Page 1

Educar para la Soberanía Alimentaria

Introducción Educación y alimentación son prácticas culturales que se cruzan en varios aspectos. Por un lado, la alimentación es un “contenido” del currículum de la escuela, aunque cada vez menos presente. En la época en la que curse el secundario, allá por la década del ’90, existía una asignatura que se llamaba “Educación para la salud”, donde se trataban temas como

la

alimentación

saludable,

enfocada

desde

la

perspectiva del valor nutricional de los alimentos, siempre desde las ciencias “duras”, Biología, Física y Química. En otras oportunidades, los docentes proponen la temática de la alimentación

para

la

realización

de

algún

proyecto.

Alimentación, generalmente asociada a sus trastornos como bulimia y anorexia, son “ubicadas” junto a tabaquismo, alcoholismo, Bullying y VIH como “temáticas” que se abordan desde una metodología tradicional basada en el “trabajo en grupo” que consiste en “buscar información”, “hacer un afiche” y “dar lección oral”. El proyecto generalmente termina con una “campaña” que consiste en pegar carteles con frases elaboradas por los estudiantes en los pasillos de la escuela. Por otro lado, la escuela es un espacio donde los niños, niñas y jóvenes se alimentan. Compran comida en los kioscos 1


Educar para la Soberanía Alimentaria

durante los recreos y, muchas veces, almuerzan allí. De hecho, los comedores escolares hacen parte de la vida diaria en las escuelas públicas, donde millones de niños, niñas y jóvenes garantizan su almuerzo diario. Cabe mencionar que a la hora de ponerme a escribir estas líneas, se desarrolla una polémica debido a un Programa llamado “Escuelas Saludables”1 que se está intentando implementar en las escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, desarrollado por los ministerios de educación y de Salud de la Ciudad y un conjunto de “organizaciones del tercer sector” en el que figuran Monsanto, Coca Cola, Danone, Bayer, Unilever, Syngenta, Basf, entre otras. Sabido es que estas empresas dedicadas, algunas de ellas, a la elaboración de productos alimenticios ultra-procesados y, otras, a la investigación sobre transgénesis,

producción,

comercialización y distribución de granos y agrotóxicos, tienen otros objetivos que distan de la alimentación saludable y su promoción. ¿Acaso Coca Cola, una de las principales causantes de obesidad infantil en el mundo, va a divulgar que se consuma agua en lugar de sus productos? ¿Es esperable

1

http://www.laizquierdadiario.com/Monsanto-y-Coca-Cola-quieren-evaluar-laalimentacion-de-los-ninos-de-las-escuelas-portenas 2


Educar para la Soberanía Alimentaria

que

Monsanto

divulgue

el

consumo

de

alimentos

agroecológicos sin tratamientos químicos? ¿Dirá Danone que sus productos contienen cantidades de azúcar altamente perjudiciales para la salud? ¿Qué hay atrás de todo esto? ¿No se tratará de una estrategia de mercado más? ¿No se estará buscando “estudiar” los hábitos de consumo de nuestros niños y niñas?

Esta situación nos plantea la necesidad urgente de abordar temáticas vinculadas a la Soberanía Alimentaria en las 3


Educar para la Soberanía Alimentaria

escuelas, ya que no debemos reducir esta cuestión a las graves

situaciones

que

acechan

a

las

comunidades

campesinas como los desmontes, desalojos, fumigaciones, etc. El mercado y las empresas multinacionales que lucran a costa de nuestra salud2, junto a los gobiernos neoliberales que en la región participan activamente en la producción y distribución

de

productos

alimenticios

ultra-procesados,

hacen de la Soberanía Alimentaria una reivindicación que nos compete a todos y todas, en el campo y en la ciudad. Es más, los modos de vida urbanos son una amenaza constante a la Soberanía Alimentaria: el consumo de productos alimenticios ultra-procesados a través de cadenas de grandes supermercados, la paulatina -y ya bastante avanzada- tendencia a comprar comidas preparadas, las dimensiones cada vez más pequeñas de las cocinas en las casas y departamentos, la concentración de la oferta en pocas empresas, el “bombardeo” de publicidad, entre otros aspectos, moldea

sistemáticamente

nuestros

gustos

y

preferencias, nuestro uso del tiempo, nuestras prioridades, y

2

Baste una breve referencia en esta nota: http://www.laizquierdadiario.com/Galletitas-lo-que-las-empresas-nos-ocultan 4


Educar para la Soberanía Alimentaria

hasta nuestra capacidad de discernir entre qué es sano, bueno, nutritivo, y qué es perjudicial para nuestra salud. ¿Cómo es posible que existan personas que le exijan las certificaciones a un productor que vende huevos de gallina en una feria local y tolere, en cambio, consumir huevos envasados comprados en el supermercado, producidos en condiciones que desconoce, mediante un proceso que desconoce, por personas que desconoce, en lugares que desconoce, almacenados en galpones que desconoce, y expuestos a la venta desde una fecha que desconoce, sin exigir certificación alguna? ¿Sabrá esa persona que, por sólo poner un ejemplo, los huevos son “puestos” por gallinas que son condenadas a una vida sin descanso mediante el uso de lámparas que simulan la luz del día las 24 horas, alimentadas con productos balanceados elaborados con restos de soja transgénica, gallinas que suelen lastimarse en sus celdas y que por eso son inyectadas con antibióticos y que además conviven con sus excrementos en espacios reducidos? ¿Sabrá que esos huevos son luego depositados en grandes galpones donde circulan ratas, palomas y otros bichos transmisores de múltiples enfermedades antes de llegar a las góndolas de los supermercados? ¿Sabrá que en esos 5


Educar para la Soberanía Alimentaria

criaderos trabajan niños y mujeres embarazadas que manipulan productos tóxicos y están en contacto con animales con parásitos, entre otras enfermedades?3

Pero esta gente no sólo suele desconocer todo esto. También desconoce la lucha que vienen llevando adelante miles de personas a lo largo y ancho del país, del continente, y del mundo entero, nucleados en movimientos campesinos, indígenas y urbanos, para defender el derecho a una alimentación saludable, alimentos producidos sin uso de 3

Conocemos muchas de estas atrocidades a partir de la triste muerte de Ezequiel, un niño que trabajaba en uno de los criaderos que producía huevos para la empresa “Nuestra Huella” en Buenos Aires. Para más información, ver el documental “La Cáscara Rota”, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=KGuYK2qaD2M 6


Educar para la Soberanía Alimentaria

agrotóxicos, alimentación respetuosa de los valores culturales de cada comunidad, que no colabora con el calentamiento global y que es económicamente justa. Desconoce además, que esta práctica es ancestral, y que los pueblos indígenas de América la vienen llevando adelante hace siglos, cuidando de la tierra, las semillas, el agua. Muchas de estas personas son docentes. También son trabajadores sociales y psicólogos que trabajan en gabinetes escolares.

Muchos

operadores

de

programas

sociales

vinculados a la alimentación. Lamentablemente, muchos son cocineros y cocineras de comedores escolares, comunitarios o de organizaciones sociales. Y no son culpables por ignorarlo. Es difícil sortear los blindajes mediáticos de los que gozan quienes se benefician económicamente a costa de nuestra salud. Los manuales escolares y los diseños curriculares tampoco proponen un tratamiento serio y actualizado de la temática. En mi caso, fue a partir de mi trabajo como educador popular que me vinculé con movimientos campesinos y a partir de allí, con las cuestiones acerca de la Soberanía Alimentaria. A su vez, fue a partir de la coordinación de talleres de huerta con jóvenes de los barrios populares de San Fernando y mi 7


Educar para la Soberanía Alimentaria

participación

coordinando

talleres

para

cocineras

de

organizaciones populares urbanas, que las cuestiones que vinculan la educación y la alimentación se fueron cruzando en mi camino. Así fui conociendo gente especializada, muchos de ellos militantes populares de la causa, he tenido que estudiar y conocer experiencias, y a su vez, “pasar por el cuerpo” todo lo que venía reflexionando, produciendo muchos cambios en mi propia alimentación y consumo. Así nace este libro: con el afán de contribuir a la sensibilización y el abordaje de la Soberanía Alimentaria en las escuelas y en las organizaciones populares las cuales, de manera más o menos explícita, se vinculan con cuestiones como la alimentación y la educación. Este libro está destinado a educadores y educadoras que trabajan en movimientos y organizaciones populares urbanas, así como a maestras y maestros, profesores y profesoras, cocineras escolares,

y

cocineros psicólogas

de y

comedores psicólogos,

comunitarios

y

trabajadoras

y

trabajadores sociales, y a toda persona interesada en trabajar esta problemática desde el lugar en el mundo en el que eligió participar.

8


Educar para la Soberanía Alimentaria

Sepan las y los lectores que quien escribe no es un técnico ni un especialista, sino un educador popular, militante de la causa. Sepan comprender entonces el lenguaje coloquial y la abundante referencia a anécdotas provenientes de la experiencia personal. Sepan también disculpar posibles deslices

en

algunas

referencias

conceptuales

y

terminológicas. Este libro fue escrito en el andar y publicado con la urgencia que su tema merece a la luz de los tiempos que corren.

9


Educar para la SoberanĂ­a Alimentaria

10


Educar para la Soberanía Alimentaria

1. Soberanía Alimentaria desde los Movimientos Populares ¿Qué es la Soberanía Alimentaria? Comencemos por el principio. Intentaré en este capítulo definir qué es la Soberanía Alimentaria, fundamentalmente desde las propuestas que vienen llevando adelante los movimientos campesinos e indígenas a lo largo y ancho del planeta. Para esto, me parece pertinente distinguirlo del concepto

“Seguridad

Alimentaria”,

entendido

como

“el

derecho de todas las personas a tener una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada y suficiente”, como lo define la FAO en 1974. Lamentablemente, como plantea Oscar Carballo, en la década de 1980 se presenta este concepto “por los organismos y gobiernos neoliberales como una ‘capacidad’, trasladando la responsabilidad de la alimentación a cada individuo; de esta forma, para lograr la seguridad alimentaria era necesario mejorar la producción y calidad biológica de los alimentos”4. Así, los estados han

4

VV.AA. Seguridad y Soberanía Alimentaria. Librería Akadia Editorial. Buenos Aires, 2014. Pág. 17. 11


Educar para la Soberanía Alimentaria

propiciado la fabricación de alimentos ultra-procesados a bajo costo que permitía el acceso a las mayorías empobrecidas. Tengamos en cuenta que cuanto más procesados están los alimentos, más económica es su producción, porque se sustituyen materias primas naturales por químicos producidos en laboratorios. Es necesario enmarcar esto en la expansión de la frontera agropecuaria: países como el nuestro, “necesitaba” la tierra para la producción de granos, en especial de soja, para crear “comodities”, así como para la producción de bio-combustible. El “granero del mundo” -siempre orientado al mercado externo- ya ni siquiera produce granos para la alimentación, la tierra ya no se utiliza para producir alimentos. Es decir que el acaparamiento de tierras de forma ilegal por parte de empresarios del agro, con la consecuente violencia sobre las comunidades campesinas e indígenas, la superproducción de alimentos ultra-procesados en manos de un puñado de empresas multinacionales5 que concentran todo el mercado, el establecimiento de supermercados extranjeros que fue asfixiando a los pequeños mercados, ferias y despensas, el 5

No son más de 10, entre ellas: Kraft, Coca-Cola, Kellog’s, Pepsico, Mars, Unilever. 12


Educar para la Soberanía Alimentaria

crecimiento y consolidación de locales de “comida chatarra”, y un “bombardeo” publicitario que asocia los alimentos ultraprocesados a la juventud, al placer, al éxito, a la salud, fue permeando en nuestras subjetividades hasta modificar de manera radical nuestros hábitos de consumo y nuestra cultura alimentaria con sus efectos nefastos en la salud. A su vez, todo este modelo produjo sin más, crisis económicas y financieras, sociales, ambientales, etc. La premisa es mejorar progresivamente la tecnología para maximizar la producción y productividad minimizando costos y riesgos y maximizando la rentabilidad a corto plazo. Dentro de este paradigma alimentario, cabe la posibilidad de producir alimentos transgénicos, fumigados y fertilizados con químicos letales como el glifosato, utilizando maquinarias que hacen que cada vez se precise de menos trabajo en el campo, pelando literalmente los campos e inutilizando la tierra a mediano plazo. El impacto de la globalización que provocó la internacionalización de los mercados agrícolas, exigiendo a cada país la especialización en la producción de alimentos para lo que supuestamente es más eficiente (siempre hablando desde la óptica del mercado), dejando en manos del

mercado

de

alimentos 13

-un

pequeño

grupo

de


Educar para la Soberanía Alimentaria

comerciantes

transnacionales-

este

derecho

humano

fundamental. Según Miryam K. de Gorban, de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA, hablar de Soberanía Alimentaria “implica tener una mirada muy amplia sobre el modo de producir, de comercializar, de distribuir, de consumir los alimentos dentro de un determinado contexto histórico y político, y al hacerlo hoy, implica partir de un modelo capitalista de producción estrechamente ligado al modelo hegemónico

mundial

altamente

concentrado

y

trasnacionalizado”.6 En el año 1996, en el marco de la Cumbre de los Pueblos en Roma, la Vía Campesina7 plantea la utilización de la 6

Gorban, Miryam. Hablemos de Soberanía Alimentaria. Mónadanomada, Octubre 215. Edición digital disponible en: http://www.slideshare.net/calisanutricion/cuaderno-para-la-soberania-alimentarianro-1-hablemos-de-soberana-alimentariamiryam-gorban-monadanomada-ed-sep2015 7 “La Vía Campesina es el movimiento internacional que agrupa a millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo. Defiende la agricultura sostenible a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad. Se opone firmemente a los agronegocios y las multinacionales que están destruyendo los pueblos y la naturaleza. La Vía Campesina comprende en torno a 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de África, Asia, Europa y América. En total, representa a alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas. Es un movimiento autónomo, pluralista y multicultural, sin ninguna afiliación política, económica o de cualquier otro tipo”. Disponible en: https://viacampesina.org/es/index.php/organizaciainmenu-44 14


Educar para la Soberanía Alimentaria

concepción de “soberanía alimentaria”, que “constituye el derecho de cada pueblo y de todos los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos, a fin de garantizar una alimentación cultural y nutricionalmente apropiada y suficiente para toda la población”, y luego, en 2002, se considera que la “soberanía alimentaria” constituye “el derecho de los pueblos a definir sus

propias

políticas

sustentables

de

producción,

transformación, comercialización, distribución y consumo de alimentos, garantizando el derecho a la alimentación de toda la población”8.

8

FAO. “Ley marco: Derecho a la alimentación. Seguridad y Soberanía Alimentaria”. 2013. Disponible en: http://www.fao.org/fileadmin/templates/righttofood/documents/project_m/doc/Ley_ Marco_DA_Parlartino.pdf 15


Educar para la Soberanía Alimentaria

Desde la Soberanía Alimentaria, el alimento no se considera una mercancía. Su producción debe ser sustentable social y ambientalmente, basada en el modelo agroecológico, lo que implica a su vez generación de trabajo digno y una economía social y solidaria que permite la comercialización del productor al consumidor. Aparecen otros actores, no ya las agencias multilaterales o empresas transnacionales, sino las organizaciones de la agricultura familiar, campesinas e indígenas,

de

derechos

humanos,

ambientalistas,

de

consumidores responsables, etc. Finalmente, diremos que para el paradigma de la Soberanía alimentaria, no alcanza con facilitar el acceso de alimentos, sino que además estos alimentos deben ser sanos, de calidad para todos los pueblos, mediante un control social de los bienes naturales, la producción,

transformación

y

comercialización

de

los

alimentos. En

este

contexto,

centenares

de

organizaciones

y

movimientos sociales vienen abrazando la causa de la Soberanía Alimentaria y articulando sus luchas por la tenencia de la tierra, por el agua, las semillas, contra los desalojos, contra la minería a cielo abierto, etc. A su vez, intentan anticipar el mundo en el cual aspiran a vivir y por el 16


Educar para la Soberanía Alimentaria

cual luchan, promoviendo redes de comercio justo y consumo responsable, ferias de intercambios de semillas, talleres y cursos

de

formación,

etc.

en

medio

de

bloqueos,

recuperación de tierras, marchas y tomas de ministerios y oficinas públicas, etc.

Bloqueo a Monsanto en Malvinas Argentinas, Córdoba.

En nuestro país, en su mayoría son movimientos campesinos, indígenas y de agricultores familiares urbanos los que levantan la bandera de la Soberanía Alimentaria. A su vez, la mayoría de estos movimientos se asumen dentro de la Corriente

Latinoamericana

de

Educación

Popular9,

procurando espacios de formación de sus miembros que van desde campamentos y talleres a articulaciones con el sistema formal, creando escuelas, tecnicaturas, y hasta carreras 9

Michi, Di Matteo, Vila. Recuperar y recrear. Una mirada sobre algunos debates en la educación popular. EN: Revista Debate Público 3, Buenos Aires. Pp. 83-96. 17


Educar para la Soberanía Alimentaria

universitarias10. A su vez, consideran la lucha y la vida cotidiana dentro de la organización, como espacios-tiempo formativos y creadores y re-creadores de cultura11. De ellos podemos aprender muchísimo acerca de procesos educativos y Soberanía Alimentaria.

Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) En Ojo de Agua contra la megaminería.

Para concluir, diré que es imprescindible acercarse a estas experiencias para poder acceder a una mirada cabal de la problemática de la Soberanía Alimentaria. Más allá de las 10

Baste mencionar la Escuela de la Memoria Histórica, el Campamento Latinoamericano de Jóvenes, la Tecnicatura en Agroecología, la Escuela Campesina y la Universidad Campesina, todas iniciativas del Movimiento Nacional Campesino Indígena, perteneciente a la Vía Campesina. 11 Michi, N. Movimientos Campesinos y Educación. Editorial El Colectivo, Buenos Aires. 2005. Pág. 29. 18


Educar para la Soberanía Alimentaria

definiciones teóricas, las leyes y declaraciones, la Soberanía Alimentaria es una práctica concreta que implica, desde el hacer mismo, la puesta en marcha de una otra forma de producir, comercializar y consumir nuestros alimentos.

19


Educar para la SoberanĂ­a Alimentaria

20


Educar para la Soberanía Alimentaria

2. Resistencia creativa en prácticas en torno a la alimentación: Una degustación desde la memoria histórica I. Hace algún tiempo, desencantado por la falta de “novedad” en la producción académica escrita, me propuse explorar y ensayar nuevas formas de escritura. Esto me llevó a recuperar las experiencias (propias y ajenas) y encontrar en ellas la fuente de conocimientos que las más de las veces se escapan al ojo del intelectual. Llegué a la conclusión de que las prácticas y la memoria histórica poseen una potencia que casi siempre se mueve a mayor velocidad que la teoría y que ésta se empobrece cada vez que prioriza la erudición al conocimiento, y que el conocimiento es el esfuerzo colectivo de reconstruir las experiencias, siempre condicionadas por aspectos estructurales y coyunturales más amplios. Así, se va tejiendo una trama abigarrada de aspectos micropolíticos junto a condicionamientos políticos, históricos, sociales y culturales que se trasladan espacio-temporalmente en la memoria larga de los pueblos. Esta memoria larga, en nuestro caso siempre colonial, dependiente y oprimida, se 21


Educar para la Soberanía Alimentaria

revisita creativamente en la memoria corta de nuestra propia experiencia cotidiana, signada por rebeldías, resistencias, y construcción de alternativas, como un magma proveniente de una placa tectónica subterránea que sale a la superficie de vez en cuando, reactualizando un mapa de luchas que va de la conquista hasta nuestros días. En este esfuerzo, me he propuesto para este artículo una metodología particular, que llamaré “escribir desde las experiencias”. Así, fui enlazando aspectos biográficos y genealógicos propios con los procesos históricos y sociales que se sucedieron en nuestro país, y en el mundo en general. Para

esto,

consideré

dos

dispositivos

reflexivos:

“la

didactobiografía” propuesta por Estela Quintar, y el trazado de

una

genealogía

propia,

ambas

como

tareas

descolonizadoras sobre mi propia subjetividad. Desde una perspectiva de Memoria Histórica, procuré articular las experiencias

personales

y

familiares

reconstruidas

a

diferentes dimensiones de análisis de la realidad históricosocial. Pero este ejercicio de memoria histórica no intenta promover una mirada nostálgica -como esas “memes” de Facebook en el que dicen “si no jugaste en la calle, no tuviste infancia” o “si 22


Educar para la Soberanía Alimentaria

sabes qué es el cassette, ponele like”-. No intento “afectar” moralmente a lectores ni sumirlos en la melancolía. Todo proceso de reconstrucción de memoria histórica es un hecho político: lo que se desprende de este relato es cómo, en cuestiones tan cotidianas como la alimentación, se fueron modificando

prácticas

culturales,

valores

sociales,

conocimientos, encuentros intersubjetivos, es decir, de qué manera se ha modificado la relación con nosotros mismos, con los otros y con el mundo en nuestro país, al menos en los últimos 30 años, que son los que llevo vividos. Y también de qué manera resistimos y reconstruimos creativamente desde nuestras culturas y territorios, prácticas saludables en torno a la alimentación. El resultado es el siguiente texto sobre la resistencia creativa en prácticas en torno a la alimentación…

II. Nací en 1982. Se terminaba la dictadura en mi país y comenzaba a sentirse en el aire la rebeldía contra los militares en el poder y la alegría de visualizar el retorno a la democracia. Mi primera infancia se desarrolló en ese clima democrático-primaveral que no tardó en mostrar sus límites y fisuras. 23


Educar para la Soberanía Alimentaria

En mi casa, se desayunaba y merendaba té o mate cocido y pan con manteca o mermelada. Sólo circunstancialmente, íbamos a “lo de Hugo”, el almacén de la vuelta de mi casa y compraba un cuarto de galletitas, que se exhibían en cajas y se fraccionaban para la venta. Hugo las exhibía en una especie de bodega que me fascinaba; me encantaba entrar a esa “cava” de galletitas y elegir. Luego, Hugo, con un guante de nylon, seleccionaba un cuarto, las pesaba en la balanza, tomaba la bolsa por sus extremos y la giraba graciosamente para finalmente hacer un nudo. Escribía el precio en un pedazo de papel de fiambrería cortado en tiras y abrochado en la parte superior como formando una pequeña libreta. Con respecto a las mermeladas, mi vieja solía hacer mermelada de membrillo y también, en el mismo proceso, separaba la jalea. También hacía dulce de tomates. También recuerdo que una vez mi mamá compró una yogurtera, que era un electrodoméstico con forma de OVNI, con el que hacía yogurt casero y luego le agregábamos un poco de azúcar para que no fuera tan ácido. Cuando iba a la casa de mi abuela en Belgrano, tomaba té inglés con scons. Mi abuela, décima hija de padres ingleses, única nacida en Argentina, guardaba celosamente las 24


Educar para la Soberanía Alimentaria

costumbres de su familia, por lo que, gracias a ella, desde chico conozco el chutney, el curry, el apple crum, el yorkshire pudding, o el plum pudding (que lleva un largo y delicado proceso), y el té de bergamota, el té de jazmín, siempre en hebras, servido en una tetera con un cubre-tetera tejido con lana para mantener el calor. Pero también estaban los yuyos, el té de cedrón con hojitas que cosechaba de la planta que estaba en la casa de mi papá, era cita obligada después de las comidas pesadas. En mi casa se comía de todo, pero destaco las hiabras, los niños envueltos, y las empanadas árabes, influencia directa de mi ascendencia española, fruto de la presencia de los moros en la península. Por parte de mi viejo, desde chico aprendí a comer guisos “a la española”, cargados con pimentón “La Lidia”, cuya lata exhibía un torero y que siempre me llamó la atención. También comía pulpo a la española, paella (“hoy es caro”, dice mi viejo siempre, “pero esto era lo que comían los pobres”), tortilla de papa (con chorizo colorado) y las comidas criollas, como el locro o la carbonada (con orejones de durazno). También hacía mi viejo quinotos y zapallos en almíbar. Los quinotos los cosechaba de una planta que tenía en su jardín, 25


Educar para la Soberanía Alimentaria

que con mi hermana sacábamos y comíamos sin siquiera lavarlos primero, y que me encantaban porque era como comerse una naranja en miniatura, con cáscara y semillas. La textura de la cáscara, el ácido del quinoto, el sacarlo de la planta y consumirlo en el momento, todo eso me apasionaba. Y respecto de los zapallos (así como con los orejones de la carbonada o el dulce de tomates de mi vieja) me asombraba la posibilidad de poder consumirlos salados o dulces. Y también eso de tener que dejarlos en remojo con cal viva para que se endurezca la parte exterior, siendo la cal un elemento extraño a la cocina. Lo destacable de mi viejo siempre fue el asado: comí en mi infancia chinchulines que mi papá trenzaba cuidadosamente, pero también comí achuras que no volví a comer, como la ubre, por ejemplo. También me apasionaba el asado a la cruz, y todas las horas que destinaba mi viejo a su cocción. A la noche, mi viejo amasaba pizzas y prendía el horno de barro (que calentaba durante horas y luego extraía todas las brasas para introducir la comida). También hacía en el horno de barro empanadas santiagueñas, carnes y verduras. Me acuerdo que un verano que pasé en la casa de mi papá, salíamos temprano a la mañana a caminar, y caminábamos 26


Educar para la Soberanía Alimentaria

kilómetros cada mañana, yo iba mirando los árboles, las plantas, las casitas, y a los muchos perros que tenía mi viejo en esa época y que vivían de las más variadas aventuras en cada salida. Al volver, comíamos unas sopas de verduras “con todos los colores” que hacían, según mi viejo, que me volvieran los colores al cuerpo, porque terminaba pálido de la caminata y el apetito. Alguna que otra vez, hemos comido raviolones caseros de espinaca o acelga con seso. Y también tallarines caseros (hechos con la pastalinda) con salsa de caracoles. También probé en mi infancia la criadilla (huevos de toro, para decirlo en criollo). Con respecto a la bebida, siempre tomé agua, escasamente jugos, y casi nunca gaseosas, sólo en eventos especiales. El agua se hervía en la casa de mi vieja, sobre todo en los tiempos del cólera, y era bastante horrible, pero era lo que había para tomar. Mi viejo, que vive en una zona semi-rural, hizo hacer un pozo de más de 70 metros de profundidad, por lo que el agua es fresca y verdaderamente insípida. En verano hacíamos licuados, y jugos naturales, pero no era cosa de todos los días. En una época, antes que yo naciera, mi viejo laburaba en la “Pepsi”, por lo que mis hermanos 27


Educar para la Soberanía Alimentaria

consumían gaseosa a diario (mi viejo dice siempre que en esa época pensaban que estaba buenísimo, que no había conciencia del mal que estaban produciendo). Pero cuando me tocó a mí, ya no había gaseosas sino en las fiestas o algún fin de semana especial. Me gustaba ir a lo de mi papá y tomar Granadina con soda.

III. “Venía la carne con cuero/ la sabrosa carbonada/ mazamorra bien pisada,/ los pasteles, el buen vino/ pero ha querido el destino/ que todo aquello acabara”, reza el Martín Fierro. Pero tengo que aclararle, estimado José Hernández, que no ha sido el destino. Las cosas están siendo así, pero pueden ser de otra manera. Volviendo al relato, diré que el neoliberalismo fue avanzando, y con él se fueron modificando las costumbres alimentarias de mi familia. Ya entrados los ’90, recuerdo a mi viejo alucinado con la soja: tomábamos leche de soja, comíamos pastel de papá con soja texturizada en lugar de carne picada, milanesas de soja, brotes de soja, la soja parecía ser una revolución. Era un boom. Y encima era barata. También recuerdo cuando empezamos a llamar al “delivery”: pizzas, 28


Educar para la Soberanía Alimentaria

empanadas, y hasta asado, siempre con una gaseosa para acompañar. Esta práctica había empezado a coexistir con la comida casera, pero con bastante protagonismo (llegábamos a pedir una o dos veces por semana). Era práctico y rápido. No ensuciabas nada. Pronto, las galletitas dejaron de venderse

fraccionadas

para

aparecer

en

paquetes.

Empezaron a llegar galletitas importadas y golosinas de todo tipo. Se popularizaron los snacks (palitos salados, chizitos, papas fritas). Aparecieron las latitas de gaseosa. Pero la contracara de toda esta superproducción de alimentos ultraprocesados era la pobreza y el hambre. Me acuerdo, ya en el secundario, que nos mostraron un video de una “supersopa” enlatada que estaba terminando con el hambre en África debido a sus cualidades nutricionales. Esto estaba enmarcado en lo que, tiempo después aprendí, se llama “seguridad alimentaria” definida por la FAO en 1974 como “…el derecho de todas las personas a tener una a alimentación

cultural

y

nutricionalmente

adecuada

y

suficiente”, pero que luego fue tomada por los gobiernos neoliberales

y

traducida

en

términos

de

“capacidad”,

“trasladando la responsabilidad de la alimentación a cada

29


Educar para la Soberanía Alimentaria

individuo”,12 así, para lograr la seguridad alimentaria, era necesario “mejorar” la producción y calidad biológica de los alimentos.

Consecuentemente,

se

internacionalizó

la

producción, transformación y circulación de alimentos. Así, se priorizaba facilitar el acceso de alimentos a la calidad nutricional, y al respeto por los aspectos culturales que envuelven a la alimentación. Lo importado, lo exótico, lo barato, lo rápido, fue desplazando poco a poco la alimentación sana, natural, y casera. La actividad familiar ya no era cocinar sino ir al supermercado. Los productos alimentarios congelados, los enlatados, los deshidratados provocaron grandes transformaciones en un muy corto plazo con respecto a los modos de conservación de los alimentos. Ya no era necesario “dejar en remojo” las legumbres, ni hacer escabeches, vinagretas o almíbares. Se popularizó el freezer. Ya no alcanzaba con la heladera con congelador. Recuerdo que en mi infancia se estilaba tener en los jardines de las casas higueras, granadas, limoneros, ciruelos, tunas. Me acuerdo de juntar naranjas amargas de los árboles de la 12

Carlos Carballo “Soberanía alimentaria y producción de alimentos en Argentina: situación actual y desafíos para la transición”. EN: Miryam K. de Gorban “Seguridad y Soberanía Alimentaria”. Ed. Akadia, Bs. As. 2014. Pp. 19 y ss. 30


Educar para la Soberanía Alimentaria

calle para hacer dulce, de mancharme el delantal con el jugo de las moras, y de robarle a una vecina, las granadas de una planta que estaba prolijamente podada. También me acuerdo de la huerta en la casa de mi viejo, donde había de todo y donde aprendí mis primeros pasos como “agricultor urbano”. Todos estos recuerdos coexisten con otros, como cuando aparecieron en la verdulería esas “papas peludas” que tiempo después nos dijeron que eran kiwis y que eran una fruta.

IV. Ya pasados mis 20 años, comencé a vincularme con el movimiento

campesino

a

partir

de

mi

trabajo

en

organizaciones comunitarias urbanas. De ellas y ellos aprendí muchas cosas vinculadas al trabajo colectivo, la organización popular y la lucha cotidiana que llevan adelante en resistencia contra el agronegocio que envenena, desaloja, depreda el ambiente y asesina. También aprendí sobre agroecología (que no es lo mismo que agricultura orgánica, porque ésta pude ser un “agronegocito” como llaman los brasileros del Movimento dos Trabalhadores Sem Terra –MST), y sobre la memoria histórica. Todo esto, bajo dos de sus “propuestas”: la reforma agraria integral y la Soberanía Alimentaria. 31


Educar para la Soberanía Alimentaria

Además, puedo consumir sus alimentos producidos de forma agroecológica, sanos y culturalmente apropiados, y justos comercial y laboralmente hablando, aportando así a su lucha, a su supervivencia y, sobre todo, a un otro modelo de alimentación. Por esos rumbos, me dediqué, desde mi tarea como educador, a realizar talleres de huerta en casi todos los grupos en los que participé, además de hacer un curso durante dos años. Hoy en día, a mis 33 años, estoy coordinando un espacio de encuentro

entre

las

cocineras

de

las

organizaciones

comunitarias que conforman la Red de organizaciones para la cual trabajo (RAE). En estos encuentros, en los que nos propusimos, entre otras cuestiones, recuperar la memoria histórica en torno a la alimentación con las compañeras, se viene produciendo conocimiento colectivamente a partir de las experiencias particulares que cada compañera vivió en su infancia en el campo (en diferentes provincias y países limítrofes), los cambios que se fueron produciendo al migrar a las ciudades, la transformación de su cultura alimentaria de origen por otra basada en productos alimentarios ultraprocesados, y su participación como cocineras-educadoras 32


Educar para la Soberanía Alimentaria

en sus organizaciones. No es que no prestemos atención a las cuestiones tradicionales de la capacitación en “nutrición”, “manipulación de alimentos” y “normas de seguridad e higiene”, pero aprendimos en el andar que quienes comemos, no ingerimos nutrientes, sino comida, con todo lo de cultural, poético y político que hay en esta afirmación. Un plato servido enseña muchas cosas”, dijo alguna, alguna vez; ellas, que se consideran a sí mismas “las educadoras del sabor”.

V. Hoy ya no vivo con mi vieja. He formado mi propia familia: vivo con mi compañera y mis dos hijas, de 3 años una, y de 3 meses la otra. Toda mi experiencia en torno a la alimentación que relaté hasta acá influyó de manera cabal sobre mi propia cultura alimentaria (y la que intento reproducir creativamente en mi familia). Ahora yo soy el padre que enseña a sus hijas a cocinar, a alimentarse de forma variada, a preferir lo natural a lo ultraprocesado, a consumir lo casero por sobre el “delivery”. He recuperado muchas de las recetas de mi familia y las cocino habitualmente, y he sumado otras que fui recogiendo por el camino. Claro que estas prácticas en torno a la alimentación se desarrollan en un contexto bastante 33


Educar para la Soberanía Alimentaria

desalentador: la hegemonía cultural de la comida chatarra, el insuficiente tiempo para cocinar, el precio de algunos alimentos naturales y la dificultad de acceder a ellos debido a su escasez, se mezclan con la voluntad y la convicción de que

la Soberanía

Alimentaria

(que no es

seguridad

alimentaria, claro está) no es un concepto abstracto ni un “slogan” vacío Alimentaria

de contenido, sino

que

la

Soberanía

“empieza por casa”, con cada decisión que

tomamos en torno a nuestra alimentación. Cada vez que hago una vinagreta o un escabeche; cada vez que cocino quinotos o zapallos en almíbar; cuando hago mermeladas o dulces; cuando cocino para mis amigos, olladas de guiso “a la española” o un locro; toda vez que amaso pan con mi hija más grande para el desayuno y siento que, al menos esa mañana, no estamos consumiendo galletitas con lecitina de soja, grasas trans, y demás “venenos legales”; cada vez que degustamos miel extraída del monte por manos campesinas que resisten en sus territorios al modelo depredador del capitalismo extractivo-exportador; al usar la pastalinda para hacer fideos caseros; en los encuentros con las compañeras cocineras en los que compartimos experiencias y construimos conocimiento crítico, resistente y creativo… en todas estas 34


Educar para la SoberanĂ­a Alimentaria

ocasiones, siento que mi cuerpo, mis emociones y mi mente, (y de quienes comparten conmigo el camino) se descolonizan un poco mĂĄs.

35


Educar para la SoberanĂ­a Alimentaria

36


Educar para la Soberanía Alimentaria

3. Soberanía Alimentaria en tiempos de crisis “La especulación sobre los alimentos básicos, aunque sea legal, es un crimen contra la humanidad que los países democráticos deben impedir”. Jean Ziegler13. Kennedy, el que fuera presidente de Estados Unidos, dijo una frase que quedó en el inconsciente colectivo: “Los chinos utilizan dos pinceladas para escribir la palabra crisis. Una pincelada significa peligro, la otra oportunidad”. Hoy, la derecha utiliza esta concepción para referirse cínicamente a sus políticas de ajuste. ¿Cuándo empezó esta crisis? ¿Cómo se originó? ¿Cómo la podemos revertir? Resulta violento ver cómo los medios de comunicación hegemónicos presentan informes con “tips” para reducir gastos induciendo a la población a administrar su dinero prescindiendo, por ejemplo, de asistir a eventos culturales, ejerciendo un control social que moldea la subjetividad en torno al consumo, los gustos, los intereses y

13

Ex relator de Derecho a la Alimentación de la ONU.

37


Educar para la Soberanía Alimentaria

necesidades. Medios de comunicación que, a su vez, operan de forma cómplice con los responsables de la crisis. También resulta violento escuchar a los funcionarios decirnos que estábamos “de colados” en una fiesta a la que no habíamos sido invitados. Y que si dejamos de comprar, la “mano invisible” del mercado hará que los precios bajen mágicamente. Pero también cabe preguntarnos: ¿Qué consecuencias trajo en la cultura del consumo el supuesto “círculo virtuoso” de la economía que reinó en la década pasada? En este artículo me referiré a, quizás, la más vital de las necesidades, además de ser el pivote que mueve la economía mundial: me refiero a los alimentos. Los precios de los alimentos aumentan diariamente. Junto a los otros aumentos, vuelven imposible mantener los niveles de consumo que existían años anteriores. Algunos grupos de consumidores “organizados” y de partidos políticos opositores convocan al boicot a los supermercados, a quienes responsabilizan por los aumentos de precios. La modalidad es sencilla: convocan, en una fecha específica, a no comprar en supermercados por 24 hs. Claro que estos gestos son 38


Educar para la Soberanía Alimentaria

insuficientes, y se justifica su fracaso diciendo que en Argentina “no tenemos una cultura ciudadana de defensa de derechos” o que “no tenemos una cultura del boicot”. También los escuché decir: “en los países del primer mundo el boicot funciona”, cayendo en un lugar en el que muchos de ellos nunca hubieran deseado caer. La puja por los precios y el “juego del hambre” que trae aparejado, debe ser necesariamente enfrentados. Pero estas crisis nos permiten aguzar una “mirada periférica” atendiendo a otros aspectos que se esconden detrás de la disputa por el precio de los alimentos. No puedo dejar de preguntarme si superar la crisis implica que los supermercados bajen los precios o si no se tratará por fin de empezar a prescindir de los supermercados. Las compras

en

redes

de

comercio

justo

y

consumo

responsable14, las compras mayoristas y comunitarias, la producción de los propios alimentos, el rescate de las “recetas de la abuela”, y la “cultura de la alacena”, nos permitirían prescindir del supermercado, así como recuperar la Soberanía Alimentaria en nuestras casas. Claro que esto 14

En la actualidad, estas redes ofrecen “bolsones antiajuste” con ofertas en alimentos y productos de higiene y limpieza. 39


Educar para la Soberanía Alimentaria

no es fácil ni estará exento de contradicciones, como dice Silvia Rivera Cusicanqui: “el que una colectividad atomizada pueda enfrentar y triunfar sobre una estrategia política destinada a jugar con la necesidad más vital de las personas, no es algo que ocurre fácilmente en una sociedad que, como todas las que se han articulado hace mucho al mercado capitalista, sucumbe al fetichismo de la mercancía y al egoísmo del consumo personal”15. Entonces diré que el problema no es que los supermercados aumenten los precios sino que, para superar la crisis, hay que recuperar nuestra cultura alimentaria. Superar la crisis es jugarse de lleno por la Soberanía Alimentaria. No sólo dejar de comprar en supermercados por un día, sino, en la medida de lo posible, directamente dejar de comprarles y así, dejar de comprarle a las pocas multinacionales que manejan el mercado

de

productos

alimentarios

monopólicamente:

Molinos, Unilever, Pepsico, Nestlé, Kraft, Coca Cola, Mars, Kellogg’s, etc. Conjuntamente

con

recuperar

la

soberanía

política

y

económica, recuperaremos la salud, porque estas empresas 15

Cusicanqui, S. Hambre de Huelga. EN: El Colectivo 2. N°4. La Paz. Agosto, 2010. Pp. 49 y ss. 40


Educar para la Soberanía Alimentaria

multinacionales no sólo venden caro, sino que moldean nuestro gusto y nos inoculan enfermedades que, lentamente, destruyen nuestro cuerpo. Algunos especialistas en el tema, y no es extraño afirmarlo, sostienen que se trata de un genocidio.

Mapa de empresas que controlan el mercado alimentario.

Hasta hace unas décadas nomás, comprábamos alimentos no perecederos en el almacén y frescos en ferias. Nuestros abuelos tenían gallinas y huertas en sus casas. No faltaban en los jardines, un árbol de limón, un ciruelo, un palto, tuna, o granada. En el Puerto de Frutos, por ejemplo, comprábamos 41


Educar para la Soberanía Alimentaria

la fruta de estación. Hoy, el Puerto es un shopping y la economía isleña está destruida, provocando la migración de los jóvenes al continente desmontando así todo un sistema de vida a cambio del desarraigo de muchos y llenando los bolsillos de unos pocos, quienes utilizan la Isla para desarrollar

un

turismo

depredador.

Los

desmontes

y

desalojos violentos que se viven en las comunidades campesinas, el monocultivo de soja y el uso de agrotóxicos, hacen parte del mismo modelo. Se dirá que volver al tiempo de nuestros abuelos es imposible.

Y

es

cierto.

Será

difícil

volver

al

autoabastecimiento total de alimentos. Esto, porque una de las mayores victorias de nuestro época ha sido la colonización del tiempo. Hoy no “tenemos tiempo” para producir nuestros alimentos porque trabajamos todo el día, porque la organización familiar lo impide, porque tenemos que actualizar la información en nuestras redes sociales, etc. Es mejor “usar el tiempo” para otras cosas. Conjuntamente con la supuesta “falta de tiempo”, fuimos perdiendo el gusto por el cocinar, el sentido y la importancia de la producción casera de alimentos, el valor de la salud y su relación con la alimentación, y sucumbimos a la colonización del gusto, 42


Educar para la Soberanía Alimentaria

“prefiriendo” una hamburguesa en un local de comidas rápidas a las albóndigas de la abuela. Lo “rico y sano” se sustituyó por “rápido y fácil”. Soberanía Alimentaria en nuestras casas implicará volver a cocinar, a encontrar el placer en el hacer, en cocinar con nuestros hijos y así criarlos en una otra cultura alimentaria. Soberanía Alimentaria será volver a consumir productos frescos, producidos cerca de nuestras casas, alimentos de estación. Soberanía Alimentaria será volver a escuchar(nos) nuestros cuerpos, atender a cómo se siente después de comer, qué está pidiendo, que pide que dejemos de comer. “El cuerpo es también el reducto profundo del que nace la ética interpersonal, la empatía colectiva, el llanto y la solidaridad”16. Soberanía Alimentaria será elegir, con nuestros salarios, a qué modelo económico queremos aportar: si al de las grandes empresas multinacionales que nos envenenan o a la economía social del pequeño productor familiar, que cuida la tierra y todo lo que de ella brota. Soberanía Alimentaria supone volver a encontrarnos con los otros, volver a organizarnos, recomponer el tejido social, construyendo 16

Cusicanqui, S. Op. Cit. 2010. Pp. 49 y ss. 43


Educar para la Soberanía Alimentaria

vínculos basados en la reciprocidad, la solidaridad, y la responsabilidad, desde el cuidado de sí, de los otros y del mundo. Con el hambre no se jode. Pero mientras unos pocos especulan

con

nuestra

vida,

nosotros

resistimos

creativamente, nos pasamos secretamente las recetas para prescindir de sus alimentos ultraprocesados, nuestras casas vuelven a oler a pan recién horneado, volvemos a hundir las manos en la tierra para sembrar nuestras verduras. Mientras tanto, nos vamos sanando ante tanto veneno en paquete. Espero que, cuando los precios se normalicen, ya no necesitemos preocuparnos por ellos. San Fernando, Otoño de 2016.

44


Educar para la Soberanía Alimentaria

4. Decir “orgánico” no es lo mismo que decir “agroecológico” En este apartado, propongo discutir el concepto de “agricultura orgánica” en contraposición al de “agroecología”. Fue en un Campamento Latinoamericano de Jóvenes organizado por la CLOC-Vía Campesina en la Universidad Campesina del MOCASE, en Ojo de Agua, Santiago del Estero, donde escuché, en boca de un compañero del Movimiento

Sin

Tierra

de

Brasil,

el

concepto

de

“agronegocito”, lo que me permitió iniciar una reflexión sobre estas cuestiones. En los últimos años se inició un boom de lo “natural”. Han proliferado personas, sobre todo jóvenes urbanos de una clase acomodada, que abrazaron la idea de iniciar huertas orgánicas en sus casas, así como también emprendimientos empresariales, algunos pequeños y otros no tanto, de “delivery”

de

verduras

orgánicas,

mercados

y

ferias

“orgánicas”, etc. El precio que se paga por un producto “orgánico” es desorbitante, llegando hasta el 300%, en 45


Educar para la Soberanía Alimentaria

algunas oportunidades, de aumento respecto de un producto “no orgánico”.

Por otro lado, vemos en los movimientos campesinos, abrazar el concepto de “agroecología”, que si bien comparte algunos presupuestos con la agricultura orgánica, como la no utilización de agrotóxicos, por ejemplo, se diferencia de la agroecología de manera categórica. Como dice Luis Skupieñ, Ingeniero Agrónomo de la Cooperativa Agroecológica del Litoral: “la producción orgánica es un modo de producir que busca la preservación del ambiente y el cuidado de la salud del consumidor; puede ser más o menos materialista, más o menos mercantilista, más o menos comunitaria en su mirada. La

agroecología

es

una

propuesta

metodológica

de

transformación social, que plantea modos de producción, transformación y consumo que respeten la diversidad natural y

social

de

los

ecosistemas

locales

y

aseguren

la

sustentabilidad. Es siempre solidaria, comunitaria, local, ecosistémica en su mirada.”17

17

http://caminoverde.com.uy/diferencias-entre-agroecologia-y-produccion-

organica/ 46


Educar para la Soberanía Alimentaria

El concepto de agroecología está íntimamente asociado al de Soberanía Alimentaria y al de Reforma Agraria Integral, es decir, es una categoría profundamente política, “este modelo de agricultura, además, es el único que puede producir alimentos sanos y desarrollar una política de soberanía alimentaria, donde cada pueblo –todos los pueblos– pueda y deba producir sus propios alimentos”18 como dicen los/as compañeros/as del ANAC – Vía Campesina de Cuba. Los productos “orgánicos” y sus mercados Es común ver empresas vinculadas a la agricultura orgánica, como por ejemplo, aquellas que ofrecen entregas a domicilio de

verduras.

Empresas

de

particulares

que

poseen

extensiones de tierra de su propiedad, cámaras refrigerantes propias, camionetas para garantizar el flete, etc.

Son

negocios privados, donde si bien la intención es la de comercializar alimentos sanos, no por eso plantean un cambio en el paradigma de la agricultura. No se oponen necesariamente al modelo del agronegocio, sino que de alguna manera son parte de él. Asistimos, así, a una especie de “moda” de lo “orgánico” (moda que parece sana pero 18

http://www.viacampesina.org/downloads/pdf/sp/2010-04-14-rev-agro.pdf 47


Educar para la Soberanía Alimentaria

cuyas dietas muchas veces son contradictorias), pero costosa para el bolsillo y superficial en sus objetivos políticos, vinculados generalmente a una “revolución de la alimentación sana”). ¿Quiénes consumen estos productos? Gente con poder adquisitivo alto o medio alto, que está en condiciones de pagar muchas veces el valor de un producto por el agregado de ser “orgánico”. Pero cuidado. Dice Skupieñ: “Como producción orgánica, y por

ende

producción

productos o

orgánicos,

proceso

se

productivo

entiende

aquella

agropecuario

y

agroindustrial en el que no se utilizan determinadas sustancias que están proscriptas por un protocolo, que se rige de acuerdo a legislación vigente. Producir en forma orgánica es, entonces, producir de acuerdo a un determinado reglamento. ”La reglamentación y la certificación orgánica hacen hincapié en la seguridad del consumidor y del medio ambiente. Se busca

la

obtención

de

un

producto

química

y

bacteriológicamente sano (…) que haya sido producido sin

48


Educar para la Soberanía Alimentaria

afectar al medioambiente con residuos tóxicos y que no implique riesgos para la salud del consumidor. ”Se puede cultivar orgánicamente frutillas, algodón, trigo, aún en monocultivos; se puede aplicar agroquímicos –hay una larguísima lista de productos comerciales aprobados- a condición

de

que

no

estén

prohibidos

por

las

reglamentaciones, porque no causan daño ambiental ni son riesgosas para la salud del consumidor. ”Así es que se puede tener un monocultivo de 40 has de frutillas, al que se le aplican muchos productos comerciales (hormonas,

sales

minerales,

promotores

defloración,

aminoácidos, extractos vegetales) y ese cultivo certifica como orgánico si está dentro de los límites de la normativa.”19

También vemos la proliferación de ferias que comercializan alimentos orgánicos, entre otros productos “naturales” y “artesanales”. El valor del alquiler de los puestos es descabellado, y el valor de los productos hace que sólo

19

http://caminoverde.com.uy/diferencias-entre-agroecologia-y-produccion-

organica/ 49


Educar para la Soberanía Alimentaria

quienes tengan un muy buen pasar económico puedan acceder a ellos.

En este tipo de emprendimientos no interesa alimentar al pueblo, ni que sea el pueblo el que soberanamente decida qué alimentos consumir, quiénes los deben producir, qué modelo de producción llevar a cabo, etc. Es más, detrás de estos emprendimientos “orgánicos”, muchas veces hay explotación laboral, trabajo en negro, contratación de niños y niñas, entre otros mecanismos de reproducción del Sistema Capitalista.

Agroecología en la ciudad En la otra vereda, los/as compañeros/as del MNCI-VC (Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina) de nuestro país, nos dicen al respecto: “es importante desarrollar la agricultura urbana, las huertas agroecológicas y los mercados solidarios en las barriadas urbanas (…) es fundamental establecer no solo la vuelta al campo sino construir alternativas en la ciudad para de millones de personas que se encuentra en los cinturones de las periferias.” Es decir que la agroecología está vinculada en las 50


Educar para la Soberanía Alimentaria

ciudades, a la posibilidad de generar respuestas a los problemas de los sectores populares, a su alimentación, al trabajo, así como promover nuevas formas organizativas hacia la transformación social. Es clara la diferencia con el modelo

anterior:

los

emprendimientos

privados

antes

mencionados, nada tienen que ver con “mercados solidarios en las barriadas urbanas”, sino, como me decía una feriante de “Sabe la Tierra”20 de Tigre: “la feria la ponen los miércoles en este horario (mediodía) para que las amas de casa de guita vengan a gastar”.

Ahora estamos en condiciones de volver al inicio del documento e introducir el concepto de “agronegocito” al que aludía el compañero del MST, refiriéndose a la llamada “agricultura orgánica” y decir que nunca mejor puesto, que quienes queremos y luchamos por la transformación social en general y por la Soberanía Alimentaria en particular, tenemos que asumir la agroecología donde no hablamos de negocios, ni de emprendimientos privados, ni de lucro, sino de producción colectiva a base de participación y organización 20

“Sabe la Tierra” es una iniciativa que nace en San Fernando, Pcia. de Buenos Aires, y que luego se extiende a otros municipios, de instalación de ferias de venta de productos “orgánicos”, “artesanales” y naturales, en pos de “crear una cultura sustentable” (www.sabelatierra.com). 51


Educar para la Soberanía Alimentaria

popular, de derecho a la alimentación del pueblo a través de la generación de mercados locales populares, la promoción de huertas agroecológicas, etc. Y todo esto, en el marco de una lucha aún más grande: contra las multinacionales del agrotóxico, el monocultivo, el desmonte y la minería a cielo abierto; contra los asesinatos de los/as compañeros/as militantes populares en el campo y la ciudad; contra el modelo

de

la

“revolución

verde”,

la

“sociedad

de

conocimiento” y la expansión descontrolada de la frontera agropecuaria para la siembra de soja. Esta lucha es territorial, nacional, continental y mundial. En eso andamos.

52


Educar para la Soberanía Alimentaria

5. Soberanía Alimentaria, entre “volver al campo” y “ruralizar la urbe” I. Hace un tiempo vi un documental sobre los procesos de autonomía de campesinos del Valle del Cauca, Colombia, en el que un joven campesino establecía categóricamente que “el campesino debe ser un campesino integral (…) debe producir hortalizas, debe producir frutas, debe producir los lácteos, procesarlos, inclusive las frutas, procesarlas, hacer sus mermeladas, sus vinos, producir café, transformarlo, comercializarlo. El campesino que va a poder sobrevivir a esta arremetida es el campesino que es integral, el que piensa, el que vive esa economía para ganar autonomía”.21 ¿Y en las ciudades? ¿Cómo recuperar la integralidad y ganar autonomía? ¿Cómo volver a reunir los múltiples pedacitos en los que fragmentaron, individualizaron, y corrompieron nuestras subjetividades, para controlarnos, homogeneizarnos y normalizarnos? ¿Cómo hacer de esto un proyecto político?

21

https://www.youtube.com/watch?v=nWut0fDMEqc 53


Educar para la Soberanía Alimentaria

Me acordaba entonces de la apuesta del Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina para promover la “vuelta al campo” de familias que habían emigrado a las ciudades. Pensé esta idea de “volver al campo” como una metáfora para quienes vivimos en las ciudades y no tenemos ni intensión de -ni voluntad para- ir a vivir a una zona rural. Metáfora que nos abre a la posibilidad de recuperar y recrear la vida humana. Hace unas noches volví sobre esta idea y me acordé de Francisca Fernández quien, en su artículo “A ruralizar la ciudad: resistencia y comunalidad en la urbe” propone la “ruralización” como una manera de construir alternativas que nos permitan experimentar “cómo quienes habitamos en la ciudad podemos integrar elementos de la vida rural para nuestra sustentabilidad, pero sobre todo para vivir en armonía con los seres que nos rodean, en tanto sujetos de la naturaleza (y no sobre ésta)”22. Vovler al campo, ruralizar la urbe. ¿Qué hay en el campesino, en el indígena, que no hay en la ciudad? ¿Qué se nos perdió? Traigo presente al músico santiagueño Jacinto 22

http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/A_ruralizar_la_ci udad_resistencia_y_comunalidad_en_la_urbe 54


Educar para la Soberanía Alimentaria

Piedra: “Dicen que en la ciudad perdido/ dicen que se enterró/ entre cemento y fierro/ dicen que el hombre ya se murió”. Y traigo a Jairo Restrepo, con su dedicatoria/poema: “A los campesinos del mundo”23: “Los legítimos profesores, los que enseñan sin títulos, pupitres y malicias académicas. A los campesinos, que sin burocracia y sin hipocresía permiten el aprendizaje y su reproducción del saber sin derechos de autor. A los campesinos, que sin publicaciones técnicas brindan herramientas prácticas y saben perdonar la deformación académica, la traición y la inexperiencia de las universidades agrarias. A los campesinos, que sin medir esfuerzos son solidarios en cualquier momento que se necesiten. A los campesinos, que todavía resisten para no dejarse quitar y expulsar de su tierra.

23

Dedicatoria de Jairo Restrepo Rivera en su Libro “ABC de la Agricultura Orgánica”. 55


Educar para la Soberanía Alimentaria

A los campesinos, que con valor y gallardía todavía no se dejan joder del Estado y de los burócratas del agro. A ellos, los campesinos, a los que no se les conoce la corrupción, los que construyen patria sin raponerías y sin ser politiqueros. A los que el silencio los premia con la sabiduría para producir lo más sagrado, los alimentos. A los que construyen la esperanza de una nación libre y soberana para las generaciones futuras, sin robarles nada, a cambio del olvido. A los que todavía creen, sueñan y construyen utopías de ojos abiertos desde el campo. A los que construyen el canto de la libertad cuando siembran y cosechan. A los que con sus propias manos desde los cultivos, construyen las estrofas del himno de la independencia. A todos ellos, los campesinos del mundo, fuentes de inspiración y solidaridad en los momentos más difíciles de peregrinación de pueblo en pueblo.

56


Educar para la Soberanía Alimentaria

A ellos, los escogidos para reproducir el milagro y la perpetuación de la vida, a través de sus manos y semillas nativas, todavía no mutiladas y secuestradas. A ellos, que con su silencio y arte, recrean y cuidan la vida, preparando la tierra para regresar a ella”.

II. Paul

Goodman,

anarquista

estadounidense

ha

dicho:

“Supongamos que la revolución de la que hemos estado soñando y hablando haya ocurrido ya. Supongamos que nuestro lado ganó y que tenemos el tipo de sociedad que deseábamos.

¿Cómo

viviría

cada

uno

de

nosotros,

personalmente, en esa sociedad? ¡Empecemos a vivir así ahora! Y cuando nos topemos con obstáculos, cosas o personas que no nos permitan vivir de esa manera, entonces busquemos formas de pasar por encima o por debajo de esos obstáculos, o de hacerlos a un lado, y así nuestra política será concreta y práctica.” Esto que Luis Tapia denomina “factualización

de

alternativas”,

Mariátegui

llama

“Prefiguración” y Freire “Inédito viable”, como manera de anticipar, en nuestras prácticas cotidianas, el mundo que 57


Educar para la Soberanía Alimentaria

soñamos, aún inmersos en las contradicciones que esto supone en sociedades capitalistas, patriarcales y colonizadas como las nuestras. Un maravilloso libro que se llama “Rebelarse dese el nosotrxs”24, contiene

un

artículo de

Jérôme

Baschet,

denominado “Ya estamos en camino, haciendo otros mundos”, en el que plantea: “vivimos en el sistema capitalista, pero nuestros vínculos de compañerismo, de amistad, de amor, nuestra intimidad y nuestros sueños, no se rigen, por lo menos enteramente, por normas capitalistas. De no ser así, la vida en el mundo capitalista, que de por sí es insoportable, se volvería literalmente imposible. Si tomamos consciencia de eso, podemos identificar los lugares y tiempos en donde se dan estas relaciones no (totalmente) capitalistas para colocar ahí mentalmente la bandera “espacios libres”. Este gesto puede ayudarnos a tomar conciencia de la existencia de estos espacios, de su importancia, y así defenderlos con más energía, pues están en proceso de ser invadidos y colonizados por las categorías de la sociedad de la mercancía, por la angustia del trabajo (o de la falta de trabajo), por la preocupación del dinero (en este mundo, uno 24

http://www.librerialalibre.org/sites/default/files/archivos/ebook-rebelarse.pdf 58


Educar para la Soberanía Alimentaria

vale lo que gana), por las incitaciones a consumir, por las pantallas de la des- comunicación, por las reglas mortíferas de la competencia (adaptarse o desaparecer), por los estereotipos de vida, por el egocentrismo, la falta de atención a los demás, etc... ”La

creación-defensa-expansión

de

nuestros

espacios

liberados inicia desde lo más pequeño y puede ampliarse a todos las formas de organización tal como las que ya existen en las comunidades, colonias, barrios, casas ocupadas, colectivos de medios libres, movimientos de resistencia para el uso de la luz, así como en muchas otras luchas que se están haciendo presentes a lo largo de este Seminario internacional. Y también podemos tejer redes más amplias, para compartir experiencias y aprender entre muchos, para conocernos mejor. Se trata también de prepararnos – es decir de ponernos bien listos, en todos los sentidos – para esos momentos en los cuales las dignas rabias contenidas se encuentran y se liberan, desmultiplicando la capacidad de acción colectiva y haciendo posible ganar o recuperar espacios liberados mucho más amplios. ”No se trata de crear islitas en donde se podría esperar vivir tranquilos, protegidos de los horrores del mundo actual. Hay 59


Educar para la Soberanía Alimentaria

experiencias de desapego al sistema que parecen ir en esta dirección, y pueden tener sus virtudes. Pero no se trata de crear refugios de vida cómoda (para quienes tienen los recursos necesarios) o nichos de supervivencia (para quienes no

los

tienen).

Si

no

quieren

perder

su

dimensión

anticapitalista, los espacios liberados no pueden preocuparse únicamente por su propia construcción, sin ver que, en sus alrededores, la ofensiva de despojo y desposesión del capitalismo – la guerra contra la subsistencia – sigue avanzando, adueñándose de cada vez más territorios y recursos, para difundir los cultivos transgénicos, para ampliar la explotación minera, para desarrollar megaproyectos contra los cuales la resistencia va creciendo, con la conciencia de que no se trata solamente de defender un lugar de vida sino también de frenar la lógica productivista que el sistema capitalista necesita para reproducirse pero que resulta sin sentido (más allá de la mera búsqueda de ganancia). ”Construir (otra cosa) es intrínsecamente oponerse a, luchar en contra. La opción del “construir desde ya” mueve el tablero y abre nuevas opciones, pero no nos libra de la cuestión de la conflictividad. Pueden configurarse de diferentes maneras

60


Educar para la Soberanía Alimentaria

pero no pueden separarse las tres puntas del triángulo: resistir, enfrentar, construir.” Pero “nuestros espacios liberados no son del todo liberados. Sufren hostigamiento y represión. Se debilitan por los conflictos que aviva la reproducción de formas de ser propias de la sociedad de la mercancía, tal como el individualismo posesivo, las actitudes competitivas, la incapacidad de escuchar, etc. Y, sobre todo, se enfrentan a la falta de recursos: falta de dinero para cubrir las necesidades, falta de producción para acceder a los mercados, falta de acceso a los mercados para los productos... Significa que los esfuerzos para crear, defender y dilatar espacios liberados tienen que luchar en permanencia en contra de la presión que ejerce sobre ellos, y adentro de ellos, la fuerza de la síntesis capitalista.

En

muchos

casos,

esta

presión

lleva

al

debilitamiento, al desánimo, a la implosión”. III. Entonces, de vuelta Francisca Fernández: “la ruralización se convierte en un gesto político, para la recuperación de nuestras soberanías (alimentaria, corporal, habitacional, entre otras). Es una vía para entretejer redes y relaciones, para 61


Educar para la Soberanía Alimentaria

revitalizar lo comunalitario, y también para descolonizar y despatriarcalizarnos. ”Podemos partir con simples gestos, con una huerta en casa, en el barrio, intercambiando y reviviendo el trueque de productos, creando cooperativas de “comprando juntos”, cuidando, almacenando y reproduciendo semillas, y también yendo más allá, recuperando territorios, organizándonos desde la autogestión, construyendo relaciones horizontales desde la ayuda mutua, rompiendo estereotipos que vinculan el trabajo de la tierra con lo femenino. No hay nada más transgresor

y

desafiante

al

capitalismo

que

la

autodeterminación de nuestras vidas cotidianas. ”La ruralización de la ciudad también es un gesto de valoración de los saberes populares, de los abuelos y las abuelas, de los pueblos indígenas, de las organizaciones que históricamente vivieron y lucharon recreando otro mundo posible, en comunidades y barrios, como las tomas de terreno y las actuales huertas comunitarias, que se han ido multiplicando. Es sembrar en patios, balcones y techos, es juntarnos y danzar en plazas y calles, organizando y

62


Educar para la Soberanía Alimentaria

celebrando la vida. Es gritar NO ALTO MAIPO25, es decir NO AL TPP, es recuperar la gestión comunitaria del agua. Es la ciudad inundada y renacida en La Abuela Grillo26. Es recrear el lugar donde queremos vivir. O simplemente es escuchar, o más bien aprender a escuchar a los cerros, a las aguas, a las plantas, que susurran ‘¡Luksic27, ladrón, fuera del Cajón!’.” Espero no haber abrumado con las extensas citas. Muy por el contrario, mi intención fue compartir con las y los posibles lectores algunos textos que me permiten pensar alternativas viables, para hacer realidad la Soberanía Alimentaria en el día a día, con todas las contradicciones y dificultades que surgen, en la tensión entre lo micro y lo macro, entre la lucha y la construcción, entre la resistencia y la propuesta.

25

Proyecto hidroeléctrico en Chile que pretende controlar el Río Maipo para producir energía para el sector privado. 26 Corto de animación: https://www.youtube.com/watch?v=AXz4XPuB_BM 27 consorcio empresarial chileno con la mayor fortuna de su país.

63


Educar para la SoberanĂ­a Alimentaria

64


Educar para la Soberanía Alimentaria

6. Mitos y confusiones en torno a la Soberanía Alimentaria “Lo sano es caro” Hace más de 15 años que trabajo en organizaciones populares urbanas que, entre muchísimas otras actividades, sostienen comedores para niños, niñas, jóvenes y adultos. Cuando empecé, allá por el año ’98, época en la que los niños y niñas se desmayaban del hambre, época en la que los índices de desnutrición infantil eran altísimos entre la población más pobre del país, la consigna era “llenar las panzas”, como fuera posible, con lo que había o se conseguía. Con el paso de los años, estas organizaciones fueron consolidando su trabajo barrial, ampliando sus propuestas, y asociando sus luchas a otras, en pos de cambios más profundos de la realidad. Muchos compañeros y compañeras viajaban a Brasil a conocer la experiencia del Movimento dos Trabalhadores Sem Terra (MST) y a Santiago del Estero a intercambiar con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE-Vía Campesina). Este vínculo permitió 65


Educar para la Soberanía Alimentaria

problematizar luego la tensión entre lo que se entiende como “seguridad subsidios

alimentaria” que

recibían

y

“soberanía estas

alimentaria”.

organizaciones

para

Los el

sostenimiento de sus actividades -entre ellas las de los comedores-

y

sus

requerimientos

técnicos,

y

la

superproducción de productos alimenticios ultra-procesados, de bajo costo y fácil acceso, fue provocando un giro en las costumbres alimentarias, las recetas, el uso de los tiempos, y la cultura del consumo. Las compras en hipermercados mayoristas cercanos al barrio, por ejemplo, se convirtió en cita

imprescindible.

Al

viajar a las

comunidades

del

movimiento campesino, uno podía constatar una otra manera de concebir la alimentación, y la producción de alimentos y su comercialización. Pero eso parecía imposible en la ciudad. Hace unos tres años, comenzamos con las cocineras de algunas de estas organizaciones, a problematizar estas cuestiones. Tomamos conciencia juntos de los modelos de producción de alimentos (el modelo de la superproducción de productos ultra-procesados y el modelo agroecológico) y de nuestro papel en ellos. Vimos y asumimos que, aún con las mejores intenciones, no estábamos alimentando sanamente en nuestros comedores. El exceso de harinas blancas, 66


Educar para la Soberanía Alimentaria

azúcar, jugos deshidratados, galletitas dulces, postrecitos, etc. eran parte cotidiana de nuestros menú. Tuvimos -y en eso andamos todavía- que sortear inercias, prejuicios y resistencias. Uno de estos obstáculos, fue el de considerar que comer sano es caro. Ciertamente los pequeños productores que intentan producir alimentos de otra manera se

encuentran

con

muchísimas

dificultades

para

su

comercialización y distribución. El flete es más costoso y también resulta difícil conseguir las certificaciones de los organismos de control para poder ubicar los productos en mercados y almacenes. A su vez, los productos alimenticios ultra-procesados cuentan con la “ventaja” de producir a un costo bajísimo sustituyendo insumos naturales por productos químicos como los colorantes, emulsionantes, saborizantes y conservantes. En fin, descubrimos que no todos los que producen sano venden caro, al contrario, muchos productores venden sus productos a precios mucho más baratos que los del mercado. Pero también descubrimos que podíamos prescindir de algunos

productos

ultra-procesados

y

que

otros,

los

podíamos sustituir por una producción casera. Por ejemplo, las mermeladas son más baratas en el hipermercado que las 67


Educar para la Soberanía Alimentaria

que se pueden comprar en una feria de productores. Pero esa mermelada ultra-procesada, además de tener un gusto desagradable nada parecido con la fruta con la que supuestamente se produjo, es más cara que conseguir un cajón de frutas maduras en el mercado y hacer con ellas una mermelada casera. Mientras hierven las ollas para un guiso, por ejemplo, se puede poner una olla con la fruta y azúcar para hacer las mermeladas por nuestra cuenta. Asimismo, amasar, cocinar tortas o hacer postrecitos como el “chuño” con maicena, flan o budín de pan, es mucho más barato y sano que comprar galletitas dulces. Claro que estas compañeras cocineras gozan de una ventaja con respecto a las cocineras de los comedores escolares: en estas organizaciones se recibe un subsidio en dinero y ellas toman las decisiones acerca del menú y de las compras necesarias. Pero no sólo es una cuestión de precio. El azúcar blanco, por ejemplo, es mucho más barato que el azúcar integral28. Cuesta más de la mitad. Pero se podría sustituir si, junto con la decisión de cambiar un azúcar altamente perjudicial para la 28

También llamado mascabo, mascabado, raspadura, panela, según el lugar geográfico. No se debe confundir con el azúcar rubia. 68


Educar para la Soberanía Alimentaria

salud por otra que no sólo endulza sino que además alimenta, se define que es importante disminuir la cantidad de azúcar que

se

utiliza

para

endulzar.

Entonces

estaremos

consumiendo menos azúcar y aprenderemos a disfrutar de los sabores propios de cada alimento (a veces se utiliza tanta azúcar que se pierde el sabor original y queda “gusto a dulce” nomás). Lo mismo pasa con la sal, que se podría sustituir por sal marina u otras que se ofrecen en el mercado a la vez que disminuye su uso. Por último, asociado al precio y las cantidades, propongo pensar la cuestión del tiempo para comprar. En una oportunidad, fuimos con las cocineras a conocer las experiencias de productores agroecológicos de la zona de Luján. Constatamos que, por ejemplo, los quesos eran más baratos, sanos y ricos que los que comprábamos en el mayorista. Pero la distancia se presentaba como un problema: ¿Cómo le compramos el queso viviendo a más de 50 km. de distancia? Organizamos una comisión con algunas compañeras para garantizar la logística: compraríamos cantidad, para todas las organizaciones participantes, y así reduciríamos el tiempo y el costo del flete. No era tan difícil al

69


Educar para la Soberanía Alimentaria

fin de cuentas, se trataba de asociarnos, organizarnos, y juntos enfrentar las dificultades. Para sintetizar, diré que la cuestión de los precios implica producir cambios en los hábitos de consumo; cambios que no se pueden realizar individualmente sino que surgen de la coinspiración creativa del colectivo. Así se pueden afrontar las diferentes dificultades que surgen de intentar alimentarnos de un otro modo y de aportar a un otro sistema de producción y comercialización, buscando alternativas de vida en el marco del sistema de explotación capitalista que además de quitarnos nuestro salario para comprar sus productos y de destruir nuestra cultura alimentaria, nos envenena y asesina. “No hay tiempo para cocinar casero” Desde que nació mi hija mayor, nos hemos propuesto, con mi compañera, hacerla parte de la cocina. Desde pequeña, juega con las ollas y cucharones mientras cocinamos. Jugaba con el harina que quedaba en la mesa o con restos de masa luego de que yo amasara el pan, o se comía la punta de la zanahoria antes de rayarla. Le convidamos el pan mojado en la salsa o “jugamos” juntos con la pastalinda mientras hacemos fideos caseros. Ahora tiene 4 años y cocinamos 70


Educar para la Soberanía Alimentaria

muchas comidas juntos. Ella cocina con nosotros o simplemente nos hace compañía. Pero siempre observa. Observa

a

sus

padres

mientras

cocinan.

Ve

como

condimentan, el amor con el que lo hacen y la paciencia que se ejercita. Nos acompaña al patio a cortar una ramita de romero o de perejil y ve cómo la integramos a la comida que estamos cocinando. Nos ve amasar, rayar, pelar, cortar, picar, hervir, freír, saltear, remojar, hornear. Esperar el leudado del pan es un gran aprendizaje. Algún día aprenderá las recetas y podrá cocinar por su cuenta. Pero lo más importante es que aprenderá que el cocinar, además de ser una necesidad vital, es un gesto amoroso. Aprendí que a los niños y niñas hay que darles de probar de todo, proponerles alimentos con diferentes gustos, texturas, tamaños, temperaturas, aromas y colores. Es importante que desde bebes los toquen, los manipulen, se los pasen por el pelo, los tiren al piso. Todo esto hace parte del aprender a comer. Mi segunda hija, que ahora tiene un año, come el choclo agarrando el marlo con sus dos manitos, pela los huesos del bife, agarra, una por una, las lentejas y se las lleva a la boca, dejando la mitad en el suelo en sus intentos. La limpieza victoriana no es amiga del aprender a comer. 71


Educar para la Soberanía Alimentaria

Muchas veces pasan de la sillita de comer a la bañadera sin escalas. Es esfuerzo, sí. Pero el placer y la satisfacción de verlas comer de todo, de reconocer en sus expresiones y gestos el gusto por la comida, lo vale. Cocinar casero lleva tiempo. Pero que “lleve tiempo” no quiere decir que “se pierda el tiempo”. Cocinar casero es siempre tiempo ganado en salud, en gusto y aromas y, sobre todo, en la sensación de realización que nos provoca el ver a los otros disfrutar de lo cocinado, en saber que se los está cuidando. Convidar es expresión de solidaridad. Cocinar es una caricia, es una forma del amor.

“¿Te estás cuidando?” En el último año decidí realizar algunos cambios en mi alimentación. Ante todo, empecé a escuchar(me) a mi cuerpo. Comía un paquete o más de galletitas dulces por día, picoteando en el trabajo. Tomaba mucha gaseosa con las comidas y golosinas antes de irme a dormir. Cuando me despertaba en la noche porque alguna de mis hijas llamaba o pedía teta, pasaba por la cocina y me comía algunos caramelos o chocolates o lo que hubiera disponible. Me di 72


Educar para la Soberanía Alimentaria

cuenta que comía cada una de las cuatro comidas hasta explotar y que esto me traía un malestar generalizado: después de comer, solo quería dormir la siesta o recostarme en un sillón. Tenía acidez casi todo el día y había aumentado considerablemente de peso. Ya me empezaban a doler las rodillas y la espalda. Todo esto, sumado a la toma de conciencia política en torno al papel de las empresas multinacionales de productos alimentarios ultra-procesados, la colonización del tiempo y el cocinar, y el genocidio cultural de la globalización, que provocaba la lenta pero ininterrumpida extinción de platos nutritivos de origen popular, tanto los provenientes del mundo indígena y campesino, como los de mis propias raíces gallegas, produjo en mí la necesidad y la decisión de buscar coherencias entre el decir y el hacer. Así, empecé a sustituir galletitas “de paquete” por galletitas elaboradas por mí y por pan casero, a consumir verduras y frutas de estación y a reducir el consumo de harinas blancas, gaseosas y golosinas. En menos de un año, y sumando un poco de ejercicio físico, mi contextura física había cambiado. Pero lo más importante, había encontrado placer en sentirme liviano, en producir mis

73


Educar para la Soberanía Alimentaria

propios platos, en ampliar la variedad de comidas con sus sabores y aromas. Me gustaría acá hacer un pequeño paréntesis para describir brevemente mi experiencia al adentrarme en el mundo del pan. Resulta que la harina de trigo con la que hacemos el pan -alimento fundamental de muchas culturas durante miles y miles de años-, hoy está demonizada y con justa razón. La sustitución del antiguo molino de piedra por el de rodillo produjo una harina ultra fina que ya no contiene el valor nutricional (vitaminas, minerales y anti-oxidantes) de la semilla de trigo. Al extraer el salvado, el embrión y los aceites, las partes más nutritivas de la semilla, además de someterla a gas de cloro para blanquearla y quitarle su aspecto amarillento (otorgado por el beta-caruteno, otro nutriente que queda afuera) producimos un alimento que además de ser estéril nutritivamente es dañino para la salud. Esto,

asociado

a

levaduras

químicas

como

las

que

consumimos actualmente, no permiten el correcto trabajo de los microorganismos al acelerar el proceso de leudado.

74


Educar para la Soberanía Alimentaria

Publicidad de 1965, que muestra como valor la elaboración mecánizada, "sin que en ningun momento entre en contacto con la mano del hombre".

Entonces tenemos enfermedades como la celiaquía. Algunos especialistas afirman que el enemigo no es el gluten en sí mismo, sino el consumo de harinas blancas (que al dejar de lado el salvado contienen casi exclusivamente almidón -que al ingerirlo es transformado en azúcares-) y levaduras químicas. Como la harina blanca no alimenta, las empresas -por exigencia de los gobiernos- le agregan vitamina B y otros nutrientes de manera artificial. Y todo esto porque nos han hecho creer que cuánto más blanca, mejor calidad, en este afán irracional que tenemos en occidente por la blancura y la

75


Educar para la Soberanía Alimentaria

pulcritud29.

No

nos

han

enseñado

estas

cosas:

desconocemos cómo cocinar con la harina integral, nos parece poco amable y demasiado rústica.

Panes integrales elaborados con masa madre.

En la escuela no me enseñaron a comer sano ni a cocinar. No me enseñaron a rescatar la cultura alimentaria de mi familia ni de mi comunidad. Mis maestras me vieron comer todos los días snacks y alfajores, y tomar gaseosas (me acuerdo de una maestra que se enojaba porque comíamos “palitos grasosos” que manchaban las hojas de la carpeta, nunca porque nos estábamos envenenando lentamente al

Para conocer más acerca del pan, ver: Pollan, M. “Cocinar. Una historia natural de la transformación”. Editorial Debate. Buenos Aires, 2014. Pp 251 y ss. 29

76


Educar para la Soberanía Alimentaria

ingerir palitos fritos a las 9 de la mañana). La escuela no se hace cargo de esto… Los cambios se notan en la apariencia física. Cuando me ven, muchos se animan a preguntarme: “¿te estás cuidando?” Y yo les respondo: “no, estoy luchando contra el capitalismo y por la Soberanía Alimentaria”. La tensión entre lo sano y lo culturalmente propio Deambulando por una “dietética naturista”, una mujer con apariencia de tener un muy buen pasar económico me empezó a dar charla. En realidad, más que una charla, me empezó a hacer preguntas. Preguntas que terminaron conformándose como una especie de interrogatorio policial. Yo miraba harinas y ella me preguntó si me dedicaba a la panadería. Le contesté que hacía panes para mi consumo personal y que, desde hacía un tiempo, los vendía en mis lugares de trabajo ante el insistente pedido de mis compañeros. Una pregunta fue llevando a la otra: si amasaba para celíacos, si usaba levadura, si les ponía leche o manteca. Le dije que no era un “ortodoxo” y que, aunque buscara alimentarme de forma sana, no era vegetariano ni vegano, ni ninguna de esas cosas. Y que me gustaba el pan 77


Educar para la Soberanía Alimentaria

integral de semillas tanto como la tortilla santiagueña a base de harina blanca, agua, sal y grasa; mucha grasa. Finalmente, se despachó con toda una declaración de principios, casi criminalizándome por consumir lácteos y carnes. Lo que comenzó por una pregunta, terminó desvelando la intencionalidad de autoafirmarse y mostrar su “sentimiento de superioridad”, casi como si ella perteneciera a una especie más evolucionada de ser humano. Y ni hablar cuando le dije que trabajaba con cocineras de comedores en organizaciones comunitarias: “ahí se cocina horrible”, lanzó. La cara de asco que acompañaba sus palabras bastaba y sobraba; la expresión verbal estaba de más. En fin, todas estas “modas” de lo natural se enfrentan muchas veces de manera contenciosa con las tradiciones culturales de los pueblos. Es más, estas “modas” traen generalmente “exotismos” cargados de cierto tinte oriental. Pero no se trata tampoco de idealizar la cocina de los pueblos. Luego de siglos de colonialismo -colonialismo que caló hondo en las formas de alimentación-, muchas comidas se fueron transformando, perdiendo su potencia nutricional e incorporando productos muy dañinos para la salud. La necesidad de saciar el hambre, la insistente publicidad, la 78


Educar para la Soberanía Alimentaria

dificultad témporo-espacial para acceder a alimentos sanos, la extinción de insumos (frutas, verduras, animales, semillas), sumado a una fragmentación del tejido social que dificulta la construcción de alternativas viables para sortear todos estos obstáculos

de

manera

colectiva,

fueron

produciendo

modificaciones sustanciales en los hábitos alimentarios de los sectores populares. Así, mujeres que vienen del campo, que criaron animales y sembraron sus hortalizas, que ordeñaban la vaca y hacían sus quesos, hoy comen salchichas y hamburguesas casi a diario. En los barrios populares se acostumbra tomar el mate con muchísima azúcar, y comer panes de grasa y galletitas dulces casi todo el tiempo. Son hábitos que surgen de la necesidad y de la escasez. Recuerdo, allá por la década del ’90, algún viejo de una barriada popular que me decía: “se puede ser pobre, pero no se puede tener a los hijos en el hambre y la suciedad. Antes, los pobres teníamos dignidad”. Claro que esta sentencia que responsabiliza a los padres actuales omite problematizar décadas de destrucción de los lazos sociales, de deterioro bio-psico-emocional

de

las

subjetividades

y

de

las

condiciones materiales de existencia, pero da cuenta de una cierta mirada nostálgica de un pasado idealizado donde el 79


Educar para la Soberanía Alimentaria

pueblo se alimentaba bien, aunque tuviera poco. Y claro, antes se era pobre, pero se tenía su quintita, sus animales, y había

lazos

solidarios

que

permitían

intercambios

horizontales entre vecinos. Esto nos abre a un desafío para la educación: recuperar, desde

un

ejercicio

conocimientos

sobre

de

memoria

alimentación,

histórica,

todos

los

recetas,

modos

de

cocinar, almacenar y conservar, y aquellas tradiciones alrededor de la alimentación que existen, desde tiempos antiguos, en las comunidades. Es cierto que muchos de los alimentos que se utilizaban en las comidas de otros tiempos hoy no se consiguen. Tal vez, el trabajo de memoria histórica devenga en volver a producirlos. Estamos en un momento en el que parece que el mal está consumado y que todo esto es irreversible. Bastará con dar pequeños pasos y sumar pequeñas victorias. Pero vencer.

80


Educar para la Soberanía Alimentaria

7. Del “delivery” al “apthapi”: Soberanía Alimentaria y el Buen Vivir/Vivir Bien I. Cuando hablamos de Soberanía Alimentaria no nos referimos a un concepto de moda o a una bandera que comenzó a levantarse en los últimos 20 o 30 años. Muy por el contrario, los

pueblos

indígenas

de

Nuestra

América

vienen

practicándola hace siglos, así como los afrodescendientes lo vienen hicieron ancestralmente en África y continúan haciéndolo en este continente. Muchos campesinos y campesinas de hoy recogen a lo largo y ancho del continente todas estas prácticas ancestrales y, aprovechando las tecnologías modernas, practican un modelo de agricultura que denominan “agroecología” y que se contrapone al modelo hegemónico llamado “agronegocio”. Así, estos campesinos y campesinas trabajan la tierra para lograr cultivos diversos con los que elaboran sus propios alimentos y conservas, mejoran y multiplican las semillas nativas, generan sus propios abonos, recuperan la fertilidad de la tierra, y cuidan del agua. La biodiversidad es un aspecto

81


Educar para la Soberanía Alimentaria

fundamental para que nuestra alimentación sea sana y nutritiva. Actualmente,

la

agricultura

moderna

promueve

el

monocultivo, reduciendo nuestras opciones de consumo de alimentos drásticamente. En más de 12.000 años de existencia de la agricultura como práctica humana se han manejado más de 7.000 especies diferentes de plantas comestibles y miles de especies de animales. Actualmente, el 90% de nuestra dieta se basa en sólo 15 especies de vegetales y 8 especies de animales. En Buenos Aires, por ejemplo, esta realidad es aún más cruda. Comemos un tipo de zapallo - la calabaza-, un tipo de maíz -el amarillo-, un tipo de papa -la papa negra y la blanca son la misma, solo que una está lavada y la otra, no-, y lo mismo con las frutas. Con respecto a los animales, solo consumimos pollo, vaca, pescado y cerdo. Y lo que es aún peor, ¡muchas veces consideramos que quien come verduras y alterna entre estos cuatro tipos de carne, tiene una dieta muy variada! En este proceso vamos perdiendo la variabilidad de las especies y nuestro mundo se va volviendo cada vez más uniforme. Nuestros platos cada día se asemejan entre sí y la 82


Educar para la Soberanía Alimentaria

capacidad de variarlos se achica. Perdemos nutrientes por dejar de consumir determinados alimentos que están extintos y nos

volvemos

cada

día

más

dependientes

a los

complementos nutricionales químicos. Cuando una mujer queda embarazada, toma pastillas de ácido fólico, que está presente en todas las verduras de hoja. Si consumiéramos variedad de éstas y cuidáramos de ellas para que mantengan toda su potencia nutricional, no haría falta tomar ácido fólico. Lo mismo sucede con el complemento de hierro que se les da a los bebés en los primeros meses de vida.

II. Tuve la suerte de conocer Chile, Bolivia, Perú, Paraguay y Uruguay, así como la gran mayoría de provincias argentinas. En cada uno de mis viajes, en cada pueblo o ciudad al que me dirijo, me gusta conocer los mercados donde se venden alimentos, los platos tradicionales de cada región, las preparaciones, los aromas, sabores, texturas, colores. También las bebidas propias de cada lugar. Compro las frutas y verduras que no consigo en Buenos Aires y converso con quienes la venden -que en los mercados y ferias son los mismos productores- cómo prepararla. Podría hacer una lista 83


Educar para la Soberanía Alimentaria

interminable de comidas y bebidas que he probado en mis viajes. Lejos de una mirada “exotista” de la cocina, la posibilidad de conocer platos propios de otros lugares de mi país y América me permitió, por un lado, revalorizar mi propia identidad en torno a la alimentación, preocuparme cada día más por lograr cocinar con productos de estación, producidos cerca de mi casa, si pueden ser comprado directo al productor, mejor. He descubierto que las cocinas regionales cumplen con estas dos premisas: son productos elaborados en la zona y vendidos en las ferias y mercados por sus mismos productores. A veces, en las ciudades, predomina la tendencia a la homogeneización cultural donde, a pesar de una convivencia -siempre conflictiva, de todos modos- entre una multiplicidad de culturas que la habitan, se intenta siempre asociar todo a un único patrón de lo aceptable, de lo “tolerable”. Otras veces, las ciudades tienden a “fagocitar” lo propio de las culturas regionales, y cuando de comida se trata, la ciudad logra que todos los platos, de cualquier parte del mundo, tengan el mismo gusto al sustituir los insumos constitutivos de los platos regionales por productos de más fácil acceso. Esto uno lo entiende cuando comió una comida 84


Educar para la Soberanía Alimentaria

en un restaurant de ciudad y cuando tiene la suerte de probarlo

en

su

lugar

de

origen,

donde

se

elabora

ancestralmente. En segundo lugar, acercarme un poco más a las diversas culturas que habitan nuestro continente a través de mis viajes me permitió entender que las comidas están íntimamente asociadas a todas las prácticas culturales. Se come, se bebe, se baila, se viste, se trabaja, se conversa, se reza, se juega, se enamora, se festeja, se llora, y todo está integrado de alguna manera. Pero esta integración hace parte de una lucha que lleva siglos por mantener y recrear las propias prácticas culturales, como sucede con los pueblos indígenas.

La antropóloga María José Vázquez, del Espacio Alfar, me contó que, en Formosa los niños Qom, que siempre 85


Educar para la Soberanía Alimentaria

endulzaron sus bebidas con algarroba, ahora la desechan, porque en las escuelas se les daba azúcar blanca. Sustituyeron un alimento por un veneno. Una práctica cultural ancestral sabia, por un producto alimentario ultra-procesado creado por y para el lucro de algunos empresarios. Recuperar y recrear las propias identidades viene siendo la lucha que, en el terreno de la cultura, vienen dando los pueblos indígenas de América. Claro que para esto no alcanza con el “reconocimiento cultural”, es necesaria la autonomía política y territorial, así como en materia de salud, educación, comunicación, etc. para así autodeterminarse.

III. La Soberanía Alimentaria es un concepto, una lucha y una práctica política y económica. Implica la el derecho de los pueblos a elegir cómo alimentarse y cómo producirlos y distribuirlos.

Implica

decisiones

sobre

modelos

macroeconómicos: en nuestro país, el modelo económico extractivo-exportador está basado en la adquisición de divisas a cambio de la producción del monocultivo de soja, exportado fundamentalmente a China.

86


Educar para la Soberanía Alimentaria

Pero también es un concepto, una lucha y una práctica sociocultural y psico-afectiva. Implica el respeto por los valores culturales y por el ambiente: las culturas y la biodiversidad son sus dos grandes fuentes. Implica también la lucha cotidiana de cada quién, la decisión de qué plato quiere ofrecer uno a sus hijos, qué quiere comer y qué no, a quiénes les quiere comprar, para quiénes trabajarán sus propias manos. En la calle y en las grandes luchas hay que estar, pero también en el día a día de la intimidad de su hogar. “Lo más difícil, me dice siempre mi amigo Satanás con gran sabiduría popular, es militar adentro de uno mismo”. Y porque la Soberanía Alimentaria es una práctica sociocultural, es que comemos comida y no “hidratos de carbono”, “proteínas”, “vitaminas”, “minerales”, etc. Esa imagen propia de la Ciencia Ficción en la que los humanos del futuro se alimentarán con pastillas que contendrán todos los nutrientes necesarios para sus cuerpos, es la clara consecuencia de haber reducido la comida a su aspecto nutricional, desde un enfoque biológico y químico positivista. Y claro, si comemos pastillas se puede envenenar tranquilos el suelo utilizando agrotóxicos para los negocios, perseguir y asesinar las culturas milenarias que pueblan nuestro continente y que 87


Educar para la Soberanía Alimentaria

sabiamente han cuidado la biodiversidad, acabar con el campesinado que habita los montes, así como dejar de “perder tiempo” en cocinar. Lo terrible es que no tienen forma de pastilla aún, pero la inmensa mayoría de productos alimentarios ultra-procesados son diseñados en laboratorios, y luego se producen utilizando gran porcentaje de aditivos artificiales para lograr sabores, aromas, colores, así como componentes nutricionales. Si, la alimentación moderna se parece cada día más a una escena de una película de Ciencia Ficción. Aunque parezca una exageración, decidir qué comida ponemos en nuestras mesas se relaciona directamente con nuestras concepciones acerca de la cultura y la naturaleza. Hace a nuestra propia cosmovisión: “al hablar de la percepción del mundo nos referimos a los cinco sentidos, pero también a la razón, a la imaginación y a la representación. Así, el estómago está tan relacionado con la cosmovisión y condicionado por ella como los ojos. Al vivir, por ejemplo, en un ambiente cultural cuya cocina básica consiste en plátanos en lugar de maíz, trigo, arroz u otros granos, el estómago fácilmente se rebela contra esta manera de “saborear” el mundo y puede producir trastornos que ni 88


Educar para la Soberanía Alimentaria

imaginamos. Por lo dicho, afirmamos y subrayamos que las cosmovisiones no se captan sólo con los ojos”, dice Carlos Lenkendorff.

Códices prehispánicos.

Y cuando hablo de cosmovisiones, me refiero a una cuestión fundamental que genera los imaginarios sociales acerca de la alimentación que nos constituyen subjetivamente y que operan como parámetros que nos impiden pensar de un otro modo e imaginar alternativas. Son nuestras matrices epistémicas, es decir, nuestros modos de conocer el mundo, a los otros, y a nosotros mismos que hemos aprendido desde 89


Educar para la Soberanía Alimentaria

que nacimos y que constituyen la manera en la que construimos nuestras nociones acerca de la realidad. En el llamado “occidente”, nuestras matrices tienen una fuerte impronta positivista, aun cuando parece cosa superada, al menos desde el discurso. Esto implica, respeto del tema que nos

ocupa,

una

concepción

particular de

“desarrollo”

constituida a partir del proyecto civilizatorio que, en nuestro continente, lleva casi dos siglos. Es el proyecto civilizatorio el que convirtió a los alimentos en productos alimentarios ultraprocesados y, aquello que posibilitaría mejorar la calidad y cantidad de alimentos, terminó envenenándonos.

IV. En nuestro país, la función social de la escuela en el marco del

proyecto

civilizatorio

implicó

un

proceso

de

homogeneización, normalización y control social, a partir del cual se produjo, entre muchos otros aspectos nefastos, la invisibilización de la diversidad cultural30. Y no sólo esto, es en las escuelas donde aprendemos a observar la naturaleza como un “objeto” externo a nosotros y que podemos 30

Vázquez, M. “Lo intercultural: un análisis crítico. La subjetividad que me sujeta”. Disponible en: https://alfarcolectivo.files.wordpress.com/2010/01/vc3a1zquez_2010.pdf 90


Educar para la Soberanía Alimentaria

manipular y alterar a nuestro parecer mediante experimentos. Desde la misma matriz positivista, es en las escuelas donde aprendemos a reducir los alimentos a sus componentes nutricionales. El conocimiento “transferido” en las escuelas está fragmentado, también desde una lógica positivista heredada,

generando

un

divorcio

entre

las

“ciencias

naturales” y “ciencias sociales” y la “geografía natural” de la “geografía social”31 amén de la invisibilización de otras disciplinas “no científicas”. En las escuelas aprendemos sobre “democracia”, “modernidad”, “desarrollo sustentable”, y es donde reducimos la naturaleza a “recursos renovables y no renovables”. Lo más crítico que se suele escuchar en las escuelas tiene que ver con el “cuidado del medio ambiente”, mal llamado “ecología”, pero aun desde una perspectiva que escinde lo ético de lo político, naturalizando el carácter depredador del ambiente por parte de los poderosos y 31

Recomiendo la lectura atenta de la carta que escribiera el geógrafo anarquista Richard Peet a Kropotkin “La teoría anarquista es una teoría geográfica” en la que el autor expresa: “Kropotkin hizo del cómo deseaba ser la fuerza rectora de su forma de vivir real. Para él, la geografía era una demostración práctica de cómo los hombres podrían vivir las vidas que hubieran escogido óptimamente para sí mismos; esto es, de cómo podrían volver a una forma de vida basada en los valores que la historia había probado que eran eternos. ¡Nuestra geografía adopta aquellos “valores” que la historia ha demostrado que son las más destructivos, tecnologiza los mitos que de ellos se derivan, y nos enseña cómo destruirnos a nosotros mismos del modo más eficiente!" Disponible en: http://grupogomezrojas.org/2011/08/18/geografia-la-teoria-anarquista-es-unateoria-geografica-carta-de-richard-peet-a-piotr-kropotkin/ 91


Educar para la Soberanía Alimentaria

reduciéndolo

a

una

cuestión

de

ética

ciudadana

o

“aprendizaje y servicio”. Pensar la Soberanía Alimentaria en las escuelas implica posicionarnos críticamente ante nuestras matrices, a la vez que ensayar unas otras maneras de conocer y relacionarnos con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Esta otra manera puede ser el Buen Vivir/o Vivir Bien, que constituye la propuesta para “el día después del desarrollo” que los pueblos indígenas vienen llevando adelante ancestralmente desde sus propias cosmovisiones. El Buen Vivir/Vivir Bien no debe reducirse al “buen pasar” o al “vivir mejor”32. Nada parecido a una especie de Estado de Bienestar. El Buen Vivir/Vivir bien implica una forma de vivir y convivir en armonía con los seres humanos y no humanos, con los vivos y los no vivos. Implica la vida en comunidad (que incluye a todo lo que existe, no sólo a los humanos), con sus prácticas culturales, entre ellas, las de producción, distribución y consumo de alimentos. Un gesto que sirve como ejemplo de esto es el apthapi, una práctica ancestral del pueblo aymara que consiste en compartir una comida en comunidad, en familia o entre amigos. Cada persona lleva 32

Huanucani Mamani, F. “Buen Vivir/Vivir Bien. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas”. CAOI, Lima, 2010. 92


Educar para la Soberanía Alimentaria

una parte de su cosecha, de su producción, -lo que puede-, y lo colocan sobre una “hijilla” -un aguayo tendido en el suelodonde se presenta la comida llevada. Quede claro que para los pueblos andinos, el aguayo no es un mantel, sino una representación del cosmos. No es casual que en ellos se carguen a los hijos y a los alimentos. La práctica del apthapi une a la comunidad y a la familia. Se debe comer lentamente para degustar y en un clima de cordialidad, así como no se debe permitir que nadie coma solo.

Apthapi en Bolivia.

Por suerte en las ciudades de América Latina conservamos aún la práctica cultual del reunirnos en torno a una comida. Lamentablemente cada vez más solemos llamar al “delivery” 93


Educar para la Soberanía Alimentaria

para “pedir comida” en lugar de cocinar. Un cocinero que participa de los talleres que coordino para la red de organizaciones comunitarias me decía una vez con aires de nostalgia: “no sé si te diste cuenta, ahora en los cumpleaños de los pibes, son todos palitos, chizitos, salchichas. Antes, nos pasábamos el día anterior cocinando para la fiesta”. En mi experiencia particular, con mi pareja estamos hasta minutos antes de la llegada de los invitados cocinando y, al cocinar, estamos pensando en quienes van

a venir, en

convidar lo mejor que podemos preparar esperando que les guste, haciéndolos presentes así en nuestros pensamientos y en nuestros corazones. Cocinar es una práctica cultural que nació amorosamente para ser compartida con otros y otras.

94


Educar para la Soberanía Alimentaria

8. Propuestas educativas en torno a la Soberanía Alimentaria En la Reunión Nacional Alimentacion Escolar33 de 2013 se trabajó sobre tres ejes que traigo aquí porque, a mi modo de ver, atienden a los diferentes aspectos vinculados a relación entre Soberanía Alimentaria y educación. Si bien estos ejes están pensados para ser abordados desde las escuelas, se pueden extender al trabajo de organizaciones populares. Los tres ejes son: Criterios Nutricionales en Alimentación Escolar, Organización de los Servicios Alimentarios Escolares, y Educación Alimentaria y Nutricional. Con respecto al primero de estos tres ejes, “Criterios Nutricionales en Alimentación Escolar”, se tratará de abordar, por parte de los diferentes actores de la comunidad educativa, la problemática vinculada a la relación entre alimentación y salud. Se trata de la realización, por ejemplo, de evaluaciones antropométricas y de consumo alimentario por parte de efectores locales y organismos nacionales. 33

Espacio que reúne anualmente a especialistas, funcionarios y otros actores vinculados a la alimentación escolar. 95


Educar para la Soberanía Alimentaria

El segundo de los ejes, “Organización de los Servicios Alimentarios Escolares”, se refiere al abordaje de los comedores escolares (y podríamos agregar aquí a los comedores comunitarios). La experiencia vivida en las organizaciones populares urbanas nos brindan algunas propuestas que permiten pensar de nuevo la cuestión de los comedores escolares:  en primer lugar, la actividad alimentaria está articulada con las actividades educativas, recreativas y culturales que se desarrollan en estas organizaciones, no se trata de un momento separado de la actividad diaria, sino que está completamente integrada a la misma;  el subsidio recibido es en dinero, por lo que estas organizaciones pueden planear sus propios menú y elegir acerca de las compras que realizan (qué, dónde y cuándo comprar);  en estos comedores, la cocina es un espacio transitado por los niños, niñas y jóvenes, así como por los educadores, educadoras y vecinos y vecinas del barrio (siempre teniendo en cuenta los cuidados de seguridad e higiene), quienes se acercan a preparar un mate, tomar un vaso de agua, o a charlar con las cocineras 96


Educar para la Soberanía Alimentaria

cuando tienen algún problema o no se sienten bien, generando así una complicidad que convierte a las cocineras en actrices fundamentales, conocedoras de situaciones particulares y problemas particulares y barriales;  por último, las cocineras se forman sistemáticamente, no sólo en temáticas vinculadas a nutrición, “manipulación de los alimentos” o “normas de seguridad e higiene”, sino también sobre temáticas como las tratadas en el presente cuadernillo. Con respecto al tercer eje “Educación Alimentaria y Nutricional”, consideraré, a continuación, tres líneas por donde encarar la educación alimentaria y nutricional: “el hacer”, “el pensar histórico”, y la “participación política”. Con respecto a la primera de las líneas mencionadas, “el hacer”,

mis

propuestas

de

trabajo

sobre

Soberanía

Alimentaria han ido desde la puesta en marcha de talleres donde prevalecen las prácticas manuales como la instalación de huertas o los talleres de cocina, hasta dispositivos como el cine-debate, la producción plástica, o un taller de poesía. A partir de estos dispositivos didácticos, he procurado una permanente reflexión sobre la temática, siempre a partir de 97


Educar para la Soberanía Alimentaria

nuestras propias experiencias vitales, tanto como de las experiencias que fuimos viviendo al “poner las manos en la masa”. No se trata de una metodología “por proyectos” sino de habilitar

espacios-tiempo

cotidianeidad,

y

a

donde

partir

de

producir ahí

poder

una

otra

reflexionar

permanentemente sobre nuestras subjetividades, nuestras propias biografías, y la experiencia colectiva prefigurativa que vamos viviendo. En

este

marco,

trabajar

desde

la

corporalidad

es

fundamental. Poder experimentar la realidad a partir de sus movimientos, texturas, olores, sabores, sonidos y colores; compartir las emociones que nos suscita la experiencia compartida; co-emocionarnos y co-inspirarnos para crear colectivamente una apuesta que articule afinidades. Así, reflexionar es pasar la experiencia por el cuerpo todo: un pensar que es siempre ejercicio del sentipensar. Adhiero a una tendencia situacional que valore a los sujetos y su subjetividad en su contexto determinado, con sus intereses, sus búsquedas y necesidades. En este sentido, trabajar sobre la Soberanía

Alimentaria en las escuelas o en las

organizaciones, implicará mucho más que “hacer un trabajo 98


Educar para la Soberanía Alimentaria

práctico” u organizar una “campaña de concientización”. Para producir cambios en los sujetos, es necesario interpelarlos desde sus cuerpos, sus emociones y sus ideas. Es necesario romper muchos parámetros e imaginarios sociales para poder hacer de este proceso, un trabajo que produzca cambios frente a concepciones y prácticas culturales impuestas profundamente enraizadas en nuestras subjetividades34. No se trata de “transmitir” información o contenidos sobre Soberanía

Alimentaria

sino

de

problematizarla

conjuntamente, y de poner en práctica alternativas viables. La segunda línea, “el pensar histórico”, implica a la vez, un trabajo educativo que aborde la historia, entendiendo a ésta como un entramado complejo entre la “historia social” (para comprender los procesos macrohistóricos que dieron lugar a la crisis alimentaria que vivimos hoy, las relaciones de poder entre los diferentes actores, la historia de luchas sociales, etc.) y la recuperación de la “memoria histórica” de cada educando y de su barrio, pueblo, paraje.

Así, categorías

como “división social de trabajo”, “desigualdad de género”, “colonialismo

interno”,

“globalización”,

34

“ciudadanía”,

La apuesta didáctica está basada en la “Didáctica No-Parametral” de Estela Quintar, E. La Educación como puente a la vida. IPECAL, y en mi libro “Educación Popular con Niñxs. Un aporte desde las Organizaciones Populares”. 99


Educar para la Soberanía Alimentaria

“soberanía”

etc. nos servirán como herramientas para

interrogar a la historia de la humanidad, pero también para poner

en

contexto

las

biografías

y

las

experiencias

particulares de los sujetos implicados35. Por último, considero imprescindible, junto al “hacer” y al “pensar histórico”, la participación protagónica militante por parte de las y los educandos. Como decía más arriba, no se trata de terminar haciendo una “campaña” pegando carteles más o menos ingeniosos en los pasillos de la escuela, sino de generar condiciones para la participación política, ya sea asociando al grupo con movimientos y organizaciones que estén implicados en la lucha por la Soberanía Alimentaria, como promoviendo instancias de participación propia dentro de la escuela. Con respecto posibilidad de asociar al grupo con movimientos y organizaciones que luchan por la Soberanía Alimentaria, para

escuelas

y

organizaciones

35

urbanas

es

posible

“La memoria no es recuerdo, no es sólo evocación de lo experienciado; la memoria se configura en la trama de sentidos y significados que los sujetos concretos le otorgamos a las experiencias que vivimos desde el presente que transitamos. Es por esto que la historia es movimiento, porque el sujeto que hace esta historia se configura en el constante devenir del presente, siempre complejo y cambiante. Es decir, es el sujeto en el movimiento de su pensamiento y su transcurrir quien construye la historia”. Quintar, E. “Memoria e historia. Desafíos a las prácticas políticas de olvido en América Latina”. Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/agor/v15n2/v15n2a03.pdf 100


Educar para la Soberanía Alimentaria

considerar la posibilidad de hacer “viajes de estudio” o “pasantías de intercambio” a movimientos campesinos e indígenas, para así poder vivenciar la realidad que se vive en los territorios y conocer “de primera mano” a los protagonistas de estas luchas. También se puede vincular a la escuela con organizaciones más cercanas conformadas por productores urbanos,

ferias

de

comercio

justo,

cooperativas

autogestionadas, fábricas recuperadas, emprendimientos de la economía social, etc. Con respecto a la segunda propuesta, la de promover instancias de participación propia dentro de la escuela, baste una pequeña anécdota. En una escuela secundaria en la que trabajo se empezó a gestar el Centro de Estudiantes. Una de las primeras iniciativas que llevó a cabo, fue un “boicot” al kiosco del colegio. Las y los estudiantes organizaron casi “clandestinamente” (a través de las redes sociales), un alto a la compra en el kiosco debido a los altos precios y a la ausencia total de alimentos saludables. Durante tres días, ningún estudiante compró en el kiosco. La kiosquera inmediatamente pidió una reunión con la representante legal para exigirle que intervenga, y “apretó” a la presidanta del Centro de Estudiantes. Pero no consiguió ningún resultado, al 101


Educar para la Soberanía Alimentaria

contrario. Convencida que a fin de año no le renovarían el contrato para administrar el kiosco escolar, decidió no hacer caso al pedido de los estudiantes, quienes, de todos modos, consideran el resultado como una victoria. El trabajo que sigue es justamente conocer experiencias de escuelas en nuestro país y en el mundo que sí tienen kioscos saludables, para poder exigir en el colegio que el próximo contrato esté destinado a una persona que pueda garantizar una alimentación adecuada, que pueda haber un control llevado adelante por los mismos estudiantes o, por qué no, administrarlo ellos mismos.

102

Profile for Facundo Ferreirós

Educar para la Soberanía Alimentaria  

Educar para la Soberanía Alimentaria  

Advertisement