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Diario Concepción Sábado 10 de mayo de 2014

Economía&Negocios

La clase directiva

GERMÁN PINTO PERRY Profesor Magíster en Gestión Tributaria y Financiera (MGTF)de la Facultad de Cs. Económicas y Administrativas Ucsc Magíster en Planificación y Gestión Tributaria, Universidad de Santiago.

Tributación del mayor valor en la enajenación de acciones La tributación del mayor valor que se genera en la enajenación de acciones es una de las más complicadas para determinar su calidad tributaria, ya que se deben conjugar una serie de requisitos que pueden derivar en una tributación ordinaria, especial y también un ingreso no constitutivo de renta (INR). Lo primero que es menester establecer, es si se trata de una operación vinculada al artículo 107 de la Ley sobre Impuestos a la Renta (LIR). Para ello tenemos que reconocer requisitos tanto a la fecha de la adquisición como al momento de la cesión del título. Si se adquirió la acción en una bolsa de valores autorizada por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) o en un proceso de oferta pública de adquisición de acciones o a través de la colocación de acciones de primera emisión o como producto de un canje de valores de oferta pública convertibles en acciones o a través del rescate de valores invertidos en un fondo de inversiones o fondo mutuo consistente el títulos que estaban invertidos el fondo, se tendrá una acción que puede generar un INR. Si ya se tiene el título, se generará un INR sólo si realiza la cesión a través de alguna de las siguientes modalidades: venderla en una operación de bolsa de valores autorizada por la SVS; venderla en un proceso de oferta pública de adquisición de acciones o aportarla a un fondo mutuo o de inversiones para adquirir sus cuotas. Ahora bien, independientemente de la forma como se realice la enajenación, siempre tendrá que tener en consideración que la acción tenga “presencia bursátil” al momento de la venta o haberla tenido en algún instante 90 días antes de esa transferencia. Si no se trata de ese tipo de operaciones, es necesario dilucidar si la operación se realiza en forma habitual. Lo malo del asunto, es que la LIR no señala claramente qué se entiende por tal y otorga al Servicio de Impuestos Internos (SII) la facultad para determinar ese atributo, considerando las “circunstancias previas o concurrente a cada operación”. Si un contribuyente es habitual en las operaciones con acciones, siempre generará (a menos que operen las normas del artículo 107 ya presentadas) una renta “ordinaria”, es decir, aquella que se afecta con la tributación general correspondiente al Impuesto a la Renta de Primera Categoría (IRPC) y al Impuesto Global Complementario

(IGC) o al Impuesto Adicional (IA) si el contribuyente no tiene domicilio ni residencia en Chile. Si un contribuyente no es habitual en las operaciones, generará una renta “especial” que se afectará con el Impuesto a la Renta de Primera Categoría en Carácter de Único (IPCCU). La diferencia entre la renta ordina-

ria y la especial estriba en la carga tributaria que se genera. Una renta ordinaria se afecta con el IRPC cuya tasa es del 20% en la actualidad, el cual se da como crédito contra el IGC o IA, resultando la tasa de estos últimos impuestos, la carga tributaria definitiva. De esta forma, el IRPC con tasa 20% afecta la renta determinada, será con-

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siderado posteriormente como crédito cuando la misma renta se afecte con el IGC o IA. Si la tasa del IGC (dejemos de lado el IA por ahora) es inferior a la tasa del 20% del IRPC que también la afectó, se produce una devolución a favor del contribuyente de la diferencia, ya que el primer tributo fue declarado en exceso en razón de la carga tributaria que se aplicó definitivamente a la operación. En cambio, si una renta es especial, solo se afecta con la tasa del IPCCU que es del 20% sin que se aplique la doble tributación con el IGC o IA. ¿Qué carga es mayor? Depende de la renta. Si ésta tiene una cuantía que la ubica en un tramo del IGC (dejemos fuera nuevamente el IA cuya tasa es

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35%) que la afecta con una tasa relativamente menor que el 20% del IRPC, resulta conveniente tener una renta ordinaria; en cambio, si es mayor al parámetro antes esbozado, resulta conveniente que sea una renta especial ya que no importará el monto, siempre tendrá una carga tributaria del 20%. Como tarea les recomiendo que analice numéricamente una carga tributaria dependiendo de distintos montos de rentas para poder “sensibilizar” qué tributación final se aplicará a una renta especial u ordinaria. Esta forma de tributación está en revisión con el proyecto de reforma tributaria que está siendo discutida en el Congreso, materia que analizaremos en una siguiente sesión.


La clase directiva 10/05/2014