Issuu on Google+

CUENTOS INÉDITOS ALUMNOS 6º PRIMARIA

CEIP DIEGO LAYNEZ ALMAZÁN (SORIA)


EL PERFUME DE LA FELICIDAD Erase una vez... una historia de mí, Tirintín. Ahora ya soy mayor y muy feliz, pero eso se debe a una historia de cuando yo era muy pequeño. ¿La queréis escuchar? Pues, atender porque solo os la contaré una vez. A mis nueve añitos no sabía leer ni escribir. Se debía a que vivía en una chabola de cartón frente a un vertedero que olía fatal y nunca había ido a un colegio. Cuando me miraba a un espejo me ponía triste porque no me parecía a los demás niños que vivían en Ciudad Berbel. Era alto, como algunos, pero a la vez muy delgaducho. Tenía cinco pecas sobre cada uno de mis mofletes rosas y mis ojos azules reflejaban a primera vista tristeza. Mi nariz pequeña y chata, casi no se veía y mi boca..., mi boca... creo que era normal; sí, sí que lo era. Mis brazos parecían los de un muñeco de trapo y mis piernas como las de un equilibrista. Mi piel era pálida y mi pelo de color negro, muy oscuro y mi flequillo tapaba mi ojo izquierdo. Vivía con dos hombres y con su madre Amba, una mujer despiadada y sin corazón. Ninguno era de mi familia, según ellos mis padres me abandonaron en un contenedor de basura en Ciudad Berbel. Me hacían trabajar día y noche robando a humildes familias, mientras ellos gozaban de las riquezas que yo conseguía. Dormía encima de un montón de excrementos, mientras ellos descansaban en sus colchones blandos y cómodos, pero también robados; como todo lo que tenían. Cierto día, me mandaron robar a una mujer muy rica. Ella se encontraba durmiendo, con unos cascos en sus oídos escuchando música. Tenía una casa grande y muy elegante. Era moderna y con todo tipo de lujos. La mujer tampoco estaba mal, es la típica chica joven, rubia, de ojos azules y cuerpo diez, de los que todos los chicos se enamoran. Encontré un frasco de cristal, no sabía lo que era; además, tenía un líquido azul en su interior que olía muy bien. Me dispuse a volver a la chabola con aquel frasco, unas joyas y unas almohadas para los colchones de los amargados esos con los que vivía. Todos los días al levantarme, observaba el misterioso frasco que había mangado a aquella mujer. Tarde tiempo en saber que era una tal colania o colinia o colonia, bueno, creo que se llama colonia, no estoy seguro o era calonia no sé, no me acuerdo. Me la echaba encima y olía a rosas, pero rápidamente me enguarrinaba de nuevo y olía mal. La colania o colonia no me acuerdo, la verdad, se gastó. Seguía viviendo con esa familia amargada, que me seguía mandando a robar. Pero hubo un día, un día en especial, que siempre recordaré porque a partir de ese día todo cambió. Era lunes 14 de febrero, 5: 12 pm. Frío y lluvia en todos los lugares de Ciudad Berbel. Era un mal día para mí, así que no pude robar nada. Al llegar a la chabola, los tontos esos no me entendieron y me echaron. Mejor para mí si el tonto soy yo si me quedara ahí. Fui a mi lugar favorito, el sitio que había debajo del columpio rojo. A la mañana siguiente al desperterme el frasco estaba lleno. Una sustancia morada como la que había anteriormente pero más brillante y bonita lo llenaba. Me lo


eché encima y de repente me envolví en un remolino y mi aspecto físico cambió. Ahora era fuerte, moreno y saludable. Apareció ante mis brillantes ojos una luz y al final de ella... ¡allí estaban mis padres! no sé como los reconocí pero eran ellos y me recibieron con un fuerte abrazo. Desde ese momento fui el niño máaaaas feliz del universo. Esta historia de mí se ha acabado, crecí, estudie y aquí estoy más feliz que una perdiz. No es he contado, que además de todo eso me case con la hija de la mujer rica a la que antiguamente robé. Su hija... la típica chica rubia de ojos azules con un cuerpo 10 de la que todos los chicos se enamoran... pero siempre se la lleva el típico chico fuertote, es decir, YO TIRINTÍN.

YASMINA AZZI AZZI


EL CAZADOR..... Erase una vez un cazador llamado Edwars que vivía en una aldea de las Islas Filipinas, la aldea se llamaba Vistatriste. Un día Edwars se levantó a cazar, como todos los días, pero ocurrió un imprevisto; no encontraba la escopeta por ninguna parte de la casa, pensó que se la había dejado en el campo el día de antes y cuando fue a buscarla estaba debajo de un cedro milenario. Se dio la vuelta vio todo tipo de animales: ciervos, jabalís, zorros...... Entonces, Edwars se lio a tiros con los indefensos animales, ¡Pummmmmm! ¡Pummmmmm!¡Pummmmmm!...... Más tarde se fue a casa a ver el partido de fútbol entre los países de España y Filipinas, pero no se dio cuenta de que dejó allí tirada la escopeta, al día siguiente la escopeta ya no estaba. Fue corriendo a la ciudad para comprarse una nueva, pero al no tener dinero, entonces decidió robarla. Se fue al mercado y cogió un cesto de mimbre, que estaba en el puesto de la fruta, que tenía una señora casi vacío. Luego se acercó a la armería y preguntó por una escopeta que no estuviera rota y quería ir a probarla entonces, en un momento de descuido y aprovechó para coger una e irse con ella. Se fue corriendo calle abajo y dobló la esquina buscó la cesta de mimbre y la metió dentro, entonces ya tenía escopeta para poder cazar animales y para dar de comer a su familia de España.

KEVIN BARCALA BLÁZQUEZ


UNA INCREÍBLE HISTORIA EN PUEBLA DEL MONTE Puebla del Monte era un pueblo muy alejado de la ciudad. Tenía un espeso bosque, antiguas casas de piedra y adobe. También había una posada pequeña y pobre. Los niños corrían y jugaban felices y contentos por sus calles de piedra. Sus habitantes eran simples campesinos, artesanos, ganaderos, pastores... gente muy humilde. Vivían felices, hasta que un día una extraña criatura empezó a comerse sus rebaños y a atemorizar a sus habitantes. Tanto miedo les daba que ni los niños querían salir a la calle a jugar. Pocos o ninguno eran los que habían visto a esta extraña criatura y lo describían como cuerpo de lobo, asticia de zorro y sus dientes muy afilados. Las personas más sabias decían que sería un simple lobo, pero aquellos que habían visto sus destrozos lo negaban. Todos los habitantes se reunieron y decidieron hacer una batida por el bosque para dar caza a la extraña criatura. Tras muchos días de búsqueda y miedos descubrieron su cueva. Tras muchos días de pensárselo y haciendo gala de valentía entraron y descubrieron con gran sorpresa que no era ni un lobo ni una extraña criatura si no una persona que desde joven había vivido en el bosque y se comportaba como si fuese un lobo y su aspecto también lo parecía, pues era terrorífico. Los habitantes tardaron muchísimo tiempo en transformarle en una persona normal, pero por fin lo consiguieron y todo en Puebla del Monte volvió a ser paz y tranquilidad con una historia increíble para contar.

MARÍA BARROS MATAMALA


UN COCHE REVOLUCIONARIO Erase una vez un joven científico español llamado Manolito. Manolito tuvo la idea de conseguir un invento que revolucionaría toda la industria automovilística con el " Coche anti gastos" este coche de dos plazas funcionaba con aire y que pulsando un botón se comprimiese en un cubo de unos cinco centímetros de lado, para que se pudiese guardar en el bolsillo. Primero, Manolito, empezó fabricando el motor que trasformaría el aire en gasolina, colocando una turbina que succionaría el aire del exterior, empezaría el proceso, colocó una serie de congeladores y estufas en miniatura para enfriar el aire y convertirlo en hielo y el hielo calentarlo para conseguir que se quede líquido y con varios componentes químicos convertirlo en gasolina para alimentar el motor. Más tarde, pasó al resto del coche, colocando los asientos y la carrocería plegable con las líneas para formar el cubo de cinco centímetros de lado. Cuando Manolito consiguió acabar el " Coche anti gastos " para presentarlo a la humanidad un científico inglés se lo robó cuando él estaba en el baño, Manolito se disgustó mucho, lo buscó y lo buscó, pero no lo encontró y no lo pudo presentar, pero el día de la presentación encontró al mismo científico inglés presentando su invento, pero Manolito se lo quitó, ya que él fue su creador y al final él fue quien presentó su invento. Desde entonces, Manolito se casó, tuvo dos hijos y fue multimillonario por todo el dinero que recaudó al montar la fábrica de los coches AIR.

SERGIO BLAS GIL


LOS RUMORES DE LA CUEVA Una mañana, Juan, Jorge, Lucía y Carmen, decidieron quedar a las once de la noche, para ir a la "CUEVA DE LOS ESPÍRITUS". La gente del pueblo, tenía miedo de pasar por allí, porque había rumores de que, quien fuera le podía pasar algo muy malo. Se oían ruidos, golpes extraños.....Pero a los cuatros chicos no les importaba eso y decidieron ir a averiguar lo que de verdad podía pasar allí. Lucía y Carmen, eran hermanas gemelas, y tenían una fiesta organizada por sus padres. -¿Lucía que haremos?-dijo Carmen. -No sé, yo quiero ir a la cueva. La fiesta va a ser muy aburrida, solo va a haber mayores. -Ya, pero qué le diremos a papá y mamá. -Nada, no se enterarán. Habrá que hacer lo que sea para que no se den cuenta. -La fiesta es a las diez y media, nos dará tiempo para estar un poco y luego les diremos que nos vamos a dormir porque estamos agotadas. Y ese va a ser el momento en el que nos escaparemos. -Entonces, tendremos que avisar a los chicos para que preparen todo y nosotras nos reuniremos con ellos, en la esquina. Así lo hicieron. Llegó la hora de prepararse para la fiesta. Las dos se arreglaron como si nada pasara. Todo salía según lo planeado. La fiesta como era de esperar, era un aburrimiento. Los padres de Lucía y Carmen se dedicaron a charlar con los demás invitados. Eran las once menos cuarto, Carmen y Lucía se miraron y las dos se acercaron a donde estaban sus padres. -Mamá, a Lucía le duele mucho la cabeza, ¿nos podemos ir a la habitación a descansar? La madre que al estar tan distraída con las cosas de la fiesta, le contestó: -Vale. Las niñas se fueron a la habitación, y sin hacer ruido y sin que nadie se enterara, se fueron. Ya estaban Juan y Jorge esperándolas. Juntos se dirigieron a la cueva. Al principio charlaban animosos, pero según se iban acercando al lugar y empezaba a oscurecer, todos se callaron y se sintió un silencio profundo.


Encendieron las linternas y siguieron andando muy despacio. Llegaron y no se atrevían a entrar, pero pasaron unos segundos y Juan entró. Todos le siguieron. Se oían ruidos extraños, pero a ellos no le asustaban. De repente, se escuchó un ruido estremecedor, seguido de un fuerte viento. Los cuatros chicos se resguardaron en la pared. -Yo tengo mucho miedo, me voy.- dijo Lucía. -No seas miedica.- dijo Juan. -Si te vas ahora, dirá todo el colegio que eres una cobarde.-dijo Carmen. -Me da igual. -Y además papá y mamá, te pillarán, porque estarán yendo ya para arriba. -Vale, me quedaré, pero hay que llevar mucho cuidado. -Sí, sí.-dijeron los otros tres. -Bueno, ¿seguimos nuestro camino?, que el viento se ha calmado y ya no se oye nada.-dijo Jorge. Siguieron andando. Cada vez estaba más oscuro. Las linternas lucían poco. Los chicos a pesar de todo estaban muertos de miedo. No sabían con lo que se iban a encontrar. -¡Chas! -¡Ah!- dijo Jorge. -¿Qué ha pasado?-dijo Juan. -He debido de pisar una rama seca y casi me caigo. -¿Podemos seguir?- dijo Lucía. En el silencio de la noche, solo se oían las pisadas de los cuatro niños, intercaladas por la respiración temblorosa. Se pararon de repente. Una luz tenue entraba por arriba. Lucía que iba a decir algo, se quedó con la boca abierta. Unas sombras empezaron a menearse de aquí para allá, como si de una danza se tratara. Los cuatro niños no sabían qué hacer. A Jorge, a pesar de ser el más valiente, le castañeaban los dientes del miedo. Todos empezaron a temblar, como si en esa cueva estuvieran a bajo 0ºC. De pronto, se oyó un aullido. Los niños empezaron a chillar lo más fuerte que pudieron y echaron a correr, sin saber por dónde iban. Pasados unos minutos hubo otra vez un silencio.


Ninguno se atrevía a moverse. Se les había caído las linternas. Solo había oscuridad. Al final Juan susurró bajito: -¿Chicos dónde estáis? -Aquí, aquí, estamos muy asustados.-dijo Jorge. -Tenemos que buscar las linternas, no se ve nada.-dijo Carmen. -Nos tenemos que dar prisa, tenemos que salir pronto de aquí. -Yo tengo mucho miedo, no tenía que haber venido.-dijo Lucía. -Sí, pero no podemos volver atrás, tenemos que continuar.-dijo Juan. -Mira allí se ve una luz, sigamos hasta allí.-dijo Carmen. Al final de la cueva había dos caminos. No sabían por cual ir. En uno se veía una luz a lo lejos y en otro no se veía nada. Prefirieron ir por el de la luz. Por el camino se veían sombras, correr de un lado para otro. Tenían un poco de miedo, pero siguieron. Ya llegaban a la luz, cuando empezaron a oírse ruidos y a verse sangre por el suelo. Pensaron que podían estar matando a alguna persona. Pero cuando se acercaron vieron que era una manada de lobos matando a sus presas. Siguieron andando y ya veían el final. Se alegraron y corrieron hasta allí. Vieron muchos árboles y arbustos. Con mucho cuidado salieron al camino. Más tranquilos, regresaron a casa. Al día siguiente cuando llegaron a clase, los demás de compañeros les preguntaron qué había pasado. Ellos contestaron que no había espíritus, que solamente se reunían los lobos para festejar su cacería.

ÁNGELA CALVO AYUSO


YOEL, UN NIÑO SIN IMAGINACIÓN Había una vez un niño que se llamaba Yoel; era alto con el pelo rizado, tenía muchas pecas y era un gran deportista. Sacaba notas muy normales, seises, sietes y algún que otro suspenso. El problema que tenía era que le faltaba imaginación. Yoel era nuevo en esta escuela, en la anterior se libró de hacer algún deber en el que utilizaba la imaginación ya que a la profesora no le gustaban este tipo de ejercicios, pero en ésta no se iba a librar. El primer día hizo amigos rápidamente; en clase todo le iba de perlas, ya era la última hora cuando.... la profesora mandó los deberes de lengua y Yoel empezó a sudar como un pollo, las manos le temblaban y casi le saltan algunas lagrimas; en efecto, la profesora les había mandado un ejercicio en el que tenían que usar la imaginación: hacer un cuento. Yoel llegó a casa, hizo todos los deberes menos el cuento. Él, además de su poca imaginación, no podía tener una pequeña ayuda de sus padres, ya que no estaban en casa a esa hora y volvían de trabajar cuando Yoel ya estaba en la cama. Al día siguiente, en clase de lengua, la profesora pidió los cuentos y castigó a Yoel, por no tenerlo, con hacer un cuento en un recreo. Como no conseguía realizarlo se quedó sin recreo hasta que llegó un niño llamado Jesús al que le ocurría lo mismo. La profesora decidió que hicieran juntos un cuento; en el primer recreo juntos sacaron ya un boceto y en el segundo consiguieron un espléndido cuento. Yoel gracias a esto, de mayor se dedicó a la escritura, escribiendo cuentos y enseñando a los demás. Siempre que mandaba hacer algún cuento de deberes, si a un niño no le salía le contaba su historia.

CARLOS CHECA MARINA


PÁNICO EN EL CAMPAMENTO Era verano y Jaime se había apuntado a un campamento. Oscar, el mejor amigo de Jaime también iba. El campamento era en el bosque de un pueblo abandonado llamado Cienlatas. El día en el que iban a ir, pasó a por ellos un autobús muy antiguo, pero estaba lleno de niños sonrientes. Unas horas más tarde llegaron a la estación de autobús del pueblo y allí les esperaba un grupo de monitores. No había absolutamente nadie, solo un anciano que vivía en una casa que estaba en muy malas condiciones. Llegaron al lugar del campamento y se instalaron en unas pequeñas casas de madera. Aquel día Jaime y Oscar conocieron muchos niños e hicieron nuevos amigos. Cuando estaba oscureciendo todos se sentaron alrededor de una hoguera y los monitores empezaron a contar historias y leyendas. Los niños estaban cansados a si que durmieron plácidamente esa noche. Pero por la mañana un grito los despertó. Habían desaparecido dos monitores, solo quedaban tres. Aquella noche desaparecieron más niños y a la siguiente más niños. Ya solo quedaban tres monitores y los compañeros de habitación de Oscar y Jaime. Esa noche los monitores y los niños se iban a quedar escondidos para ver lo que pasaba. Esperaron un buen rato y de repente, vieron una sombra pequeña y encorvada, era la del viejo. Iba con una motosierra y entraba a las habitaciones buscando personas. Los monitores se abalanzaron sobre él pero este les corto la cabeza con su motosierra. Oscar tenía una navaja que se había encontrado en el bosque el día anterior, a si que corrió sin pensar y se la clavó en la espalda. Los niños pensaron que había acabado todo, pero de repente el cuerpo se movió. A continuación el cuerpo se levantó lleno de sangre y los persiguió hasta atraparlos. Los llevó a su casa y los encerró en una habitación con los demás chicos del campamento. Entonces, les sacó todos los órganos, desde los ojos hasta el corazón.

ANDY CHICAIZA CANGO


LA

CASA

DE

LA

MONJA

La casa de la monja es muy famosa por su leyenda porque nadie ha entrado en varios años. El más atrevido fue un tal Pedro, murió en el momento. -Marcos, dijo: Podríamos entrar en la casa de la monja. -Luis, dijo: Tú estás loco. -Mientras que todos dijeron: No sería mala idea. Carlos se subió a un muro y se metió en el huerto. Tras unos segundos, que no respondía, nosotros creíamos que estaba muerto, pero abrió la puerta, era grande y blanca y ponía un jeroglífico, el que entra lo adivina, pero no sale vivo. Un huerto grande, sin nada plantado y una hierba muy alta. Parecía que quería asustarnos, decían que había trampas. Al lado de la puerta de la casa tan grande había un palo de puente, para hacer equilibrio y no cayese algún niño. Avanzamos adelante pero vimos un cocodrilo en las escaleras y le dimos con un palo en toda la cabeza y se desmalló. Nos quedamos parados porque había un cuadro de la monja, una muñeca de porcelana y un traje de mujer. Nos íbamos a ir y la muñeca dijo: ¡vais…! y sacó un cuchillo y nos acorraló hasta la guardilla y lo menos esperado, un niño que era el hijo de la monja y le da un puñetazo a la muñeca y le rompe la cabeza y se muere. Nos dijo que se comió a su hermano gemelo y les encerró para que no la vieran morir. Nos hicimos amigo de su hijo.

CÉSAR ESTEBAN CAVA


EL SOLDADITO DE MADERA Hace unos tres años, en el mundo de los soldaditos de madera llamado Soldaditolandia, Jerry, un habitante de aquella ciudad, tenía un sueño distinto a los demás. Todos los soldaditos querían ser ayudantes de Soldadón, el rey. Al que le echaban una mano con el empaquetado de los juguetes que vendían a la gran ciudad. A Jerry no le gustaba realizar esa labor, lo que él quería ser era un humano, como todas las personas del exterior del subsuelo, fuera de donde vivía. A si que se embarcó en una gran aventura. Primero pidió ayuda a Cecilia, la bruja de la ciudad. Le comentó que solo conocía una forma para convertirse en humano, era la de tomarse un poco de polen de la ''Flor de la Humanidad''. También dijo que la encontraría en una casa de Almazán situada en la C/ Miguel Delibes Nº 7, 2ºB, y que la localizaría en la cocina. Al siguiente día, se preparó la mochila de madera con provisiones de comida y agua. A continuación, se alejo de Soldaditolandia y se aproximó a la superficie. Llegó a las alcantarillas y...................¡bien! Ya ha llegado a la casa de Almazán. Se metió por el balcón de la vivienda y entró. Parecía muy fácil, pero lo que no sabía era que le esperaba una pequeña sorpresa. Al atravesar el comedor se topó con una fiera enfurecida, la mascota de la casa, el gato. Para nosotros, los humanos, los gatos son una auténtica monada, pero para Jerry es un peligro. A si que decidió refugiarse debajo del sofá. Al cabo de una rato el gato se fue. El soldadito continuó su camino y llegó a la cocina. Se paró un momento y localizó la planta, parecía en perfecto estado. Estaba encima de un armario blanco. Se hacía tarde, y como estaba bastante difícil el poder subir al armario, decidió descansar hasta el día siguiente. Por la mañana tardó unos treinta y cinco minutos en subir a aquel armario. Cuando consiguió subirlo se llevó una gran decepción, la plata estaba muerta. Intento coger un poco de polen pero, resultó imposible. A si que pensó que tenía que quererse tal y como era en verdad, un soldadito de madera.

ÁLVARO GONZALO PAULANO


LAS AVENTURAS DE DANI Y ADRIAN Había una vez un chico llamado Adrián de 11 años que vivía en Almazán. Un día salió con sus amigos y fue a la tienda de chuches ha comprarse una bolsa de pipas que salían unas pegatinas. Al abrir la bolsa lo primero que vio fue la pegatina. ¡Oh, era la que él quería! El famoso pirata que todo el mundo iba detrás de ella. Se la guardó en el bolsillo. Cuando fue la hora de ir a casa se la guardó en su mesilla. Cenó, vio un poco la tele y se fue a su habitación; entonces, fue cuando se entretuvo más a verla. No sabía qué era, pero tenía algo especial. Se fue a dormir y cómo no, soñó con el pirata. Al día siguiente se levantó y fue a abrir el cajón de su mesilla; pero no vio la pegatina. ¿Dónde estaba? Él la había dejado allí. Fue a desayunar y mientras lo hacía seguía pensando dónde podría estar, había buscado por todos los sitios. De repente, casi se atraganta. Allí, en la puerta de la cocina, estaba el pirata en persona. - Hola-dijo el pirata. ¿Tienes algo de desayunar para mí? - Sí, ¿pero, cómo lo has hecho? Si eras una pegatina- dijo Adrián. - Bueno, tengo unos poderes que cuando quiero me vuelvo una persona y cuando no en un juguete, pegatina, comic... - ¡ Jo, que guay ! Pero, ¿cómo te llamas? -dijo Adrián. - Me llamo Dani y he recorrido muchos lugares y he vivido muchas aventuras. ¿Te quieres venir conmigo?-le dijo Dani, el pirata. Adrián se lo preguntó a su madre y después de mucho insistir lo consiguió. ¡Qué bien! ¿Qué aventuras vivirían? ¿Descubrirían algún tesoro? Todos los libros que había leído de piratas y que a tantos lugares le habían transportado en la imaginación, al final se iban a hacer realidad. Cuando lo tuvieron todo preparado, estuvieron listos para zarpar, pero lo primero que tuvo que decir Dani fueron las palabras mágicas para poder tener un barco de verdad. Sacó otra pegatina y dijo: “¡Zambullirse en el agua!” Y de repente, estábamos en el puerto de Valencia. Era un día soleado y sin ninguna nube. Tomaron rumbo al Mediterráneo, haciendo escala en Italia, para ver el Coliseo Romano y la Torre Inclinada de Pisa, que había dado en clase Adrián; Grecia, donde estaba el Partenón; Turquía, la Mezquita Azul de Estambul y pasaron por el Canal de Suez, directos al Mar Rojo; India, donde vieron el Taj Mahal y las islas de Indonesia en el Océano Indico. Qué cambió de culturas. Todo lo que había oído en clase lo tenía allí delante. Pero, al llegar a Filipinas, descubrieron un monstruo marino de dos cabezas, muchas aletas y una larga cola. Lucharon, pues, quería apoderarse del barco para su colección que tenía en una cueva en el fondo del mar. Al final, salieron


victoriosos y se llevaron un botín. Siguieron por el Océano Pacífico, cruzando el Canal de Panamá, dirección al Mar Caribe. En las costas de Brasil, buceando, descubrieron un extraño pez que tenía la cabeza transparente y se le veían todos los órganos internos. Los científicos, por descubrirlo, les dieron una buena recompensa. Cruzaron el Océano Atlántico, rumbo al Reino Unido en busca del famoso monstruo del lago Ness, pero no lo pudieron ver. En las aguas de Irlanda, los piratas intentaron derribar el barco, pero por suerte no pudieron, aunque si destrozaron el mástil. Como tenían esa avería y estaban tan cerca de casa, decidieron que era la hora de volver a España. ¡Cómo había pasado el tiempo! Y eso que Adrián y Dani mandaban noticias a su madre cada vez que podían. Así que cuando llegaron no pararon de contar sus aventuras. Adrián le regalo a su madre joyas que había en el tesoro que cogieron al monstruo en Brasil. Dani no sabía qué hacer y al final decidió quedarse con Adrián y su madre. Cada cierto tiempo, se iban de aventuras por el mundo en busca de aventuras y rutas que explorar.

HÉCTOR HERNÁNDEZ CRISTOBAL


EL MONO LOCO En tiempos muy lejanos, un barco de hojalata surcaba los mares de una punta a otra sin cesar. Este era de un color grisáceo, y también muy antiguo, pero aun así navegaba como si estuviera nuevo. Lo dirigía Pepe, un mono muy pequeño, pero muy inteligente. El navío era muy visitado, iban desde reyes hasta campesinos, ya que había todo tipo de tarifas. Acudió un gran malabarista muy fuerte que hacía malabares con tres personas, las cuales acababan vomitando, pero merecía la pena. Hasta lo galardonaron como el mejor navío existente en esos tiempos. Poco después se inventó el Nauvilius, un barco con gran decoración y muchos mayordomos. Tenía barandillas de oro y las mesas eran de plata. A él acudían las personas de mayor rango social. Poco a poco el barquito de hojalata se desmoronaba muy lentamente, y eso se convertía en sufrimiento para su dueño. Al pobre monito, en vez de seguir adelante y dedicarse a otro trabajo, estafó a los Reyes Católicos y recaudó muchísimo dinero. Y, además, se dirigió a una cantera de oro y mató a todos sus trabajadores. Lo llevó a una joyería y lo vendió por una gran cantidad de dinero. Se gastó una pequeña parte en comprar un barco estupendísimo con todo tipo de lujos y el resto del dinero lo guardó en una caja fuerte. En un viaje a Hawái, le descubrieron dos policías vestidos de paisanos y le encarcelaron con cadena perpetua. Al poco descubrió que allí no había gran cosa que hacer y al conseguir una cuerda se suicidó.

ENRIQUE MOLINA JIMÉNEZ


UN DÍA EN LA CUEVA Erase una vez un niño que se llamaba Damián que tenía 11 años. Todos los veranos iban de vacaciones a su pueblo llamado Osa de la Vega. Allí se encontró a su amigo Pepe y decidieron hacer una excursión a la Fuente de La Dehesa. Cuando se alejaban del pueblo empezó a llover y tuvieron que meterse en una cueva llamada Cueva de la Orega. Como no paraba de llover vieron que pasarían mucho tiempo en la cueva. Decidieron buscar una distracción, encontraron pinturas rupestres, huesos de dinosaurio... Mientras andaban, unos murciélagos les asustaron y Damián se cayó por uno de los agujeros de la cueva. Descubrieron que el agujero era un pozo y continuaba hacia dentro. Decidieron seguir al agua para ver donde llegaba, cuando llevaban un rato andando vieron que había una luz al fondo. Vieron que era el final de la cueva y que estaban muy cerca de la Fuente de La Dehesa. Se quedaron a merendar allí y cuando regresaron al pueblo contaron todo lo que había pasado a los vecinos y amigos.

ALEJANDRO PACHECO DE DIAGO


EL PARQUE DE TRACCIONES Un día, en un pueblo poco habitado, un niño venía a pasar sus vacaciones de verano, sus amigos este año no iban a ir, a si que él estaba solo. El niño se llamaba Pablo y se había olvidado completamente de que estaba Elisa, pero con ella nunca se habían hablado, fue a buscarla, Elisa estaba un poco enfadada, pero aun así salió con Pablo. Se fueron al parque, y allí se dieron cuenta de que había un cartel que nunca lo habían visto ahí, en él ponía que dentro de un día se construiría un parque de atracciones. Ellos se quedaron alucinados, se preguntaban que cómo en un pueblo con tan pocas personas iban a construir un parque de atracciones. Dejaron que pasara el día y Elisa fue a buscar a Pablo, desde allí se dirigieron al misterioso parque de atracciones. Era normal, por lo menos por fuera, era grande, colorido....Como cualquiera, entraron y se lo pasaron fenomenal, llegaron a la última sala en ella ponía algo “ADVENTENCIA, NO PASEN” en cuanto los dueños les vieron les retiraron rápidamente de ahí. Ellos sin pensarlo, decidieron que irían rápidamente a ver lo que había. Llegaron las nueve de la noche y ellos estaban en la puerta, saltaron la valla y se dirigieron a la puerta. Entraron, sus ojos no podían creerse lo que había, eran muchos de los habitantes del pueblo, se preguntaron que hacían ahí, pero ellos no pudieron rescatarlos ya que venían los vigilantes. Se les ocurrió una idea, llamaron a sus amigos. Pasaron dos días y vinieron, esperaron a la noche, saltaron la valla y, aunque casi les pillan, logran salvarlos. Llamaron a la policía y los apresaron, excepto a uno que se escapó.

ANDREA PÉREZ GARCÍA


TRAVESURAS DE VERANO Paquito era un niño muy travieso y muy inquieto, que vivía en la ciudad. Siempre estaba pensando en las vacaciones, porque se iba al pueblo de sus padres a divertirse. Pasaron los meses y llegó el último día de colegio, y estaba deseando hacer la maleta y montarse en el coche. Aún se acordaba de la última travesura del verano anterior, cuando se metió en el gallinero de su abuela y a las pobres gallinas no les quedó ni una sola pluma en su cuerpo, porque había oído que las almohadas se hacían con ellas, y como la de su cama estaba un poco pachucha, no tuvo mejor idea, que quitárselas una por una para rellenarla. Cuando su abuela se enteró, a la pobre mujer a poco le da un patatús. Sólo podía pensar en que ya le hubiese perdonado. Sonó la campana, y Paquito salió corriendo hacia su casa. Su madre ya tenía preparadas las maletas y después de comer, cargaron todo en el coche y se pusieron en camino. El viaje se le hizo superlargo hasta que llegaron: atascos, paradas para repostar y hasta una rueda pinchada. Cuando al fin llegaron salió disparado del coche a coger la bici, y sin saludar a su abuela se piró a buscar a sus amigos. En cuanto los encontró, comenzaron las travesuras: cortaron las flores del jardín de la Sra. Juana; rompieron el cristal de la Sra. Pepa, jugando al balón; se cayeron al río cogiendo ranas… El verano estaba siendo muy divertido, pero su abuela no hacía más que echarle broncas porque sólo sabía meterse en líos. La más gorda fue el día en que abrieron las puertas de los corrales de las vacas del Sr. Benito, y todas salieron disparadas por el pueblo. Los vecinos estuvieron toda la noche buscándolas, y de diez, sólo aparecieron cuatro. Cuando Paquito se montó en el coche al final de ese verano, su abuela le dijo que si seguía haciendo tantas trastadas, a su casa que no volviera el siguiente verano. Tenía un curso por delante para pensárselo.

BLANCA SANCHO MOÑUX


LAS PALOMAS DE PASCUA Erase una vez tres palomas llamadas Veloz, Celta y Omelet. Vivían en un viejo molino abandonado en el pueblo de Almazán, habían construido sus nidos entre las vigas del tejado y nunca habían tenido ningún problema. Pasaban los días en un campo cercano; Veloz y Omelet jugaban unos días al escondite y otros al vuela-vuela, que era como el pilla-pilla pero en el aire; mientras tanto, Celta vigilaba que no les atacara ningún halcón. Al atardecer, volvían a sus nidos para pasar la noche. Algunas tardes iban a la plaza del pueblo y comían sin ningún miedo las migas que les daban niños y mayores. Una de esas tardes, en plena Semana Santa, notaron, mientras comían, que se hacía de noche y que algo caía sobre ellas. Acababan de ser atrapadas en un saco. Del saco las pasaron a una caja de cartón con unos pequeños agujeros por los que les entraba aire y luz. Estaban realmente asustadas, pensando que nunca más volverían a sus nidos, que acabarían en una jaula para siempre. Al día siguiente empezaron a oír unos ruidos muy fuertes que retumbaban entre las paredes de la caja. Se acurrucaron en un rincón y, cuando más asustadas estaban, se abrió la caja bruscamente y una mano las obligó a salir volando de allí. Mientras se alejaban vieron mucha gente en la plaza, algunos vestían de forma extraña, tocaban tambores y cornetas y todos rodeaban las imágenes de una Virgen y un Cristo. Era la procesión del domingo de resurrección, la gente aplaudía al ver volar las palomas, mientras ellas, sin comprender bien lo que pasaba, se alejaban con la intención de no volver nunca más a aquella plaza.

GUILLERMO TABERNERO ORMAZABAL


UN AMOR IMPOSIBLE Hace tan solo dos meses que Ruth, una chica de doce años, morena y alta, conoció a un chico llamado Gurri de diecisiete años. Desde el primer momento en que se vieron ocurrió algo muy extraño, se llamaron tanto la atención que hasta se pidieron el número de teléfono sin apenas conocerse. Al día siguiente, Ruth decidió llamar a Gurri para quedar esa misma tarde y empezar a conocerse. Gurri aceptó y cuando se encontraron empezaron a hablar como si se conocieran de toda la vida. Se llevaron tan bien que al final de la tarde para despedirse se dieron un beso en la boca. Siguieron quedando más a menudo hasta que entablaron una relación. Otro día se les ocurrió ir a la casa de Ruth ya que esta estaba vacía porque sus padres estaban trabajando. Durante dos horas estuvieron muy a gusto pero el tiempo se les pasó tan deprisa que llegó Pili, la madre de Ruth y les pilló allí en su casa, a su hija con su presunto novio. Pili echó a Gurri rápidamente de casa y preguntó a Ruth lo que ocurría. Ella le dijo toda la verdad, aunque le costó mucho le dijo que estaba saliendo con Gurri. Pili, estaba en contra de esa relación por la gran diferencia de edad. Un rato más tarde tuvo una charla con Ruth para explicarle que lo que estaba haciendo estaba mal, ya que ella era pequeña para tener novio y porque él era bastante más mayor. También le dijo que por favor lo dejara, que no le convenía. Al principio Ruth la hizo caso, le llamó por teléfono y lo dejó. Estuvieron dos semanas sin saber nada el uno del otro, pero ella no podía estar sin hablar con él y menos sin verle. A si que, otra vez volvieron. Por la noche, a Gurri se le ocurrió la idea de robarle el coche a su madre e ir hasta Orillares, el pueblo de Ruth para verla y estar un ratito con ella, ya que la echaba muchísimo de menos. Por el camino desde Espejón, su pueblo, hasta Orillares, le salió un corzo y tuvo un pequeño accidente. En el momento en que Ruth se enteró, llamó a su prima Sheila para contarle lo sucedido e ir a buscarlo. Sheila cogió el coche y fueron a ver lo ocurrido. Se encontraron a Gurri sangrando y llamaron a la ambulancia. El coche se lo llevaron al desguace y a él se lo llevaron al hospital junto con Ruth y Sheila para acompañarle. Una vez que estaban en el hospital, los médicos le estuvieron mirando y le dejaron la noche allí para que reposara. Al día siguiente, le dieron el alta y Sheila, junto con Ruth, lo llevaron a Espejón y después ellas se fueron a Orillares. Al final todo quedó en un susto, menos mal y por fin Ruth comprendió que no podía estar con Gurri, así que se dejaron definitivamente, aunque quedaron como amigos. SHEILA ORTEGA GONZALO


CUENTOS INFANTILES