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FACTUM REVISTA LITERARIA

OCTUBRE, 2014. NO. 15.

Biografía: Dante Alighieri Creación: Elvira Ávila/Luis F. Cintrón Morales/Dante Vázquez/Ivan Xavier Loeza Morales/Joalberths De Agrela/Darío Alejandro/Victoria Montes/N. F. Ramos/Javier Quezada/Carlos Ortega Pardo/Fernando Bermúdez/Kim Bertran Canut/Zafiro Merlión/Gemma Cardera/Sonia Otero Farías/Crisstian Villicaña/Gema Lutgarda Enrique López/Rosa María Bodas Pérez/Rafael Romero/Eloy A. Gómez/Gregorio Maza Ramos/Ever Harley Campos/Zambra/Rita Bedia Lizcano/Elena Corina Marinescu/Fabián Luna. El Fragmento: Roberto Bolaño.


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CONTENIDO biograf铆a

Creaci贸n

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el fragmento 70 - 71

libros

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Presentación No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas; según los tangos, son todas putas (menos mamá). En los países del sur del mundo, una de cada tres mujeres casadas recibe palizas, como parte de la rutina conyugal, en castigo por lo que ha hecho o por lo que podría hacer. -Estamos dormidas- dice una obrera del barrio de Casavalle, de Montevideo. Algún príncipe te besa y te duerme. Cuando te despertás, el príncipe te aporrea. Y otra: -Yo tengo el miedo de mi madre, y mi madre tuvo el miedo de mi abuela. Confirmaciones del derecho de propiedad: el macho propietario comprueba a goles su derecho de propiedad sobre la hembra, como el macho y la hembra comprueban a golpes su derecho de propiedad sobre los hijos. Y las violaciones, ¿no son, acaso, ritos que por violencia celebran ese derecho? El violador no busca, ni encuentra, placer: necesita someter. La violación graba a fuego una marca de propiedad en el anca de la víctima, y es la expresión más brutal del carácter fálico del poder desde siempre expresado por la flecha, la espada, el fusil, el cañón, el misil y otras erecciones. En los Estados Unidos, se viola a un a mujer cada seis minutos. En México, una cada nueve minutos. Dice una mujer mexicana: -No hay diferencia entre ser violada y ser atropellada por un camión, salvo que después los hombres te preguntan si te gustó. Las estadísticas sólo registran las violaciones denunciadas, que en América latina son siempre muchas menos que las violaciones ocurridas. En su mayoría, las violadas callan por miedo. Muchas niñas, violadas en sus casas, van a parar a la calle: hacen la calle, cuerpos baratos, y algunas encuentran, como los niños de la calle, cuerpos baratos, y algunas encuentra, como los niños de la calle, su morada en el asfalto. Dice Lélia, catorce años, criada a la buena de Dios en las calles de Río de Janeiro: -Todos roban. Yo robo y me roban. Cuando Lélia trabaja, vendiendo su cuerpo, le pagan poco o le pagan pegándole. Y cuando roba, los policías le roban lo que ella roba, y además le roban el cuerpo. Dice Angélica, dieciséis años, arrojada a las calles de la ciudad de México: -Le dije a mi mamá que mi hermano había abusado de mí, y ella me corrió de la casa. Ahora vivo con un chavo, y estoy embarazada. Él dice que me va a apoyar, si tengo niño. Si tengo niña, no dice. “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así nomás, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los super machos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.” https://www.youtube.com/watch?v=0BNZKvgkSOg&noredirect=1

Eduardo Galeano.

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Biografía

Dante Alighieri

Nació en Florencia, en los últimos días de mayo o los primeros de junio del año 1265, en el seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. Su madre murió cuando todavía era pequeño, y su padre al cumplir los 18 años. El acontecimiento más importante de esta trágica juventud, según su propio testimonio, fue conocer, en el año 1274, a Beatriz, la mujer a quien amó y que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en La vida nueva y, más tarde, en su obra maestra, La Divina Comedia. Dante sólo la vio en tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su obra. Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una vasta erudición que comprendía casi todo el conocimiento de su época. En sus comienzos ejercieron una gran influencia sobre él las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en La Divina Comedia. Se sabe que, hacia 1285, se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad. Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de esos años, se unió en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos. En 1289 formaba parte del ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos de Florencia vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Por esa misma época se casó con Gemma di Manetto Donati. Poeta, prosista, teórico de la literatura, filósofo y pensador político italiano. Está considerado como una de las figuras más sobresalientes de la literatura universal, admirado por su espiritualidad y por su profundidad intelectual. La primera obra literaria de Dante fue La vida nueva, escrita muy poco después de la muerte de Beatriz. Se compone de poemas en forma de soneto y de canzone, entre los que se intercalan textos en prosa. En ella se narran acontecimientos relacionados con el amor del poeta hacia Beatriz, como el sueño en el que Dante la ve muerta, la muerte real de la joven y la decisión del enamorado que, desesperado, decide escribir una obra literaria dedicada a ella, como postrer monumento a su amor. La vida nueva muestra claramente la influencia de la poesía amorosa trovadoresca (trovadores y poesía trovadoresca) de la Provenza francesa, y supone el punto culminante del dolce stil nuovo, nombre que recibe la poesía escrita en la lengua vernácula en la Florencia de aquellos años. Esta obra consigue superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, pero insinúa una elevada espiritualidad muy próxima al misticismo. La vida nueva, con su contenida intensidad de sentimientos, constituye una de las grandes obras de la literatura europea. La obra probablemente fue escrita entre 1292 y 1293 o incluso 1294. La obra maestra de Dante, La Divina Comedia, la debió comenzar alrededor de 1307 y la concluyó poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de una gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, le guía a través del Paraíso. Participó activamente en las luchas políticas de su tiempo, por lo cual fue desterrado de su ciudad natal. Fue un activo defensor de la unidad italiana. Escribió varios tratados en latín sobre literatura, política y filosofía. En 1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar, pero las condiciones que puso para ello eran las mismas que solían imponerse a los criminales perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó el ofrecimiento, argumentando que jamás regresaría a menos que le fuesen restituidos por completo su dignidad y su honor. Siguió, por tanto, viviendo en el exilio, y pasó sus últimos años en Rávena, donde murió el 13 o el 14 de septiembre de 1321. Fue enterrado en esta ciudad, pero sus restos han sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían reservada una sepultura en la iglesia de la Santa Croce. Ya en el siglo XV, muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de La Divina Comedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta, aparecieron más de 400 ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli y Miguel Ángel, por los artistas ingleses John Flaxman y William Blake, y por el ilustrador francés Gustave Doré. El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt se inspiró en él para componer un poema sinfónico. La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas.

Sus obras: •Vida Nueva •La Elocuencia En La Lengua Vernácula •La Divina Comedia

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“El alma para amar ha sido creada, mas se complace en cosas pasajeras, cuando por los placeres es llamada vuestra aprehesión convierte en verdaderas las ilusiones, que al deseo incitan, y el ánimo seducen placenteras. Si se recogen los que así se agitan, inclínase al amor de la natura, y el amor y el placer juntos palpitan.” - Dante Alighieri-

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CREACIÓN

¿qué pasa mujer?

¿Qué pasa mujer que vienes ebria de olvido? ¿Te estrujaron el corazón sin previo aviso verdad? ¿A dónde fuiste a tirar las promesas del futuro? Traes los talones cuarteados de correr tras lo imposible. Traes el cuerpo perforado por promesas incumplidas. La sombra del deseo te da la espalda. Se te niegan los placeres a cada parpadeo. ¿Qué pasa mujer, quién te vacunó de angustia? Traes el alma envenenada con rencores de otras vidas. ¿Qué pasa mujer que juegas a morir y no te matas?

Elvira Ávila, 26 años. Xalapa, México. Estudiante.

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CREACIÓN

dÓNDE ANDARÁS Estoy esperando de una manera lindísima tu presencia, esa fragancia que al compás de mi utopía delibera todos los sueños que están pendientes entre nuestras vidas. Te pienso, te quiero, te amo o al revés. Como tú quieras, yo te amo te quiero, te pienso. ¿Y tú? Me pregunto dónde andarás, si piensas en mí, en mis poemas, si recuerdas mi última sonrisa, si al terminar el sol su estadía por éste el rincón mío, ay mía, junto a mí estarás aliviando el insomnio de cada día. Mientras tanto yo seguiré esperando, de esta forma bonita, lindísima. Amando, amándote así no estés aquí.

Darío Alejandro, 21 años. Esmeraldas, Ecuador. Estudiante.

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CREACIÓN

Confusión Cuando logré zafarme de su agarre, el instante se hizo sangre. Hacía seis meses que sentía una presencia hacer eco de mis pasos. Sin embargo, cuando giraba, un soborno a las esquinas mantenía en la incógnita a esa ligera y ambiciosa sombra, lisa y marmolada. La insistencia era tan franca que torturaba mis nervios. Habían dejado trozos de papeles color madera con mensajes advirtiéndome que si no dejaba de hacer lo que hago, mi nombre se destilaría con el pavimento del océano que hace un paisaje hermoso al fondo de la avenida. Recomendaba que no avisara a la policía y yo, por temeroso, no lo hice aunque ya casi lograba vencer esas esposas. Antes de salir de mi apartamento, observaba por la ventana que da a la acera. Al salir por la puerta principal, husmeaba sigilosamente el largo pasillo repleto de portales ajenos. Tres meses antes, cuando la puerta del elevador abrió, una oscuridad me sonrió. Unos sesos invisibles, con aliento caliente, relamían sus labios prestos a digerirme. El temor era tanto… Lo peor es que no encontraba razón para tal acoso o persecución. ¿Qué es lo que hacía? No sabía, pero mi fortaleza era sonámbula. El día que me logré zafar, luego de salir del teatro, supuse que la suerte no encontraría cómo volver a salvarme. Ya era demasiado. A veces en las noches me levantaba empapado de sudor por pesadillas de un hombre sonriendo bajo su sombrero puntiagudo con una cinta desgastada, guantes de cuero y chaleco con gotas de infierno sentado en la butaca que me regaló titi Claudia, colocada en la esquina opuesta de mi cama. Escuchaba la costumbre de su pañuelo frotar el revolver para liberar al genio dentro. Respiraba el dominio de una misión por concretarse. Me espantaba imaginar mi cabeza intentando escapar por las paredes dejando mi cuerpo atrás. Las explicaciones de las autoridades a la prensa y mis familiares junto con todas las confesiones de vecinos que nunca veía. Una mañana tocaron tan fuerte a la puerta que la estática de la alfombra de la sala encendió todas las luces del apartamento.

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CREACIÓN

Mi corazón cayó dentro del café que tomaba y mi piel se refugió en las líneas del periódico que al momento leía. De repente, un sobre manila fungía como rata hambrienta por debajo de la puerta y de él salieron disparadas varias leyendas con países pintados de diferentes colores, símbolos crípticos y reportes firmados por un tal Juan Ramón Montalvo. Al calce, se leía una oración con tinta roja que leía: “Juan Montalvo, de esta no saldrás vivo”. Apreté los labios, mis piernas cayeron en coma, los huesos dejaron de ser hospitalarios, el estómago me daba un sermón. Era increíble lo que mis ojos leyeron, el sudor se hacía plástico sobre mis brazos y hombros. De repente una energía se generó por el área de la espalda baja y la nuca y el cuerpo dejó de ser esclavo. Caminé a la puerta en solidaridad con una fortaleza extraña que nunca había sentido. Giré el cerrojo, halé la puerta y allí de frente me encontré a un hombre sonriente bajo su sombrero puntiagudo con una cinta desgastada, guantes de cuero y chaleco con gotas de infierno y un revolver cubierto de niebla excitada. Me llené de un valor increíble. Le puse el sobre manila en el pecho y le dije: No me llamo Juan Ramón Montalvo, mi nombre es Marcos Antonio de la Fuente, trabajo en la biblioteca municipal, nunca he salido del país y no sé por qué carajo me ha estado aterrando durante los últimos meses. Ese Juan Ramón que buscas, vive en el piso de abajo, apartamento D como este, pero en el cuarto piso y bastante idiota que es, ni los buenos días dice cuando nos cruzamos en el elevador. El hombre giró sin decir nada, luego de guardar su revolver en el bolsillo derecho del chaleco; nunca le vi la cara. Abrió la puerta de las escaleras y desapareció. Diez minutos más tarde, mientras me daba una ducha para sacarme la mierda que cubrió toda mi espalda, escuché tres detonaciones…

Luis F. Cintrón Morales, 38 años. Trujillo Alto, Puerto Rico Asistente de facturación legal

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Ejercicio de un hombre común Dirías que va más allá del entendimiento de la gente —que llamas común— el apartarte de ti mismo. Pero te digo que si esto se consuma sería un acto de abstracción total para al fin de cuentas regresar a ti –aunque quién sabe en qué nueva forma—; no hay manera de que evadas lo natural: tu existencia. Cae todo en la dificultad de ser, en este caso tú, un algo producido por la naturaleza. La naturaleza, dador de todas las formas y colores, te ha nombrado y bautizado, porque los nombres conocidos y no, siguen siendo una creación indirecta de la naturaleza; es decir, se originan desde la esencia de lo natural, y sin embargo, es recogido este nombre azaroso por una persona: tu madre o padre o el que haya puesto el nombre que llevas. Bueno, en ese momento en el que te han impuesto un nombre, empieza la memoria, tú. Porque ya siempre, incluso, durante tu gestación (si es que tienes la capacidad y el don de recordar aquello), cuando recuerdes cualquier instante, irá ese recuerdo asociado con el nombre que te fue dado: tú eres tú desde antes de ti. ¿Ves?, eres natural y socialmente alguien aun cuando eras nada más una bolita de carne. Y sí, no hay más. Negarte sería una contradicción a lo natural, vendría a ser una acción un tanto ingenua si lo prefieres. –tendrías que negar a toda tu ascendencia de igual manera, que no se te olvide eso—. Pero ¿por qué me ves con esos ojos llenos de tristeza e ira? Comprendo. No fui del todo convincente. Quieres más, no estás del todo satisfecho con ese argumento. Está bien: negar tu memoria, es negar tu identidad y pregunto: ¿te niegas? ¿Niegas que algún día fuiste niño? ¿Niegas tus amores de la juventud? ¿Niegas cuando te atragantaste con un pedazo de bistec y tu padre tuvo que hacer de rescatista para evitar verte morir de una asfixia patética? ¿Niegas tu primera erección y en ella el descubrimiento de un nuevo mundo de sensaciones plenas? ¿Niegas la más mínima acción de tu pasado? Sabes que es imposible. Además, si fueras un ninguno o un nada, no habría razón para estar aquí, en esta situación, ¿no crees? Es sentido común. Quieras o no, eres alguien. En todo caso lo que buscas hacer es terminar con lo que eres. Te pregunto: ¿no te gusta lo que eres? No, ¿verdad? Pero vamos, ¿qué eres? ¿Quién te crees tan importante como para pensar que le harías un favor al mundo, a la naturaleza y a ti mismo, con largarte de la manera que quieres hacerlo de este mundo? ¿Who cares, my friend? Por eso te repito –y ya me esto cansando de ti y tus manías— que no hay razón para que en este momento estés, dubitativo, de pie, y la pistola metida en tu boca con intención de disparate frente a este espejo. Después de todo, el que tanto lo piensa es porque en realidad no quiere hacerlo. Así que será mejor que regresemos a la mesa; el café se enfría rápidamente. Juan Mireles, 30 años. Distrito Federal, México. Escritor y editor.

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Me encanta como sonríes… -no dejes de sonreír-

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También sonrío imposible no hacerlo si en ti, tu sonrisa, sus comisuras y demás labiedades, sabes bien… ya a estas alturas el disfrute pleno de tu sonrisa…

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Todo lo que pueda decir de una sonrisa -la tuyalo voy leyendo -en brailleboca a boca de tus besos Sonríe que estoy cerca como viento a pocos pasos en esa comisura inversa en la paz de tu sonrisa

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Muerte… Me encanta como sonríes… No niegues jamás tu risa Pues… Me encanta tu risa, me encanta como sonríes. Punto.

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Háblame con el corazón Dime con palabras claras (y no con sombrías letras) que soy tu ilusión, tu vida e inspiración. No necesito una canción en donde la pasión se esconda tras las faldas de ideas complejas, siento mayor emoción al oír la devoción de tu ser sin condición, escollo o limitación. Haz volar mi imaginación con aquella pasión que habla con humildes rimas, así te sabré liberación. Háblame con el corazón.

Dante Vázquez, 33 años. Distrito Federal, México. Poeta.

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El Lienzo Deshabitado “Su mirada, dos agujeros negros que permanecen fijos, como la de un demonio esperando”

El día estaba muriendo mientras la luz de la luna empezaba a explorar las inclasificables curiosidades desperdigadas en el suelo al entrar por la ventana. Avanzaba lenta y uniforme hasta que iluminó el cuerpo que había provocado el ruido que se escuchó con anterioridad. El mayordomo tras oír el estruendo proveniente de la alcoba de su amo acudió enseguida. Al abrir de par en par las puertas del dormitorio, lo único que pudo descifrar entre las sombras fue el respaldo del mullido sillón; ése que meses atrás era testigo de la incontenible pasión del amante de lo antiguo, pero ahora, solo un lugar de veneración dedicado al enigmático fresco. Caminando a través del salón, descubrió la deplorable figura. El anticuario yacía en el suelo caído sobre la alfombra escarlata, derrumbado entre relojes victorianos, pergaminos arameos y libros escritos en francés antiguo. El antes jovial e infatigable coleccionista estaba en un estado paroxístico entre la miseria, la locura y el cansancio. Su debilidad no era novedad para el mayordomo. Su empleador había adoptado varias conductas extrañas y no pocas veces había pensado en renunciar debido a sus fijaciones enfermas; hacia aquella pintura específicamente. La obsesión por ella empezó desde el mismo día que la recibió. Era una réplica exacta del Kop van een Skelet met Brandende Sigaret de Van Gogh. Interminables eran las conversaciones que los dos caballeros sostenían cuando ella era el tema principal:

“Las delicadas pinceladas que constituyen las cuencas vacías, el trazo amargo que forma el mentón, el delicado difuminado que compone el humo letal, todas las líneas azafranadas bailando por el lienzo acompasando con el trasfondo sombrío. ¡Todo en ella es perfecto, es incomprensible que una pieza tan maravillosa no provoque el sentimiento de atracción que estoy experimentando!”. Tal fue su obsesión, que la colocó frente a su sillón para dedicarse a verla por tardes completas, ignorando su trabajo, su hogar e incluso su vida.

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Después de ayudarlo a levantarse, el mayordomo fue a continuar sus labores cotidianas, hasta que oyó de nuevo una sucesión de sonidos extraños; eran horribles alaridos procedentes de la habitación que había abandonado. Indiferente y acostumbrado a las manías de su patrón, entró. Lo que vio a continuación lo dejo paralizado. El cuadro causante de los desvelos de su amo se hallaba vacío, lo único que quedaba era el marco áureo circundando el fondo negro. Avanzó sintiendo la opresión provocada por la incertidumbre en el pecho y se detuvo enfrente del sillón. Una náusea invadió su cuerpo. La expresión del infortunado reflejaba la agonía que había sufrido. La garganta cercenada despedía el nauseabundo olor metálico del líquido sanguíneo y la carne de los brazos ardía lentamente al estar moteada con diminutas quemaduras circulares mientras la sangre de sus ojos recorría sus mejillas púrpuras. Su amo se encontraba sentado frente a él con la templanza y porte propio de un cadáver. Al mirar de un lado al otro buscando el arma homicida observó una serie de marcas en el tapete que lo hicieron estremecerse hasta a punto del desmayo. Eran pisadas húmedas, firmes y óseas tatuadas con sangre que se dirigían a la chimenea; sobre la repisa, hallábase un objeto que el mayordomo no recordaba: Era un cigarrillo. Junto a él, posado sobre la plataforma de madera, estaba un ente de naturaleza densa y macabra, con el gesto de un ángel o un demonio, cualquiera que hubiese sido no hubiera importado. Como un facsímil corpóreo de un terror escalofriante. Estaba… Un cráneo.

Ivan Xavier Loeza Morales, 18 años. Xalapa, México. Estudiante.

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Las tres Marías Sentado frente a la ventana fumaba un cigarrillo en la noche ciudadana, escuchaba “María bonita” mientras el humo volaba. Hermosa canción aquella que sonaba. Cuantas Marías; María Natalia, María José, María Lupita. La una, encantadora como ninguna, su voz hipnotiza todos los días que de viejo me faltan; la otra, preciosa, con nueve lunares nombrados como planetas; entre sueños los olfateaba, era el sudor de una ninfa canela cuyos ojos de búho aún me observan; la última, una intrusa, invadió mi casa embarazada, me dio dos hijos de ojos azules que juegan en las noches a perseguirse entre saltos. Aquella María cómo olvidarla si en esta casa todavía habita trayendo la carne que ellos se comen. Tantas Marías en mi vida, todas habitando este corazón. Tanto amor desbordando el alma que vuela en el humo del que ahora es cenizas.

Joalberths De Agrela, 19 años. Venezuela. Estudiante.

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Te extraño Te veo donde sea. Eres como el color de las cosas. Al recordarte se me viene un dulce sentimiento a los labios de pensar en tus pupilas clavadas en mi boca. Cómo quisiera un beso... o morirme un ratito, porque ya no somos. Eres aparte y sigues porque es lo que se hace, pero yo no. En ocasiones no puedo escribir absolutamente nada; simplemente quisiera que se cumpla uno de mis anhelos, que me escucharas... cuando estando a solas pronuncio con tanta tristeza: te extraño. Porque es ahí cuando se rompen las nubes y cae el llanto.

Darío Alejandro, 22 años. Esmeraldas, Ecuador. Estudiante.

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todas mis muertes Los veo bailar en torno al ataúd, tienen feliz la mirada. Llevan vestidos de vivos colores, pelucas antiguas y un extraño tinte oscuro sobre sus bocas; ninguno se parece a otro, son veintiséis hombres y mujeres de variadas edades danzando al ritmo de un pasodoble. No sé si saben que estoy muerta. Me miran, me besan, tocan mis manos y siguen bailando. Hay una niña en el fondo del cuarto rodeada de dos grandes velas que coronan mi destino; lleva un vestido rojo, también son rojos sus cabellos y negros sus deseos. Es la única que no baila, me observa, sonríe y parece no verlos. Sus manos se mueven mientras los dedos se anudan, está jugando con una moneda que es a un lado brillante como el lucero; al otro oscura, como la tinta. La niña se acerca tranquila, sorteando los pasos hasta llegar a mi lado; se pierde por un momento en las suaves telas que me abrigan de un frio diferente. Tiene el conocimiento de miles de noches, en puntas de pie se estira y deja la moneda girando sobre mis manos. Vuelve la mirada hacia mí, ya hizo su elección, no puedo escoger más que perecer bajo la cruz. La moneda se detiene mientras surca mis nudillos, sale mi suerte. Estoy parada en el centro de todo vestida de negro, hay una única luz que nace encima de mi cabeza iluminándome a mí y a los veintiséis féretros pintados de carnaval. Todas las tapas se encuentran abiertas; adentro, veintiséis cuerpos vestidos de blanco con los rostros maquillados y el pelo revuelto. Están todos los que bailaban, la niña no se ha hecho presente. Sin la música se torna aburrido, lloran mis ojos, ya nadie me mira. Los beso pero sé que no lo sienten; todos se han ido, sólo queda la carne que se pudre lenta mientras los despido. En el rincón del cuarto, en el piso, algo brilla; no veo la puerta tan sólo quiero irme, parece la única salida. Allí está la moneda, me mira con burla en la cara, sospecho que sabe que el azar no forma parte, alguien ya trazó mi destino. Sin alternativa, debo seguir el juego, lanzarla para salir de allí. Otra vez gano la jugada; en las ruinas de lo que alguna vez fue una casa, los veintiséis comensales celebran una cena. Estoy parada frente a ellos, parecen no verme, grito pero no me oyen. Mientras las bocas se mueven huyendo del eterno silencio de la muerte, el aire se va enviciando de ruido; las copas con vino chocan en el centro de la mesa. Intento cruzar bajo el arco, una fuerza invisible me frena. Abriéndose paso la niña aparece, mueve su roja pollera de un lado a otro viendo como la tela es libre frente al espejo, alza la mirada y me observa. Sabe que estoy encerrada dentro, tiene otra vez la misma sonrisa hueca. Acerca sus manos al espejo y empuja con una fuerza capaz de mover un universo completo. El espejo gira una y otra vez, todo es vacío hasta que al fin se detiene.

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Me hundo en los adoquines, en las tibias manchas rojas que crecen alrededor mío. Siento el aire rozando mi dolorido cuerpo, desnudo sobre la fría noche estrellada. Hago pequeños movimientos que no son suficientes, intento hablar pero parece que el aire se escapa por alguna parte. La noche se diluye en la luz matinal, finalmente alguien sale afuera; es una mujer que al verme tendida en medio de la calle, corre hacia mí gritando, pidiendo ayuda. De a poco veintiséis vecinos me rodean, me cubren con mantas y acarician mi frente pidiéndome calma mientras buscan un médico. Escucho sus pasos, ya está cerca, la niña aparece junto a mis pies con el triunfo pintado en el rostro, en sus ojos un abismo de infierno; tiene en la mirada algo de olvido y de despedida. La sangre se me va yendo del cuerpo, sólo me queda el espíritu vivo, ella lo sabe, se está alimentando de ello. Me toma por los pies, sonríe mientras alza la mirada al cielo. El mundo comienza a girar como una canica gigantesca, todos se sostienen con los pies aferrados a la tierra, pero yo no puedo y caigo hacia el cielo demasiado rápido, nada ni nadie detiene mi caída. Las nubes se queman; arden de vivo fuego, voy directo hacia ellas. Las llamas me envuelven pero no me queman, la niña ahora adulta me mira por encima, no deja de reírse mientras la piel crujiente le resuena. El humo me envuelve como un torbellino y todo da vueltas de nuevo, el dolor regresa. El cuarto se incendia, la casera grita, los pasillos se quiebran y las paredes ceden al calor. Se oyen corridas, gritos y el pasodoble que suena en el estéreo del cuarto contiguo. Veintisiete inquilinos mueren en el incendio de un edificio de departamentos, sólo sobrevive una niña de rojos cabellos que juega con velas en el piso de arriba.

Victoria Montes, 30 años. Argentina. Escritora.

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ASTROLABIO “Es necesario llevar en sí mismo un caos, para poner en el mundo una estrella danzante”. La noche del viernes treinta me dormí en el sofá observando cómo un grupo de jóvenes yankis intentaba tragar huevos podridos para conseguir el objetivo de los cincuenta mil dólares. Cuánto abuso, estos pibes deberían estar ganándose el pan de manera más honrada. Y aún me entristecía la muerte de un joven empleado de un casino, un pibe de acá cerca. Por llevarse el mundo por delante se lo cargaron. El sábado, el mediodía del sábado, desperté con las ideas revueltas. Sofocado en lagunas mentales, tratando resultar lo más perceptivo posible. Un típico vernáculo. Escupí al suelo una saliva espesa y oscura. El incesante ruido a moscas dentro de la taza vacía parecía el soundtrack de una película hooperiana. La indolencia misma del día me desganaba. Me acerqué a la ventana que daba a la galería y contemplé el coche nuevo de los vecinos sintiendo como la envidia brillaba en mis ojos. A Rodenbach nunca le interesé, pero tosí forzosamente para disuadirme de él. Los oscuros marcos que lo rodeaban parecían la continuidad de su bigote. Destapé la botella de un whisky de doce años. Me dirigí a la cocina. Con el pulso débil coloqué tres hielos en el vaso; décadas siendo un nexo a mi brazo. No cambiás más, siempre ebrio deambulando de aquí a allá. La evolución no es tu fuerte, Ricardo. Cuando la lejana voz de mi padre estuvo a punto de quebrantarme, oí el sonido, una sinfonía que esperaba hace más de una semana. Atravesé el pasillo con la vista envarada en un punto fijo, expectante. La notebook reposaba en un estante y el mensaje hizo de mi aliento el más balsámico de todos los aromas. << Tienes una nueva cita >>. I -… No lo sabemos. Ella y un hombre engañaron a un tipo, un desgraciado. Le robaron y después lo ahogaron en su piscina en el patio trasero. Un francés… Dominique Bouffart; lo golpearon en su casa la noche del veintisiete, hace dos días, después de cenar con un champagne medio pelo. El tipo este era un vendedor de pieles, bastante pinta de puto, como los anglosajones viste –hizo un ademán–. Vivía en Palermo. A la mina la conoció en un club, según las oficinas de Pablo Menéndez en Boedo. Se llama Catalina Piglia, oportunista, chorra, inteligente y desde hace dos días, asesina. No se conocen otras actividades o… delitos que haya cometido. En fin, Ricky, tres gambas. Si resulta algo de todo esto son dos más.


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-Estás desordenando esos papeles –señalé–. tres y media. -Está bien. Los cincuenta son para que compres una corbata nueva. -Gracioso. ¿Cómo es que todavía no los encontraron? -Se fugaron en un New Beetle, cuya aerodinámica va bien con ella. Lo que hizo no la hace menos atractiva. Un bom-bon-cito. Corrió a un lado su saco. Del bolsillo interior tomó una foto y la lanzó sobre mi escritorio. -El tipo que la acompañaba está muerto –continuó–. Lo encontraron en su departamento de Balvanera con tres agujeros en el pecho. Hallaron rastros de ella en varios sectores de la casa. Parece no importarle mucho su seguridad, estamos jugando contra una carta alta. Este tipo de actividad conducía de manera invariable las calles de Buenos Aires. Nada nuevo para mí. Más allá de la situación, los hechos en sí, no me inmuté hasta que vi la foto de la muchacha. Algo hizo sentirme incómodo. Algo me resultaba familiar en aquel rostro. Algo. Abandoné de manera eventual cualquier observación; Pepe Vignolo me dominaba con esa mirada tan muerta y pretenciosa que tienen los policías mediocres, no tenía opción –pensé. -Mujer de un metro setenta y dos, pelo castaño, nariz respingada… nada fuera de lo común. Ah… ojos esmeralda… bien, mañana mismo me encargo. -Esta misma noche, Ricardo. Menéndez me trae las pelotas hasta la garganta. -No puedo, tengo… – ¿por qué tengo que darte explicaciones? – cosas. Decile a Pablito que mañana me dedico al caso. -Podrías dejar las citas para otro mo… -Esta vez es diferente –interrumpí. -¿Por qué carajo es diferente? -Estoy en una especie de… círculo de solteros, por así llamarle. No debería darte explicaciones. Son pocos los fundamentos. -¿Otro más? Círculo de lectores, circulo de cinéfilos… ahora esto. Me extraña en vos, siempre tan correcto, tan sofisticado. Bueno, contáme, ¿rubia? ¿colorada? ¿canosa? Podría ser canosa, a tu edad... -Si, a mi edad todavía se me pone dura, si eso querías decir. Es una tal Victoria. -Como sea. Por esta vez, y una vez más, no te voy a romper las pelotas. Pero mañana mismo te quiero con el culo acá, este caso es importante. Piglia no puede seguir impune. -Deseáme suerte.


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-Que la suerte no te falte. Cuidado con el champagne que elegís, al menos al francés no le trajo suerte –ya estaba parado buscando el picaporte. Cerró la puerta tras de sí. El aroma a café que llegaba de afuera penetraba los vidrios hasta volverlos opacos. II Salí del restaurant con aire altanero, el ego en el cielo, el pulso tranquilo. Prestaba más atención a dónde nos dirigíamos que al lugar donde pisaba. Doblamos en Godoy Cruz, pasando desapercibidos ante los mendigos que pululaban la penumbra. Cualquiera que haya sido su intención, me asustó bastante. Solté un chillido de bebé –qué vergüenza todo esto–. Tomó mi brazo, ocasionándome un dolor que desde el robo en un chino no experimentaba. Nos metimos en una especie de callejón detrás de un bar, a pocos metros de ahí. Sentí que ya no era la misma Victoria que bebió champaña conmigo. Su frente se veía más amplia, el pelo parecía haberse ido hacia atrás. Me ofreció una hora de sexo mundano a cambio de mi reloj. No sé que me resulto más frívolo, si sus ganas de sexo fácil o su afán en sí. Porque no era un trueque, se aprovechaba de mí. Aunque su corte de pelo la hacía ver poco menos femenina –creo, en un intento por demostrar fiereza– no sentí amenaza. Más bien, resultó un desafío. Hora de actuar, señor detective. Advertí que sin mi reloj no podía saber con exactitud cuánto tiempo duraría realmente todo ese flirteo, entonces acepté el intercambio siempre y cuándo llevase mi reloj puesto mientras durase, y sin abnegarme, asegurar que se cumpliese una hora exacta. Quizá tomé demasiado en serio mi profesión a lo largo de años, pero mi ética no estaba expuesta. Por lo menos en ese instante anulé mis conceptos de sofisticación. Entonces, si lo haría, sería bajo el tiempo exacto de una hora. No olvidaba el caso de Bouffart ni un segundo, sabía que en pocas horas más mi oficina sería una misiva constante. Debía tener suficientes horas de sueño a mi favor. Mañana mismo te quiero con el culo acá. Era una persona la cual uno debía interrumpir para que ceda la palabra; notablemente, su rasgo más evidente. Aunque más evidente es que sucedan cosas como la que sucedió aquella noche de agosto, bajo un irrefutable y estúpido comportamiento pasional. Rasgo evidente en un tipo como yo.

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Sintiendo un leve ardor en mi lado izquierdo, sobre la cintura, contemplé las estrellas, en un momento de distracción. Es que no puedo evitar buscar la mía. Son parte de mí, la palma de mi mano me resulta desconocida ante ellas. Aquella estrella será tuya desde ahora en adelante, Ricardito. Y desde aquellas palabras tan maternales e ilusas pasé toda mi vida mirando el cielo en busca de esa estrella, tratando de recordar cuál de todas era. Al volver la mirada, su rictus perverso siguió excitándome de manera constante, a medida que una mancha rojo fuerte se expandía en mi saco color ocre. Noté su mano en mis bolsillos y sus labios en mi mejilla izquierda. Luego se dirigió nuevamente a la calle. Mi aliento ya no era un aroma. Ni aliento me quedaba. Sin muchas fuerzas, con la mente ya enferma, reposé mi espalda en una pared mohosa, espantando hojas.

III La encontré como un cerdo topa con una trufa. Pero lejos está de ser una cuestión de olfato; mucho menos un descubrimiento. Por alguna razón ya la conocía. -Suerte, señorita Piglia –grité.

N. F. Ramos

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El año pasado

Las gotas de lluvia me tocan y llaman a mi ventana Entonces llegas empapada y me dices hoy no fue mi día Me levanto y te abrazo sin importar mojarme, sentir tu calor y tú el mío ¿Cómo será lo nuestro si hoy no es ese tiempo? Y ¿cómo será un futuro? ¿Si las noches las pasamos separados y los días alejados? Entonces, ¿mañana será nuestro tiempo y todo cambiará? Los años nos pasaron; inviernos, veranos... Las primaveras juntos y los otoños sin separarnos. Entonces, ¿nos amamos aun mas?

Javier Quezada, 16 años. Monterrey, Nuevo león, México. Estudiante.

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Relecturas demoradas Escribo esta tentativa de artículo el día en que Julio Cortázar cumpliría cien años. Con motivo de lo cual, la única cadena de televisión que en mi país aspira todavía a cierta pátina de respetabilidad exhibió, el domingo a las once de la noche- cierta pátina, maticé-, el excelente documental que Tristán Bauer dedicase a aquel cronopio inmortal en 1994, justo a los diez años de quedarnos huérfanos de él. La particularidad del film- insisto, francamente recomendable- estriba en que nos ahorra la impostora voz en off de cualquier recitador a sueldo y da vía libre a la del propio Cortázar, en ese peculiarísimo- incluso hipnótico- español suyo, tan porteño y parisino, ni una cosa ni la otra y ambas a la vez. Hay un pasaje de Cortázar- título de fácil recuerdo, para aquellos interesados- que me causó una especial y muy personal impresión; en él, Cortázar relata la extrañeza primero, y el posterior regocijo, que le provocara el hecho de que su celebérrima Rayuela, escrita por un hombre próximo a la cincuentena y dirigida en principio a lectores de su misma quinta, encontrase en los veinteañeros de la generación siguiente- aquellos que querían el mundo, y lo querían ahora- un rendido público lector, no sólo ávido de las desventuras de Horacio y la Maga y su malogrado bebé Rocamadour, sino profundamente identificado con los contravalores que impregnan la obra. Y es que yo también leí Rayuela a los veinte años, instado a ello por un brillante profesor, enormísimo cronopio él mismo, y de quien tan poca sociología aprendiera- fallo mío-. En el atolondramiento un tanto narcotizado de entonces es muy posible que malinterpretara muchos pasajes de una novela tan complejaantinovela, acostumbran a decir; contranovela, reponía, como defendiéndose, su autor-, o que directamente no entendiese nada. Pero lo que resulta indudable es que Rayuela me impactó fieramente. Me poseyó por completo. No tanto su atípica estructura, motivo de copiosa y controvertida paraliteratura filológica, como el espíritu tan particular que alienta en sus páginas deliberadamente desordenadas. Esa actitud desafiadora de cronopio burlón ante la derrota que en último término supone vivir, una especie de rebeldía intrínseca, que no extraña inspirase a tantos airados estudiantes a la búsqueda de la playa bajo los adoquines de París. No la he releído. Del mismo modo que no he releído On the road, de Jack Kerouac, otra obra que leí por entonces, y que, junto a Rayuela, soy yo quien hoy recomienda contumaz a mis alumnos de dieciocho o veinte años, mientras tengan dieciocho o veinte años.

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Quizá porque es a dicha edad cuando el anhelo de libertad que ambas exudan mejor puede apreciarse. Apreciarse es, por cierto, verbo demasiado maduro- frío, analítico; fama, en fin- como para siquiera tratar de describir el trance feliz, un poco- o mucho- simbiosis de amor adolescente, en que, como tantos otros a lo largo ya de tres generaciones, caí durante aquellas lecturas iniciáticas. No las he releído y tal vez debiera. Redescubrirlas a la luz adulta, posar una mirada diferente- no diría decepcionada todavía; si acaso un tanto desencantadasobre las frases míticas, de resonancias indudablemente jazzísticas, con que Cortázar y Kerouac tejieran sus obras maestras. Y no es que reniegue de las relecturas, ni mucho menos. Envidio, de hecho, a quienes encuentran la oportunidad, o el tiempo, de revisitar los mundos mágicos, y ya casi familiares, de sus libros de cabecera; hasta el punto de, incluso, permitirse memorizar sus pasajes favoritos. No obstante, sucede que invariablemente una lectura me conduce a otra, cada autor me remite a varios más y así, de pronto, ha pasado una década, y de los libros que tan honda huella creí me habían dejado, apenas si queda ahora un vago recuerdo, tan cariñoso, sí, como difuso. Ejemplo reciente de ello es el siguiente: no hará ni una semana que me hice, en una librería de saldo, con un ejemplar en bastante buen estado de La condición humana, de André Malraux. Caminaba de regreso a casa con él bajo el brazo, apenas si podía esperar para empezarlo, devorarlo más bien. Me encontraba, pero, en mitad de Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, obra inclasificable como aquéllas, plagada de referencias biográficas y literarias; lectura extraña, deleitosa y, me atrevería a decirpor más que me repugnen la propia palabra y sus implicaciones- obligatoria. Las continuas menciones a Kafka, su nada vistoso periplo vital y la difícil relación con Milena Jesenska han acabado conduciéndome a postergar a Malraux en beneficio del praguense más universal, de quien leyera, asimismo en mis ingenuos- sedientos- veinte, el completísimo compendio de cuentos editado por Valdemar. Su novela inacabada América espera paciente a que apure las últimas páginas de Muñoz Molina. Después vendrá Malraux, o no.

Carlos Ortega Pardo, 31 años. Valencia, España. Profesor.

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Los muertos de hambre Aquellos que por sublimes y creadores los llaman de tal modo, aquellos hombres comunes y excepcionales, de mentes brillantes de cortejos exactos, de volúmenes no aptos para la cordura del que rige un imperio, aquellos hombres que se llaman artistas, que glorifican cada minuto de nuestros días, con música creada por sus corazones, aquellos hombres y mujeres que dejan sus fuerzas tras un escenario, tras un parque lleno de videntes nocturnos, aquellos sigilosos artistas que regalan su arte a la Cosmopolitan de su momento. Poco realista, aquellos artistas que gozan con ser eso, artistas, aquellas pequeñas minorías que son de mente abierta y de dulzura acumulante, aquellas minorías que mueven naciones con sus manos, con sus cuerpos, con sus voces, con sus cantos, con sus deliciosas frases que acumulan grandes glorietas para una dama, para la luna, para todo aquello inmerso en su naturaleza, para el mundo. Pero en nuestros efectos sociales ¿qué significa ser artista?, yo no sé muy bien responder esa pregunta, solo es ser así y no puedo ser de otra manera, pero en nuestro mundo cabe que es indispensable los cardiólogos, los doctores, los dentistas, lo profesores, los arquitectos, los empresarios, los economistas, pero sin embargo no parecen ser tan importantes los trompetistas, los actores, las bailarinas, los ilustradores, los poetas, pero desde que tenemos uso de razón estas disciplinas son las horas muertas de jóvenes sin razón social, para calmar sus ganas de hacer todo, calmar su hiperactividad, son como una limosna para los jóvenes que no tienen futuro, pero porque no poner el mismo empeño a la creatividad que a la alfabetización o dedicar las mismas horas a la danza como a las matemáticas. Realmente alguien piensa que nuestro mundo sería el mismo si no hubieran existido, Da Vinci, Mozart, Picazo, Charles Chaplin, Julio Verne, Walt Disney, Neruda, Beethoven, García Márquez, Miguel N. Lira, Octavio Paz, Aristóteles, Pedro Infante, Agustín Lara, Yann Tiersen, Depeche Mode, Mahatma Gandi, Borges, Julio Cortázar, Cerati, Marco Aurelio, Maquiavelo, Tomas Moro, Francis Bacon, Shakespeare, Salvador Dali, Cantinflas, Los Beattles, y otros más De verdad alguien piensa que nuestra niñez y el crecimiento de nuestras vidas hubiera sido la misma sin. Los sopranos, Friends, La Ilíada, La mil y una noches, El quijote, Naranja Mecánica, El ruiseñor y la rosa, El principito, Los Simpsons, Viaje al Centro de la tierra, Los picapiedras, Forhest Gump, Los castores cascarrabias, Candie, Los Thundercats, Batman, Superman, Blanca nieves, El padrino, La guerra de las galaxias, Pulgarcito, pero ahora nos parecen añejos estos títulos, pero en el tiempo había un muerto de hambre que les dedicaba su tiempo, su energía, su vida, sus ganas y lo mejor de el para llegar a este momento. Pero en algún lugar del mundo hay un personaje inmerso en el guion de una historia, está inmerso

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en una coreografía, moja los pinceles, o termina una verso, y hacen todo esto fuera del sistema y considerados hoy en día una rareza, pero ser artistas vale las mismas horas que un profesional, casting, audiciones, horas de espera, entrega, un mundo complejo igual que cualquier otro, pero realmente hay alguien que piensa que nuestra vida sería la misma sin las pinturas rupestres, sin las bulerías, el impresionismo, el fado, el ballet, el teatro negro, los isabelinos, el jazz, los cuentos, el teatro dramático, los sonetos, las ciencia ficción, la ópera, la novela arte, los grafittis, el hi-hop, el renacimiento, la poesía, el manga, el tango, la cumbia, los dibujos animados, la comedia, a nosotros mismos. En estos tiempos que vivimos menos, necesitamos más belleza, ahora que estamos más deshumanizados, que la economía asfixia y el tiempo se cuenta por las horas de oficina que es más fácil mandarnos un mensaje de texto que mirarnos a los ojos. A esos muertos de hambre, que nos regalaron lo inmerso en el arte, en una idea, en un momento, en un pensar, todo lo magnifico que el hombre jamás se impregno a cosechar, a todo lo irreal que su mente sospechaba fue creado, se le dio vida a lo inamovible, a todo lo que por bien común surgió como una idea, se glorifico atreves de locos muertos de hambre queriendo cambiar su mundo. Aquellas mentes sublimes sin rango aparente, sin ganas de poder, de elogios, de más que de vivir de lo que pensaban, aquellos muertos de hambres que somos los artistas, vivimos de sueños, de esperanzas, de ganas de encontrar en nuestro entorno algo más que creación y belleza, en este mundo nos hace falta vida porque respirar no es vivir, vivir en medio de lo que nuestros sueños y nuestras manos pueden crear es por lo que pocos son artistas. “Sin arte no habría manera de amar, de amarte, de amarnos y de crear algo más allá de lo que un par de muertos de hambre hubieran podido crear.”

Fernando Bermúdez, 22 años. Chiapas, Mexico. Escritor, Fotografo y Poeta.

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El Misántropo

Flaco y harapiento, tras las guerras del alma, el anciano sin nombre, apenas consigue avanzar sobre sus piernas, se auxilia con un bastón de avellano, que le concede una apariencia bíblica. Hace mucho tiempo que se halla en soledad, la sociedad le lastimó y él se ausentó para refugiarse del dolor. Jamás se acopló, ni tuvo hijos… Se aventuraría a testificar que no germinó de mujer terrenal. Los escasos conocidos que hizo en vida, se dilapidaron por el errar de sus pasos… sí, porque el anciano desde una inmensa colina, miró el mundo y sus continentes, y jamás encontró paisaje que le compensara,…nadie le dio suficiente confianza y todos se comportaron como fieras…raza animal, ambiciosa y lucrada en sí misma… El anciano sin apodo, sin políticas ni religiones… Conoció las artesanías mediante dictadores que explotaron su integridad como individuo y tiranizaron su jornal a costa de azotes físicos y psíquicos, llagas siempre beneficiosas para el patrón. En la ciudad manifestó su disgusto con los encargados de la ley, el orden y la justicia y fue preso por la civilización, que le encarceló, consumió y materializó como a un “extraño ser, agresivo y salvaje”. Expulsado, se retiró al bosque lejano y allí en la Naturaleza, alivió su deshielo, arrancó las cadenas del sometimiento y cultivó su alimento en libertad.

Kim Bertran Canut, 54 años. Barcelona, España. Escritor y fotógrafo literario.

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MONSTRUO DE DOS CABEZAS Eres mi monstruo que aparece y desaparece a conveniencia. En las sombras me acaricias con dulzura y cautela. Me desvelas con tu voz, indefensa me entrego a ti sintiendo que me embriago con tu respiración y el silencio se apodera de los dos con calma plena. Sutilmente me elevas a la fantasía sin entender el por qué de tu adiós en el momento en el que me entrego con el corazón desnudo a tus deseos. Me despiertas con el arma letal que la vida te proporcionó. Palabras que despiden confusión externadas poco a poco tratando de no herirme, pero me hieres. No entiendo por qué en este momento de soledad no das esperanza a mi amor. Regresas para hacerme sentir que no sentimos lo mismo, que todo cambió. Antes estabas tan decidido y ahora llegas con la confusión entre el amor y el olvido. Escucho con dolor que tus palabras ya no brotan como ayer, me lastimo sola queriendo escuchar un te amo. Arranco de tus labios la palabra pero me cuesta dolor, lágrimas, como resultado las escucho y en ellas no hay emoción. Trato de imaginar que no ha cambiado nada, que lo que siento por ti es igual a lo que tú mintiendo dices sentir. Quiero creer que seguimos enamorados con la misma fuerza. Una mentira que me llena por un momento de mucho placer, aunque cuando lo pienso bien, segura estoy de que son embustes que me envuelven y tratan de recorrer mi piel, me estremecen, me hacen sonreír, me gustan. Llega el amargo dolor al saber que nada de lo que dices es verdad. No te culpo por cambiar la ruta, me culpo por continuar en el camino que hicimos y en el que ya no estás.

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Monstruo de dos cabezas: Una llena de amor que despierta con el sol en las mañanas hermosas y otra de confusión que duerme en el día y despierta por las noches. Monstruo indefenso que no puede vivir con una, monstruo cruel que se deleita de día y noche con este triste y cansado corazón ajeno a sus mentiras. Monstruo distante y cercano que se apodera de mi soledad jugando con ella a diestra y siniestra. Mordiendo de noche y lamiendo en el día mi corazón que se estruja muriendo y reviviendo a tu antojo porque te ama todavía. Monstruo indeleble que vives apoderándote con mi pensamiento todos los días. Monstruo feo, fuerte, arrogante, despreciable, ¿Quién soy yo para decirte lo que eres? Tú lo sabes mejor que yo, quizá por eso te despides de mi vida, no puedes combatir la pureza de mi sentimiento por ti. Quieres seguir viviendo, por eso te alejas, con la cola entre las patas a buscar otros momentos que te demuestren que eres invencible al amor puro que dispuesta estaba a regalarte… Pero sin mentiras.

Zafiro Merlión. Oaxaca de Juárez, México. Escritora.

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No les cuentes la verdad El viento aún arranca los tejados de aquellas casas que el alma construyó y la lluvia empapa cada sentimiento... ¿cuánto más deberemos esperar encerrados en esta celda a la que los rayos del Sol nunca alcanzan? Sentada en aquel lugar apenas podía divisar los colores del mundo, encadenada a una pared con grilletes que me apresaban... Y un sentimiento agrietado. Shhht... No le cuentes al cielo que he vuelto a llorar, no le confieses al mundo que se derrumba mi corazón y... Calla, mi ángel... No le digas al tiempo que me duele su abandonada presencia, que mi luz se oscurece y que mi sonrisa se vuelve intermitente... El futuro no puede bloquear lo que hagas hoy, pues entonces sería absurda la existencia del presente... Recordar duele y esperar te convierte en piedra... Pero todo es falso y nada es mentira. Y desde esta mullida cama en un rincón del rasgado mundo, vengo a decirte que ya no creo en los cuentos de hadas ni en príncipes ni en princesas, que los valientes sois mi esperanza y que la esperanza... es lo único más fuerte que el miedo. Sonríe, es lo más bonito que puedes darle a una persona.

Gemma Cardera, 22 años. Estudiante de Psicología.


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—No lo entiendo. —Sacudió la cabeza la pequeña, confundida; mientras su madre la sentaba en el pupitre de plástico de aquel bonito cuarto de juegos. Y cruzaba las piernas al sentarse en el suelo, para ponerse a la altura de su hija. —El sol es como un gran mago. Que da la vida a las flores, a los árboles… a los animales… —¿Al gatito del señor Gómez también? —la interrumpió la niña, con su rostro de nuevo desbordado de ilusión: “Guau… el sol es un gran mago”; pensaba, mientras su madre seguía relatándole la historia. —Sí… al gatito del señor Gómez también —accedió la madre entre risas—. El gran sol nos da la vida a todos y nos protege con su calor. Pero como es tan grande y tiene tanto calor para compartir, hay que tener cuidado, y coger ese calor poquito a poco… —Para no quemarnos —interrumpió de nuevo la pequeña, abriendo mucho los ojos. Su cabecita estaba empezando a comprender; y además, se estaba acordando de algo: —¿Como el año pasado cuando me quemé en la playa porque tomé mucho el sol? —Ajá… —asintió su madre—. El sol es grandioso, Laura. Y todos los días nos regala su magia. Tan solo tenemos que coger un poquito de ella; un pellizquito de esos polvos mágicos que nos dan la vida… Puede que ahora no lo entiendas, porque eres muy pequeña; pero mis palabras estarán en tu cabecita para siempre: Si la vida te da la oportunidad de disfrutar de la belleza de las cosas, no quieras agotar su regalo muy deprisa mirando al sol. Ve despacio… y entonces sus rayos te acariciaran para siempre. Laurita sonrió. Y a pesar de no entender esas últimas palabras, sintió la calidez de la tierna voz de su madre; y nunca olvidó este momento, que llevó grabado en su memoria.


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COMO UN MILAGRO “Por un laberinto de sonidos, viene una voz, hilo de confusa madeja hilo invisible, desenredándose” Circe Maia Descubriéndose a la luz

reconociéndola fundiéndose en ella en una realidad nueva diferente / férrea. Con todos los colores todas las notas los aromas / los sabores y esa suavidad al tacto de cálida porcelana. Alegría / tristeza Amor / desamor Vida / muerte Principio y fin. Ritmo / música Sugerencia / impacto. La misteriosa magia de un buen poema.

Sonia Otero Farías, 70 años. Montevideo, Uruguay. Docente, escritora y cuenta cuentos.

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nerok Me despierta el alba, quien me lo diría que tu hermoso rostro contemplar pudiera no, no eres fantasía, es mi realidad. Entre blancas sabanas a medio cubrir descansas el cuerpo delinean tus formas, las puedo admirar mientras tú mi amor ni cuentas te das. Despiertas en mí tantas emociones hay deseos locos de besar tu boca recorrer tus calles, pintar las caricias sentir que me abrazas, estrechas, asfixias... Suspiro profundo, se me ha hecho tarde tengo que marchar. Con mucho cuidado apago la luz grabo en el espejo la pequeña nota: “Cariño, observa tu espalda marcadas en rojo te deje mis huellas quiero agradecerte por las emociones de cada mañana, al contemplarte... desnudo entre mis sabanas blancas”.

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Sólo quiero sentir

Me arrojé al lado desconocido del amor Donde no hay sentencia Para llegar Libré sobresaltos Borré conjeturas Abracé con calma lo habitual Sonreí en las pequeñas manos Sensaciones placenteras Inútiles de trazar El corazón es cosmos Pirámide cardinal.

Crisstian Villicaña, 32 años. Tijuana, México. Periodista y poeta.

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LILIUM Tiempo. Todo el mundo busca consuelo en el tiempo. Te aferras al engaño del tiempo: te sentirás mejor con el tiempo, dolerá menos con el tiempo… Y tú sonríes cada día, intentando ocultar ese tiempo, que corroe tu alma en la espera de tal utopía. Y te sientes vieja a pesar de tu juventud; aunque tu adultez haya quedado aniquilada en el momento de la pérdida: la paradoja transformada en dicotomía. Me convertí en un bebé desvalido aquel 20 de junio. Un bebé de piel arrugada y espíritu añoso envuelto en un cuerpo de mujer. Y suspiro… apretando, sosteniendo, reafirmando mis dedos sobre las teclas de este ordenador; buscando la inspiración para acabar una frase inconclusa que marcaría el término de esta bella novela, que aquel 20 de junio, quedó condenada al cruel silencio de la página en blanco. “Jamás una flor tan bella como aquel lilium… como aquel… lilium”; repito el cantar inacabado vocalizando lentamente, con la vista puesta en la rotura del amanecer que se cuela por la ventana. Tú eras el lilium, mamá. Mi lilium. Aquella hermosa flor que iluminaba mi vida. Pero no puedo acabar mi novela, porque no encuentro el alivio de ese renacer. Te he buscado desde entonces, aferrada a esa fecha: 20 de junio; cuando el verano decidió llevarte, apartarte de mi lado; cuando los liliums florecen, retoñan, después del dormitar del invierno. Pero, no siento el calor del estío; adormilados quedaron los pétalos de esa flor, encerrados en su bulbo, que el tiempo se empecina en dominar. Hasta que el aire musita, cargado de olores de vida, de hálitos incomprensibles, que aun así, viajan henchidos de entendimiento. Y me hacen reaccionar, terminar esta novela que nunca murió a pesar del destino. Pues yo buscaba el resucitar de una flor cuyo bulbo nunca perdió sus hojas. No hubo muerte entre nosotras, ni paradoja, ni dicotomía incierta. No hubo renacer, porque solo renace aquello que alguna vez feneció. Me diste la vida, vives en mí, no me hace falta buscarte, porque ya te tengo. “Jamás una flor tan bella como aquel lilium, había colmado de tantas sonrisas un alma adherida a su tallo.”

Gema Lutgarda Enrique López, 38 años. Málaga, España. Escritora.

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-¿Qué letras? ¿Qué dicen? No veo, dime. -La razón de por qué tu libertad es negada: tus desconfianzas, mentiras, vicios, miedos, violencia, odio celos, desconfianza a ti mismo, miedo a soñar. -Dime que dice aquella placa que está situada arriba de mí en la que las cadenas están soldadas. -Dice lo que tú solo decidiste sin importarte nada ni nadie: “ tus propios errores te hicieron perder el amor tus errores son los causantes de tu propio exterminio”. -Perder el amor… Yo sólo quería ser feliz, pues tú solo causaste lo contrario. Mírate como siempre pensando en ti, solo en ti. Egoísta. El silencio inundó el lugar, un frío fuerte y secó pegó en mi rostro, algo había pasado. -¿Qué pasa? ¿Qué me sucede? ¿Qué hago? Solo quiero vivir y amar, solo quiero ser feliz. -No pidas algo que ya no tiene sentido, ya no tienes que recordar, ya se ha ido. -Déjame, solo quiero luchar. -Pero ¿para qué? Ya has perdido. -Cállate ¿hasta cuando estaré aquí? ¡Déjame ir! -Siempre estarás así encadenado, entiende ni siquiera nadie sabe lo que te ha pasado ni familia, ni amigos, ni ella, nadie. Tú causaste que nadie ni siquiera se preocupara por nosotros. De repente la tristeza no dejaba de aumentar, más una pausa se creó no había nada más que yo limpio y sin cadenas ni heridas, libre. Mi rostro empezó a sonreír, una sonrisa de fe y de ilusiones y otra oportunidad. La única voz era la mía. No paraba de sonreír y dar gracias pero cuando pensé que todo había terminado mis ropas se desgarraban poco a poco, las heridas abrían, mi boca y pies sangraban, la luz se disminuía cada vez más, intente correr y escapar llegar a la luz cuando tropecé tan duro que la sangre empezó a escurrir por mi frente seguía encadenado otra vez mi libertad y mis ganas de vivir eran arrebatadas ¿Por qué? ¿Por qué? La risa pesada y burlona de nuevo, todo se ha: ido la ilusión se desvaneció y tu ríes, riendo solo dijo: -Ahora sabes que sentí cuando de la nada todo murió, todo se acabó. Has muerto amigo mío, ya no luches hemos muerto. De la nada un gran shock sentí voces retumbaban mis oídos pero me encontraba tan aturdido que no lograba entender nada, mis ojos empezaban a abrir, la luz era deslumbrante solo llegaba a ver borrosas siluetas; a mi alrededor todo se empezaba a aclarar. -¡Es un milagro! ¡Está vivo! -¡Felicidades doctor! Me situaba en un hospital, traté de moverme, ninguna atadura me lo impedía pero me sentía más encadenado que aquel calabozo, mi fuerza poco a poco volvía a mí. -Doctor se mueve, se mueve, no cayó en coma. Me sentí con fuerza suficiente para respirar, el aire recorría mis pulmones con una frescura inexplicable, vi mis brazos y arranqué los sueros violentamente; aparté a todos de mi, trataron de agarrarme, vi la puerta y no lo pensé dos veces corrí hasta alejarme de aquel sitio; quise ir a casa, todos estarían preocupados buscando, pensé pero cuando llegue me di cuenta que ni siquiera mi ausencia habían notado, corrí hasta no poder. Quería verla, quería amarla, quería abrasarla demostrarle que aquí seguía esperándola ,que quería estar a su lado; la vi a los lejos pero nada había pasado, todo seguía igual sus ojos expresaban enojo y desconfianza y ella que ya todo había olvidado, ya no era nada para ella; todo seguía igual nada había cambiado, seguía sintiendo esa gran presión pero mis pies y manos limpios estaban sin cadenas pero yo ahí las sentía, más fuertes que nunca. Intenté, llorar, gritar pero todo fue nulo, por fin había entendido lo que en mi propio calabozo, mi sentir me dijo estaba muerto, mi sentir había sido eliminado y esa voz, mis sentimientos el que nunca dejó de luchar por fin se rindió. El vacío inundaba mi cuerpo, un cuerpo que tan solo ya era algo vacío, solo roto y sin sentido el único recuerdo son estas cadenas que siguen conmigo, el sendero de este irónico camino, cadenas tan fuertes tan pesadas tan reales.

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LA INSINUOSA LEVEDAD DEL PODER Cuando creía poderlo todo llegó la vejez sin poder nada. Solo contaba con desgracias, malas vivencias, pocas alegrías y muchas penas. Su vida iba acercándose al final y no, no había logrado sobrevivir sin la desdicha a su lado. Una infancia regular, según los destinos de un país, una juventud quizá, ésta sí, algo feliz, adulta con lágrimas de dolor y vejez, ¡ay la vejez! Con más dolor si cabe y más lágrimas que llenan ríos de amargura. ¿Cuándo se acabará parece preguntar? Pero al mismo tiempo, no deja de tener proyectos y planes en su mente. Parece creer que nunca llegará su final y tal convencimiento existe porque aún sueña, aún imagina, aún existe. No se sienta con pesar recordando el pasado. No permite que falte su autosuficiencia, siempre la ha tenido y sobre todo porque así la vida se lo ha exigido. No da cariño porque no sabe darlo, no demuestra lo que quiere porque no sabe hacerlo, su falta, sabe mostrar desprecio, un desprecio que no es comprendido. Tal vez y digo solo tal vez, es que la dura realidad ha dejado heladas sus venas y no corre la sangre con el ardor que debiera. Es como si las alegrías fueran algo que bueno… están ahí, pero la rudeza y la dura pena absorben y no las considera. Nunca tuvo pobreza pero tampoco riqueza. Siempre se quejó, nunca agradeció, solo sentía que todo había caído sobre su cabeza y no perdonaba ni a los que no eran culpables. Tuvo momentos que creyó tener poder para hacer y deshacer, cuando se dio cuenta que las cosas no son como uno quiere, dejó de querer. Pasó de comprender a no entender, de no me importa nada a me importa todo y no lo perdono. Ha llegado el momento en el que ahora, siente que lo único importante es su cuerpo, su mente y si a otros les daña la vida, pues… como vulgarmente se dice, “ajo y agua”. No siente empatía por nadie y aun siendo muy cercanos, sin decirlo, dice: yo lo pasé así, pues te aguantas, ahora te toca a ti. Nunca se tiene poder para nada, ni sobre nada, ni sobre nadie, pero cuando llega nuestro final se nos insinúa una leve línea de poder en nuestra mente que nos hace creer que después de tanta vida pasada el presente es nuestro y de nadie más y todos los que nos rodean, son personas que están ahí, para nuestro regocijo.

Rosa María Bodas Pérez, 56 años. Belvís de la Jara, España. Administrativa contable en paro.

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CONTRA EL CIELO [O del declive anunciado de los egos]

Desde que una mano cerrara tus párpados —luego de hacer lo propio con las pálidas cortinas y ventanas de tu habitación de muros kudzu y luces malva— el mundo sigue en sintonía, pero las aves se han marchado. Ávidas de color y vida, ahora buscan nuevas ondas, miradas más profundas, más brillantes, más visibles. Hubo una vez en que ascendiste tanto que casi te asfixiaste. Erótico rubor de levitante, obscena la belleza en las alturas. Obsceno tú que tanto la aruñaste, retrepándote por los aires, mecido, alabado. Excelso el devenir del tiempo hasta este día opaco, provisto de senderos ebrios y recuerdos detenidos. Los días habían pasado con la desesperación de un converso que quiere olvidar su nefasto pasado. Con valor prescindiste de los gritos y creíste ver en las nubes un muro de contención amorfo y certero. El dolor acechaba. Ahora sé que tu mirada, tu última mirada, sólo deseaba comulgar con el crepúsculo, colonizar horizontes. Tu cuerpo iba y se instalaba a orillas del abismo, esculcaba el aire, oteaba, alcanzaba a definir lo que podría ser dejarse ir y caer como una roca. Detrás de la máscara epitelial que lo contenía, sus ojos obedecían en la hora señalada. Sus poros se abrían y rezumaban decadencia (¡y pensar que la respuesta no estaba allí, ni en ninguna parte!) “Imposible desandar el camino; imposible prolongar lo inevitable; imposible conservar la seda entre las zarzas; imposible flanquear los obeliscos de infame luz que horadan el cielo y caen sobre mí como un sedal para pescarme”. Hablaste así con palabras, con arcanos, hacia arriba, derrapando profecías, exponiéndote. Contempla ahora este frescor. Contémplalo como si fuesen los rescoldos de tus propios ojos que explotaron frente al espejo. Lame lo que queda del aire e imagina lo que quieras. Quizás, como Vespucio, preveas otros mundos. Quizás ahora entiendas que en la quietud, en la basta quietud, ya no existen diferencias, que por fin tu soledad se hace habitable.

Rafael Romero, 36 años. Guatemala. Escritor.

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LA RED FAMIGLIAR Si hacemos caso, en primer lugar, al grupo alemán KREATOR, en su canción “Some pain will last”, hallamos lo siguiente: “Al principio, tu madre hace las cosas bien./Pero pronto, te das cuenta de que es todo una mentira/vives en un mundo de dolor y muerte, corrupción y avaricia./Pero espera amigo, porque lo peor está por llegar:/Horror y dolor están reservados para tí./El dolor durará, durará para siempre”. Por su parte, y siguiendo con las citas musicales, podemos hacer caso a lo que decían en el año 1996 (época, por otra parte, de bonanza económica, al menos en Europa) a los suecos IN FLAMES, que decían así en su canción “Dead eternity”: “La vida te da la bienvenida a su mundo./ Al principio no sientes nada, pero el tiempo será tu maestro en el memorial de la existencia./ De repente, nubes negras invaden tu alma, introduciéndote en lagunas de angustia/nada puede ayudarte ahora”. Y es que la vida, inescrutable, indefectible en su devenir histórico y orteguiano, parece querer demostrarnos continuamente que los mejores días de la vida son los primeros años, en los cuales la dependencia paternal, y especialmente la materna, es imprescindible para el correcto desarrollo posterior. Mas, centrándonos en los aspectos formales de la infancia, bien parece ser cierto lo que decían Freud o Erikson: Que la infancia es la etapa con más conflictos internos de la vida humana. Si esto es así, no quiero ni pensar en qué pensarán de los tormentos psicológicos y sociales, biológicos y orgánicos de la adolescencia. O de los múltiples problemas, en la madurez, para alcanzar una vida plena (esto es: Pan, trabajo, dinero y familia, además de un hogar), en nuestra deformada concepción occidental de lo que debe o no debe ser.

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¿La senectud? Considero que, entonces, la persona se vuelve tan dependiente como en la infancia con respecto a la familia tanto paterna como conyugal (en sentido extenso), y puede que también de otras personas. La familia resulta, pues, y a falta de otras posibles instituciones sociales, el principal pilar emocional, psicológico, psicosocial, económico... Por todo lo cual su definición resulta imprecisa y variada. Puede ir desde la típica familia nuclear, a la familia polinuclear y/o ampliada. Y, a su vez, la familia en general presenta múltiples dificultades (entre ellas, las derivadas de la convivencia, muchas veces por motivos económicos, o bien sexuales, entre otras), lo que ha de hacer a la familia centro de los estudios antropológicos y sociológicos, por mucho que nos quieran meter por los ojos eso del intervencionismo institucional (el Estado y la administración) y social (Iglesia, asociaciones, amigos, conocidos, relaciones laborales... en toda su complejidad: Lo que se llama “vida social”). Tal vez debido a la mencionada complejidad creciente en las relaciones interpersonales, se observa en nuestro tiempo una revalorización de la familia, lo cual se observa en individuos como los/as emigrantes, o el de los/as jóvenes, ya que, sociológicamente, el hecho de independizarse (emanciparse) no tiene por qué implicar la ruptura de las redes familiares. Al menos, no necesariamente.

Eloy A. Gómez. Granada, España. Licenciado en Historia.

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entiendo

Entiendo, bella paloma, no ha sido suficiente mi franqueza de rústico chilalo, tampoco mi prodigiosa labor de pájaro hornero para convencerte que vueles conmigo al codiciado árbol que gané con mi canto, con mi indomable espíritu de amor, donde he construido, pacienciosamente, un lindo ollero de arcilla pura, de fecundos latidos … para ti… Amor.

Gregorio Maza Ramos, 38 años. Piura, Perú. Narrador y Poeta.

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Gracias Madre Madre mía, Dios te bendiga, por traerme al mundo, y dedicarme tu vida, por tu amor profundo, por todo lo que me has dado, alimentos y cuidados, por vestirme y calzarme, por asistirme, y acompañarme, por tus consejos y reprensiones, por enseñarme lo bueno, por tus innumerables oraciones, por darme amorosos abuelos, por tu abnegación, por la que tengo una profesión. Hoy, todo te lo agradezco, y te ofrezco, no sólo mis versos, mis abrazos y mis besos, todo mi respeto, y toda mi admiración, siempre amarte, sin reserva ni condición, sino también darte, con mucha emoción, todo lo que me diste. También quiero pedirte, que me perdones, por todo lo malo que te dije, y que te hice, y agradecerle a usted Dios, por darle a ella tantos dones, sé que son dos, las principales personas, con quienes usted me confirma su infinito amor, y por quienes usted tanto me perdona, aunque han sufrido, por mí, muchísimo dolor: Jesús, su amado unigénito, y mi madre, con su sacrificio ingénito. En esta vida, cuenta conmigo madre, hasta que nos llame nuestro divino Padre. Madre, yo nací de tu vientre, yo quiero que vivas para siempre, si me muero, te mueres,

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no quiero que mueras primero, si mueres, me muero, no pido que me entiendan, es que de seguro duelen tanto, la pérdida temporal, el tiempo de espera, el recuerdo sin cesar, la soledad que golpea. Sé que Jesús, como hombre, murió en la tierra, pero como Dios, desde el más alto cielo, me ama, me bendice, me protege, entonces acepto y entiendo, que todo ser humano se muere. Si te vas antes que yo, que sea en paz y feliz, me hiciste lo que soy, hiciste la voluntad del Supremo Creador, heredaste permanente amor, en el cielo vas a vivir, tu ejemplo vamos a seguir, serás la madre de tantas generaciones, todas las generaciones te vamos a recordar, eres la causa de infinitas emociones, y por tu vida, por tu inspiración, muchas personas se van a amar. Y si yo me voy antes, orgulloso y sonriente, sintamos mejor la felicidad, voy a recuperarte, no olvidemos que la muerte, es sólo un paso más a la eternidad, mientras tanto, como el más emotivo canto, con mi vida, y mis versos, ante todo el universo, conmigo y ausente, en el futuro y en el presente, siempre voy a expresarte, ¡GRACIAS MADRE! Ever Harley Campos, 39 años. Jinotepe, Carazo, Nicaragua. Abogado y Notario.

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lluéveme Lluéveme… porque ha pasado tanto tiempo, porque entre mentiras, pancartas y elecciones nos han llenado vidas de basura, porque es tiempo y hora perfecta y el ansia nos consume ahora. Lluéveme de una vez por todas y todas veces… olvida palabras, sexos, rimas, que por esta vez te espero, mucho mas de lo que siempre intentas, pretendes e imaginas. Lluéveme de verbo y situación, que nos venza la apatía por hacernos a partes, en silencios, sin arreglar, pequeño asunto, pero… lluéveme - hombre que no decaigo el destino. Lluéveme aunque sea de cuatro a cinco… o en las que cante mejor, o como guste la clientela en cuestión, - cuidad de olvido puro lluéveme … pues

Zambra. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Promotor contracultural y músico.

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Almohada Samuel, es de los hombres que se entregan por completo al trabajo y no ven más allá del mismo. Está exhausto, no existe quien lo reciba, ni lo acompañe a cenar. Ni hay cena pues él tiene que prepararla. Se siente distinto, por la tarde recibió una llamada, un amigo murió, completamente solo. Eso le hizo reflexionar en su vida. Al entrar en casa se deja caer sobre la puerta, suspira profundamente, cierra los ojos y al inspirar aprecia un perfume a cítrico que le hace sonreír. Va al dormitorio. Llega hasta la cama, a un lado de ella se encuentra una cómoda, sobre ésta una lámpara; al encenderla observa una botella de coñac “Prudent”, así como un vaso de fino cristal “arques”; sirve el licor. Le da un par de giros, se impregna del aroma y bebe. Sirve de nueva cuenta, repite la rutina. Antes de tomar por tercera ocasión mira el vaso medio lleno y sonríe. Se dispone a dejarlo en el mueble cuando lo regresa a la boca y lo toma de inmediato. — Nadie me va a decir qué hacer con mi vida y menos esa mujer. ¡La odio! Deja el vaso. Se quita los zapatos, se abandona sobre la cama, mira unos segundos la almohada, la abraza, cierra los ojos y duerme. Laura, joven de mediana edad, está enamorada de Samuel. Sin embargo por la forma de ser de éste, esconde sus sentimientos. Por otro lado, Samuel no cree en ella. Siente que algún motivo mezquino impulsa a Laura a quererlo. ¿Tal vez económico? Por su parte, Laura presiente que ésa es una de las circunstancias que los aleja. Para ella es confuso y le lástima que Samuel lo piense. Entre malos entendidos, silencios y ausencias la relación de ambos no avanza más de tres pasos cuando ya retrocede cuatro. Aquel aroma a cítrico que percibe Samuel es de ella. Precisamente Laura piensa en él. Aunque trata de olvidarlo, su corazón le pertenece. Ambos personajes se extrañan, recuerdan, desean estar juntos, pero en ellos existe el cruel verdugo de las relaciones: el orgullo. Laura da vueltas en la cama sin conciliar el sueño: — ¿Dónde andarás? Tal vez con alguna mujer riendo y disfrutando de su compañía… En vez de pasear y divertirte con cualquiera, ¿por qué no lo haces conmigo? — Suspira—. Deseo estar a tu lado, sonreír, tomar tu rostro entre mis manos, abrazarme con fuerza a tu cuerpo y devorarte a besos… Samuel. —cierra los ojos. ¡Te necesito! — Dice dormido y aprisiona la almohada. ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero! — Hunde el rostro en la suya y se queda dormida llorando… Samuel duerme. Escucha un susurro. Sabe que es Laura e intenta levantar los parpados; al instante siente una pequeña mano que recorre lentamente su espalda y el olor de aquel perfume que algún día embebió su olfato ahora es mucho más fuerte, como si ella misma estuviera ahí. Su nuca es acariciada y sin explicación la almohada no es la misma, pues percibe cierto calor, como si aquel objeto frío, mudo y sin sentimientos tomara vida. Siente la necesidad de abrir los ojos pero pese al esfuerzo es imposible. Opta por hacer uso de los otros sentidos. Impregna su nariz con la fragancia, aferra los brazos sobre aquella figura y hace uso del tacto

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para descubrir las líneas que forman aquel cuerpo semidesnudo. Laura, aferrada al almohadón, viste sólo sostén y bragas: ¿Samuel? Samuel palpa la tersura de la piel, lleva las manos a la espalda, nota la gracia de la curvatura y continúa hasta llegar a los muslos. Guía una extremidad al frente de quien también le acaricia y en un momento aquellas pequeñas manos transitan de su cintura hacía arriba. Llegan al cuello. Siente el aliento de la persona sobre el rostro, pero no es lo único pues la tibieza de dichas extremidades cubren sus mejillas. Tiembla con el roce de los labios húmedos sobre los suyos. Busca con afán el broche de la prenda que mantiene escondido los encantos de la figura y jala los tirantes. Deja desnudo el pecho. Cubre los senos. Explora, nota el fervor que produce en ellos con el simple hecho de tocarlos; aquello hace que el beso ardiente que ella le otorga produzca una excitación total. Es una entrega y abandono donde ambos intercambian el sabor y los jugos originados por sus bocas… Él desea más, quiere llegar hasta el final y anhela sentir realmente sobre la piel, el calor y el rocío de ella, palpitar al mismo tiempo, experimentar los latidos vehementes de los dos. La sostiene con una mano y con la otra se arranca la camisa. Laura siente la mitad del cuerpo desnudo de él, se aferra. El desvarío se intensifica, le incomoda la prenda que le cubre su corazón así que se deshace de ella. Lleva las manos a los hombros de su acompañante y lo abraza. Grita: — Samuel, te necesito. Abre las piernas, introduce una de ellas entre las de él; con la otra se ciñe al cuerpo de Samuel. El ardor ya es tan intenso que sus cuerpos comienzan a transpirar. Samuel la coge por la cintura y encuentra la costura de la última prenda que mantiene sobre el cuerpo, sin embargo lleva las manos a la parte trasera de ella y la aprisiona contra su organismo. Cada uno grita el nombre del otro. Recorre el cuerpo de arriba abajo con las manos, desea guardar en la mente cada centímetro. Ella le propina mordiscos en los labios; los corazones encienden la flama de la pasión y al simple roce de las lenguas sufren una sacudida que les impulsa a entregarse completamente en aquel frenético beso. Samuel desliza la prenda de Laura, siente que su ropa estorba, la desea desnuda sobre sí. Nada debe impedir el conocerse plenamente. La suelta y lleva las manos a la pretina. Es ahora o nunca. Vivirla, sentirse dentro de ella y formar una sola identidad, su cuerpo lo exige. Laura ya no siente las manos ardientes de Samuel… Él desnudo busca. Laura no desea mirar. Samuel desapareció. Lo único que está entre sus brazos es la almohada, su piel húmeda y aún vestida. La almohada está en el suelo. Samuel bañado en sudor, lleva una de las manos a la cintura donde aún conserva el celular y entre los contactos busca el número de ella. Sin embargo lo apaga. Recuerda que lo borró y está consciente que Laura nunca le llamará.

Rita Bedia Lizcano, 41 años. Monterrey, México. Escritor.

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los vampiros tienen sentimientos -¡Dejadme salir!, grita con desesperación la joven Jeannette. Su cuello mordido por los vampiros, no para de sangrar. Vino en Transilvania para hacer un reportaje. Siempre ha negado la existencia de alguien que podría alimentarse con sangre humana. Está mirando a su alrededor con desesperación. Se da cuenta que toda la sangre que hay en los botes del armario de la pared, no es de los animales como se solía decir, sino era sangre humana. Tantas historias que había escuchado sobre los vampiros, pero nada es igual cómo vivirlo en su carne propia. Intenta moverse pero no puede. Se da cuenta que está en un ataúd que, es extraño, pero es de color blanco. Lleva puesto un vestido oscuro y una corona de flores negras sobre su cabeza. Siente una extraña hambre, que le tuerce el estómago. En este silencio empieza a oírse de pronto muchas voces que se están acercando. La puerta se abre y empieza a entrar mucha gente, vestida de negro, con las cabezas inclinadas, que no paran de murmurar cada vez más fuerte. De pronto se callan, dejando camino libre a otro hombre que se acerca mirando continuamente al suelo. Cuando llega al lado de Jeannette, se para y la mira sorprendido. -¡Eres guapísima! , dice el hombre. Jeannette se ha quedado helada de miedo. Poco a poco recupera su respiración. El Príncipe de los Cárpatos tiene el pelo largo, negro y es muy guapo. Sus ojos oscuros transmiten amor y no miedo. -¡Mátala Príncipe! gritan todos. ¡Ha llegado la hora! El pánico la envuelve como una manta negra, dejándola sin aire. Siente los ojos de los vampiros acechándola.

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-No puedo, dice el Príncipe de los Cárpatos con la voz ahogada por la emoción. Jeannette ya no tiene miedo. Se da cuenta que por primera vez en su vida se ha enamorado. El Príncipe le coge la mano con ternura. -¡Hay que sacrificarla para que tu padre despierte y podamos gobernar la tierra!, gritan todos con odio. -No puedo…, dice otra vez el Príncipe. Parece que nadie lo oye -¡Ahora!, se oye un grito gutural que rompe el silencio. Antes de que nadie pudiera reaccionar, uno de los vampiros está ya encima de Jeannette. En el mismo tiempo que la está mordiendo le la está acuchillando sin piedad alguna. Dos o tres vampiros más se le están uniendo al primero. -¡Nooooo!, grita con desesperación el Príncipe de los Cárpatos. La joven, con sus últimas fuerzas le coge la mano. El hombre empuja con odio a los que se quieren acercar. La mira con amor. ¡Cuánta amargura e impotencia! En el profundo silencio de la muerte se oye solo la joven susurrándole al oído con un último soplo: -¡Me llamo Jeannette! Los vampiros se retiran con sed de sangre, pero con respeto, avergonzados. El Príncipe de los Cárpatos con lágrimas en los ojos, mira hacia el cielo, gritando con desesperación: -¡¡¡Por qué!!!

Elena Corina Marinescu, 36 años. Toledo, España. Técnico Deportivo.

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Tus ojos lloran Te metes en las ventanas de mis ojos A las extensiones de mi cuerpo Recorres mis tejidos, fluyes como las Sangre de mis arterias. AsĂ­ te siento, mientras afuera Las nubes gris dejan caer sobre La ciudad diminutos cristales de Hielo. Estructuras cristalinas como las De tus ojos, cuando lloran y Cubren mis manos, mis labios Y mi pecho.

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CREACIÓN

Alma en pena

Escapo entre los magueyes El silencio es mi aliado. La penumbra ha llegado Y tú no estás a mi lado. Como un globo reventado O una luna de sangre, mi Alma se ha quebrantado. Miro a lo lejos las estrellas No han brillado, un alma En pena a llegado.

Fabián Luna, 25 años. Poeta.

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artĂ­culo

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fragmento

Los Detectives Salvajes Joaquín Font, Clínica de Salud Mental El Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de México DF, enero de 1977. Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos, les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otrosí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente!

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entrevista

No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije. Se los advertí. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso.

Fragmento del libro: Los Detectives Salvajes De: Roberto Bolaño.

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libros El canto del Cuco De: Robert Galbraith

Editorial: S.L.U. ESPASA LIBROS

ISBN: 9788467040395 No. de páginas: 544 Lengua: ESPAÑOL

El canto del cuco es la aclamada primera novela de misterio de J. K. Rowling escrita bajo el seudónimo de Robert Galbraith. Una joven modelo con problemas emocionales cae desde su balcón de Mayfair en plena noche. Su cuerpo yace en la calle nevada. Todo el mundo asume que ha sido un suicidio, excepto su hermano, que cont rata los servicios del investigador privado Cormoran Strike para que se encargue del caso. Veterano de guerra con secuelas físicas y psicológicas, la vida de Strike es un desastre. El encargo le da cierto respiro económico, pero cuanto más profundiza en el complejo mundo de la modelo, más oscuro parece todo y más se acerca Strike a un gran peligro. Un elegante misterio impregnado de la atmósfera de Londres, desde las calles más selectas de Mayfair hasta los pubs ocultos del East End o el bullicio del Soho.

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libros México Secreto

De: Francisco Martín Moreno

Editorial: Editorial Planeta ISBN: 9786070714320 No. de páginas: 469 Lengua: ESPAÑOL

México podría recuperar Tejas, Arizona y Nuevo México, ¿rechazará Venustiano Carranza la oferta histórica del gobierno alemán para recuperar el territorio perdido? En aparente silencio, una violentísima tempestad se gesta. Encerrado en su oficina del Castillo de Chapultepec, el presidente analiza la propuesta que le ha envi ado el káiser alemán Guillermo II, sin imaginar que el documento en sus manos, el famoso Telegrama Zimmermann, hará estallar inevitablemente la Primera Guerra Mundial y México será su último detonador. Una extraordinaria novela de espionaje internacional que revela no solo los secretos de las grandes potencias mundiales que se preparaban para la guerra, si no también la cara oculta de algunos personajes del México constitucionalista, en donde el amor, como siempre, fue uno de los grandes protagonistas. Una época por demás interesante, desconocida y apasionante para el país y el mundo.

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libros El Lago

De: Banana Yoshimoto

Editorial: TUSQUETS EDITORES

ISBN: 9788483837764 No. de páginas: 184 Lengua: ESPAÑOL

Chihiro, una joven que vive en Tokio, tarda en superar el dolor que le ha producido la muerte de su madre. Mientras recuerda a la peculiar pareja que formaban sus padres, pasa largos ratos mirando por la ventana… hasta que descubre a un muchacho que también pasa mucho tiempo mirando por su ventana. Lo que al principi o era sólo un saludo, acaba convirtiéndose en amistad. Casualmente, también el chico, Nakajima, ha perdido a su madre, pero todavía se siente tan abrumado que ni siquiera puede hablar de ello. Nakajima parece herido irremisiblemente por la vida. El intento de Chihiro por ensamblar todas las piezas de ese rompecabezas que es Nakajima la conduce hasta dos amigos de él que llevan una vida monástica cerca de un hermoso lago.

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libros La Divina Comedia De: Dante Alighieri

Editorial: Catedra ISBN: 9788437623597 No. de páginas: 320 Lengua: ESPAÑOL

La Divina Comedia es una obra extensa, compleja, extraña, llena de momentos sublimes e inolvidables, pero también de otros difíciles y farragosos. Un grandioso poema donde el autor quiso aunar la poesía con el conocimiento. Un viaje iniciático por los Reinos de Ultratumba lleno de incidentes y peripecias, en las que Dante vierte toda su fantasía y capacidad de fabulación, desde los parajes más lóbregos e infectos del Infierno, hasta los más resplandecientes e inmateriales del Paraíso, pasando por las delicadas descripciones paisajísticas del Purgatorio. La «Divina Comedia» da cuenta de una complejísima gama de sentimientos humanos que nos emocionan y admiran. Esta selección ofrece un panorama general de la obra que pone de manifiesto el porqué de esa fascinación que no cesa y se renueva a lo largo de los siglos, de esta obra inmensa del genio humano.

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libros Un lugar en el que nunca he estado De: Rosie Allison

Editorial: GRIJALBO

ISBN: 9788425344121 No. de páginas: 342 Lengua: ESPAÑOL

A principios de la Segunda Guerra Mundial, Anna, de ocho años, es enviada aAshton Park, una magnífica mansión victoriana convertida en internado y regentada por un matrimonio aristocrático. Lejos del Londres asediado por las bombas, su refugio se convierte en una ventana al mundo de las emociones. Allí, a su corta edad y a pesar de su inocencia,será testigo de una historia conmovedora de amor y pérdida que marcará su vida. Una novela maravillosa acerca de las grandes pasiones, los deseos que se desvanecen y el amor en estado más puro.”Melancólica, misteriosa y conmovedoramente hermosa.

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FACTUM - Revista Literaria No. 15  

Octubre, 2014. Revista digital de escritores para lectores y viceversa.

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