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FACTUM REVISTA LITERARIA

ENERO, 2016. NO. 28.

Biografía: George Orwell. Creación: Rusvelt Nivia Castellanos, Ennio Tucci, Betzabeth W. Pagán Sotomayor, Rosa Lía Cuello, Piereh Antoni, Ernesto Juárez Rechy, Rodrigo Velázquez, Gemma Cardera Gil, José A. Tudares, Iván Medina Castro, Silvia Alicia Balbuena, Chelo Ávila, Dante Vázquez M., Ismael Campos, Diego Rodrigo Illescas Diaz, Rosario G. Towns, Eloy Andrés Gómez Motos, Horacio Antonio Hernández Cortés, Jesús Rivera Cervantes, Andrea Domínguez Saucedo, Jonay Castro Casañas, Rosa María Bodas Pérez, Martha Brenda Hernández Martínez, Jéssica Xitlalli Rayas de la Rosa, Kim Bertran Canut, Fernando Bermúdez y Fabian Luna. Artículo: Carlos Ortega Pardo. El Fragmento: Horacio Quiroga.


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CONTENIDO biografía

Creación

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12 - 64

artículo 68 - 69

el fragmento 72 F A C T U m - Revista Literaria

libros 76 - 81 5


Presentación

La poesía sirve para que las almas extraviadas se encuentren. — Benito Taibo.

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Biografía

George Orwell Nació el 25 de junio de 1903 en Motihari, India. Hijo de familia escocesa, cuyo verdadero nombre era, Eric Arthur Blair. Se trasladó a muy corta edad con su madre y sus hermanas a Inglaterra. Ingresó en un selecto internado de Sussex, donde destacó por sus buenas notas y su evidente falta de recursos económicos. En 1917 obtuvo una beca para entrar en el prestigioso colegio privado de Eton, donde permaneció cuatro años. Acabados estos estudios ingresa en la Policía Imperial India de Birmania, en en 1927 regresa a Inglaterra donde renuncia a su plaza laboral y se dedica a vivir en la indigencia, realizando pequeños trabajos hasta que consigue colocarse como maestro en una escuela. En 1928 trabajó de friegaplatos en París y de jornalero en los campos de Kent. Enfermo y luchando por abrirse camino como escritor, sufrió durante varios años la pobreza. Fruto de esta situación es su primer libro Sin blanca en París y Londres (1933), donde narra las difíciles condiciones de vida de la gente sin hogar. Fue entonces cuando adoptó el seudónimo de George Orwell, ya que no quería que sus padres se sintieran mal o molestos, puesto que sus novelas eran casi autobiográficas. Posteriormente escribe Días en Birmania (1934), una critica contra el imperialismo, y en cierta medida, una obra autobiográfica. Su siguiente obra, La hija del clérigo (1935), es la historia de una solterona que encuentra su sitio viviendo entre los campesinos. Siendo miembro del Partido Laborista Independiente inglés, Orwell fue enviado a cubrir la Guerra Civil Española por un periódico inglés. Allí, fue conmovido por la revolución que se estaba llevando a cabo y abandonó su trabajo de corresponsal para unirse como miliciano del POUM, partido marxista, al frente de Aragón, donde asciende al rango de teniente y resulta herido de gravedad en la garganta. Tras enfrentarse a tiros con los comunistas del PSUC en los sucesos de Barcelona en mayo de 1937 abandona el país para evitar ser fusilado. Fruto de esa experiencia escribió Homenaje a Cataluña (1938), uno de los relatos más conmovedores escritos sobre esta guerra. El camino a Wigan Pier (1937), escrita en esta misma época, es una crónica sobre la vida de los mineros sin trabajo en el norte de Inglaterra. Se desposó con Eileen O´Shaughnessy en 1936, y adoptaron un niño, Richard Horatio Blair. Su esposa murió en 1945, durante una operación. En octubre de 1949 se casó con Sonia Brownell. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro de la Home Guard, en donde recibió la Medalla de la Defensa.

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Biografía

Sus pensamientos de aquellos años han quedado grabados en su libro Diario de guerra 1940-1942. Una vez finalizada la guerra, fue contratado por los diarios The Observer y Tribune. En 1945 publicó Rebelión en la granja, una irónica sátira de la Revolución Rusa. En 1949 publica 1984, una distopía futurista con la que critica el estalinismo ruso y que ha servido también, con el paso de los años, para las críticas más duras contra el capitalismo occidental. George Orwell falleció en Londres el 21 de enero de 1950 de tuberculosis.

Sus obras:

Sin blanca en París y Londres Los días de Birmania La hija del clérigo Que no muera la aspidistra El camino a Wigan Pier Homenaje a Cataluña Subir a por aire Rebelión en la granja 1984

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CREACIÓN

DAMA DE LOS SUEÑOS LIBERTARIOS

Para ti, todo el mejor albur del mundo, Ángeles, que resurja cada vez más tu belleza, yo te auguro en esta oda lo adorable y muy amparada, te perduro en el alma, querida poetisa, por la bondad tuya, tan palpitante donde en verdad, me has hecho llorar de esperanza, porque desde cuando te pretendí en las fábulas, tú has sido conmigo, toda una dama roja, me salvaste de la muerte artística, para darme la entelequia, ahora donde en mi vida, prevalezco contigo, colmado de tu fe radiante, mexicana de la revolución.

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CREACIÓN

DAR LUZ AL AMOR Siempre, la filosofía humana engendrarla, hermosa como la evolución, nos conviene meditarla con los sabios, bien por voluntad, uno destinarse en mente y aproximarse a Sócrates para escuchar su sabiduría, ir a la fuente de su poesía griega, ser el canto y el acto altruista, enseñar con las virtudes, conocerme a mí para respetar al prójimo. De efecto, madurar en el peregrinaje y visitar el templo de Aristóteles y descubrir su retórica con su ética, hacer una obra que contenga sus mejores apotegmas. Y esparcirla por toda la comunidad, que me rodea, la moraleja de la mano con la bondad, una vez propiciada esta justicia, crecer entre más libros, leerlos con agrado, para los días de buenas nuevas, vivir en la casa del maestro, que ora parábolas, allí interiorizar su verdad y después emanarla a quienes buscamos la razón con paz, por la fraternidad mundial.

Rusvelt Nivia Castellanos. Colombia. Poeta .

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platos por fregar Cómo decirte después de echar al sartén el huevo más gallina que había en la nevera, que quiero estar contigo; me fugaré del desempleo donde milito y entraré a laborar alguna cosa para llevarte flores de colores ya no las que crecen al lado del camino sino las que exhiben con lazos rojos las neveras de la floristería; planchar una camisa peinado con gomina, planchado el pantalón con camisa de rayas zapatos de vestir para verte dispuesta tirar las flores por el suelo y olvidar lo que llevo envuelto y con lazo. Cómo decirte ahora que el huevo se ha quemado y el sartén luce irreconocible que quiero fugarme en serio pero me quedan platos por fregar.

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CREACIÓN

Flores de celofán Flores de celofán dejaré en tu tumba y un patito de hule. A ti, una moneda de hojalata en mi tesoro de amigos.

Asuntos del sentido común Si la poesía es la abuela que nos cura el dolor con bebedizos, la crítica es una vieja cacatúa que nos espicha los balones en medio del partido.

Ennio Tucci. Venezuela. Escritor.

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Reverdecer No recojo ya las hojas que en el campo se deshacen como anhelos amarillos en las purpúreas horas Ni nombro las estrellas fugaces ni me escondo de las sombras No dedico ya metáforas a sonrisas sonámbulas que se tuercen en la boca de algunos cuyas arrugas residen en la vigilia incesante en el sueño náufrago No me observa ya mi rostro desde el pedazo de vidrio ni se bifurcan mis ojos ante el recuerdo Las imágenes caen descoloridas y la respiración se apaga allí donde brota el germen El torbellino de besos ondulantes se acumulan y giran frente al ayer decapitado se amparan a la geografía de mi boca Ya no estoy sola ni hermética No hay eco lejano en el viento ni constelaciones mudas Hay una mujer que reverdece.

Betzabeth W. Pagán Sotomayor, 37 años. Jayuya, Puerto Rico. Maestra, Poeta.

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CREACIĂ“N

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CARTA PARA DECIR ADIÓS Marcos: ¿Recuerdas cuando te leía a Neruda?… “Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,/ y que nadie diría si yo no las dijera…” Hoy se quiebra la sombra del amor en los cristales, cuando sola y herida de silencios, sublevo las ganas de tenerte y sepulto mansedumbres que aún no he olvidado. Yo quería que estuvieras acá, gastándome los soles de la piel con la mirada. Yo deseaba que los juegos del amor nos llevaran por caminos despojados de ausencias. Sin embargo, hay sueños moribundos que caen en las costuras de mi piel porque olvidaste los fonemas en el límite ancestral de la ternura. Los miedos se incrustaron en tu costado. Fuiste pájaro sediento cruzando por mi sangre, y me bebiste los otoños. Entonces la tristeza se ancló entre nosotros cuando deshilvanaste las razones que nos mantenía unidos. “…Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes/para el lecho selvático /fragante a sol y a selva/ El que trajo en los brazos jacintos amarillos/y rostros desgarrados, y amapolas sangrientas…” Te gustaba el poema. “Rostros desgarrados y amapolas sangrientas” Breve frase sobre este futuro, sobre este día absurdo. Sobre una despedida. Y a mí me agradaba aquel otro que decía: “….si poco a poco dejas de quererme/dejaré de quererte poco a poco…”

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CREACIÓN

Hoy que el olvido anida en las ventanas de mi cuerpo marcando los lugares por donde se detenían tus besos, hoy que la roja luna cristaliza las palabras que alguna vez dijimos, desandaré los círculos del tiempo, para arrojar tu recuerdo por la orilla del lago donde Narciso se miraba, para ahogar tu figura que vive refugiada en las cuencas de mis ojos inundados de ayeres. Nada lo hacía presagiar y sin embargo cada gesto del día que asomaba, cada leño, cada rama del amor que sin piedad talabas, nos conducían a la tormenta interior que anegaba nuestras almas, y aunque el mundo nos unía, nuestras pieles, instante a instante procuraban separarse. Y lo hicieron. Los sentimientos desbocados pasaron a dormir detrás de los cristales del tiempo, se ocultaron en los rincones donde el adiós procuraba imponerse, clavándonos la daga de la distancia en el costado izquierdo. Fue en ese instante cuando huimos de nosotros para siempre y nos perdimos en el laberinto de nuestras propias realidades. Por eso en este día de soles agitados y hojas color sepia en nuestro calendario, sabiendo que me buscas te recuerdo en el decir de Pablo:”…si de pronto/ me olvidas/ no me busques/ que ya te habré olvidado…” Rosy

Rosa Lía Cuello. Argentina. Técnico Superior en Diseño Gráfico y Publicitario.

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CREACIÓN

CORAZONES ROTOS Tú sabes, cuanto de miedo aún queda, imposible, no puedo ocultar. Nada me queda, solo el frío en medio está, ya no existe más. Ha muerto el cariño, sin poder respirar, ha pasado tan pronto. Mi peor pesadilla se volvió realidad, el calvario fue el fin. Olvidaste el amor, te alejaste de mí, abandonaste promesas, con penas me dejas. Directo, sin bordes, fui a parar al vacío más hondo, a la peor colección de corazones que una vez fueron rotos. Olvidaste razones, ignorando que di, incrementaste la cifra, más almas, más presas. Directo, sin bordes, fui a parar al vacío más hondo, a la peor colección de corazones que una vez fueron rotos.

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CREACIÓN

BAJO LA PUERTA DE ALGÚN AMOR

Gran realidad divina, gustosa y cruda verdad, fue súbito e inopinado el suceso de darme, me embaucaron tus ojos, esta sed de ir tras tu ser. Me enamoré con tersa y roja locura de ti, hoy caí, inflexible esperándote en frente y con sumisa obsesión, bajo la puerta de algún amor.

Piereh Antoni.

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Juegos de banca Para mi amiga Enif Con su jugada, el destino, nos puso a pensar: nos sentó juntos y escogió por nosotros lo que nosotros difícilmente hubiésemos escogido. Tú, viendo el tablero, no sé qué pensaste, tus movimientos me han sorprendido; sin miedo una de mis piezas agarraste. No recuerdo cuáles fueron las primeras de todas esas palabras ausentes que no respondían al pase de lista, ¿debería entrar corriendo a la casa que se incendia, el tiempo, a recuperar lo que pudiera?

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Mudo y sordo a todo lo que me gustaba, a pesar de los años ha reverberado en las paredes de mis sueños el eco de tus manos. Lo más sorprendente no es que me ganaras, yo me sorprendí antes, pues sin tener pistas, sin decirte nada, nunca imaginé que me buscaras.

Ernesto Juárez Rechy, 35 años. México. Estudiante.

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EL CONCEPTO Galardonada con el Premio Nacional de Ciencias y Artes por el duodécimo Sultán de todas las Arabias, e incondicional campeona infantil de la olimpiada mundial de matemáticas avanzadas donde el mínimo ejercicio correspondía a la ecuación para describir la expansión métrica del espacio, o sea la ecuación de Friedmann, Zaida Amín ya tenía treinta y dos años bien cumplidos y deseaba tener una boda enorme y elegante en un hermoso jardín de Bagdad. Solo que Adham creía que había nacido para ser un ferviente comunista, profesor de física en preparatoria y poeta árabe. Adham se ufanaba de haber leído y releído el que él consideraba el mejor libro del mundo; Los Manuscritos económicos y filosóficos de Marx, y le respondía a Zaida que él no se quería casar, que este mundo era demasiado desigual para procrear hijos, y que él no tenía ninguna necesidad de hacer ningún evento frívolo y superficial para demostrarle nada a nadie, la quería, y esperaba que eso le bastara también a ella. Claro que esto no era así. Zaida en verdad deseaba una boda y estaba dispuesta a continuar esta discusión durante otros tres largos años hasta que Adham aceptara. Lo amaba y lo convencería para que se casara con ella. Por Alah que lo haría.

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CREACIÓN

LA REDENCION

Si entendieran mis amigos que yo florezco con solo mirar una pared junto a una cisterna o al escuchar las palabras; aceite derramado gota de agua Que mi voz proviene de un lenguaje gutural escondido en el asfalto y en las grietas Ignoran que la Ciudad de México se expande con mis letras que al escribir pienso en la alegría de sus hijos en sus ademanes de tristeza Si hoy lograra encontrar lo que en mí hay de ellos la forma de pulirlo y abrillantarlo para que se reconocieran.

Rodrigo Velázquez.

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Olor a lluvia

Cae la noche y se encierra la ciudad bajo un manto negro, oscuro, triste... Quizá hoy necesitemos más que nunca el calor de una sonrisa y no un Sol que parpadea. Ya no hay monstruos bajo la cama ni fantasmas en el cristal, no... esta noche, no. Acurrúcate aquí y descansa, cierra los ojos y siente mis manos acariciar tu pelo, la tormenta se derrama por el cristal y deja el paso al aroma de la lluvia, no pierdas ese olor, pues aquí no queda nada, sólo tranquilidad... sólo la eternidad. Abre los ojos lentamente y respira hondo, te arropo con mis brazos, no sé si te doy calor ni si llego a tu corazón, pero planté una semilla antaño y he querido regarla con el tiempo, no sé si el “tic-tac” del minutero del reloj te lleva a mi posada o te aleja de mi alma, pero sepas que aquí, bajo el manto de la noche y el frío de la soledad, aún mantengo un calor eterno que se muere por amar, que desgarra la tempestad y que se duerme sobre la playa, escuchando el dulce sonido del mar... Me paro frente a tus ojos y escucho un fuerte estallido... ¿es tu cuerpo que también tiembla o es mi alma que no deja de resonar?

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Hasta que el Sol se apague

Empecé a quererte hace tiempo, cuando la Luna y el Sol aún coincidían en el mismo cielo, bajo el manto de la eternidad; allá donde cada respiración tuya paraba mi tiempo y hacía explotar las paredes de mi viejo reloj de arena... Me sedujiste mucho antes de conocer tu nombre y me enamoré con cada latido de tu corazón, con cada historia, con cada mirada. Quizá me ilusioné demasiado cuando te conocí, quizá hasta hace poco he ido demasiado rápido y aunque dolió y me herí, aunque mi corazón aún tiembla de miedo... Te Quiero y ni abandono batallas ni me rindo por lo que amo Y a pesar de que me derrumbo y lloro, de que me agobio y quiero correr a tus brazos, me mantengo fuerte, empuñando mi afilada espada, de pie, mirando la Luna sabiendo que volveré a tu lado... Y vengo a decirte que quiero seguir aquí, a tu vera, sentada en el suelo cerca del fuego, cual guardián que muere por la vida de quien protege. Y no sé si lo lograremos. No sé si ganaré esta pelea ni si lucharás a mi lado para siempre, pero mientras tanto, mi vida, quiero seguir contigo, hasta que el Sol se apague...

Gemma Cardera Gil, 23 años. España. Estudiante de Psicología.

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Después del Amor A mí ya me gustaba Susanita desde muy chico, en el colegio. Podía pasar todas y cada una de las clases viéndola. Era tan inocente aquello, que yo me atrevía a esperar a que se diera cuenta de que la veía. Se lo decía de frente, le decía lo mucho que me gustaba, y como me encantaba ver sus cachetes sonrojados y aquella sonrisa tierna, de las que se le hacen huequitos en los extremos. También me causaba un poco de pena ser tan efusivo, pero no me importaba, yo tomaba su mano y eso me daba la confianza necesaria. A los muchachos aquello los mataba de risa, y se burlaban por supuesto, pero era natural. Susanita a veces corría de la pena a esconderse, y yo iba tras ella, y nos escondíamos del mundo. En clases me la pasaba enviándole cartitas a Susanita, con dibujitos, tonterías, cualquier cosa que la hiciera pensar en mí, en lo nuestro. Yo le decía frecuentemente que la quería, y ella no siempre me respondía, pero en el fondo estaba seguro de que sentía lo mismo, lo que pasa es que ella era más tímida. Me devolvía las cartitas con corazones de diferentes colores, arcoíris, lo que sea que representara la felicidad. Muchas veces nos sentábamos juntos, cuando el profesor lo permitía. Éramos inseparables. En los recreos yo compraba el desayuno para los dos, aunque no siempre tenía el dinero para brindarle, como me hubiese gustado ser millonario solo para que Susanita tuviese todo lo que le gustaba de la cantina, igual a ella no le importaba, compartíamos. La felicidad nos valía muy poquito. No se me olvida como en las horas de deporte los muchachos jugábamos futbol, si yo hacia un gol, se lo dedicaba a ella. Y lo celebraba como nunca, para mí era como ganar el Mundial con un gol en el minuto noventa. Ella no se emocionaba mucho con eso de hacer ejercicio, pero le gustaba verlo. A Susanita le parecía graciosísimo que yo me lo tomase tan en serio o quizás que lo estuviese disfrutando tanto. Tanto como disfrutaba hablar por teléfono con ella por las tardes, cuando no podíamos estar juntos, no importaba que hubiésemos pasado toda la mañana juntos, hasta en silencio me gustaba, eran horas y horas. En más de una ocasión eso nos metió a ambos en problemas. Mi mama ya lo sospechaba y estoy seguro de que a su papa no le daba mucha gracia ese coqueteo diario.

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CREACIÓN

Al final del día, uno se iba a dormir con unas ganas inmensas de volver al colegio, aunque el sacrificio sea ese de levantarse temprano. Valía la pena, siempre que fuese para ver a Susanita. Porque los peores días eran los que ella se ausentaba, por cualquier cosa. Se hacían largas las horas, y a uno lo comía las ganas de saber si ella estaba bien o las razones de su ausencia. Era una tragedia, pero todo volvía a su cauce natural cuando escuchaba la voz de Susanita, cuando solo era una gripe o un leve episodio de fiebre. Yo habría apostado por una vida entera en el colegio solo para estar con ella, de clase en clase, de recreo en recreo por siempre. Ignorando que el tiempo pasa y crecemos… *** Busqué a Susanita por los viejos tiempos, porque a pesar de los años aún sentía cosas, anhelos, de un amor inocente y sincero. Y no dudo que ella accedió al reencuentro sostenida a eso. Por eso nos volvimos a sentar juntos tras quien sabe cuántos años, como en los viejos tiempos. Hablamos por horas, de la vida, de los recuerdos. Y le solté mis tonterías en una servilleta, para volver a ver la ternura de su sonrisa. Seguía intacta, con los huequitos al extremo. Como si aquel viejo amor nunca hubiese muerto, como si la inocencia fuese eterna, como si el tiempo pasara en vano, como si nunca antes me hubiese enamorado. Con la noche ya adentrada, todo se centró en nuestras miradas. ¿Quién lo diría? Una de esas historias de amor, de las de cuentos de hadas. De la tierra al cielo. Sentí como por última vez su mano se acostaba sobre mi mano, en su mano izquierda lo vi brillar, aquel anillo exhibido en su dedo anular. Del cielo a la tierra no hay mucho espacio. Después del amor, habíamos compartido lo único que nos quedaba: un café y cuentas separadas.

José A. Tudares, 26 años. Venezuela. M. Cs. En Gerencia Empresarial, Escritor.

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Así lo escuché en la radio Llegará un día en que un hombre te hablará a miles de kilómetros de distancia, y tú tranquilamente le podrás escuchar donde estés, mas no le podrás ver por estar tan lejos. Quinta profecía maya A H.G. Wells

La emoción de saberse poseedores de un aparato, capaz de emitir toda clase de expresiones humanas provenientes de ondas electromagnéticas imperceptibles para el ojo humano, tenía al pueblo entero completamente en vilo, contrariando hasta las prédicas inquisitorias del obispo ante la llegada inminente del primer radio a San Juan de los Patos. Incluso, tanta fue la conmoción producida por el arribo de la caja receptora en el ayuntamiento un sábado de gloria, que las oxidadas y singulares esquilas del campanario repiquetearon por vez primera después de décadas de mutismo. La concurrencia, aglomerada en los grandes ventanales del edificio gubernamental, decidió festejar el rompimiento de la monotonía prometida por esa maravillosa adquisición. Encendieron cuetones e improvisaron una comilona semejante a la organizada en la boda del presidente municipal con la niña Eduviges. Después del jolgorio, los moradores expectantes siguieron con asombro la nítida e intensa voz del locutor, provocando en algunos escépticos parroquianos la creencia de que alguna persona estaría dentro del arca, obligando a muchos de ellos a asomarse alrededor del artefacto para encontrar la pieza que los desmintiera, y los santurrones, asustados, juraron la procedencia de aquellos clamores como parte de una invocación a los santos difuntos. Al destinte del día, se organizó entre la multitud una subasta para turnarse las horas de guardia, y así, poder atender durante toda la noche la transmisión. De esa manera, se informaría a los demás sobre algún acontecimiento de relevancia. Para las doce horas, el turno le tocó al lerdo del boticario, quien con gran susto oyó claramente el anuncio de un inminente ataque por seres extraterrestres contra el género humano. El joven testigo, de prisa hizo sonar las campanas de la iglesia para convocar a la comunidad en la plaza central. Los asistentes alarmados, en espera de una importante noticia, dejaron narrar sin interrupción lo escuchado por el excitado mancebo, quien concluyó enfático: “el periodista radiofónico, recomendó mantenernos en un sólo grupo y permanecer escondidos dentro de una sólida construcción para dado el momento de la aparición de los marcianos, sorprenderles con lo primero que hallemos en nuestro entorno.”

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Ante la conmoción de la gente, algunos incrédulos quisieron protestar y desmentir tales sandeces, sin embargo, tras escuchar la opinión de varias personas que secundaron al farmaceuta, manifestando avistamientos de platillos voladores, la idea del ridículo los hizo mejor guardar silencio. A la mañana siguiente, ávidos consejeros de campaña política del partido minoritario, en busca de potenciales votantes que pudieran apoyar a su candidato electoral, decidieron dirigirse hacia aquel lugar alejado y en desuso vistiendo trajes color cetrino, y al llegar allí, a bordo de un automóvil largo y argentino destellando luces sin previo aviso, fueron equivocados y asaltados por la embravecida multitud a punta de fustes. Cuando el cura, absorto, logró darse cuenta de la increíble confusión, ya el vehículo estaba desecho. Y aunque el gordinflón diputado resultó ileso, le tomaría algunas horas lograr recuperarse del estupor, y al hacerlo, miró altivo a todos y objetó iracundo la razón de su flagrante agravio. Los locatarios balbuceantes exteriorizaron su desasosiego y lógica respuesta contra lo que supusieron como una indudable presencia alienígena. El representante estatal, perplejo al advertir aquella barbaridad, no tuvo más remedio que preguntar de dónde demonios se habían enterado de aquel disparatado boletín informativo. La villa entera, ajena al error, cabizbaja y al unísono dijeron: “pues así lo escuchamos en la radio”.

Iván Medina Castro, 41 años. Distrito Federal, México. Escritor.

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Luna azul Tú y yo nos pertenecemos luna azul de mi río y de mi cielo. Brillas brillante potente y a mis sueños enciendes. Eres la luna azul que me llenas de promesas. Tal vez mirándote lo encuentre entre las alas del viento o fijando en ti luna sus ojos con mis ojos él tropiece. Luna lunita traidora que me traes sus besos y el aleteo sutil de un amor que es eterno . Luna mi luna azul por algo nos pertenecemos. Las dos brillamos en oscuros cielos y amamos con la pasión de sublimes ensueños.

Silvia Alicia Balbuena, 67 años. Santa Fe, Argentina. Docente jubilada.

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Decisión Fuiste aparición deseada el regalo que la vida me debía luz ,pasión de madrugadas Las ansias de un nuevo día. El mejor de los recuerdos Un suspiro profundo Un beso sin olvido Susurro de voz que no calla Mi despedida más triste. Hoy, reconozco eres historia vivida que pide a gritos ser liberada libro de capítulos humedecidos deseando pase la página. No quiero que la obscura noche me encuentre Añorando una historia que decidió seguir de largo Y se me hace urgente,necesario... Sepultarla.

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Lo que yo daría Lo que yo daría por sentirte cerca quedar atrapada entre tus pupilas dejando se hablen tu alma y la mía borrando temores y melancolías. Lo que yo daría por un breve roce de tus anchas manos sobre mis mejillas por un beso tierno, largo así robaría todas sus dulzuras. Lo que yo daría por ese silencio abrazados, después del ansiado vuelo Entre mil susurros, sin vanas promesas Atadas las almas, temblando los cuerpos ¡¡Lo daría todo, amor!! Todo... Mi tiempo por vivir,la risa,los sueños la infinidad de anhelos que celosa guardo Por sentirte, aunque solo sean breves horas... Atado a mi cuerpo.

Chelo Ávila. Puerto Rico. Profesora.

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Otredad Para Ángela Guerrero Sanz

Tu nombre es la mágica luz alada que ilumina al ocaso con su encanto, presencia y ausencia de ti, de ti, haz en canto, de ti, espacio, de ti, tiempo, de ti, hada. Ángel a brisa risueña encantada, tu nombre hechiza y transforma el quebranto en unicornios exentos de llanto cuando ando y no ando en la mar desbocada. Ayer tu nombre, tu nombre presente, mañana tu nombre en lo indescifrable: amanecer azul, claro, sonriente; atardecer violeta, inolvidable; anochecer carmín, plácido, ardiente: Es tu nombre, imagen inigualable.

Dante Vázquez M. 35 años. México, D. F. Poeta.

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Sin envoltura Tú eres un animal. Y quiero que sigas siendo un animal, inútil. Hace un par de días mi novia se murió. Lo sé, es triste. Por alguna razón no me sentí tan deprimido cuando escuché la noticia. Las cosas no iban muy bien, pero seguía siendo mi novia. Lloré buena parte de la noche, pero todo se quedo ahí. Las almohadas fueron suficiente. Ningún hombro, ningún pañuelo. Ya alguien dijo que los dolores grandes son silencios grandes, aunque a veces también pueden ser sólo eso; silencios. Sin embargo las paredes blandas como el papel despertaron a los vecinos y les contaron mi sufrimiento lacónico. Mis lagrimas caían a las cuatro de la mañana mientras el vecino se bañaba. Pobre diablo. -Hey lo siento mucho- Me dijo mi vecino, ese que vende helados, y dulces, y autopartes y a su madre. Tiene un taxi que nunca maneja. Su esposa es muy atractiva. Pero parece tan inmaculada que sería mejor visto a los ojos de Dios eyacular en agua bendita. -Gracias- Le digo yo. La vio un par de veces. Nada debe de importarle. La madre de mi ex novia me llama. Me dice que me tenía una sorpresa que le costó la vida. Resulta que mi novia me había comprado un perro para mi regalo de cumpleaños cuando la atropellaron y el perrito se salvo de milagro. La chica logró aventarlo al camellón donde sólo se lastimó la pata. Vaya mierda. Yo en este departamento de cartón y con un jodido perro ladrando, gruñendo, cagando, meando, babeando, aullando, corriendo, arañando; tan libere como jamás seré. La señora me miraba con una especie de odio, como si yo hubiese querido al perro. Mi novia decía que debía sensibilizarme más con los animales. -Respeto a los animales. Me subo al metro a diariorespondía. Siempre sonreía con mis idioteces. Jamás se cansaba. Pero la señora sí. Me miraba con sus ojos encharcados en rimel, y me decía que debía quedarme con el perro. Le comenté que el pobre perro sufriría y que se encontraría muy triste en el departamento. Ella me recordó que su hija lo hizo con amor. Y yo le recordé que yo no lo rechazaba por falta de amor, sino por falta de espacio. Se encabronó y me dio al perro mientras me cerraba la puerta en la cara. Tal vez miró cierta indiferencia ante la muerte de su hija.¿Pero que podría hacer? Estaba muerta. La vi antier en el funeral, y estaba muerta. La visité ayer y estaba muerta. Y hoy tengo un perro de parte de la muerta. El perro es una joda. Se sienta en la taza para cagar. Toma mis cigarrillos y los prende a escondidas en el baño con el piloto del calentador. Come sobre la mesa poniendo una servilleta en su regazo y mira la televisión durante 5 o 6 horas sin entender una mierda de lo que ve. Eso a mi padre le gusta. A mi abuela también. El cabroncete se cepilla el solo el pelo y se baña empujando las llaves de la regadera lentamente con sus patas. A veces se roba mi agua caliente. Le gusta igual de caliente que a mí. Usa esos putos sueteres que le compra la gente imbécil a los perros imbéciles. Nadie lo saca a pasear, él camina solo y regresa siempre antes de las 11. Es responsable. Usa condón para coger. Las demás perras no lo entienden, pero coger es coger, aunque la necesidad de cachorros les produce trastornos psicológicos que le obligan a tener peluches a los que cuidan y miman como si fueran crías.

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Es muy triste verlas así. Y ese cabronsín, se saca el condón y se lo come. Cuando lo vi dije-Al fin, algo normal.- Una mujer en sandalias, con aretes de huesos de durazno y falda hasta el suelo me dijo-No, está reciclando-con acento gringo. De repente el perro recibe más atención que yo. Come mejor que yo. Incluso las chicas quieren ver al perro que folla como humano y la tiene grande. La primera en percatarse fue la vecina inmaculada. Vaya que fue un bonito regalo este hijo de puta. Sin ofender a las feministas. -Óyeme bien. Escucha atentamente. Tu eres un perro. Eres un maldito perro y debes comportarte como un perro. No sé quién se dio a la tarea de humanizar a las mascotas, de velar por ellas como si fueran sus abuelas o sus hermanos sólo porque no toleraban la soledad de su habitación o porque son tan débiles que no aguanta un poco de sus pensamientos, si es que acaso alguno llega más allá de su maldita destreza humana. Tu no puedes vestir, ya tienes piel que te cubre. ¿Sabes porque vestimos nosotros? Porque la evolución nos hizo un impermeable que cubre nuestras tripas, nos sentimos desnudos, y conseguimos pieles. Si los cavernícolas hubieran vivido ahora, tendrían a greenpeace encima, pero los idiotas no sabrían distinguir entre civilización o reino animal. Y ¿sabes? Tú tampoco puedes. Debes cagarte donde quieras, y coger con quien quieras. Para ti no hay SIDA. Puedes morder cosas y rasguñar. Eres un perro-Y heme aquí discursando para un perro. El perro me miró atentamente sin moverse, sin hacer ruido. Se fue a su esquina y se hechó a dormir. Al día siguiente había una correa en mi cuello. Estaba atado a la pared. Intenté hablar pero me habían cortado las cuerdas bucales. Al menos no fueron las pelotas, pensé. Escuche una plática en mi habitación. El perro salió en dos patas, hablando con mi padre y mi abuela que estaban desnudos. Él iba parloteando. “La desnudez no es pecado amigos. Adán y Eva andaba así por todas partes. ¿Y que hizo Dios? les dio un paraíso. Desafortunadamente no todos pueden gozar de ese paraíso. Sé que es muy difícil comprender la situación, pero ayer comenzó a balbucear. Comenzó a decirme cosas. Estaba hablando profundamente con un perro. El perro equivocado, obviamente. Les pido que lo dejen quedarse. No hará mucho ruido y se estará quieto.” Mi padre y mi abuela asintieron y se sentaron a desayunar. El madito perro me miró como si riera y me dijo “Tienes la razón. Tienes toda la razón. Sólo soy un perro. Y tú, eres el gran lider, el rey de los animales, el sapiens, el hijo del simio hermano del chimpancé, y el orangután. Pero ¿Sabes? Para mí sólo eres un animal. Y quiero que sigas siendo un maldito animal, inútil.” Por primera vez en días extrañaba a mi novia. Y al fin pude comprender, que no fue un accidente; fue suicidio.

Ismael Campos

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Calabozo No me dejaba salir del cuarto. Me quería a su lado para alimentarlo. Porque conforme más lo alimentaba, más crecía, y mientras más aumentaba de tamaño, más empequeñecía yo. No sé cuando llegó, simplemente un día estaba ahí delante de la puerta. Estrujándome con su mirada y retándome como quien busca pelea, con su hocico abierto. Sus dientes puntiagudos y estrechos, se me antojaron hábiles para despedazar sin compasión alguna. No tenía intenciones de moverse. Siendo en su quietud más temible y despreciable. Y aunque parecía estar muerto, como disecado, sabía que estaba atestado de vida. Por que podía escuchar sus respiraciones en mi pulso, y sentir sus latidos en mi carne. Fue de esa manera que también supe que me tenía miedo. Un miedo infantil a que me revelara si se descuidaba. Arrancándole así las escamas. Dejándolo desnudo e indefenso. Haciéndolo ver débil. Por eso para que jamás se me ocurriera me torturaba con su mirada. Antes él era pequeño e insignificante, como una lagartija. Pero con el paso del tiempo se fue acercando a mi, creciendo y creciendo. Soltando alientos fétidos, como a cadáver en mi cara. A tal punto que me he visto forzado a arrinconarme en una esquina de mi habitación, de tenerme que aferrar a las paredes que han dejado de ser lisas. Dado que con su presencia ha convertido mi habitación en su hábitat: lóbrego, húmedo y musgoso. Que incrementa su confianza, y aplasta la mía que se hunde bajo este fango apestoso y visceral (que alguna vez fue mosaico) como mis piernas. Ningún grito podrá salvarme, lo sé, he intentado gritar, llorar, rasgarme la carne hasta morir, pero nada funciona. Él me quiere vivo, él me mantiene vivo. Se ha habituado a mí, como yo a él, así que solo es cuestión de esperar.

Diego Illescas (Cuervo)

Diego Rodrigo Illescas Diaz, 18 años. Guadalajara, México. Miembro de la Revista Fantastique.

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Mira en mis ojos el reflejo de tu rostro: hay un estanque de mineral sangre del que bebe la tierra; y si acaso la luna señala las veredas que trazan los espesos bosques de la soledad, no temas al peso de Ícaro que aprisiona el pecho y el suspiro, bate las alas hasta que la sangre brote. La mañana se ve arrebatada por el día, mira la corona del disco solar ascender, mira la noche tragarse hasta la última estrella. Bien, mujer, ahora es la duda la que habla, la insatisfacción y el celo de buscar la belleza, es la alumbración del arpa de Minerva que llega a las falanges recién descubiertas; no preguntes por mí, sabes que duermo en silencio sobre los galeotes que atestan el Leteo. Una lágrima cae hasta el borde de tus labios, la búsqueda interminable que es tu nuevo nacimiento al mundo te llama a ser honesta contigo misma: eres espiga incandescente en las manos de un titán.

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ANSIEDAD

Mariposas danzan sobre el fuego central, mientras un pez devora minutos inocentes y el sol triangula mi memoria. La ninfa surge bajo rayos de sangre, cantando ideas al vientre de un naranjo. Acoplo mi diestra al punto/miseria para descubrir aves como nunca y cuanto antes; así desnudo versos fáciles que disculpen el abismo de la rima. Luego acepto la frontera del párpado cuando el alba me libera de ese titán: Las letras

Rosario G. Towns, 49 años. Tlalnepantla, Edo. de México.

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Hay en mi camino dos elementos disuasivos que no me permiten continuar libremente mi andar, éstos se nutren también de innumerables y aun de variadas formas y se mimetizan en ellas para esconderse de mis furtivos y endebles ataques. Así, las sombras y el silencio se ocultan de mí para persistir en mi debilitamiento y en la destrucción constante de las mínimas fortalezas en las que me guarezco; pero a pesar de todo ello sigo hacia adelante con sólo un objetivo cierto: destruir el embate obsesivo que me cerca desde los cuatro puntos cardinales y sé, y estoy muy claro en eso, de que la única forma en que será posible conseguir la victoria sobre este enemigo, que ahora me rodea con el mayor contingente de sus fuerzas, es que tengo que reunir un caudal enorme de fortaleza espiritual que finalmente me permita conocer la mejor forma de combatir a mis enemigos. Por eso, vuelvo sobre mis pasos, reconstruyo el pasado y me animo a abrir el baúl de la historia donde conservaba todas las armas con las cuales podré sacudirme todas las entelequias que provienen de los enemigos que me cercan, de esa manera voy destruyendo todos los instantes de sombra y el tiempo inmemorial del silencio que cubrían mi vida; así, como si fuera un poderoso molino, muelo a mis enemigos hasta reducir a nada las sombras y el silencio que por tanto tiempo me mantuvieron bajo férreo dominio.

JG Sierra. Sonora, México. Bibliotecario Jubilado.


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LAS IDEAS POLÍTICAS DE JESUCRISTO Dícese que el “Sermón de la Montaña” sería algo así como el Alfa y el Omega del actual dogma eclesiástico. Digamos también que el cristianismo es una religión que empezó en los suburbios, y ha acabado influenciando a toda la cultura occidental (y me quedo corto. Unos 1200 millones de personas son o se declaran católicos y afines al dogma eclesiástico). La cifra, aunque grande, no lo es todo lo que parece, pues hay otras muchas religiones en el mundo, monoteístas y politeístas, así como personas ateas y agnósticas. En total, unos 72000 millones de habitantes, y subiendo. Lo cual deja al catolicismo en una posición intermedia en el ránking de creencias del conjunto de la humanidad. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Por el “Sermón de la Montaña”. Se cuenta en la Biblia que Jesús se dirigió a los apóstoles y les dio nuevos nombres. Esto, que parece trivial, engendra terribles consecuencias, ya que los apóstoles, antes de ser tales, eran unos “simples” manufactureros (trabajadores manuales), que han pasado a formar parte de la historia oral de muchos millones de personas y que, con sus escritos, dan rienda suelta a uno de los dogmas religiosos más peligrosos de la Historia. ¿Y por qué digo “peligrosos”? Porque, a pesar de las palabras de Jesucristo de que “mi (su) reino no es de este mundo”, postulan unas ideas políticas realmente revolucionarias para la época. Así, por ejemplo, la expulsión de los fariseos del templo por Jesús se ha visto muchas veces como una revolución anticapitalistaantimercantilista. De este modo, yo identifico la religión cristiana con una religión de pequeños artesanos, que no de esclavos, ya que incluso la Iglesia Católica tuvo sus propios esclavos. Pero, en cualquier caso, su dogma sí deriva de una religión de esclavos, como es la religión judaica (véase el Éxodo de Moisés). Por ello, se ha identificado desde siempre a la religión cristiana con los pobres. Ello, que podría ser cierto hasta la institución del obispado de Roma, tiene su reflejo actual en la llamada “teología de la liberación”, que aboga por el voto de pobreza instituido, fundamentalmente, por sociedades piadosas y monacales que forman el llamado “clero regular”, o sea, de algunos monjes. Pero volvamos a la figura de Jesús: ¿Fue realmente un revolucionario? En realidad, Jesús se identifica con el Mesías anunciado en la tradición judaica (pero no toda, ya que aún hoy quedan “judíos auténticos”, como por ejemplo en Israel), aceptado y proclamado, como digo, como el mesías anunciado en el Antiguo Testamento. Se dice también que hizo milagros (algo difícil de creer para los no creyentes) y que nació en un pesebre (cómo no).

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Asimismo, se dice que su padre, José, estaba emparentado con el rey David, por lo que no es de extrañar que se adoptara como el Mesías, adulado hasta la saciedad como está en el Nuevo Testamento (o Evangelio) por sus seguidores más cercanos, los apóstoles, y los posteriores, que fueron en aumento en Occidente, principalmente (no olvidemos que la religión cristiana, en su origen, es una religión oriental), hasta el punto de que se acepta comúnmente que sin la obra de la Iglesia en la Edad Media no podríamos entender el desarrollo posterior de la civilización occidental. Pero la historia no acaba ahí: Desde la revolución del pensamiento que supuso la Ilustración, se relegaba a Dios de ser el detentador del sentido de la existencia a ser “simplemente” el origen de la existencia. Durante la Edad Media y Moderna, la Iglesia fue uno de los principales instrumentos de control social, como así ocurrió con la Inquisición Española, que los monarcas de turno se encargaron de extender por amplias zonas de Occidente e incluso Oriente. De una manera más cercana en el tiempo, los movimientos supremacistas de la raza blanca de EE.UU. o similares, en Latinoamérica y Europa, y que anuncian la perdición del hombre blanco y su civilización si ésta pierde sus raíces cristianas, de forma que la cultura occidental está indiscutiblemente unida a esta idea del supremacismo blanco, como nos demuestra la historia de Europa desde Carlomagno y los Reyes Católicos hasta Franco y George W. Bush. ¿Tiene esto mucho que ver con el mensaje mesiánico de Jesucristo? Juan (el apóstol) ya habló del Apocalipsis, de la lucha final entre las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal, comandadas por Satanás. Y yo me pregunto: ¿A qué tanto alboroto, si se sabe desde Juan que el Bien triunfará sobre las hordas satánicas en la batalla final, y que los muertos se levantarán de sus tumbas? En mi opinión, Juan fue el más fiel seguidor de Jesús, ya que, como él, su reino no era de este mundo.

Eloy Andrés Gómez Motos

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Quizá el culpable soy yo Empiezo a pensar que el culpable soy yo. He pasado la vida, hasta hoy, culpando al día, a la noche, culpando al tiempo, a la universidad, al trabajo, a mis amigos, a ellas, a los maestros, a los miedos, hasta al frio y al calor. Cualquier excusa, pretexto, escape para la que estoy empezando a reconocer que es mi realidad. Mi cabeza se llena de imágenes y sonidos raros, donde el dolor y la frustración se unen para desencadenar un miedo, un miedo a nada, un miedo a todo. Me asomo por mis ventanas oculares, y comienzo a caer, y mientras caigo me doy cuenta que ya no sé donde vivo; llego hasta la garganta y trato de agarrarme, pero es inútil, sigo cayendo, voy tan rápido que es difícil ver con claridad, por fin me detengo en ese musculo rosa, que todos llaman corazón. El lugar es diáfano, frío y tenebroso; intento levantarme, pero dos grandes manos tiran mis pies hacia lo más oscuro del lugar. ¡LLORA, IMBÉCIL! te amo tanto, pero no puedo acompañarte en tu dolor, así que aquí te dejo una cerveza, un churro y a un lado, tu depresión; también te dejo esta nota para que refresques tu memoria, y que así por fin entiendas tu triste realidad. No sabía quién decía eso, pero después de mucho batallar, descubrí que ese otro era justamente yo. Egoísta, mujeriego y mentiroso eso soy. Pero siempre me pregunte ¿Por qué ésta catarsis? Por ella. Morena, de ojos negros, cabellos perfectos. Eso me atrajo pero su personalidad y el sentido del humor me atraparon por completo. Camino sin salida. Atrapado en su siempre no. También, a veces, pienso que es el destino. Término que evitaba en mi vida, pero luego pienso en Clara, a la que por tanto tiempo dije no; en Ruth, a quien besaba a pesar de que tenía novio; o en Ema, la novia de mi mejor amigo. De alguna forma les hice daño a ellas, y supongo que ahí el maldito destino entra en juego. ¡No entiendo por qué lloras ahora! Algunas veces quisiera cambiar tantas cosas, que todo fuera un poco distinto. Algunas veces estoy hasta la madre de esta vida. Algunas veces ya no siento nada, y pienso, que estoy algo grande para estar sufriendo de esta manera, pero, ¿quién le puso una edad al dolor?

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Ya estoy harto de los discursos de que la vida es color de rosa, ya estoy harto de ti, de mí, de todos, de que nunca sale nada bien. Y esta depresión está cabrona, y la llamo así porque ya no se me ocurre otro nombre. Y no quiero más pastillas. Y no quiero más hospitales. Y no quiero ver más a nadie. Me hundo en mi tinta y mi desmadre, y luego quiero salir, pero salgo ya manchado. No puedo definir con exactitud el sentimiento que me estremecía, pero era como tener dos hemisferios en el corazón: en el izquierdo se guardaban los recuerdos y en el derecho se iban escribiendo.  Y es que esos recuerdos, se iban escribiendo con un bolígrafo de color existencial. Ningún bolígrafo como aquel resbala de forma tan natural sobre mi corazón. Tampoco creo que exista otro bolígrafo con el que me sienta tan cercano a la muerte y, al mismo tiempo, tan vivo; secretamente, cada uno de mis escritos va dirigido a la muerte como una proclamación de vida, como un reproche en contra de algo inevitable que, tarde o temprano, a todos nos ha de llegar. Todos los recuerdos se apoderaron de mí en grandes cantidades, y en la oscuridad de mi mente, pude ver el huesudo dedo índice de la muerte llamándome. Intenté dar reversa a mis pensamientos, intente pensar en el amor, en los amigos, en la familia, en cualquier otra cosa que no me recordara que la muerte estaba allí, rondándome. De pronto, justo cuando pensé que todo estaba perdido, los recuerdos se fueron atenuando. El sueño me venció poco a poco, o no sé si ¿habrá sido la sinceridad? Despierto y mi rostro se refleja en la ventana, ahora que todo es claro me intriga pensar a dónde se habrán ido los oscuros recuerdos existencialistas, y me temo lo peor, que los recuerdos ya no estén, acaso no existieron, se habrán ido para siempre, y es que ayer sintiéndome el inocente, empiezo a creer que el culpable era yo.

Horacio Antonio Hernández Cortés, 20 años. México. Literato / Estudiante de Letras Latinoamericanas.

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Rocío de las sábanas

Quiero extraer el azúcar de tu sexo redondo que gira en ti como un astro profundo. Quedarme atrapado en la cama como en una mina. Desmentir la dureza de mis dedos en la suavidad de tu pétalo siempre virgen. Rocío de las sábanas en la mañana seca. Con las fuerzas como la terminación constante de la pieza, alerta como si no dejara terminar la canción. Terminar siempre en el momento exacto en que inician mis ganas.

Jesús Rivera Cervantes, 29 años. Guadalajara, Jalisco, México. Profesor de literatura.

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-¿Qué letras? ¿Qué dicen? No veo, dime. -La razón de por qué tu libertad es negada: tus desconfianzas, mentiras, vicios, miedos, violencia, odio celos, desconfianza a ti mismo, miedo a soñar. -Dime que dice aquella placa que está situada arriba de mí en la que las cadenas están soldadas. -Dice lo que tú solo decidiste sin importarte nada ni nadie: “ tus propios errores te hicieron perder el amor tus errores son los causantes de tu propio exterminio”. -Perder el amor… Yo sólo quería ser feliz, pues tú solo causaste lo contrario. Mírate como siempre pensando en ti, solo en ti. Egoísta. El silencio inundó el lugar, un frío fuerte y secó pegó en mi rostro, algo había pasado. -¿Qué pasa? ¿Qué me sucede? ¿Qué hago? Solo quiero vivir y amar, solo quiero ser feliz. -No pidas algo que ya no tiene sentido, ya no tienes que recordar, ya se ha ido. -Déjame, solo quiero luchar. -Pero ¿para qué? Ya has perdido. -Cállate ¿hasta cuando estaré aquí? ¡Déjame ir! -Siempre estarás así encadenado, entiende ni siquiera nadie sabe lo que te ha pasado ni familia, ni amigos, ni ella, nadie. Tú causaste que nadie ni siquiera se preocupara por nosotros. De repente la tristeza no dejaba de aumentar, más una pausa se creó no había nada más que yo limpio y sin cadenas ni heridas, libre. Mi rostro empezó a sonreír, una sonrisa de fe y de ilusiones y otra oportunidad. La única voz era la mía. No paraba de sonreír y dar gracias pero cuando pensé que todo había terminado mis ropas se desgarraban poco a poco, las heridas abrían, mi boca y pies sangraban, la luz se disminuía cada vez más, intente correr y escapar llegar a la luz cuando tropecé tan duro que la sangre empezó a escurrir por mi frente seguía encadenado otra vez mi libertad y mis ganas de vivir eran arrebatadas ¿Por qué? ¿Por qué? La risa pesada y burlona de nuevo, todo se ha: ido la ilusión se desvaneció y tu ríes, riendo solo dijo: -Ahora sabes que sentí cuando de la nada todo murió, todo se acabó. Has muerto amigo mío, ya no luches hemos muerto. De la nada un gran shock sentí voces retumbaban mis oídos pero me encontraba tan aturdido que no lograba entender nada, mis ojos empezaban a abrir, la luz era deslumbrante solo llegaba a ver borrosas siluetas; a mi alrededor todo se empezaba a aclarar. -¡Es un milagro! ¡Está vivo! -¡Felicidades doctor! Me situaba en un hospital, traté de moverme, ninguna atadura me lo impedía pero me sentía más encadenado que aquel calabozo, mi fuerza poco a poco volvía a mí. -Doctor se mueve, se mueve, no cayó en coma. Me sentí con fuerza suficiente para respirar, el aire recorría mis pulmones con una frescura inexplicable, vi mis brazos y arranqué los sueros violentamente; aparté a todos de mi, trataron de agarrarme, vi la puerta y no lo pensé dos veces corrí hasta alejarme de aquel sitio; quise ir a casa, todos estarían preocupados buscando, pensé pero cuando llegue me di cuenta que ni siquiera mi ausencia habían notado, corrí hasta no poder. Quería verla, quería amarla, quería abrasarla demostrarle que aquí seguía esperándola ,que quería estar a su lado; la vi a los lejos pero nada había pasado, todo seguía igual sus ojos expresaban enojo y desconfianza y ella que ya todo había olvidado, ya no era nada para ella; todo seguía igual nada había cambiado, seguía sintiendo esa gran presión pero mis pies y manos limpios estaban sin cadenas pero yo ahí las sentía, más fuertes que nunca. Intenté, llorar, gritar pero todo fue nulo, por fin había entendido lo que en mi propio calabozo, mi sentir me dijo estaba muerto, mi sentir había sido eliminado y esa voz, mis sentimientos el que nunca dejó de luchar por fin se rindió. El vacío inundaba mi cuerpo, un cuerpo que tan solo ya era algo vacío, solo roto y sin sentido el único recuerdo son estas cadenas que siguen conmigo, el sendero de este irónico camino, cadenas tan fuertes tan pesadas tan reales.

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PARA INTENTAR ELIMINAR EL HOGAR Para intentar eliminar el hogar es necesario sacar del cuarto la almohada y dejarla en el sillón, y salir y buscar otro lugar para dormir. Cambiar la dirección con “La señorita de la cara larga”, Que “El hombre del traje oscuro” se encargue de lo demás. Llevar a los niños con la abuela Y contarles sobre “los problemas de mamá y papá”, “Vieja bruja”, “imbécil panzón”, “La loca”, “El cabrón”, “El perfume”, “el labial”, “Los cuernos”, ¡Lotería! No será suficiente hablar mal de la vida conyugal, habrá que pensar en cómo volver a comenzar. Mullir el colchón de nuevo, y acostumbrarse a los huecos en los cajones, y olvidar el aniversario, y pensar en las horas y los niños.

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Y decirle a la “maestra metiche”, que el “niño gandalla” no deja en paz a Susanita. Que ella diga: “es un momento difícil para ellos” y que “la nena” y “el pequeño” deben asimilar la separación. ¿Quién hablará con los niños? Que lo haga “la vieja amargada”, o “el hijo de puta de su papá”, “la arrugada de su madre”, “el bueno para nada” “la frígida”, “el impotente”, “aburrida”, “guango”, “¡Papá!”, “¡Mamá!” Para intentar eliminar un hogar, hay que dejar de pensar en él, en las habitaciones, en el sillón y el pequeño salón donde se ven los partidos, hay que omitir los saludos de los vecinos, evadir las preguntas de los niños, cambiar el nombre del contacto en el teléfono, ignorar el llanto; el tuyo, el del otro, el de ellos.

Andrea Domínguez Saucedo. 22 años. México. Estudiante.

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A eso... A eso me refiero cuando dudo de todo. A esa liturgia que cubro de interrogantes, por si se me extravía como agua entre las manos, o como arena en un reloj sin tiempo tu cuerpo. A ese vértigo que me roba todos los instantes, en los que la primavera debería lucir de manera esplendorosa y radiante. A eso; A esa duda me aferro. Camino y me detengo y vuelvo a formularme el mismo interrogante. A sabiendas -si reúno fuerzas frente al espejo y trato de examinarmeque apenas soy un títere; un muñeco sin cuerdas vocales, que empieza y acaba dudando de todo. Incluso de la verdad más irrefutable: De ti.

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De ti, que hondeas como un luminoso estandarte frente a mi; que me iluminas las calles donde la muerte es más oscura que la más oscura de todas las muertes; De ti, que me limpias los labios con un beso limpio y exento de agravios; de ti, que me marchitas el tedio y la mala suerte, envolviéndome en un regazo con sabor a miel y a leche. De ti, que con tu defensa a ultranza me compones y me proteges, mientras me moldea tu trato de mujer madura y a la vez de muchacha adolescente. De ti, qué me quieres de forma precipitada y muy poco prudente. De ti, que me llamas poeta de manera desinteresada, haciendo que en ocasiones acabe tumbado entre las flores, y hasta me reinvente... como alguien que no soy. De ti, que lo eres todo: Barco salvavidas en el hondo mar de los naufragios, y serena paz para mis neurosis de Réquiem. De ti, como mi todo; como el único afluente que transcurre a lo largo de mi vida edificando abrazos y puentes; consciente y acorde; Tú; Sin esquemas y sin renombres; Con acordes y consonantes; Sin formulaciones ya, ni interrogantes. Y con más de 100 poemas sin pronombres: De ti, porque en el cielo de tus piernas, no hay Dios alguno que no pierda, ocasión alguna para amarte.

Jonay Castro Casañas, 36 años. Santa Cruz de Tenerife-, Islas Canarias, España.

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ODA AL FRUTO DEL OLIVO

Como perlas negras se cogen a manos llenas y producen una sensación de bienestar y agradecimiento. Me refiero, a las perlas del olivo. Color negro brillante y sin querer, si son pisadas, aparece un color rojizo-negro… cuando su final es un líquido de color oro, aceite. Denso, sabor extremo y algo picante, supone el beneficio de esas perlas negras del olivo. Aceitunas. Debajo del árbol, compruebas el fruto que te está diciendo “¡cógeme! Necesito que me lleves”. Y agradeces que estén ahí y puedas cogerlas.

Rosa María Bodas Pérez. 58 años. Belvís de la Jara, España. Escritora.

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Halo de Vida

El paisaje invernal hacía del pueblo un lugar sombrío, la gente refugiada en el calor de su casa dormía. Elsa caminaba descalza por el jardín de su casa, aún conservaba el cuchillo en su mano goteando vida, sus pasos contundentes se adherían al rechinido de sus huesos. Llego a casa, se hinco frente a la chimenea, sus ojos de serpiente brillaban entre las chispas del fuego. Recordó a su amante y la última discusión entre las sábanas, ahora la distancia que los separaba era más pequeña que la frialdad y sombras que habitaba entre ellos hace años. Recordó su cuerpo tibio y desnudo, la calidez del líquido que emanaba de su estómago, la dulzura de su último beso atrapando su halo de vida. Se regocijo, se lamió los labios, lo amó por última vez.

Martha Brenda Hernández Martínez, 38 años. Jalisco. México. Homeópata. Estudiante Taller Literario Elías Nandino.

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Bocetos olvidados No sé qué tan cuerda estoy a estas horas de la madrugada; lo que sé es que estoy entre la fusión del sueño y del razonamiento: un sueño muy real o una realidad muy somnolienta. Sin embargo, sea cual sea el lado en el que me encuentre, existe un sentimiento, un sentimiento que se mueve dentro de mi ser como una pequeña mariposa cuyos aleteos son cálidos, dolorosos y vacíos, pero sobre todo, ese sentimiento que en mí despierta es oscuro y confuso. Personas… personas que no tienen rostros. Personas que me miran sin tener ojos. Personas que me hablan sin tener boca. Personas que me sonríen burlescamente sin tener labios. Personas que visten corbatas y sacos. Personas que lentamente se me acercan. Personas que me tocan con sus manos frías y huesudas. Personas que desprenden mis miembros. Personas que, en vez de darme muerte, me dan vida. La sangre… la sangre era absorbida por la tierra blanca. La sangre mojaba las manos frías de las personas. La sangre goteaba de las manos de las personas. La sangre salpicaba la tierra blanca. La sangre era el pigmento que daba color al lienzo blanco en el que me encuentro. Yo soy parte de un boceto que será olvidado. Mi cuerpo yace tirado en el asfalto. Personas con rostros vienen y van, sin embargo no miran mi cuerpo. No hablan de mí. No sonríen. Nadie me toca; nadie se ha enterado de mi muerte. Personas caminan a un lado de mi cuerpo; algunos miran el horizonte, otros caminan perdidos en sus pensamientos. Una niña me mira. Sus grandes ojos oscuros se llenan de horror y un grito agudo sale de su pequeña boca. Su pequeño dedo índice me señalaba, señalaba a mi cuerpo. Las personas que pasaban alrededor se detuvieron a mirarme, pero segundos después continuaron su camino con indiferencia. La niña se acerca mí y me toca con sus pequeñas manos cálidas; limpia mi sangre con su blusa azul. Delicadamente, pasa un pedazo de su blusa por mi rostro y lo limpia. Es entonces cuando descubre que somos la misma persona; somos el mismo espíritu. Los perros… Los perros le ladran a mi espíritu. Los perros persiguen a mi espíritu. Y mi espíritu nada, nada en el infinito mar del vacío. Nada entre miles y miles de gloriosas constelaciones que se encargan de adornar el vacío; constelaciones coloridas que se encargan de adornar la muerte.

Jéssica Xitlalli Rayas de la Rosa, 18 años. Guadalajara, México. Estudiante.

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Mi hermosa historia de amor En palabras escritas a mi pedido, Adriana me cuenta que “nací el 3 de abril del 53 en Rosario; mi infancia fue un ir de aquí para allá por el laburo de mi viejo. Él de joven trabajó en el frigorífico de Rosario; por eso nacimos los tres hermanos en Rosario; cuando lo echaron, se dedicó a hacer de todo: fue almacenero, luego un primo le ofreció ser socio de su fábrica de helado en La Plata, adonde fuimos a vivir; más tarde trabajó de parrillero en diferentes lugares hasta que se jubiló. Cuando él y mi madre se jubilan, se van a Mar del Plata, lugar al que más tarde llegaríamos escapando con Eduardo. Su primo lo estafó; también una hermana con una panadería; en fin , mi viejo era de esos que creía en la PALABRA, no en los papeles., un buen tipo .Para mí fue mi pilar en ayudarme a criar a mis hijos. Vivir; más tarde trabajó de parrillero en diferentes lugares hasta que se jubiló. Cuando él y mi madre se jubilan, se van a Mar del Plata, lugar al que más tarde llegaríamos escapando con Eduardo. Su primo lo estafó; también una hermana con una panadería; en fin , mi viejo era de esos que creía en la PALABRA, no en los papeles., un buen tipo .Para mí fue mi pilar en ayudarme a criar a mis hijos. Hice mi primaria en Rosario y como nos fuimos a vivir a Berisso, La Plata, allí la terminé y realicé mi secundaria. De mi infancia tengo recuerdos lindos : mis paseos de la mano de mi padre, algunas travesuras con mis dos hermanos mayores, pero no me gusta hablar de mi infancia ... me pasaron cosas tristes.... Lo del teatro surge hace 19 atrás a raíz de que mis hijos se marchan para hacer su vida, muere mi viejo ; fueron pérdidas fuertes. Yo deseaba hacer algo que me llenara y me anoté en la Escuela Municipal de Cañada de Gómez donde vivía en ese momento . Allí descubrí esa magia hermosa, una locura bella que me sacó de otra locura . Un domingo de sol, a mis 19 años, estábamos con mi mejor amiga sentadas en la puerta de su casa y vimos que dos chicos se nos acercaban , nos explicaron que eran militantes de un partido y que los domingos salían a vender el periódico de dicho partido ; era el año 1973....las dos quedamos como bobas escuchando lo que nos decían; yo, sin escuchar mucho del contenido de la charla ,sólo miraba unos ojos negros hermosos .Quedamos en que iríamos a una reunión a su local, obviamente a escondidas de nuestros viejos, y así lo hicimos en varias oportunidades. Las dos nos confesamos que nos gustaba Eduardo, quien en una de las reuniones nos comentó que le gustaba más el cine que el baile y nos invitó a ver la película “Nuestros años felices”. Quedamos en encontrarnos en la parada del cole al día siguiente; mintiendo nuevamente a mis viejos me fui a buscar a mi amiga que vivía frente a mi casa, pero como sus padres no la dejaban salir, me dijo ‘anda vos y avisale a Eduardo’; yo fui y cuando le dije

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LaUREADOS HORIZONTES DE MISMIDAD La ley del silencio en la ladera más apartada de la cantera. Una piedra chiquita, así… Diminuta, casi integrada en la tierra dialogaba con una roca agreste… Esculpida en la sabiduría de los elementos. - ¿Porqué murió el humano, madre?, creía que era el preferido de la creación. - Cierto, chinita, pensaba que era el rey, con derecho a manipular contranatura todo a su paso. - ¿Se equivocaba? ¿No lo era? - Desde Luego que erraba, no puede ser el principal protagonista aquel que destruye y arrasa con todo lo realmente necesario para la existencia del planeta. - … Pero tenía sentimientos… - Sí, aunque muy pobres y superficiales…veneraba los materiales banales, eso es lo más triste…era un ser destructivo y pagó por ello… - ¿Qué pasó, Madre? - Un virus contaminó al hombre. Él mismo lo había creado en un laboratorio y se contagió con su propia avaricia…experimentaba con peligrosa radiación… - ¿No tenían ya bastantes armas nucleares? - Nunca tuvieron demasiado de nada, era una raza codiciosa… El poder científico abusó del control y las glándulas reproductoras quedaron estériles, a partir ese mismo instante nadie volvió a concebir y la ancianidad fue pereciendo convulsivamente hasta no dejar rastro de su paso por el mundo. - ¿No había Clones? - Acabaron como nosotras… Simples fósiles. - Ese mundo que quería conquistar… ¿El virus no se llamaría ambición? - Más bien liberación, las demás especies por fin vislumbraron el paraíso. La roca y la pequeña piedra continuaron charlando de los cruentos sucesos hasta que se ocultó el Sol entre las montañas frondosas de árboles y vegetación. Un terremoto inclinó el suelo y un desprendimiento acabó enterrando a los prehistóricos conversadores, en un fondo escueto de irresolución y consternación.

Kim Bertran Canut, 55 años. Barcelona, España. Escritor- Fotógrafo literario.

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CREACIÓN

una capelina y un hermoso 1 de febrero del 74 nos casamos. Bueno Bety, no sé si es esto lo que querés, si necesitás algo más me decís.me hiciste moquear recordando, pero ¡es tan lindo volver a revivir mi hermosa historia de amor! “ Cuando le pregunté a Adriana que quería para su vida hoy, me respondió:”hay tantas cosas que quiero para mi vida amiga, obviamente que deseo que se haga justicia y poder estar tranquila con que mi lucha y de tantos no fue en vano, y no seguir dejándole una carga o deuda a mis nietas, aunque sé que no sería una carga porque ya tan pequeñas ,ellas son dos luchadoras y así se lo enseñan sus padres. Pero sí me gustaría poder encontrarlo antes de partir, saber dónde está Eduardo y tener un lugar donde llevarle una flor; y para mí, en lo personal ,ser simplemente feliz viendo a mis nietas hechas ya dos mujercitas hermosas y a mis hijos verlos también felices y que completen su verdad, su historia. Ojalá pueda ver el día en cada uno de los compañeros que nos arrebataron vuelvan a sus familias.” Y finalizó honrándome con sus generosas palabras: “sos una gran persona y una gran luchadora ,te la jugás siempre, y especialmente una mujer que con bellos poemas dice tanto de tantas historias de todos los compañeros desaparecidos. Pienso que tu lucha es por la memoria para que nunca mas se olviden de estas historias; vos las dejarás plasmadas en tus libros y canciones. Gracias por estar siempre Betty, incondicional .”

Su suegra HILDA MARCIA PAZ, fue secuestrada por la última dictadura militar argentina en 1976; su suegro, ARCANGEL HERRERA, en 1978; y su esposo Eduardo Herrera, el 1° de Octubre de 1977. Los tres permanecen desaparecidos. Compuse y grabé para Eduardo la zamba “Sembrador de vida y arte”. https://youtu.be/JLAcealhlOE?list=UUGqSCgvqOAP4XeAsah5kC8Q El 5 de agosto del corriente año Adriana será testigo en el juicio a los responsables de la desaparición de su esposo, en Mar del Plata.

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Distancia Querida distancia eres & serás una amiga fiel, de cada una de mis huidas, siempre empática, solidaria & soberbia. No te escondas demasiado, no te hagas cuento, prosa, no te hagas de la vista gorda cuando te hable, se que me aburres, me empalagas, me dejas libre & a veces no se como resolverte, eres simple & complicada, eres un montón de garabatos pegados en mis surcos, eres una maldición trasmutada a mi presencia actual, eres magia en momentos de descuido, & siempre que puedes me reprochas lo que te he contado, haciéndome miedo, lujuria, intranquilidad, en esa fase eres hiriente, sangrante & burlona. Por ello eres mi conciencia que deambula como infierno, & me restriega mis fantasmas, querida distancia te echo letras, & quiero que pongas mucha atención a lo que quiero decirte, esta vez no escapes a otro ente peor que yo, necesito hacerte saber lo mucho que te estimo, lo mucho que te aborrezco & también lo mucho que a veces deseo; que te marches de mis sueños. Por ello le temo a los días que lloran la ausencia de quienes me quieren, le temo a la fragancia de lo insípido, de toda fase de silencio, de que el tiempo me torture, de que el ambiente sea gris, frio & sin almas que tocar. Te temo, a ti distancia, aunque huya siempre de ti & te termine besando; te cubro con mis sueños, te visto con lo nuevo, te llevo a conocer lo desconocido, dejo que te hagas pasado, que juegues con mis olvidos, que me retrases el corazón, que me claves tus espinas, que te vayas de viaje, que me olvides & me dejes tener amantes. Vaya distancia siempre vas más rápido que mi alma. Distancia, déjame de vez arrinconado en algún estrella, déjame saber que no existes; que mis males, esos que se hacen llamar errores, pasado, lamento, dolor, inolvidables se muden contigo, déjame a la deriva, en el viento, entre lo etéreo & sus brisas, déjame en un sueño perdido donde los kilómetros, las leguas & tú presencia no se mencionen. Distancia deja en tu memoria un lugar para mi, para cuando yo muera, para cuando me olviden & necesite tu compañía, distancia siempre me haces falta cuando no puedo más, pero por ahora deseo abstenerme & seguir compartiendo con la soledad. “La vida le teme al cielo & mientras pregona siempre un infierno.”

Fernando Bermúdez, 25 Años. Chiapas, Mexico. Escritor, Fotografo y Poeta.

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CREACIÓN

In eternum

Caminamos hacia el mismo futuro, invariablemente, con la incertidumbre que nos depara lo misterioso, el desasosiego, la inexistencia de referencias. Si tuviéramos posibilidad de retornar al pasado, conociéndolo, podríamos cambiarlo, pulirlo, evitar equivocaciones y vivir conscientes, sabiendo de nuestros actos en el devenir más próximo… Pese a que todo fuera el sueño de un mismo error, cometido hasta la saciedad… Siglo tras siglo.

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CREACIĂ“N

Luz en tu mirada

Noches oscuras Noches con luna Noches de viento En los tejados Me encuentro. Soledad asesinada Una luz en tu mirada Una mirada clavada Al fondo de la Calle desolada.

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CREACIÓN

Tacita

En un prístino envase, atrapada, Intocable, en un terreno cubierto De pavimento. Tacita, transitas entre multitudes De gente snob, tu y esos filantrópicos Pensamientos, navegando, en el Concreto. Pareces un fantasma, una ñecla En tanta lobreguez, la bruma Se esconde, se disfraza, se une A ti, ahora.... ¿Lo ves?

Fabián Luna-

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CREACIÓN

Piedra de sal Alguien te condenó al destierro, te hizo salir y cerrar detrás de ti la puerta, clausurar las ventanas, abandonar el hogar que entibió tus noches. Mujer sin nombre, ¿o te llamabas Yrit?, te separaron de los brazos con que hermanabas las tardes con las noches compartiendo el té y las palabras. Debías huir porque tu casa ya no podría ser tu refugio, todo sería destruido, hasta tus huellas. Tuviste que seguir los pasos de tu marido, pero podría haber sido tu hermano, tu vecino. A partir de ese momento, cuántas veces has sido expulsada, conocida por el parentesco, por el color, por el gesto que le correspondía a alguien más y no a ti. Te fuiste en nombre de tus hijos, en memoria de tus hijas. ¿Qué ser inmisericorde forzó tu obediencia? ¿Cómo es que alguien puede castigar de ese modo la nostalgia? ¿Quién te obligó a renunciar a la tierra de tu jardín, a la sombra de tus árboles, al canto de las aves que despertaban tus mañanas? No querías partir. Los cojines, la cocina, el rosal, el agua de los cántaros te llamaba. No querías ir, pero no preguntaron tu opinión. Te arrojaron a las llanuras agrestes donde reptiles y escorpiones poblaban la noche, el frío martirizaba la carne bajo la ropa, la luna ocultaba su vergüenza tras raquíticos árboles. Ahí afuera cualquier movimiento significaba el dolor hundiéndose en la piel, lacerándola hasta secar la sangre. Tu apego, el amor a lo tuyo fue maldecido. Intentaron cancelarte el derecho al recuerdo y a la pertenencia. Siempre encontraron razones para culparte. Un movimiento de cabeza, un pestañeo, el tropiezo del pie en el umbral equivalía a la muerte. Tuviste razón en dejar que el viento enredara tus cabellos desatados, que tu grito fuera relámpago y respiro; fue bueno detenerte, girar el cuello, abrir los brazos. En el momento mismo en que las lágrimas brotaron, se volvieron sólidas y cayeron quebradas en la arena. El fuego llegó a tus espaldas y consumió tu túnica. Tu cuerpo quedó detenido para siempre. Te perteneces ya a ti misma, a la tierra de las madres sin hijos, de los hijos que conocen el odio y la sangre. Ahora tienes todos los nombres, todos los orígenes, estatua desplazada. Tu sal se disuelve en nuestras bocas.

Mariena Padilla, 62 años. Monterrey, Nuevo León, México. Maestra de Matemáticas.

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CREACIĂ“N

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artículo

Que me cuelg

Por: Carlos Ortega Pardo, 3 Profe “Al principio fue el verbo”. En concreto la convocatoria a uno de tantos concursos de microrrelatos que menudean por la red. Sólo se especificaban en ella, creo recordar, la extensión del trabajo —máximo una página de Word— y las palabras con que, en todo caso, éste debía empezar: “Se abrió la puerta del ascensor y…”. Consideré que “…los cañones de cuatro pistolas exhalaron su fétido aliento de muerte y plomo” constituía una continuación sobradamente sugestiva, al tiempo que vigorosa. A partir de la cual desarrollé un brevísimo “pulp” donde no faltaban los consabidos detective cínico, mujer fatal, y villano enigmático; inmersos, cómo no, en una escenografía de Ley Seca y Gran Depresión. ¿Manido? “Ad nauseam”. Y así debió de estimarlo también el jurado, toda vez que no volví a recibir noticia alguna por parte suya. Sí fue incluido, por el contrario, en la antología de otro certamen de características similares al que, de modo paralelo —que me detengan—, había enviado el manuscrito. Ciego de orgullo, no dudé en hacerme con el libro en el que, al lado del de un centenar largo de agraciados, figuraba mi nombre. Previo pago, eso sí, de una cantidad nada módica y que no hubiera gastado ni en la obra completa del último premio Nobel. Qué decepción la mía cuando llegó a casa por fin y con lo que topé fue un ridículo cuadernillo en tapa blanda, tipografía Comic Sans y maquetación de Paint. Y no es coña. Por lo menos me sirvió para calzar temporalmente una silla coja. Quien no se consuela es porque no quiere. Con el tiempo, y más por diversión que otra cosa, fui engrosando el relato con una serie de pasajes que ahondaron la complejidad de la trama, apenas un esbozo en su forma original y tan precariamente publicada, hasta que de pronto me vi atrapado en un callejón sin salida. Nada raro, por cierto, en el subgénero. Déjenme contarles una jugosa anécdota al respecto, muy ilustrativa. Si no la conocen ya, claro, puesto que es bastante célebre. Sucedió durante el rodaje de “The Big Sleep” (El sueño eterno, 1946), una de las joyas indiscutibles del cine negro, basada en la novela homónima de Raymond Chandler. El caso es que, en palabras de este último: “… cuando Howard Hawks estaba rodando El sueño eterno, él y Bogart tuvieron una discusión acerca de si uno de los personajes había muerto asesinado o se había suicidado. Me enviaron un telegrama preguntándomelo, y que me cuelguen si lo sabía”. Nada más lejos de mi ánimo que la osadía de compararme con un maestro como Chandler, pero valga el chascarrillo a modo de ejemplo del alambicamiento argumental que caracteriza este tipo de literatura, y cuyas consecuencias no iba a dejar de sufrir un mero aficionado como yo. El proyecto quedó así arrumbado, reducido a eso mismo: “proyecto” sin más —y bien pudiera haberse acompañado del epíteto “frustrado”—. Hasta hace bien poco, este verano me parece, cuando una nueva convocatoria, de temática relativa al cine de serie B en su caso, sacó una vez más del cajón —o del armario, según se mire— a “Un tipo con estrella”. Sí, ése es su título, por si cualquier día tienen la desdicha de topar con él.

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artículo

guen si lo sé

32 años. Valencia, España. esor. Lo cierto es que a lo que las bases del concurso de verdad parecían remitir era a la serie Z y al Ed Wood más fuera de sí, pues recomendaban encarecidamente la aparición de una nutrida nómina de monstruos del pantano, científicos locos y zombis; entre otras muchas y abracadabrantes criaturas nefandas que ahora no recuerdo. Contra lo que dicta el buen juicio, la alucinada batería de sugerencias me sacó del atolladero. Porque decidí incorporar unos cuantos alienígenas drogotas —los zombis están algo vistos— y una subtrama alegórica de la segregación racial, en la línea de “District 9” (ídem, 2009) pero ambientada en los años de la Prohibición. Infalible: recientemente recibí un correo electrónico con la buena nueva —“buena”, se entiende que para mí, no tanto para la dignidad del oficio, si me permiten la falsa modestia— de que el relato aparecería en una antología que verá la luz esta primavera, junto a otros treinta y tantos exabruptos bizarros con los cuales no puedo esperar a deleitarme. En fin, no quisiera que perdieran un solo minuto de su tiempo, a buen seguro escaso, preguntándose por mis motivos para todo lo antedicho. La idea —original, por lo menos— no era poner en tela de juicio la honestidad de ciertos certámenes ni el criterio de algún que otro consejo editorial. Dejo a su parecer, en cualquier caso, si acabé haciéndolo o no. Tampoco deseo despedirme sin un par de recomendaciones librescas, enmarcadas ambas —una de ellas de manera indudable, la otra quizá no tanto— en ese “noir” que tan bien marida con un frío que, tras mucho hacerse de rogar, ha llegado de una vez. La primera, “Clandestino”, de James Ellroy, digno heredero de aquellos Chandler y Hammett que hace setenta años engalanaran un subgénero hasta entonces denostado. A mi entender, Ellroy brilla más en las distancias cortas —“Loco por Donna” es una delicia hilarante y brutal—; no obstante, esta “Clandestino” es una novela muy interesante, en la que su autor maneja el “tempo” y los motivos característicos con sabiduría y respeto admirables. La segunda —menos susceptible, matizaba, de la etiqueta “negra”, salvo que se tenga un concepto amplio de ésta—, es “The Innocence of Father Brown”, colección de relatos detectivescos que abre el volumen “The Complete Father Brown Stories”, editado por la impagable Wordsworth en su colección Classics y en el que pueden asimismo encontrar los compendios “The Wisdom of Father Brown”, “The Incredulity of Father Brown”, “The Secret of Father Brown” y “The Scandal of Father Brown”. Cierto que los títulos no son ningún prodigio de agudeza, pero G. K. Chesterton escribe en un inglés prístino como pocas otras veces he tenido el gusto de paladear. Y su avispado sacerdote constituye el reverso luminoso —y necesario— del Sherlock Holmes asaz turbio, cuando menos cocainómano, que inmortalizara Sir Arthur Conan Doyle.

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pesadilla Se abrió la puerta y surgiste del frio prematuro que asolaba noviembre. Cuervo azulado, centellando con tus pantalones negros de piel ajustados. Depositaste lentamente los largos guantes, después la bufanda, el sombrero, los lentes oscuros, a medida que avanzabas hacia mí en la penumbra. Te esperaba resignado en el sillón bajo un concentrado haz de luz torturante. Recordando la última vez. Sonreíste, como siempre, no pude corresponder tu música interna, sabía lo que me esperaba, sólo bajé la mirada para verte completa por última vez. Te acercaste a mi lado, delicadamente ajustaste la luz e introdujiste un hisopo cítrico en mi boca, me observaste de cerca, mi cara cansada, el terror contenido dentro, tus dedos suavizando mi ceño, decidí cerrar mis ojos y dejarte en libertad. Con pequeños toques diste indicaciones a mi cuerpo esclavo, inyectaste directo al hueso, gracias a tu destreza no sentí nada, sólo un líquido transparente que helado entraba en mis quijadas, tus dedos fríos sobre mi mejilla, tratando de mitigar la fina aguja. Tu aliento de menta cerca de mí. ¿Listo? -preguntaste- sólo asentí leve con la cabeza, los ojos cerrados, concentrado en una súplica para que acabaras cuanto antes. Empezó un jaloneo fortísimo, sentí cómo tratabas de extraer de mi mandíbula superior una parte de mi cuerpo que había crecido en mí, que estaba ahí desde siempre, perfecta. La lucha me hacía sentir como si fuera a moverse mi nariz de lugar. Cedías un poco solo para acumular más fuerza y seguir con la tortura. De pronto te separabas un poco y preguntabas que si había dolor, con mi dedo índice te indique que no, tratando de no mover un solo musculo de mi cuerpo, entregándome de nuevo al suplicio, tu cuerpo pegado al mío, un mechón de tus cabellos se libera y roza mi rostro abierto. No había dolor solo un maltrato aberrante, luchaste con todas las fuerzas de tu pequeño cuerpo, hasta que un crujido de mi hueso cedió, un pedazo cayó en mi lengua ensangrentado, parecía que se iba a ir por mi garganta, pero un movimiento rápido de tus pequeñas manos lo extrajo de mi boca, así fueron saliendo uno a uno pequeños huesos de mi encía, hasta el final. La sangre corría hacia mi estómago, hasta que pusiste una compresa en el hoyo dentro de mí, por el que podía sentir el aire, que penetraba por mis fosas nasales hacia mi esófago, el palpitar de mi cerebro al pensar.

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CREACIÓN

Me diste indicaciones precisas, que escuché ausente sin mirarte a los ojos. Te despediste con un leve roce en mi brazo, parecías preocupada. Al salir tu risa a lo lejos, hizo eco en mi cabeza, como una cascada. Me empastillé para no sentir antes del tiempo indicado. Mi cara paralizada, esperaba conciliar pronto el sueño, para olvidar la pesadilla inmediata. Lo logre un momento, hasta que una punzada dentro de mi cabeza empezó a palpitar. Tratando de atraer el sueño que se espanta a cada martilleo, más pastillas. Como recordatorio el hueco enorme en mi boca. El sueño huye, parvada levantando el vuelo. Despierto en mi cama helada en medio de la oscuridad. Tu imagen extraviada en el pasado, me guiña un ojo y se aleja. Siento como si me hubieran golpeado la cara, todavía paralizada. El alba lejana amenazaba con encontrarme con los ojos abiertos. Un largo día de trabajo me aguarda al clarear el cielo. Suena el despertador, demasiado tarde. Tengo hambre pero el temor de que el alimento se desvié por ese nuevo túnel a lugares insospechados, me hace claudicar. Tomo agua para saciar el rugido de mi estómago. El sabor metálico de mi propia sangre no me abandona, mi boca permanece cerrada ante el temor de una nueva hemorragia o que el sabor en mi lengua escape de mí. Salió el sol en la mañana desvelada, el dolor se despedaza ante el tráfico, se integra al apremio de la labor diaria. Ante el espejo, no hay hinchazón en mi cara, todo parece normal. En el interior me falta un pedazo, que suplico a mi propio ser en su inteligencia suprema logre completar para seguir adelante, como si nada hubiera pasado. Deseo volver a verte.

Adriana Flores Tanguma, 51 años. Monterrey, México. Arquitecto.

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fragmento

Una Estación De Amor El 13 de junio Nébel volvió a Concordia, y aunque supo desde el primer momento que Lidia estaba allí, pasó una semana sin inquietarse poco ni mucho por ella. Cuatro meses son plazo sobrado para un relámpago de pasión, y apenas si en el agua dormida de su alma, el último resplandor alcanzaba a rizar su amor propio. Sentía, sí, curiosidad de verla. Pero un nimio incidente, punzando su vanidad, lo arrastró de nuevo. El primer domingo, Nébel, como todo buen chico de pueblo, esperó en la esquina la salida de misa. Al fin, las últimas acaso, erguidas y mirando adelante, Lidia y su madre avanzaron por entre la fila de muchachos. Nébel, al verla de nuevo, sintió que sus ojos se dilataban para sorber en toda su plenitud la figura bruscamente adorada. Esperó con ansia casi dolorosa el instante en que los ojos de ella, en un súbito resplandor de dichosa sorpresa, lo reconocerían entre el grupo. Pero pasó, con su mirada fría fija adelante. --Parece que no se acuerda más de ti--le dijo un amigo, que a su lado había seguido el incidente. --¡No mucho!--se sonrió él.--Y es lástima, porque la chica me gustaba en realidad. Pero cuando estuvo solo se lloró a sí mismo su desgracia. ¡Y ahora que había vuelto a verla! ¡Cómo, cómo la había querido siempre, él que creía no acordarse más! ¡Y acabado! ¡Pum, pum, pum!--repetía sin darse cuenta, con la costumbre del chico.--¡Pum! ¡todo concluído! De golpe: ¿Y si no me hubiera visto?... ¡Claro! ¡pero claro! Su rostro se animó de nuevo, acogiéndose con plena convicción a una probabilidad como esa, profundamente razonable.

Fragmento del libro: Cuentos de amor, locura y muerte. De: Horacio Quiroga.

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entrevista

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libros El guardian entre el centeno De: J.D. Salinger

Editorial: EDHASA ISBN: 9788435008952 No. de páginas: 276 Lengua: ESPAÑOL

Publicada originalmente en 1945, la obra maestra de Salinger se convirtió inmediatamente en una obra de culto de toda una generación de lectores. La impresionante fuerza con que el adolescente protagonista se mira a sí mismo es de una brillantez sostenida como sólo muy pocos autores pueden lograr. Todo un clásico del siglo XX.

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libros El Extranjero De: Albert Camus

Editorial: Alianza Editorial ISBN: 9788420669786 No. de páginas: 128 Lengua: ESPAÑOL

Albert Camus (1913-1960) no sólo fue uno de los escritores más prestigiosos de la generación que llegó a la madurez entre las ruinas, la frustración y la desesperanza de la Europa demolida por las dos Guerras Mundiales, sino que el paso del tiempo agiganta cada vez más su figura excepcional y el valor de su obra.” El extranjero” , novela con cuya publicación saltó a la fama en 1942, tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado. El desenlace de su proceso judicial no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, los eximen también de responsabilidad y de culpa.

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libros El marino que perdio la gracia del mar De: Yukio Mishima

Editorial: Alianza Editorial ISBN: 9788420669373 No. de páginas: 208 Lengua: ESPAÑOL

Relato de una traición ignorada y de una idealización frustrada, El marino que perdió la gracia del mar (1963) es una inmejorable forma de introducirse en el singular universo creativo de Yukio Mishima (1925-1970). En esta breve novela, y a través de su protagonista, Noboru, el autor retrata el abismo insalvable que se ab re como una herida entre el desesperado intento de un clan de adolescentes de hallar su ubicación en el mundo mediante un código de conducta fuera de uso, y una sociedad ya irremediablemente convulsionada y despojada de su armonía tras la traumática derrota en la Segunda Guerra Mundial.

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libros

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libros Azul; cantos de vida y esperanza De: Rubén Dario

Editorial: CATEDRA ISBN: 9788437613710 No. de páginas: 472 Lengua: ESPAÑOL

La crítica ha venido calificando «Azul» como el primer fruto granado del Modernismo. Si bien pueden encontrarse precedentes modernistas en algunos escritos anteriores de Martí, Silva o Gutiérrez Nájera, es cierto que ninguna otra obra de éstos tuvo ni ha tenido la proyección y el reconocimiento de «Azul» Su conjunto es ante todo el producto de un” collage” , en el que cada texto es una pincelada suelta que sólo al final encuentra su lugar en el espacio total del cuadro. El resultado final es el de un libro concebido como una obra de arte total de concepción predominantemente musical. «Cantos de vida y esperanza» está considerado como el verdadero testamento poético de Rubén Darío. El clima de intensidad lírica que subyace a la obra es único. En él se contiene todo el panorama intelectual y afectivo del poeta en su etapa de madurez. «Cantos» es una de las cimas poéticas del modernismo y ejemplifica la virtuosidad métrica y formal de Darío.

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libros Rebelion en la granja De: George Orwell

Editorial: DEBOLSILLO

ISBN: 9788499890951 No. de páginas: 144 Lengua: ESPAÑOL

Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas del totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.

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FACTUM - Revista Literaria No. 28  

Enero, 2016. Revista digital de escritores para lectores y viceversa. La poesía sirve para que las almas extraviadas se encuentren. — Beni...

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