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Proclama Liberal de Roma de 1981 Nuevo Manifiesto de la Internacional Liberal y Progresista aprobado en el 34 Congreso Anual Roma, 24-26 septiembre 1981. I Consideraciones generales II Los principios liberales y la realidad contemporanea III Problemas institucionales de las modernas democracias IV Problemas educativos y culturales V Problemas economicos y sociales VI El liberalismo y los temas internacionales VII Los puntos de vista liberales sobre las relacions entre paises industrializados, paises subdesarrollados y paises en vias de desarrollo VIII La senda del futuro

I Consideraciones generales 1. Nosotros, liberales de Africa, América, Asia, Australasia y Europa, reunidos en Roma, en septiembre de 1981, en una época de enormes violaciones de los derechos humanos y de graves y permanentes tensiones internacionales, que amenazan la paz y la democracia: a. enfrentados con las repercusiones de los inmensos cambios en los que el liberalismo ha jugado un papel decisivo y que han modificado sustancialmente el concepto del hombre, de la sociedad y del Estado, de la ciencia y la tecnología, de la política y la economía; b. empeñados en la tarea de orientar estos profundos cambios y sus repercusiones mundiales en una dirección liberal, esto es, de modo que queden a salvo los derechos fundamentales del hombre; c. reafirmamos nuestra fe en la permanente vigencia de los principios liberales fundamentales, tal como fueron definidos en el Manifiesto de Oxford de 1947; d. confirmamos la Declaración de Oxford de 1967 relativa a algunas de las principales transformaciones de la últimas décadas; e. pedimos a todos los hombres y mujeres de todos los países que confían en la libertad que reemprendan con renovada convicción y mente clara la gran tarea de garantizar la pervivencia y la fortaleza de la sociedad libre - que ha demostrado ser la única capaz de poner al servicio de la humanidad las nuevas fuerzas que han venido surgiendo y creciendo - y de satisfacer a través de la libertad las necesidades espirituales y materiales de los pueblos de la tierra. 2. La tarea liberal es más ardua, porque le son hostiles muchas de las nuevas realidades. Ha ido en aumento acquella ambigüedad de las nuevas fuerzas a que aludía ya la Declaración de Oxford. Han surgido nuevas formas de libertad y también nuevas formas de opresión. Debemos analizar más a fondo estas formas; debemos idear y desarrollar nuevas instituciones, hacer un vigoroso esfuerzo para conseguir que la opinión pública acepte el liberalismo. Debemos intentar, en particular, conseguir un nuevo equilibrio entre las indispensables interveniones del Estado y la iniciativa privada. Sin este equilibrio, el Estado se convertirá cada vez más en una burocracia opresora. Debemos, en fin, ampliar nuestras perspectivas más allá de los países industrializados, hasta alcanzar una visión a escala mundial.


3. Debemos tener clara conciencia de que tropezamos con una oposición amplia y profunda, no sólo - como sería natural - procedente de otros grupos políticos. Hay quienes creen que nuestros principios, nuestra concepción del hombre, de la sociedad, de Estado, de la economía y de la comunidad internacional están indisolublemente ligados a las normas y a las instituciones creadas por nuestros fundadores y antecesores. Frente a esta opinión, reconocemos que el abandono de los viejos caminos se debe, esencialmente, a la aparición de nuevos factores. Es tarea nuestra comprender estos nuevos factores, para intentar insertarlos en las nuevas y variadas formas de la sociedad democrática y liberal, ahora y en el futuro.

II Los principios liberales y la realidad contemporanea 4. Los principales desafíos con que nos enfrentamos en el flujo y reflujo entre nuestros principios y la realidad contemporánea son: a. el hecho de que más de dos tercios de la humanidad se hallan sujetos a regímenes que no respetan los derechos fundamentales del hombre; b. las crecientes desigualdades entre los países ricos de larga tradición industrial, los países recientemente industrializados, los países en vías de desarrollo que cuentan con materias primas y recursos energéticos y los países subdesarrollados, sumamente pobres, que tienen escasos recursos; c. el deterioro de la "relación de intercambio" entre el hombre y la naturaleza, debido a la creciente presión demográfica y a la demanda, cada vez más acentuada, de bienestar; d. la creciente amenaza que pesa sobre el medio ambiente y sobre la calidad de vida; e. las graves tensiones entre Estados y grupos de Estados, provocadas por las ambiciones imperialistas y nacionalistas, por los conflictos ideológicos y la mutua desconfianza; f. la carrera armamentista, que pone en peligro la existencia misma de la raza humana; g. las discordias en el seno de las democracias industriales y la generalizada insatisfacción que produce su funcionamiento. Todos estos desafíos configuran, en su conjunto, la más grave crisis con que ha tenido que enfrentarse la humanidad a lo largo de su historia, tanto en el Este como en el Oeste. Mientras tanto, el Sur acentúa cada vez más sus justificadas exigencias de independencia política, de integridad cultural y de una más justa participación en las riquezas de la tierra. 5. Las crecientes desigualdades económicas de unas naciones a otras y entre las capas de población de un mismo Estado constituyen una amenaza para la paz y la democracia a nivel mundial. Los valores liberales promueven de forma insuperable tanto la libertad política y personal como el desarrollo material. Pero donde un gran número de seres humanos padecen hambre, enfermedad, pobreza, desempleo o subempleo, está en peligro la libertad. 6. La difundida insatisfacción y desencanto, sobre todo entre los jóvenes, en las democracias liberales, se debe al fracaso parcial de estas democracias por crear, apoyar y promover valores ideales, a su incapacidad para adaptar las instituciones y para generar más justicia y une mejor calidad de vida. En algunos casos extremos, esta insatisfacción desemboca en el terrorismo, en otros en la anarquía o en la negativa a participar en las tareas colectivas. Los valores de la libertad y de la independencia, tal como los propugna el liberalismo, pueden colmar este vacío, sobre todo si los liberales aciertan a poner en claro que la libertad individual no puede confundirse con el egoísmo, pues se trata de una libertad inscrita en el marco de una comunidad, lo que implica responsibilidad y solidaridad con los demás hombres.


7. Es un hecho conocido que los recursos energéticos, las materias primas y los suelos susceptibles de explotación agrícola están lejos de ser bienes inagotables. Es imposible satisfacer las crecientes necesidades derivadas de una explosión demográfica que en muchos países es excesiva y de las elevadas apentencias materiales que surgen por doquier en todas las partes del mundo recurriendo a un crecimiento económico ilimitado que no cause al mismo tiempo danos irreparables al medio ambiente. Son absolutamente necesarias drásticas medidas de ahorro energético, así como el desarrollo de fuentes de energía renovables, que tengan en cuenta los imperativos ecológicos. 8. La ininterrumpida carrera de armamentos practicada en todas las regiones de la tierra dilapida recursos que tendrían mejor destino si se les empleara en mejorar las condiciones de vida, sobre todo de los grupos de población y de los países más pobres. Aun reconciendo la importancia que para algunos países tiene el tema de la defensa, los liberales instan al mismo tiempo a la moderación y la prudencia. Un mundo en el que la paz sólo puede conservarse con el poder de las armas es un mundo en peligro. La paz y la estabilidad significan algo más que terror disuasivo. Los liberales piden que se reduzcan las causas de los conflictos por medios políticos y diplomáticos y mediante el desarrollo social, económico y cultural. 9. No hay soluciones definitivas para los problemas humanos, no hay "paraísos en la tierra." La urgencia - por otra parte muy comprensible - con que algunos querrían resolver los problemas de una vez para siempre es la raíz del totalitarismo. El enfoque específicamente liberal se basa en los siguientes supuestos: a. el debate ininterrumpido, la crítica y la reforma son indispensables para una sociedad sana; b. No hay un solo liberal que crea en el poder absoluto; el poder legítimo se basa en el consenso, pero éste puede verse destruido en virtud de una desmedida concentración del poder del gobierno. Para que el consenso sea una realidad, el poder debe estar repartido y descentralizado entre una variedad de instituciones democráticamente responsables; c. los liberales creen que debe respetarse la voluntad de la mayoría, salvo cuando ésta atenta contra los derechos humanos o contra los principios fundamentales de la libertad; d. la igualdad de la dignidad, de los derechos y de las oportunidades, la protección del individuo frente a los riesgos materiales más importantes de la vida, una distribución más justa de la propiedad y de las rentas, son aspectos esenciales; pero en ningún caso se les debe confundir con un abstracto igualitarismo; e. los liberales apoyan aquellos movimientos de liberación que, frente a los regímenes tiranos, luchan por la causa de la libertad y de la democracia, pero, al mismo tiempo, condenan de forma clara e inequívoca los métodos terroristas y cualquier otro género de violencia ilegal en las sociedades democráticas; f. los liberales consideran esencial la lucha en pro de la igualdad del hombre y la mujer. Hombres y mujeres deben gozar de idénticas oportunidades de participación en el desarrollo de sus países.

III Problemas institucionales de las modernas democracias 10. El liberalismo exige la reforma y renovación constante de las instituciones democráticas. En la actualidad, esta reforma se enfrenta con los siguientes desafíos: a. necesidad de rubustecer el poder real de los parlamentos; b. mejora de la eficacia del ejecutivo y del control parlamentario del mismo; c. descentralización del poder; d. protección legal de la dignidad individual del ser humano;


e. equilibrio entre intervención estatal y no-injerencia del Estado; f. colaboración entre Estados. 11. Los liberales saben que la democracia liberal no es un sistema perfecto, pero que, de todos los existentes, es el que mejor promueve la causa de la libertad, de la dignidad humana y de la justicia social. 12. Partiendo de la premisa de que todo sistema puede ser mejorado y de que el inmovilismo es una amenaza para la estabilidad y el futuro, puede definirse a la democracia liberal como el sistema más capacitado para dar respuesta a la constante exigencia de mejora y renovación. Lo que debe modificarse son las instituciones, no los valores que estas instituciones encarnan. 13. Para el moderno liberalismo, la renovación de las instituciones del Estado y de la sociedad tiene carácter de urgencia en las siguientes áreas: a. una presencia más eficaz de la voluntad popular en el poder legislativo a través, por ejemplo, de representación proporcional, referéndums, el desarrollo de la participación cuidadana, tanto espontánea como legalmente organizada, en las actividades públicas y la protección de las minorías, para garantizar su igualdad de oportunidades; b. la reorganización de la función legislativa, atendido el hecho de que hay amplias capas de la población, sobre todo entre las generaciones jóvenes, que no se sienten satisfechas con el actual funcionamiento de la democracia parlamentaria. Los liberales contemplan con gran preocupación el fenómeno, presente en varias democracias parlamentarias, de que la tecnocracia, los fallos institucionales y algunos especiales grupos de interés constituyen un obstáculo considerable para el control eficaz del poder ejecutivo por el legislativo; c. mayor prestigo y eficacia del poder ejecutivo; la elección entre un ejecutivo parlamentario o presidencialista debe tener en cuenta y basarse en las tradiciones y necesidades concretas de cada país; pero debe quedar siempre a salvo el control de los electores a través del parlamento; d. la descentralización del poder mediante una organización más claramente definida de las autoridades regionales y locales; los liberales consideran este aspecto como una importante prolongación horizontal de la tradicional división vertical de poderes; e. la incorporación de los sindicatos y de la asociaciones profesionales al sistema democrático liberal de control y equilibrio para posibilitar la planificación de la economía de mercado y para poner en marcha unas relaciones más equilibradas y justas entre las partes sociales; f. el status de la mujer en la sociedad, la situación de inferioridad y desigualdad que se le ha impuesto son cuestiones básicas que afectan a todos y cada uno de los ciudadanos. Este status desigual de la mujer significa que se infrautilizan las capacidades de la mitad de la población, precisamente en una época que requiere la contribución de todos los ciudadanos para el progreso de la sociedad; g. la protección jurídica del individuo frente a normas estatales que amenacen sus derechos fundamentales y su propia existencia (habeas corpus, prohibición de la tortura, abolición de la pena de muerte); h. la protección de la esfera privada de las personas frente al espionaje tecnológico y los abusos de las computadoras y de los bancos de datos, ya sea por parte del Estado o de instituciones privadas; i. la recculación y el control estricto de la ingeniería genética y de la manipulación psicológica, en defensa de la personalidad y de la salud de los individuos; j. el cuidadoso equilibrio entre intervención y no ingerencia del Estado, para armonizar los intereses individuales con los colectivos. En este punto, los principios liberales establecen: - la libertad del individuo es un valor de primer orden;


- el Estado debe intervenir para garantizar la libertad de todos los individuos; - sin iniciativa privada y sin responsabilidad, tanto en el ámbito privado como en el público, el Estado se transforma en una pesada máquina burocrática que pierde rápidamente su capacidad de rendimiento; k. el fortalecimiento de las organizaciones existentes y la creación de otras nuevas, a nivel internacional, intercontinental y mundial para incrementar la colaboración entre todos los países, basada en un trato justo y equitativo.

IV Problemas educativos y culturales 14. El liberalismo moderno se enfrenta con: a. el pluralismo mundial de las culturas; b. los aspectos culturales, políticos y económicos de una educación moderna en y para una sociedad democrática; c. la necesidad de libertad y de pluralismo en los medios de comunicación. 15. Los países subdesarrolladas están adquiriendo actualmente una creciente conciencia de su identidad cultural. Una de las causas esenciales de los conflictos entre Occidente y los países islámicos en particular es la mutua imcomprensión de sus respectivas culturas. El mundo industrializado debe admitir que para un número cada vez más elevado de países los valores y las conquistas de la civilización tecnificada no están por encima de toda sospecha crítica, si es que no merecen un simple y puro rechazo. Contrariamente a otros sistemas de valores que han tenido su origen en Europa, el liberalismo ha adoptado desde siempre una actitud abierta y tolerante respecto de las restantes culturas. Los liberales deben, por tanto convertirse en portavoces de aquellos que se niegan a reducir el diálogo Norte-Sur a sus aspectos meramente económicos y políticos. En un mundo multipolar, en el que se cuestiona y se desafía cada vez más la supremacía militar y económica de las superpotencias, el pluralismo cultural es un instrumento de gran valor para promover la mutua compresión y colaboración, por encima de las fronteras. 16. Para los liberales, la cultura no es un concepto abstracto. Afecta, directa o indirectamente, a la vida cotidiana de todos los hombres, mujeres y niños. En consecuencia, es tarea central de la política cultural liberal hacer que los pueblos adquieran conciencia de que su existencia está esencialmente condicionada por los valores y la herencia culturales. La promoción de actividades culturales a cargo de la comunidad debe servir, ante todo, para consolidar en el mayor número posible de ciudadanos la conciencia de su realidad cultural y de las culturas de otros pueblos y continentes. 17. Una educación libre, basada en métodos democráticos, es el medio más adecuado para superar las barreras culturales y para combatir la intolerencia cultural, política y racial. La educación es, además, el instrumento más eficaz de la política liberal de promoción de la paz y de eliminación de las fronteras clasistas, de las injusticias sociales y económicas y de las actitudes retrógradas y contribuye a la armonización entre formación técnia y humanista. Los liberales se pronuncian a favor de la educación de ambos sexos, en todos los niveles de edad, con los siguientes objetivos: a. ofrecer a todos los individuos unas mismas oportunidades para una vida personalmente satisfactoria y socialmente útil; b. transmitir a los hombres la conciencia de la mutua dependencia de los Estados y las regiones, en orden a la solución de problemas complejos que, hoy más que nunca, desbordan las fronteras nacionales;


c. garantizar a las mujeres los mismos niveles educativos que a los hombres, tanto durante como después de los cursos escolares; d. llevar a los padres la convicción de que una buena educación, tanto en el hogar como en la escuela, es la base de la condición de todo buen ciudadano. 18. La libertad y el pluralismo de los medios de comunicación son elementos básicos de una sociedad liberal. No puede haber libertad política, cuando estos medios se hallan sujetos a monopolio o semimonopolio, sea público o privado. Los liberales contemplan con creciente preocupación los poderosos ataques contra la libertad de prensa, tanto dentro como fuera de las sociedades liberales. En este punto, los problemas más urgentes son: a. la creciente concentración de la propiedad de la prensa en unas pocas manos, en las democracias industrializadas; b. la nueva tecnología, que facilita la transmisión de noticias, pero que también puede proporcionar un peligroso instrumento de manipulación de la opinión pública y debilitamiento de las culturas autóctonas; c. los ataques de los gobiernos, de los grupos de interés y de las organizaciones internacionales contra una prensa pluralista independiente del control y de la censura gubernamentales. Los liberales admiten que para solucionar estos problemas se requiere, en algunos casos concretos, la ayuda estatal, siempre bajo control público, que garantice la continuidad del pluralismo de los medios de comunicación. Pero insisten en que tanto los subsidios concedidos como la supervisión deben estar, a su vez, sujetos a rígidos controles, para que no acaben agravando el problema que pretenden remediar. 19. Los liberales reconocen la legítima pretensión de los países subdesarrollados de que los medios de comunicación occidentales expongan sus problemas de una manera más imparcial. Pero este objetivo no puede conseguirse mediante la censura ni poniendo obstáculos al flujo de la libre información. Las democracias occidentales y los países subdesarrollados deben llegar a un acuerdo que sea beneficioso para ambas partes y que no suponga menoscabo para la libertad y el pluralismo de la prensa.

V Problemas economicos y sociales 20. Tienen hoy día una importancia crucial los siguientes problemas: a. la función de la economía en una democracia liberal; b. la función del Estado y de la planificación en la economía social de mercado; c. la seguridad social; d. las nuevas tecnologías y la protección del medio ambiente. 21. El principio básico de la política liberal en materia económica establece que no puede haber libertad política allí donde el Estado se alza con el control exclusivo de la economía y no hay espacio suficiente para la iniciativa privada. Pero de igual modo, y a despecho de ciertas ilusiones, tampoco puede haber auténtico y permanente libertad económica allí donde se ha eliminado la libertad política y no se respetan los derechos humanos. 22. Esta estrecha conexión entre la economía social de mercado y la democracia liberal implica una lucha permanente contra los monopolios, cártels, trusts y prácticas restricutivas, es decir, contra las llamadas "posiciones dominantes", ya sean patentes o encubiertas, de naturaleza privada o pública, excepto en aquellos casos autorizados por la ley y justificados y definidos como necesidades sociales.


23. El corolario natural, a nivel internacional, de la economía social de mercado es la libertad de comercio, basada en la igualdad, la reciprocidad y - en algunos casos - la planificación de los mercados internacionales. Los proteciconismos - de jure o de facto - son contrarios a una economía de mercado. 24. La estabilidad de un sistema democrático liberal y el correcto funcionamiento de la economía social de mercado están en peligro cuando amplias capas de la población viven en la miseria. La eficiencia de la economía de mercado debe ser juzgada por su capacidad de garantizar una distribución de la riqueza material y del poder económico más justa que la de cualquier otro sistema. 25. El mejor modo de eliminar a largo plazo la pobreza de amplias regiones de la tierra es implantar la libertad de comercio. Pero esta libertad está amenazada por los cártels, los monopolios restrictivos y los precios artificiales e injustos de la materias primas y de los productos agrícolas. Aunque la economía de mercado se opone a los proteccionismos, sea de jure o de facto, puede admitirse una excepción en favor de aquellas medidas que son un instrumento para el restablecimiento de la libertad de comercio, o cuando existen acuerdos especiales para proteger a las regiones más pobres. 26. Los monopolios, tanto estatales como privados, sean de alcance nacional o internacional, amenazan la economía de mercado y deben quedar sujetos a una estricta legislación. Los liberales piden también códigos de conducta y legislaciones internacionales, cuando sea necesario, para las compañías multinacionales. Reconocen tanto los peligros de un abuso del poder económico y político que estas compañías encierran como su papel positivo en la difusión de las inversiones y de las tecnologías y en la diversificación de las economías. 27. Se ha relacionado - erróneamente - el concepto liberal del mercado con una economía controlada por medios puramente monetarios o con una economía del laissez-faire sorda a los intereses de los pobres o al bien común. Los liberales no aceptan esta visión simplista de la economía de mercado ni de su postura frente a ella. Han reconocido, hace ya largo tiempo, que la libertad económica degenera en anarquía y en fuente de opresión cuando no tiene en cuenta el bien de la colectividad. 28. Planificación, en el sentido liberal de la palabra, significa planificación en y para la libertad. La planificación en una economía social de mercado se basa en al interacción entre la iniciativa privada y la intervención del Estado. Cuando las circunstancias así lo exijan, una flexible política de rentas puede ser parte constitutiva de dicha planificación. En las sociedades modernas, los problemas económicos son de ordinario demasiado complejos como para poder ser solucionados sólo por el sector privado o sólo por el sector público. 29. Los cambios estrucutrales en la producción y los servicos, que son uno de los resultados inevitables del progreso tecnológico, crean problemas cuya solución exige a menudo al acción concertada del Estado y de la iniciativa privada. En estos casos, la intervención del sector público debe proponerse el objetivo de crear empresas competitivas, según las leyes del mercado. Los liberales reafirman su confianza de que los cambios sociales y económicos causados por la aplicación generalizada de nuevas tecnologías podrán desembocar en una mayor participación de la inteligencia humana en los procesos de producción, en una mayor humanización de las condiciones en que se desarrolla el trabajo y, finalmente, en una liberalización de los recursos físicos, de modo que se consiga una mejor satisfacción de las necesidades humanas, a condición de que dichas tecnologías se implanten en un espíritu de colaboración pacífica y en el marco de un Estado y de una sociedad liberales y democráticos, sobre todo en el ámbito de la información.


30. Con este enfoque adogmático de la función del Estado en la economía, los liberales consideran que la relación entre el sector privado y el público en una economía concreta y en un momento concreto no es estática ni constituye el estadio final. Cuando el Estado o las autoridades locales se ven precisados - en razón de sus obligaciones respecto del bien común - a emprender actividades económicas, estas actividades públicas deben estar sujetas a constante revisión para comprobar cuáles de ellas podrían ser de alguna manera devueltas a empresas privadas, organizaciones voluntarias o grupos locales de ciudadanos dispuestos a colaborar con las instituciones públicas. En todo caso, debe garantizarse que no se reduzca todo a pasar simplemente de un monopolio estatal a otro privado. 31. Los liberales defienden la democracia industrial, que se apoya en una auténtica participación directa de los trabajadores y en la concesión a estos últimos de una parte de los beneficios. Este sistema ha sido ya puesto en práctica con buenos resultados en diferentes ocasiones y debe ser desarrollado. Las actuales formas de organización tanto del sector privado como del sector público, no excluyen nuevos modelos. Los liberales estimulan, admás, las cooperativas, las sociedades en que los trabajadores son al mismo tiempo propietarios y la descentralización de las grandes empresas en unidades más pequeñas. 32. Para los liberales, el pleno empleo es una aspiración económica y social de cardinal importancia. Es inaceptable un elevado índice de paro, sobre todo entre los jóvenes. Cuando son muchas las personas sin ocupación y sin perspectivas razonables de volver a encontrar un puesto de trabajo, están amenazadas las tablas de valores políticos y económicos del liberalismo. 33. La economía de mercado atenta contra sus proprios fundamentos cuando impulsa o tolera un crecimiento económico sin prestar atención a sus consecuencias ecológicas. El bienestar de una sociedad es algo más que el mero crecimiento cuantitativo de su economía. Se trata de un concepto estrechamente relacionado con la calidad de la vida, en el más amplio sentido de la palabra. Las estructuras de la economía de mercado y la protección del medio ambiente son valores complementarios. Donde se destruyen la naturaleza y los recursos naturales, no existen ya bases para la economía. La planificación y los regímenes fiscales deben tener en cuenta estas realidades. Pero también es inaceptable el "crecimiento cero" como remedio contra los abusos sociales y económicos, debido y no en último término, a que el desarrollo económico equilibrado que nosotros deseamos genera costes adicionales. 34. Los individuos, en cuanto ciudadanos libres, son los primeros y los máximos responsables de sus proprias vidas y de su desarrollo a lo largo de su existencia. Pero cuando, por causas que escapan a su control, tales como enfermedad, invalidez, desempleo o ancianidad, no pueden ya cubrir sus necesidades vitales, la sociedad, organizada en forma de Estado, debe asumir la responsibilidad de la seguridad social y del bienestar material de estos ciudadanos. 35. Esta función correctora del Estado no puede, con todo, configurarse de tal suerte que convierta a todos y cada uno de los ciudadanos en seres necesitados de subsidios. Los mayores peligros de un Estado del bienestar llevado hasta la exageración son los siguientes: a. hace que las personas depedendan del gobierno y de la burocracia y reduce, por tanto, su sentido de la responsibilidad y de la libertad; b. crea una burocracia proliferante, que tiende a reclamar cada vez mayores esferas de poder, desbordando sus competencias; c. a través de la presión fiscal y del endeudamiento, el Estado detrae una gran parte de la renta nacional, que ya no puede destinarse a las crecientes necesidades de inversión productiva, a la investigación y al desarrollo; d. puede alimentar procesos inflacionistas, dificultando de este modo la inversión y el empleo.


36. Los liberales creen que la presión fiscal debe mantenerse dentro de los límites de una relación razonable entre los derechos individuales y las necesidades de ahorro y de inversión de toda sociedad. En cualquier caso, la presión fiscal debe estimular a las empresas y asegurar una mayor igualdad de oportunidades. Los liberales profesan el principio de que los servicios deben ser pagados por sus beneficiarios. Allí donde sea posible y equitativo, tanto las corporaciones como los consumidores deben pagar los bienes y sevicios públicos, en vez de cargar los costes sobre los contribuyentes anónimos. Con este principio, se reduce el consumo innecesario y se promueve el equilibrio entre la oferta y la demanda en el sector público. 37. La tentativa de eliminar la pobreza y las injusticias sociales no debe confundirse con el igualitarismo, con un abstracto y rígido "trato igual" para todos, sin tener en cuenta el talento, el trabajo o la previsión individuales. Mientras que, por un lado, los liberales piden medidas enérgicas para reducir los desniveles de riqueza y pobreza, para proteger a todos y a cada uno de los ciudadanos y para aumentar la igualdad de oportunidades, se oponen también, por otro, y con no menor decisión, al igualitarismo que degrada al individuo. En el marco de la justicia social, debe estimularse el reconocimiento de los méritos personales. 38. Para los liberales, cada individuo es único e irrepetible. No todos son iguales, pero todos tienen el mismo valor. Igualdad significa que todos deben tener unas mismas oportunidades para desarrollarse y para aportar una plena contribución a la sociedad.

VI El liberalismo y los temas internacionales 39. Entre los numerosos problemas con los que se ve enfrentado el liberalismo, hay que mencionar los siguientes: - los derechos políticos y humanos y la Realpolitik; - las tensiones y la distensión entre el Este y el Oeste; - el bipolarismo y el multipolarismo; - la carrera de armamentos; - las organizaciones regionales; - el movimiento de los países no alineados; - los países subdesarrollados y en vías de desarrollo; - las Naciones Unidas. 40. Los liberales aceptan estos desafíos, así como los relativos al diálogo Norte-Sur, con espíritu universalista. Su repulsa tradicional frente a todo tipo de discriminación por razón de la raza, las creencias, la clase social, la nacionalidad, el sexo o la edad, es aplicado por los liberales de hop a los problemas del mundo en su totalidad, por encima de las fronteras de los países industrializados. Esta actitud se apoya, por un lado, en la evidencia de la creciente interdependencia de las naciones y es, por otro, fruto del reconocimiento de que la pluralidad de culturas es una necesidad. Por otra parte, avanzan a velas desplegadas la burocracia y los orgullos nacionales, la tecnología y el consumismo irrefrenado, que amenazan sofocar la calidad humana de cada hombre y cada mujer, aspecto al que concedemos una capital importancia. La postura liberal se apoya también en la clara conciencia de que la recíproca fecundación de las culturas a nivel mundial puede crear una civilización pluralista que contribuya a la mutua comprensión y a la regulación pacífica de los inevitables conflictos de intereses. 41. Los derechos humanos y políticos constituyen parte irrenunciable de la herencia de todo hombre y mujer de la tierra. La defensa y la promoción de estos derechos incumbe a todos y cada


uno de los Estados y grupos de Estados que los aplican ya dentro de sus fronteras. Esta obligación puede entrar en colisión con los intereses estatales a corto plazo. No obstante, los gobiernos deben mantener una línea de acción que sirva para la aceptación más amplia posible de los derechos humanos, civiles y políticos. Los liberales hacen suyo el deber de denunciar y condenar - sin paliativos y sin excepciones - los abusos comentidos en este punto. A largo plazo, esta política será a menudo más provechosa que ninguna otra, sobre todo en un mundo en el que está adquiriendo creciente importancia la opinión pública. Lo dicho es particularmente válido respecto de América Latina y de Africa. 42. Desde 1945, el mundo se halla dominado por las continuas tensiones entre la OTAN y el Pacto de Varsovia, agrupados en torno a EE.UU. y la URSS, respectivamente. Estas tensiones están alimentadas por el conflicto ideológico entre el Oeste, regido, en su conjunto, por instituciones democrático-liberales, y el régimen totalitario de la Unión Soviética, e intensificadas, además, por la creciente renuncia con que los Estados más pequeños del Pacto de Varsovia toleran los regímenes y las prácticas políticas controladas por los soviéticos. Ambas partes advierten bien el peligro de que estas tensiones, unidas a otra crisis, desemboquen en un conflicto mundial o en graves "guerras limitadas" o "localizadas". La "guerra fría" ha sido sustituida por una política de distensión, es decir, de crecientes negociaciones y acomodaciones, que han cristalizado en el Acta Final de Helsinki. Pero incluso estos modestos progresos están ahora en peligro. Un importante elemento de estas tensiones gira en torno al enorme aumento del poderío militar, tanto del Este como del Oeste. La Unión Soviética ha conseguido igualar, a escala mundial, el arsenal estratégico nuclear de los Estados Unidos, mientras que el Pacto de Varsovia supera ampliamente, en el escenario europeo, el potencial de la OTAN, tanto en el capítulo de cohetes de alcance medio con ojiva nuclear como en el de las armas convencionales. En estas circunstancias, los liberales creen que: a. la actidud del Oeste frente a la Unión Soviética y sus aliados debería estar dictada por el espíritu del universalismo liberal, con la confianza puesta en la superioridad intrínsica de las ideas y las instituciones de la libertad; b. Occidente debe defender siempre y bajo cualquier circunstancia los derechos humanos civiles y políticos en todos los países de la tierra, tal como están definidos en la convención de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos y en el Acta Final de Helsinki, firmadas ambas por los países del Este y del Oeste; c. la colaboración cultural, tecnológica y económica entre el Este y Oeste debe ser entendida como parte sustantiva de sus relaciones globales; d. el diálogo y las negociaciones deben seguir adelante, poniendo especial énfasis en el desarme, en el cese de las intervenciones militares y de la carrera de armamentos; e. la distensión es indivisible; f. Occidente debe dar a la Unión Soviética la absoluta certeza de que se halla siempre dispuesto tanto a la negociación como a la defensa armada; g. el equilibrio militar es presupuesto indispensable para la prosecución y el éxito, aunque limitado, de la política de distensión. 43. El distanciamiento entre la República Popular China y la Unión Soviética y la aparición de nuevos centros de poder con creciente influencia, como por ejemplo la OPEP, han hecho que las antiguas relaciones bipolares entre la OTAN, y el Pacto de Varsovia hayan sido desbordadas por un sistema mundial multipolar. Los liberales creen que:


a. por razones de poder - político, militar y económico - las relaciones bipolares siguen siendo, la igual que en etapas anteriores, de decisiva importancia y que lo seguirán siendo durante mucho tiempo; b. no obstante, es innegable la tendencia hacia un sistema multipolar, lo que confiere mayor importancia aún a la perspectiva universalista liberal; c. la función de los países neutrales y no alineados adquiere mayor peso en la política mundial y estos países pueden convertirse en factores de equilibrio; d. debe darse la máxima importancia al establecimiento de una colaboratión pacífica con estas nuevas fuerzas emergentes. 44. Entre estas nuevas fuerzas deben incluirse las agrupaciones regionales de stados que surgen en todos los continentes. La más importante de todas ellas es, sin duda, la Comunidad Europea que, además, de su éxito económico, ha iniciado la tarea de desarrollar instituciones políticas democráticas en sus relaciones internacionales. Se tiende así a crear un nuevo factor de equilibrio entre el Este y el Oeste y el mundo en su conjunto. Otros convenios y organizaciones internacionales, como el Pacto Andino, la SEATO, la EFTA, el Convenio de Lomé y la OUA, son también valiosos instrumentos para asegurar la estabilidad política y económica a nivel regional, aunque no tengan tanta influencia como la Comunidad Europea. Los liberales saludan y apoyan este tipo de evolución, que responde a sus ideas sobre una mejor cooperación internacional, basada en culturas e intereses comunes. 45. Respecto del movimiento de países no alineados, los liberales estiman que: a. deben estimularse los esfuerzos por crear y conservar un área ampliamente diferenciada de países no alineados con ninguna de las superpotencias; b. a todo país debe garantizársele el derecho a mantenerse alejado de los bloques; c. numerosos países no alineados pueden aportar una notable contribución a la causa de la difusión del universalismo liberal. 46. La presente y creciente espiral de los gastos militares constituye una gravísma amenaza. Esta carga aumenta año tras año e incita a algunos países a comprometerse en las llamadas "guerras limitadas". La carrera de armamentos arrastra también a los países pobres, e incluso a los que viven en la miseria, convirtiéndose para ellos en un peso insoportable. a. No debería ahorrarse ningún esfuerzo para someter a control los gastos de defensa y para reducirlos, en términos absolutos y relativos, mediante esfuerzos mutuamente equilibrados y contralados. Este objetivo, en el pasado tenido por utópico, se ha convertido hoy en asunto de vida o muerte para la civilización. b. debería someterse a rígidos controles, a través de convenios intergubernamentales, tanto la producción como el transporte de armas y la venta de armas. Con esta finalidad, debería crearse de la ONU un registro de todos los transportes de armas que desbordan las fronteras nacionales; c. la creciente sofisticación de la tecnología, en todos los tipos de armamento, no hace sino conferir una mayor urgencia a esta tarea. 47. Respecto de las Naciones Unidas, los liberales reafirman la postura expresada en el Manifiesto de Oxford de 1947. Los liberales estiman que las Naciones Unidas, creadas con el designio original de solucionar los conflictos y reforzar el imperio de la ley en las relaciones internacionales, merecen el apoyo de todos los países para poder estar a la altura de sus grandes responsibilidades. Pero anto los múltiples puntos débiles del Organismo y los fallos de algunos de sus miembros, los liberales consideran un deber seguir de cerca las actividades de la ONU y de sus organizaciones especiales e impulsar su reforma, de modo que se garantice la imparcialidad de sus negociaciones y resoluciones a nivel mundial.


VII Los puntos de vista liberales sobre las relacions entre paises industrializados, paises subdesarrollados y paises en vias de desarrollo 48. En est ámbito, los desafíos más importantes son: - las posibilidades de establecer democracias liberales en estos países; - las diferencias existentes entre ellos que, en el terreno económico, van desde los países exportadores de petróleo hasta los Estados neo-industrializados y las regiones sumamente pobres; cada uno de estos grupos necesita una política económica diferente; - los apsectos culturales del diálogo Norte-Sur; - las relaciones entre el diálogo Norte-Sur y las tensiones Este-Oeste, así como la carrera de armamentos considerada en su conjunto. 49. El liberalismo no puede aceptar que el diálogo Norte-Sur se reduzca al mero intercambio de bienes materiales, al comercio, a la colaboración económica y a la ayuda al desarrollo. Además de los valores culturales, también las ideas políticas juegan un importante papel. Los liberales contemplan los derechos humanos no sólo en la perspectiva de los derechos políticos y del pluralismo, sino también bajo el aspecto de los derechos específicamente sociales. No podemos admitir que los derechos humanos y la dignidad política, tanto personal como nacional, se midan por la magnitud del producto interior bruto, por la disposición a actuar como mercenarios del Este o por la voluntad de ceder bases al Oeste. El liberalismo renunciaría a su propia esencia y acabaría por acarrear su propia descomposición si consintiera en que a los países subdesarrollados no se les diera otra opción que elegir entre dictaduras de derechas o dictaduras de izquierda. El liberalismo puede convertirse en fundamento de regímenes libres en las regiones subdesarrolladas. Tambíen en los países industrializados el futuro del liberalismo depende de la posibilidad de implantar sus valores en los países subdesarrollados, respetando siempre su amplia diversidad. 50. El liberalismo ofrece a las regiones subdesarrolladas o en vías de desarrollo una tercera vía, por igual alejada de los regímenes autoritarios dictatoriales o teocráticos y de los totalitarismos comunistas. El liberalismo favorece y promueve un simultáneo desarrollo de la economía, de la cultura y de la política. Frente a esta postura, el marxismo subordina la libertad política al progreso económico, aunque, en definitiva, no puede alcanzarlo, y en razón, precisamente, de sus propias premisas. También los dogmáticos seguidores de un sistema puramente capitalista están dispuestos a subordinar a su ilusorio objetivo el éxito exonómico y el progreso social. 51. Los liberales no comparten la opinión de quienes creen que cuando un país subdesarrollado se inserta en el movimiento de los no alineados, o cuando sus gobiernos emprenden un rumbo económico más bien nacionalista o introducen una estricta planificación económica o un control financiero, esto significa que este país ha roto o está a punto de romper con las democracias liberales. 52. Los liberales consideran como un valor básico el derecho de los pueblos a su identidad cultural. Comprenden y apoyan la postura de numerosas países subdesarrollados, dispuestos a permanecer fieles a su herencia cultural a costa incluso de un menor desarrollo económico. 53. Los liberales contemplan el mundo como una unidad indivisible, en la que nadie puede vivir en paz y bienestar permanente mientras tantos seres humanos padecen pobreza y hasta miseria. La angustiosa situación de millones de personas inmersas en la más absoluta indigencia en los países subdesarrollados afecta de forma directa a todos y cada uno de los países industrializados.


54. Es evidente que el mundo no puede seguir avanzando por más tiempo a lo largo de dos vías totalmente separadas y diferentes, que permiten que un tercio de la humanidad consuma más de dos tercios de las fuentes energéticas no renovables y donde el ciudadano medio de los países occidentales industrializados tiene unos ingresos equivalentes a los de setenta familias de Bangla Desh. Las revoluciones dentro de una colectividad son desencadenadas por las extremadas diferencias de rentas y propiedad y, en general, de status humano, social y político. El escándalo de que dos tercios de la humanidad vivan en el límite mismo de la pobreza, mientras se destruyen año tras año excelentes campos de cultivos y bosques, sin que la comunidad internacional tome medidas eficaces para poner remedio a la situación, aumenta con sumergirnos en gravísimos conflictos. 55. Muchas materias primas están siendo consumidas con tal celeridad que crearán inevitablemente muy duras dificultades para las futuras generaciones. Dado que la naturaleza sólo posee una capacidad limitada para absorber los subproductos de la actividad industrial, no podrá lograrse una más justa distribución de la riqueza mientras los países industrializados mantengan un crecimiento económico ilimitado. Por otra parte, aflora también la necesidad de elevar el nivel de vida de la población - en rápido crecimiento - de los países subdesarrollados hasta estándares similares a los de la mayoría de la población de Norteamérica, Europa Occidental, Japón y algunos países de Europa Oriental. Es escandalosa la obstinada negativa de los países del COMECON a contribuir de forma significativa al progreso económico y social de los países subdesarrollados. 56. Una distribución más justa de la riqueza implica que las sociedades industrializadas deben reducir drásticamente su despilfarro de materias primas y de energías no renovables. Deben también reducir las tasas de crecimiento de su consumo per capita y destinar mayores medios a inversiones productivas, tanto en su propia economía como en el ámbito de la economía mundial, incluida la de los países subdesarrollados. Deben hacerse concesiones comerciales y transferencias directas de recursos a las regiones del mundo más necesitadas. Debe corregirse la balanza del consumo de recursos naturales en beneficio de aquellos seres que se hallan al borde mismo de la muerte por hambre. 57. Los liberales deben insistir particularmente en que los países industrializados se atengan a una política de libertad de comercio no sólo en sus transacciones mutuas, sino también, y de forma especial, en sus relaciones con las regiones subdesarrolladas, sin que ello suponga renunciar a tratados preferenciales en favor de los más pobres. En contra de algunas opiniones, el comercio con los países subdesarrollados no sólo no reduce a largo plazo los puestos de trabajo de los países industrializados, sino que es de hecho, y siempre que se adoptan las medidas adecuadas, un instrumento de crecimiento y resulta, por tanto, beneficioso para ambas partes. 58. Los liberales estiman que debe darse pronto y pleno cumplimiento al compromiso oficialmente adquirido pro los países industrializados de destinar al menos un 0,7 por 100 de su producto nacional bruto a ayudas al desarrollo. Es inaceptable que numerosos Estados no hayan ni siquiera llegado a este porcentaje, ya de suyo insuficiente. Debe ponerse mayor empeno por ambas partes para promover las inversiones productivas privadas en los países en vías de desarrollo. 59. Aparte las secuelas negativas del colonialismo y de las desigualdades en el comercio mundial y en la cooperación económica, el subdesarrollo económico de algunos países es también el resultado de la mala administración y del fracaso político de las élites nativas. Los países subdesarrollados - y de forma especial las fuerzas liberales que existen en ellos - deben poner más empeno en las necesidades básicas y en la movilización de sus propios recursos, tanto


materiales como humanos, deben poner mayor énfasis en la sanidad y en la educación públicas, en el control de la natalidad, en la lucha contra la corrupción, en la eficacia de la administración y en el adecuado funcionamiento del sistema político. Estos esfuerzos deben contar con el sólido apoyo de los liberales de los países industrializados. 60. Las tensiones entre el Este y el Oeste son una de las más graves amenazas que se ciernen sobre el progreso económico y social de los países subdesarrollados. La carrera de armamentos, que es un pesada lastre incluso para los países industrializados, es ruinosa para los subdesarrollados o en vías de desarrollo y les induce a renunciar a su condición de no alineados y a destinar un porcentaje cada vez más elevado de sus ya escasos recursos al servicio de una política de engrandecimiento político o militar, que debilita o destruye por entero su libertad interior y es radicalmente contraria a sus verdaderas necesidades.

VIII La senda del futuro 61. Reafirmamos nuestra fe en la excepcional capacidad del liberalismo para oponerse a los peligros que acechan a la libertad y a la existencia humana y para hacer frente a las agresiones procedentes del exterior. En un mundo de rápidos cambios y crecientes complejidades, en el que hasta los dictadores confiesan, de labios afuera, los valores liberales, todos los hombres y mujeres están autorizados a exigir más libertad y dignidad, mejores condiciones de vida y una mayor seguridad. Mientras que los dictadores, anarquistas, reaccionarios y terroristas están librando hoy las batallas de ayer, el desafío liberal se centra en la tarea de armonizar estas aspiraciones, rechazando al mismo tiempo la anarquía, la opresión y la tiranía. En este esfuerzo, dirigimos nuestra mirada, con talante abierto y espíritu de colaboración, a todas las restantes fuerzas democráticas. Para responder al desafío, debemos librar los combates de hoy y prepararnos para los de mañana.

Proclama liberal de roma de 1981 i l p  
Proclama liberal de roma de 1981 i l p  
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