo tiempo para escribir. Tenemos mucho trabajo. Cuando pienso que terminamos siempre hay más. La ciudad es de cartón. Cuando llego a mi casa el pájaro siempre está dormido. Hace mucho que no vuela. Hoy vi a unas chicas de un colegio privado. Me pregunto si hubiera nacido como ellas… ¿Sería igual? ¿Me gustaría mi espejo? ¿Y el pájaro?... ¿Y papá? ¿Para qué tantas preguntas? Ya sé que a papá se lo llevaron. No va a volver.

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Además soy así, nací así. El espejo me lo recuerda. Me muestra quién soy en realidad. Una chica sin papá, con la cara sucia, con un pájaro que no vuela. Una chica que vuelve tarde a su casa y que ahora no puede dormir. Domingo Mamá se fue a juntar cartones y me dejó en casa. Dice que no hace falta que vaya. Estoy tranquila. Me acuesto en el colchón y por el agujero que antes entraba lluvia, ahora pasa un pequeño rayo de luz. Mi pájaro se despierta. Aletea. Quiere salir a volar. Ahora en vez de un arco iris brilla el sol. Se refleja en el agua y en los ojos de mi pájaro se refleja el reflejo del sol. Mi pájaro vuelve. El rayito ilumina mis ojos. Martes Mi maestra encontró mi diario y me dejó esta nota: Hola querida: Te escribo porque encontré en tu banco este diario. Tengo algunas cosas que decirte. La verdad es que escribís muy bien. Seguramente tu papá siempre te recuerda con amor. En el espejo no veo tu cara sucia, veo una niña valiente. No te preocupes si tu pájaro duerme, siempre volverá a despertarse y a zigzaguear por tus palabras. Mientras leía tu diario, ocurrió algo mágico. En un momento el diario empezó a temblar. Poco a poco lo que era un pequeño temblor se transformó en un suave aleteo. Traté de seguir leyendo tranquilamente, pero el movimiento se hacía cada vez más brusco. Solté el diario y para mi deleite en vez de caer comenzó a volar como el pájaro de tu diario. Ya ves, tus palabras aprendieron a volar. Epílogo Me acuerdo de esa maestra. Flora se llamaba. Encontré este diario entre los cuadernos de mi infancia. Ahora tengo 28 años y soy escritora. Leer este diario me hizo muy feliz. Aunque algunas cosas aún me siguen doliendo. A mi padre lo metieron preso cuando yo tenía 8 años. Exactamente 3 meses antes de empezar a escribir el diario. Nunca volvió. Recuerdo que cada noche mamá se tiraba en el colchón a llorar.

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Pero pasando a las cosas buenas me gustó leer que de pequeña reflexionaba tanto. Hoy en día me sigo preguntando qué habría ocurrido si hubiera nacido en una familia diferente. Si no hubiera escrito el diario, tal vez no sería escritora. Ya que eso me impulsó a seguir creando. Terminando de leer el diario me di cuenta de que no tenía final. Así escribí esta poesía: Flota. Sobre nuestras cabezas flota. sin importar si tenemos techo, sin importar dónde estemos flota. Las nubes flotan. Los pájaros flotan. El agua flota La lluvia flota. Fin Seudónimo: Clarinete

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Categoría 7 a 9 años Individual

MENCIÓN

Las hormigas pueden volar

Fabricio Sfacciotti (9 años) Escuela Nº 226 “Ruca Puñeñ” (gestión pública) Lamarque Río Negro 51


Las hormigas pueden volar Había una vez un hormigo que se llamaba Juan. Estaba buscando comida para su reina. Encontró una hoja pero no se dio cuenta que estaba cerca de un acantilado. Se subió arriba y el viento lo empujó. Voló. Hizo un recorrido. Pasó por una cascada. Luego por un volcán. Y después por dinosaurios. Le gustó tanto que llegó al hormiguero y se lo contó a todos los animales e iban pasando la voz. Al día siguiente todos los animales estaban esperando una brisa para volar. Aunque no tengan alas, las hormigas pueden volar. Seudónimo: Juan

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Categoría 7 a 9 años Grupal

PRIMER PREMIO

Amores nocturnos Ilustró: María Wernicke

Agustina Moyano Yanella Rojas Kiara Moyano Uma González (8 y 9 años) Taller Literario del Centro de Apoyo Escolar Sierras y Parques Jesús María Córdoba 53


Amores nocturnos Arrastrando sus penas por las vías del tren, se paseaba Ciclón Fredy, el fantasma de la ruta. Era un fantasma bueno pero tímido, le costaba entrar en conversación con otros de su especie y por eso estaba siempre solo. Una noche ventosa andaba recorriendo las calles más alejadas del barrio porque le gustaba ver desde lejos las lucecitas de las casas como si fueran bichitos de luz. El viento comenzó a golpear los postigos rotos de la ventana de una casa abandonada, Ciclón Fredy miró hacia allí y notó algo raro. Por hueco de lo que quedaba de ventana salía como volando un ondulante cabello rojizo. Ciclón no pudo dominar la curiosidad y con pasos de fantasma se acercó a espiar. Él no se acordaba si todavía tenía corazón pero sintió algo en el pecho en el mismísimo instante en que vio a una hermosa fantasma que cepillaba su cabello frente a un espejo. Nunca en su eterna vida había visto a un espectro así, tenía largas pestañas, ojos celestes y una boquita que parecía una manzana acaramelada. Enseguida quiso hacerse amigo, o más bien novio. Después recordó que él no era muy bueno para iniciar una conversación y pensó que para conquistarla lo mejor sería sorprenderla con una cena a luz de la luna. Preparó una sopa de sangre, postre de ojos con crema y helado de cebolla con salsa de tomate podrido ¡Una verdadera delicia! Le pidió a la lechuza mensajera que vivía en el cementerio que le llevara la tarjeta de invitación y se quedó esperando doblemente muerto de nervios. Cuando recibió la tarjeta Zómbiga no lo podía creer ¡tenía un admirador! Podría decir que moría de ganas de conocerlo, pero como ya estaba muerta no sabía cómo expresarlo, sería como que se re moría de ganas de conocerlo. Se puso un vestido blanco con florcitas y fue a la dirección que le indicaba la tarjeta. Ciclón Fredy la esperaba con un ramo de flores en la mano, se había vestido con un saco negro con lunares rojos y se había perfumado con aroma de tumba.

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A Zómbiga se le llenaron los ojos de corazones al verlo. Una orquesta de zombis interpretaron las canciones mortuorias más románticas y ellos bailaron hasta que salió el sol. Desde entonces, cada noche se encuentran en la tumba número 20 del cementerio abandonado. Seudónimo: Saltacolores

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Categoría 7 a 9 años Grupal

SEGUNDO PREMIO

Los cuentos de Mapola Ilustraron: Matías Trillo Mauricio Micheloud

Antonella Abigail Menéndez Brenda Milena Huang Tatiana Martínez Romero Maico Uriel Ojando Luciano Ezequiel Cisneros Martínez (8 y 9 años) Escuela Nº 11 “José Ignacio Gorriti” D. E. 7 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Los cuentos de Mapola La clase de matemática estaba muy aburrida. Yo no tenía ganas de pensar tanto. Me distraje mirando una paloma que se paró en la ventana. Ella nos miraba y, aunque parezca imposible, estoy seguro de que me guiñó el ojo. Le dije a Juan Cruz que la mire y la paloma lo saludó con un ala. Nico también la vio. Anto se acercó y la paloma le dijo al oído: -Me llamo Mapola y voy de escuela en escuela contando cuentos. -¿En serio? Preguntó Luca. - ¿Qué pasa? -Preguntó la seño- Están resolviendo los problemas? Más tarde, en el recreo quisimos quedarnos en el aula para escuchar a Mapola, la paloma cuentista. Antes de comenzar nos contó que había aprendido a narrar historias para volar más alto con la imaginación y así ayudar a otros. -Aquel que aprende a volar puede resistir - nos dijo. Primer cuento de Mapola: -¿Saben quién es la Pacha Mama? - preguntó la maestra. Los alumnos se quedaron pensando. Y tocó el timbre. Entonces, les pidió que investigaran en sus casas. Algunos compañeros no pudieron hacerlo, pero Isabella, a pesar de que no tenía computadora ni libros, lo hizo. Fue a la casa de su vecina que le explicó muchas cosas. Fueron a su jardín y juntas hicieron un pozo en la tierra donde pusieron comida. Al otro día, Isabella fue a la casa de su vecina para agradecerle. La comida que habían dejado ya no estaba, se la había llevado la Pacha Mama, que es la madre de la tierra. En la escuela, Isabella contó todo lo que había investigado y su experiencia en la casa de la vecina. -¡Muy bien! -le dijo la maestra-. Así vas a poder volar alto, porque cuando hay un problema buscás la forma de resolverlo.

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Segundo cuento de Mapola: Un águila encontró en el camino a un murciélago bebé. Estaba solo y no sabía volar. El águila se acercó y le enseñó a volar. El murciélago ahora sabía volar pero no sabía buscar la comida. Un tucán lo vio con hambre y le dio frutas. Desde ese día, el murciélago comió frutas y no insectos como los demás murciélagos. Un colibrí lo encontró entre las flores. El murciélago estaba perdido y muy solo. El colibrí le mostró el camino y se hicieron amigos. Un año más tarde, el murciélago vio a un azulejo bebé en el campo. Le enseñó a volar, a comer frutas, a buscar su camino y se hizo su amigo. Todo lo que a él le habían enseñado. Tercer cuento de Mapola: Erik, el pingüino, solía mirar a las gaviotas, a los flamencos, a los aguiluchos, a los pechos colorados a las calandrias y a otras aves. -Mamá, mamá, quiero aprender a volar! -Algún día te voy a decir cómo hacer para volar - le dijo la mamá. Después de siete días, llegó el cumple de Erik. Antes de apagar las velitas deseó que su mamá le dijera cómo hacer para volar. Antes de irse a dormir, su mamá le dio un beso. -Cerrá los ojos e imaginá que volás - le dijo. En su imaginación Erik voló muy alto sobre el mar. Llegó a las montañas y recorrió ciudades. Como no era tan experimentado, se chocó con algunos pájaros, pero no se lastimaron, se rieron juntos y se hicieron amigos. -¡Qué lindo! - le dijo Erik a su mamá y le dio un beso. Mapola terminó su tercer cuento justo cuando tocó el timbre para ir a la clase de plástica. Y prometió volver otro día. Megamentes

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Categoría 7 a 9 años Grupal

TERCER PREMIO

El tiburón con alas Ilustró: Sus autores

Elio Rey Pardillo León Saulo Luca Viglierccio Lucas Langer Miano Ulises Waisberg (7 años) Escuela Fishbach (gestión privada) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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El tiburón con alas En una playa muy lejana del mar Caribe nació un tiburón con alas. Cuando su mamá lo vio sintió pena, pero a pesar de estar triste, le dio comida, lo abrigó, lo mimó y le puso un nombre: Arturo. Arturo no vivía adentro del agua como los demás peces. Vivía en una isla con muchas palmeras. A veces, cuando intentaba volar, las palmeras le pinchaban las alas y le marcaban su cuerpo, dejándole feas cicatrices. Cuando era pequeño, para aprender a volar, Arturo saltaba con sus alas chiquititas. Una de las veces que Arturo salió saltando de palmera en palmera y de isla en isla se perdió y no pudo encontrar a su familia. Mientras la buscaba, pensaba en quién podría ayudarlo. De a poco, todos los peces del mar se enteraron de que había nacido este tiburón con alas y se fueron pasando entre ellos la información. El pez payaso, el pez linterna, el pez espada, el pez sierra, el pez roca, y todos los peces que vivían en ese mar, pasaban por donde estaba el tiburón con alas, para reírse de él. Saltaban del agua, lo miraban, se reían y se volvían a meter al mar. También se reían de él las personas que pasaban en los barcos, porque lo veían muy diferente a los demás peces. Para poder resistir, el tiburón con alas se tapaba las orejas para no escuchar a los peces. También aleteaba muy fuerte para intentar dejar todo atrás. Arturo quería entrar al agua para comerse a los peces que se burlaban de él, pero tenía miedo. Pensaba que si se mojaba las alas, ya no podría salir del agua. A veces, cuando se enojaba mucho, sus alas se le iban metiendo para adentro y a los peces que se reían de él, le iban creciendo pequeñas alitas. Arturo no sabía a quién pedir ayuda. Se le ocurrió llamar a Poseidón, el Rey del Mar, para que hablara con los peces, porque él no se animaba. El tiburón con alas sabía que estaba mal que se burlaran de él por ser diferente y quería ser aceptado como uno más. Esperaba que el rey encontrara la solución. Poseidón reunió a Arturo con los otros peces y les advirtió que no era momento para discusiones, porque corrían peligro, ya que había un pescador que estaba coleccionando peces extraños. Todos se asustaron y trataron de esconderse. Arturo pensó que el pescador vendría por él y se metió entre las palmeras de su isla.

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A los pocos días, un calamar vampiro y un pez espectro vinieron a pedirle ayuda al tiburón con alas, ya que todos los peces que se habían burlado de él estaban siendo atrapados por el cazador. Todos estaban muy arrepentidos y pensaban que como Arturo sabía volar, era el único que podía salvarlos. El tiburón con alas se reunió con el resto de los peces. Todos querían que les enseñase a volar para huir, pero él no sabía cómo hacerlo porque él siempre había sido así. Fue entonces cuando Arturo, preguntándose qué podían hacer, los miró detenidamente. En silencio. Uno a uno. Así se dio cuenta de que tenían que hacer algo juntos, porque cada uno de ellos tenía un poder especial, cada uno era distinto y podían sumar su fuerza. Armaron una trampa para el pescador: el pez linterna iluminó al pez payaso para que llamara la atención del pescador. Mientras, el pez roca camuflado a su lado preparaba sus pinchos por si tenía que ayudarlos. El pescador, cuando vio al pez payaso fue directo hacia él, atraído por su belleza. Pero no vio que el pez sierra había cortado el piso y cayó en la trampa. Fue entonces cuando el pez espectro y el calamar vampiro le dieron un gran susto. El pez espada gritó: “¡en guardia!”. Ante tanta sorpresa, el pescador no pudo evitar que Arturo se colara entre sus piernas y lo levantara volando, subido en su lomo. El tiburón con alas lo sacó así del mar, sobrevoló la isla y lo dejó caer sobre las palmeras que tanto pinchaban. Desde entonces todos los peces le piden ayuda a Arturo, cuando tienen un problema. Él les dice que todos tienen un poder y creatividad para ofrecer. Moraleja: Si cada uno quiere hacer todo por separado, sin contar con otros, difícilmente pueda solucionar las cosas más complicadas. Seudónimo: Los anti monstruos

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Categoría 7 a 9 años Grupal

MENCIÓN

El deseo

Joaquín Leandro Duarte Martínez Sofía Guadalupe Salvatierra Serena Rojas

(9 y 10 años) EPB Nº 85 Isidro Casanova Provincia de Buenos Aires

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El deseo Nos ubicamos en el barrio de Dorrego. En este lugar vivía una familia muy particular conformada por Emilia y Carlos sus padres y sus dos hijos, Ignacio de doce años y Ulises de nueve años. Ulises era un niño sumamente imaginativo, inocente, quien tenía el sueño de poder volar. El lograrlo le daría la posibilidad de llegarse hasta las alta cumbres, valles y mesetas. También conocer monumentales ciudades ocultas, donde dejaron sus huellas culturas jamás vistas. Él estaba deseoso de tomar de los distintos lugares algo en particular que le sirviera para recrear historias, y revelar sus misterios, en tanto le gustaba escribir. Un día sucedió algo en particular, Ulises se llegó hasta una bicicletería próxima a su casa donde le habrían de reparar su bicicleta, esta que años atrás había pertenecido a su hermano mayor, Ignacio. Como Pablo, el dueño del comercio, conocía a Ulises a fin de que éste no se quedara sin nada durante el tiempo que demandaría su arreglo, le prestó una vieja bicicleta. Esta, la bicicleta había permanecido guardada, olvidada en un galpón por muchísimo tiempo. Parece ser que en este lugar se había originado un incendio y que solo ella pudo ser rescatada del siniestro. Para sorpresa de los bomberos, la bicicleta no había sido carcomida por el fuego, siendo todo un misterio que nunca se pudo develar. Ulises se fue del lugar con la promesa de devolverla el lunes siguiente, le agradeció a Pablo y ahora él estaba dispuesto a emprende un viaje con ella. Pero previamente le acomodó sus cadenas que se encontraban desajustadas, verificó su freno, arrancó bruscamente promovido por mucho entusiasmo en tanto el día se presentaba soleado. Era un sábado promediando la tarde, pensó que seguramente habría de tener toda una hora para el disfrute, tiempo después en que debería retornar nuevamente a su hogar. Para Ulises el volar era la chispa o esencia necesaria para dar rienda suelta al goce o disfrute de aquel momento o circunstancia que le brindaba la vida. Se llegó hasta la bici senda y como todo el tramo era recto tomo velocidad parecía como si su cuerpo fuese más liviano, la brisa del viento golpeaba su pelo suavemente. Deseoso del disfrute cerró por un segundo

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sus ojos, todo se presentaba placentero elevando suavemente sus brazos que danzaban como pequeñas alas de palomas. A lo lejos divisó el Sol perderse en el horizonte, con un destello de luz muy particular, creyó alcanzar las altas cumbres de los altos edificios, vio bailotear al compás un barrilete que parecía saludarlo al pasar. Tras lo alto pasó por el jardín Japonés que presentaba su glorieta florida de rosas rococó rosadas, quienes emanaban un perfume particular, movilizando el instinto natural de poder arrancar alguna de ellas. La gente alborotada se aglomeró y lo miraba sorprendida llevando su palma de la mano para alcanzar a mirar aquel niño que volaba haciendo montañas con un suave y delicado andar. Y después tras una sirena de una ambulancia aterrizó frenando bruscamente, llevándolo nuevamente a la realidad, no obstante Ulises se sentía muy feliz. Pensó que todo se trató de un sueño, que fue su gran anhelo o deseo que le hizo recrear ese feliz e inigualable momento y que ya era hora de regresar. Cuando se llegó a su casa no le dijo nada a sus padres, pues supuestamente todo volvió a la normalidad y en su bolsillo permanecían las pequeñas rositas rococó. Se llegó hasta la cocina y en un vaso con agua las colocó, llevándolas por último hasta su dormitorio y ubicándolas en su mesa de luz al lado del cuadro de sus padres. Para su sorpresa al otro día las mismas habían desaparecido ¿Quizás una brisa del viento se las llevó? Fue un misterio que no pudo develar. El lunes por la mañana antes de ir a la escuela Ulises decidió llegarse hasta la bicicletería llevando consigo la vieja bicicleta. Para él después de haber disfrutado esa gran aventura pasó a ser un gran tesoro, pero él era consciente de que ésta no le pertenecía y que debía devolvérsela a su dueño, retirando por último del comercio la suya. Pablo, el bicicletero, vio en Ulises sus ojos tristes y le dijo: Nunca lo olvides…”Cualquiera que aprende a volar puede resistir...”. A lo largo de tu existencia te has de enfrentar a un mundo de ilusiones, cosas por lograr pero siente, vive y disfruta por lo que la vida en cada tramo te da. Adelante. Despidiéndolo al pequeño con un beso y Ulises dibujó una hermosa sonrisa en sus labios, pues comprendió que los sueños, sueños son y a veces se hacen realidad. Fin Seudónimo: Ilusiones

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Categoría 7 a 9 años Grupal

MENCIÓN

El día que me encontré una araña

Ana Tendler Coscia Francesca Corno Castillo Francesca Sorrentino Juan Gaynor (7 y 8 años) Escuela Nº 19 “Galicia” D. E. 7 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 71


El día que me encontré una araña Era una noche oscura y tenebrosa, me encontré con una casa abandonada…parecía un castillo. De allí se oía un aú-aú-auuuuuuuuú… Había un viento suave y caía nieve. También había más de mil arañas gigantes con ocho ojos, rodeando la casa y también dentro de ella. Pero eso no era nada comparado con la araña gigante de mil metros, mil ojos y mil patas que vi ese día. Esta araña una vez había cavado en el cementerio de los dioses, que no eran dioses cualquiera, eran de los poderosos. Ella se había quedado con sus poderes. De Anclamar tenía el agua. De Fuegoteca, el fuego. Y de Venenus, el veneno. Ese día, la araña volvió a su casa tranquila. Pero cuando apenas tocó la puerta, la prendió fuego. Abrió la boca sorprendida y le salió agua, que por suerte apagó el fuego. Pero se quedó sin puerta. Entonces pensó. Si ya tenía los dos poderes (agua y fuego), también tenía veneno. Bueno, abrió la boca lo más grande que pudo para que salga el veneno y que se inunde la casa y las ventanas y no salió ni una gotita. De tanto esperar, más de media hora como todo ser vivo fue al baño a hacer pis ¡Y adivinen qué! ¡Salió veneno! Un veneno de color verde claro y muy oloroso. Bueno, no me quiero ir del tema… Esa noche la araña que les cuento me atrapó sin decir ni A. Lo único que hice para soportar mi encierro fue leer, leer y leer. Leer, leer y leer. Leer, leer y leer. Leer y no parar de leer. Pasaban los días hasta que una tarde, estaba leyendo un cuento suave, lindo, cariñoso y amistoso, cuando de repente me di cuenta de que la araña me escuchaba y empecé a leer más fuerte. La araña se fue acercando despacito. Yo, con un poco de miedo (el normal para el caso), pero tranquila, seguí leyendo. Cuando terminé, ella me liberó y me dijo: - Yo busqué los poderes de los dioses Anclamar, Fuegoteca y Venenus, porque me sentía sola y aburrida. Entonces vos llegaste y te atrapé para que seas mi mascota. Al final, vos

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con tus historias sos más libre que yo… La vi triste diciendo esas palabras, como si nunca hubiera tenido amigos… Entonces le dije: - Yo no nací así, aprendí a volar con la imaginación. Y cuando sabés volar con la imaginación podés hacer cualquier cosa, por ejemplo: ser la reina del mundo entero o ser la araña más famosa o ser la más poderosa de todos los tiempos… La araña me escuchaba atenta y cada vez se ponía más feliz. -Primer paso para aprender a volar con la imaginación - le dije - es aprender el abecedario: a, b, c… Segundo paso, aprender a leer. Tercer paso, inventar tus propias historias. Desde ese día la visito todas las veces que puedo y le enseño. Ah! Ella me hizo un mapa para ir a su casa, vivimos un poco lejos. Cada día damos un pasito más en la lectura. ¡Ya casi escribe sus cuentos! -Mami, me encantó la nueva historia de la araña aburrida! ¿Mañana me contás otra? Seudónimo: Los BUENOSDÍAS

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Categoría 7 a 9 años Grupal

MENCIÓN

El secreto de Oriana

Marcos Cohan Joaquín Ferramola Agustina García

(8 y 9 años) Escuela Nº 19 “Galicia” D. E. 7 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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El secreto de Oriana Todas las noches soñaba lo mismo: llegaba hasta el árbol, y por más que intentaba no podía agarrar una… Un día de diciembre, apenas salió el sol, los chicos salieron al campo a disfrutar del día. Ahí había muchos árboles frutales, pero había uno que era especial, distinto a los demás; con otros colores, que resaltaba del resto por su brillo y su tamaño. Era un frondoso peral. Tomás había llegado con una escalera y estaba tratando de agarrar algunas peras. Era una escalera alta, hecha de madera, que Tomás apoyó sobre el tronco del peral. Era un tronco grueso, marrón, con huecos misteriosos. Le resultaba muy difícil alcanzar los frutos, se tenía que estirar mucho para llegar y hacer equilibrio para no caerse: con una mano sostenía la canasta mientras se agarraba de la escalera, y con la otra trataba de alcanzar las peras. Facundo llegaba en ese preciso momento al mismo árbol, era el árbol más deseado del lugar y Facundo era fanático de las peras. De repente se escuchó un ruido atronador: ¡¡¡brummmmmmm!!! Tomás se asustó y se soltó de donde se estaba agarrando; y la pera que acababa de juntar, la más verde y perfumada de todas las peras, se cayó, justo en la cabeza circular, con mucho pelo de Facundo. Tomás dijo: -¡Perdón! - mientras trataba de recuperar el equilibrio. Facundo, que estaba mareado con pajaritos en la cabeza, cayó sentado al piso con un chichón del tamaño de la pera. Medio mareado dijo: - ¡Una pera más! E inmediatamente después, Tomás cayó sobre él y la pera salió volando. Rodó hasta la rueda de la bici de Oriana que acababa de llegar al lugar. El fruto deseado rebotó y salió catapultado a la punta del peral. -¡¡¡Uhhh!!! ¿Dónde está la pera? – se preguntó Tomás. Oriana frenó de golpe y les preguntó: - ¿Qué pasó? ¿Qué están haciendo? Tomás la miró y dijo: - ¡Fue tu bici la que me asustó! ¿Por qué tocaste la bocina? -Es que había un conejito en el camino y no lo quería pisar - respondió Oriana. E inmediatamente se puso colorada. Ella era muy tímida y le costaba hacer amigos. Oriana tenía un secreto, cuando pensaba cosas lindas podía volar. Y cuando volaba charlaba con los pájaros. Los pájaros eran sus amigos y cuando estaba con ellos no era tímida. En ese momento Facundo se despabiló y lo primero que dijo fue:

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- ¿Dónde está la pera? Lo miró a Tomás y, con el ceño fruncido, le dijo: ¡vos te comiste mi pera! -¡No! ¡No me la comí! ¡Y es mi pera! - gritó Tomás. -¡La pera es mía porque se cayó sobre mi cabeza! -¡Yo había agarrado la pera y se me cayó cuando ella tocó la bocina! Sin mí, no habrías conseguido la pera. -Ni mi chichón – susurró Facundo, frotándose la cabeza. -¡Paren chicos! Yo sé donde está la pera - dijo Oriana con voz muy bajita señalando la punta del árbol. Los dos miraron la pera y se quedaron pensando. -¿Y ahora? - preguntó Facundo -Ayyyyy…suspiró Tomás - Si pudiera volar. Los tres se quedaron en silencio un largo rato, pensando. -¡Ya sé! ¡Usemos la escalera! dijo Facundo. Pero la escalera no llegaba a la punta del árbol. -¡Usemos una soga para trepar! sugirió Tomás. Pero no tenían una soga. -¡Usemos piedras para incrustar en el tronco! dijo Facundo. Pero no querían lastimar al árbol. -¡Entremos por los huecos mágicos! dijo Tomás. Pero los huecos eran simplemente huecos. Oriana seguía callada. Facundo y Tomás se habían olvidado de ella por completo. De repente, mientras pensaban como recuperar la pera, se dieron vuelta y vieron solo la mochila de Oriana. Miraron para un lado, miraron para el otro y no la veían por ningún lado, hasta que una bandada de pájaros empezó a cantar. Los chicos miraron para arriba y, con mucho asombro, vieron que la rodeaban a Oriana, que estaba flotando en el aire. Los chicos no podían creer lo que veían. -¡¿Cómo hiciste eso?! preguntaron a la vez. -¡Fácil! Cerras los ojos, pensás algo lindo y…¡volás! -¡Quiero volar! ¡Como vos! dijo Facundo entusiasmado. -¡Yo también! gritó Tomás -¡Pensá algo lindo. ¡Dale! ¡Vos podes! Oriana alentó a Facundo desde el cielo. Facundo pensó que su pera estaba otra vez en su mano…pero nada… -No me sale, dijo Facundo enojado. Tomás empezó a correr a toda velocidad sin prestar atención a lo que estaba sucediendo…gritó…¡¡¡uiiii!!! Y salió volando. Empezó a planear hasta

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llegar a lo más alto del árbol… ahí vio la pera… la agarró… feliz… -¡Dale! ¡Vos podés! lo alentó Tomás… Entonces Facundo empezó a girar y girar y girar muy velozmente y… en un periquete estaba al lado de Oriana. Ahora Facundo podía soñar que llegaba a la pera… Desde ese momento los tres compartían un hermoso secreto… el secreto de volar. Se hicieron grandes amigos y volaron hasta el fin del mundo… ¿o hasta el principio? Seudónimo: Las estrellas titilantes

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Categoría 10 a 13 años Individual

PRIMER PREMIO

Animal entrometido Ilustró: Paula Adamo

Laureano Brunetto (10 años) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Animal entrometido Érase una vez en alguna parte de la selva misionera, una fiesta en la cual Mono había invitado a todos los animales que habitaban en ella. Los invitados fueron los siguientes: El Yacaré, Tapir, Carpincho, Oso hormiguero, Tatú carreta, Coatí, los tres hermanos Flamencos, las Serpientes, Tucán, Peces de todo tipo, varios Pájaros, León, Guacamayo roj… ¿Un minuto, León? Ese, creo que no estaba invitado, y gracias a eso relato esta historia, en la cual este León peleara por ser aceptado en la jungla, mostrando su poder enfrentándose al temido… ups, creo que hable de más, que comience la historia. Era ya de noche. En la jungla no había ni una sola luz, bueno, excepto la luz que provenía de la fiesta de Mono. El Yacaré llego con un traje de gala hecho de pieles de Coatíes. El Coatí al verlo salió corriendo como un rayo. El Tucán había pulido su pico tanto que los animales se segaban con apenas verlo. Los Peces llevaban esmoquin de escamas plateadas. Los Pájaros llevaban unos trajes pintorescos de muchos colores. Azules, blancos, rojos, amarillos y verdes. Y las Serpientes se habían pintado la cara con colores exóticos muy raros. El que llego sin invitación, ni traje, fue el León. El primero en notarlo fue el Tatú carreta. Luego fueron los Pájaros. Poco a poco todos los invitados se dieron cuenta de su presencia y lo miraron descortésmente. El último en mirarlo fue Mono, que lo miro asombrado sin sacar su cara de gozo por la fiesta que empezó. Mono le pregunto-Oiga amigo ¿se ha perdido?-el León dice-No-el Mono empieza a creer que le estaba tomando el pelo y su cara se cambió a una un poco más enojada. Y el León dice-Linda fiesta-Mono esperaba alguna explicación, no esa repuesta. Y Mono dice con enojo –Si es muy linda, y yo la hice para “¡mis!” amigos y…- no le dio ni tiempo a Mono terminar su frase y el León pregunta¿Puedo participar?-La respuesta que le llego al oído de Mono fue tan rara que no entendió ni media palabra, más bien, nadie la entendió. Mono retoma nuevamente-¿Cómo dices?-León responde ¿Si puedo participar?Mono se lanzó a reír, luego fue el Yacaré el que se rio. Después los Pájaros y luego todos los animales se empezaron a reír. Los animales más grandes producían unas carcajadas ruidosas, en cambio los más pequeños no se escuchaban mucho pero seguían siendo parte de aquel coro de risas.

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El Mono le dice al León-¡Claro que no!, ¿Crees que un animal de África puede participar en una fiesta de animales de jungla?-El León dice-¿Por qué no?-El Mono responde-¿Por qué?, ¡Porque no!-Una de las Serpientes grita-Eso Mono, ¡ponga autoridad!-Los demás animales hacían una especie de hinchada a Mono. Gritaban-¡Mono, Mono, pone la autoridad!-y así, repitiendo varias veces lo mismo, hasta que Mono exploto-¡Basta, me tiene harto usted!-señaló al León-¡Me tiene podrido, váyase, váyase ahora! León-P..p..pero solo quería partí...-Mono estaba hecho furia y le grita con todas sus fuerzas-Va-ya-se o voy a explotar-Todos los animales le gritaban al pobre León. Y no tuvo más opción que irse. Pero a unos metros de allí se encontraba el malvado Jaguar relamiéndose sus bigotes, preparado para atacar. El Mono estaba hecho furia. Poco a poco empezó a calmarse y dijoBueno, lamentó lo ocurrido, no volverá a pasar lo juro-Más vale-dijo una Serpiente enfadada. La fiesta continúo, pero no duro ni medio minuto porque de la jungla alguien los vigilaba y una voz provenía desde allí dijo -Umm gran…gran fiesta. El mono sin saber quién hablo dijo -Graci…Espera ¿Quién dijo eso? Un pobre animal, al cual nadie le aviso de tu fiesta -¿Eh… de quién hablas? si invite a todos-dijo Mono. De la jungla sale el Jaguar y dice -Pues parece que a mí no. El mono y todos los animales se asustan al verlo. El Mono dice -Ahhh… Jaguar, tal vez se te voló la invitación ooo el pobre cartero gallina se equivocó de dirección ooo simplemente te la comiste (la carta, la gallina no) por accidente claro. -No mientas, no soy tonto- dice el Jaguar. Por pura maldad menciona -Igual solo pase para picar algo de comida-. Al escuchar estas palabras los Peces de un momento a otro se sumergieron en el agua y desaparecieron. El Yacaré parecía más bien Gallina o Coatí. A los Pájaros se les cayeron varias plumas del susto y todos los otros animales también se asustaron. El jaguar se relamía los bigotes muy silenciosamente, mientras los animales pedían socorro viendo como el feroz Jaguar se acercaba lentamente hacia ellos.-Oh! ¿Quién nos ayudara ahora?-grito Mono. Y como si fuera salido de una película, de uno de los arbustos cerca de un Pino, sale el León dando un salto y aterriza en frente del Jaguar. El Jaguar da un gruñido ensordecedor que el León se lo devuelve. El Jaguar lo ataca pero el León lo esquiva, el Jaguar vuelve a atacar y esta

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vez logra hacerle daño. Mientras que el León peleaba contra el Jaguar, los demás animales observaban. Fue Mono el primero que le tiro una piedra al Jaguar, luego fueron los Pájaros que agarraban cortezas y ramitas para tirar. Entre cuatro Pájaros, que se veían medio agresivos, le tiran una rama que lo deja medio atontado. Luego el Tapir y el Oso hormiguero con una liana lo hacen tropezar dejando fuera de combate al Jaguar. El Jaguar se levanta y se esfuma entre los arbustos, todos los animales felices y riéndose del patético escape del Jaguar. Mono grita con todas sus fuerzas -Amigos, amigos… ¡amigos!- Un silencio se genera en la fiesta. -Muy bien-dice Mono-la verdad, es que el León nos ha salvado la vida, le tenemos que agradecer -Deberíamos invitarlo a nuestra fiesta, ¿no?entonces la voz del Coatí dice- la verdad es que si, deberíamos invitarlootro silencio se generó, y de pronto la fiesta estallo, todos los animales alzaron al León en sus brazos formando una cama, gritando un cantito que se parecía mucho a los del futbol decía -Dale Leoooon, dale Leoooon, dale Leoooon, oh, oh, oh, oh!!!. Toda la noche el León y los otros animales disfrutaron la fiesta. Pero se olvidaron de otro animal. La verdad es que soy un poco viejo pero estoy bastante bien para la edad de un sapo, ups!, se me escapó, pero qué más da, seguro que ya saben quién soy. Bueno este pequeño cuento, junta a varios amigos muy conocidos en una sola historia. Todos amigos míos y del hombre que nos unió en sus historias magnificas, graciosas, largas, cortas. Un hombre que su imaginación no tiene límite, Gustavo Roldán. Y como alguna vez yo dije “lo que más me gusta es volar” y dejar a la imaginación que también vuele. Gracias, De parte del autor: Mil gracias por todo, muchas personas me dirían ¿porqué le agradecés? Les respondería que por todo, me refiero a que vos me diste mi primer cuento de literatura argentina, de divertirme con tus animales grandiosos, con tus historias divertidísimas, como “Carnavales eran los de antes” o “Un barco muy pirata”. Personajes como el Sapo o la Hormiga roja, el Tapir, el Yacaré, hay tantos animales divertidos y astutos que los considero como amigos de viaje al leer tus cuentos. Y además gracias a vos recuerdo lo que en una de tus historias dijo el Sapo “lo que más me gusta es volar” y yo le agrego también que “si querés crear historias tenés que dejar volar un

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poquito tu imaginación”. Por eso y mucho más te doy las gracias… Muchas gracias pero de verdad. Lo que significa para mí la frase: “Cualquiera que aprende a volar, aprende a resistir”. La uso en mi historia porque El León trata de ser aceptado y no lo consigue, pero no abandona y sigue intentándolo, luego enfrenta el peligro, les salva la vida a los otros animales y al final logra ser aceptado. Seudónimo: LauBruy

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Categoría 10 a 13 años Individual

SEGUNDO PREMIO

Bienvenido Ilustró: Matías Trillo

Fermín Mardones

(11 años) Escuela Nº13 “Scalabrini Ortiz” D.E. 9 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Bienvenido Buenos aires, 198924 de septiembre 12:32 pm “Plata y FamaEdiciones”. Un señor con sombrero y una valija camina por la calle. A cada paso, siente que su corazón latemás fuerte… estámuy nervioso. Avanza hacia un edificio del color del mar y oro. Se detiene en el semáforo rojo y presiona el botón ¡clicclicclicclic! rojo, amarillo ¡verde! Sigue caminando. Llega a la puerta giratoria y avanza hacia la recepción. Allíle pregunta al recepcionista: —¿Dónde está el ascensor? —¡Paraallá!— y apunta con el dedo hacia una puerta gris con números rojos y titilantes. —Esteeee…..Gracias. —De nada—. Avanza muy nervioso sintiendo que va a explotar. Aprieta el botón.¡Shuuuuuuuuu! se escucha un ruido mientras baja el ascensor desde el piso 3 ¡PING! Y se vuelve a escuchar, cuando llega. Las puertas automáticas se abren y marca el piso 21. ¡Shuuuuuuuuu! se escucha otra vez mientras sube. ¡PING! se abren las puertas TAP ...TAP… TAP... avanza y le pregunta a la secretaria —Se pue…? —Eh? Sí—.Sigueavanzando y se dirigedirectamente hacia la oficina delseñor editor Bowdabawski. Golpea la puerta de la oficinatoc, toc y el editor pregunta —Quiénes?,pasepor favor. —Le puedo ayudar en algo? o se va a quedar sin hacer nada todo el día? —Ehhhhh...venía a publicar uncomic. — Y quién se creequees usted?— — El que venía a publicar la historieta—, dice el señor con sombrero. —¡Idiota! Me refiero a su nombre — Ah, me llamo Akira Yamamoto— respondió. —Volvamos al tema de la historieta señor Yamamoto. —¿¿¿Quemi historieta va a ser publicada??? —NO! 24 de septiembre de 1989 1:32 pm “PatitoEditoriales”.

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El señor Yamamototiene un plan B. Se dirige a un edificio de colores tan chillones, como gato al que le pisan la cola. El edificio tiene colgadas letras en color verdeflúo: “Patito Editoriales”. Yamamoto entra y pregunta: — Disculpe caballero, dónde está el ascensor?— —POR AHÍ, POR AHÍ, POR AHÍ, POR AHÍ— camina hasta unas puertas y presiona el botón. La puerta se abrey empuja al señor Yamamoto adentro, quien presiona el botón que dice “¡OFICINA DEL SEÑOR EDITOR”. La música quesuena de fondoeschillonísima. Se abren las puertas y ve a un tipo con traje fucsia. Este le grita fuerte: —¿QUÉ QUIEREEEEEEE?— El señor Yamamoto se pregunta si de verdad es el editor… —Vengo a publicar una historieta. —AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH ¡DÉMELA!—el señor Yamamoto le entrega al hombre de traje fucsia el material, quien lee dos viñetas y se lo tira en la cara — NO ME GUSTA. IGUAL HAGA ESTOS TRÁMITES Y VÁYASE—. El señor Yamamoto hace 236 hojas de papeleo y se vuelve a su casa con dolor de espalda. Se prepara zanahorias para uno, y se va a dormir. La Plata 1989, 25 de septiembre 13:39 Casa de “Pablo”. Es el cumpleaños de Pablo (el mejor amigo de Yamamoto) y hay una mesa larga con manteles y platos. Circulanfuentes de comida abundante. Todos comen y charlan hasta quePablo interrumpe,aclarándosela garganta y subido a una silla vocifera: — Este es AkiraYamamoto, un tipo muy talentoso pero quedesperdicia susdíasescribiendo historietas— se baja y sigue comiendo. Durante toda la tarde Yamamotoacechó con odio a su amigo. Buenos Aires 1989, 26 de septiembre 10:34 am “EditorialesPenpen” — NO— Buenos Aires, 27 de septiembre 11:58 am “Loco Editoriales” — Mmmmmm…. y bueno viendo cómo es la historia y los dibujos, la verdad que esteeeemmmmmm creo queeeeeeeeeee…… NO.

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Buenos Aires, 28 de septiembre 9:51 am “TodoesbienvenidoEdiciones” Yamamoto sube al ascensor. Abre la puerta y camina hacia una placa de plástico que dice “Don Pepe y los globoseditoriales”. Toc toc… le abre un tipo que se olvidó de afeitarse hace varios días: — Puedo ver al editor? — YO soy el editor. — Aaaaaaaaah. — Pase—, se sientan. — Qué quiere publicar?— — Quiero publicar una historieta. — Aver, muéstreme— desprolijo la lee y dice: —¡Estoesunagenialidad! ¡Bienvenido a nuestralista de autores! Seudónimo: Sr. Pingüino

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Categoría 10 a 13 años Individual

TERCER PREMIO

¿Quién pinta las alas de las mariposas? Ilustró: Margarita Espertino

Ana Julia Spagnolli

(12 años) Colegio María Auxiliadora Funes Santa Fe 93


¿Quién pinta las alas de las mariposas? Sabrina era una niña muy curiosa y divertida. A ella le encantaba jugar en un bosque que quedaba enfrente de su casa. Era un lugar muy solitario, colorido y lleno de árboles. Todas las tardes se divertía allí. Además, el bosque era muy atractivo ¡había tantas mariposas!, y a ella le maravillaba correrlas mientras volaban. Una tarde, como siempre, mientras jugaba en el bosque, observó una hermosa mariposa Diuma, cuyas alas eran largas y delgadas. Sabrina quedó tan admirada por su gran belleza y colorido que no pudo dejar de mirarla, la siguió y vio como se metía dentro de las ramas de un árbol. La nena quedó sorprendida, no entendía cómo la mariposa pudo haber entrado y no haber salido, era muy raro…Y justo en el momento en que iba a ver qué había entre esas ramas, la llamó su mamá porque ya era tarde. Desde la ventana de su habitación, Sabrina podía ver todo el bosque y descubrió que del mismo árbol en el que la mariposa se había metido, salía una claridad muy intensa. Ese árbol era el más lindo del bosque, el más grande, el más verde y el que a todos les llamaba la atención. La niña estaba tan entusiasmada por saber qué había dentro de esas ramas, ¿Habría un nido de mariposas? ¿Existiría eso?¿Y si se había quedado atrapada en alguna rama pinchuda? ¿Se habría hecho daño? Pero recordó que cualquiera que puede volar, puede resistir. Se tranquilizó y pudo dormirse. Al día siguiente fue corriendo al árbol, trató de ver entre las ramas y observó cómo unas nenitas de un tamaño muy pequeño con alas brillantes y extraños vestidos, le estaban pintando las alas a unas mariposas. “¡Qué maravilla, son hadas! ¿Será un sueño?”, se preguntó. De repente, sintió como caía sobre su cabeza una gota de algo espeso y dorado y ella misma se iba volviendo muy pequeñita, casi del tamaño de una hormiga. Entonces fue corriendo hacia donde estaban las hadas. Una de ellas le dio la bienvenida y le dijo: -Hola, ¿cómo estás? Bienvenida a “El Gran Taller de Alas”. Ella le contó que era una humana, entonces el hada decidió llevarla a hablar con Estrella, que era la encargada de ese taller mágico de ensueños.

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Después de conversar un rato con Sabrina, se dieron cuenta de que la niña tenía una conexión especial con las mariposas, por eso habían creído que también era un hada como ellas. Confiaron en que iba a guardar el secreto, así que decidieron invitarla a conocer el lugar. El hada Lila fue la encargada de llevar a Sabrina a recorrer el salón principal, donde se encargaban de pintar las alas de las mariposas. La pintura que utilizaban era de pétalos de flores, miel, cáscara de naranja y otras frutas. Los pinceles eran de seda y habían hecho los calderos donde echaban la pintura, con cáscaras de nuez. Luego de haber conocido cada espacio del taller y, como era muy tarde y Sabrina sabía que su mamá la llamaría para volver a su casa, la niña se despidió. Las hadas la perfumaron con pintura de mariposa y mágicamente apareció fuera del árbol. Su tamaño ya no era el de una hormiga, era idéntico al tamaño de Sabrina. Desde ese día, Sabrina todas las tardes regresa al bosque para pintar junto a las hadas las alas de las mariposas. Seudónimo: Rosaleta

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Categoría 10 a 13 años Individual

MENCIÓN

Feria de ciudad grande Pilar Valentina Ullua

(11 años) Taller Literario del Centro de Apoyo Escolar Costanera Jesús María Córdoba

Dilan no pierde su sonrisa Álvaro Nicolás Portillo (13 años) Liceo Militar General Manuel Belgrano Santa Fe

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Feria de ciudad grande Gimena fue a una feria muy grande en la ciudad de Córdoba. Era una feria llena de colores y puestos que se organizaba los fines de semana en una plaza del centro. Gimena vivía en un pueblo serrano llamado Cura Brochero y tuvo que viajar tres horas en colectivo para poder llegar. A ella le gustaba el recorrido porque la ruta pasaba por la punta de las montañas y desde allí se podía ver el valle dividido en cuadraditos de verdes distintos, también se veía el lago como un espejo caído en el suelo y desde algunas piedras brotaban cascaditas de agua. Gimena se sentía como un águila feliz. Cuando llegó a la ciudad se bajó en medio de semáforos, calles, frenadas y bocinazos… todo muy distinto al campo. Su mamá había querido ir por recomendación de Carmen, su vecina, que le había dicho que en esa feria se conseguían buenos precios, había zapatillas, remeras, valijas y todo mucho más barato que en el pueblo, algunas cosas eran usadas pero estaban en muy buenas condiciones. A Gimena se le encendió la sonrisa cuando vio que también había golosinas raras y productos típicos traídos por la gente de Bolivia. Le parecía que no le alcanzaban dos ojos para ver tanto, ni dos oídos para registrar tantas tonadas diferentes. Cuando el sol empezó a calentar, la plaza se llenó de gente, ella y su mamá tenían que pasar muchas horas allí porque el colectivo de regreso recién salía a la tarde. En uno de los puestos había una señora que se puso muy nerviosa porque no se daba abasto para atender a tanta gente. La mamá de Gimena era buena vendedora de pastelitos y pan casero a los turistas que iban al río de Cura Brochero y se le ocurrió preguntar: -¿Doñita quiere que la ayude? En mi pueblo yo también soy vendedora. Será por la mirada sincera, será por la tonada de andar en burro, la cuestión es que la señora aceptó muy agradecida e incluso ¡le ofreció pagarle! Gimena pasó a ser asistente de ventas pero había un problema, era muy distraída. Vendía zapatos del mismo pie, se equivocaba en los precios, en la misma bolsa ponía una chancleta y una zapatilla. A un señor en lugar de calzoncillos le entregó bombachas. Confundió el shampoo con el detergente y así.

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La madre se dio cuenta de que la hija provocaría un desastre y la mandó a buscar agua a un pico público que estaba en la otra punta de la plaza. Gimena demoró más que si tuviera que recorrer cinco kilómetros porque a cada paso se distraía con algo distinto, todo miraba, todo tocaba. Cuando por fin cargó la botella con agua no alcanzó a dar diez pasos que se embobó mirando las pulseras que bailaban en el puesto de un vendedor, no vio el camino, se tropezó con un perro y rodó por el suelo. Niña – perro – botella rota - agua – niña – perro – barro – ¡enchastre! Gimena llegó al puesto acompañada por un perro pura mugre, con su buzo salpicado completamente de barro y los pelos revueltos con pastos y hasta algún papel de caramelo que se le había pegado en la caída. Su mamá la vio y se quedó dura como estatua, poco a poco el color rojo de enojo le fue subiendo por la cara, pensaba en cómo haría para volver en colectivo con una niña que parecía sacada de un chiquero. Gimena se largó a llorar, tan desconsolada lloraba que angustió a todos, la gente comenzó a rodearla, como si fuera un tornado humano la pasaron de un puesto a otro. En uno la peinaron, en otro la perfumaron, ropa limpia, zapatitos lustrados. Cuando la dejaron nuevamente frente al puesto de su madre era otra chica. Tuvo que decir -¡Mamá soy yo! Porque la madre la miraba y la miraba pero no la reconocía. El viaje de vuelta se les hizo corto, las dos viajaban a pura risa recordando todo lo que había pasado en un día de feria en la ciudad grande. Seudónimo: Brisa de costanera

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Dilan no pierde su sonrisa En medio de un paisaje de casas de techo de chapa, alambrados en el frente, pintadas por una acuarela de los más fuertes colores, siempre con música estridente que se hace escuchar desde los cuatro puntos cardinales; perros callejeros que se pelean sin piedad por una sobra de cualquier comida vive Dilan, de diez años de edad. Todas las mañanas, antes del mediodía sale caminando hacia la escuela con sus otros hermanos, algunos mayores y otros menores que él. Su mamá espera a su sexto hermanito, que según el Doctor será otra nena. Su papá es albañil y se va temprano en la mañana, para regresar cuando las luces del día se van apagando lentamente. Dilan cursa quinto grado y pelea todos los días con las Matemáticas que le cuesta resolver y peor con Lengua que aún no logra entender la diferencia entre sustantivos, adjetivos y verbos. A decir verdad, la escuela no le gusta mucho, talvez porque para él es un gran esfuerzo aprobar las materias, pero no deja de faltar porque allí almuerza y merienda una variedad de exquisiteces que en su casa no le pueden dar. Vuelve a la tardecita a su casa, la que está pintada de azul metalizado, deja sus útiles escolares y cruza la avenida del otro lado del barrio para quedarse en la puerta del Supermercado y allí acompañar a las señoras que van a comprar. Les saca el número y les hace la cola en la carnicería, verdulería o en la caja. Las ayuda a acomodar los productos en las bolsas y se gana a cambio una propina, unas galletitas dulces, un yogurt… Ayudas, regalos de la gente que va juntando durante toda la tarde para llevar a la noche a su hogar y compartir con los demás. Curiosamente está siempre feliz, es muy educado y correcto. Y con esos modales, más una sonrisa que deja entrever que se le cayó un diente de adelante conquista al mundo. Son su mejor carta de presentación. Seguramente por su casa no pasa el Ratón Pérez, Papá Noel dejará regalos pero no los que él sueña tener. La cigüeña sí, esa no falla todos los años en su casa y las casas vecinas y eso hace que al ser más las cosas se hagan menos fáciles. Dilan, no entiende las operaciones combinadas de la escuela, no sabe de analizar oraciones con sujeto y predicado pero en cambio, sí sabe de dormir de a dos en una cama, de prestarse las zapatillas para ir a la escuela en

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contraturno. De ir a la escuela primero para comer y después para estudiar, de todos los deseos que no se lo cumplieron, de un papá que llega tarde cansado de trabajar y al que no hay que molestar. Todo lo que le falta lo hace ir a la puerta del Supermercado todos los días y no perder esa sonrisa desafiante, pícara que ilumina su carita de diez años y lo lleva a no bajar los brazos, ni hacer cosas raras, ni a renunciar a esos sueños que al apoyar por la noche su cabeza rendido de cansancio en la almohada debe soñar… Porque hay algo de lo que él está convencido, en el fondo lo sabe, lo aprendió de muy chiquito y no lo va a olvidar jamás… Y es que: “Cualquiera que aprende a volar puede resistir”… Seudónimo: Estanislao de la Cruz

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Categoría 10 a 13 años Individual

MENCIÓN

El refugio

Segundo Palavecino

(12 años) Escuela Cooperativa Fishbach (gestión privada) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 103


El refugio Transcurría el año 2100. Los autos volaban, había vida en otros planetas y el entretenimiento era los videojuegos o leer historias en un aparato electrónico. Ya no se escribía en papel, ni con lapicera… Lo único intacto de la época era el fútbol y como deporte en equipo, unía a dos grandes amigos: Mateo y Nico. Ambos eran muy traviesos, en el colegio siempre se portaban mal y para que sus padres no se enteraran, después de clase y antes de volver a sus casas y para evitar las penitencias, se iban a jugar a la canchita del fondo. Una tarde, aprovechando el sol y el calorcito otoñal decidieron hacer un picadito. Se dejaron la ropa del colegio y las zapatillas, agarraron la pelota y allá fueron. Después de varias jugadas, Nico le pegó tan pero tan fuerte a la pelota que parecía una estrella fugaz, y cayó en cualquier lugar. La buscaron mucho tiempo hasta que la encontraron en una zanja fangosa, profunda, con arbustos secos alrededor. Intentando sacarla, se resbalaron. Mateo, sin querer, con un pie movió una rama que estaba incrustada en la tierra, muy embarrada. De repente vieron que se abrió un pozo grande, en penumbras porque apenas entraban los rayos de sol. Caminando suavemente se asomaron, y descubrieron una escalera. Se miraron con picardía, y bajaron cautelosamente. Ya abajo, se encontraron con una sala oscura, y por lo que apenas se veía, grande. Nico, que estaba muy cansado, se apoyó en la pared para reposar un poco… y de repente las luces se encendieron fuertes, iluminando estantes antiguos, de madera, cargados de libros ¡y con hojas de papel! Algunas amarillentas, otros de ilustración, cuadros de arte, fotos de escritores y personajes. Del techo colgaba un globo aerostático del cual caían poemas, adivinanzas y rimas, en los estantes podían distinguirse juegos de mesa y susurradores que endulzan oídos. El piso, era azul y suave como lana de oveja. Nico y Mateo asombrados dejaron atrás las travesuras, tomaron un libro cada uno y comenzaron a hojearlo. Estaban maravillados por lo que estaba sucediendo y no se dieron cuenta de que el tiempo pasaba, que la luna se asomaba.

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Miraron a su izquierda, y se encontraron con un reloj que marcaba las 20 Hs. Debían volver a casa no sin antes devolver los libros al estante y tomar la pelota. Ya preparados para salir, se encontraron con letras gigantes y coloridas que decían “BIBLIOTECA EL REFUGIO”. Subieron la escalera, se saludaron y prometieron volver a aquel lugar mágico donde ellos aprenden a volar para resistir. FIN Para mi biblioteca favorita “EL REFUGIO” Seudónimo: SEPI

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Categoría 10 a 13 años Grupal

PRIMER PREMIO

Historia de gatos, fantasmas y luna Ilustró: Margarita Espertino

Victoria Aquino-Camila Banegas Agustina Benítez-Uriel Corvalán Brian Farías-Micaela López María Mercado-Marlen Montiel Daniela Moreira-Brenda Vera Alan Zapata-Priscilla Lamas Escuela Especial Nº517 “Memoria, Verdad y Justicia” (gestión pública) Virrey del Pino La Matanza Provincia de Buenos Aires 107


Historia de gatos, fantasmas y luna El bosque era un lugar especial. Allí podíamos jugar, correr, caminar, andar en bici, tomar mates y hasta poner una carpa para dormir toda la noche…Pero, allí había una casa abandonada. Una noche, entre los árboles altos y frondosos del bosque, apareció la luna llena y redonda,vestida de color rojo… un rojo parecido al color de los tomates maduros del verano… un rojo parecido al morrón de la salsa de la abuela, un rojo parecido al amor. Un amor como el que construyeron el gato Rodolfo y la gata Catalina. Rodolfo, era un gato negro con manchas blancas…era muy mimoso y vivía con su dueña, quien le daba comida todos los días y lo llevaba a pasear. Catalina, en cambio, era una gata rara. Su pelo era violeta con rayas amarillas y vivía sola en esa casa abandonada, en medio del bosque Una noche, mientras la luna redonda y roja se asomaba tras las ramas gigantes de los árboles, por las ventanas de esa casa apareció un fantasma. Era un fantasma muy raro, blanco como todos los fantasmas, pero tenía forma de animal, un animal de cuatro patas y en medio de todo lo blanco aparecían dos ojos grandes que parecían como dos manzanas verdes. El fantasma corría por toda la casa…asustando a todos los animales que se le cruzaban, especialmente a la gata Catalina. Entonces, apareció Rodolfo, quien estaba enamorado de Catalina, para ayudarla a liberarse de aquel fantasma asustador. Juntos, esperaron en la puerta de la casa al fantasma. Allí se dieron cuenta, que ese animal vestido con sábanas viejas, era una pequeña perrita , que estaba sola y tenía mucho miedo a estar con otros.Por eso se disfrazaba de fantasma, para ocultarse de los demás…y así volaba, para que nadie la pudiera atrapar. Cuando se acercaron a Lola (que así se llamaba esa perrita), Catalina y Rodolfo quisieron ayudarla a liberarse de los miedos que la atrapaban… Pero Lola les explicó que ella volaba con su imaginación a lugares insospechados, llenos de magia, de color, de sonidos, de música… Por eso era un fantasma, porque podía volar y por un momento,

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olvidarse así de la soledad y la tristeza que la acompañaba. Lola los invitó a volar sobre la luna redonda y roja allí donde ya no estaría triste y sola. Les enseñó el maravilloso universo de las estrellas, ese mundo lleno de luces saltarinas. Así fue como Lola perdió el miedo a estar sola, y compartirlo con Cata y Rodolfo, esa fue la noche más linda e iluminada. Lola aprendió que siendo ella misma podía tener amigos y disfrutar de las cosas lindas de la vida. Seudónimo: Los fabuladores

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Categoría 10 a 13 años Grupal

SEGUNDO PREMIO

En mi pueblo se cuenta Ilustró: Mauricio Micheloud

Francisco Vera Mussa Tamara Scarpati Francisco Valenzuela YerimenMaliqueo Kevin Korecki (10 y 11 años) Escuela Nº 223 (gestión pública) El Hoyo Chubut 111


En mi pueblo se cuenta Cuando se cuenta una experiencia vivida va pasando de generación en generación para que la siguiente pueda aprenderla. De esa manera las palabras quedan en el aire volando y resisten al olvido, al pasar de los años y al silencio obligado por quienes no respeten las culturas diferentes. En mi pueblo se cuenta que en el Lago Epuyén vive un animal extraño. Aparece en Puerto Patriada. Se esconde en la profundidad. Hay un pozón rodeado de piedras con un tronco volteado al costado, ese es el lugar donde aseguran que habita. La gente que llegó a lo largo de los años, dice que es una nutria, un huillín o una mantarraya gigante. Las personas al pasar por ahí tienen miedo porque se empiezan a imaginar que les puede pasar algo muy malo. Sin embargo a la gente le da mucha curiosidad porque se escuchan muchas historias sobre ese extraño animal, entonces se acercan y se alborotan haciendo ruido, llamando la atención del “huillín”. Además de asustarlo quieren descubrir su naturaleza. La gente que siempre vivió en estas tierras sabe, que en el agua, igual que en otros lugares de la naturaleza, habitan presencias de mucha energía, que hay que conocer y respetar. Conectar, esperando mantener con ellas armonía y equilibrio. Seudónimo: Paisa

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Categoría 10 a 13 años Grupal

TERCER PREMIO

El último pétalo

Mía Heredia Lina Ramundo Delfina LandiCrivelli (11 años) Escuela Nº 13 “Scalabrini Ortiz” D.E. 9 (gestión pública) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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El último pétalo Y termino con alguien en frente mío… El viento me roza la cara, cierro los ojos, luego los abro y no me encuentro en el mismo lugar que antes. Me encierran en un cuarto, un hombre abre la puerta, viene hacia mí, me toca frágilmente y me desvanezco. Al abrir los ojos a lo que más temía era a que a esta solitaria flor no le volvieran a florecer más pétalos. Lentamente me voy yendo, cuando toda mi vida viaja por delante de mis ojos, desde las lágrimas hasta las carcajadas. Seudónimo: Franca Franelli, Franca Rodriguez y Malena Camuglia

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Categoría 10 a 13 años Grupal

MENCIÓN

Los hermanos aventureros Luciano N. Durand - Benjamín L. Quirelli Federico G. Vallejos (11 años) Escuela Particular Incorporada N° 1414 “San Arnoldo Janssen” (gestión privada) Santa Fe

La esperanza de volver Camila Zaccagnini Fiorela Mansilla - Agostina Andino

(11 y 12 años) Escuela Nº 7 Domingo Faustino Sarmiento (gestión pública) Otamendi Provincia de Buenos Aires 117


Los hermanos aventureros Todo comenzó en un colegio, cuando dos hermanos llamados Tomás y Mariano, tenían que ir a la escuela, era su primer día, cuando terminaron fueron a su casa. Llegaron, no había nadie y se escuchó algo ¡TOC, TOC! sonó la puerta, cuando Mariano fue a fijarse por la ventana vio a una persona que estaba abriendo la puerta poco a poco y Tomás le pregunto:¿Viste algo? Y Mariano le dijo: sí, vi una persona. Luego cerraron la puerta con llave y se fueron por una ventana de atrás. De repente el hombre que estaba afuera escuchó un ruido en la parte de atrás. Cuando se fue a fijar vio dos chicos corriendo, eran Tomás y Mariano. Corriendo hasta que encontraron un amigo del colegio llamado Agustín. Y Tomás le preguntó: ¿Querés ayudarnos? Y Agustín les respondió: sí, ¿en qué los ayudo? Y Mariano le dijo: A escapar de un hombre. Miren, síganme, yo conozco un lugar adonde escondernos y era una casa abandonada. Mariano le preguntó: ¿esa casa está embrujada? Y Agustín le dijo: No, siempre jugamos ahí a las escondidas. Cuando entraron se escuchó un ruido, ¿Qué fue ese ruido? dijo Tomas asustado, cuando hicieron un paso salieron dos chicos y los tres se asustaron pero eran dos amigos de Agustín que se llamaban Benjamín y Luciano. Cuando se hizo de noche estaban jugando a las escondidas en la casa, hasta que en un momento se escuchó un ruido dentro de la primera habitación, vieron pasar una sombra, era un hombre parecido al que habían visto los dos hermanos. Entonces Tomás dijo: “Ese hombre era el que estaba en nuestra casa Mariano”. Sí, tenés razón. Escucharon que decía: “Están atrapados no podrán salir” y de tan asustados que estaban empezaron a separarse y a correr por todos lados, querían salir pero estaba lloviendo, hasta que Benjamín tuvo una idea, además era muy travieso y dijo: “Pongamos trampas”, sí, dijeron todos y empezaron a agarrar cosas del suelo e hicieron las trampas. Llamaron al hombre entre Tomás y Agustín, el hombre los persiguió hasta que cayó en una trampa, luego se escondieron. El hombre pudo liberarse de la trampa y todo golpeado se fue. Los chicos se durmieron cansados, pero tranquilos. Cuando dejó de llover los chicos salieron felices de la casa abandonada y cada chico se fue a su casa. Al final todos se hicieron mejores amigos y vivieron felices muchas aventuras. Y COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA TERMINADO Seudónimo: Luchi, Fede y Benja

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La esperanza de volver Un día Sol después del colegio va a su casa, su mamá la espera con el almuerzo hecho, cuentan cómo les fue en el día. Pero un día todo fue diferente…... Sol llegó a la casa y su madre le dijo: _ Sol, entrá rápido _ Bueno madre, pero qué pasa…. Sol entra a la casa y ve por la ventana a su madre peleando con tres hombres extraños. Ella al salir afuera para ayudar a su madre ve que la suben a una camioneta negra. Al atardecer su abuela Martha va a su casa a visitarla, al llegar ve la puerta semi abierta. Entra y no encuentra a nadie. Entra a la habitación de la madre de Sol, después de buscarla mucho, encuentra a la niña debajo de la cama llorando y asustada. Sol le cuenta todo a su abuela y van a hacer la denuncia… Después de un año llega una carta anónima a la casa de Martha diciendo que encontraron a su hija en un callejón, lastimada, con mucha hambre y sed. Le informan a la policía sobre la carta y la van a buscar a todos los callejones de la ciudad. Luego de buscar llegan a un callejón y ven a una persona que le costaba caminar y al acercarse ven a una chica toda golpeada entonces la ayudan, le pregunta quién es y ella le respondió “Paula”. Luego los policías se dan cuenta que es la madre de Sol. La llevan a un hospital cercano y después le avisaron a su familia que habían encontrado a Paula y estaba en el hospital. Martha y Sol fueron a verla, la abrazaron y se largaron a llorar al ver que estaba sana y salva. Luego de dos meses, sale del hospital y todo vuelve a la normalidad y viven felices en su hogar. “CUALQUIERA QUE APRENDE A VOLAR, PUEDE RESISTIR” FIN Seudónimo: Las Súpercreativas

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Categoría 10 a 13 años Grupal

MENCIÓN

Amor puro Ilustró: El autor

Bautista Guzmán Juana Velez Tatiana Romero Benjamín Miguelez Lautaro Moyano

(10 y 11 años) Escuela Nº 7 Domingo Faustino Sarmiento (gestión pública) Otamendi Provincia de Buenos Aires

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Amor puro Había una vez, en un reino muy lejano, una princesa llamada Tamara, se acercaba el día de su coronación como reina y los padres querían que se casara con un príncipe, pero ella no quería casarse por riquezas sino por amor verdadero. Los padres le pidieron que vaya organizando los preparativos de la boda… Mientras iba caminando a buscar los preparativos de la boda se cruzó con el amor de su vida, un simple joven llamado Iñaki, él trabajaba en una chanchería, ellos se miraron y se enamoraron a primera vista. Cuando Iñaki llegó a su trabajo le contó todo a su papá. Él estaba muy enamorado de Tamara, no podía dejar de pensar en ella. Decidió ir a presentarse ante su familia y pedir su mano, pero cuando llegó, había cuatro candidatos adinerados vestidos muy elegantes y él fue con su ropa sencilla. El primero que se presentó fue Tomás, era hijo de los reyes de España. El segundo fue Carlos, era hijo de los Reyes de California. El tercero era Facundo, hijo de los reyes de Francia. El cuarto era Iñaki… cuando ella lo vio, pensó:…esta es la persona que quiero para toda mi vida… El padre enojado dijo: ¿qué hace este muchacho acá? Tamara le dijo: ¡padre este es el hombre que quiero en mi vida! En ese mismo momento tuvieron una discusión con el padre que le decía que como se podía fijar en ese simple joven, que ella pertenecía a la realeza y tenía que elegir alguien igual, de la misma clase social. Después de una gran discusión, la madre de la princesa Tamara decidió hablar con el padre, decirle que la deje estar con Iñaki porque lo único que importa es el amor. Finalmente el padre entendió que lo que ella sentía era amor puro y que ese amor le iba a dar felicidad, así que terminó aceptando a Iñaki, quien comprendió la frase que había escuchado una vez: “Cualquiera que aprende a volar puede resistir”, es decir, que siempre se debe luchar por lo que se quiere, a pesar de las adversidades, es importante no rendirse jamás. Esa misma noche hubo una gran fiesta. Seudónimo: Capitán Cuenta Cuentos, Juanita Juanura, K9, BM10, PRO 9

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Indice 6 Un mundo posible, Verónica Parodi 7 Sembrar para compartir, Adela Basch, Juan Lima y Silvina Rocha 9 ESCRITORES 11 Unas rimas que se arriman Adela Basch 15 Margaritas a los chanchos Silvina Rocha 19 El vuelo del sapo Gustavo Roldán 25 Juan Lima 27 CUENTOS PREMIADOS Categoría de 7 a 9 años. Individual. 29 Primer Premio: Sofía Rotsztein. El reino del rock nacional 33 Tercer Premio: Malena Sterman. Ocurrió soñando Menciones Especiales: 41 Kiara Zoé Colombo. El pingüino Menciones: 43 Regina Lerda Correa. La maravillosa aventura de Ciro 45 Alejo Miguel Cargnelutti. Un gran sueño 47 Alma Monzani. Salir a volar 51 Fabricio Sfacciotti. Las hormigas pueden volar Categoría de 7 a 9 años. Grupal 53 Primer Premio: Agustina Moyano, Yanella Rojas, Kiara Moyano y Uma González. Amores nocturnos 57 Segundo Premio: Antonella Abigail Menéndez, Brenda Milena Huang, Tatiana Martínez Romero, Maico Uriel Ojando y Luciano Ezequiel Cisneros Martínez. Los cuentos de Mapola

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63 Tercer Premio: Elio Rey Pardillo, León Saulo, Luca Viglierccio, Lucas Langer Miano y Ulises Waisberg. El tiburón con alas Mención: 67 Joaquín Leandro Duarte Martínez, Sofía Guadalupe Salvatierra y Serena Rojas. El deseo 71 Ana TendlerCoscia, Francesca Corno Castillo, Francesca Sorrentino y Juan Gaynor. El día que me encontré una araña 75 Marcos Cohan, Joaquín Ferramola y Agustina García . El secreto de Oriana Categoría de 10 a 13 años. Individual 79 Primer Premio: Laureano Brunetto. Animal entrometido 87 Segundo Premio: Fermín Mardones. Bienvenido 93 Tercer Premio: Ana Julia Spagnolli. ¿Quién pinta las alas de las mariposas? Mención: 97 Pilar Valentina. Feria de ciudad grande Álvaro Nicolás Portillo. Dilan no pierde su sonrisa 103 Segundo Palavecino. El refugio Categoría de 10 a 13 años. Grupal 107 Primer Premio: Victoria Aquino, Camila Banegas, Agustina Benítez, Uriel Corvalán, Brian Farías, Micaela López, María Mercado, Marlen Montiel, Daniela Moreira, Brenda Vera, Alan Zapata y Priscilla Lamas. Historia de gatos, fantasmas y luna 111 Segundo Premio: Francisco Vera Mussa, Tamara Scarpati, Francisco Valenzuela, YerimenMaliqueo y Kevin Korecki.

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En mi pueblo se cuenta Tercer Premio: 115 Mía Heredia, Lina Ramundo y Delfina Landi Crivelli. El último pétalo Mención: 117 Luciano N. Durand, Benjamín L. Quirelli y Federico G. Vallejos. Los hermanos aventureros Mención: Camila Zaccagnini, Fiorela Mansilla, Agostina Andino. La esperanza de volver 121 Bautista Guzmán, Juana Velez, Tatiana Romero, Benjamín Miguelez y Lautaro Moyano . Amor puro

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Este libro se terminรณ de imprimir en XOXOXOXOX, Xxoxoxoxo, Xoxoxoxoxo, Xoxoxox Xoxoxox, xo xoxox xo 2018.

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