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EDUCACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS Y CONSTRUCTIVISMO: UNA RELACIÓN TODAVÍA NO MUY CLARA. FAUSTO FRANCO SOSA En el siglo pasado, de manera independiente, se gestaron dos términos, con intenciones diferentes, que serían la génesis de las reformas educativas del México del siglo XXI; el primer término tiene que ver con los cambios en la producción y la comercialización, que dieron origen a la idea de competencia laboral, utilizada en el ámbito de la capacitación de los obreros, para que sean competentes en el desempeño de su labor. El segundo término, acuñado por Noam Chomsky, lingüista y pensador estadounidense, es el de competencia lingüística, que se refiere a aquello que nos da la capacidad de dominar nuestra primera lengua, independientemente de cuál sea ésta, y poder comunicarnos con un número prácticamente infinito de oraciones. Ambos términos fueron acercándose, no en el significado sino en los campos de aplicación, en la educación, hasta dar origen a la Educación Basada en Competencias (EBC), modelo educativo que empezó a implantarse en México en los 90s del siglo XX, y que hoy se ha convertido en el paradigma educativo nacional. Sin embargo, este modelo genera muchas dudas entre los docentes, pues mientras algunos asumen que viene a sustituir al constructivismo, hay quienes aducen que es una variante de él, y otros más defienden que es además del constructivismo, siendo que muy pocos tienen claro cómo se relaciona con el constructivismo piagetano. El hecho es que se pretende implantar un nuevo modelo educativo cuando el anterior todavía no había logrado afianzarse lo suficiente, pues en el discurso oral y escrito con mucha frecuencia estaba presente, pero en las aulas, en esa terca realidad que a veces nos rebasa, no siempre se asomaba a la labor docente, y en las oficinas y demás espacios directivos y administrativos, era generalizado el brillo de su ausencia fuera del discurso.


El problema, hoy, es que la EBC es asumida por los que intentan seguir los lineamientos oficiales, de varias maneras, no siempre coincidentes, teniendo en común, exclusivamente, el aceptar que es más trabajo para el docente, y menos tiempo real en las aulas. No podemos negar que, sin que sea inherente a la EBC, aunque no son mutuamente excluyentes, se aprovechó el momento para implementar el servicio de tutorías, que pretende acompañar a los alumnos, especialmente a los que están en riesgo de fracaso educativo, apoyándolos en la solución de los problemas que impiden su buen desempeño académico, descansando esta responsabilidad en los propios docentes, aunque su formación no les ayude a ser competentes como tutores. Otro de los aspectos que causan inquietudes y dudas es la evaluación en la EBC, pues ahora tienen que hablar de evidencias, de portafolio de evidencias, aunque en los hechos se siguen utilizando las conductistas pruebas objetivas, con el constructivista eufemismo de “evaluaciones” pero que su intención es la misma, tratar de medir cuánto memorizó el alumno. Uno de los riesgos que están presentes en este nuevo modelo es que muchos de los “EBCistas” asumen que con esta forma de evaluar a los alumnos lo único importante es el producto, descartando por irrelevantes los procesos de construcción del conocimiento, tanto los individuales como los sociales, acercándose tanto al conductismo supuestamente superado, que se funden con él, precisamente en su principal característica, la medición del producto final, aunque en el conductismo ese producto haya sido una conducta observable y en la EBC, como la entienden, ni siquiera es una conducta, sino un producto objetivo. En este orden de ideas, me parece que la EBC no viene a ocupar el lugar del constructivismo, sino que viene a poner sobre la mesa lo que le hacía falta a éste; es decir, el constructivismo hace énfasis en la construcción del conocimiento, tanto en la sique del individuo, como en el interior del grupo escolar, poniendo mucha atención a los procesos, para que los docentes


puedan generar las condiciones que estimulen en los estudiantes esa creación de nuevas estructuras mentales que llamamos conocimiento. Pero lo que se le criticó es que una vez que el alumno aprendía, es decir, incorporaba la información al cúmulo de saberes que ya traía, no era capaz de usar esa información en situaciones de la vida real, pues nunca había tenido la oportunidad de aprender para qué sirve esa información. Es en esta coyuntura que se empieza a implementar la EBC, pretendiendo con ello que el alumno, después de incorporar nuevos conocimientos a su bagaje intelectual, aprenda para qué sirve esa información, desarrollando habilidades, capacidades y aptitudes para aplicar lo aprendido en situaciones y contextos determinados. Es pues, la evidencia, el producto de esa aplicación, pero sin minusvalorar el proceso de aprendizaje que le permitió adquirir las competencias indicadas. Otro de los aspectos a destacar en la defensa de los procesos áulicos es el hecho de que la educación debe ser integral, es decir, hay saberes y valores transversales que se desarrollan en los procesos y es importante destacar; la puntualidad, la responsabilidad, el trabajo en equipo, la solidaridad, la generosidad, la honestidad, la ética, el compromiso, el civismo, la conciencia ecológica, son sólo algunos de esos valores, capacidades, competencias, saberes y campos del conocimiento humano, que hay que desarrollar en todos los procesos áulicos, sin distingo de cátedra, y que si, como pregonan algunos, nos fijamos sólo en el producto, dejaríamos de lado, atendiendo exclusivamente un aspecto de la educación, y contribuyendo más a fortalecer una sociedad materialista, deshumanizada, egoísta, competitiva en exceso, y desvalorizada. Es por ello que no podemos concebir una educación basada en competencias sin el constructivismo que la complementa, y sin los ejes transversales de corte moral, ético, cívico y humanista, que tiendan a formar individuos íntegros, ciudadanos comprometidos y honestos, y no sólo insumos para la producción y líderes empresariales.


EDUCACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS Y CONSTRUTIVISMO  

Se hace un comentario sobre la diferente percepción que los profesores tienen sobre la educación basada en competencias.

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