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CriticArte Nยบ 16. Septiembre de 2013


Consejo de Redacción

EDITORIAL

CONSEJO DE REDACCIÓN: Fausto Leonardo Henríquez, Editor. José Acosta, poeta y narrador. Karla Palacios, Periodista. Ana Isabel Mercado, historiadora del arte. Luis Martín Gómez, periodista y narrador. José H. Bográn, narrador. Altagracia Pérez, periodista y narradora. Portada: Imagen cedida por Luis Martín Gómez sobre la obra de René Rodríguez Soriano. Contraportada: “El Mago” de Boris Correa (Chile). 170x120cm. Óleo sobre tela. Registro Legal 100017. HONDURAS, C.A.

Publicación digital sin fines de lucro. Barcelona, España, septiembre de 2013. Permitida su reproducción y divulgación por cualquier medio siempre que se cite la fuente. 2

Recientemente he vuelto a reencontrarme con una de las grandes vetas de la creación poética: la épica. Repasando los textos épicos de la poesía universal, ¿quién no piensa inmediantadamente en la Ilíada o la Odesea de Homero? ¿Quién no piensa en el primer gran canto en lengua castellana, El Cantar del Mío Cid? ¿O en la Divina Comedia de Dante Alighieri? ¿Quién no considera el canto inmenso en tierra chilena, Araucana, del poeta Alonso de Ercilla y, en Europa, ¿en la elevadísima composición de Voltaire, La Henriada? ¿O en Los Luisiadas del portogués Luis de Camoes, en cuya composición canta las gestas portuguesas en tierras africanas? Y, si se acepta, ¿no habría que incluir en ese grupo el Canto Ge-neral de Pablo Neruda, sobre todo la parte dedicada a los conquistadores y libertadores? Hay en la historia de los pueblos hechos históricos y personajes de leyenda que merecen ser cantados porque están en la memoria colectiva. Hombres y mujeres cuyas acciones podrían perpetuarse en la poesía. Los poetas habrán de urgar en el pasado para resucitar en la épica la vida, la memoria y las hazañas de aquellos que, en muchos casos, son parte de su identidad cultural e histórica. La épica ha de cantar las pasiones, las envidias, los odios, las luchas, las guerras, la nobleza, la esperanza, la utopía, el drama, la melancolía, los sueños, el júbilo, la fiesta, la religiosidad. Ha de cantar las vicisitudes que hay que sufrir para lograr la justicia.

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SUMARIO PÁGINA ENTREVISTA René Rodríguez Soriano. Por Luis Martín Gómez 4 Teodoro Rubio. Por Altagracia Pérez Pytel 7

ENSAYO La historia de la noche. Por FaustoLH 13 Consideraciones estéticas sobre Gemidos del ciervo herido. Por Sélvido Candelaria. 15 Gemidos y búsquedas de un ciervo herido. Por Pura Emeterio Rondón 18 Biografía de Sombra Castañeda. Por Minerva Hernández 27

CUENTO

La última representación de Gregorio Link. Por José Acosta . (USA)

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POESÍA

Diálogo sin cuerpos. Por Sally Rodríguez

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Reseña a Gemidos del ciervo herido. José Félix Olalla

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POR AMOR AL ARTE Boris Correa. Por Ana Isabel Mercardo 39

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ENTREVISTA

René Rodríguez Soriano:

“Escribo marcando el compás con el pie”

Novelista, cuentista y poeta, Premio Nacional de Cuento y Premio UCE de Novela y Poesía

Mar adentro Por Luis Martin Gómez (yolayelou@gmail.com)

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René le quedó chica la media isla y se mudó a Estados Unidos, un play más grande. “En República Dominicana, manejando cuatro horas, o caes en Haití o te caes al mar, y yo quería llegar más lejos, ver si rompía la culebrilla al millero”. Además de la claustrofobia por limitaciones territoriales, también motivaron su huida los

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apagones, el clima político y los problemas económicos. Ahora, en ese mundo “ancho y ajeno”, escribe su obra y promueve la literatura iberoamericana a través de su sitio web mediaisla.com. “Aunque uno nunca se va definitivamente, siempre llevamos al país con uno”.

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ese apego obstinado a este trópico mágico y pobre contribuye Manuelico, personaje de su infancia que, en una transacción conveniente para ambas partes, le cambiaba cenas por historias. A él, más que a Elizondo, Cortázar y Arreola, que asoman a mitad de una página, en un título o en el remate de un texto, le debe René gran parte de Solo de flauta, su obra más reciente.

ha compuesto siete cuadernos de trece textos cada uno, que comenzaron a gestarse en los noventa y fueron concluidos en el 2010. “Inicialmente, me propuse escribir una obra que contuviera trece libros con trece textos cada uno, un libro infinito, circular, que se pudiera empezar por cualquier punto, por cualquier historia. Escribí una gran cantidad de esos textos en República Dominicana, los otros los trabajé a caballo entre el Caribe y LMG La contratapa confunde un poco pues algunas ciudades de Estados Unidos. Pero dice que el libro puede ser poesía, luego de haber revisado los 169 texLos novela, cuento, minificción, tos, me di cuenta que en la obra reflexiones... Tú que eres el habitaban dos libros e inevitaintelectuales autor, ¿qué dices que es? blemente vino la poda. que defienden el

concepto de diás-

RRS Es un libro que Junot y Julia transita a través de las pora dominicana son los fronteras de los géneros, primeros que carecen de ace un tiempo, dudel que me valgo para un plan de promoción y rante una entrevista explorar todas las posibisobre la segunda edición defensa de lo dominilidades que tiene el texto de su Diccionario de literacano para expresarme y viajar de tura dominicana, el ensayista un lugar a otro, con voces que Franklin Gutiérrez dijo que Juse encuentran, se entrecruzan. not Díaz y Julia Alvarez habrían sido favorecidos por la coyuntura de una ené se autodefine como un escritor de- crítica y una industria editorial que busca generado, a quien no aprisiona ningún representantes para potenciar una literatura género literario, a quien le place transgredir de minorías, en este caso, dominicana; ¿qué las preceptivas. La rebeldía es evidente en piensa René Rodríguez Soriano de eso? el formato, la técnica y en la hibridación provocadora de poesía y prosa. De hecho, la RRS Pienso que hay algo de cierto en esa poesía parece inevitable, aún en sus textos afirmación porque ellos son dos escritores más prosaicos; ¿quién gana en esa lucha a norteamericanos, aunque sean de ascendenmuerte? cia dominicana, escriben en otra lengua que no es la nuestra, y la verdadera patria de un RRS Yo dejo que la escritura fluya, a mí, escritor es la lengua en la que habla, en la escribir me pauta un ritmo, soy un músico que vive. Ellos tienen algunos nexos con la frustrado, la música siempre está presente isla, un poco borrosos, pero su realidad es en mis textos, escribo marcando el compás totalmente diferente a la nuestra. Hay escricon el pie. Entonces, una cosa y la otra es- tores que trascienden porque trabajan para tán muy ligadas, pienso que cuando trato de un sello, que los promueve, y creo que ese es hacer poesía, narro, y cuando narro, me sale el caso de Junot y Julia; nosotros resultamos el poeta. simpáticos para un segmento de la sociedad norteamericana, nos ve un poco como Maon esa prosa poética impecable, que al- condo, y si encuentra a un escritor con tacanza niveles memorables de creativi- lento y dominio de la técnica, explota eso. dad, humor e ironía, René Rodríguez Soriano

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Siempre nos quejamos de que no hay crítica, pero la crítica debemos ser nosotros mismos, los lectores; si logramos leernos entre nosotros, vamos a fortalecer nuestra literatura.

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odríguez Soriano considera que es una fábula el concepto de diáspora dominicana, alegando que se trata de una extrapolación de la diáspora judía, que sí tiene identidad y propósitos. “Pero los dominicanos no tenemos un proyecto ni siquiera en el país, mucho menos en los Estados Unidos, donde estamos más divididos que en la isla, allá sólo nos reunimos para celebrar el 27 de febrero y punto, los intelectuales tampoco tienen una unidad de criterio ni de pensamiento, y la primera valoración negativa que tiene esa diáspora intelectual, es que los académicos dominicanos que están en universidades de Estados Unidos no conocen ni promueven la literatura dominicana.

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LMG ¿Volverías, con la frente marchita, planteada la sien con las nieves del tiempo, o como Juanita, que dijo que no volvía pero regresó empujada por la nostalgia? RRS No creo que regrese, salvo como lo hago ahora, de visita, para compartir con los amigos, para reencontrarme con lugares que todavía existen; ya me acostumbré a otro ritmo, a otro ambiente, y me siento muy bien en una sociedad que respeta mi trabajo, lo valora, y me permite una proyección; volver aquí sería empezar de nuevo. ***

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ENTREVISTA

TEODORO RUBIO MARTIN

Por Altagracia Pérez Pytel

Teodoro Rubio Martín, oriundo de la provincia de Burgos, España; es sacerdote y autor de numerosos libros de poesía que enriquecen el acervo cultural español reciente. Entre sus obras se destacan: “Araña en tu silencio“,“Herida la palabra“, “Tu mano todo el día“, “Elegía de Otoño“, “La memoria se cuelga en los balcones“, y otros. Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, así como miembro Correspondiente de la Real Academia de la Lengua, este connotado sacerdote ha recibido numerosos galardones, como Premio Nacional de Poesía “El Yantar de Pedraza”, 1999; Premio Blas de Otero, de los premios Complutense de literatura, 1997; Botijo de oro (Primer Premio) en las Justas poéticas de Dueñas (Palencia), 2001 y Premio Espadaña, por su labor cultural y literaria, año 2009. Rubio, quien además obtuvo el Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo”, en el año 2005, conversa ahora con nosotros sobre su quehacer poético, el rol del poeta en estos tiempos y su visión de la poesía ante el mundo.

APP.- En el año 2002, usted expresaba para un periódico de su país: “la poesía es una necesidad, la necesidad de expresarse...” El tiempo ha transcurrido, ¿ha cambiado de alguna manera o permanece igual su visión de la poesía? ¿Qué más podría añadir al respecto?

¿cómo consigue ser tan productivo? ¿Cuál es el método que utiliza para obtener la musa, disciplinarla y al mismo tiempo, dedicarse a sus labores de sacerdote y servicio social? TRM.- Los temas solidarios y pastorales ciertamente necesitan una programación, anotar en la agenda horas y días, pero el tema literario es diferente. Es verdad que tengo una agenda repleta de actividades, que hago muchas cosas y que la vida me ha sonreído literariamente, pero no tengo ninguna disciplina en cuanto a las letras. Hay escritores que todos los días se sientan ante una cuartilla en blanco y escriben durante unas horas, yo en cambio únicamente escribo cuando tengo algo que comunicar, cuando la inspiración poética me asiste.

TRM.- Ciertamente la poesía es una necesidad para expresarme, la capacidad para decir con las mejores palabras exactamente todo aquello que sentimos por dentro. Necesitamos comunicarnos para no estar solos y no morirnos de tristeza. En mi vida la poesía ha sido mi salvación, una catarsis, porque el dolor contenido en mi interior por la muerte de uno de mis hermanos, que me había dejado húmedo de tristeza, tenía que sacarla afuera. La poesía habla de nosotros, de nuestros temores, de nuestras esperanzas y a veces nos APP.- La claridad, la sencillez son de los engloba en una comunión con todo ser hu- rasgos característicos en sus creaciones, y mano de todos los tiempos. sin menoscabar la profundidad; sin embargo, esta claridad al mismo tiempo revela una fraAPP.- Usted es autor de varios libros de poe- gilidad constante. ¿No le atemoriza de alguna mas y también, ha obtenido varios galardones, manera desnudar sus sentimientos? 8

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TRM.- Verdaderamente cuando escribes te desnudas. No cabe duda de que la poesía es un streeptease que pone a descubierto el alma. Pero si has recibido un don tienes que usarle sin miedo a que otros te conozcan o perciban sentimientos que están aflorando en tus versos.

APP.- ¿Podría explicarnos la mecánica que despliega al construir un poema?

TRM.- No tengo una mecánica concreta. Es verdad que escribo en el silencio; y la naturaleza, las cosas cotidianas, el paso del tiempo, las personas, el mundo, el dolor, la APP.- ¿Por qué decidió inclinarse por la poe- muerte y Dios, son continuos temas de inssía? ¿Tiene escritos en prosa? piración en mis composiciones poéticas. Generalmente parto de una expees TRM.- Tengo dos obras riencia vivida, pero, muchas en prosa: “Una veces nace en mí una la lírica el aventura con voidea, una palabra, un género que más sotros”, Editorial verso, o un mensaje CCS, Madrid, utilizo para escribir, que necesito escri1996, (1998), bir o transmitir. porque expreso toda la y “El pensaRecuerdo, en ocamiento religio- emoción interior desde siones, pasear por so de Gerardo parajes hermosos Diego, Monte mi visión del mundo y y solitarios y esCarmelo, Burgos cribir un poema; en del hombre 2011. También esotras, estar en casa en cribí una novela que un silencio absoluto, y permaneció un tiempo en crear un texto lírico. Algunas la editorial, y al final la retiré. veces, me he despertado a las dos Además, tengo inéditos una gran colección de la madrugada con un verso que está ronde cuentos. No obstante, es la lírica el gé- dando en mi cabeza y lo escribo, cuando me nero que más utilizo para escribir, porque levanto concluyo el poema. expreso toda la emoción interior desde mi visión del mundo y del hombre. APP.- ¿Cómo consigue alcanzar ese vuelo y hondura espiritual que consigue en sus creaAPP.- ¿Logra usted construir sus poemas de ciones? inmediato o le toma tiempo pulirlos hasta alcanzar lo que busca? TRM.- Decía San Juan de la Cruz, que la mística es una experiencia de amor, no dudo TRM.- Muchos grandes maestros que nos en ningún momento que lo escribo lo he han precedido quizás se alarmarían, pero no vivido, lo he sentido, lo siento y necesito suelo corregir mis escritos. Generalmente compartirlo. Creo que mi poesía es interiodejo los poemas tal y como surgen. Desde rista, lírica, vivencial y reflexiva. Si he reflehace tres años tengo un reto todos los últi- xionado sobre el paso del tiempo, el amor, la mos sábados de cada mes: me obligo a escri- muerte o Dios, y lo he experimentado ¿por bir un poema entre las doce del mediodía y qué no comunicarlo a través de la palabra las dos de la tarde; después lo leo, sin modi- escrita, el verso? ficar ninguna palabra, en la Tertulia literaria Por lo tanto, ajustándome a su pregunta, “Gerardo Diego” del Café de Oriente, que pienso que alcanzar una hondura espiritual coordino. es fruto de una vivencia y de una reflexión. Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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APP.- Usted es ganador del premio “Fer- he leído su pensamiento y sus versos- “no nando Rielo”, ¿qué ha significado para usted hay poesía mística donde no se invoque el haber obtenido este galardón? amor divino con el dolor humano”. Para escribir un poema místico -hablo sólo desTRM.- Siempre he manifestado que ganar de mi experiencia- antes has contemplado, un Premio literario, es un reconocimiento a has reflexionado y has a-mado. Y, frente a un trabajo y, a la vez, es un estímulo para los interrogantes sin respuesta, el dolor y la seguir escribiendo. El Premio Mundial de muerte, como todos los seres humanos crePoesía Mística, Fernando Rielo lo logré en yentes, ven a Dios entre la niebla, pero sigue un momento crucial, su XXV convocatoria, en la búsqueda incesante, sin descanso para y en la final junto a mi poemario, figuraban encontrar a Dios, porque ha experimentado los de 11 escritores, que representaban a 9 que en los momentos de oscuridad no puede países diferentes; entre ellos, recuerdo que negar los momentos que ha vivido de luz. Es se encontraba el poemario de la Embajadora una experiencia de amor en medio del dolor. de la India. Quiero decir con esto que es un Esto a mí me hace escribir poemas místicos. Premio sin fronteras, y en la temática mística, único. Ganar este galardón supuso en mí, pues, una conciencia mayor para reconocer que escribir poesía es un don recibido, que no puedes quedarte callado y al margen de la sociedad; supuso un reconocimiento en el ámbito cultural, literario y religioso –en este momento soy Hijo adoptivo de Fontiveros, cuna de San Juan de la Cruz, y miembro de su Academia de Juglares-; y supuso, además, una mayor productividad creativa. APP.-¿Puede un poeta sin inclinaciones religiosas o místicas, escribir un poema místico? ¿Cuáles son las pautas para escribir un poema místico? TRM.- Un poeta español, que hace unos años murió, Claudio Rodríguez, comenzaba su primer poemario, El don de la ebriedad, con estos versos: “Siempre la claridad viene del cielo, / es un don…”. Pienso que toda poesía trasciende la realidad, y que todo poe-ta religioso o no religioso, puede transmitir en sus versos una dimensión espiritual. Sin embargo, opino que quien escribe un poema místico tiene unas convicciones religiosas profundas. A veces se piensa en el poeta místico como en alguien que está en la estratosfera, fuera de la realidad de este mundo, pero pienso que no; coincido con el Fernando Rielo –después del Premio 10

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calizados en grabaciones, ¿qué ha significado para usted escuchar sus poemas musicalizados y recitados por otras voces profesionales? TRM.- Es maravilloso oír en voz de un rapsoda o de un cantante tus versos. Antes han tenido que leer, releer, interpretar el poema para darle vida. Todos los cantautores que han musicalizado mis textos han entrado en la médula y han logrado su fin. APP.- ¿Cómo enfrenta un sacerdote místico la avalancha de la fuerza de la carnalidad que se puede presentar en el proceso de creatividad? ¿Ha encontrado alguna vez contradicción entre su vida espiritual y la creación poética?

APP.- Vivimos cada vez más en un mundo globalizado e intercomunicado, ¿cuál es el rol que tiene el poeta en este momento? ¿Cuál es el futuro de la poesía en un medio cada vez más cambiante y volátil?

TRM.- En este momento, en nuestro mundo son necesarios los poetas. Deberían hacer como los profetas: denunciar las situaciones injustas, y anunciar el gozo. Pero creo que ese ha sido, y seguirá siendo, el verdadero papel del poeta. La poesía imperecederaEn cuanto a la segunda pregunta, si he en- mente estará a salvo. Ya decía el poeta Guscontrado alguna vez contradicción entre mi tavo Adolfo Bécquer: “aunque no haya poevida espiritual y mi vocación poética, rara- tas, siempre habrá poesía”. mente. Al revés, mi vida espiritual ha intensificado mi creación poética, y mi creación APP.- “Las heridas del poeta... ” Parafrapoética ha fortalecido mi vida espiritual. seaba un amigo suyo, al hablar de su obra…. TRM.- Todas las personas, por ser humanos, nos sentimos inclinados a las pasiones, sin embargo el poeta pone sus cinco sentidos en el proceso creativo.

APP.- Usted es un sacerdote reconocido por su trabajo desprendido para las comunidades muy necesitadas. ¿No ha sentido la tentación de dedicarse a escribir poemas de corte social? TRM.- He escrito muchos poemas de temática social, e incluso en mis poemarios místicos. Pienso que no podemos estar al margen de la situación de nuestro mundo, ajenos al sufrimiento de los seres humanos, insensibles al llanto de los pobres. APP.- Muchos de sus poemas han sido vo-

¿Es el poeta un ser distinto, perseguido por una extraña e inusual sensibilidad o uno privilegiado ante el mundo? ¿Cuán privilegiado o distinto es el poeta con relación al resto del mundo? TRM.- No, el poeta no es distinto, es como los demás seres del planeta. Todos sentimos gozos y tristezas, todos encontramos luces y sombras en nuestro camino. Quizás nos distinga de los otros en que podemos utilizar la palabra; y por lo tanto, poner por escrito eso que otros también sienten y no saben expresarlo en palabras.

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APP.- Usted milita en el Movimiento Interiorista que produjo el Ateneo Insular de la República Dominicana. ¿Por qué decidió pertenecer a ese movimiento y cuáles directrices ha encontrado para su obra? TRM.- Es un movimiento literario que potencia la poesía interior y, de manera particular, la poesía mística, con la que me siento muy identificado. Hay algunas directrices que el Interiorismo propone y que yo valoro: la dimensión interna, la cosmovisión espiritual el sentimiento estético y el aliento místico. APP.- ¿Cuáles aportes pondera de ese Movimiento? TRM.- El Movimiento Interiorista no es un movimiento religioso, sino literario, que impulsa la palabra poética como medio para expresar las experiencias sensoriales en busca de una realidad trascendente. El Movimiento Interiorista nos ayuda, además, a conocernos y a sentirnos parte de este mundo. El poeta, que se coloca en el interior de las cosas, a través de la imagen interiorista, llega a la realidad concreta o imaginaria, e incluso a sentirse creación del creador. APP.- ¿De cuáles maestros siente usted que se ha nutrido su obra y recomendaría a las jóvenes generaciones de escritores leer para su crecimiento? TRM.- Hay varios libros poéticos contemporáneos que me impactaron al leerlos: “Alondra de verdad”, de Gerardo Diego, “El rayo que no cesa”, de Miguel Hernández, “La casa encendida” de Luis Rosales y “El don de la ebriedad” de Claudio Rodríguez. Por lo tanto los autores mencionados son auténticos maestros que recomendaría. Junto a estos maestros añadiría: Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Mario Benedetti. *** 12

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ENSAYO

La historia de la noche Por Fausto LH

El poeta va de lo simple a lo complejo, de lo pequeño a lo maravilloso.

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a Historia de la Noche, 1977. Este es el décimo primer poemario de Jorge Luis Borges. Percibo en este trabajo un intento de síntesis en el cual la sabiduría, el conocimiento alcanza su cima. El hombre, Dios, la ciencia, el mito, las creencias gravitan en la razón del poeta.

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l poeta va de lo simple a lo complejo, de lo pequeño a lo maravilloso. De ahí que, con el asombro que produce el mago ante los ojos de un niño, nos diga: «Música del Japón. Avaramente / de la clepsidra se desprenden gotas / de lenta miel o de invisible oro / que en el tiempo repiten una trama l bardo argentino se mira a sí mismo, / eterna y frágil […] En esa música / yo soy. en el ocaso de su vida, como Ulises Yo quiero ser. Yo me desangro» (Caja de Laertes, que, de retorno a casa, suspira re- Música). cordando las ansias de conquistar el mundo y los peligros terribles que corrió en sus n los personajes de leyenda el poeta se andanzas. En Las mil y una noches Borges mira a sí mismo. Traspone en los héroes halla las metáforas que, de alguna manera, mitológicos sus dolencias. O, dicho de otra han sido las suyas propias. 1. El río, su pesa- manera, hay personajes que son metáfora dilla número uno. 2. El tapiz, el cual con su del mismo Borges. Por ejemplo, Endimión, aparente desorden de trazos y colores alber- Ulises, Don Quijote. «Yo dormía en la cumga una perfecta armonía y un secreto orden. bre y era hermoso / mi cuerpo, que los años El cosmos, el universo es figura de ese tapiz. han gastado […] Diana, la diosa, que es tam3. El sueño, el sueno como aspiración del bién la luna, / me veía dormir en la montaña Paraíso, pero también como el sueño que se / y lentamente descendió a mis brazos / oro desdobla en otro sueño y así hasta perderse y amor en la encendida noche» (Endimión en la oscuridad misma del sueño. 4. El tiem- en Latmos). «La reina supo que era el rey po, que se extiende ante nuestros ojos como cuando se vio en sus ojos» (Un escolio). «No un mapa sin bordes precisos; tiempo que quiero ser el que soy […] Soy un hombre endevora insaciablemente a las generaciones, trado en años. […] Lo he sentido / a veces y que contempla la ‘larga vigilia de los as- en mi triste carne célibe […] Ni siquiera soy tros’. Tiempo insomne, tiempo de sombras, polvo. Soy un sueño / que entreteje en el lima de los mármoles. «Las Noches son el sueño y la vigilia […] Mi Dios, mi soñador, Tiempo, el que no duerme» (Metáforas de sigue soñándome» (Ni siquiera soy polvo). las Mil y Una Noches).

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orge Luis Borges abunda en referencias culturalistas de lugares, personas y personajes de la literatura universal. Hay en su poesía diafanidad, la hay incluso en el uso de las metáforas y las adjetivaciones. «El húmedo zaguán. La vieja casa. En el patio que fue de los esclavos / la sombra de la parra se aboveda» (Buenos Aires, 1899).

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l hombre no puede llegar a realizar todas las cosas que desea. La vida tiene un límite. Sin embargo, podemos soñar o imaginar no sólo lo que pudo haber sido sino lo que puede ser. «Pienso en las cosas pudieron ser y no fueron. / El tratado de mitología sajona que Beda no escribió. / La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever» (Thinks that might have been).

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hora el poeta está ante el espejo de su conciencia. Luces y sombras, miedos y certezas abruman su alma. «Yo, de niño, temía que el espejo / me mostrara otra cara o una ciega / máscara impersonal que ocultaría / algo sin duda atroz […] Yo temo ahora que el espejo encierre / el verdadero rostro de mi alma, lastimada de sombras y de culpas, / el que Dios ve y acaso ven los hombres» (El espejo).

/ que recordar el tiempo en la dicha» (The thing I am).

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l problema de la ceguera amplía la agudeza del poeta. El tacto se convierte en el sentido cómplice. El ciego ve por el tacto, por los oídos. Ahora ya nadie se mira en espejo porque quien está ante él no ve más allá que su propia oscuridad. «Un hombre ciego en una casa hueca / fatiga ciertos limitados rumbos / y toca las paredes que se alargan». (Un sábado).

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orges, que halla una analogía entre él sueña y el sueño de Chiang-Tzu, el cual “soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre” (El bastón de laca). Al final de la vida, como sucede con el poeta al escribir “Historia de la noche”, nos preguntamos, ¿soy en verdad el que quise ser, el que soñé ser? Y si creo que soy el que soñé ser, ¿no será que no sé distinguir el que antes era y el que ahora digo que soy?

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dipo Rey inventó la noche en los cuencos de sus ojos. Tiriel, de William Blake, no conoció más que la oscuridad de sus ojos. Borges conoció el día y la noche o, mejor, un perenne crepúsculo. «A lo largo de sus generaciones / los hombres erigieron la noche […] En el principio era ceguera y sueño / y espinas que laceran el pie desnudo […] Ahora la sentimos inagotable / como un antiguo vino / y nadie puede contemplarla sin vértigo / y el tiempo la ha cargado de eternidad» (Historia de la noche).

La a más aguda certeza del más aguL poeta Jorge Luis Borges, sobre todo la del da certeza del Borges de siete décadas, es la de saberse memopoeta Jorge Luis ria. Del poeta sólo queda la memoria, lo vidido. Borges, sobre todo Neruda dirá de sí mismo ‘confieso que he vivido’. la del Borges de Borges sabe que ha vivido por la dicha que dessiete décadas, es tila su memoria, es decir por los recuerdos que la de saberse afloran desde el fondo del inconsciente. «Soy la carne memoria. y la cara que no veo […] Soy el que no conoce otro consuelo

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ONSIDERACIONES

ESTÉTICAS

SOBRE GEMIDOS DEL CIERVO HERIDO DE FAUSTO LEONARDO HENRÍQUEZ

Por Sélvido Candelaria

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n el texto que motiva la escogencia del libro “Gemidos del Ciervo Herido” como ganador del premio Fernando Rielo de poesía mística, en el año 2009, aparece el siguiente extracto: “La salvación del sujeto lírico se cifra en sus apóstrofes a lo alto: un fondo de impetración traspasa esta poesía; aún cuando el poeta no increpe de modo explícito, lleva el tizón de la súplica en los labios, y se lanza hacia adelante con el ímpetu de la fe. Toda esta densidad de contenidos se combina con una cuidadosa expresión formal, que ofrece sugerentes relieves compositivos."(1) Y antes de conocerse este veredicto, Bruno Rosario Candelier, en su opinión sobre la misma obra, le expresaba al autor, entre otras consideraciones, esta certeza: “En virtud de la denotación dominante de petición y plegaria, más que poesía mística, es poesía religiosa” (2) Es decir, tanto el prominente crítico dominicano como los miembros del jurado que la escogieron, concuerdan en que la obra no es de un misticismo puro.

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n nuestra opinión, la “cuidadosa expresión formal, que ofrece sugerentes relieves compositivos” es el elemento más sobresaliente en este poemario pues lo vemos más cercano a las depuradas formas poéticas de Fray Luis de León y Sor Juana Inés de la Cruz, que al “temblor” inherente a la poesía de San Juan de la Cruz. Y es que, aunque ambos “son dos cimas encumbradas y seguras”… “La una ( San Juan, sc) mira hacia la otra banda, la de la eternidad conseguida, de la que recibe la luz y el sonido de las palabras consustanciadas. La otra (Fray Luis, sc), mira esta banda del mundo, del destierro, que tiene el presentimiento y la impaciencia de la patria verdadera, y se ilumina con una luz indecisa, que es alborada y ocaso, y a ella se llega por ascensos sucesivos”. Y hacia esta esta banda, entiendo yo, es que se orienta el contenido de los textos que componen la laureada creación del poeta interiorista. (3)

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Valga esta comparación para ilustrar lo que planteamos.

Ardí, y no solamente la verdura Deste (sic) mi año breve, Amor, te he dado; Más del maduro otoño una gran parte. Pedía libertad, y hasme (sic) apretado, Como preso que huye con más dura Cadena, y no me vale ruego ni arte. ¡Ay triste! ¿habrá en el mundo alguna parte Segura, en cueva, en monte, en la mar honda, Abismo, o do me esconda, Y libre de este mal que tanto temo, Siquiera de mi vida en el extremo? (4) Con el dolor de la mortal herida De un agravio de amor me lamentaba, Y por ver si la muerte se llegaba Procuraba que fuese más crecida. Toda en su mal el alma divertida, Pena por pena su dolor sumaba, Y en cada circunstancia ponderaba Que sobraban mil muertes de una vida. (5)

Bajo al sueño, tumba que madruga a la muerte. Dejo al pie de la cama mis despojos Para descender a la noche. Abrigo la esperanza. El espejo mira. El reloj se apresta a despertar la aurora. Cavilo mientras las cortinas cierran. Bulle la piedra que piensa. Ya nada es claro A estas horas frías. Solo mi aliento se escu16

cha Como cuerda de bajo. (6)

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pesar de los siglos que separan las dos primeras creaciones, de la tercera, es indudable la afinidad en su tono poético. Tanto, que las tres podrían llevar el mismo título (“Cavilaciones”) que acertadamente utiliza el padre Leonardo para identificar su poema. Aunque los sucesos que hayan producido esos poemas sean diferentes, la forma de los poetas confesarse, de externar lo que bulle en sus conciencias sobre las particularidades que los motivan es, fundamentalmente, la misma.

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no es que el poemario del sacerdote paulino, carezca de piras alimentadas por el fuego de la divinidad en su sentido más esencial, no. Lo que planteamos es que su poesía, aunque está imbuida de un “fluido misterioso”, nos parece más, el producto del “equilibrio intelectual de su alma”. (7) Es como si el misterio, en vez de encarnarse en la poesía, quisiera ser explicado por ella, tal y como vemos en “Aguijón”. Todas las colmenas de abejas son este aguijón. Me duerme con su cicuta, se ríe De mis fuerzas. Burla de mis plegarias Es este gusano que recorre mi habitación. Da coces contra mí como un animal. Este aguijón es el del tamaño de mi cuerpo. No se cura extrayéndolo. Duele más Extirparlo que su furia. (8)

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hora bien, sobre estas consideraciones se yergue la primorosa combinación de recursos estilísticos y estructuras versales que dotan al conjunto de una estética inusual e impregnan el poemario de excelsitud. Desde la oda que aparece iniciando los “Ejercicios del Espíritu” en la primera parte del libro, hasta ese conmovedor apóstrofe que constituye el inicio de “Variaciones en la Cruz” (magistral poema con que concluye el volumen), el poeta ejerce su capacidad de domador del lenguaje y encantador de la retórica para conseguir, sin forzar los resultados, una recreación de las diferentes formas de versificar que se han suscitado en la historia universal de la literatura. Aquí se le ha concedido espacio a la subliminal didáctica del poema dialogado; al sosegado estilo de los salmos; al cascabeleo de los villancicos; al fascinante ritmo que producen las estrofas con versos de pie quebrado; a la hipnotizante estructura del haiku. Pero esto no se ha hecho al azar. El poeta ha tenido el tacto de encajar los temas en el marco escritural adecuado y colocarlos en el lugar preciso para crear un todo expresivo sin aristas ni callosidades con lo que logra acercarse (tanto como a un mortal le es permitido) al perfecto balance entre el fondo y la forma, legándonos como resultado un libro no sólo destinado a darnos satisfacciones lúdicas y espirituales, sino a ser utilizado como modelo de estudio para quienes transitamos por las sinuosas e inadvertidas sendas que cincelan las palabras.

Gemidos del Ciervo Herido, Kindle Edition,ubicación 736. (7) (8) Fausto Leonardo Henríquez, Gemidos del Ciervo Herido, Kindle Edition, ubicación 272.

(1) http://faustoleonardohenriquez. blogspot.com/2009/12/gemidos-del-ciervoherido.html (2) http://faustoleonardohenriquez. blogspot.com/2009/12/gemidos-del-ciervoherido.html (3) Fray Luis de León, Poesías, Ediciones 29, Barcelona, España, pág. 19 (4) Ibídem. Pág. 14 (5) Sor Juan Inés de la Cruz, Obras, Kindle Edition, ubicación 260. (6) Fausto Leonardo Henríquez, Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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Gemidos y búsquedas de un ciervo herido

Por Pura Emeterio Rondón

Los poemas que contiene el libro Gemidos del ciervo herido de Fausto Leonardo Heríquez (Fundación Fernando Rielo Madrid 2012), son obviamente poemas líricos, como salidos de la más profunda subjetividad. Pero esta realidad no invalida el hecho también cierto de que obedecen y se entienden a la luz de ciertos modelos culturales, que constituyen su origen y soporte. A simple vista se presentan tres modelos que en realidad pueden reducirse a uno, ya que conforman un conjunto cultural de círculos concéntricos. Ellos son: la tradición lirica de la lengua castellana, particularmente la mística, la espiritualidad cristiana, católica propiamente, la espiritualidad vicentina.

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De izq. a dcha.: Sélvido Candelaria, Bruno Rosario, Fausto Leonardo y Pura Emeterio

que acompaña a la humanidad del Verbo. Es El libro está estructurado en tres partes: una poesía testimonial que, por la forma de Primera parte, Ejercicios de Espíritu, comunicar la superación, la esperanza y el Segunda parte, Gemidos del alma herida gozo de lo divino en lo humano y de lo huy Tercera parte, Humanidad del Verbo. mano en lo divino, nos ha merecido, como Sin embargo, en el análisis que realizo en- miembros del Jurado, nuestro más ferviente globo la Primera y Segunda Parte en una aplauso. (pág. 8-9) sola. Así que en mis consideraciones, el libro tiene dos partes. Entiendo que los poemas recogidos en este libro son poemas religiosos, en tanto que toComenzaré comentando la que en el libro dos ellos refieren la experiencia de relación se clasifica como Tercera parte, “Humani- de la voz poética con la divinidad. En este dad del Verbo”. Pero antes, expreso mi fe- caso con el Dios de la tradición judeocrislicitación doble a Fausto Leonardo primero tiana, propiamente de orientación católica. por haber creado este libro y en segundo De esa manera su autor sigue la tradición término, por haber logrado con él recibir el de una muy fecunda veta literaria propia de Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía todas las culturas, que toma como fuerte de Mística (2009), en su XXlX edición. En inspiración creativa la fe religiosa. Particureconocimiento de los valores del poemario, larmente la lengua castellana es muy rica hago mías las afirmaciones del jurado cuan- en creaciones poéticas de las más variadas do dice: formas, desde el nacimiento mismo de la lengua. Recordemos las Cantigas a la Virgen y los Milagros de Nuestra Señora, de GonEste poemario expresa, con dominio y zalo Berceo en el siglo Xll, las referencias destreza literaria, en tres partes, bien estruc- religiosas del Arcipreste de Hita en El libro turadas: a) el balbuceo y la suplica al Verbo del buen amor, siglo XIV y una larga lista en medio de ejercicio ascético y la conquista que sigue recorriendo el Renacimiento con de la virtud; b) la mística alegría y experien- Lope de Vega y continúa a todo lo largo de cia de amor en la soledad, el silencio y la la historia literaria de la lengua hasta nuespurificación; y c) la celebración litúrgica tros días. Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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Pues bien, la Tercera Parte del libro contiene textos líricos de aspecto aparentemente muy diferente que las otras dos partes. Son poemas relacionados con la encarnación del Verbo, con las incidencias de la infancia de Jesús. Poemas de exquisita ternura, reflejan a alguien tocado directamente por este misterio de amor. En el poema “Navidad”, leemos:

inmundos labios a esas manitas divinas y regar con mis lágrimas esos delicados piececitos.

Déjame, sí, no te enojes conmigo; dibuja una dulce sonrisa en tu divino rostro; llámame, aunque sea para castigarme; pero déjame estar contigo. ¿Tienes frío, Amado de mi alma? ¿Cómo podré yo mitigar ese sufrimiento? ¿Quieres que te arrope? ¡Telas del corazón yo me arrancara y con ellas te abriNavidad garía! ¿Te ríes? ¿Dudas de lo que te digo? No, Niño mío; no son mis palabras como Nació Diosito, otras veces, ya te lo digo de veras; ya no me dulce Niño. separaré de Ti jamás y tus alegrías serán mis ¡Canta pastorcito! gozos y tus penas serán las mías. ¿Quieres decirme algo? ¡Ah!, si no te entiendo. ¡Qué Estrella titilante pena! Háblame más fuerte. ¿Te ríes porque detiene la noche; sufro? ¿Te alegras porque lloro? Ya entiennace Sol brillante. do, ya, es que quieres con el dolor purificarme y lavarme con mi llanto. Pero ¿qué Ángeles tocan, veo? ¿Quieres moverte? ¿Vienes hacia mí? cantan glorias al Niño, Espera… ¡Oh!; ven; no…; pero… ¡si no te los Reyes lo invocan. entiendo! ¡no sé qué decirte! Deja que yo me arroje a tus plantas, y cuando esté purificaMaría al bebé do, entonces…, entonces ven. Pero, y sin Ti, arrulla con ternura, ¿cómo me purifico? ¡Ah, Señor y Dios mío, abre los ojitos y la ve. divino Niño, Sol de los cielos, encanto de la tierra, alegría del alma, consuelo de mi vida! Ella medita. Me sanaste con tu contacto, me subyugaste El Sol recién nacido, con tu mirada, me engrandeciste, me elevasluz bendita te, me hiciste salir fuera de mí, y enajenado (pág. 78) de alegría y tembloroso y lleno de pavor, sólo sé decirte y repetirte una y mil veces, Por la expresión común de transparencia, ahora y siempre: Tuyo soy, Señor; tuyas son ternura y piedad, traigo aquí el coloquio con mis cosas; en tu regazo quiero vivir y ahí Jesús niño de Pedro Poveda (1874-1936), moriré en la tierra para despertar contigo en sacerdote, y destacado humanista espa- la gloria. Amén”. ñol, fundador de la Institución Teresiana, el cual si bien no tuvo intención literaria en la En ambos textos es notorio el propósito de creación de este texto sí creo que logro ese recrear desde el hoy la cotidianidad natural, efecto: familiar de unos personajes tan profundamente humanos, como sencillamente divi“Dulce prenda, embeleso de mi alma, con- nos: María, José, el Niño Jesús. Al mismo suelo de mi atribulado corazón, permíteme tiempo estas composiciones plasman el cliestar un rato en tu compañía y dame licencia ma de paz, de alegría y alborozo propio de para mirarte y verte, para aproximar mis la celebración navideña, no comercializada. 20

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El poema “Llueve el Salvador”, de esta misma Tercera parte, presenta una vivaz relectura o intertextualidad con respecto al texto de Isaías 7:1-16, cuando dice: Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”. A continuación el poema: Destilo rocío, desciendo como lluvia. Yo, el Cielo, esparzo la Paz sobre la tierra. Esparzo el amor a los vivientes. Nubes, suelten la esperanza, baje, a la tierra el Retoño, abran la eternidad, devuelvan al mundo la miel; ángeles, envuelvan su figura. Acunad mi Tesoro en un pesebre, sonría la estrella, cálmese la noche, alégrense fieras; nace el Príncipe De los cielos. ¡Tanto he querido esta Noche Buena, que se me derrama el amor! Tierra, cuantos desvelos he tenido en mi trono. Ay, Adán y Eva, mirad el panal, ¡cuánta dulzura!, ¡cuánta miel!

3) Un conjunto variado de elementos que ocupan todo el espacio y son testigos de lo que acontece, lo cual sabemos por las menciones del yo lírico. Ellos actúan a la manera del coro en el teatro antiguo, o en el Cantar de los Cantares. Igualmente se podrían asimilar a las creaturas del Cantico Espiritual. Así lo vemos en el poema “Ejercicios del Espíritu: I La tierra levanta el alma. Es más fría la soledad en las nubes. Ando en busca de tu senda, mas la bruma oculta el meridiano. Oigo el lenguaje del viento, el batir de alas del ángel, mas yo aquí cato el vino de mis soledades. Oh, Verbo, haz saltar la escarcha que vela el alba. Caiga mi sombra, crujan mis insomnios, llamee este silencio y cobren vida estas paredes que oscilan.

El Verbo es alfa, es pan, es omega. Paráclito, dale calor, fuego, pon brasas en Altura que aclaran mis ojos, su boca. verdea los abismos, haz que nombre lo que mis entrañas balbucean. El Verbo llueve sobre el mundo. La luz invade mi habitación sin murmurar (Pag. 77) más que con su calor. Como decía al principio, he unido en una sola la Primera y Segunda parte del libro. Y para efecto del análisis divido en tres bloques semánticos ese conjunto de poemas, dentro de los cuales tenemos a: 1) Un yo implorante

Lo que queda del día se enreda en los arboles, aprisionado En el poema anterior prevalecen los elementos aludidos: “tierra levantada”, “escarcha”, “ángeles”, “fieras” y otros, los cuales son testigos de lo que acontece en el mundo poetizado.

2) Un tú, sin voz, no habla. De él se habla Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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En el siguiente fragmento del poema II des- elementos indicados: en la primera estrofa, tacamos al yo implorante: compuesta por dos versos, aparecen los elementos-testigos: La tierra levanta el alma. II /Es más fría la soledad en las nubes./ En la segunda estrofa el yo implorante: Decae el día con su pesadez, Ando en busca de tu senda, la bruma anida al resto de lo que hay de mí. mas la bruma oculta el meridiano. Oigo el lenguaje del viento, Avanzo sin tregua por el laberinto, el batir de alas del ángel, abro puertas sin llaves para el regreso. mas yo aquí cato Los muros de castillo de este monte el vino de mis soledades. en que reverbera el misterio, poseen la paciencia En la tercera estrofa continua presente la voz de la eternidad. del yo implorante, pero su función es hacer presente al ausente: Oh, Verbo, haz saltar/la En cada piedra palpita el origen del mundo, escarcha que vela el alba”. Igual ocurre con la fuerza de la vida de los que erigieron la cuarta y quinta estrofa: esta costumbre. Muero con la tarde. No llevo nada Altura que aclaran mis ojos, a la tumba: ni reloj ni llanto. verdea los abismos, haz que nombre […] Me consumo como tizón. Es brasa lo que mis entrañas balbucean. mi alma en celo. La luz invade mi habitación sin murmurar más que con su calor. En la parte III está presente el Tú: El poema “Sacrificio” es uno los más expreIII sivos de la presencia por ausencia, por evocación. En el mismo hay una serie de sím[…] bolos alusivos a ese Otro, a Jesús, a quien se El frufrú de la cortina en su temblor invoca como: Copa, Fuente, Verbo, sangre, traduce tu estancia en esta cumbre en que Cordero, Cáliz, sí de Dios, Señor, miran de cerca tus ojitos celestes. Copa herida. Fuente muda fluye ¿Cómo traducir tu locura? ¿Cómo hacer y habla con sangre. creíble el mar? El desierto de la noche Verbo coronado, verdad esparcida, se arremolina en la ventana. Es tu Espíritu renueva el Abbá en mis labios. el que arrastra la escoria, el que blande la llama Dulce sangre me das a beber; en medio del abismo. salud del alma, Cordero, tu carne (Pág. 15) que es maná, vida sin límites, alimento de ángeles. Como hemos podido notar, en el poema inicial de la Primera parte, “Ejercicios del De tu costado borbotonea la alianza, Espíritu”, están claramente dibujados los el amor del cielo. 22

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Oh, Cáliz, en cuyo fondo abunda la vida, el sí puro de Dios, lava mis ojos manchados, mi noche renegada. En la copa, Cordero, viertes la eternidad, y me das a beber tu aliento. Oh, señor, ¿qué tengo yo para invitarme a tu cena, si ni siquiera me he revestido de alba? ¿Por qué me llevas por estos valles, ardiendo de pasión? ¡Que vea, Señor, el celaje de tu rostro! Que vea la humanidad nueva amanecida Revisando antologías de poemas religiosos a propósito de este trabajo, he encontrado un curioso soneto del poeta mexicano Carlos Pellicer (1899-1976) en el cual la voz lírica se sitúa en forma diametralmente opuesta a como lo hace la de Gemidos del ciervo herido. En ese caso no sabemos si por un mecanismo de desdoblamiento, por profunda conciencia de sí mismo, o por una extrema consideración de la dimensión humana de Jesús, el caso es que el implorante es el Señor Jesús y no el autor-poeta: Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío, huérfano de mi amor, callas y esperas. En cautas y andrajosas primaveras me viste arder buscando un atavío. Vuelve donde a las rosas el rocío conduce al festival de sus vidrieras. Llaga que en tu costado reverberas, no tiene en mí ni un leve escalofrío. Del bosque entero harás carpintería, que yo estaré impasible a tus labores encerrado en mi cruenta alfarería. El grano busca en otro sembradío. Yo no tengo que darte, ni unas flores. Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío. (Carlos Pellicer)

Ahora bien, entre estos dos interlocutores de Gemidos del ciervo herido, uno presente y el otro nombrado, ¿qué acontece? ¿Cuál es la situación planteada? ¿Qué provocó originalmente la búsqueda impaciente del yo lírico? ¿Qué le dio origen? Del poema XVI de “Ejercicios del Espíritu”, se pudiera deducir que hubo un encuentro en la etapa infantil o juvenil del yo lírico: Has bajado hasta el umbral. Tu mano se extendió en el rayo de luz. Me amaste antes que pudiera llevar a mis labios un suspiro. Quedé como pichón, piando al sentir el aleteo materno. Yo no sé decir lo que siento en esta hora labrada en la pureza, acuñada en la ternura. (pag. 32) En efecto, el poema plasma un primer contacto que marcó el inicio de la relación. Se dio el encuentro, pero luego algo pasó, acaso una interrupción. Históricamente hubo un momento en el cual fue atraído por Jesús. Comenzó una relación amigable, gozosa, la cual está espacialmente ubicada: fue “bajo el alero de la capilla de Mamá Luisa”. Pero luego sin que se sepa cuándo ni por qué esta relación no sólo perdió su fruición, sino que pasó a ser anhelante, inquieta, tormentosa. Es patente que mermó la fluidez del diálogo. A causa de esto en el poema “Súplica al Nazareno” un yo atormentado y memorioso, implora: Renueva la amistad, los brazos, el amor que naciera bajo el alero de la capilla de Mamá Luisa. Alza el fardo que soy, hazme subir a la barca, que oiga tu voz increpar mis demonios. Siéntateme a tu mesa, dame a comer mojado el cielo en tu plato. Súbeme al monte, anúnciame tu cruz, tu reino.

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Limpia la lepra que me pudre la inocencia, éntrame en tu Siloé, que llevo 41 años esperando tu voz resucitada. Bájame del árbol soberbio, ven a mi casa y quédate en mi Emaús, que tengo hambre celeste, hambre divina, hambre insaciable. Nazareno, vuelve a mí el rostro, sácame de la tumba, huya la muerte, desvenda mi mortaja, camine vivo entre la gente. Súbeme al Huerto de los Olivos, al Gólgota para abandonarme en tu costado. Eloí, Eloí, Abbá, a tus manos encomiendo mi ruah. Padre, préstame los serafines, sus voces, para alegrar el cielo. (pág. 62) Como podemos apreciar es bastante amplia la riqueza bíblica de esta “Súplica al Nazareno”. Son catorce referencias en apenas veinte versos. Casi todas están vinculadas a los momentos de pasión y muerte de Jesús. De ahí que tengamos alusiones a la última cena de Jesús, a la traición de Judas, al Huerto de los Olivos y al Gólgota; a la herida del costado. Aparecen las palabras de Jesús encomendado su alma al Padre; la Resurrección con el episodio de los Discípulos de Emaús. También inspiran estos verbos al paso de Jesús por el mundo, liberando y curando, como en los casos de Zaqueo y del Ciego de la Piscina de Siloé. Todos y cada uno de estos hechos son motivos y argumentos para pedirle al Nazareno que renueve los lazos amistad y de amor, como fueron al principio. Y por otra parte estos intertextos son igualmente reveladores de cuán interiorizados está el texto bíblico en la interioridad de del autor de esta obra. No obstante, todo parece indicar que las delicias de aquel primer momento no vol24

vieron jamás y lo que ocurrió después fue una constante agonía, un anhelo incesante por recuperarlo. Todo se vuelve lucha. Y lucha inútil. A lo largo de todo el poemario, la ausencia es real y sentida. En la segunda estofa del poema “En la arena”, hay una especie de reclamo indirecto porque habiéndolo dejado todo, la voz poética no recibe la compensación anhelada, acaso prometida: En la orilla del lago dejé mi yo, mi lepra, la fruta mordida. dejé la barca anclada, las cuerdas rotas, las nieblas. Lo dejé todo: mis apellidos, la sangre, la tierra, los arados, el vientre. Sin embargo la queja apenas brota. A lo largo de toda esta primera parte del libro lo que desborda hasta el extremo es la súplica, la exposición de esa herida sangrante del ciervo. Es una dolencia existencial, espiritual que permanentemente busca llamar la atención de quien debe y puede con su presencia, no solamente calmar, sino sanar la herida. Pero las voces, el lamento, el grito, parecen no ser escuchados. Por toda respuesta, continúa la ausencia. Al querer detenernos en esa voz y auscultar un tanto sus motivos y sus querencias, nos aventuramos a suponer que el problema no radica tanto en una ausencia o falta de respuesta de la divinidad buscada, cuanto que se trata de un ciervo extraviado, que no acaba de redescubrir el camino que conduce a la conquista de lo que quiere, del objeto de su búsqueda, aquello que atisbó en el primer encuentro: la unión mística, la unidad primordial, la plenitud. Continuando con la aventura de suponer y partiendo del marco lingüístico, soporte del mundo poético que comentamos, creemos que el laberinto por el cual se ha extraviado

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esta voz poética, es el de la racionalidad. Es la vía seleccionada la que obstaculiza el hallazgo y el encuentro. Reitero, esta pista la otorga el propio lenguaje empleado, su excesiva logicidad, expresada a través de prolijas explicaciones. Quizás esta pugna entre un lenguaje a veces macizo y la experiencia mística trunca, que se hace visible a lo largo de todo el texto, se debe a que el extravío es también lingüístico. Creo que a veces hay problemas en la selección de las imágenes y las palabras que mejor pueden comunicar la experiencia. Un ejemplo de ello lo tenemos en Ejercicios del Espíritu XVI

Has bajado hasta el umbral. Tu mano se extendió en el rayo de luz. Me amaste antes que pudiera llevar a mis labios un suspiro. Quedé como piando al sentir el aleteo materno. Yo no sé decir lo que siento en esta hora labrada en la pureza, acuñada en la ternura. (pág. 32) Acaso ignora la voz poética que el camino seguro es el de la fe ciega en el llamador, la entrega absoluta y radical a sus designios, como un niño en brazos de su madre. En cambio la voz lírica quiere aprisionar su objeto: la unión íntima, sin tomar en cuenta quizás que lo que se le pide o insinúa, es dejarse, es más silencio y menos exposición. Y desde esa tesitura, como diría Santa Teresa “venga lo que viniere”.

que, para poder alcanzarlo todo, es menester no querer nada. Tendría que desistir del objeto de su búsqueda, tan claramente expresado en un poema como Ejercicios del espíritu XII No quiero pensar la noche preñada, quiero el cielo que destila su blancura. Quiero la palabra, la miel, el encuentro pleno en la frente, el Espíritu, su aleteo. Quiero mi corazón en el tuyo, mi corazón en los corazones, mis ojos en los ojos de los pobres. Quiero mi mano en la tuya, tu dolor en mi llaga, tu luz clareando en mi tristeza. Quiero tu lágrima como sepultura, tu noche ahogada en un abrazo. ¿Es mucho pedir ser el colibrí que succiona la flor crecida en esta oración? Efectivamente, es notorio el contraste entre la ferviente aspiración del yo poético de Gemidos del ciervo herido y la ascética pura y muy dura, pero fecunda del singular místico castellano, que “le dio a la casa alcance”. Diría entonces en un pequeño ejercicio hermenéutico, que si esta voz lírica que considero extraviada, quiere encaminar verdaderamente sus pasos, debe seguir al maestro místico y cambiar el rumbo, sustituyendo la búsqueda afanosa de la gracia mística por la ascética radical de las nadas:

Creo entonces que el yo poético tendría que Para venir a gustarlo todo, dejar de anhelar e imitar al místico de las no quieras tener gusto en nada. nadas, San Juan de la Cruz cuando aconseja Para venir a poseerlo todo, Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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Interioristas 2013. Santo Cerro, 17-08-2013

no quieras poseer algo en nada. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada. Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees. Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

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MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

Oh principio de la sangre. Principio de mi aire, de mi barro –tierra Con hambre y sed de cielo-. Estás quieto, Argé, en tu movimiento.

Verdad profunda, océano inviolable. Se ahoga en ti Mi inteligencia, la razón. En la vastedad de tu ser, oh Verdad, Despojado de todo, desnudo de tierra y hojarasca, Te reconozco por el olor a cielo, Por la llama que no se consume en la visión. Me nombras y mi fe tiembla; me miras, Y mi alma ya no gime. 2

Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo. Porque para venir del todo al todo, has de negarte del todo en todo. Y cuando lo vengas del todo a tener has de tenerlo sin nada querer. Porque, si quieres tener algo en todo, no tienes puro en Dios tu tesoro No obstante lo dicho, la intuición poética de la propia voz que busca y suplica, también es capaz de vislumbrar el camino. Lo revela en un poema, “Vuelta a los orígenes” que me resulta particularmente hermoso y que pertenece a otro libro, a Ínsula presentida. En su primera parte dice:

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(Separata de “Religión y Cultura” –Vol. LVII, n. 257 (pp. 555-592) Abril –septiembre 2011 P. Agustinos – Columela, 12 – 280001 Madrid) La poética de Fausto Leonardo Henríquez integra la sensibilidad la estética y la mística, mientras al mismo tiempo sostiene y resguarda el amplio mundo interior de este poeta genuino, a quien por su dotes literarios y atributos humanos, expreso mi hondo reconocimiento y admiración.

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La BIOGRAFÍA DIFUSA DE SOMBRA CASTAÑEDA Marcio Veloz Maggiolo Evaluación física y división interna

Por Minserva Hernández

T

ocar el libro La biografía difusa de Sombra Castañeda con las manos es sentir y ver algo novedoso. Es una edición, relativamente reciente de Editorial Siruela, 2006, del libro que salió a la luz en 1980. Verdinegro en la parte frontal, y una fotografía con figuras y árboles difusos en las sombras, que hacen honor al nombre, porque todos los contornos lucen vagos. La parte de atrás es marrón oro o dorado oscuro, donde Juan Liscano, crítico venezolano, reconocido como folclorista y costumbrista, calificó la novela como la mejor escrita sobre el Caribe, en la cual mito e historia se aúnan en una ficción, en la que se deshace la dictadura trujillista en palabra y poesía. Además, consideró a Marcio Veloz Maggiolo como el máximo narrador de nuestro país, tal como lo califican nuestros críticos dominicanos. Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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Al abrir el libro, dos páginas negras dan paso a los credenciales del autor, título, casa editora y los créditos y elementos legales. Al hojearlo nos sobrecoge y se posesiona de nosotros. El índice es muy peculiar, comienza con “Tema”, luego “primer movimiento“, “segundo movimiento” y “tercer movimiento” que contienen capítulos desde el I hasta el XXI y “Esculapio Ramírez”, nombre del protagonista, desde la parte A hasta la F, que es la final. Está estructurado de forma consecuente e intercalada, presentando las similitudes del final del personaje y una época; el poderío de un mundo surrealista, mágico, donde entre uno y otro se presentan elementos como “Música de fondo” y citas puntuables que han trascendido el tiempo nacional e internacional, en la historia y la literatura. Cuando comencé la lectura, con el “Tema”, me atrapa esa prosa clara, poética, metafórica que describe y proscribe la tiranía; con sus reglas dispares, fusilamientos, temores y su sadismo brutal, de un pueblo luchando en sombras, que dice adiós al gobierno del general o la bestia que gobernaba, cuando va a dormir el sueño final.

lugares emblemáticos de nuestro país para mostrarnos el personaje. En el capítulo I, nos introducimos en un mundo mágico con la presentación de seres fenomenales y atemporales. Iniciado con un lenguaje poético: “Admiro los ruiseñores grises que hacen gárgaras musicales con el aire de la madrugada”. Es una mezcla fascinante de historia, ritos, vudú, cultura: la llegada de los españoles, las invasiones haitianas, la invasión norteamericana de 1916, los inicios de la tiranía trujillista, la posesión de una enciclopedia Espasa, todo ligado. La magia y la realidad de forma imposible de separar, porque conforman un universo. Impulsos, desde gobernar la naturaleza con todos sus elementos “dar órdenes precisas al viento y a la lluvia” o “Hacer cambiar de color el subido gris de los ruiseñores”; hasta hechos, como “se pasaba las noches haciendo el coito con sus 113 mujeres, de las cuales, una, Manuela, tenía 111 años de edad”, entre otros no citados, que sacados del contexto podrían ser calificados hasta de impúdicos o inmorales.

El primer movimiento es una cita de Machado de Asís, considerado el mayor novelista brasileño del siglo IXX, de su novela Memorias póstumas de Bras Cubas, donde la ironía y el cinismo se mezclan en pocas palabras para expresar un profundo sentir. Esculapio Ramírez, parte A, es una descripción particular del personaje protagonista, se describe la época, posición política, actividades frecuentes que realizaba, denominadas todas en contra de la tiranía; su procedencia del populoso sector de Villa Francisca. Se presenta como su único defecto odiar la dictadura y lo irónico de fallecer al mismo tiempo que el magnicida, sin poder disfrutar de ese hecho en ese momento. Se mezclan la poesía y la historia de la época con 28

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Otro capítulo es un abrir los secretos de la vida fantasmal y la llegada a esos predios de Esculapio Ramírez transformado en Serapio Rondón, para escapar de otra posibilidad de muerte, diciendo que su populoso sector equivale a una universidad, quien en ese nuevo estadio cambio la política activista por la ayuda o el activismo social con la asistencia a mujeres y niños. Aparecen dioses de las cosas más bajas, repugnantes, fantasmales y se convierten en reales del universo de la novela. Esas cosas asquerosas tienen una concatenación con la época trujillista o tiempo de la tiranía, porque en ese mundo mágico suenan estribillos de merengues con loas al régimen y lamentos de mujeres violadas y otros hechos conocidos, propios de esa época. Todo un mundo mágico de personajes fantásticos accionando: Bacàs, galipote, petro, lùas, espíritus, ciguapas; seres mitológicos que miran hacia el oeste o Haití, lugar de su procedencia. Siguen la ficción y la realidad unidas inseparablemente, en la concatenación del mundo mágico y la realidad de la tiranía. En otro de los capítulos, la historia de un juicio con ironías y sarcasmos que resultan humorísticos al mezclarlos de manera magistral, tal como sucedían, las acusaciones y salvaciones, en esa época siniestra de nuestra historia. Cuando la milicia y la justicia se manejaban con un guiño de ojos, entre risas y bofetadas, siempre de acuerdo con la voluntad del generalísimo, que condenaba para indultar, de manera que se manifestara su magnanimidad y gran bondad. Sombra Castañeda era quien gobernaba todo ese mundo mágico, escuchaba y controlaba todo a distancia. Sombra Castañeda, una especie de dios con una blanca visión del mundo cambiante, un dios de ese mundo de muros blancos levantados por las sales mari-

nas. El viento, la lluvia, el mar, el trino del ruiseñor y el canto del grillo; el movimiento de las hojas, la comunicación de todos los seres, aves, espíritus de la noche, dominio del sueño, de las voces perdidas, nada le era ajeno. Sombra Castañeda soñaba el cambio de la noche, de esos seres de las sombras que se ocultaban con la luz del sol, al nacer el día; de personajes que deambulan, con costumbres extrañas, seres de ese mundo mágico.

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En todos los capítulos, la evolución y el desarrollo de ese submundo o de ese mundo fantástico es evidente; ritos, mitos, leyendas, ensalmos, acciones, reuniones y componendas propias de ese cosmos donde Sombra Castañeda, un dios con siglos de existencia, gobierna acciones y manifestaciones de los seres de la naturaleza, hasta en los sueños. Una gran similitud con la treintena más famosa que nos ha tocado vivir a los dominicanos. Todo el universo de la novela y la consecución de los capítulos y toda la división interna, hasta su final, presentan ese mundo que existe en una dimensión distinta a la nuestra, sus personajes se desenvuelven de manera que toda la miseria y trastorno de nuestra historia tiránica queda reflejado en manera magistral, con una inventiva fabulosa.

La novela es la narración de un mundo fantástico, concatenado con el mundo de la tiranía trujillista, cuyos dioses mugrientos y nauseabundos tienen similitud con la realidad que se experimentaba y los generales y funcionarios del régimen. Imposible plasmar las emociones y vivencias que se entrelazan al rememorar nuestra historia con la narración de la obra, con la descripción de lo que somos, un sin fin de evocaciones y verdades, para meditar, tener presente y recordar. Es preciso leer La biografía difusa de Sombra Castañeda y permitirnos el disfrute de descubrir el genio de un escritor dominicano como don Marcio Veloz Maggiolo. ***

En las partes finales, Sombra Castañeda, nuestro personaje, paralelo a Esculapio Ramírez, se escribe una carta a sí mismo, un discurso de la decadencia de su mundo y la muerte del paisaje, con descripciones fabulosas de su misterio, que existe detrás de la luz. Sombra se deshizo, por la falta de reserva de lucha contra la espera y la esperanza de un mundo aplastado por la inmovilidad, en compañía de una escolta de sombritas. Aquí, la diferencia con nuestra historia es que muchos generalitos del generalísimo, en vez de desaparecer, se perpetuaron. De Esculapio Ramírez, se muestra su final y cómo si una nube cubriera toda la cuidad que se llenó de un silencio, mezclado con miedo, alegría oculta e inactividad que marcaban el fin de una era y la contradicción, como en la vida tantas veces ocurre. Esculapio murió cuando debía vivir.

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CUENTO

Por José Acosta

La última representación de Gregorio Link Desde la ventana lateral del apartamento de Gregorio Link, se apreciaba el cuadrado amarillento, fundido por la resolana, del techo del edificio contiguo. A Gregorio Link le hubiera gustado que su ventana diera a un pedazo de bosque, a un parque quizás, pero la pensión de actor de cuarta categoría en los musicales de Broadway no le alcanzaba para salirse de ese barrio de obreros, acuchillado a cada momento por sirenas de vehículos de emergencias.

Pero Gregorio Link, que padecía de una semiparálisis muscular que apenas le permitía moverse dentro de las paredes de su vivienda, había resuelto el problema de su ventana con una buena porción de arroz, con la cual, al menos en las mañanas, había logrado sustituir la falta de verdor por un mar efervescente de palomas cuyas deyecciones abigarraban la superficie de la azotea y mermaban considerablemente la intensidad del resplandor solar. El ex actor, para protegerse de la resolana que le tachonaba el entrecejo y le garabateaba los ojos, se había hecho de unas gafas enormes de sol que le daban un aspecto de buzo.

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Esa mañana, cuando ya las palomas empezaban, por hartazgo, a despreciar el arroz, Gregorio Link sufrió el susto de su vida. Paralizado de espanto vio, por la casilla de la escalera, única estructura que alteraba la monotonía plana del techo, a un hombre bajito y obeso que traía a empellones a una mujer pequeña, escuálida y de desordenada cabellera rubia. La mujer se contoneaba, gemía y se agitaba, jadeante, tratando de huir. “El Asesino de los Techos”, pensó Gregorio Link al ver cómo, con un golpe de martillo, el hombre le abría la cabeza. Los gritos de la mujer se apagaron de pronto. El hombre la soltó y ella, como si le hubiesen sacado el alma, cerró los ojos, dejó caer la cabeza sobre el mentón, cayó lentamente de rodillas y luego violentamente de bruces, espantando el remanente de palomas. Acto seguido, su cuerpo empezó a convulsionar, pataleando, agitando los brazos, como presa de una terrible pesadilla. Cuando el Asesino de los Techos, haciendo visera con la mano, miró a su alrededor, se tropezó con un viejo de gafas enormes recortado en una ventana. Era Gregorio Link que, estupefacto, aún no había deducido que su presencia allí ponía en riesgo su propia vida. No fue sino hasta que vio al gordo perderse, martillo en mano, por el cubículo de la escalera, que Gregorio Link tuvo conciencia de su situación.

Cuando se es anciano, analizaría luego en una entrevista, perdemos parte de nuestros reflejos; pero su instinto de supervivencia, sin más 32

dilaciones, aguzó sus sentidos, iluminando su mente. Mientras se conducía hacia el aparato telefónico, varias ideas relampaguearon en su cabeza. Era poco lo que sabía del Asesino de los Techos, pero tanto el lugar como el instrumento utilizado para cometer el crimen indicaban que aquel gordo mofletudo era el hombre buscado por la policía. Según la uniformada, este asesino en serie escogía víctimas jóvenes, de complexión física relativamente débil, por lo cual colegía que el delincuente no era robusto, o bien era de edad avanzada, y no descartaba que fuera una mujer ya que ninguna de sus víctimas mostraba señales de violación. Asimismo, los medios de comunicación añadían que el Asesino de los Techos, por el cuidado que ponía en no dejar huellas digitales que lo pudieran identificar, al parecer tenía un expediente criminal muy oscuro. Los expertos aseguraban que el malhechor era un misógino depresivo, producto de alguna decepción sentimental, infidelidad, o por haber sido abusado durante la infancia.

El hombre la soltó y ella, como si le hubiesen sacado el alma, cerró los ojos, dejó caer la cabeza sobre el mentón, cayó lentamente de rodillas

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El gordo guardó el martillo en el bolsillo trasero del pantalón y caminó hacia la ventana. Un sudor helado le granulaba la frente y un sentimiento de asco, de desprecio al sexo femenino, le ascendió por la garganta hasta quemarle la lengua. Allá, bajo la luz enceguecedora del sol, yacía su víctima en un pozo de sangre. Carraspeó y al volver la mirada se encontró con una densa oscuridad, en la que, después de unos segundos, el ciego se fue delineando con una sonrisita lasciva, pidiéndole con muecas que le describiera el cuadro como el adolescente la película pornográfica. —Pues bien, vecino —dijo con un hilo de voz—, tengo malas noticias: sobre el techo no se ve nada. Le echó mano a un bastón que sólo usaba cuando la enfermera lo llevaba al parque, y antes de abrir la puerta, lanzó una pregunta con un tono que pareció una afirmación: —¿Es usted, el vecino nuevo? El Asesino de los Techos guardó silencio, contrariado con la pregunta, y luego sonrió maliciosamente. —Sí, soy yo, el vecino nuevo que viene a saludarle. Mientras escuchaba el tintineo de la cerradura, el malhechor apretó fuertemente el martillo con la expresa intención de descargar el golpe. Pero al ver la mano torpe, de ciego, que buscaba su mano como en el vacío, experimentó una breve sensación de beneplácito, como si le hubiesen quitado un peso de encima: a él le asqueaba matar a gente de su mismo género, según revelaría más tarde. Atrapó la mano que parecía flotar

en el espacio infinito, y entró. —¡Qué bueno que vino a visitarme en este momento, vecino! —dijo Gregorio Link mientras avanzaba evitando el mobiliario con el bastón—. Hace un rato escuché unos quejidos... —¡Unos quejidos! —dijo el Asesino de los Techos visiblemente alterado, empuñado el martillo nerviosamente—. ¿Qué clase de quejidos? —De mujer —sentenció Gregorio Link en tanto se echaba cansadamente, como dolorido, en el sofá. La ventana se reflejó diminuta e incandescente en sus enormes lentes oscuros. —Y esa mujer, ¿cómo gritaba? ¿Como si la estuvieran matando? —No —respondió rápidamente Gregorio Link—; como si se lo estuvieran metiendo. —¿Metiéndole qué? ¿Un cuchillo, un puñal? —¡No, vecino, no! Parece que usted ve demasiadas películas. ¿Cómo usted puede pensar que alguien, por idiota que fuera, va a matar a una mujer a esta hora del día, en un lugar tan visible? Yo me refería a sexo. La mujer gemía como si alguien, usted sabe... tal vez era una parejita de novios desesperada... O quién sabe si... —¿Si qué? —preguntó el Asesino de los Techos desorientado. —Vamos, vecino, un cuerno, un adulterio. Pero vaya a la ventana y dígame qué ve. Ayude a este pobre ciego comido por la curiosidad. Vamos, sea mis ojos, tenga la gentileza.

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Sumido en intensa reflexión, con el auricular en la mano, Gregorio Link concluyó que llamar a la policía en ese momento podría agravar la situación. Primero, estaba seguro que el asesino ya estaba en camino, dispuesto a todo con tal de no dejar testigos; y segundo, como la policía llegaría después de que el criminal entrara en su vivienda por la vía que fuere, Gregorio Link se atrevía a jurar que éste le mataría antes de intentar cualquier escapatoria. Por consiguiente, cuando llamaron insistentemente a la puerta, ya Gregorio Link había decidido, como única salida, recurrir a su antigua profesión.

—¡Nada! —exclamó Gregorio Link con un gesto de sorpresa, dando con el bastón una estocada en el vacío— Han de haberse marchado. ¡Qué lástima! ¿Y en cuál apartamento se mudó usted, vecino, en el de al lado o el de arriba? El gordo titubeó unos instante, como idiotizado, en tanto buscaba la respuesta. —En el de arriba —dijo, sin convicción. —¡Qué bueno! —sonrió Gregorio Link—. Ayúdeme a levantarme del mueble y vamos rápido a su apartamento. Quién sabe si los novios se escondieron detrás del cubículo de la escalera y desde aquí no se los ve. El asesino se conturbó. Echó mano al martillo y preguntó cómo el vecino sabía que el techo tenía un cubículo, agregando, con ironía, mientras paseaba su mirada por el reloj de pared y la televisión, que para ser ciego su casa estaba equipada con artefactos un tanto 34

inútiles para los no videntes. Gregorio Link palideció de repente, pero rápidamente se dominó.

—Muy buena apreciación, vecino. Es que no vivo solo. Mi hijo no tarda en llegar; si no anda muy apurado, se lo presentaré. Por lo demás, todos los techos tienen una casilla donde termina la escalera si se viene subiendo, o empieza, si se viene bajando. Pero dígame, ¿no me va a llevar a su apartamento a comprobar si los tortolitos todavía están en el techo jugando a las escondidas? El gordo, desconcertado, sudaba copiosamente. No sabía si romperle la cara a martillazos al viejo de la gafa o salir rápidamente de allí. Si el hijo del viejo entraba por la puerta, tendría que poner a trabajar el martillo y eso le producía un escozor incontrolable entre las piernas y un amargor en el paladar. El cuerpo que se veía por la ventana en cierto modo lo delataba y, con todo, el viejo tenía razón: el lugar era muy inapropiado para cometer un crimen a esa hora del día. De hecho, desde los edificios cercanos se dominaba el techo del inmueble, de modo que no podía descartarse la posibilidad de que hubiera otros testigos, videntes, para su desgracia. Se excusó con frases incoherentes y se apresuró a salir, no sin antes de que Gregorio Link, aprovechando el estado de desequilibrio emocional que claramente evidenciaba su adversario, le pidiera un último favor: cerrar la puerta tras de sí.

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El Asesino de los Techos, precavido pese a su estado, no cayó en la trampa: sacó unos guantes y salió. Con pasitos rápidos y torpes, bajó las escaleras y se internó en la ciudad, feliz de haber salido de aquel edificio sin mayores contratiempos. Al otro día apareció su retrato hablado en los noticieros, y dos días después se le vio lanzando improperios contra las féminas en todos los canales de televisión. Se trataba de un gerente de banco cuya esposa había huido con otra mujer y luego desaparecido misteriosamente cinco años atrás. Gregorio Link, como antaño en las revistas musicales de Broadway, gracias a su colaboración con la policía, rememoró aquel tiempo donde su foto aparecía en los diarios junto a las celebridades, tiempo en que soñaba con ser estrella de Hollywood y vivir en una mansión de Beverly Hill. *** http://www.acostajose.blogspot. com.es/

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POESÍA

Poemas del libro

Diálogos sin Cuerpos Sally Rodríguez

El olor de la vida es templo Toda la luz es música cuando me acerco y arde Los ojos se han marchado como ascuas en mis manos flotan perdidos Hacia ti ondulan los dedos las corolas de humo y la inocencia en risas cruzando los cristales Las cerezas Ritual de luz el olor de la infancia La hierba que se alza en la memoria con el olor de la vida Levantarse y mi voz cruzando los puentes y dejar que circulen los ángeles Los puentes en un ritual de luz que me alejan ay por siempre Esparcir la primera oración de ti en cada hoja y su sombra Rasgar el olor de la lluvia Alzarse nuevo en vaporosos cálices Deshojado temblor Despertar en temblores de campanas porque el silencio está adentro Se adelgazan los humos y con la vida late Asciende un vivo vapor solemne Que deshoja en temblor la vida Un camino de helechos me devuelve y mi propia matriz 36

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Miel tumultuosa Recoger mis fragmentos Tu mirada llega en seda en miel tumultuosa Intento escapar pero es tu olor en sábanas que llega en desorden Me aferro a esta pared que se cubre de miel tumultuosa me ahoga el mar que asciende en mí Rozar la levedad _ ¿ Con qué voz tú me llamas ahora que no existo colgada en ti? ¿Con qué sueños me abrazas? ¿Con qué labios creces en amor y piensas?

Un hueco se agiganta en mi cabeza Quién podrá recoger mis fragmentos con paciente cuidado me armaría hasta dejarme pequeña y fresca descalza corriendo entre mis árboles Crecer inconfesable Despojarme de todo este marasmo crecer inconfesable Quién es Dios preguntarme y no buscarlo sino hallarlo en la carne y el beso en la absoluta simpleza que nace y muere en la desconcertada frente en mi corazón que gira asustado de esta guerra de amor fulminante

_ Ah te busco y no sabes lento crece el gemido Transito en espiral en vértigo hacia dónde hacia rozar la levedad Ráfagas que escapa con tu nombre Crecer hacia adentro _Puedo encontrarte ahora cabellera en agitación cerrando ya los ojos ráfagas tocando el borde tibio Ser mujer como la noche abierta sigiloso despierto en vientos Ser el grito que gira _ Pasaron los entierros el hueco sin voz el vacío aún llovizna incesante Encerrémonos Esconderme en el misterio Arrodillarme en música convertirme en una breve gota deslizándose Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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RESEÑA

Por José Félix Olalla

Gemidos del ciervo herido Fausto Leonardo Henríquez Fundación Fernando Rielo . -Madrid 2012.-98 páginas..

Despojado de todo asidero, el poeta sube descalzo hacia los cerros del encuentro. Los labios que pronuncian el verso están sedientos, quemados por el tizón de la fe y sus oídos oirán las voces que un día veremos. De esta manera las imágenes se desgranan con sencillez y belleza. En el camino el poeta se recuerda yacente en el alfa y a la vez se imagina reposando en el omega. Es así, es poesía mística de gran pureza y por eso resultó ganadora del premio internacional Fernando Rielo. Se enlaza un diálogo con el Amado que se nutre de episodios de la Escritura y de elementos diversos de la lírica romántica. Los poemas por lo general son breves y se pueden aislar en la lectura. Sin embargo su coherencia hace preferible la lectura consecutiva a veces en clave de súplica, a veces en territorio de presencia. No es que desaparezcan las dificultades de la fe pero de alguna manera se superan en los instantes de plenitud. Gozosa propuesta de un poeta que busca purificar sus imágenes. Fausto Antonio Leonardo Henríquez es dominicano y está afincado ahora en España. Fundador y director de la revista CriticArte, ha publicado entre otros títulos de poesía: La seducción del aire, Claridades y Arca de amasar diluvios. Ha sido también antólogo del movimiento interiorista. Divide su nuevo libro en tres partes, la última de las cuales enlaza con la poesía popular. Al cabo, Fausto está construyendo una obra serena y la consecución de este premio le deberá procurar nuevos lectores.

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POR AMOR AL ARTE

La fuerza obsesiva de la creaci贸n Por Ana Isabel Mercado

El Arte b谩sicamente se me mezcla con la palabra sencillez Boris Correa

http://boris-correa.blogspot.com.es/ Revista CriticArte N潞 16. Versi贸n digital, septiembre, 2013.

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1. ¿Cómo defines, en tu caso, el definición esta sobremanoseada, no tengo una idea estereotipada de arte y la Belleza básicaproceso creativo? mente se me mezcla con la palabra sencillez. La idea parte en la cabeza, luego de varias vueltas y bocetos se logra una imagen más o 5. ¿Cuándo crees que una obra menos clara, el siguiente paso es un montaje está acabada? para las fotografías con amigos que posan, luego las fotografias las trato en photoshop Nunca esta acababa, siento que siempre la hasta dar con la imagen definitiva. Finalmente obra se podría seguir tocando, simplemente uno en un momento decide dejar de trabajar esto lo llevo al lienzo. en ella. 2. Como artista plástico, 6. ¿En qué dirección te gusta¿cómo vives ese proceso? ría avanzar o explorar en el La verdad es que soy medio obsesivo, enton- futuro inmediato? ces todo el proceso de creación me empuja un poco a avanzar de manera súper rápida, gene- El cuanto a la imagen, simplemente seguir ralmente pinto varios cuadros a la vez, aunque explorando lo que vaya apareciendo en mi cabeza y en cuanto a la difusión, exponer en siempre hay uno al que le doy más tiempo. España , para ello estoy trabajando en una ex3. ¿Cuáles son los temas posición llamada “Apariciones”. o tópicos menos comunes tratados por ti en tus obras? ¿Por qué esos y no otros? Nunca he tocado temas urbanos, edificios y estructuras modernas no han aparecido jamás en mis obras, inevitablemente siento una lejanía con esos temas, pero de todas maneras me encantan algunos pintores que trabajan con esa temática y lo hacen de manera increible. 4. ¿Te sientes deudor de algún maestro de la plástica o de las artes? No me siento deudor, pero sí un admirador de muchos grandes artistas como Lucian Freud, Odd Nerdrum, Edvard Munch, Antonio López, Michael Borremans, etc. 5. Normalmente los artistas tienen una idea propia de lo que es "arte" y "belleza" ¿qué es arte para ti?, ¿y belleza?

Nunca he tocado temas urbanos, edificios y estructuras modernas no han aparecido jamás en mis obras

La verdad es que el concepto de arte y su 40

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“RESTING HORSE” 180X130 cm. Óleo sobre tela.

PREGUNTAS RÁPIDAS SOBRE TÍ

-Lo primero que piensas al despertarte: Lo primero que pienso es en que hora es. - Esa imagen (cuadro/foto/póster/mural/...) que podrías pasarte horas mirando: “Hepatitis” de Odd Nerdrum. - Una obra tuya: “La confusión”, me gusta el concepto de caos que tiene. - Algo para hacer a cualquier hora: Pintar. - La mejor película de tu videoteca: La hora del lobo de Ingmar Bergman. - Un libro: Trópico de cáncer de Henry Miller. - Tu tesoro más preciado: Mi polola y mi hija. - Tu merienda favorita: Las pastas. -Completa la frase: Para mí el mundo es... vivir. Revista CriticArte Nº 16. Versión digital, septiembre, 2013.

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“LA MUJER PÁJARO” 150X120 cm. Óleo sobre tela “LA CONFUSIÓN” 180x150 cm. Óleo sobre tela

Boris recrea una atmósfera íntima con los elementos necesarios para causar el goce de la vista. Los espacios cerrados, con claroscuros buscados adrede, acentúan tanto los objetos y los contornos, como la presencia de los cuerpos. El artista juega con una realidad que se revela y se oculta detrás de las máscaras y los contraluces. Como si quisiera que el espectador ausculte entre los objetos y los cuerpos aquella parte que la luz silencia intencionadamente. Flh

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“LA MÁSCARA” 60X80 cm. Óleo sobre tela

Las obras de Boris poseen un sello personal incuestionable, pero sobre todo la quietud misteriosa de la realidad creada

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