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DIAS DEL futuro

PASADO

Los libros de viaje nos llevan desde el salón de casa a todos esos paisajes que siempre hemos querido conocer. Y hoy utilizaremos los cómics de viajes para hacer grandes viajes sin movernos del sofá. Tranquilos y seguros mientras vemos los curisos paisajes.

LA CIUDAD DE CRISTAL

TOKIO ES MI JARDÍN

Adaptando una novela de Paul Auster, Paul Karazik y David Mazzucchelli nos trasladan a Nueva York, la ciudad de las ciudades, aquella que no duerme y que todos queremos conocer. Con un vibrante dibujo en blanco y negro, podemos pasear no sólo por sus calles, sino también por los ambientes que esas calles generan en el viajero.

Dos franceses nos llevan a Japón, a ver aquella ciudad que tanto nos extraña con nuestros mismos ojos de europeos. Pero vamos acompañados de Jiro Taniguchi, que nos hará de guía y nos mostrará más que aquello que todos los turistas miran. Un comerciante quiere introducir su producto, coñac, en Japón y a través de su aventura allí, conocemos la ciudad que enamora a ese hombre. Porque lo que vamos a encontrar es la historia de amor entre un hombre y el espacio en el que vive: Tokio.


EL FOTÓGRAFO

CRÓNICAS BIRMANAS

Uno de los países más inhóspitos del mundo en todas las épocas. Mostrado en películas y documentales como el más peligroso de todos los posibles, Afganistán no es el sueño de ningún turista. Pero es lo que nos muestran Didier Lefevre, Emmanuel Guibert y Frédéric Lemercier en tres tomos que muestran el viaje que el primero hizo al país durante la guerra que mantuvo contra la URSS. La vida de aquel extraño lugar en el que naufragaron las grandes potencias de todos los tiempos, visto por un fotógrafo y varios médicos voluntarios que miran y nos enseñan todo con curiosidad y que nos muestran no sólo un paisaje, sino también una historia que aún no ha terminado de cerrarse.

El más famoso y leído de los viajantes de cómic es Guy Delisle. Nos ha llevado por todas partes, con sus lápices y su vida a cuestas, mostrando lugares imposibles de conocer de otro modo. Acompañando a su pareja, de Médicos sin Frontreras, Delisle nos muestra la vida cotidiana de un extranjero en tierras muchas veces hostiles. Aquí podemos ver las preocupaciones, un poco ironizadas y venidas a menos, de un europeo normal comparadas con las mucho más trascendentes de aquellos que viven en un país pobre y que está sometido a un estricto régimen militar. Ironía, humor, realidad, pero sobre todo los paisajes y la vida en Birmania, una vida que si no miramos y leemos en sus obras, no podremos disfrutar. Nos vemos en la próxima... ¡australopitecos!


INCONGRUENTE María Izquierdo

Sucedió en diciembre, mientras a través de las ventanas veía familias que colaboraban en la decoración de la casa, convirtiéndola casi en un burdel, por las luces. Colocando árboles “nevados” donde al menos hace más de diez años que no nieva. Con miles de figuritas que clamaban la soledad de ellos mismos, con rasgos hieráticos, inexpresivos. Normalmente ni se miran a la cara,

pero por ser estas fechas se sonríen y entregan regalos. Utilizan millones de emoticonos simulando como se sonrojan o sonríen, pero realmente no sienten nada de esto, y si les ven mientras escriben, están serios. De nuevo otra navidad a solas, pero en esta ocasión no pensaba ser tan hipócrita. Anteriormente había ido a casa de cualquier conocido para no sentirse tan deprimente, y se había sentido aún peor tras ver que en aquellas cenas las personas invitadas que tan solo miraban sus móviles, menospreciando la compañía que tenían allí. Le parecía incluso más atractivo pasar la navidad en la gasolinera donde trabajaba, encerrando en el baño a quién aquella noche se cruzara en su camino consiguiendo la misma especie de compañía, solo que teniéndolo tan limitado como quisiera. Ni siquiera hablaba a quién encerraba, pero se quedaba cerca de la puerta, escuchando sus jadeos intentando abrir la puerta, se imaginaba la desesperación, el latir de su corazón, la presión en la sien. Más tarde, cuando se aburría simplemente abría la puerta y se escondía, viendo como el desesperado cogía el coche y se marchaba a toda velocidad. Una vez, incluso provocó un accidente, la persona no había


visto el árbol mientras miraba por el retrovisor, y así perdió la vida. Cuando llegó la policía se excusó diciendo que había estado en el baño y tan solo escuchó el golpe… pero le había excitado tanto la idea de lo que podía llegar a conseguir, que deseaba volver a intentarlo, o llegar incluso a más. Ser de nuevo necesario, que alguien o algo dependa de su persona. Ya no era importante para nadie. Esta vez, había aceptado cambiar el turno de noche, a nadie le extraño que alguien de aspecto octogenario cambiara su horario en navidad por el de un joven que quería visitar a su familia. Pensaron que sentiría empatía, simple y llanamente. Que quizá tenía un hijo o nieto en la misma situación, y esperaba que al menos ellos pudieran disfrutarlo. Su noche comenzó como esperaba, mientras colocaba las bolsas por orden de caducidad en la tienda, recibió una llamada de su hija, pidiéndole que por favor cenase con todos, pero él se negaba. Elevó la voz, nadie le puede decir nada, tiene un tipo de personalidad fuerte, aunque en apariencia es débil. Colgó y tras esto sonó la campanilla que roza con la puerta indicando un nuevo cliente, era un joven fuerte, que había estado mirando el móvil desde que

había entrado. Cogió un par de bolsas de chucherías, una tarjeta navideña y una bufanda roja. No dejaba de mirar el móvil. Se acercó al baño y dudó si entrar o no. Nuestro amigo no vaciló, y lo empujó. Era su víctima hoy, sacó sus llaves del bolsillo, tenía al menos treinta en ese manojo, y cerró. Esta vez no se mantuvo cerca de la puerta, era innecesario, lo oía desde cualquier pasillo, era muy ruidoso. -Tio, déjame salir. Te daré todo lo que tengo. Sin darse cuenta estaba teniendo su navidad con alguien que rápidamente se emparentaba, como si fueran familia. Le gustaba esto. Primero el joven suplicaba, pero más tarde se enfurecía, intentaba tirar la puerta y le advertía que no era una broma de buen gusto, que iba a enterarse cuando saliera. El octogenario no se conformó con esto, apagó las luces de la tienda, colocó el cartel de cerrado y se encaminó hacia el baño… Buscó en su bolsillo las llaves y tanteó la que abría la puerta. La niebla fuera era densa, no permitía ver nada, pero el teléfono sonaba. Continuará


(Des)Ganas Villar Recuenco López

Que somos trozos de carne que se arrugan y se encojen. Horas frente al televisor. Y culpas. Que somos agua estancada. Somos flujos penetrando el suelo. Un llanto histórico y unas ganas inmensas de escupir a sus rostros culpables. Somos tiempo y esperas. Somos el caldo de cultivo de lo que vendrá. Grumos de cal que obstruyen la tubería. Sedimentos que bullen; y huyen del suelo que pretende sujetarlos. La mugre en los bordes de un recipiente vacío. Los

posos que quedan en el fondo de la taza. Agua que hierve y salpica. Somos un poco imbéciles. Y muy absurdos. Mira esos paseos de ida y vuelta a lo largo del pasillo de los azulejos verdes. O la espalda recostada sobre la silla gris de la consulta gris. Mira los ojos, cómo se nos van a la pared y se clavan en ella con el taladro de las dudas. Que yo no tengo certezas y me canso de buscarlas, y de pensar que las hay. Que ando perdida. Que cuando me doy cuenta de que camino sin rumbo no tengo mejor idea que quedarme sentada. Que sí, que me quedo quieta como si esperase algo que viniese a salvarme. Hasta el cuello de culpas y con las cuchillas del miedo clavadas en el hígado. Que mi bilis huele al tiempo perdido y a las cosas que nunca hice. Qué ganas de tener ganas. Maldita sea. Estamos tan solos que nos falta espacio. Que veo en los que se acercan una estúpida amenaza. Que no tengo nada interesante que contar y aun así me empeño en hablar. Que maldigo este ombligo que me huele a mierda. Y qué asco esos trenes que no esperan y se escapan


por delante de la vista. Odio eso. Odio el correr hacia el andén aun sabiendo que llegaré tarde. Y odio aún más no correr y darlo por perdido. Me acostumbré a ver como se alejan. Cuánto fracaso y qué soledad para vivirlo. Cuántas presiones de un mundo que te llama enferma, que cuando te acaricia es que está midiendo las distancias y preparando la palma de su mano abierta para dar la bofetada. Y mis mejillas ya no se fían. Odian las caricias por lo que les viene después. Puro conductismo. Me duelen las costuras. No sabemos querer-nos. Odio los vínculos porque desgarran. Porque siempre hay un descosido por el que sangrar desconfianzas. Porque me rompo sin creer en la sutura que vendrá después. No sé tejer. Y me preocupa. Me preocupa no manejar los hilos de la afectación mutua y conservarlos eternamente hechos una madeja enredada en el bolsillo. Porque ésta pesa, porque no hay cinturón que sostenga el pantalón y porque no me deja despegar los pies del suelo ni por un raquítico segundo; ni por ese raquítico segundo que todos necesitamos para creer.

Ni aguja ni dedal. Ni manos donde guardar. Que estoy desgarrada hasta los dedos de los pies por tanta decepción. Y esto no hay sastre que lo arregle. Que no me hago a la idea de que no estamos hechos a la medida. Que no hay piezas que encajen, ni habitaciones que nos contengan del todo. Que en el estar con otros siempre hay dobleces, y pliegues de piel para evitar los roces y las heridas. Que no queda otra que aprender la coreografía del hacer y del sentir si no queremos vivir pisándonos los pies y con moratones en la espinilla. Es eso. Que al final somos solo carne que se encoje, que se arruga, para que los demás quepan. Y a mí me duelen los dobleces, y los pies de tanto pisotón y tanta rozadura. Que soy arrítmica y rompo la melodía. Que solo pido que entiendan un poco lo que digo. Y que levanten la mirada: de mis espinillas golpeadas a mis ojos que lloran pidiendo auxilio, con un tren que se aleja colgando de los párpados. Que se pare el tiempo…


Pequeño Lemming BAJO LAS ALCANTARILLAS

Me he cansado sobremanera. Lo he hecho de escribir arrastrando las ideas. De llamar con miedo y sorpresa a cientos de puertas. Entre dormitorios a media luz y aire de dehesa extremeña. Me he lanzado al laboratorio del horror. A la caza de la suficiencia. Lo he hecho armando estancias de color macilento y sabor a menta. La ética debilitada de hombres de estado nuevos. Y sus tambores de hojalata. Que se dicen de amor por poder. Con

mayúsculas de hombre nuevo y científicamente marxista. El terciopelo acaricia sus carnés de partido. Y ahoga en aguas tibias la rasurada e impía mirada. No traen rimas en la espalda. Ni alforjas cargadas. No hay debe ni haber que aguarden en las largas mañanas al sol mortecino de diciembre. El desprecio continuado en noticias, pasquines y telediarios. De aquellos que vomitan lo políticamente correcto embravece el hormigueo de piernas y brazos. Suerte que se agolpa en el dulzor meloso de las alcantarillas. Las ratas van las primeras. Los prohombres del mercado tiemblan. Los niños de tu escuela han comprado luces de colores para festejar la Navidad en puertas. Las AMPAS denuncian a sus hijos porque la alegría no tiene cabida ni en aulas ni en prostíbulos.


Una mujer con el pelo azul me grita desde la otra acera. Sus piernas torneadas son una escultura neoclásica de Thorvaldsen. No la escucho ni quiero imaginarla como compañera de cañas. ¿A las dos en el bar de abajo? El gorjeo incesante de los pajarillos de mi patio me despierta. La naturaleza es el arma masiva de destrucción. Lo más políticamente incorrecto contra el ser humano moderno. Bajo sobresaltado las escaleras. La neblinosa sensación de apoyarme en un mundo humeante y en descomposición. Me mareo al encontrarte aun recostada. Lees un libro viejo del que alguna vez hablamos. Te yergues como una geisha insumisa. Me miras con tus ojos redondos como aquellas piscinas. Tus labios se abren a la vida. Y tu aliento dulce y pegajoso de alcohol exhala la rabia de lo perdido.

La curva de tu cuello, tus pechos esculpidos por Scopas, tus manos pequeñas que encierran fértiles paisajes y la comisura de tus labios carnosos. Todo ello se me agolpa en el rincón más innacesible de mi asaeteada mente. Hemos decidido masacrar este mundo de enfermizos cerebros. Los dos empezamos la resistencia de los que anhelan. La noche se queda boquiabierta. El mundo y el demonio nos odian un poco más. Con gélida indiferencia. La dionisíaca espera. La procesión de caretas grotescas. Los enemigos de dentro. Y de fuera. El resbalón de los elementos y el juego de miles de esferas. Rotos todos sus esquemas. Desnudas y abiertas todas las sendas. Subsumidos en la redescubierta inocencia. El arma al hombro. Alerta.


13 x

21 Grace Kelly Rubén Bravo

No tiene nada que ver con los muslos de María ni con la preciosa Lola. No tiene nada que ver, realmente, con que ellas no me hicieran caso, o me hicieran daño, con que yo estuviera solo. No tenía nada que ver con ellas o con otras cualquiera, con las mujeres deseadas antes y después de ellas, las que veía por la calle o en la televisión, las que amaba un momento, en un ascensor, en el supermercado, persiguiéndolas sin querer en los

pasillos, aquí la leche allá el bonito. No tenía nada que ver con mi soledad. Yo siempre estaré solo, tú lo sabes muy bien. Ni siquiera tenía que ver con el momento en que la vi por primera vez, tan absolutamente bella y perfecta, enmarcada en aquella pantalla, cubierta con aquellos vestidos, colocada por un hombre que la amaba y la deseaba mucho más que yo. Tenía que ver con la realidad. O más bien con mi creencia en que la realidad no existe. Empecé a creerlo cuando era pequeño. Nada parecía real. Todo parecía y parece siempre una gran mentira, una ficción continuada y no desmentida por nadie. No es que la realidad copie a la ficción. Es que la realidad no existe. Sólo hay ficción. La irrealidad. Eso es lo único que existe. Por eso puedo amarla. Porque ella pertenece al mismo campo de la irrealidad donde yo estoy. Ficitio o mentido también, creado por un narrador que mantiene mi vida como diversión, para sí mismo o para otros, para aquellos que nos leen, nos ven, para aquellos para quienes vivimos realmente. Esos otros la han amado también, como aman y odian a otros. Y como me odian o me aman a mí, que tampoco existo.


Los muslos de María no existen, María entera, con sus manos finas y elegantes, con sus manos que parecen pintadas por el Greco, pero aún más perfectas, aún más suaves, no existen. Ni la preciosa Lola, con sus ojos gigantes y su risa que te explota en el oído. Tampoco existe Grace Kelly, salvando a su marido en Solo ante el peligro. Salvandome a mí en Solo ante el peligro, siempre solo yo, siempre solo. Gary Cooper no estaba solo. Tenía el amor de Grace Kelly. Y cuando yo fui él también lo tuve. Mientras ese reloj gigante marcaba sus horas, yo llevaba la estrella de sheriff en el chaleco negro. Y era el marido que despedía en la estación a Grace Kelly, con la seguridad de que no volvería a verla con vida. Pero ella volvió y me salvó. ¿Cómo no amarla? Después, cuando la vi en color, roto ya el corazón, cerciorado de que esta vida no existe, de que sólo hay ficción, irrealidad, estaba al otro lado de la ventana. ¿Por qué mirar hacia fuera si ella estaba dentro? ¿Por qué mirar hacia fuera si estaba vestida para mí, con los vestidos máshermosos y suaves que nadie jamás ha pensado? No era mi mujer entonces. Pero me amaba a pesar de mi pierna rota. Yo cumplía mi destino, ordenado por el

creador, por el narrador, y miraba por la ventana y fingía interesarme por los vecinos y sus vidas, y sus asesinatos. Pero en realidad estaba esperando que ella entrara por la puerta. Darme la vuelta y no mirar nada más. Conducía por el mismo sitio cuando desapareció de la narración. Simplemente un personaje que deja de aparecer, que el narrador de esta mentira suprime para dar dramatismo, para crear sensación. Yo la he visto muchas veces conduciendo ese mismo coche, con su vestido fulgurante y su pelo rubio, tan tan rubio, tomando perfectamente aquellas curvas, atrapando a un ladrón y atrapándome a mí. ¿Existió alguna vez? ¿Se salió de aquella carretera? ¿Existo yo? ¿Me salí de una carretera? ¿Existe realmente algo? ¿Mi corazón roto? ¿María con sus muslos y sus manos? ¿Lola, tan preciosa cuando se ríe? Siempre que acaban las películas la beso. Y puedo recordar la textura suave de sus labios, la respiración de Grace acariciando mis labios. Siempre puedo repetir y repetir y repetir, como todo en la vida se repite, porque todo es siempre viejo y falso y acabado. Irreal.


El prejuicio

Daniel Wazne

Cuando Khadija salió del cuarto de baño de mujeres de la estación de autobuses, empujando pesadamente su carrito de limpieza, iba renegando por lo bajini de su trabajo cutre de limpiar la mierda de los demás; especialmente los días de máxima afluencia de viajeros, como aquel veinticuatro de diciembre. Al entrar al aseo

masculino un chico salió apresuradamente, sudando. Y de no ser porque supo apartarse a tiempo, la habría arrollado; sin pedir disculpas y sin ni siquiera mirarla. Ella le increpó algo en su lengua natal mientras lo veía perderse entre la malgama de cuerpos apresurados que correteaban por allí. Rápido se olvidó del incidente. Era su estrategia habitual en días así: no pararse a pensar esos detalles. Porque si tuviera que centrarse en todos los desprecios que sufre una empleada de la limpieza al cabo de su jornada de trabajo, no tendría hueco en su carrito para guardar tanta basura. Sin embargo, mientras se enfundaba sus guantes de fregar, dispuesta a restregar la escobilla por un váter sucio y maloliente, no tuvo más remedio que prestar mucha atención a lo que se encontró al empujar la puerta del primer aseo. El pelo se le erizó bajo su impoluto hiyab. Y la sangre se le heló de tal modo que su tez morena se convirtió en la piel lechosa de una irlandesa en Benidorm el primer día de vacaciones. Tirado sobre el inodoro, tapado, había una prenda extraña, muy parecida a un chaleco, con una serie de elementos abultados, todos ellos conectados


por unos cables que desembocaban en un interruptor. En su estupefacción, sus manos actuaron más rápido que su mente al tener la osadía de cogerlo para observarlo más de cerca, cosa que no hubiera ocurrido si lo hubiera pensado dos veces. Antes de darse cuenta, un hombre entraba silbando y casi bajándose la bragueta. Cosa que tampoco hubiera ocurrido si, por el encontronazo con el otro joven, no se hubiera olvidado de bloquear la entrada con el carrito para que no la interrumpieran en su trabajo. Su piel, ahora, por una sensación entre vergüenza y culpa, era la de la misma turista irlandesa, pero ahora tras su tercer día en Benidorm. No hubo tiempo de intercambiar nada más que una mirada. Cuando su cerebro encontró la ruta para articular las palabras de una explicación creíble, el hombre ya estaba en la comisaría de la estación dando parte a la autoridad competente. Sin saber cómo, se vio rodeada de unos cinco agentes visiblemente nerviosos. Se encontraban por primera vez ante una situación de esas características ante la cual, a pesar de todas las advertencias acumuladas, nunca

se está preparado del todo; al menos en la primera ocasión. El más osado de todos ellos, nadie sabe si el más experimentado, empuñó su arma y orientó el cañón hacia la cabeza de Khadija. Este gesto pareció llenar de valor a los demás compañeros, que lo emularon inmediatamente. Ante la amenaza armada solo le salieron palabras en su lengua materna. “¡La, la, la, la…!”. Alguien debió entender Alá. Un ruido como de petardo resonó dentro de aquel aseo de caballeros, al que le siguieron media docena más. A Khadija ni siquiera le dio tiempo a que su pulgar alcanzara el interruptor que tenía en su mano: a modo de defensa, o de venganza, quizá. Se desplomó en el suelo ante la mirada de aquellos hombres, que tampoco tenían muy claro lo que acababa de pasar. Y, de fondo, los alaridos de pánico ante la amenaza terrorista. Su cuerpo, muerto, no tuvo más remedio que seguir la estrategia habitual de su mente en aquellos días tan estresantes: no enfadarse por el mayor de los desprecios que jamás le habían hecho durante una jornada laboral.


CINE

Terror + Ciencia Ficción = Alien, el octavo pasajero

En 1979, Ridley Scott decidió no ponerse ni colorado, y filmar una obra maestra del cine de Ciencia Ficción, que a pesar de tener casi cuarenta años, no deja de estar de moda, y no puede recibir apenas críticas negativas, ni siquiera de los amantes de los efectos digitalizados, porque está tan bien hecha, que salvo por los detalles de los ordenadores, podría estar rodada en la época actual. Nostromo es una nave comercial, comandada por el capitán Dallas (Tom Skerritt) y la teniente Ripley (Sigourney Weaver), que está de regreso a La Tierra, cuando a mitad de camino, el ordenador central de la nave despierta a sus siete tripulantes de la hibernación en la que se encuentran

para sobrellevar el viaje al detectar señales extrañas procedentes de un misterioso planeta. Al aterrizar para comprobar la naturaleza de las señales, descubren una extraña forma de vida nunca antes vista. Será en ese momento cuando, sin desearlo, incorporarán un nuevo compañero de viaje. Alien consigue atraparte en una permanente tensión desde los primeros minutos de película, yendo desde la incertidumbre inicial hasta el terror posterior, pasando por momentos de ansiedad sostenida por los 116 minutos que dura. Y lo consigue gracias a dos cuestiones fundamentales, la primera es el ambiente oscuro y claustrofóbico en el que se desarrolla, y la segunda, porque el bicho es acojonante, aparte de estar muy bien hecho, hasta el punto de parecer de verdad. Supongo que ese


realismo se lo proporciona el hecho de ser un señor disfrazado y no esas aberraciones a ordenador que nos colocan hoy en día en el cine fantástico. Esta peli le sirvió de impulso a la carrera de Siguorney Weaver, que la verdad es que lo hace bastante bien. Hasta ese momento no había tenido más que una aparición menor en Annie Hall, de Woody Allen, y desde entonces, su filmografía no ha parado de crecer, hasta el punto de seguir en activo. Aunque ha alternado pelis de todas las calidades posibles, desde malas hasta muy buenas, aquí os van unas recomendaciones: Aliens, el regreso (segunda parte de Alien, el octavo pasajero); Gorilas en la niebla (que le valió la nominación al Oscar); Avatar (bastante espectacular); Cazafanatasmas I y II (estas las recomiendo porque son un clásico de los 80). En cuanto a Ridley Scott, debo decir que me provoca

sentimientos ambivalentes, porque si bien es cierto que ha hecho pelis muy buenas, las ha entremezclado con cosas bochornosas. Quizá el peor ejemplo de esto último es la precuela precisamente de Alien, titulada Prometheus, y que no le llega a la suela de los zapatos. Para no dejaros con mal sabor de boca, os dejo una serie de títulos que yo creo que os gustarán: Gladiator (pelín sobrevalorada en mi opinión); American Gangster; Black Hawk: Derribado ; Marte (muy recomendable). Y por cierto, que ya pensabais que se me olvidaba, también tiene un Oscar, a los Efectos Visuales, en la edición del 1979, y nominada a la Dirección artística. Pues nada, a disfrutarla, y procurad poner las palomitas lejos, que correréis el riesgo de que os salgan volando y de cortarle la circulación del brazo al que se os siente al lado. Daniel Wazne.


lo que el ojo no ve Luces inesperadas Noemí Benito

años le calcula, quizá sea un humillación que cualquiera sea consciente de esas lágrimas. Pero el chico llora profundamente, con un dolor que le conmueve y que es difícil ignorar. Se acerca titubeando, el chico parece que le mira sin ver entre sollozos. El hombre siente que debe tenderle la mano en esa fría ciudad en la que alguien llora desconsolado en la calle y sólo él se ha

El hombre que lo tiene todo se

detenido. Cuando está a punto de tocarle, el

encuentra un chico llorando en la calle. No

miedo le atenaza, a sus cuarenta tiene miedo

sabe si acercarse o no. Aunque su primer

a que lo rechace, a que no quiera su ayuda, a

impulso ha sido ir a ver qué le pasa, piensa

que reaccione de forma violenta, miedo,

que para un chico de esa edad, unos quince

miedo, miedo. Retrocede, va a marcharse,


seguro

que

no

es

para

tanto,

la

el hombro diciéndolo todo sin decir. Y el

adolescencia es turbulenta pero seguro que

muchacho se rompe, se quiebra llorando aún

el muchacho sabrá arreglárselas. En su

más fuerte. Abre sus brazos y lo deja

interior se desata una batalla entre la

refugiarse, como un padre, con cariño y

sensación de querer consolar a otro ser

firmeza sujeta su universo herido para que

humano y el miedo a otro ser humano, todo

no caiga, para que sepa que no está solo.

muy primario y esencial. Está paralizado sin

El hombre que lo tiene todo ha sentido el

hacer nada cuando de pronto el chico lo ve

tiempo detenido, ni una palabra ha hecho

y lo mira entre lágrimas con el peso del

falta, únicamente compasión y comprensión

mundo en sus ojos. Al hombre que lo tiene

en el lenguaje de la piel. Ambos se separan

todo se le ilumina algo desconocido en el

con esa sensación de paz que da saber que

corazón que borra sus temores de un

también somos eso, humanos llenos de

plumazo, no entiende, no sabe, pero se

luces inesperadas.

acerca al muchacho y le pone una mano en


BÉCQUER EN VERDE viñeta del expocómic

Roslac Noipade


Agenda cultural Invierno 2016 Exposiciones Uno de esos museos pequeños que hay en Madrid, el Sorolla, abre desde el 23 de Noviembre y hasta el 19 de Marzo, sus salas a la muestra, Sorolla en París. Una mirada a la obra que uno de los más famosos y prolíficos pintores españoles dejo en la capital francesa. Y además, la colección permanente del museo. Clásicos Hijo pequeño de la Ópera, pero no género menor, es el musical. Este conglomerado de música, danza y teatro ha dado grandes obras. Una de ellas es sin duda West Side Story, enésima reintretación de Romeo y Julieta, nos cuenta la historia de amor de dos miembros de bandas rivales en el Nueva York de los 50. Con la música de Leonard Bernstein. Por menos de 8€ la película original. Eventos Exposiciones en el salón de Té Shiva o presentaciones de libros o juegos en Generación X de la calle Puebla o conciertos en el Casino. Pásate por nuestros locales y consulta su programación. Siempre tienen algo en mente.

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Creatura invierno 2016  

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