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Las cosas inmutadas José Luis Calva Cruz

FANGO LITERATURA


El mandado De vez en vez la miraba con mi ojo tímido sin llanto, como si al mirarla se me fuera la parte de cordura que me sobraba, la panza hinchada, las manos blancas, blancas, la boca seca y la pierna casi ya carcomida. Mi madre la cuidaba sin miramientos, como sabiendo de antemano que moriría, como sabiendo que era su deber perderle el asco y guardarle una muerte aséptica y con cordura. El lujo nunca se fue de mi abuela, aun conservaba las pulseras caras de la familia, los cuadros de perros de raza, las tazas de porcelana, los candelabros que se asemejaba al de los judíos, todo en su exacto lugar, no tengo idea de como es que se mantenían de tal forma, si hace meses que la abuela no se movía de su lugar. La boca abierta y la mirada perdida, al parecer ni los lujos ya le importaban, se moría en partes, olvidaba cosas, decía disparates y ensuciaba su bata, mas sin en cambio mi madre no se inmutaba, su carácter prudente y sereno me dejaba un tanto preocupada, jamás la había visto tan calmada, la muerte prácticamente le daba esa lucidez. Yo pasaba las tardes aburrida, comiendo a cada rato, al parecer me estaba poniendo gorda, me daba igual ya que mi condición de fémina se achicharraba con el tiempo, mis manos grandes y blancas siempre me produjeron asco, como si de alguna manera admirara lo que no soy. No sabia el porqué de estar metida siempre todas las tarde ahí, al parecer no tenia prisas, Manuel mi esposo no estaba y mis dos hijas estaban en la universidad, fue un momento difícil, es decir, un momento sin razón, efectivamente aumente dos kilos y mi silencioso era mas que evidente, lo que aun no alcanzo a comprender es como seguía metida en la casa de mi abuela. “Abrir las patas antes de que se deban de abrir, siempre fue malo Fabiola”, esa fue la frase que constantemente escuchaba de mi madre, tenia razón, pero ¿y que?, tengo treinta y nueve años, ahora ya soy una persona madura y puedo decir que no me arrepiento de nada mas que de haberme casado con el imbécil de Manuel. ¿Por qué tengo estas reflexiones mientras la anciana se muere? La cordura nunca ha sido mi fuerte, menos en estas ocasiones, pero como dije extrañamente estoy siendo pasiva, creo que mi gordura lo refleja. La abuela abre la boca y la mosca rodea el labio superior, la tierra la reclama, no quiero pensar en como es que tendré que caminar casi dos


horas para llegar hasta el panteón, ¿Por qué no hicieron mas cerca el panteón de la iglesia?, es verano y hace un calor infernal, mas que en este pueblo casi no hay tiendas, debería estar en la ciudad, le dije a Jimena que me acompañara, es muy aburrido estar con mi madre, no dice nada, solo cuida de la abuela y se percata de que todo este en su lugar, solo se percata, mas no hace para digamos mover las manos y acomodar las cosas, ¿mi madre aun tendrá sexo?, eso me parece gracioso, es viuda desde hace cinco años, debería de buscarse a alguien ya. Una vez mi madre me dijo que seria difícil que alguien realmente pudiera soportarnos, “no se como Manuel te aguanta”, yo me pregunto lo contrario, ¿Cómo es que yo lo aguanto?, es un imbécil, siempre viendo el futbol, ¿Qué carajos gana?, su vida es graciosa, llega del trabajo, se acuesta, ve el futbol, pregunta sobre lo que paso en el día, y se duerme, ya hace muchos meses que no me toca, es un imbécil. La abuela a muerto, mi madre no derrama ni una sola lagrima, ¿abran comprado el mandado las niñas?, creo que no pueden ni hacer eso, en cuanto termine el funeral me voy rápidamente, que bueno que la abuela se murió lunes, para así poder justificar mi falta en el trabajo. El pequeño Vaya, vaya que si aplastas mis ganas de ver, reluciente Joshua, pequeño y miserable Joshua, vistes de blanco, remangadas las mangas, vistes de gris y vuelcas tus ojos a mi, yo princesa de las calles y barrios coloniales, deslumbra, vaya que vas de prisa, pisa y pisa, maneja y maneja. Pequeño engreído, buscas el dolor y reclamas cuando ha llegado, no hables Joshua, solo conduce y barre mis manos con tus caricias, que las francas mentiras que me dices me convencen. Pequeños pueblos y yo con las gafas, busca el camino que nos llevara hasta el despeñadero, muerte segura, “que putas dices”, mastica el chicle el pequeño Joshua, agarra la entrepierna y diviértete con las vacas que pasan sin preocupación, ¿matón?, no lo creo, acude a mi el recuerdo del verano en que nos conocimos Joshua, viste las hojas como caían, ¿de película Joshua?, parque lleno de gente, globos y enamorados diciendo negligentes frases de amor, tu y el león dorado que llevabas en el pecho. El casco dice “no regreses a casa”, sabemos


que somos dos náufragos, dos solitarios, eres tan engreído Joshua, tal vez por eso te amo, buscas en donde no hay, te transformas en bestia y en cálido gorrión cuando se necesita, no buscas mas que tu felicidad y la mía, desquitas las ganas que tienes de amarme y en el primer pueblo te para y hacemos el amor como si nunca lo hubiéramos hecho, ¿acaso eres un loco?, dices esas cosas raras que no se si son ciertas, buscas y buscas hasta el fin aquellas estaciones ferrocarrileras que tanto te atraen, buscas un fantasma, eso si que es de locos, a veces pienso que mientes, piensas que eres como los gringos pero eres mas mexicano que el nopal, sin embargo sabes mucho, no lo niego, en el carro gritas como si te escucharan, sabes que estamos lejos de casa, que las comidas de ma’ se quedaron en la mesa, sabes que no volverás, sabemos, ¿tres?, ¿cuatro?, sepa’, muchos días fuera. Sabemos que somos dos muertos, por eso es que nos reímos mas, es cierto que cuando mas cerca se siente la muerte es cuando mas se ama, eso dice el viejo, no quites tu mano de mi pierna, me haces sentir deseada Joshua, eso me gusta, a pesar de que mi carne esta batida entre los asientos del carro, la sangre mancho el volante y el vidrio, tu cabeza incrustada en el cristal y mis manos destrozadas, los volteamos hacia el cielo, con los ojos bien abiertos, mirando hacia no se donde, ¿esto es la muerte Joshua?, deberá de ser una de tus tantas bromitas. Partimos en las colosales guerras que habías hecho en honor a tu arrogancia, convertiste en oro las garras que traías de ropa y manipulaste mi visión de la vida, no tienes llenadera pequeño, sabes que no has de quedarte quito ni un instante pero confió en que un día no muy lejos los dos estemos en silencio, confió en que mi imprudencia se acabara con tu partida, mis patas de cielo y las luces que se colaron van y emigran, Joshua, mi pequeño Joshua, por ahora estamos varados, aquí muertos y sin poder movernos. Ahora entiendo porque es que le tapan los ojos a los muertos, nos vemos horribles pequeñin, ve esa mirada como perdida, si buscabas siempre esa locura creo que con ese rostro la alcanzas, no busques mas Joshua, las paredes ya están de lamina y las manos quitas, aunque me temo que te enojaras el día que te recen, tu mami a pesar de que te odia estoy segura de que te dará santa sepultura, eso me daría gusto verlo, tal vez hasta te revuelques en tu propia tumba, un rezo por aquí, otro por allá; las


botellas se acabaron y la mano en mi pierna se encierra como si fuera su ultimo recuerdo de este mundo.

Rubén Rubén Apodaca contaba con 45 años, tenia dos hijos, una joven de 20 y un niño de 13, su esposa María Castrejón trabaja en las afueras de la ciudad en una cocina económica, Rubén, “el poda” como le decían sus amigos, salió de su casa el 23 de octubre a las 9:30 pm, nunca regreso. Rubén era comerciante, vendía fayuca en la ciudad, se iba desde las 9 de la mañana y regresaba por eso de las 7 a su casa, la gente que lo conocía mencionaba que él era un hombre sereno, gustaba de los tragos en la cantina de don Maciel, solo se tomaba un trago de tequila después de su comida, según el para mantenerlo joven. Rubén era metódico, cada uno de los integrantes del mercado sabia la hora exacta en la que llegaba y en la que se iba, comía a las 3 en punto, regresaba treinta minutos después, se le veía siempre mordiendo un mondadientes, decía que era para que no extrañara tanto el cigarro, eso de alguna manera minimizaba el ansia; siempre con su periódico y platicando con la clientela, Rubén se distinguía entre los demás, a pesar de ser una persona que no termino la secundaria, tenia bien infundido la costumbre de leer a diario el periódico, según el “porque no me gusta andar sin saber nada de nada”. Según algunas personas Rubén era buena gente, pero cuando se trataba de “los culeros” a esos si que se los ponía en su lugar, “no me gusta que los de arriba se sobrepasen con uno”, de hecho por su carácter recio y aventurado se le había propuesto que fuera el jefe del sindicato de los trabajadores del mercado, que los representara pues, él se negó, decía que él no era bueno para eso de la política, pero después de unas cuantas muestras de que no era tan difícil como él pensaba, acepto dicho mandato, pero dijo que no respondería por las cosas que pasaran, “ya saben que uno trae los huevos bien puestos”.


Rubén fue encontrado con dos disparos uno en la pierna izquierda y uno, el que lo mato, en la cabeza; algunos afirman que fue venganza del señor Gabriel Acosta, ya que al no querer Rubén obligar a las personas del mercado por su partido este se indigno de tal forma que podría haber mandado matar a Rubén. El acusado fue llevado a juicio, se le encontró inocente por falta de pruebas, su familia no se quedo conforme con el dictamen, pero doña María ya no podía llevar el caso, era demasiado costoso para ella. Así pasaron dos años y no encontraban al culpable, hasta que un día sin más, un testigo ocular atestiguo todo El señor caminaba por la calle, cuando por alguna extraña razón corrió hacia donde estaba una persona que llevaba una chamarra negra, le golpeo en la cara, lo arrastro hasta donde estaba un poste, ahí lo siguió golpeando, el hombre sin mas al recibir mas de 20 golpes saco un arma y mato a don Rubén. “Pues no sé que tenia contra ese señor pero le tenia odio, casi puedo jurar que el asesino se vio obligado a matarlo, si no el muerto iba a ser el”, dijo el testigo. Sin duda alguna todos los del mercado juraban que eran cuestiones políticas, acusaban directamente a don Gabriel, decían que Rubén no le lamio los “huevos” como los demás y de ahí la furia, no tenia duda, se sabia conocedores de la verdad. Recios y torpes fueron a gobierno, reclamaron que encarcelaran a Gabriel Acosta, no había mas que verle el rostro para pensar que es un matón, es un criminal, un verdadero hijo de puta, gritos, el metiche observaba las bocas abiertas y las camisas sucias, al querer tumbar la puerta de gobierno los policías salieron a calmar el alboroto, eran mas civiles, los policías apenas si podía detener el gentío, “siempre se pasan de listos cabrones”, decía un anciano con su palo amenazando a un policía que detrás del maso contenía su miedo. Al final, dos personas hospitalizadas, uno con el ojo casi destrozado, no se podía esperar mas y esto fue escandalo estatal, se volvió a tomar el caso, Gabriel Acosta fue encarcelado y todo acabo sin replicas. Rubén gritaba desde su tumba, el amante, el amante.


La mente “para lo que pensaba tener y solo en sueños se aparecía” Y es cuando duermo, cuando veo y cansado observo el viejo edificio, muro, torre de oscuro cuerpo, en medio del mar se clava, quiero y quiero, miro y miro, ¿será?, viento, sueño, casa palmar y su vieja camina sobre el mar, mira como es que eso tan grande se puede sostener en el mar, es un edificio mijo, mírelo, gris el cielo, no se tape los ojos mijo, véalo es el edificio y el mar, ¿será?, si papi, se vuelca el niño al abdomen del viejo. La playa como si nublado, ¿Cómo llegar hasta allá?, nada, no se nadar, ahora si puedes, sigue y llega hasta donde esta la torre, esa cosa enorme, llego y al final descubro que hay mas torres en medio del mar, ¿Cómo son hijo?, grito, es un ejercito papi, ¿será?, nos desmayes, pero despiertas y el viento helado de la ventana nos jalo en este desayuno, no se detiene y cuando habla mami no hay vuelta atrás cereal, lechita pa’ el estomaguito, mira la ventana, llueve, es la ventana de madera, madre grita, “apláquese mi angelito”, su maquillaje tan caro, es mi madre el quiosco, nos alumbra y en ella reposamos, “edificios mami, así grandotes, eran muchos, como piezas de ajedrez”, televisión no mas rufián, duermes tarde y escuela espera, papi me deja, si pero papi no te levanta, él trabaja temprano, beso de avioncito. El perro camina parado, es dragón y gatito a la vez, ¿perro-dragón?, color y escudo para el, se siente bien tener mascota, correa aprieta mucho, buscar carrito, el muerde y destroza, me gusta y su olfato. De las casas sale el confeti, todo se vuelve gris y las luces de los faroles crecen, el tambor suena y la trompeta igual, un desfile a medio caminar, el dinosaurio escurridizo con las manos pequeñas, helado ha de querer, mi cama vuela y el camino, cielo, estrella lejana. Abre la lengua, dulce de algodón, ¿y mi perrito?, el edificio aparece en medio de nuevo, mar y el anuncio, “hope”, distancia mi vida, no te apresures, esa ola es tremenda, mami ya se nadar, mi papi, el me enseño, lagarto rosa y lámpara de explorador, el juego comienza, edificio 24,25,26, pierde su tiempo majestad, son infinitos, el traje le queda bien, gracias señor, es de los mejores, solo para usted, la lámpara sin desnudar, da miedo la


oscuridad y en mi cama duerme mi mascota. Si despertar es la regla ocĂşlteme entre mis sabanas, ÂĄvaya realidad!


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