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Diáspora dominicana en Valencia, España, O el mito de Ulises Laertes.

«Aproximación crítica a la propia identidad»

(2009)

(Ensayo)

Autor: Fausto Leonardo Henríquez


La diáspora dominicana en Valencia, España.

«Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento / se mezclen a los tuyos mis himnos de placer; / permite que celebre tu dicha y tu contento,/ cual lamenté contigo tu acerbo padecer».

(Salomé Ureña, poeta dominicana).

«Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera, su humo de sol / su organillo de pájaro… / háblanos del plátano que rezaba a la sombra / y del guineo que amarillaba junto al oreganito; del maizal que nos confirma que en América / no es exótico ni lo rubio ni lo negro»

(Domingo Moreno Jimenes, poeta dominicano).

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Una lectura humanista de la diáspora dominicana.

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Introducción...................................................................................................................... 5

PRIMERA PARTE

POLÍTICA INMIGRATORIA Y SUS BEMOLES

1.

El lado oscuro de la política de inmigración española. ........................................ 8

2.

Factores que determinan la actual situación socio-económica de la comunidad

dominicana en Valencia.............................................................................................. 12 3. La política migratoria de la República Dominicana en Valencia........................... 19

SEGUNDA PARTE

INTEGRACIÓN E INCULTURACIÓN

1. Aproximación al concepto de integración. ............................................................. 29 2. La inculturación, una apuesta humanista de la política de inmigración................. 32

TERCERA PARTE

INTERPRETACIÓN DE LA IDENTIDAD DOMINICANA EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

1.

Síndrome de las dos orillas................................................................................. 39

2.

Una dualidad que no cesa y el surgimiento de una generación híbrida.............. 42


La diáspora dominicana en Valencia, España.

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3. Del choque cultural a la asunción de valores y costumbres nuevos....................... 44 3.

Genio y figura de los dominicanos, justipreciación de la propia identidad........ 46

5. Inmigración y ciudadanía dominicana en Valencia, anhelos y reclamos sociales. 51 1. Razones por las que los ciudadanos dominicanos emigraron a España y, en concreto, a Valencia. .......................................................................................... 52 2. Aspectos que valoran los dominicanos de la sociedad española-valenciana: 52 3. Razón crítica de los inmigrantes dominicanos: .............................................. 53 4. Solicitud a las autoridades: ............................................................................. 53

CONCLUSIONES.......................................................................................................... 56


Una lectura humanista de la diáspora dominicana.

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Introducción

Ulises Laertes, el célebre protagonista de la Odisea de Homero, que oscila entre mito y realidad, es el símbolo universal que utilizo para caracterizar a los dominicanos y dominicanas que han dejado su tierra para ir a conquistar sus metas, a hacer realidad sus sueños. Ulises es el símbolo de aquellos que no se rinden, que luchan día a día, en la espera feliz de, tras afrontar y superar mil penurias, llegar a la isla, Ítaca-Quisqueya, el terruño que nos vio nacer. La presencia de inmigrantes de la República Dominicana en España es notable. Barcelona, Valencia y sobre todo Madrid, son los lugares de mayor arraigo. Mi intención en este ensayo es, básicamente, leer la realidad en la que viven nuestros paisanos, interpretar –leer por dentro la realidad, al decir del escritor chileno, Gonzalo Rojas- cuáles son los anhelos, los miedos de los dominicanos en la Comunidad Valenciana, que comprende Alicante, Castellón y Valencia respectivamente. Asimismo, pretendo analizar, en lo que pueda, el sentido de la identidad, patria, la vida, las luchas, las barreras de los dominicanos llegados a esta parte de la Península Ibérica. Hay también otras preocupaciones, a saber: descubrir la existencia de arte y por supuesto, toda forma de manifestación artística. Pienso que el proyecto es ambicioso y trataremos de sacarlo adelante con el rigor metodológico que se requiere. Veremos el panorama sociopolítico de la actualidad española y su influencia en el proceso de inculturación de los dominicanos. Trataremos la gestión de la política inmigratoria y su actual plan de integración de inmigrantes y la cuestión de la identidad dominicana y todo aquello que nos afecte como extranjeros en


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estas tierras levantinas. Espero que esta última parte sea sustanciosa y nos dé algunas luces. Esta es, pues, la declaración de intenciones. Haré lo posible por fundamentar cada una de las partes, así como de documentarlas e ilustrarlas. Cuando no sea así, apelaré al juicio, a lo que dije arriba, a la interpretación ponderada del asunto en cuestión.

(FOTO: Mapa de la Comunidad Valenciana, España)


PRIMERA PARTE

POLÍTICA INMIGRATORIA Y SUS BEMOLES

“Cuando venimos a España, no hacemos más que regresar a nuestra patria”

(Frase atribuida a Gabriel García Márquez, célebre Nobel de Literatura).

«Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza».

(Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria dominicana)


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1. El lado oscuro de la política de inmigración española.

Una de las cuestiones sociales y políticas más importantes, hoy por hoy, en España, al menos por lo que a los dominicanos nos concierne, es la inmigración 1 . Desde la última década del siglo veinte España ha tenido una fuerte presencia de ciudadanos de otros países, pero más, qué duda cabe, en la primera década del siglo veintiuno. Ríos de tinta se han vertido en torno al fenómeno social de la inmigración. Hablar de inmigrantes o de inmigración es entrar en un terreno delicado, controvertido, y no pocas veces mal interpretado 2 . No todo el mundo tiene el mismo parecer acerca de los que vienen de otros países. Están los que comprenden los graves problemas de injusticia en los países de América, África, Asia y de algunos países del Este de Europa. Problemas muy agudos, sin duda, que los ha forzado a salir de sus tierras sin más propiedad encima que sus sueños y sus esperanzas. Y, por otro lado, están los que sienten lo que denomino “inmigrofobia” 3 , esto es, los que se ven invadidos, amenazados, ante la percepción, no sé si real, de que los inmigrantes les usurpan los puestos de trabajo, traen enfermedades, saturan los colegios, les desinflan los servicios sanitarios y otras pestes indeseables como, por ejemplo, la tuberculosis 4 .

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Hay una interesante monografía sobre los Inmigrantes Extranjeros en España colgada en la Red por el Colectivo Ioé. Cf. URL: http://www.monografias.com/trabajos32/inmigrantes-extranjeros-espanareconfigurando-sociedad/inmigrantes-extranjeros-espana-reconfigurando-sociedad.shtml; 2 AA.VV. La inmigración dominicana en el tercer milenio. Editorial Betania, Madrid, 2001, PP. 81-94. El Carlos J. Báez Evertsz, Dr. en Ciencias Políticas y Sociología, enuncia seis tipos de prejuicios de los españoles hacia los inmigrantes: 1. La inmigración como invasión de los nuevos bárbaros. 2. Los inmigrantes son una carga social. 3. Los inmigrantes son delincuentes y crean inseguridad ciudadana. 4. Los inmigrantes quitan el trabajo a los nacionales. 5. Los inmigrantes hacen bajar el nivel de las escuelas. 6. Los inmigrantes tienen otra cultura y eso es negativo. 3 Cf. URL: http://medios.mugak.eu/noticias/noticia/209685; Las Provincias; B. LLEDÓ, 2009-07-15 “La región valenciana registra 80 incidentes xenófobos, el doble que en 2008. Movimiento contra la Intolerancia detecta un auge de grupos neonazis. 4 Estas afirmaciones contrastan con la opinión generalizada que tenemos los dominicanos respecto a los haitianos.


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En verdad, los puestos de trabajo que mayoritariamente ocupan los inmigrantes –que pudiéramos decir “no calificados”, “no profesionales”, están vinculados al rubro de la construcción que, dicho sea de paso, con la crisis financiera mundial desatada en 2008, –recuerdo que esta fecha España entró en recesión, con más de 4 millones de desempleados, o sea, parados- se ha venido completamente abajo. Otras áreas laborales de los inmigrantes tiene que ver con las cosechas agrícolas –que son ocupaciones de temporada-, y los servicios domésticos y hosteleros. La confusión reinante se debe a que el Estado español no estaba preparado para una avalancha de gente como la que, legal e ilegalmente, ha venido a su territorio peninsular, sobre todo después de la unión económica y apertura de fronteras, sea para quedarse o para usarla como trampolín para pasar a otros países vecinos de la Unión Europea. En septiembre del 2008 España –siendo Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho- estableció una política de “retorno a casa”, a la que llamó técnicamente “Plan de Retorno Voluntario”. Este plan consiste en despatriar a aquellos inmigrantes que, voluntariamente, quisieran regresar a sus países de origen. Este plan, nace, según mi parecer, por el agobio y la ofuscación gubernamental ante la complicada tarea de establecer una política migratoria ágil, equilibrada y justa. A eso hay que añadir la atenuante del desempleo y la falta de oportunidades. Claro, la píldora fue dorada de tal forma que, sin percatarse del trasfondo de la ley que entraba en vigencia, muchos inmigrantes encontraron un salvavidas para embarcarse a sus países de origen. Otros, en cambio, vieron en esta iniciativa una verdadera amenaza de expulsión de España. Uno de los bemoles del “plan retorno” es que afecta solamente a los inmigrantes en situación legal (menos de cien mil). En este sentido es una normativa excluyente porque deja fuera de los presuntos beneficios a los


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que están en situación ilegal. Entonces, como de infiere, ya no es una ley para los que quieran retornar voluntariamente a sus países, sino sólo para aquellos que, siendo de países de fuera de la Unión Europea, reúnan los requisitos establecidos en dicho plan. Pero, por si fuera poco, aquellos que -bajo el supuesto de reunir todas las condiciones para regresar a sus países de origen- se presentasen al “plan retorno” se someterían a lo que yo llamo “plan de amarre” para que no puedan volver a corto plazo. Me explico, el que legalmente se va a su tierra natal, podrá volver a España, pero tendrá que esperar al menos tres años, si es que le otorgan en ese plazo el permiso de residencia y trabajo. El filtro es muy estrecho y es obvio que se cerrará todavía más. Si la crisis económica mundial y, por ende, de España, se prolonga, es muy difícil que los deportados por la vía legal de los países con quienes se ha suscrito un convenio –entre ellos República Dominicana y otros dieciocho países, en su mayoría americanospuedan regresar. Si el inmigrante que ha tenido contrato de trabajo decide irse, recibirá una fracción de su contribución al Estado (40%) en la puerta del avión, o sea, a la ida, y la otra parte (60%) en su país de origen. En realidad, de los 87.000 extranjeros que califican para el “plan retorno” muy pocos, (767 individuos, sólo 2 dominicanos 5 ) a la fecha, se han acogido a este tipo de política de deportación refinada. Es evidente que estamos ante una falla de política inmigratoria y ante una grieta cuyas profundidad aún nadie sabe. Como medio para dilucidar estrategias adecuadas de inmigración el gobierno y sus representantes se han propuesto el “diálogo social”, mientras tanto, y no precisamente como fruto de un

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Llama la atención poderosamente que sólo 2 dominicanos al día 13-12-2009, se acojan al plan de retorno a Rep. Dom. Cf. Ministerio de Trabajo Inmigración URL: http://www.tt.mtas.es/periodico/Laboral/200812/LAB20081213.htm


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diálogo concertado, a finales de diciembre de 2008 se inicia el trámite de reforma de la Ley Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social 6 . La presa –los inmigrantes- ha visto el cebo con que el cazador –el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero- pensaba atraparla para expulsarla del territorio peninsular. Un halo de persecución generalizado cunde entre los inmigrantes, legales e ilegales. Las fuerzas sociales, las organizaciones de inmigrantes se han movilizado, sin resultado visible, para evaluar el impacto de la política social inmigratoria. De todo punto de vista no parece resolver las demandas de los inmigrantes. Unos tienen que deponer sus hipotecas por desempleo y otros se subemplean para seguir subsistiendo a la crisis económica que afecta a todos los órdenes sociales. Y otros, los que menos, optan por volver a sus tierras donde es muy probable que se encuentren con una situación similar, pues el problema de la crisis económica es global. La política de inmigración, sobre todo la gestión del área de extranjería, se ha convertido en un embudo o en un filtro. La prueba es evidente: lentitud administrativa, largas colas, -que podría evitarse con citas previas por Internet-, cupos limitados, falta de coordinación, locales inadecuados, desinformación, poco personal, trato humano que a veces deja qué desear. En el mes de abril de 2009 le pregunté a un funcionario de extranjería cómo podían atender a tanta gente con tan poco personal administrativo. A lo que él me respondió que desde inicio de año estaban desbordados por la afluencia de extranjeros que deseaban poner en regla sus documentos. Dijo, además, que sus superiores sabían que no se daban abasto, pero que no tenían una solución definitiva a la problemática. Prácticamente, como se ve, a nivel institucional no había interés por mejorar los servicios en la dependencia de extranjería. 6

Cf. http://www.tt.mtas.es/periodico/inmigracion.htm#. Esta nota salió publicada en la web del Instituto Nacional de Estadísticas de España, www.ine.es con fecha 19 de diciembre, 2008.


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El funcionario tenía razón. Sin embargo, miraba sólo una cara de la moneda. Faltaba la otra, la de los extranjeros que en poco más de un año pasaron de llegar una o dos horas antes para posicionarse en la fila con el fin de obtener un número, a tener que pasar toda la noche –no todo el mundo, obvio- frente al edificio de extranjería sito en la calle de Gremis, 6, Valencia. En la actualidad –escribo esto en mayo de 2009- decenas de personas duermen –en verdad no se puede decir que duerman- a la intemperie en la susodicha dirección. Esta realidad, tal vez desconocida a fondo por los funcionarios de extranjería, es, además de dolorosa e inhumana, propia de un campo de refugiados. Lo que acabo de decir no es una hipérbole, es una verdad que hay que admitir sin respingar. Entre los que yacen en duermevela hay un submundo en el que domina la picardía –compra y venta de turnos-, pero eso se escapa de la intencionalidad de este trabajo.

2. Factores que determinan la actual situación socioeconómica de la comunidad dominicana en Valencia.

Para que nos hagamos una idea, tan sólo como un dato general, actualmente (2009) los inmigrantes dominicanos en Valencia son 1.895, de los cuales 718 son varones y 1.177 mujeres. Y para que comparemos, Madrid sobrepasa los 30.931 y Barcelona los 15.522. En las poblaciones de Castellón y Alicante, que forman parte de la Comunidad Valenciana, hay 353 dominicanos en la primera, de los cuales 142 son varones y 211 mujeres y 959 en la segunda, de los cuales 353 son varones y 582 mujeres. Si sumamos todos los habitantes de la Comunidad Valenciana, según datos oficiales del Instituto


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Nacional de Estadísticas de España, tenemos un total de 3.207 habitantes venidos de la República Dominicana 7 . Además de esa información oficial contamos con la información del Consulado Dominicano en Valencia, que nos permite concluir diciendo que a la fecha, año 2009, somos unos 5 mil habitantes, al alza, de origen dominicano en la Comunidad Valenciana. Nuestras conclusiones devienen de los dominicanos nacionalizados, que en la Comunidad Valenciana oscila el 35%, unos 2.750 dominicanos del total susodicho, y otros, conjeturalmente unos 1.000 mil, que están en vías de regularizar sus documentos de residentes. Cuando dijimos que éramos unos 5 mil dominicanos “al alza” nos referíamos, según datos consulares constatados en el año 2008-2009, a que unos 1.200 dominicanos, sobre un 20%, reciben nuevo pasaporte al año. Es importante subrayar el alto porcentaje de inmigrantes de sexo femenino 8 . Esta tendencia se mantiene tanto en Madrid como en Barcelona. Pues bien, partiendo de estos datos ¿qué es lo que se ve en la realidad?, es decir, en ¿qué se desempeñan los dominicanos en esta parte de España, concretamente en Valencia? Según he ido observando, hay un grupo de estudiantes universitarios de posgrado y algunos profesionales, licenciados –para el caso conozco a un periodista, a una pedagoga, y a una administrativa-, pero en su mayoría son personas de condición humilde. Los dominicanos residentes en Valencia trabajan, según mis constataciones in situ, en peluquerías, cafeterías, servicios domésticos, colmados o pulperías y centros de diversión y entretenimiento. Hay otros que trabajan en oficios varios como el de 7

Cf. http://www.ine.es. Revisión del Padrón municipal 2008. Datos a nivel nacional, comunidad autónoma y provincia. En el año 2000 había en España 26.824 dominicanos y 73.922 en 2009. 8 ABREU VAN-GRIEKEN, Esther. Tesis Doctoral: “Migraciones de Madres Dominicanas hacia España: su impacto en hijos adolescentes”, Valencia, España, 2009. Editado por CeiMigra. Cuaderno de investigación nº 4, PP.62-71. En esta investigación la autora habla de los orígenes de las migraciones de mujeres dominicanas a España, de su papel al desarrollo y a las economías familiares por medio de las remesas, el impacto de dichas migraciones y de los cambios en la cosmovisión de la mujer. Véase también el informe de VOMADE (Voluntariado de Madres Dominicanas), “Mujeres inmigrantes: el corazón peregrino”, Madrid, 2007. El estudio es fundamental, por su seriedad y profesionalismo, para comprender la fenomenología de la inmigración dominicana en España.


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mantenimiento, fontanería, pintura y servicio agrícola de temporada. Algunos dominicanos son propietarios de locales o los tienen alquilados. Éstos tienen al menos diez años de inculturación, lo que les ha permitido adaptarse al medio, obtener la doble nacionalidad y conseguir préstamos bancarios para iniciar sus propios negocios. De los factores que determinan la situación económica de los dominicanos en Valencia, y no pretendo más que reflexionar sobre el asunto, más que hacer un estudio socioeconómico, destacan: la baja cualificación o la poca preparación profesional, por provenir de estratos sociales rurales 9 y humildes; el bajo índice de empleo empresarial, la cuestión xenófoba, o lo que es igual, el rechazo o desprecio hacia los extranjeros, por su color y procedencia. Esta última afirmación no es conjetural, más bien es obvia puesto que es muy frecuente encontrar testimonios de dominicanos que se han sentido rechazados. Es natural que si una persona posee una buena preparación profesional en República Dominicana, lejos de irse a otro país, tenga muchas más posibilidades de permanecer en el terruño. Pero el que no tuvo la oportunidad de formarse profesionalmente para la vida, pero tiene la fuerza de superación, es muy probable que mire otros horizontes. Y es ahí cuando viene el salto, el inquietante paso de salir de la isla quisqueyana, aún haya que contraer muy pesadas y dejar la familia hendida por la separación. La familia González, compuesta actualmente por unos treinta dominicanos inmigrantes en Valencia, es una familia oriunda de una localidad marginal de Cotuí.

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Ídem, o.c. nota 8, P. 64. Por otra parte, VOMADE, ídem o.c. nota 8. Considera que nivel educativo de los dominicanos en toda España es bastante bueno: el 20% tiene estudios universitarios, el 31% ha terminado estudios de primaria, el 42% ha cursado estudios secundarios y el 19% tiene estudios técnicos varios. Estos porcentajes, según he ido observando en mis entrevistas y visitas a negocios y vecindarios de dominicanos, varían sustancialmente si lo aplicáramos a Valencia y pueblos de la Comunidad Valenciana. Más, sobre todo, a lo que a estudios superiores y universitarios se refiere. En estudio más reciente CODESPA, infra, o.c. nota 14, P. 19, concluye que “se detecta que en casi todos los grupos formativos hay una elevada proporción de personas que no han completado su nivel de estudios, especialmente relevante es el abandono en secundaria y en un segundo término en la formación universitaria”.


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Esta familia, una de las cinco primeras 10 llegadas a esta región de España, allá a finales de la década de los ochenta, es un vivo ejemplo de familia dominicana humilde, honesta, y trabajadora, que se ha mantenido unida. Los dominicanos que viven en Valencia y pueblos limítrofes son, en su mayoría, de éstos que acabamos de mencionar. Gente que trabaja sin complejos en lo que sea, desde cortar el pelo a pintar una casa, de limpiar las escaleras de un edificio a cuidar a un enfermo o anciano o, simplemente, -utilizando la jerga dominicana- haciendo cualquier “chiripa”. Cuando hay razón para vivir, hay razón para trabajar. Con la crisis económica que, como todos sabemos, afecta más a los de a pie, al pueblo llano, se ha abierto una franja de desempleo alarmante en toda España. El gran vacío de puestos de trabajo formal e informal es tan agudo que ha causado una especie de parálisis colectiva. Los dominicanos en Valencia, obviamente, se han visto y se ven afectados por esta tempestad de la economía. Ya no se trata de si son o no mano de obra cualificada, es que no hay nada que hacer, y si hay es pagado miserablemente. Los españoles que ven mermados sus ingresos se ven forzados a disminuir personal o a pagar menos. Otras veces, y esto sí que es común y salta a la vista, subcontratan a inmigrantes indocumentados. Hay muchos abusos en este orden, sin embargo no hay un “defensor de los inmigrantes” a la manera de Defensor del Pueblo. Es más, aunque se tenga papeles en regla, siempre hay un prejuicio y una desventaja a la hora de buscar trabajo. Juana, que obtuvo la doble nacionalidad hace varios años, se presentó a las oficinas de empleo de Valencia con el fin de entrar en la bolsa de trabajo. La ejecutiva que le atendió le dijo que “los trabajos que hay son primero para los españoles”. Juana, que es una mulata con carácter y con una lucidez infrecuente entre las mujeres dominicanas de 10

Las primeras familias llegadas a Valencia, según testimonio directo de una de ellas, fueron: La Familia Valerio, Familia Castillo, Familia González, Familia Escarfuyeri.


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la diáspora, sacó de su cartera el carnet de identidad y su pasaporte de ciudadana española y se los mostró a la funcionaria, dejándola sin palabras. Esta breve historia llegó más lejos, se infiere, pero lo que nos interesa es otra cosa. La traigo aquí para constatar el fenómeno xenófobo, es decir, la antipatía hacia los extranjeros que sienten ciertos ciudadanos de la patria de Juan Pablo Duarte. La historia de Juana, sacada de la vida, de la diáspora más real y cruda de los dominicanos en España, nos puede iluminar y dar una idea de cómo son mirados nuestros paisanos cuando van a buscar un empleo a una empresa o a un negocio. Siempre queda un margen para la excepción, estoy claro en eso. Ciertamente, y esta es una constante, nuestro color mulato o trigueño, nos hace diferentes, porque lo somos, no lo negamos. El problema nace cuando surge alguien que nos

trata o nos mira

despectivamente como “diferentes”, como “otros”, como le pasó a María, licenciada en educación, en un autobús urbano en Valencia, otro caso real del que no entramos en detalles. En una entrevista a esta mujer singular, Juana, me aseguró que lo que le pasó a ella cuando fue a buscar empleo, le ayudó a cambiar de opinión respecto a los inmigrantes haitianos en la República Dominicana. Me contó que, cuando ella era niña vio a su madre servirle de comer a unos peones haitianos. La pequeña, con ojos espantados, le preguntó a su madre que por qué les daba de comer a “esos negros”. A lo que la madre le respondió: “Hija, también ellos son personas. Trabajan de sol a sol y hacen el trabajo duro de este país”. “No lo entendí, (me dijo Juana) hasta que me pasó a mí, muchos años después, aquí en España. Nosotros los dominicanos somos racistas de “sentimiento 11 ” -me dijo con énfasis- vemos a un haitiano con su bandeja de maní y ya

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Supra, Cf. nota 4. A mí me cuestiona el dato y trato de llegar a la conclusión de si nuestro antihaitianismo –el de los dominicanos- proviene de un sustrato heredado por los criollos de los antiguos españoles, que se cuaja en la guerra de Independencia del siglo XIX y se prolonga en el siglo XX. Ese odio visceral, ese “sentimiento de odio” alcanzó su máxima expresión en Rafael Leonidas Trujillo, quien,


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sentimos a la distancia que tiene “grajo”, que no se ha bañado. En cambio, los españoles son racistas, pero al final terminan abriéndote las puertas”. Menuda lección me dio esta mujer mulata de la capital dominicana. Profundizando un poco más en lo que he llamado los “diferentes”, los “otros”, me hago la pregunta, ¿de dónde surte esa mirada denigrante?, ¿cuál es la razón colectiva de los ciudadanos anfitriones para sentir de forma espontánea esa aversión hacia los venidos de otros países? Pienso que se debe, por un lado, a los prejuicios creados como consecuencia de un manejo inadecuado de la información de los medios de comunicación. Así como en nuestro léxico hay palabras o frases acuñadas que denotan un sustrato del inconsciente colectivo, tales como “al pie del cañón”, “en vanguardia”, “tiro al blanco”, “el punto negro”, “mercado negro”, “estoy negro”, etc., así también hay, en la actualidad, expresiones que dicen mucho de lo que pensamos, y esto es delicado. Porque de tanto insistir en ello, como se hace en el orden político y en las comunicaciones, se ha llegado a crear una fobia anti-inmigrante en la sociedad que pone en entredicho la bondad, por decirlo así, de los inmigrantes. O, para decirlo con términos jurídicos, ponemos en duda la presunción de inocencia de los inmigrantes. Frases como “sudacas”, “ilegales”, “sin papeles”, “avalancha”, “invasores”, “oportunistas”, etc., inducen a las gentes a pensar que los inmigrantes son gente peligrosa y, si llegamos más lejos, delincuentes. Y por consiguiente, es gente que no tiene derechos a nada, más que el de regresar a sus tierras de origen o a someterse a las reglas del juego impuestas por la sociedad española. Esta dimensión de la cuestión, que es eminentemente imaginaria, esto es, un sustrato del inconsciente colectivo español, afecta a los que son, pues, de otra raza, color, a la brava, se propuso blanquear la República Dominicana y de un solo tirón perpetró la famosísima matanza, el genocidio de lesa humanidad, de 1937 en la que cayeron más de 15 mil haitianos.


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cultura, costumbre, religión, etc. Les afecta cuando van a buscar un puesto de trabajo o tratan de insertarse en otros espacios de convivencia humana. Lo que he denominado “inconsciente colectivo” de los autóctonos españoles ¿conserva aún la nostalgia de habernos tenido como colonia suya en el pasado? Dicho de otro modo, ¿no será ese vernos como “otros”, “diferentes” una expresión de un complejo de superioridad que se manifiesta por el rabillo del ojo? Es probable que haya algo de esto. Sin embargo, también hay que decirlo, el caso de María, de la que hice mención arriba, es peculiar porque ella –tomémosla como icono del orgullo dominicano en Valencia- cuando iba en el autobús se enfrentó con la persona que la miró de menos. Esta autodefensa, me pregunto ¿es autoestima?, ¿o es una descarga inconsciente de habernos tenido colonizados? Podría ser. En fin, lo cierto es que María, y en ella los dominicanos en estas tierras, nos vemos perseguidos por miradas afectadas por el racismo soslayado –y a veces manifiesto- el cual, al mismo tiempo, despierta en nuestro interior viejos fantasmas que perecen perseguirnos. La clave de todo radica en que los que fueron sometidos en el pasado, nosotros los inmigrantes, se ven sometidos en el presente a actitudes de los que, de alguna manera, aún se sienten superiores. Esto, acentúo, está en el sustrato social y no es, exactamente una verdad absoluta ni generalizada. Sin embargo, para efectos de lo que vamos analizando, cabe dentro de lo probable. Hasta ahora hemos querido dejar claro que la situación socio-económica está determinada, además de la cualificación de los dominicanos para acceder a puestos de trabajo que requieren una formación específica, por la percepción subjetiva de la sociedad hacia los inmigrantes y por el hecho objetivo de ser visiblemente “diferentes 12 ”. En el primer caso, la sociedad –que está determinada por la política

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Cf. Anuario CeiMigra, “Los inmigrantes de la comunidad valenciana”, 2006. PP. 18-19.


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inmigratoria del Estado español y por la influencia de los medios de comunicación que crean opinión adversa-, hace de muro de contención en el acceso a puestos de trabajo. En el segundo, hay entre los dominicanos un manifiesto sentimiento de “ser mirados de menos” por su color, por su procedencia. Y esto, como en los dos casos mencionados, el de Juana y María, despierta, también en nosotros, actitudes defensivas como último recurso para salvar el honor personal y la propia dignidad.

3. La política migratoria de la República Dominicana en Valencia.

No sé, en verdad, si el Estado dominicano pueda tener –no dudo de su capacidaduna política migratoria allende los mares, cuando no la tiene para el vecino país de Haití. Esa es una tarea permanente –el diálogo humanitario y sincero, quiero decir, en justicia, con el vecino país- y todavía sin resolver del todo. Aparte de lo señalado, conviene decir la emigración de nuestro país, República Dominicana, no es fruto del azar, sino de la necesidad. Esto lo veremos cuando toque, en su momento, y de las mismas voces de los inmigrantes dominicanos, las razones de por qué han emigrado a España. Mientras tanto, los datos de los analistas nos indican que lo que provoca el éxodo de dominicanos es el atraso del país y el bajo nivel de vida 13 . O sea, que el factor fundamental es de índole económico, aunque no él único 14 . Desde 1980 en adelante el hambre, el desempleo, la pobreza y la carestía de la vida del país ha obligado, forzado, y en el peor 13

Cf. Revista Europea de Migraciones Internacionales (REMI) Vol. 19, nº 1, 2003. Artículo: “La migración dominicana hacia España, factores, evolución y desarrollo”. Por Juan Manuel Romero Valiente. PP. 147-171. URL: http://remi.revues.org/index387.html#tocto1n1; 14 Cf. Fundación CODESPA: “Estudio Codesarrollo: España-República Dominicana”. Madrid, P. 131. Esta fundación ha realizado un prominente trabajo de investigación que arroja muchas luces al panorama actual de la inmigración dominicana en España. Sostiene que la emigración dominicana a España es “una emigración eminentemente económica, orientada al beneficio familiar y apoyada por una situación social mejor en el país receptor con mayor igualdad de oportunidades”.


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de los casos, expulsado, a cientos de miles de dominicanos a buscar, por lo menos, el sustento de la familia en ultramar. En verdad, y en esto coincido con el escritor dominicano, Pedro Manuel Casals: “Los problemas nacionales no son sólo económicos y financieros. Las instituciones del Estado llevan décadas degradándose, viciadas de ineptitud y de corrupción 15 ”. Los países nuestros, nuestros gobiernos, se enorgullecen de las remesas de los compatriotas y saludan a la opinión pública con los millones de dólares que entran al país, pero no distinguen que esa inyección a la economía local es gracias al sudor y crujías que pasan nuestros paisanos en el extranjero. El envío de remesas, que es dinero ganado con esfuerzo, se ve castigado por las comisiones de envío del país de origen –en este caso España- con lo cual los inmigrantes dominicanos sufren por su condición de tales y por aportar a la economía dominicana. En el mismo orden de ideas, por lo que toca a la República Dominicana, la satisfacción de nuestro gobierno, y en general de nuestros países latinoamericanos, por el aporte de los emigrantes dominicanos a las arcas del Estado, no se ve recompensada con políticas migratorias que estimule y facilite el desempeño de los dominicanos en la diáspora. Pienso, por ejemplo, en alguna oficina de envío de remesas con comisiones blandas, cómodas; envío de contenedores con las mismas características de pago, como se hace desde Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo; facilitar las comunicaciones, sobre todo por teléfono, negociando –apoyados en el mercado cautivo que suponen los dominicanos en toda España- con las empresas que ofrecen este servicio. Pienso, también, que debería haber una oficina de turismo en toda regla, funcionando a toda máquina, en la que se proyecte la República Dominicana, nuestros valores y 15

VICTORIA CASALS, Pedro Manuel. Ensayo: “Principales características de la situación nacional”. Publicado por “La Academia de Ciencias de la República Dominicana”, Ed. Búho, Santo Domingo, 2003. P. 17.


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costumbres; en la que se dé información, se entreguen mapas, rutas turísticas, y mil cosas más. ¿No podría haber una persona dedicada a eso del amplio equipo consular? Más aún, debería haber un relacionador público consular que haga un acercamiento a la República Dominicana, sobre todo con instituciones y empresas que sean un potencial para establecer alianzas comerciales, educativas, universitarias, culturales, intelectuales y turísticas. En fin, que ya es hora de despertar del sueño. Pero mientras pensemos estrechamente, es decir, mientras no nos interesen los dominicanos de la diáspora y tierra de Duarte, nuestra patria, será difícil avanzar. Recordemos un caso penoso, para que levantemos la vista al frente. Hasta hace unos años la adquisición del pasaporte en Valencia tenía un precio ofensivo. Las tasas impuestas era motivo de quejas constantes de los ciudadanos de Quisqueya. Como consecuencia de los constantes reclamos, la Junta Central Electoral de la República Dominicana, bajo la responsabilidad de César Prieto, se presentó en el año 2007 e impuso tasas razonables al bolsillo de nuestros paisanos. Detrás de este logro social y político hay nombres de personas que, desde la base y la militancia sociopolítica, se jugaron el tipo porque son conscientes de que el Consulado es un ente de servicio a la comunidad dominicana y no una fuente para el lucro interesado. Insistimos, no ha habido ni hay una política migratoria dominicana que vele por los intereses de los ciudadanos dominicanos en el extranjero, o sea en la Comunidad Valenciana. Esta problemática es fácilmente captada por cualquier persona con un poco sentido crítico y visión de la realidad. Es probable que la República Dominicana no estuviera preparada, sobre todo en los últimos diez años, para el éxodo de dominicanos al exterior y, en concreto, a España. Y por ese motivo, fundamentalmente, tampoco estuviera preparada para dar respuesta a las necesidades de sus ciudadanos fuera del país. La pregunta se hace obligada, no para


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justificar la cuestión, sino para ahondar más bien en ella, ¿cómo podía resolver los problemas de los dominicanos en el exterior si el Estado apenas podía consigo mismo? Más bien el éxodo dominicano, sobre todo del sur, supuso un alivio en la presión social ejercida al Estado, incapaz de dar repuesta a todas las demandas del pueblo. Resulta obvio que si el Estado no podía responder a las necesidades internas, -razón por la cual se han visto obligados socialmente a emigrar miles de dominicanos a España- menos lo haría con las de los dominicanos residentes en el extranjero. Tal vez esto dio pie a que al Consulado Dominicano –con limitaciones presupuestarias- se le diera instrucciones de hacer lo que se pueda. El caso de los pasaportes fue un episodio oblicuo, gracias a Dios corregido, en la gestión de la cosa pública en detrimento de ciudadanos quisqueyanos. En la Comunidad Valenciana dos Consulados Dominicanos 16 , uno en la cabecera, o sea, en Valencia, y un Consulado Honorario, dependiente del primero, en la Provincia de Alicante. Recordemos que en dicha Comunidad viven, haciendo números redondos, cerca de 5 mil dominicanos. Aunque no es un volumen estratosférico, y siendo dos consulados, hay que insistir que no hay una política de Estado –más que como una crítica, véase como una verdad insoslayable- hacia los inmigrantes dominicanos, que lo que se está haciendo es básicamente lo que está al abasto de las posibilidades o, si somos críticos, de la voluntad política. Debe hacerse una política migratoria en la diáspora. ¿Política de qué clase? Más allá de trámites de documentos, cosa obvia y fundamental, o de la gestión comercial y empresarial, tendría que haber una política de cohesión de la comunidad dominicana partiendo del cultivo de los valores patrios, conservación de tradiciones y costumbres

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El primer Cónsul Honorario data de 1955. Vicecónsul Milagros Peña; José Luis Murillo, Primer Cónsul, Adriano Matos, Frank Bencosme.


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(carnaval), celebraciones patrias y fiestas religiosas principales (por ejemplo: La Altagracia) que están en el sustrato de la dominicanidad. Los dominicanos, que solemos expresarnos mucho con el ritmo, bien podríamos fomentar bailes y danzas nacionales, arte y cultura dominicanas, conferencias, talleres de artesanía y manualidades, exposiciones, presentación de documentales, cine, teatro, participación en ferias locales, revista de cultura, presencia de valores intelectuales, etc. Como iluminación baste pensar en el Comisionado de Cultura de la República Dominicana en Nueva York. Es comprensible que para 5 mil dominicanos en la Comunidad Valenciana no hace falta un Comisionado, pero puede haber por lo menos un Agregado Cultural que mueva los hilos e incentive y valorice públicamente la bondad de nuestra cultura y de nuestra patria dominicana. Que somos mucho más que Bávaro, Punta Cana, paraíso turístico de gran popularidad en España. Falta una política de emergencias eficaz, bien gestionada, que dé confianza y que cubra las necesidades más perentorias de las personas y familias dominicanas. Pienso, por ejemplo, en algún tipo de ayuda humanitaria que permita salir de apuros en casos tales como vivienda, desempleo, alimentación, deceso o accidente 17 . Es bueno recordar que Juan Santa María, dominicano, inició el Seguro de Repatriación de cadáveres en España y que, con el Cónsul Frank Bencosme, el Consulado Dominicano en Valencia, subsidiario del de Madrid, ha empezado a promocionar dicho seguro. El sentir de los dominicanos es que este seguro debe tener una cuota módica y no ser objeto de lucro para los funcionarios consulares, pues gozan de salario por el ministerio realizado. 17

Ismael Pablo prendió fuego a su casa con Jenny Lara y sus dos hijos dentro de la misma. El parricidio se perpetró en Alzira, Valencia, España, el 30 Abril de 2004. Cf. URL: http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20070329/sucesos/decena-crimenes-tresanos_20070329.html; http://www.lasprovincias.es/valencia/20080404/sucesos/comunitat-cabeza-ninosasesinados-20080404.html; María Pérez, oriunda de Barahona, R.D., que llegó a España vía Venezuela, murió de infarto, pero como no tenía a nadie que velara por ella el Hospital la Fe, de Valencia, a cambio de repatriar sus restos mortales, la difunta, como no hubo atención oficial, “pagó” los gastos de repatriación donando todos sus órganos vitales al centro hospitalario.


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Yendo un poco más lejos, no se mira –porque no la hay- una incidencia política ni en foros sobre inmigrantes ni en la estructura misma de Inmigración de Valencia. En este último espacio es donde se mueven todos los hilos. Allí deberían estar nuestros líderes. Hoy por hoy es fundamental incidir en el Departamento de Inmigración de Valencia, pues de ahí nace, además de la política del Estado Español, la política comunitaria, que como hemos apuntado arriba, es una política impositiva, de integración social, laboral y lingüística. Como consecuencia de bajísimo nivel de organización de los dominicanos, por no decir nulo, y por la no participación y militancia política en la Comunidad Valenciana, no tenemos ningún representante, ni institucional ni de base en puestos de gobierno y lugares de decisiones. Sólo conozco el caso de Violeta Valiente que, con un alto sentido de su oficio público, ejerce de Consejala de Cultura, y de Primer Teniente de Alcalde, en el pueblo de Benigánim. Es fundamental fomentar el surgimiento de referentes, de líderes dominicanos, de primera o segunda generación, de la base, que puedan abogar por los intereses de nuestra diáspora. Porque, la verdad sea dicha, podíamos, durante esos veinte años desde la llegada de las primeras familias dominicanas a estos lares levantinos, haber tenido un poco más de presencia pública. Yo me pregunto, desde 1987 al 2009, ¿no podíamos habernos organizado? ¿Dónde han estado nuestros líderes, los visionarios? ¿Dónde los esfuerzos, si es que los hubo, del Estado dominicano, a través de los cambios generacionales de Cónsules, por impulsar referentes fuertes, que cohesionen y unifiquen a nuestros conciudadanos? Y es que si no participamos ni en una exposición de pintura, ¿participaríamos en una plataforma de luchas y conquistas a favor de los dominicanos? En el mismo orden de ideas, una política migratoria, juzgo yo, hacia la comunidad dominicana debería ofrecer asesoría legal gratuita, recopilar y divulgar eficientemente


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información sobre los procedimientos migratorios, así como de las normativas vigentes y facilitar, si fuera necesario, los medios para que los ciudadanos de Quisqueya puedan reducir trámites burocráticos y perder menos el tiempo averiguando de un lado para otro qué y cómo hacer en la gestión de sus documentos. No hay un foro o espacio dominicano donde poder discutir e informarse de la problemática de los cientos de dominicanos que se ven afectados por la política inmigratoria española vigente. Actualmente hay mucha presión hacia los inmigrantes, no sólo dominicanos, sino de cualquier nación. Sin embargo, no hay un foro dominicano, ajeno a la arenga política criolla, en donde se pueda oxigenar el sentir y el pensar de nuestros compatriotas. La participación de líderes dominicanos con capacidad de incidencia en el ámbito político español-valenciano, es crucial, sobre todo porque es desde esta plataforma desde donde, como representantes de la comunidad dominicana, se puede promover nuevas leyes acorde a los derechos de los inmigrantes dominicanos. La presión de la que hablo trasciende el dato conjetural de si se tiene o no permiso de residencia. Insisto, no se ha hablado ni se ha informado, en toda regla, a la comunidad dominicana de las nuevas leyes del gobierno español y de la Comunidad Valenciana. Mientras tanto, los inmigrantes se ven asediados, andando a la defensiva. Sigue en pie la política inmigratoria valenciana que, alineada con la del Estado 18 , negada 18

Ver diario “EL MUNDO. Lunes 20 de abril de 2009, P. 19: “La caza de ‘sin papeles’ continúa / Se extiende a centros comerciales, canchas deportivas, ambulatorios y comedores”. Cf. LEVANTEEMV.COM, con fecha del 19 de febrero, 2009, URL: http://www.levanteemv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2009021600_19_556297__Comunitat-Valenciana-cupo-semanaldetenciones-inmigrantes-ilegales-traslada-Valencia-Madrid : “Una nota interna de la comisaría de Vila Vallecas en Madrid a la que ha tenido acceso Europa Press revela que los agentes del Cuerpo Nacional de Policía que trabajan en la capital deben cumplir un cupo semanal de detenciones de extranjeros en situación irregular. Este documento ordena a los agentes realizar detenciones cada semana de un número elevado de inmigrantes ilegales en función del tamaño de la población de cada distrito, y en caso de que haya que completarse el cupo buscarlos fuera del propio distrito”. Por otra parte, EUROPAPRESS, URL: http://www.europapress.es/epsocial/inmigracion-00329/noticia-detenidos-mas-30-inmigrantes-ilegalesprimeras-horas-operacion-feriante-ceuta-20090810103856.html con fecha del 10 de agosto, 2009: “Las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de África de la Ciudad Autónoma de Ceuta finalizaron de manera oficial a las seis de la mañana de el domingo, momento en el que Delegación del Gobierno ha puesto en


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reiteradamente a través de las denuncias de los afectados, ha practicado la técnica (aliquem stimulis) de la “cacería”, “redadas”, “expulsión” -tipo “Migra” en EUA- contra los inmigrantes indocumentados. Por otro lado, un dato interesante que viene bien saberlo, como contrapunto, son los “encuentros anuales de los pueblos inmigrantes. Desde hace tres años la Iglesia Católica ha tenido la iniciativa pastoral, que no política, de reunir a los pueblos inmigrantes en una jornada de tres días en los que se fomenta el diálogo, la fe y la expresión de símbolos y danzas tradicionales. La respuesta de los diferentes pueblos inmigrantes a estas jornadas se consolida cada vez más. En los dos últimos años la Comisión Católica de Inmigrantes de Cáritas de Valencia, ha convocado y realizado foros en las parroquias con el objeto de acercar a los inmigrantes entre sí y la Iglesia. La convocatoria entre los dominicanos no alcanza un nivel de satisfacción amplio, como acontece con otras nacionalidades, cuya respuesta es visiblemente notoria. ¿A qué se debe el ausentismo de los dominicanos? Según opiniones recabadas por mí, se debe a que solamente se les ha convocado para campañas políticas, que les ha dejado un sabor agridulce. De ahí que espontáneamente hayan interpretado y preguntado, con toda razón, que si las invitaciones que les hacíamos era una alguna actividad para “hacer política de la de siempre”. Este tipo de opinión, que expresa el sentir popular, tiene su fundamento, pues en sucesivas ocasiones se ha utilizado la política para fines ajenos al bien común de los dominicanos. También es verdad que, en comparación con otros países de América, cuya representación y organización es amplia, la comunidad dominicana, aunque

marcha una nueva edición de la 'Operación Feriante' […] El delegado del Gobierno en Ceuta, José Fernández Chacón, explicó en rueda de prensa los primeros datos de dicha operación y, según las cifras, desde las seis de la madrugada a una de la tarde de hoy se han detenido un total de 36 inmigrantes”. Ver otras URL: http://www.laprensa.com.bo/noticias/21-02-09/21_02_09_alfi4.php; http://medios.mugak.eu/noticias/fuente/15; En esta última fuente hallamos un enlace con todo lo publicado en el diario Las Provincias sobre inmigrantes.


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asistiese al cien por cien, siempre sería minoritaria, puesto que ocupa, por el momento, más del vigésimo lugar en el número de habitantes por colectivos inmigrantes. A ello hay que sumar que no a todos los dominicanos llega la convocatoria ni la información debida sobre estas jornadas de los pueblos inmigrantes.


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SEGUNDA PARTE

INTEGRACIÓN E INCULTURACIÓN

«Hay palabras que por las ideas que revelan llaman nuestra atención y atraen nuestras simpatías hacia los seres que las pronuncian».

(Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria dominicana)


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1. Aproximación al concepto de integración.

Una de las cuestiones más sensibles en la política migratoria en la Comunidad Valenciana es la integración 19 . Este término es muy utilizado y está más que socializado. Sin embargo, aunque su uso sea del dominio de la sociedad, no creo que sea el más adecuado. Ya veremos por qué cuando hablemos de la propuesta que hago al hablar de “inculturación”. La semántica del término integración es engañosa, pues se presta a confusión en su comprensión espontánea, es decir, se entiende como asimilación del inmigrante a lo vernáculo. Esto es, los foráneos han de perderse, mezclarse con el conjunto de la sociedad. Y eso es, objetivamente, imposible. Baste ver cómo en los países donde hay grandes grupos humanos con lengua, costumbres y culturas diversas más bien se consolidan como tales con el paso de los años. Pienso, al decir esto, en Norteamérica. Allí hay judíos, chinos, árabes, mexicanos, colombianos, dominicanos, etc., de varias generaciones. Lejos de desaparecer confundidos en la masa de una hipotética sociedad anglosajona, se perpetúan y se multiplican conservando sus costumbres, sus lenguas y sus expresiones. En España está extendida la visión integracionista, es decir, si el inmigrante viene de fuera no le queda otro camino que el de asimilar la vida, las costumbres y hábitos donde radica. Con frecuencia se oye en labios de la gente, al hablar de los inmigrantes: “que se integren”, como diciendo: “que se comporten como nosotros”, “que se adapten a lo nuestro”. En verdad, esta visión es segregacionista, pues lo único que facilita es que el que ha venido de otra cultura, se adapte como pueda al lugar donde empieza a hacer su

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El diccionario de la Real Academia Española define el concepto integración [Del lat. integrāre] como: “Hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo”.

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vida. También la política de integración puede confundirse con agregación [Del lat. aggregāre)]: unir o juntar unas personas]. Según este término, los inmigrantes tienen que esforzarse por adaptarse a las costumbres del lugar, aprender la lengua, estilo de vida y relacionarse con los autóctonos. Pero los criterios para juntarse con las personas viene dado ya con su patrón. Al inmigrante, bajo este punto de vista, se le dan las herramientas para que, si quiere, entre en contacto con los naturales del lugar. Ésta visión impone a los inmigrantes lo que se cree que les conviene a cada momento. O lo cogen o lo dejan, en definitiva. Hay otra postura, más equilibrada y razonable de integración, pero que, por desgracia no es la más extendida ni la más socializada. Solamente se maneja como teorización, no en la práctica ni en el lenguaje común y corriente del hablante. A mí, en verdad, no me desagrada, pero por lo que hemos venido señalando, apenas si es comprendida correctamente. Los estudiosos de la integración la definen como “la disposición llegar a ser otra cosa de lo que somos, para que todos puedan seguir siendo diferentes, pero iguales […]. Integración presupone apertura a la realidad del otro y disposición a dejarse transformar por el diferente. […] E igual que la población autóctona tiene que aprende en su relación con los otros pueblos y culturas, resulta obvio que éstos han de aprender y transformarse en su relación con la población española 20 ”. Socialmente, enfatizo, el término integración, en la práctica, tal como la entiende la actual política inmigratoria de la Comunidad Valenciana (que comprende, recordemos, tres provincias: Alicante, Castellón y Valencia propiamente), se reduce a estos tres ejes: integración laboral, integración lingüística e integración legal. Dicho de otro modo, la verdadera preocupación de la política integracionista es la ley, el trabajo y el idioma,

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Cf. Anuario CeiMigra, Valencia, España, 2006. PP.150-151.


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esto es, la aplicación de la ley de inmigración, regular el acceso al trabajo y aplicar medidas lingüísticas a los inmigrantes para acceder a las plazas vacantes de empleo. Es de todo punto de vista objetable reducir el proceso de integración a ley, trabajo e idioma. Como se puede ver a simple vista, al inmigrante se le dice lo que tiene que hacer si quiere lograr algo. Para obtener un trabajo, tienes que cumplir unos mínimos legales, tienes que aprender el idioma vernáculo (el valenciano, además del español para quienes vienen de antiguas colonias portuguesas, francesas o inglesas, con plus de la lengua de su tribu o etnia). No queda otra salida que la de ajustarse al menú de Inmigración. Es como tener tres números de zapatos para más de veinte países con representación notoria en la Comunidad Valenciana. No hay más números de zapatos que esos tres, al que les queden grandes, que se los ponga; al los que les queden pequeños o apretados, que igualmente se los ponga. La aplicación de la política de integración presenta serios problemas al Estado y, en concreto al Ministerio de Inmigración 21 . Estos son, a saber: legalización, reagrupación familiar, contratación de trabajo, choque de mentalidades, falta de legislación adecuada, denegación a segundos permisos de residencia, gestión estatal y autónoma. Mi conclusión es esta: el concepto de integración está tan manoseado, que por más que tratemos de despojarlo de sus aristas, siempre le van a quedar adherencias indeseables. Sociológicamente puede tener cierto margen de aceptación, como hemos visto arriba, pero no deja de ser un concepto resbaladizo y fácilmente manipulable por la jerga política. La cuestión será entonces, buscar un concepto abarcador, que apunte a un punto de vista más humanista, diría incluso, justo. Y ese concepto lo extraigo de la Teología y de la Antropología Cultural, y es el concepto de “inculturación”. 21

Declaración realizada por el Director general de Inmigración, Josep Marìa Felip, en el marco de la Jornada con Inmigrantes de Cáritas Diocesana de Valencia, en su conferencia: “La realidad de la inmigración de la Comunidad Valenciana”, Valencia, 17 de enero, 2009.

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2. La inculturación, una apuesta humanista de la política de inmigración.

La inculturación es un concepto más abarcador que el de integración, pues abarca a toda la persona y a todas sus realidades socioculturales. A la hora de aplicar una ley, de inmigración, por ejemplo, habría que considerar el concepto de inculturación. ¿Por qué motivo? Uno, porque ya hemos visto las deficiencias del concepto integración y dos, porque el concepto de inculturación toma en cuenta el mundo que rodea a la persona, su entorno sociocultural y trata de comprenderlo, identificarlo y valorarlo integralmente. El concepto inculturación 22 es muy utilizado en la ciencia teológica y en la antropología cultural. Cuando hablemos de inculturación, no nos referimos a “aculturación 23 ”, lo cual se refiere al proceso de transformaciones de una persona o grupo humano como consecuencia de su relación con una cultura diferente a la propia; ni nos referimos a la “enculturación 24 ” que es como decir “socialización”, esto es, inducir a una persona o grupo a su propia cultura. Esto nos debe sonar, después de haber visto cómo la política inmigratoria de la Comunidad Valenciana quiere la integración en este sentido. También hay que distinguir inculturación de “transculturación 25 ”, concepto este que comprende la existencia de ciertos elementos culturales de diversas culturas, la transferencia etnocéntrica y unidireccional de elementos culturales de una cultura dominante a otra 22

Para una apreciación teológica de inculturación ver a M. C. Azevedo y a A. Carrier en la siguiente URL: http://www.mercaba.org/DicT/TF_inculturacion.htm; Hay otro término usado en la Teología, pero que no tiene toda la amplitud que quisiéramos para nuestro propósito, y es, a saber: “inserción”, cuyo significado es “injertarse, incluirse, introducirse, más o menos profundamente, en otro ser” a la manera de la encarnación del Verbo. 23 Diccionario de la RAE define este término como: “Recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro”. 24 Ídem, o.c.: “Proceso por el cual una persona adquiere los usos, creencias, tradiciones, etc., de la sociedad en que vive”. 25 Ídem, o.c.: “Recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias”.


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subordinada. Y, finalmente, distinguimos inculturación de “adaptación”, entendida ésta como el proceso de ajuste al modo de ser, obrar y expresarse de los destinatarios a los que se les intenta llevar un determinado mensaje. La inculturación, hemos señalado, está muy relacionada con la dimensión antropológica y cultural del hombre. En este sentido, todo intento de allegarse a los inmigrantes, que son de muchas nacionalidades (recordemos que actualmente son más de veinte nacionalidades en la Comunidad Valenciana) debería tener como punto de partida una visión humanista, integral, que abarque todas los nervios del fenómeno migratorio actual y no sólo el punto de vista del país receptor. ¿Cómo conseguir ese acercamiento humanista? Partiendo del interior mismo de las diferentes culturas, es decir, escuchando sus necesidades, sus preocupaciones y sus demandas sociales. Dicho con otras palabras, leer desde dentro el ser y el pensar de los pueblos inmigrantes, para, desde ahí, descubrir sus riquezas, su sabiduría, sus expresiones, etc. Para que esto sea realidad tendría que existir algún tipo de plataforma de diálogo social, en condición de iguales, que permita conocer desde dentro el modo de ser, expresarse y comunicarse de los diferentes grupos humanos o comunidades de inmigrantes en esta zona de la Península Ibérica. La inculturación tiene esa dimensión de ida que acabamos de decir, pero también tiene una dimensión de vuelta. Si España quiere una respuesta, vamos a decir, saludable de los inmigrantes, deberá fomentar la inculturación de ida y de vuelta. Pues también los inmigrantes tienen que inculturarse, es decir, insertarse en la cultura del pueblo al que vienen a vivir. De eso estamos conscientes, pues hay una reciprocidad en la inculturación. Las partes afectadas asumen su cuota de responsabilidad en el proceso de inculturación.

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Quienes hayan visto la película protagonizada por Clint Eastwood, “El gran Torino”, comprenderán más ampliamente hacia dónde apunto con mis razonamientos. El cineasta encarna a un excombatiente de Corea, viudo, gruñón, solitario, que vive su retiro rodeado de vecinos inmigrantes. Al principio, uno y otros se miran con desprecio y desdén. Pero con el paso del tiempo, y no sin fricciones, acaban creando unas relaciones humanas muy interesantes. El proceso fue lento, pero en ese punto podemos decir que, cuando uno llega a conocer de verdad a las personas, más allá de sus rasgos faciales y su procedencia, el mundo, el de uno y el de los otros, empieza a cambiar. En el mejor de los casos, en ese proceso de inculturación y de diálogo intercultural, el Estado receptor, en su gobierno comunitario, inteligentemente podría incorporar a su equipo de gobierno, a líderes de los pueblos inmigrantes con minoría considerable, probos, no importa por el momento el número, que sean verdaderos nexos de comunicación y colaboración entre las partes. Esto facilitaría enormemente lubricar las relaciones con los pueblos inmigrantes. Supondría un alivio para los responsables de Inmigración de la Comunidad Valenciana. España debe sembrar con el ejemplo, esto es, el diálogo, la escucha, búsqueda de puntos convergentes en las diferentes culturas, para que éstas, a su vez, se sientan escuchadas, acogidas, valoradas. ¿En qué beneficiará esta extraordinaria forma de ver la inmigración? En que los pueblos inmigrantes se sientan estimulados a una convivencia fraterna en la cultura que adoptan para mejorar su calidad de vida y sus expectativas de futuro. La inculturación es, sin duda, un proceso en que las partes, los que ya están en su tierra natal, los ciudadanos españoles, y los que se incorporan a la nueva patria, asumen cada uno su rol para la convivencia humana. Los primeros, los anfitriones, previa comprensión del modo de ser y de expresarse de los pueblos allegados a la Península, como hemos dicho, por medio del diálogo, la


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escucha y valoración de las culturas, hará posible que los pueblos que se unen a la cultura autóctona comprendan mejor su idiosincrasia. Los segundos, los pueblos inmigrantes, al verse acogidos y escuchados, se esforzarán por vivir en armonía en la nueva cultura en la que les toca vivir. Y harán, también ellos, lo posible, por medio del diálogo social eficaz, de doble vía, que hemos dicho, por responder a los reclamos de inculturación que les toca a ellos en parte. Pero cuando las políticas migratorias se imponen desde arriba, caiga quien caiga, se está nadando contra los procesos que llevan las sociedades inmigrantes. Por eso se hace necesaria una reflexión sobre la inculturación como la vía más humana, social, política, cultural y antropológicamente posible. Este puede ser el camino para un encuentro de civilizaciones, o sea, pueblos y culturas en suelo español. La inculturación, insistimos, es leer desde dentro la vida, la mentalidad, las costumbres y lenguajes de los pueblos incorporados al a vida social. Esto sólo es posible, tal como estamos en la actualidad en España, y en concreto en la Comunidad Valenciana, por medio de plataformas de encuentros y diálogo entre iguales. Los pueblos inmigrantes, al comprender la cultura en la que viven y al ver que también ellos tienen su lugar, que son respetados en su cultura y mentalidad, que no son mirados de menos, sentirán el estímulo, la fuerza y la inspiración para enriquecer, con su diversidad, la cultura que asumen como su nuevo hábitat existencial y para unir y potenciar la suya propia. Digamos que con la inculturación enriquece tanto al pueblo receptor como al que llega. Es importante que nos hagamos la idea de que la inculturación, tal como estamos planteando aquí, no es cosa de un día ni de un año. Es un proceso que se inserta en la historia y en el tiempo. Incluso, trasciende generaciones. De ahí la importancia de estar

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en constante dinamismo y diálogo en la comprensión del actual fenómeno de las migraciones y del encuentro con los pueblos con minorías suficientes en el territorio valenciano y peninsular. Hasta hace unos años no podíamos aspirar a mucho, pero ya va es hora, el tiempo de adquirir una mayoría de edad en el proceso de inculturación. La inculturación salva, por decirlo de alguna manera, el ser de las culturas que se encuentran entre sí. El diálogo intercultural, además de permitir el mutuo conocimiento de la culturas entre sí, valida y potencia todo lo bueno que tienen entre sí mismas. La inculturación, entendida como hemos venido reflexionando, integra las distintas tradiciones y las capacita para nuevos cambios que puedan darse como fruto de esa interacción y convergencias. Por supuesto, con el diálogo intercultural se abren cauces para conservar los orígenes que sustentan la cultura de cada pueblo y da lugar a la creación de nuevas expresiones, pues el espíritu humano siempre es inventivo, creativo. Quiero decir, entre líneas, que como fruto de la confluencia de las culturas de los pueblos, en su proceso intercultural, surgirán nuevas expresiones culturales, así como del pensamiento y las artes. Pienso que la política de integración, si quiere lograr sus objetivos, tiene que dar un giro copernicano y establecer una política de la inculturación. Esta política deberá, a mediano y largo plazo, articular el concepto de inculturación en el ámbito de la educación y de la comunicación, para que las nuevas generaciones incorporen a su léxico cotidiano este concepto en su justa comprensión y los prepare así para la convivencia intercultural entre los pueblos que han venido a vivir a esta tierra española. La educación y comunicación en la inculturación, su pedagogía, es una apuesta por llegar mejor a los inmigrantes, a su propio mundo, a sus vidas, a su historia, a su talante para aprehender y aprender también ellos acerca de la nueva cultura en la que se han


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instalado. En el fondo, el fallo de la política de inmigración, aplicada en la Comunidad Valenciana, es de lenguaje y, en consecuencia, de visión. De suerte que si cambiamos el concepto de “integración”, que reduce el campo de acción a una de las partes, al país receptor, y lo modificamos por el de “inculturación”, habiendo comprendido lo que significa y todo lo que él se significa, logramos efectivamente una política más humana, social, cultural y antropológicamente. El reto para una política de la inculturación está en ir más lejos de los espacios de encuentros de los pueblos inmigrantes y de la comprensión de sus costumbres, a saber, a las raíces socioculturales más profundas e históricas, que están siempre en dinamismo. Todo ello pasa por la complejidad de las relaciones entre las personas, en esa ósmosis de culturas que confluyes entre sí.

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TERCERA PARTE

INTERPRETACIÓN DE LA IDENTIDAD DOMINICANA EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

«Sonó también para mí la hora de la vuelta a la Patria: el Señor allanó mis caminos».

(Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria dominicana)


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Esta última parte está dedicada íntegramente a los dominicanos inmigrantes. Ya en la declaración de intenciones, al principio de este trabajo, asumí el reto de tratar frontalmente, en cuanto me sea posible, la cuestión de la identidad dominicana en esta región, la valenciana, de la Península Ibérica. Mis argumentaciones están fundamentadas en la observación, entrevistas, largas pláticas con personas dominicanas y en los foros con inmigrantes a largo de estos dos últimos años, 2008 y siguiente. Mi afán, esencialmente, es conocer a los dominicanos por dentro. Es decir, saber qué sienten, cómo afrontan la vida, cuáles son sus sueños, sus anhelos más profundos, sus miedos, y, en definitiva, cuáles son sus preocupaciones más sobresalientes en la diáspora. Si conseguimos este objetivo, entonces habremos logrado alcanzar a comprender, más allá de las consideraciones sociológicas y estadísticas, un poco más lo que somos los dominicanos y dominicanas, en un nivel más antropológico y cultural, humano y sicológico, en la diáspora de esta primera década del siglo XXI en esta parcela de España.

1. Síndrome de las dos orillas. Los inmigrantes dominicanos de primera generación sufren lo que califico de “síndrome de las dos orillas”. Para no ir muy lejos, hay que recordar que el pueblo dominicano es un pueblo de inmigrantes, como constata el escritor dominicano José Rafael Lantigua 26 . Por eso mismo, somos un pueblo herido por la nostalgia del terruño de origen en la otra orilla del mar. Me dirán que es verdad cuando sepamos que los dominicanos somos un compuesto multicultural que va desde los españoles-canarios a los ingleses, franceses, haitianos, puertorriqueños, árabes, italianos, cubanos, chinos y japoneses. En España se constata, por lo que toca a la comunidad dominicana, una 26

LANTIGUA, José Rafael. “La conjura del tiempo”, Ed. Amigo del Hogar, Sto. Dgo., Rep. Dom., 1996. P.510.

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nostalgia del terruño patrio. Estamos aquí, pero allá; trabajo aquí, pero con la mirada puesta en la tierra de origen. Es importante señalar que esa nostalgia por la tierra natal, al decir de Rosario Candelier 27 , es parte de la configuración neurofisiológica de la persona, es decir, parte de la personalidad de cada individuo. El adulto vive dividido interiormente, desgarrado. Ulises Laertes es, acaso, el ejemplo más universal del hombre alejado de su tierra natal, Ítaca, del hombre ansioso por volver a su terruño, al lugar donde se siente entrañablemente vinculado. Ulises encarna los deseos del hombre de la diáspora, del hombre que lucha contra mil dificultades y penalidades para, un día, y no sin esfuerzo, estar cerca de su familia: Penélope y Telémaco. El célebre personaje de la Odisea, en suma, es el vivo retrato de aquellos que no descansan ni despiertos ni dormidos hasta ver que, al fin llegan a la tierra que les viera nacer. En la práctica la nostalgia por el terruño se sublima –y ya pueden pasar los años, como le pasó a Ulises Laertes que estuvo veinte años lejos de su patria- pero es un sentimiento tan fuerte y vinculante al lugar que nos vio nacer y crecer, que jalona el inconsciente de la persona constantemente. Cuánta razón lleva el poeta dominicano Domingo Moreno Jimenes cuanto dice: «El pájaro herido busca el antiguo albergue de sus dichas». El síndrome de las dos orillas es una enfermedad que no se cura, porque el apego al espacio vital donde crecimos y aprendimos a ver el mundo es imborrable. Como vamos a ver más abajo, este síndrome por el terruño natal, afecta a otras áreas vitales de la vida de los inmigrantes dominicanos. El poeta universal Franklin Mieses Burgos, en su celebrado poema “Trópico Íntimo” resume la esencia del sentimiento de los dominicanos causado por el influjo emocional 27

Cf. ROSARIO CANDELIER, Bruno. Rep. Dom., 2009, ensayo (inédito a la fecha) sobre “La lengua en el desarrollo de la personalidad”. En este ensayo dice: “En tal virtud, la tierra, el afecto, la lengua y la cultura contribuyen a modelar el talante de la persona y marcan la inteligencia y la sensibilidad, que determinan la idiosincrasia de una cultura, condicionan el temple de la persona y conforman el talante cultural de los individuos y los pueblos”.


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e incluso metafísico del trópico: «Yo estoy hablando ahora, desde mi propia tierra de amor y de huracanes / junto a la firme llama, total y arrebatada, / de una íntima hoguera donde todas las cosas / -maravillosamente- retornan hacia el punto de su esencia primera: / Tus metales; tus vientos; el dios de tus espigas; / tu eterna tierra en cinta donde germina el mundo su sonrisa de aromas». El síndrome por el terruño, que es de suyo, como hemos apuntado arriba, parte de la configuración de nuestra personalidad, se acentúa en las personas inmigrantes que trabajan y cuyo afán primero es ahorrar dinero y regresar a la República Dominicana. Dicho con otras palabras, los dominicanos de primera generación, (los que conozco en esta parte de la Península) nacidos en Quisqueya, gente luchadora en su gran mayoría, albergan la idea, al menos a largo plazo, del retorno a la patria natal. Trabajan con tesón en diferentes frentes: peluquería, bares, bodegas, albañilería, servicios domésticos, ventas, hostelería, trabajos temporales (“chiripas”). Conozco alguna excepción de persona dominicana que detenta cargo público en el gobierno español y, naturalmente, del gobierno dominicano. ¿Qué pasa con esta generación de inmigrantes de clase trabajadora? En mis entrevistas a personas concretas, en dos de ellas por lo menos, y con un amplio sentido de la realidad, su principal preocupación es, amén de asumir el rol obligatorio de criar y educar a sus hijos aquí en España, es hacerse de un patrimonio material, económico, para retornar a la isla caribeña. Como se infiere, esta prioridad ocupa los pensamientos de los dominicanos en la costa mediterránea valenciana. Probablemente esta obsesión afecte el proceso de inculturación propio y el de los hijos que, aunque naturales, siempre nadan en dos aguas, entre el aquí y allá. Los padres, empeñados en su idea del retorno, del ahorro, tienden a descuidar la nueva generación que, con seguridad, se quedará en su terruño español.

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Conozco el caso Mercedes, una capitaleña que en menos de cinco años, limpiando escaleras y cuidando personas mayores, y subalquilada en un cuartito en Valencia, pudo construirse su propia casa en un barrio de Santo Domingo. Según ella, a pesar de haber pasado muchos disgustos en ese lustro, ya tiene en qué cobijarse cuando retorne a Quisqueya. Me decía que en República Dominicana no lo hubiera logrado, aún con tener un título universitario, tal vez ni en toda su vida.

2. Una dualidad que no cesa y el surgimiento de una generación híbrida. Los inmigrantes dominicanos de primera generación se encuentran con un conflicto en la educación de sus hijos. El conflicto deviene a la hora de armonizar los códigos de educación de origen con los de los de la educación en España. Hay, pues, una tensión dual que los dominicanos procuran aliviar poco a poco. Por un lado, las escuelas y colegios pautan las líneas educativas. En este ámbito poco pueden hacer los padres de familia. Sin embargo, en el hogar sí pueden inculcar ciertos códigos de la educación recibida en la tierra natal. Esos códigos, pienso yo, podrán subsistir solamente como herramienta de comunicación con los de la misma comunidad humana, pero no para comunicarse con los demás pueblos inmigrantes ni con el pueblo receptor, España. Los hijos de los inmigrantes dominicanos, niños y jóvenes, forzosamente es una generación híbrida. No quiero decir, de menor categoría o más floja. Quiero decir, que es una generación que, por el peso mismo de la realidad que les toca vivir como hijos de inmigrantes, se ve en la tesitura de comportarse como españoles, por un lado, y como dominicanos, por otro, según sea el caso y la circunstancia. Esa hibridez se ve hasta en


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la dieta básica. Un hijo de inmigrante goza comiendo moro, sancocho, tostones fritos, pero también comiendo jamón serrano, paella o lentejas. Dicha hibridez se mira, incluso, en el uso del lenguaje, el cariño a las dos banderas (la española y la dominicana), en el gusto por la música peninsular y el gusto por la bachata y el merengue. Los hogares de los inmigrantes dominicanos de primera generación son, en suma, “pequeñas patrias” en las que hay una mentalidad, unos valores, comida, música, cultura y tradiciones. Pero afuera está la macro-patria, la patria española que también impone sus códigos. Hay un peligro latente en la “generación híbrida” y es, a mi modo de ver las cosas, que los padres les transmitan un modelo de patria idílica, un paraíso en medio del mar, o bien les transmitan una imagen trágica de la República Dominicana. Según se incline la balanza la segunda generación, que es virtualmente española, sentirá rechazo o aceptación de la patria de sus padres. Esta segunda generación, aunque se sienta inculturada al país anfitrión, siempre lleva el sello de identidad: la “mulatía”, por lo que siempre se verá en la tesitura de explicar sus orígenes. La mulatía o negritud de los dominicanos no se comprende fácilmente por el ojo extranjero. Según el intelectual Federico Henríquez Gratereaux: “Nuestros negros, no se sienten vinculados a su pasado africano del mismo modo que los negros haitianos, brasileños o cubanos. Y eso tiene sus explicaciones históricas y económicas y demográficas. Los hombres dominicanos de raza negra han sufrido un proceso de transculturación hispánica, extraño y azorante para los extranjeros de todas las épocas 28 ”. Tal vez por eso aún hoy, como una arista del pasado colonial, se le llama a España, Madre Patria.

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GRATEREAUX HENRIQUEZ, Federico. “Un ciclón en una botella”. Ed. Alfa y Omega, Sto. Dgo., Rep. Dom., P. 161-162.

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La condición de español, que deviene por haber nacido de padres inmigrantes en la diáspora no te hace español de segunda, puesto que en definitiva, no se escoge ser de una nación o de otra, pero sí hace que el factor racial o lo que he llamado “mulatía” influya

en

nuestro

inconsciente,

haciéndonos

sentir

españoles-dominicanos

“semisegregados”. Yo puedo nacer en España, pero el factor racial no se resuelve. Tal vez nunca se resuelva. Pues la sociedad actual española –que casi ha olvidado su pasado multirracial 29 - en su estructura convivencial con otros pueblos, tiene sus propias categorías raciales. Por ejemplo, los rasgos de los argentinos se acoplan más fácilmente a la estructura mental de los españoles por ser, en general, blancos. Los inmigrantes dominicanos, en cambio, no, porque existe una atmósfera racial y xenófoba que hace de muro de contención. Y esto lo sufren, no sólo los inmigrantes de primera generación, sino también los hijos de éstos. Sería interesante estudiar esta realidad más a fondo.

3. Del choque cultural a la asunción de valores y costumbres nuevos. El inmigrante dominicano entra en contacto con una cultura milenaria, con monumentos de larga data en el pasado; se encuentra con nombres de personas, pueblos, así como con un lenguaje y léxico nuevos que, aunque es la lengua de Miguel de Cervantes, exige un acople o acomodación del castellano hablado en tierra dominicana. A todo ello hay que sumar el idioma valenciano (lengua romance o neolatina hablada y escrita en esta región sureste de España). Asimismo, tiene que poner todos sus sentidos para su ubicación territorial, uso de transportes, uso de moneda, compra y 29

Cf. Anuario de CeiMigra, Valencia, España, 2007. P. 17: “Los españoles, que por nuestra historia somos puro mestizaje de pueblos y de culturas, tuvimos que salir de España para tratar de evitar la pobreza, la miseria y el hambre, la violencia y la persecución”.


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venta de productos, y hasta educar su paladar a la dieta mediterránea, sorprendentemente variada y rica en sabores. El peso de la cultura española influye sutilmente en nuestra mentalidad dominicana. Sobre todo en la comprensión de la vida y del mundo. Una vez me dijo alguien: “Tú tienes la mentalidad de isla”. No pude entender esa acusación, sino hasta mucho tiempo después, cuando conocí la historia moderna europea y transcurrió más de una década de arraigo en España y otra década en tierra firme del continente americano. Fue así como pude confrontar mi pequeño mundo isleño con otros países. En el proceso de inculturación buena parte de los dominicanos de primera generación, obtiene la ciudadanía española. Ese es, sin duda un paso muy importante, y hasta conveniente. Sin embargo, no podemos ser como los españoles por dos motivos: porque nuestras facciones criollas y/o mulatas es una barrera sicológica tanto para nosotros como para ellos, un estereotipo de la sociedad receptora. El inmigrante dominicano desprevenido se va a sentir mirado, a veces rechazado, sencillamente porque el fenómeno multirracial es tan reciente –apenas una década- que todavía los españoles están preguntándose: Pero y ¿qué es esto? No en vano, la política inmigratoria es represiva, porque España no se esperaba una explosión migratoria, ni de América ni de África ni de Europa Central de esta magnitud. Desde hace tres años es que se está viendo un empeño, de la Iglesia Católica sobre todo, por socializar una comprensión más caritativa y solidaria hacia los inmigrantes. Y dos, no podemos compararnos ni ser como los españoles porque no tenemos prehistoria. Es decir, no tenemos un pasado milenario con qué sustentar una cosmovisión al modo, por ejemplo, de los aztecas. De las crónicas de la Hispaniola para acá es otra cosa. Y, aunque nos duela no podemos cerrar los ojos a la verdad de nuestro pasado. De los pocos influjos que he visto de la cultura dominicana actual en la cultura

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española –región sureste- es la música, cuyo embajador principal ha sido el grupo 440 de Juan Luis Guerra. Hoy por hoy, en Valencia se puede sintonizar varias emisoras latinas en la que se oye nuestra música dominicana e incluso no es extraño escuchar en las recepciones de bodas una sección de merengue y bachata.

3. Genio y figura de los dominicanos, justipreciación de la propia identidad. Existe entre los dominicanos una opinión generalizada de sí mismos que influye mucho en sus propias relaciones humanas. Y es, a saber: tomarse las cosas poco en serio, con suavidad, sin “force”, con cierta “chercha”. Tal vez el carácter tropical dado más al ritmo, a la alegría desbordante, y a la diversión hace que las cosas serias de la vida se tomen con cierto desgarbo y despreocupación. El dominicano es, socialmente hablando, bullanguero: Ríe, habla, baila, bebe, gesticula, con exageración. Para unos esta manera de ser espontánea de los dominicanos es una debilidad, y, según cómo se mire, es una riqueza. Otra flaqueza o vicio que caracteriza a los inmigrantes dominicanos es la anarquía, es decir, la desorganización 30 . Los dominicanos no tienen articulada, en esta región de España, un plan organizativo, una estrategia, ni de base 31 ni institucional, que les permita abrir brecha en la sociedad y en el orden político. De suyo, los dominicanos no aceptan camisas de fuerza, programación, agenda. Eso es muy serio. Es mejor hacer lo que haya que hacer, si se puede, y terminar con un baile y un “pote de ron”. Este rasgo de la identidad dominicana, más tal vez del género masculino, irrita a algunos, pero la 30

TORRES SAILLANT, Silvio. “El regreso de las yolas”, Ed. Trinitaria, 1999, P. 413. Dice, con bastante acierto, lo siguiente: “El emplearse a fondo en la tarea de defender al Estado dominicano podría distraer políticamente a la diáspora y hacerle mermar la concentración de energía organizativa para vencer los aprestos que hoy dificultan su existencia en el país huésped”. 31 En el año 2007 un grupo de mujeres dominicanas fundaron en Valencia la Asociación de Mujeres Dominicanas (ANDO), pero cuesta hacerla funcionar por cuestiones de coordinación.


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verdad es que esa es la nota sobresaliente, no la más importante, de la comunidad dominicana. Yendo más lejos todavía en el asunto, es frecuente observar entre los dominicanos un falso sentido de la realidad o de la propia condición de inmigrantes. Hay lo que podría denominar “cultura de la apariencia”. En mis pláticas con los dominicanos para este ensayo, supe que Rubén, albañil que trabaja de sol a sol, hizo un préstamo bancario para ir a la República Dominicana por un valor superior a los siete mil euros. Su mayor satisfacción era, al llegar al país, alquilar una “jipeta” y darse la buena vida y causar una impresión de prosperidad a la vista de la gente de su barrio. Naturalmente, al llegar a España le esperaba el préstamo consumido en un mes. Este es un claro ejemplo de nuestra falta de previsión, de organización en la vida. En definitiva, he podido comprobar en mis diálogos y entrevistas, que los dominicanos no se justiprecian a sí mismos y tienen un concepto negativo hacia sus compatriotas por la manera de abordar la vida, el machismo –impronta de la virilidad del “Compadre Mon”, de Manuel del Cabral, y, más recientemente del prototipo de hombre ideal, de pelo en pecho, que campea en la égida neotrujillista-, las intrigas y por su habitual desenfado en su manera de ser y de actuar en la práctica. A menudo se tildan de “come solos”, es decir, de individualistas, comodones y poco dados para arrimar el hombro en asuntos que incumben a la comunidad dominicana. La insatisfacción se extiende también a la clase política dominicana. Los dominicanos sienten descontento de los funcionarios políticos –no de las personas como individuos- porque no hacen lo que dicen y lo que hacen es ineficiente. Esto se debe, acaso, al “insularismo”, es decir, a la miopía caracterizada por la falta de visión universal, a la disfuncionalidad en el aparato burocrático (falta de continuidad administrativa, vigilancia y seguimiento) que atropella la bondad de los puestos de los

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funcionarios, que son, por definición, servidores del pueblo. Los vicios de nuestros políticos e instituciones son fruto de una historia, aún no superada, que viene desde Santana, Báez, Lilís y Trujillo. En ellos se ha cumplido el dicho profético de Oseas 8, 7: “Quien siembra vientos, cosecha tempestades”. Extrañamente, existe entre los dominicanos inmigrantes una complicidad resignada: sabemos lo que no está bien y respingamos por ello, pero lo aceptamos sin más. Es como decir que estamos casados por conveniencia, pero el mundo debe saber que nos amamos. El dominicano se caracteriza por reclamar aquello de lo que adolece. Puede reclamar orden, organización, por ejemplo, pero lleva una vida desordenada y se hace cómplice, tácita o implícitamente, de aquello que critica. Los otros tienen que cumplir con sus expectativas, pero no lo mira como un deber personal, como si el deber ético fuera solamente de los otros. Esas contradicciones las tenemos los dominicanos y son cuestiones humanas que se arraigan y se hacen costumbre, como si no hubiera otra forma de ver la vida y el compromiso social y humano con nuestros paisanos. Llama la atención el concepto desvalorizado que tienen de sí mismos los dominicanos, y el alto sentido de pertenencia a la República Dominicana. En este punto, la identidad dominicana es un valor muy arraigado en la conciencia de los inmigrantes de la tierra de Duarte. El dominicano podrá ser individualista o “come solo”, pero el orgullo patrio le brota por la piel. La dominicanidad está garantizada en la diáspora. Tanto que podemos decir que no hay crisis de identidad. El dominicano es muy dominicano y se cuida mucho de sacar sus trapos sucios ante terceros, para dejar en alto su identidad y su patria. Los dominicanos defienden su patria. Tal vez el “Himno Nacional” dominicano esté de telón de fondo: “Quisqueyanos valientes, alcemos / Nuestro canto con viva emoción, / Y del mundo a la faz ostentemos / Nuestro invicto glorioso pendón”.


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Si algo caracteriza, cien por cien, a los dominicanos es la calidad humana, la alegría y la hospitalidad. Este último valor, -según he constatado en mis indagaciones con gente de la diáspora- se ha ido perdiendo, tal vez por el individualismo que promueve la sociedad anfitriona; y por algunas diferencias de mentalidad, muy sutiles, que dimanan del regionalismo insular. Asimismo, el dominicano es emotivo, sensible y lo expresa básicamente con la música: la bachata y el merengue. Le gusta vestir bien, vivir en una buena habitación o apartamento, aunque sin lujos. Puede pasar por situaciones de estrecheces, pero tiende a mirar con optimismo el futuro para salir de la mala racha lo antes posible. El dominicano no se rinde: “Potius mori quam deditio”, (Antes morir que rendirse), al contrario, arrostra su destino con valor y sigue adelante. He comprobado, también, que los dominicanos tienen “amor propio”, esto es, no les gusta pedir, mendigar, dar lástima, aún tengan que empezar de cero. Dicho de otra manera, no les pesan los anillos para trabajar en lo que sea con tal de superarse. Esta virtud de coraje y valentía, dato clave de la diáspora dominicana en estas tierras valencianas, es lo que “lubrica” la inculturación de nuestros paisanos a la cultura española. Uno de los anhelos más profundos de los inmigrantes dominicanos en esta zona de España, a pesar de lo relajado de su carácter o de lo bullangueros que sean, es recuperar la memoria histórica, es decir, sus héroes, sus símbolos, sus tradiciones, sus danzas. Los símbolos patrios, tal vez más que la política, mueven, convocan, a los dominicanos y también la “religiosidad altagraciana”. El dominicano es creyente, sin embargo, en la diáspora he constatado un alejamiento de la religión y de la religiosidad. Sin embargo hay un sustrato religioso bueno en torno a la fe cristiana y la devoción a la Virgen de la Altagracia. El día de la Independencia, no hablo del carnaval asociado a este día, y

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sobre todo el día de la Altagracia, es parte emocional, afectiva, cultural y espiritual de los dominicanos y dominicanas de la diáspora. Por aquí hay un gran potencial para fomentar la convivencia y el encuentro entre los dominicanos en ultramar. Convocar a los dominicanos para otros eventos, políticos o de otra índole, costará ‘Dios y ayuda’, en cambio para celebrar el día de la Patria dominicana 32 y el día de la Protectora Nacional, La Altagracia, sólo requiere un simple

32

Para el día de la Independencia, 27 de febrero de 2009 dirigí estas palabras en la Homilía a la Comunidad Dominicana. Juzgo que están en el contexto de este trabajo, por su valor literario y por las ideas que contiene, por eso las incluyo aquí: « En el escudo nacional leemos: Dios, Patria y libertad. Son los tres elementos fundamentales para la convivencia humana entre nosotros los dominicanos, pero no sólo para la convivencia, sino para una comprensión genuina de nuestra tierra natal, R.D. El primero de los valores patrios es Dios. Dios es la fuente de donde brota la verdadera libertad. Con él y por medio de él, donde quiera que estemos, podremos sentir, como hoy, que llevamos en el corazón nuestra patria. Si nos trasladamos al Antiguo Egipto, nos vamos a encontrar, según las Sagradas Escrituras, con un Dios que forma a un pueblo –el pueblo hebreo- en la diáspora. Los hebreos o israelitas, como nosotros, vivían en tierra extranjera, sin embargo, conservaron, gracias a la fe en Dios, su identidad y sus costumbres. Aquel pueblo que estaba en Egipto sentía en carne propia la esclavitud, la opresión. Era un pueblo obligado a trabajos forzosos. Los egipcios utilizaron y explotaron a aquella raza, que podemos decir era inmigrante, hasta el punto de que Dios mismo en persona decide intervenir. Dice Yahvé en libro Éxodo: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores, pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios». Dios, para resolver un problema humano, la esclavitud y la opresión de un pueblo, pide a Moisés –a nosotros también- colaboración para alcanzar la libertad. Dios, por tanto, es un Dios que ama la libertad, es el Dios de la libertad, no sólo política y social, sino también espiritual. Dios no quiere ninguna atadura que impida a la persona vivir en libertad. Nosotros, quisqueyanos, como el pueblo de Israel en Egipto, estamos en tierra extranjera, en la diáspora, en España. Ante esta realidad que vivimos les invito a conservar la fe en Dios, la que nuestros Padres de la Patria han querido quedara reflejada en el emblema que nos identifica como país y hermana como dominicanos. Dios nos guía hoy hacia la libertad más auténtica: la del alma. Esa libertad nos la da Jesús, el nuevo Moisés, quien nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. “La verdad les hará libres” (Jn 8, 32). No hay libertad si no es en la verdad. Jesús es, por tanto, el camino y la verdad que nos hace libres, nos hace hermanos, amigos. Quien conoce a Jesús será verdaderamente libre. Porque el Señor Jesús nos libera de todas las ataduras y esclavitudes humanas. Nos libera de la mentira, del engaño y de toda falsedad y nos da una libertad que es fruto de la verdad y del amor. Sólo el amor hará posible que nosotros, como comunidad dominicana, nos sintamos hermanos y hermanas en esta tierra que nos alberga. Ya hemos visto, Dios está con nosotros en la diáspora, y quiere que seamos libres. • Libres de la indiferencia, del aislamiento, de la soledad, de la insolidaridad. • Libres de todo señalamiento por ser visiblemente diferentes en escuelas, centros de salud y autobuses; • Libres de toda presunción de ilegalidad y delincuencia; • libres de la sospecha de ser delincuentes, avalanchistas, invasores, aprovechados o quita empleos. • Libres de toda presión sicológica, de la persecución, caza y captura de hermanos nuestros que, por cualquier motivo, no tienen en regla sus documentos. Finalmente, honremos a nuestros Padres de la Patria poniendo como base de toda nuestra vida a Dios, para afrontar con sabiduría y fe todos los retos que supone vivir hoy en España donde muchos están sin


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aviso o recordatorio para hacer acto de presencia. Eso sí, ¡que no falte la güira ni la tambora ni sustancia etílica para alegrar el corazón! En los dos últimos años, 2008 y 2009, han sido dos claros ejemplos de que, lejos de extinguirse el sentido patrio, se acentúa en los inmigrantes adultos de primera generación e incluso en los de segunda.

5. Inmigración y ciudadanía dominicana en Valencia, anhelos y reclamos sociales.

(FOTO).

Representantes

de

la

comunidad

dominicana en Valencia, reunidos el 30 de mayo de 2009,

expresaron

sus

inquietudes

más

perentorias 33 . En el encuentro de ciudadanos de la República Dominicana, se reflexionó sobre la situación actual de los inmigrantes dominicanos en la tierra valenciana. En el presente

empleo para sustentarse y padecen toda suerte de señalamientos por el color de su piel o por su origen cultural. Honremos a nuestros Padres de la Patria esforzándonos por conservar nuestra cultura y nuestra identidad, nuestras costumbres, nuestras tradiciones y fiestas nacionales, haciendo posible, con ello, que la R.D. alargue su bandera hasta esta tierra que nos acoge. Honremos a nuestros Padres de la Patria abriendo cauces, liberándonos de cualquier complejo o pereza para construir nuestro presente y futuro. Podemos decir que no merecemos ser libres si nos gusta coger el mango bajito, no merecemos ser libres si, con razón, nos gusta comer solos. Que este día sintamos la alegría de celebrar esta fecha patria, pero también aceptemos responsablemente que hay todavía mucho camino que andar y que es importante que lo hagamos, como ahora, juntos y con fe. Pidámosle a la Virgen de la Altagracia que, con su maternal amor, proteja al pueblo dominicano, a los que están rodeados por las olas caribeñas en Quisqueya y a los que estamos en la diáspora enalteciendo su nombre. «Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento Se mezclen a los tuyos mis himnos de placer; Permite que celebre tu dicha y tu contento, Cual lamenté contigo tu acerbo padecer» (Salomé Ureña)». 33

En el foro de los Pueblos Inmigrantes del año 2008 la Comunidad Dominicana, dignamente representada por los asistentes, constató: a) Que no había acuerdos entre las autoridades españoles y dominicanas que facilite la tramitación de documentos y la compra de vivienda; b) Dificultad para la reagrupación familiar; c) Que pasan muchos trabajos y penurias, a veces segregación, d) No todos los inmigrantes forman pandillas; e) Aporte de los inmigrantes a la natalidad, hostelería, trabajos domésticos y trabajo en el campo. f) Atención sanitaria eficiente. Solicita las autoridades: a) Acuerdo entre España y República Dominicana; b) Nombrar mediadores culturales mixtos; c) Permitir la reagrupación familiar.

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informe damos cuenta, de manera sucinta, de las preocupaciones y el sentir, así como del espíritu crítico de quienes, en proceso de inculturación, van arraigando en la Comunidad Valenciana. El escritor Guillermo Cabrera Infante, con su brillante intuición, nos pone el primer escalón para lo que vamos a leer abajo: “Cuando uno vive situaciones invivibles no hay más salida que la esquizofrenia o la fuga”.

1. Razones por las que los ciudadanos dominicanos emigraron a España y, en concreto, a Valencia. •

Para trabajo y estudiar.

Para mejorar la economía personal y familiar.

Para ayudar y educar a los hijos.

Por la insatisfacción de la organización de la sociedad dominicana.

Para obtener mejor atención médica.

Por lo que “nos venden” como bienestar.

Por las redes de inmigrantes que atraen a familiares y amigos.

2. Aspectos que valoran los dominicanos de la sociedad española-valenciana: La organización económica de las familias y el sentido del ahorro, sobre todo para la vejez. •

El trabajo, pensar en el mañana.

El buen sistema de educación.

La cultura y costumbres de cada pueblo: fiestas, tradiciones, folclor.

La organización a nivel de salud, la atención primaria es buena, el funcionamiento en red informática.

La organización del transporte público.


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La variedad de la dieta alimenticia.

3. Razón crítica de los inmigrantes dominicanos: •

El choque de culturas, sobre todo a la hora de convalidar títulos universitarios.

La acepción de personas (por su raza o procedencia) en la obtención de puestos de trabajo.

El rechazo y xenofobia (antipatía) a los de otras culturas.

La forma de educar a los hijos, las leyes desautorizan a los papás.

La pérdida de “normas de educación” elementales (gracias, por favor).

La lentitud administrativa y lugares inadecuados para atender a los extranjeros (Patraix)

El sentido generalizado de superioridad de los nacionales, el orgullo, el “yoísmo”.

4. Solicitud a las autoridades: •

Mejor acceso a la vivienda.

Flexibilidad en la gestión de documentación para quienes tienen arraigo social (3 años o más).

Derecho al paro para las empleadas domésticas.

Replantear el concepto de “integración” por “inculturación”.

Una lectura entre líneas nos permite detectar, aunque sea como esbozo y alarma, las principales razones por las que los dominicanos decidieron dejar su tierra natal y emigrar a la Península española. Entre ellas destacan: obtener un trabajo digno, estudio;

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el deseo de mejorar la economía personal y familiar. Si arriba detectamos ciertos matices vulnerables del carácter dominicano, no podemos menos que decir que, a pesar de ello, los dominicanos visualizan un horizonte bueno y esperanzador; que hay dominicanos que estudian, se capacitan y proyectan su futuro y van tras él, surcando sus propios sueños no sin desvelos. Y en dos décadas de inculturación en esta región sureste de España, apenas si ha crecido la segunda generación de dominico-españoles. Yo creo en el potencial humano de nuestro pueblo, más allá de nuestra miopía. Dice el intelectual más universal de la República Dominicana, Pedro Henríquez Ureña en su ensayo “La utopía de América”: “El pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante. Cuando descubre que el hombre puede individualmente ser mejor de lo que es y socialmente vivir mejor de cómo vive, no descansa para averiguar el secreto de toda mejora, de toda perfección 34 ”. Tengo la convicción de que si estamos en España es porque hemos intuido esa mejora individual, y, en definitiva, porque queremos vivir socialmente mejor de como vivíamos en el trópico quisqueyano. Posiblemente la mejora individual y social de la que habla Henríquez-Ureña no lo veamos, aunque hay ya atisbos, sino hasta pasadas varias generaciones. Otras razones, un poco más complejas, de por qué los dominicanos de la diáspora valenciana emigraron, fueron: la insatisfacción de la organización de la sociedad dominicana, así como sus precarios servicios sanitarios, laborales y educativos. Entre los dominicanos de la diáspora hay personas con un alto sentido de la vida y de los valores cívicos y que están en España porque aquí el “estilo de vida” responde, de alguna manera, a sus expectativas.

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RICARDO, Yolanda. “Magisterio y creación de los Henríquez Ureña”. Ed. Búho, Sto. Dgo., Rep. Dom., 2003. P. 167.


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Entre líneas, también es interesante observar la mirada crítica hacia la industria de la mercadotecnia, la cual se ha encargado de “vender” un tipo o modelo de sociedad del bienestar que ha seducido a la gran mayoría de quienes estamos en la diáspora española de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. En otro orden, los dominicanos valoran mucho la organización económica, el sentido de ahorro y previsión de futuro de los españoles-valencianos. Este dato es interesante porque, en el proceso de inculturación del que hemos tratado en este trabajo, los dominicanos aprenderán también ellos a prever el mañana y a saber ahorrar. Buena calificación tienen el sistema sanitario, especialmente el área de Atención Primaria, la organización del transporte público urbano, la variedad de la dieta alimenticia, la cultura de cada pueblo: sus fiestas, tradiciones, folclor. El sentir más crítico de la comunidad dominicana en Valencia se centró en aspectos como el choque de culturas, caracterizado en las pegas para convalidar títulos universitarios, la acepción de personas a la hora de ceder un puesto de trabajo, rechazo y xenofobia (antipatía y sentido de superioridad generalizada de los nacionales) por su origen o procedencia. También se comentó que las leyes que desautorizan a los papás en el proceso de educación de sus hijos. En este mismo nivel de razón crítica, la comunidad dominicana, denuncia que hay lentitud administrativa en la atención a los inmigrantes y lugares inadecuados para darles una atención más humana y de mejor calidad. Se mencionó el centro de atención de extranjería de la calle de Gremis, 6, (Patraix), donde la gente duerme en la calle y hace colas sin posibilidad de obtener número ni de ser atendida. La comunidad dominicana, espera que las autoridades competentes ofrezcan un mejor acceso a la vivienda, flexibilidad hacia las personas con arraigo social, derecho al paro laboral de las empleadas domésticas. Asimismo, subrayó que debía utilizarse el

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concepto “inculturación” y no “integración”, pues éste abre espacios para el diálogo, el respeto, la tolerancia y la convivencia.

7. Presencia artística de los dominicanos en Valencia.

De la presencia de artistas y creadores dominicanos, profesional o artesanalmente, según mis múltiples rastreos, hay una representación interesante. En música destaca Luis Sandoval con su orquesta “Muralla Latina”. En la actualidad está produciendo un nuevo trabajo musical. En la plástica destaca Fina Capellán, quien se desempeña como maestra de pintura. En danza sobresalen las dominicanas Altagracia Paulino, Beatriz Robles y Dolores Bello, que tiene una escuela de danza. En escultura y artesanía el joven… En locución destaca William Reinoso, la sonada radio Hechicera 88.8 FM. En deporte hay dos equipos organizados por los dominicanos en Velencia, uno de baloncesto de nombre “Los Cachorros” y otro de softball llamado “Los Genuinos”.

CONCLUSIONES La cultura anfitriona empieza a reaccionar positivamente, especialmente a nivel institucional y estatal, ante la inmigración de los pueblos. Los nuevos cauces para la gestión con los inmigrantes deberán abrirse de manera que la tarea con las personas inmigrantes no recaiga en un solo lado, el pueblo español, sino que hay que tender a que dicha tarea sea compartida con Agentes Mixtos de los diferentes pueblos con suficiente arraigo e inculturación. Hemos enfatizado la importancia del diálogo intercultural, en atención a que se trata de un proceso de diálogo integral, es decir, que engloba toda la realidad que afecta a los


La diáspora dominicana en Valencia, España.

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pueblos que han escogido el suelo español como el lugar vital de su existencia humana. Diálogo libre y respetuoso en el que todos se escuchen y busquen puntos convergentes y acuerdos que vengan a beneficiar a unos y a otros. En este punto conviene recordar la parte bisagra de este estudio, es decir, la segunda parte en la que propongo humanizar el concepto de “integración” por el de “inculturación”. Es fundamental, este giro en el uso del lenguaje, porque si cambiamos la manera de enfocar y de pensar sobre las personas inmigrantes, habremos logrado que las partes, el país anfitrión y los pueblos inmigrantes, se encuentren y se enriquezcan mutuamente. Pues todos, en reciprocidad y libertad, poseen su cultura con la que pueden aportar y potenciar la nueva sociedad multicultural –no multirracial- en la que ya estamos viviendo. En lo que incumbe al pueblo dominicano, tengo que decir que, al conocernos un poco más a nosotros mismos, podemos mejorar individual y familiarmente. Nuestro carácter alegre y festero, no nos quita el que tengamos valentía y coraje, como se ha demostrado en los casos de Juana y María, para afrontar las circunstancias difíciles en la que nos sume, a menudo la diáspora. Queda mucho camino por hacer sobre todo en la parte organizativa, en la participación en la cosa pública y en el diálogo intercultural. Internamente nos espera el reto de conservar la hospitalidad y el sentido solidario con los demás paisanos. Es decir, nos tienen que doler los sufrimientos de nuestros compatriotas y mirar siempre el bien común de todos ellos, incluso antes que el propio. Finalmente, pienso que, a pesar de lo dispersos que nos hallamos en la Comunidad Valenciana, debemos potenciar el aspecto cultural y turístico, así como las fiestas con mayor calado en el pueblo dominicano, a saber: el día de la Independencia y la Altagracia.

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DIÁSPORA DOMINICANA EN VALENCIA, ESPAÑA, O EL MITO DE ULISES LAERTES  

Análisis crítico de la realidad migratoria de los dominicanos en la zona sureste de España

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